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o d n a u c r e c Qué ha n a n io c n u f o n s a r las palab

DAN ROAM Traducido por

Sigrid Guitart y Ana García Bertrán

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Título original: Blah, blah, blah Publicado por Portfolio / Penguin, división de Penguin Group (USA) Inc., 2011

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© Dan Roam, 2011 © de la traducción, Sigrid Guitart y Ana García Bertrán, 2012 © Centro Libros PAPF, S. L. U., 2012 Gestión 2000 es un sello editorial de Centro Libros PAPF, S. L. U. Grupo Planeta Av. Diagonal, 662-664 08034 Barcelona www.planetadelibros.com Diseño de cubierta: Dan Donhue Imagen de cubierta: © Cameron Davidson /Getty Images ISBN: 978-84-9875-194-9 Depósito legal: B-2.220-2012 Primera edición: marzo de 2012 Preimpresión: Victor Igual, S. L. Impreso por T. G. SOLER Impreso en España - Printed in Spain No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio, sea éste electrónico, mecánico, por fotocopia, por grabación u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito del editor. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (Art. 270 y siguientes del Código Penal). Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra. Puede contactar con CEDRO a través de la web www.conlicencia. com o por teléfono en el 91 702 19 70 / 93 272 04 47.

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Para Sophie y Celeste Ver cómo aprendéis ilumina mi mundo Para Kay M. Roam Vuela, mamá, ¡vuela!

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SUMARIO

Dramatis personae (reparto)

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Introducción. La mitad de lo que pensamos acerca de pensar es erróneo

1

PARTE 1 El blablámetro

1 Explorando el terreno del bla, bla, bla O O2 Blablámetro avanzado

27 44

PARTE 2 ¿Si dibujo, soy tonto? Una introducción al pensamiento vívido 3 Dos mentes son mejor que una O 4 Juntos de nuevo: el zorro y el colibrí O 5 La gramática del pensamiento vívido O

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PARTE 3 El bosque y los árboles: los siete elementos esenciales de una idea vívida

6 El bosque (F-O-R-E-S-T) vívido: los siete elementos esenciales O de las ideas vívidas

O7 F de forma: las ideas vívidas tienen forma 8 O de sólo lo esencial: las ideas vívidas caben en una cáscara de nuez O 9 R de reconocible: las ideas vívidas nos resultan familiares O 10 E de evolutivo: las ideas vívidas son completas pero no están cerradas O 11 S de englobar diferencias: las ideas vívidas contienen su opuesto O 12 T de targeted (dirigido): las ideas vívidas me importan O

137 151 194 210 225 245 267

PARTE 4 Conclusión

13 Adiós, bla, bla, bla O

289

Agradecimientos

302

APÉNDICES

viii

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Apéndice A: Cómo perdimos la mitad de nuestra mente

307

Apéndice B: Conexiones con Tu mundo en una servilleta

319

Apéndice C: La lista de control del pensamiento vívido completa

327

Notas

333

Bibliografía

337

Sumario

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01 02 03 04 05 06 07 08 09 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 S32 N33

DRAMATIS PERSONAE (REPARTO)

Por orden de aparición: PARTE 1 Yo

Autor en busca de una forma mejor de pensar en cosas complejas

John Hersey

Periodista de la segunda guerra mundial y amante de las palabras

Vosotros

¡Hola! Es un placer contar con vosotros

Ted Geisel

El autor más leído del mundo del que nunca has oído hablar

Mi antiguo jefe

Emprendedor; genio de las ventas pero sin capacidad operativa

General Petreus

Comandante general de las tropas estadounidenses en Afganistán, 2010

Jon Stewart

Estrella televisiva; no recuerda cuántos lados tiene un «pentágono»

Barack Obama

44.º presidente de Estados Unidos

Terry Gross

Estrella de la radio; se esfuerza por recordar qué leyó ayer

VitaminWater

Un producto de Coca-Cola de carácter incierto

Chuck Townsend

Director general de Condé Nast; manda memorándums incomprensibles

Sr. X

«Usuario con privilegios» del Departamento de Defensa; abrumado por la información

Señorita Brown

Mi profesora de segundo de primaria; le gustan los patos

Capt. Chesley Sullenberger

Bernie Madoff

«Sully»; piloto de Pilot y héroe del Hudson

Charlatán de Wall Street, antiguo triunfador ahora en la cárcel

Dramatis Personae (reparto)

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PARTE 2 Albert Einstein

La mente más brillante del siglo xx; la doncella le llamaba «estúpido»

Un zorro

Astuto, ingenioso, lineal y un poco petulante: nuestra mente verbal

Oog y Aag

Eslabones perdidos; homínidos primitivos con mentes en expansión

Un colibrí

Rápido, exuberante, espacial y un poco superficial: nuestra mente visual

Richard Feynman

Físico nuclear; creía que todo el mundo podía aprender

Usuario anónimo

Usuario de teléfono móvil, perdido y que necesita orientarse

Michael Porter

Catedrático de Harvard; el profesor de negocios más influyente de todos los tiempos

La profesora de gramática

¡Cielos! Ha vuelto...

PARTE 3 Agente de viajes

Intenta meternos en el avión a tiempo; agobiado y frustrado

Erudito medieval

Intenta averiguar la verdadera forma de la Tierra

Un PC y un Mac

Dos ordenadores haciéndose pasar por una pareja de geeks (¿o viceversa?)

Leonardo da Vinci

Visionario del siglo xv; inventor del paracaídas

Dos colectivos que intentan eludir impuestos

Edwin Land

Padre de la Polaroid; el segundo inventor más célebre de Estados Unidos

Leno y Conan

Humoristas nocturnos; ambos graciosos pero ninguno risueño

Will Wright

Creador de «The Sims»; genio de los juegos

Niall Ferguson

Historiador económico; cree en tendencias a largo plazo

Lady Gaga

La última sensación del pop; lleva gafas de sol

Los ricos y los pobres

Los Medici y los Rothschild

x

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Grandes fortunas que hacen girar el mundo

Abraham Maslow

R. Mauborgne y W. Chan Kim

Eberhard y Tarpenning

Doctor en Psicología; disfruta con las jerarquías Profesores de negocios en INSEAD; exploradores del océano azul

Emprendedores en serie; inventores del coche eléctrico Tesla

Dramatis Personae (reparto)

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Donella Meadows

Científica del MIT; figura insigne de «Pensamiento sistémico»

Dmitri Mendeleev

Científico loco ruso; creador de la tabla más influyente del mundo

Tatsu Takeuchi

Profesor adjunto de Tecnología en Virginia; un genio de la relatividad

Michael Burry

Visionario de las finanzas; previó la crisis económica mundial

Oficial de la marina

Profesor de Historia naval; experto en explicaciones que no son estupideces

Genrich Altshuller

Científico soviético y superviviente de gulag; ve patrones invisibles

Pat O’Dea

Director general de Peet’s Coffee and Teas; mejora el café

Una nube

Una idea en principio vaga convertida en definida y memorable

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INTRODUCCIÓN

La mitad de lo que pensamos acerca de pensar es erróneo

P

ensamos que pensar significa combinar palabras de manera coherente. Pensamos que hablar es la mejor forma de compartir una idea. Pensamos que hablar correctamente es la piedra angular de la inteligencia. Acertamos a medias. Este libro trata de tres cosas: bla, bla, bla; tres palabritas que están destruyendo nuestra capacidad de pensar, aprender, trabajar y liderar. El bla, bla, bla es complejo, y esto destruye nuestra capacidad de pensar. Este libro presenta una forma más fácil de pensar en cosas complicadas. El bla, bla, bla genera malentendidos, lo cual destruye nuestra capacidad de liderar. Este libro presenta una forma más sencilla de comprender mejor nuestras ideas antes, durante y después de compartirlas con otros. El bla, bla, bla es aburrimiento, lo cual destruye nuestra capacidad de implicación. Este libro presenta un método mediante el cual aprender ideas complejas resulte mucho más interesante, e infinitamente más divertido (no hay que contarle a nadie la segunda parte; pensarán que no somos serios). Este libro trata de cómo detener el bla, bla, bla antes de que éste nos detenga a nosotros.

Este libro y sus herramientas Este libro está dispuesto en tres partes. La primera parte presenta los tres bla. Introducción. La mitad de lo que pensamos acerca de pensar es erróneo

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Bla

Bla, bla

Bla, bla, bla

La segunda parte presenta un antídoto contra el bla-bla-bla. Se llama «Pensamiento vívido».

Verbal

+ Visual

La tercera parte presenta un mapa que nos lleva de la una a la otra.

Cada una de las tres partes presenta una herramienta. La primera es el Blablámetro, un dispositivo que nos ayuda a detectar el bla, bla, bla antes de que aparezca. La segunda herramienta es la Gramática vívida , un simple conjunto de directrices que nos muestran cómo evitar el bla, bla, bla acoplando nuestras mentes verbal y visual. La tercera herramienta es el Bosque vívido, un mapa que nos muestra un sendero fácil de seguir para garantizar que nuestras ideas son apasionantes, claras y memorables. Blablámetro da Gramática vívi Bosque vívido

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Conozcamos a los participantes

Bla

Bla, bla

Bla, bla, bla

Bla, bla, bla son el abuso, el uso indebido y el maltrato del lenguaje; todo lo que interfiera en nuestra capacidad de expresar ideas. El bla, bla, bla no es sólo ser aburrido (aunque suele comprender el aburrimiento), tampoco inducir a error a propósito (aunque también suele provocar malentendidos); lo que significa es que nos hemos enamorado tanto de nuestras palabras que nos autoengañamos pensando que entendemos las cosas mejor de lo que lo hacemos. Cuando las palabras no funcionan, las cosas no funcionan. Por muy maravillosas que sean las palabras, ellas por sí solas no pueden detectar, describir y resolver los polifacéticos problemas actuales. Y eso es malo, porque las palabras se han convertido en nuestra herramienta de pensamiento por defecto. Aún peor, para la mayoría de nosotros, las palabras son nuestra única herramienta de pensamiento. Necesitamos una herramienta nueva.

Adentrándose en el terreno del bla, bla, bla Hace muchos años trabajé en una pequeña consultoría. Nuestro jefe era un vendedor brillante pero un desastre operativo, una combinación que garantizaba que siempre teníamos más trabajo del que podíamos asumir. Estar atareados era una ventaja: puesto que nunca teníamos tiempo suficiente, improvisábamos constantemente; y al buscar formas más rápidas de resolver viejos problemas, nos rodeábamos de ideas nuevas. Aunque nuestras jornadas eran largas, siempre nos íbamos a casa satisfechos por nuestra labor. Tras unos años de éxito la empresa creció. La dirección cambió, y al cabo de un tiempo no hacíamos más que asistir a reuniones. He aquí la nueva visión y los nuevos valores de la empresa; he aquí nuestra nueva estrategia de impulso de sinergias y comercialización; he aquí nuestro plan de reestructuración centrado en el cliente: bla, bla, bla. Esas jornadas también Introducción. La mitad de lo que pensamos acerca de pensar es erróneo

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eran largas, pero no satisfactorias. Cuanto más hablábamos, menos problemas resolvíamos. Al poco tiempo, las ideas dejaron de fluir, y nuestra antaño pequeña y respetada empresa se instaló permanentemente en el terreno del bla, bla, bla. Me fui.

En ningún lugar como en casa Pero no pude escapar. Nadie puede. En los actuales ámbitos laboral y educativo, el bla-bla-bla, se ha convertido en nuestro hábitat natural. ¿Alguien ha estado alguna vez en tres reuniones consecutivas? Bienvenidos al bla, bla, bla. ¿Alguna vez alguien ha salido de una reunión más confundido de lo que entró? ¿Tras ver dos horas de noticias por cable, alguien ha pensado que sabía menos del mundo que antes? ¿Alguien ha contenido un bostezo en una sala de reuniones durante una retahíla de puntos a tratar? Os hacéis una idea, ¿verdad? Al menos no estamos solos.

Sabemos demasiado El bla, bla, bla se presenta en una escala gradual, que va de demasiada información a información insuficiente e información negativa.

¡DEMASIADA INFORMACIÓN! NO... glups...

RIP

SUFICIENTE MUERTO POR LOS DETALLES En el lado de demasiada información, el bla, bla, bla arrolla nuestra capacidad de recordar: recibimos tantos conocimientos que no tenemos otra elección que dejar que la mayo4

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ría de éstos vuelvan a salir de inmediato. Un ejemplo: a finales del año pasado, dos de las estrellas de los medios de comunicación que más leen se encontraron en Nueva York para hablar sobre libros; y acabaron compadeciéndose de lo poco que recordaban acerca de lo que leían. Jon Stewart, presentador del programa cómico de parodia de noticias «The Daily Show» se sentó junto a la leyenda de las entrevistas de la National Public Radio, Terry Gross, para hablar del nuevo libro de Stewart. Al poco rato de empezar la entrevista, Gross preguntó a Stewart si realmente leía todos los libros de los que hacía la crítica. Bromeando, Stewart dijo que sí; siempre se asegura de leer la portada y la contraportada. Luego, se puso serio y continuó: Stewart: «Algunas semanas tenemos cuatro libros y pueden ser extensos, ya sabes: no ficción histórica. Pero leo bastante rápido, intento leer lo máximo que puedo de un libro, y tengo la capacidad de leer por encima, reteniendo buena parte de la información...».

Entonces hizo una pausa para llamar la atención: «... durante cuatro o seis horas. Luego desaparece de mi cerebro para siempre». Gross: «Reconozco esta sensación. La reconozco muy bien». Stewart: «Lo asimilo y de repente soy un experto en la construcción del Pentágono... y luego, a las ocho de la noche estoy como... ¿en serio? ¡No sabía que hubiera un edificio con cinco lados!».

La parte más aterradora de esta conversación es que ellos son los inteligentes. Si Jon Stewart y Terry Gross no pueden seguir el ritmo de lo que leen, ¿qué esperanza hay para el resto de nosotros?

No sabemos nada A veces el bla, bla, bla señala que pese a estar rodeados por multitud de palabras, éstas carecen de significado. Introducción. La mitad de lo que pensamos acerca de pensar es erróneo

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¡DEMASIADA INFORMACIÓN!

NO... glups...

RIP

SUFICIENTE MUERTO POR LOS DETALLES Condé Nast, editorial de la colección más prestigiosa de revistas del mundo (Vogue, Glamour, Vanity Fair, Golf Digest, Wired, The New Yorker, etc.) debería saberlo; la empresa publica millones de palabras al mes que los suscriptores están ansiosos por leer. Aun así, un correo electrónico reciente que el director general envió a todos los empleados necesitó quinientas palabras para decir..., pues, nada. En su mensaje del martes 5 de octubre de 2010 a toda la empresa, Chuck Townsend, director general de Condé Nast, pretendía aclarar los motivos de una serie de cambios que la compañía estaba aplicando en respuesta a internet. Su discurso estaba tan lleno de jerga corporativa que ni siquiera sus empleados lograron entender lo que les estaba diciendo. En julio anunciamos una reorientación estratégica de nuestra empresa e identificamos tres prioridades claras para garantizar el crecimiento y éxito futuros: un modelo de negocio centrado en el consumidor, un enfoque de gestión de marca holístico y el establecimiento de una multiplataforma, ventas integradas y organización del marketing. Nuestro compromiso con la atención al cliente es obvio... Para optimizar el aumento de ingresos de marca, trasladaremos la responsabilidad del sitio único, las ventas digitales y el marketing a la marca. Ahora los editores pueden aprovechar al máximo sus ofertas en todas las plataformas.

¿Qué? Según el New York Times, un empleado reaccionó diciendo: «Todos lo hemos leído y no tenemos ni idea de lo que está hablando. Es el tipo de comunicado sin verbos y en el que la mitad de las palabras son una especie de pomposa jerga técnica». Cuando el jefe de una editorial no puede hacerse entender con palabras, no cabe duda de que tenemos un gran problema. 6

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Sabemos menos que nada En el otro extremo de la escala, a veces el bla, bla, bla significa que sabemos menos que nada. Cuando el lujo de detalles que se nos impone anula nuestra capacidad de comprensión, acabamos recibiendo saber negativo; cuanto más oímos, menos sabemos.

¡DEMASIADA INFORMACIÓN!

NO...Glups...

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SUFICIENTE MUERTO POR LOS DETALLES A principios de 2010, en una diminuta y oscura sala oculta en las profundidades del Pentágono (el edificio con cinco lados, Jon), un miembro veterano del Departamento de Defensa de Estados Unidos estaba sentado a un pequeño escritorio. En la mesa no había nada y sus manos estaban vacías. Estaba allí para una sesión informativa sobre proyectos en curso de la guerra contra el terrorismo. Aunque era una de las poquísimas personas en todo el mundo que tenía conocimiento de la magnitud de las actividades secretas de nuestro gobierno, no le estaba permitido tomar notas. Frente a él una pantalla mostraba imágenes del proyecto. Apareció el nombre de un programa, luego una lista de miembros del personal y autores. Luego apareció una declaración de intenciones, seguida por una lista de metas y objetivos, luego una lista de tareas completadas e incompletas, luego una lista de recursos y su despliegue actual, luego un calendario escrito, luego agendas detalladas, luego documentos de referencia, luego un resumen presupuestario, luego argumentos a favor para una solicitud de fondos suplementarios, luego una lista de actuaciones, luego una lista parcial de programas asociados. Cuando terminaba un programa, empezaba otro. Ese día se revisaron cientos de programas. Al poco rato de la sesión informativa, este «Usuario privilegiado» cayó en la cuenta de que sabía menos que cuando había empezado. «¡Basta!» gritó, y abandonó la sala. Después, según la investigación de dos años del Washington Post sobre el creciente mundo del alto secreIntroducción. La mitad de lo que pensamos acerca de pensar es erróneo

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to en Estados Unidos, el usuario privilegiado manifestó categóricamente: «No viviré lo suficiente para que me informen de todo». El resultado —añadió— fue que es imposible determinar si esta infinita serie de programas lograban que nuestro país fuera más seguro o no. Pensemos en ello un segundo: cuanta más información recibía el usuario privilegiado sobre los programas, menos podía determinar si proporcionaban seguridad al país. Esto parece la definición más sólida que podemos obtener del bla, bla, bla.

¿Cómo hemos llegado aquí? Es extraño, ¿verdad? Todo el mundo odia el bla, bla, bla, pero aquí estamos. Nadie fue el primero que intentó que fuera difícil dar con buenas ideas. Nadie decidió de antemano que la mejor manera de decir algo era decir cualquier otra cosa. Nadie empezó una carrera creyendo que la mejor manera de ascender era asegurándose de que no le entendían. Con todos los canales de comunicación instantánea que disponemos, deberíamos comprendernos mejor, no peor. Con tanta historia accesible a un solo clic, deberíamos encontrar maneras más rápidas de solucionar problemas, no formas más rápidas de echarnos la culpa. Cuando tenemos una idea brillante, deberíamos ser más capaces que nunca de compartirla claramente, en lugar de pensar que jamás ha sido tan difícil que nos escuchen.

El mapa del tesoro No necesitamos más palabras. Las necesitamos rápido, y necesitamos que sean buenas; y para saber que son buenas, necesitamos que sean claras. Para distinguir las buenas ideas de las malas, los perspicaces de los ignorantes, los creativos de los destructores de la creatividad, necesitamos ser capaces de verlo todo. Sin embargo, ver no es algo que se pueda hacer en el terreno del bla, bla, bla. Es el lugar indicado para esconderse, ocultarse, distraerse y confundirse. Si realmente queremos solucionar un problema, debemos salir de ese lugar. Aquí es donde entra en acción este libro. Ofrece un plan de fuga. La huida se presenta en forma de mapa del tesoro. Es un mapa que podemos usar cuando tenemos un problema y necesitamos dar con una buena idea para resolverlo; que podemos usar cuando nos abruman las palabras y necesitamos saber lo que realmente significan, y que podemos utilizar cuando vemos una idea brillante y necesitamos que los demás también la vean. 8

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¿Qué hace que un mapa resulte útil? Para ser útil, un mapa debe mostrar tres cosas: dónde estamos ahora (con suficiente detalle para decidir si es un buen sitio donde quedarse), un lugar mejor adonde ir (con suficiente detalle para decidir si ese lugar realmente parece más atractivo) y una vía bien señalizada entre ambos (con suficiente detalle para asegurarse de no perderse por el camino).

Nuestra vía Un mapa útil nos muestra tres

Nuestro destino

Estamos aquí

cosas: la ubicación actual, una vía y un destino.

Hay que pensar en este libro como en un mapa que se desdobla en tres partes: la primera describe nuestra ubicación actual, con la porquería del bla, bla, bla hasta el cuello. La segunda describe una vía con dos carriles para salir. La tercera describe un destino más atractivo, un lugar donde conocemos nuestras ideas por dentro y por fuera, creemos que las ideas de los demás merecen nuestro tiempo y confiamos en nuestra capacidad de obtener una perspectiva general.

RUIDOSO CONFUSO

Pensamiento Idea vívido vívida Introducción. La mitad de lo que pensamos acerca de pensar es erróneo

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Antes de iniciar la marcha, vamos a familiarizarnos con nuestro nuevo mapa.

Nuestro mapa del tesoro

El bosque y los árboles Nuestra vía

He aquí nuestro mapa del tesoro. Vamos a familiarizarnos con las partes, una por una.

Estamos aquí El camino de vuelta

Nuestro destino

El terreno del bla, bla, bla

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Estamos aquí Nuestro mapa del tesoro pARTE 1 El bosque y los árboles Nuestra vía Estamos aquí, en el lado

Estamos aquí

izquierdo de nuestro mapa, en

El camino de vuelta

Nuestro destino

pleno terreno del bla, bla, bla.

El terreno del bla, bla, bla En el lado izquierdo del mapa vemos nuestra ubicación actual, en pleno terreno del bla, bla, bla. Como sabemos, es un lugar ruidoso, lleno de actividad y murmullo. No es necesariamente un lugar malo —pasan muchas cosas y puede ser emocionante estar en medio de tanta actividad—, pero con tanto palique y alboroto, no es el lugar ideal para intentar considerar detenidamente las cosas, y es casi imposible que nos presten atención. Para destacar entre la multitud, uno de nosotros empieza a hablar un poco más alto y más rápido. Esto funciona durante un instante, pero para contrarrestarlo, el resto también empieza a hablar más alto y más rápido. La cosa aumenta hasta que se alcanza un nuevo equilibrio de bla, bla, bla, con semejante volumen, velocidad y cuantía que se hace difícil saber qué merece la pena escuchar. He aquí el auténtico peligro: con tantas palabras clamorosas, en breve estamos tan atareados para no perder el hilo, que no sólo dejamos de escuchar a todo el mundo, sino que dejamos de escucharnos a nosotros mismos. En seguida olvidamos cuál era nuestra opinión, o si teníamos alguna. Lo único que importa es que nos oigan. Introducción. La mitad de lo que pensamos acerca de pensar es erróneo

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Una vía de escape Nuestro mapa del tesoro PARTE 2

to mieon a s n Pe vívid Nuestra vía

Hay una vía con dos carriles para salir; y es necesario usar ambos carriles.

El bosque y los árboles

Estamos aquí El camino de vuelta

Nuestro destino

El terreno del bla, bla, bla

Simplemente podríamos quedarnos en el bla, bla, bla; es fácil, y en gran parte, nuestras tendencias y tecnología nos animan a hacerlo. Pero si de verdad necesitamos una idea nueva, necesitamos que sea buena y necesitamos que los demás la perciban, necesitamos una vía de escape. La vía para salir del bla, bla, bla es fácil de encontrar, pero tomarla es más complicado. Y es porque tiene dos carriles, y sólo nos han aleccionado sobre uno de ellos: el verbal. Esta vía la conocemos bien; se basa en hablar, escribir y leer, y nuestra educación nos ha enseñado, preparado y evaluado para confiar en ella. La segunda vía no es secreta; todo el mundo sabe que está allí. Es la vía del dibujo. Como herramienta de pensamiento, los dibujos han existido desde mucho antes que la escritura. De hecho, en un pasado lejano, mucho antes de que alguien escribiera algo, los dibujos eran la única vía. Pero en algún punto intermedio descubrimos la escritura, y la mayoría de nosotros 12

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perdió interés por la vía del dibujo. Y ahora, al no haberla recorrido durante tanto tiempo, esta vía es desconocida y está poco desarrollada; y da un poco de miedo.* Así que nos ceñimos a la vía que conocemos, y hablamos. El problema es que por mucho que queramos dejar atrás el bla, bla, bla, tomar la vía verbal siempre nos llevará de vuelta. Desgraciadamente, la segunda vía —la del dibujo— por sí sola no es mucho mejor. Incluso las personas que conocen bien esta antigua vía tienden a perderse cuando intentan usar sólo imágenes para explicarse. Únicamente tomando ambas vías a la vez podemos llegar al lugar adonde necesitamos ir. Para solucionar los problemas de hoy, necesitamos ver y oír, leer y mirar, escribir y dibujar. Y al hacerlo —al recordar cómo pensar verbal y visualmente— es cuando comprenderemos el poder del pensamiento vívido.

Nuestro destino Nuestro mapa del tesoro PARTE 3 El bosque y los árboles

Nuestro destino es un

Nuestra vía Estamos aquí El camino de vuelta

lugar en el que podemos

Nuestro destino

Pensamiento vívido

ver el bosque y los árboles.

El terreno del bla, bla, bla

* Si el lector está interesado en cómo perdimos los dibujos, puede echar un vistazo al Apéndice A: «Cómo perdimos la mitad de la mente».

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En el lado derecho del mapa, vemos nuestro destino. Es un bosquecillo tranquilo situado muy lejos del terreno del bla, bla, bla. Aquí podemos respirar hondo, disfrutar de un momento de calma y reflexionar sobre lo que realmente ocupa nuestra mente. No se trata de un bosquecillo cualquiera. Aunque silencioso al principio, no es un lugar solitario; está lleno de ideas: las nuestras y las de los demás. Tras el alboroto del bla, bla, bla, se necesita un rato para adaptar la vista y el oído. Pero tras unos instantes, empezaremos a percibir más ideas, y distinguiremos de qué se componen exactamente. Aquí, por primera vez, podemos ver el bosque y los árboles.

El camino de vuelta Nuestro mapa del tesoro EL CAMINO DE VUELTA

El bosque y los árboles

Nuestra vía

Tras la excursión al bosque, será necesario volver; sólo entonces sabremos cómo abrirnos camino a través del

Estamos aquí

bla, bla, bla.

El camino de vuelta

Nuestro destino

El terreno del bla, bla, bla Una vez se ha visitado el bosque vívido, nunca se verá el terreno del bla, bla, bla del mismo modo. Naturalmente al final habrá que volver, ya que es donde ocurren las cosas, pero será un lugar distinto. Dado que sabremos muchas cosas nuevas sobre nuestras ideas, las compartiremos de otra forma. Y al saber lo que hacemos, también esperaremos un comportamiento distinto de las personas que compartan sus ideas con nosotros.

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Basta de bla, bla, bla De eso trata este libro en pocas palabras: una parte sobre el terreno del bla, bla, bla y cómo llegamos allí, un apartado sobre la vía de escape de dos carriles, y un apartado sobre un lugar más vívido adonde ir. Puesto que empezaremos en el bla, bla, bla, primero debemos comprender cómo llegamos allí. Se trata de una historia que empieza con un dibujo.

Improvisar Cuando estaba en segundo de primaria dibujé lo que iba a convertirse en una de las imágenes más importantes de mi vida. Era el dibujo de un pato. No tengo ni idea de por qué dibujé un pato, pero recuerdo el dibujo. Reproduje el pato en pleno vuelo: pico hacia adelante, cola hacia atrás, patas recogidas, alas extendidas. Era un pato rápido, y lo dibujé de perfil, de manera que pude añadir marcas de velocidad. No sabía mucho de patos, así que tuve que improvisar. Al final, mi pato tenía este aspecto:

Mi pato veloz, 1970.

Unos días después de dibujar el pato, la maestra, la señorita Brown, me dio un premio. Decía: «Al mejor dibujo». Fue una sorpresa; ni siquiera sabía que mi pato había participado en un concurso. No debería haberme sorprendido: en mi informe de entonces, al tiempo que se elogiaba mi «creatividad», también se me reprendía por hablar demasiado en clase. Las palabras concretas de la señorita Brown en el apartado «Presta atención en clase» fueron: «Necesita mejorar». El informe también señalaba que mi nivel de lectura no era el adecuado. Esto tampoco fue una sorpresa. Odiaba leer. De todas las cosas que había que hacer en clase —dibujar, pintar, Introducción. La mitad de lo que pensamos acerca de pensar es erróneo

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medir, construir, hablar— sólo me amilanaba cuando debía leer. Me decía a mí mismo que era porque leer era aburrido, solitario e inútil, pero la verdad es que me resultaba difícil. Me avergonzaba que me costara leer, ya que estaba considerado como uno de los niños listos de la clase. Notaba que si bien mis conversaciones paralelas irritaban a la señorita Brown, apreciaba mi participación. Pero cuando debíamos leer, sabía que me quedaba atrás. Cuando leer se convirtió en el principal propósito de las clases, perdí el interés por el colegio. La historia podría haber acabado mal. Pero en aquel momento, mi padre trajo a casa un libro escrito por un médico. No sé si mi padre sabía que yo tenía problemas con la lectura, pero sí que sabía que Green Eggs and Ham, del doctor Seuss, era divertido. Empezamos a leerlo juntos por las noches. Me atraían los dibujos y las risas de mi padre, y tras un tiempo me di cuenta de que después de todo, las palabras de las páginas no eran tan malas. Tras varias rondas de «Sam soy. Soy Sam», la bombilla de mi cabeza con la etiqueta «palabras» empezó a parpadear, y cuando mi padre y yo pasamos al más complejo The Cat in the Hat, esa bombilla empezó a resplandecer. Gracias al doctor Seuss aprendí a leer.

¿Por qué Johnny no puede leer? Igual que cientos de millones de niños. Cuando murió en 1991, el doctor Seuss había escrito sesenta libros de los que hasta la fecha se han vendido más de doscientos cincuenta millones de ejemplares. Según Publishers Weekly, veintitrés de los ciento cincuenta libros infantiles más vendidos de todos los tiempos los escribió el doctor Seuss. Su planteamiento de la escritura —la mitad de la cual implicaba dibujos— cambió la forma como los estadounidenses aprendieron a leer. Pero ¿de dónde venía el doctor Seuss, con sus divertidas palabras y dibujos simplones? ¿Y cómo estos libros aparentemente sencillos consiguieron cambiar drásticamente la percepción de la lectura por parte de los alumnos más jóvenes? Para descubrir esta historia, primero hay que conocer a John Hersey. John Hersey no tenía los mismos problemas que yo con la lectura. A él le encantaban las palabras. Como corresponsal en la segunda guerra mundial, escribió sobre el desembarco de los soldados estadounidenses en Sicilia, el frío del frente ruso y el calor de las junglas birmanas. Mientras trabajaba en el Pacífico, sobrevivió al accidente de avión que se estrelló en el océano. Tras nadar a la superficie, lo primero en que pensé fue en encontrar sus escritos. 16

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El amor de John Hersey por las palabras era contagioso. En 1946 escribió el artículo «Hiroshima», el más largo publicado en The New Yorker. Volvió a contar la devastación causada por la primera bomba atómica. Oculto tras un encantador dibujo caricaturesco que mostraba una templada tarde en el Central Park en la portada del New Yorker, «Hiroshima» apareció en el número del 31 de agosto de 1946. La soleada portada era una trampa; la oscuridad del artículo de Hersey llenaba toda la revista. Por primera y (hasta el momento) la única vez, que New Yorker dedicó su contenido a una sola historia. «Hiroshima» se cuenta entre los ejemplares de más éxito de la revista. Posteriormente, la revista Time describió «Hiroshima» como «el artículo periodístico más notorio que dio la segunda guerra mundial». Es obvio que John Hersey amaba las palabras, lo cual hace fascinante que cuando más adelante escribió un artículo sobre la lectura para la revista Life, acabara escribiendo principalmente sobre dibujos. ¿Dibujos? Pero ¿Hersey no era un tipo de palabras? Este descubrimiento es tan importante para esta historia (y para el resto del libro) que quiero repetirlo: al escribir un artículo sobre cómo ayudar a los niños a aprender a leer, John Hersey se centró sobre todo en los dibujos que acompañan a las palabras. He aquí lo que pasó. En 1952, seis años después de su decisiva historia en el New Yorker, Hersey ya era un escritor de éxito y catedrático de inglés. También era padre de cinco hijos, y en aras de saber más sobre su educación, se unió a un grupo de padres y profesores llamado «Consejo de Estudio de la Escuela de Ciudadanos de Fairfield». Su objetivo era ayudar a directores, profesores y padres a comprender por qué los niños no aprendían a leer bien; algo que a Hersey —como un redomado «tipo de palabras»— le parecía preocupante. Igual que la preocupación actual de cómo internet está afectando a nuestros cerebros, hace sesenta años existía una gran inquietud acerca de que una nueva tecnología (por entonces la televisión) y un nuevo estilo educativo (educación personalizada en lugar de memorización en grupo) estuvieran debilitando la enseñanza pública. Según Hersey, el objetivo del Consejo de Estudio era responder a la pregunta «¿Están aprendiendo nuestros jóvenes a usar nuestro idioma suficientemente bien?». Para abordar este reto, los miembros del grupo de estudio asistieron a clase, leyeron libros técnicos, consultaron a expertos en educación, y aprendieron todo lo que pudieron sobre el arte de aprender a leer. Tras dos años de intenso esfuerzo e investigación, Hersey concluyó el estudio escribiendo otro largo artículo, de diez páginas, que en esta ocasión apareció en la revista Life. Introducción. La mitad de lo que pensamos acerca de pensar es erróneo

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«¿Por qué los alumnos se atascan en la primera R [SQ3R o SQRRR es un método de comprensión lectora que recibe el nombre de sus cinco pasos en inglés: survey (reconocimiento), question (duda), read (lectura), recite (recitar) y review (repaso)]?» apareció en las páginas centrales de la revista el 24 de mayo de 1954. En el artículo, Hersey y el grupo de estudio revelaron que los niños preferían ver la televisión antes que leer (como cabía esperar), que se hacía más hincapié en ayudar a los alumnos que aprendían despacio que a los aventajados (algo un poco sorprendente), y que las decisiones sobre la forma «correcta» de educar siempre serían difíciles porque en la enseñanza había muy pocos elementos que pudieran medirse de forma relevante (una gran sorpresa). Pero la mayor sorpresa de todas también fue la más simple: la razón por la que los niños no aprendían a leer era porque sus libros parecían aburridos.

Cuando se tiene voluntad Sólo con mirar los dibujos de los libros de texto que debían usar los alumnos de Fairfield, el grupo de estudio pudo comprender por qué los niños no querían leerlos. «En el aula, los chicos y las chicas se encuentran con libros con ilustraciones insulsas que presentan vidas artificiosas de niños y niñas ridículamente limpios.» Hersey se centró aún más en las imágenes: «Los niños que intentan aprender a leer en Fairfield ven a un chico solitario llamado Tom condenado a jugar eternamente —y con un control antinatural de sus modales— con dos almibaradas niñas, Betty y Susan. La aterradora vida que lleva Tom está estrechamente vinculada a las primeras etapas cruciales de la lectura. No es tan sorprendente que algunos chicos se aparten de la experiencia».

Aspecto de la lectura en 1954.

«Mira —dijo Dick—. Mira cómo se va. Mira cómo sube.» 18

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Jane dijo: «Oh, mira. Mira cómo se va. Mira cómo sube».

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Al resumir sus resultados, el Consejo concluyó que los niños no aprendían a leer porque no querían leer los libros que se les asignaban, y que no querían leerlos porque odiaban los dibujos. Hersey acababa su artículo con una súplica a los editores de libros de texto. «Con los lectores de primer curso de primaria, los dibujos de cada página dan pistas de casi todo el contenido. Se ayuda al niño a visualizar las palabras pero con imágenes monótonas y sosas. ¿Por qué no puede haber dibujos que en lugar de limitar la riqueza asociativa que los niños dan a las palabras que ilustran amplíen dicha riqueza, dibujos imaginativos de ilustradores infantiles como Tenniel, Howard Pyle, el doctor Seuss o Walt Disney?» Por suerte, muchos años después un valiente editor de libros de texto leyó el artículo.

Las listas William Ellsworth Spaulding era un editor de la sección de libros de texto de Houghton Mifflin, en Nueva York. Leyó el artículo de Hersey y se inspiró: ¿por qué no conseguir que uno de esos autores infantiles escribiera un libro de texto? Pero había pocas opciones entre los ilustradores que mencionaba Hersey. Sir John Tenniel, el ilustrador original de Alicia en el País de las Maravillas había muerto hacía treinta y ocho años, en 1914. Howard Pyle, autor e ilustrador de Las alegres aventuras de Robin Hood había muerto todavía antes, en 1911. Y Walt Disney estaba ocupado con un parque temático en Los Ángeles. Sólo quedaba Ted Geisel, un autor infantil de relativo éxito que escribía y dibujaba bajo el nombre de la doncella de su madre, Seuss. Spaulding conocía al doctor Seuss, y contactó con su editor, Bennett Cerf de Random House, para ver si éste estaría dispuesto a prestarle al autor para que probara con un libro de texto. Cerf aceptó, siempre que Random House pudiera vender la versión para librerías de todo lo que escribiera el doctor Seuss. Tras el acuerdo, Spaulding se dirigió al doctor Seuss, pero no lo hizo con las manos vacías. Para asegurarse de que lo que escribiera pudiera servir como libro de texto que compraran profesores y distritos escolares, Spaulding le dio al doctor Seuss tres listas de palabras que los expertos habían acordado que era importante que los alumnos de primer curso de primaria leyeran. En total, las listas contenían trescientas cuarenta y ocho palabras. Al examinar las listas, el doctor Seuss consideró el ejercicio ridículo. Pero luego eligió las dos primeras palabras que rimaban: «gato» y «sombrero» (en inglés cat y hat).

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La apuesta El doctor Seuss tardó nueve meses en escribir The Cat in the Hat (El gato en el sombrero) y sólo utilizó doscientas treinta y seis de las palabras. El libro cambió la forma de enseñar de los profesores, la forma de comprar de las escuelas, lo que los editores pensaban sobre la educación, y —lo que es más importante para este libro— el modo como las personas conectaban palabras e imágenes. The Cat in the Hat fue un éxito tal para Random House que Bennett Cerf decidió subir las apuestas. Se apostó cincuenta dólares con el doctor Seuss a que éste no conseguiría semejante hazaña de nuevo usando sólo cincuenta palabras. En esta ocasión la lista contenía «jamón» «soy» y «Sam» (ham, am y Sam). Y esta vez el doctor Seuss solamente tardó cinco meses en escribir Green Eggs and Ham (Huevos verdes con jamón).

Las imágenes dan significado a las palabras, y viceversa La poción mágica que Seuss añadió a sus libros cambió la forma en la que los estadounidenses aprendimos a leer también nuestra forma de pensar sobre los libros: los libros que nos enseñan mejor son los que llegan tanto a nuestra mente verbal como visual. Al final, la poción no era tan mágica: simplemente tenía sentido. Una de las percepciones importantes del informe de Hersey y del Consejo es que expertos y profesores estuvieron de acuerdo: un niño que realmente quiere aprender algo normalmente lo aprende. «Ahora algunos educadores piensan que los más pequeños podrían absorber hasta doscientas palabras en los primeros seis meses, usando palabras que los niños quieran aprender.» ¿Y qué es lo mejor para que un niño quiera aprender? Que el contenido resulte ameno para su mente.

¿Qué ocurrió con las imágenes? Para las palabras de un corresponsal de guerra, para un par de inspirados editores, para un autor a quien le gustaba dibujar, para millones de niños que decidieron que al fin y al cabo leer no era tan horrible, es una gran historia. Entre muchas otras cosas, nos cuenta que al aprender a leer, las imágenes tienen tanta importancia como las palabras a las cuales acompañan. 20

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Así que he aquí la gran pregunta: ¿si las imágenes suponen una diferencia fundamental para que a un niño le atraiga una idea, por qué detenerse en los niños? Si las imágenes tuvieron un papel esencial en nuestra motivación para querer emprender algo tan desafiante como la lectura, ¿por qué ahora no utilizamos imágenes que nos motiven para querer comprender los problemas a los que nos enfrentamos como adultos? ¿Si las imágenes funcionaron para conectarnos con las ideas entonces, por qué ahora prescindimos de ellas? En los negocios, igual que en la política, en la educación y en la vida, hemos abandonado el camino de las imágenes, precisamente en el momento que más lo necesitábamos. ¿Por qué?

¿«Pensar diferente» no es exactamente lo que pretendemos? Hoy en día, la palabra más de moda en el mundo de los negocios es «innovación». La prensa económica, los líderes empresariales y las escuelas de negocios la repiten hasta la saciedad. «La innovación es la clave del éxito.» «Necesitamos innovar para salir de la recesión.» «Si pudiéramos emular su capacidad para innovar, podríamos convertirnos en el Apple de insertar el sector aquí.» Cuando buscamos innovación, ¿no buscamos simplemente una forma diferente de contemplar el mundo? Volvamos a plantear la pregunta de más arriba, pero ahora desde otra perspectiva. ¿Por qué en el momento de la historia en que más necesitamos ver el mundo de otra forma, no exigimos a nuestra mente que considere los problemas de otro modo? Si nuestro objetivo es ver de otra manera, ¿dónde han ido a parar nuestras imágenes?

¿Por qué Johnny y Janey no saben dibujar? (La auténtica razón que nos impide resolver problemas para salvar nuestro trasero) ?

¿DIBUJAR

La razón por la que pensamos

¡No sé dibujar!

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que no somos visuales...

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... es que cuando empezábamos a entender cosas...

... nos quitaron los dibujos.

Los dibujos no son ruedas auxiliares Todos reconocemos el poder de los dibujos como herramienta de aprendizaje. Antes de que empezáramos a leer, nos pedían que dibujáramos. Pero luego los dibujos cesaron. Nuestro sistema educativo evolucionó hasta creer que los dibujos son como ruedas auxiliares: sólo son útiles para que nos iniciemos en la lectura; y hay que descartar el dibujo en el momento en que ya somos capaces de escribir.

¡No! bujos ¡Los di no son esto!

Ruedas es auxiliar

Lo cual es totalmente erróneo. Los dibujos son la parte del pensamiento que nos proporciona orientación y rumbo. Es la «perspectiva general» lo que nos permite ver adónde vamos. Los dibujos no son ruedas auxiliares; los dibujos son la rueda delantera. 22

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¡Sí! ¡Los dibujos son esto!

Sin dibujos estamos en un monociclo. Es cierto que con suficiente aprendizaje todo el mundo puede aprender a montar en uno, pero para qué molestarse: siempre iremos más rápido y tendremos más estabilidad sobre dos ruedas. Cuando se trata de pensar, hablar y resolver problemas, es como si todos paseáramos en monociclos mentales.

¡Jo!

Sólo palabras

Bla, bla, bla. No es de extrañar que nadie pueda explicar el mundo. El resto de este libro va a montarnos de nuevo sobre dos ruedas.

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