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La historia de un period

APRISMO DESDE

Estas son las columnas del director del periodico peruano “La Tribuna” en sus X y XI etapa de circulacion legal. Recogen la historia reciente del país y habla del aprismo, sin duda, un movimiento entranable para el pueblo peruano y la historia de Indoamerica.

Germán Luna Segura


Aprismo desde La Tribuna

A Roberto Martínez Merizalde “El Chasqui” y Absalón Otero Luna, ejemplos inmarcesibles de un aprismo ejemplar y el ejercicio de un verdadero periodismo libre. A todos y cada uno de mis compañeros y hermanos que entre los años 2004 y 2010 me siguieron en la utopía de darle vida –sin un sol en la bolsa, como al principio-, al glorioso periódico La Tribuna. En tributo a esa entrega absolutamente desinteresada, la honestidad, responsabilidad y persistencia sin desmayo puesto en el trabajo y el compromiso personal y partidario que compartimos haciéndonos herederos de la gloria de LOS TRIBUNICIOS y la noble inspiración de Haya de la Torre, en cuyo nombre, salió cada edición.

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Aprismo desde La Tribuna

ÍNDICE TEMÁTICO PRÓLOGO DE LUIS NEGREIROS CRIADO NOTA PRELIMINAR DEL AUTOR PRIMER NÚMERO DEL DIARIO APRISTA “LA TRIBUNA” DE FECHA 16 DE MAYO DE 1931 PRIMER NÚMERO DE LA IX ETAPA XI ETAPA DEDICADA AL PAÍS, SUS PROBLEMAS Y NUESTRA GENTE TRIBUTO A HAYA DE LA TORRE, NUESTRA INSPIRACIÓN Y RECUERDO PERMANENTE

2004 : “LA TRIBUNA” EN LOS TIEMPOS DEL TOLEDOKARPISMO LA PROTESTA Y EL FRENTE SOCIAL UN EMBAJADOR QUE SE LAS TRAE HAYA DE LA TORRE FRENTE A LA HISTORIA ENTRE EL PARLAMENTO Y EL PALACIO DE GOBIERNO JUEGOS DE GUERRA Y JUEGOS POLÍTICOS ENCUENTROS Y DESENCUENTROS DE MI PERÚ POSIBLE REALIDAD SOCIAL Y CRISIS UNIVERSITARIA MOVILIZAR ES PARTICIPAR, GOBERNAR MAL… DESESTABILIZAR PROCURADORES ON LINE LA CULTURA Y LOS PASOS PERDIDOS ¿BAJANDO EN LAS ENCUESTAS O CRECIENDO LA PREOCUPACIÓN? ESTOS CHICOS DE LA IZQUIERDA CAVIAR CUANDO EL BARCO DE HUNDE, ¿QUIÉNES SALTAN? EL ASALTO NEOLIBERAL RADIOGRAFÍA DE LA VIOLENCIA POLÍTICA SOBRE ANTROPÓFAGOS Y OTORONGOS LOS GESTOS DE LA CUARTA ESPADA ALGO MÁS QUE UNA CONVENCIÓN UNIVERSITARIA LA LARGA MARCHA DE LOS ABIGEOS JUVENTUD, VIOLENCIA Y SUICIDIO:EL DOLOROSO SALDO DE LA CRISIS ANTIGUA Y CONOCIDA UTOPÍA: COMUNIDAD SUDAMERICANA DE NACIONES EN DEFENSA DE LA DEMOCRACIA RETORNA LA ESPERANZA

2005: RADIOGRAFÍA DE UNA AVENTURA EN CRISIS MIRAR MÁS ALLÁ DE LO OBVIO FALSA FIRMA, FALSO PADRÓN, FALSA ELECCIÓN, FALSO PRESIDENTE APÁTRIDAS Y PATRIOTAS UN EMBAJADOR INIMPUTABLE RESPETOS GUARDAN RESPETOS EVOCANDO LA FRATERNIDAD EL COMANDO DE RODRIGO FRANCO RAMIRO PRIALÉ PRIALÉ BRICHEROS ESTALLIDO SOCIAL O DEMOCRACIA REAL CALIDAD ELECCIONARIA LA IGLESIA EN EL TERCER MILENIO LA MISERIA DEL NEOLIBERALISMO Y LA ÉTICA DE LA POBREZA EL TRISTE OCASO DEL FIM NUESTRO IDEAL SOCIALISTA EN LIMA 81 AÑOS DE APRISMO LOS RETOS DE UN APRISMO RENOVADO DE LA INTEGRACIÓN Y LA GUERRA DE AVENTUREROS Y EQUILIBRISTAS DE PAYASITO A DUEÑO DEL CIRCO

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Aprismo desde La Tribuna CONVOCADOS PARA EL GRAN SALTO REVOLUCIÓN CALIENTE TOMARNOS UN ÚLTIMO TRAGO AMARGO O JALAR LA SOGA TU QUIERES SUPERVISARME Y A TI QUIEN TE CONTROLA UN DEBATE INAGOTABLE DE CRISIS Y FUTURO ENTRE CONVOCATORIAS Y DISCURSOS, NO SÓLO SE ESCONDE EL LADRÓN DE CENTROS MÁS O MENOS CÓMODOS ULISES COLINA: TAN LEGENDARIO COMO EL DE ITACA DE VENDETTAS Y PACTOS INFAMES EL IMAGINARIO PAÍS DE LAS CIFRAS ENTRE MEDIAS VERDADES… LA MENTIRA REINA USA TAMBIÉN NECESITA AYUDA ANTIAPRISMO Y SENTIDO COMÚN TU FRENTE, MI FRENTE, EL FRENTE, DE FRENTE... PERO A LA IZQUIERDA PÁNICO ENFERMIZO UN VIEJO Y RENTABLE OFICIO LOS ABIGEOS OTRA VEZ EL NO TAN SANTO DE LA ESCOBA LOS CONSERVADORES NO ES NO... SEÑOR PRESIDENTE DERECHO DE INFORMARNOS O INFORMÁNDONOS DE NUESTROS DERECHOS HOMENAJE AL COLEGIO GUADALUPE: ABRID ANCHO PASO… SI NO ES CON EL PUEBLO, TODO ES ILUSION EL PUEBLO DIRÁ SU PALABRA FIRMES EN LA IZQUIERDA DEMOCRÁTICA

2006: UN NUEVO AÑO Y UN AÑO DE TIEMPOS NUEVOS ¿BUENO… Y A LA DERECHA QUIÉN LA DEFIENDE? GIRAMOS A LA IZQUIERDA O MANTENEMOS LA MISERIA EN MEDIO DE LA CRISIS Y LA CONFUSIÓN MÁS ALLA DE LA CAMPAÑA QUE NADIE SE MUERA DE SUSTO EL LARGO Y OPROBIOSO INVIERNO DE LA DEMOCRACIA PERUANA TERCERO, SEGUNDO Y PRONTO… PRIMERO ¿OLLANTA QUÉ ESTÁS HACIENDO? ELECCIONES Y PLUMA DE ALQUILER VIEJO PREDICAMENTO LA DERECHA SE RESISTE A MORIR TIRIOS DEMOCRÁTICOS Y TROYANOS AUTOCRÁTICOS A VOTAR POR EL PERÚ QUE TODOS QUEREMOS EL ÚNICO PACTO POSIBLE ES CON EL PUEBLO FLORES MARCHITAS EN UNA TUMBA VIVA LA AGONÍA DE BOLÍVAR CUANDO CAE EL TELÓN... DE TANTO ESCUCHAR A NADINE, VOY A EXTRAÑAR A ELIANE BUSCANDO UN TRADUCTOR CARTA AL VIEJO OLLANTA EN SU LABERINTO EL SILENCIO DEL ESTADISTA GOBERNAR A PARTIR DE LOS MÁS POBRES Y AHORA... ¿QUIÉN PODRÁ DEFENDERLOS? YO… EMPLEADO PÚBLICO MENSAJE PARA LOS QUE SE VAN... UN TRIUNFO QUE ES UN HOMENAJE SEÑALES MI GOBIERNO, TU GOBIERNO, NUESTRO GOBIERNO ¿CUARENTA... NO SON SUFICIENTES? 30 DÍAS DE APRISMO SINTONIZANDO CON LA CALLE

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Aprismo desde La Tribuna EL NUEVO ROSTRO DE LA VIEJA POLÍTICA PRIVILEGIOS SON PRIVILEGIOS 76 AÑOS DE APRISMO LA HISTORIA DE LOS PUEBLOS, ES LA HISTORIA DE SUS LUCHAS DE TANTO CONJUGAR EL VERBO ESTAR DE LÓGICA Y ELECCIONES QUE BONITA VECINDAD YA PUES, HABLEMOS CLARO LOS 100 DÍAS DE “EL COMERCIO” ¿BALANCE ENTRE AMIGOS? LA LECCIÓN DE LA ELECCIÓN ARMANDO LA CAUSA DE LOS TRABAJADORES LLANTO POR LOS AUSENTES ¿QUÉ CRISTO ES EL QUE LLEGA EN NAVIDAD?

2007: APRISMO DESDE “LA TRIBUNA” LOS RICOS TAMBIÉN LLORAN UNA PERCEPCIÓN EQUIVOCADA VALORES DE LA DEMOCRACIA ¿PARA QUIÉN GOBERNAMOS? EN LA HORA DEL APRISMO ¡APRISMO YA! PARA ENTENDER NUESTRA FRATERNIDAD ¿APRISTAS PARA QUE? MIRAR EL ÁRBOL O EL BOSQUE NUESTRA EDUCACIÓN EL SUTEP DECLARACIÓN EL DESAFÍO “DEL VALIENTE” EL PARTIDO DE GOBIERNO EL DOBLE SENTIDO DEL TÚNEL QUE NO NOS QUIEBREN EL BRAZO EL APRA AL PODER EL CORTO TRECHO ENTRE EL DICHO Y EL HECHO PICONERÍA CONSERVADORA Y VISIÓN DE FUTURO SEASAP QUIEN GIRA SIN SENTIDO SE MAREA Y TERMINA CREYENDO QUE TODO SE MUEVE LA DEMOCRACIA SE PROTEGE PAPARAZZIS EN POLÍTICA LA ESTAFA CAVIAR “LA RESISTENCIA” JAVIER O.5% NUESTRO COMPAÑERO MULDER VÍCTOR RAÚL… EL RECUERDO ¿TODO VA MEJOR CON COCA-INA? LA SOLIDARIDAD ES, AÚN, UNA VIRTUD TELÉFONO MALOGRADO ¿INCAPACES DE PONERNOS DE ACUERDO? TRANSPARENCIA CAVIAR EL 11 DE SETIEMBRE EN CHILE ANIVERSARIO Y TRIBUTO POPULAR LECTURA DETRÁS DE LA CENSURA MENTIR ¿SE ACABA EL MUNDO? LOS INTOCABLES ¿HACIA DÓNDE DEBEMOS MIRAR? ¿CRECE LA OLA O SE REBASA LA OLLA? NO APRENDEN EL ALEGATO SOCIALISTA DEL APRISMO EN EL PERÚ MEZQUINDADES

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Aprismo desde La Tribuna FUJIMORI EN EL PURGATORIO UN AÑO MÁS

2008 : LÍMITES E INTEGRACIÓN LOS CAMBIOS ASUSTAN MANOS DE SANGRE TRIBUTO A MANUEL ARÉVALO AL PERRO DEL HORTELANO NO LE GUSTAN LOS TURISTAS EL ORIGEN POPULAR DE LA FRATERNIDAD ¿POR QUÉ LA FRATERNIDAD TIENE UN VALOR EN SÍ MISMA? UNA VERDADERA FIESTA POPULAR LA FRATERNIDAD POPULAR EL CORAZÓN DEL APRISMO LATE EN LA IZQUIERDA CONSUELO TORRES TELLO Y LA LUCHA DE LA MUJER POR SU DIGNIDAD EN TORNO A UNA NOTA IMPERTINENTE SEPARATISMO TORPE VIOLENCIA REACCIONARIA EL LADRÓN CREE QUE TODOS SON DE SU MISMA CONDICIÓN LOS “INDEPENDIENTES” ¿QUÉ HACEMOS CON ELLOS? LO CIERTO… ¡AQUÍ ESTAMOS! LO QUE SOMOS ALGO MÁS QUE UNA SIMPLE DECLARACIÓN ECOLOGÍA Y POLÍTICA TRAICIÓN A LOS TRABAJADORES GO HOME SER O NO SER CUANDO LOS CERROS BAJAN DE HISTORIADOR A “CONTADOR DE HISTORIAS” NINGÚN “HUAMÁN” NOS PARA ¿CIRCO SÓLO EN FIESTAS PATRIAS? TROPEZAR DE NUEVO Y CON LA MISMA PIEDRA NO SÓLO FUE FUJIMORI… GOBERNAMOS PARA LOS MÁS POBRES ¿ANTIAPRISMO CRÍTICO? LA HISTORIA LOS JUZGARÁ NUESTRA ALIANZA LOS “MUCHACHOS” DEL NAZI-ONALISMO ¿QUIÉN LOS CRIÓ PARA QUE ELLOS SE JUNTEN? EN EL CLAN TOLEDO-, AÚN NO HA RESPONDIDO. TESTIMONIO DE PARTE ¡TAREA CUMPLIDA! DOBLE MORAL SEGUIR CRECIENDO A PESAR DEL RUIDO BIENVENIDO C. HU JINTAO AL LADRÓN, AL LADRÓN… ESTE MUICHACHO EL SUEÑO AMERICANO LA CRISIS DELCAPITALISMO DESPIERTA AL VIEJO MARX ESCUCHEN BIEN, GRABEN BIEN… EL NUEVO IMPULSO ¡APRISTA TEN ORGULLO DE TU GRAN PARTIDO! VAMOS…AHORA ADOPTE UN PERIODISTA ALGO MÁS QUE UNA JORNADA DE AMOR POR EL PERÚ

2009: UN NUEVO AÑO EN DEFENSA DEL APRISMO

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Aprismo desde La Tribuna TLC Y DEUDA INTERNA EL TREN ELÉCTRICO 1975: CÓMO CONQUISTAMOS LA DEMOCRACIA ¿MEDIR CON LA MISMA VARA O CON “VARILLAS”? VOLVERÉ Y SERÉ MILLONES ESTUVO ENTRE NOSOTROS CONSTRUIMOS EL APRISMO DEL SIGLO XXI NUESTRA TAREA ¿LO QUE ES BUENO PARA EL RICO ES MALO PARA EL POBRE? LLANTO Y SONRISA INFAME

2010: VENCER O SER VENCIDO: LA LÓGICA DE LOS HÉROES MIL DÍAS QUE NO SE CAIGAN NUESTROS PARADIGMAS ANEXOS : CARTA A LOS LECTORES, COMPAÑEROS Y AMIGOS(*) LA TRIBUNA: ETAPAS Y DIRECTORES

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Aprismo desde La Tribuna PRÓLOGO LA TRIBUNA no es sólo un importante medio de comunicación. Es un sentimiento y también es escuela. Fue pionero del ejercicio del periodismo libre y estaba llamado a convertirse, como sucedió, en un referente permanente de nuestra realidad al consignar en sus páginas las luchas de los obreros y del pueblo, es decir, todo aquello que la historia oficial ocultaba. Fue fundado por un grupo de jóvenes progresistas bajo la inspiración de Haya de la Torre quien se encontraba perseguido. Su primer número salió un 16 de mayo de 1931 e integraban su plana periodística, Manuel Seoane Corrales, Director; Luis Alberto Sánchez, co-Director y Carlos Fernández Rivas, Juan Devéscobi, Bernardo García Oquendo, Serafín Delmar, Domingo Viasevich, Pedro Reyes Zeña, Hugo Otero, Manuel Solano, Arturo Sabroso y Luis López Aliaga. LA TRIBUNA ha escrito su propia historia de gloria marcada por el signo y la suerte del Partido que la animó. Entre sus héroes figura Pedro “Perico” Chávez, importante enlace de “El Pan Caliente” y militante leal del aprismo del distrito de Breña. Sus directores y periodistas fueron apresados y sus ediciones confiscadas innumerables veces, pese a lo cual su voz nunca pudo ser acallada. Las causas de este signo de vida institucional tan trágica tiene sin embargo una profunda relación con la posición del periódico frente a los intereses populares. LA TRIBUNA fue la voz de los pobres y defendió irreductiblemente a éstos, innovando para ellos un nuevo tipo de periodismo. Pionero de las primeras planas informativas, incorporó la columna sindical y registró las luchas de los gremios en sus páginas. El deporte tuvo un espacio especial y también los llamados comics, que fueron un instrumento de crítica que revolucionó la política. LA TRIBUNA le impregnó un sesgo mucho más nacional y popular al viejo tabloide engolado que promovían los diarios El Comercio y La Prensa. Esos medios defendían ese estilo de prensa social y de chismes, típica y señoronamente limeña. En estos tiempos, y desde el 14 de julio del año 2004, circula LA TRIBUNA de manera regular y siempre bajo la inspiración de Haya de la Torre. “El Pan Caliente” se sumó así a la propuesta de modernización partidaria que la llevó a la Internet, interactuando en un nuevo escenario en el que se ha posesionado con mucho auspicio rindiéndole tributo al esfuerzo de los compañeros que han permitido que esta nueva etapa haya superado en tiempo, el período más largo de circulación legal ininterrumpida que registra nuestra historia. Sin embargo y pese a la encomiable labor que realiza su director Germán Luna Segura, la tarea de mantener circulando LA TRIBUNA compromete a Mauricio Mulder quien es, tal como me lo ha contado el propio Director, el principal crítico y sostén de esta gigantesca tarea periodística.

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Aprismo desde La Tribuna No es extraño -como lo hacía el propio Jefe del Partido-, que de manera inopinada y muy entrada la noche, cuando los hombres y mujeres “calzan la edición para el cierre”, su llamada paralice el trabajo, “en tanto se evalúa la directiva puntual o el comentario que enriquecerá esa edición” en la que participan muchísimos más periodistas y compañeros que los que realmente aparecen en el postón. La publicación de los editoriales de LA TRIBUNA constituye un acierto, no sólo porque la voz de este periódico es la voz de los millares de compañeros que vivos o muertos nos acompañaron en el ejercicio de una lealtad sin desfallecimientos, sino porque LA TRIBUNA es también la conciencia crítica que acompaña al Partido en la construcción de ese aprismo renovado para el siglo XXI, y un referente en la defensa de la obra del gobierno popular del c. Alan García. Si entender la historia del siglo XX requería en otros tiempos seguir la polémica producida entre el diario El Comercio y La Tribuna, de hecho en estos tiempos, la presente publicación permitirá mostrar nuestra consecuencia con la historia de entrega de nuestros padres y abuelos, como nos mantenemos firmes en la Izquierda Democrática y como, preservando los valores de un aprismo que nació para cambiar al país, sí es posible realizar la obra que Haya de la Torre soñó para el Perú. Luis Negreiros Criado Ex Presidente del Congreso Ex Secretario General del PAP

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Aprismo desde La Tribuna Nota preliminar del autor Entre los años 2004 y 2010 el aprismo reafirmó los valores de su aprismo auroral y fue sustantivo el empeño del propio Secretario General del Partido Aprista, Mauricio Mulder, para poder afirmar a través de sus páginas y en cada edición, la condición de Izquierda del viejo y popular Partido del Pueblo. El periódico aprista La Tribuna, de vieja data también, se fundó el 16 de mayo de 1931 con el empeño y unos cuantos soles aportados por sus más entusiastas promotores, Manuel Seoane y Luis Alberto Sanchez, quienes compartieron la dirección entonces, logrando revolucionar el periodismo al incorporando en él, aspectos derivados de la vida del pueblo, una visión innovadora del tratamiento de la información y la gráfica, haciendo posible un periodismo moderno, creativo, dinámico y visualmente atractivo. La historia de la Tribuna esta signada por la suerte del partido que la animó y la vida de quien la inspiró, el ilustre peruano y patriota Indoamericano Víctor Raúl Haya de la Torre (22 de febrero de 1895-02 de febrero de 1979) y por ello, si bien la historia de La Tribuna merece una mención especial, su aporte al gran debate nacional dejó huella indeleble que convierte su presencia en una necesidad que nos propuso el reto de impulsar la utopía de su relanzamiento por los altos costos y la dimensión misma del proyecto, sin embargo, perfectamente viable gracias a la inmensa y múltiple colaboración de cientos de compañeros y amigos. Así, la X y XI etapas salieron a circulación y constituyeron la voz del aprismo fijando un derrotero del que el país es testigo. Sus portadas y sus editoriales representan la voz oficiosa del partido, pero su estructura y contenido, expresan la vida intensa, productiva y rica de un país que sigue siendo multánime, mestizo, fuerte y con un extraordinario sentido de ese nacionalismo precursor que desde 1930 habla de justicia, libertad y fraternidad. Una acotación pertinente, la injusta e ilegal sucesión de requisas, clausuras y cierres que ha sufrido La Tribuna se detallan en su historia y constituye un vergonzoso record en el penoso registro de la censura a la libertades, pero en esta etapa legal, increíblemente, fue el Congreso de la República la que, a instancias de una propuesta de claro tinte antiaprista, fue testigo del requerimiento de un ofensivo pedido de investigación sobre sus cuentas y contenidos que terminó ahuyentando auspiciadores y poniendo en grave y mortal riesgo su libre circulación. La defensa cerrada del secretario general del partido Mauricio Mulder y la incontables expresiones de respaldo y solidaridad permitieron capear el temporal hasta poner fin a la patraña, dejando atrás la autoría cómplice de algunos y el golpe artero de los enemigos del partido. La Tribuna marcó su firme posición en la izquierda democrática y es artífice, con orgullo, de haberle devuelto al aprismo -en el nuevo milenio-, su rostro popular y de izquierda.

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Aprismo desde La Tribuna Aquí está, el testimonio escrito en cada uno de los editoriales que aparecieron en las páginas de La Tribuna en el período en el que me tocó dirigirlo tratando de estar a la altura de mis predecesores y en el marco de esa objetividad periodística que no se contrapone al aprismo leal que mantuve inalterable y que es heredero de la gloria de ese puñado de hombres libres y de buenas costumbres que permitieron que los sin voz, pudieran hablar desde 1931. En las páginas finales, el acucioso lector encontrará la carta pública que publicamos en la última edición de la XI etapa legal, dando cuenta del fin de un nuevo momento en el que el aprismo y Haya de la Torre volvieron a hablarle al país e indoamérica a través de la paginas del Pan Caliente, de esa extraordinaria voz de los que nunca tuvieron voz. Germán Luna Segura

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Aprismo desde La Tribuna

Primer número del diario aprista “La Tribuna” de fecha 16 de mayo de 1931.

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Aprismo desde La Tribuna

Primer nĂşmero de la IX etapa

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Una XI etapa dedicada al paĂ­s, sus problemas y nuestra gente

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Aprismo desde La Tribuna

Haya de la Torre, nuestra inspiraciรณn y recuerdo permanente

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Aprismo desde La Tribuna

2004

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Aprismo desde La Tribuna “LA TRIBUNA” EN LOS TIEMPOS DEL TOLEDOKARPISMO Uno de los hechos populares más importantes de los últimos años ha sido, sin duda, el protagonizado por el heroico pueblo peruano al sancionar la vacancia moral de la jefatura del Estado en los tiempos del fujimontesinismo. Al arrojo de las muchedumbres pobres que tomaron las calles contra la dictadura, se sumó la acción de la prensa libre que, rindiendo tributo a su esencia más pura, reveló al mundo entero el rostro feroz de la intolerancia, el crimen y la impunidad de este perverso régimen. Si esta fue la respuesta contundente a quienes gobernaban de espaldas al pueblo, Alejandro Toledo debería saber que el mal uso del poder, la impunidad generalizada que permite este irregular ejercicio y la burla cotidiana a las más elementales expectativas de la población, constituyen la base de una ola de protestas que crece y se generaliza. Encerrado en la más absoluta soledad palaciega, Toledo y el “karpismo” –expresión líder del pensamiento chacana- suman a nuestras frustraciones de los tiempos infames del fujimorato, su propio aporte de inestabilidad y desaliento en medio del desastre producido por quienes parecen haber llegado al poder sólo para saquear las arcas públicas. Nadie debe olvidar que al periodo de vergüenza, dolor y prueba en que nos sumió la dictadura y todos sus cómplices, públicos o encubiertos, que se beneficiaron con ella, le siguió un tiempo de esperanza en que millones de hombres y mujeres fueron seducidos por la promesa de ¡MÁS TRABAJO!, eslogan que el gobierno ha olvidado en medio de una curiosa, muy prolongada y conveniente “transición democrática”, cuya ruta parece haber sido diseñada en círculos de impunidad. Es en estas circunstancias dramáticas, en momentos en que el país es sacudido a diario por una ola de protestas, que reaparece “La Tribuna” con el noble propósito de recuperar la moral pública, contribuir al debate de las ideas, actuar como reserva de la memoria colectiva de la Nación y servir de herramienta para la construcción del desarrollo y la paz. Este es el reto más importante de este nuevo esfuerzo editorial que saludamos con entusiasmo y al que nos sumamos convencidos de su necesidad. Es una oportunidad más de poner al servicio del Perú el pensamiento de Haya de la Torre y de difundir la tarea histórica del aprismo, inspiración y aspiración que nos alienta. Con una filosofía democrática opuesta al neoliberalismo ideológico, “La Tribuna” resurge como factor aglutinante del fortalecimiento del movimiento popular y de las fuerzas de oposición y está llamada a liderar una nueva cruzada cívica por la realización de la justicia social y la transformación del país con Pan y Libertad. LA PROTESTA Y EL FRENTE SOCIAL Una década de infamia y persecución signó al movimiento sindical peruano, infiltrándolo, e impregnando a su dirigencia y militancia de impotencia y desaliento frente al abuso del poder. Derechos conculcados, leyes violentadas, pactos desconocidos, atropello y muerte fueron el saldo doloroso de un gobierno de arbitrariedad, cuyo trofeo más preciado se exhibe aún, en los cientos de miles de trabajadores echados a la calle sin consideración alguna. 17


Aprismo desde La Tribuna Son estos testimonios vivos de miseria y abandono los que llenan las páginas de la historia reciente y sobre las que el candidato Toledo montó sus promesas de cambio, para luego llegar a Palacio de Gobierno. Tres años después el escenario es dramático. En medio de discursos sin contenido, ni propuestas, defendiendo aún un programa que no es sino el resultado de la inercia fujimorista neoliberal de los noventas, Alejandro Toledo se enfrenta a un creciente e inocultable descontento popular, que se expresa no sólo en su casi imperceptible aceptación ascendente al 5%, que las encuestas generosamente le otorgan, sino a través de una incontenible vorágine de denuncias sobre corrupción y malos manejos que lo comprometen seriamente. En medio de una incomprensible política económica que le da la espalda al agro y a la promoción del empleo, ningún parche o salvaguarda hacen creíble los publicitados anuncios de crecimiento de una economía que exhibe ante organismos internacionales señales de crecimiento, en tanto que, frente a su población, es incapaz de producir bienestar. Son esas las razones por las que, en el marco de la convocatoria al paro nacional del 14 de Julio, los trabajadores y el APRA se movilizaron en un esfuerzo común para sentar las bases de un acuerdo real que se oponga al actual estado de cosas, aportando en la construcción del frente social el diálogo más amplio y con todos, para la construcción del Proyecto Nacional por el desarrollo y la paz. El Toledismo no tuvo mejor idea que responder penosamente, sembrando temor en la población, con anuncios destemplados de cuadros dantescos de violencia a los que pretendieron dar verosimilitud con el desplazamiento de miles de efectivos policiales por todo el territorio de la república, amén de una amenaza velada de militarizar la represión, anunciando tanques para el resguardo del orden público. El éxito del paro, por eso, no debe ser medido por el mayoritario número de servidores que paralizaron sus labores aquel día, ni tampoco por la evidente falta de transporte público, menos por la escasa atención del comercio y los servicios, sino, fundamentalmente por la adhesión y capacidad organizativa de la población, por su respeto al derecho de los demás y porque, desde todos los confines del país, cientos de miles de peruanos, unidos por el deseo común de vivir en libertad y bienestar, salieron a las calles pidiendo en un solo grito: el cambio. Lo más importante de la jornada del 14 de julio no está, señor Toledo, en el fuego de dos llantas incendiadas de madrugada y en medio de una calle por la que no transitaba ningún vehículo. Lo trascendente fue la respuesta del pueblo al pánico con el que su régimen lo enfrentó. Aquella jornada es respuesta y expresión multitudinaria, multipartidaria y democrática contra la corrupción y la incapacidad de gobernar que Perú Posible y el FIM representan. Finalmente, el paro nacional fue sólo el simple y normal ejercicio del derecho ciudadano a la protesta y, acaso, la primera piedra con la que los que menos tienen honraron al aprismo, acompañándolo simbólicamente en la construcción del Frente Social, que es, en definitiva, el más significativo aporte patriótico de Alan García por el futuro realmente posible del Perú. UN EMBAJADOR QUE SE LAS TRAE Cuando los negociadores de Perú Posible sellaron el pacto con el Frente Independiente Moralizador, sólo se preocuparon en sumar los votos congresales que 18


Aprismo desde La Tribuna podrían obtener, sin hacer un balance objetivo del pasivo que este acuerdo traía consigo. Pronto comenzarían a sentirse los estragos y cerrarse toda posibilidad de entendimiento con otras fuerzas políticas, condición excluyente que Olivera le puso a Alejandro Toledo para la firma del acuerdo de marras. Condicionado así el gobernante desde los primeros días de su gestión, tuvo que soportar ministros ineptos, en tanto el genio de Olivera tardó poco tiempo en comenzar a hacer de las suyas. Le pasó la factura al régimen haciéndose nombrar embajador en España, en donde, lejos de impulsar la imagen y las relaciones entre ambos países, haciendo gala de prudencia digna de un elefante metido en una vidriería, sumó a los desaciertos propios de su inexperiencia, la torpeza de embarcar a todo el régimen de la alianza PP-FIM, en una lucha mezquina contra el APRA, principal partido de oposición. Fernando Olivera ha transitado por la política peruana no sólo colgado del saco del presidente Alan García, sino que lo ha hecho imponiendo una subcultura de impunidad en la que ha primado el escándalo y una adicción patológica por las primeras planas de los medios de comunicación. No ha tenido escrúpulos en mantener este estilo por décadas y el saldo es de lectura rápida. A los desaciertos propios del desgobierno, la alianza que mantiene Olivera con los dientes no le aporta ningún rédito político ni electoral al languideciente toledismo. Los co-gobernantes “fimistas” no representan a nadie y esta alianza sin sentido le ha significado a PP la imposibilidad de avanzar en cualquiera de los esfuerzos unitarios que se le han planteado. En medio de una crisis casi generalizada, de vaivenes protocolares, tratando de satisfacer al Vaticano por el incidente de las cartas apócrifas, con graves denuncias por corrupción y sin convicción en la inocencia del moralizador Olivera en torno a las fugas de Ernesto Shutz o de Calmell del Solar, queda claro que el deslinde no es sólo frente a las denuncias públicas que comprometen a la familia presidencial, sino, también, frente al FIM y su principal dirigente como corresponsables de una debacle que ha llevado al gobierno a niveles ínfimos de aprobación. El desaliento y la protesta son, entonces, una respuesta a esta forma de gobierno que ha convertido en sinónimos, los términos de sensualidad, escándalo, corrupción e inestabilidad política. HAYA DE LA TORRE FRENTE A LA HISTORIA Nació en Trujillo, capital de La Libertad, y se forjó en el seno de una familia pujante. Realizó estudios en la Universidad de San Marcos. Fue perseguido por sus ideas y se nutrió del pensamiento de avanzada de finales del siglo XIX, confrontándolas con las experiencias políticas e ideológicas de inicios del siglo XX. Fue parte de una generación precursora que inició una cruzada de revaloración y salvación nacional. Vivió y sufrió precozmente por el Perú. Creyó en la integración indoamericana y en la solidaridad con todas las clases y razas oprimidas del mundo. Su lucha por la libertad, a pesar de la cárcel o el destierro, lo embarcó en la tarea de construir una herramienta de liberación y un nuevo estado para los que menos tienen. Su labor política fue debatida y discutida, pero supo pasar del análisis pasivo de gabinete, a la acción puntual que consolidó el Frente Único de Trabajadores 19


Aprismo desde La Tribuna Manuales e Intelectuales con el que bregó toda su vida, fundando tempranamente, primero el año 24 en México y luego, el año 30 en el Perú -para terror de la oligarquía-, el primer movimiento de raigambre continental y, en el ámbito local, un partido que supo incorporar a las masas en el escenario político. Alentó a la Confederación de Trabajadores del Perú, dándole al proletariado una forma unitaria de expresión colectiva y rescató a las clases medias del voluntarismo y el individualismo, incorporándolas al trabajo social, lo que permitió que en poco tiempo los más pobres hicieran suya su obra más querida: el aprismo. Fue acusado, perseguido e impedido de acceder al poder sucesivamente. Su obra remontó las fronteras y le ha sobrevivido y es, hoy, fuente de consulta obligada en el análisis y el quehacer de los pueblos de la América morena. Es un parangón en la lucha por la defensa de la democracia. En tiempos particularmente dramáticos como los que vivimos, son los valores, los sentimientos y la perspectiva de este genio nacido el siglo XIX, que vivió y realizó su obra en el siglo XX y cuya plena vigencia se mantiene en el siglo XXI, lo que nos lleva a recordarlo con nostalgia y dolor. Aquí está, aún, su recuerdo y su palabra, su sentimiento por los pobres, su dedicación a la juventud, su preocupación por los derechos humanos, por devolverle a los trabajadores la posibilidad de una Seguridad Social digna, y también, su esfuerzo por un país nuevo, moderno y diferente que compartimos quienes tuvimos la enorme fortuna de soñar con él por el Perú. Cuánta falta nos hace y cuán vigente está su mensaje. Cuánta diferencia entre quienes, como él, lo dieron todo por la patria y quienes, a la patria le han robado todo... hasta la dignidad. ENTRE EL PARLAMENTO Y EL PALACIO DE GOBIERNO La elección de la mesa directiva en el Congreso de la República permitió, entre otros gestos, el que diversas bancadas políticas concertaran por el país una agenda diferente que incorpore propuestas de contenido social y aborde problemas sensibles a la población. Felizmente, con los resultados eleccionarios comentados, no se produjo ningún punto de quiebre, mas si y de alguna manera, un punto de inflexión sobre el que la clase política en su conjunto debería reflexionar, merituando su real contexto y perspectiva, de cara a un sólido proyecto nacional de largo aliento. Aun cuando las fiestas patrias auspiciaban eventos impredecibles, el mensaje presidencial disipó rápidamente cualquier expectativa. El gobernante acusó recibo de la notificación popular de su descrédito y también, para sorpresa de propios y extraños, de los resultados eleccionarios de una nueva, multipartidaria y opositora mesa directiva, dando muestra de alguna sensibilidad frente al marcado descontento popular que lo envuelve y al que ahora le llaman “ruido político”. Y es que, cercado por la protesta y el reclamo, el gobernante no ha podido explicar cómo es que las bondades de su programa económico no tienen un correlato objetivo y cotidiano en la atención básica de las necesidades del pueblo, recurriendo entonces al fácil expediente de la oficiosa propaganda del asistencialismo, la pomposidad de inauguraciones y, para variar, a la mentira, caldo de cultivo para la polarización y la confrontación que pareciera ser del gusto de una primera dama encantada con “el 20


Aprismo desde La Tribuna estilo Lori Berenson”. Es decir, espectáculos de intolerancia supina, levantando el puño

amenazante, lanzando frases destempladas pero a la vez ininteligibles, en tanto no es capaz ni de explicar extraños movimientos financieros, ni de ser consecuente con una muleta levantada al cielo por un sollozante agente de seguridad, quien aún lleva las huellas de la gesta de los “cuatro suyos” y sólo le reclamaba ser escuchado. La oposición tiene ahora una enorme responsabilidad. Corresponderá a quienes han recibido el encargo el esfuerzo de acercar el vetusto y gris edificio de la plaza Bolívar a la realidad latente de los conos y la pobreza, pero también, una agenda que permita acercar la política a la gente, confrontando la economía con el rostro real del país, de esa nación que exige, simultáneamente, mayores y mejores pruebas de honestidad y austeridad por parte de sus dirigentes. Al oficialismo peru-posibilista sólo le queda sumarse a la tarea de reconstruir lo perdido moral y políticamente, pasando, por fin, de aquella repetitiva, cómoda y mórbida “transición”, a una real y efectiva etapa de consolidación democrática que revierta los infames niveles de desaprobación del Congreso, incrementados por su incapacidad en los tres últimos años, sin perjuicio de marcar distancia con los rezagos del Frente Independiente, cuyo “apellido moralizador” se perdió en los escándalos en los que se vieron comprometidos sus principales dirigentes. En la medida en que esto se entienda, se fortalecen las bases mismas del sistema democrático, no olvidando nunca que la mafia se mimetiza, moderniza, que no tiene tiempo ni apellido. Para no equivocarnos nuevamente, nuestros gobernantes deberían empezar deslindando abiertamente contra la corrupción, recordando que entre el Parlamento y Palacio de Gobierno lo que hay, es la calle…. es decir, eso que algunos deberían aprender a escuchar. JUEGOS DE GUERRA Y JUEGOS POLÍTICOS Los denominados “juegos de guerra”, realizados por Chile en Iquique, enfriaron las relaciones bilaterales en circunstancias en que nuestra Cancillería planteaba la necesidad de acelerar las negociaciones diplomáticas sobre la demarcación de los límites marítimos. El acuerdo preliminar adoptado respecto de la salida del gas boliviano por nuestro territorio, la exhibición de fotografías de una base militar peruana efectuada por parlamentarios chilenos, las declaraciones del carismático David Waisman y las del propio ministro de Defensa, contribuyeron a tensar las relaciones con nuestro vecino del sur. Hay quienes creen ver en esta comedia de errores un conflicto en ciernes, olvidando que la guerra, cuando no es en defensa de la soberanía, es siempre una arbitrariedad que favorece únicamente a los traficantes de armas. Nuestra patria conoce de guerras y, también, de derrotas y la crónica pequeña de las mismas está plagada, con frecuencia, de testimonios interesados y hasta de inexistentes escenas de valor. Basta recordar la falsa toma de Tiwinza y la proclamación del hoy preso, Nicolás de Bari Hermosa Ríos, como “General Victorioso”, para traer a la mente la utilización mezquina de la guerra para enriquecerse y traficar con los recursos del erario nacional, tal como sucedió en 1879 con Prado, momento en el que sin comprometer, felizmente, el honor de nuestros valerosos soldados, fueron enviados al campo de batalla sin contar, como hace muy poco 21


Aprismo desde La Tribuna tiempo Fujimori en el Cenepa, con suficientes pertrechos militares y provisiones alimenticias. Quizás por todo eso la guerra, para nosotros, tiene un significado especial. No debe ser más el pretexto para la impunidad, ni para una exigencia de “unidad”, cuando ésta tiene por objeto encubrir ilícitos y ocultar malos manejos. Nunca más un diferendo debe ser usado como “puerta de escape” a escenarios de crisis, miseria o protesta popular. Nunca más gobernante alguno deberá usar el pretexto de la guerra para acallar el “ruido político”. Incentivar el chauvinismo o exaltar el patrioterismo barato. Todos debemos tener presente que los valores intrínsecos de la nacionalidad son más grandes que el apellido del mandatario de turno, que sólo busca “concentrar apoyo” para un régimen que languidece y que ha perdido paulatinamente el respaldo y el respeto popular. La clase política latinoamericana tiene que acometer el reto de poner freno a quienes, desde Santiago o Lima, en medio de una campaña electoral o de una crisis de gobernabilidad, pretenden usar el “cuco” de la guerra como una cortina de humo para distraer la atención del pueblo sobre sus grandes problemas. La reiteración de nuestra vocación bolivariana e integracionista, que va acorde con los tiempos de la globalización, y una actitud firme y digna de nuestra Cancillería, deben ser la mejor respuesta a quienes pretenden convertir “los juegos de guerra” en “juegos políticos”, sin medir las consecuencias de una irresponsabilidad cuya naturaleza y magnitud, nos podría hacer perder, a través de una inmanejable carrera armamentista, la otra guerra, aquella que tenemos que librar contra el hambre y la miseria, que afecta no sólo a nuestros dos países, sino a millones de hombres, mujeres y niños en toda Indoamérica. ENCUENTROS Y DESENCUENTROS DE MI PERÚ POSIBLE Una sentencia, una verdad. Los pueblos que no recuerdan su historia están condenados a repetirla. Sería bueno entonces que pudiéramos encontrar el signo por el cual esta hermosa tierra, de riquezas ingentes y una sabiduría incaica que albergó a una de las más sorprendentes, grandes y organizadas colectividades humanas, exhibe hoy un registro oficial donde prima el desorden, la corrupción, la traición y el desaliento. La historia misma nos aproxima a respuestas sobre tales propuestas analíticas. No sólo ha sido escrita sobre el interés de quienes se han comprado un lugar en los textos escolares, sino que hemos sido gobernados por élites u oligarquías torpes e insensibles, incapaces de mirar el futuro como una propuesta, como un proyecto. Y es que los dirigentes del Perú oficial resolvían sus problemas de otra manera, frente al atraso y la falta de oportunidades, enviaban a sus hijos a Europa o hacia América, en tanto mantenían un país capitalino, limeño, excluyente, de criollos, de Duty Free y de moda parisina, sin detenerse a repensar como enfrentar los retos del futuro y la propia modernidad que les caía encima, no sólo con nueva ciencia y tecnología, sino con un derrotero globalizador que terminó estallándoles en la cara; en tanto el otro Perú, andino y olvidado, migraba discretamente haciendo de la pobreza una 22


Aprismo desde La Tribuna herramienta de pujanza y “creación heroica”, inventando su propia “legalidad” sobre la informalidad de los conos, imponiendo su música tropical andina, marqueteando sus propias cervezas y copiando modelos de casas “pitucas” para levantarlas en laderas de cerros invadidos que enfrentan su propio destino: conquistar la tierra, la ciudad, generando su propia riqueza. No es acaso una guerra definitiva aquella que opone, al símbolo más importante del orgullo del Perú oficial: el Jockey Plaza de La Molina, ese monumento a la tenacidad popular y migratoria que es el Mega Plaza del Cono Norte? La respuesta es afirmativa. Haya de la Torre conceptualizó el origen del atraso y el subdesarrollo de nuestros pueblos, no por el origen mismo de las gentes, de la raza o sólo el grado de instrucción, sino, fundamentalmente, por la falta de oportunidades que el Estado dejó de brindarle a todos los peruanos. Si bien, hay otros elementos que merecerían ser analizados, no es menos cierto que estamos frente a la necesidad de replantear los términos de nuestra propia gobernabilidad, incluyendo la orientación social de los presupuestos gubernamentales. El Acuerdo Nacional no es suficiente para realizar este reto. Necesitamos una clase política que imponga proyectos de largo aliento que sean a su vez, el freno al atraso promoviendo el bienestar y el progreso. REALIDAD SOCIAL Y CRISIS UNIVERSITARIA Hace algunos años, en “Dependencia imperialista y crisis universitaria”, sostuve que el drama de la Universidad pública tiene su origen, entre otros, no sólo en la minúscula asistencia presupuestaria estatal, que ha sido un denominador común de sucesivos gobiernos, sino en la vocación privatista que le recorta sus escasos recursos y violenta sistemáticamente su autonomía. Hoy, movilizaciones juveniles provocan un escenario que podría complicar la gobernabilidad, en tanto el reclamo universitario no es sólo por más rentas, sino también por transparencia en la gestión pública y por igualdad de condiciones para el desarrollo formativo que resulta complemento de lo que, a inicios del siglo XX, una generación precursora –con Haya de la Torre a la cabeza-, logró con la reforma: la consagración de las libertades de culto y cátedra, tacha y cogobierno en la universidad. Las universidades son un espejo de la realidad social que las alberga y en su seno no sólo se produce violentismo radical, sino falanges juveniles que estudian, investigan y se preparan en tanto resisten, resurgen y combaten como en la sociedad misma, oponiéndose a la crisis, es cierto; pero también a los modelos anacrónicos e individualistas de “instrucción pedagógica” que se les imponen, y frente a los que consagran nuevos conceptos de educación y universidad más democrática y tolerante, científica y abierta a los cambios de la modernidad, al compás de la ciencia y la tecnología, pero también popular porque aspira a dotar de las mismas

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Aprismo desde La Tribuna oportunidades de éxito a todos los peruanos sin distingo ni diferencias de ninguna clase. Es este el tema central. Un país que no invierte en sus jóvenes y talentos, que no reconoce sus urgencias y prioridades, es un país condenado al oscurantismo y sin hombres libres y capaces de discernir entre el aislamiento individualista del éxito personal y los roles proactivos de la modernidad que buscan la excelencia, poniendo el progreso, entonces, al servicio del bienestar común. Para ello, el Estado debe ponerse en el curso de la historia y reconocer como propias las conquistas de la reforma, impulsar la investigación protegiendo el desarrollo de las ciencias y las artes, dejando atrás años de insensibilidad absoluta frente a remuneraciones paupérrimas de docentes sometidos a la rigurosidad de una cátedra que no actualizan y en medio de una infraestructura universitaria que sucumbe ante el tiempo y la letanía de gobernantes y administradores que prefieren los métodos nefastos de “aislamiento educativo” en los que el fujimontesinismo mantuvo aquella subcultura de silencios e impunidades convenientes para la “uniformidad del consenso gubernamental y la paz social”. Que el desembalse de la movilización no asuste y que la protesta no alarme. Décadas de postración y abandono sólo pueden producir rebeldía y, eventualmente, frente a la sordera gubernamental, un radicalismo que sólo es peligroso en tanto los responsables prefieran dar la espalda a una exigencia nacional: que se atienda la plataforma de lucha –que son las necesidades de las universidades públicas-, y que sean expulsados de los claustros quienes, “por el orden”, callaron guardando cómplice silencio frente a la mano siniestra de los asesinos de la Cantuta y la inmoral conducta de las “comisiones reorganizadoras”, como las que en Villarreal y San Marcos, por ejemplo, robaron algo más que dinero, su autonomía, la dignidad y su esperanza. El Parlamento debe legislar en defensa de la universidad y una inversión sostenida que la proteja, garantizando su autonomía y protegiéndola de la corrupción, debe asignársele más renta y salvaguardar su rigurosidad académica, abriéndola al debate para que las ideas vuelvan a florecer en medio de una universidad libre, científica y popular. Tenemos, aún, la responsabilidad de frenar cualquier desborde, atendiendo sus problemas estructurales. Para que la historia cambie, que no se repitan las torpezas del pasado. No olvidemos que los jóvenes saben que “el verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber”. MOVILIZAR ES PARTICIPAR, GOBERNAR MAL… DESESTABILIZAR Los maestros suelen gritar en sus marchas que “luchando, también se está educando”, y no hacen sino graficar una realidad objetiva y una magnífica verdad. La historia de los pueblos es la historia de sus luchas, y las luchas mismas son expresión de la insatisfacción de la población, generalmente organizada, frente a una gestión gubernamental incapaz de atender sus reclamos o necesidades más urgentes.

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Aprismo desde La Tribuna El pueblo no se moviliza porque le sobra tiempo, porque requiere de suntuosidades o por privilegios. En sociedades como las nuestras, los reclamos han tenido que ver con la protección legal y tributaria de la industria y el comercio, en defensa del agro y los campesinos, contra los arbitrarios recortes presupuestarios que violan, entre otros, protecciones laborales consagradas internacionalmente, por exigencia alimentaria a sectores totalmente desprotegidos por el Estado, o por servicios básicos de agua, desagüe y luz, carencias impensadas en un país que, en el siglo XXI, se reclama “exitoso en su modelo económico y en crecimiento”. Sin embargo, una forma poco feliz con la que los sucesivos gobiernos han enfrentado estas movilizaciones ha sido, por lo general, acusándolas de infiltración violentista, o de servir a intereses desestabilizadores del régimen democrático, olvidando que no sólo se han movilizado los obreros, los campesinos, los profesores y trabajadores para protestar en defensa de sus derechos, sino que en tiempos no muy lejanos, empresarios, comerciantes e industriales se sumaron a diversas jornadas de lucha como las protagonizadas en el titánico esfuerzo nacional de movilización para recuperar la democracia de la que hoy gozamos y el gobernante, por respeto a la historia, debería mantener con niveles mínimos de gobernabilidad, dándole al país, viabilidad y futuro. ¿Cómo en este contexto podríamos soslayar las numerosas marchas que por todo el territorio de la patria se producen como consecuencia de las improvisaciones y los escándalos vividos en los últimos tiempos? ¿Cómo permitir que se las acuse de desestabilizadoras y violentistas sin decir nuestra palabra? ¿Cómo no marcar distancia frente a la incapacidad del Estado para afrontar su deuda social interna? ¿No es acaso, por ejemplo, también una prioridad, el pago de una compensación a los perseguidos y despedidos injustamente por la dictadura fujimontesinista o el reconocimiento a la larga lucha de los fonavistas? El doble discurso del gobierno, al que se suman los rezagos de las voces de la izquierda radical peruana de los años 80, sólo exige compensación para las víctimas a las que se refiere el Informe de la Comisión de la Verdad, como si no hubiera una verdad mucho más permanente y dolorosa de marginación, olvido y persecución, que es la que han sufrido los trabajadores y el pueblo en el Perú y que, según la prédica oficial, “debe esperar”. Ahonda la crisis, una visión sesgada de los hechos sociales y políticos, pero no ayuda tampoco, la actitud de un régimen carente de autoridad y capaz de enfrentar problemas que desde dentro presentan públicamente una desesperada y canibalesca lucha por el poder en las entrañas mismas de la chakana. La administración pública va a la deriva, y en ella los funcionarios “de confianza” se apertrechan en defensa de lo suyo, usando arbitrariamente los bienes del

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Aprismo desde La Tribuna Estado, en tanto la Contraloría General de la República abdica de su función y prefiere “atender asuntos nacionales”, guardando cómplice silencio en medio de un mar indetenible de denuncias por corrupción que la hacen presa de entuertos y contubernios dignos sólo de aquella anquilosada y vieja estructura judicial, que sí sabe de digitar resoluciones, pero al compás de una Corte que pareciera tener más habilidad para la genuflexión, que para administrar justicia en nombre del Estado o de los pobres. Entonces, las organizaciones populares y los sectores productivos seguirán defendiendo en las calles lo que en Palacio se les sigue negando, porque, como grita la gente: ¡en

Costa, Sierra y Selva… la lucha es total! PROCURADORES ON LINE Diversos informes sobre un enfrentamiento innecesario y ridículo recorren las redacciones. Primeras planas, editoriales y ensayos de opinión de todo tipo son difundidos para deleite de quienes, desde el Japón o algún penal en el Perú, ya anuncian un pronto retorno. Son actores gubernamentales y abogados de la denominada Procuraduría Ad Hoc quienes protagonizan y entrecruzan ataques enfilando baterías y disparando, literalmente, a matar. Los primeros acusan a los abogados que trabajan con Luis Vargas Valdivia de protagonismo, animadversión política al régimen y haberse excedido en el encargo que se les encomendó, en tanto los segundos sostienen que los procuradores se han irrogado funciones y tareas para las que no han sido contratados y que deberían concentrar sus esfuerzos en el seguimiento de la investigación y la atención de los procesos derivados de la comisión de delitos cometidos durante el gobierno de Alberto Fujimori. ¿Pero qué hay detrás de este público juego de intereses, además de algunos miles de dólares? Pues es evidente que poder, información privilegiada, negociaciones de todo tipo y material ha hecho y hacen vulnerable la lucha contra la mafia, por lo que cuando se realice el balance objetivo de lo sucedido, alguien tendrá que responder por haberle dado continuidad a una propuesta típicamente fujimorista que permitió nombrar y/o contratar procuradores especiales, abdicando del compromiso presidencial de liderar personalmente el sistema anticorrupción y monitorear su eficiencia a través de todo el aparato estatal y, especialmente, del Ministerio de Justicia. Esa es una responsabilidad del gobernante, pero también lo es de sus aliados del Frente Independiente, con quienes mantiene un curioso pacto de responsabilidad; cruzada que más pareciera, a estas alturas, ser un pacto de sangre siciliano.

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Aprismo desde La Tribuna Un Estado que ha soportado lo que ha soportado el nuestro, debe ser administrado con criterios mínimos de racionalidad y amor. Se debió legislar para que quien administra justicia en nombre de la nación pudiera sancionar ejemplarmente todo acto de corrupción. Se debieron auspiciar políticas macro sobre la base de una necesidad objetiva: incorporar en la lucha anticorrupción todos los elementos necesarios para fortalecer un sistema único, homogéneo y liderado por el jefe del Estado, en donde, además, los líderes de las principales fuerzas políticas organizadas, concurrieran y se comprometieran con la población en el marco de una gran Cruzada Nacional. En este contexto, poco feliz resulta, como hemos sostenido, el debate sobre la renovación contractual de los chicos de Vargas Valdivia que labora en la procuraduría Ad Hoc, ya que lo que en realidad pretende el gobierno es encontrar un mejor espacio de presión para negociar no sólo silencios cómplices, sino una permanencia laboral sujeta a la prudente complacencia que sugiere un Ministerio de Justicia en manos del Frente Independiente, que busca desesperadamente, evitar la incómoda mirada de estos abogados que habrían encontrado, sin proponérselo -y cerca a Palacio de Gobierno-, un hilo cuya punta podría terminar jalando a varios personajes públicos hacia escenarios impensados que pondrían en serio riesgo la gobernabilidad. Si cuando se inició el presente período gubernamental esperábamos gestos de coherencia y de total enfrentamiento a la mafia por parte del gobierno, hoy exigimos una lucha frontal y en todos los niveles, poniendo fin de inmediato ese grosero espectáculo que presenta por un lado a quienes piden se renueven sus contratos usando estrategias sindicales de negociación colectiva, frente a evaluadores gubernamentales que preferirían, al amparo de los nuevos tiempos, reemplazar el viejo beeper fujimorista por una más conveniente y moderna comunicación on-line que les permita digitar la voluntad y el comportamiento de estos abogados medio rebeldes a quienes conocemos como procuradores. LA CULTURA Y LOS PASOS PERDIDOS El nacimiento “oficial” por así decirlo del concepto de política cultural tiene lugar en la Conferencia de Venecia de 1970 como resultado de la preocupación de la UNESCO que declara el derecho humano a la cultura como un derecho fundamental. En el Perú el impulso de desarrollar una política cultural comienza en 1962 al crearse la Casa de la Cultura. En 1969 se modifica el status de la Casa de la Cultura ampliando su área de competencia y convirtiéndola posteriormente en una fuerza dentro del proceso de cambio social imperante, este planteamiento radical y renovador se profundiza al crearse y entrar en funcionamiento el Instituto Nacional de Cultura.

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Aprismo desde La Tribuna La constitución de 1979 de Haya de la Torre incluye por primera vez en la historia constitucional del Perú y tal vez de América Latina el derecho a la cultura en un documento del rango y difusión de la declaración universal. Toda esta concepción visionaria de Víctor Raúl sufriría un retroceso bajo el segundo belaundismo que desmanteló y desmembró el INC en sus elementos constitutivos, haciéndolo inoperante. El gobierno democrático de Alan García retoma el espíritu de la Constitución del 79 y aplica lo elaborado por el Partido Aprista Peruano en 1985 recomponiendo con gran esfuerzo el INC paralelamente crea el Consejo de Integración Cultural Latinoamericana que promueve, coordina y organiza eventos y actividades como la Semana de Integración Latinoamericana. Se desarrolla el Primer Seminario de Historia Latinoamericana, el Encuentro de Escritores Latinoamericanos, la Semana de la Nueva Canción, el Encuentro Latinoamericano de Folklore, la Muestra Latinoamericana de Arte, la Muestra de Cine Latinoamericano y el II concurso Internacional para Promotores y Animadores Culturales y el Homenaje a César Vallejo. El Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología será el más importante organismo promotor estatal de toda la historia del Perú, desarrollando programas como: el Apoyo al investigador, Apoyo a Publicaciones y finalmente el Programa de Becas de Maestría. La estrategia desarrollada se llamó “el caos premeditado” que consistió en eliminar los procedimientos clásicos de evaluación central y pasando a otra de tipo provincial o comunal, estimulando así el autocontrol y la confiabilidad. El resultado de esta estrategia estatal de Concytec en 1989 fue la financiación de 23,500 actividades, esta inmensa tarea cumplida por el Dr. Carlos del Río fue posible en un clima agreste y con el compromiso asumido por Alan García a favor del derecho humano a la cultura. Este ejemplo aprista debe continuar accionando con seriedad y racionalidad un proyecto cultural que exprese nuestras necesidades históricas y el tiempo actual. Es una obligación del APRA mejorar lo avanzado haciendo de la cultura la herramienta de sus objetivos. Es grande la tarea nacional de alimentar culturalmente a las mayorías del país. ¿BAJANDO EN LAS ENCUESTAS O CRECIENDO LA PREOCUPACIÓN? Llama profundamente la atención que varios medios de comunicación hayan resaltado, en los últimos días y con mucho énfasis, por encima incluso de noticias de mayor interés, la tan pretendida reversión de la simpatía popular del aprismo y su candidato presidencial. Si bien resulta para algunos anecdótico el hecho de no haber mencionado que la encuesta que motivó primeras planas es básicamente local y que, a los efectos,

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Aprismo desde La Tribuna Lima siempre le ha sido esquiva electoralmente al aprismo, no debemos pasar por alto que, incluso aun en el contexto descrito, los resultados corresponden sólo a una “fotografía del momento”, que, por lo demás, sería sustantivamente distinta si el ámbito geográfico de la muestra se realiza en tierras de Trujillo o la Región La Libertad, por ejemplo, donde el aprismo públicamente mantiene una larga e inobjetable ventaja en las preferencias electorales. Que estos resultados fueran utilizados sesgadamente por los adversarios del presidente García para vulnerar su imagen es un tema recurrente. No sólo se ha pretendido usar políticamente el tema, sino asociarlo a otros hechos, a efectos de perturbar la relación de Alan García y el país. Para nadie es un secreto que existen intereses detrás de los resultados de las encuestas, y tampoco que se “contratan” para ser usados en determinadas “plataformas y mensajes”. Son auspiciadas por intereses diversos, y van dirigidos a un público objetivo, lo que convierte a nuestro ya convulsionado escenario electoral en uno propicio para las malas artes propagandísticas y el pandillaje político. En este contexto, debemos convenir que en política la lógica es sólo un elemento del análisis y los ejemplos abundan. Después del largo exilio al que fue confinado Alan García, éste retornó al Perú cuando su partido apenas sobrepasaba un alicaído 2% de las preferencias electorales y en sólo unos pocos meses, Alejandro Toledo estuvo a punto de perder una elección presidencial que “la tenía segura”. Y es que casi la totalidad de los procedimientos de medición de simpatías o fijación de marcas en el Perú han sido usados como instrumentos de mera propaganda, incorporando al debate político elementos perturbadores del nivel en el que se debieran desarrollar la toma de decisiones y los enfrentamientos ideológicos. Esto explica por qué se alteran sustantivamente los resultados y se mediatiza la información confiable que llega al público, imponiendo en muchos casos una subcultura de rumores que son el mejor vehículo para masificar “sensaciones” que permiten construir imágenes lanzadas como “moldes vendibles” para hacer caer de la nada un candidato o, simplemente, para pulverizar electoralmente al encumbrado estadista. Después de lo vivido en la última década y con la experiencia de miseria fujimontesinista que nos cayó encima, debe ser una exigencia no sólo imponer la decencia de la política, sino también, requerir el mayor y mejor nivel de sus actores como expresión cotidiana. Nada justifica, ni siquiera el temor a perder privilegios, que la vieja monserga anti-peruana de ayer, clamando preferir a los chilenos antes que a Piérola, hoy se reedite en un símil patético con la consigna del Frente Independiente de Olivera, que prefiere: primero la miseria, antes que el aprismo y la voz del pueblo.

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Aprismo desde La Tribuna Evitemos el protagonismo de quien grita a la prensa cuando las preguntas no le gustan, que evita la investigación cuando lo involucran, que se refugia en una embajada para obtener privilegios, aquel de los índices agresivos, del insulto grosero, el jefe de aquel Frente Independiente que perdió su apellido Moralizador al involucrarse con la mafia, mantenga inclinada la cerviz, intentando no sólo el perdón del pueblo por lo bochornoso del gesto impertinente, sino porque la encuesta final, la más importante, la que responderán, no el Vaticano que sabe de sus pecados y la falsificación de las cartas que llevó a Roma, sino las muchedumbres que el día de las elecciones y con el triunfo del presidente García, dirán de qué lado está, no sólo la simpatía que miden las encuestas, sino también la honestidad y la verdad. ESTOS CHICOS DE LA IZQUIERDA CAVIAR Después de la caída del gobierno de Alberto Fujimori, sectores afranelados de la ex izquierda más radical (ahora caviar) convergen con personajes hasta ayer mentores del más absoluto neoliberalismo económico para, juntos, transitar hacia los mismos lugares comunes de la antipolítica, usando todo tipo de argumentos que esgrimen para hacerse de un lugar. Reciclados y ocultos tras un interesado movimiento de opinión, usan algunos medios de comunicación en contra de la denominada clase política, a la que pretenden reemplazar ingenuamente. Desde la época boyante del fujimorismo, vienen ensayando campañas y denuncias de todo tipo, cada una con menor éxito que la otra, pretendiendo demostrar la decrepitud del sistema, hasta llegar al límite infeliz que hoy exhiben de usar episodios sin mayor trascendencia, para cuestionar el perfil político nada menos que del principal líder de la oposición democrática; pretendiendo reducirlo políticamente, vinculando su actividad proselitista y política a la anécdota y la grosera manipulación publicitaria. A este respecto, cabe anotar que Alan García Pérez ha respondido con generosidad. Pudo haberlo hecho de otra forma planteando escenarios de confrontación, sin embargo, la influencia de Haya de la Torre y la solidez del aprismo que lo acompaña, lo mantuvo en los temas centrales de su propuesta. Abordó propuestas de largo aliento, marcó el paso de aquella agenda política entregada gratuitamente a estos nuevos líderes que hacen política hace más de treinta años y puso freno a la impertinencia con la que se cuestiona la propuesta aprista de reducir las tarifas de los servicios públicos, la defensa de los derechos de los trabajadores y la acusación facilista de una supuesta oposición a la inversión extranjera, sentando con claridad su oposición a cualquier propuesta populista y exigiendo fórmulas soberanas que propicien la inversión de capitales, poniendo énfasis en el progreso de las comunidades donde éstas se afinquen.

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Aprismo desde La Tribuna Por eso hace bien el presidente García en ponerse al frente de la protesta, escuchando y hablando por el pueblo, merituando la posición aprista sobre derechos previsionales, defendiendo las conquistas laborales, impulsando campañas de inversión de capitales con justicia social, y defendiendo los valores de la democracia. Que quienes plantean el peligroso juego de desprestigios por un simple afán mezquino de obtener espacios propios sepan que han quedado al descubierto y que el aprismo no sólo retomó la agenda política para hacer suyas las aspiraciones de los que menos tienen, sino también para impulsar, con todas las gentes, un Proyecto Nacional para el Perú de nuestros hijos. Es hora de precisar que la sociedad civil no la representan tres personas que nadie ha elegido, tampoco los organismos no gubernamentales -algunos de los cuales promueven con entusiasmo trabajos de sensibilización contra la clase política-, menos aún los grupos corcho, que es como se denominan a quienes flotan de un gobierno a otro alquilando sus calidades técnicas y comunicacionales. La sociedad civil somos todos, es el movimiento popular organizado, son los trabajadores, los partidos, las instituciones deportivas y todas aquellas organizaciones de base que sí representan, cualitativa y cuantitativamente, a la nación. Finalmente, digámoslo con claridad, lo que está en juego es el intento soterrado de mediatizar el avance de la candidatura del presidente García y su éxito electoral. Es la única garantía para mantener sus privilegios con el Estado, sirviendo a oscuros intereses para impedir que, hoy o mañana, se modifiquen los absurdos márgenes de desigualdad en los que se desenvuelve el libre mercado neoliberal y el autocrático modelo fujimorista de economía política, que tanto daño nos hizo, nos hace y frente al que estos chicos de la izquierda caviar nunca deslindaron. CUANDO EL BARCO DE HUNDE, ¿QUIÉNES SALTAN? Los escasos márgenes de aprobación del actual gobierno constituyen una preocupación de cara a la gobernabilidad y solvencia del sistema democrático. Estas cifras parecieran ser no sólo el resultado de la ineficacia en el manejo de la cosa pública, sino también de los escándalos sucedidos unos tras otro en el entorno palaciego. Son el producto del hartazgo de la gente frente a las presiones en el poder para otorgarse contratos y favorecer amigos, del comportamiento delictivo de asesores comprometidos en negocios turbios con el régimen pasado, de la inconducta de ministros que han puesto al país en entredicho, haciendo gala de un ridículo perfil moralizador, y de algunos familiares cercanos al gobernante que se han propuesto demostrar que, en las familias, ya no hay sólo una oveja negra. En este contexto, un sinfín de registros de impunidad pareciera ir marcándole el paso a la "chakana" en este último tramo de salida al que le sumaron un histriónico comportamiento presidencial, cuyos resultados aún evaluamos y que pretendió reeditar un incidente producido hace algunos años, claro que en medio de circunstancias absolutamente distintas, porque ni Toledo es Paniagua (que es quien lo produjo originalmente), ni la autoridad moral del gobierno que representan ambos 31


Aprismo desde La Tribuna son las mismas. El gobierno de transición preparaba las condiciones de la transferencia democrática y era atacado en todos los flancos por la mafia, mientras el régimen de Toledo es criticado por tolerar la corrupción en tanto hace agua por todos lados. Se ha escrito mucho sobre lo que significó recuperar la democracia, pero sobre lo que aún no se ha dicho suficiente es en torno a la enorme responsabilidad de quienes asumieron la conducción de los destinos de la nación a partir de aquel momento. Si bien la reinstitucionalización democrática obligaba a confluir en un gobierno de todas las sangres, este mandato inobjetable que las muchedumbres impusieron en las urnas, iba de la mano con el compromiso ineludible de profundizar la lucha contra la corrupción. Quién sabe aquí está la explicación del desastre peruposibilista. El mensaje fue desoído, la responsabilidad delegada a un conjunto de "procuradores ad hoc" y el Estado abdicó no sólo de la función promotora de una adecuada convivencia democrática, sino también de su liderazgo en la lucha contra la corrupción. El régimen "toledokarpista" fue seducido por "convenientes tiempos de espera" y un público otorgamiento de concesiones a los integrantes de las mafias que hoy circulan libremente por las calles, lo que levantó una ola de rechazo y protesta que se suma a la más absoluta improvisación gubernamental en todos los campos del quehacer nacional. Pero esta argumentación no sólo sirve a opositores y críticos del régimen como algún despistado lector pudiera pensar, en realidad le sirve más a quienes cínicamente y "desde dentro" sienten que "su tiempo en el partido de gobierno ha concluido" y aprovechan esta suma de desaciertos para "cruzar la línea y marcar un conveniente deslinde". Ex militantes de la izquierda más radical (hoy, chicos de la izquierda caviar), ex populistas reciclados (hoy paniagüistas distantes de Acción Popular), ex social cristianos (aconchabados en los saldos del Fredemo), ex moralizadores (hoy agrupados detrás del embajador que tramita cartas falsas en el Vaticano y que es acusado de mantener relaciones con la mafia) y antiapristas de todo pelaje (incluyendo a quienes desposan asesores palaciegos) proponen romper otra vez con "la política tradicional" impulsando nuevas formas de hacer política (que en realidad son las mismas que promueven desde hace más de treinta años) en ese ya evidente estilo de ocultar su adhesión absoluta al transfuguismo redimido al que llaman "pragmatismo" y que no es sino una patética prueba de orfandad ética y programática. Si no queda casi nadie en el barco gubernamental, que no se lamente el timonel. Él es el mayor responsable, él fue quien los agrupó conociéndolos y quien les concedió cuotas del mismo poder con el que ahora reclaman su derecho a abandonarlo y saltar, incluso, antes del anuncio formal del naufragio. Si alguien ensaya una forzada defensa de quienes se van, podría decir: "¿qué culpa tiene el cuy en la tómbola de no saber cuál es la caseta premiada?".

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Aprismo desde La Tribuna EL ASALTO NEOLIBERAL Con la ventolera liberal de los 90`s, llegó la avanzada conservadora con una renovación objetiva de la vieja propuesta, contenida de un nuevo discurso; acaso, con un mensaje ideológicamente más elaborado que fue el punto de partida para una campaña sostenida del libre mercado y el Caballo de Troya con el que el frenético y pragmático activismo de derecha, aspiraba tener alguna trascendencia, tras el fracaso del Fredemo. De aquella prédica diluviana se murió también en el fuji-populismo, aquel que denostó del Estado y la política en general en claro afán de reposicionamiento al que se le sumaron los rezagos del izquierdismo afranelado (ahora caviar). En aquella inesperada alianza inicial que ya lleva casi 15 años de antiaprismo y cuyos mensajes apocalípticos socavan el sistema en tanto le restan vigencia y valor a las instituciones del mismo Estado del que se sirven para producir su más importante victoria, no en la economía como se supondría, sino en la captura ideológica de los medios de comunicación, que han sido usados finalmente, por algunos, para manipular, proponer lealtades absolutas o silencios cómplices. Alguien dirá que la crítica presentada es sesgada. Podría serlo, si no cuestionáramos el signo inequívoco de una curiosa uniformidad en algunos medios y cómo la falta de transparencia de quienes lo conducen, o de sus propietarios, pone en evidencia la ausencia de un deslinde explícito frente a los intereses que se juegan detrás de ellos. Así como es exigible que los partidos declaren el origen de sus fondos y que los votos de sus representantes en el Congreso sean transparentes, va llegando la hora en que los periodistas también echen por tierra cualquier suspicacia y enfrenten las propuestas de grosera manipulación, propendiendo juntos, al alejamiento de los lugares comunes en los que se regodea, aún, la sub prensa chicha, esa que, en curiosa coincidencia, señala sólo la paja en el ojo ajeno, sin ver la viga en el propio. Cuidar al periodismo independiente y tender a su pulcritud no sólo es tarea de nuestra época, sino una respuesta necesaria a infames tiempos de prebendas y sucio dinero. La prensa es un poder real y quienes la ejercen no pueden, en nombre de ningún liberalismo, convertirla en una liberalidad que termine exacerbando -por móviles de cualquier naturaleza-, el morbo, la trivialidad, el amarillaje, o el linchamiento político de quienes piensan diferente. No es suficiente ser ex ministro, declarado fujimorista, ex dirigente de algún movimiento comunista de vanguardia, ex procurador, ex candidato de la alianza con el fujimorismo, eximio escritor laico, ex empleada de la Reforma del Poder Judicial del montesinismo, que adscrito a algún santo y sagrado personaje, para reclamarse “totems pro- ético” o “reserva moral del país”, en tanto los niveles de intolerancia los presentan como adscritos a un neoliberalismo pernicioso y trasnochado que ha olvidado que hace muy poco tiempo, tuvieron, de una u otra forma, relación con el poder corrupto del que ahora despotrican.

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Aprismo desde La Tribuna Son, pues, invasores de la prensa libre, gente que no abren los medios a la realidad del país, que no brindan a todos las mismas oportunidades de expresión y cuya fortaleza depende de sus titulares y campañas opuestas a los valores supremos que alientan la democracia participativa; sistema que, por cierto, sólo funciona entre ciudadanos con iguales derechos y las mismas oportunidades y que, en buen término, es el tipo de sociedad al que aspiramos los apristas y, también, el hábitat natural de la prensa realmente libre. RADIOGRAFÍA DE LA VIOLENCIA POLÍTICA Carlos Marx originó una de las polémicas más intensas que registra la historia de las ideas, los pueblos y la política, cuando calificó la violencia "como partera de la historia", frase que no era del todo original. Aun cuando aquello no significó una vulgar exaltación de las reacciones humanas, sí puso de manifiesto que existen actitudes dramáticas frente a la postergación, la marginación o el atropello. Ya antes de esta concepción, escuelas iniciáticas de todo tipo sublimaron la tolerancia como un recurso para controlar, de alguna manera, la respuesta humana frente a cualquier provocación. Sin embargo, en la propia Biblia, la actitud de Jesús de Nazaret, cuando expulsa del templo, a latigazos, a los mercaderes, nos sugiere que la violencia ha sido usada a través de la historia como una herramienta de cambio y un eficaz instrumento de defensa de los derechos sociales. La derecha ha tenido frente a la violencia social una actitud ambivalente. Por un lado, la ha criticado duramente pero, a la vez, ha recurrido a ella, sin escrúpulos, cada vez que ha necesitado mantener inalterables sus privilegios. En países con marcados índices de atraso y subdesarrollo, son las diferencias sociales y económicas las que generan estados de permanente irritabilidad que los psicólogos sociales han definido como "estados emergentes de violencia", produciendo un desborde cívico de reacciones que se inflaman por falta de adecuados canales de expresión frente al desempleo, la pobreza, el abuso y la corrupción. Es que en el subconsciente colectivo de la gente existe la presunción de que los escenarios de poder contienen, no solo un alto grado de corrupción y de impunidad, sino de complicidad, que adquiere verosimilitud por falta de liderazgo y confianza en los agentes políticos, razón por la cual un simple reclamo laboral, una juvenil tacha estudiantil, el litigio por una propiedad privada o la administración de un mercado de barrio, terminan, como hemos visto recientemente, generando condiciones sumatorias de violencia con pronóstico reservado. El problema se torna más álgido en un país educado en formas sutiles y a la vez groseras de violencia, que retroalimenta la impunidad, exacerbando la incontrolable respuesta ciudadana. La violencia sutil que se nos ha impuesto adquiere innumerables formas, por ejemplo, que para conseguir un trabajo se necesite ser amigo o pariente del gobernante o, si la aspirante es mujer, que ésta deba ceder al acoso de quien no es capaz de conquistarla con honor, o que existan familias que se amanezcan para vender su ubicación a quien cuenta con recursos suficientes para no hacer cola, o que se inventen cargos, nombramientos e insignias para ingresar gratuitamente a

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Aprismo desde La Tribuna espectáculos públicos, o que, por último, falsos mendigos se aten piernas, escondan manos o simulen incapacidades atroces para sorprender la buena fe de los donantes. Si la derecha sigue presionando al gobierno para tomar decisiones que atentan contra derechos sociales y éste, en nombre de una alianza de intereses que lesiona a los que menos tienen, sigue vulnerando las conquistas populares adquiridas a través de la historia, no nos quejemos de las consecuencias de tal irresponsable actitud, sobre todo si sabemos que es posible atender las demandas del pueblo dándole a la economía un rostro humano. Al gobernante aún le queda la posibilidad de deslindar con la mafia, romper con la corrupción, marcar una nueva tendencia de media temporada y resolver los graves problemas sociales de miles de madres y niños que mueren de hambre en un país que, irónicamente, se reclama democrático, pero que se resiste a convertir dicha expresión en una práctica cotidiana de vida. SOBRE ANTROPÓFAGOS Y OTORONGOS La frase "otorongo no come otorongo" expresa actualmente, más que una censura a ciertos actores políticos, el reclamo desesperado de un sector antropófago de la política, que desea canibalizarla para mantener inalterables sus privilegios, aprovechando la crisis por la que atraviesan el Estado y los partidos políticos. Los peligrosos desbordes que, cada vez con mayor frecuencia, se vienen produciendo en diversas regiones del país y, especialmente, en el sur andino, ponen de manifiesto el enfrentamiento cotidiano del Perú oficial y aquel que condensa lo emergente, que migra del campo a la ciudad y no halla vínculos que le permitan sentirse parte de una misma nación. Frente a esta realidad hay que deslindar responsabilidades y señalar, con toda claridad, que la diferencia abismal que separa un país del otro tiene como origen el manejo inescrupuloso del Estado y de la política por quienes pretenden ahora empujarnos por senderos de escepticismo y desaliento en defensa de su coto de poder. Ante el fracaso por construir una alternativa ideológica y políticamente viable, la derecha no sólo abandonó la polémica, el debate público y la construcción de su organización partidaria, sino que decidió lanzarse "con todo" a la conquista de la superestructura ideológica, es decir, a captar "voluntades colectivas" desplegando toda su capacidad propagandística en el esfuerzo supremo de cumplir una sola consigna: impedir a toda costa que Alan García sea investido nuevamente como presidente. Para lograrlo, asaltó la prensa, compitió, de igual a igual, con los tabloides de "medio sol" y propugnó una alianza neoliberal con la programación amarilla y sensacionalista de buena parte de la radio y la televisión actual, esa que socava la democracia con mensajes en torno a su ineficacia como sistema de gobierno y que cuestiona reiteradamente a la mayor parte de los dirigentes políticos y gremiales, en busca del surgimiento de un outsider, sin pasado ni futuro, al que puedan manejar como mejor le convenga.

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Aprismo desde La Tribuna Cuando esta compleja red de intereses se traslada al campo político es cuando se desata, más pronto de lo planeado, episodios que escapan al manejo de sus auspiciadores. Puno, El Santa, Arequipa, entre otros, demuestran que, en medio de la confrontación, los actores tribalizan sus actos hasta los límites del linchamiento literal, vulnerando el principio de convivencia civilizada y restando autoridad y legitimidad a la democracia que ve cómo este clima de violencia generalizada, termina propiciando peligrosas añoranzas dictatoriales. Por eso insistimos en elevar la política nuevamente a los niveles del respeto, empezando por escuchar con atención la voz del pueblo, que reclama fortalecer los sistemas anticorrupción, sancionar la impunidad y participar en la construcción de su propio destino. Es decir, consolidar el sistema democrático sobre los pilares de la dignidad, la igualdad y la fraternidad. Que no nos confundan más. No dejemos que nos arrastren los errores de otros. Deslindemos pronto con quienes pretenden desorientar a la ciudadanía, a fin de evitar que nos atribuyan responsabilidades que no nos corresponden y que son imputables a algunos malos políticos o dirigentes, que además, militan en las filas de la derecha y que, por lo mismo, han estado siempre muy lejos del movimiento popular. El futuro del país será otro si los corruptos terminan efectivamente en la cárcel y si se sanciona ejemplarmente a quienes usan el poder en su propio beneficio. Que la desaparición de algunas especies que conforman nuestra variopinta fauna política sea consecuencia de una profilaxis verdadera y no el resultado de una moda carnívora, auspiciada por quienes constituyen una manada hambrienta de buitres carroñeros, empeñados en defender intereses propios y de sus mentores a la par de cerrarle el paso, una vez más, al pueblo y su partido, el APRA. LOS GESTOS DE LA CUARTA ESPADA Que los terroristas usarían todos los recursos posibles del sistema en su propio beneficio, es algo que no debería sorprender a nadie, pero, que la falta de previsión y la incapacidad de gobernantes y jueces se conviertan en aliados de sus afanes publicitarios, es un asunto distinto, conforme lo puso en evidencia el espectáculo grotesco que el país tuvo que soportar al observar la ineficiente e insólita actitud de quienes juzgan a Abimael Guzmán. Es responsabilidad de los actores legales del sistema, la política penitenciaria y la propia administración de justicia; gobernantes, jueces, administradores del régimen penitenciario, procuradores, etc., olvidan la importancia de evitar que se produzcan nuevas derrotas políticas frente a un movimiento subversivo mermado en su estructura organizativa, vencido militarmente, rechazado por la población y resquebrajado moral y propagandísticamente, pero a su vez, pendiente de los errores de sus juzgadores a efectos de replantear su estrategia y obtener alguna victoria. De allí la preocupación por la tribuna ofrecida gratuitamente a los terroristas y, naturalmente, por la forma como se toleró que la cúpula senderista lanzara mensajes 36


Aprismo desde La Tribuna pretendiendo mostrar fortalezas que les permitan reagrupar a sus bases hoy dispersas y fortalecer el alicaído "comité central". Hay quienes parecen haber olvidado que Sendero Luminoso es, básicamente, un enemigo de la libertad y la democracia. Ningunear su actividad y minimizar lo acontecido, evidencia el desconocimiento de la aplicación fundamentalista de su visión sesgada y distante de la realidad pero, también, el esfuerzo desesperado que despliegan para reestructurar su aparato paramilitar que, aunque sin mayor consistencia material, ni pertrechos significativos, sigue siendo, hoy, depositaria de una "vocación suicida" que la convierte en altamente peligrosa. En medio de reality shows, que es en lo que han devenido los "juicios anticorrupción" que la televisión nos trae a diario, no debemos perder de vista lo que se viene, y cómo la decisión de cumplir con un mandato de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos no debe exponer a la democracia por las carencias valorativas de un sistema judicial anquilosado e ineficaz. Si más de veinte años y miles de muertos no son suficientes para acreditar lo que aquí pasó, sí lo son el testimonio y la vida de quienes tuvimos que enfrentar la subversión desde las organizaciones populares y los partidos políticos, esos tan vituperados partidos que hoy, nuevamente, no dudan en salir al frente para consolidar, al interior de las organizaciones de base y del pueblo mismo -que es donde Sendero Luminoso perdió la guerra finalmente-, no sólo la presencia del Estado, sino para seguir apostando por la democracia, que es signo de vida digna y de futuro. Demos muestras claras de una real capacidad para entender el problema y resolver las causas que originan la violencia, es decir, el atraso, la marginación y la pobreza, pero también, dictando medidas efectivas para que se administre justicia con severidad y equidad. De otra forma, sólo nos queda la terrible comprobación que nos presenta la actuación histriónica del primer mandatario hace sólo algunos días "exigiendo mano dura", que, guiado por el frío cálculo, pretende desviar la atención pública al responsabilizar a una débil e incapaz administración de justicia, por errores que comparten plenamente. Que el anuncio del retorno de la violencia, a través de esta versión decrépita y sin filo de la otrora "cuarta espada del marxismo, leninismo, maoísmo", nos lleve a rectificaciones oportunas, porque, efectivamente, un pueblo que no es capaz de aprender de su historia, está condenado a repetirla. ALGO MÁS QUE UNA CONVENCIÓN UNIVERSITARIA Casi a medianoche, entre mayo y junio del año 1978, fecha que mi memoria no alcanza con exactitud, más de una docena de jóvenes preparábamos dos eventos juveniles, uno universitario y otro escolar. Recuerdo entonces cómo, armados con gruesas crayolas, improvisadas brochas, motas de restos de tela, tarros de pinturas, afiches elaborados artesanalmente, cientos de volantes y un ejemplar mimeografiado de "El Antiimperialismo y el APRA", marchábamos a ganar una batalla más en "la posesión visual" de Lima y, entre calles 37


Aprismo desde La Tribuna oscuras, por el centro, llenamos todo el trayecto entre nuestra Casa del Pueblo y la Plaza San Martín, de murales con consignas y avisos de la realización de las Convenciones de los Universitarios y los Escolares Apristas. Queríamos que todos se enteraran y por eso, finalmente, en medio de la plaza, "los mayores", universitarios la mayor parte de ellos, tomaron la "tribuna popular" instalada durante el gobierno militar, para escenarios de aleccionadoras confrontaciones ideo-políticas, que si bien se iniciaban en los claustros universitarios durante el día, sólo terminaban al amanecer, luego de inconfesables batallas verbales en medio del "Club Nacional" y el "Círculo Militar", donde sentíamos enfrentar simultáneamente a las oligarquías y al militarismo "haciendo la revolución", "derrocando al gobierno", "censurando ministros", "cuestionando liderazgos partidarios" y hasta produciendo -aun cuando sea sólo en la utopía del deseo-, cambios radicales y definitivos en la historia de miseria del país que nos vio nacer. Haya de la Torre, el jefe, alentaba estos encuentros, también nuestra organización y desafiaba nuestro incipiente conocimiento, proponiéndonos un conjunto de tareas para enfrentar, preparados, el destino del partido y del país. Alguien ha dicho que eran otros los tiempos y que esa, era otra juventud. No es cierto. Desde la fecha en la que se recuerda el primer encuentro de Jóvenes Universitarios Apristas, el año 1948, hasta hoy, con Alan García, el Aprismo reposa sobre la vitalidad de la organización de su juventud, e incluso, en los tiempos más aciagos, los Comandos Universitarios supieron ponerse al frente de la organización del partido y del pueblo para organizar la protesta popular y enfrentar dictaduras, exigir libertades y a la vez, ser la garantía de subsistencia del partido. Por eso, al reunirse en Lima los estudiantes universitarios apristas, en su XXI Convención Nacional Universitaria, debemos expresarles nuestro saludo y reconocimiento por este enorme esfuerzo partidario que les permitirá analizar, debatir y formular propuestas en torno, no sólo a la crisis universitaria, sino también, a la realidad de violencia e ingobernabilidad que vive el Perú. Esa es una tarea que hay que encomiar, porque después de una década de persecución y postración de la Universidad Pública, el Estado aún no ha satisfecho las exigencias de mayores rentas y garantías para la investigación, impidiendo que ésta se involucre en el desarrollo y el cambio. Un viejo debate acompañará a estos jóvenes apristas. Como en 1918 en el primer manifiesto de la Juventud de Córdova, al iniciarse la Reforma Universitaria Americana, volverán a ver cómo "Las universidades han llegado a ser, así, fiel reflejo de estas sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil. Por eso es que la ciencia, frente a esas casas mudas y cerradas, pasa silenciosa o entra mutilada al servicio burocrático". Entonces, elaborarán su estrategia en defensa de la Universidad Pública y las conquistas de la Reforma Universitaria, pero también, se pronunciarán por una política de incentivos reales a la investigación, en contra de todo tipo de oligarquía universitaria y sus signos de corrupción, a la par de insistir en la necesidad de la Gratuidad de la Enseñanza, que es, en esencia, lo que divide a quienes prefieren una 38


Aprismo desde La Tribuna universidad elitista, individualista y antidemocrática que forma "sólo buenos profesionales" y, los que seguimos aspirando a una nueva Universidad Científica, porque incorpora los valores y avances de la ciencia y la tecnología; Democrática, porque implementa mecanismos participativos en su gobierno y forma hombres libres y con valores que no lo extraen de su contexto social, haciéndolo, más bien, parte de una realización colectiva en el marco de una filosofía solidaria y; Popular, porque no reconoce ningún distingo o exclusiones de origen o por clase. LA LARGA MARCHA DE LOS ABIGEOS “Sendero Luminoso” inició, en 1980, su denominada Guerra Popular, que constituyó un enfrentamiento abierto contra todo el país y dio paso a una larga y cruenta sucesión de actos terroristas, que hicieron crecer en forma vertiginosa la violencia en el Perú. La respuesta del Estado fue increíblemente torpe. No sólo confundió las primeras e incipientes columnas terroristas con simples abigeos, sino que consideró innecesario profundizar en el estudio y la comprensión del fenómeno en ciernes. El tiempo se encargó de demostrar que la arrogante "autosuficiencia racional", que signó en un primer momento el manejo del tema, encubría una peligrosa ignorancia sobre la subversión y una falta de voluntad política para enfrentar ideológicamente a sus actores en su mismo campo de acción, que incluía el medio rural y algunas zonas urbanas, como la Carretera Central, en Lima. La comprensión real del fenómeno fue lenta y cuando se practicó su balance final, el dolor apareció ante nuestros ojos como testimonio lacerante de una época de muerte e impunidad, de la que son responsables no sólo quienes cegaron la vida de nuestros hermanos, sino también aquellos que, "en defensa del orden", actuaron guiados por la Ley del Talión. El Perú mismo es, aún, una víctima doliente de la violencia política, que sigue aguardando, sin defensores calificados, una indemnización cívica, política, social y ética que todavía no llega. Sólo ha recibido, por el contrario, flaquezas e indefiniciones que lo conducen, peligrosamente, hacia un escenario similar al que propició, hace más de dos décadas, el desarrollo del fenómeno terrorista. Vulnerar normas de aceptación universal que garantizan el derecho de defensa de los procesados, terroristas o no, y saltarse a la garrocha las decisiones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, ha sido la nefasta herencia que la democracia recibió de Fujimori, legado que ha motivado que se anulen juicios y surja la necesidad de nuevos procesos. A esto se suma la ineptitud para diseñar nuevas políticas antisubversivas que respondan con prontitud y eficacia a las primeras señales senderistas, y una política penitenciaria concesiva, tanto del régimen transitorio como del actual, que mantuvieron los beneficios montesinistas y aceptaron, en pleno centro de reclusión, una convivencia marital que avergüenza, hiede a complicidad y duele como una bofetada. 39


Aprismo desde La Tribuna Preocupa que los gestos y la grita de la cúpula genocida, al iniciarse su juzgamiento civil, pongan en mayor evidencia la incapacidad del gobierno para designar jueces y procuradores y para llevar adelante un proceso que debería ser ejemplar. Alarma e indigna, también, que la ineptitud del régimen y la actitud farisea de ciertos medios de prensa, hayan terminado publicitando a Sendero, auspiciando indirectamente su reconstrucción y dando pábulo, tal vez, a posibles acciones subversivas, de diversa naturaleza y, por qué no, incluso armadas. Los subversivos nunca fueron abigeos. La Comisión de la Verdad no debió catalogar a la banda terrorista como "partido político" y Guzmán no debe ser considerado un viejo carcamán, senil e indefenso, incapaz de seguir ordenando ríos de sangre. Este es el tipo de error que propició, justamente, el crecimiento senderista y la ordalía de muerte en la que se nos sumió durante tantos años. Los linchamientos y las agresiones comunales, aun cuando sin conexión alguna con la subversión, deben ser también una llamada de atención sobre las condiciones sociales que se reeditan y la forma como podríamos estar asistiendo hoy a una nueva forma de violencia social, basada en la misma historia de marginación, hambre, miseria y corrupción. No son suficientes los discursos, ni las pretendidas reparaciones para soldar viejas grietas sociales. Es el mismo escenario, los mismos actores y, fundamentalmente, también el mismo problema. Pasemos a la historia por haberle dado a la democracia la posibilidad de resolver las causas de la violencia y por no haber permitido, económica, social y políticamente, que en nuestro país resurja la subversión. JUVENTUD, VIOLENCIA Y SUICIDIO:EL DOLOROSO SALDO DE LA CRISIS Los problemas de los jóvenes deben ser abordados con rigurosidad y desde diversos puntos de vista. Sin embargo, una larga, creciente y cruenta lista de episodios suicidas promueven estas reflexiones preliminares sobre el incremento de esta forma autodestructiva de “respuesta juvenil”, protagonizada por una generación que libra una dura batalla para no ser víctima de la marginación, que origina la crisis económica. Hay quienes sostienen que los suicidios juveniles no son producto de problemas sociales o económicos y que tendrían su origen, más bien, en “estados de ánimo”, por lo que “una adecuada orientación”, ayudaría a los púberes a recorrer este período rebelde de su etapa evolutiva, “sin mayores contratiempos”, en contraposición con quienes reconocen que el ser humano, joven o adulto, mantiene una relación objetiva con su entorno y los problemas que vive de manera directa o a través de su entorno familiar más próximo. Saber que sus padres, por ejemplo, no tienen trabajo o que sus ingresos no les permiten cubrir sus necesidades básicas de vivienda, alimentación y salud, constituyen sin lugar a dudas móviles de inestabilidad y desequilibrio emocional que conducen, en muchos casos, a situaciones de agresividad y violencia.

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Aprismo desde La Tribuna En este orden de ideas, hay que reconocer que los conflictos derivados de las crisis económicas y sociales lesionan siempre, en mayor grado, a los más jóvenes, sobre todo cuando invaden “sus espacios” y el “núcleo central de la familia”. Cuando la esperanza, que unía al clan en la ilusión de superar las dificultades, comienza a extinguirse, la frustración que la reemplaza torna más agresivos a sus integrantes y dificulta su relación y comunicación. Esta tendencia se va acentuando en la medida que los problemas no encuentran solución. Sólo la madre se libra, por lo general, de este resultado, ya que ocupa su tiempo en el esfuerzo de convertir en alimento, con una inventiva que linda con la magia, los exiguos ingresos familiares. Estos signos de tribulación y desesperanza son también el marco propicio para la búsqueda de caminos desesperados. Por eso, no debería extrañar a nadie que nos enfrentemos a diario con escenas dantescas y dramáticas, en las que jóvenes de ambos sexos, aparecen ahorcados por la desesperación o envenenados por la intolerancia, mientras el gobierno, en actitud que demuestra un desinterés amoral, se niega a cumplir la obligación que tiene de asegurarle a nuestra juventud un futuro diferente. Ninguna explicación académica podrá negar que los problemas sociales y económicos alimentan las condiciones existentes de violencia autodestructiva. El terrorismo, el pandillaje y la delincuencia juvenil son una respuesta a la falta de propuestas de futuro que enfrentan los jóvenes y a la crisis de valores que propició el individualismo neoliberal. Se necesitará algo más que políticas represivas para contener una crisis que se anida en el alma de los jóvenes “sin esperanza”, de aquellos que no tienen más nada que perder que no sea su pobreza y su miseria, que es, a su vez, la dolorosa realidad de millones de hogares en el Perú. El Estado debe sentar las condiciones mínimas para vencer la pobreza que es, a su vez, una forma de derrotar expresiones autodestructivas que inducen al hombre a transitar por senderos de violencia. La tarea del próximo gobierno será titánica. Habrá que devolverles a los peruanos la esperanza y la ilusión de una patria realmente posible y brindarle a la juventud las herramientas que le permitan incorporarse al proceso democrático para contribuir y reconstruir activamente el país, como pueblo, raza y nación. Dejémoslos participar y no olvidemos el acierto de Martí cuando sostuvo que los jóvenes no sólo miran de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber… después no nos quejemos de sus respuestas. ANTIGUA Y CONOCIDA UTOPÍA: COMUNIDAD SUDAMERICANA DE NACIONES En medio de una historia de confrontaciones fratricidas, impuestas casi todas por la cultura de la guerra, el tema de la unidad continental constituye para América Latina, el reencuentro con valores superiores que nunca debieron dejarse de lado y,

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Aprismo desde La Tribuna sin duda, el postergado redescubrimiento del eje principal de su desarrollo futuro, previsoramente anunciado por los profetas de su destino. Visión y sueño de unos pocos, la integración regional fue combatida por los áulicos defensores locales de la política exterior norteamericana, incapaces de comprender que ésta respondió siempre a sus propios intereses, a cuyo influjo surgieron tradiciones chauvinistas, intervencionismos groseros e inaceptables invasiones, que minaron e hicieron inaccesible la ruta del sueño integrador. En este contexto, la Reunión de la Comunidad Sudamericana de Naciones, congregada en el Cuzco, resulta trascendente, no por los temas de su agenda, ni por la suscripción de posibles protocolos, sino porque reanima el esfuerzo integrador, rescata las bases de una conciencia comunitaria y retoma el camino de la unidad política y económica de nuestros pueblos. Desde inicios del siglo XX, Víctor Raúl Haya de la Torre, fundador del aprismo, le dio contenido y fuerza al ideal bolivariano, recogiendo la propuesta integradora del Tahuantinsuyo. Lo hizo con el absoluto convencimiento de que los problemas de nuestros pueblos son consecuencia de la presencia nefasta del capital por el capital, de la sujeción del hombre a la economía, del ejercicio corrupto del poder y, fundamentalmente, del resultado de las injustas y desiguales condiciones en las que nuestros países negocian, por separado, su presencia y participación en el mercado mundial. Si los países de la América morena siguen negociando por su propia cuenta, pronto ratificarán que, en un mundo absolutamente globalizado, su acceso al mercado internacional será cada vez más complejo y difícil. Esta situación se tornará crítica cuando la China o la India impongan un nuevo orden mundial en las relaciones del trabajo, la producción y la economía. En estas circunstancias resulta indispensable volver la mirada y convalidar la vigencia del pensamiento de Haya de la Torre, no sólo para encontrar rutas inexploradas, sino para hacer realidad la lucha de la Alianza Popular Revolucionaria Americana, que sustentó doctrinariamente el ideal integrador y tuvo en el aprismo la afirmación política de su necesidad, expresada en la visión y el reclamo de un “Pueblo Continente”, acertada respuesta a la dependencia y al atraso. Y es que esta alianza estratégica de pueblos, además de hacernos fuertes, nos convertirá en una sólida nación con millones de hombres y mujeres unidos en la defensa de las potencialidades de unos y las fortalezas de otros, no como fuentes de materia prima o mano de obra barata, sino como una posibilidad de producción integral con valor agregado, capaz de competir en el mercado mundial usando de las ventajas que provee nuestra riqueza natural. Sin embargo, por encima de las solemnidades del protocolo, de la pompa, frívola y vana, de la publicidad oficial y del oportunismo de quienes desde el poder no miran más allá de su propio interés, la mezquindad se hizo presente en esta cita. Ni una sola palabra, ni siquiera una alusión, a los ciudadanos de América, Antenor Orrego y 42


Aprismo desde La Tribuna Víctor Raúl Haya de la Torre, cuya doctrina –nadie discute ya-, marcó el paso definitivo en la construcción de la ruta integradora y la Defensa Continental. EN DEFENSA DE LA DEMOCRACIA RETORNA LA ESPERANZA Al analizar la detallada relación de hechos ocurridos en lo que va del presente gobierno, el balance es bastante negativo, especialmente si tomamos en cuenta la escandalosa sucesión de desaciertos y actos de corrupción, a los que se suma la notoria incapacidad del régimen para atender las necesidades básicas de la población que, a estas alturas, pareciera no distinguir -peligrosamente para el sistema- entre la ineptitud de quienes nos gobiernan y las posibilidades reales que ofrece la democracia como forma de convivencia ciudadana. Someter al país, como se ha hecho, a las enormes presiones de la crisis, sin resolver sus causas centrales, tiende a que se le atribuya al sistema esta incapacidad y a que se le juzgue ineficaz e insensible, calificación que se extiende a su clase dirigente, a la que se termina considerando como una casta frívola a la caza de beneficios personales. Esta percepción errónea ha sido aprovechada por advenedizos que utilizan el desaliento y la frustración como instrumentos eficaces para capturar el poder, como lo confirma la larga lista de gobiernos autocráticos y dictatoriales, que registra, lamentablemente, toda nuestra historia republicana. Sin embargo, los resultados estadísticos presentados por las encuestadoras en los últimos meses van mostrando una tendencia que permite presagiar que, en breve, concluirá el tiempo de los outsiders y de los saltos al vacío, como ha sostenido Hugo Neyra, con la agudeza y la versación que lo caracterizan. En este contexto, se perfilan para el próximo año, que será fundamentalmente electoral, tendencias más o menos claras. Una pretendida candidatura unitaria, aún sin cuajar, de las posiciones más conservadoras, que tratará de disputarle a la “gentita reciclada de la izquierda caviar”, el liderazgo del ámbito técnico-político, cuyo predominio se esfuerzan por alcanzar ambos grupos por razones de supervivencia económica. El aprismo representa, por su parte, una propuesta consistente desde el punto de vista político y programático, y al mismo tiempo viable desde la perspectiva de la realización histórica de las aspiraciones populares, no sólo por su origen, sino por las definiciones centrales que exhibe en materia social y económica. Nunca como ahora deberemos hacer frente al antiaprismo en su versión unitaria, en la que confluyen los extremos de derecha e izquierda. Nunca como ahora tendremos la posibilidad de debatir, de cara al país, los cambios sociales y económicos que requiere el modelo para brindar bienestar y prosperidad a todos los peruanos. Nunca como ahora podremos ofrecer la madurez del estadista que brinda Alan García y la vigencia de una propuesta ideológica confrontada en los tiempos de la globalización con el viejo sueño de la integración que enarboló Víctor Raúl Haya de la Torre.

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Aprismo desde La Tribuna El debate que se avecina debe ser esencialmente ideológico y programático, inclinándose por contenidos y valores que le devuelvan a la política, decencia y respeto. El país espera que el aprismo siga defendiendo los grandes intereses de la nación, que luche indesmayablemente contra la pobreza, el desempleo y la corrupción, y que haga realidad nuestros viejos ideales de “pan con libertad”. Por lo dicho, no resulta difícil saber quién será el nuevo gobernante. Provendrá, qué duda cabe, de la concertación natural entre quienes ocupan espacios democráticos y se vinculan sobre la base de los grandes objetivos de la patria. Nuestro Frente Social, por si algún despistado aún no lo tiene claro, existe en medio del movimiento popular. Está activo desde el año 1930 y propicia espacios de participación en la lucha por el cambio, hacia la modernidad, con inversión, sí, pero, fundamentalmente, con trabajo digno y justicia social.

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RADIOGRAFÍA DE UNA AVENTURA EN CRISIS Los últimos acontecimientos ocurridos en Andahuaylas, protagonizados por el autodenominado grupo etno-cacerista, nos retrotraen al tema recurrente de la violencia en el país y al de la incapacidad manifiesta del Estado para encontrar soluciones a las causas que originan y retroalimentan la marginalidad y la pobreza. Que un pequeño grupo de ciudadanos de tendencias fascistoides, espíritu militarista y mensaje xenofóbico, haya logrado captar, por más de tres días, la atención pública, es algo que vale la pena analizar con cuidado. La pobreza no es la única responsable de lo ocurrido. Lo es, también, la ceguera del régimen frente al desprestigio generalizado que lo envuelve, que origina en nuestra población desazón y hartazgo. La realidad que viven y sufren los ciudadanos hace posible que cualquier protesta popular pueda adquirir, de un momento a otro, límites inconcebibles, si no se atiende, oportuna y adecuadamente, la problemática social, que transforma el “ánimo rebelde” en una actitud de abierto desafío, con el propósito de hacer patente el rechazo del pueblo a una situación que, día a día, se torna más inadmisible. Los medios de comunicación están llamados a cumplir, en este contexto, una función también trascendente, en la que dejando de lado la primicia por la primicia, informen a la población sin colocar a delincuentes o aventureros en el mismo nivel de quienes, por ejemplo, derrotaron la tiranía de Batista o lograron la capitulación de Somoza. Sin una propuesta ideológica clara y sin plantear soluciones posibles a los múltiples problemas que aquejan a nuestra población, los etno-caceristas pretendieron jaquear al régimen, afectar la democracia y crear zozobra, utilizando las debilidades oficiales, una natural rebeldía popular y la inactividad cómplice de las principales figuras del gobierno, que a todas luces volvieron a ser rebasadas por la velocidad de los acontecimientos sociales. Felizmente, la incapacidad operativa del grupo encabezado por Antauro Humala, impidió que la aventura alcanzara sus objetivos, a pesar de la ineptitud de los servicios de inteligencia y la dejadez de un gobierno sin reflejos, ni decisión, cuyas letanías explican por sí solas todos los acontecimientos. Sin embargo, la lección que éstos nos dejan es la necesidad de que la clase política se constituya en una estructura capaz de orientar y gestionar las expectativas populares y se convierta en un mecanismo auténtico de interpretación e intermediación de las necesidades más urgentes de los pobres. Lo que ha quedado claramente evidenciado es que, en medio de esta inminente campaña electoral, lo que hay que precisar son los roles y las tareas del liderazgo público y de los principales actores sociales, desde sus respectivas 46


Aprismo desde La Tribuna bases ideológicas, a fin de evitar el quiebre social o el divorcio absoluto de la respuesta andina, frente al devenir costeño de nuestra historia oficial. Enfrentada la democracia al enorme reto de escoger entre existir para administrar la crisis agudizada por el neoliberalismo de las últimas décadas, o asumir, por fin y definitivamente, una auténtica reforma social del Estado, una respuesta coherente será aquella que esté orientada no sólo a sintonizar con el mensaje de la calle, sino a sentar las bases de una economía que dignifique nuevamente el trabajo, procure el bienestar general de todos los peruanos y promueva la inversión pública y privada, nacional y extranjera en un marco de dignidad y soberanía para nuestra nación. MIRAR MÁS ALLÁ DE LO OBVIO La “asonada humalista” originó, las varias veces postergada renuncia del ministro del Interior, acto con el que el gobierno pretende salvar de la censura a su primer ministro y al gabinete que dirige, y bajar la tensión producida por el desembalse de una crisis política cuyas consecuencias podrían ser impredecibles. En este contexto, el debate parlamentario que se produjo en torno a los sucesos de Andahuaylas no contribuye a reducir el creciente descontento social. Normado aún por las reglas del fujimorismo, impide sanciones inmediatas, dando lugar a que la población haga extensiva a los congresistas la responsabilidad de los hechos por una supuesta inacción frente a la ineficacia y la incapacidad de un régimen que no resuelve los graves problemas que la afectan. Algunos medios de prensa coadyuvan a que esta apreciación se acentúe y se traduzca en desaliento y rechazo frente a la gestión del Congreso, al atribuirle a los parlamentarios una actitud concesiva y un supuesto espíritu de cuerpo con la “clase política”, que les impediría “llamar al orden y castigar de inmediato” al presidente y sus ministros, desconectados ciertamente de los acontecimientos y de la realidad nacional. Si bien el gobierno aceptó finalmente que los informes de inteligencia sobre una posible movilización humalista fueron desoídos o “no procesados convenientemente”, sigue jugando al gran bonetón en cuanto a identificar a los responsables de que un numeroso grupo de hombres, acusados con anterioridad de portar armas de fuego, se haya paseado, como Pedro en su casa, por una extensa zona de nuestro territorio, hasta llegar a Andahuaylas sin que nadie siquiera les pidiera sus documentos de identidad personal. Así, con un gobernante enterado de los acontecimientos varias horas después de que el rumor había invadido todo Lima, con un grupo de aventureros que ante la imposibilidad operativa de tomar la base militar de la zona se conformó, a efectos propagandísticos, con asaltar una comisaría, lo único rescatable termina siendo la valerosa actitud de una población que, excepción hecha de unos cuantos incautos y otros tantos humalistas disfrazados de civiles, evitó un mayor derramamiento de sangre, a pesar de encontrarse harta del olvido y la postración en que la ha sumido este régimen. 47


Aprismo desde La Tribuna La posibilidad de que todos estos hechos sean el detonante de una convulsión social masiva que reinicie el camino de la vacancia presidencial, es un tema que admite detractores y que en los próximos días se esclarecerá. Son, en todo caso, el conjunto de desaciertos que podría llevarnos en esa dirección, salvo que tras esta asonada, con visos caricaturescos de guerra popular, se esconda el juego en pared de quienes necesitan la violencia para desestabilizar el sistema democrático, frenar la lucha anticorrupción, permitir que el narcotráfico opere con impunidad y tolerar el trabajo sucio de quienes, en nombre del orden y desde el Estado, sacian su sed de venganza y persiguen opositores, como si los muertos ofrendados por la democracia en las dos últimas décadas, no fueran suficientes para declarar proscrito el asesinato y la persecución extrajudicial, usados hasta hace muy poco, como método nefasto para frenar la protesta y aplacar la voz del pueblo, que al decir popular… sigue siendo la voz de Dios. FALSA FIRMA, FALSO PADRÓN, FALSA ELECCIÓN, FALSO PRESIDENTE Con detenimiento observo cómo se van desenvolviendo los acontecimientos políticos de lo que debió ser el nuevo derrotero del Perú, en el siglo XXI, y con tristeza y frustración compruebo que es sólo una época más, marcada por la letanía de un régimen cualquiera, incapaz de superar los estragos del post fujimorismo. Y es que la política, como la hemos vivido los peruanos desde los años finales del siglo pasado, se ha convertido en una suerte de ejercicio impune del atropello, al que se suman gruesas muestras de poca inteligencia, groseros latrocinios, incontenible corrupción y creciente violencia, que hacen de la vida de los ciudadanos, comunes y corrientes, una experiencia negativa, de la que huyen los más jóvenes y a la que, lamentablemente, los mayores se van acostumbrando. Será por eso, tal vez, que una semana más de denuncias, sobresaltos y noticias que dejan mal parado al gobierno, no altera el escenario en el que el régimen se ha acostumbró a subsistir, empecinado en mantener una absoluta pasividad que constituye, en realidad, el preludio de desastres de consecuencias impredecibles. Los dramas de la política latinoamericana son comunes, pero la perniciosa actitud del actual gobierno le da un contenido sísmico a sus despropósitos, ajenos por completo a la realidad social, incoherencias que marchan de la mano con torpezas de campeonato y actos delincuenciales reiterados y frecuentes. Un agudo observador de la política nacional sostiene que, en comparación con la mafia fujimontesinista, los actuales corruptos son una banda de voraces pirañitas. En el Perú preelectoral al que asistimos, la línea histórica de desaliento popular se mantiene por una invariable decisión del régimen que, empeñado cada vez más en tolerar la crisis y sólo administrar sus efectos, no termina por entender que es hora de abordar sus orígenes y resolver, de una buena vez, los temas por los que el país se moviliza y protesta todos los días. Su inacción va acompañada por la desfachatez con la que el régimen en general y Alejandro Toledo en particular, enfrentan denuncias, entre otras, por falsificación de 48


Aprismo desde La Tribuna firmas y padrones, en ese ya evidente camino a la más absoluta ilegitimidad que se cierne sobre su mandato. Hay quienes sostienen que la investigación de las firmas falsas, y su consecuente sanción, resulta extemporánea, ya que la elección de Alejandro Toledo y los votos que obtuvo lo legitimaron. Esta tesis, a nuestro juicio, carece de validez. Sostenemos que es, precisamente, la voluntad del pueblo la que ha sido estafada. Que son los electores los que fueron sorprendidos por un movimiento como Perú Posible, que usando un “taller artesanal” de firmas, al más puro estilo fujimorista, violó el ordenamiento legal y se burló del país, imponiéndole una inscripción írrita, que produjo una candidatura fraudulenta y un falso gobierno. Sin embargo, son los hechos posteriores, la naturaleza de las denuncias que se acumulan en contra del entorno presidencial, sus errores en la solución de los problemas de los que menos tienen y su apuesta por la realización de un gobierno que sólo sirve a “lobbys” e intereses extranjeros, los que convierten a esta coyuntura en el detonante de una eclosión social que puede alcanzar efectos devastadores. Por todo ello, la frase de Agustín Haya de la Torre: “Un falsificador no debe gobernar”, con que “La Tribuna”, en su última edición, presentó al país la posición del aprismo sobre el momento político, refleja, sin duda alguna, el sentir de la calle y la expresión de hartazgo del pueblo. Expresa, también, la voluntad política del más importante partido político del Perú, el APRA, que no está dispuesto a conceder, ni tolerar, ningún asomo de manipulación, desenmascarando a quienes, en nombre de la lucha contra la dictadura fujimorista, se burlaron del país presentándonos -como Fernando Oliveravideos obtenidos mediante el fraude y el engaño; ni a quienes han permitido que se instale, y ojalá que no por mucho tiempo más, la cultura del cinismo que, en honor a la verdad, se complementa con la de la impunidad, herencia del fujimorismo, que también ha hecho suya el mal llamado sano y sagrado, presidente Toledo. APÁTRIDAS Y PATRIOTAS El grupo político de Fernando Olivera viene protagonizando un escándalo de consecuencias impredecibles para la alianza de gobierno. Los testimonios sobre la forma en que obtuvieron el video Kouri-Montesinos ponen al descubierto un claro negociado. Su desesperación, luego de las declaraciones de Germán Becerra, a quien denominaban “El Patriota”, evidencia que algo turbio sucedió entre bambalinas. El millón de dólares en juego, las controversias, engaños, comportamientos desleales y las absurdas explicaciones dadas por los “fimistas”, caracterizan una forma de actuar que no se condice con las prácticas inherentes a las organizaciones políticas y que se asemeja, más bien, a la de cualquier gavilla mafiosa de medio pelo. El escándalo es de tal magnitud que, a no dudarlo, terminará estallándole en la cara a los dirigentes del blindaje de la “escobilla”, de las cortinas de humo y de los cuentos sicosociales destinados a ocultar, con un dedo, el bosque de desaciertos, presuntos 49


Aprismo desde La Tribuna latrocinios y eventos delincuenciales que se investigan y que tendrían como protagonistas a personajes vinculados a la chakana. La vieja práctica parasitaria, desarrollada por los principales dirigentes del FIM, de hacer del antiaprismo un modo de vida y de obtener recursos para atacar al APRA y a su líder natural Alan García, ha colapsado afectada por el cáncer de su propio descrédito, producto de la inexistencia de cargos reales, de su inagotable voracidad para lucrar de las prebendas que reciben del régimen, de las componendas, puestas al descubierto, que los comprometen y del mal uso dado a los fondos que les entregaron. Lo cierto es que el escenario se hace, cada vez más turbio porque, en medio de la crisis más o menos generalizada que soportamos, dos mafias heridas de muerte venden cara su extinción y vomitan lodo a mansalva con el objeto de aparentar una corrupción generalizada, que impida toda distinción entre villanos y ciudadanos honorables. Barbarizado en las formas y lumpenizados los actores políticos, se busca, a corto plazo, conseguir la impunidad, sin reparar que, en este afán, se desprestigia a las organizaciones representativas del pueblo y se afecta la democracia y el estado de derecho. Lo preocupante es que el primer mandatario, convencido al parecer de la veracidad de las supuestas conjuras en su contra inventadas por Olivera, sigue creyendo que los desaciertos de su gobierno son sólo fruto de imaginarias conspiraciones en su contra, presunta ingenuidad que le impide escuchar la calle, cuyo mensaje, claro y conciso, es ¡más trabajo y dignidad! para todos los peruanos. Toledo parece insensible frente al hambre y la miseria de los más pobres. Olvida sus propias promesas y no percibe el clamor del pueblo. Este, decepcionado y frustrado, termina actuando en algunos casos, cada vez más frecuentes, como una muchedumbre descontrolada. A todo esto ha contribuido Olivera, reemplazando la verdadera agenda política, por campañas difamatorias destinadas a distraer a la opinión pública, en tanto pillos y zamarros continúan haciendo de las suyas. El fin de esta trágica comedia de errores está cerca. Termina el 28 de julio del 2006, en tanto el verdadero patriota, el que aportó los recursos para conseguir el video Kouri–Montesinos, tiene en sus manos anticipar el desenlace y brindarle la verdad al país sobre el monto usado para pagar por dicho video. A estos efectos, bastaría que precisara cuánto dinero entregó y qué cantidad le devolvieron. Si las cifras no coinciden con las declaradas públicamente por la dupla Olivera– Iberico, habrá librado al presidente Toledo de un socio a todas luces, funesto, permitiéndole de esta forma al gobierno la posibilidad de un nuevo gabinete consensuado y sin el FIM, que haría menos dramáticos los últimos meses del régimen. Que así sea.

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UN EMBAJADOR INIMPUTABLE Los múltiples desaciertos del régimen constituyen un lastre que cargamos todos los peruanos. A esto se suma el que no hayamos podido superar aún la oscura época de impunidad en la que nos sumió el fujimontesinismo. La “hermandad de la chakana” es responsable que el proceso de transición democrática, que nos costó sangre, sudor y muerte, haya entrado, por estas y otras razones, en un proceso de colapso irremediable. Si bien es cierto que este cúmulo de errores y prácticas ilícitas merece la censura popular, expresada en una aceptación menor al 5%, no es menos cierto que ésta no es una responsabilidad exclusivamente imputable al presidente Toledo. La comparte, con deméritos propios, el ahora embajador Fernando Olivera y su séquito de válidos escoberos. El principal cuestionamiento que recae sobre Olivera es haber montado una protección mafiosa que encubre a familiares y funcionarios públicos descubiertos en actos de corrupción. Esta coraza ha sido denominada, por los mismos “fimistas”, como “blindaje”, término que alude, en este caso, a la pretensión de evitar que los culpables sean sometidos a la acción de la justicia. Olivera salió de las sombras de su medianía, en la década del 80, utilizando el cargo de secretario general del entonces novísimo Ministerio Público. Frecuentaba, en esa época, los locales del PPC, travesía que los principales líderes pepecistas prefieren no recordar, ni comentar. Usando las muletillas que emplea hasta hoy, impulsó un estilo nefasto, atizando conflictos, promoviendo divisiones y exacerbando posiciones confrontativas. Estilo que tiempo después, aliado entre otros con Ernesto Gamarra, le permitió recalar en el parasitismo político, subsistiendo a costa de atacar, al aprismo y a su líder natural, Alan García. Heredero de furias civilistas, complejos aristocráticos y enconos militaristas, hizo del antiaprismo secular una prédica política que lesionó incluso a su propia familia, cercana en ese entonces al partido de Haya de la Torre. Utilizó el complot e hizo de la mentira y la falsedad instrumentos para obtener votos, granjearse recursos, enlodar honras y mancillar recuerdos. Ahora, cuando el desgaste de los mecanismos que empleó una y otra vez a través de los años no le son tan eficientes y ponen en evidencia su minusvalía política y su sinuosa actuación pública, reclama para sí la presunción de inocencia que jamás concedió a quienes convirtió en culpables, en aras de una triste notoriedad. Esos mismos años, lo muestran grosero, intolerante y agresivo, recursos que se dan la mano, en su caso, con esa particular habilidad que tiene para subsistir en medio de la antipolítica y el lodo. Quienes sostenían que España envió a estas tierras, acompañando a Pizarro, lo peor que tenía para la conquista –tesis por cierto no necesariamente verdadera-, pueden 51


Aprismo desde La Tribuna tener en cambio la certeza que devolvimos el golpe. La corona Española recibió las credenciales de un plenipotenciario inimputable y del mismo nivel de los personajes que supuestamente nos enviaron hace más de quinientos años. RESPETOS GUARDAN RESPETOS Hay quienes han pretendido ver una reacción intolerante en las declaraciones de Mauricio Mulder a propósito de los actos de provocación del autor de un opúsculo que le atribuye una falsa conducta personal al fundador del aprismo. Sobre este tema cabe mencionar que no es casual que ese libelo se publique reeditando los mismos argumentos falaces de desprestigio político que utilizó otro medio, en los años 60, al iniciarse justamente también una campaña electoral. Lo que ha mortificado al pueblo aprista, además del contenido del panfleto, han sido los actos de provocación de su autor, especialmente en Trujillo, cuna del aprismo, los mismos que han tenido por objeto promocionar su venta. Se trata, en consecuencia, como sostuvo nuestro secretario general, de la reacción legítima de colectividades involucradas secularmente con Haya de la Torre en pensamiento y fe, que expresan su rechazo a una investigación poco seria, por interesada, sesgada y fraudulenta. Algo similar a lo que podría ocurrir, por ejemplo, si en pleno Vaticano algún desquiciado pretendiera denunciar al Papa por un supuesto acto impropio durante la segunda guerra mundial. A quienes han calificado nuestras reacciones como “una respuesta exagerada”, le pedimos que reconsideren su opinión a la luz de una consideración innegable: el pueblo aprista no tiene por qué aceptar que Haya de la Torre sea difamado, más aún si, para nosotros, no sólo es un líder político, sino un guía espiritual. Estamos seguros que habrá quienes comprendan que sólo exigimos respeto a nuestra fe, a nuestro jefe y fundador, y a nuestros mártires. No dudamos, tampoco, que existirán otros que, en aplicación abusiva del derecho a la libertad de expresión, estimarán que pueden difundirse textos injuriosos. A estos últimos les recordamos la lacra que significó la “prensa chicha” en el país y la forma en que fue utilizada por la dictadura fujimontesinista para perpetuarse en el poder. Mi c. Fernando Arias ha hecho pública -por mejor derecho- una carta dirigida al autor del agravio, dejando a salvo la verdad histórica y develando las falsedades de su texto. Hago mía la exigencia de que Haya de la Torre sea admirado o criticado, en su justa dimensión, por la vigencia de su pensamiento y los aciertos o errores de su obra. Quienes creemos en Haya de la Torre lo continuaremos defendiendo, aun a costa de que nos tilden de intolerantes, porque en este tema y en todo aquello que tenga que ver con nuestras más firmes convicciones, seguiremos siendo intransigentes, como lo

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Aprismo desde La Tribuna somos en el amor por el Perú y en nuestro propósito de un futuro mejor para los que menos tienen. EVOCANDO LA FRATERNIDAD Permítame el lector una licencia personal para dar testimonio sobre un evento singular, la fiesta de la fraternidad. Y es que escribir sobre ella me resulta absolutamente grato, porque me permite volver una vez más al jefe, al maestro, a Haya de la Torre, que es mi origen, mi esencia y parte de mis recuerdos más caros y entrañables. Mi militancia en el aprismo, como es obvio, viene de una cuna tan firme y leal a Haya de la Torre y su obra, como al amor por el Perú y su gente. Desde mi infancia más tierna, al conocer a Haya de la Torre y de la mano de mi padre, recuerdo entre incontables historias de entrega, las de mis primeros cc., los tíos Absalón Otero Luna y Pablo Mimbela, periodista el primero y sincrético proletario el segundo, quienes forjaron mi aprismo secular para guiarme innumerable cantidad de veces, entre mi hogar y la Casa del Pueblo, sobre aquella avenida cercana a la que desde que tengo uso de razón conocí como “la avenida de los pañuelos blancos”. Nací en un hogar de combatientes por la libertad, con una marcada herencia anarcosindicalista y de profundas vocaciones progresistas que nos hicieron beber con el tiempo, del humanismo más puro que representaba Haya de la Torre y la generación precursora que encabezó. Será por ello que siempre me sorprendió que la fiesta jubilar más importante del aprismo, pasara inadvertida para algunos peruanos, quienes, por una serie de razones, pensaban que cada 22 de febrero los apristas sólo celebrábamos el cumpleaños de nuestro jefe y fundador, Víctor Raúl Haya de la Torre, por una mera vanidad. La fiesta de la fraternidad es mucho más que eso. Constituye un valor supremo de la integración nacional; es, también, un pretexto para convocar y unir voluntades en el esfuerzo común de resolver los graves problemas de nuestro pueblo, liberándolo de las cadenas de la ignorancia y el sojuzgamiento económico. La fiesta de la fraternidad no sólo convoca mítines multitudinarios en toda la República, ni es exclusivamente una demostración de fuerza o convocatoria popular, sino, más bien, constituye una convocatoria amplia y libre para renovar con todos los peruanos de buena voluntad, un compromiso con el futuro. En realidad, es desde el año 1930 cuando los jóvenes apristas comenzaron a celebrar, en medio de la más cruel persecución y casi sin proponérselo, la fiesta del nacimiento de Haya de la Torre y lo hacían, cosa curiosa, respondiendo al afecto del fundador del partido, pero, también a la arbitrariedad, al abuso y la cárcel con la que eran perseguidos.

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Aprismo desde La Tribuna Se prendían fogatas en los cerros, se hacían estallar bombardas y se ofrecían en las comunidades rurales y zonas marginales, como hasta hoy, infinidad de pequeños agasajos populares en medio de bailes locales y recordatorios que ofrecían las propias comunidades en honor del “compañero jefe”. En 1946, Manuel Seoane, en un vibrante y sentido discurso que se conoce como “recado del corazón del pueblo”, consagró este festejo en medio de una multitudinaria manifestación partidaria, dejando constancia de los valores de esta fiesta que honra a quienes -en Haya de la Torre-, y desde la pobreza más lejana del campo y la ciudad, asumen el entusiasmo más pujante de estudiantes, jóvenes y profesionales, la dedicación de las mujeres y el sufrimiento del proletariado para, amalgamándola con la contribución de los empresarios nacionales, convertir cada 22 de febrero, en una oportunidad estupenda para profundizar la tarea de reunificar a la nación, desterrar el odio y propiciar un tiempo diferente de equidad e igualdad basado en la justicia social. Este 22 de febrero, en el día de la fraternidad, en la misma avenida, frente a la misma casa del pueblo, manteniendo una hermosa tradición familiar de cuatro generaciones, esperaré a mi hija, quien por propia convicción y a sus dieciséis años, descolgará su boina roja y con pañuelo blanco en mano partirá -confundida entre cientos de miles de ciudadanos-, a rendirle tributo en su onomástico al guía y conductor del aprismo, a nuestro querido maestro, al c. jefe Víctor Raúl Haya de la Torre. EL COMANDO DE RODRIGO FRANCO La desesperación por impedir que Alan García llegue a Palacio de Gobierno el 2006 adquiere ribetes de locura -ha dicho un sagaz analista político- y por eso ha hecho bien Mauricio Mulder, en el último número de La Tribuna, en salir al frente de una campaña que, por años, ha pretendido deslizar la infeliz y peregrina tesis de que en la muerte de nuestro querido c. Rodrigo Franco, habría tenido algún grado de responsabilidad una mano cercana al partido. Sin elemento alguno que haga verosímil dicha versión, sin pruebas, ni indicios, sino únicamente con inquina gratuita y animadversión exacerbada, se ha pretendido mostrar a Rodrigo enfrentado al aprismo y asesinado en medio de una conjura o complot inexistente, olvidándose que él, como militante disciplinado, cumplía un papel en el aparato estatal, que le había sido asignado por el propio presidente García. Es por eso que la presencia de su hermano José Antonio Franco, en el estrado oficial con ocasión del multitudinario mitin celebratorio del Día de la Fraternidad, no sólo honra la memoria de Rodrigo y el aprismo de la familia Franco, sino que, además, desagravia al partido y a su militancia frente a una infamia innegable. No desarrollaré aquí las circunstancias de su trágica muerte, ni el valor de enfrentarse cotidiana y silenciosamente a Sendero, viviendo en la ladera de un cerro considerado “zona roja”; arrojo, temerario para algunos, que lo convirtió en blanco fácil del 54


Aprismo desde La Tribuna terrorismo insano. Asumo sí la justificada protesta de quienes creemos que su nombre fue y sigue siendo usado, sin ningún respeto a su memoria, con fines subalternos y absolutamente contrapuestos a su identificación y filiación humanista y partidaria. Rodrigo forma parte de la larga lista de mártires que dieron su vida en defensa del aprismo y de la libertad. Por eso su muerte, para Sendero, significó una victoria, en tanto que, para nosotros, representó un golpe irreparable, cuyo dolor se mantiene vigente. Sólo la mente retorcida y enferma de quienes viven del odio ha sido capaz de urdir semejante maldad, promoviendo, financiando y usando innobles campañas mediáticas para confundir a la opinión pública, presentando como cierta una mentira con el único propósito de sembrar dudas que nos impidan llegar nuevamente al poder, a cuyo efecto no han dudado en alentar reiteradas investigaciones, cuyo resultado final no ha sido otro que ratificar que la muerte de Rodrigo fue, en verdad, un cobarde asesinato senderista. Lo que no me queda claro, aún, es por qué su viuda se ha involucrado en esta canallada, en la que lamentablemente ha comprometido, también, a sus menores hijos, salvo que, como prefiero creer en homenaje a la memoria de Rodrigo, haya sido víctima de una “concientización” que se funda sobre una versión a todas luces falsa sobre el asesinato de Rodrigo y que explicaría, además, su paso por el fujimontesinismo autocrático y corruptor, al que avaló con su presencia. El aprismo durante los cinco años de gobierno perdió una pléyade de hombres invalorables y la respuesta del partido se realizó a nombre del APRA, promoviendo en cada barrio, mercado, fábrica, centro de estudio, pueblos jóvenes y asentamientos humanos, acciones de rechazo al terrorismo, que incluyeron la organización de rondas urbanas y campesinas y la promoción de una cultura de paz, allí donde la violencia pretendía imponer el terror. Finalmente, cuando me preguntan si existió el Comando de Rodrigo Franco, yo respondo que sí. Continúa actuando y no es otro que el C.U.A de la Universidad Católica, organización que agrupa a los estudiantes apristas y en cuya representación, Rodrigo acompaño a Mauricio Mulder en la conducción de su Centro Federado, dándole mayor presencia a un apellido que estaba vinculado desde siempre al aprismo más auroral. RAMIRO PRIALÉ PRIALÉ Escribir sobre alguien tan cercano es siempre difícil. El siguiente testimonio pretende ser un reconocimiento a un gran hombre del aprismo, que fue, además, una persona dotada de notables cualidades humanas, entre las que destacaron, una honestidad acrisolada y una sagacidad inimitable, que le permitió contribuir, en gran medida, a perennizar la doctrina y la obra de Haya de la Torre, aun desde la persecución, la clandestinidad y la cárcel.

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Aprismo desde La Tribuna El c. Ramiro Prialé llegó a la política contrapesando su enorme preocupación por la pobreza de la tierra que lo vio nacer y la esperanza de un mañana mejor, producto de su adhesión filial al fundador del aprismo. Militante primero y dirigente después, fue perseguido, encarcelado y deportado. Lejos de su tierra sufrió y pagó en el destierro, el costo de su lealtad al aprismo con una penosa situación familiar, circunstancia que sin embargo, jamás le arrancó una expresión de venganza o rencor. Inició un estilo singular de liderazgo que lo acercó a la gente. Cumplía con todas las invitaciones que recibía y asistía puntualmente a todos los sectores partidarios, aun a los más pequeños y lejanos. Escuchaba con interés las preocupaciones cotidianas de los compañeros en el lugar que fuera abordado. Visitaba sus casas para alentar a los familiares de los presos o enfermos. Contribuía anónimamente en cuanta gestión “personal” le era requerida, permitiendo a los angustiados compañeros que lo buscaban, sobrellevar sus problemas. Llegaba de improviso a festejar los cumpleaños, bautizar al “nuevo compañerito chapista” o para acompañar a los deudos de aquellos que habían fallecido. Haya de la Torre resaltó sus calidades y por ello le encargó, contribuir a organizar las juventudes apristas y la organización de los Chicos Apristas Peruanos (CHAP), encargo que le permitió –sobre todo en su condición de docente-, consolidar el sueño de las generaciones precursoras de hacer del aprismo, no sólo un gran movimiento de masas, sino fundamentalmente un partido escuela. Ramiro fue un organizador nato, parlamentario hábil y eficiente presidente del senado. Imponía su palabra serena con el gesto viril de un exigente maestro. Los rasgos duros de su rostro eran suavizados por una mirada tierna y singular. El poeta Alberto Valencia ha dicho que, “como hijo legítimo del pueblo, bregó por formar – desde el aula o en el poder-, una falange de jóvenes superiores moral y espiritualmente para hacerlos parte de esa raza especial de hombres dignos, que impusieran, con el ejemplo de su vida, una nueva moral política”. Admiré la tenacidad de su actividad pública, sus gestos de fraternidad me agobiaron y en la fraternal y franciscana reserva de su casa, recibí, infinidad de consejos que me llevaron a seguir el ejemplo “ramirista” de no confrontar jamás, por lo menos públicamente, a un compañero. Lo acompañé desde la Casa del Pueblo hasta su discreta vivienda en el distrito de Jesús María infinidad de veces, y al asalto de cada madrugada, disfruté escuchando sus anécdotas, preocupaciones y sus sueños. El 25 de febrero de 1988 falleció, dejando un legado de amor por el Perú y la obra de Haya de la Torre que fortaleció nuestro aprismo. Partió en la decencia más pulcra, la misma que, varias décadas antes, lo llevó a la política adhiriéndose al aprismo para entregarlo todo, dándonos con su propia vida, como lo hacen los grandes maestros, una inolvidable lección de honestidad que no deberíamos olvidar. BRICHEROS

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Aprismo desde La Tribuna Un reportaje televisivo nos trajo la imagen cotidiana de una Lima que acepta, sin censura, los roles más pintorescos de sus nuevos personajes. Moviéndose con audacia y total despreocupación, sujetos de todos los pelajes ofrecen sus servicios al mejor postor en las calles y plazas más céntricas. No faltan ingenuos y personas interesadas que aceptan sus argumentos y compran o alquilan, según corresponda, la mercancía no siempre lícita, ni ética, que ofrecen con total desparpajo. Este es el mundo de los “acompañantes” que extiende sus tentáculos hasta ciertos medios de prensa, que terminan ofreciendo a sus lectores, muchas veces inadvertidamente, sesgadas corrientes de opinión destinadas a impulsar falsos liderazgos o a reducir los auténticos, según dispongan sus mentores. Los llamados “chirinos boys” fueron precursores de esta criticable modalidad de trabajo. Desde el diario “La Prensa” emprendieron, bajo la supervisión de sus tutores, la retrógrada tarea de reflotar el proyecto rivagüerista de la “gran derecha peruana”, basado en una lectura fondomonetarista de la economía y de la historia. Pretendiendo “ser la conciencia viva de la nación”, una gavilla de aventureros, infiltrados en los medios de comunicación desde el vendaval neoliberal de los noventa, actualmente imponen una falsa cultura de “lo sensato”, tomando como punto de partida la proscripción del debate ideológico y la muerte anunciada de los partidos políticos. El antiaprismo ha sido, en este contexto, punto de encuentro para exacerbar errores, tergiversar hechos y formular denuncias sin fundamento, con el único propósito de tratar de justificar la incapacidad del modelo neoliberal que auspiciaron y de atribuirnos la paternidad de todos los problemas que, por causas estructurales y remotas, padece el país. Un caso emblemático es el del novel e indescifrable escribidor Aldo Mariátegui, quien utilizando el más desdeñable estilo de la prensa amarilla, ha hecho de su odio al aprismo, una bandera que agita a diario contra el presidente García y el pueblo aprista. Su incapacidad intelectual, fácil de advertir y su desconocimiento de la historia y de la realidad política, no justifican sus cotidianas agresiones. Pasaríamos por alto sus majaderías y sólo le daríamos la escasa importancia que merece su autor, si no agraviara, también, al conjunto de nuestro pueblo, pretendiendo imponerle un tutelaje inaceptable, al proponer, la peregrina idea de ser gobernada por una élite tecnocrática, integrada exclusivamente por la exigua minoría de quienes han concluido, estudios superiores, planteamiento discriminatorio que, entre otras consideraciones, desconoce que el poder emana del pueblo y que todo ciudadano tiene derecho a elegir y ser elegido. Que sólo una casta de privilegiados gobierne el país, además de constituir un retorno cavernario a épocas pretéritas, supone desconocer la larga lucha del pueblo peruano en la conquista de sus derechos fundamentales, olvidar a quienes dieron su vida en estas sacrificadas jornadas, convertir nuevamente a los analfabetos en un simple dato estadístico y, sobre todo, relegar a las mujeres que combaten a diario a la pobreza en 57


Aprismo desde La Tribuna los clubes de madres y en los comités del Vaso de Leche, en decorativas piezas de recambio. Finalmente, digámoslo con claridad, este es un nuevo globo de ensayo que lo que pretende, es seguir sembrando en la conciencia colectiva de la nación, una sensación de hartazgo que permita la desarticulación política de los partidos, la anulación de la estructura sindical y la entrega de la patria a una gama de iluminados que, como el aludido Mariátegui no entiende claramente el curso de la historia ni la necesidad que los pueblos forjen su destino en creación heroica. ESTALLIDO SOCIAL O DEMOCRACIA REAL La crisis del socialismo, visible en toda su magnitud desde la caída del muro de Berlín, fue utilizada como soporte ideo-político para imponer, en los años noventa, las llamadas leyes del “libre mercado”, que los neoliberales “vendieron” como fórmulas mágicas que resolverían, sin duda ni pausa, los problemas más agudos del tercer mundo. El Fondo Monetario Internacional jugó un rol importante en esta “transferencia”, al imponerle a los países más pobres el idioma universal del capital, suerte de “esperanto financiero”, que vulneró el desarrollo de nuestra historia social y obligó a la suscripción de cartas de intención, que prescindieron de nuestros espacios-tiemposgeográficos y de nuestra propia idiosincrasia. Las fórmulas del FMI hicieron posible, por ejemplo, que en la India, Tanzania, Corea, Vietnam y Perú, se empezaran a vender, casi simultáneamente, prendas de vestir de las casas de modas más famosas del mundo y comida “chatarra”, vía las franquicias de Mac Donald„s y Kentucky Fried Chicken, y si bien estos ejemplos solo ponen en evidencia “una característica del modelo”, sirven para darnos una idea de los problemas sociales que se derivaron de la utilización, meramente mercantil, de la globalización y de cómo, en nuestra propia realidad de pobreza extrema, se utiliza “las leyes del mercado”, para colocar en vitrina productos y servicios de todo tipo, que sólo pueden ser adquiridos por unos pocos, haciendo uso de la llamada “ventaja de la libertad”, cuyo gozo privilegia a una exclusiva minoría. Bajo esta realidad y a pesar de los avances tangibles de la modernidad que reconocemos, subyace una nación empobrecida por la migración y el centralismo, algunos de cuyos sectores empiezan a atender la prédica de quienes alientan sentimientos de revancha y confrontación, a efectos de ser usarlos políticamente. El masivo éxodo provinciano, que “ha cercado las ciudades desde el campo” como diría Mao Tse Tung, ha hecho más tangibles los anillos de pobreza y marginalidad que aparecieron en la década del 60, dándole sentido a una nueva estructura social, que compite, en suelos capitalinos, con el anquilosado aparato burocrático de una sociedad limeña, formal y desesperadamente conservadora. En este contexto, todo el estado y las instituciones que lo representan, han sido sometidos al escrutinio de esta nueva realidad, advirtiéndose notorios desencuentros producto, entre otros factores, del viejo discurso citadino, que olvida y posterga a 58


Aprismo desde La Tribuna vastos sectores que reclaman atención y un liderazgo mucho más cercano, cotidiano y real. No es suficiente que el APRA siga manteniendo una relación objetiva con el Perú profundo a través de sus comités partidarios en toda la república. El único camino posible para abrirle a nuestro pueblo las puertas del siglo XXI pasa por evitar un estallido social de consecuencias imprevisibles, brindando espacios de participación objetiva a las organizaciones de base y al pueblo en su conjunto, sumándole a los efectos, liderazgos capaces de convocar desde abajo y, de verdad, a quienes aún sienten que el Perú es más grande que todos sus problemas. CALIDAD ELECCIONARIA Cada vez es más frecuente que al llegar al final de un gobierno y al margen del resultado real de su gestión, muchas veces negativo como el del régimen actual, la ciudadanía perciba que “su calidad de vida se ha deteriorado”, lo que motiva que reclame “empezar de nuevo”, con la esperanza de acceder a un futuro mejor. Las supuestas bondades de lo “nuevo”, asociadas a la modernidad, han sido materia de una prolongada campaña de inculcación, que ha dado como resultado que el pueblo exija, en algunos casos con razón, como en el presente, que “todo sea mejor” en la próxima elección, porque “el gobierno de salida ha sido uno de los peores de la historia”. Las expectativas de un futuro mejor son más sentidas en nuestro caso porque, a diferencia de lo que sucede en otros países de la subregión, nuestra clase política, con honrosas y contadas excepciones, no ha asumido plenamente la responsabilidad de que su actividad cotidiana refleje las necesidades de la ciudadanía. Los verdaderos intereses de la población no han sido recogidos por un mecanismo de convergencia, que se exprese en planes y proyectos orientados a concretarlos y a revitalizar la nacionalidad, dándole sentido y contenido de futuro. Mientras que en Argentina y especialmente en Chile, quienes hacen política tienen una visión más o menos clara sobre el Estado y sus opciones en el mercado mundial, en el escenario local y pequeño de nuestros debates políticos, todavía encuentran eco las propuestas de quienes, por mantener sus privilegios, propician y alientan candidaturas, carentes de contenido programático, cuyo único propósito es aglutinar el voto antiaprista. El voto facultativo ayuda a resolver este tipo de problemas que nos mantienen sumergidos en la protohistoria, dándole mayor calidad a cualquier propuesta eleccionaria, al convertirla en un claro compromiso con el futuro del país. Algunas voces han sostenido que, siendo el ausentismo o la apatía una presunta característica nacional, la elección del nuevo gobernante podría terminar siendo el resultado de la votación de un exiguo porcentaje de ciudadanos, frente a una inmensa población hábil para sufragar.

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Aprismo desde La Tribuna Sin negar la probable validez de este argumento, tendríamos que convenir que una elección, sujeta a sufragio facultativo, es cualitativamente mejor, por ser consecuencia directa de un voto comprometido con un determinado plan de gobierno u opción ideológica, hecho que, además, convierte al elector en severo vigilante del cumplimiento de la oferta política elegida. En este contexto, sostener que esta modalidad favorece exclusivamente al aprismo, supone admitir, por adelantado, que los candidatos de las demás agrupaciones políticas carecen de una organización partidaria capaz de contribuir a garantizar la gobernabilidad del país, de cumplir, con éxito, la tarea de representar a nuestra población y de canalizar, adecuadamente, sus necesidades y expectativas, funciones básicas que le dan sentido a la actividad política y partidaria. Esta incontrastable realidad nos permite inferir, precisamente, que el voto facultativo mejora, en forma ostensible, la calidad de la elección, no sólo porque compromete al ciudadano común en la responsabilidad de elegir su destino, sino porque convierte al candidato elegido y a su partido, en ejecutores de un nuevo contrato social, que transforma las ofertas electorales en compromisos reales y tangibles. La idea central del voto facultativo es que los ciudadanos acudan a las urnas convencidos de la necesidad de construir su propio destino y también de fiscalizar el cumplimiento del plan de gobierno que eligieron, lo que hace más real la democracia, evitando al mismo tiempo que los omisos, impedidos de pagar la multa que actualmente se les impone, queden al margen del sistema y con parte de sus derechos ciudadanos mutilados. LA IGLESIA EN EL TERCER MILENIO Rituales más o menos reservados y rigurosos procedimientos protocolares son los signos exteriores de una iglesia sostenida de pie por más de dos mil años y capaz de sobrellevar la desaparición física de uno de los líderes más carismáticos que ha producido. El pontificado de Juan Pablo II pasará a la historia signado, entre otras, por cinco características notables: la dureza de su posición para defender los dogmas de su fe, su crítica al capitalismo salvaje, el impulso a la solidaridad como fórmula de redistribución de la riqueza, su peregrinaje incansable y el perdón que pidió por los errores cometidos por su iglesia en el pasado. No cabe duda que su sensibilidad le permitió captar y asimilar el mensaje de quienes, desde la pobreza de la sociedad latinoamericana, exigían justicia social pidiéndole al mismo tiempo a la iglesia tradicional, mirar por los ojos de los desposeídos. Hay que recordar que, en la década del 70, nació en estas mismas tierras, la Teología de la Liberación, reclamo que desde el interior del catolicismo, marcó una conducta secular mucho más solidaria con el pueblo y que convirtió el púlpito en un instrumento de la verdad para la construcción de la prosperidad y bienestar general. El Papa Peregrino, título ganado por quien inició una singular cruzada moderna para conquistar almas y corazones, recorrió el mundo conjugando posiciones con un 60


Aprismo desde La Tribuna mensaje proactivo, que atendía, por igual, el hambre del alma y del cuerpo proponiendo caminos de increíble tolerancia con ortodoxos, judíos, islámicos, masones y protestantes, a los que reconoció, finalmente, como hijos de una misma divinidad. Su muerte convierte al próximo cónclave cardenalicio, no sólo en un foro de reflexión sobre el destino de la iglesia misma, sino en un espacio para evaluar su rol en el destino de los pueblos y los hombres de cara al nuevo milenio. Aun cuando no existe más, el “mundo comunista”, que consideraba a la religión como “el opio del pueblo”, se debe tener en cuenta el evidente avance del protestantismo y el de sus vertientes evangelizadoras más activas y anticatólicas, para que los Cardenales, convocados para la elección del nuevo sucesor de Pedro, puedan encarar la realidad globalizada que se les presenta en medio de un mundo cada vez más difícil y menos espiritual. En realidad, no existe en el campo laico de influencia de la iglesia católica mayores opciones. Se elegirá un Papa entre una posición socialmente conservadora, como postulan sus sectores más individualistas a través del Opus Dei, o se elegirá a quien represente una conducta que privilegie la atención de las necesidades de los más pobres, impulsando la solidaridad como instrumento de justicia social. La supervivencia de la iglesia se sustenta en la necesidad de mantener el rumbo seguido desde Juan XXIII hasta Juan Pablo II, el mismo que permitió, en tiempos de la guerra fría ser un activo agente mediador para evitar la muerte y, ahora, en tiempos de unipolaridad y hegemonía del poder financiero mundial, un freno eficaz ante el abuso y la explotación del capital financiero que se encubre en el manto no tan santo del neoliberalismo que exporta el capitalismo salvaje. Volver a los pobres, entonces, constituye en esta hora crucial de la elección eclesiástica, no sólo el reencontrar el sentido mismo de la doctrina de la iglesia y su misión terrenal, sino reubicar al catolicismo en su rol más importante, es decir, luchando contra la miseria y la marginación, de la mano de millones de hombres que buscan en Cristo desde los primeros tiempos de la fe, el sustento de su rebeldía y su realización humana. LA MISERIA DEL NEOLIBERALISMO Y LA ÉTICA DE LA POBREZA Una de las batallas más significativas ganada por los conservadores de siempre, es haber logrado asociar, arbitrariamente, liberalismo y modernidad. Escribir sobre estos conceptos supone, en consecuencia, reflexionar sobre lo que ha significado, en la vida contemporánea, la imposición ilimitada del capitalismo más extremo, aquel al que la propia iglesia ya reconoce como “salvaje”. Analizando este fenómeno encontramos dos imágenes contrapuestas. El rostro espectacular de los avances más importantes de la ciencia y la tecnología y, al anverso, la pauperización progresiva y despiadada de los sectores más pobres de nuestra sociedad, a quienes se pretende continuar expoliando, en aras al eufemismo, en boga, de los mal llamados “sobrecostos”. 61


Aprismo desde La Tribuna En resumen, una desigual distribución de la riqueza, que ha originado, por un lado, mayores niveles de marginalidad y exclusión y, por el otro, bolsones de miseria que le dan a la política, en los países subdesarrollados, un sesgo que la hace absolutamente diferente de su práctica europea o norteamericana. Esta diferencia es la que hace que ganar las elecciones signifique, en nuestras naciones, la disyuntiva entre aceptar subsistir en la mismísima miseria para siempre o impulsar un acuerdo social que permita darle a nuestras colectividades la esperanza de una mejor calidad de vida. No se trata de fomentar conductas violentistas o prácticas que se contrapongan al sistema por simple oposición, sino de propiciar, por el contrario, una movilización social que involucre a la ciudadanía en su conjunto en una nueva forma de convivencia, que tenga como meta “el bienestar común”, priorizando la prosperidad del colectivo social frente a aquellas posiciones que continúan apostando por la mayor acumulación posible de riqueza individual. No podemos seguir siendo meros espectadores de una libertad de mercado que sólo nos permite ver todo aquello que está a la venta, sin darnos la posibilidad de adquirir lo que nos resulta indispensable para satisfacer las necesidades básicas de nuestra subsistencia, extremo del que el propio Milton Friedman huiría aterrado. Nadie que no sea un extremista podrá negar que la economía del subdesarrollo ha generado una corriente de repuesta al neoliberalismo, que plantea frente a la virtual desaparición del Estado, alentada años atrás por algunos fanáticos exaltados, la exigencia de funciones eficaces y eficientes, que resuelvan los problemas de la sociedad, garanticen la inversión, especialmente aquella que genera mayores puestos de trabajo, y alienten la acumulación objetiva de riqueza popular. La miseria derivada del neoliberalismo obliga a que los ciudadanos conscientes, opten entre la condena de ponerse al servicio de la economía, o asuman la oportunidad de labrar su propio porvenir, dejando de lado las prédicas interesadas de aquellos que postulan, que sólo su modelo es capaz de garantizar el orden y el éxito en la economía, en la política y en nuestras propias vidas. Ante las injustas desigualdades de este mundo en ciernes, los indoamericanos debemos seguir acumulando fuerzas para enfrentar con éxito, desde la necesidad de la unidad continental en el plano formal o el interés común de nuestros pueblos, el reto del futuro por construir nuestra propia historia. Exigiéndoles al mismo tiempo a nuestros líderes y conductores que asuman la responsabilidad que les corresponde y sepan estar a la altura del enorme desafío que debemos superar. EL TRISTE OCASO DEL FIM Tras largos años de impune complicidad, el Frente Independiente Moralizador, de Fernando Olivera Vega, sufre una metástasis terminal que cubre con la podredumbre de la corrupción su casi inexistente aparato partidario.

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Aprismo desde La Tribuna En los estertores de esta agonía, surgen los claros vestigios del uso de recursos del Estado para falsificar informes, parasitar políticamente, trabar interesados contactos con la financiera informal denominada CLAE, aceptar autos donados, publicitar programas de medios de comunicación vendidos a la mafia fujimontesinista y hasta negociar con la buena fe no para obtener “patrióticos” aportes a la democracia, sino, millonarios fondos supuestamente destinados a la lucha contra la dictadura, pero que habrían terminado engrosando cuentas personales. Brotan, igualmente, evidencias de una comprometedora demora en denunciar ante la justicia la existencia de algunos “vladivídeos” comprometedores y también, el desvarío doloso de complicar las relaciones del país con la Santa Sede, falsificando y usando documentos elaborados al más puro estilo delincuencial. Emergen los cadáveres políticos de una colectividad signada por el antiaprismo y sin un norte que los guíe. Este camino en el que parlamentarios “topos” fueron cobijados en los tiempos más sublimes del fujimontesinismo y, “felipillos” en los tiempos del toledokarpismo reciben instrucciones para servir de coro anónimo del drama e imponer no sólo un blindaje ridículo a la corrupción, sino cortinas de humo para confundir a la ciudadana, que llegan al límite de inventar incluso farsas judiciales para ensalzar una seudo defensa de los derechos humanos. Enterrada toda aquella falsa prédica moralizadora que le sirvió únicamente como plataforma electoral, el supuesto “incorruptible” dedica sus últimos días en la política activa a propiciar operaciones de largo aliento para importantes transnacionales que lo utilizarían como “lobbista”, buscando asegurar, de esta manera, algún promisorio y expectante futuro económico que en lo personal le devuelva la estima. Al final del camino, del FIM, sólo queda el membrete y el liderazgo de un hombre incapaz de administrar y resolver su propio drama, que ha hecho de la mentira su propia verdad y al que se le pasó el tiempo, ya que la verdad se abrió paso por encima del odio y la mezquindad. Hombre al que lo ganó su ambición por el poder y poder que lo sedujo para perderlo. Hombre que de gratuito perseguidor, termina convertido en seguro justiciable. Develada la farsa de su promesa fiscalizadora, tendrá que hacer frente durante el próximo gobierno, como cualquier mortal y a pesar de los entuertos que pretende usar para perpetuar su impunidad en el poder, al escrutinio objetivo y desapasionado de sus actos y, con estricta sujeción al debido proceso, responder por todo aquello que se negó a explicar al amparo de la patente de corso que le brindó su condición de socio del régimen actual. Sin propósito de venganza, pero sin abdicar, tampoco, de la vocación de justicia, reclamamos la necesidad de hacer realidad el principio de igualdad ante la ley, recordándole al inefable Olivera lo que el poeta escribió: “Vida…si eres cruel testigo de virtudes y vergüenzas, sé que si no actué con valía y entereza, al final de mis días reconoceré mis miserias para poder soportar la soledad más cruel”. Dicha su verdad, esperando su destino.

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Aprismo desde La Tribuna NUESTRO IDEAL SOCIALISTA EN LIMA Haya de la Torre se encargó de centrar y aclarar, durante buena parte del siglo XX, un viejo y quién sabe, confuso debate para las gentes, polémica producida entre sectores del aprismo y el movimiento comunista en torno a la heredad del pensamiento socialista, entendiéndose este, como la expresión de la realización humana en la búsqueda del bienestar social. Y es que nuestro jefe y fundador, al observar con mayor claridad los fenómenos sociales del siglo que le tocó vivir y al interpretarlos a la luz de los descubrimientos más importantes de la ciencia y la tecnología, aplicados al campo histórico social, vislumbró la dimensión real de la tarea antiimperialista y la asumió para enfrentar los cambios de una manera revolucionaria, en el marco de una cosmovisión filosófica heredada de las corrientes más progresistas del pensamiento mundial y alentado por la misión de formar un gran frente nacional. Dentro de este mismo marco, planteó la necesidad de la integración indoamericana, que fue combatida con singular energía, a pesar de lo cual se mantuvo y mantiene vigente como instrumento decisivo para que nuestros pueblos puedan enfrentar, unidos y con mayor eficacia, la penetración neocolonial entre otras, del liberalismo económico de estos tiempos. Y le sumó también, como una condición impostergable, la creación de una Alianza Popular de Trabajadores Manuales e Intelectuales, basada en una práctica política y organizativa cotidiana, que dotara al hombre indoamericano de un mecanismo de interacción social, igualmente eficaz, en su lucha por conquistar su ansiada libertad, el bienestar integral y la realización plena de su condición de ciudadano. Varias décadas después, cuando fue universal una conducta solidaria con las clases y pueblos oprimidos del mundo, cuando la precursora llamada a la unidad de los pueblos se hace carne en los tímidos pasos de la Comunidad Andina y la llamada Comunidad de Naciones, el reconocimiento a la obra y pensamiento de Haya de la Torre se hace sentimiento común, y la Internacional Socialista llega, con una vasta legión de militantes de todo el orbe, adscritos al pensamiento libertario y a la corriente de izquierda democrática que inspira y lidera el aprismo. Constituye no sólo uno de los foros internacionales más importantes en la defensa del desarrollo, la libertad y el ecosistema mundial, sino, también, una tribuna que afirma la influencia de la obra del aprismo como corriente ideológica y fuente histórica de inspiración al movimiento popular y a sus organizaciones políticas de vanguardia, propendiendo a la consecución de los ideales de cambio y justicia, que son la razón misma de su existencia. Los lazos entre el aprismo y la Internacional Socialista se sellaron, como se sabe, en 1976, durante el encuentro de Caracas, al que asistió Haya de la Torre para plantear las urgencias y expectativas de nuestros pueblos, que, afectados por la guerra fría y la disputa por la preeminencia del poder entre dos polos enfrentados por el control de la economía mundial, reclamaban su propio espacio para decir su verdad. 64


Aprismo desde La Tribuna Si bien estos últimos factores de desequilibrio geopolítico han desaparecido, la toma de rehenes ideológicos que ha producido el neoliberalismo conservador exige confrontar hoy a quienes pretenden una economía, basada exclusivamente en las leyes del mercado, porque la experiencia demuestra que sólo genera mayor miseria. Cuando a nivel mundial se debate la necesidad de replantear los grandes temas centrales del desarrollo en el contexto de la globalización y, se denuncia la forma como el liberalismo económico produce crisis y hace sucumbir, en la más absoluta miseria, a poblaciones enteras, foros como el de la Internacional Socialista permiten hacer conciencia sobre la historia de los que menos tienen, que son los que finalmente pagan la factura más cara del subdesarrollo. Los socialistas renovarán, en nuestro suelo, su viejo compromiso con el cambio y la libertad, pero su sola presencia es un justo homenaje a Víctor Raúl Haya de la Torre, quien, haciendo suyas banderas de justicia proscritas en el mundo, lanzó en 1924 un grito de libertad, integración regional, justicia social, paz y bienestar para todos los indoamericanos y, en especial, para los más pobres. 81 AÑOS DE APRISMO Este 07 de mayo celebramos una fecha cumbre en la historia política de esta parte del continente, al conmemorar el movimiento aprista, 81 años desde que en 1924, en el anfiteatro de la Universidad Autónoma de México, el joven presidente de la Federación de Estudiantes del Perú (FEP) y delegado mundial de la Federación Obrera Local (FOL) Víctor Raúl Haya de la Torre, entregara a las juventudes latinoamericanas, una bandera roja en cuyo centro aparecía en medio de un gran círculo América Latina, produciéndose así, el acto fundacional de la ALIANZA POPULAR REVOLUCIONARIA AMERICANA (APRA).

HAYA DE LA TORRE Y LA IDEOLOGIA APRISTA

El aprismo es una concepción filosófica y económica que tiene una expresión política e ideológica en el pensamiento y la obra de Víctor Raúl Haya de la Torre. Es esta concepción la que formula una interpretación de la realidad indoamericana, transportando el pensamiento einsteniano del Espacio-Tiempo, al campo histórico social planteando una transformación social que revalora al hombre, poniendo la economía a su servicio. Como continuador del proceso dialéctico, el aprismo rechaza los dogmas y el pensamiento inmóvil y acepta el humanismo como «expresión del pensamiento en movimiento vivo». La orientación doctrinaria del Aprismo, si bien en su origen estuvo basada y fundamentada en los principios de la ciencia del siglo XX (tal es el caso de la teoría del espacio tiempo histórico) que dejaron sin vigencia los grandes íconos de la ciencia del siglo XIX, tienen su expresión más importante en la visión precursora del pensamiento de Haya de la Torre, cuya vigencia se encuentra plenamente acreditada con la necesidad de la integración económica y política de la región, de cara a la solución de sus graves problemas de atraso y subdesarrollo, así como por los hechos sociales subsecuentes, el derrotero de la ciencia y la tecnología informática del siglo XXI y la propia evolución de la economía mundial.

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Aprismo desde La Tribuna El APRA fue definido por su fundador como la organización política de la lucha antiimperialista en la América Latina y, si bien el imperialismo tiene ahora un nuevo perfil y una nueva forma de realización, en su esencia más absoluta, mantiene plenamente su presencia. El Aprismo reúne en su seno a los trabajadores de la ciudad y del campo, a todas aquellas clases explotadas agrupadas en el Frente Único de Trabajadores Manuales e Intelectuales (obreros, estudiantes, campesinos, intelectuales progresistas, empresarios e industriales nacionales, etc.) con un programa realista y común de acción política. Aspira a un Estado moderno, austero y capaz de incorporar las nuevas técnicas de la planificación estratégica en el marco de una economía plural que tolere y aliente el cooperativismo, en lucha contra la opresión, incluso más allá de nuestras fronteras y reclamando la necesidad de la unión de nuestros pueblos, como herramienta eficaz en la defensa de los intereses comunes y hacia la construcción de la nueva sociedad, para la realización de la justicia, sin abdicar de la libertad.

LOS ANTECEDENTES DEL APRISMO Y SU VIGENCIA El aprismo reconoce como sus principales antecedentes al libre pensamiento del siglo XIX, al marxismo en lo que a su método de análisis y postulación dialéctica se refiere, al humanismo como disciplina filosófica que va al encuentro de valores superiores y, al anarco-sindicalismo, como expresión de la lucha por las libertades en su esencia más pura. A la Revolución mexicana de 1910 que proyectó, con sentido propio y autónomo, la necesidad del cambio. Bajo los gritos de ¡TIERRA Y LIBERTAD! campesinos y obreros iniciaron uno de los episodios más trascendentes del siglo XX, produciendo una revolución social antiimperialista con un amplio sentido de la justicia en la tierra, el trabajo, la educación y la economía, valores plasmados en su inmortal Constitución de Querétaro. Al espíritu libertario de la Revolución Rusa de 1917, ya que salvando las diferencias de marcado orden conceptual e ideológico, la generación fundadora del aprismo rescata esta experiencia mostrándola en su verdadero contexto y dimensión, es decir, como la síntesis del momento dramático de sojuzgamiento que vivían los pueblos de la ex URSS. Al movimiento por la Reforma Universitaria, cuyo «grito de Córdova», que es como se conoce a la primera gesta por la reforma en la Argentina, tuvo en el Perú un desenlace social y político que determinó una nueva, dinámica y naciente alianza de la organización proletaria con los sectores estudiantiles, conquistando la apertura a lo social, de la hasta entonces, oligárquica y excluyente Universidad peruana. A las luchas del pueblo en su conjunto expresada históricamente en las jornadas por las ocho horas de trabajo y la gesta del 23 de mayo de 1923, en la que el régimen pretendió usar los sentimientos religiosos de la ciudadanía, produciendo una respuesta que selló con sangre la Alianza de los Trabajadores Manuales e Intelectuales. Salomón Ponce, obrero tranviario y Manuel Alarcón Vidalón, estudiante de letras, cayeron abatidos en la lucha por la libertad de conciencia en el Perú. 66


Aprismo desde La Tribuna A las Universidades Populares, que fueron creadas para formar a los obreros, técnica y humanísticamente, y cuyo primer rector fue el propio Haya de la Torre. Esta propuesta fue consagrada en el primer Congreso Nacional de Estudiantes del Perú, en la ciudad del Cuzco, que Haya de la Torre presidió. Al conjunto de luchas y movilizaciones protagonizadas por el pueblo organizado en el curso del siglo XX.

VIGENCIA HISTÓRICA DEL APRISMO El aprismo sorprendió con su ingreso vital al siglo XXI aportando, además de una rica historia cargada de emocional entrega de amor por el Perú, una inmensa capacidad de transformación y de adecuación a los nuevos tiempos y a la modernidad. Si bien, ha resistido los embates de crueles y duras persecuciones, ha sabido mirar con entendimiento el devenir de la Nación, la correlación de las fuerzas sociales existentes y emergentes y, los retos de las nuevas realidades que asomaron a un Perú cada vez menos citadino, más tropical-andino y absolutamente marginal. Cuando algunos analistas han tratado de explicar la permanencia del aprismo en la historia política y social durante el siglo pasado, recurrían a los lugares comunes del caudillismo, la verticalidad de una ortodoxa disciplina, la autoridad del fundador, o el carisma del presidente García hoy. La verdad que la historia de épicas entregas de cientos de miles de hombres y mujeres a la causa de cambiar al Perú, requeriría algo más de tiempo y espacio para ser explicada, sin embargo, para encontrar la respuesta del secreto mejor guardado del aprismo bastaría como mirar dentro y sobre su propia historia, para encontrar las dos columnas que la soportan por encima del tiempo, marcando además, el compás de su vital y renovada longevidad: su consistencia ideológica y la fortaleza de una envidiable organización que nace del pueblo mismo. Pero para no sucumbir, el aprismo supo merituar el avance de la ciencia, la tecnología y la informática, instrumentalizándolas con la propia realidad social y confrontando ideológicamente, a quienes usan la globalización, como Caballo de Troya para enquistarnos un mensaje neo liberal que nos vende como inexorable, la fatal realidad de miseria que acompaña al modelo económico neoliberal. Por eso el aprismo acompaña al pueblo en su organización y en su aspiración al bienestar y la justicia, y si bien los hechos y la naturaleza política de la realidad del siglo pasado, no van más, no es menos cierto, que una nueva batalla nos confronta en el escenario del comercio mundial, en donde la alianza de intereses de las economías siderales nos imponen lesivos Tratados de Libre Comercio o Alianzas regionales, en los que no se nos ha permitido decir nuestra palabra. Si la lucha del aprismo auroral fue combatir la penetración colonial del capital en su expresión imperialista, hoy nos toca hacer frente al mismo fenómeno que se presenta bajo un nuevo rostro y perfil ideológico, aquel que sobre la base de una pretendida libertad, lo que prepone es desaparecer al estado, privatizarlo todo, incluyendo los servicios básicos que atiende la salud y la educación de la gente, deponer a toda la denominada clase política para reemplazar por “gente buena y educada” en el 67


Aprismo desde La Tribuna marco de un denominado mercado libre que pretende mantener al ciudadano común, condicionando en su desarrollo y bienestar, al mero y cruel interés mercantil y a las posibilidades que le brinda un modelo económico que sólo ha hecho, más ricos a los ricos, sobre las espaldas de los que menos tienen. Finalmente, confrontar el viejo texto de la edición original de “El Antimperialismo y el APRA” publicada en los años treinta por Haya de la Torre, le permitirá al acucioso lector, no sólo reconocer la visión del fundador del aprismo, sino además, evidenciar la asombrosa actualidad de una propuesta que cumple 81 años. LOS RETOS DE UN APRISMO RENOVADO Una de las más importantes responsabilidades de Mauricio Mulder en su condición de Secretario General del PAP, no es sólo el alistar toda la maquinaria partidaria para enfrentar la nueva campaña electoral que acompañará a Alan García rumbo a Palacio de Gobierno del 2006, sino la realización de la postergada tarea histórica del aprismo. Pero ¿qué significado tiene todo este razonamiento en un contexto electoral como el que comenzamos a vivir? Pues, precisamente, nos permitirá fortalecer nuestra estructura político-partidaria, brindándonos una garantía sobre los errores e ingenuidades del pasado, a la par que enfrentamos con seguridad los retos de la modernidad en pleno siglo XXI. A este respecto, el progreso obtenido al poner en marcha la pesada maquinaria del octogenario partido de Haya de la Torre debe ser resaltada, porque se enmarca en una propuesta de reingeniería que requiere algo más que entusiasmo. Y es que en el marco de la implementación de la nueva Ley de Partidos Políticos y, cuando los nuevos tiempos en un mundo cada vez más interrelacionado y globalizado constituyen un referente imposible de no observar, un signo importante del avance de nuestra tarea puede verse reflejado en las prioridades atendidas, es decir, en el proceso de relanzamiento de la organización juvenil, en la vinculación objetiva con las organizaciones sociales no partidarizadas y sindicales, en la implementación de cursos intensivos y masivos de capacitación juvenil y dirigencial vía Internet, así como en los cursos presenciales realizados con el auspicio de la Fundación Alemana F. Ebert; o también, con el lanzamiento de La Tribuna como proyecto comunicacional consolidado ya en su forma escrita y virtual; como proyecto radial y televisivo en marcha; en el impulso al proceso de carnetización de afiliados, en el trabajo celular y el reconocimiento de la histórica estructura sectorial partidaria que devuelve y reanima el nexo histórico entre el local partidario y el medio social que lo alberga; o la convocatoria a elecciones complementarias internas para consolidar el proceso de la democracia participativa, liberándonos de toda tentación sobre manipulación de padrones y registros de la que, por cierto, algunos afiliados a un partido como el APRA, que es finalmente la expresión más firme de la nacionalidad peruana, tampoco pueden sustraerse absolutamente.

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Aprismo desde La Tribuna En este contexto, una última comunicación conjunta firmada por el presidente del partido y la secretaria general, da cuenta del compromiso unánime con el proyecto que comentamos al reiterar la obligatoriedad del aporte económico, poniendo fin a una carencia partidaria que la hacía presa de angustias presupuestales que su medio millón de afiliados no justifican y que era inexplicable, de cara al compromiso que asume el militante al momento de firmar su cédula de inscripción y afiliarse al aprismo. Así, recuperando la disciplina interna en medio de normas partidarias que constituyen el marco ideal para la aplicación de procedimientos claros y sanciones ejemplares, el aprismo se alista a enfrentar un nuevo reto electoral, mostrando una moderna organización, adecuada a los implantes de la nueva ley de partidos políticos, capaz no sólo de exhibir pública y transparentemente sus registros de afiliados, sino también, los recursos de todo nivel que permiten su actividad partidaria. En el plano estrictamente político, las elecciones complementarias realizadas en las bases partidarias cierran toda la dinámica eleccionaria interna y dan paso, como corresponde, a la conformación de los Comandos de Campaña, a los que se integrarán los jóvenes y los universitarios en un claro y único proceso, que es también, desde el punto de vista ideológico, un procedimiento que se asume con la enorme responsabilidad de llevar al gobierno, no sólo a un partido capaz de acompañar al presidente García en la toma de decisiones y actos de la administración pública en beneficio de los más pobres, pero con liderazgos sociales que constituyan una garantía moral que sea el soporte de un plan de gobierno y una administración de la cosa pública, que honre cada voto recibido y le rinda tributo a quienes dieron sus vidas por la causa de la justicia y la libertad que proclamó Haya de la Torre desde 1924. DE LA INTEGRACIÓN Y LA GUERRA Cuando los dictadores, en el curso de la historia, han recurrido al patrioterismo, el chovinismo o la guerra, no han hecho otra cosa que poner en evidencia su auténtica catadura moral y su incompetencia como gobernantes. Recordemos que los expertos sostienen que la guerra expresa, por lo general, la incapacidad de dos gobiernos para llegar a un acuerdo sobre un punto en conflicto y evitar un enfrentamiento armado, ineptitud que terminan pagando ambos pueblos. Los conflictos bélicos se convierten, así, en el recurso malévolo y perverso al que recurren las dictaduras y los regímenes endebles, para conseguir, a costa de la paz externa, los “tiempos internos de consenso”, que no pueden lograr en función al debate ideológico y a la prédica política, por su incompetencia cívica y su falta de respaldo popular. En ese mismo sentido, los enfrentamientos armados insertan en el imaginario colectivo equívocas asociaciones de conceptos que carecen de sustento racional y que relacionan, falsamente, inflexibilidad con éxito, autoritarismo con orden o guerra con soberanía y dignidad.

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Aprismo desde La Tribuna Pero todos estos nocivos efectos adquieren mayor gravedad cuando son propiciados por un gobernante elegido democráticamente, que exalta, sin medir las consecuencias, sentimientos de revancha o alienta reacciones violentas que conspiran contra soluciones dignas y, simultáneamente, razonadas, que superen fricciones, cicatricen heridas, eviten conductas antisociales y promuevan procesos de integración. No es cierto que fustigar y azuzar viejas rencillas resulte rentable a la larga, ni es verdad que las cortinas de humo sirvan para generar prolongados microclimas políticos de estabilidad. Exacerbar la inquina entre los pueblos conduce, en la mayoría de los casos, a incontrolables carreras armamentistas, que detienen la lucha contra la pobreza y restan invalorables recursos al desarrollo de la economía nacional, acercándonos peligrosamente, además, a los riesgos reales de una conflagración bélica. Cuando Haya de la Torre, a inicios del siglo XX, descubre que la propuesta integradora que había recogido del ideal Bolivariano era una respuesta eficaz a los grandes y ancestrales problemas de nuestra América, decide convertirla en propuesta programática y al alimón, en punto máximo de la Alianza Popular revolucionaria Americana (APRA), su naciente movimiento político continental. Esta propuesta trajo al escenario de cada uno de nuestros países, un nuevo discurso y una nueva forma de ver las relaciones interdependientes de nuestros pueblos que conjuntamente, deberían enfrentar sus relaciones con los ejes de poder financiero internacional, expresadas, antes y ahora, en la exportación de capitales en su fase imperial, monopólica o financiera. Esta propuesta convirtió la herejía del desarrollo y el bienestar de nuestros pueblos, en una posibilidad que, sueños de tiempos aurorales y el devenir de la historia social y económica de la América, la han convertido en una necesidad permitiéndonos sentenciar que desde los tímidos intentos de la integración subregional y el Pacto Andino, hasta la conformación de la Comunidad Sudamericana de Naciones, este mensaje de integración se viene imponiendo. Si en el entender de provocadores la guerra dignifica la muerte y vivifica la confrontación; que la muerte de los inocentes en los campos de batalla y el recuerdo de tantas vidas arrancadas a la patria en su nombre, confronten a quienes no entienden la unidad política y económica de nuestros pueblos como una respuesta de honor de un continente, que hermanado por un pensamiento y origen común, fue dinamitado en medio de una casi permanente guerra de miserias, egoísmo, corrupción, chovinismo y mezquindad. DE AVENTUREROS Y EQUILIBRISTAS La historia de América Latina registra una larga serie de episodios dictatoriales que han obstaculizado su integración y limitado su desarrollo, impidiendo el bienestar general de nuestros pueblos. Está signada, también, por la presencia de irresponsables aventureros, que sumergidos en las más turbias aguas de la politiquería criolla, han hecho uso de ella para satisfacer sus subalternos intereses personales, dejándonos 70


Aprismo desde La Tribuna como saldo al final de su inexperta gestión, el nefasto resultado de sus más clamorosos fracasos. Sin necesidad de mayor acuciosidad es fácil encontrar en nuestro devenir, falsas gestas épicas y héroes de papel a los que la “menuda historia oficial”, a cargo de sus propios seguidores, cubre de gloria artificial y efímera. Son los autodenominados “políticos no tradicionales”, advenedizos que pretenden conducir los destinos de la patria, destruyendo todo aquello que la unidad del pueblo organizado forjó, con su esfuerzo, a través del tiempo. Aparentando muchas veces iniciarse, recién, en la política, llegados al poder dan rienda suelta a sus enconos y a las frustraciones de su pasado, dedicándose a dividir, promover bajas pasiones, exacerbar rencores y cultivar todos los antis posibles, para conspirar contra aquello que expresa fraternidad, solidaridad y trabajo mancomunado. En sociedad con los “políticos no tradicionales”, aparecen los “independientes”, muchos de los cuales sirvieron a las dictaduras pasadas bajo la encubierta denominación de “técnicos”. Por último, surgen los “tránsfugas”, saltimbanquis del pensamiento, fronterizos de la coherencia ideológica más elemental y capaces de justificar hoy lo que ayer censuraban con fervoroso entusiasmo. Los principios de toda esta fauna tienen la solidez del helio. Para ellos nada es verdad, ni mentira, salvo sus propios intereses y, eventualmente, los del grupo económico que los solventa o los del gobierno de turno que los cobija o al que han infiltrado para seguir medrando del Estado. El único “mérito” de estos cerebros de alquiler radica en su total desparpajo y en la más absoluta falta de vergüenza para decir y desdecirse sin el más mínimo reparo, lo que les reditúa significativos ingresos fungiendo, alternativamente, de fieles escuderos o expertos francotiradores. Los llaman, también, multifacéticos. Les gusta que los consideren “cerebrales”. Dan respuestas genéricas y cuando se trata de adhesiones prefieren reflexionar para terminar optando por el ganador. Estando por concluir el mandato del elegido, saltan del barco y maromean por el puerto en busca de una nueva nave que les permita seguir cursando el camino recto de lo torcido. Son personajes pintorescos y no hacen distingos entre lo que significa la política económica gubernamental y la insensibilidad del mercado, ni entre el ejercicio de la actividad pública y los escandalosos actos de corrupción que suelen condenar o justificar, según el liderazgo que los patrocina. En un tiempo diferente, que pretende superar los estragos de la dictadura y el periodo de decadencia que hemos vivido desde que el pueblo recuperó la democracia, conviene recordarlos para que sus rostros permanezcan, firmes y claros, en la oscura galería de la miseria y ante el propio tribunal de la historia.

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Aprismo desde La Tribuna DE PAYASITO A DUEÑO DEL CIRCO El derrotero del actual gobierno está signado por irónicas y funestas contradicciones, impuestas por la más absoluta incompetencia, una arrogancia supina y la ausencia total de respeto que se advierte, diariamente, entre sus más connotados personajes. Desde el inicio del régimen, conspicuos integrantes de la chakana alentaron, soterradamente, una campaña contra el vicepresidente Waisman. A través de cierta prensa, lograron su renuncia como ministro de Defensa y, lo que fue más grave para él, consiguieron ridiculizarlo como político, imponiéndole el mote de “Payasito”. A qué extremos habrá llegado la debacle de la actual administración, cuya responsabilidad principal recae en el propio Toledo, que el “Payasito”, con todos sus defectos, que los tiene, empieza a ser percibido como una solución transitoria. En efecto, la voluntad que ha demostrado para hacer frente a los problemas sociales, contrasta con la notoria incapacidad para tomar decisiones que caracteriza a Toledo, originando su inacción. Los aplausos recibidos por Waisman, como corolario a sus gestiones, revelan que lo primero que se espera de un gobernante es que escuche los reclamos populares y luego intente darles solución, “con algo de sentido común y sensibilidad”. Por supuesto que, desde la derecha, las críticas han arreciado, arguyendo que hay que imponer el principio de autoridad o, lo que es lo mismo en su lenguaje, acallar las protestas mediante la represión, para impedir que cunda el “mal ejemplo” y motive nuevos pliegos de reclamos, aumento de salarios y otras reivindicaciones sociales y laborales. Cualesquiera que sean las motivaciones de Waisman, incluyendo las políticas y partidarias, destinadas a tentar su reelección como parlamentario y secretario general de Perú Posible, lo cierto es que atender y priorizar las demandas sociales, sin patearlas para adelante, tendrá un rédito que registrarán las próximas encuestas. El propio Toledo, que está en la China, parece advertirlo cuando afirma: “las decisiones las tomo yo”, tratando de ganar indulgencias con avemarías ajenas y de evitar, al mismo tiempo, que “Payasito” se convierta en el nuevo dueño del circo. Queda claro que no basta con administrar la crisis. Se requiere que el gobierno, sin desequilibrar la economía, cumpla sus funciones en forma eficaz y eficiente, sin estafar la buena fe de la población y de los trabajadores, como ha sucedido, por ejemplo, con los miles de servidores públicos despedidos arbitrariamente durante la década pasada, que aún esperan su reposición o el pago de los beneficios que se les adeuda. Por eso, el compromiso y una de las obligaciones principales del nuevo gobierno deberá ser el de implementar el Proyecto Nacional de Desarrollo, que permitirá, con una perspectiva de largo aliento, encontrar el camino perdido hacia la paz social y el bienestar común. Viejo sueño de quienes subsisten en medio de la ironía que nos regala la miseria económica, inconmensurables riquezas naturales que los peruanos no usufructuamos en nuestro propio beneficio, y una horda de aventureros lanzados a la política, para tratar de frenar la posibilidad de cambiar la historia. 72


Aprismo desde La Tribuna CONVOCADOS PARA EL GRAN SALTO Cuando esta edición de La Tribuna esté circulando, centenares de dirigentes del aprismo venidos de toda la República se concentrarán en un apretado haz de voluntades en la vieja Casa del Pueblo en Lima, bajo la inspiración de Haya de la Torre y el liderazgo de Alan García, para atender los requerimientos que los tiempos de la modernidad y la convocatoria de la dirección nacional del PAP imponen a través de una importante y singular jornada de trabajo que definirá la estrategia electoral del partido político más importante del Perú, y el que cuenta, además, con las mayores posibilidades electorales. Nunca antes un evento de esta magnitud –con características similares a las de una convocatoria congresal-, se había producido en tiempos preelectorales, por ello, Mauricio Mulder tendrá en su condición de secretario general, una responsabilidad adicional que la de sólo presentar un balance –de seguro positivo-, sobre el primer año de su gestión al frente del Comité Ejecutivo Nacional, ya que sumando las estrategias del frente social, de lo que se trata ahora es de establecer los lineamientos para que la estructura partidaria funcione eficaz y simultáneamente con la de la dinámica electoral. Si el aprismo se reclama renovado y moderno, deberá presentar ahora, además de su pública, reconocida y serena autocrítica, un perfil que así lo acredite porque no solo tendrá que remontar los naturales vicios y achaques de una estructura política que, a pesar de su empeño visionario y pro-activamente renovador, fue concebido de cara a las expectativas y formas del siglo pasado. Pero es también, enorme, la responsabilidad de los delegados asistentes a este evento, ya que el entusiasmo contagiante que traen a Lima las bases regionales y sus organismos funcionales y gremiales, será confrontado con las labores en marcha de reafirmación ideológica, reordenamiento de la estructura interna y la afirmación de la disciplina que son componentes del proyecto de relanzamiento partidario en marcha desde el XXII Congreso Nacional, pero que ahora, adicionalmente, deberá engancharse con una dinámica mucho más amplia de interrelación con organizaciones sociales, de estudio de la realidad a través de los diálogos con los sectores, estudiantiles, productivos y empresariales y, naturalmente, con la calle y sus reclamaciones; desde donde nuestra visión del modelo económico adquiere forma de protesta porque se confronta también con los altos índices de pobreza y marginalidad que el aprismo rechaza. Por eso es que esta jornada propone responder y justificar todo el despliegue presentado, aunando esfuerzos hacia el tipo de mensaje que llevará Alan García como propuesta de partido, gobierno y Estado, programa que someterá el viejo ideal del aprismo auroral, a la rigurosidad dialéctica de la confrontación histórica. Ni propuestas demagógicas, ni promesas irrealizables. Ni planes de gobierno para administrar la crisis, ni esfuerzos por darle al sistema un rostro humano.

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Aprismo desde La Tribuna Vamos a forjar el Estado con el que soñó Haya de la Torre, de defensa y promoción, eficiente de la inversión social o privada y que apueste por la unidad política y económica de los pueblos de Indoamérica, unidos por su origen, raza y un destino común. En este contexto, algo más que discursos se pronunciarán en la avenida de los pañuelos blancos; ya que desde su propia reingeniería, el aprismo se suma al entendimiento de la política como instrumento de realización del bienestar común, postulando un nuevo contrato social con perspectiva de modernidad, es cierto, pero sin caer en las veleidades efímeras de la tan publicitada globalización; esa que en manos neoliberales, termina encubriendo la moda de ver la economía, la política y la propia historia, sujetándolo todo, absolutamente todo, a los no tan santos designios del bendito libre mercado. REVOLUCIÓN CALIENTE El hecho de que el gobierno no observe con atención lo que ocurre en el sector minero, puede convertirse en un factor negativo para el normal desarrollo de esta ya prolongada transición democrática, así como de la propia estabilidad económica del país. Las prebendas tributarias que le concedió la dictadura fujimontesinista a una serie de empresas, entre ellas a diversas compañías mineras, utilizando como pretexto la ventolera neoliberal, si bien propició grandes inversiones, las convirtió también en un negocio óptimo, al liberarlas de la responsabilidad social que, respecto de sus trabajadores, compartían antaño en los rubros de salud, educación y vivienda. Para nadie es un secreto que, a través de lobbys y dispositivos legales negociados bajo la mesa, la mafia que rinde cuentas ante la justicia, no tuvo reparo alguno en otorgarles una sobreprotección especial, haciendo de la gestión pública un negocio vil y repudiable, cuyo descrédito tenemos aún que superar, para que la política vuelva a gozar de la aceptación a la que tanto contribuyó, con su ejemplo, nuestro Jefe y Fundador c. Víctor Raúl Haya de la Torre. La historia registra que, vencida la veta rentable y concluido su programa de explotación, las empresas abandonan las minas que explotaron sin responsabilidad social, ni ambiental, dejando tras su retiro, amplias zonas circundantes de campos yertos y fuentes de agua contaminadas, que reducen las posibilidades de subsistencia de las comunidades que ancestralmente fueron sus posesionarias, situación que además, es caldo de cultivo de enfrentamientos con el Estado, al no poder éste satisfacer sus justas demandas. El retumbar en los socavones no es producto hoy del dinamitazo que desentraña la veta, es el estruendo de una protesta social que busca compartir el éxito de la explotación minera, no sólo a través de remuneraciones decorosas y condiciones mínimas de seguridad y bienestar para los trabajadores que lo posibilitan con su esfuerzo, sino mediante acciones sociales que permitan que las comunidades

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Aprismo desde La Tribuna asentadas, desde tiempo inmemorial, en la superficie del subsuelo que se explota, no vean afectadas sus posibilidades de vida al extinguirse el yacimiento. Hay quienes, desde el neoliberalismo, sostendrán que las empresas mineras pagan impuestos y que su abono pone fin a sus obligaciones, así como que le corresponde al Estado “poner orden” y, en la práctica, reprimir las protestas. No compartimos esta tesis, entre otras razones, porque la revaluación de activos, y otros mecanismos fujimontesinistas, redujeron los tributos a su mínima expresión. Existen, también, razones de otra índole. Hay reclamos justos, como los de los empleados públicos, que no impactan en la conciencia colectiva. Hay otros igualmente justos, como los protagonizados por campesinos y trabajadores mineros, que rápidamente calan en la ciudadanía y crean corrientes de opinión favorables y solidarias, a pesar de las campañas de desprestigio y satanización que se lleven a cabo contra ellos. Esto último explica por qué la calle se sigue calentando, a pesar de lo cual el gobierno sigue sin hacer nada por resolver los problemas que atizan la hoguera. No debe sorprender, en consecuencia, que su indiferencia coloque al país en el azaroso camino del recambio anticipado, fruto, una vez más, de esa errónea y torpe creencia que trajo al suelo a varios que pensaban que, flotando en la inacción, en alguna forma podrá concluir su mandato sin mayores contratiempos. TOMARNOS UN ÚLTIMO TRAGO AMARGO O JALAR LA SOGA Entrando al último tramo de este período de gobierno, la población percibe, cada vez con más claridad, que el actual régimen es incapaz de resolver los desastres que heredó de la nefasta administración anterior, así como de evitar nuevos desaciertos y escandalosos actos de corrupción propios. A la manifiesta y clamorosa indecisión presidencial, se suma la incompetencia del gobierno para buscar, desde un primer momento, convergencias de ancha base que le permitieran superar la grave crisis económica que sufren los más pobres y su falta de voluntad para sancionar las inmoralidades perpetradas por sus allegados, concurrencia de factores que, interesadamente, es interpretada por algunos como una ineptitud del sistema democrático. Sin perjuicio de la ineludible responsabilidad de los socios de la alianza que nos gobierna, es innegable, también, la pasividad de algunos partidos políticos que, en uso de auténticos instrumentos democráticos, debieron asumir roles de competencia mucho más activos, sin limitarse, como ha sucedido en la práctica, al simple activismo electoral. Es evidente que existe un divorcio entre el mensaje de estas organizaciones políticas y el discurso que la ciudadanía espera escuchar. El primero promueve únicamente el clientelaje, en tanto que el segundo reclama el conocimiento de las realidades locales concretas, así como propuestas orgánicas que resuelvan los problemas cotidianos que padecen. Pero este diagnóstico estaría incompleto si no hiciéramos un claro deslinde con quienes sostienen que se trata de fallas de la democracia, pretendiendo pasar de 75


Aprismo desde La Tribuna contrabando la infeliz versión que requerimos de fórmulas autoritarias para imponer el “orden” y resolver, dictatorialmente, los reclamos de los más desposeídos. A estas propuestas se suman campañas de desprestigio que alientan la desaparición de los partidos políticos, como mecanismos de intermediación social, proponiendo falazmente que sólo el individualismo y la independencia ideológica permiten alcanzar el “éxito personal”, cuya supuesta suma resuelve cualquier problema colectivo. Con este tipo de campañas concuerdan quienes, sin el menor asomo de vergüenza, transitan de un extremo al otro el ámbito ideológico nacional, haciendo gala, sin complejos, ni responsabilidades, de una forma amoral de participar en la vida política, para mitigar únicamente su irrefrenable voracidad de poder, acompañada, en la mayoría de los casos, de una ambición desmedida por la acumulación de riquezas. En una realidad así no se necesita mayor esfuerzo para alterar las condiciones políticas y sociales indispensables para un recambio pacífico y ordenado del poder, máxime si es manifiesta la vocación suicida del gobernante, que aporta su propia crisis y aviva permanentemente la polémica, generando condiciones excepcionales que ponen en riesgo la estabilidad del régimen todos los días. Si bien señalar responsabilidades debe ser siempre el resultado de un trabajo acucioso, no resulta difícil, en estas circunstancias, cuestionar el estilo suicida del primer mandatario y sus acólitos, que nos ponen cotidianamente en la disyuntiva de tomarnos el último trago amargo y soportar por algunos meses más el toledofimismo, o mover la soga para que los maromeros terminen, de bruces, en la red de protección, asuman su derrota y convoquen a elecciones anticipadas…algo que va dejando de ser una simple idea, para convertirse en una necesidad. TU QUIERES SUPERVISARME Y A TI QUIEN TE CONTROLA Un singular debate se viene produciendo a propósito de la Ley de Partidos Políticos y su correspondiente Reglamento de Supervisión de Fondos Partidarios. La naturaleza de esta discusión se reduciría a lo exclusivamente técnico si no fuera porque, sospechosamente, una serie de entusiastas voceros de diversas Organizaciones No Gubernamentales (ONGs), critican la presunta poca disposición que tendrían los partidos políticos para darles cumplimiento. Claro que el debate tendría mayor sentido si quienes reclaman la más absoluta transparencia, estuvieran dispuestos, también, a dar cuenta pública de todas las aportaciones que reciben y, especialmente, de la forma pormenorizada en que las emplean, cumpliendo al mismo tiempo con presentar “informes anuales de sus actividades económicas y financieras”, como se les requiere, en la actualidad, a los partidos políticos. Recordemos la “cruzada” que desarrollaron al respecto algunos conspicuos representantes de estas organizaciones cuando se debatió un proyecto de ley, dándole mayores atribuciones a la Agencia Peruana de Cooperación Internacional, 76


Aprismo desde La Tribuna ocasión en la cual los mismos que ahora exigen informes y topes, se rasgaron las vestiduras aduciendo que el país se iba a quedar sin recursos si se pedía a las fuentes externas identificar el origen de sus aportes. No debemos olvidar, tampoco, que por la salita del SIN no solo desfilaron políticos corruptos, también lo hicieron empresarios, periodistas, artistas e intelectuales inmorales, que no tuvieron el menor reparo en ponerse al servicio de la dictadura, por mayores o menores montos. Decimos todo esto por una razón. La Ley de Partidos Políticos tiene, como toda obra humana, aciertos y errores. Estos últimos son fruto, en lo esencial, del esfuerzo congresal por diferenciarse de todos aquellos que habían “pecado”, como dijo, en su oportunidad, un antiguo dirigente político. Este brío por evitar toda sombra de posible sospecha hizo que las cosas se llevaran al extremo, motivando una estructura normativa no sólo de muy difícil y compleja implementación, sino además limitante en la obtención de recursos legítimos y, por lo mismo, contraproducente, en la medida que podría tender, como ya se ha sostenido, a informalizar a las organizaciones políticas, en lugar de hacerlas más transparentes. Coincidimos en que los partidos políticos deben registrar, debidamente, todos sus ingresos y egresos y dar cuenta, pública, de los mismos. Por este mismo motivo consideramos que es necesario encontrar fórmulas razonables que no impongan limitaciones inaceptables y procedimientos aberrantes que, en aras a la transparencia, convierten a una repartición pública en una superintendencia de organizaciones políticas, cuya injerencia en su funcionamiento colisiona elementales principios democráticos. Temas de esta trascendencia deben plantearse en su verdadera dimensión. Nuestro padrón, con medio millón de afiliados, demuestra que somos la organización más representativa de la sociedad civil. No podemos aceptar en consecuencia que, en su nombre, nos pretendan cuestionar los interesados integrantes de algunos pequeños colectivos que, utilizando como pretexto fines altruistas, obtienen recursos nacionales y, sobre todo, extranjeros que terminan, en no pocos casos, solventando gastos personales y/o partidarios de sus dirigentes. Reiteramos con orgullo que los apristas no sólo hemos manejado, con honestidad y eficacia, nuestro partido durante más de ochenta años, sino que, además, durante todo este tiempo, hemos impulsado proyectos sociales y cooperativos, habiéndole brindado a nuestra población servicios de alimentación, salud y educación, sin que ningún funcionario público nos haya pretendido enseñar cómo hacerlo. UN DEBATE INAGOTABLE La historia social de América Latina pone en evidencia la importancia del quehacer universitario y su trascendencia como agente del cambio, consecuencia, a su vez, de la inagotable actividad intelectual en su seno y las labores de investigación que se realizan con miras a plantear propuestas de futuro. 77


Aprismo desde La Tribuna Será por eso que los gobiernos dictatoriales, y los de corte totalitario, han tratado de impedir, siempre, la activa participación del estudiantado en el destino de la Universidad, en el ejercicio de su gobierno y, naturalmente, la participación comunitaria que coactan en un vano intento de “conquistar unanimidades”, que casi siempre terminan siéndoles adversas. Otros sectores interesados insisten, como sucede ahora, en “el éxito personal”, tratando de convertir en antagonistas a quienes, por innumerables razones, deberían enfrentar solidariamente el reto del futuro, estrategia destinada a bloquear y esterilizar la unidad de los estudiantes, frente a una universidad que es la expresión misma de la crisis que agobia a la sociedad que la alberga. Esta versión reproduce, en esencia, la vieja prédica del siglo XIX, según la cual lo aconsejable para destacar profesionalmente es “prepararse e instruirse únicamente”, dejando de lado cualquier actividad que no sea estrictamente académica y, en especial, la política, tesis que convirtió la universidad en una “bolsa productiva”, permitiendo que sus egresados fuesen potenciales presas de una explotación sin reservas. Lo expuesto destaca, por oposición, la importancia de la reunión auto-convocada que se realizó, en Lima, hace unos días y en la que cientos de delegados, entre dirigentes y representantes de tercios estudiantiles, movimientos y organismos gremiales de las diversas universidades de todo el país, produjeron el I Encuentro Nacional de Estudiantes para reflexionar sobre sus propias experiencias y la necesidad de darle un mayor impulso y vitalidad al trabajo de la juventud universitaria peruana. Para superar el lastre de las dramáticas intervenciones perpetradas por la dictadura, acordaron darle a su tiempo libre un uso socialmente productivo: reconstituir la gloriosa Federación de Estudiantes del Perú y convocar libremente, a tal efecto, a todos los jóvenes universitarios actualmente marginados, que representan gremios u organizaciones estudiantiles. Esta propuesta programática guarda relación directa con la idea de una universidad que produzca auténticos líderes en medio del debate, la polémica, la discusión y, sobre todo, una convicción por la investigación que permita vincular el desarrollo y la tecnología para superar la problemática social que rodea el campus. Reabre pues la universidad así sus puertas al cambio, superando la falta de recursos y proponiendo compartir la responsabilidad de formular un proyecto nacional de desarrollo en el que toda la comunidad intervendrá para poner fin a la nefasta intromisión en la vida académica y universitaria de gobiernos que no terminan de entender que el viejo pretexto de “la peligrosidad de que los estudiantes piensen y actúen” es sólo el reconocimiento de un temor al futuro. La voz de los universitarios no podrá ser más acallada, no sólo porque su ímpetu transformador se consolida a través de la gloriosa Federación Nacional de Estudiantes del Perú, sino porque aspira afianzar las conquistas de libertad y progreso que trajo la Reforma Universitaria, bregar por más rentas, derogar la decadente Ley 78


Aprismo desde La Tribuna Universitaria vigente y, finalmente, conquistar una universidad democrática, científica y popular. DE CRISIS Y FUTURO Los diversos sondeos de opinión ponen en evidencia la orfandad popular en la que subsiste el actual régimen, que, por lo demás, pareciera no tener claro la envergadura de sus problemas. Y es que el descrédito que sacude al partido de gobierno es, en realidad, una consecuencia directa de sus desaciertos y también, de los altísimos niveles de corrupción que soporta una ciudadanía que, por ironía del destino y obra del gobierno, termina añorando al fujimorismo, convencida, además, que el gobierno actual es el peor de todos los conocidos. Al estilo engolado del discurso presidencial y los balbuceos de una primera dama con acento mochilero, se le suma ese estilo torpe de administrar la cosa pública como quien maneja asuntos privados de menor cuantía, imponiendo groseramente una vieja sinonimia que vincula las relaciones del poder con privilegios y robo. La cosa no es para menos. Una alarma recorre el sistema que ve un vicepresidente que termina acusado de favorecerse y beneficiar a sus allegados con normas de ventaja tributaria, una primera dama envuelta en medio de gravísimas denuncias por el uso indebido de recursos internacionales donados para labores indígenas, una recatafila de parientes pobres (pero de alma) que terminan comprometidos con el pujante negocio de la compra y venta de influencias y que, por lo demás, constituye el marco perfecto con el que el disminuido grupo parlamentario del partido de gobierno deambula buscando cada quien una mejor posición para garantizar “algo” de su incierto futuro político, en tanto el gabinete ministerial da muestras de una destreza propia de los barrios limeños más complicados, en donde los verduguillos imponen su lenguaje para zanjar las diferencias. No será suficiente que en medio de este terrible panorama, el gobierno decida usar los fondos públicos para impulsando el gasto social, enfrente una titánica campaña electoral que, en el más puro corte populista que pretende convertir al propio Presidente, en un timonel que tire en ristre los alicaídos vagones de este tren gobiernista, al que por cierto, a estas alturas, no le quedan ya ni las ruedas. Planteadas así las cosas, lo que se viene electoralmente, nos propone un gran reto y la enorme responsabilidad de generar candidaturas democráticas que se eleven por encima del nivel del escenario actual y posibilitando que en un marco de extrema pobreza moral, en la que además los tan publicitados logros de la macro-economía no tiene un correlato objetivo en la vida cotidiana de la población, se pueda revertir la tendencia mediocre que lleva a los actores electorales simplemente, a proponer y elegir por simpatías o antipatías, optando por el debate entre programas y planes de gobierno. Es decir, después de casi veinte años, la crisis del modelo neoliberal y los errores del régimen nos permiten confrontar la propuesta conservadora que representa Lourdes 79


Aprismo desde La Tribuna Flores, el gaseoso discurso del frente republicano-populista de Valentín Paniagua (a la sazón, el Caballo de Troya de personajes de la izquierda reciclada y caviar) y la propuesta del aprismo, que desde una posición centroizquierdista, alienta una economía en donde el Estado tendrá un rol promotor de las inversiones privadas o públicas y se desarrollará en un escenario que ponga en marcha el gran Proyecto Nacional que resuelva las necesidades de los que menos tienen, que son, a su vez, la gran mayoría de peruanos. ENTRE CONVOCATORIAS Y DISCURSOS, NO SÓLO SE ESCONDE EL LADRÓN En menos de una semana, hemos sido testigos de dos convocatorias autodenominadas como “multitudinarias” pero cuyos resultados (léase asistencia) nos permite sostener que no tuvieron la acogida que hubieran querido sus organizadores. Por un lado las colectividades organizadas en torno a propuestas ciudadanas alentadas por las ONG´s que vieron en el tema “anticorrupción” un filón inexplorado y altamente rentable, cifraron sus mayores esfuerzos en movilizarse, usando sin ambages la presencia de monseñor Bambarén, mientras, por otro lado, el fujimorismo que, no sintiéndose aludido por la prédica moral de los éticos y cívicos, terminó a unas cuadras de distancia, congregando a mucha más gente que la que se apostó -mano blanca en ristre-, en el frontis del Palacio de Justicia. Con muchas más coincidencias de las que estarían dispuestos a reconocer sus líderes, el cuestionamiento central que realizaron ambos grupos estuvo dirigido a la denominada “clase política”, a la que, por cierto, responsabilizan de los males nacionales, pretendiendo ocultar el claro propósito desestabilizador que llevan adelante desde hace varios años al menoscabar diariamente la presencia de las organizaciones políticas legalmente constituidas en el escenario político nacional. ¿Pero qué significa entonces el éxito numérico de la convocatoria fujimorista? Pues sin ninguna duda que quienes acompañan a Bambarén en su convocatoria “anticorrupción”, no sólo no tuvieron un discurso creíble, sino que su presencia no produjo en la ciudadanía ningún grado de adhesión, cuanto más, si la autodenominada “sociedad civil” resulta siendo sólo una careta en la que frustraciones políticas encuentran un perfil distinto que les permite reciclarse electoralmente. Tendrán las ONG que apostar por otra estrategia para afirmar el trabajo del sietemesino Partido Social Democrático (PSD), cuya organización política sólo busca acondicionar espacios para albergar a la alicaída izquierda caviar, en tanto en este mismo contexto, la verdadera sociedad civil, que es el conjunto de las organizaciones populares de base y los partidos políticos, tendrán también que asumir una responsabilidad mayor, la de enfrentar sin ambages la campaña en su contra y denunciar las responsabilidades que se deriven de la participación autoral y cómplice en la barbarie democrática que soportamos en los años noventas bajo el neoliberalismo y su subsecuente crisis moral y económica. Mira con cuidado a quienes con habladuría te dicen lo que quieras escuchar, porque escondiendo están lo que tus ojos no quieren que veas; observa si sus manos tiemblan o blancas están, teniendo cuidado que no sean guantes los que sangre escondan; ten 80


Aprismo desde La Tribuna cuidado del que se acerque con antecedentes pidiendo adeptos aun cuando vista de talega, buen verbo use y hoy decente parezca; no confíes sólo en la grita que invita seguir al ladrón, recuerda que eso es lo que te ofrece el corrupto, el asesino y el bribón, ese que en realidad sólo te busca para esconderse. DE CENTROS MÁS O MENOS CÓMODOS Próximos a confrontar una campaña electoral, la población comienza a reclamar sean presentadas públicamente los programas y las propuestas ideológicas y políticas de los candidatos. Desde 1924, Haya de la Torre definió su movimiento como la organización política de la lucha antimperialista para la América Latina y esta definición no fue arbitraria, sino el resultado de una profunda confrontación de los postulados ideológicos de la época, frente a una cruel y dura realidad que había que afrontar. El aprismo por eso apostó por un modelo distinto de democracia que revalora los conceptos tradicionales del sistema y permite que la economía sea puesta al servicio del hombre de cara a una confrontación continental de Estados de Trabajadores Manuales e Intelectuales contra el hambre y la miseria, que sigue siendo la expresión más clara de la dependencia y el subdesarrollo. Y desde esta perspectiva, el aprismo se sigue reclamando como un partido de izquierda, y lo hace porque, aun en el marco de su natural evolución al compás de las ciencias y la tecnología, sigue reclamando la necesidad impostergable de cambios profundos en la sociedad, pero privilegiando la implementación de un gran proyecto nacional de desarrollo que se identifique básicamente con los intereses y el bienestar de la mayoría de la población. En este contexto, el “centrismo puro” constituye un enemigo de primer orden. Recalan en él, todos los contrabandos ideológicos que ha impuesto la moda neoliberal y representa tantas opciones, que es imposible una definición certera de lo que representa y de quienes, en su nombre, sólo buscan obtener una ubicación ideal para no definirse ni política, ni ideológicamente. Por genérico e improductivo, el centrismo puro que se escuda en el “independiente”, no alienta el encuentro o la convergencia de los extremos, ni es el punto equidistante de nada. Es sólo una expresión acomodaticia del interés electoral y la habilidad para administrar discursos suficientemente genéricos, como para parecer que se está de acuerdo en todo, sin respaldar ni comprometerse absolutamente a nada. El centrismo puro es una deformación de la práctica ciudadana. Es una forma de subsistencia, un modo de enfrentar las relaciones personales y también de interactuar socialmente propiciando un apoliticismo oscuro y pernicioso. Es más o menos común en la historia social encontrar personajes encumbrados a la gloria o enterrados en el fango por falta de definiciones. En tiempos más recientes, son falanges las que se constituyen sobre denominaciones presuntamente independientes que terminan promoviendo outsiders, alentando la sorpresa y conviviendo con la cultura del servil transfuguismo. 81


Aprismo desde La Tribuna Pero dentro de las organizaciones políticas también hay centristas puros que sostienen, para justificar sus sinuosos comportamientos, que “las clásicas definiciones de izquierda y derecha no son compatibles con el nuevo lenguaje de las ciencias sociales”, olvidando que no hay ningún término que describa mejor y con mayor acierto a quienes buscan el cambio y quienes sólo pretenden mantener sus privilegios. No olvidemos que el centro no sólo es el punto de encuentro de la nada, lo más distante de las definiciones históricas y que en consecuencia, quien se ubica en el “centro puro”, no define ni conjuga nada y exhibe esa especie de catalepsia que los lleva mantener por tiempos indefinidos los mismos discursos suficientemente genéricos como para poner en evidencia toda la miseria de quienes, efectivamente, nunca se equivocan... pero porque jamás hace ULISES COLINA: TAN LEGENDARIO COMO EL DE ITACA Que se me permita una licencia para narrar lo que ayer tarde he visto y oído. Con Mauricio Mulder nos dirigimos con dirección al Callao, recalando en la urbanización Santa Marina, específicamente en un hogar cuya sencillez ya hablaba de sus habitantes, aun antes de ingresar. Nos recibió con gentileza una mujer cuya primera impresión me sorprendió gratamente al tratarme con un afecto digno de una vieja amistad. Nos presentó a toda la familia y entre amigos y compañeros muy cercanos, contrasté la frescura y lozanía de un espíritu labrado en el dolor, pero con una vitalidad que pareciera haberse forjado en duras batallas de vida. Ada Goyzueta es la mujer que nos recibió y cuya delicadeza contrasta con la leyenda que la vida de su familia representa; y por eso ingresé a su hogar buscando al hombre que en la adversidad puso su propio pecho y su hombro para fortalecer a los hermanos para que en las horas más amargas de la persecución, el destierro y la muerte, no sucumbieran. Los familiares y compañeros más cercanos daban cuenta de un acto que sería significativo: estábamos en la casa de Ulises Colina Lozano, un hombre cuyo aprismo se sintetiza en un cariñoso apelativo: “carretón”, que es como Haya de la Torre designaba a la lealtad y el nombre de quien, hoy, es un ejemplo que combate a la muerte con la misma entereza y valentía con la que peleó toda su vida por conquistar la libertad y la democracia. Hombre leal y fraterno, vital y valiente, aprista de siempre, Ulises Colina tiene el mérito de haber resistido con valentía el oprobio, la tortura y la cárcel, acaso porque, como en la vieja imagen bíblica, encontró su realización entregándolo todo por lo que creía sin reservas ni limitaciones. Sonreímos al escuchar sus anécdotas y, al pronunciar unas palabras, su nieto nos recordó lo que este hombre hizo por los demás, por su partido, por el jefe y por la nación. Si acaso tres fugas a nado desde El Frontón pudieran parecer nada, no fueron nada los años de destierro, la cárcel o la persecución para quien hizo de su vida una entrega, una pasión. 82


Aprismo desde La Tribuna Su historia aún no está escrita y sin duda será parte de la leyenda épica de los que se entregaron a la causa del aprismo por la libertad. Su larga lucha es la larga lucha del pueblo y es el esfuerzo de su generación para marcar con temple, la enhiesta bandera de la rebeldía sin deslealtades. Hoy, en su lecho se alivian los dolores del cuerpo cuando se revitaliza el alma y el calor de una Marsellesa entonada con el aliento, permite que al imponérsele el “Cóndor de Chavín”, la más importante condecoración que impone el aprismo a sus prohombres, el texto de la placa que Mulder depositó en sus manos, se haga historia: “en reconocimiento a su leal militancia, su valor y su entrega”. Nació en tierras de La Libertad, un 21 de mayo del año 1917, y de él sólo se conoce lo que del testimonio de sus contemporáneos ha podido trascender. Casado con la c. Ada Goyzueta y con una familia ejemplar, su nombre ya es leyenda. DE VENDETTAS Y PACTOS INFAMES Víctima de sus propias intrigas y patrañas, Olivera vive el peor momento de su oscura vida pública. Acostumbrado a la cuchillada artera y a la falsificación lumpenesca de documentos, finge ser el sobreviviente de un asesinato político. En este caso, nunca más cierto el dicho de que el ladrón cree que todos son de su misma condición. La renuncia del Primer Ministro puso al descubierto algo más que ese arrabalero estilo confrontacional. Reveló el doblez de un gobierno ladino que, por un lado, nos muestra un falso perfil democrático, haciéndonos partícipes de la farsa de su Acuerdo Nacional y, por el otro, pacta en secreto una persecución infame y fascistoide contra el partido de Haya de la Torre, y sus principales dirigentes. Queda claro que lo que viene sucediendo es consecuencia directa del complot que, desde la cúpula del poder, llevó al presidente de la República a compartir los caprichos de Olivera y a gobernar presionado por un movimiento que, a la luz de los hechos, le ha ocasionado a Perú-Posible la pérdida, casi total, del respaldo que, en algún momento, le brindó la ciudadanía. Queda al descubierto, también, que el “acuerdo de gobernabilidad y moralidad”, suscrito por Toledo y Olivera, hace cuatro años, no era el instrumento de estabilidad democrática que creíamos, sino un pacto nefasto que agravia la dignidad de quienes combatimos la dictadura fujimontesinista y la de aquellos que, al votar por PerúPosible, confiaron en que los corruptos serían sancionados. Olivera no podrá decir que el crimen no paga y que la impunidad es la ventaja del poder. Tampoco le permitiremos que siga utilizando los recursos públicos para continuar desarrollando la guerra sucia que, desde el aparato estatal, inició contra el partido aprista y Alan García. En los próximos días veremos si después de los escándalos y todo lo vivido por Alejandro Toledo y Fernando Olivera, un mínimo de sentido común se impone frente

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Aprismo desde La Tribuna a esa impúdica y cómoda relación de intereses y necesidades mutuas que nos traen a la memoria el recuerdo del pacto entre Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos. Apreciaremos también si, en lugar de seguir dinamitándolo todo, alentando antis perniciosos y petardeando cualquier propuesta de consenso, los aludidos son capaces de cesar toda agresión contra nuestro partido y sus dirigentes. Que se recuerde que continuar practicando, por lo bajo, el antiaprismo visceral de factura fimista, lejos de asegurarle un coto de impunidad futura al presidente, lo acercará irremediablemente a las manos de la justicia, a la que le corresponderá, con arrepentimiento o sin él, juzgar los actos cuestionables de su gestión, porque en política como en la vida “el crimen no paga”. EL IMAGINARIO PAÍS DE LAS CIFRAS La entrevista a un singular personaje encargado de la estadística oficial me llevó hace algunos días de la mano por un país que no reconocí. En medio de resultados alucinantes, este personaje –mitad corbata michi y mitad nerd-, defendía la rigurosidad de sus mediciones y la pulcritud de los métodos usados, señalando además, con insistencia digna de mejor causa, que aquella era la realidad del país de estos días. Pensé luego: ¿qué puede haber en las ciencias y las matemáticas aplicadas a la sociología y la economía para que sus resultados difieran sustantivamente con lo que ve y siente el ciudadano común? Pues, sin ninguna duda, la lógica con la que se usa, que es la misma del entrevistador televisivo que a diario reproduce en un comercial publicitario que en el fútbol, aun cuando la tendencia muestre sólo derrotas y sea un hecho la baja del equipo, “matemáticamente es posible campeonar”. La ciencia que nos acerca a la “verdad colectiva” se usa como referente oficial, pero en los últimos años ha servido como insumo publicitario y, sesgadamente, ha producido un divorcio objetivo entre las cifras del gobierno y la realidad social. Escenario ideal para quienes desde el entusiasmado partidor electoral, encuentran en las encuestas, por ejemplo, un nicho de subsistencia en el que invierten dinero para construir escenarios en los que sus menudas colectividades pasan estadísticamente del más absoluto ostracismo a una popularidad sin límites. Es pues de esta forma como resultamos inmersos en ese marasmo de “realidades” que son sólo cifras que aluden a bonanzas económicas que no se sienten, liderazgos políticos que no se reconocen, niveles de competencia y adhesión que no se reflejan en resultados electorales finales y rankings hechos casi siempre al puro gusto del contratante para satisfacer vanidades de lo más barrocas. Si bien todo esto presenta ribetes novelescos, cuando es el primer mandatario de un país quien las hace suyas, el tema pasa de la simple anécdota al de un problema real, ya que a pesar que sí se han elevado las exportaciones, las cifras macroeconómicas evidencian un nivel de crecimiento, las estadísticas laborales anuncian un incremento de la población laboral, y la mortandad infantil ha disminuido, todo ello constituye, en realidad, sólo parte de aquella información sesgada ex profesamente para ocultar 84


Aprismo desde La Tribuna que el crecimiento fue y es menor al posible, que el incremento de las ofertas de trabajo no guarda relación con la demanda o, simplemente, que la disminución de la mortandad es sólo un referente parcial porque no incorpora una dolorosa realidad urbano-marginal existente. Frías columnas de cifras oficiales son el principal elemento del discurso para la plaza pública. Contrastan con una dramática realidad que pareciera no perturbar el sueño del exitoso país neoliberal del que gobernantes y áulicos del poder no quisieran desprenderse. Hablamos del país de las paradojas, de los proyectos inconclusos y los modelos abusivos. País en el que se alienta el ahorro del pueblo para que esas mismas monedas terminen arrebatadas por “los servicios” que los bancos se cobran y cuyos montos siempre son mayores al interés que estos pagan, en tanto infames campañas pretenden seducir al pueblo con la promesa de eso que llaman el “chorreo” y que, lejos de resolver las graves diferencias sociales y económicas que produce el modelo, pareciera esparcir y distribuir sólo más desaliento y pobreza. ENTRE MEDIAS VERDADES… LA MENTIRA REINA Ya en los años noventa la prensa libre había hurgado entre la violencia y la muerte encontrando cifras confiables que mostraban que la espiral terrorista había cobrado, en menos de una década, más de veinticinco mil vidas. Autoridades políticas, representantes del pueblo, de toda condición y posición ideológica, dirigentes sindicales y gremiales, militantes de partidos políticos, pastores evangélicos, sacerdotes y los propios hombres de prensa fueron, en general, las víctimas de aquella insania, que cubrió de horror los hogares de miles de peruanos y la historia misma de nuestra patria. El hecho de que, en la práctica, miles de compatriotas hubiesen quedado entre dos fuegos, nos llevó a respaldar la formación de una “comisión de la verdad” que, a diferencia de la argentina o salvadoreña, debía reflexionar sobre las causas de la violencia, aún no extinguida, identificar los factores que la propiciaban, señalar responsabilidades y, sobre todo, alentar procesos destinados a superarla, a fin de lograr una real y sincera reconciliación entre los peruanos. Sin embargo, no hubo que esperar mucho para ver cómo, desde sus sesiones televisadas, la CVR se convertía en escenario ideal para los seguidores de Abimael Guzmán, que utilizaron esa tribuna en beneficio de sus propios intereses, contando, por lo menos, con el silencio cómplice de quienes, en nombre de la justicia, les permitieron teatralizar los hechos con miras a que, víctimas y genocidas, se aseguraran un espacio en la larga lista de quienes alcanzarían derecho a un resarcimiento económico. Cuánta diferencia con las Madres de Mayo que siguen empeñadas, después de más de treinta años, en una búsqueda incesante de la verdad, rechazando ofertas económicas del Estado porque la vida no se compra, ni la muerte se paga. Aquí, sin importar siquiera quiénes fueron los verdaderos responsables de tanto dolor y 85


Aprismo desde La Tribuna sufrimiento, cualquier presunto exceso se cuantifica, llegándose al extremo repudiable de confundir dolosamente a victimarios y damnificados. Sin lugar a dudas, el principal problema del informe presentado por la CVR radica en su contenido, que reconoce la existencia de una guerra interna y sostiene que las agresiones fueron producidas en porcentajes similares por los bandos enfrentados, generando una errada percepción de equilibrio de las fuerzas en combate, que ha beneficiado fundamentalmente a la propaganda subversiva. Pero si el primer elemento de desconfianza lo produjo la pública filiación marxista de la mayoría de sus miembros, la Comisión de Verdad no logró tampoco consolidar una propuesta que comprometiera a todos para que sea vinculante, propiciando, además, un marcado protagonismo de algunos comisionados, que no ocultan sus aspiraciones políticas, a lo que se suma el hecho de haber tenido como principal fuente de información la propaganda del Comité de Familiares de los Presos Políticos de Sendero Luminoso, factores que se han conjugado para echar sombras sobre la objetividad de su trabajo. Por todo ello, solicitarle a los actores políticos del periodo 1980 – 1990 que pidan disculpas públicas por los excesos cometidos por otros, no sólo es un despropósito, sino que alienta la impunidad de los verdaderos responsables ya que, en circunstancias de haberse iniciado el proceso electoral, la curiosa propuesta tiene finalidad y nombre propios, y se formula, además, cuando en plena selva central, “Artemio” sigue proclamando la guerra popular y la muerte de los agentes del imperialismo, a cuyo efecto pretende articular las raleadas huestes del Partido Comunista del PerúSendero Luminoso, usando, como siempre, a ingenuos, despistados y oportunistas que no terminan de entender que, en el sendero de la violencia, no hay concesiones posibles. USA TAMBIÉN NECESITA AYUDA El huracán Katrina no sólo se llevó de encuentro cuanta obra material existía en New Orleans y parte importante del Estado de Mississipi, sino que también levantó en peso el techo Republicano de la Casa Blanca, poniendo al descubierto no sólo las deficiencias de la organización de la primera potencia mundial, sino, al decir de observadores, algunas mezquindades. Y es que, producidos los acontecimientos en el país “donde todo está previsto”, el mundo miró absorto cómo una población indefensa resistió irónicamente un episodio que resultó mucho más macabro que el de los destrozos producidos por la guerra en el medio oriente. Quién sabe por eso el ciudadano americano de a pie no termina de entender por qué razones el presidente americano demoró más de tres días en suspender sus vacaciones y enviar ayuda humanitaria, ni cómo, al producirse los primeros envíos, llegaron tropas del ejército y de la guardia nacional para militarizar la ciudad. Sobre todo esto, desde la propia prensa americana, se han producido reclamos de un cierto tufo racista por la demora en la prestación de servicios elementales a la 86


Aprismo desde La Tribuna población que sobrevivió a la hecatombe. Hay quienes van más allá, y sostienen que es la lógica liberal del gobernante lo que sujetó a las leyes del mercado, incluso, las consecuencias del desastre, olvidando que, en realidad, el propio mercado ya había alejado del peligro, y con suficiente tiempo, a quienes son los beneficiados del sistema, es decir, aquellos que poseen información oportuna, medios de transporte y contactos que les permitieron alojarse en suites más o menos importantes de Texas. Lo que las cámaras de televisión han traído es la imagen de una población disminuida y olvidada, de gente de la tercera edad, de enfermos y hombres de color que sin ninguna posibilidad de huir del desastre, aun a estas mismas horas, subsisten en los techos de lo que queda de sus casas. Todo esto debería voltear la mirada del republicano gobierno americano y, es el ejemplo de nuestros pueblos, que entre su pobreza alcanzan ayuda humanitaria que no debería ser despreciada por una mera pose internacional, sino más bien, propiciar el hermanamiento sincero con el pueblo americano porque a partir de hoy, con toda seguridad, nunca más nación alguna podrá decir con soberbia... que no necesita de nadie. ANTIAPRISMO Y SENTIDO COMÚN En las últimas semanas el diario Expreso, que representa sin lugar a dudas una corriente importante del pensamiento neoliberal, nos sorprendió con la publicación de una serie de artículos en torno a las bondades de la candidatura presidencial del aprismo y la evolución política del presidente García. Expresadas además con claridad, estas ideas no pasaron inadvertidas, ya que si bien también invocaban errores del pasado, daban cuenta de una objetividad que reconocía sin ambages, aspectos positivos del accionar del aprismo y del propio liderazgo de Alan García. Sin embargo, de pronto, el mismo diario, retoma la prédica sesgada y al cuestionar las declaraciones del Presidente anunciando que “la derecha no ganará las elecciones”, tilda su accionar de populista, recomendándole además, impertinentemente, tener cuidado para “no volver a resbalar”. El violento cambio de tono y el reemplazo de los halagos por ataques, pone en evidencia el fracaso de una estrategia que apostó torpemente por “seducir políticamente y moldear la candidatura aprista, fundamentalmente, sobre la base de una presión periodística”. En correspondencia con sus orígenes, Alan García ha respondido insistiendo en la necesidad de reiterar su compromiso con los vastos sectores productivos, de potenciar el banco agrario, de bregar por una política de participación y regulación del Estado sobre los costos de los servicios públicos y, naturalmente, de acompañar a la población en sus reclamos económicos y ecológicos, produciendo que la respuesta de los sectores más conservadores de la sociedad peruana, termine tildándolo de irresponsable.

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Aprismo desde La Tribuna No pues señores. Alan García tiene claro el rol que le toca cumplir y de cómo su evolución se ejerce a través del liderazgo en la acción, pero también en el discurso que educa. En eso, García es consecuente no sólo con la militancia del viejo partido de Haya de la Torre, sino, también, con el sentimiento de la población que es con quien sintoniza en su renovación diaria de su opción por los más pobres, que es la misma que el evangelio le reclama a su Iglesia y a todos los hombres de buena voluntad. En este contexto, para los ciudadanos de a pie, la campaña electoral es un escenario ideal que nos permitirá visualizar las pretensiones y posiciones de los candidatos y movimientos políticos, pero también la posibilidad de elegir entre quienes con nosotros aspiran a fortalecer la capacidad del Estado para promover los servicios de atención de la población y ejercer mecanismos de regulación a efectos que los viejos modelos monopólicos públicos no sean sustituidos por nuevas y modernas formas de oligopolios privados y los que aspiran a que el mercado lo regule todo, incluyendo sus propias vidas. A estas alturas, todavía le queda al diario Expreso, la enorme posibilidad de mostrarse prudente y no dejar constancia de cuánto le afecta que no exista una candidatura de derecha cuajada, debiendo, como corresponde en cambio, no sólo dar cuenta fidedigna del desarrollo de esta campaña, sino reconocer, con toda claridad, que de lo que se trata, no es de imitar al presidente Lagos o al primer ministro Tony Blair como han sugerido, sino de elegir a quien sea capaz de señalar con seguridad y claridad el rumbo de la nueva república, esa que llevará a la nación por los aún inexplorados caminos del desarrollo y el bienestar, aun cuando se llame Alan García y sea aprista. TU FRENTE, MI FRENTE, EL FRENTE, DE FRENTE... PERO A LA IZQUIERDA La presentación de la propuesta aprista del denominado «Frente Social» sorprendió a más de uno y ha sido usada por alguna prensa comprometida con las candidaturas de derecha, para volver al ataque. Se ha dicho, por ejemplo, que dicho evento reunió a los amigos del presidente García, como si los enemigos pudieran responder a una convocatoria de adhesión y, ante el número inesperado e importante de asistentes, se ha insinuado la presencia de militantes, como si el partido aprista, con su medio millón de afiliados, requiriera de alguna «portátil» para sorprender con sus movilizaciones. Es bueno que se sepa, sin embargo, que este trabajo recoge los principios y el viejo sueño hayadelatorreano del Frente Único de Trabajadores Manuales e Intelectuales y que representa, por consiguiente, la materialización de una singular alianza de intereses nacionales en el encuentro para construir un nuevo tipo Estado más justo, que aliente el desarrollo económico pero con justicia social. Si bien esta no es una nueva propuesta, la lleva adelante un aprismo renovado que sintoniza con los tiempos y que propone convertir la política en una herramienta para la inclusión y la convocatoria, dispuesta naturalmente a compartir espacios cívicos y a 88


Aprismo desde La Tribuna construir el ideal de aquella convivencia ciudadana que se condice con la propuesta de concertación de la que tanto nos habló Alan García a su retorno del exilio. Más de quince diálogos, e incontables reuniones con actores políticos, deportivos, culturales, empresariales, estudiantiles, laborales y de organizaciones de masas, constituyen efectivamente, el sustento más sólido de una convocatoria que ha resultado auspiciosa porque no estuvo impregnada de algún mezquino interés electorero. Pero que se sepa, que éste es un frente para cumplir objetivos de cambio, un frente que mira concurrentemente con el aprismo hacia la izquierda y un espacio de inclusión para propuestas de desarrollo. El Frente Social reconoce que en nuestras narices, una nación emergente llama la atención sobre las terribles consecuencias derivadas de la extrema pobreza en la que han sido confinados millones de compatriotas y que en consecuencia, deben aliarse quienes estén dispuestos a acompañarnos en el redescubrir la historia no oficial de la nación, para que, con criterio de enmienda, nunca más la cultura de la impunidad no se imponga con la corrupción y la muerte, sobre la verdad y el futuro del bienestar de la nación. Acaso aquí empiece también la enorme responsabilidad del aprismo y se ponga a prueba la innegable sensibilidad del presidente García para sintonizar con la gente, para recoger la preocupación y el reclamo de la calle, y, de cara a las próximas elecciones presidenciales, construir esta alianza de la que venimos hablando, pero con un profundo contenido nacionalista. De esta forma, empresarios, amas de casa, estudiantes, profesionales, técnicos y trabajadores decididos a acabar con un pasado de sobresaltos y pobreza, constituirán el soporte extrapartidario para dar el gran salto cualitativo que reclama el país y en el que, que se entienda, ni tránsfugas, ni reciclables, ni corchos, ni conservadores tienen espacio entre otras razones, porque son agentes de una misma historia de miseria que bajo la sombra y el recuerdo del «amiguismo» sólo llegan al poder, para medrar. PÁNICO ENFERMIZO Nunca sigo los comentarios que realiza el joven director del diario Correo Aldo Mariátegui. No lo leo regularmente, razón por la que no conozco tampoco el origen del antiaprismo visceral que destila, ni cuáles sean las motivaciones personales, ideológicas, políticas o patológicas que lo llevan a atarantar diariamente a toda una colectividad ciudadana desde la prensa escrita y con frases altisonantes, epítetos impertinentes e insultos que mejor se ubicarían en medio de la llamada prensa chicha. Este representante ilustre de los neoliberales por convicción y militante de un antiaprismo por heredad, constituye el más entusiasta opositor de la candidatura presidencial de Alan García y en su ataque, no escatima ningún esfuerzo para combatirlo a través de medias verdades o dolosas falsedades que eleva a la categoría 89


Aprismo desde La Tribuna de información con el solo propósito de diluir el mensaje proactivo del aprismo, sumergiéndose en el debate de las nimias pasiones. Este Mariátegui con minúscula conspira contra el esfuerzo por construir una sociedad democrática en la que los que menos tienen participen, oponiéndole a esta fórmula, el simplismo “del mercado que todo lo puede”, a sabiendas que cumple una misión, la de remover heridas y promover los miedos propios de aquella vieja escuela antiaprista de catadura extremista y que guarda para sí, el baldón de más de ocho décadas de persecuciones y martirologio. El director de marras no sólo supera toda la lógica sociológica y la propia dialéctica del desarrollo político, sino que vulnera las formas civilizadas de la convivencia ciudadana y trata de sujetar –en macabro afán electorero-, la campaña a recuerdos sesgados que monta hábilmente sobre rentables estructuras de propaganda fascista que le son tan afectas. Le exigió al aprismo definir sus propuestas, candidaturas y modernizarse. Pero cuando esto ha sucedido se espanta ante la posibilidad del triunfo de García, evidencia una fijación compulsiva en sus mensajes y le enoja que el discurso de Alan recoja el clamor de la calle, que sintonice con los valores de la modernidad y que el viejo partido de Haya de la Torre aparezca lozano y revitalizado. Sin duda que la descarada estrategia de “ablandamiento del perfil electoral” del candidato del aprismo no surgirá efecto y que sus lecturas sesgadas de la realidad no tendrán mayor resonancia porque para este personaje, no es un secreto que García aún no está en ritmo de campaña, que es el escenario en el que, por cierto, se desenvuelve mucho mejor, como lo demuestra la experiencia del año 2001 cuando ingresó a la carrera electoral con el 2% de las preferencias y terminó con poco menos que la mayoría de votos. Que nos dedique sus últimas ediciones significa que existe una enorme preocupación por lo que consideran será una campaña difícil para su candidata y porque el posicionamiento del aprismo es objetivo y real. No tenemos la culpa que no cuaje la candidatura conservadora de derecha que alientan y que Alan García mantenga incólume sus posibilidades electorales. Así como el pueblo no tiene la culpa que existan políticos irresponsables o gobernantes corruptos que los defrauden, la prensa tampoco tiene responsabilidad que un rapaz desubicado juegue a ser periodista, pero con la prudencia y delicadeza que muestra un elefante caminando en medio de una vidriería. UN VIEJO Y RENTABLE OFICIO Hacer política en el Perú no ha sido para los que nos ubicamos en la opción por el cambio, una tarea gratificante, sobre todo, porque la persecución aplacaba toda propuesta innovadora, actitud que en los últimos tiempos se ha visto asistida por una moda neoliberal cuyo descalabro ha significado para los más pobres y en nombre del libre mercado, solo engaño, miseria y abandono. 90


Aprismo desde La Tribuna Pero, si bien están lejanos los días en los que esta actividad estaba reservada para una élite que congregaba a la jerarquía de la Iglesia y a una no muy santa oligarquía limeña, no han cambiado mucho los estilos y la forma de pensar de estos personajes, quienes desde la irrupción de las muchedumbres pobres y analfabetas que el aprismo trajo al escenario político nacional, no han podido superar el trauma. Y es que para las derechas de todo pelaje y todo tiempo, no ha sido suficiente el ataque artero, la mentira encubierta, la persecución y hasta la cárcel para amedrentar a un partido popular, cuyo mayor crimen fue el de proscribir a los encopetados adalides que definían los rumbos de la nación desde las opíparas cenas en el Club Nacional, para permitir que “los cholos se metieran en cosa de blancos”. Y como no podía ser de otra manera, para darle contenido a ese rechazo, un centenario diario y sus corifeos neofascistas, no tardaron en crear toda una leyenda negra sobre el aprismo y sus principales líderes, sin importar que históricamente el aprismo demostró sus profundas convicciones democráticas y su reiterado compromiso con las libertades. Por eso es suficiente volver a aquellas historias sombrías que se difundieron a través de la prensa antiaprista, para sobre ellas, montarse hoy en la construcción de los mismos escenarios torpes y llenos de infundios que constituyen desde siempre, un sentimiento mezquino que conjuga los intereses de nuestros adversarios y enemigos políticos. No me detendré entonces, porque no vale la pena, a detallar en estas líneas cuáles han sido y son estos infundios que la prensa adversaria publica estos días, menos, a reeditar los descargos producidos por el aprismo en los últimos 81 años. Todo ello lo conoce bien Aldo Mariátegui. Sí insistiré en cambio en un solo hecho, que la historia la escriben los pueblos con sus luchas, y no la visión compulsiva de quien se cree poseedor de una media verdad. Un mordaz aprendiz de periodista no puede, ni siquiera desde la columna en la que corre, dar lecciones de una ética que le es ajena y extraña, menos aun, sugerir rumbos políticos que no comprende, no sólo porque mira la historia desde una escasa y limitada visión sino, además, porque mira a nuestra gente y a la nación, desde la altura de su propio ego. La historia, señores, no discurre como en los viejos juegos infantiles, entre lo que hacen los buenos y los malos. El devenir de la historia social no es tan plana, ni inexpresiva. Si existe responsabilidad en quien entrega un arma a un inimputable, también es responsable quien permite que desde un medio de comunicación se lancen adjetivos que no ayudan al debate y que sólo conspiran contra el respeto y la dignidad. Pero la insolencia intelectual de ex jovenzuelos que repiten un libreto ajeno es grosera y audaz, destilan un heredado y fétido antiaprismo al que recurren con el mismo entusiasmo como el perro que siempre trata de morderse la cola.

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Aprismo desde La Tribuna LOS ABIGEOS OTRA VEZ Primeras planas, imágenes grotescas, consignas conocidas y una dramática realidad nos asalta. Pero, ¿cómo es posible que a casi tres décadas y con más de veinticinco mil muertos haya quienes cometan los mismos errores que antes nos llevaron de la mano a convivir con el dolor y la muerte?. ¿Cuál es ese maleficio por el cual nuestro pueblo está condenado a repetir su historia de improvisación y precariedad política, una y otra vez? Las pintas en las paredes y las incursiones de columnas armadas en las zonas alto andinas –aunque diezmadas-, constituyen una voz de alerta sobre el desarrollo de la violencia en el Perú y una denuncia por la mirada cómplice de algunos actores políticos que han respondido, ante la evidencia, con la misma torpeza con la que el gobierno accio-pepecista en los años ochenta sindicara las primeras columnas del entonces autoproclamado «Ejército Guerrillero Popular» de Sendero Luminoso como simples «abigeos». Entonces como ahora, esa forma de entender la presencia subversiva expresa una errada conducta capitalina que mira sólo el crecimiento de la urbe inmediata, sin importarle si ésta se produce sobre los lomos de la pobreza y la marginalidad del interior del país, del Perú provinciano, de esa nación que sólo sirve para que en los clubes más importantes de la sociedad centralista, se ensalcen las vanidades de encopetadas señoronas que siguen apostando a la caridad sin comprender el drama del terrible abandono estatal de las provincias. Y es que una nueva realidad existe. Lima ha crecido, sí. Pero lo ha hecho desde el empuje de los pobres, desde Gamarra y los cordones de inmigración, desde los conos con el Parque Industrial de Villa El Salvador y ha modificado no solo los ejes de pobreza y riqueza, sino también a «Lima la horrible», sociedad que es mixtura de cultura, color, sentimientos y música y expresión socioeconómica que ha terminado golpeando la vanidad citadina al convertir el «Mega Plaza» del distrito Limeño de Independencia en nada menos que en un emporio comercial que ha reducido -por su nivel de ventas-, al propio Centro Comercial «Jockey Plaza» de Monterrico en un ápice menor. Si hace más de una década y media veníamos ganándole la batalla ideológica a Sendero, ¿qué fue lo que provocó que ahora tengamos nuevamente que enfrentar los rezagos del terrorismo? Sin duda alguna esa falsa sensación de prosperidad que el neoliberalismo trajo y también la miopía con la que los gobernantes manejan la cosa pública y que les impide aprender e incorporar los valores de la cultura migratoria que consolida la participación activa de las gentes en la toma de las decisiones de todos los niveles y estratos de la convivencia ciudadana. Al terrorismo hay que vencerlo ideológicamente, pero también hay que vencer el hambre y el abandono que son el sustento de su discurso. En medio de los desastres naturales que aquejan al mundo, Lima debe evitar un desastre mayor. Que nuevos ríos de sangre desborden sus amaneceres ya que lo que 92


Aprismo desde La Tribuna la dictadura negoció en su provecho a través del «acuerdo de paz» con los subversivos, no sólo fue una maniobra propagandística que soslayó la atención de los problemas reales y de fondo, sino, constituye una burla que le ha permitido al Partido Comunista del Perú – Sendero Luminoso, el tiempo que necesitaba para rearticularse, en tanto los gobiernos siguientes asisten sin programas, ideas, ni propuestas, al triste espectáculo de ver cómo el enemigo herido se va convirtiendo en un seguro asesino. EL NO TAN SANTO DE LA ESCOBA No olvidamos aquel spot televisivo en el que en plena campaña electoral, Fernando Olivera instaba a los ciudadanos a elegir entre el bien y el mal, pateando una manzana podrida. Si bien su trayectoria personal y política no merecerá mayor dedicación de los estudiosos, su activa participación como socio del régimen de Alejandro Toledo lo convierte en responsable o cómplice de todo lo ocurrido. Su salto inicial a la actividad pública no fue tan auspicioso, desde las canteras del Partido Popular Cristiano buscó un liderazgo que le fue esquivo, sin embargo, hasta que sus vínculos con los dueños de los bancos Wiesse y Latino fueron conocidos, pudo transitar abanderando supuestos principios de independencia y transparencia, que el tiempo se encargó de develar. Pronto descubrió lo rentable que resulta explorar los lúgubres caminos del rencor, forjando entonces un ejército secular de ex militantes apristas, de renegados, expulsados, traidores y hasta antiapristas de todo pelaje, a quienes amalgamó en un pacto infame que tuvo una materialización grosera, cuando hace poco tiempo conocimos el mal llamado pacto de gobernabilidad y moralidad suscrito entre el “popy” que un imitador hizo familiar y nada menos que Alejandro Toledo. El neobelaundismo lo premió imponiéndolo como secretario general en el Ministerio Público sin títulos ni merecimientos. Conquistó una curul parlamentaria y sin ambages, desde allí, sirvió a intereses diversos. Durante el gobierno aprista, convirtió en denuncia todos los chismes que circularon en Lima, persiguió al presidente García y convino con algunas empresas para la emisión de sendas “investigaciones” que le costaron al Estado peruano millones de dólares y en las que, naturalmente, no se le encontró responsabilidad al ex presidente García. Calló en todos los idiomas ante el autogolpe de abril del 92, alentó el Congreso Constituyente Democrático de hechura montesinista, votó complaciente con el fujimorismo antilaboral durante toda esa década nefasta. Convivió con lo más oscuro del toledokarpismo, hasta quedar en evidencia ese estilo intrigante y sinuoso por el cual se impone siempre, pero sobre la base del pensamiento retorcido y el chantaje. Llevó unas cartas falsas al Vaticano, fracasó en su gestión como Ministro de Justicia y los escándalos de sobrevaloración en la construcción del penal de Piedras Gordas lo persiguen conjuntamente con la justicia. Sumó a su ignorancia en materia diplomática modales reprochables que no se condicen con el perfil de un Embajador

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Aprismo desde La Tribuna de la República y, por sus relaciones lobbistas, especialmente con corporaciones comerciales españolas, es ahora investigado. Hizo candidato de su organización política al hermano del narcotraficante “Vaticano”, y ha promovido escandalosos indultos. Son públicas sus negociaciones con agentes de la mafia montesinista y sus secuaces, buscando obtener pruebas en contra de García Pérez. Ha servido -con el FIM-, como pared para que se archiven los escandalosos casos de corrupción del régimen y, por último, juramentó y realizó gestión como Canciller sin haber sido formalmente nombrado. A estas alturas, mirando la escoba que escogió como símbolo electoral, bien valdría la pena repetir la frase: “barre nomás y arrastra lo que puedas tras la alfombra, porque lo que tu malicia oculta, la mirada de la justicia encuentra”.

LOS CONSERVADORES No cambian... desde la revolución francesa se ubican al lado derecho del recinto de los debates del pueblo. Antes defendieron la monarquía, ahora, los privilegios. No cambian... sirvieron al imperio español durante la conquista y luego, en la guerra de la independencia, dejaron solos a los patriotas. No cambian... en la tensa confrontación interna gritaron: ¡primero los chilenos antes que Piérola! No cambian... toleraron la explotación y se opusieron a las ocho horas de trabajo argumentando que “conspiraba contra el país”. No cambian... combatieron la Reforma Universitaria y con “su inteligencia” mantuvieron primero los rezagos de una educación racista, luego, elitista. No cambian... reclamaron que ¡ningún castigo es suficiente para los miserables alzados! cuando en los años treinta, el pueblo ingresó a la política contra la injusticia y la persecución. No cambian... se vistieron de negro y desfilaron entonando cánticos fascistas a propósito del triunfo nazi y el holocausto judío. No cambian... se alarmaron cuando a “los ignorantes y analfabetos” se les dio el voto, cuando la mujer participó en política “porque tenían labores reservadas en la familia y el hogar”, y ahora, cuando policías y militares votarán, se oponen aludiendo que “no son deliberantes”, como si fueran ciudadanos de segunda categoría. No cambian... aprendieron a subsistir bajo la “filosofía corcho”, medran en democracia y se reclaman siempre “independientes” para no comprometerse.

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Aprismo desde La Tribuna No cambian... alientan el caudillismo civil o militar y, cuando las cosas no les funcionan, sin rubor, respaldan los golpes de Estado, sirven a las dictaduras y justifican el ostracismo y la impunidad. No cambian... flotan entre la política activa y el periodismo porque en ambos lugares han encontrado la posibilidad de “convertirse en el fiel de la balanza”, en la “conciencia colectiva” pretendiéndose consejeros o críticos y “orientando el curso de la historia”, claro, en tanto esta sirva sólo a sus intereses. No cambian... porque les sigue pareciendo “absurdo e izquierdista” escuchar a la gente o abordar temas vinculados a la crisis del agro, la problemática del subempleo y el desempleo, el alza de las tarifas de los servicios públicos, el SOAT y el valor de las medicinas. No cambian... arremeten advirtiendo sobre el copamiento del Estado por parte de los partidos, claro, sin mencionar que una conducta peor fue la que mostraron quienes, adscritos al neo-liberalismo fujimorista de los años noventa, aprovecharon la dictadura, para, en nombre del mercado libre y la privatización, trasladar sus propios fracasos empresariales junto con obligaciones, deudas y sus bancarrotas, al mismo Estado que terminó subsidiándolos. No cambian... señor Espá, los conservadores no cambian. No lo hacen porque no pueden. Porque no son dueños de su destino. Porque no reconocen más principios que los del dinero y el mercado a secas. Porque le temen al porvenir, porque prefieren lo malo conocido a lo bueno por conocer, porque no les gusta el espíritu de transformación y porque impera en ellos los rencores y ese mezquino antiaprismo que a todos daña. Alan García, en cambio, nos trae una propuesta de compromiso y trabajo. Estos son sus argumentos de esta hora. Ha madurado más que cambiado y con él, su partido, sí, su viejo partido, el de Haya de la Torre, ese que relanza contra la desesperanza, la vieja oferta de bienestar para todos los peruanos. El Aprismo, con lozana y vital perspectiva, recoge los viejos ímpetus que hicieron de nuestra historia, no un lastre que tengamos que esconder, sino, una estupenda realidad de la que nos sentimos orgullosos porque constituye también, una eficaz herramienta que permitirá construir, incluso sobre el pesimismo de algunos, por fin, el destino de nuestra nación. Los conservadores no cambian, señores, nosotros sí. NO ES NO... SEÑOR PRESIDENTE Los resultados electorales del último referéndum convocado por el gobierno para reacomodarse electoralmente constituyen una sorpresa para sus más entusiastas impulsores y también un referente para el análisis. No sólo confronta una vez más las tendencias tan publicitadas en los últimos tiempos por importantes compañías encuestadoras que le otorgaban un marcado triunfo al “SI” en por lo menos diez 95


Aprismo desde La Tribuna regiones, sino que convierte estos mismos resultados, en un plebiscito al que se ha sometido el régimen por dejarse llevar por ese afán desmedido de darle a su propuesta electoral, un ahora lejano, sabor a triunfo. Las motivaciones electoreras que están detrás de este fallido intento han sido puestas al descubierto ya que, desechando razones históricas y técnicas que sugieren la conformación transversal y natural de las regiones por razones de índole geográficas, sociales, culturales y económicas, los expedientes técnicos elaborados por el Consejo Nacional de Descentralización (CND) terminaron imponiendo una formación precaria, longitudinal y hasta desordenada que los pueblos se negaron a aceptar, más allá incluso, de las promesas oficiales por dotarlas de mayores recursos económicos. Y es que poco importa el discurso oficial cuando la población siente que está siendo engañada y manipulada. La democracia real y participativa se construye sólo educando a los pueblos y haciendo que los espacios ciudadanos se conviertan en instrumentos efectivos de realización y bienestar. Cuando esta lógica se invierte y priman los intereses de grupo o personales, cualquiera que sea, la población lo percibe con sabiduría y termina respondiendo con firmeza y, en este caso, asestándole un duro golpe a la vanidad, el autoritarismo, el simplismo y el desconocimiento puesto en evidencia por ejemplo, cuando el primer mandatario invitó a los cajamarquinos a cumplir con su obligación ciudadana de votar, cuando esta población no había sido convocada al proceso electoral. Concluida pues la pachanga de la propaganda y los millones, maltrecho el gobernante y sacudido el régimen por una hecatombe electoral de la que difícilmente podrá recuperarse, el pueblo ha dicho su última palabra. Que no se pretenda responsabilizar al aprismo entonces, por la postergación del proceso de regionalización. Son los errores del régimen, su alicaída aceptación popular y el maniqueísmo puesto en marcha por el CND, lo que permitirá que sea el nuevo gobernante y las autoridades legítimamente constituidas el año 2006, las que le darán a la regionalización un nuevo impulso permitiendo conquistar, por fin, en un proceso transparente, técnicamente aceptable y participativo el viejo anhelo descentralista de Víctor Raúl Haya de la Torre, quien, desde 1931, le propuso a la nación, la descentralización como un instrumento eficaz para resolver el abandono en el que se encuentran las provincias. Aquel “sí o sí” que con tufo autoritario lanzó hace algún tiempo el Presidente de la República amenazándonos con una regionalización frankeinsteniana, ha tenido una respuesta concluyente: NO. Y si bien NO es NO señor, nunca antes un NO como este tuvo tanto sabor afirmativo. Porque es una respuesta proactiva, afirma la democracia, rescata los valores de la integración racional, nos devuelve la esperanza y porque muestra una nación viva y a un pueblo dispuesto a construir su futuro en serio, ahora sí, pero combatiendo a los sátrapas e inescrupulosos que asaltan diariamente su historia.

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Aprismo desde La Tribuna DERECHO DE INFORMARNOS O INFORMÁNDONOS DE NUESTROS DERECHOS La oposición de algunos propietarios de medios de comunicación a cumplir con la ley cediendo espacios a las organizaciones de la sociedad política, merece una reflexión ya que, esta actitud, revela en el fondo, perspectivas de una polémica sobre el rol de los medios de comunicación en la sociedad. Hemos sido mudos testigos de cómo se negoció la línea editorial de los canales de televisión y como estas fueron perdiendo su independencia en manos de una mafia enquistada en el poder por casi una década, concluyendo, más allá de cualquier derecho societario, que es obligación superior del Estado, velar por el correcto uso de esas señales que son finalmente propiedad de todos los peruanos por lo que su explotación debe realizarse en armonía con el interés social. Es esta sin duda una complejidad ético-legal que ha producido sendos debates entre quienes en nombre de sus derechos reclaman sólo “una irrestricta libertad” y quienes, suscribiendo también la defensa a la información y opinión, no conceden, ni condicionan el interés público al manejo político-empresarial de la empresa que administra la señal. Los propietarios aseguran que se autorregulan y sin embargo, a diario ingresan a nuestros hogares enlatados de basura que nos llenan de antivalores y con fines subalternos nos sumergen en todo tipo de intereses ajenos al del ciudadano de a pie. Y es que con la promoción masiva de las tendencias más reaccionarias que alienta el capital y la imposición de modelos neoliberales que en materia económica se han impuesto a costa del destino de los más pobres en esta parte del continente quedó de lado un debate crucial: cómo se frenan los excesos y cómo el libre mercado no nos llena de propuestas moralmente tóxicas que hacen de nuestra educación (más allá de sus deficiencias y carencias) un sistema viable e impermeabilizado que pueda resistir el misil televisivo que a diario sólo nos propone el “alpinchismo”, expresión que es consecuencia de una realidad sociológica que pone en evidencia el llamado desencanto-hartazgo al que han sido conducidos los más jóvenes como consecuencia del postergamiento de toda la inversión social y el desmontaje de las conquistas sociales y laborales. A esta noción de una dramática realidad que acometemos, se suman campañas que pretenden demostrar que la democracia no sólo es imperfecta y que no resuelve rápidamente los problemas de los ciudadanos, sino que, además, el orden es incompatible con la democracia y, en consecuencia, sólo el autoritarismo garantiza el desarrollo que es sinónimo de orden y progreso. Sin embargo, el triunfo del neoliberalismo propagandístico es sólo momentáneo. Basta recordar a Haya de la Torre cuando denunció la captura de escenarios políticos a través de vehículos masivos de comunicación en su libro “Ex combatientes y desocupados”, para entender que en Indoamérica ese rol le ha tocado a la televisión y que es allí, donde los más jóvenes, reciben la anticultura que promueven la guerra, 97


Aprismo desde La Tribuna deforma la personalidad, estructura el individualismo y convierte finalmente la violencia y su secuela de impunidad, en un argumento social recurrente en todos los estratos. Felizmente, frente a la televisión, alguna prensa escrita, la radio y escenarios de cultura alternativa que pasan por la música y el folclor se han mantenido incólumes y se defienden de los vicios mercantiles que nos trae el mercado libre. Estar en medio de basura enlatada y de programas televisivos y conductores-animadores cuya mayor habilidad radica en construir el desaliento con una sonrisa, es reconocer el drama de una niñez mutilada que recibe sólo frustración en forma de comics y muerte como crónica informativa mientras su mortandad intelectual desciende a los niveles más bajos de la estadística del desarrollo. Son pues, niños autómatas desprovistos de sentimientos y egoístas del mañana, impedidos de encontrar el futuro... definición de la luz que enciende la rebeldía y que en el mercado libre, trasunta en escenarios de oscuridad, porque son solo, “productos en serie”, artículos de una especie humana condenada a ser sólo piezas o componentes de recambio en medio de una compleja estructura de vida que propone convivir a diario con la muerte.

HOMENAJE DESDE LA TRIBUNA AL COLEGIO GUADALUPE: ABRID ANCHO PASO… Reza la popular frase con la que la Marcha Guadalupana anuncia la presencia de los herederos de la gloria de Leoncio Prado, de la entrega de Daniel Alcides Carrión, de la inteligencia de Julio C. Tello, la sabiduría de Jorge Basadre y el valor de Heriberto Avellaneda Beltrán, entre tantos otros peruanos que dieron sus vidas por ese curso de peruanidad que se dictan singularmente en el primer Colegio Nacional de la República “Nuestra Señora de Guadalupe” fundado en 1940 como un centro de instrucción de la elite, en 1855 el Mariscal Ramón Castilla lo democratizó pudiendo desde entonces acceder a él estudiantes de toda condición social. Al celebrar un aniversario más de su fundación, cada cual rendirá su tributo, pero La Tribuna y sus lectores, tan íntimamente vinculados al viejo colegio fundado por Domingo Elías y Nicolás Rodrigo lo hacen recordando el amor por la libertad y las más firmes convicciones progresistas que sus aulas forjaron. Y es que, como aquellas relaciones humanas que se fortalecen al surgir de la correspondencia en valores superiores, en algún momento, sin salir aun de mí más lejana infancia, un hecho terminó siendo definitivo en mi formación ciudadana: la mayor parte de los miembros del Club Infantil 23 de Mayo y de la Banda de Música de los Chicos Apristas Peruanos (CHAP), éramos Guadalupanos. Entonces, Ramiro Prialé y José García, el primero veterano dirigente aprista y el segundo insigne patriota vinculados por una indeclinable vocación docente, explicaban esta relación aludiendo no solo la ubicación de ambas entidades en la misma avenida Alfonso Ugarte en Lima, sino, en la sensibilidad y los valores más 98


Aprismo desde La Tribuna íntimos de la libertad que los claustros guadalupanos anidaban y que se reforzaban cívicamente luego en el partido aprista, en medio de una vinculación real, aun cuando no reconocida públicamente durante años. Al cabo de veinticinco años de haber dejado las aulas y después de haber enfrentado los retos de aquel futuro incierto que en los años ochenta nos mostraba un país convulsionado por el atraso, la marginalidad migratoria y la violencia, miramos atrás y vemos una sola línea de conducta en nuestro rol de ciudadanos libres del Perú que fijaron en nuestras mentes las innumerables jornadas de debate sobre historia y realidad nacional, los trabajos del Club de Periodismo y nuestras precarias publicaciones, las trasmisiones por altoparlante en “radio Libre” que animaban los recreos, los concursos de oratoria en el auditórium, la persistencia de Melitón Carrasco y del profesor Estrella en la sala de música para sensibilizarnos el alma a través de la melodía, el paseo anual de la Virgen Guadalupana y por supuesto, el enorme entusiasmo y la entrega con la que miles de compañeros nos acompañaron en la lucha por las calles en las jornadas de recuperación de la democracia que alentó el propio Víctor Raúl Haya de la Torre en defensa de la gratuidad de la enseñanza, en contra de la dictadura militar y por la convocatoria a elecciones democráticas que finalmente ocurrió en 1978. Cercanos están aún los recuerdos y son profundas las huellas del compromiso por la justicia y la libertad que los combatientes maestros del SUTEP nos regalaron. La presencia entonces de Horacio Zevallos, contrapuesto entonces en ideas, pero noble y respetuoso de mis convicciones, animan con intensidad mi melancolía. Nombres como Nemesio Reynafarje, el viejo profesor de Historia del Perú viene a mí y con él, va nuestro homenaje a quienes construyeron la Guadalupanidad, repitiendo por décadas y sin cansarse, que cada vez que alguien reescriba la historia de la nación, no tendrá más remedio que consignar en sus textos que él más importante contenido de la nacionalidad surge del alma guadalupana a través de la historia y que ésta, se mantiene altiva y vigorosa porque representa la defensa sin concesiones de la soberanía, la integridad nacional y la dignidad de nuestro pueblo. Salud y gloria al Alma Mater. Vida por siempre al viejo plantel que siendo antiguo se renueva en el estudio, el debate y en la contraposición libre de las ideas. Que lo más preclaro y lúcido del pensamiento progresista siga surgiendo de sus claustros, porque ayer, hoy y siempre, Guadalupe es: ¡Antorcha de peruanidad! SI NO ES CON EL PUEBLO, TODO ES ILUSION El aprismo ha elegido su candidato presidencial para los comicios del año 2006 en medio de un proceso electoral que ha permitido que simpatizantes e independientes voten. Alan García Pérez esta vez no ha obtenido la votación que el Tribunal Electoral ha hecho pública solo porque es simpático, como suponen sus adversarios, sino porque su liderazgo es indiscutible entre apristas y simpatizantes y porque la gente lo siente cercano y renovado su opción por los más pobres haciendo suya la esperanza de los desposeídos.

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Aprismo desde La Tribuna El comparte con los peruanos de buena voluntad, el deseo superior de construir la nacionalidad y desde lo más íntimo de sus convicciones, más allá del simple discurso electoral, lo seduce el viejo sueño socialista de conquistar “el bien-común”. El aprismo como partido de izquierda en tanto combatiente por la justicia social, y demócrata, en tanto defensor de los valores intrínsecos de la libertad, ha elegido algo más que un buen candidato, algo más que un personaje con carisma y simpatía, ha elegido al ciudadano que ha sabido recoger las banderas por las que lucharon desde 1930 una vasta legión de hombres y mujeres libres y cuya heredad, en pleno siglo XXI, mantiene latente los viejos anhelos de “pan con libertad”. Por otro lado, resultaría una supina candidez, suponer que la sola elección del candidato le puede garantizar al aprismo un triunfo electoral. Es necesario una agenda con marcado acento popular y, que García –como sabe hacerlo-, marque el compás del aciago debate político, incorporando en él propuestas sobre los comunes problemas del subempleo, el costo de tarifas, medicinas y servicios públicos, entre otros. Pero ¿por qué García sintoniza con estas propuestas tan naturalmente? Por su origen, por su militancia en el aprismo popular, porque cree en el protagonismo de los más pobres que son además los que pueblan su partido mayoritariamente y porque también comprende la frustración de la mayoría de peruanos que se sienten distantes del Estado, convirtiéndose por falta de aliento en promotores del hartazgo y el desasosiego, componentes todos de una dramática realidad que vivimos. En este contexto, a Mauricio Mulder le cabe la enorme responsabilidad de poner en marcha al partido y darle soporte al trabajo social del candidato. Debe además compulsar y recoger de las innumerables jornadas de trabajo en barrios pobres, de la prédica activa del voluntariado social, del encuentro constante con trabajadores, mujeres, jóvenes y trabajadores, los reclamos para elaborar la agenda que el pueblo espera que el aprismo desarrolle. Que esta campaña traerá sorpresas, no me cabe la menor duda. Defender el Mar de Grau y las 200 millas, restablecer la Seguridad Ciudadana, poner en marcha la modernización del agro andino con el Programa que denominamos «Sierra Exportadora», devolviéndole al pueblo los derechos conculcados por el gobierno fujimontesinista será un tarea compleja. Para ello, un partido moderno y renovado estará listo para acompañar al presidente García a construir, sobre la vieja bandera Hayadelatorreana de Integración y cambio, la justicia social. La derecha seguirá en lo suyo, atacándolo en primeras planas, inventando encuestas, encontrándole reemplazos inexistentes, pretendiendo coparlo, infiltrarlo y seducirlo con esos cantos de sirena que llevan a algunos hacia el discurso vacío e improductivo, es decir, alentando el antiaprismo. Por otro lado, los hechos ratificarán lo expuesto por Alan García y lo anunciado por Mulder en el mismo acto, al declarar que no habrá concesiones ni tolerancia con los corruptos. Esta constituye una clara y oportuna definición que mantendrá, hasta la victoria, la línea moral, popular y democrática de aquel prístino aprismo auroral, que

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Aprismo desde La Tribuna desde la vieja Casa del Pueblo, o en el rincón más humilde de la patria, resume la frase: si no es con el pueblo... todo es ilusión. EL PUEBLO DIRÁ SU PALABRA “La Tribuna” se suma desde este momento al esfuerzo nacional del movimiento aprista por consolidar la propuesta nacionalista que lidera Alan García de cara a revertir la dramática situación de millones de compatriotas que claman por una voz que no sólo les devuelva la esperanza, sino que lidera la construcción del desarrollo, el bienestar y la paz. No cabe ninguna duda entonces que, electoralmente, tendremos un escenario político interesante y que el correlato de fuerzas marcará el destino de la nación en los próximos años. Nadie mejor en estas circunstancias que el propio Alan garcía para conducir a un partido tan importante y sólido como el aprista y que además sea capaz de exhibir, una vez más, sus mejores fortalezas y también esa envidiable organización popular que este viernes 2 de diciembre proclamará su alianza con todos los peruanos de buena voluntad. Sí que será un escenario complicado por el que habrá de discurrir, son las fuerzas aliadas de la derecha tradicional y los oportunistas de siempre los enemigos de esta hora a quienes habrá que enfrentar, pero esos son también los retos que tienen que asumir quienes se saben responsables del legado de gloria de gentes que lo dieron todo para enrolarse en las filas de un partido que nació para cambiar las injustas relaciones económicas y sociales y que en estos tiempos, reivindica la propuesta hayadelatorreana de construir un nuevo modelo social para poner fin a las inequidades y haciendo posible las mismas oportunidades para todos. Solo falta recorrer entonces, el tramo final de una campaña electoral a la que habrá que incorporarle un elemento importante: el de la preservación de los marcos éticos y morales que garanticen, a su vez, la lucha sin cuartel contra la corrupción y la impunidad. Se trata, finalmente, más allá de cortinas de humo o de candidatos inflados por puro interés propagandístico, de un debate entre quienes una vez más apuesten por el cambio en libertad y los que prefieran mantener las injustas diferencias sociales y económicas que el mercado libre alienta, poniendo al hombre al servicio de la economía. El cuco del chauvinismo fascista es sólo ilusión, la pretendida humalización del debate, solo es resultado de la desesperación con el que la derecha responde el descenso de su candidata en las preferencias. Desviar el debate de los problemas reales de violencia y subdesarrollo – que García Pérez trae a la contienda -, es, entonces, el objetivo que la prensa apegada a la derecha no reconoce, y por lo que genera temor levantando, sobre una muleta militar, a un fantoche inocuo que se pretende, además, mal remedo del presidente Hugo Chávez. La respuesta como siempre solo la tiene el pueblo. Como en los años setenta, el aprismo confrontará públicamente a sus adversarios pese a los sucesivos intentos por 101


Aprismo desde La Tribuna frustrar la realización de su manifestación. Su primer gran mitin será popular. En él, hombres y mujeres de buena voluntad no sólo marcharán por las principales calles de la capital y la provincia sino que, volcándose multitudinariamente hacia el Campo Marte, sellarán esa vieja y noble alianza con el pueblo que muchos quisieran poder exhibir. FIRMES EN LA IZQUIERDA DEMOCRÁTICA Luego del impresionante marco popular que rodeó la última concentración popular convocada por el aprismo en el Campo de Marte a propósito del inicio de su campaña electoral, no cabe ya ninguna duda –si acaso esta pudiera haber existido en algún momento-, sobre el rumbo que García Pérez le propone a la Nación. Y es que lo que se ha producido pareciera haber trastocado todos los esquemas de los estrategas de las derecha que, por cierto, se suman al coro unánime de quienes han preferido refundir toda la información vinculada al movimiento de Haya de la Torre en las páginas interiores de la llamada “prensa grande”, evitando que la ciudadanía conozca lo que gráficamente no admite debate: cien mil personas llenaron el Campo de Marte para escuchar a Alan García. El partido aprista ha puesto a prueba toda su fortaleza y ha respondido al sinnúmero de inconvenientes que se sucedieron en aquella curiosa complicidad de trabas burocráticas que pretendieron reducir la convocatoria y evitar su realización. Por eso es que su dimensión habrá que tomarse en cuenta, ya que constituye una de las expresiones políticas más importantes que Lima recuerde por lo menos en los últimos años. Son pues los méritos de las potencialidades propagandísticas del aprismo tan íntimamente vinculadas a las de su organización, que una vez más ha superado todas las expectativas. Conviene por otro lado mencionar que el candidato del aprismo en estas circunstancias, no desaprovechó la oportunidad para expresar públicamente lo que ante organizaciones de base y movimientos organizados había planteado con insistencia luego de su retorno a la patria, es decir, la conveniencia de estructurar de una vez por todas, una respuesta popular al hambre y la miseria, poniendo fin al robo y la cultura de la impunidad en la que se desenvuelve gran parte de la actividad pública y quienes son convocados a trabajar en ella. Lo que hay que resaltar, en todo caso, es que ni bien culminó dicha convocatoria, toda la maquinaria del partido de Haya de la Torre se orientó a la realización de elecciones partidarias, las que permitirán la participación de independientes, sin limitaciones. Hecho que habla muy bien del ánimo democrático en el que el aprismo se desenvuelve en estos días. El solo hecho que el aprismo haya respondido frente a la designación arbitraria y poco democrática de otras candidaturas presidenciales, la elaboración de listas sin consulta a las bases y la subasta de las listas parlamentarias, convocando a la ciudadanía para la realización de una jornada democrática que los elija, marca más 102


Aprismo desde La Tribuna que una simple diferencia. Es, por lo que hemos visto y oído del propio Mauricio Mulder, el modo de enfrentar los nuevos retos del mundo globalizado y cómo el pensamiento hayadelatorreano nos propone un futuro diferente. Finalmente, serán los elegidos los que continuarán la obra de Haya de la Torre, acompañarán a Alan García y renovarán la política escuchando a la gente y caminando junto al pueblo, pero siempre……Firmes en la izquierda democrática.

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Aprismo desde La Tribuna UN NUEVO AÑO Y UN AÑO DE TIEMPOS NUEVOS Cada fin de año las personas renuevan sus votos. Votos de lealtad, de entrega, de compromiso, de identificación y también, votos filiales. Cada fin de año, solemos mirar hacia atrás tratando de encontrar los yerros para afirmar los rumbos buenos. Las organizaciones políticas no son ajenas a estos deseos, colectividades humanas al fin, miran también con visión crítica su accionar a efectos de fortalecerse o enrumbar el paso. Si algún mérito le cabe al aprismo, y es eso sobre lo que tendremos que reflexionar, es el haber cargado sobre sus hombros la enorme responsabilidad de sostener el sistema democrático, o por la pobre estructura de los demás partidos, o porque, siendo el único movimiento realmente organizado, de él depende la subsistencia misma de la democracia que más allá de imperfecciones, errores y petardeos, constituye el hábitat natural de la realización de nuestra propuesta social. Cumplir con esa tarea conlleva de alguna manera un costo, por lo que asumimos parte de un pasivo ajeno que involucra a todos y permite, por propaganda fundamentalmente, la aparición acomodaticia de outsiders y aventureros sin más méritos que su amoral audacia y que irrumpen en el escenario con la complicidad torpe de “los antisistemas”, para participar en un juego peligroso al que se suma parte de la prensa de derecha, interesada en cuestionarlo todo, para, a partir de una generalizada sensación de hartazgo, imponer candidaturas dóciles que sirvan a su intereses de grupo. Para el aprismo, los retos del 2006 constituyen un camino de irrenunciables compromisos que asume con firmeza y que su candidato anuncia por toda la república, apuntando, no solo a la reconstrucción del sistema político, sino fundamentalmente, hacia una agenda social en la que se precisa el tipo de sociedad y de economía que superará los grandes dramas de marginación y violencia que soportan, sobre todo, los más pobres. En este contexto, lanzar, como lo hace Alan García, medidas concretas para los seis primeros meses es un acierto que le permite al estadista, presentarle al país su visión de futuro de la patria, pero al gobernante, poner los puntos sobre las íes, abordar por fin y de manera definitiva los pequeños grandes temas que marcan el compás de la vida del ciudadano de a pie, poniendo a la nación en el punto de quiebre entre ese modelo social que ha mantenido el atraso y el subdesarrollo y ese nuevo contrato social que alude hombres nuevos y capaces de forjar una sociedad no solo distinta, sino fundamentalmente justa y mejor. . ¿BUENO… Y A LA DERECHA QUIÉN LA DEFIENDE? Si bien son duras las críticas a la mal llamada “clase política”, ésta se encuentra enfrentada con un sector importante de la población que, guiada por el facilismo informativo de cierta prensa interesada, tiende a una generalización perniciosa no solo de la inconducta pública de algunos advenedizos y oportunistas que llegaron en 105


Aprismo desde La Tribuna medio de las “ferias electorales” sino, también, de aquellos que han hecho de la política vil negocio culpable, pagando cupos por una cuota personal de grosera impunidad. Si bien los yerros de unos y las atrocidades de otros no tienen por qué ser presentados como un comportamiento común de todos los que hacen política, ha resultado rentable en los últimos tiempos desprestigiar el ejercicio de este derecho ciudadano, generalizando esta mala imagen para que los mal llamados “independientes” y “outsiders” puedan construir escenarios imaginarios de esperanza que al poco tiempo han terminado siendo poco menos que una estafa. La nación viene sufriendo de este mal y lo han permitido quienes, desde dentro no han tenido capacidad de respuesta para imponer por encima de la pose, la validez de la convicción, la consecuencia y el compromiso. Hace solo unos días, en medio de la desesperación por el marcado y sostenido descenso en las preferencias, la candidata de la derecha ha optado por aparentar un desmarque y “abandonando” a sus naturales patrocinados, ocultando así, su calidad de interlocutora válida de los intereses de los más ricos para intentar vendernos sin mucho éxito una imagen mucho más rentable en términos electorales. Se olvida la abogada de los banqueros, que la gente percibe la verdad y detesta la demagogia. Que solo acompaña electoralmente a quien asume compromisos de largo aliento y por convicción. Que no tolera que se llegue a sus tierras para el regalo oportunista, la foto electorera, la adquisición mercantil de votos en elecciones y convirtiendo el proceso eleccionario en un escenario de impensadas componendas que minan el sistema y justifican el hartazgo de los ciudadanos. Acomodarse y presentarse con un ropaje que no es el verdadero es sorprender, engañar y subestimar al pueblo, porque no es en el fragor de la campaña que cada quien puede ubicarse donde más convenga. Que no se sienta mal Lourdes Flores cuando se le endilguen vínculos con la derecha y le reprochen la falta de contenido social en su propuesta liberal. Es verdad que ella puede elegir a quien representar, pero lo que no puede es ocultar su origen y sus compromisos. La gente sabe bien quién es quién y entonces, cualquiera que sea el discurso o el escenario, cada quien termina ubicado donde corresponde, y a ella, no solo la derecha la reclama suya, sino que así lo entiende la gente. GIRAMOS A LA IZQUIERDA O MANTENEMOS LA MISERIA Procesos electorales como el que enfrentamos nos permiten rehacer nuestra visión de la realidad latinoamericana tan agredida por las sorpresas y la práctica del mal gobierno. Canibalizada por los outsiders e independientes, a pesar de todo, la política sigue siendo un modo de enfrentar los retos de la modernidad para la proscripción de la miseria.

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Aprismo desde La Tribuna En el Perú, la tarea no es menor. Más de dos décadas de liberalismo económico e ideológico han logrado sembrar en el subconsciente colectivo la idea de que “hay que vivir solo el día a día”, descartando cualquier propuesta futurista, por ilusoria. Nuestros pueblos han sido educados pues en la conducta del hartazgo y la impunidad, elementos que hacen mucho más difícil que cale cualquier propuesta social y popular de respuesta frente a las injusticias del sistema. Los agoreros del sistema propagandizan los resultados macroeconómicos y los que lo enfrentamos denunciamos que éste no ha tenido un correlato social. Nadie podría negar que la desigualdad sigue siendo una ofensa y una realidad, cuanto más, si esta se orienta en desmedro de los más pobres. La aplicación irrestricta de las reformas que alentó el libre mercado no solo no generó una pizca de bienestar, sino que por el contrario, contrajo vergonzosamente el desarrollo y sustrajo incluso al Estado de su rol promotor en la lucha contra la pobreza. América Latina ha soportado tiempos de infame liberalismo económico y tras los esfuerzos por reorientar el modelo, los gobernantes siguen pensando solo que pasarán a la historia exhibiendo los certificados de buena conducta otorgados por sus pagos puntuales al FMI, en tanto no han saldado la deuda social contraída con sus propios pueblos. Sin embargo, como la indigencia ya no es un tema solo africano y los efectos de las medidas impulsadas por el FMI han quebrado el Contrato Social, los signos de la violencia se han convertido en muestras cotidianas de la vida del poblador indoamericano por lo que si hasta hace solo muy poco tiempo, la guerrilla, el terrorismo y la protesta eran signos aislados, hoy la violencia es parte de nuestra historia por lo que tenemos que responder con esfuerzos comunes que involucren a todos en el mismo pacto social. La respuesta es el cambio y es una nueva actitud. Si el liberalismo significó el detrimento de nuestro patrimonio, la corrupción generalizada y el descalabro de los derechos de los trabajadores para favorecer a determinadas capas empresariales así como la posibilidad expansiva de los negocios del capital financiero internacional en nuestras tierras, esta nueva década y esta nueva elección representan la enorme posibilidad de construir un nuevo modelo social que le otorgue por fin a los ciudadanos, la posibilidad del encuentro con el desarrollo y su bienestar. EN MEDIO DE LA CRISIS Y LA CONFUSIÓN La historia del Perú es una constante de crisis insuperables, me repetía incansablemente Ramiro Prialé y hace más de veinticinco años, Julio Cotler sostenía que la violencia había sido incorporada a nuestra cotidianidad con una asombrosa naturalidad que él mismo no terminaba de entender. Se siguen simulando dormidos en los autobuses para no ceder el asiento a embarazadas y ancianos, prefieren comprar y venderlo todo, incluso las “colas”, 107


Aprismo desde La Tribuna optan por el mercado ilegal para adquirir lo que necesitan evitando pagar impuestos, en tanto que para conseguir un puesto laboral, ayer y hoy, hay que inscribirse en algún partiducho con posibilidad de triunfo electoral o, si es una dama quien lo requiere, simplemente, deberá acceder a las pretensiones groseras de un mal nacido acosador burócrata en aras del ansiado puesto laboral. La crisis es mayor a la puramente económica y el quiebre ético produce una escandalosa decadencia de valores que lleva a los ciudadanos a actuar con una falta absoluta de límites en el empeño de conseguir lo que se quiere y en medio de una impunidad que rebela hasta al más santo de los monjes gregorianos. Estamos pisando los límites de la precariedad más impensada en la administración de la cosa pública y también, nuestra apatía es una característica que responde a los privilegios de nuestros gobernantes que nuestros mal llamados dirigentes políticos toleran como cómplices silenciosos. Si bien el liberalismo económico trajo más hambre, despido de trabajadores y el divorcio de la ruta de las organizaciones sociales con el proyecto nacional del país es hora de denunciar que todo esto no es casual, da oportunidad, en medio de un estadio de improvisaciones y discursos fatuos, del surgimiento de outsiders y aventureros que producen esta especie de “cultura de suerte” que supedita todo al devenir, discriminando la planificación porque dicen que es una práctica estatista. Denunciemos que uno de los éxitos mejor logrados de la derecha fue imponer en el subconsciente colectivo de la gente la sensación de que la democracia es un sistema tan imperfecto que solo es posible hacerla viable con una dosis de autoritarismo. Contrabando que combate el aprismo reconociéndose un partido de trascendencia cuya misión no es solo el de ganar las elecciones, aun cuando eso sería lo ideal para construir un nuevo país. Más allá de los comicios y lo que esto representa, Haya de la Torre reclamaría darle a la política un nuevo perfil, un nuevo mensaje, un nuevo sentido. Recoger la expectativa de la gente, haciendo suya la labor por encontrar el bienestar, es esa la labor de estos días. Africanizar la política en América Latina es un término que grafica solo el nivel de abandono y miseria en el que se desenvuelve la práctica del quehacer público acostumbrado desde los tiempos dictatoriales –civiles y militares-, a venderle a los pobladores en extrema pobreza, solo asistencialismo y clientelaje. Quién sabe allí esté el principal reto que enfrentamos cada vez que hay elecciones, porque, o convertimos la política en un escenario en el que comenzamos a hablar del futuro y el desarrollo en serio, o permitimos que ineptos ensayen discursos en el que el bienestar es solo una frase y la bonanza se expresa en chorreos de dinero que nos regala el mercado libre. No olvidemos que irónicamente, aún hoy, en medio de la calle, todavía hay niños que literalmente se disputan la basura con recicladores y animales.

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Aprismo desde La Tribuna MÁS ALLA DE LA CAMPAÑA Hace solo unos días un importante diario registró un titular que aludía una pretendida apoteósica recepción brindada a la candidata conservadora de Unidad Nacional en un pequeño poblado del norte del país. Más allá de la anécdota, la foto que acompaña al titular la mostraba subida en un triciclo y rodeada solo de un policía motorizado y tres personas más. De inmediato me asaltó la siguiente pregunta ¿presidir una imponente manifestación con miles de ciudadanos, en medio de la lluvia, en la Plaza de armas del Cuzco, era una noticia menos importante? La respuesta es elemental. A medida que transcurren los días se pone en evidencia cuáles son los intereses que se mueven en esta campaña y también de qué lado está cada candidato. Las encuestas ya no son suficientes para evitar que la población voltee hacia propuestas que tiendan a resolver sus problemas cotidianos. Y es que son los pueblos los que responden nuestras dudas, porque al acudir hacia ellos, en cada calle, en cada localidad y en cada región se levanta la esperanza y la necesidad de encontrar propuestas realistas que los lleven por las rutas casi perdidas del bienestar. No es posible engañar por mucho tiempo a todos, ni llevar a los pueblos de las narices. La inmensa intuición y sabiduría del más humilde de nuestros compatriotas le permite discernir entre quienes han hecho de su vida una propuesta permanente en la defensa del Perú y los que por acomodo o mero interés, asumen discursos que ni sienten, ni son suyos. Estas elecciones acabarán finalmente en pocos meses, es decir, en poco tiempo todos sabremos quién gobernará y qué es lo que nos espera en los próximos años. Pero lo que también comprobaremos es que, cualquiera sean los resultados, los peruanos encontrarán de seguro al aprismo fuerte y fortalecido, en el mismo lugar en el que desde 1930 inició la gran batalla por la conquista del Perú para los peruanos. Quién sabe aquí radique con mayor plenitud nuestra fortaleza y sea ésta nuestra mayor y mejor arma electoral. No nos juntamos ayer, ni nos vinculan sentimientos coyunturales que tienen que ver con el dinero, el mero poder o la vanidad. Crecimos en una escuela para la vida que es un taller de formación valorativa. Por eso dejemos que las encuestadoras sigan haciendo su trabajo y cumplan con sus contratos, que algunos medios sigan prefiriendo la foto en portada de una candidata que solo despierta curiosidad porque nadie la conoce en los arenales o la temeridad de un ex militar que se sigue decantando en medio de la personalidad temible de un comando que se puso al lado de quienes, en medio de la guerra, en vez de ayudar a apagar el incendio, habrían propalado irresponsablemente más combustible en una hoguera por la que, ahora, comunidades del Alto Huallaga denuncian terribles violaciones de los derechos humanos. 109


Aprismo desde La Tribuna

QUE NADIE SE MUERA DE SUSTO La derecha tiene una curiosa manera de plantear las cosas. O se coloca en el plano del extremismo más absoluto y enfila todas sus baterías “para liquidar” todo aquello que consideran extraño a sus intereses, o es condescendiente hasta los límites de la más inimaginable genuflexión. Eso explica aquel entusiasmo digno de mejores causas que mostraron en sus campañas tendientes a conseguir a cualquier precio una segunda vuelta sin el aprismo. Y es que el viejo partido de Haya de la Torre conoce de cerca todo esto porque ha sentido y vivido este sentimiento antipartido que, aun cuando es cierto que alguna beligerancia auroral podría haber justificado de alguna forma, no se justifica en medio de los nuevos aires que soplan en medio de la globalización. Se dice que con la fundación del Partido Aprista Peruano allá por los años treinta, también se forjó el antiaprismo como “sentimiento” que reúne a quienes, desde los extremos más obtusos, no son capaces de apostar y conceder por encontrar espacios comunes para construir la nacionalidad. Quién sabe, por otro lado, la organización y formación del proletariado, que es tarea fundamental del aprismo constituye un obstáculo para que la derecha acepte nuestra representatividad, siguen considerando que un obrero ilustrado representa un peligro en tanto negocia, reclama y exige sus derechos, cuanto más si cuenta con una organización política fuerte y combatiente que la protege. Para los apristas la formación valorativa de los pobres y la construcción del desarrollo van de la mano con un novísimo concepto de economía funcional, es decir la propuesta de un modelo que no sujeta sus reglas a las del libre mercado, sino, más bien, a los intereses de las colectividades ciudadanas, al hombre, que es el fin supremo del Estado. Es entonces esta vieja dicotomía entre libertad y progreso, entre statu-quo y privilegio la línea que nos divide y que produce esta especie de bipartidismo ideológico que trasunta lo estrictamente filosófico y se afinca en medio de la cotidianidad más común al punto que hoy mismo, estamos nuevamente a punto de presentarle al país la posibilidad de elegir entre García, que representa el cambio y el desarrollo, y la candidata conservadora Lourdes Flores, que es más de lo liberal que hemos vivido, es decir, despidos, hambre y postergación. Será por eso que cada encuesta publicada hasta ahora merecía una primera plana, un comentario feliz y una crítica a García “por su imposibilidad de ascender en las preferencias electorales”, en tanto que esas mismas encuestas, que para nosotros son – nos favorezcan o no-, solo fotografías del momento, y que ahora registran un claro segundo lugar del candidato del aprismo, traen consigo una alarma que lleva a la derecha a reforzar su estrategia, a reponer viejas canciones antiapristas en todas las 110


Aprismo desde La Tribuna radios, a volver al estribillo de una bufaleria ramplona que solo existe en la mente enfermiza de esta gente y en cada incidente callejero en que participemos o no, pero que igual nos endilgan, para finalmente, ningunear la popularidad que el candidato aprista presenta en cada localidad que visita. En medio de la lluvia, del arenal y siempre con su pueblo, el aprismo exhibe ante la desesperación de la derecha y su candidata, esta nueva forma de hacer el Perú, algo más que un país, una nación de hombres libres capaces de mirar el futuro, pero con optimismo. EL LARGO Y OPROBIOSO INVIERNO DE LA DEMOCRACIA PERUANA La historia de la crisis nacional es una secuencia interminable de episodios de todo tipo que llena la copiosa bibliografía de la peruanidad. Pero ¿en cuánto tiempo se construye una democracia? Esa pareciera ser, aun hoy, una pregunta sin respuesta sobre la que Haya de la Torre reflexionaba aludiendo que nuestro país no puede aún registrar su historia, porque prioriza procesos casi siempre vinculados a la voluntad personal de “iluminados y caudillos”, cuya pequeñez moral y ética, además, no alcanza siquiera a la dimensión de sus propios apellidos. Todos los intentos por consolidar espacios de participación del pueblo se han diluido en el tiempo. Han sido vanos los intentos para imponer la utopía de la “libertad con pan” y que ahora, sin embargo, aparece como todo un reto. Consolidar la democracia es también una propuesta a la que nos lleva la modernidad y que exige además, más allá de los altibajos que han puesto de manifiesto el fracaso de los dirigentes, de por lo menos todo el siglo XX, arrasar con la enorme incapacidad de los principales actores y dirigentes sociales que hacen política hoy, perdiendo de vista la necesidad de desarrollar una propuesta común por el futuro de la patria. Y es que casi siempre son los temas menudos, la cosa personal, el interés del grupo o la voluntad omnímoda del cenáculo lo que ha primado, a tal punto que, lo que en otros procesos, es una secuencia de espectros que conducen a determinados procesos resolutivos de la vida en comunidad, en nuestro caso, es sólo un nefasto e intrascendente hilo conductor que nos hace transitar entre golpes de Estado, caudillos banales, dictadores, dictadorzuelos y militares que enseñoreándose en el poder, se suceden en medio de una estafa a la que llaman peruanidad y que no es un aporte de la nacionalidad como se podría pensar, sino más bien, una careta del patrioterismo más barato que esconde el atraso, la vergüenza y un desprecio por el futuro. El drama de este ya largo y crudo invierno democrático se agudiza. ¿Esperar? Sí, decía Haya de la Torre. Pero esperar en la acción y no en la letanía de los que esperan que las cosas se resuelvan solas. Esperar de la mano con quienes siguen sufriendo porque el sistema se hace cada vez más insensible y porque el mercado sigue condenando a la miseria, preferentemente, a los más débiles. Así ha sido siempre, pero que nadie crea que es una condena infalible. La historia se viene reescribiendo a partir de una noción nueva y participativa de la nacionalidad, 111


Aprismo desde La Tribuna en medio también de una “naciente nueva democracia” que conquistada por los pueblos germina sobre los escombros de una seudo libertad que solo afirmó entre los hombres vulnerados por las complicadas relaciones de intereses mezquinos, mayores diferencias y oprobio. TERCERO, SEGUNDO Y PRONTO… PRIMERO Hace solo unos días, La Tribuna publicó la encuesta de la empresa IDICE, en nuestro concepto bastante cercana a la realidad, y en la que se ratificaba visualmente un incremento de las simpatías electorales por el candidato del aprismo. En aquel momento, parte de la prensa adscrita a posiciones más bien conservadoras, soltaron sus más enfilados ataques contra aquel sondeo y respondieron tildando, primero a la propia empresa encuestadora de “filo aprista” y luego, a los titulares de nuestro semanario, “como naturales” dada nuestra pública identificación con el viejo partido de Haya de la Torre.… Una vieja polémica está detrás de todas estas imputaciones, desde la aparición misma de La Tribuna por el año 31, se ha negado reiteradamente nuestra capacidad objetiva para ver la realidad, e incluso, para interpretarla; cuanto más, si en medio de una campaña electoral, cada uno de nuestro titulares no son vistos como una propuesta, sino más bien como un eslogan propagandístico. Se siguen equivocando los adversarios del aprismo. Desde esta prensa comprometida hemos desarrollado criterios de independencia que no se contraponen con nuestra más absoluta filiación y nuestra fe. Mirar desde una perspectiva de izquierda democrática la realidad, es visualizar la dinámica social desde un ángulo de observación y no desde un simple torreón de combate. Por eso ratificamos que nuestra lectura del proceso político en ciernes, es correcta, que la pulcritud de nuestra información está por encima de cualquier imputación mezquina y que La Tribuna llega a todos, llevando una información veraz y objetiva. Ahora, en cuanto a las correlaciones de fuerzas dentro del proceso electoral, constituyen para nosotros un recurrente espacio de análisis y debate. Solidificada por algún tiempo la candidatura de Alan García en el tercer lugar, generó un margen para la especulación sobre su “imposibilidad de moverse”. La caída de Ollanta Humala anunciada desde nuestras páginas –cuando todos lo hacían ganador-, se viene produciendo, sobre todo, a raíz de la serie de denuncias de pobladores y víctimas de los operativos de “Madre Mía”, cuyas tareas militares han puesto en evidencia que el sesgo fascistoide que muchos le endilgaban sólo al comandante Humala, es en realidad un perfil del que algunos militares afincados por mucho tiempo en zonas de emergencia no puede desprenderse, llevando incluso a error a quienes han pretendido ver en ese verticalismo militarista y caudillesco que exhibe el Nacional Socialista de marras, un acento por el orden, cuando sus actitudes altisonantes y su evasiva a responder por las violaciones de los DDHH que le achacan, lo presentan más bien como un experto cubileteador político. 112


Aprismo desde La Tribuna Por otro lado, otra primera plana de La Tribuna ya hablaba de la “caída libre” de la candidata conservadora, quien hubiera preferido pasar a la segunda vuelta con Humala, sustancialmente, para recoger el “voto atemorizado de la gente”. Finalmente, la señorita Flores tendrá que enfrentar a un presidente García mucho más consistente y que viene proponiendo la agenda de estos días, no solo por las características personales que lo acompañan, sino porque, sintonizando con el pueblo, ha puesto sobre el tapete los más graves problemas cotidianos de los ciudadanos de a pie. Nuevamente la derecha comprobará que no es suficiente disfrazar a su candidata, hacerla viajar en los triciclos, ponerle poncho o darle besos por pura pose a niños a los que nunca más verá porque los distancia la realidad social y económica de los dos mundos en los que viven. Alan García recibió ataques por no moverse del tercer lugar durante varios meses, no se le reconocía su ascenso al segundo lugar y ahora, que es pública esta definición de las simpatías populares ¿alguien podría negar su condición de candidato con opción para lograr la primera magistratura de la nación? Que la derecha y sus medios se vuelvan a equivocar. La Tribuna vaticina el triunfo del pueblo… la encuesta es el 09 de abril y allí nos vemos. ¿OLLANTA QUÉ ESTÁS HACIENDO? Un viejo juego de niños produce como ahora, que todos los que participan del evento se detengan a preguntarle al lobo que es lo que está haciendo. Este, presuroso y guiado por su instinto animal, solo contesta mentiras en su intento de lograr que todos se acerquen a él para poder hacer de las suyas. Con los últimos acontecimientos, el viejo juego pareciera tener un símil o ser una repetición, el ex comandante se esconde, no responde, evade las preguntas y desvía las respuestas hacia lugares comunes con la finalidad que nadie presuma cuál es su ruta, cuáles son sus deseos y qué es lo que hará finalmente. Las cosas sí que se le comienzan a complicar al nacional–socialista o ultranacionalista Ollanta Humala Tasso. Varios son los golpes que ha recibido en los últimos días, electoralmente hablando, y pronto sabremos cuán afectado quedará. Lo cierto es que el ascenso vertiginoso que obtuvo en los aurorales días del lanzamiento de su campaña, no tiene ya comparación alguna. A la andanada de críticas por la conformación de su lista parlamentaria, el cuestionamiento a su más cercano colaborador y candidato vicepresidencial, a las insinuaciones de apoyo económico de un país extranjero y las múltiples sindicaciones que lo vinculan directamente con violaciones de los derechos humanos, se suma ahora una que es más grave, la pérdida interesada de parte de su legajo personal como oficial del ejército, lo que impediría conocer sus apelativos o las operaciones en las que intervino, y en consecuencia, conocer la verdad, hecho que se agrava por su expresa negativa a presentar las copias sobre el tema que él pudiera tener. 113


Aprismo desde La Tribuna Humala representó en un primer instante el hartazgo, pero también la necesidad de encontrar espacios para canalizar la protesta, la gente lo miró con simpatía mientras se manejó en el simplismo ramplonero de un verbo caudillista y nacionalista pero que a su vez, lo ha llevado de la mano por el mismo surco por el que transitaron decenas de ex militares que, creyéndose poseedores de la verdad más absoluta, llegaron a palacio convencidos de “ser los llamados a cambiar la historia” a punta de pura demagogia. ¿Pero este nacionalismo exacerbado tiene algo de velasquista? Creo que no. Como en el viejo juego de niños se reclama así para esconder tras el uniforme una sinuosa carrera, los acomodos de su cómoda vida militar y también, las veleidades como candidato. La suntuosidad de un verbo trasnochado nacionalista que no aterriza, pese los cientos de miles de dólares que acompañan su campaña ostensiblemente, transparentan cuán lejano está Humala de las ideas de Velasco, de quien podemos disentir, a quien nos opusimos y cuya propuesta política afectó al APRA y a Haya de la Torre específicamente, pero a quien sí le reconocemos una real fidelidad ideológica y social. A estas alturas del descalabro del proyecto humalista y de su imposibilidad de redescubrir el diálogo con las masas, los pobres no se dejan engañar. Queda solo denunciar al lobo disfrazado de oveja, y a quienes desde su entorno más cercano, sólo alientan un cuento en el que pasada la infancia, nadie cree. ELECCIONES Y PLUMA DE ALQUILER Una rápida vista diaria de las primeras planas de los principales medios de comunicación me sugiere la necesidad de revalorar el oficio. No cabe ninguna duda que hay quienes en nombre de la “libertad de prensa” no les queda espacio ya para obtener un grado de beneficio electorero. La forma como se publicita todo (incluyendo las propuestas inexistente de algunos) y la urgencia de vender un producto que ni siquiera ellos conocen íntegramente, me lleva una inevitable reflexión: es la “evolución de la línea periodística” una consecuencia de la realidad, o un manto sobre el que se esconden los compromisos que algunos propietarios asumen con determinados candidatos o potenciales gobernantes. Y es en medio de los procesos electorales donde esto se hace más notorio porque es más evidente “el cambio” que opera en cierta prensa. Los medios de comunicación son expresiones empresariales de determinados grupos de interés político o simplemente económico. Lo que sucede es que, a diferencia de la prensa comprometida, hay quienes pretenden hacer un tipo de periodismo independiente, un caballito de Troya que esconda adhesiones, y sugerir la critica más sesgada a cualquier oponente, lo que en definitiva, vulnera el derecho de la población a ser informado verazmente. Para algunos, las campañas políticas son como maná que cae del cielo. Les permite reubicarse, reciclarse, hacer caja, congraciarse con potenciales amigos del partido y 114


Aprismo desde La Tribuna eventualmente, incluso, con clientes potenciales a los que se les ofrece celebrar ventajosos acuerdos que a la larga, o a veces, en la corta, los benefician sólo a ellos. Son esos “los profesionales de la política” que la gente rechaza porque propician una cómoda confusión del espectro que rodea a las elecciones y traen por los suelos, todo el esfuerzo de quienes sinceramente, intervienen en política para plantear sus puntos de vista, proponer una forma de entender a la nación, y evitar que los errores de algunos, finalmente les salpique a todos. Son los variopintos personajes que pretenden hacerse de alguna representación, primero para salvar su propia economía personal (casi siempre en estado de falencia), y segundo, para que su popularidad (buena o mala) sea explotada y les permita obtener votos. No es bueno excluir al ciudadano, solo si este participa podremos superar esa especie de mercado persa, en donde todo se vende y todo se compra, produciendo además, una sensación de hartazgo que se eleva a niveles insospechados por la insolencia intelectual de algunos advenedizos que pretenden una representación creyendo que pueden colocarle precio a todo, ya que el tema no se reduce solo a los propios balcones y fachadas de las casas, en las que “a precio módico” los candidatos pueden exhibir sus mejores risas de calendario, eliminar las odiosas arrugas, teñirse el cabello en tanto yacen inertes en fina cartulina plastificada, esas propuestas que nadie se detiene a leer porque a nadie le interesa publicitar y que, de seguro, pronto todos cuestionarán al incumplirse. VIEJO PREDICAMENTO Que buena parte de nuestra historia gubernamental nos remita a caudillos, cachaquitos y oligarcas no debe entenderse como una casualidad. Nada es casualidad en el devenir de los pueblos, como tampoco es casual ninguno de los pasajes dramáticos de oprobio que han tenido que soportar muestras gentes en la búsqueda y conquista de sus derechos y el bien común. Así ha sido siempre. Los ricos gobiernan en nombre de un proteccionismo torpe que los lleva “a cuidar a su gente” como quien cuida el rebaño, en tanto los pobres, incapaces de enfrentar por sí mismos su destino, libran una batalla permanente por conquistar derechos que le son inherentes a su condición ciudadana. Si bien la suerte de nuestros pueblos ha estado marcada por ese sinnúmero de episodios, cada uno más ilógico que el otro históricamente hablando, no es menos cierto que sí existe una relación causa-efecto entre todas estas circunstancias y quienes gobernaron el Perú mirando el futuro desde una óptica absolutamente conservadora. Ayuda a esta galería de ignominias, la actitud torpe y pasiva de quienes prefieren el acomodo por el puro interés mezquino por el poder y que los lleva, desde tiempos inmemoriales, a jugarse con todo, incluso, con el patrimonio de los más pobres, con su destino, para que las cosas no cambien, para mantener sus privilegios a toda costa, para proteger lo que llaman el “orden”, elemento que sostiene nuestra vida civil. 115


Aprismo desde La Tribuna Son estas consideraciones las que determinan que estas elecciones sean tan importantes, no solo porque dejará atrás más de una década de neoliberalismo económico con su secuela de crisis y hambre, sino porque en tiempos de nuevas perspectivas, las tendencias socialistas y democráticas del nuevo orden se van imponiendo en muchas parte del mundo. Qué cruel es la historia de algunos pueblos condenados a la miseria política y económica por el simplismo de sus conductores, y qué ironía la de ver actores comprometidos con la crisis de ayer, reciclarse hoy y de seguro aparecer mañana, señalando a todos los lados reeditando el pasaje bíblico del llamado grito de “…al ladrón, al ladrón”, pretendiendo que nadie se percate de su propia presencia. Suerte inocua la de los felipillos de esta hora, la de los asalariados del poder, la de esos candidatos que se enfrentan en un marasmo de ofrecimientos irresponsables y que, sabedores de las debilidades humanas, merodean desde cierta prensa a cuanto espécimen pretende el favor popular, olvidando que nada es más caro para el pueblo, que el sentirse torpemente burlado por un discurso gaseoso o algún regalo que pretenda conquistar su voto… en todo caso… Alan García ha dicho que los resultados electorales hablarán por los pueblos y que juntos lograrán el triunfo de los que menos tienen en solo unos días más… esperaremos. LA DERECHA SE RESISTE A MORIR Creo que después de los años 60, para la derecha ha sido particularmente dramático articular propuestas electorales. Ha preferido el acomodo ante las dictaduras y el silencio ante el atropello, en la esperanza torpe de mantener sus espacios cada vez más reducidos de privilegios. Ha ensayado todas las fórmulas posibles para “vender sus propuestas” y ha concedido verbalmente para poder seducir a ilusos, quienes prestan sus nombres tratando de vender un rostro más renovado para una vieja predica civilista. Encaramados en lo que queda del Club Nacional o, en fino ristre, desde el Club empresarial más activo del san isidrino mercado de la banca y las finanzas, pulsan la realidad con ansiedad digna del más novel de los candidatos. Están suscritos a los sondeos de opinión de las encuestadoras y, en realidad, los financian, semanalmente para que les vayan diciendo quién va ganando, cual tradicional carrera de potrillos. Aportan con entusiasmo para “consolidar al candidato” y sugieren nombres de artistas, deportistas y personajes curiosos de la vida cotidiana de la ciudad “que jalan votos”. Hacen todo eso, pero no les gusta participar dando la cara, eso los obligaría a apoyar solo a un candidato, de una sola tendencia, de un solo partido… entonces, dejaría de ser un buen negocio, y ellos, de negocios, sí que saben. Pero la derecha vende. Vende en sus empresas y vende sus productos, entonces también puede vender candidatos. Prestan sus publicistas para que el candidato se someta a estruendosas sesiones de registros de fotos, para que reciban consejos. Para que vean y muestren sólo lo que la gente quiere ver… no importa qué es lo que en realidad sean. Vulneran el principio de veracidad y transparencia que guía las rutas 116


Aprismo desde La Tribuna del mercado, simplemente, adornan el producto, sin importar el estado en el que se encuentre... es decir, omiten el control de calidad. Pese a todo lo expuesto, a la derecha más conservadora le esta costando articular su propuesta. Acostumbrados a detentar el poder, para ellos, los espacios y posibilidades de la democracia valen en tanto les sirven, si esto no es así, se subirán pronto al carro de algún caudillo o militar que les ofrezca cogobernar. Es esa su propia naturaleza, y son sus interlocutores los responsables de ensanchar las diferencias y propiciar núcleos duros que los aíslan y segregan. No olviden que la derecha reclaman las mismas libertades que cuando gobierna no concede, piden respetos que no están dispuestos a entregar y garantías que desconocen porque primero son sus intereses. Es ese comportamiento petulante y ese desprecio por todo lo que significa pueblo, lo que hace difícil que cuaje una candidatura de derecha en el Perú. No es suficiente que sus representantes se pongan ponchos, enjuaguen una lágrima ante niños pobres, bailen sin gracia el huayno, o que se ensucien las zapatillas que cambian prontamente en sus vehículos tan prestos se suban a él, porque, los arenales, a ellos les produce sarpullido. Una vez más, puntos más o puntos menos, el Perú viene confirmando su vocación democrática. Tres tercios definidos le permitirán al amigo elector elegir entre el denominado salto al vacío con tufo velasquista, el socialismo democrático del presidente García y el aprismo que juntos son más del 60% de lo que representa el país del siglo XXI, o a la señorita Flores, última esperanza de la derecha y espécimen jurásico que se niega y resiste a morir porque se cree, como el dinero… inmortal. TIRIOS DEMOCRÁTICOS Y TROYANOS AUTOCRÁTICOS La política latinoamericana en estos días es expresión y consecuencia del folclore que anida esta parte del continente. Lleva consigo no solo el ingenio característico de nuestro andar como pueblo por la historia, sino también, las taras de nuestro desarrollo y atraso. No podría ser de otra forma, si llenos de héroes de papel, una historia oficial hecha por corsarios y aventureros rinde culto a la derrota y enseña que ha prevalecido la voz de quienes aplastaron toda posibilidad popular de construir la nación, y que finalmente, sembraron de oprobio nuestras tierras, alentando el chauvinismo que conspiró contra la unidad de nuestros pueblos, y con ella, la consecución de los grandes objetivos bolivarianos que Haya de la Torre, visionario del siglo XX, elevó a la categoría de proyecto ideo político. Pero, ¿puede entonces Indoamérica mirar con optimismo el futuro desde la perspectiva de su realidad actual? La respuesta a pesar de todo es positiva. Y lo es porque aún a pesar del terror al cambio de los sectores más conservadores, se imponen las masas, que asumen un rol cada vez más protagónico desde su propia experiencia en la construcción de esos espacios que el Estado tradicional les ha negado siempre. 117


Aprismo desde La Tribuna A este respecto, toda la experiencia neo liberal, en medio de lo malo en miseria y hambre que han sufrido nuestras poblaciones en la última década, nos ha legado una conciencia mayor que permite que, en medio de un mundo convulsionado por las variaciones del ecosistema y la globalización, opte por propuestas de cambio que incorporan mecanismos éticos que llenan la política de nuevos valores y de defensa ecológica que vienen revolucionando incluso el modo de ver la vida y el futuro de nuestras poblaciones. Es esta una perspectiva de izquierda desde la cual, el incremento de la injusticia y las postergaciones de vastos sectores ciudadanos, terminan siendo caldo de cultivo que exacerban el ánimo y encienden las pasiones, esas, que incluso se presentan convertidas en fórmulas utópicas para cambiar al sistema y que seducen a quienes, hartos de la corrupción y el hambre, sienten que, como en la vieja prédica marxista, en esta guerra por el bienestar, ya no queda nada más que perder, que las cadenas que nos sujetan a la muerte. Pero así como se justifican las reacciones pasionales en la vida, en política es responsabilidad de los lideres guiarnos en la búsqueda posible de la justicia social, discerniendo, en este caso, entre quienes van por el cambio en libertad, y quienes de contrabando, nos venden solo fascismo encubierto. Frente a todo esto, América Latina renueva su vieja vocación socialista que distingue entre esa corriente libertaria por el bien común, de los torpes, tutelares y repetitivos ensayos militaristas. Y lo hace, con la misma fortaleza con la que distinguió entre los proyectos foquistas del marxismo cubano y los procesos de consolidación revolucionaria que le tocó desarrollar a la Izquierda Democrática. Finalmente, seguir hombres sin vocación libertaria y cuyo discurso en nombre de la libertad solo esconde una voluntad autocrática es un riesgo que por lo menos en el Perú, no deberíamos correr. A VOTAR POR EL PERÚ QUE TODOS QUEREMOS Millones de compatriotas irán a las urnas en solo unos días. Es verdad que algunos lo harán porque existe un mandato obligatorio que se paga en multa, pero otros, los más, ejerceremos en verdad un derecho y elegiremos el futuro de nuestra patria, libremente y sin tutelajes. El aprismo conoce el tema, ha insistido mucho en el curso de su ya larga y fructífera vida institucional sobre la importancia de construir la democracia sobre los valores de la libertad. Venciendo todas las adversidades y, aun en medio de las más crueles persecuciones, el aprismo hizo pedagogía para que podamos tener en claro hoy, que el ejercicio de la ciudadanía no solo le otorga derechos al nacido, sino, también, obligaciones, que son condiciones para convivir civilizadamente. Las implicancias de ese libre ejercicio democrático, son las que convocan y agrupan a las colectividades, por lo que será entonces, el fallo incuestionable de las urnas, lo que permita reconstruir, incluso sobre errores, la legítima expresión popular, esa que definirá el rumbo de nuestra nación en los próximos años. 118


Aprismo desde La Tribuna Elegiremos gobernante en el Perú, y lo haremos decidiendo entre la continuidad de un modelo inhumano que solo ensancha las diferencias entre los ciudadanos, el salto al vacío que nos propone un improvisado oportunista que aspira retroceder treinta años hacia moldes estadistas superados, y la propuesta de un aprismo moderno y renovado que formula ideas novedosas para echar andar la anquilosada estructura del Estado, convirtiéndolo en agente promotor de la inversión y el desarrollo. Es esa la tarea que se propone Alan García y es también, un reto singular el que el aprismo asume cuando, dispuesto a resolver los más grandes problemas de la gente, anuncia que en 180 días cambiará al Perú, promoviendo la reconstrucción del sistema político, eliminando los privilegios, creando una verdadera agenda social que, sin excluir el agro, no olvide la lucha contra el abuso de los services, reconozca el pago de las horas extras trabajadas, el excesivo cobro de los servicios públicos y también el precio de las medicinas. Que sea notificada la nación que Alan García no está solo, que lo acompaña un partido, un gran partido, el más grande partido del Perú y millones de hombres y mujeres libres adheridos al partido y al hombre. Vamos a votar por el Perú que todos queremos, vamos a cambiarle el rostro a la democracia, vamos a promover un nuevo Orden Social, vamos al reencuentro con Haya de la Torre para construir, con todos los peruanos de buena voluntad, la sociedad aprista de pan con libertad. EL ÚNICO PACTO POSIBLE ES CON EL PUEBLO El desenlace de la primera vuelta electoral ha generado una serie de comentarios, derivados casi todos, de meras especulaciones sobre la posibilidad de algún pacto del APRA, con otras fuerzas políticas. Para la derecha, esta sería una estupenda oportunidad de convertir su derrota electoral en un triunfo, en tanto, que para el humalismo sería una certificación democrática que, en honor a la verdad, no se la han ganado. Las bases populares del aprismo, por otro lado, expresan su desconfianza y temor a los representantes más duros del ala conservadora peruana que se agrupó en lo que se llamó Unidad Nacional y que por instinto de supervivencia, no dudarían un instante en acercarse cínicamente al aprismo, en tanto miran con recelos a velasquistas y neoliberales reciclados que, en amalgama singular, reeditan el mal proyecto “todas las sangres” que Alejandro Toledo inauguró en el país con los resultados que ya todos conocemos juntando a perro, pericote y gato. Conquistar los votos que en la primera vuelta nos fueron esquivos es una cosa, y otra, muy distinta, comprometer nuestra línea política. La fidelidad programática nos garantiza consistencia y seriedad en nuestras propuestas por el cambio, pero de cara a la nación, un compromiso selló nuestra alianza con los más pobres y esa es: romper con el pasado de oprobio y corrupción que encarnan quienes nos han gobernado.

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Aprismo desde La Tribuna Que nadie olvide que son los trabajadores y sobre los intereses de los que menos tienen, sobre los que hay que fijar las condiciones de cualquier acuerdo de gobernabilidad. Que gobernabilidad no es impunidad y que no hay pacto posible con cúpulas, cenáculos cerrados y con concesiones ominosas. Todo acuerdo es sólo con el pueblo, y una contienda electoral no es un estadio repartijas, ni de concesiones dadivosas para cubrir con mantos de impunidad corruptelas, sino, tal como la entendemos los apristas, ha sido y es, un escenario propuestas en las que se exhiben hojas de vida ciudadana y proyectos políticos realización social que en nuestro caso, por nuestra opción, aspiran al bien común.

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No habríamos hecho nada nuevo y no corresponderíamos con honor a la confianza de los más pobres, ni de nuestra historia, si concediésemos sobre cuestiones fundamentales. Todo entendimiento pasa necesariamente por los compromisos asumidos por el impulso a la micro y pequeña empresa, por el respeto a las ocho horas de trabajo y el pago de las horas extras, las conquistas de los trabajadores, la reducción inmediata de los sueldos de privilegio de los principales funcionarios públicos, del encuentro de políticas que permitan el ahorro para la atención de los temas de salud y educación, por la atención de los postergados problemas de maestros, militares y policías y, finalmente entre otros, por darle a la juventud mecanismos que la incorporen a la vida ciudadana, convirtiéndola en motor del desarrollo. Lo que está en juego es, finalmente, el futuro del país, el de nuestra gente. De esa enorme muchedumbre noble y generosa que nos entregó sus millones de votos para la realización de la justicia social y no para ninguna foto electorera que le conceda a la improvisación violentista o a la derecha y sus dinosaurios, ese salvavidas que tanto necesitan para no sucumbir. FLORES MARCHITAS EN UNA TUMBA VIVA Si no nos encontráramos en medio de una campaña electoral, estoy seguro que el gesto producido por el candidato de UPP-PNP Ollanta Humala podría haber tenido un sabor mucho más respetuoso que el que nos ha dejado la colocación accidentada de una ofrenda floral ante la tumba de Víctor Raúl Haya de la Torre en Trujillo y cuyo contenido propagandístico salta a borbotones. No es quién lo dejó sino lo que significa en medio de una contienda precedida de epítetos y conceptos mal aprendidos en los que quedan huellas de un antiaprismo secular y de contrabando que no es posible convalidar, ni siquiera en nombre de la tolerancia más civilizada. Que el candidato del aprismo exhorte a la militancia del viejo partido de Haya de la Torre para que no responda agravios y que no caiga en el juego que pretende mostrarnos como violentistas, es perfectamente comprensible y atendible, pero también, como él mismo lo ha hecho, es necesario señalar con claridad la vena provocadora que trajo el discurso y las medidas efectistas del humalismo a tierras de La libertad. 120


Aprismo desde La Tribuna Y por eso mismo, nos quedamos con la imagen que la televisión nos trajo en la que el novel candidato fascista al advertir que su prédica no calaba, golpeándose desencajado y matonescamente el pecho, gritándole a la muchedumbre que estaba allí, en medio de gente que no era suya, desafiando, esperando y provocando quién sabe el más mínimo error, una impensada reacción que podría darle la llave y ser “el detalle” que necesita para consagrarse como la víctima del proceso “todos contra humala”. No se equivoque ex comandante, no siga pensando como en el cuartel, que todos tienen la obligación de escucharlo y seguirlo. El pueblo aprista ha vivido en medio de las más tensas persecuciones, ha sabido responder la inteligencia con persistencia y los agravios con ideas. Sabemos que los insultos no se contestan y que el tiempo y la forma de responder es en las urnas. Tener que convivir con quienes antes fueron nuestros verdugos nos permite reconocer el autoritarismo y también a quienes, en nombre del pueblo, mienten. Sostener audazmente que, si Haya de la Torre viviera alentaría un partido como el suyo, es no solo no haberlo conocido como es lógico de suponer, pero sentirse seguidor suyo manteniendo una vocación autoritaria como la del humalismo, resulta un agravio. Haya de la Torre no sólo luchó con todas las fuerzas de su vida contra toda forma de opresión, politiquería y muerte –lo que lo aleja definitivamente de usted-, sino que su nombre se vincula al ámbito de los Derechos Humanos que él incorporó a la Constitución del Estado, todo esto antes que usted lo descubriera y también, mucho antes que los familiares de las víctimas del “Capitán Carlos” en Madre Mía lo reconocieran y reclamaran por justicia y verdad. Sus flores, ex comandante, no son el testimonio de respeto ante la vida de un gran hombre, son parte de una burda maniobra electorera que presenta al humalismo en su fase real, inescrupulosa y falsa. Hoy, esas flores marchitas que solo duraron algunas horas, son el mejor testimonio del rechazo a un discurso que en calles liberteñas sólo trajo confrontación. En el cementerio donde yacen los restos de Haya de la Torre se eleva también la luz que guía a quienes condenamos la intolerancia, el fascismo y sus atrocidades, y también las medias verdades impuestas por el dinero o las armas, esas armas comandante que a usted parecieran gustarle tanto. . LA AGONÍA DE BOLÍVAR Que Hugo Chávez Frías pasará a la historia es un hecho indiscutido y esto no sucederá por haber convertido al pensamiento bolivariano en un instrumento eficaz para la unidad de nuestros pueblos, sino, porque en nombre del libertador, una especie de estalinismo latinoamericano se ha instalado en tierras venezolanas imponiendo una mano autocrática que se pretende proyectar de manera agresiva sobre todo el continente.

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Aprismo desde La Tribuna No es que el discurso de Chávez nos preocupe realmente, ya sabrán que hacer con él los demócratas venezolanos, lo que nos inquieta son las posturas politiqueras del dictador que se ha encontrado un espíritu reaccionario que monta sobre su discurso radical pero para esconder el hambre de su pueblo, hambre que cree mitigar compartiendo dádivas que luego cobra, propiciando una conducta soplona, que promueve la delación y el espionaje entre sus propios compatriotas. Pero es que Chávez no sólo aprendió mal la lección de Bolívar, sino que es un pésimo émulo de Fidel Castro sobre cuyas barbas reposa, pensando que la fortaleza del viejo combatiente de la Sierra Maestra, más allá de la posición personal que se tenga de él, en su larga lucha contra el imperio por un bloqueo de verdad que dura más de cuatro décadas, es comparable con esa doble moral que lo lleva a “combatir” a Washington, en tanto sigue negociando animadamente en Wall Street. Pero, si Chávez es mal discípulo de Bolívar y un pésimo émulo de Castro, es también un descuidado maestro de aprendices como Evo Morales, a quien aconseja transitar por el recorrido sendero de un cantinflesco proceso de estatización que él sabe, perfectamente, no resistirá la endeble economía boliviana. La crítica más dura al gesto bolivariano de dinamitar todo intento integracionista, no viene de Norteamérica, viene de los sectores progresistas y socialdemócratas y de la izquierda mundial que durante más de una década combatieron sin cuartel al neoliberalismo y que ahora, sienten que las malacrianzas de un irresponsable como Chávez, que arremete contra comprobados líderes de la revolución latinoamericana como Alan García, podrían terminar haciéndole el juego a las derechas y desprestigiando (o petardeando) todo el esfuerzo socialista que han realizado por ejemplo, Lula en el Brasil, Lagos en Chile o Tabaré Vásquez en el Uruguay. El drama de América Latina pues, sin lugar a dudas, ya no será el de combatir los rezagos del neoliberalismo económico que trajo secuela de hambre y miseria, sino toda la miseria del clientelaje económico y político que Chávez y sus petrodólares riega por el continente, escondiendo tras ese discurso, aparentemente revolucionario, una podredumbre estatal que convierte a la Venezuela de estos días, en el paraíso de la corrupción y, a los hermanos venezolanos, en ciudadanos poseedores de una riqueza incalculable que su presidente prefiere dilapidar por todo el mundo, sólo para lograr hacer realidad sus delirios de emperador frustrado o de conquistador empequeñecido. . CUANDO CAE EL TELÓN... El actor Enrique Victoria informó que un grande había muerto, que Ricardo Fernández, ese extraordinario hombre de los mil personajes y primer actor nacional, había partido en viaje a las estrellas permitiéndonos develar tras de sí, aspectos de su vida que algunos no conocían.

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Aprismo desde La Tribuna En ese sentido, estas líneas son de reconocimiento al hombre y al ejemplo. En homenaje a quien durante toda una vida abrigó una misma fe, la misma esperanza y el mismo partido sin más interés que el bien común. Y es que en tiempos particularmente dramáticos para la moral pública, encontrarse con esta especie de hombres casi extinguida merece relevarse. Por eso nos toca de cerca la partida de Ricardo Fernández, no sólo por lo que simboliza, sino porque es una real oportunidad para hablar de lo que conocimos, de lo que vimos y de los ejemplos que nos dejan quienes nos adelantan en el viaje inmortal, pero marcando con sus propias vidas el devenir. Lo conocí hace ya muchos años, cuando en los avatares de nuestra administración en el canal 7 de televisión, me tocó apoyar la realización de eventos culturales que él promovía personalmente para la participación y el reconocimiento del artista nacional a través de la Ley del Artista. Encasillado entonces en la comicidad -suerte de refugio del que gozaba por la condena de la estrechez económica del teatro nacional que era su verdadera pasión-, siempre encontraba formas para imponer un talento que le brotaba naturalmente y que lo presentaba con una solvencia personal, intelectual y artística por la que se le reconocía. La fineza de su trato marchaba de la mano con la solidez de sus ideas y su personalidad, provocaba confort emocional que se convertía en respeto. Conocí a un grande capaz de ser el mismo metido en medio de tantos personajes que le tocó representar. Hace muy poco tiempo lo reencontré en el distrito de La Victoria, a propósito de una de las manifestaciones públicas de apoyo a Alan García, lo abordé y dialogando con él, percibí el mismo entusiasmo y sabiduría que años antes me había sorprendido. Le publiqué una nota que remitió con afecto. Tenía muchas ganas de ganar y de “construir algo mejor para todos”, no había terminado la frase, cuando el propio candidato del aprismo lo vio y lo invitó al estrado para el reconocimiento del soberano. Hijo de apristas y aprista él mismo, llevó una vida sencilla, de bien y de mucho trabajo. Seguro que habrá quienes hablen de este artista, de su talento y también de sus cualidades histriónicas, me toca resaltar ahora sólo la obra del combatiente, de quien entregado a una causa, desde la infancia más lejana, signó su vida en la defensa de las libertades y su aprismo. Gritó las victorias y lloró en silencio las derrotas del partido durante décadas, por eso hoy, corean los apristas su nombre ante el paso del féretro... porque cuando un aprista muere, nunca muere. La victoria aprista llevará escrita su nombre y en su nombre también cantarán sus notas más dolorosas la banda de los chicos apristas. En medio de una campaña electoral en la que participó activamente, Ricardo nos revela que la vida misma es toda una actuación y que tras la caída del telón, siempre, una nueva función asoma, 123


Aprismo desde La Tribuna porque cualquiera sea el sentir personal, cuando se vive con honor, verdad y entrega, como en el teatro... la función debe continuar. Hasta pronto compañero. DE TANTO ESCUCHAR A NADINE, VOY A EXTRAÑAR A ELIANE Hasta ahora no encuentro respuestas válidas que expliquen las enormes distorsiones de nuestro endeble sistema democrático y, entre ellas, la que se produce a raíz de un encargo socialmente simbólico como el de la “primera dama”, que en realidad solo es consecuencia derivada de la condición conyugal del Presidente de la República que, con Eliane Karp, adquirió ribetes tragicómicos. Este tema ha producido un encendido debate, sobre todo, después de la forma grosera en la que desde “esta oficina” se manejaron recursos públicos “por encargo” y del protagonismo pernicioso que asumieron quienes obnubiladas por el goce del poder, confundieron esa honrosa representación informal, pretendiéndola omnipotente y olvidando que, para el cargo de primera dama, nadie se somete a ningún escrutinio público, ni es elegida, salvo claro, por el gobernante, pero para esposarla. Pero esta crítica no tendría ningún sentido si, como en realidad ha venido sucediendo en estos últimos cinco años, las decisiones políticas más importantes no hubieran tenido un sesgo impreso por la “primera dama”; hecho que por lo que vamos viendo en la campaña presente, se reeditará con Ollanta Humala, a quien vemos sumiso y disciplinado ante la prédica, el discurso y el “pensamiento Nadine”. Sin que nadie pueda esgrimir recursos mezquinos de falta de capacidad intelectual y talento, que distancia con la prolijidad moral de Violeta Correa de Belaúnde o la discreción y calidad personal con la que Pilar Nores de García, impuso su estilo humanista en la ayuda social apoyando al Presidente de la República. No se trata de cuestionar el rol que pueden desarrollar mujeres cuyas cualidades intelectuales nadie discute, sino de la prudencia que debe mostrar quien no tiene un mandato y, en tanto ello es así, sus actos solo son consecuencia de su propia apetencia personal o buen entendimiento, mas no del interés del soberano. Habrá que comenzar por corregir estas deformaciones del sistema que ya le han traído al Estado problemas muy graves como el uso de los recursos de la CONAPA o hace muy poco, con la manipulación grosera e ilegal de niños en plena campaña electoral, a quienes Nadine Heredia, en sus propios colegios, usó para arengar lemas a favor del humalismo fascistoide que representa a cabalidad. En muy poco tiempo, nuestra recordada Eliane, la de los “pituquitos miraflorinos” y el puño a lo Berenson tendrá que salir de su residencia palaciega y con ella, abandonará palacio de gobierno toda la soberbia y el mal trato que hizo público la flamante esposa de Alejandro Toledo. Sería por eso una ironía felizmente lejana que quien la reemplace sea quien asume los mismos ademanes y pretenda continuar su

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Aprismo desde La Tribuna fatal obra de intromisión en asuntos políticos y de Estado para los que no tienen atribuciones. Si hasta ayer hacía falta una dosis de abundante prudencia y control sobre el rol familiar de los inquilinos de palacio de gobierno, habrá que revisar, para el futuro, la pertinencia que la residencia del Presidente y su familia se encuentren en el mismo lugar donde se debate el curso de la historia y se decide el futuro de nuestra Nación, ya que por el momento, felizmente, con Pilar Nores, está garantizada la prudencia y el retorno al sentido común a la labor de una primera dama aprista que sabe escribir con mayúscula sus nombres y apellidos. BUSCANDO UN TRADUCTOR La verdad es que una de las cosas que más me ha llamado la atención del desarrollo del debate presidencial, fue la falta de claridad en el discurso del candidato humalista. No pensé que la falta de contenido pudiera tener un correlato tan dramático en la falta de estructuración lógica al hablar y al que se le sumó esa falta de locuacidad que terminó vinculando su espíritu mandón a la imagen del recurrido cuartelero de barrio. Tres cosas le resultaron fatales al candidato fascistoide. Un primer gesto mal entendido de poder con sabor a autosuficiencia (llegar tarde por quedarse comiendo un sanguchito y tomando agua en un conocido guarique criollo) terminó asestándole un golpe más duro que el que Montesinos pretendió darle la noche anterior, la colocación inoportuna del símbolo patrio que usó burdamente para ser visto como “más patriota”, fue tomado como un gesto de desacato al acuerdo de caballeros y los buenos modales y, finalmente, la reiterada fraseología antiaprista, aquella de lugares comunes, que en estos tiempos, sólo evoca ignorancia supina y cierto grado de segregación. No sabremos nunca cuál fue la estrategia de los integrantes de UPP, lo que sí quedó claro es que flaco favor terminó haciéndoles Daniel Abugattás, quien en el mismo tono y modales con el que agredió a los trabajadores de las fábricas heredadas de su padre, pretendió ingresar al recinto al que su propio partido le había negado el ingreso ya que no le entregaron los pases de invitación que manejó UPP, por lo que no tuvo mejor idea que responder pateando a periodistas, robando y finalmente, inventando una hilarante historia que quedó registrada en una denuncia policial en la que ofende a una dama y miente aseverando que fue la periodista quien le propinó una patada en sus partes más íntimas. Si Ollanta Humala pretendió ganar algo en este debate, la verdad es que hasta ahora sigue evaluando qué fue. De lo que sí se estará arrepintiendo es de haber lanzado al aire un spot que retaba al candidato Alan García, sí, al mismo candidato que lo hizo trizas no porque habló mejor, sino porque estructuró un discursopropuesta coherente y formuló ideas centrales que deberán convertirse en la estructura sobre la que descansará el desarrollo nacional.

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Aprismo desde La Tribuna Ollanta tartamudeó, insultó, agredió y ofendió la memoria colectiva sin que en realidad nadie pudiera entender cabalmente lo que dijo, lo que en términos reales se complicó cuando pretendió leer una proclama cuartelera en la que sin manejos de los tiempos y alzando la voz, lo único que le escuché decir con claridad al final, fue sólo su nombre. No sé si Humala saldrá bien librado de esta aventura presidencial o, si acaso al ser derrotado en las ánforas por el pueblo, pueda de alguna manera devolver toda la inversión que han realizado en él quienes detentan el poder y manejan sus intereses, lo que sí queda claro es que algunas monedas le sobrarán de esta campaña para poder realizar lo que una humilde pobladora le gritó la otra noche en San Juan, contratar un traductor no es una mala idea, sobre todo, porque a estas alturas, está claro que, al señor Humala, ya nadie lo entiende. CARTA AL VIEJO Compañero Víctor Raúl Haya de la Torre Jefe y fundador del PAP: Querido viejo: Los compañeros integrantes de “La Tribuna”, al cierre de esta edición y como en todas, han invocado tu nombre y se han sentido fortalecidos por tu imagen que gobierna nuestra sala de redacción. Yo he sentido entonces, la necesidad de cursarte esta modesta nota para contarte, que en medio de esta intensa campaña en la que el compañero Alan García se ha encargado de traernos tu recuerdo permanentemente, cuando los agravios y las agresiones ensombrecen los discursos y solo evocan las épocas más duras de la intolerancia política, tengo la necesidad de hablarte con el mismo entusiasmo con el que acudía los domingos a Vitarte o cuando, entre las palabras de mi padre y las de Ramiro Prialé, encontraba siempre la posibilidad de pedirte algún consejo. Hace veintiocho años querido Maestro, también en el mes de junio, vi cómo más de un millón de votos emocionados le cobraron a la historia todo el lodo con el que dictadores y conservadores habían escrito tu biografía y cómo entonces, la vieja estrella aprista, enhiesta y luminosa que brilló por más de cincuenta años, iluminó la nación entera. Era la primera vez que esas hermosas historias familiares de lucha, tenían un correlato de sueños realizados provocando que el entusiasmo sin control de mis viejos tíos sindicalistas creciera a borbotones y entre sonrisas llenas de emoción, llanto y gratitud de todos, los pueblos del Perú te hicieran Presidente de la Asamblea Constituyente para hacer realidad una Constitución Política de avanzada que consagraría, entre otros, la defensa de los Derechos Humanos y el rumbo armónico para alcanzar el desarrollo y la paz en tanto tus adversarios se rendían ante la imponente personalidad de tu sabiduría. Como olvidar entonces, a los trabajadores y a los pobres que llenaban tus oficinas en el Palacio de la Asamblea Constituyente para alcanzarte su mano fraterna, y que luego hicieron el triunfo de Alan García en 1985, en el primer gobierno aprista.

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Aprismo desde La Tribuna Hoy, en sólo unos días Maestro, concurriremos nuevamente a las urnas, y el resultado será un nuevo tributo a los héroes anónimos del pueblo, a los de la persecución, el destierro o la cárcel, a los que no están, pero que soñaron con este tiempo de triunfos en una sociedad aprista de pan con libertad y a quienes les dedicamos esta jornada de lucha por el Perú, que ha sido librada en tu nombre. Sabrán entonces de tu grandeza, querido Jefe, pero será por las obras del próximo gobierno aprista y de tus discípulos que aprendimos de los desaciertos una enorme lección, una lección de tolerancia, de respeto y de trabajo para poder conducir acertadamente a los pueblos por esa ruta del desarrollo que anunciaste desde los aciagos días de 1924 cuando fundaste el APRA. Hoy, verás todo el respaldo popular a tu partido, apoyo que honra la lucha sin cuartel contra la corrupción, el compromiso de abolir los privilegios y la firme decisión de Alan García de devolverle a los que menos tienen la esperanza perdida. Descansa tranquilo, viejo combatiente, tu obra de amor por el Perú está en buenas manos, manos firmes y limpias que sostienen el mandato heredado de nuestros padres y abuelos y que nos recuerda lo que proclamaste aquella tarde -una de tus últimas con nosotros en la presidencia de la Asamblea Constituyente-, cuando en tono firme sostuviste que: “...somos el partido del pueblo y la causa del pueblo vencerá. Yo estaré en mi puesto hasta el fin. Espero que cada uno de los apristas no abandone el suyo”. Fraternalmente, German Luna Segura OLLANTA EN SU LABERINTO Una de las más serias deformaciones de la personalidad política del ex comandante Ollanta Humala fue puesta al descubierto en medio de sus últimas declaraciones públicas, en las que por un lado “reconoce” los resultados oficiales de la ONPE y por otro, cual declaratoria formal de guerra, arremete contra todas las formas democráticas anunciando que no saludará el triunfo del presidente García, a quien confrontará desde ya en las calles, aun cuando éste último no haya recibido todavía el gobierno. Está claro que Humala juega en un esquema prestado, que enfrenta a García Pérez por encargo de Hugo Chávez y que los hilos de esta posición son manejados por los estrategas del dictador tropical que desde Caracas, está tratando de encontrar la salida a la amenaza de romper relaciones diplomáticas con el Perú si ganara el candidato del aprismo. Ollanta ha respondido a las voces que le demandaban solo un gesto de demócrata perdedor con una intolerancia que solo es posible en la perspectiva del ego sin límites del etnocacerismo que ha convertido el discurso nacionalista de la campaña que sedujo a millones de peruanos, en el Caballo de Troya de todas las reminiscencias del izquierdismo infantil de los años ochentas. 127


Aprismo desde La Tribuna No hay entonces por qué hacer mucho esfuerzo para entender lo que está pasando, el entorno democrático de UPP ha sido copado por la aplanadora totalitaria de comunistas reciclados venidos de las más violentas y torpes facciones del izquierdismo que siguen proponiendo un ánimo confrontativo que siembra las condiciones objetivas de la lucha política por el poder, azuzando cada vez más violentamente las contradicciones sociales. Por eso es que ahora la presencia de Aldo Estrada y Torres Caro han sido absorbidas por las de Carlos Tapia, Edmundo Murrugarra y Alberto Mendieta, lo que demuestra que con el nacionalismo fascistoide del humalismo de esta hora, hay quienes piensan que en política, no importa cuánto pierda la nación en la confrontación, si sólo algunas adhesiones se consiguen sobre la base del ataque artero. Finalmente, hay que reconocer que es legítima la reacción de los principales líderes de UPP en los últimos tiempos, ya que prestaron el partido para una propuesta electoral y ahora sólo se sienten usados por quienes llenaron la campaña de adjetivos y lugares comunes y cabalgan -cual botín de Troya- buscando recuperar espacios perdidos hace más de tres décadas sin importarles la estabilidad o el sistema democrático. No por gusto hubieran preferido una alianza no-natural con Unidad Nacional para conferirle a la derecha un triunfo en la presidencia del congreso con la condición que confrontaran con el gobierno de García, en tanto el nazi-onalismo de Humala, adueñándose de la protesta en la calle, supone que arrinconaría al gobierno aprista. No sólo no nos conoce, sino que además, no entiende que en el Perú, desde hace muchos años, la historia la escriben los pueblos con sus luchas y no el ego de un seudocaudillo militar que desde una perspectiva fascistoide y reaccionaria, ha pretendido supeditar la historia, a las ansias de poder de un cachaquito frustrado. EL SILENCIO DEL ESTADISTA Muchos amigos y compatriotas me han preguntado por qué el presidente Alan García no responde agravios, sobre todo ahora, después de su indiscutible triunfo en las urnas. Y la verdad es que supuse que, luego de tantos años soportándolos, para él –si eso es posible humanamente-, ya no constituyen una provocación, menos una motivación confrontaciónal escucharlas. Debo confesar sin embargo que, siguiendo de cerca su campaña presidencial, he sido testigo de excepción de cómo los agravios y los golpes arteros nunca vulneraron la vitalidad del hombre y menos, la fortaleza de este caminante de pueblos y vigoroso recolector de las esperanzas populares. Será por eso que luego del triunfo con sabor a mucha responsabilidad que nos regaló, hubo quienes, sin conocerlo plenamente, aguardaron su voz de orden, acaso el mandato o el señalamiento objetivo del rumbo a seguir, sin saber que esa labor, la de guiar a la nación por el derrotero de gran proyecto nacional, era una tarea cumplida a cabalidad por el candidato en todo el transcurso de la propia campaña electoral. Es decir, que cada frase, mensaje, discurso o programa fue en realidad un compromiso y que el silencio posterior, es en realidad un esperar, sí, un esperar en el 128


Aprismo desde La Tribuna trabajo y el empeño de los que saben que las cosas no se resuelven solas y que lo primero que hay que abolir son las oprobiosas diferencias promovidas por cofradías de todo tipo que terminan envolviendo a los más ilusos en medio de ese escenario ideal en la que los pillos cercan a los novatos en el manejo de la cosa pública. Allí radica la novedad, el tiempo nuevo y el proyecto del que hablaba García en las plazas. Vamos a un tiempo de compromiso de veras, que se traduce en la abolición de los privilegios, a un momento de trabajo en la historia en la que se dignifique al hombre y lo que produce, a un tiempo de lucha contra la corrupción y todo rezago de impunidad consagrando el nivel de tolerancia cero para quienes delincan y toquen dineros del pueblo, vamos a buscar juntos el bienestar. El silencio que asombra a algunos es en realidad la prudencia del estadista, la reflexión del Presidente y también, la del compañero que nos convoca a mirar el futuro por encima de la rencilla local y las mezquindades humanas. Toca ahora integrar, llamar y convocar a todos los que estén dispuestos a acompañarnos en el esfuerzo de hacer un país para todos, una nación hermanada en objetivos comunes que nos lleven a construir, para nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos, en toda la América morena, esa tierra fértil que haga propicia la realización de nuestros sueños; sí, esos sueños por los que nuestros padres y abuelos bregaron, entregando entonces su vida y soñando con construir la democracia y la libertad de la que ahora gozamos y otros vulneran irresponsablemente. GOBERNAR A PARTIR DE LOS MÁS POBRES Alan García inaugura un segundo periodo de gobierno, y lo hace en medio de una creciente expectativa popular que le da un sentido singular a este privilegio reservado a muy pocos políticos en la historia del Perú. No creo sin embargo que su éxito se deba solo a los elementos propagandísticos de su campaña, ya que ello reduciría su discurso a una serie de frases y poses preelaboradas que le restarían, injustamente, contenido y veracidad al mensaje que llevó por todos los pueblos del Perú. Y es que lo que le ha impedido a algunos ver la magnitud de la evolución política del hombre y del candidato ha sido, precisamente, ese innecesario enfrentamiento con visos personales que alentaron los “antis” en la campaña y que terminaron por perturbar lo que debió ser una natural confrontación de ideas y no esa especie de circo romano en el que la violencia y la mediocridad pretendían hacer de las suyas. La propuesta del aprismo triunfó porque supo representar con mayor claridad la propuesta de cambio que la mayoría exigía ante la urgencia de dejar atrás los estragos de la miseria que hacía impostergable incluir una agenda social en la tarea política impuesta en el corto y mediano plazo. No hubo concesiones en la condena al modelo económico y menos a la aplicación de esos mecanismos criminales del “mercado libre” que alentó el liberalismo económico imponiendo un carácter mercantil e insensible a todos los actos del Estado que se 129


Aprismo desde La Tribuna olvidó de atender todo aquello que “no es un buen negocio para el capital privado”, es decir, la atención de la educación y la salud de los peruanos, en tanto por malbaratear sus bienes se llevó de encuentro a millones de compatriotas que perdieron sus empleos en el llamado proceso de la privatización, terminando, literalmente, en la calle. Y es, en este contexto, la dinámica de la economía de los últimos años lo que terminó efectivamente excluyendo a los trabajadores y a los más pobres del proceso productivo ya que, como parte del sacrifico exigido, impusieron el “ahorro” despidiendo a trabadores y vulnerando las condiciones y beneficios laborales, impidiendo su organización sindical e imponiendo una lógica inmoral que sugería un “recorte permanente de los sobrecostos laborales” al que se le sumó el concepto de la llamada “flexibilización” de la legislación que en realidad, lo que permitió, fue el despido masivo de trabajadores, en tanto se extendía la mano de obra muy barata que, sumada a la falta de empleo por una inexistente oferta laboral, desde la otra orilla, los empresarios aplaudían sin inmutarse ya que, contra la propia lógica del sistema liberal que defendían, preferían mantener los privilegios o subsidios que le arrancaron al gobierno del general Velasco, en nombre de un nacionalismo al que se sumaron entusiastas y en cuya evocación el “empresariado nacional”, se ha visto beneficiado las últimas décadas. Lo que toca pues al gobierno que se inicia es resolver la vieja disyuntiva. O se gobierna desde el sistema para mejorar sus condiciones, administrando la crisis y aplacando sus consecuencias lo más que se pueda (conservadoramente), o, como es necesario, desde la opción de los más pobres, se respeta el mandato popular gobernando con los que menos tienen, para desde esa perspectiva desterrar la impunidad y propender a la construcción del desarrollo humanista cuyo derrotero señaló Haya de la Torre desde 1924 y que, por lo demás, sentaría las condiciones económicas y políticas del cambio social que en principio, desterrará la pobreza y propenderá al bienestar, pero sin abdicar de la libertad. Y AHORA... ¿QUIÉN PODRÁ DEFENDERLOS? Varias son las lecciones que se pueden extraer de los últimos resultados electorales y también, naturalmente, de los sucesos que en ese contexto se produjeron casi siempre signados por esa incomprensible voluntad confrontativa que terminó desluciendo lo que debió ser una gran fiesta electoral. Es verdad que el humalismo incorporó signos negativos en la campaña, pero lo es también el hecho que esta colectividad singular de hombres montaron su discurso en viejos prejuicios, conductas grupales erráticas y toda una estructura circense que buscó triunfos pequeños y mediáticos que terminaron golpeando la propia imagen de su máximo dirigente, a quien le robaron además la seriedad necesaria para liderar y encabezar la oposición democrática. Si bien la población marcó distancia frente al violentismo optando por un prospecto democrático, no es menos cierto que el humalismo es una consecuencia de la realidad

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Aprismo desde La Tribuna de nuestro pueblo, de sus frustraciones e incluso de sus miserias, por lo que no hay que soslayarlo y menos ningunearlo. Las derechas tienen lo suyo y por su propia necesidad de subsistencia sabrán entender el mensaje de las urnas con menos pasión y terquedad con el que lo harán las izquierdas que, montadas sobre el kepí del “comandante Madre Mía”, siguen fracasando en el esfuerzo cada vez más difícil, de hacerse de cualquier espacio para aparecer con un perfil propio. En todo caso, lo que sigue siendo extremadamente preocupante es que no existan ya mismo, en ninguno de esos dos bloques, liderazgos claros que sean capaces de darle estructura política a sus respectivos discursos. Los conservadores se reciclarán más pronto, es verdad. Reemplazarán a Lourdes Flores -ya agotada como propuesta- y morigerarán su discurso haciéndolo “más popular”, usando las técnicas del mercado que conocen a la perfección; en tanto a los nazi-onalistas, les costará más este mismo proceso ya que incorpora varias etapas previas de autodefinición, depuración y filtro. Ojala el Perú pudiera exhibir colectivos orgánicos capaces de confrontar al Socialismo Democrático que representa el Aprismo, con el pensamiento conservador liberal por un lado y el derecho de las minorías más radicalizadas que exhiben todavía, en medio de la globalización y el siglo XXI, un infantilismo militarista y una vocación dictatorial que no desestabiliza al sistema, pero que sí los reduce a la nada políticamente hablando. YO… EMPLEADO PÚBLICO Este no es un alegato, no podría serlo, entre otras razones porque quienes trabajan honradamente para el Estado no lo necesitan. Sin embargo, hay quienes languidecen en su seno y se favorecen inmoralmente frente a los más, esos que laboran diariamente, dejando años de sus vidas en el esfuerzo de construir el país. Sobre el llamado “servidor público” se ha escrito y dicho mucho, es verdad, sin embargo, la crítica podría haber sido injusta de cara a la forma como se ha satanizado a esta gente que, desde mi propia experiencia personal en estos días al integrar las comisiones de transferencias, realizan sus tareas en condiciones inconfesables. Y es que compulsar sin presiones propagandísticas y puritanismos mal entendidos el trabajo estatal, me permite distinguir la paja del trigo y observar con detenimiento que por encima de los escandalosos sueldos encontrados, los desórdenes administrativos y toda la impunidad con la que el poder político invade la actividad pública -que es patrimonio ahora de una oprobiosa minoría-, hay quienes realizan sus labores casi de manera dramática, subsistiendo incluso en medio del marasmo burocrático más increíble que alienta además, la más insospechada lenidad administrativa. Al canal 7, por ejemplo, lo encontramos “cayéndose a pedazos” y emitiendo su señal (estratégica y de seguridad nacional para unos, y solo educativo-cultural para otros) 131


Aprismo desde La Tribuna sin que nadie pueda exactamente explicarnos como, en medio de todas las carencias técnicas-operativas visibles, esta señal teóricamente pueda llegar a todo el país. Una infraestructura precaria que no resiste más el paso del tiempo, equipos “nuevos” que no funcionaron nunca porque quien los proveyó no aparece y máquinas analógicas que con más de dos décadas han sido “repotenciadas” por esa imaginación que la necesidad agudiza en el canal del Estado y que nos obliga a alzar la voz. No hay derecho a la impunidad en la que se mueven aún quienes adquirieron películas tan viejas pero que han sido revendidas -hace solo unos meses-, a “precios de estreno”, embolsándose millones de soles, en tanto el personal de IRTP sigue ¡al aire! en medio de una absoluta carencia de los más elementales instrumentos. No es justo que, a casi dos décadas, paguemos sin chistar la factura que nos pasa ahora el fujimontesinismo y que acusa dos niveles, la de los “dorados” (especie de oligarquía intelectual y económica reciclada que se posesiona desde el palco del PNUD) y, la de “los de abajo”, quienes desde el llano más absoluto, siguen poniendo el hombro para sostener las alicaídas y maltrechas estructuras de una organización empresarial que fue llevada por el neoliberalismo económico a extremos, simplemente, para poder rematarla al peso. Por eso señalamos la obligación de desterrar la impunidad que es el resultado de tanta dejadez, de tanto robo y de tanta inacción. La cosa pública es de todos y todos debemos defenderla ya que esa marca indeseable con la que señala al servidor del Estado, debe ser endilgada a quienes hacen de su paso por la administración pública -como decía Haya de la Torre-, un negocio vil y culpable. MENSAJE PARA LOS QUE SE VAN... En los últimos días, una serie de comentarios, se han difundido por varios medios poniendo énfasis en eso que algunos consideran como una “intromisión” en los asuntos del régimen, el mismo que reclama que “termina el 28 de julio”. Considero que por un lado, es el desconocimiento lo que produce estas airadas reacciones, y por otro, lo es, la incomodidad que producen las Comisiones de Transferencias, esas que requieren información y van señalando, al alimón, las fortalezas y las debilidades sectoriales, entre las que destaca esa suerte de espíritu de cuerpo entre los salientes. Una vieja frase que repite hasta el cansancio un veterano periodista, envuelto casi siempre en lídes insulsas, señala que “todo ladrón cree que los demás son de su misma condición” y es eso lo que me ha permitido comprobar que lo que se esconde detrás de la incomodidad que producen las Comisiones de Transferencias es la necesidad de ocultar los intereses monetarios de grupos que patrocinan núcleos de impunidad en los mismos organismos públicos, donde subsisten funcionarios que reciben más de treinta mil soles, frente a miles de trabajadores que lidian, día a día, en la más absoluta precariedad. 132


Aprismo desde La Tribuna Debo confesar que el tema de IRTP (Canal 7 y Radio Nacional) merece un comentario aparte. Alguna vanidad ha sido usada por la actual administración para generar toda una cómplice campaña que es en realidad, una vulgar cortina de humo. Es verdad que en el viejo canal de José Gálvez no se encontraron sueldos dorados ni pagos del PNUD, pero no sé si eso hubiera sido preferible, a la evidente responsabilidad de los “calificados” representantes del Toledismo que parasitan en su Concejo Directivo y la actual administración que instaló por años un clima de terror y negligencia que ahora pretenden tapar. El canal del Estado –léase bien, el canal de todos los peruanos-, languidece en medio de una dramática y dantesca realidad, signada por el abandono más punible. Sus filiales han sido dejadas a su suerte y una especie de corruptela hace que cualquiera tenga un cargo, use los bienes del Estado, anuncie en su pantalla sin pagar o pagando por lo bajo y que por la señal del siete en diversos lugares, se vean otros canales comerciales. Ese “botín” del que hablan algunos y que “preocupa a otros”, no tiene por ejemplo un área técnica, sino una gruta; altar en el que sus especialistas “hacen milagros” por falta de recursos, logrando de alguna forma (nadie sabe cómo exactamente), mantener la señal al aire, mientras una parte de los más de cuatrocientos trabajadores administrativos que acompañan al Toledismo en estos cinco años, reclaman su “estabilidad” por haber sostenido al canal en su trayecto por los linderos tan celosamente guardados del descontrol y el más enano interés político. Alguien ha creído ver en estos datos, maledicencia e incluso, en un técnico aun cuando crudo informe de Defensa Civil, maniqueísmo. Claro, hubieran preferido una verdad a medias y el trance (canje le llaman en medios comerciales), es decir traslado de la fórmula “para hacerla”, versus impunidad. Será necesario algo más que campañitas vocingleras y coros anónimos del drama, para evitar que respondan por un pretendido convenio con Francia que “trae algo más que trasmisores”, por “técnicos” que pelean por obtener créditos que le permita al siete “repotenciar” su señal con modernísimos equipos analógicos en plena era digital, en tanto, sus principales funcionarios –cual manada de avestruces enhiestas-, siguen pensando que, mientras puedan trasmitir el rostro del señor Toledo y la nación pueda escuchar la voz de la señora Karp, esta noble y vieja señal, la pionera de todas, heredera de un mejor destino y con una antena a punto de caerse, sigue siendo un canal para todos los peruanos ... pero con carné chakano. UN TRIUNFO QUE ES UN HOMENAJE Nadie hubiera podido imaginar en los días más aciagos de la dictadura y el exilio, que el mismo hombre que meditaba sobre su destino personal y el futuro de la patria entre las calles de Bogotá y París, sólo unos años después volvería a la tierra que lo vio nacer, en medio del cariño de los más pobres y nada menos que para ser ungido, por segunda vez, como Presidente Constitucional de la República.

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Aprismo desde La Tribuna Como le pasaba al propio Haya de la Torre, Alan García despierta marcadas adhesiones y también sentimientos encontrados. Creo firmemente que el aprismo le dio un valor agregado a su personalidad, es decir, un liderazgo singular que le permite invocar, convocar y comprometer grandes consensos en el esfuerzo colectivo para hacer crecer la patria; por eso, y desde esa perspectiva, ni siquiera los intentos de la vieja expresión oligárquica del antiaprismo secular, pudieron impedir que llegara al poder. La nación ha cambiado y nosotros también. La política ha evolucionado y con ella, la forma como se debe entender ésta. Por eso resulta perfectamente posible que ahora se promuevan lugares comunes en la búsqueda del bienestar, y sea a través de la participación ciudadana –incluso por encima de los partidos-, en donde podemos encontrar fórmulas unitarias de enfrentar el atraso de nuestro país, permitiendo, como ahora, que el triunfo del aprismo sea, efectivamente, la expresión nacional de un voto diverso, conciente, plural y democrático. Mirando la inmensidad de la Plaza Mayor de Lima desde uno de los balcones de Palacio de Gobierno, reflexionando sobre lo que vendrá en los próximos cinco años del gobierno del Partido del Pueblo, vino entonces a mi memoria la inmensa presencia de Haya de la Torre y con él, la enorme responsabilidad de cumplir con la nación desde su imperecedero mensaje de humildad y grandeza moral. Al observar a mis compañeros recorrer los rincones más impensados del viejo Palacio, bajo la imagen de Túpac Amaru que gobierna un barroco salón que de pronto es invadido por el incansable grito de los jóvenes apristas que desde el patio de honor reclaman que el aprismo nunca muere; tomé un instante para el homenaje a mi padre y a quienes, como él, no nos pueden acompañar en esta hora de triunfo. Alan García no ha vuelto solo, con él, el viejo cóndor levanta vuelo, la estrella luminosa vuelve a brillar intensamente, el hálito de gloria de nuestros mártires acompaña el paso triunfador del estadista, del presidente, del amigo y del compañero que en su hora más dura se detuvo a mirar por encima de la pequeñez humana y supo perdonar. El viejo partido del Pueblo, compañero presidente, tu partido, el partido de los excluidos te acompaña nuevamente, dispuesto como siempre a colocarse en primera fila para dar el pecho, para respaldar tus obras y para llevarte en olor a multitudes, directo al reencuentro con la historia, esa historia que en tu caso es siempre un tributo a los más pobres. SEÑALES Es verdad que aún es muy temprano para evaluar el comportamiento de los actores sociales en medio del ya instalado gobierno aprista. Esa, en todo caso, es tarea de analistas independientes y opositores. Sin embargo, algunos indicadores muestran objetivamente la forma cómo el presidente García impone la prudencia, entendiendo cabalmente la economía y la política en los tiempos de la globalización.

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Aprismo desde La Tribuna Al anuncio inicial de la conformación del gabinete Del Castillo que produjo algún grado de desconcierto inicial en la Casa del Pueblo, se va imponiendo un raciocinio mucho más consistente entre su militancia. Ahora se habla de una nueva manera de plantear las viejas relaciones entre poder, el Estado y el partido, cuya dicotomía coloca además, a unos en la expectativa malsana de creer simplistamente que los apristas asaltarían el poder el mismo 28 de julio, y otros, en la infantil creencia que sólo hay que exigir que se rindan cuentas, mirando siempre atrás y olvidando que hemos dejado de ser oposición para, finalmente, ser gobierno. Pues ni lo uno, ni lo otro exactamente. Cuando a través de las páginas de La Tribuna insistíamos hace varios meses en la visión del estadista y en la forma como García Pérez entiende las nuevas relaciones del poder, no mentíamos, lo hacíamos en virtud a la claridad del mensaje y, naturalmente, a la honestidad del mensajero que ha predicado con certeza que, de la evolución de las ideas políticas y el principio de la realidad, el aprismo sabe que debe gobernar imponiendo su programa, es verdad, pero aceptando su condición de primera minoría. Ya desde hace buen tiempo, la nación viene notificando a su clase política de algunas urgencias, por ejemplo de la necesidad de renovarse, expulsar a los felones y pillos, de darle solidez y consistencia a las propuestas y también, de hacer viable el régimen democrático sobre la base de medidas gubernamentales que comprometan a todos. Se trata de mirar, en el desarrollo de políticas de largo aliento, la posibilidad de reconstruir la nación, naturalmente, sin propender sólo a conquistar el gobierno para administrar la crisis. Una historia terrible y llena de miserables y ladronzuelos nos obliga a mirar al país desde una perspectiva mayor. No siempre los rostros, ni el color de la piel, ni aún la sola militancia, han podido graficar con exactitud el perfil y el comportamiento de los actores sociales y políticos. Por eso es que no es realmente tan importante quién firma un decreto, sino cuál es su espíritu y a quién beneficia la norma. Desde esa perspectiva, el gabinete Del Castillo tiene un reto adicional y de primer orden. No sólo deberá honrar la confianza del presidente y del aprismo, sino que deberá sentar las bases, siempre desde una perspectiva popular, de esa plataforma de cambios responsables, el cambio necesario para conquistar, de una buena vez, no sólo la modernidad sino, también, el bienestar y la prosperidad para los pobres. MI GOBIERNO, TU GOBIERNO, NUESTRO GOBIERNO Hubo quienes sembraron de sombras la campaña, pretendiendo mostrar al aprismo en una inexistente voluntad de copamiento institucional dentro del Estado. Desde el discurso, el propio candidato respondió en campaña cada una de las imputaciones y, naturalmente, puso énfasis en nuestra voluntad de gobernar no sólo para todos sino, fundamentalmente, con todos los peruanos. El mismo 28 de julio se proscribió el carné, se desterró el tarjetazo y el acomodo, imponiendo la búsqueda de la meritocracia como herramienta de una participación más justa de los ciudadanos en la administración de la cosa pública. 135


Aprismo desde La Tribuna Alguna prensa comprometida con intereses distintos y mezquinos ha pretendido mostrar un inexistente “copamiento” de apristas en el aparato del Estado, sin mencionar un solo nombre o responsable. Peregrina idea de quienes abusan y mienten mostrando un absoluto desconocimiento del Estado, sus limitaciones y también de los controles existentes. Sería bueno que alguien les informara cuáles son todos los procedimientos que se usan para contratar en el Estado, las normas vigentes de austeridad y, naturalmente, cómo la decisión, a diferencia de antaño, no está más en una sola persona, sino, en una serie de instancias que convierten el ingreso del personal, en un real examen de admisión. Pero pese a lo expuesto, que no olviden los críticos gratuitos que quien ganó las elecciones es el partido aprista, que no se escandalicen por algún nombramiento pertinente, ya que corresponde gobernar a este movimiento con su plan de gobierno y también, naturalmente, con sus propios técnicos. No es posible y resulta poco serio pedirle al partido ganador que administre el Estado con el mismo personal que milita en alguna de las organizaciones políticas que perdieron en el proceso electoral. La independencia es una actitud que en la mayoría de los casos alcahuetea a irresponsables que buscan acomodarse (léase servir “técnicamente” al gobernante de turno) para en realidad, mantener sus privilegios, entre ellos, el de tener trabajo en un país donde las tasas de desempleo son altísimas. Finalmente, hemos combatido el transfuguismo partidario, conquistado la rebaja de los sueldos dorados y hasta la posibilidad que los jóvenes renueven la clase política, sin darnos cuenta que en estos últimos treinta años, ha surgido una nueva clase, neoliberal, mal llamada independiente y tecnócrata. Ellos son los mismos que nos reclamaron “achicar el Estado”, lanzar a la calle a millones de trabajadores y con los ahorros se colocaron mejores sueldos. Gobernaron en nombre del liberalismo más cruel, lo vendieron todo con las reglas del mercado libre. Ganaron cada quien más de sesenta veces lo que gana cualquier trabajador promedio, hicieron insensible al Estado frente a los ciudadanos, contratándose seguros exclusivos y apropiándose de los principales medios de comunicación para construir, desde su propia imaginación individualista, una nación sin almas y poco fraterna que sólo vive para generar riqueza en unos pocos pero sobre la miseria de los demás. ¿CUARENTA... NO SON SUFICIENTES? A nadie se le ha ocurrido dentro del aprismo reclamar por la presencia de una sensible mayoría compuesta de ilustres ciudadanos de las más diversas orillas ideológicas en los diversos compartimientos del Estado. Se entiende que en los tiempos que vivimos, son los esfuerzos comunes los que sientan las bases de una nación para todos, pero, por otro lado, con la misma convicción, resulta absolutamente inadmisible que la poca inteligencia denuncie copamientos en lo que resulta un hecho elemental: si de aproximadamente cuarenta viceministros sólo

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Aprismo desde La Tribuna cuatro son militantes del Apra, ¿el reclamo de los adversarios es que no debiera nombrarse ninguno? La verdad es que a sólo unos días de haberse iniciado auspiciosamente el segundo gobierno aprista y, cuando Alan García da señales clarísimas del cumplimiento de sus promesas que incluyen el manejo responsable de la cosa pública sin la preeminencia del carné partidario, parece realmente una majadería que se desate una campaña desleal promovida por cierta prensa adversa que se rasga las vestiduras ante el público nombramiento de técnicos y especialistas militantes del viejo partido de Haya de la Torre que exhiben impecables hojas de vida y un envidiable perfil profesional. El tema se torna preocupante cuando pese a reconocerse que los signos de la austeridad han dejado de ser meras frases de campaña para convertirse en medidas concretas que han reducido sustantivamente por ejemplo los sueldos de privilegios, la prioridad noticiosa termina siendo, esa curiosa estadística que sólo sigue obsesivamente el número de militantes nombrados en los últimos días. Ha hecho bien por ello Mauricio Mulder, en su condición de secretario general del partido de gobierno en defender sus fueros, reclamando además el respeto a la filiación de quienes militan en una organización política dedicada a construir sobre su propio esfuerzo, las fortalezas del sistema que increíblemente les ha significado, se les endilgue esa especie de estigma que convierte al inscrito en el APRA en un ciudadano de segunda clase, que no sólo debería esconder su militancia, sino además recurrir al “independentismo” para que pueda participar sin ser cuestionado, en el gobierno de su propio partido. Habrá quienes sugieran que este es un reclamo laboral. Pues se equivocan. Tampoco es una apología de las necesidades laborales de nuestra militancia. Es una exigencia de ubicación, ética y de respeto por el derecho que nos dio el triunfo en las ánforas y que nos permite sostener que para que el desarrollo de nuestras propuestas se concrete, deberían ser nuestros técnicos y especialistas los que marquen la pauta en el desarrollo y la construcción del proyecto nacional por el que votó el Perú cuando eligió a Alan García marcando la estrella. 30 DÍAS DE APRISMO La Tribuna tiene el mérito de haber anunciado el inicio de esa sostenida campaña que impulsa injustamente cierta prensa comprometida con intereses del pasado y que busca, fundamentalmente, desestabilizar al novísimo régimen del presidente Alan García, porque en su estrechez y falta de visión de país, no le perdonan aún, entre otras cosas, el haber desenmascarado y vencido electoralmente a su candidata en las últimas elecciones. No es casual por todo eso que algún diario nos dedique páginas completas en el intento por evitar que militantes del aprismo puedan, legítimamente, ser incorporados en la administración pública, como si estar inscrito en el APRA fuera ahora un estigma y como si los militantes del aprismo ostentarán la honorable condición de ciudadanos de segunda clase. 137


Aprismo desde La Tribuna Perspectiva novedosa ésta que inauguran los conservadores, cuyos acólitos se desgarran las vestiduras exigiendo austeridad mientras no sean sus remuneraciones las que bajen, concursos públicos para contratar personal mientras no sea ésta una exigencia para quienes exhiben galardones empresariales y también gestos de tolerancia que increíblemente terminan condenando periodísticamente a quienes son en realidad, como en el caso del ex viceministro de justicia, Eduardo Gordillo, víctimas de una vendetta del peor estilo, cuyo tufo privatista nos lleva de narices hacia responsabilidades que involucran lobbys del sistema privado de pensiones, léase AFP, a quienes por cierto con Gordillo, hemos combatido en defensa del rol solidario y popular de la Seguridad Social. No perdamos de vista que para la lógica impropia de ciertas gentes, hubiera sido ideal que nada se moviera, que todo continuara en su lugar y que, naturalmente, hasta Cecilia Blume y su más encarnizado equipo de neoliberales privatizadores, pudieran seguir atendiendo desde sus despachos pnudistas, la venta de las pocas joyas de la abuela que le quedan a la nación luego del remate fujimontesinista de los noventas, al que se sumaron quienes han colocado en su hoja de vida un ítem que resalta una irresponsable conducta acomodaticia. Digamos con claridad que para la derecha, ni siquiera debiéramos haber cambiado a Fujimori o a Toledo, porque es a eso, al quietismo absurdo, a lo que le llaman estabilidad, pese a que eso amplía las brechas sociales y las distancias que sólo alientan respuestas violentas. Nadie podrá decir esta vez que Alan García no habló claro. Que puso énfasis en sus compromisos en la lucha contra la pobreza, que señaló a quienes hicieron de la política vil negocio culpable y que sus primeros treinta días han sido de consonancia con los excluidos y los marginados a quienes además les recordó que el fin de los privilegios está realmente cerca. El gobierno y su partido se fortalecen por ello y no podrán frenar los cambios propuestos con insulsas campañas periodísticas que no escatiman adjetivos en contra nuestra y que muestran por otro lado sólo la pobreza del argumento y la decadente y desesperada respuesta de quienes, desde los reductos en los que se agazapan dentro del Estado aún, pretenden, ilusamente, mantenerse en la más escandalosa y burda sombra de impunidad. SINTONIZANDO CON LA CALLE Que los viejos entuertos de nuestra anquilosada administración de justicia hayan sido de pronto puestos en evidencia por cuatrocientos soles, resulta una paradoja que se explica por la ambición desmedida y toda la impunidad que nos trajo el rostro de aquel vocal supremo provisional al que pescaron, literalmente, con las manos en el billete. Esto, que ha sido motivo de titulares en la mayoría de medios, no debería sin embargo llamarnos la atención. Es la cruel realidad que campea en buena parte de la llamada administración pública y que está compuesta por una increíble cantidad 138


Aprismo desde La Tribuna de organismos y entidades en la que existen burócratas incapaces de sentir y vivir su nación, es decir, de trabajar por ella. ¿Pero por qué esta gente mantiene esa conducta? Pues porque fue mal formada, educada en el culto a una historia oficial llena de medias verdades, con íconos superficiales y con deformaciones patrioteras que se han mimetizado en todo el tejido social animando las llamadas conductas “criollas”, y discursos anti-valor que han convertido toda nuestra vida social y política, en una suerte de guerra del fin del mundo en la que unos engañan a otros y los demás se pasan la vida cuidándose para que no los sorprendan, porque como se repite en la calle: “el vivo vive del sonso y éste de su trabajo”. Seguir viviendo así es aceptar que la verdad no sirve, que la justicia es sólo el nombre de un ministerio o, acaso, la justificación de un palacio en la que los magistrados, ganados algunos por sus necesidades más elementales o la sensualidad de la fortuna mal habida, gobiernan en nombre de la nación aplicando la ley sin más criterio que su sola y omnímoda voluntad, dándole la razón no necesariamente a quien la tiene, sino a quien simplemente “colabora más”. Sin ninguna duda que hay excepciones honrosas, es verdad, pero de lo que se trata es que entendamos que desde el Estado, durante mucho tiempo, se han dado señales incorrectas, sobre todo, cuando se exige que cumplamos con nuestras obligaciones sin que los funcionarios más encumbrados, den muestras efectivas de ser los primeros en cumplir con las leyes. No es por eso lo más grave la actitud de un vocal supremo filmada y retransmitida “full color”, sabíamos que algo de esto ocurre en medio de los lúgubres pasadizos del vetusto edificio del Paseo de la República, lo más grave, es que los propios magistrados hayan tenido que esperar el escándalo para movilizarse, reconociendo de paso, que hemos convivido con la miseria por un buen tiempo. Es bueno que toda la Corte Suprema haya acompañado al presidente Alan García para tomar medidas en conjunto dando respuestas justas y prontas al país. No es que creamos que todos los jueces sean unos pillos, ni tampoco que todos los que aparecen ahora en la foto sean los llamados para conducir el proceso de reorganización del poder judicial. La ciudadanía esperaba una reacción inmediata y esta se ha producido con el liderazgo de Alan García que, una vez más, hace consonancia con el reclamo popular de cerrarle el paso a toda forma de impunidad, porque si le hacía falta a alguien, ésta es una prueba evidente que el cambio ha comenzado. EL NUEVO ROSTRO DE LA VIEJA POLÍTICA La ciudad ha sido invadida, literalmente, por una campaña mediática destinada a reposicionar un antiguo y conocido producto. La estrategia usada apela a la sorpresa y presenta las mismas características físicas de un producto ya vendido, pero esta vez, con un nuevo, corto y simple mensaje. La idea 139


Aprismo desde La Tribuna es volver a familiarizar al usuario con la marca, sin importar en este momento, ningún objetivo adicional. Nos referimos a Ollanta Humala, quien pareciera estar buscando, políticamente hablando, un nuevo segmento en donde posesionarse. Si bien le fue relativamente en el sector E de la población, no olvidemos que eso fue posible apelando a lugares comunes como “luchar por el cambio” pero sin decir cómo se hará. Ahora las cosas han cambiado y no sabemos si el ollantismo podrá redefinir su alianza con los ciudadanos mientras contesta las denuncias por delitos de lesa humanidad y desapariciones que enfrenta desde el banquillo de los acusados ante el poder judicial. El despliegue de una campaña con medio rostro y sobre fondos blancos en paneles que parecieran cubrir Lima, apunta no sólo a blanquear la imagen, sino a tender un manto de persecución política sobre el tema absolutamente judicial que enfrenta el más importante dirigente etnocacerista, además, en medio, precisamente, de un proceso electoral en el que interviene con poca fortuna, pese a que sus candidatos – esposa incluida-, ni siquiera aparecen en las encuestas. Vender un rostro –conocido y más viejo de lo que muchos creen- es tan complicado como tratar de vender una Coca Cola apelando a un eslogan que resalte que “es un producto de sabor nacional”, o una Inca Cola como si fuera “la Chispa de la Vida”. Los asesores del ollantismo sólo aspiran a frenar los efectos demoledores de las acusaciones que enfrenta. No será fácil hacerlo ahora que los testimonios de Madre Mía y de los ciudadanos de Andahuaylas dan cuenta de lo que ha significado el accionar personal del líder del nazi-onalismo. Necesitarán algo más que avisos los etnocaceristas para que la gente mire sin desconfianza a quien en su fase de dictadorzuelo, cobró cupos por participar en las listas parlamentarias, trató de imponer asesores y funcionarios a sus representantes electos, impuso a sus familiares en cuanto proceso eleccionario se ha producido, no presenta cuentas claras de sus gastos de campaña y que por último, convalidó la amenaza insana de fusilar a opositores y homosexuales en la plaza mayor de Lima. Ollanta pudo liderar la oposición democrática, construir desde dentro del sistema un liderazgo mucho más consistente y de largo aliento sin tener que recurrir a una campaña mediática que no podrá desvirtuar los enjuiciamientos públicos que soporta el ahora procesado por crímenes de lesa humanidad y desapariciones forzosas “Capitán Carlos”. Esta es pues la estrategia del señor Ollanta Humala Tasso, un ex capitán del ejercito a quien conocían como “Carlos” y que ahora apela a desviar la atención para imponer su viejo rostro, ese que trae consigo despropósitos de impunidad a los que han recurrido quienes, desde los también viejos tiempos de la política oligárquica y tradicional, engañaron al pueblo, convirtiendo la política en un vil negocio culpable. ¿No es así señor Humala?

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Aprismo desde La Tribuna PRIVILEGIOS SON PRIVILEGIOS 76 AÑOS DE APRISMO Fue un privilegio el de mi generación acompañar al mismísimo Haya de la Torre en la cúspide de su liderazgo a los 83 años de genial vida, verlo realizado y realizando sus sueños en medio de la Asamblea Constituyente el año 78, sembrando con paciencia y sabiduría monacal la ruta de la democracia y haciendo pedagogía en un esfuerzo adicional de tolerancia que no liquidó su rebeldía frente al hambre y la miseria que aquejaba al país. Fue un privilegio ver sólo siete años después, en el mismo lugar donde la grandeza del viejo maestro trabajó la constitución del siglo XXI, a uno de sus discípulos más cercanos, a Alan García, recibiendo la banda presidencial e inaugurando el primer gobierno aprista de la historia. Fue un privilegio sentir y nutrirnos de la presencia inmortal de Haya de la Torre, de la inteligencia de Luis Alberto Sánchez, de la lealtad de Carlos Manuel Cox, de la ternura de Hortensia Pardo, de la música que acompañó la marcha y la marsellesa aprista de Lucas Cabello, de la sabiduría andina y organizativa de Ramiro Prialé, de la disciplina de Alfredo Tello, de la temeridad institucional de Fernando León de Vivero y de las convicciones más sólidas de Armando Villanueva que se hicieron “un solo pensamiento” en el recuerdo inmortal de Manuel Arévalo y el “búfalo” Barreto, leyendas de la liturgia aprista que le dieron a nuestro paso por el aprismo, algo más que consistencia, un caro valor agregado que aún podemos exhibir con orgullo y sana vanidad. Es un privilegio saber que el aprismo no se congeló. Saber que fue más grande que el episodio humano de la terrible muerte de su fundador, que sobrevivió a la persecución y la barbarie, al antiaprismo y al odio y, que en tiempos en donde los momentos se miden por megabits y la historia se puede resumir en un solo chip, mantiene enhiesta su propuesta de cambio y una sólida militancia que mira el futuro reconociendo en su segundo gobierno, la posibilidad de cambio, en el liderazgo de Alan García a un líder y, en nuestro pasado, valores que hacen de nuestro paso por la historia de la América Latina y del Perú, algo bueno y diferente para los que menos tienen. Entonces sí que es un privilegio sabernos poseedores de una verdad contrastable con el devenir de los tiempos, de una moral colectiva y una organización que es un orgullo, pero, fundamentalmente, de un sentimiento colectivo que al cabo de 76 años, como en la vieja casa del humilde carpintero en la que se fundó el aprismo, podamos repetir como el poeta en “Apoteosis del verbo: “...cantemos las glorias, las viejas victorias, las nuevas hazañas, los viejos dolores; que nadie recuerde las viejas prisiones, pues Dios es un viejo de barba florida que todos los días alegre conversa de filosofía...”

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Aprismo desde La Tribuna LA HISTORIA DE LOS PUEBLOS, ES LA HISTORIA DE SUS LUCHAS Como en los tiempos más duros del liberalismo económico (ese al que le llaman neoliberalismo), parte del empresariado nacional parapetado en cierta prensa, ha cuestionado la paralización de labores de los trabajadores portuarios. Exhibiendo una tétrica dureza sustentada en la más absurda filosofía jurásica, se han rasgado las vestiduras y han criticado las supuestas concesiones del régimen, tildando a los trabajadores como “saboteadores”, “conspiradores” y hasta enemigos del progreso. Algunas páginas impresas dan cuenta de los epítetos enajenados que se les ha ocurrido endilgar a cuanto ciudadano se hubiera pronunciado a favor de la lucha laboral, tratando de empujar (o convencer) al gobierno de la necesidad (o conveniencia) de generar medidas represivas que finalmente terminarían divorciándonos del pueblo y abriendo zanjas difícilmente salvables que el gobierno, por cierto, ha sabido responder alentando un clima de diálogo que terminó acercando posiciones y poniendo fin a los reclamos populares en un marco cada vez menos tenso. Y es que era pertinente que el aprismo imponga ese estilo de resolver los temas, propiciando la negociación y concediendo, hasta donde ello es posible, en cada uno de los temas puestos a debate, enfrentando los conflictos sociales sin tacharlos a priori, ni negando toda solicitud antes de haberla siquiera evaluado. Una vez más Alan García ha demostrado que sí es posible construir esos espacios democráticos que el aprismo reclamó en los últimos años, que es posible poner orden sin cometer atropellos y que los trabajadores y sus sindicatos pueden exigir sus derechos porque representan, efectivamente, a parte de la población que ahora gobierna y que en consecuencia, no llevan en cada pliego de reclamos una bomba o una propuesta conspirativa. Si para los liberales más exquisitos las reglas del mercado debiesen definirlo todo, pues que se entienda que esas mismas reglas les permiten a los trabajadores compartir las bonanzas empresariales, de la misma forma como se les exige y aportan sacrificios para superar las crisis. Por eso reconocemos el acierto con el que ha dicho Luis Negreiros (tan injustamente vapuleado por no conceder un milímetro en sus más firmes convicciones apristas en defensa de los trabajadores), que el triunfo de los portuarios representa un hito en la conquista de derechos para hombres y mujeres que con dignidad fueron empujados a las calles por una realidad social y económica de miseria heredada. Y no le falta razón. Por fin el Estado hoy atiende desde su rol de árbitro en el contrato social, no sólo la seguridad jurídica para que las inversiones se afinquen en suelos de libertad, sino para que los beneficios de esas empresas también lleguen a la población y a sus trabajadores, sí, esa enorme masa que construye la nación y que tiene claro que los 142


Aprismo desde La Tribuna derechos no se mendigan, que los derechos se conquistan... porque si a alguien se le olvidó, la historia de los pueblos, es siempre, la historia de sus luchas. DE TANTO CONJUGAR EL VERBO ESTAR Hace muchos años un buen amigo contaba como había logrado quedarse en el mismo puesto, durante varios períodos gubernamentales y siempre con la misma argucia. Primero, decía el pintoresco personaje, debemos ante cada cambio sonreír cada vez que se pueda, sonreír siempre si es posible. Ser solícito es una necesidad, brindando cuanta atención fuera posible “a los nuevos”. Nunca permitirse una licencia crítica cumpliendo en cambio, el rol de anotador de las diferencias entre los que se fueron (siempre malos) y los que llegan (siempre mejores). Forma criolla esta de sobrevivir enganchados en los bolsillos de los ternos de cuanto prominente y encumbrado nuevo burócrata fuera nombrado. Pero además, espectacular habilidad acomodaticia que se nos presenta diariamente, en cada repartición pública -lotizada cual feudo de malas artes-, conjuntamente con el recuerdo y la falta de quienes hacían de la carrera pública, eso que llamaron “un modo de servir al país”. A ellos, los de siempre, los que hicieron cosas que hasta ahora duran, los echaron por “viejos e inservibles” en los nefastos años de la dictadura. Se quedaron desde entonces, pretendidos jóvenes adalides y adulones de un neoliberalismo mal aprendido, para ahora (todos nos volvemos viejos), “servirnos” en medio de un Estado que pelearon por recortar para anidarlos y albergarlos cuando construían esa solemne y canallesca casta de rosaditos caviares mezclados entre sí con hijos pródigos de la derecha a la que le apesta todo aquello que suene a ideología, valor o nación. ¿Pero cómo hace esta gente para proyectar normas “consensuadas” en el marco de grandes acuerdos nacionales y políticas de largo aliento que propendan al desarrollo y conquisten el bienestar para la mayoría de peruanos cuando sólo hace muy poco tiempo trabajaban para gobiernos neoliberales, produciendo “ajustes” que lanzaron a las calles a miles de trabajadores incrementando la pobreza?. Esta es sólo una reflexión para quienes creen que todo se reduce a un perfil profesional, a una identificación de oficio, al cumplimiento de las órdenes o los objetivos del gobernante de turno. Quizás ni siquiera el carné garantice un funcionario con alma, menos, mañosas relaciones de acomodo que llevan a algunos a conquistar el puesto deseado. Habrá un tiempo, en muy poco tiempo, en el que como en la vieja figura de la historia del conquistador, tendremos que cruzar la raya quienes con el presidente creamos que la historia es una consecución de hechos y circunstancias que labran el destino de la nación y el pueblo, frente a los que al compás de cada campaña y desde todas las tiendas posibles (porque camisetas las compraron todas) sigan pensando sin razón, que de lo que se trata, es de tener “visión” para advertir a tiempo (cinco años antes), quién será el próximo triunfador.

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Aprismo desde La Tribuna DE LÓGICA Y ELECCIONES Un comunicado publicado por el partido aprista en diversos medios de comunicación, echa luces sobre la posición de las bases apristas con respecto al presente proceso electoral y pone punto final a un debate periodístico inexistente al interior del aprismo en tono a la permanencia de la candidatura al Municipio de Lima. Si bien la campaña electoral pareciera aún no estar encendida del todo, hay que observar con cautela lo que se dice y se escribe en los medios de comunicación conservadores, ya que cada nota tiene su interés y cada autor trata de “llevar agua para su molino”. Es en este contexto que ha causado más que extrañeza, la forma como se analizan las pretendidas simpatías del elector en estos días, dándole al actual alcalde una pretendida ventaja “que hace literalmente innecesario seguir compitiendo con él”. Como se nota que no recuerdan lo que le pasó al propio candidato Luis Castañeda, a quien daban por derrotado frente al alcalde Andrade a solo unas semanas de la elección, signándole además, las más encumbradas encuestadoras, cifras que no superaban siquiera el dígito de las preferencias. Nadie sostiene que el candidato aprista esté punteando encuestas. Pero tampoco demos por concluido el proceso al punto de declarar que el aprismo debería retirar su candidato, “porque el 12% de las preferencias no le permite ganar”. Sostener esta peregrina tesis implica negar que primero, en realidad, él está detrás del puntero y como segundo, supera largamente a todas las demás candidaturas y además, que hay candidatos cuyos porcentajes en preferencias electorales en promedio, están entre el 0 y el 1%. ¿Entonces, por qué a nadie se le ha ocurrido pedirles a los candidatos cuyos porcentajes son menores al 1% que se retiren? Esta lógica demuestra no sólo mala predisposición, sino el desconocer que Lima ha sido tradicionalmente una plaza difícil para el aprismo. Con la excepción de Jorge del Castillo, no hemos tenido mucha fortuna nunca. Tampoco se ha dicho que los porcentajes electorales del aprismo en la capital han sido más o menos los mismos (tomando como referencias procesos eleccionarios municipales), si no recordemos las candidaturas heroicas de Luis Alvarado Contreras, Carlos Roca o la misma Mercedes Cabanillas que con sus cientos de miles de votos que la llevaron al Congreso, obtuvo por ironía, un escaso porcentaje electoral en Lima cuando fue candidata al municipio. Hacen bien los compañeros en recordar esta lección con la firmeza que el comunicado que comentamos lo hace. Hacen bien en renovar sus votos y acompañar a su Secretario General en el esfuerzo por conquistar la victoria y también por arreglar la casa. Esta elección –lo sabemos todos-, no es tan simple como parece y tampoco está todo dicho aún.

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Aprismo desde La Tribuna El país debería exigir a quienes fungen de analistas y comunicadores no sólo mayor objetividad, sino mayores y mejores referentes que las simples simpatías o el acomodo de algunos con el actual y sombrío burgomaestre. Lima necesita algo más que un mayordomo o un jardinero. Los problemas de la delincuencia y la inseguridad nos acogotan literalmente a diario en cada calle. Y es que si las elecciones se definieran con sentido común, sin ninguna duda, Benedicto Jiménez ya sería el nuevo alcalde. QUE BONITA VECINDAD Fue mi amigo inseparable durante casi toda mi niñez. Estuvimos juntos a través del televisor hasta que descubrí que aquel infante inocentón no sólo era sustantivamente muchos años mayor que yo y que su presencia diaria en nuestros hogares obedecía a un efecto simplemente mercantil que impide que los actores envejezcan porque se repite incansablemente los programas. La bonita vecindad del Chavo del Ocho será repuesta a través de la caricatura y nos permitirá mirar al mismo niño pobre y abandonado que, como en nuestras calles, vive en un tonel o “guarique” com “g” o “h” que para el caso da lo mismo, en la mendicidad más cruel haciendo gala de un verbo lleno de barbarismos ingeniosos que reedita en comedia, el drama diario de cientos de miles de infantes desamparados, y a los que algunos cuestionan sin entender en realidad, qué es más pernicioso, si que nuestros hijos sigan las inocentadas picarescas del Chavo o asuman los indefinidos comportamientos de los personajes (mitad hombre, mitad mujer) que encandilan vía las modernísimas series “para niños” de las que está llena la telebasura. Es verdad que don Ramón no es el mejor ejemplo ya que con su desempleo, que es el estado natural y permanente de millones de compatriotas, algo de malacrianza y dejadez exhibe, pero nada tan grave que le pueda producir a la Chilindrina un efecto nocivo siquiera comparable a las toneladas de violencia, desenfado y muerte que reciben nuestros niños diariamente. Y qué decir del empeño del señor Barriga, que aun cuando es vencido por la viveza huidiza de sus deudores, reconoce solidariamente que lo hacen ingeniando a diario una nueva excusa para evitar pagar porque no tienen empleo, o acaso, de la “dura actitud” de esa mujer entrada en años a la que llaman “la bruja del 71” que –como las que conocemos en nuestros barrios-, cobra su soledad soñando con amores irrealizables y combatiendo el estruendo que produce en los patios la alegría de los niños que, por su edad y resentimiento, la molestan. Que nadie se resista a la imagen del profesor Girafales, ese larguirucho personaje que hace esfuerzos sobrehumanos en la escuela del pueblo para que niños subalimentados, poco atendidos y con hogares disfuncionales, puedan prestarle atención en medio de todas sus carencias y pese al escaso sueldo que apenas le permitirá –como a nuestros docentes-, llevar un modesto ramito de flores a doña Florinda, típica mujer popular que sale adelante con un hijo a cuestas mostrándose 145


Aprismo desde La Tribuna como padre y madre a la vez y la que necesita que alguien le muestre el rumbo para que no siga lesionando a Kiko, su hijo, ese pernicioso y enfermizo proteccionismo de la que hacen gala las madres sobreprotectoras. Bienvenida, pues, la serie del Chavo que no sólo entretiene, sino también, y de alguna manera, grafica nuestra propia cotidianidad ya que, como están las cosas, a eso que llaman “televisión libre” –como decía el Chavo-, no hay que tenerle paciencia, sino que hay que combatirla por sus aportes en violencia y enajenación. Aún le queda a la libertad de empresa algunos espacios para la reposición de series como la que comentamos, porque de lo que se trata es de volver a unir a la familia en torno a una sonrisa o una frase ingeniosa, mostrando la inventiva de los niños de la calle que hacen de los despojos los juegos más divertidos y del esfuerzo de las gentes por sobrevivir, el drama de un mundo cada vez más infraterno e individualista, ese lugar en donde la solidaridad es un lujo... eso, eso, eso. YA PUES, HABLEMOS CLARO Una noticia ha revoloteado todo el cotorro político. Un renombrado ex compañero del ex candidato presidencial Ollanta Humala Tasso ha sostenido públicamente que el referido líder etnonacionalista, habría recibido aportes que no puede justificar, parte del cual, además se usó en el impresionante despliegue que mostró en la última campaña electoral donde perdió la presidencia ante Alan García. Más allá de las características de la denuncia, que incluso podría tener una motivación interna, no cabe ninguna duda que la transparencia no es sólo una obligación de algunos, sino de todo aquel que realice labor pública. Los políticos en los últimos años han ido incorporándose a la lista de ciudadanos que deben renunciar a los privilegios, atendiendo, fundamentalmente, a la necesidad de emitir señales objetivas a la población más pobre, de que existe una sintonía entre quienes administran el Estado y su propia realidad social, es decir, establecer correas de transmisión entre los gobernantes, la clase dirigente y el ciudadano de a pie. Resulta cínico que se le exija al pueblo mayores esfuerzos y hasta “resistir estoicamente” los efectos de las medidas económicas, si por otro lado, una casta privilegiada que agrupa algunos malos políticos, funcionarios públicos, militares, sacerdotes o policías, siguen percibiendo ventajas de todo tipo que incluyen autos de lujo, mayordomos o pagos por gastos de representación. Una de las grandes transformaciones que se planteó el presidente García fue precisamente el de sentar las bases para un sinceramiento de las relaciones del poder, es decir, hacer funcionar mecanismos de transparencia en el que todo aquel que es convocado o desarrolla una labor pública, tenga las facilidades que se requieran para el cabal cumplimiento de su labor, pero sin los privilegios que tanto enerva a la población. En el caso específico del señor Humala, asistimos a una serie de hechos y circunstancias que rodean su corta carrera política llena de denuncias y sinsabores que lo han convertido, no en el nuevo rostro de la política, como reza un refrán publicitario que 146


Aprismo desde La Tribuna usa, sino en un hombre cuyo estilo reedita las viejas mañas del poder oligárquico que finalmente pareciera sostenerlo. Es por eso que causa extrañeza la preocupación que ha generado la exigencia ciudadana por una auditoría de los fondos del movimiento que lidera el más importante de los hijos del etnonacionalismo, ya que es labor habitual de la ONPE cotejar la información presentada por los partidos y vigilar que los fondos que reciben sean bien habidos. Cabe mencionar que hasta en el caso del aprismo se han producido observaciones que este viejo partido ha subsanado y nadie se ha rasgado las vestiduras, hay militantes que incluso, han tenido que confirmar los aportes declarados, de tal suerte que no hay por qué tratar de encontrar motivos soterrados en todo esto que se está convirtiendo en una justa reclamación de transparencia. Los ciudadanos tenemos todo el derecho de pedir cuentas a quienes aspiran a representarnos, porque esa es, en realidad, la única forma de revolucionar la política y enfrentar los retos de la construcción de un nuevo país en el que la viveza y la trampa sean, efectivamente, cosa del pasado. LOS 100 DÍAS DE “EL COMERCIO” Llenos de una mezquindad inexplicable, el diario Perú 21, a la sazón, el engreído menor del diario de “La Rifa”, dedicó parte de una publicación reciente, al pretendido análisis sobre los primeros cien días del gobierno del presidente Alan García, manejando tendenciosamente las cifras y presentando información sesgada que no podríamos pasar por alto. En las páginas del suplemento aludido, no encontramos la “evaluación” prometida de los principales actos de gobierno, ni siquiera la confrontación real del nivel de cumplimiento de las ofertas electorales ya que se pierde en lo subjetivo, asumiendo ese malentendido rol crítico que nos propone diariamente su director. Creo, sin lugar a equivocarme que, de no haber mediado la aprobación de las últimas normas que tienen que ver con sistemas de control de algunas organizaciones no gubernamentales, en las que por cierto el propio director del diario Perú 21 tiene intereses, otra habría sido la perspectiva del informe que comentamos, sin perjuicio de insistir en que, en sólo tres meses, no se puede hacer una evaluación real de ninguna gestión gubernamental por las características y la dimensión de los graves problemas que enfrenta el país y sus pobladores, y porque desde la campaña misma, el propio presidente García anunció que serían los seis primeros meses los que se usarían para sentar las bases del gran cambio que ofreció, no como una promesa electoral, sino como una respuesta al atraso y la marginación en la que viven más de trece millones de compatriotas. Con Alan García se puede ser extremadamente crítico si es esa nuestra vocación, y con el gobernante es posible debatir en los términos más amplios, siempre y cuando los comentarios no emanen un tufillo antiaprista, que relega el análisis e impone una suerte de esquema que “sólo juzga sobre la base de recuerdos del pasado”, 147


Aprismo desde La Tribuna pretendiendo que el presidente gobierne para que olvidemos “su pasado”, en vez de aceptar que su visión es la del estadista que mira al futuro, caminando por la historia para trascender lo cotidiano que es un remanente de lo aristocrático, ese estilo de gobierno que llevó a algunos al poder por pura vanidad y a otros a sumarse al coro anónimo del drama -como corifeos o pregoneros mediocres desde la prensa escrita-, por puro afán mercantil a cuanto gobierno de turno accediese. Será por eso que la mezquindad de la que hablábamos en las primeras líneas de este artículo nos produce sinsabor. ¿Qué muestras adicionales de tolerancia y respeto quieren quienes le reclaman al aprismo, a sólo treinta días, no haber cumplido con el 53% de los planes propuestos sin mirar los gestos de independencia, austeridad, descentralización y preocupación por los problemas de la gente? Eso es ponerse de espaldas a la realidad de los pueblos, es no mirar más allá de lo anecdótico, es permitir con insolencia que la cuchipanda llene de mamarrachos (tratemos de entender el raro lenguaje del susodicho director), cuanto medio de comunicación puedan, para seguir exportando rencores ajenos, extraños y muy lejanos que no terminan de dar paso a esa enorme posibilidad de construir juntos, y de una buena vez, esa nación de paz, desarrollo y bienestar que nos merecemos como pueblo y como nación. Que hable ese 68% de compatriotas que reconoce el esfuerzo del presidente y que cuestionan la conducta de quienes han hecho de la mezquindad, un ejercicio periodístico y “onegerista” signado por el interés del dinero; que se recuerde que si alguna promesa hay que cumplir es aquella por la cual, por muy mal que estemos, no debemos volver a ceder espacios a la derecha, y menos, ninguna mal entendida e inmoral cuota de poder. ¿BALANCE ENTRE AMIGOS? Sé que algunos compañeros míos sienten resquemores por la presencia en el más alto nivel del aparato estatal de algunos ciudadanos no apristas. Quien sabe, los rodea la misma suspicacia que hace presa fácil de cuanto no aprista existe tan pronto se produce el nombramiento de algún afiliado al partido del pueblo. Sin embargo, esta especie de desconfianza mutua tiene pues un antiguo origen, se funda en las confrontaciones políticas y en los antis creados por quienes se sucedían en el gobierno y sintieron que, con el aprismo, perdían espacio y poder. He tenido siempre posiciones críticas frente a estos criterios. Fui educado en la dialéctica absoluta del razonamiento permanente y la tolerancia, por ello, de alguna manera, creo haberme ganado el respeto o la comprensión de los demás porque mis columnas distan del acomodo y surgen, siempre, desde mi más absoluto convencimiento personal. Por eso es que la presencia de quienes no siendo “nuestros”, han sido convocados para acompañar al presidente García en esta hora, constituye un gesto a la nación que apunta más a la reconciliación que a la pose o al acomodo, sin perjuicio de lo que ha significado el pasado no muy lejanos de alguno de ellos. 148


Aprismo desde La Tribuna Los tiempos cambiaron y también las formas. No viví como mis hermanos las furias del encontronazo abusivo, las roturas nocturnas de las puertas, la necesidad de esconder la documentación partidaria en medio de lúgubres penumbras que reinaba en los lugares más inimaginables de la casa, menos si pesaba sobre el apuro, la inminente presencia de soplones y rabonas (tan parecidos a los de ahora). Tampoco sé, con honestidad, si hubiera tenido la entereza de nuestros mayores para soportar la humillación de madres y hermanas que en las puertas de las prisiones de todo tipo sólo suplicaban conocer el paradero del familiar desaparecido. Lo que sí sé es que todo este recuerdo es necesario para disentir de quienes llenos de mezquindad, aun cerca nuestro, juzgan los primeros 100 días del gobierno aprista, públicamente, como si se tratara del tramo último de esta gestión, exigiéndole además al presidente, explicar “las razones por las que sus promesas electorales no se han cumplido aún”. Y es que 100 días no son nada, menos cuando son planes y proyectos los que se presentaron ante el país y para que en el mediano y largo plazo pudiéramos cambiarle el rostro a la nación, haciendo viable por fin, la ruta del desarrollo y el bienestar. Corresponde entonces, como lo hemos hecho desde La Tribuna, contestar por el aprismo y respaldar al gobernante sin ninguna duda, resaltando su enorme capacidad para el perdón y su indudable apuesta por todos y por el cambio. Recordamos por eso un titular aparecido en un importante diario limeño que grafica el sentido de esta columna. Fue en las horas más aciagas de la dictadura fujimontesinista, cuando hubo quienes se regocijaban porque García no representaba más del 2% de las preferencias electorales y sus amigos cabían perfectamente en una sola mesa del Café Haití de Miraflores, cuando hubo quienes callaron ante la frase: “Me traes a Alan ya sea vivo o muerto”. Es verdad que la misma segunda oportunidad que el país le da al Presidente, la tenemos todos. Aun quienes aplaudieron lo que pasó en esa década infame que llenó de mentiras y miserias nuestras vidas y que aún nadie ha colocado en blanco y negro para que la historia lo registre, y que incluso ahora aspiran a compartir un espacio en el Estado. En lo personal, no me queda la menor duda de la sinceridad de las palabras y los actos de Alan García con respecto a gobernar con todos, incluso con quienes lo señalaron y persiguieron. Dicen que es bueno sobreponerse a la maledicencia humana y no ceder ante el ánimo personal de la venganza, que García sostiene que perturba, porque es perversa. Si ese es el ánimo de esta hora, que bueno por la reconciliación entre peruanos. La única pregunta que me asalta es si dentro de tres años, estos amigos seguirán estando del mismo lado. Que nadie olvide que hace muy poco tiempo quienes gobernaron el Perú esperaban el retorno de Alan García, pero muerto; en Colombia se intentó nexos con la guerrilla para liquidarlo, en Francia se presionó al gobierno para, olvidando un supuesto e inexistente “affaire de Mirages”, permitir su secuestro, en tanto mediocres aprendices de espías, eran señalados públicamente en los eventos de la Internacional 149


Aprismo desde La Tribuna Socialista, en medio de la burla general, como aquellos personajes siniestros que pretendían capturar y secuestrar al mismo presidente peruano que hoy gobierna y que, con honestidad, ya ha perdonado a sus propios y gratuitos verdugos. LA LECCIÓN DE LA ELECCIÓN Diversos analistas han divido sus opiniones entre quienes creen interesadamente que el aprismo ha soportado una de sus peores derrotas electorales y enfrenta una absurda e inexistente “muerte política súbita”, y los que sostienen que lo importante de una elección como la que se ha producido en el país en los últimos días, es su correcta lectura y el aprendizaje que se extraiga de esta experiencia. Los apristas hemos aprendido siempre. Aprendimos de la clandestinidad, de las prisiones, de la muerte. Aprendimos de la necesidad de convivir y en algún momento, incluso, de tener que sentarnos con el verdugo. Aprendimos a sobrevivir y a enjugar las lágrimas frente al dolor, pero también aprendimos a ponernos de pie cuantas veces caímos por la fiereza del golpe enemigo o por la torpeza de nuestro propio andar. Así fue que aprendimos a sentir, a comprender y a sintonizar con la calle. Será por eso que sentimos con el presidente Alan García y con el secretario general del APRA Mauricio Mulder, la enorme pesadumbre que produce no haber obtenido el triunfo en el Concejo Provincial de Trujillo, en donde hace sólo tres años obtuvimos el quinto triunfo de José Murgia por un ajustado 5% de las preferencias electorales. Quién sabe es, en ese momento y no ahora, en medio de una campaña electoral, cuando debimos detenernos a leer el mensaje de nuestra propia gente que, en el corazón del sólido norte, ya anunciaba su desazón por el infructuoso enfrentamiento entre funcionarios del gobierno regional y la falta de sensibilidad de algunos alcaldes cuyos problemas se trasladaron a la prensa local, para mostrar, torpemente, un aprismo resquebrajado por inútiles y a veces insaciables apetitos que fue usado convenientemente por un personaje que invirtió tanto dinero en Trujillo, como la suma de lo que pudieran haber gastado otras organizaciones políticas en todo el país. Los resultados oficiales mostrados por la ONPE ponen en claro que está intacto el caudal electoral nacional del aprismo sobre el que hay que reflexionar. Veamos. Los resultados obtenidos por el aprismo en las elecciones del 9 de abril nos dieron un contundente 21% de las preferencias electorales que representaron casi dos millones de votos concentrados mayoritariamente en Ica y el llamado “Sólido Norte”, en donde sólo Lambayeque fue la excepción. Aun cuando esa elección fue altamente politizada, es y fue claro que el elector privilegió en aquel momento su voto filial porque se definía el rumbo de la nación y la elección del indiscutible representante del aprismo, vale decir, del c. Alan García. En esta última elección, en cambio, el elector común no identificó ideológicamente ningún debate y vio en los candidatos presentados –al decir de la tesis de Ramiro Prialé-, sólo al “mejor vecino”, que es por quien finalmente votó. Por tanto, no es políticamente válido comparar ambas elecciones y sus resultados. 150


Aprismo desde La Tribuna Hablemos claro. Hay quienes desde fuera del aprismo inciden en encontrar responsables al decir de viejas usanzas criollas porque es también una estupenda oportunidad para frenar cualquier propuesta progresista -en la lógica de “cercar al partido”-, y evitar que prenda el discurso popular del aprismo que salvó su identidad en los recientes años del exilio de Alan García y de la penetración de los servicios de inteligencia fujimontesinistas al interior de las organizaciones populares y del propio partido del pueblo. Lo cierto es que el APRA mantiene incólume a sus enemigos, también los casi 2 millones de votos que acompañaron al presidente García en abril y que las razones de los resultados que hoy analizamos, tienen, de hecho, su correlato en la visión de los ciudadanos sobre este proceso electoral. Por eso es que el escarnio de cierta prensa también tiene su lógica y ésta parte de exacerbar los problemas internos, llenar de pasión el debate, desvirtuar el mensaje de la calle, enfrentar a los apristas y desnaturalizar el proceso interno de repensar al aprismo desde la perspectiva de los nuevos tiempos, para evitar su supervivencia. No estoy muy seguro que la nación pobre que representamos sienta como los “agoreros del fin del mundo” que enfrentamos una “crisis total”. Ellos sólo saben que votaron por el mejor vecino y de paso, es verdad, le dieron un escarmiento a quienes, desde las presidencias regionales o las alcaldías, terminaron siendo presos irredimentes de la soberbia y la vanidad, esos pecados capitales que tanto combatió Haya de la Torre, personaje ilustre por el que Alan García ha ofrecido hacer todo lo necesario para recuperar Trujillo, pero por el que el gobierno y el partido deberán cambiar la historia de los más pobres del Perú. ARMANDO Armando Villanueva del Campo acaba de cumplir años, en realidad no importan cuántos porque los cumple con el aprismo. Son gloriosos años, años de duro combate y lucha, años de dedicación, pero también años de zozobra. Es toda una vida de aprismo puro. Ha recibido encargos del partido y los ha cumplido con la lealtad de un convencido pero imponiendo un estilo poco convencional, acorde, dicen, con su rebelde personalidad. Es reconocido como un militante de la izquierda más pura y tiene el respeto del propio presidente Alan García, quien lo hizo ministro de su anterior gobierno y ahora públicamente le rinde honores, guarda de él y su salud, y lo tiene a su diestra como un invitado especial, pero además como fiel consejero. Mauricio Mulder, el secretario general del APRA, tiene con él una relación especial, visita a menudo su recuerdo y logra para el aprismo algo más que consejo. Sobre Armando se ha escrito mucho, pero nunca se ha dicho suficiente. Hay quienes siempre lo han encontrado solo en el lado más duro de la resistencia aprista y por tanto, suponen, que él, duro, también es. En realidad Armando es un romántico. Tengo la impresión que si no le hubiera dedicado toda la vida a la política, se la hubiera regalado a la poesía, porque sólo los 151


Aprismo desde La Tribuna que sueñan -y eso hizo Armando siempre-, son capaces de entregarse por toda una vida como lo hizo él a una causa, renunciando incluso a las interesantes relaciones sociales que le ofrecía su juventud clasemediera limeña más alejada. Y es que Armando siempre trató de encontrar respuestas allí donde la lógica pierde el sentido. Su vida misma es una sólida roca forjada de pura rebeldía y su incorporación desde muy joven al ejército hayadelatorreano es eso mismo, su adhesión a una causa que impulsaba una generación precursora cuya única aspiración de cambio revolucionó la política y puso en jaque a la historia oficial del país. Por eso lo odiaron y por eso lo persiguieron como lo hicieron. Pero venció con los demás muchachos de la gloriosa Federación Aprista Juvenil (FAJ) no sólo al asma infeliz de la niñez y la debilidad juvenil sobreviviente a los largos años de clandestinidad, sino también, a la suntuosidad de una cómoda vida que ofrecían los mercaderes de la política criolla que le propusieron, más de una vez, renunciar al APRA. Armando constituye con Ramiro Prialé esas dos columnas centrales de la increíble organización y resistencia aprista. Fueron y son el sustento más claro de las juventudes y su disciplina. Hay quienes incluso sostienen que nuestra sobrevivencia se la debemos a ellos, y yo creo que no exageran. Estas líneas desde “La Tribuna” son también hechura de Armando. Aquí trabajó con ahínco y en sus páginas se reconoce el registro fiel de su paso por la historia, por nuestra historia, por la historia de los pueblos pobres del Perú que, tras las huellas que deja este hombre, sabe que sabe de amores, que no conoce de rencores, y a quien hoy se le deben tributar sólo honores. Salud y larga vida para Armando, combatiente y exponente moral vivo de ese aprismo secular que honra a la izquierda mundial. LA CAUSA DE LOS TRABAJADORES ¿Por qué cada vez que los trabajadores recuperan algo de sus derechos conculcados, cuando pretendemos que la globalización y la modernidad los alcance, cuando se exigen las mismas “seguridades legales” que les son dadas a los inversionistas, los conservadores se alarman? La última década nos repitieron hasta el cansancio que era necesario “brindar garantías” para generar confianza y posibilitar que las inversiones vengan. Pero así como esta fue una exigencia, lo es también para la mano de obra, para la otra parte de la inversión, para el complemento que hace viable el negocio y que sólo pide que sus derechos como seres humanos sean respetados. En este escenario, que es además el que reconoce la Organización Internacional del Trabajo (OIT), inexplicablemente, un acuerdo congresal ha provocado un escándalo. Consagrar el derecho de un trabajador para que su despido sea justificado, ha despertado las iras de unos cuantos desinformados, que, desde la trinchera dizque 152


Aprismo desde La Tribuna empresarial, no tuvieron mejor idea que hablar de un “retroceso en la política de inversiones”, sin especificar realmente cómo se visualiza este inexistente retroceso. Veamos. ¿Por qué les parece mal que no se haya convalidado el despido arbitrario aun cuando su mismo nombre debería justificar un rechazo unánime? Porque no les conviene y porque esa es una de las secuelas del fujimontesinismo que, primero, desmoronó toda la legislación laboral, impidió la libre negociación colectiva, recortó los derechos de los trabajadores y abusó de ellos expulsándolos de sus centros laborales a través de la figura legal del “despido arbitrario”, simplemente, “porque eran muchos”. Ese desmoronamiento de la legislación laboral creó entonces un clima de inestabilidad, zozobra y maltrato a los trabajadores que se ha mantenido inexplicablemente. De lo que se trata es de impedir que se sigan vulnerando los derechos elementales de la persona humana, que haya un trato justo y equitativo para el trabajador, que se los sienta parte del proceso productivo y que los despidos, como nos lo sugiere el más elemental sentido común, sea conforme a las normas internacionales del derecho, es decir, por causa justa. Conviene recordar que ese fue el sentido de la vieja alianza de Haya de la Torre con los trabajadores, la razón por la que fundó el APRA en su nombre, el impulso de 1918 que lo llevó hasta la fundación de las Universidades Populares para instruir al proletariado, el convencimiento de 1919 al encabezar las luchas de la gloriosa Federación Obrera Local exigiendo una jornada laboral de ocho horas, la solidaridad que permitió entre 1931 a 1948 acompañar a los trabajadores en la construcción de su central sindical y la propia organización regional (ORIT) que nos representa en Indoamérica y su inclaudicable adhesión a sus luchas durante toda su vida, incluyendo su dedicación por consagrar constitucionalmente sus derechos y conquistas en 1878, sólo unos meses antes de su muerte física. Esas son nuestras raíces, esa es también nuestra esencia, allí está la razón de ser del aprismo. Que se repita en calles y plazas que somos el partido del pueblo y que la causa del pueblo…vencerá. LLANTO POR LOS AUSENTES La última vez que estuve en Santiago, acompañé a los hermanos Aguirre, compañeros socialistas e hijos del exilio chileno en Perú, a celebrar la asunción al mando de Michelle Bachelet, a la sazón, treintitantos años atrás, hija y víctima ella misma del abuso y la represión que prosiguió al derrocamiento del presidente constitucional de Chile, Salvador Allende. Escribí entonces con entusiasmo sobre el ejemplo chileno, sobre cómo desde las ruinas esta gente había reconstruido su nación, de cómo, superando el encono una nueva unidad popular fue forjada por la concertación para redimir, en los tiempos de la globalización, esa noble experiencia socialista y democrática que otros hicieron estallar en los aciagos días de septiembre de 1973. 153


Aprismo desde La Tribuna Es verdad que en Chile en estos años se ha producido algo más que un esfuerzo individual para superar los malos ratos y para cerrar las heridas, pero es verdad también que ello no ha sido totalmente posible por la actitud intransigente de un sector de sus fuerzas armadas que conspiraron siempre contra esa voluntad, tratando, -como ahora es evidente-, de mantener los privilegios obtenidos en los mismos años que la dictadura reunía en estadios y cuarteles a los “revoltosos” con los que –cual cruel ensañamiento fascista-, se ensayaban fórmulas oprobiosas “de sensibilización”, si es que antes, por cierto, no morían de dolor las víctimas. Por ironía del destino justo ahora, cuando el dictador Pinochet era procesado por esos crímenes de lesa humanidad, cuando se hizo pública la existencia de cuentas millonarias del dictador y cuando de alguna manera sentíamos a la justicia cerca, fallece. Hay quienes han comentado que ese es un sublime e injusto fin para quien produjo tantas lágrimas y tanto dolor, para quien en frase que registra la historia con vergüenza, se burló del sentimiento popular contestando con burda frialdad que los muertos encontrados en fosas enterrados de a dos, eran un esfuerzo de ahorro a la nación, simplemente, porque enterrarlos de a uno, hubiera costado mucho más. Un cable anuncia, justo en el “Día Internacional de los Derechos Humanos”, la muerte del generalísimo Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Chilenas Augusto Pinochet Ugarte. Sus exequias, legal y protocolarmente, se producen porque el estado protege el derecho de sus familiares, sí, ese mismo derecho que se les negó a muchos otros chilenos cuando él gobernó. Entonces, que nunca más la historia se repita. Hoy, frente a la nación, con el recuerdo de su padre y los compañeros que no están presentes, sin odios, pero altiva y digna, una de las víctimas del pinochetismo guarda discreto silencio porque en su condición de estadista y primera mandataria, se pone por encima de los sentimientos y las pasiones más humanas, evitando confrontar como un homenaje a las madres de las víctimas de la metralla que por millares aún reclaman que les devuelvan como un acto superior de justicia, para alcanzar la paz, los cuerpos de sus familiares. Con la melodía que canta Pablo Milanés grabada en mi memoria, declaro que pisaré las calles nuevamente, de lo que fue Santiago ensangrentada, y que en una de sus calles liberadas me detendré a llorar por los ausentes. ¿QUÉ CRISTO ES EL QUE LLEGA EN NAVIDAD? Hace más de dos mil años llegó un predestinado y creció entre los mortales un hombre cuyo modo de ver la vida terminó por cambiar el modo como los demás verían al mundo a partir de entonces. Hay quienes prefirieron verlo como “un santo”, es decir, como un ser cuyos privilegios divinos lo alejaba de los demás para hacerlo trasuntar hacia lo inmortal, en tanto otros, sólo lo reconocieron como quien, en actitud mucho más cercana y humana de lo que le convendría a alguna organización religiosa, terminaría elevando la opción en defensa de los más pobres, como el sentido de la vida misma. 154


Aprismo desde La Tribuna No podría haber sido de otra forma si su presencia estuvo signada por la terrible persecución del emperador Herodes, por la valentía con la que asumió su destino, la sacrificada presencia de su madre y su fortaleza frente al infortunio, el ejemplo de su trabajador padre y ese sentido de la realización por los demás que lo llevó a señalar la esclavitud y el sometimiento al que se condenaron a los marginados y los enfermos por los que habló en su tiempo. Este hombre que no hizo distingos entre quienes formaron parte de sus legiones de seguidores, creyó que la verdad nos haría libres y sobre la gente más humilde, decidió construir su fe, adhesión humana que antes atrajo a millones en la búsqueda de la tierra prometida, y que no es otra cosa, que encontrar el bienestar en un escenario humano de plena convivencia. Defendió sus ideas por encima del acoso del poder. Se opuso a la presencia imperial y al pago de tributos a potencia extranjera. Pidió por los demás e hizo de la utopía de la felicidad, una lucha por la causa justa de los pobres. Por todo eso siempre me pregunté ¿Si esto es tan claro, por qué le han dado a la navidad el significado cocacolero que ha tenido en estos años? La respuesta es simple, sólo para vender. Uno de los debates más difíciles que enfrenté con los sacerdotes del colegio católico en el que estudié la primaria, exigía una explicación razonable sobre las terribles incongruencias producidas, entre las celebraciones navideñas ricas en amor y austeras en moneda de los primeros tiempos, frente a las fastuosas ceremonias de regalos, canastas, panetones y abundante chocolate que son sólo un sueño entre millones de niños, que literalmente se mueren a diario de hambre en todo mundo. ¿Qué significado podría tener para Jesucristo unas navidades como las que el mundo celebra ahora? Ninguno. Con seguridad alzaría la voz y en tono enérgico con mano alzada, volvería a echar a cuanto mercader encontrara en su templo. Les exigiría no tomar su nombre en vano y, a mirar en los demás su propio drama, denunciando que entre sus seguidores, como antes, también hay quienes se esconden con piel de oveja para no mostrar su verdadero rostro de lobo. Que estas fiestas nos reencuentren con los viejos sentimientos que forjaron la fe y fortalecidos en nuestras más íntimas convicciones. Que cualesquiera que sea nuestra idea personal de la divinidad, no perdamos de vista que sólo quien es capaz de vivir en bondad, obtiene siempre la felicidad, porque, en cada mendigo sigue estando el rostro triste del olvido, en cada anciano la luz de vida que nos legó, en cada sorbo de agua que pide un niño en la calle, la sed del maestro en la cruz y en cada llaga sangrante y no curada del enfermo abandonado se exhiben, aún abiertas y crueles, las heridas del Nazareno, ese mismo que, tras el flagelo del Gólgota, sólo tuvo para la felonía, palabras de perdón… todo lo demás, señores, es sólo cucufatería y pura novela.

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2007

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Aprismo desde La Tribuna

APRISMO DESDE “LA TRIBUNA” Aparece esta edición de la XI etapa de circulación de “La Tribuna”, en medio de circunstancias extraordinarias, al lado del gobierno aprista que registra un interesante índice de aprobación ciudadana y en un país donde se goza de la más irrestricta libertad de prensa, lo que constituye en sí mismo, un homenaje a la historia de este gran e importante medio de comunicación fundado por un entusiasta grupo de estudiantes y trabajadores un 16 de mayo de 1931. Y es que LA TRIBUNA marcó siempre la diferencia, como cuando en medio de la natural expectativa, ya electo Alan García, fue víctima de la impaciencia de sus críticos que, a sólo 100 días de gestión, le exigían “resultados” encontrándose con el vocero del aprismo para decir la verdad, nuestra verdad, y para responder el ataque artero de cierta prensa interesada que sólo ve errores y nunca aporta a la reflexión y menos al debate serio y alturado. Si bien las circunstancias en las que llegamos al público en estos tiempos no tienen punto de comparación con las épocas de la clandestinidad o la persecución que otros vivieron, sentimos que de alguna manera respondemos a una gran responsabilidad. No sólo porque se nos reconoce como “la voz del aprismo”, sino porque desde nuestras páginas, la nación sigue el rumbo por donde transita el régimen popular del aprismo y eso nos exige objetividad y fidelidad a la verdad, hechos que constituyen una constante en el devenir de nuestro paso por la historia política y social del Perú. En ese contexto, es bueno recordar que somos, desde nuestra fundación, la vanguardia de la prensa comprometida, que en nuestras redacciones, generaciones enteras del periodismo libre sentaron cátedra y sufrieron prisión por la libertad y que el linotipo, o el offset, siguen convirtiendo y registrando en papel y tinta, todos los desencantos y los sinsabores del diario vivir de nuestro pueblo, pero también, de todas sus ilusiones y esperanzas. Para quienes hacemos aprismo desde “La Tribuna”, constituye un orgullo y una satisfacción indescriptible que nos llena de emoción, poder encontrar a compañeros y ciudadanos comprando regularmente ejemplares de este vocero popular, o, en medio de más de un centenar de otros medios de comunicación, compitiendo en el titular que jamás confronta nuestra objetividad y que atrae a millones de trabajadores y estudiantes que en las esquinas nos buscan y repasan, mientras esperan la unidad de transportes que los movilizará. Con este número, va nuestro homenaje a Haya de la Torre, Manuel Seoane, Luis Alberto Sánchez, Andrés Townsend, Armando Villanueva, Antonio Silva Solís, Antonio Martínez Merizalde “El Chasqui”, y sobre todo, a quienes, desde el rol de “canillas” o “guarda periódicos” fueron celosos defensores en el anonimato más puro de cada una de las ediciones de “LA TRIBUNA”, transportándolas sigilosamente en medio de la madrugada o, simplemente, llevándola de mano en mano para asegurar que se difundiera muy temprano “El pan caliente”, haciendo posible de esta forma, que tan 157


Aprismo desde La Tribuna hermosa obra de amor por el periodismo, no sucumbiera por la presión de la tiranía, la deslealtad de la traición o, simplemente, la cruel persecución. Los retos de los nuevos tiempos imponen los cambios que la tecnología y la modernidad nos ofrecen, por eso, como en los tiempos iniciales, estamos dispuestos a asumir el reto para que, como el ave fénix, LA TRIBUNA, en su versión escrita, radial o en la Internet, siga siendo, en el siglo XXI, el vocero popular para todo el Perú. LOS RICOS TAMBIÉN LLORAN La verdad es que resulta aburrido que el ex parlamentario Javier Diez Canseco retorne, una y todas las veces que puede, al mismo discurso de siempre y a los lugares comunes de la oposición por la simple oposición. Pues ahora resulta que a este señor, a quien las adhesiones y la simpatía popular le son esquivas, parece interesarle recalar en los predios del inefable “pensamiento Olivera” en los que no se le reconoce al presidente su derecho a gobernar, llenándolo de adjetivos, propios de una personalidad cuya orfandad electoral linda con el melodrama, a tenor de los resultados oficiales que publica la ONPE en su página web. El llamado Partido Socialista (creo que el quinto o sexto movimiento en el que milita JDC y su camarilla) no sólo usa ilegítimamente un símbolo que le pertenece a la Internacional Socialista -organización de la que el APRA es miembro-, sino que nadie sabe en nombre de quién alza su voz, en medio de una prédica solitaria que resulta, a todas luces, interesada. Es que JDC no termina de aceptar que no es más parlamentario, que sus opiniones no representan a ninguna colectividad y que los votos que lo acompañan, escasos y acaso golondrinos, no le dan más derecho que el de hablar en su propio nombre. Pero así como la vida es un escenario de cotidianas realizaciones, la política es también una sucesión de hechos y actitudes que un líder que se respete no puede obviar. El dirigente –JDC se reclama así-, debe convocar y conducir a las masas para construir y desarrollar tareas viables. En todo caso, esa es la enorme diferencia entre quienes hacen de la política un instrumento de bien, y los que desde ella, como el ex parlamentario de marras, sólo buscan formas de confrontar pero para subsistir, sin importarle la monotemática e irreflexiva dimensión demagógica de sus alardes. Desde esta perspectiva, está claro y no está mal, que el presidente de la república –el mismo ciudadano que obtuvo más de dos millones de votos de los pobres del Perú-, tenga detractores. No podría ser de otra manera. Lo que no es correcto es que tenga enemigos gratuitos que confabulen, porque, como en el desaguisado y pesimista discurso de JDC, sólo aflora la bilis como testimonio cruel de un insano protagonismo. ¿Hasta cuándo continuará el desatino de este político reciclado, cada vez menos rojo y que juega ahora, en medio de un discurso otoñal y desfasado, a ser “el bueno” para 158


Aprismo desde La Tribuna tratar de soliviantar a los más pobres? Sí, los pobres, esos personajes que con sus apremios asaltan lejanamente sus recuerdos mientras vuelven a su mente los mayordomos y las empleadas del hogar que lo cuidaron y lo vieron crecer. UNA PERCEPCIÓN EQUIVOCADA Que en un solo mes recordemos la gesta de las ocho horas y a la vez la fundación de las universidades populares es, acaso, una oportunidad inmejorable para tratar de entender qué es lo que está en debate en este asunto de la evaluación de los docentes. Es verdad que debemos reencontrarnos con la dignidad de las condiciones del trabajo del maestro que ha sido maltratado por el sistema y para eso está su sindicato; pero también es verdad que lo que el maestro necesita para ser mejor es retomar las experiencias valorativas de su propia y permanente formación personal y profesional que, como en el caso de la universidad popular, aspira a hombres nuevos y mejores sobre los que el Colegio de Profesores tendrá, también, algo que decir. El sentido de la propuesta gubernamental a la que se oponen unos pocos es simple. Diagnosticar e implementar políticas y programas de capacitación que le devuelvan al docente la dignidad de saberse contratado o nombrado por lo que sabe, conoce o aprende, y no por el simple favor del partido de gobierno. Y es que allí empieza y acaba el debate. Sólo cuando los profesores se reconozcan como expresión de su propia realización, cuando el aprendizaje permanente sea una necesidad y el estado les dé las oportunidades de las que gozan sus colegas en algunas instituciones privadas, entonces en ese momento, sólo entonces, podremos desterrar la idea de que quien estudia educación lo hace, o porque no ingresó a la facultad que quería, o porque siente que ser profesor “es más fácil”. La educación y la instrucción han sido temas recurrentes en el debate nacional. Pero contra lo que muchos suponen, este tema no es excluyente ni exclusivo del ámbito público o privado. Soy de los que piensan que hay estupendos profesores y maestros en el ámbito de la educación fiscal, pero también incompetentes y poco serios trasmisores de mera y congelada información en el ámbito de la escuela privada y esa es una realidad que no admite generalidades y lugares comunes, como aquellos de que “la educación pública es mala y la privada siempre es mejor”. Hay de todo, pero también la necesidad de repensar la educación en el país a partir de saber, primero, qué terreno pisamos y, segundo, qué tipo de educación es la que queremos y cuál es la que nuestros hijos reciben realmente y ese es el debate que se debe producir. Ni en la escuela pública se aprende menos, ni todos los docentes de los colegios privados son mejores. Hay que enfrentar el reto del cambio apuntalando los valores de la experiencia y la creatividad, pero también los de la solidaridad, extraño término en el que un puñado de pensantes elitistas no creen porque “diseñan fórmulas para hacer jóvenes A1”, sí, seres exitosos y alienados que creen que los problemas del país se resuelven con “su éxito personal”, lo que generalmente logran protegidos por el 159


Aprismo desde La Tribuna “sueño americano”, ese que es realmente un sueño que lo resuelve todo, pero en Miami.

VALORES DE LA DEMOCRACIA La elección de nuevos miembros en el Tribunal Constitucional ha puesto sobre el tapete la pertinencia de que quienes sirvieron a las dictaduras, poniéndose a las órdenes de grupos minoritarios que conspiraron contra las libertades, ahora puedan beneficiarse de las prerrogativas que la democracia representativa les confiere, precisamente, ocupando un lugar en el más alto tribunal de la legalidad constitucional. Sobre esto se escribirá mucho y, de seguro, habrá quienes levanten su voz aduciendo la inconveniencia de esta “discriminación”, acusándola incluso de ilegal. No importa. Insistiremos en que no sólo no tienen derecho a burlarse de nosotros, sino que esos nombramientos constituirían una afrenta a la Nación. De hecho que aun cuando haya quienes sugieran redefinir sociológicamente todo lo que las ciencias sociales nos han enseñado, porque constituyen “viejos conceptos” que “no dicen absolutamente nada”, hay que tener cuidado, porque ese atisbo de modernidad que pareciera encerrar la frase precedente, sólo busca “camuflar” neovalores que hacen “digeribles” actos normalmente censurables, poco éticos y contrarios al derecho popular. Y es que no perdamos de vista que el mundo ya soporta una campaña sistemática y permanente de engaños en donde las viejas tendencias conservadoras tratan de aprovechar las deficiencias del sistema para reposicionar su discurso e infiltrar el mismo sistema del que denostan, pero que necesitan para imponer colectivos neoliberales con la misma visión fría, personalista, pragmática y única que hizo que nuestra Nación, en toda su historia, no tuviera una sola ruta, ni proyecto, menos, patrones reales de grandeza que superen a los héroes de comics que aparecen en algunos textos oficiales. La estrategia es clara. Hay nacidos en estas tierras que flotan, que niegan la validez de los preceptos éticos que regulan el ejercicio de las libertades y, en consecuencia, la democracia, y, desde dentro de ella, buscan dinamitarla. Para quienes confrontamos políticamente con esta corriente, sabemos que estamos frente a esta gente. No tienen partidos porque todos los carnés se consiguen, no profesan una ideología porque asumen la del gobierno de turno y no tienen moral porque eso incomoda. Abierta la polémica, es responsabilidad nuestra señalarlos e insistir en la necesidad de encontrar la ruta que permita que la historia, por lo menos esta vez, la escriban hombres honorables y decentes cuyas convicciones, además, no tengan el precio que en el caso de los señalados en este artículo fija la oferta y la demanda del acomodo. 160


Aprismo desde La Tribuna ¿PARA QUIÉN GOBERNAMOS? Han transcurrido los 180 primeros días del segundo gobierno del presidente Alan García y una interesante aceptación popular lo acompaña en un período que despertó mucha inquietud y harta expectativa. Las vigas centrales de la política económica enrumban al crecimiento sostenido y, desde la perspectiva del llamado “riesgo país”, todo parece indicar que las condiciones son más que auspiciosas, sobre todo si siguen en aumento los precios de los minerales, que son en estos días la cabecera de playa de nuestra propuesta de sostenibilidad económica. Desde el punto de vista social, el gobierno insiste en darle un impulso real y definitivo al proceso descentralizador, como una herramienta para atender los temas de salud y educación, que todavía despiertan suspicacias porque hay quienes sostienen que los gobiernos locales aún no están preparados para recibirlos, sin embargo, no hay que dejar de municipalizarlos. Y es que todo este esfuerzo pudiera perderse si además no reenfocamos la famosa “ayuda social” y sus beneficiarios finales, sí, esos millones de soles que destina el Estado para atender las necesidades básicas de la población en extrema pobreza, y que a estas alturas nadie está en condición de asegurarnos que llega efectivamente a quienes están dirigidos. Por eso la articulación de la política de apoyo social resulta definitiva para un gobierno como el aprista, ya que mira hacia los pobres y gobierna para ellos. Que nadie entonces vea contradicción entre las propuestas que hace suyas el presidente, casi siempre sintonizando con la población, y las que con “criterio de analistas” proponen los que todo lo saben sin mirar el rostro de la pobreza. A estas alturas está claro que García no es un gobernante de derecha. No podría serlo, no lo es para desgracia de Humala y desazón de los amigos de Lourdes Flores. No lo es ni por extracción, ni por posición de clase, al decir de los estudiosos de las ciencias sociales. Sin embargo, la conformación de su primer gabinete, con Jorge Del Castillo a la cabeza, aun cuando pareciera conceder -para algunos despistadosespacios a sectores empresariales, lo único que hace es reconocer que ellos son, también, parte de nuestra Nación y en consecuencia, también tienen derechos. En tanto, desde la otra orilla del análisis y utilizando el mismo razonamiento, hay quienes sostienen que proponer la pena de muerte, garantizar la inclusión de las conquistas laborales en el ordenamiento legal y seguir dictando medidas consultadas en los arenales con la gente más humilde, muestra un presidente cuasi populista. Pues, ni lo uno ni lo otro. El presidente sí que ha madurado con su aprismo y ahora puede conjugar eficiencia en la gestión con la fidelidad ideológica que sólo pueden exhibir quienes tienen compromisos honestos con la historia y se han ganado ya un nivel de estadista. No es un secreto para nadie que el aprismo acompaña al presidente porque es una importante organización política, un movimiento con profundos contenidos 161


Aprismo desde La Tribuna ideológicos que entiende la realidad y propone una forma de acometerla, para cambiarla, pero sin vulnerar la libertad. Por eso es que ha llegado el momento que sus principales cuadros participen más activamente en la cosa pública, no por un prurito de copamiento –como dirán los mal pensados-, sino como la garantía del cumplimiento cabal de nuestra oferta electoral, que es por lo que votaron quienes hicieron ganar al candidato del aprismo. Los complejos de quienes miran apellidos y color de piel en ministros y funcionarios sólo hablan de una etapa en política que suponíamos superada. Lo cierto es que veo a los ministros involucrados en los planes de agua y desagüe para los más pobres, ensuciarse los zapatos en medio del arenal planificando la política de vivienda para las mayorías, confrontando el terror de la inseguridad para implementar seguridad ciudadana y sentados por horas tratando de hacer cada vez menos violenta una realidad y un modelo económico que sólo nos trajo, por lo menos en la década pasada, hambre y exclusión. A eso le llamamos aprismo, a jugarnos por la justicia social y a mantener enhiestas las banderas por las que vivió y murió Haya de la Torre, maestro y conductor que Alan García jamás deja de mencionar. EN LA HORA DEL APRISMO Toda obra humana es perfectible, y de hecho el segundo gobierno aprista también lo es. Realizar entonces un balance es una nesecidad de cara al espíritu crítico con el que hay que mirar la historia, a efecto que una objetiva visión de realidad nos permita enfrentar exitosamente la crisis que soportan, fundamentalmente, los pobres. Hay que reconocer, por ello, que ha sido un acierto saludable que el presidente haya enfrentado a la opinión pública; primero, ratificando la línea de su gobierno socialdemócrata y, luego, dando cuenta de cómo se vienen sentando las bases de las propuestas centrales, esas que, en dos años, ha dicho Alan García, permitirán gozar los primeros resultados. Para los apristas, no es posible separar este análisis producido en los primeros seis meses de gobierno de las fechas en las que celebramos la fiesta de la fraternidad, que significa compromiso con el mensaje de Haya de la Torre; que en voz del régimen nos vincula con los pobres y le da sentido a esa necesidad de convertir el crecimiento económico en una ampliación real de la oferta laboral; en la apuesta del gobierno por el inicio de proyectos sociales de gran envergadura; en la firmeza al reiterar las políticas de austeridad y a resaltar esa advertencia dirigida hacia aquellos que pretendan aprovecharse del gobierno para realizar pingües negociados. Es verdad que no faltará quien desde su propia óptica le mezquine aciertos al gobierno, o quien crea que lo hecho no es suficiente. Verdad y mentira. No importa. García sabía desde siempre que gobernar un país lleno de tantos sentimientos encontrados como este sería una tarea difícil; como difícil es vencer el hambre, la miseria y el analfabetismo que son esa herencia patética del neoliberalismo económico que solo trajo en la década pasada más miseria; en medio de la cual solo unos pocos se enriquecieron.

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Aprismo desde La Tribuna Lo que viene ahora es otro tipo de tarea para la militancia aprista: mostrarle al país que los proyectos en marcha no solo son viables, sino que son parte de una propuesta de largo aliento, que no se sustenta en los réditos de un crecimiento de corto plazo sino, por el contrario, sienta las bases para modernizar de verdad el Estado, reformándolo; pero también, y a diferencia de otros tiempos, sin políticas que vuelvan a hacer trizas los derechos de los ciudadanos y de los trabajadores. Le toca al movimiento fundado por Haya de la Torre acompañar en este esfuerzo al gobierno; pero al régimen encontrar los espacios en los que los mejores cuadros puedan constituirse en las “guías” por donde transitarán quienes quieran que efectivamente; el segundo gobierno aprista; tenga un éxito que se traduzca en el bien común de las gentes. Para algunos no es fácil entender esto; se alarman ante el nombramiento de algún compañero y acusan irresponsablemente al régimen de “copamiento”. En tanto, del otro lado, la impaciencia no debe hacernos perder de vista que no somos más el histórico tercio electoral de otros tiempos; por lo que es necesario gobernar con otros peruanos de buena voluntad Lejos de la frases simples y las lamentaciones, queda en claro que, si bien para conducir los destinos de la nación se nesecita mucha buena voluntad, también se necesita cuadros que ayuden a marcar el rumbo y mantener firme la ruta. Esa que tiene su origen en los aciagos días en los que, por iniciativa del propio Haya de la Torre, se fundó el aprismo en el Perú y se presentó sus programas de gobierno. De lo que se trata es que paragonando una vieja frase argentina no perdamos de vista que “De Haya De La Torre hay que acordarse sobre todo cuando se gobierna”. ¡APRISMO YA! La militancia política no ha sido, en el Perú, un referente del que podamos jactarnos. Por eso quienes desde 1931 se incorporaron al aprismo, superando problemas y sinsabores y forjando una legión de hombres identificados con los ideales más puros de Haya de la Torre, merecen un espacio y un reconocimiento, no sólo porque soportaron desde siempre la crítica malsana que los acusó de “sectarios” sin serlo, sino por su mil veces probada lealtad, llena de incomprensiones y agresiones, por parte de quienes, hasta ahora, no entienden cómo es que hay gente que puede mantenerse adherido a un ideal, por tanto tiempo. Desde esa misma perspectiva, la militancia aprista, esa que acompañó al partido en sus épocas de inimaginable popularidad y en la soledad de la persecución a su presidente García, no necesita mayores explicaciones, entiende, comprende y apoya. Pero mira con expectativa el desarrollo de los primeros días del gobierno, de los actores convocados, de las lealtades y también de las traiciones. Se expresa a través de sus organizaciones funcionales y de representación sectoral y se hace escuchar porque con ellos hay que contar, sino, ¿cómo se podría garantizar el cumplimiento de nuestras propuestas y la ejecución de nuestro plan de gobierno?

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Aprismo desde La Tribuna Pero las actitudes puritanas que in extremis nos convierten en celosos portadores de banderas que nadie en su sano juicio y sin mala fe puede reclamar porque nos excluyen, ahora nos hacen daño. Son disgregantes, se oponen al sentido común y nos dicen que no existe causa alguna para que el nombramiento de algún compañero despierte tantas suspicacias y campañas de cierta prensa que denuncia un inexistente “copamiento partidario” de entidades públicas, que más que una verdad, resulta siendo un excelente titular periodístico, que encubre en cambio, en silencio cómplice, la sempiterna incompetencia de vitalicios funcionarios que se reciclan con un refinado sentido del transfuguismo. Hace bien, entonces, el secretario general del APRA, en defender los espacios a los que tiene derecho el partido y sus cuadros. Hace bien, asimismo, en responderle a la derecha y expresar que será el primero en señalar a los corruptos y denunciar todo tipo de acto doloso producido por algún funcionario público, aprista o no. Pero es, también, el pleno ejercicio de representación el que ejerce al insistir con energía en la necesidad de garantizar el cabal y fiel cumplimiento de cada una de las ofertas electorales por las que votaron los peruanos al elegir al presidente Alan García. Por otro lado, el APRA ha sabido responder con firmeza al despido masivo de trabajadores por el solo “delito” de militar en el APRA. Exige respeto para quienes, desde las trincheras de la sociedad organizada, construyen la institucionalidad democrática militando en un partido. No somos responsables de que todos los demás partidos hayan desaparecido, como tampoco de que exista la necesidad de que nuestros principales cuadros técnicos accedan al manejo de la cosa pública. Nunca más debe suceder que, como en épocas de oprobio que suponíamos superadas, tengamos que esconder nuestra militancia para que no se nos endilgue una ciudadanía de segunda clase. Le he recordado a mi hija, frente a todo esto que hoy comentamos, la importancia de exhibir con orgullo esa militancia hayadelatorreana que llevaron sobre sus hombros y dando la vida, nuestros padres y abuelos. Le he recordado, también, que no somos una horda de fanáticos dispuestos a convertir al estado en un botín, que hay que señalar a los que hacen de la política vil negocio culpable; pero que nuestra gente se ha preparado para construir algo grande y diferente, para cambiar al país, para derrotar al hambre y a la miseria. Le he dicho que no debe callar ante la imprudencia de quienes parecieran en estas horas haber olvidado algo que sucedió hace sólo unos pocos meses: que quien ganó las elecciones fue el Partido Aprista, el partido del pueblo, el partido de los trabajadores. PARA ENTENDER NUESTRA FRATERNIDAD A estas alturas, y aun cuando resulta todavía para algunos estudiosos complicado entender la estructura ideo-política del aprismo y la actitud de sus militantes, el viejo partido de Haya de la Torre se vuelve a movilizar, como siempre, para celebrar un aniversario más del nacimiento de este gran líder continental, cuyo aporte principal fue en un tiempo en que eso era sólo un sueño, una herejía, la llamada cultura de la integración continental, que hasta ese entonces sólo tenía como sustento la poesía de vanguardia. 164


Aprismo desde La Tribuna Para quienes nacimos en el apogeo popular del aprismo y en medio de familias apristas, la nuestra fue siempre la verdad, una razón para defendernos de la antonimia a la que fuimos condenados políticamente hablando, al dividirnos entre apristas y antiapristas, entre revolucionarios y conservadores, entre nacionalistas y extranjerizantes. Nuestras respuestas fueron en ese sentido coherentes. No se hicieron esperar. “¡Haya o no Haya…Haya será!” decíamos allí donde pudiéramos. “¡Si esto no es el pueblo… el pueblo dónde está!”, retrucábamos en cada movilización popular y “¡A más calumnias… más aprismo!” fue la forma como aprendimos a gritar nuestro amor por el Perú, pero, también, la manera como nos hicimos y sentimos parte de un colectivo que produjo que entrelazáramos el ser aprista y ser nacionalista. Alguien tiene que decirlo. No existe ningún estudio que no reconozca ahora que “nuestra cultura”, llena de simbolismos, ritos, valores y axiomas, surge y se nutre del folclor de nuestra propia gente, por lo que en cada localidad se asientan simultáneamente una escuela, una pequeña parroquia, la comisaría local y también una modesta “Casa del Pueblo” que completará el escenario de nuestra realidad histórica. Realidad que, por cierto, produce que allí donde se reúnan más de dos peruanos y se invoque la palabra “aprismo”, se genere la adhesión absoluta de los que se sientan “compañeros” y por tanto, en contrario, la censura brutal de los que recogen años de agravios y medias verdades que se agrupan en cenáculos antiapristas que se nutren de la leyenda de sectarismo y maledicencia. Ya no es posible hacer historia sin mencionar el rol del aprismo en el siglo XX y lo que va del siglo XXI; como no es posible, sin pecar de mala fe, tratar de entender la construcción de la nacionalidad sin asumir el inmenso aporte de Haya de la Torre a ese sentimiento que hace mucho tiempo trascendió al propio partido, a su propia gente, a la historia y hasta la ideología. Nadie ha dicho con claridad, aún, que hubo una guerra popular aquí, que mucha gente entregó la vida en ambos lados del conflicto y que, además, la lucha fue larga y cruenta; que la ganaron las muchedumbres pobres que fueron las que siguieron al fundador del aprismo cuando logró que, más allá de las circunstancias y el cruel devenir de los pueblos, en la política se impusieran nuevos estilos de tolerancia y respeto por el oponente. Esta no es más una fiesta sólo nuestra. Ya no le pertenece a los apristas la fiesta secular de la fraternidad, es ahora todo un acontecimiento popular, lleno de alegría, que trasuntó los viejos locales partidarios para afincarse, cual moderna natividad, en singulares celebraciones que hermanan a la nación y sus gentes. Que eleva los sentimientos del reconocimiento a la expresión sublime de los valores más profundos de la formación ciudadana, esas formas que sólo respetan los hombres y mujeres dispuestos a darlo todo por lo que creen, y los jóvenes que aspiran, lejos de los heroísmos de textos escolares, a construir no un mundo diferente, sino sólo una patria mejor.

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Aprismo desde La Tribuna ¿APRISTAS PARA QUE? Vivimos en un país en el que los rumores y los chismes han terminado siendo parte de una cotidianidad llena de los más variopintos personajes, con una historia en que ya no es posible diferenciar la realidad de la ciencia y con un récord impresionante de torpezas cometidas por personajes públicos que colman el límite permisible del anecdatorio personal de un ciudadano normal. Hace solo unos días sendos titulares llenaron los principales medios de comunicación recogiendo la falta de criterio con la que algunos plantean sus más ácidas críticas al gobierno, dizque desde una oposición, de ninguna manera. Existen por lo menos dos sectores importantes que han confrontado con el aprismo y dentro de ellos, una interesante gama de gente que reflexiona y hace política de buen nivel, pero que, a su vez, sufre de cerca el empantanamiento provocado por los dinosaurios que ejercen el control de sus partidos, por encima, incluso, de la voluntad de sus pocos afiliados. A estas alturas hay quienes deberían ensayar maneras más dignas de ganarse la vida. En el caso de Ollanta Humala, este debería cobrar su pensión militar retirado que acumula sospechosamente en una cuenta del Banco de la Nación; en tanto que hizo bien Lourdes Flores en recalar en la rectoría de una universidad pituca con sabor a Pizza Hut y pollo de KFC. Con una oposición de esta naturaleza, bien valdría la pena preguntarse qué es lo que les produce tanto temor, que ingresen apristas al Gobierno del APRA (¿?), que el APRA gobierne en el marco de una conocida simpatía popular, o simplemente el objetivo es evitar el ingreso de militantes calificados al Estado. Entonces ¿con quién debería gobernar el APRA? Pues, como van las cosas, pareciera que la respuesta ideal es, con ellos. El aprismo define roles; pide, además, con derecho, que la oposición no se quede en el detalle y vaya a temas de fondo; que debata si quiere una política económica o en torno al crecimiento sostenido del país en el orden del 5%; si tiene sentido que el gobierno del APRA apueste por programas sociales de ayuda que atenderán en términos generales a casi 6 millones de peruanos pobres; si es bueno o no que el Banco de la Nación otorgue créditos a las pequeñas y medianas empresas. O si debe continuar el programa “Agua para Todos”, en fin. Que las falsas posturas de quienes aconsejan que gobernemos sin apristas con un claro tufo antipartidario discurran sin que afecte la vocación de gobernar con todos los peruanos de buena voluntad y, por supuesto, que no medren los derechos ciudadanos de quienes han hecho de la militancia partidaria y política un natural ejercicio democrático y la puesta en practica de sus más firmes convicciones ciudadanas. Que nadie se rasgue las vestiduras, entonces. Ni se pone en riesgo la estabilidad nacional, ni el país se detendrá por un nombramiento, ni por dos, ni por diez. No hay que exagerar, aconseja la prudencia, ya que excluir a los apristas de su propio

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Aprismo desde La Tribuna gobierno, podría terminar siendo una de esas ridiculeces que ha registrado jocosamente la historia oficial del país en los últimos tiempos. Por último, que se dejen de cosas. La famosa “experiencia” que le piden a cada nombramiento por el gobierno, es un elemento que sólo pretende esconder la calificación que exhiben nuestros compañeros. Lo demás se consigue en cargo, desarrollando una labor, perfilando nuestras capacidades en el empleo y no desde la banca de suplentes. Los apristas somos oposición y no corchos ni tránsfugas hace más de quince años. Fuimos perseguidos y expulsados de la administración pública. ¿De qué experiencia nos hablan? El pueblo del Perú votó por el presidente García y el Partido que lanzo su candidatura. Nuestra propuesta marchó con la vieja estrella como símbolo de un plan de gobierno que en nombre de los más pobres propone un gobierno democrático y popular. Lo lógico, entonces, es que sean militantes del aprismo los que garanticen el rumbo de una propuesta cuyos resultados nadie nos mezquinará, en tanto, agazapados, seguirán los enemigos. Sí, esos que hasta ahora nadie entiende en qué país de sueños viven. MIRAR EL ÁRBOL O EL BOSQUE Si algo ha impedido poner en marcha las grandes propuestas que podrían haber marcado nuestro desarrollo, en los tres últimos siglos por lo menos, ha sido la incapacidad manifiesta de la mal llamada clase política, que no ha podido construir fórmulas de entendimiento básicas sobre temas de marcado interés común. Esta lógica, tan simple, ha sido sin embargo de una complejidad supina para quienes desde un entendimiento interesadamente gaseoso se erigieron como los “únicos” líderes en el manejo de la cosa pública en el tiempo. Fue el interés de pequeñas oligarquías y/o comunidades pseudopolíticas de intrascendente proyección lo que marcó la prioridad, optando, por lo general, por la cotidianidad, en el mal llamado e inexistente “debate nacional”. Una verdad inobjetable es aquella que señala los “antis” como una constante, como un elemento perturbador del proceso unitario de la nación, pero también como un escollo insuperable en la búsqueda de consensos para afirmar un solo y único gran proyecto nacional. Ahora, si bien los “antis” fueron primero una excusa de índole racial y cultural que impuso la oligarquía gobernante, luego se convirtió en un instrumento de presión tendiente a frenar el acceso de grandes colectivos ciudadanos, deseosos de construir espacios de participación para el pleno ejercicio del poder, defendiendo, en este caso y a muerte, los intereses de su clase, que era, y es, la clase dominante. Pero, en realidad, nuestras confrontaciones son muy antiguas. Hay quienes incluso ven en el episodio entre Huáscar y Atahualpa el punto de inflexión de la conquista, en la que dos hermanos llamados a defender el glorioso imperio de los incas, por disputas no bien aclaradas, terminaron permitiendo el nefasto triunfo de los conquistadores. 167


Aprismo desde La Tribuna Ya en terrenos de la historia más cercana, la realidad nos impone una lectura que sin evidente mala fe debería llevarnos de la mano por la misma ruta a todos los peruanos. Nunca antes las condiciones económicas pusieron al país en una situación tan expectante. Poseedor de materias primas, de una sólida economía y, específicamente, de una minería en expansión comercial, los precios de nuestros productos en el mercado internacional resultan ahora insuperables, encontrándonos también en medio de un escenario inmejorable para el desarrollo. Es tiempo entonces para formular y/o suscribir el Gran Proyecto Nacional. No un acuerdo burocrático, de primeras planas o para la foto, no. Hay que dejar el discurso y hacer que nuestros actos se conviertan en una realidad que permita que se planifiquen las cosas y, entre otras, también el gasto. Hay que ordenarnos para dar prioridad a la obtención de mejoras sustantivas, primero para quienes en extrema pobreza han llevado a cuestas lo más duro de la historia, y luego, para la población que en su conjunto mira con entusiasmo cómo el bienestar es, ahora, una real posibilidad para lo que es necesario que los actores, más allá del rol que les toque realizar, tengan también una visión también diferente de ver las cosas. Sería un nuevo y grave error que nos dejáramos llevar por la vanidad del momento. Que creamos que todo seguirá igual siempre. Que apostemos por los cantos de sirena de quienes en nombre del país proponen el violentismo o que retornemos al estado de miseria en la que sumieron al pueblo más débil las derechas poco nacionalistas, civiles y militares, que nos han gobernado. El gobierno está en lo suyo y que cada quien asuma su propia responsabilidad. Del otro lado siguen estando el caos y el desorden, que pondrían al país en la misma sinuosa ruta por la que nos han llevado hasta ahora los inestables gobernantes que hemos tenido, cuyo único objetivo ha sido, a diferencia de ahora, sólo satisfacer sus necesidades materiales inmediatas. NUESTRA EDUCACIÓN Para abordar este tema se requiere definiciones previas y, entre ellas, de qué lado estamos, si a favor, o en contra de la educación pública y, naturalmente, de su gratuidad. Desde el siglo pasado, los alarmantes índices de analfabetismo y exclusión que se producían en torno a la escuela formal generaron una corriente proactiva liderada por librepensadores, que propugnaban “abrir la escuela a la realidad”, proscribiendo, de esta forma, cualquier tipo de discriminación por raza o condición económica. Es verdad también que en el siglo XX, y sobre todo a raíz de la lucha por la Reforma Universitaria, Haya de la Torre logró hacer conciencia sobre la urgencia de la gratuidad de la educación en razón, precisamente, de la naturaleza elitista de esa escuela existente, que había convertido a los hijos de los más pobres en el campo y la ciudad, en “herramienta y mano de obra de recambio”, dejando sólo para los hijos de la oligarquía el estudio, que es un claro y efectivo instrumento de poder, que,

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Aprismo desde La Tribuna además, en manos de los cholos, se convertía –sostenían-, en un arma letal contra sus intereses. A todo ello se sumó el descuido y el poco interés de los gobernantes, traducido en la falta de presupuesto, al que se sumó el llamado desborde social, que llevó las expresiones más variadas de la protesta social a la escuela pública, lo que fue visto entonces como “expresión del debilitamiento de la disciplina en la instrucción”. Sólo tiempo después, una camarilla sindical impuso “la concepción horizontal de escuela”, que primero la cerró para otros profesionales, y luego, “conquistó” una especie de gueto gremial, que produjo remuneraciones homologadas en razón al famoso “tiempo de servicios” y no de la preparación o la capacitación del docente. Vino después la moda neoliberal, que promocionó las deficiencias de la escuela pública y las diferencias con la escuela privada. La primera, sin recursos y una infraestructura en ruinas, confrontó contra la segunda, que nueva, expectante y “vendida” como alternativa se impuso a través del llamado “colegio-negocio”, en el que los “promotores”, la mayor parte no docentes, en base a marketing y mera publicidad mercantil, impusieron en el subconsciente colectivo nombres, franquicias, currículos y textos que sólo promueven el individualismo grosero y una imagen distorsionada de nuestra realidad social. No le falta razón, sin embargo, a quienes sostienen que, en medio de esta realidad, en algunas escuelas privadas “se enseña mejor y se aprende más”. Aun cuando eso no necesariamente es el resultado de la infraestructura que lo alberga, sino más bien de la vocación y la dedicación de sus docentes. Diríamos incluso que en la mayoría de los casos son los profesores de la escuela privada los mismos que en otros turnos enseñan en la escuela pública, y entonces, ¿por qué enseñan distinto? Fundamentalmente por la voluntad y la motivación que producen las condiciones (no sólo materiales) en las que se establece la relación con el estudiante. No discutiremos sobre si esta premisa es totalmente cierta o parcialmente falsa. Diremos que, de hecho, efectivamente, las condiciones económicas, de infraestructura y motivacionales en las que un docente enseña en el Perú, sí determina su éxito, al contar con las herramientas necesarias y un escenario adecuado, lo que no es óbice para sostener genéricamente que la educación privada siempre es la mejor y, en consecuencia la pública, la peor. Ni lo uno ni lo otro. Problemas los hay en unos y en otros centros. En ambos la droga está presente, la rebeldía mal encauzada presenta estragos, los padres muestran indiferencia y cada año crece la deserción y el ausentismo escolar. Lo cierto es que en la escuela privada se forma ciudadanos para el éxito personal, en tanto que en la pública, por su naturaleza, composición y mezcla, ciudadanos mucho más comprometidos con la realidad que los rodea. No pondré en tela de juicio el orgullo personal primario de quien, como quien escribe estas líneas, estudió en un colegio particular y jesuita, pero nadie tampoco me convencerá de que mi formación humanista que ha ido de la mano con ese profundo 169


Aprismo desde La Tribuna amor que siento por el Perú, sólo podría tener su origen en esa antorcha de peruanidad que todos conocen como el primer Colegio Nacional Nuestra Señora de Guadalupe, Alma Mater y escuela pública gratuita, que le entrega a la patria desde siempre, ciencia, sabiduría, dignidad e historia …en todo caso, el debate continúa. EL SUTEP Cuando la más importante organización de los docentes peruanos se reúne para definir rumbos, algunas reflexiones resultan pertinentes. La historia de nuestros problemas es muy antigua. Sí, son una suma de traiciones y sinsabores que van desde el desentendimiento de los hermanos que entregaron el imperio, hasta aquellos héroes de textos escolares que sólo aparecen en los folletines de la escuela, pero que en el calor de las masas -de donde deben salir los hombresmodelo-, curiosamente nadie los recuerda. Como consecuencia de todo ello, una desconfianza permanente nos invade como nación y produce una cultura de confrontaciones a veces innecesaria y, otras, exaltada por mezquinos y pequeños intereses de grupo. Por eso es que quienes quisieron enfrentar al SUTEP con una propuesta gubernamental que apuntaba al diagnóstico nunca hecho de la realidad docente en el Perú, se equivocaron. Los males de nuestra patria son endémicos, y entre ellos también los de la educación, y por eso es que hay que actuar y rápido. La forma como el SUTEP se opuso -con poca suerte-, a la llamada evaluación censal, no sólo ha sido el principal y más grande error de los dirigentes partidarizados del SUTEP, sino el punto de partida para un serio proceso de reflexión interna que los devuelva hacia rumbos democráticos para escuchar la calle y, como el gobierno ha hecho, redescubrir la urgencia de enfrentar esa antigua crisis expresada en el escandaloso abandono de la instrucción pública que le genera zozobra a la gente y que ha producido que la simple confrontación entre grupos escolares se transforme en brutal pandillaje, así como el mero cumplimiento del ejercicio laboral por el lado de los profesores, lejos de la investigación y la capacitación, nada tenga que ver con las propuestas de una educación proactiva, inclusiva y científica, que el mundo promueve en estos días. Desde la Internet -distante aún para la mayoría de docentes- hasta la pedagogía participativa, nuestros profesores -unos por falta de recursos, es verdad, y otros por falta de incentivos-, han ido cediendo (o perdiendo) espacios y tolerando una escuela memorista, con profesores practicando un sindicalismo a veces obsecuente, disminuidos en su autoestima, sin entusiasmo, vocación, dedicación y estacionados en los viejos textos universitarios. Por eso, la derrota de la que algunos analistas hablan existe, es real, pero mira el reclamo ciudadano que exige las mismas reformas que el gobierno ha puesto en marcha priorizando, independientemente de la capacitación que algunos ven como 170


Aprismo desde La Tribuna un castigo, el acceso a las modernas técnicas de la pedagogía de quienes, por vocación y capacidad, sientan que ese es su espacio de realización, en tanto las facultades de Educación y los Centros Pedagógicos, como quería Horacio Zevallos y la generación precursora del SUTEP, debería dejar de ser el ático de quienes estudian educación porque “no les alcanzó el puntaje para ingresar a otra facultad” o, “porque de profesor, se consigue trabajo más fácil”. DECLARACIÓN No soy liberal porque en la década de los noventas del siglo pasado el neoliberalismo fue un punto de inflexión en la historia de América Latina, sobre todo a partir de la aplicación de sus programas de ajuste que abrieron aún más las distancias entre pobres y ricos. No soy liberal porque cuando el Estado fue satanizado en medio de una feria de entusiastas privatizaciones que malbarataron nuestro patrimonio una suerte de “tecnocracia pragmática” asumió el control de la cosa pública anunciando “el fin de las ideologías”, “la sepultura de los partidos políticos” y el “achicamiento” del Estado que derivó en una condenable agresión a los servidores públicos. No soy liberal porque sobre estos conceptos se impuso la llamada “flexibilización laboral”, que resultó siendo un carnaval de retrocesos que le arrancaron a los trabajadores todas sus conquistas y parte de su dignidad. No soy liberal porque quienes convirtieron a nuestra patria en un satélite de ese orden económico internacional tras la caída del muro de Berlín desatendieron las necesidades de los ciudadanos para privilegiar proyectos infraestructurales y “reformas de largo aliento” que sólo produjeron nuevos ricos. No soy liberal porque creo firmemente que los recursos destinados al bien común son una inversión y que la reducción del Estado no debió cobrarle la factura exclusivamente a millones de hombres y mujeres que de pronto se vieron sin trabajo ni esperanza. No soy liberal porque vivimos el predicamento real de un modelo económico que anidó una nueva clase de tránsfugas e independientes que gobernaron la nación por más de diez años y cuyo único norte fue el inmediatismo político y el pragmatismo económico que produjo más de 13 millones de peruanos en extrema pobreza. No soy liberal porque el libre mercado no permitió la defensa del naciente capitalismo local y porque liquidó nuestras empresas, que fueron sojuzgadas por el grosero dumping de la importación. No soy liberal porque con una multimillonaria campaña pretenden esconder las deficiencias de una negociación sobre libre comercio. No soy liberal porque los Derechos Humanos, la educación, la seguridad social, el empleo, la vivienda y la cultura son considerados como “gastos” por una legión de tecnócratas que miran la economía desde la perspectiva de los organismos financieros 171


Aprismo desde La Tribuna que los alientan, sin importar que “la moda neoliberal” no sólo nunca redujo la pobreza, ni la miseria, sino que, por el contrario, terminó protegiendo los intereses de las grandes corporaciones transnacionales a los que “premió” con vergonzosos contratos de seguridad jurídica. No soy liberal porque creo en un Estado fuerte y eficiente, no necesariamente grande, pero sí soberano que cierre esas brechas entre ricos y pobres que otros abrieron por desidia o por traición y porque no tendremos éxito sino entendemos que son los trabajadores los pilares de la nación y que de las condiciones en las que estos desarrollen sus habilidades, dependerá que se consiga ser competitivos y con productos de reconocido signo de calidad. No soy liberal porque creo que necesitamos más que buenas intenciones en la economía y la política. Porque hay que sumar conciencia ecológica suficiente como para generar realizaciones humanas que, entre otros, no lesionen el medio ambiente y no exploten incontrolablemente los recursos no renovables. Sólo un alto grado de conciencia objetiva de la realidad entre nuestra clase dirigente puede darnos la perspectiva y el rumbo para lograr el bienestar para la mayoría de peruanos. Sí, esa es la condición ineludible que nos permitirá sobrevivir en un mundo que política y climatológicamente hablando, de tanto calentarse, está a punto de estallar. EL DESAFÍO “DEL VALIENTE” Calma, señor Humala, calma. No podrá evitar que demos cuenta del fracaso de sus convocatorias o de la escasa movilización que dos de sus congresistas tuvieron que sacar adelante con un grupo reducido de ollantistas que aún no salen del asombro por la forma cómo su líder máximo huyó de tierras tacneñas. En realidad, no es la primera vez que esto sucede. Frío y calculador, el señor Ollanta Humala Tasso siempre encuentra un argumento para evitar hacer el ridículo frente a su pobre convocatoria, utilizando además, convenientemente, cada vez que lo requiere, algún tema sensible que saca de la manga para, a través de maniqueísmos, confundir a la población y/o reabrir heridas, recurriendo a patrioterismos militaristas y reduciendo, por ejemplo temas bilaterales, a una vulgar grita callejera. Pero Humala sí que es audaz. Se autoproclama radical y dice además que es valiente, pero claro, a más de mil kilómetros de la ciudad donde él mismo convocó una movilización de la que se corrió sin darle explicaciones a sus seguidores. Pretende hacer creíble su discurso justificatorio aprovechando la prensa para soltar “cortinas de humo”, decir que “le prohibieron dormir en Tacna” e insultar al presidente de la república, cuestionando (¿?) su firme posición frente al narcotráfico. ¡Qué tal raza! Insultó al primer mandatario mostrando el más absoluto desconocimiento de la capacidad operativa de nuestras FFAA y la Policía Nacional, ya que supone torpemente que ante un probable ataque, campesinos morirían. Se olvida Humala que –literalmente-, se han bombardeado aeropuertos clandestinos en medio del Huallaga desde hace más de diez años, sin que se reporten bajas en la población civil. 172


Aprismo desde La Tribuna Lo que quedó claro es que el señor Humala aprovechó la oportunidad para minimizar la denuncia pública efectuada en su contra por la recepción de camionetas de la empresa chilena Gildemeister –la del escándalo de los patrulleros-, en la campaña electoral. Con una burda pose patriotera quiere esconder “sus pecadillos” y lanza cortinas de humo como el proponer movilizar gente hacia zonas inadecuadas en la frontera, cosa en la que, por lo demás -en un gesto excesivo-, podríamos estar de acuerdo como gesto de identificación nacional, en tanto también convengamos en la necesidad de izar la misma bandera en la plaza principal de la comunidad de “Madre Mía”, sí, ese lugar en donde los pobladores exigen levantar un monumento a la vida y a los derechos humanos. Conceptos sobre los que el “Capitán Carlos” podría darnos cátedra.

EL PARTIDO DE GOBIERNO Curtido por décadas en las duras labores de la resistencia y la oposición, no le viene siendo fácil al viejo partido de Haya de la Torre encontrar las fórmulas de la ideal relación partido-gobierno, cuanto más, si por un exceso de prudencia en un caso, o por las sombras del período del gobierno anterior en el otro, cada propuesta, cada nombramiento, cada sugerencia despierta las suspicacias o las iras de críticos y “caviares” que nos endilgan: voluntad de copamiento, defecto que le es aplicable a plenitud a ellos que están dentro, más que a nosotros que estamos fuera. ¿Qué debe hacer el partido que ganó la elección para poner en práctica su plan de gobierno? ¿Cuál es el marco de referencia programática sobre el que se implementarán los grandes proyectos, si los responsables no tienen la más elemental idea de qué fines perseguimos? ¿Es acaso coherente suponer que “iluminados tecnócratas” enquistados en el aparato estatal por años, y sirviendo a gobiernos de los más diversos orígenes ideológicos, podrían llevar adelante una propuesta que no conocen? Dejémonos de hipocresías. Lo que subyace en cada crítica malsana o en la prédica propagandística de quienes no quieren ver a ningún aprista en el gobierno, es el viejo temor a que las cosas nos salgan bien y entonces se produzca la gran transformación que anunció Haya de la Torre en los años 20 y que llenó de terror a la vieja oligarquía limeña, ahora reciclada en fórmulas políticas del más puro transfuguismo pragmático. No entienden, nunca entenderán que ese escenario de justicia social y de realizaciones es también un tiempo de bienestar para todos y que los esfuerzos para cerrar las brechas sociales e incorporar a las masas al proceso de cambio tienen como único objetivo impedir el desborde popular, canalizar la expectativa de la gente y darle un curso digno a la historia de nuestro pueblo.

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Aprismo desde La Tribuna Es por eso que no debemos sucumbir ante la presión mediática de su prensa que acomoda su crítica y pretende dictarnos la agenda, que responde a intereses puntuales y que no es capaz de mirar a la nación como un todo. El aprismo de estos tiempos es un aprismo renovado y consecuente con el avance de la ciencia y la tecnológia, que reconoce el aporte de la modernidad, pero que no está dispuesto a dejar de lado el sentido ético de nuestro actuar, por lo que seguirá alentando la activa e incondicional participación de nuestros cuadros, y los mejores cuadros de la nación, en el proceso de transformación que realiza el gobierno del Perú. Por eso un nuevo Comité Ejecutivo Nacional resulta prudente y necesario porque relanza nuestra propuesta popular, vincula el discurso con el sentir de la gente, porque brinda espacios claros, abiertos y democráticos, y porque será el punto de encuentro entre nuestra vieja prédica y la realización de nuestros ideales. Vistas así las cosas, el trabajo es y será duro. De nuestro lado y en el gobierno, haremos fuerza frente a la corrupción. Señalaremos a los ladrones y no cederemos ante la impunidad. En todo caso, esa es la forma como reiteramos nuestro compromiso con el gobierno de los pobres que lidera el Presidente García, poniendo a su disposición lo mejor que hemos producido hasta ahora: cuadros que constituyen una vasta legión de hombres honestos y dispuestos a entregar la vida por su patria en medio de un país que no debería olvidar que el curso de la historia lo hemos señalado nosotros, y que no hay cambio ni proceso que esquive al APRA. EL DOBLE SENTIDO DEL TÚNEL La verdad se abre paso El periodista Umberto Jara ha publicado un interesante relato sobre la retoma de la casa del Embajador Japonés Morihisa Aoki, ocurrida el 22 de abril del año 1997, y trae nuevamente a la palestra un tema sensible que ha llevado a los tribunales de justicia a los comandos de élite de nuestras fuerzas armadas. Algo hay que decir, y el desarrollo del trabajo mencionado nos lleva de la mano por testimonios confiables y, por tanto, verificables. Nos narra con lujo de detalles y en limpia prosa una serie de testimonios y acontecimientos que son parte de nuestra historia y que debieron ser incorporados en los expedientes que buscan verdad en torno a los luctuosos sucesos en los que un grupo de 14 terroristas pretendieron jaquear al Estado para negociar la liberación de sus camaradas en prisión. Es lo más cercano a la verdad que he leído y los “Secretos del Túnel”, sin mencionarlo, asume con valentía las conclusiones a las que arribó la comisión congresal que investigó la Gestión Presidencial de Alberto Fujimori que presidió Mauricio Mulder, afirmando categóricamente que sí existe responsabilidad personal de Alberto Fujimori, entre otras, por las ejecuciones extrajudiciales producidas con posterioridad a la incursión de los comandos de las fuerzas armadas en la residencia sanisidrina. Hay que señalar que el Informe final de la “Comisión Mulder” dio cuenta de la denuncia efectuada el 20 de agosto del 2002, en la que Idetaka Ogura, primer secretario de la Embajada de Japón, sostuvo haber visto vivos a dos terroristas con 174


Aprismo desde La Tribuna posterioridad a la retoma de la Embajada, una mujer llamada Cinthya y un hombre que no pudo reconocer. Por otro lado, el testimonio del General PNP Máximo Rivera confirmó que el terrorista Eduardo Cruz, a quien conocían con el apelativo de “Tito”, salió con vida y se habría rendido, lo que aceptó, por su parte, el doctor Hugo Sibina, al comparecer ante la Comisión, cuando sostuvo que dicho terrorista “había sido ejecutado extrajudicialmente”. La presentación de un importante y prestigioso equipo forense dio luces sobre lo sucedido, sobre todo por el testimonio valiente del antropólogo José Antonio Barayvar, quien sostuvo que: “ocho sujetos presentan un mismo tipo de lesión por arma de fuego”, que “ingresan por la parte posterior del cuello heridas infringidas de atrás hacia adelante”, y un individuo, al que en las pericias se reconoce como NN4, recibió efectivamente “un disparo en la parte izquierda de la nariz” cuando “estaba vivo pero inconsciente”. La versión oficial del gobierno de Alberto Fujimori niega las ejecuciones extrajudiciales y se sustenta en la tesis que todos los terroristas murieron en la incursión, lo que quedó desmentido cuando Raúl Robles, suboficial PNP que cuidaba una vivienda continua, intervino a una persona sindicada como terrorista por los rehenes con los que salía, y a quien redujo en tanto éste “suplicaba por su vida”. Fue el Teniente Coronel Jesús Zamudio Aliaga, jefe de la Subunidad SIN llamada “los Nazis”, quien ordenó se “recogiera” al capturado, en tanto Alberto Fujimori insistía públicamente en reconocer que “dirigió personalmente” las operaciones y resolvió solo “las contingencias”, sin perjuicio de lo declarado ante esa misma Comisión por el abogado Luis Abelardo Renteros Pineda, quien en su calidad de letrado acompañaba a Alberto Fujimori en una diligencia judicial en el momento que recibió la llamada para la intervención a la residencia, logrando escuchar, conforme sostuvo, la orden de “arrase”. Por todo lo expuesto, la Comisión pudo probar que los Comandos de élite de las FFAA, al culminar el operativo de retoma y salida de rehenes abandonaron el teatro central de operaciones dejando con vida por lo menos a un terrorista capturado vivo, que los resultados aportados a esa comisión por los peritos forenses confirmaron el impacto de proyectiles en el cráneo, con ingreso de arriba hacia abajo, lo que confirmaría disparos por la espalda, “tiros de remate”, la presencia, participación y liderazgo del coronel Jesús Zamudio Aliaga como responsable del denominado “Comando Nazi” (Subunidad operativa del SIN), responsable material de las presuntas ejecuciones extrajudiciales. Sólo queda saber por qué razón el Ministerio Público y quienes conocieron este informe y los actuados desde el 15 de junio del año 2002 no merituaron convenientemente las pruebas y los indicios y, conforme a ley, hicieron prevalecer la verdad por la justicia, evitando que inocentes sean involucrados en delitos de lesa humanidad inexistentes.

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Aprismo desde La Tribuna En todo caso, quienes tienen que responder son Alberto Fujimori Fujimori y Vladimiro Montesinos Torres, quienes lideraron una red criminal que asaltó el poder y vulneró los derechos de los ciudadanos.

QUE NO NOS QUIEBREN EL BRAZO Cuando la cotidianidad comienza a ganar y a marcar la agenda de los gobernantes, entonces comienzan los problemas porque la visión del estadista, la misión del hombre Estado, se reduce a la pequeñez del reclamo reivindicatorio simple o la estrechez de la petición interesada, marcada generalmente, más allá de la necesidad real de la gente, por el tufillo escandaloso y torpe de quien la usa para generar una oposición por simple oposición. Cuando las primeras señales comenzaron a percibirse en el escenario político nacional, tuvimos un temor inicial, que quienes alientan y financian estas campañas pudieran ganarle la iniciativa a la férrea y evidente voluntad de construir historia con visión de futuro con la que gobierna Alan García. Y así parecía ser, cuando en los primeros seis meses una intensa y millonaria campaña mediática pretendió mostrarnos -en sólo ciento ochenta días-, los pretendidos “fracasos” de la administración aprista, sin anotar interesadamente que nuestro camino de cinco años de gobierno recién comenzaba a ser transitado. Luego vinieron esas alianzas que nadie entiende entre presuntos adversarios para generar escenarios de crisis que, con buen criterio, el presidente también visualizó, marcando distancia y poniendo cientos de kilómetros de por medio entre la grita y su deseo de trabajar en medio de la gente y en las provincias. Hay quienes han visto en ello una voluntad esquiva, y, sin embargo, representa el hartazgo del gobernante frente a quienes siguen mirando el árbol perdiendo de vista el bosque. En las provincias escuchó, debatió y compartió con la gente y sus autoridades, los intereses locales y los desafíos de la realidad de ese Perú profundo que algunos ni siquiera conocen. Puso a su lado al Estado, y al Estado frente al pueblo. Obligó a todos a escuchar a los más pobres y a los olvidados. Acompañó a las regiones que visitó en ese esfuerzo titánico por generar planes sostenidos, y la verdad que eso le salió bien. No sólo logró alejarse del bochinche citadino y de la vanidad dirigencial de quienes hablan “en nombre de todos” sino que, efectivamente mirando a todos, abordó, en el centro del país, los temas centrales, es decir, el atraso, el centralismo asfixiante y naturalmente, esa falta de apoyo técnico que es un crimen en un país en donde la planificación se abolió inexplicablemente. Paros regionales marcados por un violentismo inexplicable. Movilizaciones cocaleras que esconden escandalosos pactos con firmas narcoterroristas y declaraciones políticas de fascistas encubiertos en mantos democráticos constituyen esas piezas de colección y antología de las que García huye con razón. 176


Aprismo desde La Tribuna Hace bien por eso el Presidente en dedicar su tiempo a mejores causas, anunciando que el Estado no será más cómplice de esa realidad que tiene ahora que enfrentar el legislativo asumiendo, de una buena vez, el enorme reto de lograr normas que pongan fuera de juego por ejemplo a quienes viven del maltrato, los trabajos forzados y toda forma de explotación que conculque los derechos de los trabajadores. Eso es mirar la nación con visión de futuro y esa es la línea que debemos defender para que no nos quiebren el brazo. Nos reconocemos parte de una nación que desde aquel 7 de mayo de 1924 en México, incorporó, por primera vez y para siempre a los más pobres en ese esfuerzo ciudadano por lograr el cambio, convirtiendo la política en un instrumento de realización para la justicia y la libertad. EL APRA AL PODER Este último 7 de mayo, en una apoteósica ceremonia producida en el Aula Magna de la Casa del Pueblo, en la avenida Alfonso Ugarte, miles de compañeros se reunieron para celebrar el 83 aniversario de la fundación del APRA continental. En un acontecimiento lleno de música, alegría, recuerdos y mensajes de los dirigentes nacionales del partido, predominó la mística, aun cuando hubo quienes arengaron la frase “EL APRA AL PODER”. Gesto inoportuno, que alguna prensa ha usado en contra nuestra y en contra de la unidad del partido, aduciendo que, tras la arenga se esconde –cómo no-, esa voluntad de copamiento que la derecha nos endilga permanentemente. No corresponde escudriñar aquí -y menos públicamente-, cuáles son las motivaciones partidarias de las arengas y, eventualmente, los intereses que las motivan pero, de hecho, existen suficientes razones de naturaleza política que nos obligan a reflexionar sobre esto que comentamos y que alguna prensa interesada ha presentado en los últimos días como una crisis institucional inexistente, o, lo que es peor, como un reclamo que no se produce y que nos confrontaría con nuestro propio gobierno. Ya días antes, declaraciones de Armando Villanueva fueron extraídas de su real contexto y presentadas confrontativamente en titulares, mostrándolas en contra del gobierno. Nada más distante de la verdad. La majadería de un despistado periodista alteró el énfasis de esas declaraciones, que en realidad, como la frase que es título del presente artículo, alude una circunstancia, una coyuntura, y constituye una opinión que no pone en tela de juicio el respaldo del partido a su gobierno. Basta ya de jugar con la verdad. Este primer gabinete que encabeza Jorge del Castillo no es un gabinete compuesto exclusivamente por militantes apristas, tampoco tendría por qué serlo necesariamente, ya que con Alan García consideramos que el pueblo nos otorgó un mandato sin darnos mayoría, lo que nos obliga a concertar para efectos del desarrollo de nuestros planes de gobierno. Que existe una sensible mayoría en un gabinete con un perfil independiente, es verdad. Que existen modos de ver la política y el día a día de manera distinta, también es verdad y perfectamente entendible. Pero de allí a sostener que eso confronta al viejo partido de Haya de la Torre con el primer mandatario existe una marcada distancia. 177


Aprismo desde La Tribuna Para quienes no han sido nunca apristas y para quienes jamás han militado en algún partido político, algunas de estas reflexiones son difíciles de entender, porque son parte de ese ejercicio dialéctico de la razón que se nos enseña y nos permite debatir, polemizar y cuestionar desde perspectivas diversas, en tanto éstas no se conviertan en acuerdos, momento desde el cual TODOS apoyamos al unísono lo convenido. Se asustan por gusto quienes ven peligrar sus puestos en las arcas públicas aludiendo pretendidos e inexistentes “copamientos”. Tiemblan innecesariamente quienes sienten que el reclamo por gobernar expresa una voluntad torpe de “contratación en el Estado”. Todo eso es un exceso. Lo que no terminan de entender es que el llamamiento para gobernar con todos los peruanos de buena voluntad también alcanza al partido, sí, para marcar la línea hacia el futuro, para poder gerenciar la implementación de los planes, programas y ofertas electorales por las que votaron los peruanos al elegir al presidente García marcando la estrella aprista en sus cédulas de votación. De otra forma, es decir, gobernando sin partidos, mantendríamos el liberalismo al más puro estilo del toledismo o el fujimorismo. Queremos que el APRA GOBIERNE para imponer un régimen institucional, para fortalecer esa idea por la cual la democracia encontrará su escenario de realizaciones sólo en el sustento que le dan las masas y el pleno ejercicio de un estilo de vida basado en el libre juego de las ideas y las organizaciones que representan al pueblo. EL CORTO TRECHO ENTRE EL DICHO Y EL HECHO Hay quienes dicen que quienes nos representan “siempre mienten” y ese, que es un criterio que subyace en el subconsciente colectivo de la gente, es el triste saldo de décadas enteras de abuso del poder, de acomodo torpe y uso desenfrenado de las arcas públicas que nos hace mirar a nuestros gobernantes como elementos de una historia llena de estafas, promesas incumplidas, desesperanzas y pingües negocios realizados siempre sobre el sentimiento y la esperanza de los más pobres. Acude a reforzar esta idea el que estemos llenos de paradigmas fantasiosos, de héroes falsos, de epopeyas hilarantes e inexistentes que le rinden torpe culto a la derrota, en desmedro de la verdad heroica o victoriosa y que se oculta por interés o mezquindad. Cruel resultado de esa subcultura de envidia y poca solidaridad que nos trajo la conquista y que se quedó entre nosotros como característica de una “nacionalidad” ensimismada y llena de lamentaciones. Somos parte de un país lleno de “grandes propósitos”, “de sobrehumanas individualidades capaces de resolverlo todo” y que olvida que en estas mismas tierras, la grandeza fue el resultado de quienes encontraron en la unidad de su propia nación, la fortaleza de su realización como pueblo. Han habido intentos por que las cosas fueran diferentes, sí que los hubo. González Prada se acercó a nuestra “verdad” mirando la realidad desde la visión de las mayorías hasta entonces excluidas y Haya de la Torre incorporó a los pobres en la vida pública. Sólo entonces pudimos descubrir un país diferente, silencioso, pero 178


Aprismo desde La Tribuna mucho más bueno y rico que el que conocemos a través de la historia oficial. Un país que albergaba a gente mucho más real que las que por décadas aparecieron en las páginas sociales de “El Comercio”. Por eso es que las páginas de un simple libro me han llamado la atención. El gobernante no ha publicado “sus dichos” por vanidad, sino para ser juzgado. Comprobemos que hay un país que vive lejos de las citadinas formas de mirar la historia y que hay quien ha sido capaz de decir lo que pensaba y de ofrecer lo que viene cumpliendo. Así de Increíble. Casi para el anecdotario. Alan García le ha dicho a la nación que es posible cambiar las cosas, que los cambios no tienen por qué ser traumáticos, que es necesario avanzar hacia la realización de los objetivos trazados y que, en la medida en que estemos todos conscientes que nuestras tierras no soportan más esa mole enorme de miseria y pobreza, para que no explote o por recalentamiento global, o por recalentamiento social, hay que dar los pasos necesarios para cambiar la historia. Hizo bien Mauricio Mulder en compilar los discursos de Alan García y bien el aprismo en presentar el texto “El Perú Avanza”. Servirá para que los adversarios juzguen críticamente al primer mandatario y para quienes, como yo, confirmemos la presencia del pensamiento de avanzada de Haya de la Torre en cada una de las palabras del primer mandatario que ahora se hacen texto. Quien tenga sana curiosidad podrá hurgar para encontrar que por fin, después de más de 186 años de independencia, comenzamos a vencer a la más penosa herencia de la conquista: la promesa incumplida. PICONERÍA CONSERVADORA Y VISIÓN DE FUTURO Los hechos producidos en los últimos meses que involucran a líderes y dirigentes de la Alianza Política “Unidad Nacional” han hecho que Lourdes Flores saliera mostrando un inusual nerviosismo. La derecha se descalabra sin entender como y por qué las cosas pudieran estarle saliendo bien al régimen aprista del presidente García, y menos cómo un sector importante de la burguesía nacional (los empresarios) pueden creer y apostar por él. Desde sus reductos más radicales y en los estudios de abogados que los representan se lanzan manifiestos llenos de críticas fofas que tienen más bien un sabor a piconería, sin perjuicio de pretender responsabilizar al gobierno de los males (las denuncias) que enfrentan. Delirio de persecución, ha dicho el secretario general del APRA Mauricio Mulder. Complejo de culpa, ha respondido otro distinguido dirigente popular. Lo cierto es que, siendo lo uno, o lo otro, la más conservadora de las representantes de la derecha peruana ha tenido que salir al frente para “endilgarle a otros” sus propias debilidades, culpas, o acaso su poca capacidad para resolver internamente eso que parece más bien, a estas alturas, una crisis existencial con olor a entierro.

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Aprismo desde La Tribuna Y es que a estas alturas queda más o menos claro que la información que obtuvo la prensa para denunciar a algunos congresistas de UN vino “de adentro”. Que la posición de la mesa directiva fue la acertada al echar por tierra el sambenito de “otorongo no come otorongo”. Fue también un acierto ese mínimo de transparencia que permite que los ciudadanos tengan en el Perú, por la propia salud de la democracia, un rumbo para finalmente consolidar la democracia y las libertades. LA TRIBUNA ya venía insistiendo sobre la necesidad de apoyar al gobierno, fijando el rumbo con sentido amplio y también con una conducta pública a prueba de todo. Hemos sostenido hasta el cansancio que la única forma de derrotar al violentismo y el subdesarrollo es, primero, derrotando la impunidad y la dejadez del clásico empleado público, por lo que ha hecho bien el propio presidente Alan García en llamar la atención sobre la necesidad de redoblar la velocidad en el desempeño gubernamental, atendiendo, precisamente, la urgencia de los problemas que hay que resolver y que no admiten esperas innecesarias y burocráticas. Pero si esa es la labor de los organismos públicos, al aprismo le toca un rol mayor al de la simple colaboración en el enorme esfuerzo del presidente García por cambiar el país fijando el norte. Hay que ser conscientes de los graves problemas que tiene que afrontar el primer mandatario y de la forma también como, dolosamente, “el Estado le engancha” las decisiones. De cómo pretenden torcerle el brazo los intereses por años enquistados que aspiran que las reformas no se culminen y la forma como, quienes acceden a los puestos de primera importancia, terminan “cercados” por esa longeva y senil burocracia insensible que sólo sabe mirar la nación, pero desde sus propios papeles, sellos, autos y bolsillos. Por eso es que el tema de “la velocidad” sí es un reclamo presidencial justo. No es una crítica velada a nadie, es más bien una exhortación y un mandato para que confluyan esfuerzos en el marco de una propuesta de largo aliento que nos permita superar las brechas que separan a los peruanos privilegiados que alcanzaron un empleo y tienen algún ingreso que les permite vivir, frente a millones de peruanos que, literalmente, no tienen nada. SEASAP Las horas duras de la más larga persecución, fueron cubiertas con un hálito de esperanza y la crueldad del tirano, aunque suene a ironía, nos enseñó a protegernos. La familia aprendió a usar el raro lenguaje de los códigos. Los mayores que vivieron y sufrieron en carne y hueso esa forma de vivir, enseñaron a los menores “la mejor forma de comunicarse entre ellos” y a diferenciar, en medio de la inocencia natural de sus primeros años, cuando papá jugaba haciendo una seña, o cuando la seña podía salvar nuestras vidas. Cuántas veces alguien preguntó en casa si había llegado “el pan caliente”, y cuántas otras respondimos con candidez que “mamá aún no llegaba de la panadería”, cuando en realidad lo que nos preguntaban era si habían llegado los ejemplares de “La Tribuna” que enviaba a casa Roberto Martínez Merizalde.

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Aprismo desde La Tribuna Preguntar si papá podía realizar “un oficio” siendo profesional viéndolo marchar al instante era una escena casi rutinaria, como también, ver a mamá derramar lágrimas que cargó por años al no saber si papá volvería. El abuelo instituyó la voz de orden. Aconsejaba recordar cada “tips” porque de él dependía el éxito de nuestro compromiso con la seguridad del partido. Por eso, fuimos educados pronunciándolas y olvidándolas en un raro ejercicio de protección diaria. Cuando volvieron las libertades, esos mismos tips se convirtieron en gritos de juventud que anunciaba un aprismo innovador. El abuelo murió en los setentas proclamando la misma verdad que hizo suya cuando se hizo aprista al acompañar a los obreros anarcosindicalistas a recibir a Haya de la Torre en Talara al retornar del exilio en 1931. Contaba que entre el canto solemne de “La Internacional” y los vitores al líder, ya se saludaban con un discreto “seasap”. En los noventas papá partió también, y sentí lo mismo que él debió sentir ante la muerte de su padre. Por eso recuerdo ambos tiempos con dolor, ambas ausencias que se produjeron en medios de gobiernos dictatoriales que harían notorias esas ausencias. Los más viejos cuentan que el SEASAP constituyó “una forma de sentir al aprismo” en los duros años treintas, pero también que fue una forma de enfrentar la injusta campaña de la oligarquía que en “los cuarentas” nos endilgó la vieja leyenda de “los estanquillos”. Ahora responde al antiaprismo que como la plutocracia en los ochentas, exacerba la confrontación y nos refriega errores del primer gobierno “para sepultarnos”, cuando en estos días, las cosas parecieran estar saliendo mejor de lo que muchos quisieran. En este contexto, alguien debe decir con claridad que pronunciar la frase “SOLO EL APRISMO SALVARA AL PERU”, no es un acto de sectarismo banal que propugna exclusiones, menos aún, un grito de guerra que en afán anacrónico que promueva maniqueísmos dogmáticos. El SEASAP es sólo un arenga de homenaje a nuestros mayores y de reafirmación, es un ¡Sí SE PUEDE¡ que revela la enorme moral que guía nuestras vidas, un deseo superior de entrega al país y naturalmente a nuestra organización. En los actos celebratorios por el 23 de mayo, los más jóvenes me preguntaron si era “pertinente” gritar la consigna, les respondí sin dudar que sí. Que había que hacerlo además con fuerza y sentimiento porque alguien tiene que dejar constancia lo que significó esa frase que muchos conocen incompleta y que produce escozor entre la ignorancia. Sepan que en 1932 estas palabras cubrieron de honor la viril lealtad de hombres del pueblo que fueron llevados al paredón para ser fusilados y mirando los ojos de sus ejecutores, ante la orden de disparar, no pidieron clemencia, sino que exclamaron con valor: “Solo Dios Salvará mi Alma y Solo el Aprismo Salvará al Perú”.

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Aprismo desde La Tribuna QUIEN GIRA SIN SENTIDO SE MAREA Y TERMINA CREYENDO QUE TODO SE MUEVE El diario El Comercio insiste en abordar temas de exclusivo interés partidario, sabiendo que de alguna manera se inmiscuye en temas Internos, a los que, por cierto, le dedica parte importante de su página política en sucesivas ediciones. Sin embargo, el “cuestionamiento” pareciera anidar una preocupación por el respeto a nuestros estatutos partidarios, que son equivalentes a los que empresarialmente dicho medio de comunicación tiene, pero que al invocar un presunto “malestar de las bases apristas” (¿?) merece una pertinente reflexión. Efectivamente, entre el 18 y el 19 de febrero de este año, en el marco de la realización del 57 Plenario Nacional del PAP, se produjo un reajuste de nuestra estructura partidaria y, por ende, de los cuadros dirigenciales. Sin perjuicio que el presunto malestar esté basado en dichos de pretendidos militantes anónimos (¿?), sostener que “el Plenario Nacional habría vulnerado el Estatuto” al proceder a reestructurar al CEN porque es “sólo el Congreso Nacional del PAP el único que puede nombrar a los dirigentes del partido” es, por decir lo menos, una exageración, sobre todo cuando a renglón seguido se sostiene que, por eso, el aprismo “ha virado hacia la izquierda”. Para entender al aprismo hay que primero revisar su historia, los mecanismos de su disciplina interna y, naturalmente, los reglamentos, normas y el Estatuto -pero no aisladamente-, sino en conjunto, ya que así es que garantizan la libre y voluntaria participación de los militantes en las decisiones partidarias y también, la posibilidad de elegir y ser elegidos como dirigentes o representantes partidarios, información de fácil acceso a través de la página Web de LA TRIBUNA, órgano oficial del aprismo. El anterior Comité Ejecutivo Nacional, cuya estructura se aprobó también por un Plenario Nacional (el 55) y que se celebró el año 2003, definió que 20 dirigentes integrantes del CEN fueran elegidos por el Congreso Nacional, en tanto los 31 restantes fueron designados a propuesta del entonces secretario General, a efecto de atender una realidad que exigía del partido, una estructura acorde con la campaña electoral y las circunstancias sociales y políticas que vivía el país. El 57 Plenario Nacional, en cambio, se realizó luego del triunfo electoral del aprismo en el 2006 y la realización de las elecciones municipales y regionales, por lo que, atendiendo también a la nueva realidad política, acordó reducir la estructura aprobada por el 55 Plenario de 51 a sólo 21 cargos dirigenciales, suprimiendo, fundamentalmente, los cargos designados, en tanto sus responsables fueron nombrados en cargos públicos y otros renunciaron por razones personales. Hay que recordar sobre el particular que es el Estatuto el que le confiere al secretario general del PAP, entre otras funciones, la enorme responsabilidad de supervisar el rendimiento de todos los órganos partidarios y, en consecuencia, dictar las medidas que sean necesarias para que se cumplan los acuerdos del congreso En torno “al 182


Aprismo desde La Tribuna malestar” al que alude insistentemente el referido medio de comunicación, sólo diremos que nuestra organización desarrolla mecanismos internos de debate y confrontación de ideas que son, a su vez, sustento de nuestra democracia interna y frente a cuyos resultados, como los de cualquier otra organización –incluyendo la junta general de accionistas o el propio directorio de El Comercio-, todos se someten al imperio de la voluntad de las mayorías, en tanto las voces discordantes producidas fuera de los espacios y los canales partidarios, constituyen sólo expresiones singulares que no enervan el alto concepto de la disciplina partidaria al que nos sometemos los militantes del aprismo y que, por lo demás, es materia de reconocimiento público. Finalmente, cuando se alude una presunta modificación de nuestra tradicional postura ideológica y política, el periodista yerra, y lo hace sabiendo que nadie puede virar o volver al mismo lugar de donde nunca se movió. Bastaría revisar los pronunciamientos partidarios, nuestra historia y la vida de Haya de la Torre, nuestro fundador, quien durante sus ochenta y cuatro años de vida, de la izquierda democrática, nunca se movió. LA DEMOCRACIA SE PROTEGE Una denuncia remeció el endeble palacio congresal. Cuando las cifras de las principales encuestadoras muestran indicadores de descenso en la aprobación de la población sobre la marcha del parlamento y, sin salir aún del asombro por los casos Canchaya y Menchola, un letrado -según el decir de periodistas y gente que lo conoce-, vinculado a lo más rancio del fujimorismo-montesinista de los trágicos años 90, logró, sin que nadie pueda explicarlo claramente cómo lo hizo, ser elegido como flamante miembro del Tribunal Constitucional. La denuncia sobre esta elección había circulado profusamente en los corrillos, y algunas redacciones la conocían con anterioridad a la votación. Sin embargo “la pepa” la habían reservado para la edición semanal de una revista que sale a circulación los días jueves, presumiendo que pondrían el tema en el tapete el mismo día de la votación, sin saber que ésta ya se había producido. El error de cálculo permitió que la representación congresal no conociera la denuncia y la cuestionada elección se produjera finalmente. Espacio y tiempo propicio para los antisistema. Carne para los buitres, o simplemente un error maximizado que sigue mellando la imagen de un parlamento urgido de reconciliarse con la gente, pero que esta vez actuó rápido. A la renuncia presentada por el susodicho personaje, el parlamento superó una de las pruebas más duras que ha enfrentado y dejó sin efecto dicho nombramiento, entendiendo que, por las características de lo sucedido, ponía en tela de juicio el valor mismo del término “consenso” como valor de la actual representación en la que ningún grupo tiene mayoría, lo que permitió que después de la denuncia, toda fórmula de entendimiento fuera vista por la población como una vulgar “componenda”, extensión del acomodo que practican los que han hecho de la política un vil negocio. En los afanes por superar el incidente y protegido el parlamento de quienes pretenden usarlo para sus propios fines y desprestigiarlo, alguien le debe explicaciones 183


Aprismo desde La Tribuna al país y depende de los congresistas honestos –que los hay-, exigirlas. Aquella designación no puede pasar por alto, menos si con ella se pretendió empañar la elección de los otros tres candidatos, cuya distancia personal y moral con respecto al cuestionado está fuera de todo debate. Para que esto no se vuelva a producir, habrá que estudiar nuevas fórmulas o procedimientos en las convocatorias o la elección misma. Habrá para evitar que se sigan colando bribones y se sorprenda la buena fe. Hay que mirar mejor, es verdad, pero también hay que sancionar de una vez por todas a quienes inducen a error o mienten ex profesamente para su propio beneficio. No olvidemos que errar es humano, es verdad, pero persistir en el error… PAPARAZZIS EN POLÍTICA Una foto, un almuerzo o ambas cosas puestas ante el ojo público, sí que cambian las cosas. Lo que pudiera haber sido una elección consensuada de los miembros del Tribunal Constitucional terminó en un grueso escándalo que hizo retumbar las centenarias paredes de un legislativo cuyo más alto funcionario, su Oficial Mayor, literalmente, se quedó en la calle. En este caso nadie podría decir que la pita se rompió por el lado más débil, porque quien fue responsable de este hecho está, sin lugar a dudas, del lado más grueso de la soga. Sin embargo, en aquel caso sí ayudó la prensa. No sólo se ha encargado de pulverizar a los responsables y desmenuzar los acontecimientos, sino que ha lanzado una seria advertencia sobre su rol fiscalizador y el fin de una era de impunidades y conchudeces que mostraban “transacciones a plena luz del día”, tarifas de “gestiones públicas” y operadores que “alquilaban sus servicios de intermediación”, escándalos sólo comparables a la habitualidad de los modestos pagos de las coimas en las esquinas donde recalan los mal pagados policías de tránsito, escenas que nos parecen normales. Pero si todo eso es de gran ayuda, ¿cuál es el límite del que no deben pasar quienes van tras el dato”? Sin duda es el periodismo verdadero, honesto, aquel que se sobrepone al invasivo que sólo aspira al rating y una mayor venta y que pone en riesgo el prestigio y el honor de los que se hunden en el escándalo. No estoy seguro que la naturaleza personal de algunas de las denuncias sean realmente de “interés público”, siendo que a veces, es más el interés personal de algunos el que prevalece y que nos explica la poca responsabilidad con la que son lanzadas denuncias que van sin comprobación alguna, hecho que debería preocuparnos. A eso le llaman periodismo amarillo o criminal. A esa forma de buscar el morbo para encontrar el éxito editorial sin inmutarse ante la media verdad o la mentira más descarada. Mal periodismo le llama la gente y mediático gritan los más leídos porque se prestan para “jugar en pared” con quienes, usando de viejas y mañosas prácticas, van de fraude en fraude, tratando de pescar en río revuelto. 184


Aprismo desde La Tribuna Será por eso que una cosa es el contubernio o la inmoralidad bien denunciada, el acto o actor corrupto que con merecimiento transita ahora a la cárcel porque sus fechorías son puestas a la luz pública, y otra es aquella que sumida en sus propias debilidades o errores, soportan la torpe y cruel intromisión en las vidas privadas de hombres y mujeres cuyas familias no tienen por qué ser violentadas de manera torpe y compulsiva, en medio de un mar de falsas denuncias, frente a las cuales el Estado debería protegernos. ¿Hasta dónde es que llegarán? Esa es una buena pregunta. Lo curioso, en todo caso, es que alguien debe desenmascarar a quienes denuncian actos inmorales y no pueden exhibir su propia hoja de vida. Allí están los canales de televisión, radios, periodistas y revistas de todo tipo con los fajos de billete por el que compraron o vendieron sus líneas editoriales y que subsistieron -con honrosas excepciones-, en medio del vómito negro del montesinismo, del que, por cierto, hay quienes prefieren no hablar. Es verdad que hay malos abogados, también hay malos contadores, hay malos profesores y, naturalmente, también malos políticos… por eso miremos primero quién tira la piedra para saber si lo que pretende es rescatar la moral pública, o, simplemente, juega con ella y con nosotros. LA ESTAFA CAVIAR Entusiastas y agrupados en innumerables ONG a los que gustan llamar “sociedad civil”, se mantienen dedicados a los quehaceres más impensados. Los vemos metidos en el siempre rentable mundo de la transparencia, en temas de medio ambiente, dicen que en el afianzamiento de los valores ciudadanos, en la defensa de la igualdad de géneros, e incluso, entre otros, en la preservación de la vida de los animales, etc. Nadie sabe en realidad si creen en los temas en los que están involucrados, y la verdad es que unos van con más éxito que otros. Asumen liderazgos sobre pequeños grupos -que creen es la forma más inteligente de hacerse notar-, y se presentan como si fueran los impulsores de todos estos “conceptos” que, además, consideran que “expresan la voluntad popular”. Dicen que hablan por los más pobres, aunque sólo conocen la pobreza por libros. Dicen representar a los ciudadanos, aunque en los últimos treinta años, perdieron todas las elecciones en las que han participado. Ningunean a gobernantes y parlamentarios en nombre de una representación inexistente y usurpada. Son expertos en lobbys, logran cooperación internacional de todo tipo. Nunca rechazan medicinas, ropa usada, bienes, equipos, maquinaria, alimentos, dinero, etc. Mutan de labores según los donativos que reciben y les da lo mismo “trabajar” en temas de la defensa medioambiental o en el reparto de ropa usada en campañas en medio del arenal, al que concurren en imponentes camionetas cuyas puertas laterales registran la frase mágica: “de la cooperación extranjera”. No existe una estadística puntual sobre sus logros o la ayuda que han canalizado, tampoco cuánto de lo 185


Aprismo desde La Tribuna recibido quedó en ellos, o en los familiares, amigos o personajes vinculados sentimentalmente porque, “tratándose de entidades privadas, allí no hay nepotismo”. Participan –a pesar de su escaso número de activistas-, en cuanta movilización se produzca, son cuatro, “pero son”. Están sobre todo cuando la prensa registra imágenes de dichos eventos y tratan de “capitalizarlo todo”, tal cual lo hacían en los predios universitarios, en donde desde muy jóvenes aprendieron a dar rienda suelta a sus más exquisitas capacidades de intriga, división y personalismo. Los caviares sobreviven a todo, incluso a la hecatombe del “fin de las ideologías”, reciclándose sin inmutarse tal y como soplen los vientos. Se despojan de ideologías, valores y adhesiones. De abolengo o buena cuna, quienes en su ya lejana juventud migraron de la comodidad del status familiar a la rebeldía juvenil, se reconcilian ahora con lo suyo, con su gente y con sus orígenes. Se acomodan sin empacho con cuanto gobierno asoma. Son “técnicos reputados”, expertos en la cosa pública que reformaron para quedarse permitiéndoles, en cómoda carrera de postas, servir a la militares, a Fujimori y Toledo. Como la vieja oligarquía, a la que el pueblo le arrancó la política en los años treinta, ahora se resisten a dejar sus cómodas cátedras, sus sitiales de privilegio en “sus ONG” o las consultorías que les da la teta estatal. Ex rojos mutando al rosado cada vez más suave al punto de confundirse hoy con un neutral amarillo, no significaron políticamente nada, pero nos recuerdan las mañas que usaba esa minoría plutocrática que alquilaba su talento prestándose a todos los juegos en tanto -dictadores y demócratas-, les permitían mantenerse. A eso se llama ser un reaccionario y en eso es en lo que se han convertido quienes antes, en nombre de la libertad y la justicia, dejaron todo para entregarse a la política más pura y que ahora, sólo buscan la forma de recuperar o mantener su patrimonio -jugando al acomodo del poder-, con la misma angurria que mostraban sus ex enemigos de la derecha y hoy, compañeros de ruta. Alguna vez, en la dura polémica en los años setenta, nos acusaron de todo. Sólo algunos años más tarde, ya ubicados cada quien en su lugar, mirándolos a nuestra derecha, podemos repetir lo que alguna vez me dijo Magda Portal: “Nadie más distante de nuestro pueblo que aquel que, sin conocerlo, habla en su nombre y usurpa, miserablemente, su representación”. “LA RESISTENCIA” Cosas estas del país nuestro. “Peruanismos” que son parte de nuestro folclor o esa huachafería que produce signos inequívocos de conductas sociales y protagónicas dignas de mejores causas y que convierten la ironía en un cotidiano escenario de impensadas e interesadas realizaciones personales.

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Aprismo desde La Tribuna Hace sólo unos días, apareció en una importante revista un denominado “pronunciamiento” en el que, muchos personajes poco conocidos se mezclaban “inteligentemente” con otros pocos de reconocida solvencia personal e intelectual. Invitado por la curiosidad, seguí el perfil de los más reputados firmantes, entre ellos, un notable artista plástico y un par de intelectuales de talla sobre los que naturalmente sólo puedo expresarme en positivo, en tanto no de los más, que son “un total de ningunos” que convocaron a los primeros, “sólo” para pronunciarse sobre “valores superiores” en una proclama que llamara la atención. De esta forma ex burócratas, activistas entusiastas del fujimorismo, personajes vinculados a movimientos municipales de otrora actuación exitosa y hasta un ex rector de facto, se sumaron a ex políticos con registros de intención de votos que van del 0.2 al 0.5%, para expresar “su rechazo enérgico” a lo que denominan una ofensa a la memoria de las víctimas del terrorismo de estado, de los torturados, de los detenidos injustamente, de los periodistas difamados y de los familiares de los desparecidos. La naturaleza de la convocatoria, sin duda ni ambages, genera nuestra adhesión, la que, por cierto, no impide que miremos el curioso “llamado a la ciudadanía para estar alerta”, precisamente sobre temas en los que “estamos alertas” hace más de quince años. Qué bueno hubiera sido verlos a nuestro lado escribiendo contra Montesinos, denunciando el abuso, la corrupción, la tortura y la muerte producida por un gobierno insensible como el de Fujimori, y alertando las maniobras politiqueras de aquel régimen cuando éste nos seguía o amenazaba allá por los dramáticos años 92, 93, o, acaso, en las movilizaciones de los duros años 97, 98. Qué fácil resulta ahora, para algunos, en las postrimerías de las dictaduras y después de usufructuar del poder, “levantar la voz para sumarse a la protesta”. Por eso no hay que callar frente a quienes, firmando el pronunciamiento de marras, tienen una responsabilidad sobre la que aún no han respondido y que pretenden, además, “cubrirla con notables” en medio de un grupo de desconocidos, cuya “resistencia” es real, pero a seguir en el anonimato. ¿Cuándo firmamos otra declaración contra quienes guardaron silencio y se acomodaron con la dictadura, por ejemplo para “reorganizar”, intervenir y clausurar universidades de las que se expulsaron a estudiantes y persiguieron docentes, vulnerando el derecho a la libre asociación, al trabajo, la investigación y la opinión? Memoria colectiva, señores, sí. Pero también, lucha contra la impunidad sin exclusiones. Que “la resistencia” sepa que juega mal a “Policías y Ladrones” porque han colocado del mismo lado a los buenos y a los malos…quién sabe para cubrirse ellos mismos ¿no? JAVIER O.5%

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Aprismo desde La Tribuna Patético o tragicómico. Todo el país fue testigo de la forma como Javier Diez Canseco “se prendió” literalmente del brazo y las prendas de un oficial de policía y, dentro de una delegación, en vano intentó producir la reacción de éste, a quien luego denunciaría. Lo que pareciera no terminar de entender el ex parlamentario es que las cosas han cambiado en el país, que no nos gobierna una dictadura, que un proceso de descentralización le ha dado millones de soles a los pueblos más alejados y que, naturalmente, él, no es más parlamentario. Enfrentar a un gobierno legítimamente constituido, que cuenta además con el respaldo de un partido popular, de pobres, de gente humilde que apoya las acciones de un gobierno que mira la realidad del país precisamente desde la perspectiva de los que menos tienen, es el principal problema que enfrenta la llamada oposición. Sumada al histerismo de la derrota, sin banderas ni propuestas y sin capacidad ética para confrontar al gobernante, se refugian en la práctica antisindical que sólo movilizada sobre la base de mentiras y ninguna plataforma que arribe a negociaciones puntuales, apuntando sólo a mantener privilegios de camarillas como la de los profesores que se oponen a la nueva Ley de la Carrera Pública Magisterial, norma que revoluciona las estructuras del sistema educativo (algo por donde debieron empezar todos los intentos de reformas anteriores), cambiando al agente de la instrucción, al maestro, al docente al que esta nueva ley le devuelve dignidad, competitividad, valor y respeto. Nada más duro para quienes sin un discurso claro, reciben ahora la silbatina de los propios manifestantes que saben que, más allá de los errores y la falta de velocidad en algunos casos en la reforma, pretenden usarlos en contra de sus propios intereses. Un combatiente, convertido en víctima, no es lo que conocimos en los años duros de la lucha por la libertad. Diez Canseco se ha reblandecido con el tiempo, lo ha sensualizado el poder y ya no viaja más en la “combi” en la que llegó airoso del destierro, aquella mañana en la que se instaló la Asamblea Constituyente en 1978. Ahora lo afecta estar en una comisaría, lo agrede la ropa de un oficial y se queja de todo. Los años lo han reblandecido, o lo asaltó el recuerdo nunca extinguido de sus juegos de niño-bien en las salas del familiar “Banco Popular”, en cuyos pasillos jugó a “ricos y pobres” con sus amiguitos de clase. Lo han abandonado las convicciones expuestas con donaire en sus mejores años de juventud. Ahora, cual portavoz “caviar”, acompaña a sus hermanos, pero no quiere sufrir con ellos las consecuencias de su fidelidad en la calle. Nuevos conceptos lo asaltan. Un chorro de agua del “rochabús” es una agresión y una marcha de protesta, el paseo de un grupo de amigos que hablan de filosofía. Que nadie se engañe. Las masas los abandonarán tan pronto caigan en cuenta que pretenden usarlos para fines subalternos y violentistas. Que algunos sólo buscan la televisión y otros una plataforma para que los vean, es una realidad. Falta poco para escucharlos repetir la vieja proclama estalinista de la Perestroika: “Qué pasa camaradas que en estas tierras la protesta va por otro lado y, que ha sucedido que

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Aprismo desde La Tribuna no sólo nuestro discurso no enciende voluntades, sino qué a estas alturas, ya ni siquiera siguen nuestros pasos…” NUESTRO COMPAÑERO MULDER Él se encuentra fuera del país cumpliendo una recargada agenda política y aprovecho para que la presencia de Mauricio no conspire contra las líneas que a continuación leerá. Lo he visto soportar, los últimos años, el estrés del diario combate expresado en insanos y gratuitos ataques contra su persona. Lo he visto resistir, en nombre nuestro, las más ácidas críticas. Es duro el trance que le toca cumplir a quien muchos miran con envidia, sin saber el trabajo y la enorme responsabilidad que significa asumir la más alta representación política del aprismo, que es, ahora, el partido de gobierno. Se equivocan quienes creen que Mauricio Mulder se mueve a partir del acceso fácil de las pretendidas e inexistentes comodidades del poder, entre las sensualidades del goce gubernamental o la propaganda propia. Nuestro Secretario General cree con nosotros en lo que hace y lo que decimos desde 1924, cuando se fundó nuestro partido. Ha transitado, como muchos de nosotros, desde muy joven por los áridos y difíciles tramos del aprendizaje, compartiendo, antes de asumir responsabilidades dirigenciales, los desprendimientos que impone un partido popular como el APRA y los sueños y preocupaciones de quienes viven y sufren día a día en este país, sin perder la ilusión en un futuro mejor. Desde su elección como secretario general del Partido del Pueblo, páginas enteras han hablado de él. Es verdad que han ponderado su firmeza, pero una prensa dura y sectaria lo ha tratado de satanizar pensando que con él, o en él, golpean al aprismo. Lo han pretendido convertir sólo en un “rostro duro” -acaso el más duro del partido de Haya de la Torre-, y le han criticado “sus expresiones”, llegando al impropio estilo de asignarle apodos en algunos malhadados diarios, como si las expresiones no fueran, acaso, una forma de protesta por cómo sentimos y vivimos la dolorosa realidad de un país en el que ya casi nada produce una sonrisa, porque pocos viven con mucho y muchos subsisten con casi nada. Este no es un alegato, es sólo el detalle de lo que conocemos y de ataques y contraataques que han afirmado su férrea personalidad, colocando a los militantes del aprismo en su entorno más próximo. Mulder no necesita defensas porque tiene a su partido. Sus discursos han marcado la plataforma del movimiento en los últimos tiempos y acompañan al esfuerzo del presidente García por construir un nuevo país. Su reiterada convicción ha consagrado, en tiempos del neoliberalismo, la plena vigencia del mensaje popular y realista de la Izquierda Democrática que hace carne en el aprismo popular y le han permitido hablar en nombre de los pobres para adherirse a su gobierno sin ambages, en medio de la aprobación de los mayores que ven en él, la firme continuación del mensaje hayadelatorreano. ¿Cómo hace este hombre para conducir un viejo y gran partido como el APRA, venciendo incluso los resquemores de los hermanos más ariscos? 189


Aprismo desde La Tribuna Simple. Mulder vuelve a Haya de la Torre cada vez que la realidad se lo exige. Por eso su gestión afirma en el aprismo los valores aurorales de la disciplina, nos devolvió el “Cóndor de Chavín”, buscó la sabiduría en los mayores y cantó los mismos cánticos de libertad con los que nuestros mártires enfrentaron su destino. Entona “la marsellesa” con orgullo y se faja por sentar el mismo principio de autoridad que reclama para el país. Dicen que Mulder es un ortodoxo y en realidad es un libertario. Dicen que parece arisco y quienes lo conocen hablan más bien de su carisma. Lo han acusado de sectario y sus relaciones personales con la gente del arte, la cultura, la política, la economía y el deporte, dicen lo contrario. Hace sólo unos días, un viejo militante aprista me insistía en la fortaleza del discurso de Mulder, de cómo la defensa del gobierno tenía en él, argumentos de peso y cómo pasó desapercibido un viaje que sin mayores nombramientos realizó acompañado de una discreta delegación que, en gestiones oficiosas, trató de sembrar conciencia continental despertando, para la integración, una corriente en pro de la lucha contra la carrera armamentista y los falsos patrioterismos que mantienen a nuestros pueblos divididos y sumidos en el atraso. Hace muchos años, otro joven hacía lo mismo cuando la campaña “macartista” en Chile y Perú exacerbaba los ánimos bélicos recordando la Guerra del Pacífico. Entonces aquel joven fue atacado y lo llamaron “radical”, pro-chileno y su prédica que hoy es testimonio vivo de la integración de las naciones sudamericanas-, fue confundida por intereses mezquinos y ocultada por una prensa que sólo registra, “en sociales”, los brindis pacatos de la diplomacia burguesa. La prensa tampoco ha dicho nada de los logros de este viaje a Chile, calla cuando el mérito es de nuestro secretario general, pero insiste en endilgarle errores ajenos. Qué bueno que Mulder fuera tras las huellas de Haya de la Torre en este noble esfuerzo integrador y de paz en Chile. Qué bueno que comience a abrirse camino en la obra integracionista que hizo carne en Bolívar y Haya de la Torre, quienes no han muerto porque tienen seguidores y, mucho más temprano que tarde, vencerán, y qué bueno que el aprismo del siglo XXI, por todo esto, esté garantizado. VÍCTOR RAÚL… EL RECUERDO No puedo aún precisar cuándo es que me volví aprista o cuándo mi aprismo se hizo conciencia. Sostener que lo heredé de mis padres y abuelos sería una tremenda injusticia con el esfuerzo pedagógico que ambos hicieron para que tuviéramos conciencia de nuestras adhesiones y nuestra militancia fuera inteligente y no sentimental; pero sostener que llegué al aprismo por convicción, cuando aún no cumplía los siete años, tampoco resulta absolutamente exacto. En realidad, mis primeros contactos con el aprismo y con “el Jefe” fueron familiares. En medio de esta noble y militante familia de cuatro generaciones de apristas, escuché hablar de Haya de la Torre incansablemente y entonces comencé a leer sobre él. Aprendí casi simultáneamente a cantar “La Internacional”, que Arturo Sabroso había 190


Aprismo desde La Tribuna enseñado a mi padre, y La Marsellesa la tocaba cuando el viejo Lucas Cabello se tomaba el trabajo de acompañar mis torpes notas en el piano en la Casa del Pueblo. Saludé desde niño con el brazo izquierdo en alto, agitándolo cada vez que algún compañero llegaba a casa o nos pasaba la voz y desde siempre mis nombres dieron paso a mi orgullosa condición de “compañero”, en tanto fui cerrando el puño en cada movilización popular en la que recalaba, reclamando para el pueblo, lo que se me enseñó, que se conquista luchando. Fue de la mano del propio Víctor Raúl cuando asistí a mi primer coloquio y en Villa Mercedes me enseñó a “tener conciencia… con ciencia” regalándome y dedicándome “El Antimperialismo y el APRA” y el “Código de la JAP”, que guardo -por consejo de Ramiro Prialé- como tesoros invalorables que me ayudaron a formarme. Ramiro me toleró en su casa y los mayores que lo acompañaban supieron darme un espacio que cinceló mi aprismo con los valores más preciados de la formación aprista y el reconocimiento de la grandeza de la obra y el pensamiento de Haya de la Torre. Lo demás me lo dio la disciplina que mi militancia impuso y cuando encontré la luz… aprendí a dar. Hace 28 años Víctor Raúl pasó a la inmortalidad aquella dolorosa noche del 02 de agosto de 1979 en “Villa Mercedes”, su discreto y franciscano refugio ubicado en Vitarte, y siento que sigue haciendo tanta falta su presencia como en los días posteriores más cercanos a su partida. Es verdad que esta nota podría haber tenido, hoy, un cariz diferente, sin embargo, como en los días más aciagos de mi ya larga militancia en el movimiento popular, sigo preguntándome si no existe alguna forma de robarle a la muerte la presencia del Jefe, unos instantes, aunque sea para poder recibir -como antes- sólo un consejo más. ¿TODO VA MEJOR CON COCA-INA? Destapemos el tema. Abramos un debate sincero sobre la coca en el Perú. Pero hablemos también de las implicancias y del contexto social interno en el que se desenvuelve hasta llegar a su vertiente más corrupta en el narcotráfico internacional. Para ello hay que dejarnos de ambigüedades y hablar de nuestra soberanía, de nuestra dignidad como pueblo, de nuestros problemas sociales y de la forma como hay que enfrentarlos, reconociendo las raíces de esa siembra ancestral, pero evitando que tras el olvido o la pobreza, se escondan quienes simplemente hacen negocio con la desgracia de los consumidores de la droga. Nuestra tierra tiene su historia y ésta registra la hoja de coca como un elemento sustancial de nuestra cultura. Mal entendida infinidad de veces, la hoja de coca está signada por la culpable mirada extranjera que traza la ruta que nos lleva de narices por todos sus ensayos devastadores para erradicarla, es verdad, pero haciendo tabla rasa de nuestras costumbres, de nuestros campesinos y agricultores e imponiéndonos, so pretexto de “monitorear”, sus bases militares, planes, personal, equipo y armamento extranjero, todo eso en medio de nuestro propio territorio. 191


Aprismo desde La Tribuna El contexto que rodea al tema de la hoja de coca es, por lo general, el de la pobreza de las comunidades elegidas para su siembra y que ven en poco tiempo cómo surge una bonanza de ilusión en la que todos sucumben frente a “la necesidad”, que entonces se transforma en miles de hectáreas “semiclandestinas” que escandalosamente están identificadas y que son “cuidadas” por poblaciones enteras que viven bajo la maldición del narcotráfico. Pero éste es también un tema político que tiene que ver con los ejes del poder, que casi siempre terminan insertos en los mecanismos formales e informales del dinero y que para la experiencia latinoamericana, tiene en Colombia el más duro y doloroso ejemplo. De ellos debemos aprender lo que no debemos permitir, es decir, a no ser tolerantes con el narcotráfico y el lavado de dinero, que es como generalmente se infiltran. Representar a unos cuantos campesinos que siembran coca en zonas tradicionalmente cocaleras, donde el consumo de la hoja está acreditado y su venta es legal, es una cosa, y otra, muy distinta, agremiar a los cientos de miles de hombres y mujeres embarcados en la oprobiosa tarea de sembrar, cuidar, producir y comercializar insumos para la droga en cualquiera de sus fases de producción o consumo. Le toca a las poblaciones romper con el mito de la coca-cocaína que todo lo corrompe y apoyar las políticas de sustitución de cultivos que también son rentables, para que podamos ampliar la frontera agrícola y hacer viables proyectos que tienen ahora, en “Sierra Exportadora” y “AGROBANCO”, apoyo y futuro. Que nunca más nos vendan el cuento de la pobreza de “todos los productores de coca”. Son sus peones o quienes en su nombre siembran la tierra, los que de pobreza pueden hablar, los demás, sólo saben realizar paros, bloquear carreteras, pactar con el violentismo y hacer negocios, lo demás no es la chispa de la vida… sólo es, puro humo. LA SOLIDARIDAD ES, AÚN, UNA VIRTUD Tembló la tierra y nuestro país soportó uno de los más duros y crueles movimientos sísmicos en los últimos cuarenta años. Quién sabe es un circunstancia que pone a prueba algo más que nuestras fortalezas, también, nuestras más íntimas convicciones, y si de eso se trata, no podemos dejar de resaltar la forma como la gente, el común de los ciudadanos, los peruanos de buen vivir y el compatriota de a pie, se unieron sin distingos para enfrentar la adversidad, fundamentalmente de los que menos tienen, apostando -algunos sin ser plenamente conscientes de ello-, por un sentimiento mayor, el de labrar una de las cadenas de solidaridad más hermosas que conozcamos y que llega, desde todos lo confines de la tierra, hasta las zonas más conmocionadas del sur más cercano a la capital del Perú. Nuestro pueblo es fuerte, es verdad, pero si la muerte tiene algún lado que rescatar, será como en la vieja parábola bíblica de Lázaro, que fue capaz de levantarse para seguir caminando, mensaje de fe que lleva consigo una esperanza en eso que los peruanos hemos demostrado tener a flor de piel, capacidad de hermandad.

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Aprismo desde La Tribuna En circunstancias como éstas hay también quienes muestran sólo el desastre, la sangre y el dolor, pero de entre todo eso, también quienes rescatan la unión y la fraternidad que es palabra oportuna, tan oportuna como la denuncia de la precariedad de nuestras comunicaciones que formuló el presidente Alan García, convirtiendo su exhortación a la serenidad en una necesaria reflexión sobre nuestras debilidades. Hay que resaltar la intensa labor del sistema de Defensa Civil, la presencia de nuestras Fuerzas Armadas y Policiales que devuelve la tranquilidad, sus equipos puestos al servicio de las poblaciones sufrientes y también, todo el esfuerzo y la presencia que desde el Estado y el gobierno, trenzaron el puente más sólido que puede exhibir una colectividad humana, el de la unidad frente a la adversidad. En un tiempo en el que temas de confrontación nutrían exclusivamente las principales páginas de los medios de comunicación, cuando algunos de nuestros políticos se arrancaban espacios de propaganda personal, un terremoto que nos toca a todos, sin distingos de clase, raza o situación social nos trae a la realidad, sí, a esa precaria realidad en la que está puesta en juego toda nuestra capacidad para mirar el futuro y comenzar a apostar -ahora sí-, por la construcción de un país en el que las cosas dejen de improvisarse y los que menos tienen, tengan por lo menos, la seguridad de que, cuando la adversidad los agreda, el estado y su gobierno estarán siempre alerta y cerca para llegar sin demora, porque como aprendimos desde siempre, la ayuda que llega tarde, simplemente, ya no es ayuda. TELÉFONO MALOGRADO Para algunos este sonido es un clásico y para otros, el mayor símbolo de la prosperidad. Sin embargo, por mucho tiempo forma parte de nuestra vida cotidiana y con el teléfono llegó un estilo de vida. Primero fueron unos pocos los privilegiados que accedieron a este servicio reservado para los sectores más pudientes, en tanto la vorágine del desarrollo después -sobre todo el empresarial- masificó y logró un imposible: el don de la ubicuidad, es decir, que la gente “pueda estar” en algún lugar distante, sin necesidad de moverse. Su uso produjo la necesidad del vertiginoso desarrollo de las comunicaciones y dejó atrás al magneto, el telégrafo y Télex, para imponer la comunicación por pulso, por tono, la magia del fax, también la videoconferencia y la reproducción instantánea vía el correo electrónico, que en estos días ha convertido su registro en una especie de segundo nombre. Pero el desarrollo del sistema de telefonía en el Perú no fue homogéneo, en los años noventa se privatizó la Compañía Peruana de Teléfonos (de accionariado difundido) para permitir la inversión privada y dotar a las localidades más lejanas de este vital servicio, por lo que el contrato de concesión obligaba a un mínimo nivel de inversiones, al desarrollo de la tecnología telefónica para esas zonas, lo que pareciera no haberse cumplido a cabalidad ya que, sin ingresar al terreno de la telefonía móvil que va en otra línea de análisis y a otro segmento, no se habría cubierto aún la expectativa contractual y los estándares internacionales, tal como lo prueba 193


Aprismo desde La Tribuna técnicamente el último sismo que sufrió el sur chico y en el que se reprodujo lo que en las fiestas de navidad y otras celebraciones masivas ya veníamos experimentando en los últimos años todos los peruanos, es decir, que nadie puede comunicarse con nadie, salvo aquellos que decidan, por horas enteras, tener el dedo presionando la repetición de un número en su teléfono hasta que “nos den señal”. El tema hubiera seguido pasando inadvertido si no fuera por todas las horas en las que no se sabía qué pasaba en Cañete, Chincha, Pisco e Ica, o por el enorme costo en vidas humanas que hemos tenido que pagar en medio de la incertidumbre general que vivieron comunidades enteras devastadas y que han puesto en evidencia la precariedad del sistema de nuestras comunicaciones, las que colapsaron -al decir del primer mandatario- desde el momento mismo del siniestro y, a diferencia de lo ocurrido en otras latitudes, en donde se registraron conversaciones nítidas y fluidas (en medio del desastre y la desesperación natural) hasta el desenlace fatal de algunos de los interlocutores. Hace bien el Estado en repensar el tema telefónico, haríamos bien en evaluar la revisión del contrato, en tanto una auditoría internacional podrá establecer qué pasó. Más allá de la seguridad jurídica del que “se prenderán” algunos lobbystas en defensa de alguna compañía, que nadie olvide que estos temas tienen que ver con la seguridad nacional y con el ciudadano de a pie, que no sólo usa el teléfono para saludar a alguien en su cumpleaños, para anunciar una visita a alguna otra vanidad, sino también para, en solo dos instantes, pedir ayuda ante una emergencia, avisar de una tragedia o preguntar en medio de una catástrofe, si los seres que queremos están vivos o no. ¿INCAPACES DE PONERNOS DE ACUERDO? Hay quienes observan la realidad con visión reducida en sus ojos, con una generosidad casi poética en el alma, o con un exceso de entusiasmo con el que pierden la perspectiva, solía repetirnos Ramiro Prialé para pedirnos a los jóvenes de entonces, valores, claridad y objetividad en cada uno de nuestros actos. Aquella tesis explicaba entonces, y ahora, la peculiar forma de asumir nuestras derrotas y ningunear nuestras victorias. La manera como seguimos siendo un colectivo que no encuentra el rumbo, un país que subyace en medio de una historia oficial relegada a testimonios de grandeza que sirven para souvenirs turísticos y un falso orgullo. Parte de nuestra clase dirigente ocultó desde siempre nuestra historia real y la grandeza de nuestros ancestros quizás para omitir resolver nuestros problemas, a los que, de manera torpe y mezquina, antepusieron siempre intereses pequeños y de cenáculos cerrados, que terminaron soslayando el bienestar de nuestra gente y recordando la inmensidad de nuestras posibilidades como nación. Esa es la filosofía de la mezquindad que nos gobernó y sobre la que aprendimos a leer esa historia de derrotas en la que perdimos guerras, no solo por la superioridad numérica o bélica de nuestros ocasionales adversarios, sino porque estuvimos 194


Aprismo desde La Tribuna desunidos, porque nuestro concepto de nación no se afirmó en el subconsciente “Como un todo”, sino, más bien, como “una parte de algo”, que hizo que prevalezcan las rencillas locales por encima del objetivo nacional, haciendo inmortal nuestros odios y superiores a nuestro afectos, produciendo ese desaliento que es una constante peligrosa. No culpo a la gente; eso es lo que nos legaron. Pero sí denuncio esa forma de mirar “lo nuestro” como lo anecdótico y “lo foráneo” como “lo mejor”. Es deber de nuestros líderes, ilustrar y guiar para imponer valores superiores, rompiendo un denominador común con sabor a maldición que hace que sea dramática nuestra cotidianidad, que esté llena de ejemplos falsos e inexistentes, que ocultan el valor y el arrojo en ese enorme esfuerzo por reconstruir, cuantas veces fuera necesario, a la nación. Por eso es que si la adversidad y el dolor no son capaces de unirnos, ya nada salvará a nuestra patria. No es posible que ante todo un drama humano de miles de compatriotas que enfrentan la muerte haya quienes sean insensibles y no sean capaces de concertar y aportar por la solidaridad. Que prefiramos la abstención o la doble moral de “la neutralidad”. Es increíble, sobre todo, si por lo que se vota es por la vida o por la muerte. Seamos severos para con quienes entienden la política como una forma de “servirse”, y que “el frío cálculo” no triunfe. Que los congresistas que se abstuvieron en las votaciones para zonas devastadas por el terremoto no olviden que sus conciencias los someterán, más temprano que tarde, al justo tribunal de la vida, en el que sus conciencias serán los mejores jueces de una actitud que ya no sé si sólo es propia del verdugo. TRANSPARENCIA CAVIAR Una sentencia del Tribunal Constitucional no permitirá por el momento que el país sepa cuál es el destino final de los fondos de la llamada cooperación internacional que reciben las ONG. El hecho no tendría nada de sorprendente si acaso los argumentos usados por éstos en su defensa no resultaran de mal gusto, de cara a la sustentación que día a día hemos escuchado a propósito de la exigencia de transparentar los recursos que perciben los partidos políticos. Desde la implementación de la ley 28094, ley de partidos políticos, todas las organizaciones inscritas vienen siendo exigidas para el cumplimiento de la presentación de información sobre la naturaleza, los montos y destinos finales de los recursos captados por aquellos para la realización de sus propias actividades. Sin embargo, en la sustentación de su derecho y contra la transparencia, la mayoría de los agentes caviares agazapados en sus ONG han defendido con uñas y dientes “la necesidad” que ellos no declaren, ya que aluden que esos dineros “constituyen fondos privados”.

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Aprismo desde La Tribuna Los partidos políticos se han sometido a la ley atendiendo a las formas democráticas, pero, siendo los partidos “organizaciones sin fines de lucro” y percibiendo “fondos privados”, a tenor de la propia sentencia del TC y la argumentación de no declaración de las ONG, ¿tampoco los partidos deberían ser supervisados? Y si no es así, ¿por qué no medir con la misma vara a todos? No es el sentido de esta columna alegar por la no presentación de información, sólo quiero resaltar que lo que ha quedado en evidencia es que lo que esconden los caviares son sus “gastos corrientes”; es decir, cómo usan el dinero; quiénes se favorecen y cómo se financian sus proyectos personales o familiares con escandalosas remuneraciones propias del “más condenable e insensible servidor público”. Que el país esté notificado de lo que sucede. Que nadie se deje sorprender, porque si bien el tribunal constitucional ha declarado que las ONG no están sujetas a revisión en lo que a la ejecución de sus proyectos se refiere (entiéndase el destino final del dinero); finalmente tendrán que declarar sus fuentes y priorizar los proyectos, de tal suerte que no nos seguirán vendiendo gato por liebre. Los partidos saben, por su parte, lo que tienen que hacer. Hace ya mucho tiempo que esta gente gusta del buen café, del buen vestir, del buen decir y del buen acomodo (fujimoristas, toledistas e independientes). Por ahora no sabremos cuánto ganan, pero pronto saldrá a la luz en qué gastan los millones que en nombre de los que menos tienen administran estos líderes de esa mal llamada “sociedad civil” que sólo representa a quienes se contratan entre sí. EL 11 DE SETIEMBRE EN CHILE Mientras repasaba los dramáticos momentos del 11 de setiembre de 1973, la imagen digna y altiva de Salvador Allende me asalta, y entonces, lo recuerdo firme -aun en la adversidad-, en esa apuesta honesta por el socialismo democrático que llevó adelante en Chile. No me toca abordar críticamente aquí el desempeño de sus aliados de la Unidad Popular, pero sí puedo señalar la conducta infantil de quienes, creyéndose dueños de la verdad, empujaron esta hermosa experiencia hacia el abismo. Seguidor del pensamiento hayadelatorreano más puro, Allende siempre supo de los riesgos de la radicalización del proceso chileno y lo que el arribismo de estos sectores podría producir, pero lo cercaron y no le dieron opción. Lo empujaban desde dentro y desde fuera lo combatían sin concesiones, hasta que tocó los intereses de los poderosos, y éstos alquilaron un militar para eliminarlo y liquidar con él la posibilidad del pueblo de guiar su propio destino. Ha pasado tiempo suficiente como para poner las cosas en su sitio y a los actores en el lugar que les corresponde. Afirmar por ello que el “despegue” del modelo chileno surge a raíz del golpe, es regalarle innecesariamente -como pretendieron hacerlo los agoreros del neoliberalismo fujimorista en Perú-, un atributo a quien no lo tiene, ni merece. Cada tiempo tiene su forma de evolución y en Chile, a la Unidad Popular le tocó escenarios poco auspiciosos, lo que no impide que miremos esa experiencia, como 196


Aprismo desde La Tribuna la del primer gobierno aprista, como una fecunda lección que ayuda en estos días a contextualizar mejor la política y la historia. Por eso es que ahora podemos discernir con mayor claridad sobre esa infeliz dicotomía que plantea regímenes autoritarios o dictaduras vinculadas con la eficiencia, en tanto la democracia con crisis y pobreza. Ayuda a este ejercicio de reubicación de planos y desenmascaramiento, los millones de dólares manchados de cocaína, desaparecidos y muertos que las dictaduras de Pinochet y Fujimori nos legaron. No sólo incorporemos en el balance, los duros y nefastos años de cruel persecución y resistencia, sino la forma como la Concertación que lidera el socialismo democrático chileno en estos días y el aprismo en el Perú, enfrentan los embates de la realidad de hambre de millones de compatriotas, demostrando además que es posible crecer, alimentar y obtener el bienestar para las mayorías sin dejar de ser nacionalistas, sin perder la dignidad, ni cambiarle de nombre al país. Nadie nos convencerá por todo eso que un mundo en el que se proscribe el derecho a pensar, que produce generaciones de hombres y mujeres mutilados en sus conciencias y en medio de un universo individualista e incapaz de despertar el menor atisbo de solidaridad, alguien puede considerar un país como “desarrollado”, falaz principio por el cual, durante décadas, aquí y allá, trataron de convencernos que el éxito en la economía sólo es posible minando la vida de los pobres, liquidando sus derechos e imponiendo la paz de los cementerios para obtener un clima propicio para el éxito. ANIVERSARIO Y TRIBUTO POPULAR Cuando celebramos el 77 aniversario de la fundación del aprismo peruano, el Poder Ejecutivo confirmó un anuncio formulado hace algunos meses por el Secretario General del APRA: el aumento del sueldo mínimo vital. Este anuncio produjo reacciones inmediatas, entre ellas, las de quienes sostienen que resulta insuficiente la medida, mostrando un pesimismo desolador. La verdad es que, aun cuando consideramos que estas medidas no resuelven “todo” el problema de la gente, es obvio que constituyen un aliciente y nos dan una idea clara de cuál es el rumbo del régimen, para quiénes gobierna y cómo responde frontalmente al grave problema social que heredó del liberalismo a ultranza, aplicado en nuestras tierras, en los aciagos días de la década de los noventa. Para nadie -medianamente informado- puede resultar extraño este aumento de sueldos, menos, si es el resultado de la fuerte presión que ejerce la economía internacional en la subida de los precios de los productos que consume el pueblo. No me detendré en la real pero inoportuna crítica a nuestros hábitos culinarios, ya que a estas alturas no sé si exista predisposición a dejar el pan o el pollo, y sí más bien dejar en claro que los productos de la alimentación popular suben, pero como consecuencia del incremento descomunal del precio del petróleo y la disminución objetiva de la producción del trigo -que en Estados Unidos es el resultado de las 197


Aprismo desde La Tribuna políticas gubernamentales que alientan la siembra de maíz y otros productos para masificar el etanol. Sin embargo, una lectura mucho más acuciosa de los últimos acontecimientos nos permitiría observar con nitidez cómo el gobierno sigue preocupado por la deuda social pendiente y por la alimentación de los más necesitados, preocupación que traduce y explica este incremento de la remuneración mínima vital, que es en realidad, sólo un apoyo para los más necesitados, en tanto se dictan medidas de otra naturaleza y de un mayor espectro, que permitirán atender a la población restante. Se ha dicho que estas medidas debieron haber sido “para todos”, y eso no hubiera sido lo más conveniente. Lo que sucede es que hay quienes, sin ganar mucho, pero por encima de la remuneración mínima vital, pueden de alguna manera paliar el temporal un tiempo más, en tanto se aplican medidas integrales que no representen subsidios indiscriminados, ni afecten los índices económicos, ahora tan distantes de medidas populistas y la inflación. Que atendamos las necesidades del pueblo es una cosa y otra, que no miremos la nación con visión de justicia, futuro y con prudencia otra. Mal hacen quienes desde el lado empresarial nos combaten por no permitir que la crisis o los ajustes los soporten quienes menos tienen y mal quienes se dejan llevar por esas críticas que sólo miran sesgadamente a la patria desde el ojo derecho. Qué bueno que estas medidas hayan coincidido con la celebración del 77 aniversario de la fundación de nuestro glorioso Partido del Pueblo y qué bueno también, que el gobierno popular del APRA que lidera Alan García haya dictado estas medidas justo mirando el rostro de los más pobres. Acaso esta decisión ha sido el mejor homenaje que le pudimos tributar a ese valeroso grupo de hombres y mujeres que, sorteando la persecución y bajo la inspiración de Víctor Raúl Haya de la Torre, fundaron en la esquina de los jirones Huancavelica y Calonge y Lartiga, frente al Teatro Principal de Lima (hoy Teatro Segura), en un modesto taller de carpintería, la Sección Peruana del APRA Continental.

LECTURA DETRÁS DE LA CENSURA Lo peor que le puede pasar a un país es no aprender de sus errores, o lo que es peor aún, que sus principales líderes, sabiendo que hacen mal, actúen de manera irresponsable reeditando viejas mañas y poses que no conducen a ningún lado, salvo a mantener el estatus del atraso y el subdesarrollo. Algo de eso es lo que ha sucedido tras la interpelación al ministro Alva Castro, a quien todos le reconocen condiciones personales y éticas a prueba de cualquier cuestionamiento, pero que, sin embargo, no le sirven para nada a la hora que es conducido al paredón por presuntos errores que nadie sindica como suyos. 198


Aprismo desde La Tribuna Por eso esta interpelación tuvo sabor a vendetta y, además, coincidió con la extradición de Alberto Fujimori, hecho que habría conducido los votos del fujimorismo hacia el limbo político, sin poder articular con claridad una estrategia parlamentaria que permita superar esta etapa de claras indefiniciones. Lo cierto es que por error alguien pensó que esta sería la oportunidad del fujimorismo para lograr mejorar las condiciones de carcelería del ahora procesado Alberto Fujimori, permitiendo que se sumen las más radicales fuerzas de oposición que piensan haber encontrado un escenario inmejorable para golpear directamente al viejo partido de Haya de la Torre, dándole, además, un mensaje muy claro al gobierno: Si podemos censurar a un aprista representativo, lo podemos hacer con cualquiera. Por eso es que los hechos merecen una lectura más detenida, ya que el “ajusticiamiento” al que se ha querido someter al Ministro del Interior resulta no sólo anecdótico, sino absolutamente injusto. Por eso es que a los que pronto han salido a plantear “acuerdos” o “acercamientos” con fuerzas políticas en el Congreso, hay que responderles que el acuerdo que hay que renovar es con las organizaciones de base a través de bisagras que promuevan una relación más efectiva y horizontal entre las organizaciones que permanecen en el tejido social, el partido de gobierno y el propio gobierno, para darle sostenibilidad al proyecto social del presidente García. Que se entienda que cualquier acuerdo político-congresal resulta insuficiente y que lo que se necesita ahora es que el gobierno desarrolle con su partido mecanismos que articulen el trabajo social, no para que el partido se aproveche del Estado, sino para que el Estado llegue a través de las bases populares del aprismo, hasta el último y más distante ciudadano de a pie. En la medida en que se entienda este mensaje y la lectura sea la misma, el PAP habrá encontrado su nuevo rol en el escenario político actual, pero el gobierno también sellará su alianza con el partido que es su sustento ideológico y social. La idea es que el mensaje y el discurso del presidente García llegue, pero que llegue pronto a las masas, al pueblo. Sólo si eso sucede, habremos comenzado a cambiar al Perú porque habremos democratizado al país y los mensajes fluirán de arriba hacia abajo y desde abajo, pasando por una realidad de mejoras para el pueblo, hasta el propio presidente García. MENTIR Una de las características más saltantes de la llamada conducta criolla del peruano promedio está centrada en esa increíble capacidad que tienen algunos para vivir generando escenarios irreales, sostener en público y en privado medias verdades o, simplemente, mentir de la manera más descarada. Pero cuando esa característica casi patológica se traslada a la política empiezan los problemas y se resuelve la vieja interrogante sobre cuándo se terminó de joder el país. Y es que literalmente la política “se llenó” de farsantes y gente inescrupulosa que no sólo ofrece sin límite todo lo que su inventiva da, sino que, además, miente sin 199


Aprismo desde La Tribuna escrúpulos ni limitaciones, lo que hace de la verdad (entiéndase promesa) una cosa inalcanzable y de la mentira, un instrumento de realizaciones personales y mezquinas. Pero sí es grave que esto suceda en la política, deteriorarla y llevarla hacia los terrenos más insospechados de su atrofia, es un delito; cuanto más, si se vuelve una conducta social perniciosa que finalmente produce un rechazo a quienes lideran nuestra vida en sociedad, básicamente porque la gente los vincula a conductas nepóticas, actos reñidos con la ética y la moral o, simplemente, por la comisión de delitos con los que asaltan las primeras páginas de la prensa, haciéndole el juego al neoliberalismo ideológico que proclamó, en los albores de los años noventas, “el fin de las ideologías”. No sé cómo registrará finalmente la historia el paso de esta gente por la política, no sé ni siquiera si habrá algún espacio reservado para tanta ignominia en la literatura del futuro, lo que es cierto es que, a estas alturas, la peor crisis que ha enfrentado el sistema democrático, no son las sucesivas olas económicas que han sumido en el hambre y la miseria a nuestros pueblos por décadas enteras, sino la estafa producida por quienes ingresan a la política, en este y otros tiempos, engañando y sorprendiendo la buena fe de los hombres para satisfacer sólo apetitos personales. Si alguna función pública exige pulcritud es, por excelencia, la política; ese ejercicio ciudadano en el que todos deberían ponerse al servicio de las mayorías buscando el bien común, y no esa vida llena de lujos que erigen los que hacen de la política vil negocio culpable, que reposa sobre el hambre y el futuro de millones de compatriotas a quienes, además, les siguen vendiendo el cuento por el cual, siendo mendigos, están sentados en una banca de oro que, en realidad, otros ya se llevaron. ¿SE ACABA EL MUNDO? Mientras los principales líderes del mundo siguen preocupados por convencerse entre ellos sobre quién dejará de comprar armas y quién proscribirá primero las pruebas nucleares que ponen en riesgo la seguridad mundial, un soterrado drama recorre el mundo sin que hayamos definido una estrategia para frenar sus consecuencias, evitando morir, literalmente, en un muy corto plazo. El llamado cambio climático es el resultado del nefasto impacto de las actividades humanas sobre el planeta, expresadas entre otros, en el adelgazamiento de la Capa de Ozono o la vulneración sistemática de ésta, el calentamiento global y las alteraciones del clima que devastan el medio ambiente, poniendo en riesgo la vida del hombre y las más sólidas economías. Desde esa perspectiva, la globalización de los problemas ambientales hace ineludible que de manera conjunta los pueblos y sus gobiernos enfrenten los efectos aludidos, en tanto resolvemos el crecimiento desordenado y explosivo de las poblaciones y la falta de cuidado del medio ambiente en las tareas del desarrollo, encontrando la forma de proteger los recursos naturales, sobre todo los no renovables.

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Aprismo desde La Tribuna Más allá de los esfuerzos ecologistas y la estafa “oenegera” que hace pura teoría sobre un problema concreto, una de las tareas más urgentes que hay que acometer es aquella por la cual, hay que subsistir encontrando mayores y mejores fuentes de riqueza, pero, garantizando el futuro, es decir, extraer oro sin arrojar cianuro al río, buscar y explotar petróleo sin deforestar kilómetros de bosque, o mejorar las fuentes de subsistencia para que quienes siguen convirtiendo en carbón, miles de miles de algarrobos, entiendan que no hay que depredar ni trastornar el ecosistema para que éste no siga mutando y los huracanes, maremotos, el exceso de lluvias, sequías o la mano del hombre misma terminen afectando la flora, la fauna, la salud de los pobladores, los sistemas productivos y la vida. En este contexto, un primer paso podría ser que reduzcamos significativamente las emisiones tóxicas, pero otro que es el más importante, es que hagamos conciencia del rol del hombre con respecto a la naturaleza y su uso, todo esto como una tarea perfectamente posible, económica y técnicamente. Hay que entender que el ecosistema y la atmósfera tienen procesos de desarrollo muchos más lentos que cualquier proceso humano, por lo que hay que detener el adelgazamiento de la Capa de Ozono, entendiendo claramente, además, que nuestras riquezas naturales son vulnerables al recalentamiento global, al smog que cubre nuestros cielos de tensas y poco románticas nubes de CO2, a la sobreexplotación, que ya no tiene sólo que ver con asuntos de mera producción, sino con la atención de las necesidades de las poblaciones que crecen desproporcionadamente. Y es que la magnitud del problema y sus consecuencias nos obliga a enfrentar el tema ya mismo, ya que, si alguien cree que la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki o la explosión del reactor atómico en Chernobyl -cuyas consecuencias aún sufre el mundo-, han sido lo peor que el hombre ha visto, se equivocan. En lo personal, los infiernos de la Divina Comedia del Dante me siguen dando escalofrío, sí, esa sensación de falta de calor que con más de 10 grados Celsius adicionales sobre nuestros cuerpos nos haría desaparecer, pero “por achicharramiento”, momento en el que, por cierto, ningún ventilador será suficiente y quizás sea también muy tarde para actuar. LOS INTOCABLES Estoy convencido de que la creación de la Oficina Nacional Anticorrupción (ONA) es una de las decisiones más acertadas del gobierno aprista, que pretende, de esta forma, marcar el derrotero en la lucha contra el crimen organizado, que, por cierto, no sólo ha evolucionado de manera extraordinaria sino que nos invade de manera atroz. Por eso es que nunca me hubiera imaginado la tremenda desesperación en la que han caído los enemigos del régimen que “cuestionan” la creación de esta entidad, argumentando “intromisión” en las labores de un grupo de instituciones (MP, PJ, entre otros) que, ellos saben perfectamente, no han sido suficientes y que han fracasado en

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Aprismo desde La Tribuna el intento por derrotar a la delincuencia de todo pelaje, porque en algunos casos terminaron infiltrados. Por eso es que las denuncias aludidas tienen un triste sabor a complicidad. Resulta que ahora no es importante cuáles son los planes y objetivos que animan a los creadores y funcionarios de la lucha anticorrupción, no se meritúan sus antecedentes personales o profesionales, tampoco cuáles serán las primeras medidas que se adopten para identificar, denunciar y proscribir este terrible mal, sólo pareciera preocuparles “saber para dónde apunta el proyecto”, como si tuvieran el temor de que la tarea de la ONA “los toque en algo”. Un triste concierto de confusos intereses habla en nombre de la “independencia”, contra “la intromisión” y como si pidieran que “no se haga nada”. Es la voz de los que se esconden en la historia negra e ilegal de la patria. No hemos escuchado voces que señalen los autos lujosos de ciudadanos que de la noche a la mañana logran la prosperidad lavando dinero del narcotráfico, no se ocupan de “los nuevos ricos” que sin antecedentes empresariales nos refriegan su interés por participar ahora en la cosa pública, les asalta la ceguera infame que los hace cómplices de millonarias transferencias traducidas en mansiones y bienes dignos del mundo de Las Vegas o el propio Chicago el año 1932. Hoy de seguro que no estamos frente a Eliot Ness, ni mucho menos, pero si sólo pudiéramos reeditar la dignidad de enfrentar a la delincuencia mirándola a los ojos y sin temor porque nos reconocemos parte de un solo colectivo que pelea del mismo lado, habríamos ganado buena parte de la batalla. Un país como el nuestro merece el destino que la grandeza de sus fundadores sembraron en las tierras del Incario, pero la nobleza disiente de quienes han aprendido a convivir con las marcas de la corrupción, prefiriendo mirar siempre a la distancia, como si los signos del delito no nos asaltaran en todo momento golpeándonos el rostro con cruel ironía. Ya bastante tenemos con esa idiosincrasia poco solidaria y conformista que conspira contra nuestro desarrollo para que encima, en vez de superar los nulos o fracasados intentos del pasado por combatir a los corruptos, dejemos pasar la enorme posibilidad de terminar con esa terrible sentencia por la cual en el Perú, todo pareciera tener un precio porque todo se compra, y dicen, que todo se vende. ¿HACIA DÓNDE DEBEMOS MIRAR? Hace muchos años que los vastos cinturones de migrantes que cercaban la ciudad desde el campo invadieron decididamente toda la ciudad. Así sucedió, a tal punto que en la actualidad no sólo ya no es posible identificar geográficamente la ubicación de los viejos guetos provincianos afincados inicialmente sólo en los cerros y los conos de Lima, sino que, cultivando su propia cultura, los nuevos “colonizadores” de las urbes variaron la vieja y gris faz de la capital, que ahora hasta vive de noche, imponiendo una forma de convivencia multicolor y cada vez más bullanguera.

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Aprismo desde La Tribuna Aun cuando no existen estudios confiables que expliquen cómo es que esta “colonización cultural”, en vez de sincretizar ambas realidades (invasiva e invadida) produjo dos tipo de culturas y realidades simultáneas que han convivido yuxtaponiéndose al punto de mantener por un lado un Estado formal y legal, frente a una nación andina y criolla que fue haciendo suya también la ciudad, manteniendo emblemáticamente toda su raigambre ancestral en esos reductos con nombre de comunidades que los vieron nacer y que protege a esta nueva hornada de compatriotas, cuya filosofía los lleva a protegerse y a proteger su cultura de lo que llaman “los embates de la modernidad”, enfrascándose en huaynos con sabor a cumbias y cumbias con sabor a rock, amenizadas siempre por la alegría de un gracioso rostro o el dulce sabor de un licor que recuerda sus orígenes. Ese entendimiento de la dinámica del “nuevo mundo capitalino” le permitió al aprismo ir más allá del discurso electorero en lo que fue del siglo XX, sintonizando con esa “realidad escondida” en nuestras narices, pero que, llena de preocupaciones poco serias para el mundo formal y macro en el que vivimos, tuvo una expresión en el reclamo político que encarnó el propio Haya de la Torre por el abandono de las provincias y que confrontó en su verbo y prédica, el confort urbano con la enorme deuda social que tenemos con los pueblos del Perú y su gente. En realidad hemos aprendido de ellos, pensando que ellos aprendían de nosotros. Nos sorprende ahora la fortaleza que los trae de abajo hacia la prosperidad, sus formas de vida nos llama la atención y también, la manera como expresan su agradecimiento a la tierra que es la “mama” que los vio nacer. Ya Lima mira sus variadas expresiones culturales con naturalidad, y con sana envidia se comentan los estereotipos exitosos del migrante, antes “provinciano pataenelsuelo”, que ahora usa carros del año, tiene su propio Mall Center, maneja tarjetas de crédito, sus casas tienen el molde de las mejores construcciones limeñas, sus hijos ya no van a la escuela fiscal y, por último, hacen política. Quién sabe sea entonces, y por todo eso, el momento de reflexionar acerca de qué y para qué sirve la democracia, para qué y con quién gobernamos; pero también, cómo incorporamos a esos actores “tradicionalmente postergados” para que sean parte del sistema, para que no sigan “votando por cualquiera”, para que no despotriquen de la democracia a la que sienten ajena e inservible, petardeándola en cada proceso eleccionario, imponiendo, por el solo peso de su número, a desconocidos que sólo dios sabe qué traen bajo la manga. Miremos bien para gobernar con la garantía de hacerlo para las mayorías, porque esa es la mejor apuesta. Nunca olvidemos que con ellos, con los más pobres, ganamos y para ellos existimos. Que no se olviden que esa expresión de convencimiento ciudadano que muchos subestiman y a la que llaman “el coro anónimo del drama” es, en realidad, una fuerza beligerante capaz de cambiar la historia porque expresa la voz del pueblo, que es la voz de Dios. ¿CRECE LA OLA O SE REBASA LA OLLA?

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Aprismo desde La Tribuna Una serie de anuncios de dirigentes políticos de diversos partidos y gremios podrían darnos la falsa sensación que en poco tiempo, una fuerte oleada de movilizaciones pondrían al gobierno en serios aprietos, aun a pesar del fracaso del paro médico, la huelga minera, la movilización de un sector de docentes universitarios y el chasco de la jornada convocada por la CGTP. Sin embargo, la calle dice lo suyo y los últimos actos de violencia producidos por una horda narcoterrorista en Ocobamba, Andahuaylas, se suman a un escenario en el que las definiciones son impostergables. Y no es que los problemas de la gente estén resueltos, ni que en algunos segmentos de la sociedad no haya descontento y malestar, no. Lo que sucede es que hay un entendimiento general sobre lo que significa el crecimiento sostenido de nuestra economía y de cómo esto, comienza a sentirse primero, en la reducción efectiva de la pobreza y el incremento constante -aun cuando todavía modesto, del empleo, al que se le suma la lucha sin cuartel contra la corrupción y los incentivos que el gobierno otorga para mejorar la calidad del sistema educativo. Por eso es que no se entiende la visión apocalíptica del desencajado congresista Isaac Mekler, quien acaba de sostener nuevamente -no sé si en broma- que el gobierno “ha intentado privatizar la Reserva Natural del Candamo”, hecho por lo demás totalmente falso y que ha producido rectificaciones y desmentidos categóricos por parte de los voceros del gobierno, que ven en estas declaraciones un intento desesperado del humalismo chavista por desprestigiar al propio presidente García. Hay que desenmascarar las maniobras que por puro tufo antiaprista terminan conspirando contra la estabilidad y contra el uso de la violencia que, como en el caso de Ocobamba, ya cobra sus primeras víctimas en este remedo de “guerra subversiva”, que sería sólo rezagos de un tiempo superado si no contara con el respaldo del narcotráfico que la alimenta con dólares que se traducen en armamento. Por eso es que hay que mirar con cautela lo que pasa y hay que denunciar con énfasis a los tontos útiles que organizan paralizaciones sin justificación, en medio de una vulgar asonada política, que sólo le hace el juego al violentismo extremista. Hay que entender que lo que está en juego para esta gente, son los réditos que brinda oponerse al régimen democrático por cualquier medio en aras del caos que les facilita las tareas de desestabilización interna y externa. No es que queramos unanimidades genuflexas, pero es lamentable que se usen recursos impropios para, sobre la base de mentiras, engañar a las masas y pretender movilizarlas en torno a “plataformas de lucha” llenas de mezquindad y obstruccionismo. Sea el humalismo o quien fuere, aquí hay un partido sólido y un pueblo notificado de su responsabilidad en las tareas por construir la paz y el desarrollo al lado de su gobierno, un gobierno popular. Del otro lado, sólo encontramos la misma mezquindad -que felizmente no es general-, pero que olvida esa triste historia por la

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Aprismo desde La Tribuna que algunos le cobraron al país más de 25 mil muertes en manos del terrorismo, hace sólo unos pocos años. NO APRENDEN La derecha no termina de aprender la lección. No asimilan las derrotas ni es capaz de repensar al Perú desde la nueva realidad de este también nuevo Estado-Nación asaltado desde el campo por migrantes que hicieron suyas las urbes hace varias décadas. Los últimos reductos conservadores languidecen en medio del universo de nuevos pobladores integrantes de una expansión citadina desordenada y un tanto caótica, que es también el resultado del empuje de una nacionalidad en formación que combina comidas, melodías, lenguajes y hasta formas de entender y vivir su propia realidad y su lucha por el futuro y el bienestar. Pero el drama del neoliberalismo no sólo se expresa en su incapacidad para estructurar su propia organización o adaptar las que pudieran existir a los nuevos tiempos, sino en esa falta de visión que los hace observar nuestra realidad desde la perspectiva de las playas en Miami, y por eso se equivocan una y otra vez. Por eso subestiman a los pobres desde su convencimiento de ser poseedores de la verdad absoluta y, contra toda lógica, insisten en los mismos errores del pasado. Hoy, en un cónclave partidario, el PPC, reducto de los conservadores neoliberales más destacados, ha vuelto a elegir a Lourdes Flores como su potencial representante y candidata. La lógica que han usado resulta cantada, a tenor de lo visto y escuchado, ya que el “argumento fuerza” para que la más conservadora de las líderesas de la derecha peruana apueste por esta especie de “salto de género”, es la tendencia que privilegia a las mujeres en el mundo y que en el caso peruano, colocaría -según el pensamiento de Xavier Barrón-, a Flores Nano sobre la ola, permitiéndole el éxito en las próximas justas electorales. Simplista y ramplón el análisis, pero además incompleto. Primero porque olvidan que la elección de la presidenta Michelle Bachelet en Chile, el triunfo de Cristina Fernández de Kirchner en Argentina, el importante rol de Segolene Royal en Francia y la casi segura elección de Hillary Clinton en Norteamérica resultan siendo el epílogo de un trabajo de décadas con el movimiento popular; y segundo, porque con matices y reingenierías incluidas, cada una de ellas representa una diferencia sustantiva con el estándar promedio de la mujeres que hacen activismo sólo para discursear sobre la igualdad de género, la no violencia contra la mujer y la lotización de escenarios para generar cupos que aseguren su presencia en la cuota del poder de los partidos. El prestigio personal de Bachelet se funda en una antigua militancia en el movimiento popular y su cuota familiar de entrega a la causa de los más pobres en Chile, Fernández de Kirchner triunfó por su evocación peronista, Segolene Royal reiteró en toda la campaña su identificación con los valores del socialismo libertario y Hillary Clinton mantiene una estrecha vinculación con la lucha contra el racismo, el problema de los inmigrantes, sobre todo los latinos y una reconocida defensa de los 205


Aprismo desde La Tribuna Derechos Humanos, temas con los que la doctora Flores, su organización política y la derecha en su conjunto, siempre han marcado clara distancia. EL ALEGATO SOCIALISTA DEL APRISMO EN EL PERÚ Tras el intenso debate posterior a la ola neoliberal de los noventas, se ha tratado de explicar la sobrevivencia del socialismo contemporáneo como aspiración de la realización de las complejas relaciones humanas sólo a partir de propuestas ideológicas, cuando en realidad son los valores que lo animan los que lo hacen una posibilidad en nuestros días. Al observar la historia de nuestros pueblos, confrontamos la globalización y el desarrollo de la ciencia y la tecnología con el enorme reto de gobernar cambiando la historia de postración de los que menos tienen, para poner en marcha políticas públicas que atiendan y resuelvan los viejos dramas de nuestras poblaciones sumidas en el atraso y el abandono. Hacerlo implica, además, abordar críticamente el drama de la izquierda latinoamericana, mirar con objetividad la realidad que nos circunda e impedir que nuestras propuestas sean nuevamente copadas por el infantilismo, el populismo o por esa vocación autoritaria que se expresa en la pérdida de identidad de nuestros “líderes” que, con una grosera falta de coherencia, alientan el clientelaje demagógico y el mercantilismo en la política. Debemos insistir en la necesidad de combinar la economía y la política para someter la primera al servicio de los hombres que, despojados de la herencia neoliberal más impropia (individualismo del proyecto elitista) deben propender a que se abandone esa lógica por la cual cada quien “quiere lo suyo por encima de lo que quieren todos los demás”. En todo caso, el mejor alegato socialista del aprismo se expresa en su propia supervivencia como expresión de una nueva filosofía de la historia, en la defensa de sus postulados y, por qué no, en el partido como obra superior porque representa un instrumento de la realización de las aspiraciones de los pueblos que adquirió una dimensión mayor, cuando Haya se adelantó al Pacto Andino, el Mercosur y hasta a la Comunidad Sudamericana de Naciones, en aquel proyecto político que llamó de Integración Indoamericana, que entonces, en 1924, era tan posible como llegar a la luna. La expresión visionaria del fundador del aprismo es, por todo eso, fundamental para entender la realidad contemporánea. Culminada la época del liberalismo extremo que propuso el imperio del libre mercado, la desaparición del Estado y el Capitalismo Salvaje, nuevas fórmulas que rescatan viejos e inmortales valores se abren paso en el mundo y en nuestras tierras, planteándonos una reflexión mucho más serena sobre lo que los grandes tabloides denominaron como “el fin de las ideologías”. Superado el discurso reivindicacionista del siglo pasado, las fuerzas progresistas son capaces de superar experiencias facciosas y administrar un Estado que no sólo atienda reclamos sociales, sino que replantea el propio contrato social para 206


Aprismo desde La Tribuna conquistar el estado del bien común, respondiendo el anuncio de muerte del socialismo con una expresión de vitalidad que exhiben todos los pueblos en los que el socialismo democrático y las fuerzas de la izquierda democrática han ganado y nos gobiernan conquistando mayores consensos para la afirmación de los valores que construyeron la nacionalidad, pero para rehacer las columnas que sostienen toda la estructura social con justicia. Que los triunfos que nos regala el pueblo se entiendan como una exigencia para que en plazos razonables les devolvamos la fe y la esperanza, dos conceptos tan entrañables pero que sólo comprenden quienes gobiernan según la voluntad del pueblo. MEZQUINDADES El inmovilismo de la derecha hace que mire con recelo el funcionamiento y la disciplina del viejo partido de Haya de la Torre, en tanto las izquierdas no nos perdonan nuestra sintonía con el pueblo. “Sólo ellos” creen tener derecho a hablar por los desposeídos, aun cuando, en realidad, hace mucho tiempo ya que están distantes del movimiento popular y sus principales actores. Y es que cuando se moviliza la CGTP, entonces hay que darles “todas las facilidades”, no importa si son sólo mil personas, o si impusieron “la asistencia obligatoria” vía ómnibus, licencias laborales en los municipios y amenazas de exclusión y violencia en las organizaciones de base y los sindicatos que son “arreados” sin claridad en la convocatoria y en medio de lo que denominan “una multitud” -término que esconde la cifra real de su convocatoria- y que tiene mucho de aparatosa, pero muy poco de ciudadanía. Eso explica también lo que ocurre con la información que da cuenta de la marcha del pueblo en defensa de la Paz y la Democracia. Hay quienes se han sentido “agredidos” por una movilización surgida desde las entrañas de la real “sociedad civil” que propuso, además, un deslinde oportuno y definitivo con la violencia. En este caso, el llamado del partido fue cauteloso. Su propio secretario general –que se la jugó a brazo partido confiando en el pueblo-, respondió que éste no era un desafío gremial, ni tampoco un enfrentamiento de “masas contra masas”, en referencia a cierta prensa que pretendía que compitiéramos con la CGTP, que marchó por las mismas calles en una expresión desorganizada e imprecisa de peticiones genéricas y dizque solidarias, pero escondiendo maniobras de desestabilización políticas denunciadas oportunamente. Por eso es que después de la evidencia de las imágenes que LA TRIBUNA les entrega en esta edición, no hay nada más que decir. Miles de compatriotas que expresaron su identificación con los objetivos del gobierno aprista, terminaron desbordando –por su entusiasmo y número incalculable-, la expectativa de los organizadores y coparon parte importante de un escenario que -prohibiciones de uso huachafo de por medio-, literalmente se llenó de trabajadores, estudiantes y hombres y mujeres dispuestos a decir lo suyo y no permitir que “hablen en su nombre” cuando ellos pueden hacerlo. 207


Aprismo desde La Tribuna Que sólo unas horas después un programa de televisión pretenda sorprender a la gente mostrando imágenes de una pre-concentración y no del mitin central, ya no debería extrañarnos. ¿No es ese el método que usa cierta prensa para ningunear las luchas del pueblo? Allá ellos con sus frustraciones, complejos y su antiaprismo supino. Esta fue una estupenda movilización, llena de entusiasmo, colorido y mucha gente, mucho más de la que se esperaba. Pero también fue un testimonio real de solidaridad con los gremios en conflicto, con los trabajadores que ahora exigen con derecho, como ha reconocido el propio presidente Alan García, compartir el éxito de nuestra economía y ser tratados con dignidad por un Estado acostumbrado a agredirlos. Los que se sumaron a esta jornada hicieron que esta movilización no fuera ni mejor, ni peor que otras, simplemente, que fuera extraordinariamente diferente por su contenido programático y el nivel del pueblo organizado que asistió y que no necesitó de policías para mantener su disciplina, ni serenos para cuidar las áreas verdes o mantener limpia la ciudad. Que quien no quiera ver se siga tapando los ojos; que quien no quiera escuchar se distraiga y que quien no entienda lo que pasa en el Perú en los días de esa revolución democrática que anunció Mauricio Mulder se desentienda, porque la ruta por la que transitamos, es verdad que está llena de objetivos difíciles en la que se requiere de mucha firmeza y convicción, pero esa es la tarea de nuestro tiempo y por nuestros hijos… lo demás, señores, es pura mezquindad. FUJIMORI EN EL PURGATORIO La vida puede ser exhibida como la expresión más bella de las realizaciones, o acaso, como la peor prisión de un condenado a cadena perpetua. Y parte de esa condena puede estarle sucediendo a quien, sintiéndose predestinado para salvar la nación, no dudó un instante en tomar decisiones que torcieron el curso de nuestra historia, por lo que ahora debe gritar una inocencia que las fosas comunes, los cuerpos incinerados y todas las muertes de inocentes desmienten con la misma intensidad con la que el acusado Fujimori pretende politizar un juicio en el que se evalúa la autoría o los nexos que mantuvo con los comandos de la muerte, esos grupos de desalmados que metieron sus narices en medio de la democracia para manchar de sangre nuestro destino. Y es aquí donde una curiosa coincidencia nos da la señal más clara de la forma como piensan los autócratas y cómo actúan los dictadores o sus émulos. No sólo detestan la libertad porque suponen que “el orden” es incompatible con ella, sino que conspiran contra todo vestigio de democracia porque “su voz” es la expresión de “la única verdad” y contra ella “nada debe oponerse” ya que toda voz discordante “hay que eliminarla” hasta sembrar de terror todo lo que tocan, sin detenerse a pensar que, finalmente, serán también víctimas de sus propios métodos. Por eso reclaman una tolerancia que no dieron, denuncian reclusiones inhumanas en las mismas celdas que construyeron para sus enemigos, exigen poder leer y escribir, 208


Aprismo desde La Tribuna suplican autorizaciones para que familiares y amigos puedan visitarlos fuera del mismo horario que propusieron para otros reclusos que antes habían también denunciado ese metraje malsano asignado para su permanencia en prisión, o los escasos minutos para el paseo por un patio con forma de tragaluz y que constituyen por ironía -como en los tiempos de la revolución francesa- el castigo que sufrían los más entusiastas defensores de la monarquía, que fueron los que construyeron esos tormentos para sus enemigos republicanos. Sin embargo, los retos de la democracia peruana son mayores. Tres procesos marcan el destino de nuestra nación en lo que va del siglo XXI y su relación con la moral pública. La suma de los resultados del proceso del siglo a Abimael Guzmán, el juicio a Montesinos y el megaproceso a Fujimori mostrarán al mundo nuestra capacidad como país no sólo para administrar justicia con verdad, sino para aprender como colectivo de nuestros propios errores, poniendo en marcha todos los correctivos que sean necesarios para cambiar nuestra historia de frustraciones y pequeñeces. Habrá que probar para la posteridad cómo la democracia no es sinónimo de debilidad ni de impunidad y que, más temprano que tarde, la heroica lucha de los pueblos en la construcción del desarrollo y la paz dará sus frutos y que los ejemplos gloriosos de los hombres y mujeres que se exponen no producen saltos al vacío ni gestos de heroísmo vanos, porque es posible vivir en este país con pan, justicia y libertad. Si Fujimori quiso ganar la iniciativa, arengar a sus seguidores, ocultar sus culpas y mostrar una imagen irreal de fortaleza, hizo exactamente lo mismo que sus antecesores, logrando solo hacer propaganda mediática y torpe, recordándonos, imperturbable como antes, frente a las pantallas de televisión, que lo que él quiere, es sólo disolverlo todo, la historia, los recuerdos, la vida y hasta su propio juicio. El país está notificado. Más allá de si los años que les han impuesto son los que se merece, puestos ahora frente a la verdad, Abimael Guzmán, Vladimiro Montesinos y Alberto Fujimori reaccionan exactamente igual... con gritos destemplados y las manos aún teñidas de dolor y mucha sangre. UN AÑO MÁS Alguien pretendió criticarnos sosteniendo que nuestro periódico sólo registraba “los aciertos del gobierno”. Y eso no es absolutamente cierto. Sólo informamos con veracidad sobre las tareas desarrolladas y el cumplimiento objetivo de nuestras promesas, porque, para las críticas, hay mucha oferta en el mercado. A nosotros nos toca informar sobre las realizaciones, porque es a partir de ellas que el aprismo puede exhibir, como lo hace ahora, una foja impecable de trabajo al servicio de los más pobres, por lo que pretender que desde nuestras páginas se haga oposición -sin menoscabo de la crítica fraterna y valedera-, es, por decir lo menos, un despropósito, amén de aceptar que siendo el “vocero del aprismo”, para LA TRIBUNA, una crítica independiente de la gestión gubernamental no sería posible para quienes, como nosotros, nos encontramos total y absolutamente comprometidos 209


Aprismo desde La Tribuna con la obra y el pensamiento de Víctor Raúl Haya de la Torre y con la dinámica que le impone al manejo de la cosa pública el presidente Alan García. Por eso es que nuestras páginas son un referente que pone mayor énfasis en el crecimiento sostenido que registra nuestra economía, en la decisión de redistribuir la riqueza con justicia que impulsa el gobierno, en la generación objetiva del empleo que va de la mano con la reducción de la pobreza, en el aumento de la producción por los incentivos al mercado y por supuesto, en el impulso al desarrollo de nuestras capacidades exportables que son también, parte de esa dinámica que consolida el modelo económico del gobierno, que es el que hará viable la gran transformación social que el aprismo anunció desde su fundación. Los meses que vienen serán duros, como lo son los momentos en los que se toman decisiones trascendentales, y LA TRIBUNA estará cerca de cada uno de esos esfuerzos para registrarlos e informar. Estará al lado del Presidente de la República para dejar constancia del entusiasmo con el que miles de hombres y mujeres lo siguen; de los trabajadores que son nuestra esencia y del glorioso Partido Aprista que, con Mauricio Mulder, su secretario general, sigue haciendo camino al andar.

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Aprismo desde La Tribuna

LÍMITES E INTEGRACIÓN Un país con derrotero mide las cosas con perspectiva y por eso la decisión peruana de someter su diferendo marítimo con Chile ante el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya resulta acertada y alentadora, primero porque aleja el fantasma de la guerra que nadie desea y, además, porque permite explorar mecanismos para superar nuestras diferencias sin someternos, en ambos lados, a las intemperancias del ánimo chauvinista o a la loca carrera armamentista. Que se producirá un tenso debate, no cabe ninguna duda, la serenidad y el nivel de estadistas de los gobernantes en ambos países contribuirá, sin embargo, a que ambas naciones -hermanas por raza e historia- puedan encontrar, por medio del arbitraje neutral del Derecho Internacional, la ruta que supere definitivamente las diferencias y heridas que otros dejaron a propósito abiertas desde la Guerra del Pacífico en Santiago y Lima, para justificar ánimos belicistas en el tiempo. Los apristas sabemos de la confiabilidad del tribunal más importante de la tierra. Ya antes, en el denominado “Proceso a Haya de la Torre” este mismo Tribunal se pronunció a favor del viejo líder aprista, reclamando le sean devueltos sus derechos civiles y políticos en medio de una atroz dictadura que regó de sangre al país. Ayudará la cercanía del partido socialista y el APRA, ambos gobernantes, la influencia integracionista del pensamiento rector de Haya de la Torre y Salvador Allende, pero, sin duda, serán las muchedumbres, aquí y allá, las que deben acompañar este esfuerzo por desparecer la vieja y peregrina tesis por la cual las verdades sólo se imponen a sangre y fuego. Una ofensiva mayor es la que se ha declarado en contra de las oligarquías de la guerra. Sátrapas que subsisten en los falsos patrioterismos henchidos de politiquería barata se quedaron de una pieza al demostrárseles que es perfectamente posible defender la soberanía y la dignidad de la nación sometiendo este diferendo a la Corte Internacional de La Haya, hecho que enaltece al Perú, en tanto que Chile, aceptando la competencia de este importante organismo internacional, da cuenta, por otro lado, de una clara voluntad pacifista que por fin se abre paso en el continente Indoamericano que mira su historia para visionar su futuro. Que se abran pues las anchas alamedas por donde debe transitar el hombre libre, como dijera Salvador Allende, y que, tanto en Santiago como en Lima, todos hagamos el esfuerzo por construir, aunque esto dure algún tiempo, esa ruta de integración real, y ojalá más temprano que tarde, podamos resolver nuestras controversias sin necesidad de poner un revólver sobre la mesa cada vez que conversamos. LOS CAMBIOS ASUSTAN Cuando Mauricio Mulder asumió la secretaría general del APRA, un partido de izquierda y popular, quienes lo acompañamos sabíamos que la tarea emprendida 212


Aprismo desde La Tribuna era difícil. No sólo por la enorme responsabilidad, sino por la necesidad de difundir propuestas leales al pensamiento y la obra de Haya de la Torre, nuestro único jefe, maestro y mentor intelectual. Sabíamos desde entonces que los procesos electorales en ciernes (a partir del 2004) incorporarían elementos que conspirarían contra nuestras intenciones, y no nos equivocamos. Por eso es que modernizar al partido no ha sido una tarea tan simple como algunos creían, aun cuando a estas alturas estamos en condiciones de afirmar que hemos probado que en pleno siglo XXI, es perfectamente posible seguir siendo de izquierda sin abdicar de la modernidad. El quiebre producido por el avance de la ciencia y la tecnología en sólo estos últimos años ha sido espectacular, más que en cualesquiera de las décadas del siglo XX, y entender las ya complicadas relaciones económicas y sociales en el mundo entero y el Perú ahora constituye una tarea prioritaria y muy seria que emprendimos para asumir los roles correctos, tal y como lo demuestra nuestro posicionamiento en el subconsciente colectivo de las masas (firmes en la izquierda democrática), presentando un partido con una clara perspectiva y un rumbo que va acorde con la propuesta de nuestra generación fundadora, es decir, con la expectativa del pueblo, en tanto que mientras haya un niño pobre o un ciudadano que sufra hambre, nuestro sitio es a su lado. Hizo entonces bien el aprismo en proponerse, primero, devolverle la estabilidad a su administración, sanear su patrimonio y adecuar su estructura a la realidad del país. La tarea fue iniciada en el año 2002 con la reinscripción, cuya base de datos o información es la misma que se ha presentado hace sólo unos pocos días ante el JNE, y que ha permitido elaborar un padrón del que ya nadie podrá ser excluido ni incluido al capricho de ningún acto electoral o interés personal y cuyas observaciones, puntuales y detalladas, pueden incluso ser subsanadas, si quien apareciera en ellas puede acreditar los datos que motivaron su observación, una labor absolutamente sencilla y a la vez necesaria. Fortalecer nuestra institucionalidad democrática pasa pues por confrontar nuestros viejos padrones, informatizar los registros manuales tan proclives al manipuleo y más allá del entusiasmo del secretario de organización de turno, o el interés de algún candidato, confrontarlos con organismos públicos (llámese RENIEC, JNE, entre otros) para sincerarlos. Si eso no es transparencia, no se qué nombre tendríamos que darle. Devolverle al APRA el tono de su discurso, contextualizar el mensaje del gobernante con nuestra propuesta ideológica, desbrozar el camino soportando insultos e incomprensiones por desarrollar tareas que no por obvias eran tan simples, tienen un costo de incomprensión que hay que saber asumir, porque cuando se le devuelve el mandato a las bases con padrones inobjetables, entonces éste vuelve su vista al futuro, seguro de saber que somos los que estamos y estamos los que somos. Claro en nuestras ideas y objetivos, con un discurso conocedor y respetuoso de nuestra historia, con LA TRIBUNA circulando por más de cuatro años, y con padrones y mecanismos electorales internos que garanticen la legitimidad de los resultados, es 213


Aprismo desde La Tribuna algo que infunde cierto temor en algunos, sobre todo en pillos y sabidos que ya no tendrán sitio en nuestras filas. Así que no hay por qué ponerse nerviosos, todo cambio asusta aunque, como en este caso, el suelo esté realmente parejo. MANOS DE SANGRE Hay un instante en el que los sentimientos se cruzan y, entonces, las imágenes del dictador sentado en el banquillo de los acusados se nos cruza también con las miles de veces que lo vimos con esa sonrisa irónica, burlándose de todos. Quisiéramos hablar por los que ya no están, y no podemos. Quisiéramos devolverle los golpes que los trabajadores recibieron en las calles, pero eso sería descender al mismo nivel, quisiéramos protestar por los maltratos a los despedidos injustamente, pero ellos ya lo hicieron por más de quince años dejando sus vidas en las calles, queremos hablar por los hombres y mujeres cuyo único delito fue oponerse a su gobierno y entonces, la realidad nos abofetea refregándonos sobre el rostro un escenario mucho más doloroso que cualquier experiencia personal, el saldo de muerte por el que son juzgados los responsables de años de corrupción, dolor, muerte e impunidad en el Perú. Entonces es cuando en algún momento las lágrimas nos ganan y aparece el recuerdo doloroso de nuestras familias que en otros tiempos, muy cerca nuestro, sufrieron las mismas torturas y la misma muerte con sello de dictadura que ahora todos condenamos. ¿Qué sentido tiene -le decía un preso común a Ramiro Prialé, en medio de las celdas de su prisión-, que un hombre que sólo quiere que la patria sea mejor termine sus días junto a quienes estamos aquí por haber robado? La respuesta del viejo líder aprista no se hizo esperar y, en un testimonio que guardo con nostalgia y como un tesoro, le respondió con firmeza que ningún castigo era tan duro como el que habían pagado sus compañeros que por la libertad habían sido asesinados. Porque cuando se mata un ser humano, le dijo, en realidad también se asesina a toda su familia. Por eso es que nunca hay que olvidar que la filosofía de todos los dictadores siempre es la misma. Que hay que combatirlos porque su línea de conducta también lo es. Que no son diferentes unos de otros. Todos apuestan por el autoritarismo, por el terror y finalmente por la muerte porque esa, para ellos, es siempre una herramienta que los legitima y “les da paz”. El drama es de los que, en la historia del Perú, han tratado de hacer diferencias entre dictadores muy malos y los menos malos. Todos ellos terminan ganados por la filosofía de la impunidad, esa forma de justificar las cosas escondiendo el desprecio de algunos por los derechos y las libertades. Al gobierno de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos no lo juzgan jueces, ni nosotros. En realidad, a ese régimen lo juzga su propia conciencia y cada testimonio lo compromete, no porque alguien sindique que dieron personalmente las órdenes para la muerte, sino porque va quedando claro que siempre conocieron lo que sucedió, que era imposible que no manejaran los hilos de su tétrico poder y porque “conocerlo 214


Aprismo desde La Tribuna todo” formaba parte de “su filosofía de realizaciones”, de sus “políticas de trabajo”, esas “líneas de acción” a los que se sometían sus operadores respondiendo a su mando. Hay quienes esperan que alguien lo acuse directamente. No es necesario que eso pase. La orden del régimen que sostenía a Fujimori fue matar. Ilusos. No se dan cuenta que todas las dictaduras, absolutamente todas, refinan su accionar y se protegen. Si a alguien le queda alguna duda, miren las manos de los acusados, no sólo están manchadas por el dinero sucio proveniente de la corrupción y el narcotráfico, sino que aún les quedan huellas de sangre de esos inocentes que fueron “eliminados” por un comando que ahora juega a la impunidad. La verdad se impondrá y se hará justicia. Sólo debemos esperar un poco. TRIBUTO A MANUEL ARÉVALO El presidente Alan García insiste sobre la pertinencia de un texto que recoja la historia del aprismo, pero en la vida de sus más entregados militantes. Tarea pertinente que nos trae el recuerdo de ilustres compañeros que, desde sus bases y anónimamente, construyeron ese aprismo de entrega que el mismo primer mandatario bebió desde el hogar familiar y que constituye un tesoro pocas veces visto en la historia política de nuestra patria. Pero dentro de ese registro la presencia de Manuel Arévalo sin duda que destaca. Héroe cuya vida es la expresión genuina de la rebeldía popular, es considerado el luchador social más importante que produjo el siglo XX y su talento acompañó al fundador del aprismo Víctor Raúl Haya de la Torre -quien no dudó en sindicarlo como su sucesor-, en esa visión heterodoxa de buscar el bienestar para los demás construyendo un partido. Arévalo es ejemplo. Nació en medio de una familia humilde, fue peón en cañaverales norteños desde los 13 años de edad y tuvo que abandonar la escuela por sólo 25 centavos de jornal diario que le servían para atender las necesidades de su angustiada madre, quien padecía de una penosa enfermedad. Aprendiz de mecánica, se comprometió con las jornadas de lucha por las ocho horas de trabajo y fue despedido. Se afincó en Trujillo, en el asiento minero de Quiruvilca, para, finalmente, abrir un pequeño taller de mecánica en el “barrio Unión” de Trujillo, donde integró el “Grupo Norte” con Antenor Orrego, César Vallejo, Alcides Spelucín y el propio Víctor Raúl Haya de la Torre, entre otros. Su sed de justicia lo llevó a los 23 años a enfrentar en Casagrande su primer pliego de reclamos, y a los 28 años, como parlamentario, a defender sin tregua a los trabajadores. Libró jornadas de lucha que encendieron la conciencia obrera y, en medio de la explotación gamonal en las haciendas azucareras, su voz también se alzó con el justo reclamo y organizando a los trabajadores. Hombre que le arrancó a la cultura el significado de la vida, fue un autodidacta que supo beber de la inteligencia de sus hermanos estudiantes lo mejor del humanismo, 215


Aprismo desde La Tribuna marcando la diferencia entre el simple reclamo y el sindicalismo solidario que lo llevó a la política casi simultáneamente con su primer conocimiento del aprismo. Fue un gran organizador de esa red que el pueblo orquestaba bajo el nuevo movimiento aprista y cuyo mandato se hizo imperecedero: “Fe, Unión, Disciplina y Acción”. Hizo política y se hizo político. Fue de los buenos, de esos que entregan su vida por las causas que los animan y enseñó con el ejemplo de su propia honestidad de qué lado está el deber. Manuel Arévalo Cáceres, líder de los trabajadores organizados, hombre de pueblo, congresista y dirigente del aprismo, pagó caro el afecto de su pueblo. Salomón Arancibia, el mismo miserable que traicionó a Manuel “Búfalo” Barreto cuando la Revolución de Trujillo, también a él lo delató. Una tensa mañana del 15 de febrero del año 37, dos agentes del régimen de turno, entre el pueblo de Huarmey y Pativilca, en una zona llamada Colorado Chico, donde desde 1946 se yergue altiva y victoriosa una Cruz al lado de la carretera, le descerrajaron las balas que mataron por la espada sólo el cuerpo del hombre, pero sin poder matar a Manuel Arévalo, nuestro querido Manuel, un hombre cuya presencia y valor hacen falta ahora, sobre todo, para dignificar la política y elevar la moral pública. AL PERRO DEL HORTELANO NO LE GUSTAN LOS TURISTAS Hace sólo algunos días debatía sobre esta rara conducta boliviana por la cual, “es preferible que el gas se mantenga debajo de la tierra, en vez de alimentar al imperialismo aunque el pueblo se muera, literalmente, de hambre”. Ahora, la desinformación le podría cobrar una factura muy costosa al Cuzco ya que, dizque por defender su patrimonio cultural, un grupo de autoridades locales -hasta hace unas semanas candidatos seguros a la revocatoria-, aparecen colgados de parlamentarios sin brillo que, conociendo perfectamente los alcances de una norma que debe alentar la inversión, prefieren entenderla de otra manera engañando al pueblo para soliviantarlo, vendiéndoles la infeliz idea de que “alguien” quiere vulnerar su historia. A nadie pues en su sano juicio se le ha ocurrido, ni ha propuesto aprobar norma alguna que permita colocar negocios en la misma Puerta del Sol, o que, sobre el Reloj Solar, una cabina de Internet rompa el encanto de lo nuestro. Eso sólo cabe en la cabeza malsana de quienes, leyendo por debajo de los textos, quieren encontrar “argumentos” donde no los hay, en principio para generar “corrientes de opinión” y, luego, para capitalizar políticamente lo que del descontento resulte. Ha hecho bien entonces por eso la CPA en aclarar los términos de una norma que se prestó a confusión, porque no fue debidamente explicada en los medios de comunicación, lo que le facilitó “el negocio” a los agoreros de “la mala leche” que dicen que el texto de la norma “se prestaba a confusión”. 216


Aprismo desde La Tribuna Ahora serán las autoridades locales las que tendrán que ver con el destino de esta norma y, naturalmente, con los beneficios o carencias que de ella se pudieran extraer. Serán las regiones las que implementarán o no esta norma y, en consecuencia, serán los únicas responsables de que entre en vigencia una ley que impulse la inversión en las zonas aledañas a nuestro patrimonio cultural, dándoles un valor agregado y mejorando la situación de la población adyacente. En tanto, si no pueden controlar los chovinismos locales que han exacerbado, también serán responsables de que miles de turistas sigan recorriendo a pie o en maltrechos vehículos, kilómetros enteros de nuestras maravillas naturales, poniendo en riesgo la integridad de nuestro patrimonio que reciben a diario por todo el país, toneladas de desechos, pintura y grabados de todo tipo, en vez de que, previo todos los estudios e informes que sean necesarios, se permita, como en cualquier ciudad moderna del mundo, que cientos de miles de turistas de todas las edades y condiciones físicas por ejemplo se animen a venir al Cuzco, dejándonos los ingresos que generan estas visitas para admirar Machu Picchu, pero desde un cómodo teleférico. EL ORIGEN POPULAR DE LA FRATERNIDAD

En una relación profunda, Víctor Raúl amó tanto a su pueblo, que se entregó toda la vida por él. Los pueblos del Perú albergan una variedad increíble de costumbres, adhesiones y creencias que van entrelazándose desde su pasado más lejano, hasta su actual contenido social. Es esa la fuerza con la que tejen su nacionalidad y a la que le suman mucho trabajo, sueños e ilusiones, pero también, es el secreto de la fortaleza del esfuerzo común que, por lo general, empieza siendo un convencimiento de naturaleza individual, para luego, ser familiar, comunal, regional y nacional al trasuntar el cerco étnico, histórico e incluso el religioso, que convierte las expresiones de su cotidianidad, en multitudinarias manifestaciones de respeto a su pasado y sus símbolos. De esa forma surgieron, persistentes y ricos también en su contenido, todos los “sentimientos populares” que conocemos hasta nuestros días, incluso aquellos que, sobrepuestos al dolor de la violencia de la conquista española por ejemplo, terminaron amalgamando y confundiéndose en escenarios histórico-religioso (un tanto inca, un tanto español; un tanto pagano, un tanto feligrés), manifestaciones increíbles en cada colectivo social que se van sumando a nuestro acervo cultural diariamente. Por eso es que no debe sorprender la manera como se expresa el sentimiento colectivo, social, popular, deportivo, mítico y/o religioso y que tiene sus expresiones más admirables en el fútbol por un lado y por otro, en la incuantificable procesión del Señor de los Milagros o en las fiestas patronales precedidas de inexplicables programas llenos de color, música y licor, así como las experiencias en la peregrinación al “Señor de Muruhuay” en el Callejón de Huaylas, la espléndida celebración del “Corpus Christi” en Ayacucho”, la motivación de “La Cruz de Motupe” en Lambayeque, el simbolismo del “Señor Cautivo de Ayabaca” en Piura, la Virgen de 217


Aprismo desde La Tribuna Cocharcas en Huancayo, Junín, la adhesión de la “Virgen de la Candelaria” en Puno, el respeto que inspira la “Virgen de la Puerta” en Otuzco, La Libertad, o todo lo que produce “la Virgen de Chapi” en las faldas de El Misti en Arequipa, entre tantas otras manifestaciones de la llamada cultura popular que forja nuestra historia y que en medio de leyendas, mitos, sentimientos y realidades también construye su futuro. La Fiesta de la Fraternidad, por otro lado, nunca fue, ni en sus orígenes, absolutamente política. Evolucionó como lo hacen todas las manifestaciones sociales que nacen del pueblo y se fue haciendo “de todos”, en la medida que fueron todos participando de ellas. Hay quien ha escrito que esta celebración se mudó a espacios mucho más amplios y menos políticos recién cuando la actividad del Partido Aprista fue legal. Se equivoca. Fue en realidad el período del aprismo clandestino (que es mayor en la historia del partido fundado por Haya de la Torre) la que lo impuso en el calendario del sentimiento de la nación, pero no como una forma de llamar la atención vanidosa en torno a un cumpleaños, sino como una celebración ecuménica que pondera el valor del hombre, su dimensión y también su obra cuya nueva perspectiva, proponía construir una nación integrada en valores que se nutren de su historia, pero que germinó por la fortaleza de la sangre de los nobles hijos del pueblo, esos que sin esperar absolutamente nada, entregaban sus vidas formando una sólida cadena fraternal tras la palabra de un joven llamado Víctor Raúl Haya de la Torre. ¿POR QUÉ LA FRATERNIDAD TIENE UN VALOR EN SÍ MISMA? Por lo que significa. Fue y es el punto de encuentro de familias enteras en la realización de viejos ideales. Fue y es motivación de hombres y mujeres libres en la América morena. Porque entrelaza ideales de generaciones de obreros y estudiantes, campesinos, intelectuales y empresarios nacionales, que encontraron en la obra y el pensamiento de Haya un mensaje liberador. Cuentan los mayores que las primeras celebraciones de la Fraternidad se remontan a la segunda década del siglo XX cuando, luego de algunos meses de la deportación del joven presidente de la Federación de Estudiantes del Perú -producida el 12 de octubre de 1923-, un grupo de obreros de Vitarte se reunieron en la casa de un dirigente de la entonces Federación de Panaderos “La Estrella” -a propósito del cumpleaños del expatriado-, para evocar la figura del líder estudiantil que en medio de su diáspora por el mundo, pagaba así la Alianza Obrero Estudiantil que selló con sangre el 23 de Mayo de 1923 el inicio de la lucha por las libertades. Estas evocaciones primarias producidas por el proletariado se extendieron también hacia Barranco, Vitarte, Salaverry en Trujillo, Arequipa y Cuzco, que eran los lugares donde funcionaban los anexos de la Universidad Popular “González Prada” (centro de enseñanza de educación formal, técnicas de la negociación sindical y, naturalmente, humanidades, literatura y política); y también hacia las bohemias intelectuales, grupos universitarios provenientes fundamentalmente de la Universidad de San Marcos, que concentraban a todos los que tuvieran interés por la vida y la suerte que corría el entonces novel dirigente juvenil deportado, el mismo que el 7 de 218


Aprismo desde La Tribuna mayo de 1924, en el salón de grados de la Universidad de México, fundaría el APRA Continental. Con el tiempo, conforme fluye del testimonio y las comunicaciones que salvaron la persecución, las celebraciones estudiantiles corrieron la misma suerte que las obreras, ya que las Células de París, Buenos Aires y Santiago también celebraban sus “fraternidades” como los llamados “compañeros de Lima”, en tanto en los lugares donde el aprismo tenía raigambre -entiéndase el norte y las serranías del centro del Perú-, se comenzaron a realizar sencillas celebraciones cada 22 de febrero. Esa fecha era elegida para “festejar el advenimiento de buenas nuevas” y, a los efectos, los más reconocidos coterráneos “iniciados en la causa del aprismo”, invitaban a sus casas a los vecinos para, en medio de cánticos, difundidas “chocolatadas”, emocionadas tertulias literarias y amenos bailes locales que producían entusiastas adolescentes, recordar el nacimiento de un buen hombre al que llamaban “Víctor Raúl”, cuya vida y obra era motivo de una amena disertación al final de la jornada. UNA VERDADERA FIESTA POPULAR Cuando Víctor Raúl vuelve a la patria para enfrentar la campaña del año 1931, no sólo una descomunal adhesión de muchedumbres se vuelca físicamente a las calles a su paso por todo el país, generando una honda preocupación entre los representantes de la más rancia aristocracia, sino que, en medio de estas manifestaciones, por primera vez se escuchó corear reiteradamente el nombre compuesto del fundador del aprismo, Víctor Raúl. Esta primera señal daría paso en los años subsiguientes, con la terrible clandestinidad, a un fortalecimiento de los lazos que unían a los apristas y entonces, la cruel carcelería, la infame persecución y la muerte terminarían sellando la hermandad y siendo un aporte sustantivo que “desde el sentimiento” consolidaría la evolución de una fiesta que pareciera inicialmente partidaria, pero que pasó a ser toda una celebración colectiva que reclamando libertades, convirtió el cumpleaños del líder en una convocatoria natural y al líder mismo en un símbolo cuyo nacimiento ha sido siempre una ocasión para reflexionar sobre los contenidos de la política, los valores y el desafío que significa reivindicar la lucha de nuestro pueblo en la búsqueda del bien común. A eso lo llamaron, desde entonces, la fraternidad. El concepto no varió ni siquiera en la terrible “navidad de sangre” vivida en medio de un también inexplicable ensañamiento, el año 1932, contra los militantes del APRA y que llevó a Haya de la Torre a sufrir prisión y a sus seguidores, a vivir una dolorosa clandestinidad que fue el punto de inflexión que dividiría a la nación, provocando una protección secular de los perseguidos, que fue la mejor respuesta a quienes, hasta 1945, no tuvieron clemencia con los hijos del pueblo y mataron, por el solo delito de querer cambiar al país, a varias generaciones. En todo ese tiempo nuestra fraternidad tuvo un sabor a resistencia y nuestra respuesta, pese a todo, tuvo expresiones de entendimiento y perdón frente a la indolencia.

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Aprismo desde La Tribuna LA FRATERNIDAD POPULAR Haya de la Torre contaba emocionado que, recluido en la celda de la ex Penitenciaría de Lima, ubicado en el mismo lugar donde ahora se erige el Hotel Sheraton en el centro de la capital, su fe reverdecía al escuchar a los militantes apristas cuando hacían sonar insistentemente sus bocinas tres veces continuas (señal de saludo aprista), en tanto en los principales cerros y colinas de toda la república, los jóvenes ya celebraban en los años 30 el onomástico del “Jefe” encendiendo fogatas y haciendo estallar cohetes que despertaban a la población, la medianoche entre el 21 y 22 de febrero de cada año. En cada pueblo, comunidad o villorrio, los comités apristas o las familias más célebres del lugar -como hasta ahora lo hacen-, reúnen a quienes quisieran tomar una taza de chocolate “en buen recuerdo y respeto por la salud y la vida de Haya de la Torre”; pero también, imponiendo un gesto de reconciliación entre los peruanos, se prohíben las expresiones que agravien o confronten, en tanto se invita a estas celebraciones a quienes en soledad pasan sus días. Fue recién en 1946 que Manuel Seoane Corrales hizo suyo todo este sentimiento que crecía de manera increíble y, luego de constatar que inscripciones, mensajes, fiestas y un sinfín de manifestaciones del folclor popular recordaban el nacimiento de Haya de la Torre cada año, emocionado, lanzó una proclama que el pueblo conoce como “Recado del Corazón del Pueblo”, decretando “de abajo hacia arriba, que, a partir de ese momento, cada 22 de febrero, se celebre la fiesta de la fraternidad”. Desde entonces, cada año con más peruanos no apristas cada vez, se recuerda incluso en el extranjero, el nacimiento de Haya de la Torre. Patriota insigne, nacido el siglo XIX, que vivió y entregó su vida por los más pobres en el siglo XX y cuyas ideas revolucionarias y de integración nacional y continental se imponen plenamente vigentes en el siglo XXI. Ahora mismo, millones de compatriotas en nombre de la patria producirán incontables manifestaciones de fervor popular sellando así, por los tiempos, un noble pacto de amor por el Perú, el mismo por el que Haya de la Torre entregó su vida al país. La fiesta aprista de la fraternidad se ha ido convirtiendo en una propicia ocasión para extender el brazo fraterno a los demás y en una estupenda oportunidad para propender a la reconciliación nacional, dejó hace muchos años de ser una celebración “sólo nuestra” y, en tanto la Fiesta de la Fraternidad es con el pueblo, es también la mejor manera de rendir tributo a Víctor Raúl Haya de la Torre, luz y punto de encuentro en un país en el que mientras haya un solo niño con hambre, el aprismo, que es su obra suprema, no podrá sostener que ha cumplido con su misión histórica. EL CORAZÓN DEL APRISMO LATE EN LA IZQUIERDA Nuestros críticos más duros reconocen que este año la fiesta aprista de la fraternidad ha congregado por lo menos a 200 mil personas en la “avenida de los pañuelos 220


Aprismo desde La Tribuna blancos” y que ese mar humano de hombres y mujeres libres -algunos no apristas-, corearon al unísono el nombre de Víctor Raúl, como el mayor y mejor homenaje que se le pudo tributar al fundador del aprismo, al recordar los 113 años de su nacimiento, y esa sí que es una nueva victoria que, como la del Cid Campeador, vuelve a obtener Víctor Raúl Haya de la Torre. Pero nada de esto tendría mayor sentido si este homenaje no hubiera estado acompañado de una prueba de fidelidad ideológica y política que hiciera que nuestro amor por el Perú no sea sólo una expresión, una figura declamativa, sino una prueba de la consistencia de nuestras ideas, de la vigencia de nuestros compromisos con el pueblo y del convencimiento en la realización de los viejos sueños por los que toda una generación precursora entregó su vida desde los primeros años del siglo pasado. Es en este contexto en el que hay que entender la movilización producida el 22 de febrero último, como un reclamo de las bases apristas por su sitio en la historia de las realizaciones sociales, por una exigencia para que se reconozca su honesta posición en la izquierda al lado de las muchedumbres y su lucha, ejerciendo su rol de vanguardia organizada en ese esfuerzo cotidiano por llevarlo hacia la afirmación de esa propuesta social que nos hace parte de un destino diferente que debemos construir sobre la base de la vocación popular y democrática expresada en la obra del gobierno y en medidas gubernamentales que deben resolver los problemas de gente, construyendo un estado de bienestar que cambie la injusta realidad social de los excluidos. Y es que aun cuando se han reducido sustantivamente los índices de pobreza y el gobierno hace esfuerzos reales por cambiar al Perú, no es suficiente porque la tarea histórica apunta a que se eliminen de manera sostenida las marcadas e injustas brechas que diferencian a los muy ricos y los muy pobres, superando la relación de vida y subsistencia actual, por la de una convivencia ciudadana civilizada entre compatriotas. No es que creamos que todo lo deseado pueda conseguirse de inmediato, tampoco que el primer mandatario pueda lograr superar lo que ha producido años de atraso y pobreza, pero el rol del partido de gobierno no está –como decía Haya de la Torrecircunscrito a conseguir puestos de trabajo o beneficios para sus adeptos, más bien y por el contrario, el rol del aprismo en esta hora pasa por señalar el rumbo, por precisar términos y conceptos, incluso aquellos que no sean tan gratos para los conservadores a quienes la palabra izquierda les suena tan dramático, como cuando el régimen decide combatir sin cuartel al narcotráfico y la corrupción. En esa misma lógica, hay que señalar que nuestras diferencias sustantivas con los desesperados radican en el convencimiento de la posibilidad de realización de nuestros objetivos, pero nuestra capacidad de entendimiento y espera no debe confundirse con el contubernio, con el burocratismo, el clientelaje y la politiquería.

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Aprismo desde La Tribuna Como era de esperarse, miles de compatriotas se han reencontrado con Haya de la Torre en el Día de la Fraternidad, con su pensamiento y con la exigencia de cambios profundos que permitan redistribuir la riqueza, pero con justicia social. Estamos con el discurso del aprismo, con la ratificación de nuestra ubicación en el escenario político nacional y en el marco de nuestra adhesión, solidaridad y respaldo a las nobles y justas luchas del pueblo, opción que sólo es posible asumir cuando como ha dicho Mauricio Mulder- se tiene el corazón en la izquierda. En el Día Internacional de la Mujer CONSUELO TORRES TELLO Y LA LUCHA DE LA MUJER POR SU DIGNIDAD El feminismo tiene una inmensa bibliografía y la obra de las mujeres que han luchado por la igualdad desde todos los frentes, podría llenar ediciones completas, sin embargo, desde que las Naciones Unidas reconoció el Día Internacional de la Mujer, los países celebran esta fecha con un tufillo a formalidad oficial que le resta contenido real e impide expresar los valores que este día lleva intrínsecos. Pero así como la obra de Clara Zetkin, incorruptible lideresa alemana del Sindicato Internacional de Obreras de la Confección que propuso en 1910 la celebración del Día de la Mujer en el mundo, tiene un valor en el tributo a las víctimas del dantesco crimen de más de cien mujeres que murieron calcinadas el 8 de marzo de 1908 en medio de la Huelga General que produjeron en la Cotton Textil Factor de Washington Square de Nueva York, ninguna celebración, para ser real, puede dejar de relevar los valores de quienes en nombre de la igualdad y la injusticia han luchado contra el statu quo. Cerca nuestro vive aún la expresión más sublime de una obra de amor por el prójimo. En la sencillez del que entiende la vida como un compromiso, desde los arenales o en el suburbio más distante, Consuelo Torres Tello expresa lo que queremos celebrar en el Día Internacional del Mujer y con ella, le rendimos un justo homenaje a todas aquellas mujeres que dieron su vida a la noble causa de los derechos y la dignidad humana. Con ella, que es expresión viva de la solidaridad, llegan hasta nosotros los primeros comedores populares, la taza de leche que es predecesora del vaso de leche y la organización femenina forjada sobre la base de objetivos reivindicatorios que hoy son expresión de una cotidianidad, pero que sin embargo, pocos saben cuánto costó conquistar. Ninguna motivación más honesta, ni conducta más transparente, que la vida misma de esta mujer del pueblo a la que honramos en este día. Mujer que viene desde los excluidos, sembrando amor entre los que menos tienen y cosechando esperanza en medio de un pueblo que ahora mira el futuro como una posibilidad. LA TRIBUNA cree que si de homenajes se trata, ninguno mejor que el que podemos tributar a la obra de cientos de miles de mujeres enroladas en la filas del trabajo popular a través de las organizaciones de trabajadoras sindicalizadas, de las pequeñas empresarias informales, de los clubes de madres, del vaso de leche, de las Apafas y de cuanta organización de base existe en medio de un movimiento popular 222


Aprismo desde La Tribuna que ahora condena el abuso porque se sabe fortalecido y respaldado por una conciencia unitaria y nacional que mira la lucha, no como una expresión poética, sino como una dolorosa confrontación entre la postración del ahora, y la posibilidad de luchar para subsistir y vencer. Que esta celebración tenga algún contenido y que sea el del viejo e incansable predicamento de nuestras recias mujeres que sobre sus hombros cargan parte importante de la historia de nuestra nación, esa es la tarea. Ellas, no sólo exigen derechos de participación, condiciones de vida, ufragio e igualdad, sino gestos significativos que distingan la pacatería oficial de los diplomas, las medallitas y las palmaditas en el hombro, por una realidad que permita que todos podamos disfrutar, al fin, de una vida sin violencia y con bienestar. Que nadie olvide por último que una mujer nos dio la vida, y otra, nos da los hijos. EN TORNO A UNA NOTA IMPERTINENTE El editorial del diario “El Comercio” del 14 de marzo vende nuevamente, con tufo antiaprista, el encono. Aprovechan la anécdota para vincular al APRA –sin razón y con mala fe-, con las denuncias contra la congresista Tula Benites, sin mencionar que estos hechos fueron deslindados pronta y oportunamente, por lo que sobre ese tema, no diremos más, ya que el CEN condenó los hechos, Benites fue suspendida tan pronto se conocieron las denuncias y hoy está expulsada. Sobre lo que sí debemos reflexionar es en esta forma en la que algún periodismo pretende convertirse en una especie de “conciencia superior”, poniendo por encima de los intereses del país, sus propios intereses familiares y/o empresariales. No de otra forma se entiende cómo desde el editorial que comentamos, se mire al árbol y no el bosque, pretendiendo socavar además la autoridad de los dirigentes del aprismo en una intromisión injusta, aludiendo a hechos que interpretan de manera interesada y soslayando, por otro lado, el inmenso y productivo trabajo que realizan el PAP y su gobierno, en las organizaciones de base, con el pueblo organizado y la sociedad en su conjunto, y que por cierto merecen poca difusión en las copiosas páginas del diario que motiva la presente. Por último, pocos pueden exhibir -como nuestros líderes y dirigentes a través de toda nuestra historia-, la valentía de reconocer los errores y enfrentar a la nación para corregir el discurso o los rumbos cuando estos parecieran no generar las unanimidades que se necesitan cuando se piensa en la nación. Ojala algún editorial de El Comercio pudiera explicar sus afanes con las dictaduras o los silencios en medio de la persecución de otros tiempos en los que, incluso, no podíamos siquiera opinar. Por lo demás, en el Perú, cada quien sabe de qué lado está la verdad y de qué lado el interés. Nuestro respeto irrestricto por la libertad de expresión es siempre mayor a cualquier desencuentro anecdótico, sobre todo viniendo de quienes se permiten, en mal lenguaje y sentido de la prudencia, calificar y señalar la viga en el ojo ajeno sin mirar la propia.

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Aprismo desde La Tribuna SEPARATISMO TORPE La fórmula pareciera haber dado algún resultado en Bolivia, en donde el violentismo ha logrado una encendida polémica que versa únicamente sobre la “conveniencia” de desmembrar al país. Separatismo torpe que usa de algunos sectores indígenas para fines subalternos y que cuenta, curiosamente, con el apoyo de influyentes funcionarios del propio gobierno boliviano, creando un problema que pareciera “expandirse”, por lo menos propagandísticamente, entre algunos países con presencia indígena en el continente. Aun cuando en menor importancia aquí también pretenden encender la pradera usando como argumento la lentitud del proceso descentralizador, no les resultará fácil imponer un pretendido proceso separatista, cuya ideología, al más puro estilo boliviano, sólo promueve torpemente la disgregación de una o varias partes de nuestra república en busca de una “independencia” ficticia -tal como lo ha confesado un despistado presidente regional-, nada menos que cuando el mundo entero busca la integración regional. Es evidente que no fue casual elegir a Puno como la región desde donde se ensayaría una propuesta separatista. Pretendidas razones de carácter étnico la alentarían. Craso error. Los autores de la infeliz idea olvidaron nuestra diversidad cultural y la falta de esa uniformidad étnica que es a la que apelan erróneamente para “hacer conciencia” sobre la necesidad de “buscar nuevos rumbos”. Puno no es el Altiplano indígena y separatista de Evo Morales y nuestras comunidades no se enfrentan entres sí tratando de imponer sus culturas en pleno siglo XXI. Es verdad que “toda una nación indígena” permanece olvidada, pero esto sucede en medio de un permanente y marcado proceso de transculturización que, en realidad, no se detuvo nunca desde la llegada de los españoles hasta nuestros días, por lo que sostener que nuestra patria está mucho más integrada en términos geográficos con relación a algunos de nuestros vecinos y que nuestra nacionalidad está más cimentada en el sincretismo de nuestros valores, costumbres y folclore, es una verdad que nadie debería pasar por alto. Para que prospere entonces la separación que quisieran quienes se sienten emperadores de lo pequeño, debe existir primero, simultánea o individualmente, condiciones objetivas de naturaleza geográfica, étnica, lingüística, cultural o religiosa, en tanto lo que hay en cambio aquí, son sólo reclamos que algunos confunden perdiendo de vista la migración y “la conquista” de la ciudad por el campo, lo que hace inviable “la voluntad separatista” ya que las tensiones y los problemas sociales y económicos que se expresan en la protesta popular de la provincia, terminan por lo general siempre con la migración. En el Perú históricamente no han habido propuestas separatistas, ni siquiera en Arequipa, en donde una inmemorial conducta rebelde se ha traducido en reclamos y en souvenirs que, con toda la formalidad de un pasaporte, alude una “república independiente”, pero que en realidad es sólo una apuesta turística que, por cierto, no oculta los reclamos por falta de atención de los servicios de salud, educación, 224


Aprismo desde La Tribuna alimentación y vivienda que ahora tienen un referente más local, debido a que los recursos para atenderlos ya se encuentran en sus propias arcas. Entendamos que hay que resolver el grave problema de comunicación que existe en el Estado. No se difunden valores, y menos los logros. No se informa a la población presa del discurso politiquero local-, sobre las tareas del presente, del mediano y menos del largo plazo, y ese es el tema. El Estado debe alertar sobre intereses propios y extraños. Hay que notificar las tareas y el cumplimiento de las obras y también sobre las ambiciones geográficas de nuestros países vecinos, porque si bien detrás del tema del separatismo hay toda una agenda política electoral interesada para los próximos años en el sur del Perú, no hay que olvidar que además del reclamo politiquero de independencia, con sabor a sabotaje que denunciamos, existe otro modo sutil y permanente por el que se viene infiltrando al Perú a través del alimento y ropa o del control educativo en determinadas zonas, al punto que, sin cruzar la frontera y en nuestro propio territorio, hay quienes usan otras monedas, se habla con acento distinto al nuestro, se cocina con insumos de afuera e incluso, en otro idioma, nuestros niños cantan himnos extranjeros y sobre eso, también hay que pronunciarnos. VIOLENCIA REACCIONARIA La historia está llena de bellos y épicos relatos que aunque cargados de violencia, nos presentan toda la grandeza de quienes condujeron a sus pueblos en largas luchas por la libertad y la democracia, pero también registra dolorosos pasajes en los que llenos de infamia, hubo quienes mataron e impusieron el abuso en nombre de una “voluntad superior” capaz de sobreponer el capricho personal sobre el destino de una nación. Pese a lo expuesto, lo que nos preocupa es cómo encontramos y definimos la construcción de la democracia en estos tiempos, sobre todo si entendemos ésta como la suma de valores que forjan tipos de convivencia ciudadana. No es suficiente todo el andamiaje de la formalidad eleccionaria para superar la falta objetiva de participación del pueblo en la toma de decisiones, menos para frenar la violencia tan enraizada en nuestra historia y que nada tiene que ver con formas superiores de construir el futuro, sino más bien, con la exclusión que sufren millones de compatriotas que, hartos del discurso-mentira con el que se desprestigia la formalidad política en el Perú oficial, protestan en todas las formas imaginables. Pero contra lo que muchos creen, nuestros dramas no son nuevos, la violencia no cesó con la captura de Abimael Guzmán, ni empezó con Sendero Luminoso en mayo del año 1980. Nuestra historia es todo un relato de mentiras, golpistas, caudillos y ficciones interesadamente construidas desde el poder que anida despropósitos y maquillan una realidad convenientemente presentada a nuestros niños sobre el membrete de “la patria ideal”, sí, esa de la que todos hablamos, pero que pocos conocen. La violencia es parte sustancial de nuestra historia y sólo nos trajo desolación y mentiras, por tanto, es reaccionaria. Promovió entre nosotros la división como pueblo 225


Aprismo desde La Tribuna y también la pérdida de valores comunes que fueron -por patrioterismos baratos y chovinistas-, haciendo añicos el Tahuantinsuyo y su legado. Pero si la violencia es intrínseca a nuestra historia, aun cuando no estallen más los coches bombas, o no se desate una balacera en media calle, ésta vive entre nosotros mientras haya gente que siga jugando “al más vivo” y llevando al límite todos sus derechos para colisionar con el de los demás, en esa especie de danza macabra en la que se impone la ley del más fuerte (o el más vivo según convenga). Por eso es que es tan difícil afianzar la cultura del respeto y la libertad en nuestras tierras, por eso es que no es posible imponer un estilo de vida diferente apostando por la democracia y entendiéndola como el mecanismo ciudadano que mayor garantía brinda al derecho. La instauración de la voluntad de las mayorías requiere, como en cualquier compromiso social, la voluntad de las partes a cumplir lo acordado y eso sólo es posible en el marco de un nuevo Contrato Social que confronte la tentación autoritaria de las minorías. A este respecto, hay que precisar entonces que la violencia es también una respuesta extrema que usan los denominados “antisistema” proponiéndose como quintacolumnas que aspiran a debilitar la conciencia democrática y las libertades, no sólo porque son en sí mismos autócratas, sino porque del fracaso de la democracia depende su propia subsistencia y la posibilidad de imponerse. Nunca el asesinato o el secuestro serán una alternativa revolucionaria y menos cuando ésta es una herramienta de presión reaccionaria. En realidad, jamás la muerte en sí misma fue una herramienta liberadora. Los odios y la contracultura nos han enseñado a reencontrarnos en una historia llena de falsedades, con héroes de papel en cuyas gestas los triunfos dependen o se miden por el número de muertos por lo que ningún conflicto armado, por más grande que sean sus ideales es, en sí mismo, bueno, simplemente, porque la violencia no es buena y suele ser una herramienta extrema, que a veces sólo debería ser usada para devolverle el curso a la historia. Exaltar entonces la lucha por la justicia y la igualdad es la tarea de estos tiempos en los que el valor debe mover a las naciones que buscan el progreso. Pero usar de la violencia para jaquear a un gobierno popular es más de lo mismo que hemos vivido en nuestra historia contemporánea, es trama de cenáculo cerrado, es bajeza de intereses mezquinos, sería el triunfo del antisistema que, sea de derecha o de izquierda, con acciones que excluyen a las masas, simplemente es reaccionaria. EL LADRÓN CREE QUE TODOS SON DE SU MISMA CONDICIÓN Quién entiende esa lógica por la cual lo anecdótico es más relevante que lo trascendente. El gobierno ha iniciado un plan piloto para apoyar de manera directa a quienes se encuentren en situación de extrema pobreza y ya salieron los negativos de siempre a criticarlo todo. A los efectos, se ha recurrido a las fuerzas armadas como una garantía de independencia y, en medio de un pudor -en nuestro criterio excesivo-, el gobierno insiste en alejar cualquier signo de politización en torno a una ayuda que tiene 226


Aprismo desde La Tribuna mucho más de humanitaria que de política porque va y llega directamente al poblador que sufre los embates de la herencia neoliberal en hambre y desempleo, eso que algunos prefieren no recordar, en medio de esa costumbre insana de mirar sus propios intereses por encima de los intereses de la nación. Sin embargo, un debate estéril y lleno de encono llena de titulares interesados alguna prensa, al punto que los detractores del apoyo que brinda el Estado consistente en productos de primerísima necesidad, sólo debaten sobre la naturaleza de los envoltorios, quién distribuye los alimentos y a qué hora se realiza esta entrega. No importan entonces las razones de fondo, que las fuerzas armadas son una garantía de impermeabilidad politiquera, que la hora elegida es aquella donde encontramos realmente a los pobladores en sus hogares porque salen muy temprano a trabajar y no llegan sino hasta altas horas de la noche, ni siquiera que el procedimiento usado evita esas colas inmisericordes en las que el clientelaje hace de las suyas cediendo a las tentaciones de entregar un volante o trasladar una consigna con cada bolsa de alimento, como ha sucedido en otros tiempos. Pero además de todo lo descrito, no es el proyecto el que se analiza, ni sus características, ni su impacto social. Nadie se ha detenido a ver las necesidades objetivas de esta gente, ni siquiera las urgencias que podrían estarse resolviendo, sólo importa la crítica por la crítica y la forma como de un hecho absolutamente social, logran algún rédito político-electoral. El líder de los nazi-onalistas ha llegado incluso al clímax de lo paranormal al “anunciar el inicio de la campaña electoral del APRA”. Olvida este señor autócrata con tufo militarista que llegó a la política hace muy poco tiempo, que efectivamente el APRA está en campaña, sólo que se equivoca en los tiempos. El APRA, señor, comenzó su campaña a favor de los pobres anunciando sus objetivos, planes y programas aquel 7 de mayo de 1924 cuando Haya de la Torre proclamó la fundación de la Alianza Popular Revolucionaria Americana. Lógica ésta, que el señor Humala no entenderá jamás, porque para él, que es una especie de outsider en medio de un partido de fútbol que aún no empieza, todo es coyuntural y nada tiene historia, ni pasado. Cuánta razón tienen algunos compañeros que exhiben orgullosos sus décadas de entrega a la causa del pueblo cuando dicen que con sólo dos años “haciendo política” y recaudando fondos, no tiene el señor Humala ningún derecho a ningunear las obras sociales de un gobierno profundamente vinculado al pueblo. Si no, que le pregunten a los pobladores de la urbanización Lomas de Carabayllo, del cono norte de Lima, y en Villa El Salvador, en el cono sur de la capital, si los alimentos que recibieron, no les ha servido para nada. Los “independientes” ¿QUÉ HACEMOS CON ELLOS? Quienes han pretendido distraernos quedándonos entrampados en la anécdota, no lo lograron. Ni resumimos todo el debate político al cuestionamiento o la defensa del Primer Ministro Del Castillo por las inoportunas declaraciones de su hijo sobre la 227


Aprismo desde La Tribuna compra de unas acciones y la colocación de publicidad estatal en el Canal 11, ni la adquisición de departamentos por parte de funcionarios del Banco de Materiales que ha merecido titulares en los últimos días, puede sustituir la verdadera agenda pendiente que tiene el país de cara a los más pobres y sus necesidades. Acostumbrados al escándalo y a la magalización de la política, más allá de las censurables características éticas, por lo menos en el último tema mencionado, el gobierno y el partido mantienen el desarrollo de sus tareas, evitando que se condicione “todo lo que viene”, a los resultados de las controversias. Erraron quienes calcularon que el Partido Aprista sufriría “el golpe” de las denuncias porque con el decantamiento de la verdad, se impone el sentido común en el caso del Premier -quien ha demostrado no tener una vinculación directa con el tema-, y con la actuación del Ministerio Público y la investigación que llevan adelante sendas comisiones que merituarán la información y determinarán las responsabilidades de los funcionarios del gobierno anterior en el Banmat, que, a estas alturas, queda claro que indujeron a error a los trabajadores, para beneficiarse ellos mismos o si no aparecen, hacerlo a través de testaferros. Que callaríamos en siete idiomas, de ninguna manera. Tiene mucha razón el Secretario General del partido, c. Mauricio Mulder, al pedir que se aclaren los hechos, ya que en la medida que se abra la verdad, se irá conociendo la forma como se han producido los acontecimientos y quiénes son realmente los responsables. Lo que va quedando en claro es que, como lo hemos sostenido reiteradamente, no resulta lógico, ni prudente a estas alturas, que funcionarios sin mayor compromiso con los ideales del gobierno y sólo interesados en mantenerse con sus privilegios, sigan al frente de las principales empresas públicas aduciendo “perfiles” que diseñaron para calzar en ellos, ya que, cuando los errores afloren, o se descubra a los pillos que se aprovechan de la buena fe ocultos tras la sombra de “independientes” que flotan por todos los gobiernos, sucederá como ahora, en que sin dudar un solo instante, sacarán el cuerpo y nos señalarán para que se nos pase la factura del desprestigio, esa, que como ha señalado bien Alan García, la terminaremos pagando los apristas a quienes la oposición nos reconoce haber ganado la elección, pero se rasga las vestiduras cuando pretendemos hacerla efectiva gobernando con nuestros cuadros y técnicos. Si vamos a asumir el pasivo de esta gestión -ha reiterado bien Mulder-, y la factura de los errores nos la van a endilgar, pues que sean compañeros para reducir el riesgo separando la paja del trigo y reconociendo capacidades e inteligencias-, quienes dirijan las políticas del Estado y tengan los principales cargos de confianza sean gentes comprometidos con el ideal de la Nación que construimos y con las garantías que le da nuestra militancia al cumplimiento de nuestras ofertas electorales y políticas, sólo así podremos asumir nuestras responsabilidades frente a la historia, señalando sin que nos tiemble la mano al ladrón o sancionando a estos pillos, aunque insistan en ser “independientes”, técnicos”, tengan carné, o sus apellidos nos resulten conocidos.

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Aprismo desde La Tribuna LO CIERTO… Cierto es que los apristas hicimos un voto de amplitud y tolerancia para gobernar con todos los peruanos de buena voluntad. Cierto es que en ese esfuerzo, miles de hombres y mujeres, sin ser apristas, se han adherido, en cuerpo y alma a las propuestas de descentralización y cambio social que enarbolamos desde 1930 y que el candidato García anunció con claridad ante el país en su última campaña electoral. Cierto es que el país votó por un gobierno que busque consensos y nos dio un Congreso para que eduque a sus políticos en los más amplios de los acuerdos. Cierto es que ese ánimo concertador ha sido interpretado por algunos como debilidad, olvidando que la historia de la nación está signada de episodios nefastos en los que el arribismo y el interés mezquino, impusieron la dictadura por falta de un Contrato Social que nos una en objetivos únicos como nación. Cierto es que algo de inexperiencia e incomprensión hicieron de nuestro gobierno pasado, la suma de experimentaciones llenas de buena voluntad, pero no siempre con resultados exhibibles a la luz del tiempo. Cierto es también que pese a los errores y maledicencias, un numeroso grupo de peruanos dejamos el gobierno en 1990 con las manos limpias y dispuestos a quedarnos en el Perú para enfrentar los embates, la persecución y la cárcel de parte de un gobierno que luego mostraría su real faz con la autocracia fujimontesinista. Cierto es que producido el autogolpe, fue duro el camino de la reinserción y la conquista de la democracia, quedando aún grabado en la mente y los corazones de los peruanos, las intensas luchas en las calles en contra del dictador y su régimen de corrupción, drogas y muerte. Cierto es que el pueblo y sus vanguardias, entre ellas el aprismo, obligaron al dictador a capitular, huyendo, cuando vía fax, “renunció” al cargo de presidente en el mismo momento en el que “otros” recién se plegaban a la lucha. Cierto es que con el gobierno de transición hubo quienes se aprovecharon y sembraron escenarios de incompetencia y “ablandamiento” frente a la corrupción y el terrorismo, flagelos que en el gobierno del señor Toledo se incrementaron. Cierto es que el país votó por Alan García, por su propuesta de real nacionalismo constructivo, pero también, que no nos dio una mayoría para impulsar, solos, nuestros planes y programas de gobierno. Cierto es que en ese escenario de amplitud y respeto a la voluntad ciudadana se nos pidió evitar el copamiento y en un exceso de pudor político y respeto al ciudadano que no había votado por el APRA, hubo quienes permitieron que militantes del toledismo y fujimoristas confesos, persistieran en la administración pública, ahora 229


Aprismo desde La Tribuna sabemos, conspirando burdamente contra el gobierno popular del aprismo que los cobijaba. Cierto es que existe un mandato y una obligación con la nación de gobernar con todos, pero “todos” es un término que vincula a quienes ética y moralmente tenemos la misma visión de los roles sociales que nos tocan cumplir, de quienes estamos convencidos de la ruta que seguimos y cuál es el destino que le espera a nuestro país y a nuestra gente. Cierto es que a pesar de esa voluntad democrática expresada en estos meses de gobierno aprista, hemos dado muestras plenas también de nuestra profunda vocación y respeto democrático, pero de allí a asumir los errores y las corruptelas de quienes desde el gobierno pasado formaron mafias para beneficiarse del poder, hay una distancia que el viejo partido de Haya de la Torre no está dispuesto a conceder. Cierto es también que quien no esté dispuesto a cumplir con estos preceptos, sobra en un tiempo en el que desde dentro, señalemos a quienes representan las quintacolumnas del antiaprismo militante que no tiene color político pero sí las mismas mañas y un único objetivo: que fracase nuestra gestión gubernamental.

Nosotros tenemos la palabra y eso, ténganlo por seguro, no sucederá. ¡AQUÍ ESTAMOS! Uno de los hechos que más llama la atención es la forma como cierta prensa sangrienta nos salta al cuello cada vez que presume que un error sale a flote. Es como saciar una voluntad superior de venganza expresada en ese deseo malsano y cada vez menos oculto de que las cosas fracasen por el solo hecho de poder enrostrárnoslo en la cara. Aun cuando no resulta tan inteligente actuar así en un país donde la exclusión y la pobreza son casi una constante, tampoco es justo en medio de los esfuerzos que realizamos los peruanos para salir adelante que se imponga la cultura del “palo encebado”, costumbre esa por la cual, nada de lo que se hace es bueno, llegando al extremo, en esa maléfica constante, que es preferible “no hacer nada” para que los problemas beneficien a quienes, como los buitres, sólo viven de los despojos. Un ejemplo palpable de lo que decimos es el tratamiento mediático que se le da a los famosos “destapes” de cierta prensa, que tras el escándalo, cubre luego de silencio las investigaciones, sobre todo si establecen que las responsabilidades terminan apuntando a personajes nombrados en gestiones anteriores de gobierno, de tal suerte que, si no hay apristas en la denuncia, la noticia simplemente “no va más”. A colación viene la conducta de los “respetadísimos” funcionarios independientes, esos con reconocidos “perfiles” profesionales, los más altos estándares técnico-profesionales y una “enorme voluntad” para quedarse en los cargos al amparo de una democracia que para ellos sólo tiene sabor a 14 o 16 remuneraciones anuales y la suma de gollerías

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Aprismo desde La Tribuna que sacian su pequeñez patriótica, y de cuyos errores y corruptelas se pretende que el aprismo pague la factura. ¿Es este un ataque a todos los que han permanecido en los cargos públicos después del triunfo del aprismo en los últimos comicios? De ninguna manera. Que nadie se sienta aludido. Hay peruanos honestísimos cuyo concurso nos enorgullece y alienta. Esta es más bien, una crítica por quienes impusieron la exigencia de “convenientes perfiles” como pretendida garantía de probidad y profesionalismo, frente a lo que ahora deberían guardar discreto silencio, al comprobar que lo que da la competencia y permite el éxito de la gestión, no sólo son los títulos que se pueden exhibir -que son necesarios-, sino el compromiso con el proyecto del gobernante que es el componente adicional de la hoja de vida que permitirá saber si el hombre que ejerce la función pública no sólo mira al mismo horizonte, si está dispuesto a involucrarse de veras en los planes y proyectos que se realizan y por los que el pueblo votó, o resulta siendo un quinta-columna que conspira permanentemente contra el gobierno desde el Estado, amparado en una especie de “estabilidad laboral” que se le niega a los trabajadores en general, pero que algunos tránsfugas parecieran haber conseguido para sí mismos amoralmente. Por eso es que una de las cosas en las que venimos insistiendo, es que es tan malo copar al Estado saciando los apetitos de militantes insatisfechos, como mantener en exceso ese puritanismo político que ha permitido que sigan en sus puestos “técnicos” que, a la luz de la realidad, no son tan competentes como la propaganda neoliberal los presentaba. Tal vez ha llegado el momento de incidir en la supervisión más cercana del trabajo en las empresas públicas, tal vez sea necesario que sigamos siendo, con la severidad que nos impele nuestra organización política, esa “conciencia crítica” que señale el rumbo, pero que también aporte cuadros capaces de asumir los roles para los que se prepararon nuestros militantes en el marco del compromiso social que no exhiben algunos de los que ocupan espacios en el Estado por décadas. Acompañemos ya el éxito de las tareas del gobierno en el plano económico y social para ser parte del despegue del país y la conquista de la justicia social. Impulsemos una dosis extraordinaria de nacionalismo y más de transparencia con nuestro concurso para comprobar que la incompetencia no tiene carné partidario pero sí nombres y apellidos. Dejemos que las masas, el pueblo organizado y el partido de Haya de la Torre espontáneamente se movilicen para decirle al gobierno y a nuestro presidente que aquí estamos, sin pretensiones, pero listos y comprometidos absolutamente con su trabajo. LO QUE SOMOS La verdad es que no es posible celebrar un aniversario más de la fundación del APRA si, en medio de este importante acontecimiento, no celebráramos también la plena vigencia del pensamiento de Haya de la Torre, la grandeza del ejemplo de este ilustre peruano y la solidez del Partido del Pueblo, su obra sublime y la más importante. 231


Aprismo desde La Tribuna Y ésta, que pudiera eventualmente parecer sólo una frase feliz y llena de fanático entusiasmo, es en realidad una estupenda verdad cimentada en la observación del discurrir de nuestra historia, que es la historia del movimiento popular y la propia realidad latinoamericana, esa que nos demuestra que estuvimos siempre en el camino correcto. Este 7 de Mayo recordamos a cientos de miles de hombres y mujeres que lo dejaron todo para formar parte de una legión de combatientes por la justicia y que estuvieron dispuestos, sin condicionamientos, a hacer, sobre estas tierras, una nueva y mejor sociedad, sin excluidos. Incomprendidos y burlados en tiempos de tiranías, no nos ha sido fácil mantenernos unidos en estas más de ocho décadas de duro trance por las libertades, menos, persuadir a los demás compatriotas –a veces envenenados por una propaganda infame y mentirosa-, sobre nuestra verdad y mensaje, menos aún, si soportando con estoicismo la crueldad de la persecución, la insania de la cárcel o la miseria de la muerte, pagamos culpas ajenas siendo inocentes por el solo delito de proclamar la defensa de los que menos tienen. Sería imposible presentar la interminable lista de los héroes anónimos que acompañaron a Haya de la Torre en esta noble tarea. En todos estos años, nuestros padres y abuelos fueron parte de un colectivo que sólo supo dar, siendo testigo de cómo Leguía los persiguió, y de cómo el antiaprismo encarnó en Sánchez Cerro, Benavides, Prado, Odría, Velasco y Fujimori, quienes hicieron escarnio de los nuestros, declarando la muerte del aprismo, como si aquella victoria pírrica de entonces, no fuese obtenida con el dolor y la sangre de los miles de trabajadores y pobres a quienes persiguieron. En este tiempo de realizaciones, 84 años después, cuando la obra del gobierno popular del aprismo nos permite, por segunda vez, sentar las bases de esa sociedad de Pan con Libertad que proclamamos desde 1924; sin rencores, volvemos a extender nuestra mano fraterna a todos los hombres de buena voluntad para, pensando en el futuro de nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos, podamos juntos elevar la mirada al infinito y tributar el recuerdo de los que partieron antes en medio de esta lucha que no tiene fin contra la injusticia, pero reiterando con firmeza el grito de nuestros antecesores, que ayer nomás una muchedumbre impresionante en el Aula Magna de la vieja Casa del Pueblo, proclamó: “Somos el partido del pueblo y la causa del pueblo vencerá”. ALGO MÁS QUE UNA SIMPLE DECLARACIÓN El Presidente de la República y líder aprista, c. Alan García, ha zanjado ante los mandatarios, líderes y empresarios del mundo que nos acompañan en las Cumbres que se desarrollan en nuestro país, un debate latinoamericano que por tiempos parece innecesario, pero que por las características de la posición venezolana y su implicancia en el contexto de las relaciones de nuestros países con el resto del mundo, merecen un pronunciamiento.

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Aprismo desde La Tribuna Las precisiones de “nuestro modelo” y la forma como nuestro país despega rumbo al desarrollo, son parte de un concierto de conceptualizaciones en los que el componente ideológico, cómo no, está presente. Por eso es que reclamarse “como un gobernante de izquierda” es algo más complicado que usar referencias gaseosas y más bien, explicar en qué consiste la naturaleza progresista, actual y pertinente de tal definición, es un reto que ha sorteado con talla de estadista Alan García. Pues bien, esta es una definición necesaria que aclara nuestra visión de país, y señala la ruta sin concesiones en la defensa de la democracia, el respeto a los derechos ciudadanos y naturalmente, la obtención de mejoras sustantivas en la vida ciudadana, que son elementos consustanciales de nuestro actuar en política y que trazan una línea en la que de un lado quedamos quienes queremos conquistar el desarrollo con justicia social y del otro, los que Lenin, el líder de la revolución rusa denominaba, “infantiles de izquierda”. Por eso es que las acciones del régimen tienen una respuesta intransigente entre los desesperados -de aquí y de fuera-, entre quienes sin entendernos bien, tildan al presidente García de “conservador”, como si acaso no tuviéramos claro que no existe nada en nuestro país que pueda, desde la perspectiva de nuestra dramática historia de décadas infames de hambre y exclusión, mantenerse. Otro de los aspectos que hay que resaltar es que efectivamente la visión neoliberal del mundo se encuentra en franca retirada ya que nadie en su sano juicio, incluyendo los teóricos del ala más radical del neoliberalismo, privilegiaría en estos días -como en la década pasada-, sólo el mercado. Buscando rapidez para el desarrollo, obtenemos un crecimiento sostenido y con ello, más empleo, por eso es que cuando afirmamos que América Latina asume la refundación de la democracia basada en «valores que apuntalan el cambio por el bienestar”, sólo describimos la realidad del proceso peruano al que algunos ya reconocen como un verdadero milagro andino. Que la democracia es hoy una realidad frente a los signos siempre presentes del autoritarismo, es algo que no se puede negar y contra lo que luchamos a diario. Pero para que este escenario se mantenga, hay que poner énfasis en políticas públicas que permitan combinar el crecimiento económico y un mercado que acepte que existe la responsabilidad social. Poner énfasis en la justicia social como lo ha hecho el propio presidente García, insistiendo en la necesidad de generar estándares dignos en salud, educación y vivienda, es reiterar su vieja militancia en la izquierda democrática más pura, lo demás es sólo mezquindad ya que desconoce que resulta perfectamente coherente insistir en que el gran objetivo del gobierno es propiciar las inversiones que traigan tecnología de última generación, que colaboren con el desarrollo descentralizado y que a la vez estos capitalistas actúen con responsabilidad social, teniendo seguridad jurídica y un Estado moderno, eficiente y capaz de dar garantías plenas a quien desee invertir cumpliendo la ley.

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Aprismo desde La Tribuna Cuando dice el presidente que quiere al Perú como “país del primer mundo”, sí pues, declara que se mantiene firme en la visión hayadelatorreana de la conquista del desarrollo, es decir, aspira a lograr ese objetivo, pero liberando a la gente de la miseria y la exclusión, dándoles un empleo con seguridad social, una pensión digna al final de su vida laboral y también un sueldo que les permita acceder a una vivienda. Esta declaración del presidente García nos enorgullece, pero además rinde tributo a los cientos de miles de hombres y mujeres que construyeron el aprismo con sus vidas, pero es, también, la renovación objetiva de un compromiso real que obliga al mandatario a resolver los problemas de la gente, y a nosotros, a ayudarlo sin condicionamientos. ECOLOGÍA Y POLÍTICA Puestos frente a la realidad, no queda más que aceptar que la experiencia y la vida social nos proponen, en medio de la vorágine de la modernidad, un tema más complejo de lo que parece. La crisis ambiental ha llegado, nos comienza a lesionar obligándonos a “reparar” lo que no tuvimos criterio para prevenir, con el agravante de que no todos estamos preparados para entender lo que sucede y menos lo que sucederá. El debate de la calle sigue estando lleno de “conocimientos generales”, de “publicidad ética” y de “lugares comunes”, que más tienen que ver con estereotipos de formación educativa formal, que con el sentido real de la perspectiva ambiental. Ha sido necesario estrellarnos contra el “armagedón” que representa el recalentamiento global, por ejemplo, para que comprendamos la dimensión del problema y su implicancia presente (porque ya no es futura) y que resulta mucho más cercana de lo que parece a nuestras vidas (o nuestras muertes), por lo que sólo nos queda mirar el futuro con escepticismo y a la vez con responsabilidad. Las premisas ecológicas han dejado de ser parte de la propaganda de las ONG que busca recursos y son hoy, disciplinas de estudio que completan las viejas fórmulas de las ciencias sociales clásicas que no abordaban los temas medioambientales, tal vez porque aquel no era un problema tan agudo como lo es en nuestros días. Va quedando claro que lo que está en el tapete, y lo estará por los próximos años si no decidimos rápidamente qué hacer, es la imprecisa relación sociedad-naturaleza que debe ser normada, incorporando los factores biológicos a la estructura del sistema social y la política, que se convierte en esta época de crisis, en un estupendo vehículo para hacer “de todos” lo que ha sido hasta ahora, sólo un tema de gabinete científico. Hay que lograr que las “leyes de la naturaleza” no sigan siendo etéreas y difíciles para el ciudadano común. Propongamos “visualizar” la estrecha relación entre ciencias naturales y ciencias sociales como un primer paso para entender el vínculo entre los ecosistemas, la vida social, la cultura y la política. Hay que hacer un esfuerzo para construir la comprensión real y popular “del saber ambiental”. 234


Aprismo desde La Tribuna En la “aldea global” va imponiéndose la incorporación de esta temática en las agendas que hablan ya, de “políticas ambientales”, y aun cuando eso no resuelve los problemas, es un primer paso. Ahora que los “foros” comienzan a trasuntar de la literatura a la práctica, lo que salta a la vista, es la urgencia de redefinir el componente político de lo ambiental para que se sumen a este esfuerzo los colectivos ciudadanos y el pueblo en general, atendiendo a que ya la ecología, no es una mera preocupación privada, sino una cuestión de Estado, traducida en políticas públicas de preservación del medio ambiente. No queda ninguna duda que la ecología ganará la batalla, porque si no, no habrá mundo para evaluar la derrota, pero esta perspectiva debe también ser una propuesta de la democracia que busca el bienestar de los hombres en libertad. No olvidemos que como han escrito los entendidos: la degradación ecológica lo que siempre genera es “depredación económica”, elemento que conspira contra todos los proyectos de modernidad conocidos. TRAICIÓN A LOS TRABAJADORES Que en el Congreso no se haya aprobado la distribución de utilidades entre todos los trabajadores mineros -incluyendo los de las denominadas “contratas”-, es una traición vergonzosa del humalismo por lo que tendrá que responder, y, siendo que ésta es una derrota momentánea del movimiento laboral que el aprismo representaba al liderar dicha propuesta, hay que mencionar que simultáneamente celebramos un triunfo de los trabajadores al devolvérseles su dignidad, poniendo fin a los abusos de las “services” y la intermediación laboral, en la que tampoco se obtuvo el respaldo del nazi-onalismo fascista de Ollanta Humala. Es este un punto final y de quiebre entre la historia de la clase trabajadora y el futuro de los ciudadanos libres de nuestro país que comienzan, ahora sí, a sentir de manera directa los beneficios del crecimiento sostenido de nuestra economía que se traduce en mayor oferta, mejores condiciones laborales, bienestar para todos y de qué lado está cada quien cuando se trata de garantizar el derecho de los ciudadanos más pobres. Si bien vamos conquistando un mejor país y un espíritu de mayor compromiso con la nación que es lo que anima al gobierno del APRA, pareciera que “otros” prefieren la tarea de “seguir sembrando conflictos” que nos desunan, pese al éxito que en el “año de las cumbres” hemos logrado con las firmas de los TLC y el importante flujo de oportunidades e inversiones traducidas en trabajo que comienzan a llegar. Llegar velozmente a un mayor bienestar el año 2010 es un reto, sobre todo si vamos por rutas insospechadas de crecimiento asombroso que nos debe permitir, sin sabotajes de por medio, cumplir el desafío presidencial de colocarnos, al fin del mandato, a las puertas del primer mundo. Pero para consolidar esta idea, hacemos bien en acompañar al Presidente dándole “seguridad jurídica a los trabajadores”, marcando el fin de los abusos de las services y la intermediación financiera en la que un pequeño grupo de personas “hacen buenos negocios”, pero sobre el sudor y el esfuerzo de millones de trabajadores a los que se les recorta todos sus derechos sin

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Aprismo desde La Tribuna ningún remordimiento, quedando pendiente aún, el tema no concluido de la redistribución de las utilidades mineras. Que estas decisiones promuevan respuestas y acciones inoportunas en malos empresarios y algunos malos políticos, ya es lo de menos. Ellos generalmente sostienen que hay buenos y malos trabajadores, ahora podemos replicar que también existen buenos y malos empresarios, buenos y malos políticos, por lo que hay que comenzar a señalarlos con nombres y apellidos para que la historia los juzgue. Habrá quienes, llenos de lamentaciones, sigan hablando “de todo lo mal que nos va” y de la necesidad de “tener más prudencia en el campo de los derechos laborales”. No importa. De lo que se trata es de entender TODOS, que un nuevo país emerge buscando su realización y que será necesario algo más que parches para modificar una legislación laboral que trajo por los suelos todas las conquistas y expectativas del movimiento laboral en los últimos años. En todo caso, el líder del humalismo va a necesitar algo más que una conferencia de prensa para convencer a los peruanos que no hizo lo que su grupo político ejecutó con su voto en contra de los trabajadores, quedando pendiente que, para que se cumplan los grandes desafíos del aprismo, se debe afianzar aún más la inversión en educación y salud, reconociendo lo que el partido de Haya de la Torre ha logrado, que por primera vez estos dos rubros -los más importantes en la vida ciudadana- no sean considerados como gasto, sino como una inversión y que los trabajadores no vuelvan a ser considerados, nunca más, como ciudadanos de segunda clase. GO HOME Siempre ha sido importante la presencia de los empresarios en la agenda política del país. Hoy, consideramos que su rol ha evolucionado y es hora de llamar la atención sobre un desactualizado y politizado discurso de algún dirigente menor del gremio empresarial vinculado a los sectores más conservadores de la política local, que evidencia, además, un pesimismo poco usual en estos tiempos en los que el rol solidario de todos los actores sociales ya nadie discute. Cuando Haya de la Torre lanzó sus propuestas políticas e ideológicas, allá por la segunda década del siglo XX, una rancia oligarquía respondió alarmada, pensando en el fin de sus privilegios y confundiendo las propuestas solidarias del aprismo en las que el propio capitalista peruano “tenía algo que hacer”, con una especie de “venganza social” para liquidarlos, creando sobre el Partido del Pueblo, una leyenda negra por el solo delito de hablar por los analfabetos, por la mujer y también por los empresarios nacionales que entonces, y sin ninguna posibilidad, eran avasallados por “encomenderos” y “agentes representantes” de los negocios extranjeros y coloniales que impidió por años nuestro desarrollo. La dosis de violencia e intolerancia de los años siguientes impidieron que con claridad pudiéramos mantener escenarios conjuntos en pro del desarrollo y el bienestar del Perú, hizo el pueblo sin embargo lo suyo y el naciente empresariado logró también

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Aprismo desde La Tribuna afianzar su presencia, aun cuando entre ellos, hubo quienes sólo apostaron por la torpe búsqueda de la ganancia por la ganancia. Felizmente esa fue y es una minoría que, aunque perniciosa y conspirativa, no pudo vencer a “la fuerza” de quienes haciendo un gobierno “de y para todos”, impusieron una cultura del esfuerzo común al que se suman muchos compatriotas de buena voluntad y es verdad que hay quienes, no pensando necesariamente como nosotros, desde sus empresas y gremios, hacen un esfuerzo por acompañar el ritmo del país sin mirarle el rostro al presidente o a su partido, reconociendo que lo trascendente es la posibilidad de ganarle la guerra a la pobreza, generando más empleo y resolviéndole el problema a millones de peruanos. Hoy, ese GRAN FRENTE ÚNICO DE TRABAJADORES MANUALES E INTELECTUALES impone una corriente progresista del desarrollo que tiene a obreros, campesinos, profesionales, estudiantes, comerciantes y empresarios envueltos en una apuesta por un país para sus hijos. Por eso es que cuando me preguntan por qué invoco a Haya de la Torre cuando hablo de los empresarios, suelo responder que por su visión integradora. Integradora de la territorialidad indoamericana e integradora de la nacionalidad. Que nadie olvide que la primera diferencia con el comunismo que tanto nos combatió, fue esa, la convocatoria del aprismo a los empresarios para realizar juntos la mejor inversión que se conoce: el futuro. Las burguesías nacionales, los empresarios y también los capitalistas locales fueron y son aliados nuestros en esa enorme y titánica tarea de construir una sociedad en la que la bonanza debe ir de la mano de la justicia social. Por eso es que el viejo grito de rebeldía juvenil con el que titulo esta nota tiene sentido. Claro que sí. Que “encomenderos”, “serviles”, “dependientes” y pequeños patrioteros chauvinistas sepan que en este tiempo en el que todos luchamos contra las exclusiones, salen sobrando y por eso…si no les gusta, deben irse de aquí. SER O NO SER La Democracia es, efectivamente, el mejor de los sistemas de participación ciudadana existente, sin embargo, es también el más vulnerable y a veces autodestructivo, porque su profundo respeto por las libertades -alguna de ellas incluso conspirativas-, impiden respuestas rápidas y definitorias so pena que la forma como se toman o deciden por su urgencia o necesidad, pueden ser confundidas con expresiones derivadas de una voluntad antidemocrática. Hay quienes usan la democracia para fines subalternos. Lo hicieron los conservadores por siglos cuando en nombre de la libertad gobernaron nuestros pueblos para beneficiarse con las riquezas que obtuvieron con la sangre, el trabajo y el dolor de nuestra gente y también lo usaron los terroristas que lucharon por destruirla pero, capturados, no tuvieron ningún empacho en usar las garantías del propio sistema que combatían y sus mecanismos de derechos humanos para protegerse y lograr una irónica impunidad que linda con la desfachatez. 237


Aprismo desde La Tribuna Por eso es que hay quienes “desde dentro” dinamitan el sistema sin problemas, generando un clima de desprestigio que no sólo socava su fortaleza institucional, sino que produce, en el sentimiento colectivo da la nación, una sensación perniciosa de que este sistema –como otros del ordenamiento legal vigente-, no sirve absolutamente para nada, porque no resuelve el problema cotidiano de los ciudadanos, o, simplemente, porque está lleno de personajes que parasitan en su seno, sin distinguir, injustamente, la paja del trigo. Y es que una vieja leyenda generada por el liberalismo ideológico de los años noventa ha sembrado la errada idea de que el Parlamento no es la suprema expresión de la voluntad popular, ni el primer poder del Estado, sino más bien, un organismo distante de la realidad objetiva que mantiene en su seno a hombres y mujeres que llegaron allí sólo para saciar apetitos personales y llenarse de privilegios, aunque, en realidad, nadie precise en qué consisten éstos. Alguna responsabilidad tiene también el propio Congreso de su alicaída imagen. No ha sabido sintonizar con la gente, no ha sabido dar cuenta de sus aciertos, ni potenciar las virtudes de su labor y producción, permitiendo que una nefasta propaganda interesada sea dirigida sistemáticamente hacia ella, en un intento sutil pero efectivo de generar escenarios en los que la falta de esperanza y respeto propicien la violencia y los excesos. Hay que señalar sin ambages a los infantiles, a los quinta-columnas de la democracia, a quienes sólo aspiran a generar mayores contradicciones en la espera fantasiosa de un país que opte o vote por hartazgo más que por convicción. Finalmente, en la medida que la democracia demuestre, por otro lado, que es capaz de entender cuál es el reclamo de las masas y logre articular una mayor y más activa participación de las organizaciones sociales y de base, los espacios reservados a los partidos políticos, con la excepción del APRA, volverán a ser ocupados por ciudadanos honestos y dispuestos a construir una nación, aun cuando eso es algo que los nacionalistas de cuño farsante no terminen de entender. CUANDO LOS CERROS BAJAN La violencia ha sido una constante en la historia de nuestra patria y es de alguna forma, una expresión del comportamiento cotidiano de los ciudadanos porque está enraizada en “nuestro modo de ser”; sí, esa manera de vivir buscando obtener ventajas por encima del derecho de los demás. Pero esas expresiones de nuestra idiosincrasia no se contraponen con el marcado sentimiento de defensa de nuestros orígenes, esos que mutan desde lo tribal (entendiendo ello como extraño a la civilización urbana y citadina), hasta el “criollismo puro”, forma superada del migrante que impuso una nueva manera de vivir llena de costumbres originarias que son recuerdos que generan música, escenarios multicolores y hasta un lenguaje propio. Los roles citadinos más formales ubicaron a los migrantes en la periferia -contra la lógica subversiva de los ochenta que los buscó para comprometerlos-, y pese a la 238


Aprismo desde La Tribuna exclusión a la que fueron sometidos teniendo que vivir en la arena y sin agua, respondieron a la violencia terrorista sin ambages, luchando por la paz y separando sus reclamos -confundidos con el tono agudo de un inexistente llanto lastimero en sus clásicos “huainitos”-, con la “voluntad anárquica” de quienes, con ellos, sólo pretendían dar el “salto definitivo” en su sangrienta lucha por la captura irracional del poder. Allí, nuevamente, como en tantas oportunidades, la enorme vorágine de esa cultura popular con raigambre provinciana, venció desde los cerros y en las ciudades, a quienes vinculaban torpemente su pobreza, su lenguaje, o sus expresiones corporales, con falta de esperanza y anarquía. Tal vez eso ayude a explicar por qué “bajaban los cerros” cuando cantaba ese hombre que aquel 24 de junio, miles lloraron al verlo partir. Sólo había ensayado un nuevo discurso que había convertido “la realidad de los suyos” en letra y música a la que se volcaban miles de miles de hombres y mujeres que buscaban concentrarse en la Plaza Grau para denunciar la falta de oportunidades y el subempleo, pero también, para reclamar persistencia en la vida mientras entonaban esa extraña y excéntrica fusión de música tropical y andina o “música chicha”, en una Lima que aunque gris y sombría, comenzaba a tolerar los multicolores abanicos de una legión de paisanos que la tomaron por asalto desde los duros años setenta. Lorenzo Palacios, Chacalón, para el pueblo, usó su propia vida llena de estrecheces con un claro afán de irradiar fortaleza y los terminó liderando; de bailarín improvisado que acompañaba a vendedores de humitas, se encumbró al sitial de quien revolucionó la cultura popular. Hoy mismo, su «El provinciano», que no es más un himno de “cholos” o “achorados”, es tarareado por quienes, sonrojados, son parte de una nueva cultura de éxito en la ciudad. Si bien rompió la visión clásica de las lamentaciones en los que naufragaba el huaino, le adicionó una constante testimonial que fue un freno real y efectivo del desborde violentista, convirtiendo “la carpa de la Plaza Grau”, en un escenario inimaginable de alegría, que fue enemigo del fetichismo subversivo que envió al exilio a su familia. La UNESCO premió su canción «Niños Pobres» y aquí lo siguen viendo sólo como un cantor exitoso de marginales. Su presencia trasuntó los límites de la subcultura popular para, más allá de recibir peticiones al más puro estilo de Sarita Colonia o la beatita de Humay, lograr afincarse en los corazones del pueblo pobre, esperanzado y pujante que se opuso a la violencia ayer y que sigue afirmando una cultura de paz para los pobres. En el llano de los pioneros de la defensa de nuestros valores, está el nombre de este hombre bueno del que me hice amigo cuando estudiaba su música y su personalidad, lo seguí con “La Nueva Crema” por El Agustino, la Carretera Central y tantas veces a la Carpa Grau. Lo vi reír y lo vi cantar de la misma forma como ahora, entre sonrojados rostros blancos, veo tararear las melodías que impuso entre quienes, como yo, también somos hijos de muchachos provincianos, que se tuvieron que levantar muy temprano para ir con sus hermanos a estudiar o trabajar, como dice una de sus 239


Aprismo desde La Tribuna letras más conocidas. A Lorenzo, Papá Chacalón, como lo conocen en los cerros, un recuerdo. DE HISTORIADOR A “CONTADOR DE HISTORIAS” Nelson Manrique se ha dedicado desde hace algún tiempo a volcar su mayor esfuerzo –a través de columnas periodísticas-, a la no tan santa tarea de confundir a la gente. Lo hace sin dudar un solo instante en usar de todo lo que tiene a la mano, con tal de golpear al partido de gobierno o al gobierno mismo a través del presidente Alan García. Piensa que en el inteligente juego de palabras que nos propone, puede “camuflar” su intención verdadera: sembrar la duda y esparcir el desaliento. Pero claro que los pobres no son tontos, señor Manrique, por eso pueden discernir entre quienes han hecho del antiaprismo “su modo de vida” y quienes están del lado del deber, la verdad y el patriotismo, aun cuando no coincidan necesariamente con nuestro modo de pensar o actuar. No es que vivamos en el país de las maravillas o que en los últimos dos años con el aprismo se hayan superado todos los problemas de nuestra gente, claro que no. Pero tampoco es serio divagar en generalidades, sobre todo si se hace sobre la base de resultados de unas encuestas que se leen de cabeza, de tal suerte que si bien el 86% de los peruanos consideran que la distribución de la riqueza en el Perú es injusta, no es porque piensen necesariamente que esa sea una responsabilidad del actual gobierno; por el contrario, es sólo la constatación del diagnóstico acertado del gobernante, que sobre la base de esa percepción ciudadana muy antigua, decidió enfrentar el problema y dictó medidas concretas y tendientes a reducir sustantivamente la pobreza. Si es que hay quienes “piensan” que los ricos son más ricos y los pobres más pobres ahora, eso es sólo un tema de desinformación ya que las cifras no engañan y, si se han incrementado los ingresos de los peruanos, lo que hay, es más gente que gana más, pero también, hay menos pobres que antes. Vamos hablando claro. No es coherente que pasada la ola neoliberal por la que se remataron nuestros bienes y patrimonio y luego que ingentes cantidades de dinero fueran a parar a manos de “consultoras” que diseñaron “este nuevo Estado” nos sigan diciendo que los factores que dificultan un mayor desarrollo económico son de exclusiva responsabilidad del aprismo, ya que como es notorio, la “mayoría” a la que invoca el “contador de historias” ha sido inducida a responder de esa forma, por cuanto con las normas de simplificación o la del silencio administrativo, queda claro que este gobierno propone no sólo un dinámico Estado, sino uno eficiente y promotor de los equilibrios que incluyen la justa redistribución de nuestras riquezas y oportunidades. ¿Es raro que los encuestados no tengan idea de cuánto pagan de impuestos las empresas en países vecinos, señor Manrique? Creo que no, porque de seguro tampoco 240


Aprismo desde La Tribuna saben cuánto de canon reciben las regiones, cuánto es el presupuesto asignado para el sector educación, ni el monto de los recursos que reciben las ONG y menos, cuánto es lo que ganan quienes viven de la llamada “cooperación internacional”. Pedir, por eso, que se le dé mayor información a la población sobre la realidad y luego, criticar lo que denomina “desperdiciar los recursos fiscales en campañas gobiernistas” evidencia una complicada personalidad y una interesada forma de proponer el análisis a la que se suma una mezquina percepción de la tarea que el Estado lleva adelante reforzando los objetivos y los programas sociales que muchos preferirían que fracasen. Lo que no debería seguir haciendo el pregonero antiaprista que motiva la presente, es tratar de encontrarle “tres pies al gato”, no sólo porque el gato tiene cuatro patas, sino porque en el esfuerzo podría agotarse innecesariamente ya que, como en el fútbol, señor Nelson Manrique - y más allá de las tropelías de Burga-, una cosa es omentar el partido desde las tribunas, y otra, muy distinta, en la cancha, que es “donde se ven a los hombres”, como reza un viejo refrán popular.

NINGÚN “HUAMÁN” NOS PARA Hay momentos en la historia en el que las masas se han movilizado contra las dictaduras, pero lo hicieron por el restablecimiento de la legalidad, por las libertades y también por los derechos civiles. Vastos y sólidos movimientos forjaron la lucha popular en contra de gobiernos ostensiblemente reaccionarios. Conquistamos entonces el arenal buscando un lugar decente para vivir, reclamamos para nuestros hijos la gratuidad de la enseñanza y al llegar ésta, pudimos luego conquistar el «vaso de leche», tomamos por asalto los cerros y desde allí dominamos las ciudades, le arrebatamos conquistas laborales al viejo sistema y entonces se dignificó el trabajo, levantamos la voz y las mujeres votaron, como después votaron también los analfabetos y los jóvenes. Los apristas conocemos el tema bastante bien, por tanto sabemos de qué se nos habla cuando alguien alardea de «representar» al pueblo. Nuestros primeros cuarenta años nos la pasamos en la más dura clandestinidad, impulsando la organización obrera y campesina, educando a los que menos tienen y apostando por las organizaciones de base para que cuando la legalidad volviera o la persecución nos diera alguna posibilidad, pudiéramos sentar las bases para construir una nación diferente, más libre, más culta y más justa. Tenemos entonces alguna autoridad para hablar de todo esto y de la necesidad de la honestidad y consecuencia de los dirigentes que hablan en nombre del pueblo. Esta es una exigencia de los trabajadores. Las masas no hay que subestimarlas, son una fuerza vigilante, constituyen el motor de la historia y son nuestro sustento, nuestra razón de ser. Pero ellas reconocen -como decía Martí-, de qué lado está el deber y, entonces, quién debe conducirlas. 241


Aprismo desde La Tribuna Venderles plataformas irrealizables, engañarlos y pretender acomodar políticamente algún reclamo al interés personal de los dirigentes es muy grave, sobre todo, si proviene de quienes ahora organizan «cruzadas» contra un gobierno popular, pero antes callaron en los años más duros del fujimontesinismo corrupto. Eso los pinta de cuerpo entero, como los pone en evidencia no poder explicar las sumas enormes de dinero que usan estos dirigentes «Ligth» de la CGTP que viajan por avión por todo el país y el extranjero, contratan campañas propagandísticas en las radios más caras y usan de estilizados recursos de imprenta cuyos costos escandalizarían al propio y sencillo líder obrero, Isidoro Gamarra. Ningún «huamán» para al Perú y esta convocatoria mostró a la CGTP en su orfandad más patética. Será por eso que su principal dirigente ha preferido «salir con todo» a pelear contra un gobierno que gobierna para los pobres. Dijimos que nos veríamos el día 10, señor Huamán, el día siguiente del paro, para que, puesto en evidencia, trate ahora de probar que tuvo algún éxito. Entendemos que debe hacerlo porque si no tendrá problemas para justificar el financiamiento que ha recibido la CGTP. Sin embargo, ve usted, cómo este mismo día, las obras continúan y el Perú sigue avanzando. ¿CIRCO SÓLO EN FIESTAS PATRIAS? En fiestas patrias llegan de todos lados y levantan sus carpas de mil colores en cuanto lugar les es posible, iniciando un tiempo de estruendosos llamados, de alegres tonadas, de popcorn, de algodón dulce y asientos de madera colocados en el entorno de una pista redonda en la que diestros hombres y mujeres juegan con animales en un gratificante desarrollo del viejo y noble oficio de hacer reír y entretener a la gente en el circo. Sin embargo, en los últimos años algunos personajes compiten deslealmente por hacer payasadas, exponiendo al sistema en medio de una patética vocación suicida que lesiona las formas de nuestra democracia, que no es mala intrínsecamente en su origen, como sostuvo algún dictador deseoso de afirmar los valores de la autocracia conservadora, sino que, más bien, es víctima de la deformación de la personalidad política de quienes, buscando sólo saciar sus propios intereses o los de los grupos que los financian, menoscaban con su actuar poco serio, el prestigio de instituciones tan importantes como el propio Congreso de la República. Y es que la crisis ha llegado a niveles tan dramáticos, que cualquiera siente que tiene derecho a sentarse en la mismísima silla de Grau o a proclamarse “redentor del pueblo” por el solo prurito de quererlo. Por eso es hora en que debemos definir los límites de la tolerancia frente a la burla y el abuso del derecho. Hay que defender la democracia de los improvisados y de quienes ven en ella una forma de impunidad. No es lo mismo que un humilde trabajador sin mayor preparación tenga derecho a representar al segmento social del que es originario para desarrollar desde esa representación formas superiores de convivencia ciudadana, que proteger o permitir que un grupo de desalmados y sinvergüenzas 242


Aprismo desde La Tribuna capturen el poder usando mediáticamente los medios de comunicación, en busca de publicidad barata que les permita ingresar de cualquier forma a la política, generando, así, esa sensación de poco aliento que ya no sorprende porque resulta hasta cierto punto natural levantarse una mañana y toparnos con una vedette postrada en una curul parlamentaria dando discursos grotescos que lindan con el más burdo libreto de comicidad ambulante. Zapatero a tus zapatos, gritan los que reclaman que cada quien haga lo que sabe hacer y esa puede ser la frase que ayude a resolver el problema, poniendo freno a ese modo de hacerse notar a cualquier costo que usan algunos “políticos”, antes que terminemos todos en la orilla del descrédito y el desborde del violentismo al que sirve esta gente que sólo daña y cumple un rol quintacolumnista. Suponer que el libre ejercicio de nuestros derechos y libertades nos permite hacer lo que nos da la gana, es parte de esa conducta suicida de la que hablábamos al inicio de esta columna, pero que alguien se le ocurra pedir que nos anexemos a la unión Americana como un Estado federado más, que al estilo del pensamiento de la familia Humala desaparezcamos a los homosexuales por puro tufo homofóbico o sugerir que como política de Estado promovamos gráficos de vedettes desnudas montadas sobre nuestros símbolos patrios es tan grave, como si a alguien se le ocurriera hacer lo mismo con la talega papal, porque entonces, sí que estaríamos en graves problemas celestiales. Por eso es que lo dicho debe merecer una reflexión urgente. La misma elección de la Presidencia del Congreso ha sido en estos días una expresión más de ese modo tan singular de recibir las fiestas patrias, inaugurando una singular temporada circense en la que pareciera que todo se vende y todo se compra, cuando en realidad, no es así. Hay quienes marcan la distancia y la diferencia, soy testigo de ello. Los parlamentarios tienen ahora la enorme posibilidad de marcar la diferencia y mostrarle al país, no sólo que es perfectamente posible superar ese promedio horroroso de baja aceptación popular, sino que no nos equivocamos cuando elegimos -con importantes, honrosas, públicas y reconocidas excepciones-, a congresistas de la República que piensan en el Perú, y no a unos improvisados malabaristas que, como en las esquinas, hacen lo que sea sólo por unas monedas. TROPEZAR DE NUEVO Y CON LA MISMA PIEDRA Los mensajes presidenciales cada 28 de julio en que celebramos nuestra independencia de la España colonial, se habían convertido en parte de un monótono e inservible programa oficial en el que gobernantes -distanciados de su rol de estadistas-, se perdían en la presentación inventarial de sus obras, signados por la necesidad mediática de obtener puntos en las tormentosas mediciones de su popularidad. En esta ocasión, sin embargo, los críticos del aprismo le han reclamado al Presidente García no hacer lo mismo, es decir darle “un remate”, producir “un anuncio polémico” o ponerle “un mayor acento al tono del discurso”. Quién los entiende. Acostumbrados 243


Aprismo desde La Tribuna como están a una dinámica cortoplacista y electorera, parecieran no entender qué es lo que dice el primer mandatario, en tanto y cuanto lo que dice no les permite “una portada”. Somos el país con mayor crecimiento y la menor inflación en la región y en ese contexto hay un real esfuerzo por presentarnos un escrupuloso diagnóstico de la economía nacional. Se nos ha propuesto una serie de tareas que van desde atender “el alma” de la gente, es decir de las cosas que lo afecta y de otros ítems que requieren de consensos como el de crear el Ministerio de Cultura, disminuir la desnutrición crónica infantil al 2011, aplicar el Nuevo Código Procesal Penal, llevar adelante las concesiones del gasoducto andino del sur y del gasoducto a Chimbote, avanzar en la erradicación de los analfabetos, exportar más, hasta superar la barra del 20%, y mantener el ritmo acelerado de reducción sustantiva de la pobreza. Confrontados con el exhibicionismo politiquero de ciertos ex gobernantes, candidaturas de medio pelo y cierta prensa mediocre, es perfectamente entendible que algunos insatisfechos ahora extrañen las dotes oratorias del presidente privilegiando la anécdota a lo trascendente y obviando el aporte cualitativo de su obra infraestructural y conceptual que pasa por la autocrítica. También le pasó a Haya de la Torre cuando nuestra clase política no escuchó sus propuestas en torno a regionalización, una economía más sensible y humana, la reforma del Estado y la integración indoamericana. ¿Cuánto hubiéramos ganado si estas ideas lanzadas en la Plaza de Acho en 1931 hubieran sido puestas en práctica? Nunca lo sabremos. Ahora la historia nos da una segunda oportunidad. Con una economía en crecimiento y propuesta la tarea de aplacar la inflación controlando sus nefastos impactos, usando el estupendo contexto internacional hay que mantener la casa en orden, darle mayor seguridad a los que quieran invertir, redistribuir la riqueza con justicia y equidad y humanizando la economía, dándole contenido social a las políticas públicas. Pareciera que hay quienes comentan el discurso presidencial sin haberlo escuchado, repitiendo los errores del pasado y sin entender cabalmente lo que nos pasa como país, nuestras posibilidades como nación, ni cuáles son ahora nuestras oportunidades tropezando por cierto nuevamente y con la misma piedra, lo que ya no es un error, sino, simplemente, una torpeza. NO SÓLO FUE FUJIMORI… Una vieja costumbre personaliza el encono y muestra siempre, con nombres y apellidos a la maldad en cualquiera de sus presentaciones humanas. Los trabajadores, por algún fatídico destino, siempre han sido los más perjudicados, como cuando fueron sometidos al estado de terror que vivieron cientos de miles de servidores públicos perseguidos por Fujimori y sus esbirros. Hubo entonces una instrumentalización finamente orquestada por varias decenas de funcionarios inescrupulosos que se prestaron entonces a las directivas del dictador y no sólo 244


Aprismo desde La Tribuna persiguieron a trabajadores, sino que en el marco de un política de Estado destinada a liquidar la presencia sindical, se violentaron su derechos, se pisoteó su dignidad y se les expulsó inmisericordemente de sus centros laborales dejándolos sin ninguna protección. Las estadísticas oficiales reconocieron, años después, que cerca de un millón de trabajadores peruanos fueron echados literalmente a la calle por un gobierno que ni siquiera les permitió defenderse. Esbirros de aquel gobierno cuyo presidente ahora se encuentra en prisión, prestaron sus nombres y sus maldades para hacer efectivo “recortes de personal” a los que le adicionaron toda clase de arbitrariedades que no han merecido ninguna sanción en una especie de impunidad sin nombre. Pero no sólo fue Fujimori, fueron también los encargados de planificar estos ceses colectivos, los responsables que implementaron las medidas para los despidos, los mismos que además transitaron con total desparpajo por todas las empresas del Estado “vendiendo las fórmulas para reducir personal con arreglo a ley”. El miedo se impuso y el terror sembró de oprobio al gobierno de Alberto Fujimori que sumó a su faz de sangre graficada en las matanzas de La Cantuta y Barrios Altos, una actitud inhumana que superó incluso, la de gobiernos nefastos de Sánchez Cerro y Odría. Que el gobierno haya publicado una primera resolución que ordena la reposición de estos trabajadores, les devuelve la dignidad, hace honor al aprismo y rinde tributo a quienes por más de quince años estuvieron en las calles señalando al dictador y esperando su resarcimiento. Aún falta concluir este esfuerzo presentando la denominada cuarta lista, pero con ella, es necesario también que se señale a quiénes se reciclaron y después de servir a otros gobiernos, siguen llevando sobre sus espaldas (porque conciencia no les queda), el dolor de miles de hogares que sufrieron y el llanto por la muerte de quienes, ante la desesperación, cayeron maldiciendo a sus verdugos laborales. Este homenaje está aún incompleto, falta saber quiénes, desde sus cómodas oficinas, decidieron la vida y el destino de millones de compatriotas en esos dolorosos años que ojalá nunca más se repitan. GOBERNAMOS PARA LOS MÁS POBRES Lourdes Celmira Flores Nano, el último vestigio de la más rancia estructura conservadora de la clase política tradicional peruana, en un intento por capturar primeras planas, ha sostenido que el aprismo no gobierna para el pueblo. Lourdes Celmira Flores Nano debería aclararnos entonces para quién gobernamos porque: Hemos alfabetizado más de un millón de pobres, hemos impulsado programas de capacitación para más de 90 mil docentes, le hemos entregado Lap Tops a 200 mil profesores, otras 140 mil a escolares y más de 22 millones de textos en centros educativos estatales. Hemos vacunado a más de 9 millones de peruanos 245


Aprismo desde La Tribuna contra la Hepatitis “B”, operado a más de 27 mil peruanos de cataratas, afiliado al Seguro Integral de Salud a más de 8 millones de peruanos y hemos atendido a más de 3 millones de pacientes. Hemos entregado más de 77 mil viviendas, impulsado la construcción de otras 37 mil en el corto plazo y se han entregado 400 mil títulos de propiedad, hemos beneficiado con el programa «Agua para todos” a más de 2 millones de pobres, desarrollado proyectos en 1,458 localidades y hemos atendido con el Programa Integral de Mejoramiento de Barrios y Pueblos a casi 2 millones de centros poblados. Hemos creado más de un millón de puestos de trabajo y “Construyendo Perú” atendió en 739 zonas urbanas y rurales, más de 387 mil empleos temporales y hemos electrificado zonas rurales en más de 1,760 localidades con más de un millón de peruanos que se benefician con la ejecución de proyectos en más de 3,000 localidades. Hemos suscrito contratos de explotación y exploración de hidrocarburos que nos permitirán en muy poco tiempo exportar petróleo. Hemos beneficiado a través del PRONAMACHCS, en 731 localidades, a compatriotas con obras de riego y capacitación en actividades productivas y cobertizos. Hemos mantenido, desarrollado e impulsado programas como MARENASS, SIERRA SUR, CORREDOR CUSCO – PUNO en el Ministerio de Agricultura, beneficiando a 290 mil familias rurales. Hemos dotado de comunicación celular a los agricultores e impulsar Sierra Exportadora, beneficiando a 15 mil familias, con una cobertura en 18 regiones, 76 provincias, 259 distritos y 629 localidades. Hemos impulsado el Programa de Asistencia Alimentaria (PRONAA), que cubre a más de 3 Millones 939 mil 564 peruanos. Hemos atendido más de 120 mil niños, adolescentes y mujeres en situación de abandono y expuestos a violencia. Hemos desarrollado vía FONCODES, proyectos de Infraestructura Social consistentes en Construcción de aulas, puestos de salud, saneamiento básico, electrificación rural, entre otros, beneficiando a más de 1 millón y medio de peruanos. Hemos reducido en más del 35% el índice de la delincuencia, incrementado casi 4 mil efectivos a la PNP, asignado al servicio a pie un mayor número de efectivos, apoyado las tareas de seguridad ciudadana, y hemos combatido el narcotráfico a través de más de 4 mil operativos exitosos, luchando contra el crimen organizado y la delincuencia común, mejorando las condiciones laborales de nuestros policías e incrementando sustantivamente la flota policial de patrullaje en calles.

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Aprismo desde La Tribuna Hemos promovido la atención de más de 60 mil casos en consultorios jurídicos gratuitos, que además han asesorado 2 mil conciliaciones extrajudiciales y 45 mil atenciones por defensores de oficio. Hemos impulsado los programas Crecer y Juntos. Hemos construido 4 mil kilómetros de tramos de carretera, aumentamos el uso de celulares a 17 millones 709 mil 404 líneas, e incrementado el Fondo de Inversión en Comunicaciones que beneficia a 5 millones 600 mil peruanos. Hemos impulsado el comercio exterior a través de ferias internacionales, proyectos turísticos y el desarrollo de la exportación de productos no tradicionales. Hemos promovido el consumo humano directo de pescado a razón de 75 TM/mes a 563 TM/ mes e incrementado el consumo de anchoveta 35 Mil TM/año a 80 Mil 500 TM/año. Hemos beneficiado con préstamos otorgados por el Fondo de Desarrollo Pesquero a más de 3,000 pescadores artesanales. Hemos mantenido un correcto manejo económico, crecido a un ritmo sostenido, mejorado las condiciones de vida de los ciudadanos y dado preferencia a la tarea social del Estado, aumentando las exportaciones en 34,59 % en el primer trimestre del 2008 y con la tasa de inflación (5.4%) más baja de la región. Era hora que alguien hiciera algo por los que menos tienen. Alan García lo ha hecho… ¿o es que hay tantos ricos en el Perú? ¿ANTIAPRISMO CRÍTICO? Responder no constituye un sesgo de intolerancia, menos restarle la posibilidad a las denominadas fuerzas de la oposición de criticar como lo hacen de hecho. Pero una cosa es “analizar” la acción del gobierno y otra, muy distinta, aprovechar la desgracia de miles de compatriotas para traficar con un desastre que en vez de ser usado con fines propagandísticos, debería obligarnos a realizar tareas en conjunto. Para confirmar lo dicho sólo basta darle una mirada al comportamiento errático de Lourdes Flores, cuyo actuar cada vez menos coherente, la lleva a pasearse por la zonas del desastre en el sur del Perú con la cara pintada de izquierdista, en tanto Ollanta Humala trata desesperadamente, de “hacer que nos olvidemos” de sus modales de aprendiz de dictadorzuelo, pasándole la mano a la Sociedad Nacional de Industrias en su afán de convertirse en un político moderado antes del 2011. Nadie, sin evidente mala fe, puede negar que el gobierno del presidente García viene generando condiciones para que se produzcan cambios reales en la realidad social, política y económica de la población. Nunca antes se han hecho tantas cosas juntas y tan profundas que repercuten en la vida cotidiana de la gente.

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Aprismo desde La Tribuna Generar más empleo y reducir la pobreza, por ejemplo, son puntos a favor del gobierno que nadie pondera. ¿Que se producen errores? Sin ninguna duda. Quien hace cosas se equivoca, pero el tema es que esas equivocaciones se dan por exceso de voluntarismo, de ganas de hacerlo todo pronto, pero no por dolo ni por maledicencia que es, en el fondo, un atisbo de corrupción, maldición humana que hay que desentrañar y eliminar sin que la mano nos tiemble. Pero son las presuntas omisiones las que ocupan las primeras páginas y en el colmo de la ceguera antiaprista, exclamando que no se ha hecho nada. “Oposición a todo” que traba el avance sólo porque forma parte de la cultura del desaliento generalizado y del “palo encebado”, no más esa conducta antipatriótica que le da brillo a quienes se sienten reyes en medio de un antiaprismo que sigue nutriéndose de la ignorancia y la desinformación interesada. Las mentiras lanzadas a los cuatro vientos, incluyendo aquellas del “copamiento” inexistente o los “desastres” por el nombramiento en el gobierno de militantes apristas en el aparato del Estado, son la fuente de ese nuevo estilo de hacer oposición sobre el rumor, privilegiando “lo faltante” sobre la inmensidad de la obra. Pero nada de eso es casual, como no lo es hacer notar la precariedad del error personal por sobre el trabajo de quienes aportan en el anonimato. La nada de la que hablan es el escenario propicio para el ataque artero con fines subalternos y es también, no entender que por ejemplo, la reconstrucción del sur del Perú es parte de la reconstrucción superior de la Nación que lleva adelante el presidente García. Sí hay que atender las necesidades materiales de los damnificados de los desastres naturales, pero hay otros damnificados a los que hay que atender también, esos son los que tienen, como en la vieja frase de González Prada “muerta el alma y viven todavía”. Las tareas del desarrollo ordenado de la reconstrucción obligan a no sortear, por el aplauso, la agenda propia del gobierno, ya que debe mirar integralmente al país, aun cuando ya es hora que alguien responda la simpleza de la crítica que comentamos y diga con claridad que Chincha no está ubicada en Europa después de la segunda guerra mundial, ni los fondos que tuvo Hiroshima o Nagasaki para su reconstrucción son similares a los que se le han podido asignar a Pisco en el escaso presupuesto de una Nación que tiene una deuda social pendiente muy grande, muchas necesidades y muchos peruanos que, con el mismo derecho, también piden atención. LA HISTORIA LOS JUZGARÁ Tres horas de sinrazón se suman al largo y peligroso desprestigio al que es sometido el parlamento por los desatinos que algunos de sus miembros cometen. Si bien las instituciones no deben ser juzgadas por la actitud personal de algunos representantes, la irresponsabilidad fue mayoría e impuso la derogatoria de normas que favorecen al pueblo, mostrando el triste espectáculo de ver a “padres de la patria”, capitulando por primeras planas y desechando la posibilidad de ingresar a los trascendentes registros de la historia. 248


Aprismo desde La Tribuna Sumidos en un debate mediático y presionados por un violentismo chantajista, voces antiapristas se sumaron al coro del drama que en cada discurso puso en evidencia la falta de información por un lado, en tanto, por el otro, la mediocridad de quienes, sabiendo como saben que los decretos legislativos 1015 y 1073 abrían la puerta para decisiones autónomas trascendentes y democratizadoras en las comunidades, prefirieron derogarlas por el aplauso de la cazuela. Es verdad que hay quienes no miran la historia con ojos de futuro sino con la lupa del periódico del día siguiente, allá ellos. Pero en medio de tantas medias verdades, hay que decir cómo quedó puesto en evidencia que la aprobación del dictamen que derogaba los decretos, es ciertamente discriminatorio, porque culturalmente impone a las comunidades de la sierra, no sólo un trato paternalista, sino una exigencia adicional a las comunidades de la costa, el de tener el voto favorable de más de dos tercios de sus integrantes para tomar decisiones sobre sus tierras. Impidiendo que estos acuerdos se tomen en el sentido que sea y produciendo un tiempo en el que hay quienes trafican con ello. Ojalá nunca más escuchemos tan pobres justificaciones, que nadie repita que “vota en contra, sabiendo que debe votar a favor”, o la peregrina argumentación por la cual los decretos “deben ser derogados por falta de diálogo”, como si eso tuviera sentido de cara a la anterior legislación que impuso el régimen dictatorial del fujimontesinismo y frente al cual, por cierto, los que ahora exigen diálogo, guardaron cómplice silencio. No invoquemos razones jurídicas y legales para justificar algo que tiene un profundo contenido político e histórico. A partir de ahora, estamos notificados que lo mismo que ocurrió en buena parte de nuestra historia contemporánea, sigue pasando. Que “la chilla” por el voto de las mujeres, los jóvenes o los analfabetos de antes, ahora se reedita en las protestas de nuevos actores con las mismas y viejas mañas de siempre. La derecha, esa que ahora se frota las manos con Lourdes Flores; los violentistas que como los rábanos de siempre aparecen muy rojos por fuera pero son blanquísimos por dentro cuando tienen que negociar sus intereses, y los “populismos” de todo pelaje no deberían creer que han ganado toda la guerra. Las masas seguirán dándoles lecciones cada vez que pretendan llegar al gobierno y cobrándoles las facturas de sus traiciones. Finalmente, es verdad, que nadie se asombre. Humalistas, seguidores de Lourdes Flores y populistas de todo pelaje han actuado y seguirán actuando como siempre lo han hecho, al compás del antiaprismo que los hermana, del dinero que los mueve y de espaldas al pueblo. La historia los juzgará. NUESTRA ALIANZA Cuando los pueblos acumulan insatisfacciones expresadas en reclamaciones y deciden protestar, lo hacen generalmente por causas justas que tienen que ver con el destino de su colectividad o temas vinculados a su dignidad como Estado o Nación.

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Aprismo desde La Tribuna La movilización de las masas lleva intrínseca, siempre, una importante dosis de disconformidad, forma en la que la gente expresa su visión pesimista del futuro o su rechazo a la realidad inmediata. Cuando a este escenario se suma la manipulación, entonces nace la cultura de la presión, que es también una herramienta por la cual se puede “conseguir todo” por la fuerza, aunque no nos corresponda o no tengamos derecho. De allí el rol de docencia de nuestra clase política y de quienes dentro de ella, deben imponer la razón educando a las masas, para levantar con ellas la conciencia real, entender la naturaleza de la realidad que los cobija y poder apuntar todos en la misma dirección del porvenir. Esta lógica es la que necesitamos masificar en esta hora para hacer viable la refundación de la nación y para convivir civilizadamente en democracia. La confrontación es subversiva, en tanto representa una visión sesgada de quienes siendo antisistemas, no aportan absolutamente nada a la construcción del desarrollo, el bienestar y el futuro ya que, como en la vieja predica anarquista: para ellos es necesario destruirlo todo porque nada sirve. En este contexto hay que discernir entre la paja y el trigo. Hay que aprender a entender el lenguaje de los pobres. No es suficiente mirarlos por televisión y sentir pena por los problemas que los aquejan. Hay que preguntarse cuáles son los ojos con los que miramos la cruda realidad del nativo, el indígena y del hombre del campo a quienes desde la ciudad y por su lejanía -que es sinónimo de olvido-, generalmente, no entendemos. Por otro lado, hemos denunciado con énfasis que algunas de las manifestaciones públicas de pobladores y trabajadores son groseramente manipuladas, pero también hemos dicho que tras las peticiones honestas de los pueblos hay una larga lista de promesas incumplidas que son el marco de la realidad de postergación y exclusión en la que viven millones de compatriotas aún. Frenar el desborde popular haciendo que la obra social del gobierno llegue es la tarea de estos tiempos. Impulsar los procesos productivos para incrementar los ingresos y generar mayor riqueza, nos permitirá redistribuirla con mejores niveles de equidad, manteniendo las tareas de descentralización y cerrando las brechas que separaban a peruanos por su color de piel, economía, nivel cultural o estatus social. Hace bien el aprismo en interactuar dentro del tejido social con otros actores progresistas poniéndose por encima de la coyuntura. El APRA es la herramienta del gobierno popular del presidente García que orienta el esfuerzo por lograr un Estado sensible a las mayorías y es, también, la “bisagra” entre el Estado formal y el Perú migrante de las zonas rurales y urbano marginales escuchando con atención, el llamado de la sangre. No dejemos que la tecnocracia intermedia, los outsiders que trafican en política, las derechas conservadoras y los antisistema, los comunistas reciclados, los caudillos militaristas y los subversivos de todo pelo quiebren este esfuerzo por renovar la 250


Aprismo desde La Tribuna alianza que desde 1924 tienen los trabajadores Manuales e Intelectuales, con Haya de la Torre, su partido y la historia del Perú. LOS “MUCHACHOS” DEL NAZI-ONALISMO El nazi-onalismo está en crisis y se resisten a aceptarlo. Los parlamentarios seguidores humalistas muestran una imagen que no contribuye para nada a superar el desprestigio en el que se halla el Parlamento por la acción individual de algunos de sus miembros. Erráticos, no logran construir un bloque que “marque posición” y menos, liderar una oposición democrática que busque el debate alturado, y prefieren, más bien, la puya para la platea. Cuando el “capitán Carlos” se lanzó a la política, hubo quienes identificaron su discurso con la prédica más pura de los llamados “antisistema”. Ollanta Humala se supone que había despertado interés entre mucha gente que lo seguiría y que, naturalmente, no recordaba todo lo ocurrido en la localidad de “Madre Mía”. Los primeros en enrolarse en este grupo fueron los reservistas del ejército, que con mucho entusiasmo trabajaron intensamente por el rebelde decidido a cambiar al Perú. Sin embargo, el tiempo pronto mostraría las mentiras de aquel discurso impostado y el verdadero rostro de este militar que dejó su carrera seducido por el poder para seguir la misma ruta de caudillos que llenan las hojas de la historia oficial. Así, las lecciones del viejo patriarca Isaac Humala le recordaban que “habiendo nacido para gobernar” debía emprender la ruta que lo llevaría a Palacio de Gobierno y decidió cortar camino. Buscó amigos solventes que pronto encontraría en el entorno de esa misma minería que combate de día por contaminante, pero de la que recibe apoyo de noche. Los discretos reservistas eran reemplazados por empresarios quebrados, algunos rojos reciclados y viejos políticos de provincia sin mayor éxito que, sin ninguna dificultad, se sometieron al juego sinuoso de las negociaciones debajo de la mesa, alentaron el ataque artero, permitiendo que el propio hermano de su líder pague en cárcel por las responsabilidades de ambos. El viejo auto familiar cedió su paso a una moderna 4 x 4, la discreta vestimenta que parece única forma parte en realidad de una colección conveniente de camisetas rojas hechas para “la foto”, lujosos hoteles sirven ahora para “reuniones de trabajo”, los amigos de antes -mucho más formales que antaño-, apuestan por un humalismo Light que sabe de lobbys, negocios y entuertos, en tanto el nazi-onalismo antisistema y su gente de antaño, es ahora parte del sistema y pugnan, dentro de la llamada política formal, por un espacio dentro del acomodo, el contubernio, la deshonra o el escándalo en los que ya se lucen entre otros, Daniel Abugattás, Nancy Obregón, Elsa Malpartida, Yaneth Cajahuanca, el “mataperro” Miró Ruiz, Víctor Mayorga e incluso este chico Isaac Mekler, quien se entromete en litigios judiciales de terceros, violentando eso que habría que obsequiarle: una Constitución. Ningún comentario adicional.

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Aprismo desde La Tribuna ¿QUIÉN LOS CRIÓ PARA QUE ELLOS SE JUNTEN? Lourdes Celmira Flores Nano descubre de pronto que hay pobres en el Perú y es tanto su asombro que se aleja unos instantes de su cómodo sillón rectoral y decide «darse un tiempito» para atacar a los ricos que le dan chamba en la universidad. Alejandro Toledo, por su parte, en audaz conferencia que vulnera su sana costumbre de dormir toda la mañana, suspende sus cómodas vacaciones y resistiéndose a asistir a los ágapes de sus amigos en La Molina, prefiere «rutear» las estaciones de radio y televisión para, usando de sus conocidos, enfilar sus baterías contra el gobierno con el único problema de haber pensado que ya estamos en el año 2010 y la campaña electoral ha comenzado. La verdad es que en esta oportunidad la actitud de ambos personajes linda con el ridículo. Flores Nano, la de los metros cúbicos de agua en inmensas piscinas de mansiones lujosas que son una bofetada a la realidad de los cilindros de agua que compran diariamente los pobladores en los asentamientos humanos, usa un discurso que sólo su propio espejo cree, en tanto Toledo, sobriamente, subestima nuestra inteligencia al pensar que, más allá de los problemas que vivimos, «de paso» en Lima y con declaraciones engoladas, puede crearle problemas al gobierno, olvidando el «sagrado» de la «bonita familia» los escándalos derivados de sus preferencias por las escoltas presidenciales, las vacaciones costosísimas en la playa, los aviones dedicados a la farra y el licor, así como de las «etiquetas azules» para consumo popular…Olvida el señor Toledo que el Perú es una diversidad sincrética más grande que La Molina o Punta Sal y que nuestros amigos, incluyendo los ricos si hubiera, no pueden parecerse a los suyos, porque los de ellos son gente ávida de negocios, celosos guardianes de «la caja», hacedores de «jugosas» ganancias que guardan bajo siete llaves porque no pueden justificar ni su origen, ni la alardeante y ofensiva prosperidad que exhiben. Necesitarán algo más que una visita al sur y el anuncio de una «gran movilización» para lograr que la gente olvide de qué lado estuvo siempre la sinuosa lideresa del más conservador partido político que existe en el Perú. Y ni todo lo que queda de Perú Posible podrá movilizar a la ciudadanía, cuanto más si tenemos en cuenta que en términos reales, la lucha contra la dictadura de Fujimori comenzó cuando este dio el autogolpe, el mismo 5 de abril del año 92, y no como sugiere la foto de Toledo y Carlos Bruce, que llegaron para «dirigir» la denominada marcha de los Cuatro Suyos, cuando el régimen fujimontesinista ya se caía a pedazos. Si bien no es casual que estas declaraciones se produzcan justo cuando la extrema izquierda y los nazi-onalistas que siguen a Ollanta Humala promueven acciones para enturbiar el desarrollo de la cumbre de la APEC que se realizará en nuestro país, tampoco lo es que algún despistado le grite a Lourdes Flores que puede ser presidenta o que otros entusiasmen al ex mandatario, que parece haber olvidado que aún están pendientes las explicaciones por los desatinos de su hermano Luis, por los negocios no tan santos de Pedro, las denuncias de violación de «Miguelito», los negocios de “Filete”, el avión parrandero y el desvió de fondos de donaciones sobre los que Eliane Karp – incluida también en el Clan Toledo-, aún no ha respondido.

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TESTIMONIO DE PARTE Cuando un valeroso grupo de obreros y estudiantes se reunieron -burlando la persecución-, para fundar la Sección Peruana del APRA continental, nadie se imaginaba la enorme significación de lo que estaría llamado a convertirse en el acto político de mayor trascendencia para el Perú en el siglo XX. La fundación del aprismo se realizó bajo la inspiración de Haya de la Torre y constituyó un hito para el movimiento popular que integró a una vasta legión de hombres y mujeres libres a la política, haciéndolos partícipes de la construcción de su propio destino. Costosa sería la factura que tendría que pagar el Partido del Pueblo y doloroso el camino por el que tuvieron que transitar nuestros mayores al adherirse a las revolucionarias ideas de Haya de la Torre, y sin embargo, como testigos de esa indomable decisión, allí están las páginas de la historia que registran los episodios de entrega, en esa ya larga lucha por cambiar las injustas condiciones de vida de los más pobres en el Perú. Gloria al obrero tranviario y al estudiante de letras que entregaron sus vidas por la libertad de conciencia el año 1923, homenaje a la valentía de los 8 marineros insurrectos que fueron a la muerte sin temor en el 32 y los que defendieron las libertades el 48, homenaje a los 6,000 fusilados en las tierras de La Libertad, paz en la tumba de los caídos en Cajamarca, Huaraz, Huancavelica y Ayacucho; homenaje al recuerdo inmortal de Manuel Arévalo que sigue reclamando fe, unión, disciplina y acción; recuerdo de la voz de mando de Luis Negreiros, secretario general del APRA y la Confederación de Trabajadores del Perú en la clandestinidad y que cayera abatido por las balas de la tiranía, y tributo a los cientos de miles de compañeros que Víctor Raúl recordó en su discurso como presidente de la Asamblea Constituyente el año 78 como depositarios de una cara lealtad sin condicionamientos al aprismo. Al celebrar un aniversario más de la fundación del PAP es pertinente recordar y ratificar los valores de esa identidad que hizo grande al movimiento, pero también, rendirle homenaje a nuestros mayores, excusándome por la licencia personal de anotar mis más caros recuerdos. Honor a Haya de la Torre, a quien recuerdo con alegría sentado en “la jefatura” siempre dispuesto a enseñar y corregir; a Ramiro Prialé, mi maestro, quien en mis más lejanos años de infancia, siempre tuvo un tiempo para mí; a Carlos Manuel Cox, sereno y firme, quien antes de cada Comisión Política, me regalaba un texto “antiguo” para que lo estudie; a Andrés Townsend, dispuesto a “enseñarme a escribir” en su oficina del Parlamento Latinoamericano de la avenida La Colmena; a Fernando León de Vivero, que me hizo “discursear” por primera vez en un mitin político en Ica; al “Cuco” Luis Heysen, tan vinculado a las tareas de la ilustración y la fraternidad; a Orfilio Sagástegui, el de la obsesión sana por la disciplina; al “Comandante” Carnero Hocke, quien me acercó al poeta Valcárcel; y a Magda 253


Aprismo desde La Tribuna Portal antes de su muerte; a Julio Garrido Malaver, que me dispensó generosamente una amistad “poética e infinita”, que heredamos con su hijo Julito Garrido; a Floro Barreto, ese “Florencio sabio de las calles y la sonrisa”, graduado con honores en la universidad de la vida; a Martha Caballero de Barba, “mamartha”, quien me introdujo en las tareas de la educación sindical; al silencioso Eddy Chane que soldando las sillas en el patio de deportes, no se cansaba de contarnos las historias más truculentas de “El Frontón”, ese tétrico penal del que se ufanaba haberse fugado a nado; al siempre recto José García, que renegaba conmigo “por hacer política” en edad escolar; al entrañable Lucas Cabello, que me enseñó a tocar en su pianola -en la popular soledad de su rincón junto a la escalera- el vals “Todos Vuelven” con letra aprista; a mi padre y compañero Víctor Luna, siempre a mi lado; a mis tíos Absalon Otero Luna y Pablo Mimbela, periodista el primero y un experto en técnicas de propaganda y obrero textil el otro, con quienes hacíamos “un aparte partidario” en cada reunión familiar para hablar del Jefe, y de tantos otros compañeros y amigos que cincelaron en mi alma ese aprismo que vive con orgullo e intensamente toda mi familia y por cuatro generaciones. ¡TAREA CUMPLIDA! Debíamos participar activamente en los actos celebratorios del 78 aniversario del PAP, pero la publicación de la Directiva pertinente consignaba un encargo del Comité Ejecutivo Nacional que nos honra. Debíamos organizar nada menos que el Acto Central en Lima, que recordaría la fundación del PAP. Mauricio Mulder venía repitiendo en los últimos meses que los actos partidarios de gran significación serían programados en provincias y sobre todo, en las zonas altoandinas, como efectivamente pasó cuando él presidió las celebraciones en Huancayo y Huancavelica, lugares donde el secretario general del partido estuvo entre el 19 y el 20 de septiembre. Entretanto, en Lima, todo el equipo que produce este periódico, sin distingos ni excepciones, se puso a trabajar en el marco de un entusiasmo que rindió frutos cuando el Aula Magna desbordó de gente y gozó animadamente de un programa singular que evocó al maestro Haya de la Torre, mostró nuestra garantía de futuro al presentar a integrantes de la CHAP renovando el juramento de lealtad con la generación fundadora que marca su filiación en los principios de la izquierda democrática que instituyó el jefe del partido desde 1924. Nuestro aporte llegó cuando los asistentes pudieron seguir de cerca la presentación de un documental que realizó LA TRIBUNA, cuya información cierta, sobre las características y hechos que rodearon la fundación de nuestro glorioso movimiento, provocó reacciones inesperadas de críticos que confirman el valor histórico de nuestro trabajo. En LA TRIBUNA creemos haber cumplido. Y lo hicimos con alegría. Estoy orgulloso de quienes me acompañan y ojalá éste sea también el sentimiento de quienes nos conocen y siguen nuestro trabajo de cerca. Las llamadas telefónicas, los mensajes y los innumerables saludos parecieran indicarnos que estamos en el camino correcto. Debía 254


Aprismo desde La Tribuna serlo, ya que nos sentimos parte de la obra del amor por el Perú de Haya de la Torre, de la hechura del temple huanca de Prialé, de la tierna fortaleza de Villanueva, de la fina pluma de Seoane y la sutil e inteligente ironía de Luis Alberto Sánchez, todos ellos integrantes también de LA TRIBUNA en sus XI épocas de circulación. DOBLE MORAL La derecha ha mostrado siempre un curioso comportamiento frente a las denuncias que los toca. Arremeten contra los acusadores y, usando de sus vínculos con cierta prensa, los demuelen. El humanismo, por su parte, respondió los juicios a su líder con tono alto –cachaquesco, dicen algunos-, y usando de la vieja estrategia de responder con ataques, ninguneando la acusación. Sin embargo la difusión de una conversación en el que el más conspicuo congresista del humalismo opositor, Daniel Abugattás, pide “chuponear” a una serie de periodistas y empresarios, nos ha mostrado “el alma real de la oposición política” y ha puesto en tela de juicio su real adhesión a los principios fundamentales del sistema democrático. No pueden entenderse los hechos de otra manera ya que, tras la difusión de los denominados “petroaudios”, la oposición en su conjunto quiso usarlos contra el APRA sin obtener los resultados esperados, en tanto que ahora, tendrían que enfrentar su propia investigación atendiendo a que es el mismo presidente de la Comisión que investiga los actos de corrupción derivados de la concesión de unos lotes petroleros puestos en evidencia por la difusión de unos audios obtenidos ilegítimamente-, quien aparece en estas grabaciones, por lo menos, como autor intelectual del probable delito de interceptación de comunicaciones privadas. Que la derecha suele dispararse a los pies era un hecho harto conocido. Pero que el humalismo también lo haga, merece un análisis detenido, aun cuando no existe una idea clara de cómo saldrá de este complicado asunto Daniel Abugattás ni de cuánto esto le afectará a su colectivo político, el mismo que ha preferido optar por la estrategia de echarle la culpa al canal de televisión que propaló los audios, en un intento de matar al mensajero, perdiendo de vista las verdaderas responsabilidades que han quedado al descubierto en esta denuncia. Lo decíamos en una columna anterior, los delitos, delitos son y la voluntad dolosa de ciertos advenedizos a la política tiene y debe ser puesta en evidencia a efectos de saber, no sólo quiénes somos, sino con cuántos personajes honestos cuenta la democracia en el Perú. Pretender “salirse del tema” arguyendo medias verdades y aludiendo que esa “fue una conversación presentada fuera de contexto”, es tan torpe como sostener que esta también fue una “conversación coloquial” en donde se habla “de cosas tontas” o como comentar los videos de “la salita del SIN” sin mencionar la ruma de fajos de billetes expuestos a todo el mundo. Hay quienes dirán que por la naturaleza de lo escuchado todo habría quedado en tentativa, pero será el tiempo el que responda esta interrogante. Por lo pronto, es 255


Aprismo desde La Tribuna hora que los opositores, y, especialmente los Nacionalistas -incluyendo Humala- nos expliquen el por qué de esta doble moral por la cual, cuando alguien obtiene o propala un audio o un video que involucra directa o indirectamente a algún funcionario público o militante del partido de gobierno, éste adquiere “valor probatorio”, “genera legítimos indicios de la comisión de ilícitos penales” y los involucrados merecen, en el mejor de los casos, la cárcel; en tanto que, si se encuentran testimonios, audios o videos que comprometen a la oposición en actos ilícitos o políticamente inconvenientes, o específicamente a algún líder del humalismo, antes de emitir un juicio de valor, nos reclaman “ver el origen legal de la supuesta prueba”, ya que todo lo que toque a Humala o Lourdes Flores es una “cortina de humo del gobierno” o una prueba de la “persecución política” que alienta en sus mentes el aprismo. SEGUIR CRECIENDO A PESAR DEL RUIDO Los aspectos sobrevinientes al éxito de la reunión de APEC, siguen mostrando la valía del esfuerzo realizado, pero también, que culminada la euforia, el proceso de crecimiento del Perú sigue siendo sólido y permanente. El país ha usado el impresionante despliegue realizado en todas las áreas del desarrollo mismo del evento y toda la actividad colateral para movilizar una expectativa de crecimiento latente en medio de los productores que ha terminado dinamizando -de manera general-, nuestra compleja economía. Bien por el gobierno que logró cumplir con las expectativas que se fijó, pero bien también por el país que se propuso proactivo y sedujo a periodistas y empresarios internacionales -habitualmente indecisos y temerosos-, para mirar en nuestras tierras, enormes posibilidades para sus propuestas y negocios. Pero si algo ha quedado claro, es que en el Perú se apuesta por el desarrollo, que venimos creciendo sostenidamente gracias a una política económica responsable, y que no nos atribulamos ante la crisis financiera internacional a la que combatimos con un sereno manejo de nuestras cuentas fiscales y una dosis de optimismo -que no es ninguneo-, sino un esfuerzo anímico adicional para superar los efectos en nuestros países, de los males que los baches en las economías más grandes han producido, sin perder de vista que no hay éxito, ni modelo posible, que no pase por atender los problemas de las poblaciones, cuya adhesión son el sustento y la legitimidad de cualquier modelo que apueste por el futuro. Allí creo que está lo medular del momento que el Perú vive. Los políticos muestran respeto, los empresarios ven las enormes posibilidades que brinda nuestro país, pero además, todos tienen ahora claro, que las reglas a las que se somete el que quiere participar del proceso peruano, son las que se encuentran vigentes y que defienden la libertad, aun en la economía, garantizando las condiciones de trabajo digno a la que tienen derecho nuestros trabajadores. Que quede en claro que en el Perú nadie quiere quitarle la riqueza a quien la tiene, pero que estamos dispuestos a generarla para los que no la tienen, en el marco de esa 256


Aprismo desde La Tribuna seguridad que se encuentra ahora en nuestras tierras y que son el resultado de la experiencia y el convencimiento de nuestro gobernante y su partido que exhiben un escenario inmejorable para la inversión y el progreso, elementos concurrentes que requieren condiciones justas de una economía que se pone al servicio del hombre para garantizar la paz. Los efectos de este modelo, hasta ahora, aparentemente sólo locales, parecieran tener una dimensión distinta a la conocida. El Perú seguirá creciendo, ahora moderadamente para no generarnos problemas adicionales a los que tenemos que soportar por los vaivenes de la economía internacional. Sin duda, en el concierto de naciones que aprenden a mirarnos de manera distinta, en algunos casos como aliados estratégicos, en otros como amigos cercanos y también como socios, el Perú -que aún transita por los derroteros de la llamada “vía del desarrollo” -, comienza a gozar de cierto prestigio y con ventaja que significa que nuestros vecinos nos ven en estos días como el más chico, pero de los grandes. BIENVENIDO C. HU JINTAO La nueva visita de líderes del pueblo chino ha producido mucho interés entre los peruanos. Hace algunos meses, liderados entonces por el c. Li Chiang Chung, una importante delegación del PCCH llegó hasta nuestro país para sellar lo que constituyen los lazos de hermandad y fraternidad que unen a nuestros pueblos, partidos y gobiernos. Entonces, en medio de intercambios culturales y de reflexiones políticas, pudimos analizar la situación mundial y la perspectiva del progreso del pueblo y del gobierno de China. La invitación que recibimos a visitarlos reforzó esta visión común del interés que nos vincula, y allá, en medio de la vorágine del crecimiento y el desarrollo, convinimos en la necesidad de estrechar aún más los ya firmes lazos de amistad entre nuestros pueblos para el entendimiento de nuestras realidades y experiencias. Ahora, la visita del c. Hu Jintao, Presidente de la República Popular China y Secretario General del PCCH constituye un elemento que le da a la reunión de la APEC, por la especial relación peruano-china-, un valor agregado que hay que saber merituar en el contexto del difícil momento que vive la economía mundial. El Perú, que emerge de una crisis brutal que por décadas condenó a los más pobres a la marginalidad, necesita de aliados sinceros en el plano del comercio internacional y del espíritu de desarrollo progresista, para apostar en conjunto por un modelo singular que genere cambios capaces de permitir el desarrollo, pero reduciendo sustantivamente la pobreza y los injustos márgenes de la desigualdad social. En esta línea caminamos junto a China. Ellos apostando por un modelo en el que llevan empeñados casi treinta años y nosotros, siguiendo el ejemplo de esta especie de locomotora que empuja al mundo evitando que el colapso transitorio del capitalismo haga quebrar nuestras aún débiles economías. Así lo vimos y entendimos cuando hace muy poco tiempo los visitamos, entendiendo que en su desarrollo armónico -que engloba una visión de largo aliento, como todo en China-, no hay concesiones en la 257


Aprismo desde La Tribuna defensa del ecosistema y del modelo de economía de mercado que propone un Estado fuerte y árbitro del contrato social. Instrumento que obliga a la atención de los problemas de la gente con prioridad y que sentimos muy cercano porque aspira – como nosotros-, a alcanzar el progreso con justicia social. Cuando el presidente García habla del “milagro chino”, sentimos que alude el reconocimiento de una tarea en construcción. Sin embargo, desde esa misma realidad, podemos sostener que además de lazos de profunda amistad y respeto entre nuestros países, de colaboración y hermandad entre los partidos gobernantes y de absoluta identificación en la grandeza de su milenaria historia que nos propone un destino común, existe una identificación en objetivos y tareas que nuestros líderes apuestan por cumplir. Por eso nos alegra la feliz conclusión de las negociaciones para la firma de un acuerdo de libre comercio entre Perú y China, la concreción de la cooperación y asociación estratégica y que podamos confiar en superar la meta de 20,000 millones de dólares de intercambio comercial del Perú con China. Sólo nos queda, finalmente, saludar la reiteración de nuestra histórica posición en defensa de la libre determinación de los pueblos y su derecho a encontrar la ruta de su propio destino. En esta línea, hace bien el Perú en mantener firme el apoyo al derecho de China a su unificación, que es como se entiende en estos días, al respeto de todos a convivir civilizadamente en el mundo, rechazando -como bien ha sostenido el Presidente Alan García-, cualquier obstáculo que algún país, grupo humano o colectividad política formule a ese derecho milenario. AALL LLAADDRRÓÓNN,, AALL LLAADDRRÓÓNN…… El Partido del Pueblo ha mantenido una firme y coherente posición en contra de los actos de corrupción, sobre todo en lo que respecta al Estado. Uno de nuestros principales compromisos tuvo y tiene que ver con nuestro deseo de cambiar radicalmente la política y nuestra firme voluntad de aprender de los errores propios y ajenos para construir, todos juntos, un país donde impere la verdad, tengan todos la misma oportunidad y construyamos en conjunto el desarrollo y la paz para poder vivir como una nación que crece a partir del engrandecimiento de su propia gente. Sin duda que las denuncias derivadas de los llamados "petroaudios" han sido un elemento perturbador de nuestra agenda ya que, sin renunciar a nuestros objetivos y planes de trabajo, seguimos de cerca, como todo el país, los acontecimientos que involucran a militantes del aprismo –ahora expulsados-, en un hecho por cierto doloroso para el partido y dramático para el país que, sin perjuicio de lo expuesto, no puede alejar nuestra mirada del otro delito cometido, el del denominado "chuponeo" por el cual se han violentado con desparpajo, el secreto de las comunicaciones. No hay delitos buenos, ni delitos malos. Los delitos, delitos son y los delincuentes, cualquiera que sea su naturaleza o intención, son simplemente delincuentes. Por eso exigimos desde un primer instante la actuación inmediata de las autoridades 258


Aprismo desde La Tribuna jurisdiccionales y las sanciones más severas para que los que resulten responsables, sean quienes sean los que fuesen sancionados. En este contexto, el aprismo ha denunciado la soterrada intención de involucrar al partido en actos en los que se pueden identificar perfectamente a los autores. Aquí se trata de ser firmes en determinar la existencia de delitos en la concesión de un pozo petrolero, en el que dos personas expulsadas del partido dialogan en forma nauseabunda acerca de cómo podían aprovecharse pecuniariamente de ese hecho y la forma en que han querido medrar con la política de alentar inversiones en nuestro país para mejorar el empleo y la infraestructura. Sin duda es un hecho que ha tenido graves repercusiones políticas y morales, pero al mismo tiempo, es también motivo de indudable aprovechamiento político para alimentar el escándalo y seguir perjudicando al partido. A esa motivación, de atizar escándalos, lanzar calumnias, desatar toda suerte de chismes y mentiras y manipular políticamente el escándalo, los peruanos estamos acostumbrados, ya que es exactamente el mismo estilo utilizado en su momento por Montesinos para ajustar venganzas o anudar alianzas de carácter mafioso. Es lo que sin duda ocurre y ocurrirá en esta ocasión, cuando la mafia, para defenderse, lance toda suerte de calumnias contra el propio Secretario General del partido, justamente cuando todo el mundo sabe que éste fue uno de los más decididos opositores a la trayectoria de los corruptos aludidos y que jamás ha estado vinculado a ningún tipo de actividad empresarial, ni pública ni privada. Todo ladrón cree que los demás son de su misma condición. Y claro, si se ha sido deshonesto siempre, construyéndose casas en zonas exclusivas, “ganándose la lotería”, o llevando una vida opulenta y cuestionable, igualarse con los honestos, con los que tienen trayectorias limpias, que nunca han tenido cuestionamientos morales que pongan en duda su honestidad, moralidad y humildad porque han vivido siempre de su trabajo, resulta un pingüe negocio político. Las calumnias no pasarán. Los corruptos no contaminarán a los apristas honestos. No generalizarán sus culpas para así aludir sus propias responsabilidades. El APRA es y ha estado siempre fuerte, porque siempre ha sido limpia. ¡A más calumnias, más aprismo! EESSTTEE MMUUCCHHAACCHHOO…… Cuando Ollanta Humala apareció como una especie de moderno Robin Hood, hubo quienes sintieron que había llegado el momento de “abrirse a las nuevas expectativas” que detrás de él se generarían. Sin embargo, el tiempo ha ido desdibujando a este personaje casi tragicómico que se ha deslizado, desde la más altisonante protesta, hasta la poco creíble serenidad de quien dice estar meditando en estos días, si participa o no, en los actos de movilización convocados por sus pares para deslucir la APEC.

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Aprismo desde La Tribuna Lo cierto es que esta “prudencia” es el resultado del chasco que sufrió cuando en la Cumbre de los Pueblos convocada para deslucir el ALCUE, sólo unos pocos lo siguieron, por lo que aquel escenario podría repetirse y, entonces, su orfandad quedaría patéticamente puesta en evidencia. Pero repasemos con cierto detenimiento cuál ha sido la conducta de este comandante retirado de las FFAA que se muere de ganas de ser presidente. Sirvió con lealtad al Comando Militar que encabezó el general Hermoza Ríos, el mismo que hoy cumple condena en una prisión; fue responsable de la violación de los Derechos Humanos en Madre Mía, en donde con el nombre de “Capitán Carlos” dejó su recuerdo esparcido en esa localidad, alentó la cortina de humo que se llevó de encuentro la vida de policías en Andahuaylas, por la que su propio hermano ahora sufre prisión y que sólo le sirvió a Montesinos en ese monstruoso juego de poder que lideró en las postrimerías del fujimorismo que, por cierto, se iba de narices; aceptó una representación militar en el extranjero para no tener mayores problemas y a su retorno, se ubicó en el escenario político, cumpliendo las tareas de los outsiders y los antisistemas violentistas. Cuando fue candidato, propició un pacto con grupos empresariales a quienes persuadió de la necesidad de confrontar sin éxito con el gobierno aprista. Nunca se le conoció trabajo alguno, pero sí buenos y generosos amigos vinculados a la minería. No cobró sus cheques de pensión militar y se desconoce con qué fondos vivió y vive. Nadie ha recalado en la necesidad de aclarar la compra de joyas elitistas y menos, cómo mantiene un reconocido y alto nivel de vida que sólo se condice con los ingentes fondos con los que mantuvo su millonaria campaña electoral. Hoy, Humala pretende jugar al centrismo en medio de una estrategia torpe de poder en la que por un lado lanza sus alfiles para generar violencia y caos, en tanto necesita mostrarse “estadista”. Pretendió usar las denuncias de corrupción para vincular al aprismo con hechos delictivos de un grupo identificado de malos peruanos y, en el colmo de la audacia, quiso insertar en la agenda política, el adelanto de elecciones presidenciales sin ningún eco. Como van las cosas, el nivel de desesperación de Humala llega a límites preocupantes. Ahora ha perdido el apellido y, de pretender quitarle la riqueza a los que la tienen para repartirla entre los que no la tienen, abandonó a sus leales etnocaceristas, niega a su hermano, no se pronuncia sobre la torpeza de sus seguidores en el parlamento y se rodea de una pituquería limeña que mal habla de ese “estilo camisetero” que más bien lo presenta como un yuppie. Sin duda que Ollanta se quedó en el modesto papel de Robin, el acompañante de Batman, aquel que grita destempladamente cada vez que siente que hay la oportunidad de hacerse notar porque, para colmo de males, la costosa camioneta que reemplazó su discreto auto familiar de hace sólo unos años, “es muy rochosa” en estos tiempos de bonanza financiera que él preferiría, nadie note.

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Aprismo desde La Tribuna

EL SUEÑO AMERICANO El triunfo de Barack Obama tiene un significado adicional al que los entusiastas –de dentro y de afuera-, le han dado en los últimos días. No sólo parece alejar la sombra de la guerra y la ignominia del entierro del “sueño americano”, sino que, tras este demócrata de raíces africanas, origen humilde y claro discurso, se vuelven a agolpar como en los años más entusiastas de la presencia de Kennedy-, profundas motivaciones reivindicacionistas del ciudadano norteamericano promedio. Lo curioso es que estas mismas aspiraciones son las que tienen los millones de americanos de esta parte del continente que exigen, como aquellos, mejores condiciones de vida y respeto por los derechos del hombre. Pertinente coincidencia que hace que el triunfo demócrata haya generado cierto interés y adhesión en quienes creen que cambiando algunas cosas en el norte de América, necesariamente sucederá lo mismo aquí. Hay que entender que los actores principales del capitalismo sólo han respondido a la problemática de este tiempo, rescatando al sistema no sólo del desorden con el que hoy se generan hondas preocupaciones por las repercusiones de la llamada crisis financiera en todo el mundo, sino por el descrédito de un mercado que sólo tuvo, por décadas, una mirada sesgada desde la óptica neoliberal para el interés por el interés, convirtiendo al hombre en vil instrumento de la ganancia por la ganancia. A Obama lo ha hecho presidente el sueño americano, pero también, la frustración de un pueblo que siente que el Estado renuncia a servirlo, en tanto irónicamente, el neoliberalismo redujo en nuestros suelos los servicios a los que los ciudadanos tenemos derecho. Si lo que es bueno allí, también lo es aquí, queda claro que una de las cosas más resaltantes de la crisis que enfrentan los Estados Unidos y que fueron parte del reclamo de los electores que le dieron el triunfo a Obama, es que el Estado debe fortalecer sus controles, debe regular el interés, señalar el derrotero de un proyecto nacional y garantizar los servicios de atención en materia de salud y educación a la población a la que está obligado. Misma revolución. Tiempos como los de Vietnam, Guantánamo e Irak deben ayudar a repensar la pertinencia en un mundo como el que vivimos sujetos a las nuevas condiciones que impone la revolución de la tecnología y la información, sobre cuál es el rol de las potencias en el concierto mundial de las naciones o si, acaso, los gestos deben prevalecer marcando distingos frente a un bloqueo que el tiempo ha convertido en innecesario y daña más a quien lo produce. El peso del mundo latino tiene ahora un rol que jugar. Llevar a tierras americanas el valor de la cultura del trabajo, imponer la visión futurista del inmigrante y hacer lugar común “el sabor a familia” que ha convertido los gélidos principios de la política norteamericana en una propuesta revolucionaria de los hijos de los Incas que le aportan al espíritu aventurero de la conquista en las tierras del lejano Oeste –donde

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Aprismo desde La Tribuna este sentimiento se nota más-, un sabor revolucionario al triunfo demócrata que ha dado que pensar a la derecha mundial. La verdad es que tras las torpezas republicanas de los últimos tiempos, no es mucho lo que necesitará Obama para producir el cambio que ofreció. Sin embargo, el rostro que el mundo ha grabado, es el de su abuela en una distante, pobre y olvidada localidad en Kenia, escena que puede ayudar a este nuevo sobrino del Tío Sam, a no olvidar su origen y recordar su propia historia para, en vez de sobarle la cabeza a su mascota, extenderle la mano a sus hermanos para convertir el viejo sueño americano del inmigrante sumido en la oscuridad del escondite, que va huyendo de la autoridad que busca deportarlo, que es explotado porque no tiene el Green Card y que en las calles de Manhattan llora el recuerdo de la familia que la fantasía de Disneylandia no reemplaza, en el despertar de un mundo de bienestar posible allá, y acá. LA CRISIS DELCAPITALISMO DESPIERTA AL VIEJO MARX Seguro que cansado de guardar prudente silencio frente a las interminables campañas anunciando su muerte y, superado el aburrimiento en el que lo sumergió el infantilismo burocrático de sus seguidores que dilapidaron la experiencia socialista del siglo pasado, el viejo Marx sonríe. El denominado “capitalismo salvaje”, que ensanchó brutalmente las diferencias sociales y que permitió a unos cuantos acumular riqueza en exceso, se torna malévolo e hiriente contra sus viejos mentores cuando ahora, en el centro del poder imperial acusa los desatinos de un Estado que renunció a su rol de árbitro del contrato social y que, desregulado y víctima del interés mercantil de pequeños grupos, transita irresponsablemente por la sinuosa ruta del fundamentalismo neoliberal. Tras el fracaso reiterado del llamado neocapitalismo social que, en claro intento de lavarle la cara al sistema montó su discurso en el aparente éxito del “modelo norteamericano”, quedan en evidencia, las serias contradicciones que subsistían en medio de una superestructura económica y política que apuesta sólo “por administrar la crisis” y no por cambiar las cosas. Para nuestros países la cosa es más complicada. Sujetos a diversos mecanismos que nos vinculan bilateralmente, terminamos arrastrados por los problemas “del mundo desarrollado”, impidiendo siempre que podamos resolver estructuralmente el origen de todos los conflictos sociales que se producen en América del Sur y entre ellos, fundamentalmente, el de la desigualdad. Si esta crisis mundial se parece o no a la crisis del año 1929, no es un tema sustantivo. Tampoco lo es el subjetivo debate sobre si el capitalismo hace agua o no. Lo único cierto es que existen consecuencias que enfrentaremos quienes vivimos de este lado del mundo y hay que prepararnos para ello en la lectura de los clásicos de la escuela keynesiana -tan solicitados por expertos norteamericanos en estos días, los viejos tomos de “El Capital” de Carlos Marx y del “El Antiimperialismo y el APRA” de Haya de la Torre.

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Aprismo desde La Tribuna El debate se ha iniciado y lo que la caída del Muro de Berlín fue para el bloque soviético, lo que es esta crisis financiera para el sistema capitalista y su infalibilidad, aun cuando reconocemos que es prematuro pronunciarse sobre las consecuencias que vivirá el mundo por lo que hoy acontece. Lo que está claro, sin embargo, es que todo esto es el resultado del ánimo mercantilista que coloca el interés por la ganancia sobre el hombre y la naturaleza. Tareas que se desprenden de esta nueva experiencia serán las que formarán parte de nuestras opciones inmediatas. Fuerzas progresistas y de izquierda reclaman estar notificados de la sobrevaloración del concepto del libre mercado y los riesgos de un Estado minimizado e incapaz de brindar garantías a un sistema que terminó dinamitado, irónicamente, desde sus propias entrañas. Aceptémoslo, si bien el capitalismo no ha muerto, ni morirá aún, sí que sufre un severo trauma de pronósticos reservados. ESCUCHEN BIEN, GRABEN BIEN… Hay quienes prefieren lo mediático, imponen el escándalo, exacerban el morbo y privilegian torpemente todo aquello que no siendo trascendente, diluye en medio de debates estériles la necesidad de poner fin de manera dramática y definitiva, esa cultura de impunidad que hace que miremos siempre el árbol que nos ponen delante, perdiendo de vista todo lo que tiene el bosque. ¿Por qué lo hacen? Porque ese es su negocio, porque apuestan por el descrédito del sistema. Porque no les sirve la democracia ni sus instituciones. Porque medran en medio del escándalo propendiendo anárquicamente a socavar la credibilidad del régimen y todo el contexto valorativo que rodea la convivencia ciudadana. Analizando el contexto del escándalo derivado de la presentación pública de los llamados “petroaudios” es evidente la manipulación grosera de alguna prensa que en un triste afán “opositor”, “magalyza” la política y convierte a un par de infelices, en superestrellas de un triste espectáculo en el que el rating hace lo suyo prendiendo el ventilador para esparcir miserias en todas direcciones. ¿Pero qué hace que alguien alimente el escándalo sabiendo que las pruebas que aporta son producto de un delito mayor? La respuesta la tiene el efecto que logran en la opinión pública. La presencia de Rospigliosi y Ugaz en este asunto, por todo ello, no es casual. Rospigliosi fue censurado por su absoluta incapacidad en la cartera del Interior y fue la CPA la que logró esta decisión que honró al Congreso de la República, en tanto José Ugáz Sánchez Moreno, aún no termina de explicar cómo es que Proética, su ONG, suscribió contratos onerosos de veeduría con el Ministerio del Interior sin estar inscrita formalmente en los registros públicos, y cómo aparece recibiendo dinero del fujimorismo, hecho por el que enfrenta sendos procesos judiciales. Ahora ellos tendrán que decir lo que saben. Rospigliosi, frotándose las manos y con menos sonrisas, tendrá que someterse a los interrogatorios y explicar coherentemente 263


Aprismo desde La Tribuna -sin recurrir a la trillada treta de “un anónimo me los dejó en sobre cerrado”-, cómo es que obtuvo los audios, cómo es que estos aparecen editados interesadamente, si los audios que conocemos son todos los que recibió, o si conoció estos audios antes de la fecha que asegura haberlos recibido. No sólo les falló el cálculo, sino que, además, no contaron con la reacción inmediata del Presidente García quien deslindó con los corruptos y pidió al Poder Judicial que actúe con rapidez, en tanto el Partido Aprista –a quien soñaban ver implicado en el affaire-, expulsó a los bribones, condenó los hechos y exige sanción ejemplar para estos vulgares delincuentes, incluyendo, por supuesto, a los interceptadores y también a sus cómplices. EL NUEVO IMPULSO Qué difícil ha resultado para la oposición antiaprista el entender la designación del nuevo gabinete Simon y como la elección y presencia del nuevo presidente del Consejo Ministros, no sólo muestra el nuevo impulso del gobierno del APRA, sino el esclarecimiento de un innecesariamente enrarecido escenario político, cuya perspectiva aleja el violentismo y propone, ahora, un serio plan de reimpulso de las políticas sociales que en medio de la gran crisis internacional que nuestro país resiste a pie firme, propone extender los beneficios del éxito económico hacia el cambio de las condiciones de vida de los sectores menos favorecidos de la población. Este nuevo escenario modifica la correlación de fuerzas, repone los actores sociales en su rol histórico y exige objetividad en el juicio diario. No es sólo aliento, sino condiciones para un nuevo impulso, ya que el nuevo Consejo de Ministros asume el compromiso de trabajar para mantener el crecimiento sostenido de nuestra economía y la reducción de la pobreza, pero avanzando en la resolución objetiva de los problemas sociales más álgidos e inmediatos del pueblo. No es que Yehude Simon pueda tener una vara mágica que permita resolver por sí solo lo que hemos detallado, sino que al programa del aprismo ahora le sumamos su presencia, que es un justo tributo a su trabajo y eficiencia gerencial al frente del Gobierno Regional de Lambayeque, lugar donde sumó a su revalidada valoración democrática, importantes gestos de tolerancia que el país le reconoce cuando lo sindica como un dirigente mayor de la descentralización. Quienes con objetividad observamos los pasos dados por el APRA desde que llegó al gobierno, podemos sostener que todos los elementos evaluados confluyen en la formación de una gran convergencia nacional sobre la base de objetivos comunes que vinculan a trabajadores, empresarios, políticos y actores sociales dispuestos a obrar de buena fe en eso que Alan García llamó hace algún tiempo la gran CONCERTACIÓN NACIONAL. Sin duda que acompañar al Presidente García en este segundo tramo de gobierno no ha sido una decisión fácil para los nuevos integrantes del gabinete, pero tiene que haber pesado el objetivo de gobierno del Presidente García, el prestigio de nuestra

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Aprismo desde La Tribuna organización, la solidez de nuestro movimiento, nuestra disciplina y, cómo no, el valor de nuestra historia y los sólidos compromisos morales que nos acompañan. Una clara visión del modelo permitirá pues que, con el concurso y respaldo del partido, se sigan dando las bases de la construcción de un nuevo orden social y una mayor y justa redistribución de la riqueza que constituye una tarea urgente en el propósito de cortar las brechas que distancian a los peruanos y que Simon ha graficado certeramente cuando ha dicho que su presencia en el gabinete aprista pone en evidencia el más importante encuentro histórico que se produce entre Haya de la Torre y José Carlos Mariátegui. Será necesario algo más que un refrito de páginas policiales y la mala leche de algún mal periodista para hacer retroceder a Simon o enfrentar al APRA con el Presidente del Consejo de Ministros de su propio gobierno. Lo conocimos siendo un leal adversario del aprismo y ahora nos toca compartir con él y por el país, el enorme esfuerzo de frenar la corrupción y acabar con la pobreza. La tarea está propuesta y nos encuentra firmes en la izquierda democrática.

¡APRISTA TEN ORGULLO DE TU GRAN PARTIDO! Cuando el aprismo llegó a la política en los albores del siglo XX, la ruta que elegimos no fue la de las concesiones más fáciles o el del arribismo. Dicen algunos, que aquel camino incluso habría hecho con facilidad presidente a Haya de la Torre y de seguro que “la facilidad” de la que hablan, es la misma que Víctor Raúl rechazó, pero que hizo a varios que la usaron, arriar banderas, traicionar lealtades y robarle a la patria. Felizmente, la grandeza de Haya de la Torre pudo más que la sensualidad del poder y la lealtad de sus hombres más cercanos, Arévalo, Sánchez, Prialé, Cox, Heysen, Muñíz, entre tantos otros, sigue siendo hoy, un ejemplo presente de entereza y pulcritud que ya quisieran poder exhibir otras organizaciones políticas. El enorme valor del aprismo no está basado en el episodio insano de algunos infelices, sino en el comportamiento de nuestros militantes que sobre rigurosas reglas de conducta, cimientan nuestras fortalezas y nos permiten resistir situaciones complejas y tentaciones que en la política “moderna”, adquieren visos de males crónicos, sobre todo, cuando el liderazgo se confunde con la compra de representaciones que convierten la política en algo muy parecido a un mercado persa, en donde todo se compra y casi todo tiene un precio para su venta. La docencia política, que es el gran aporte del aprismo, es también el ejemplo heredado de nuestra generación fundadora. De padres a hijos, los miles de hombres y mujeres libres adscritos al aprismo, comparten desde siempre, la sujeción a las leyes de la patria con el cumplimiento de un severo código de ética que nadie discute y que todos acatan con disciplina, esa disciplina que es, también, un orgullo institucional que todos reconocen. Por eso es que las divisiones, la corrupción y la felonía nunca resquebrajaron nuestra unidad, ni nuestra enorme moral, porque ella es el portaestandarte que aleja a los 265


Aprismo desde La Tribuna bribones y nos permite reconocernos como parte de una legión de hombres dispuestos a servir a la nación y que busca el poder para la realización de una obra colectiva y superior. Lo que fija la conducta personal del aprista es lo mismo que separa a los hombres de nuestra organización de los vicios de la politiquería y la impunidad. Nuestra condena a todo lo que lesione los intereses del pueblo, no responde entonces, a criterios políticos, sino a una obligación moral que constituye nuestra única garantía de supervivencia y nuestra mejor carta de presentación. En más de 84 años de historia ha sido relativamente fácil reconocer a un aprista. Sus características personales son singulares en las fábricas, en el medio social donde se desenvuelve, en el deporte, en la cultura o el arte y por eso mismo, es que los últimos acontecimientos que involucran a ciudadanos afiliados al PAP ha merecido nuestro inmediato rechazo y condena. No sólo por la gravedad de las imputaciones que tienen que ver con los dineros del pueblo, sino por el terrible daño que se le pudo infligir al partido. Ninguna sombra cae pues sobre el aprismo, y el accionar individual de vulgares delincuentes nos encontrará juntos y dispuestos a ponernos delante en la lucha contra la corrupción, exigiendo que la justicia sancione de una vez, y ejemplarmente, a estos miserables. VAMOS…AHORA ADOPTE UN PERIODISTA Los ánimos están desatados y las trenzas se sueltan. Por lo menos una abogado y un escribidor que fungen de periodistas, insisten en una malévola campaña de generalizaciones -dizque para que se respeten los derechos ciudadanos-, aun cuando, en realidad, está claro que es para que los congresistas “se sometan” a la vigilancia de la aún no muy bien explicada “sociedad civil”, es decir, ellos mismos, que son el referente y la voz Non Plus Ultra de la ética ciudadana. En la campaña “Adopta un Congresista”, los animadores sostienen que existen actitudes que dejan mucho que desear por parte de algunos políticos, que las capacidades de algunos padres de la patria parecieran no ser las mejores y que existe una corrupción encubierta en determinados personajes públicos que medran con el poder en su propio y exclusivo beneficio. Sin perjuicio de que parte de lo descrito refleje la realidad, hay un prejuicio fujimorista contra el Parlamento y todo lo que signifique democracia que impide que veamos que el problema va más allá y que hay que puntualizar para que no nos perdamos en campañitas distractoras que son parte de la misma conducta anárquica de quienes usan el mote de “independientes” para cubrirse el rostro antisistema. La abogada del programa nocturno y el escribidor con nombre de apóstol, vienen de seculares canteras conservadoras y hacen bien en proponer que los ciudadanos adopten un congresista por las razones expuestas, pero esa campaña debería comprender a una mayor cantidad de líderes que hacen política desde diversos escenarios y que deben también ser fiscalizados por el ojo ciudadano. 266


Aprismo desde La Tribuna Hablemos claro. También hay problemas entre quienes se refugian en cierta prensa buscando servir intereses de grupos o al antiaprismo. Allí, los lectores de teleprompters y seguidores de mandados por auriculares someten sus intervenciones a la dictadura del propietario del canal, se regodean en medio de la corrupción con sabor a mermelada que también toma por asalto algunos canales de televisión, estaciones de radio, programas de cable y la mente y los corazones de malos colegas que, cual plumas de alquiler, se sometieron ayer a los sinuosos requerimientos del SIN y el dinero del poder, cuya fortaleza siempre usó la debilidad de quienes levantan los brazos gritando al ladrón al ladrón, para desviar la atención de sí mismos hacia los demás. Entonces ¿quién moraliza a los moralizadores? Sigue siendo esa una pregunta sin respuesta que bien valdría la pena debatir en estos días. Allí están, por si alguien los quiere ver, quien sirvió políticamente el cónyuge del escribidor y en la Prensa Libre, los recibos de pagos de una conductora que sirvió al montesinismo y que ahora exige a gritos “transparencia”. Sólo un detalle final… un economista fungiendo de director de un diario y comentarista radial ha sostenido que en medio de “la cuchipanda”, los políticos esconden sus tropelías. Sin duda que él sabe de qué habla, pero también sabe que algunos malos periodistas sirvieron a las dictadura desde las CEPRIS y las COPRIS en las que él trabajó y desde las que se dilapidó el patrimonio del Estado. Bastaría recordar, para entender nuestra propuesta, los videos de la salita del SIN y las torres de imponentes fajos de billetes que terminaron en varios medios de comunicación y que me animan a buscar mi computador para engancharme en un blog que me permita rápidamente “adoptar un mal periodista”. ALGO MÁS QUE UNA JORNADA DE AMOR POR EL PERÚ El presidente García ha tenido la virtud reconocida de estar siempre cerca de la gente y expresar con inteligencia sus inquietudes. Por lo general -aun cuando esto debería ser en otros políticos más común de lo que realmente es-, ha sabido entender al hombre de la calle, no sólo porque ha sido y es uno de ellos, sino porque sus actos son consecuencia de una observación permanente de los problemas del peruano de a pie, de ese ciudadano que busca en su propio país y junto a los suyos, la posibilidad de surgir y progresar. Por eso no nos sorprendió su deseo de promover y organizar “contra el tiempo”, una jornada de solidaridad con el Hogar Clínica San Juan de Dios. Tampoco era raro ver, a sólo unas horas de aquel anuncio, a mucha gente convocada, ponerse “a la orden” de esta nueva causa en la que el presidente nos aseguraba, “el país nos seguiría”, pese a la cercanía de las fiestas de fin de año y lo que esto significa en los bolsillos de los peruanos. Esta iniciativa presidencial mostró el rostro humano de una gestión gubernamental que hace cosas por la patria, pero que se detiene para mirar por los que más necesitan, y allí está la importancia de lo hecho, allí el sentido de lo conquistado en la más hermosa jornada de solidaridad, allí la mejor prueba de que con entusiasmo y entrega, simplemente, todo es posible; como lo fue, reunir un cifra

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Aprismo desde La Tribuna extraordinaria que le permitirá atender al Hogar Clínica San Juan de Dios, por lo menos, los próximos 3 años. Y es que tocar las fibras más sensibles de nuestra gente tiene efectos impredecibles, como es, la unidad de todos los peruanos sin distingos de clases, razas, partidos u organizaciones, o la respuesta honesta a esta convocatoria que cierra un buen año para el país y en el que cada uno de los peruanos recibió un aliciente que se suma al clima de confianza existente, a esa sensación “de realización” que nos lleva a sostener que hemos crecido y que somos capaces de caminar al encuentro del desarrollo y la paz, pero con fraternidad, término caro para un país desangrado por la violencia y que ha tenido que cruzar la ruta de su propia historia, pero con traiciones y miserias. La mejor lección que nos ha dejado el éxito de la TELETON, es la de la gente más humilde, el ejemplo de compartir de quienes no sobrándoles nada, compartieron y enseñaron a compartir lo poco que tenían. Dar lo que debemos dar y dar hasta que nos duela, es acaso, no sólo un llamado traído de la Madre Teresa de Calcuta que nos pide entregar con honestidad no lo que nos sobra, sino compartir, incluso lo que nosotros mismos necesitamos. El llamado para construir una verdadera y única nación está ahora dado sobre la base de valores que deben permitirnos forjar los hombres del mañana, pero sobre los hombros y las conciencias de los jóvenes y los niños que hoy aprendieron a extender su brazo solidario. Mantengamos este ejemplo y esta sólida cadena fraternal y hagámosla parte de nuestro compromiso diario en el trabajo por construir un país distinto, solidario, cuya historia repose en un pasado de hermandad. Veremos entonces que todos los esfuerzos por lograr el bienestar son posibles y más sencillos de lo que suponían algunos hombres sin esperanza.

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Aprismo desde La Tribuna

2009

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Aprismo desde La Tribuna UUNN NNUUEEVVOO AAÑÑOO En el plano económico todo parece indicar que el año que se inicia, lleno de incertidumbres y en el contexto de una de las más serias crisis internacionales que sufre la economía global, no tendrá en el Perú, todos los sobresaltos que algunos auguraban ya que se impondrá el manejo serio de previsiones que tomaron nuestros gobernantes. Y es que luego del crecimiento sorprendente que ha registrado nuestra economía (en el 2008 termina en promedio casi del 10%), hay que mantener los esfuerzos por seguir creciendo, si bien a un ritmo mucho más modesto, pero creciendo al fin, paliando de esta manera los efectos de la crisis y manteniendo el liderazgo en la región, controlando la inflación y mostrando esa capacidad de resistencia que hace injustificable el pesimismo de quienes, desconociendo nuestras potencialidades, prefieren seguir esgrimiendo la peregrina tesis de que «la ola nos llevará de encuentro de todas maneras», cuando el mundo sigue mirando con asombro cómo hemos podido «capear» el temporal de la crisis que se llevó de encuentro el prestigio del sistema capitalista. Desde el punto de vista político y social, los retos del aprismo son mayores. La oposición política seguirá siendo un elemento de perturbación, pero incapaz de presentar proyectos alternativos en medio de un discurso que ni fija rumbos, ni propone «algún camino distinto» al que conocemos. Los apetitos personales o grupales y la incapacidad manifiesta de entender a la población, someten a las derechas más conservadoras y al nacionalismo electorero, a ser parte del llamado «coro anónimo del drama», aquel que patalea, pero que es incapaz de aportar tareas en beneficio de la población que, por cierto, ya tomó nota de ello. El sesgo impreso por la presencia de Yehude Simon al gobierno del APRA abre nuevos escenarios y la presencia de cuadros importantes del aprismo en las tareas ministeriales afirma nuestro compromiso con el pueblo. Ahora al discurso del gobernante lo acompaña la firme voluntad de su partido por acelerar la construcción de un país diferente. Nuestra tarea histórica podrá comenzar entonces a resolver los problemas de la gente y en esa ruta, va bien el presidente Alan García. Un tema central en la agenda propuesta es el de la lucha contra la corrupción. Que al respecto se sepa que se seguirá encontrando sin reservas al partido de Haya de la Torre. Hace bien nuestro secretario general Mauricio Mulder al anunciar que no es suficiente el deslinde, que ha llegado el momento de que los partidos políticos inicien un serio y meticuloso proceso de revisión de sus padrones a efecto de execrar a todos aquellos que hacen política y se afilian a los partidos para hacer negocios, llegar al gobierno y medrar con los dineros del pueblo. Contra ellos, dice bien Mulder, el peso de la ley, sin contemplaciones, ni concesiones, el año que viene y todos los que sigan.

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Aprismo desde La Tribuna EENN DDEEFFEENNSSAA DDEELL AAPPRRIISSMMOO En los últimos tiempos se ha comenzado a debatir en foros extraños al aprismo en torno a su futuro. Sin comprender ni conocer realmente el partido, el debate se ha tornado hilarante, y ha llegado incluso a exigencias internas sembradas desde la prensa adversa, sugiriendo determinadas acciones que requieren algunas precisiones. Cuando en 1926 apareciera el artículo de Haya de la Torre ¿Qué es el APRA?, en la revista Socialista The Labour Monthly (a Magazine of International Labour What is the A.P.R.A.? Haya de la Torre, Vol. 8, December, 1926 N° 12, pág. 756) , nadie imaginó la dimensión de la verdad que allí se anunciaba y que ésta marcaría el compás de la historia, por todo el siglo XX. No vamos a debatir sobre nuestro accionar en estos más de 80 años de historia, pero sí, sobre cómo entendimos los cambios que se producían en el mundo en las postrimerías del siglo pasado, momento en el que el aprismo aceleró el proceso de análisis partidario, poniendo en marcha mecanismos que han fortalecido su estructura, han confirmado su perspectiva ideológica en la izquierda democrática y hoy afirma su línea política revolucionaria. Desde LA TRIBUNA, este proceso ha sido mucho más visible por lo menos en los últimos cuatro años, ya que ha quedado registrado nuestro concepto de nación, el cómo entendemos a nuestro pueblo y cuál es la prioridad social de un partido con una visión heterodoxa del capitalismo. Hemos sumado además a estos conceptos, valores irrenunciables que tienen que ver con el hombre, su libertad, la construcción del desarrollo y la necesidad de vivir en paz e integrados en una comunidad indoamericana de naciones que apueste por una nueva democracia que es a la que debemos propender. Democracia funcional que debe someter a los intereses del hombre, los de la economía y defender un Estado moderno, no burocrático, capaz de arbitrar en las complejas relaciones del capital y el trabajo, en eso que llaman una economía social de mercado. Nos proponemos revolucionarios porque creemos en la temporalidad actual del término. Porque consideramos que siguen siendo necesarios los cambios a los que se refería Haya de la Torre cuando exigía cerrar las enormes brechas sociales que van generando climas de desentendimiento, violencia y desborde popular y porque nuestro aprismo considera urgente que el Estado cree riqueza para el que no la tiene, teniendo en consideración que, entretanto esto suceda, desde la oposición o desde el gobierno, debemos garantizar políticas públicas que atiendan eficientemente los problemas de trabajo, salud, educación y vivienda que afrontan nuestros compatriotas. Haya de la Torre se adelantó a su tiempo y honrar su memoria hoy, pasa por la revaloración del concepto de la naturaleza, es decir, la lucha contra los efectos del cambio climático y la defensa del medio ambiente, en tanto que profundizar las tareas de descentralización, permitirán -tal como fuera enunciado en 1931 por Víctor

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Aprismo desde La Tribuna Raúl-, primero cambiar el rostro de miseria de las provincias y luego, dar los primeros pasos para una real transformación del país en su conjunto. El aprismo declara no conceder en la lucha contra el imperialismo en cualesquiera de sus manifestaciones económicas o cultural-dependiente y menos, a quienes se comieron el cuento que, por reconocer las bondades del capital como mecanismo de desarrollo, proponen someternos al liberalismo económico e individualista que propone dejar que el mercado (incluso después de los fracasos de la experiencia en Norteamérica en estos días) decida la suerte de sus actores y de nuestra patria. Hay que recordar que haber incorporado a las masas pobres, a los analfabetos y a los excluidos en la vida activa de la nación; haber convocado a las mujeres y jóvenes a través de fórmulas de participación popular; y haber organizado a los pobres nos obliga a ser consecuentes con nuestra propia historia y declarar que, si bien en términos generales, todos podemos convenir en la necesidad de desterrar la pobreza, eso no es suficiente, si no entendemos que las ideas de Haya de la Torre aportan a la teoría social, económica y política, aspectos sobresalientes del quehacer histórico que sólo un partido popular, de izquierda y revolucionario en el poder puede garantizar. Por eso es que no es suficiente analizar correctamente la realidad, hay que acometerla con eficiencia y para eso, como en el viejo debate del socialismo del siglo XX, hay que denunciar a quienes se esconden detrás del “pragmatismo” para apostar por la coyuntura, dejando de lado “la verdad” de la doctrina, sus ideas inspiradoras, a dirigentes ilustrados que son reemplazadas por camarillas políticas fáciles al amiguismo, al transfuguismo, al acomodo electorero, el clientelismo o al simple ejercicio populista del poder. Queda claro que desde la ratificación de nuestra línea conceptual, podemos afirmar nuestra condición de partido revolucionario porque reclamamos que construir la nacionalidad, es tarea de un gran Frente Nacional de Trabajadores Manuales e Intelectuales compuesto, sobre todo, por quienes entiendan que la obra fundamental del aprismo apuesta primero por los más pobres, que la dinámica del desarrollo incorpora los valores de la ciencia y la tecnología hacia el bien común, que existe una perspectiva desde la cual ninguna opción pasa por renegar de las libertades o aceptar la dictadura. Hay que garantizar el derecho de la gente al trabajo, a una remuneración digna y a iguales oportunidades, expresión tan cercana a las ideas de Haya de la Torre en las que el ser humano debe seguir siendo, como lo afirmó siempre, el fin supremo de la sociedad y el Estado porque todo lo demás es sólo ilusión… TLC Y DEUDA INTERNA Largo y tenso ha sido el camino por el que ha tenido que transitar el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos. A nuestra siempre suspicaz percepción latina de los intereses norteamericanos, se sumó una campaña finamente orquestada tendiente a convencer a los ciudadanos de las inconveniencias de la suscripción de un

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Aprismo desde La Tribuna acuerdo de ese tipo, dizque porque sólo favorecía al imperio y dejaba de lado los intereses de los sectores productivos emergentes en nuestros países. Lo cierto es que, efectivamente, el que declarados neoliberales hayan negociado el TLC en el pasado ha significado de hecho -en términos generales- que en algunos escenarios, felizmente no los más importantes, algunas ventajas no se hayan conseguido en la proporción que hubiéramos podido, sin embargo, que el tramo final de esta suscripción estuviera en manos de un gobierno popular hace que el balance de las negociaciones termine siendo favorable para nuestro pueblo. Sin embargo, el tema es más profundo. Una inmensa deuda social que acumula años de postergación y abandono hace que nuestros pueblos sigan poniendo el hombro para que nuestros países puedan avanzar en la ruta del desarrollo, pero obliga al gobernante a pagarla, ya que si bien el pago de nuestra deuda externa nos ha permitido asegurar “grados de inversión” y una estupenda imagen internacional de “buen pagador”, no es suficiente razón para seguir postergando las tareas de crecimiento, desarrollo e implementación de las políticas públicas que tiendan a asegurar una vida digna para los más pobres, sobre todo. Ofrecer mano de obra, manufactura, materiales e ingenio, son parte de los aportes de una cultura económica emergente que produce industriales y comerciantes exitosos en nuestros países, pero eso requiere también de un mercado inmenso y lleno de posibilidades para el crecimiento como el que nos ofrece Norteamérica en el marco de un acuerdo beneficioso para ambas partes que, por sus condiciones o controles, mejorará sustantivamente nuestras relaciones comerciales desde la perspectiva de los estándares en los que el mundo maneja su comercio en estos días. Todo esto debe ayudar a nuestro país en su apuesta por el desarrollo, pero, hay que atender las particularidades de esta negociación que en un primer momento fue alentado por dos gobiernos conservadores y que en esta nueva era, presenta a un gobierno de marcada raigambre popular como el APRA y al Partido Demócrata que en Estados Unidos reclama por la sensibilización del sistema, lo que permitirá que, en la práctica, terminen mejorando el TLC por su modo de enfrentar el futuro. Sin duda que desde la nueva perspectiva ya se vislumbra que “el viejo patio trasero” -como alguna vez denominaron a la ubicación geográfica de nuestros pueblos-, adquiera notoria importancia, al punto tal que termine siendo el importante “jardín de acceso” hacia el norte. Por todo ello florecerán nuestras relaciones y acuerdos y hablaremos de igual a igual con quienes ofertan su capital, recomendándoles mirar la realidad con objetividad si es que no quieren terminar, como les ha sucedido en otros lares, sumergido en una espiral que hace que todos piensen que sí es posible ahora ningunear al imperio. GOZAMOS DE BUENA SALUD César Hildebrandt ha vuelto a las andadas. Le disgusta ser ninguneado y menos que no lo vea nadie en la tele. Cada vez que el escaso dígito de sintonía que ostenta le es más esquivo, insulta, denosta, busca pelearse con el dueño del canal de turno o simplemente, “calienta” su antena a cualquier costo. Experto en patear las canillas o llevarse la pelota cuando el juego no 273


Aprismo desde La Tribuna le gusta, reedita pataletas buscando hacer catarsis froidianas, endilgándole a los demás, sus propios e insuperados dramas personales. Ahora ha publicado un artículo sobre la muerte del APRA. ¿Cuántas veces nos mataron? ¿Cuántas otras anunciaron nuestra desaparición? Muchas, y claro, siempre el muerto que vois matasteis, terminó gozando de buena salud. Ahora quiere volver a nosotros y lo hace con mala leche. Acompañado del único amigo que le queda –el perro del hortelano, que no es real porque podría terminar mordiéndolo-, arremete la memoria colectiva y se lleva de encuentro a su propia sangre, esa que envuelta en bandera aprista, volvería de la tumba para reclamarle por las falacias con las que encubre sus propios desalientos y frustraciones. Desde nuestra aparición en el escenario político contemporáneo, hace ya más de 80 años, nuestros adversarios –todos sin excepción-, nos han pretendido inertes y sobre los agravios de todos calibres han construido esa curiosa catedral del antiaprismo que cada cierto tiempo encumbra un cardenalillo para –sobre el púlpito-, lanzar su mordaz veneno en vano intento de sembrar sombras y poner en cuestión nuestra actuación pública. ¿Qué sabe Hildebrandt de nuestros problemas? Nada. ¿Por qué opina sobre lo que no conoce? ¿Qué interés lo mueve a cernir sobre el aprismo dudas, auspiciando a díscolos o traidores? Un viejo dicho ayuda a entenderlo. Es que dios los cría, y ellos se juntan. Pero no es nuevo lo que dice Hildebrandt, se inserta en la misma lógica de quienes en los años 20 acusaron nuestra “entrega” al oro Inglés porque Haya de la Torre trabajó como maestro en el Colegio Anglo-Peruano, de quienes nos acusaron de comunistas en los años 30 porque nuestra bandera era roja, de quienes vieron corporativismo fascista en nuestra disciplina y nuestra invencible organización. También de quienes, por defender las libertades y al mundo libre en los 50 nos acusaron de derechistas, de quienes diez años después nos acusaron de obstruccionistas y que en los setentas nos señalaban como agentes de la CIA por oponernos a la dictadura militar Velasquista, de quienes el año 80 nos acusaron de quinta-columnistas chilenos por lanzar la candidatura de Armando Villanueva a la presidencia siendo que su esposa -más peruana que los que ahora ostentan doble nacionalidad-, había nacido en Chile, o de quienes, en tiempos más cercanos, se sumaron a la infame acusación y la innoble persecución contra Alan García en los difíciles años de la inmoral dictadura fujimontesinista de los noventas. Si bien no somos una legión de monjes sumidos en la oración para cambiar el mundo, hemos dado pruebas suficientes de nuestro respeto y amor por el Perú. Nuestra persistencia prueba nuestra fortaleza de cara a la historia de los más pobres y si representar a los que menos tienen y los vastos sectores de excluidos nos hace diferentes, que esa diferencia con nuestros adversarios sea un tributo a los miles de hombres y mujeres que dieron la vida por el aprismo. Hildebrandt usa una lógica ramplona pero lo hace porque el antiaprismo es un negocio. Un vulgar negocio. Sostener que Haya de la Torre vivió y murió honrado porque no tuvo oportunidad de robar, es infeliz argumento que nos da una idea de la inexistente objetividad de quien vive sus propios dramas tratando de endilgárselos a los demás. Triste el razonamiento que tiene la altura de su talla y de quien, en el crepúsculo de su propio existir y pensar, ya no le es posible encontrar la felicidad, no 274


Aprismo desde La Tribuna sólo porque ha dinamitado su alma en mil pedazos, sino porque el éxito de los demás lo sigue sublevando y porque ha convertido en estos días su inteligencia en una vulgar representación de pluma de alquiler. Cualquier atisbo de seriedad en él, es sólo ilusión. Dejémoslo con su can inerte escuchando y creyéndose sus propias historias. Después de leer el último artículo de Hildebrandt, comienzo a creer que como sostenía una exuberante vedette: Business son Business. EELL TTRREENN EELLÉÉCCTTRRIICCOO Que el proceso para concesionar las obras del Tren Eléctrico haya sido declarado desierto ya no llama la atención. Siempre hubo quienes creerían que resolver el problema del transporte para los pobres no era un tema de urgencia. Efectivamente, para quienes prenden sus autos o toman taxi, trasladándose por las vías de evitamiento, sin “meterse” en los complejos aglomeramientos vehiculares, este tema les es distante, es parte de un sueño del imaginario popular que “algún día se atenderá”. Los largos años que un proyecto tan socialmente ambicioso como el del Tren Eléctrico ha tenido que esperar, son la mejor prueba de cómo, por mezquindad o desinterés, se ha preferido robarle a los pobres los millones de horas que pierden surcando la ciudad diariamente, reeditando, literalmente, viajes interprovinciales entre los distritos de Villa El Salvador y Comas, por ejemplo. Pero que uno de los más caros anhelos de los pobres, como es el de poder trasladarse de forma segura, rápida y ecológicamente rentable, no calce con las ideas de las “inteligencias”, es algo que no debería llamarnos la atención después de haber tenido que soportar, por varios meses, una ciudad cuyos baches y obras inconclusas podrían ser parte de un escenario cualquiera, propio del medio oriente bombardeado. Las grandes urbes han desarrollado proyectos de gran envergadura y en Santiago, Buenos Aires y muchas otras ciudades, “el pueblo”, todo el pueblo, e incluso los que no son del pueblo pobre, se trasladan de un polo a otro de la ciudad sin contaminar, sin atorar y sin perturbar la dinámica de la ciudades cuya vida se desarrolla con “subtes” o “trenes de altura”, devolviéndole a los ciudadanos sin exclusiones, la dignidad de la convivencia que incluye, además, un no tan complejo sistema de intercalación de trenes clásicos y urbanos que pasan por debajo o por la periferia citadina, dinamizando y haciendo rentable, efectivamente, toda la actividad social, laboral y productiva, que son, a su vez, la evidencia del avance y el desarrollo de un pueblo. Cuando el presidente García lanzó la propuesta del Tren Eléctrico en los años ochenta, iniciando las obras, la suma de intereses mercantiles y políticos hicieron una apuesta por frenar aquel proyecto. Hubo incluso quienes entonces compitieron con la velocidad del mandatario por hacer “la otra obra”, la de dinamitar la idea, impedir su progreso y llenarla de infamia para mantener una ciudad de gasolineras y petróleo contaminante.

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Aprismo desde La Tribuna Sea como fuera, seguir ensayando fórmulas diferentes no le resuelve el problema a quienes “siguen viajando” horas de horas en medio de travesías llenas de desaliento que se convierten diariamente en un suplicio. Millones de dólares invertidos en proyectos alternativos y novísimos “buses del futuro” sólo nos muestran el precio de la improvisación. Ahora al tren de los pobres le han recortado el tramo de recorrido, le “han mejorado” la vista de cara a “la interconexión con buses” y su recorrido, ya nadie puede precisar exactamente cuál será. Por otro lado, han destruido kilómetros de pistas para “adaptarlas” a un desconocido y nuevo proyecto municipal que se viene con “buses grandes” y el tren, nuestro tren, el tren de los pobres sigue firme y sereno mirando cómo la ciudad se engaña y cómo nos engañan a todos, vendiéndonos desde el llamado proyecto municipal “El Metropolitano”, la ilusión de quienes ofrecen resolver el problema del transporte, resolviendo, de paso, los problemas de sus propios bolsillos. Nos toca ahora reclamar porque la obra se concluya con el riesgo nuevamente de que, “tocando el tema”, revivan los fantasmas y los enemigos y conviertan esta obra en presa del antiaprismo, pugnando por detenerla o liquidarla. Un humilde trabajador enterneció a la nación cuando en el arenal, mirando las obras iniciales del Tren Eléctrico, agradecía la posibilidad de mejorar las condiciones en las que “viajaba” diariamente a Lima. Sería bueno que quienes se oponen aún a la culminación de esta obra le puedan contestar a aquel humilde ciudadano cuál es la razón por la que después de tantos años, no puede ver a sus hijos porque sigue saliendo de casa antes de las 5 de la mañana, sigue viajando más de tres horas diarias, permanece cual sardina enlatada dentro de pequeños micro-vehículos de transporte, escuchando música estridente que lo ensordece, con un chofer de malos modales y vestido a la usanza pandillera, sudando, malhumorado y empujado por un cobrador que le recuerda cada cinco minutos que al fondo, sigue habiendo sitio. 1975: CÓMO CONQUISTAMOS LA DEMOCRACIA Puestas las cosas en su exacto lugar, 34 años después vemos mucho más objetivamente los hechos de aquel 5 de febrero que marcó un antes y un después de un gobierno militar de corte seudoizquierdista que entonces lideraba un general de origen popular, querido entre sus soldados, con una familia de raigambre aprista y norteño de nombre Juan Velasco Alvarado. La sucesión de hechos internos y factores externos confluyeron el año 1974 en la desestabilización del régimen primafásico de claro sesgo militar-comunista, el mismo que colocó al país en un escenario impensado, en medio de la lucha sin cuartel por el poder regional entre la ex URSS que venía de una derrota en Chile con la caída de Allende y el triunfo de Pinochet que garantizaba a los norteamericanos su necesaria “cabecera de playa” en Sudamérica. Por eso es que fue un error dejarnos ganar por los juegos de guerra de las potencias, ya que “recuperar nuestro honor” -pensando en la guerra con Chile- no es un código que exista en la lógica imperial, por lo que todo, absolutamente todo, pasa primero 276


Aprismo desde La Tribuna por el interés del más fuerte, que convierte toda la alharaca reivindicativa de la guerra en una pose interesada y chauvinista. En 1974, un General del Ejército -por no poder estacionarse en una denominada “zona rígida” junto a palacio de gobierno- abofeteó a un Guardia Civil de servicio, cometiendo abuso de autoridad, hecho que nadie podía presagiar que tendría tan graves consecuencias. Si los juegos de guerra son planos sin desenlace lógico, que guardan una serie de detalles que puestos a contraluz ponen en evidencia los factores e intereses que hicieron súper exaltar el “abuso contra el humilde policía”, el descontento popular, el reclamo de libertades políticas y sociales y, naturalmente, la clara exigencia por el retorno de la democracia inmediata lo que tenemos es que, lo que producía risas en el Pentagonito, se convirtió en un problema inmanejable que pondría en riesgo la estabilidad del régimen. Debelar la protesta fue un error, subestimar los informes de inteligencia, otro. Que las unidades del Ejército salieran del “Fuerte Rímac” e ingresaran “a sangre y fuego” a Radio Patrulla, el más grave. Ya desde la tarde de aquel día, los Guardias Civiles habían abandonado sus servicios y en la mañana del día 5, la capital amanecía sin policías, estos habían cumplido su amenaza y pararon abandonando sus puestos. El pueblo se movilizó entendiendo la necesidad de reclamar sus derechos, apoyándolos y dando los estudiantes testimonio de su total adhesión, sin presagiar que pronto, por intereses oscuros, todo desembocaría en una violencia que crecería exponencialmente. Un nervioso Presidente de la República con la salud resquebrajada no sabía qué hacer con el memorial de los reclamantes, la Marina ofreció mediar en el conflicto pero el tiempo pasaba inexorablemente. Sin embargo, la orden de aplacar con violencia el reclamo dejó sin argumentos a los negociadores y el ingreso a Radio Patrulla fue una imprudencia que sólo agudizó irremediablemente el problema. La ciudad fue ganada por la oposición al régimen y en los lugares donde la oposición no tuvo organización quedó a merced de los agitadores que hacían de las suyas sin ninguna restricción. ¿Tardó interesadamente el ejército en volver a las calles para instaurar el orden? Es esa la respuesta que falta. La muerte, la cárcel y como suele suceder en estos casos, la brutal represión a líderes estudiantiles del aprismo, a quienes se responsabilizó de los desbordes, mostraron la real faz de un régimen agónico que por presiones comunistas, usó la propaganda oficial en la prensa parametrada para señalar al aprismo “como responsable” de toda la violencia vivida y sobreviniente. El Perú sería testigo de una de las jornadas más difíciles que le tocó vivir al movimiento popular. Pero también, de cómo un pueblo sabe hacer la diferencia entre la protesta y el desborde que todos condenamos. Los comunistas, entonces, sumados al gobierno de turno, tuvieron a los pocos meses que anunciar la retirada ya que, en el mes de agosto, una llamada “Segunda Fase de la Revolución” desmontaría 277


Aprismo desde La Tribuna los proyectos de su antecesor, los expulsaría del Estado y, pese a lo que algunos creen, ese día -no en el paro del 19 de julio del año 1977- los estudiantes apristas, con el ARE a la cabeza, con el consentimiento del jefe del partido, lograríamos arrancarle a los militares el largo camino que transitamos luego para el retorno a la legalidad. Lo demás es historia conocida y nuestro homenaje a los luchadores por la democracia de aquellos años, están siempre presentes en nuestro recuerdo. ¿MEDIR CON LA MISMA VARA O CON “VARILLAS”? Una de las peores herencias del montesinismo ha sido el de haber sembrado la duda sobre las personas de manera irresponsable. Incluso hay un momento en el que todos hemos sido sospechosos de todo. Unos sugieren responsabilidades sin ningún asidero, otros se pasan la vida especulando y otros defendiéndose. Algunos graban, otros comercializan esas grabaciones, otros las manipulan y hay quienes simplemente las buscan por doquier para “hacerse de ellas” y ganarse los favores de los “comprometidos” que, “por obra del destino”, terminan en este submundo de complicidades y comercio de “alto vuelo”, pasando de implicados a víctimas. Una de las herramientas de esta miserable actividad ha sido algún periodismo que más allá de los partidos- hizo de esta práctica un modo de vida, llegando al extremo de interferir, incluso, en la vida privada de la gente. Sabíamos de la existencia de este informal negocio y también del mercado de expectativas que crece en forma exponencial en su entorno, pero suponíamos que era en el área empresarial. Sin embargo, no era así. El espionaje ya es una actividad común, rentable e impune. Llegó antes de Fujimori de manera solapada, pero con la dictadura se afirmó, “se hizo nuestro” y, además, obtuvo una curiosa popularidad. Hay quienes creen que incluso hemos aprendido a vivir en medio de un triste manto de impunidad sin “percatarnos” de que nos miran y escuchan siempre, es decir, convivimos con esta miseria inexplicablemente, a tal punto que algunos medios de comunicación pugnan por la compra de este material, convirtiéndose en el receptor más apetecible de los últimos años. La denuncia pública que compromete a Alberto Varillas, representante de la empresa Petro Tech y esposo de una de las más renombradas periodistas de la derecha, es, por todo lo expuesto, singular. Ahora los medios de comunicación, los caviares comprometidos y la derecha en la televisión, “reclaman la necesidad de proteger el honor de las familias” involucradas en las denuncias públicas, piden prudencia en las informaciones y, naturalmente, sus programas no “abren” sus ediciones con sus rostros, los de sus hijos y hasta sus viajes deben ser entendidos “como compromisos asumidos con antelación”, aunque penda sobre ellos una citación judicial o un escándalo periodístico. Los contrastes responden nuestras dudas. Lo que veníamos denunciando como la vulneración de los derechos de las personas en otros personajes es “una necesidad derivada de la obligación de informar” sostenían antes, los ahora denunciados, en

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Aprismo desde La Tribuna tanto en estos días, “hay que respetar el derecho de todos presumiendo la inocencia del denunciado”. Bien por la patria que esto sea así. Bien por el derecho que todos lo entendamos aunque para algunos sea tarde. Bien por la moral pública que es lo que le dejaremos a nuestros hijos. Ojalá nunca más ningún periodista, por encumbrado que este sea, o por dinero que tenga para proteger su impunidad, se irrogue el derecho de señalar que sólo tiene la justicia. La ética del periodismo libre, señores, pasa por el respeto irrestricto a todos. Llámese como se llame. Bien dice el dicho que “a todos se les debe medir con la misma vara” o, para usar un término de estos días, “con las mismas varillas”. Si no pregúntele a Rosa María Palacios. VOLVERÉ Y SERÉ MILLONES Una de nuestras celebraciones más significativas es la del Día de la Fraternidad. Fecha singular que da cuenta del nacimiento, en tierras de La Libertad, un 22 de febrero de 1895, de Víctor Raúl Haya de la Torre. Toda una vida de entrega, renunciaciones y padecimientos que encuentran su realización en la inmensa obra de amor por el Perú y que a lo largo de su vida, llevó adelante forjando el aprismo con el aliento de los más pobres. Quienes conocimos al maestro damos fe que la Fiesta de la Fraternidad no exaltó jamás la vanidad del líder, como nuestros adversarios suponían, sino fue, en realidad, un pretexto para convocar la unidad de los peruanos en la necesidad de buscar puntos de encuentro para refundar la Nación. Ciento catorce años después del nacimiento del más ilustre de los peruanos, nos asaltan sentimientos encontrados de nostalgia por su ausencia física, pero, también, de orgullo por la dimensión de su obra en medio de hombres y mujeres humildes que rinden tributo a la obra del maestro, cincelando sobre la biografía del hombre, toda la historia de un noble pueblo que, en nombre de la libertad y sin condiciones, se entregó a la tarea del rescate moral de la patria y la justicia social. En medio de la inmensa multitud que repletará, como siempre, la avenida Alfonso Ugarte -la de los pañuelos blancos-, no sólo se sentirá el hálito supremo del jefe, también estarán Solanito, Celso Albinagorta, el héroe de La Tribuna Pedro «Perico» Chávez, Alcides y Belisario Spelucín, Serafín Del Mar, Manuel Arévalo, el Búfalo Barreto, Landauro con la misma mirada firme del día que caminó al paredón en Cajabamba, Phillips esperando el momento oportuno para gritar nuevamente que “Sólo Dios salvará su alma y que sólo el aprismo salvará al Perú”, Negreiros Vega y Sabroso pidiendo por los trabajadores, Manuel y Juan Seoane, Cirilo Cornejo, Magda Portal, Genit y Orfilio Sagástegui bregando por la disciplina, Showin, Lucas Cabello, Alfredo Tello, Luis Alberto Sánchez y Prialé, entre tantos otros que harán sentir su propia fuerza que es fuerza cósmica y la mejor prueba que, como en el grito de Túpac Katari, Víctor Raúl Haya de la Torre volvió, pero para ser, ahora, millones. 279


Aprismo desde La Tribuna ESTUVO ENTRE NOSOTROS El jefe estuvo en el Mitin de la Fraternidad. Celebró entusiasta un año más de su nacimiento y nos volvió a reclamar que en su nombre sea por los pobres nuestro trabajo. Estuvo en medio de esa muchedumbre impresionante que repletó la avenida Alfonso Ugarte y entre el entusiasmo rebosante de los cientos de miles de apristas y no apristas que desfilaron con frenesí ante un estrado lleno de luces, majestuoso y con símbolos partidarios, nuestros símbolos, esos símbolos por los que dieron la vida, sin concesiones, nuestros padres y abuelos. Estuvo entre los viejos disciplinarios legionarios, y también entre los nuevos, garantizando el orden. Entre las brigadas de organización, haciendo cumplir las directivas y los emplazamientos. Entre los adultos, recordando otros mítines de la fraternidad, y entre los no tan viejos que tratan de reconocer entre la nutrida multitud a sus hijos que ahora engrosan las filas de la gloriosa Juventud Aprista Peruana. Estuvo delante de la CHAP, iniciando el desfile con los pequeños, entre sus propias fotos ubicadas por doquier, renovando la firme invocación a nuestra posición de izquierda y sin concesiones. Estuvo entre las voces que reclaman el rol del aprismo popular, y que él no ha muerto, que sigue siendo el Jefe. Estuvo mirando el reencuentro de los que no vienen muy seguido a la Casa del Pueblo. Entre la mirada nostálgica de los que en otros tiempos fueron ganados por la propuesta moral del aprismo y que aprendieron en sus días de militancia lo que ahora marca sus vidas de éxito profesional y ciudadano. Entre los que esperan frente al estrado el mensaje, sea cual sea la hora que éste llegue. Estuvo entre el abrazo de quienes cada año buscan “su” colocación en la avenida de los pañuelos blancos. Entre los que blanden sus manos reclamando la limpieza del aprismo secular que nos forjó. En la voz de quien, desde el estrado, anuncia el paso firme, seguro y altivo de cada base sectoral, distrital, de cada organismo funcional, de nuestros trabajadores, de los campesinos y, naturalmente, de cada uno de nuestros escalones partidarios. Estuvo entre las pre-concentraciones, lo vi sumergido entre la desesperación de los compañeros que presurosos terminaban de hacer sus banderolas y levantó su mano varias veces en cada uno de los gritos de los más jóvenes reclamando disciplina con la misma severidad con la que, siendo aún niños, nos propinó “un cocacho aprista”, por demorar nuestro paso en la marcha de la fraternidad. Estuvo entre quienes marcharon recordándolo, viéndolo triunfador e inspirando el rumbo del gobierno popular del Aprismo y la inquebrantable línea moral de su partido. Es que Haya de la Torre estuvo entre nosotros, con Alan cuando –sin pecar de infidencia-, al llegar a la Casa del Pueblo, antes de subir al estrado, ingresó a la jefatura del partido y pidió que lo dejaran solo unos minutos, y con Mauricio Mulder, quien, en el estrado, frente al pueblo aprista, confesó sentir su presencia reclamándole 280


Aprismo desde La Tribuna trabajar sin descanso para garantizar la permanencia y la obra del aprismo en el futuro. CONSTRUIMOS EL APRISMO DEL SIGLO XXI LA TRIBUNA cumple su rol orientador y, como vocero del Partido del Pueblo, dedica oficialmente la presente edición -tanto en su versión impresa, como en su masivo Portal de la Internet-, a difundir oficial e íntegramente, todas las normas y directivas emanadas por el PAP y su Tribunal Nacional Electoral, dándole el impulso necesario y un sostenido respaldo al Proceso Eleccionario que se ha puesto en marcha en el aprismo, de cara a la consolidación de la modernización y el relanzamiento del Partido de Haya de la Torre. Como Partido del Pueblo, el aprismo requiere estar a la altura de la enorme responsabilidad histórica que le toca en esta hora, pero sus dirigentes y militantes no sólo deben apostar por el rol de vocero de las expectativas populares, sino que, como Partido de Gobierno, debe además reformular su estructura -como lo viene haciendo-, para poder mostrar las tareas del Frente Único de Trabajadores Manuales e Intelectuales en el marco de una real propuesta de izquierda que deslinde, como lo hace, absolutamente con la corrupción, y sin temor de reafirmar al mismo tiempo los viejos valores de la libertad, la fraternidad y la justicia social, que son las columnas principales del aprismo. Sin duda que nuestra visión de la coyuntura admite varias perspectivas, incluso en torno a la obra popular del gobierno aprista que lidera nuestro compañero Alan García, pero construir el futuro a partir de entender nuestra realidad y nuestra historia, nos hace partes de un mismo colectivo progresista que apuesta por un futuro de bienestar social. Por eso es que realizar elecciones es parte de un proceso en el que nuestra militancia se ejercita en los valores de la mejor convivencia participativa y la tolerancia pero sin renunciar a nuestra disciplina, porque si de algo hemos dejado testimonio expreso en la historia, es de nuestro total convencimiento de la necesidad del ejercicio pleno de la libertad que no es, como nuestros enemigos quisieran, el escenario frívolo de apetencias díscolas y electoreras en medio del juego vil de esa política criolla que condenaron nuestros fundadores y contra la que peleamos aún. Los hechos prueban que Mauricio Mulder hace bien en apostar por construir el aprismo del siglo XXI, y en esta tarea, que superará de hecho las expectativas, encuentran a LA TRIBUNA no como un simple registrador de acontecimientos, sino como un leal y activo colaborador del Partido. NUESTRA TAREA Nunca como ahora hemos sentido tanta responsabilidad al punto de ser mucho más sigilosos en nuestro trabajo. LA TRIBUNA recibió el encargo partidario de publicar por primera vez en nuestra historia- todo un compendio de normas electorales que nos ponen al mismo nivel de otras importantes publicaciones que, en ese mismo 281


Aprismo desde La Tribuna sentido, constituyen mecanismos para garantizar la correcta y oportuna implementación de los procesos electorales que por imperio de la ley y nuestra vocación democrática, se realizan dentro de los partidos políticos. Si bien esta responsabilidad es inherente a nuestra condición de vocero oficial del aprismo, nuestra responsabilidad para con el pueblo aprista nos obliga a ser eficientes en esta tarea, incluyendo la distribución de nuestros ejemplares para que podamos llegar, como lo deseamos, a la mayor cantidad de compañeros. Eso explica por qué nuestras dos últimas ediciones han tenido y tienen el carácter de especiales, condensan íntegramente las normas que conducen el proceso eleccionario interno y sirven de base para la implementación oportuna de los mandatos del Tribunal Nacional Electoral del PAP. Para quienes hacemos este periódico, no hay nada más gratificante que encontrar en los Sectores, en los Comités Distritales, en las Agrupaciones Funcionales, de Trabajadores, Campesinos y de la Juventud, a compañeros que con su TRIBUNA en la mano debaten intensamente, ejerciendo la más plena y absoluta democracia interna. Educamos, informamos y orientamos, esa es la tarea encomendada desde que aquel 16 de mayo del año 1931 circuló nuestro primer ejemplar. Ahora, tras 5 años circulando en esta XI Etapa, podemos decir, por lo que vemos y los auspiciosos resultados que esperamos, que cumplimos la tarea disciplinadamente, preservando nuestra fidelidad Ideológica, reafirmándonos doctrinariamente, respetando nuestra historia bajo la inspiración de nuestro único maestro, c. Víctor Raúl Haya de la Torre. ¿LO QUE ES BUENO PARA EL RICO ES MALO PARA EL POBRE? Las últimas medidas del gobierno del Presidente García apuntan a resolver problemas derivados de deudas incobrables, falta de titulación de tierras, pagos de devengados a jubilados, generación de empleo justo y atención de compatriotas en extrema pobreza. Esos, que son temas de obvia ruta, parecieran disgustar a neoliberales iracundos que marchan desde sus reductos urbanos o agazapados tras sus sombrillas playeras en contra de lo que denominan “políticas irresponsables”. Sin embargo esta campaña pareciera tener más aristas que las que imaginaron sus impulsores conservadores ya que, tras el pataleo, el tiro les salió por la culata, ya que lo que ha quedado más o menos evidente, es que cuando el Estado tiene que asumir las tropelías de un banquero irresponsable o la inconducta de un grupo empresarial es “justo, razonable, adecuado, normal, aceptado e inteligente”, pero cuando debe resolver el reclamo de los pobres, entonces, eso es malo y además se llama, simplemente, populismo. El problema es que hay quienes no terminan de entender que hay una nación entera que subsiste reclamando atención y justicia a viejos problemas que, sin primeras planas de por medio, toman por asalto la atención y la conciencia de quien la tiene, para poner fin a tanta injusticia.

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Aprismo desde La Tribuna El país es de todos y quien gobierna lo hace por encargo de su mayoría con un mensaje a quienes impusieron esa lógica malsana por la que, lo que no se escucha, incluyendo la queja y el hambre de los pobres, simplemente no existe. Hay que desenmascarar a quienes nos vendieron de contrabando esa doble moral por la cual, mientras inauguremos obras, pondremos en evidencia la prosperidad, aunque quede sepultado bajo el cemento toda la esperanza, la ilusión y el dolor de nuestros hermanos. Si quienes se quejan en estos días antes nos dijeron que el Estado debía reducirse por elefantiásico e improductivo, si vendieron empresas rentables que producían utilidades, si despidieron inhumanamente personal porque era excesivo y dizque parasitaba, si hicieron que el Estado renunciara a su capacidad de administrar y brindar los servicios a los que estaba obligado en materia de salud y educación para privatizarlos, pues eso no va más. No habrá concesiones y el gobierno no convalida la contratación de trabajadores sin derechos, no venderá ningún activo a precio de regalo y revisa el nombramiento de esa gavilla de “nuevos” funcionarios que se quedaron 20 años con el cuento de ayudar, con extraordinarias remuneraciones, y que impidieron, como lo han hecho, que el Estado cumpla su rol de árbitro justo entre las relaciones del Capital y el Trabajo. Si en otras partes del mundo se han tenido que prever políticas de rescate financiero para bancos y empresas, pues eso es parte de las medidas correctivas que deben dictarse en defensa del ahorro público, la economía o el empleo de los trabajadores, pero es otra la situación de empresas que irresponsablemente pretenden beneficiarse del ánimo democrático de un Estado cuya primera y más importante obligación, es con sus ciudadanos. Aún están frescos los recuerdos del “rescate” del Banco Latino o del Banco Wiese en el que los peruanos terminamos pagando los malos manejos de pícaros que jugaban a banqueros. Que nadie se rasgue las vestiduras entonces. Políticas de salvataje, sí, y cuando sea necesario, pero también “rescate” para los excluidos, para los que no pueden pagar avisos, pero que tienen un gobierno decidido a medir por igual a todos los peruanos. LLANTO Y SONRISA INFAME Los analistas coinciden que cuando la soberbia ganó al señor Fujimori, comenzaron entonces los problemas. Hasta ese momento, la tesis del «control por miedo» que había ejercido Vladimiro Montesinos no había sido suficiente para imponerse sobre el sentido común y el dinero que aportaba para la campaña Susana Higuchi, cuya familia creía entonces en el modesto profesor universitario que se mostraba sensible, trabajador y capaz de entenderse con todos. Ese era el chinito que recordamos sobre el tractor reclamando «honradez, tecnología y trabajo». Si bien está claro que «tentando» la Presidencia de la República los animadores del movimiento fujimorista -casi todos vinculados a la Universidad Agraria, la familia de 283


Aprismo desde La Tribuna su esposa o a la colonia china-, esperaban lograr «algún» cupo parlamentario el año 90, la coyuntura terminó llevándolos en el mismo sentido que los auspiciosos vientos electorales, colocándolos, casi sin que se dieran cuenta, en la puerta misma de Palacio de Gobierno, momento en el que, sin mayor explicación, curiosamente, desapareció el chino que conocíamos, para dar paso a un autoritario súbdito nipón que reclutó un grupo infame de caza-fortunas, el mismo que terminó discurseando en japonés cuando postuló a la dieta japonesa, aceptando su origen extranjero. En el ínterin, entre el año 1992 y el aciago año 2000, la historia es más o menos conocida, por lo que quienes han pretendido minimizar la desafortunada gestión de Alberto Fujimori hacen mal en abusar de nuestra mala memoria usando esa perspectiva ramplona que Odría impuso en los años 50 para cubrirse y por la cual, «No importa si roban, con tal que hagan obra». Esa es la filosofía que hizo suya y hundió al dictador, al líder del gobierno que sembró de impunidad la patria, que sintiéndose dueño de la verdad, creyó serlo de la vida, de la voluntad de los peruanos y hasta de su propia muerte, de esa voluntad y muerte que tiene nombre y que en la condena a Fujimori se les llama La Cantuta y Barrios Altos. La sentencia que conocemos no debe alegrar a nadie, porque no hay que descender al nivel de quienes llenaron de miseria la nación, convirtieron al periodismo en un vil oficio, de quienes apilaron millones de dólares comprando conciencias, ningunearon a los partidos anunciando su muerte, y proclamaron el fin de las ideologías en el ejercicio irresponsable de un pragmatismo inmoral que se nos presentó infeliz cuando el propio presidente de la república renunció patéticamente por fax desde Asia. La condena por los crímenes cometidos, por el ejercicio del terror desde el estado y la persecución a ciudadanos, no es sólo una sanción, es una severa llamada de atención y es también una exhortación para quienes creen que esta sentencia tiene un solo nombre. Se equivocan, detrás están los nombres de quienes operaron en nombre del fujimontesinismo, de quienes se hicieron ricos a costa de depredar nuestros bienes y remataron nuestro patrimonio, de quienes mandaron a la calle a millones de trabajadores, en fin, de quienes traficaron con el poder, burlándose de la gente y rindiéndole triste culto a la impunidad. Dijimos lo nuestro en su momento, una comisión presidida por el propio Mauricio Mulder presentó un informe con cargos objetivos que fue aprobado por el Pleno del Congreso y aportó pruebas de los actos de corrupción en la gestión presidencial de Alberto Fujimori, elementos que han servido de base para las acusaciones de las que hemos tenido conocimiento en las diligencias judiciales que acaban con la sentencia condenatoria a Fujimori. Finalmente, es bueno sostener que no nos sumamos al cargamontón de quienes sonríen porque creen que es el momento del escarnio, pensar así denigra y no es compatible con el ejercicio del Estado Constitucional de Derecho, que defendemos y que hace que la justicia sea administrada con todas las seguridades y las garantías que corresponde; pero tampoco convalidamos las lágrimas de quienes, cuando otros 284


Aprismo desde La Tribuna lloraron, prefirieron desentenderse y ahora se rasgan las vestiduras sin ponerle velas a los muertos, ni pedir perdón por haber convertido al país, literalmente, en una chacra. VENCER O SER VENCIDO: La lógica de los héroes El debate por la presentación de los Ministros ante el Parlamento Nacional a propósito de la emboscada producida contra soldados del ejército, me ha dejado un sabor amargo. Luego del minuto de silencio por estos humildes hijos del pueblo, caídos por la mano artera y criminal que todos condenamos, pareciera haberse iniciado una función ingrata y cruel por la cual, el valor de la entrega y el honor de la muerte cuando ésta consagra la defensa de la patria, se relativiza y se condiciona a lo que con ello podemos conseguir, usando este drama para intereses mezquinos y simplemente electoreros. Es necesario precisar por eso que lo que se ha notado es un absoluto desapego a la verdad y un torpe condicionamiento de ésta, y de la geografía de la zona, lo que explica la razón por la que este debate terminó siendo, como ha pasado antes, un pretexto para buscar “condenar al gobierno”, “encontrarle alguna responsabilidad” o, simplemente, “su talón de Aquiles”. Si la ignorancia es audaz, está claro también que no existe una real preocupación de la oposición política del Gobierno Aprista por entender la situación en la que se encuentra la zona del VRAE, lo que los lleva a sostener erradamente que “el Estado enfrenta a rezagos de Sendero Luminoso”, y no como está sucediendo realmente, a declarados carteles de la droga que usan esos rezagos, pero para actividades vinculadas al narcotráfico. Por eso es que la utilización mezquina de las muertes de humildes soldados para atacar al Gobierno sin entender lo que realmente sucede, pinta de cuerpo entero a quienes hablan para las graderías y miran la televisión usando sin escrúpulos el drama, desnaturalizando el debate. Aun cuando parezca temeraria la orden de avanzar en medio de una selva agreste, sin aparentes enemigos visibles y expuestos a emboscadas, esa es una lógica militar que no se improvisa y que conocen perfectamente nuestras FF.AA y FF.PP y que son concurrentes con su tarea de exterminar delincuentes y no ceder, irresponsablemente, parte del territorio de la patria a ninguna banda criminal. Finalmente, hace bien el Estado en imponer su presencia como un derecho en cada milímetro de su territorio y esto, aunque no le guste a algunos, significa actuar de la manera cómo actúa quien ama la patria sin tapujos, ni condicionamientos, firmemente, decididamente y dispuesto a vencer o ser vencido. MIL DÍAS Sin duda que el Perú ha cambiado. Ha cambiado nuestro modo de ver la realidad, nuestra forma de acometer el futuro, nuestras expectativas personales, colectivas y también nuestro concepto de Nación. 285


Aprismo desde La Tribuna Hemos superado dudas y temores ancestrales y ahora vemos el futuro con entusiasmo, luchamos porque el desarrollo es una palabra afín a nuestros intereses y fluye con mayor fortaleza un nuevo modo de ser peruano. No sólo es el orgullo de haber nacido en la tierra donde una de las civilizaciones más importantes germinó, ni el simple sentido de existencia de una riqueza que yace en nuestra entraña terrenal, ni la posibilidad de hilvanar nuestro destino a partir de una nueva conciencia ciudadana, participativa y solidaria, es que ahora nos entendemos sobre los retos superiores que guían nuestros pasos, dándole de baja al azar porque vamos reconstruyendo la Nación con mucho esfuerzo y amor por la tierra que nos vio nacer. Ya era hora que nos negáramos a aceptar esa visión crítica “del casi”, esa forma de proponer que todo sigue siendo malo, que somos una raza signada por el fatal destino y que perdemos tantas posibilidades como oportunidades de ir a un mundial de fútbol. Una simple lectura de nuestra realidad nos dice que hemos inaugurado el siglo XXI con menos pobres, con una inversión y obras de infraestructura que alienta, con un país que crece realmente por encima de lo que cualquiera se atrevería a sospechar y que, a pesar de la crisis es capaz de seguir creciendo. ¿Pero qué hizo este milagro? ¿Es acaso porque somos un pueblo elegido? No, y la historia de fracasos, falsas promesas y proyectos inconclusos así lo demuestra. Todo esto ha sido posible porque tomamos la decisión de hacer las cosas bien, de madurar, de no dejarnos ganar por el populismo, de sembrar para cosechar, de saber esperar y de entender que el curso de la historia lo lideran sólo quienes entienden a los pueblos y lideran sus luchas por el bienestar. Hemos comenzado a ordenar la casa y sin duda que hay tareas aún pendientes. Que hay cosas en las que hay que profundizar, naturalmente. Pero nadie podrá negar que las bases están dadas, que las columnas de este nuevo Estado Popular garantizan las relaciones del trabajo y el capital y que es un justo árbitro entre ellas. No nos detendremos en los errores que sin duda se han producido, de eso se encargan gratuita y permanentemente nuestros opositores y el antiaprismo visceral, es a ellos en todo caso, a quienes les toca decir lo que tengan que decir. A nosotros, ponderar el esfuerzo, resaltar la obra y defender lo avanzado. Vamos bien presidente… lo sabe Haya de la Torre que inspira tu trabajo, lo sabe tu partido que a tu lado es tu escudo y es tu mano izquierda, lo saben los humildes hombres del campo que ahora miran el verdor de sus parcelas antes olvidadas, los niños que pueden acceder al Internet, los maestros dignificados, los trabajadores que tienen empleos más dignos y salarios en ascenso y un poco más justos, los miles de compañeros que entregaron sus vidas por esta causa y los pobres que siguen vinculando tu nombre con la esperanza y al aprismo con la justicia social. Lo demás, querido presidente, es sólo politiquería. Lo demás es sólo ataque artero, lo demás es sólo mala leche. 286


Aprismo desde La Tribuna QUE NO SE CAIGAN NUESTROS PARADIGMAS Cuando las dramáticas imágenes en la que cerros de fajos de dólares eran entregados y personajes de todo pelaje cruzaban la línea que separa el honor de la miseria en las salas del Servicio de Inteligencia Nacional, pudimos darnos cuenta de la impresionante forma como la corrupción hacía suyo el país. No es un tema que tenga que ver con las formas, es, en realidad, una fotografía que da cuenta de una realidad lacerante, pero tan cierta y cercana, que no sentirse afectado podría explicarse sólo en aquellos que también son víctimas de la misma podredumbre. Por eso es que mirar al Perú con optimismo pareciera ser, para algunos despistados, una broma de mal gusto. Pero que el Perú pueda crecer este año en medio de todo lo descrito y una crisis mundial que se ha traído por suelos a economías sólidas y florecientes, es un tema que merecería ser analizado con objetividad. La historia de “la suerte prolongada” que le endilgan al segundo gobierno del aprismo no sólo ya no resiste el menor análisis, sino que obliga a convenir en que las cosas se están haciendo diferentes y bien. Una política anticorrupción que atiende las denuncias oportunamente y le da plena y total autonomía a los jueces es un buen primer paso, la lucha contra el narcotráfico otra estupenda señal, pero la lucha contra la pobreza y el crecimiento de nuestra economía, son los elementos que marcan la diferencia y nos permiten hablar de un tiempo nuevo en marcha y que hará que mejore, sobre todo, la calidad de vida de los más pobres. Quién sabe eso es lo que parece no gustarle ni a nuestros adversarios de la izquierda nazi-onalista, ni a nuestros oponentes de la extrema derecha que, por un lado, a estas alturas de las realizaciones sociales mantienen un torpe infantilismo que les impide abrirse a la modernidad para -tal y como sucedió durante todo el siglo XX-, ver cómo la historia se los vuelve a llevar de encuentro, en tanto que en el caso de la derecha peruana, por mero interés mercantil, a diferencia de las demás fuerzas conservadores de América Latina, sigue sumergida en la antropomórfica fosa de los residuos oligárquicos de esa cultura de oprobio, esclavismo y racismo que conoció el Perú desde la época de la Colonia. El antiaprismo, que es donde confluyen la izquierda radical y la derecha, tiene, por tanto, lo suyo. No sólo les es esquivo el nacionalismo y no creen en la Nación, prefieren buscar la edición del New York Times para enterarse qué pasa en el Perú, o irse a Miami antes que recalar en algún paraje o playa nativa, en donde es altamente probable que terminen “mezclándose” estatus, estilos y razas que no le son afectas, gratas ni convenientes. La batalla en estos días por eso se centra en torno a la “crisis del capitalismo” y los valores de la libertad, dándole al Estado la posibilidad de fortalecerse frente a quienes prefieren mantener el andamiaje neoliberal del Libre Mercado sin regulaciones, cuyos efectos lo paga el mundo entero.

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Aprismo desde La Tribuna Con Haya de la Torre seguimos pensando que el Estado debe ser el justo árbitro entre el capital y el trabajo, que el Contrato Social vigente debe ser renovado con cláusulas de justicia social que eviten que las diferencias entre los ciudadanos sean abismales y vergonzosas, y esa es la filosofía del aprismo que está en marcha. Un viejo profesor solía repetirme, en los años 80, que hay que evitar que los paradigmas se nos sigan cayendo. Decía que “Cuando el señor baje de la cruz, cuando los padres no inspiren respeto, cuando no reconozcamos héroes y cuando la vida no valga nada, entonces, habrá llegado el final”. Que ese momento nunca llegue, depende sólo de nosotros.

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Aprismo desde La Tribuna ANEXO

Carta a los lectores, compañeros y amigos(*) Al haber concluido el XXIII Congreso Nacional del Partido del Pueblo, consideramos que esta exitosa XI Etapa de nuestro periódico, llega a su fin. No existe, es verdad, ningún apremio formal que así lo exija, sin embargo, el correcto entendimiento democrático nos invita a dejar este proyecto en manos de la nueva administración partidaria. Lo hacemos con profunda tristeza, pero a la vez con el convencimiento de la labor cumplida, ya que cuando en el mes de Junio del año 2004 recibimos con el c. Néstor Walqui el encargo del entonces c. secretario general Mauricio Mulder de relanzar este proyecto editorial, sabíamos que representaba la más ambiciosa propuesta comunicacional del aprismo de los últimos 30 años. Asumir la posta de hombres de la talla de Manuel Seoane, Luís Alberto Sánchez, Antenor Orrego, entre tantos otros, no sería una tarea fácil. LA TRIBUNA desde entonces cumpliría su rol de vocero de nuestras ideas hacia el país, pero también de nexo entre los militantes del aprismo. A los efectos, un entonces impresionante portal Web le dio al partido la posibilidad de mostrarse al mundo usando de los recursos y las bondades de la Internet, comprometiendo voluntades y manteniendo nuestra prensa partidaria en un lugar preponderante y privilegiado de la prensa política. Nos enorgullecemos por haber conquistado nuestros objetivos con nuestro mayor y mejor esfuerzo, por haber dado todo lo que teníamos, por haber creído con Haya de la torre en LA TRIBUNA y en su liderazgo como paradigma del periodismo libre y aún en medio de las mismas y reiteradas vicisitudes que vivieron nuestros antecesores desde aquella tarde del 16 de mayo de 1931, en la que “con solo 30 soles y un millón de esperanzas”, los canillitas de Lima vocearon, por primera vez, el nombre del “Pan Caliente”. Tras estos años, no sería justo dejar de agradecer a los cientos de miles de compañeros de todo el mundo que buscaron con avidez y entusiasmo el periódico cada semana, ni a los compatriotas y extranjeros que convirtieron nuestra página web en un referente del quehacer de nuestro país. Todos ellos, más las críticas, colaboraciones y aportes, son las que hicieron posible LA TRIBUNA que estuvo siempre presente para responder por el aprismo, a veces incluso como voz solitaria a nuestros adversarios. Mi agradecimiento a Mauricio Mulder, discípulo del maestro, hermano, amigo y compañero, quien soñó con este proyecto y nos alentó a diario para no desfallecer en el intento. A todos y cada uno de nuestros entrañables colaboradores, desde el presidente Alan García, hasta el más humilde compañero de base que nos remitió su nota para publicitar su actividad sectoral. A mis trabadores, a todos y cada uno de ellos por su dedicación y sus ganas de encontrar la excelencia en el trabajo, y a los periodistas que se batieron haciendo de todo para la edición puntual y exquisita, entregando su tiempo sin esperar ninguna justa retribución económica, a ellos, mi infinito agradecimiento. A nuestros adversarios, a quienes tuvieron una TRIBUNA en sus manos estos años, a quienes aún desde la distancia ideológica nos leyeron sin pasiones, incluso a quienes firmaron Mociones Congresales para investigar LA TRIBUNA y a su Director, porque con sus ataques, fortalecieron nuestras convicciones y nos ayudaron a mejorar. Finalmente, sólo unas líneas de homenaje a Pedro “Perico” Chávez, ese canillita estupendo que dio la vida repartiendo este diario; a Humberto Silva Solís, fuerza y sentido en las épocas más duras, a Roberto Martínez Merizalde “El Chasqui”, terco e imparable; a mi entrañable tío Absalón Otero Luna y a Eduardo Obando Lino, ejemplos de pureza en el ejercicio de un periodismo libre y de un aprismo sin condiciones, de quienes aprendí el oficio y con quienes nutrí mi espíritu TRIBUNICIO para no desfallecer ante el agobio financiero y político de siempre, fortaleciéndome en los ideales y los objetivos de LA TRIBUNA del Pueblo. A Haya de la Torre, mi maestro, esperando haber estado a la altura del encargo que se me dio. A todos, mi agradecimiento eterno.

GERMÁN LUNA SEGURA

(*) Esta nota apareció en el último número de LA TRIBUNA correspondiente al mes de mayo del año 2004.

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Aprismo desde La Tribuna “LA TRIBUNA” Etapas y Directores I Etapa / Ediciones Legales. 8 de Mayo de 1931 hasta el 15 de Febrero de 1932. Director : Manuel Seoane Corrales Co-Director : Luis Alberto Sánchez II Etapa / Clandestina 16 de Febrero de 1932 hasta el 30 de Octubre de 1933. Director : Manuel Solano – Víctor Raúl Haya de la Torre III Etapa / Ediciones legales 30 de Octubre de 1933 hasta el 25 de Noviembre de 1934. Director : Víctor Raúl Haya de la Torre IV Etapa / Ediciones clandestinas 25 de Noviembre de 1934 hasta el 29 de Septiembre de 1945. Director : Víctor Raúl Haya de la Torre V Etapa / Ediciones legales 29 de Septiembre de 1945 hasta el 3 de Octubre de 1948. Director : Andrés Tonwsend VI Etapa / Ediciones clandestinas 3 de Octubre de 1948 hasta el 3 de Julio de 1957. Director : Víctor Raúl Haya de la Torre / Antenor Orrego / Armando Villanueva del Campo VII Etapa / Ediciones legales 3 de Julio de 1957 hasta el 18 de Abril de 1970 Director : Antenor Orrego/ Andrés Townsend / Alejandro León de Vivero / Armando Villanueva / Humberto Silva Solís / Alberto Valencia Cárdenas / Carlos Iturrizaga / Víctor Tirado / Enrique Rivero Vélez/ Eduardo Obando Lino VIII Etapa / Ediciones legales 21 Febrero 1980 hasta marzo 1981 Director : Nicanor Mujica Álvarez Calderón IX Etapa / Ediciones legales Febrero a diciembre de 1982 Director : Héctor Vargas Haya / Aarón Morales / Néstor Walqui. Ediciones Especiales 14 de Julio de 1983 hasta el 14 de diciembre de 1984 Director : Néstor Walqui Hinojosa Ediciones Legales Septiembre 1989 a Febrero a Julio de 1990 Director : Francisco Chirinos Soto / Carlos Ortiz Ediciones Especiales De 1990 a 1991 Director : Eduardo Obando Lino X Etapa / Ediciones legales 14 de Julio del 2004 al 10 de diciembre del 2005 Director : Néstor Walqui Hinojosa Sub. Director : Germán Luna Segura XI Etapa / Ediciones legales Del 29 de diciembre del 2005 al 10 de marzo del 2010 Director : Germán Luna Segura (*) El detalle presentado no registra los diversos números especiales y publicaciones adicionales intemporales producidas por LA TRIBUNA en la llamada “gran clandestinidad”, ya que por su naturaleza, no fue posible salvarlas del acoso policial; en tanto en algunos números aparecen consignado como “director” o responsables de columnas, nombres de ciudadanos inexistentes y pseudónimos usados para proteger la real identidad de los responsables de la edición. Algunos de esos nombres correspondían al propio Víctor Raúl Haya de la Torre tal como ha sido acreditado.

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German Luna Segura

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