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parte de su significado original. Procede del vocablo sánscrito smriti, que significa «recordar». «La atención plena es acordarse de regresar al momento presente», escribe el maestro zen Thich Nhat Hanh. Se trata de un proceso constante que no se limita al acto de la meditación propiamente dicha. El maestro acota: «Sentarse y contemplar nuestra respiración es una práctica maravillosa, pero no basta. Para que la transformación tenga lugar, tenemos que practicar la atención plena todo el día, no solo cuando nos sentamos en el cojín de meditación». ¿Y por qué es importante? Porque la mayoría de los seres humanos, incluidos los jugadores de baloncesto, dedicamos tanto tiempo a movernos entre pensamientos del pasado y del futuro que perdemos el contacto con lo que ocurre aquí y ahora. Eso nos impide apreciar el profundo misterio de estar vivos. Tal como escribe Kabat-Zinn en Mindfulness en la vida cotidiana: dondequiera que vayas, ahí estás: «La costumbre de ignorar nuestros momentos presentes a favor de los que están por venir conduce directamente a una aguda falta de conciencia del entramado de la vida al que estamos incorporados». George enseñaba la atención plena como un estilo de vida, lo que llamaba «la meditación sin cojín». Eso quería decir que tenías que estar totalmente presente, no solo en la pista de baloncesto, sino a lo largo del resto del día. Añadió que la clave no consistía en sentarse a serenar la mente, sino en aprender a interpretar cada situación y a reaccionar eficazmente a partir de lo que ocurría en ese momento preciso. Una de las primeras cuestiones que detectó en los jugadores, sobre todo en los más jóvenes, fue que estaban limitados por una actitud restrictiva que dificultaba su adaptación a la nueva realidad. «Muchos habían sido los atletas más importantes de sus equipos universitarios —afirma George—, pero ahora estaban en la NBA, donde había un montón de jugadores más veloces, más rápidos y más fuertes. Por lo tanto, tenían que encontrar un nuevo modo de competir y triunfar. Lo que les había permitido llegar hasta allí no los dejaría acceder al siguiente nivel». George pone como ejemplo a Jared Dudley, alero de los Phoenix Suns con quien ha trabajado. En el Boston College, Dudley había sido un gran marcador en el poste y empleado un estilo agresivo que llevó a que lo apodasen Perro Basurero. Cuando comenzó a jugar como profesional se dio cuenta de que debía adoptar otro papel. Trabajó con George y descubrió cómo adaptarse a la situación y crecer como jugador. George recuerda: «Jared miró a su alrededor y dijo “Muy bien, necesitan a alguien que defienda…, ya lo haré yo. Necesitan a alguien que enceste triples…, ya lo haré yo”. Siempre pensaba en cómo quería jugar y qué necesitaba cambiar». Como resultado, Jared floreció en su nuevo papel y en la temporada 2011-12 promedió más de doce puntos por encuentro. Nuestro objetivo consistía en ayudar a los jugadores a realizar una transformación parecida. Cada uno tenía que encontrar el papel que le permitiese aprovechar sus puntos fuertes. Al principio George se centró en conseguir que prestaran atención y ajustasen su comportamiento a los objetivos del equipo. Después de trabajar unos días con ellos, se dio cuenta de que el primer paso era ayudarlos a entender que lo que aprendían a hacer en la cancha también mejoraría su desarrollo individual. Como dice el propio George, necesitaban ver de qué manera, «en el proceso de convertirse en nosotros, también podían ser su mejor yo».

Nada de eso se consiguió de la noche a la mañana. La mayoría de las personas tardan años en llevar a cabo el proceso de tomar conciencia de la conexión entre uno mismo y los demás, así como de

Once anillos phil jackson  

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