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equipo del estadio 3 («Soy genial y tú no») en un equipo del estadio 4 («Somos geniales y ellos no»). Siempre he sido contrario a preparar el equipaje antes de un gran partido, no sea que los dioses del baloncesto favorezcan a nuestro adversario y tengamos que quedarnos otro día. Después de esa victoria, regresamos al hotel, hicimos las maletas y montamos una fiesta en el avión que nos llevó de regreso a Chicago, donde nos esperaba una multitud de seguidores extasiados. La temporada había sido dura. La presión no dejó de aumentar y crecer hasta que tuvimos la sensación de que jamás desaparecería. Sin embargo, los jugadores se apoyaron mutuamente para coger fuerzas y todo concluyó con un momento de pura poesía de baloncesto que difuminó tanto dolor y fealdad. Tras pocas horas de descanso, esa noche desperté de repente, embargado por un sentimiento de profunda satisfacción. Volví a conciliar el sueño y finalmente desaparecí durante horas.

Los sentimientos de alegría no tardaron en volverse de amargura. En agosto, el padre de M. J. fue asesinado cuando regresaba de un funeral en Wilmington, Carolina del Norte. Michael quedó destrozado. Estaba muy unido a su padre, que tras jubilarse pasaba mucho tiempo en Chicago y era su mayor fan. Tras la desaparición de su padre, las hordas mediáticas no dejaron a Michael a sol ni a sombra y le dolió que su fama impidiese que su familia lo llorara en privado. Hubo un tiempo en el que Michael solo tenía que tratar con un puñado de cronistas deportivos, a la mayoría de los cuales conocía personalmente. En ese momento se vio acechado por un grupo numeroso y anónimo de expertos en celebridades que no tuvieron escrúpulos a la hora de invadir recovecos de su vida personal que hasta entonces habían estado vedados. Desde hacía tiempo suponía que Michael quería dejar el baloncesto, así como las presiones que conllevaba, y dedicarse a otra cosa. Hacía varios meses que lanzaba indirectas acerca de que tal vez le interesaría pasarse al béisbol profesional e incluso había pedido a Tim Grover, su preparador físico, que diseñase una tabla de ejercicios orientada hacia dicho deporte. No me sorprendí cuando aquel verano Michael se reunió con Jerry Reinsdorf y le comunicó que quería dejar los Bulls y jugar en el otro club de Jerry, los White Sox. Jerry respondió que, antes de darle una respuesta, tenía que hablarlo conmigo. No me interesaba tratar de convencer a Michael de que abandonase su sueño, pero quería cerciorarme de que había analizado su decisión desde todos los ángulos posibles. Le hablé como amigo más que como entrenador y en ningún momento incorporé mis intereses personales a la cuestión. En primer lugar, apelé a su sentido de una llamada superior. Dije que Dios le había dado un talento extraordinario con el que hacía felices a millones de personas y que no me parecía correcto que se fuera. Michael tuvo respuesta para ese comentario: «Por algún motivo, Dios me aconseja que siga mi camino y debo hacerlo. La gente tiene que aprender que nada dura eternamente». A continuación intentamos encontrar la manera de que compitiera en los play-offs sin jugar a lo largo de toda la temporada regular. Michael ya había pensado en todo lo que propuse y rechazó esa idea. Al final comprendí que ya había tomado una decisión y hablaba seriamente de dejar el deporte que durante tanto tiempo había dominado. Fue muy conmovedor. «Nos pusimos muy sentimentales y hablamos de los pasos que tenía que dar —recuerda Michael. Salí convencido de que Phil era un gran amigo. Me hizo pensar en muchas cosas y evitó que me

Once anillos phil jackson  

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