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mostrar al mundo que Drexler no era Michael Jordan. Su determinación era tal que posteriormente Danny Ainge, compañero de equipo de Drexler, comentó al escritor David Halberstam que fue como ver a «un asesino que viene a matarte y a rebanarte el corazón». Fuimos a por todas, ganamos el primer partido en Chicago y luego permitimos que el siguiente se nos escapase en la prórroga. En lugar de coger un avión de última hora a Portland, como hicieron los Blazers, decidimos volar al día siguiente para que el equipo tuviese tiempo libre en lugar de obligarlo a trabajar duramente en el entrenamiento. Al día siguiente renacimos y recuperamos la delantera de la serie por 2-1. Tras ganar un partido cada uno regresamos a Chicago con la posibilidad de ganar la serie en casa. Los Blazers tuvieron una gran racha en el sexto partido y en el tercer cuarto lograron una ventaja de diecisiete puntos. Tex insitió en que retirase a Jordan de la pista porque se había desmadrado y no jugaba de acuerdo con el sistema triangular. Por regla general, sacaba a Michael de la pista dos minutos antes del final del tercer período, pero en esta ocasión lo hice antes y dejé más tiempo a los reservas porque habían conseguido un parcial de 14-2 con la ayuda de Bobby Hansen, el sustituto de M. J., que marcó un triple decisivo. Michael no se mostró nada contento cuando al comienzo del cuarto período no lo saqué a la pista. Me gustaron la energía y el entusiasmo de los reservas y los Blazers no supieron cómo defenderse. Cuando Michael y el resto de los titulares volvieron a la pista, la ventaja se había reducido a cinco puntos y los Blazers estaban confusos. Michael marcó doce de sus 33 puntos y Scottie realizó varios lanzamientos decisivos, por lo que los rematamos 97-93. Nos merecíamos el champán. Era la primera vez que ganábamos un campeonato en casa y nuestros seguidores se volvieron locos. Tras la locura tradicional en el vestuario, conduje a los jugadores a la pista para que se sumasen a las celebraciones. Scottie, Horace y Hansen subieron de un salto a la mesa de los marcadores y se pusieron a bailar; Michael los siguió sin dejar de agitar el trofeo. Fue un festejo gozoso. Un rato después volví a mi despacho y reflexioné sobre lo que acababa de suceder. Posteriormente, cuando me reuní con los jugadores en privado, les dije que ganar dos campeonatos consecutivos era lo que caracterizaba a un gran equipo. Lo que me satisfizo todavía más fue que habíamos tenido que salvar muchos contratiempos inesperados para llegar adonde estábamos. Paxson aludió a la famosa canción de Grateful Dead cuando describió la temporada como «un largo y extraño viaje». Tenía razón. La lucha por el primer campeonato había sido como una luna de miel y esta se había convertido en una odisea.

Once anillos phil jackson  

MOTIVACION

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