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nacional en la versión de Jimi Hendrix y más adelante pasé a las canciones de David Byrne y a We Are the Champions, de Freddie Mercury. Paulatinamente aprendí a utilizar los vídeos para transmitir mensajes sutiles. Durante una de las finales creé un vídeo con el himno Once in a Lifetime, de los Talking Heads, que trata de los riesgos de desaprovechar el momento presente. Siempre he tenido la sensación de que entre el baloncesto y la música existe una conexión intensa. Se trata de un juego de naturaleza intrínsecamente rítmica y requiere la misma clase de comunicación no verbal y generosa que presentan los mejores grupos pequeños de jazz. En cierta ocasión, John Coltrane tocaba en la banda de Miles Davis cuando se lanzó a un solo interminablemente largo que enfureció a Miles. —¿Qué coño pasa? —preguntó Miles a gritos. —Hermano, mi instrumento no dejó de sonar. Ha seguido tocando —respondió Coltrane. —En ese caso, suelta el puñetero instrumento. Steve Lacy, que tocaba con Thelonius Monk, enumeró los consejos que Monk daba a los integrantes de su banda. Aquí tienes una selección de dichos consejos: El mero hecho de no ser batería no significa que no marques el ritmo. ¡Deja de tocar esas notas extrañas, esas chorradas, e interpreta la melodía! Ocúpate de que el batería suene bien. No toques la parte del piano, para eso estoy yo. No toques todas las notas (ni en todo momento); deja pasar algunas… Lo que no toques puede ser más importante que lo que interpretas. Si te bamboleas, apura el ritmo un poco más. Todo aquello que creas que no puede hacerse, alguien vendrá y lo hará. El genio es quien más se parece a sí mismo. Tienes que comprenderlo para entenderlo, ¿lo has captado? Lo que más aprecio de la lista de Monk es su mensaje elemental sobre la importancia de la conciencia, la colaboración y la definición de roles claros, cuestiones que se aplican al baloncesto tanto como al jazz. Muy pronto descubrí que el mejor modo de lograr que los jugadores coordinen sus actos consiste en hacer que practiquen el deporte en un compás 4x4. La regla básica sostenía que el jugador con la pelota debía hacer algo con ella antes del tercer tiempo: pasarla, lanzar o comenzar a driblar. Si todos marcan el ritmo, es más fácil combinarse armónicamente, compás a compás. La persona que lo comprendía mejor que nadie era Tex Winter, la otra gran mente del baloncesto que formaba parte del personal de los Bulls. Experto en el baloncesto libre de estilo occidental, Tex es mayormente conocido por su trabajo con la ofensiva triangular o triángulo ofensivo, que aprendió cuando jugaba a las órdenes del entrenador Sam Barry en la universidad de California del Sur. Aunque no inventó el triángulo ofensivo, Tex lo enriqueció con varias innovaciones decisivas, incluida la creación de una sucesión de pasos que conducían al movimiento coordinado de los jugadores. Tex también fue un maestro excepcional, que diseñó sus propios ejercicios para que los jugadores se volvieran competentes en las cuestiones básicas. Tex tenía veintinueve años cuando dejó su magnífico trabajo en la universidad de Marquette y se convirtió en el entrenador más joven de una universidad de la primera división. Dos años después se

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