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Capítulo cinco Bailando con toros No toques el saxofón, déjate tocar por él. CHARLIE PARKER

No era la primera vez que Jerry Krause me llamaba para trabajar con los Bulls. Tres años antes, cuando Stan Albeck era entrenador principal, Jerry me invitó a celebrar una entrevista para una vacante de entrenador asistente. Por aquel entonces yo entrenaba en Puerto Rico y me presenté en Chicago con barba y vestido como en el Caribe. Me cubría la cabeza con un sombrero de paja ecuatoriano, adornado con una pluma azul de papagayo, tocado muy de moda (y práctico) en las islas. Albeck me miró de arriba abajo y aplicó su derecho de veto. Dado que Jerry ya había rechazado al primer elegido de Stan como entrenador asistente, cabe la posibilidad de que se tratase de una represalia. Lo cierto es que no conseguí el trabajo. La segunda vez Krause me aconsejó que me quitara la barba y me pusiese chaqueta deportiva y corbata. El nuevo entrenador principal era Doug Collins, contra el cual yo había jugado cuando él era el escolta estrella de los Philadelphia 76ers. Era un entrenador espabilado y activo a quien Krause había contratado en 1986 para sustituir a Albeck. Krause buscaba a alguien capaz de electrizar a los jugadores jóvenes de los Bulls y convertirlos en un equipo digno de ganar el campeonato, algo que Doug consiguió. Johnny Bach, que conocía a Collins de los tiempos del equipo olímpico de 1972, comentó que Doug le recordaba la célebre afirmación del entrenador Adolph Rupp en el sentido de que solo existen dos clases de místers: los que guían los equipos a la victoria y los que los conducen. Doug pertenecía, sin lugar a dudas, a la segunda categoría. Pese a no tener una gran formación como entrenador, poseía una energía ilimitada que utilizaba para acelerar a los jugadores en los grandes encuentros. Doug y yo congeniamos desde el primer momento. De regreso al hotel, después de la cena con Jerry, Doug comentó que buscaba a alguien con un historial de campeonatos ganados a fin de inspirar a los jugadores. Dos días después, Jerry me ofreció el trabajo de entrenador asistente y me proporcionó otro consejo de estilismo: me dijo que la próxima vez que fuera a Chicago llevase conmigo los anillos de ganador del campeonato.

Once anillos phil jackson  

MOTIVACION

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