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decisivo se produjo durante el cuarto encuentro en el Madison Square Garden, con los Celtics 2-1 arriba en la serie, mientras el joven pívot de refuerzo John Gianelli y yo intentábamos compensar a nuestros mermados pívots. En esa ocasión no se produjo la aparición mágica de Willis Reed. Dave Cowens y John Havlicek, de los Celtics, supieron aprovechar nuestra falta de liderazgo en ataque y durante la segunda mitad nos remataron. Boston ganó 98-91. Tres días después, los Celtics nos vencieron en Boston en su trayectoria de éxitos hacia otra lucha por el campeonato con los Milwaukee Bucks. Recuerdo haber estado en el aeropuerto Logan con los compañeros de equipo después de esa derrota y sentir que nuestra dinastía hasta entonces gloriosa se había extinguido. Lucas y DeBusschere ya habían anunciado su propósito de retirarse. Cuando comenzó la temporada siguiente, Reed y Barnett siguieron su camino y en el draft de expansión Nueva Orleans escogió a Meminger, que fue traspasado a Atlanta. A partir de entonces, nada volvió a ser igual. Al año siguiente me incorporé al quinteto titular, sustituyendo a DeBusschere, y desempeñé mi papel bastante bien. Solo quedaban otros tres miembros (Walt Frazier, Bill Bradley y Earl Monroe) del equipo original y resultó difícil restaurar la clase de unidad que habíamos conseguido. La situación había cambiado y los nuevos jugadores que se incorporaron se mostraron más interesados en exhibir sus llamativas habilidades y entregarse a la gran vida de la NBA que en realizar el laborioso esfuerzo de generar un equipo cohesionado. A lo largo de los dos años siguientes, añadimos a la lista varios jugadores talentosos, incluidos Spencer Haywood (All-Star de la NBA) y Bob McAdoo (tres veces máximo anotador de la NBA), pero ninguno se mostró lo suficientemente interesado en alcanzar la combinación tradicional de defensa intensa y generoso trabajo de equipo que había caracterizado a los Knicks. Cada día la brecha entre generaciones se volvió más evidente. Acostumbrados a ser mimados en la universidad, los nuevos jugadores comenzaron a quejarse de que nadie lavaba sus uniformes y de que el preparador físico no hacía bien los vendajes. Los viejos Knicks estábamos habituados a hacernos responsables de nuestras cosas porque, por aquel entonces, no existía el encargado de la equipación y, por muy extraño que parezca, lavar nuestra ropa ejercía un efecto unificador en el equipo. Nos preguntamos si los nuevos asumirían la responsabilidad de lo que tenían que hacer en la pista, ya que ni siquiera estaban dispuestos a lavar sus uniformes. No tardamos en averiguarlo. En un período extraordinariamente corto, los Knicks nos convertimos en un equipo de personalidad múltiple, capaz de conseguir ventajas de quince puntos y de desplomarnos al final debido a nuestra imposibilidad de organizar un ataque coordinado. Celebramos varias reuniones de equipo para analizar el problema, pero no logramos ponernos de acuerdo en el modo de salvar esa brecha. No funcionó nada de lo que Red puso en práctica con tal de fomentar el juego en equipo. Por primera vez en nueve años, en 1976 los Knicks no se clasificaron para los play-offs. Un año después, Bradley se retiró y Frazier fue traspasado a los Cleveland Cavaliers. Red dimitió y fue sustituido por Willis Reed.

Supuse que la temporada 1977-78 sería la última para mí, pero una vez terminada, los Knicks llegaron a un acuerdo para enviarme a los New Jersey Nets. Al principio me mostré reticente, pero

Once anillos phil jackson  

MOTIVACION

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