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consciente era de lo que sucedía en mi interior, más conectado estaba con el mundo exterior. Me volví más paciente con los demás y más sereno cuando estaba sometido a presión, cualidades que me ayudaron enormemente cuando me convertí en entrenador. Tres aspectos del zen han sido decisivos para mí como líder:

1. Renuncia al control Suzuki escribe: «Si quieres conseguir la calma total en tu zazen, no debes preocuparte por las diversas imágenes que aparecen en tu mente. Deja que lleguen y que se vayan y de esta forma quedarán bajo control». Suzuki añade que la mejor manera de controlar a las personas consiste en concederles mucho espacio, incitarlas a que sean revoltosas y observarlas. «Ignorarlas no es bueno, sino lo peor que podemos hacer… La segunda peor cosa que podemos hacer es intentar controlarlas. Lo mejor es observarlas, simplemente observarlas, sin tratar de controlarlas». Este consejo me resultó muy útil cuando más adelante tuve que tratar con Dennis Rodman.

2. Confía en el momento La mayoría de las personas pasamos casi todo el tiempo atrapados en pensamientos sobre el pasado o el futuro, algo que puede resultar arriesgado si tu trabajo consiste en ganar partidos de baloncesto. El básquet se juega a un ritmo tan vertiginoso que es fácil cometer errores y obsesionarte con lo que acaba de ocurrir o con lo que podría suceder a continuación, actitud que te distrae de lo único que de verdad cuenta: este preciso instante. La práctica del zen no solo contribuyó a volverme más agudamente consciente de lo que ocurría en el presente, sino que refrenó mi forma de experimentar el tiempo, pues disminuyó mi tendencia a apresurarme hacia el futuro o a ensimismarme en el pasado. Thich Nhat Hanh, maestro zen vietnamita, habla de «habitar felizmente el presente», ya que allí dispones de todo lo que necesitas. «La vida solo puede estar en el presente —escribe. El pasado se ha ido, el futuro todavía no ha llegado y no podremos estar en contacto con la vida si no retornamos a nosotros mismos en el momento presente».

3. Vive con compasión Una faceta del budismo que me resultó muy convincente fueron las enseñanzas sobre la compasión. A Buda se lo conoce como El Compasivo y, según los estudiosos de la religión, sus enseñanzas morales presentan un gran parecido con las de Jesús, quien durante la Última Cena dijo a sus discípulos: «Este es mi mandamiento: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que este: dar uno la propia vida por sus amigos». De forma parecida, Buda dijo: «De la misma manera que una madre protege a su hijo aun a costa de su propia vida, cultiva un corazón infinito hacia todos los seres. Deja que tus pensamientos de amor infinito impregnen el mundo entero». Desde la perspectiva budista, el mejor modo de cultivar la compasión consiste en estar plenamente presente en el momento. Según Buda, «meditar es escuchar con el corazón receptivo». En su obra

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