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empeñado que estuviese, Cazzie nunca había antepuesto su ambición personal a la del equipo.

Por desgracia, en la temporada 1969-70 no pude ser uno de los milicianos de la guerra de la Independencia de Cazzie. En diciembre de 1968 sufrí una grave lesión de espalda que me obligó a someterme a una operación de fusión espinal y me mantuvo alejado de las pistas durante un año y medio. La rehabilitación fue espantosa: durante seis meses tuve que llevar corsé ortopédico y fui advertido de que en ese período debía limitar mi actividad física, incluida la sexual. Los compañeros del equipo me preguntaron si pensaba pedirle a mi esposa que se pusiese cinturón de castidad. Aunque reí, no me causó la menor gracia. Probablemente habría vuelto a la actividad en la temporada 1969-70, pero el equipo había comenzado de forma inmejorable y la directiva decidió incluirme en la lista de lesionados de ese año a fin de evitar que fuese escogido durante el draft de expansión. El aspecto económico no me preocupaba: tras un año como rookie, había firmado con el club un acuerdo de ampliación por dos años. Como necesitaba estar ocupado, hice de comentarista televisivo; trabajé con George Kalinsky, el fotógrafo del equipo, en un libro sobre los Knicks titulado Take It All! y viajé con el equipo como asistente informal de Red. En aquellos tiempos la mayoría de los entrenadores no contaban con asistentes, pero Red sabía que me interesaba aprender cosas sobre el baloncesto y, además, buscaba a alguien con quien contrastar ideas novedosas. Ese encargo me permitió evaluar el baloncesto desde la perspectiva de los entrenadores. Red era un poderoso comunicador oral, pero no tenía dotes para expresarse visualmente y casi nunca trazaba diagramas de las jugadas en las charlas previas a los partidos. Con el fin de mantenerlos concentrados, pedía a los jugadores que, mientras hablaba, ladeasen la cabeza cada vez que oyeran la palabra «defensa», que repetía más o menos cada cuatro vocablos. A pesar de todo, los baloncestistas se adormecían mientras hablaba, por lo que me pidió que apuntase las fortalezas y las debilidades de los equipos con los que nos enfrentábamos y que dibujara sus jugadas clave. Esa propuesta me obligó a pensar en términos estratégicos más que tácticos. Cuando eres un jugador joven sueles centrar casi toda tu atención en cómo vencerás a tu contrincante en cada partido, pero a partir de ese momento comencé a ver el baloncesto como una dinámica partida de ajedrez en la que todas las piezas están en movimiento. Fue muy estimulante. También aprendí una lección sobre la importancia de los rituales previos a los encuentros. El precalentamiento aún no se había inventado, de modo que la mayoría de los entrenadores intentaba transmitir los consejos previos al partido en los quince o veinte minutos anteriores a que los jugadores salieran al parqué. El jugador solo puede asimilar determinada cantidad de información cuando la adrenalina discurre por todo su cuerpo, por lo que no es un buen momento para evaluaciones sesudas. En ese espacio de tiempo hay que serenar la mente de los jugadores y fortalecer su conexión espiritual antes de que se lancen al campo de batalla. Red atribuía mucha importancia a los reservas o suplentes porque desempeñaban un papel decisivo en nuestro equipo, a menudo afectado por las lesiones. En su opinión, que los reservas estuviesen activamente involucrados en el juego era tan importante como la atención que le prestaba el quinteto inicial. Para comprobar si los suplentes estaban mentalmente preparados, los avisaba con varios

Once anillos phil jackson  

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