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Russell compartieron la última posición, la de alero, ya que nuestro iniciador del juego, Dick van Arsdale, había sido escogido por los Phoenix Suns en el draft de expansión de aquel año. Bill se llevó la mejor parte cuando, dos meses después del canje por DeBusschere, Cazzie se rompió un tobillo. Fue interesante ver cómo compitieron Bill y Cazzie por esa posición cuando este regresó al equipo. Ambos habían sido estrellas universitarias y opciones muy valoradas en el draft (En 1965, Bill había sido nombrado jugador territorial del año y, en 1966, Cazzie fue jugador universitario del año). Bradley, apodado Dólar Bill por su impresionante contrato (para la época) de cuatro años por la friolera de medio millón de dólares, había alcanzado un promedio de más de treinta puntos por partido durante tres años seguidos en Princeton y condujo a los Tigers a la Final Four de la NCAA, que lo consideró el jugador más valioso de todo el torneo. En 1965, tras ser elegido por los Knicks, decidió estudiar dos años en Oxford con una beca Rhodes antes de incorporarse al equipo. Se dijeron tantas barbaridades de él que, con tono sarcástico, Barnett se refería a su compañero como «el hombre que, de un solo salto, cruza altos edificios». También se burlaron mucho de Cazzie. Había firmado un jugoso contrato (doscientos mil dólares por dos años) y en Michigan había sido un anotador tan dinámico que al gimnasio del centro lo llamaban «la casa construida por Cazzie». Nadie puso en duda sus aptitudes: era un encestador extraordinario que había conducido a los Wolverines a tres títulos consecutivos de la Big Ten. A los jugadores les divertía su obsesión por la comida sana y las terapias alternativas. Por una vez, en el equipo había alguien con más motes que yo. Lo apodaron Niño Prodigio, Músculos Russell, Cockles ’n’ Muscles y mi preferido, Max Factor, debido a que al terminar las sesiones de entrenamiento le encantaba untarse el cuerpo con aceite para masajes. Su habitación estaba tan atiborrada de vitaminas y suplementos que Barnett, con quien la compartía, bromeaba con que necesitabas una receta firmada para visitarla. Lo más impresionante de Bill y Cazzie fue la intensidad con la que compitieron entre sí sin enredarse en una lucha de egos. Al principio Bil tuvo dificultades para adaptarse al deporte profesional debido a su escasa velocidad de pies y de capacidad de salto, pero compensó esas limitaciones aprendiendo a moverse deprisa sin la pelota y a aventajar en carrera a sus defensores. En las prácticas, a menudo me tocó defenderle y puedo asegurar que era exasperante. Justo cuando pensabas que lo habías arrinconado, Bill se largaba y aparecía en el otro extremo de la cancha dispuesto a lanzar un tiro abierto. Con Cazzie el problema era otro. Se trataba de un fantástico conductor con un gran empuje a la hora de mover la pelota, pero el quinteto inicial funcionaba mejor con Bradley en la cancha. Por eso Red le atribuyó el puesto de sexto hombre, capaz de salir del banquillo y desencadenar una sucesión de canastas que modificaban el resultado de un partido. Con el tiempo, Cazzie se adaptó a desempeñar esa función y se sintió muy orgulloso de dirigir la segunda unidad, que en la temporada 1969-70 incluía al pívot Nate Bowman, al escolta Mike Riordan y al ala-pívot Dave Stallworth (quien durante un año y medio había permanecido en la banda, tras sufrir un ataque al corazón), más los suplentes John Warren, Donnie May y Bill Hosket. Cazzie Russell llamaba a dicha unidad «los milicianos de la Guerra de la Independencia». Hace poco Bill asistió a una reunión de los Knicks y se sorprendió cuando Cazzie, que actualmente ejerce de pastor religioso, lo abordó y se disculpó por su comportamiento egoísta en los tiempos en los que competían por el mismo puesto. Bill respondió que no era necesario porque sabía que, por muy

Once anillos phil jackson  

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