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Thunder 87. En el sexto enfrentamiento, el director de orquesta fue Artest, que redujo al 21,7 por ciento el acierto de tiros de campo de Durant, uno de los porcentajes más bajos en la historia de los play-offs. De todas maneras, el juego fue un toma y daca hasta el último segundo, en el que Pau palmeó un lanzamiento de Kobe que no entraba y selló la victoria por 95-94. Las dos rondas siguientes no fueron tan angustiosas. Lo mejor fue que, como la rodilla ya no le molestaba tanto, de repente Kobe comenzó a promediar cerca de treinta puntos por encuentro. Tras liquidar a los Jazz en cuatro enfrentamientos, en las finales de la Conferencia Oeste, nos enfrentamos con los Phoenix Suns, el equipo más destacado de la liga desde la pausa del All-Star. No eran tan grandiosos como la alineación de los Lakers, pero tenían una sólida combinación 1-2 gracias a Steve Nash y Amar’e Stoudemire, así como un banquillo fuerte y una defensa enérgica y compacta. El momento decisivo se produjo en el quinto partido, que tuvo lugar en Los Ángeles. La serie estaba empatada a dos y el marcador permaneció muy igualado casi todo el tiempo. Avanzado el partido, que los Lakers ganaban por tres puntos, Ron cogió un rebote ofensivo y, en lugar de esperar a que pasase el tiempo, lanzó un triple mal preparado y erró, lo que permitió a los Suns luchar y empatar el encuentro con un triple. Por suerte, Ron se redimió cuando quedaban muy pocos segundos, ya que recuperó un caprichoso tiro en suspensión de Kobe y anotó los puntos ganadores justo cuando sonaba la bocina. Dos días después viajamos a Phoenix y finiquitamos la serie. Ron revivió, consiguió cuatro de siete desde la línea de tres y anotó veinticinco puntos. Todo indicaba que por fin demostraba su valía…, justo cuando más lo necesitábamos.

En cuanto comenzaron las finales del campeonato, mis inquietudes se centraron en la hiriente defensa de los Boston Celtics. Su estrategia consistió en taponar la zona con cuerpos voluminosos, presionar a nuestros hombres pequeños para que perdieran el balón y obligar a Lamar y a Ron a lanzar tiros en suspensión. Se trataba de un buen plan, que en el pasado había dado resultados, pero ahora éramos más resilientes que en 2008 y teníamos una mayor variedad de opciones anotadoras. Impulsados por Pau, que estaba impaciente por demostrar al mundo que no era un perdedor «blando», apelativo que la prensa le había endilgado en 2008, en el primer encuentro salimos a por todas. En el segundo, los Celtics respondieron con el asombroso rendimiento del escolta Ray Allen, que anotó treinta y dos puntos, incluidos ocho triples, que se convirtieron en el récord en una final. Aunque Fish soportó muchas críticas de los medios de comunicación por no poder controlar a Allen, Kobe también tuvo dificultades para contener al base Rajon Rondo, que consiguió un triple-doble. De repente la serie quedó empatada a uno y emprendimos el viaje para librar tres encuentros en Boston. En el tercero le tocó saldar cuentas a Fish. En primer lugar, anuló a Allen en defensa y le forzó a no anotar ni uno solo de sus trece intentos de campo, uno menos que el récord de una final. En el cuarto partido, Fish se apropió del partido, anotó once puntos seguidos y recuperó la ventaja de pista para los Lakers. Exultante por lo que acababa de conseguir, terminado el encuentro entró en el vestuario, donde le costó contener las lágrimas. Los Celtics no se dieron por vencidos. Ganaron los dos encuentros siguientes, se adelantaron 3-2 en la serie y dieron pie a la confrontación clásica en Los Ángeles.

Once anillos phil jackson  

MOTIVACION

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