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defensivo cerrado. Ron, al que hacía poco la encuesta de los gerentes generales había considerado el jugador «más duro» de la NBA, era lo bastante contundente y astuto como para neutralizar a aleros ágiles y móviles como Paul Pierce, de los Boston Celtics. Por otro lado, en ataque Ron podía volverse irregular y no era tan veloz como Trevor, lo que significaba que tendríamos que modificar nuestro rápido contraataque y adaptarlo a una ofensiva más lenta en el centro de la pista. También me preocupaba la imprevisibilidad de Ron. Era célebre por la descomunal pelea en la que participó como jugador de los Pacers en un partido de 2004 contra los Pistons en Auburn Hills. La riña estalló después de que Ron hiciese una falta a Ben Wallace, que se disponía a anotar una bandeja, por lo que este se vengó empujándolo con un golpe en el pecho. En mitad de la disputa, un seguidor de Detroit tiró un vaso a Ron, que se dirigió a las gradas y empezó a repartir golpes. El resultado fue la suspensión durante setenta y tres partidos, la más larga en la historia de la NBA no relacionada con las drogas ni con las apuestas. También penalizaron a Wallace y a otros jugadores, pero no tanto como a Ron. Durante la serie contra Houston en los play-offs de 2008 Ron, que entonces jugaba en los Rockets, fue expulsado en el segundo encuentro tras un choque con Kobe por un rebote. También perdió dos autobuses de equipo que se dirigían al Staples Center para disputar el séptimo encuentro y cogió el tercero, que trasladaba a la directiva de Houston, vestido con chándal. Ron se crio en el duro ambiente de las viviendas públicas de Queensbridge y se tatuó una Q en la pierna derecha y una B en la izquierda para no olvidar sus raíces. Recuerda que oía disparos mientras jugaba en las pistas de la calle Doce. En cierta ocasión fue testigo de la muerte de un joven durante un partido en un centro de barrio; estalló una pelea y uno de los jugadores arrancó una pata de la mesa de los anotadores y se la clavó. «Sigo perteneciendo al gueto —declaró Ron al Houston Chronicle. Eso no cambiará. Jamás cambiaré mi cultura». El baloncesto fue su salvación. A los doce años ya era lo bastante bueno como para jugar de forma amateur. Se unió a Lamar Odom y a Elton Brand, también futura estrella de la NBA, en el equipo Brooklyn Queens Express, que un verano destacó por ganar 67-1. Los tres jugadores triunfaron en el instituto y en la universidad y fueron elegidos en la primera ronda del draft de 1999. Los Bulls escogieron a Brand y a Ron en los puestos primero y decimosexto y los Clippers se quedaron con Lamar en la cuarta posición. Desde 1999, Artest había jugado en cuatro equipos (los Bulls, los Pacers, los Kings y los Rockets) y ahora estaba a punto de compartir pista con Lamar, su compañero de infancia. Para Ron fue como volver a casa. A pesar de sus orígenes y a su propensión a jugar duro, fuera de la pista Ron es un alma bondadosa que, sin hacer alardes, tiene muchos gestos solidarios con los niños. En cierta ocasión estaba en China y conoció a un joven forofo que no podía pagar sus libros de texto, por no hablar de un par de zapatillas de baloncesto firmadas por él. Ni corto ni perezoso, el deportista se quitó su reloj de 45.000 dólares y lo subastó a fin de sufragar la educación del muchacho. Ron es muy poco convencional. En la época en la que jugó en los Kings propuso, sin éxito, prescindir de la totalidad de su salario a fin de que su amigo, el escolta Bonzi Wells, no se fuese a otro equipo. En 2011 se cambió el nombre por el de Metta World Peace, según dijo, «para inspirar y unir a los jóvenes de todo el mundo». La palabra metta significa «amabilidad amorosa» en pali y alude a un principio fundamental de las enseñanzas budistas: el cultivo del amor universal. Por lo tanto, su nombre viene a ser «paz mundial y amabilidad amorosa». Está claro que Ron ha recorrido un largo

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