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Tras este, quedaron retenidos en el aeropuerto. El equipo se vio obligado a dormir en el avión mientras esperaban la llegada de otro. En consecuencia, su vuelo aterrizó a las seis y media de la mañana, hora del Pacífico. Aunque el entrenador Gregg Popovich se negó a considerar que ese viaje de pesadilla había sido responsable de la deslucida actuación del equipo en los dos encuentros siguientes, yo estoy convencido de que guarda relación con ella. En el tercer cuarto del primer partido cogieron veinte puntos de ventaja, pero en el último cuarto se vinieron abajo y les arrebatamos la victoria por 89-85. Tres días después parecían agotados cuando los derrotamos por una diferencia de treinta puntos. Los Spurs se recuperaron y ganaron el tercer encuentro en San Antonio, pero en los dos enfrentamientos posteriores Kobe se hizo cargo de la situación y en cinco partidos sellamos el resultado de la serie. Por fin llegó la largamente esperada confrontación con Boston. La rivalidad entre los Lakers y los Celtics es una de las más legendarias que existen en el deporte. De hecho, el doctor Buss estaba tan obsesionado con los Celtics que en su lista de deseos a realizar apuntó que quería ganar más campeonatos que ellos. Hasta entonces íbamos a la zaga de los de Boston, que nos superaban por dos, 16-14, y teníamos un misérrimo historial 2-8 en las finales que habíamos disputado con ellos. Era la primera vez que ambos equipos se enfrentaban en una final desde 1987, año en que los Lakers se alzaron con el triunfo por 4-2. No estaba seguro de que nuestro equipo se encontrara en condiciones de volver a derrotar a los Celtics, que contaban con un poderoso juego interior liderado por Garnett, Paul Pierce y Kendrick Perkins. También me preocupaba que consiguieran dominarnos bajo la canasta, sobre todo teniendo en cuenta que Andrew Bynum estaba fuera de juego. Asimismo, me inquietaba que nuestro equipo hubiese tenido demasiado éxito prematuramente y no se hubiese puesto lo bastante a prueba durante las primeras rondas como para resistir a un equipo duro y físico como Boston. Los Celtics ganaron el primer partido en casa por 98-88, en parte inspirados por el regreso de Pierce a la cancha en el último cuarto, después de retirarse de la pista en el tercer periodo debido a lo que parecía una grave lesión de rodilla. Tres días después se pusieron con una ventaja de 2-0 en la serie. Quedé impresionado por la forma en la que marcaron a Kobe. En lugar de asignarle un doble marcaje, hicieron que varios defensores se movieran y asistiesen a quien lo cubría, táctica que a menudo le impidió entrar en la zona y lo mantuvo exiliado en el perímetro durante la mayor parte del partido. Garnett, elegido jugador defensivo del año, realizó una excelente labor con Lamar, se colocó a su izquierda y lo retó a que lanzara tiros en suspensión. Esa situación generó cada vez más inseguridad en Lamar, por lo que Garnett se sintió lo bastante confiado como para apartarse momentáneamente de su lado y ayudar a Kendrick Perkins a castigar a Pau cada vez que este penetraba en la zona. Nos recuperamos fugazmente y ganamos el tercer encuentro en casa, pero en la segunda mitad del siguiente nos derrumbamos, desaprovechamos una ventaja de veinticuatro puntos y nos pusimos 3-1 en la serie. Tras librarnos de una situación ignominiosa en el quinto partido, volvimos a Boston y en el último encuentro la paliza fue tan brutal, 131-92, que la derrota nos persiguió a lo largo de todo el verano. El tono de la confrontación quedó fijado a comienzos del primer cuarto, cuando Garnett embistió por la zona, arrojó a Pau al parqué y machacó por encima de él mientras el pívot yacía en el suelo e intentaba evitar ser golpeado. Como era previsible, ninguno de los árbitros pitó falta. Terminado el encuentro, Kobe y yo nos encerramos en el vestuario de los Boston Bruins, equipo de

Once anillos phil jackson  

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