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El equipo no era el único que presentaba debilidades. Yo había sufrido un grave problema de cadera y me colocaron una prótesis justo antes del inicio del campamento de entrenamiento de la temporada 2006-07. Como quedó limitada mi capacidad de desplazarme por la pista para controlar el rendimiento de cada jugador durante las prácticas, tuve que aprender a entrenar desde una silla específicamente diseñada. Vale la pena comentar que, aunque me preocupaba que la movilidad reducida afectase mi autoridad, lo cierto es que ocurrió exactamente lo contrario. Aprendí a ser enérgico sin volverme dominante: más lecciones en la escuela de «menos es más». La temporada 2006-07 empezó bien, pero las cosas se torcieron en la segunda mitad debido a que varios jugadores, incluidos Lamar, Kwame y Luke Walton, sufrieron lesiones. La alineación quedó tan mermada que en cierto momento tuve que emplear como ala-pívot a Aaron McKie, escolta de 1,96 metros, con Andrew Bynum ocupando la posición de pívot. En febrero el equipo entró en caída libre y perdió trece de dieciséis partidos seguidos. A mediados de marzo, Kobe se hartó y decidió hacerse cargo de la situación, lo que funcionó aproximadamente durante dos semanas. Anotó más de cincuenta puntos en cinco de siete partidos y ganamos todos menos dos. Sin embargo, el resto de los jugadores se quejaron de que no veían la pelota y tuve que pedirle a Kobe que se moderase. Habitualmente intentaba trabajar mucho al final de la temporada para que el equipo funcionara al máximo nivel de camino a los play-offs. En esa ocasión no hubo ni la más remota posibilidad de hacerlo. La química del equipo estaba tocada y se nos habían acabado los trucos de magia. Terminamos la temporada con una racha 4-8 y finalmente dejé de lado a Smush, sustituyéndolo por el rookie Jordan Farmar, más rápido y fiable cuando se trataba de marcar a bases y escoltas ligeros de pies. Necesitábamos mucho más que velocidad para estar a la altura de Phoenix en la primera ronda. Aquel año los Suns se habían convertido, en todo caso, en un equipo incluso más fuerte. Habían conquistado el título de la división del Pacífico tres años seguidos y contaban con el mejor base de nuestro deporte, Nash, que previamente había ganado dos trofeos consecutivos al jugador más valioso. Era evidente que a los Suns les sobraba seguridad en sí mismos. Antes del primer partido, Los Angeles Times publicó un artículo que incluía un extracto de :07 Seconds or Less, el libro de Jack McCallum, colaborador de Sports Illustrated, en el que Mike D’Antoni, entrenador de los Suns, criticaba las debilidades defensivas de algunos de nuestros jugadores. Dijo cosas de este calibre: «Kwame es malísimo, Odom es un defensor mediocre, Vujacic no puede marcar a nadie y en la pista abierta Bryant corre excesivos riesgos». Aunque no estuve de acuerdo con la evaluación de Mike, quedé impresionado por el nivel de desparpajo de los Suns al inicio de la serie. De todos modos, todavía creía que podríamos volver a sorprenderlos si permanecíamos focalizados. Aquella fue la gran incógnita. Durante la serie mostré a los jugadores fragmentos de la película Hustle & Flow (Rapidez y fluidez) porque, en mi opinión, necesitaban un poco más de cada una de esas cualidades para vencer a los Suns. Es evidente que no captaron el mensaje. El equipo actuó como sonámbulo durante los dos primeros partidos en Phoenix, cobró vida y ganó el tercero en Los Ángeles, pero volvió a dormirse y perdió la serie por 4-1. Me sentí tan frustrado por su poca energía en el cuarto y decisivo partido que fingí un ataque y al día siguiente finalicé de repente el entrenamiento y les envié a todos a casa. La falta de rapidez (por no hablar de la fluidez) solo fue una parte del

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