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italiano avanzado en la universidad de Los Ángeles. Desde mi perspectiva, una de las mayores diferencias entre las dos estrellas es la aptitud superior de Michael como líder. Aunque en algunos momentos fue duro con sus compañeros de equipo, Michael era magistral a la hora de controlar el clima emocional de equipo con el mero poder de su presencia. En cuanto comprendió la eficacia del triángulo, supo instintivamente cómo convencer a los jugadores para que funcionase. A Kobe le quedaba mucho camino por recorrer antes de dominar esa capacidad. Era capaz de hablar para realizar un buen partido, pero aún no había experimentado en carne propia la fría verdad del liderazgo, algo por lo que Michael ya había pasado. Pronto todo eso comenzaría a cambiar.

Mediada la temporada 2005-06, los jugadores empezaron a sentirse cómodos con el sistema triangular y a ganar encuentros, pese a que Kobe no batió ningún récord. Me alegré al constatar que el equipo progresaba más rápido de lo que esperaba. Terminamos la temporada regular con una racha de 11-3 y entramos en los play-offs con un balance de 45-37, un avance de once partidos con respecto a la temporada anterior. La progresión fue en aumento y en la primera ronda logramos una inesperada ventaja de 3-1 contra los Phoenix Suns, que había ganado el título de la división. Nuestro plan consistió en que Kobe jugase dos contra uno para luego pasar a Kwame y a Lamar, estrategia que pareció funcionar. Nuestra remontada en el cuarto partido fue extraordinaria. Cuando solo quedaban 0,7 segundos para el final del tiempo reglamentario y con la ayuda de un decisivo balón robado por Smush, Kobe realizó un lanzamiento desde la línea de fondo que empató el encuentro y a continuación, con 0,2 segundos para el final, anotó un tiro en suspensión a la media vuelta, desde unos cinco metros, y vencimos en el tiempo suplementario. «Nunca me había divertido tanto —declaró una vez concluido el enfrentamiento. Así somos nosotros. Así somos nosotros, el equipo al completo, disfrutando del momento en compañía de toda la ciudad de Los Ángeles». Las celebraciones no duraron mucho. Horas antes del quinto encuentro nos enteramos de que estaban investigando a Kwame por una presunta agresión sexual en Los Ángeles. Finalmente se desestimaron los cargos, pero los comentarios desconcentraron a los jugadores y nos impidieron resolver la serie en dicho partido. Luego el viento cambió a favor de los Suns. Durante el sexto partido, Smush se mostró cada vez más reacio a lanzar, por lo que Kobe lo alentó a que se concentrase en presionar defensivamente al base Steve Nash y a que no se preocupara por anotar. Pese a la heroica actuación de Kobe, que logró cincuenta puntos, en la prórroga perdimos. Una vez terminado el enfrentamiento, Smush se vino abajo emocionalmente, pues solo había anotado cinco puntos de doce lanzamientos. El equipo regresó a Phoenix para librar el séptimo partido contra los Suns en su propia pista. No fue gran cosa. En la media parte pedí a Kobe que volviese a nuestra estrategia original y pasase balones a Lamar y a Kwame en el poste. Por lo tanto, contuvo su juego y solo realizó tres lanzamientos en la segunda mitad. Lamentablemente, Lamar y Kwame parecían estar en otra parte y, a pesar de que dispusieron de infinitas oportunidades, su anotación total combinada solo ascendió a veinte puntos. Cuando el partido se convirtió en una soberana derrota por 121-90, la peor que han sufrido los Lakers en un séptimo encuentro, recordé lo importante que es el carácter cuando se trata de ganar grandes enfrentamientos. A ese equipo le hacía falta más corazón.

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