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El desmembramiento no tardó en producirse. Poco después del final de los play-offs, el doctor Buss confirmó lo que Mitch Kupchak ya me había dicho: el equipo se movía en otra dirección y no me renovarían el contrato. No me sorprendió que se planteasen traspasar a Shaq y albergaran la esperanza de renovar a Kobe. Transmití al doctor Buss que perder a Shaq probablemente significaría entregar como mínimo un campeonato al equipo que se lo quedase. Respondió que estaba dispuesto a pagar ese precio. Mi profecía se hizo realidad. A mediados de julio, los Lakers traspasaron a Shaq a Miami y dos años después este lideró a su nuevo equipo a la conquista del campeonato. Un día después del traspaso de Shaq, los Lakers anunciaron que Kobe había firmado su permanencia en el equipo. El juicio en Colorado siguió adelante: el 27 de agosto se procedió a la selección de los miembros del jurado y el 1 de septiembre se acabó. El juez desestimó el caso después de que la acusación se retirara. Por lo visto, la testigo clave, la demandante de Kobe, se negó a testificar. Cotton Fitzsimmons afirmó en cierta ocasión que no sabes qué clase de persona será un entrenador hasta que lo despiden. No sé muy bien lo que significa esto con respecto a mí pero, sea como sea, estaba deseoso de tomarme un respiro del baloncesto y buscar otras formas de alimentar mi mente y mi espíritu. Me quedaba trabajo pendiente con La última temporada, libro que estaba escribiendo sobre los años que había entrenado a los Lakers. En cuanto terminara, me iría muy lejos de Los Ángeles y emprendería un esclarecedor viaje de siete semanas por Nueva Zelanda, Australia y varios puntos del Pacífico Sur. Pese al intenso dramatismo, estaba satisfecho de lo que había logrado con los Lakers a lo largo de los cinco años en los que me había encargado del equipo, aunque lo cierto es que me habría gustado redactar otro final. Cuando me marché, estaba satisfecho del cambio positivo que había tenido lugar en mi relación con Kobe. Conciliar tu cólera siempre resulta ingrato y de manera inevitable te pone en contacto con tus temores, tus fragilidades y tu mentalidad sentenciosa. Los pasos que Kobe y yo dimos aquella temporada, cada uno a su manera, sentaron las bases para la construcción de una conexión más firme y consciente en el futuro. Cuando evoco ese periodo, tengo la sensación de que para mí fue el final de un capítulo importante…, que se cerró bien. Entrenar a los Lakers fue como tener una aventura salvaje y tempestuosa con una mujer hermosa, después de la cual había llegado el momento de seguir mi camino y probar algo nuevo.

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MOTIVACION

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