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lanzó un fantástico tiro en suspensión a la media vuelta. ¡Limpia! Habíamos ganado.

En el sexto partido acabamos con los Spurs y a continuación arrasamos a los Timberwolves, también en seis encuentros, con lo que ganamos las finales de la Conferencia Oeste. Malone volvió a lesionarse la rodilla en el último partido, hecho que frenó nuestro ímpetu y planteó grandes dudas sobre las finales del campeonato contra los Detroit Pistons. Estaba inquieto respecto a los Pistons incluso antes del accidente de Malone. Formaban un equipo joven y cohesionado que estaba en su mejor forma en el momento oportuno y que acababa de ganar las finales de la Conferencia Este a los Indiana Pacers, el equipo con el mejor balance de toda la liga. Nuestros jugadores no se tomaban demasiado en serio a los Pistons porque no disponían de grandes figuras, si bien estaban entrenados por uno de los mejores, Larry Brown, y nos crearon serios problemas de emparejamiento. Chauncey Billups, sólido e ingenioso creador de juego, podía superar fácilmente a Payton o a Fisher; Tayshaun Prince, un defensor de 2,06 metros y brazos largos, causaría problemas a Kobe, y no contábamos con una buena solución para la doble amenaza de los ala-pívots Rasheed Wallace y Ben Wallace. La estrategia de Brown consistía en provocar faltas en ataque a Shaq haciendo que sus pívots cayeran sobre él cada vez que entraba. Antes de cada serie me gustaba dedicar tiempo a visualizar nuevas formas de neutralizar el ataque de nuestro siguiente adversario pero, en el caso de los Pistons, me quedé en blanco. Todo comenzó a fallar en el primer partido en Los Ángeles. Los Pistons nos superaron defensivamente y recuperaron la ventaja de jugar en casa a pesar de que Shaq y Kobe anotaron 59 puntos en conjunto. En el segundo encuentro nos recuperamos y conseguimos ganar en la prórroga. Comenzamos a tener dificultades cuando la serie se desplazó a Detroit y no conseguimos recuperarnos. La rodilla siguió causando problemas a Malone y finalmente el motor se paró. Los Pistons alcanzaron la victoria en cinco encuentros.

Mi mayor decepción durante esa temporada tuvo que ver con nuestra incapacidad de aislarnos de las distracciones y de convertir a ese talentoso grupo de superestrellas en la fuerza imparable que tendría que haber sido. Hubo varias actuaciones individuales grandiosas (por parte de Kobe, Karl y otros), pero seguimos siendo mayoritariamente un conjunto de veteranos entrados en años y con las piernas cansadas, que lucharon por estar a la altura de un equipo joven, con ansias de ganar, enérgico y muy semejante a los Lakers de hacía unos años. Para Fox, el motivo por el que perdimos estaba muy claro: «Un equipo siempre vence a un grupo de individuos y elegimos el peor momento para ser un grupo de individuos». Para Fish, el fin de los Lakers comenzó mucho antes, hacia la mitad de nuestro tercer intento de ganar el campeonato. Afirma que, en cuanto el éxito se convirtió en un elemento habitual de la cultura de equipo, «los jugadores comenzaron a atribuirse más méritos en relación con lo que pasaba. Por lo tanto, se centraron menos en lo que el personal de entrenamiento incorporaba a la ecuación y más en plantearse de quién era el equipo, si de Shaq o de Kobe, y en qué componentes de la lista de jugadores tenía que progresar y mejorar. Esas cuestiones se colaron en el vestuario y trastocaron realmente la energía y la cohesión que habían existido en los primeros años».

Once anillos phil jackson  

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