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Antes del inicio del campamento de entrenamiento, me reuní con Kobe e intenté evaluar cómo se sentía. Había adelgazado y lo noté cansado y demacrado. También mostró una actitud tajante que antes no le había visto. Le garanticé que le facilitaría las cosas tanto como pudiese a lo largo de la temporada. Le pregunté cómo se encontraba y no se mostró muy abierto, ya que su manera de gestionar el estrés consistía en replegarse. Sin embargo, hacia el final de la conversación me comunicó con actitud decidida que ya no estaba dispuesto a tolerar las tonterías de Shaq. Hablaba en serio. Poco después, tras el tambaleante debut de Kobe en un partido de exhibición, Shaq comentó que Kobe tenía que modificar su juego y confiar más en los compañeros de equipo, hasta coger fuerzas en la pierna. Kobe le respondió que debía preocuparse por su posición más que por la suya. Shaq no lo dejó pasar. «Pregunta a Karl y a Gary por qué están aquí —declaró. Por una persona, no por dos. Solo por una. Y se acabó. No pretendo decirle cómo tiene que jugar: solo le digo cómo jugar en equipo». También añadió que si a Kobe no le gustaba que expresase su opinión, ya podía largarse el año siguiente porque «yo no pienso moverme de aquí». Días después, en una entrevista que concedió a Jim Gray, de ESPN, Kobe se desquitó con una durísima crítica sobre el liderazgo de Shaq. Dijo que debía dar ejemplo si quería que ese fuese su equipo. Eso significaba no presentarse en el campamento gordo, fuera de forma y culpando a los demás de los fracasos del equipo. «No solo es “mi equipo” cuando ganamos —aseguró Kobe. Se trata de soportar la carga de la derrota con la misma elegancia con la que levantas el trofeo de campeón». Añadió que, si a finales de temporada decidía dejar los Lakers, uno de los motivos principales tendría que ver con «el egoísmo y los celos ridículos de Shaq». Shaq se enfureció y dijo a Mitch Kupchak que, la próxima vez que lo viera, le iba a dar una buena paliza a Kobe. Mitch y yo decidimos que, cuando al día siguiente se presentasen en las instalaciones de entrenamiento, separaríamos a Shaq y a Kobe para impedir que cometieran una estupidez. Yo me ocupé de Shaq y Mitch, de Kobe. Posteriormente hablé con Kobe y reconoció que lo que realmente le había enfurecido de Shaq fue su decisión de someterse a la operación del dedo del pie casi al inicio de la temporada anterior, motivo por el cual, en su opinión, había puesto en peligro nuestras posibilidades de conseguir el cuarto anillo. Era la primera vez que se lo oía decir. Afortunadamente, tras la última ronda de acalorados intercambios verbales, la situación se calmó, al menos durante un tiempo. A ello contribuyó que en el equipo había jugadores veteranos como Karl y Gary, que tenían poca o ninguna paciencia con ese tipo de piques pueriles por el liderazgo. También contribuyó el excelente inicio de temporada: 19-5. Por desgracia, nuestro éxito fue efímero. En diciembre, Karl se lesionó la rodilla en un partido en casa contra los Suns y estuvo de baja casi toda la temporada. No contábamos con un buen sustituto de Karl y nos sumimos en un período de malestar hasta que, más entrada la temporada, nos recuperamos.

Mi estrategia de conceder espacio a Kobe no pareció dar resultado. Cuanta más libertad le concedía, más beligerante se mostraba. Dirigió contra mí gran parte de su ira. Kobe se había mostrado pasivoagresivo antes, cuando no quería hacer lo que yo le pedía, pero en ese momento se volvió agresivoagresivo. Realizó comentarios sarcásticos durante los entrenamientos y cuestionó mi autoridad en presencia del resto de los jugadores. Consulté a un psicoterapeuta, quien apuntó que la mejor manera de tratar con Kobe consistía en: 1)

Once anillos phil jackson  

MOTIVACION

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