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Capítulo diecisiete ¡Uno, dos, tres…, Lakers! Que confíen en ti es un cumplido mayor que ser amado. GEORGE MacDONALD

Cierto día de comienzos de la temporada 2001-02, Rick Fox me dijo que ya no se sentía en la cresta de la ola y que esa sensación lo estaba volviendo loco. No hablaba de drogas, sino de la excitación espiritual que había experimentado durante el intento de ganar el segundo campeonato. Rick se crio en el seno de una familia pentecostal de Bahamas y enseguida entendió a qué me refería cuando hablé del baloncesto como un deporte espiritual. Acotó que cuando todos jugaban con una sola mente, la experiencia resultaba tan hermosa que se sentía mejor que con todo lo que hasta entonces había hecho. De repente, esa sensación se había evaporado como un sueño y deseaba recuperarla. Yo sabía de qué hablaba Rick; al fin y al cabo, lo había vivido. El sentimiento descrito por Rick también se denomina «adicción espiritual»: una sensación de conexión tan poderosa y jubilosa que no quieres que desaparezca. El problema radica en que, cuanto más intentas aferrarte, más esquiva se vuelve. Intenté explicar a Rick que, aunque profunda, su experiencia de la temporada anterior no había sido más que un momento en el tiempo y que intentar recrearla era una batalla perdida porque todo había cambiado, incluido el propio Rick. A veces el baloncesto es una gozada, como lo fue para nosotros a finales de la temporada 2000-01, y en otras ocasiones se convierte en un trabajo duro, largo y penoso. De todas maneras, si la abordas como una aventura, cada temporada adquiere su propia belleza. Desde el primer día de la temporada 2001-02 supe que no sería fácil. Los tripletes nunca lo son. Por la parte positiva, valga decir que Kobe y Shaq se llevaban bien. No se agredían de palabra y a menudo los vi reír juntos, tanto en los entrenamientos como después de los partidos. Durante una gira por Filadelfia, Shaq y varios jugadores más asistieron a la retirada de la camiseta de Kobe en el instituto Lower Merion. Una vez cumplida la ceremonia, Shaq abrazó a Kobe en el escenario. No todos los cambios fueron tan positivos. El equipo volvía a estar en estado de flujo. En líneas generales, las plantillas de los Lakers eran mucho más fluidas que las de los Bulls. En el despacho de Jeanie hay un retrato de los jugadores que participaron en los tres campeonatos durante mi primera

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