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con gripe, necesitábamos a alguien capaz de arrancar el ataque y apartar al equipo del abatimiento de mitad de la temporada. Cuando salió a la pista para su primer partido, en casa contra los Boston Celtics, me percaté de que tenía delante a otro Derek. Salió disparado y anotó 26 puntos (el máximo de su carrera), más 8 asistencias y 6 robos. Por si fuera poco, su osado ataque a uno y otro extremo de la cancha electrizó al equipo. Marcó el punto de inflexión de la temporada. Aún nos quedaban varios obstáculos por salvar. La semana siguiente, justo antes de un partido en Milwaukee, el columnista Rick Telander publicó en el Chicago Sun-Times un artículo en el que yo mencionaba un rumor que había oído, según el cual Kobe había saboteado los partidos de su equipo de la escuela secundaria a fin de realizar una reaparición espectacular y dominar en los últimos minutos. No solo se trataba de un comentario irresponsable e improvisado, sino que era falso. A Kobe no le causó la menor gracia y los Lakers no tardaron en recibir una llamada de su abogado, en la que amenazaba con demandarme por calumnias. Me disculpé personalmente con Kobe y también lo hice en presencia de todo el equipo. De todos modos, era consciente de que me había pasado de la raya. Lo que entonces desconocía es que tardaría años en recuperar plenamente la confianza de Kobe. Para empeorar un poco más las cosas, durante el partido en Milwaukee, Kobe volvió a torcerse el tobillo tocado y se perdió los nueve partidos siguientes. Fue un verdadero golpe porque los play-offs estaban muy próximos. Durante las semanas que Kobe estuvo sin jugar, el equipo subió otro peldaño. A principios de abril entramos en una racha de ocho partidos que clausuraron la temporada regular. Mediada esa racha, Kobe volvió a la pista para enfrentarse a Phoenix en casa y resultó evidente que aquella noche se puso en plan Navy Seal. Dedicó casi todo el partido a dar a los Suns un curso especializado sobre el modo de jugar al baloncesto como se debe, ayudando sin cesar a sus compañeros incluso después de que fallaran varios tiros y jugando una defensa agresiva, lo que nos permitió conseguir la victoria por 106-80. Tras marcar únicamente veinte puntos (pocos para él), una vez terminado el encuentro declaró a la prensa: «No se trata de anotar, sino de frenar a los contrincantes».

El baloncesto se despliega por caminos inescrutables. A muchos niveles, aquella había sido la temporada más complicada de mi trayectoria profesional, más difícil incluso que mi última alegría en Chicago. Parecía impensable que ese equipo, que parecía a punto de explotar en cualquier momento, aunase esfuerzos al final de la temporada y tuviera una racha ganadora digna de cualquiera de los mejores conjuntos de la historia de nuestro deporte. A pesar de los conflictos, era un equipo que sabía que estaba destinado a la grandeza…, siempre y cuando fuera capaz de salirse del camino que llevaba. En medio de la crisis me ocupé de hablar extensamente sobre el poder de la comunidad. En Los Ángeles no era fácil crear comunidad por medios tradicionales debido a que los jugadores vivían alejados unos de otros y a que la ciudad resultaba seductora y estaba llena de distracciones. Las penurias sufridas durante esa temporada nos obligaron a unirnos. En The Zen Leader, Ginny Whitelaw refiere que la alegría aflora cuando la gente queda unida por un intenso sentimiento de conexión. «Esta alegría suele ser más sutil que la del tipo “dar saltos de alegría” —escribe Whitelaw. Podemos experimentarla como el compromiso pleno con lo que hacemos

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MOTIVACION

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