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Quedé gratamente impresionado por la forma en la que el resto de los jugadores gestionaron la situación. Casi todos se negaron a tomar partido. Robert Horry se burló del asunto y lo describió como «una presunta disputa entre dos perros calientes marcando territorio». Brian Shaw, que había jugado con O’Neal en Orlando, comentó que le recordaba el choque entre Shaq y Penny Hardaway, por entonces estrella en ciernes, con la salvedad de que Penny no se oponía a hacer del Robin de Batman interpretado por Shaq, mientras que Kobe se negaba. A Brian le gustaba decir que los Lakers no eran el equipo de Shaq ni el de Kobe, sino el del doctor Buss, que era quien firmaba los cheques. A Rick Fox el pique entre Shaq y Kobe le recordó al punto muerto al que Larry Bird y Kevin McHale llegaron a principios de la década de 1990, época en la que Fox se unió a los Celtics. Larry era serio con todo y Kevin mostraba una actitud más lúdica hacia el baloncesto. Bromeaba durante los entrenamientos y con frecuencia realizaba disparatadas bandejas, lo que volvía loco a Larry. Además, esperaban que todos los integrantes del equipo se pusieran de parte de Larry o de Kevin. Fue una pesadilla. Afortunadamente, las diferencias entre Shaq y Kobe no llegaron a esos extremos. A mediados de febrero, en la época del partido del All-Star, ambos jugadores estaban hartos del altercado e informaron a los cronistas deportivos de que ya lo habían superado. «Estoy preparado para dejar de responder a esas estúpidas preguntas», declaró Shaq. Kobe adoptó la posición compartida por muchos de sus compañeros cuando dijo: «Lo que no mata te hace más fuerte». Ahora que ha madurado y cría a dos hijas cabezotas, Kobe se ríe de lo que tuvo que ser tratar con él durante aquella temporada delirante. «Mis hijas están en esa fase en la que creen que lo saben todo. Me recuerdan a mí. Me imagino los quebraderos de cabeza que le causé a Phil. —Pero también añade —: Aunque hubo momentos en los que parecía que no aprendía nada, estaba aprendiendo». Según Kobe, utilicé su trifulca con Shaq para reforzar al equipo. «Phil contaba con dos machos alfa que tenía que hacer avanzar en la misma dirección —reconoce Kobe actualmente. El mejor modo de lograrlo era montarse en mi trasero porque [Phil] sabía que así conseguiría que Shaq hiciera lo que él quería. Me pareció bien, pero no es necesario fingir que no me daba cuenta de lo que pasaba». En ese aspecto tiene razón. Aquella temporada lo presioné mucho porque era más adaptable que Shaq. Debo reconocer que Tex, el crítico más severo de Michael Jordan, pensó que debía ser menos tajante con Kobe. En mi opinión, necesitaba instrucciones claras para madurar y crecer. Kobe contaba con toda clase de herramientas. Sabía pasar, lanzar y atacar desde el regate. Sin embargo, si no aprendía a usar correctamente a Shaq y a aprovechar su inmenso poder, el equipo estaría perdido. Aunque sabía que hasta cierto punto inhibiría su estilo libre, me parecía que nuestra mejor estrategia consistía en pasar el balón al pívot y hacer que la defensa se cerrara a su alrededor. No se diferencia mucho del fútbol americano, en el que tienes que establecer el juego en carrera antes de emprender el juego aéreo. En baloncesto necesitas penetrar antes de apelar a tus lanzadores y los jugadores que cortan para anotar canastas fáciles. Kobe lo entendía, pero otras fuerzas pudieron con él. «A Phil le costó mucho contenerme — reconoce Kobe—, porque por naturaleza soy un número uno. Tuve que actuar contra mi naturaleza para convertirme en el número dos. Me sabía capaz de liderar el equipo y para mí fue todo un desafío porque jamás había oído que un número dos adoptase posteriormente al papel de líder y ganara». Finalmente Kobe se planteó el problema en otros términos. «Tal como lo vi, me imaginé como una

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