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Capítulo dieciséis El goce de no hacer nada Si te quedas tranquilo, sin hacer nada, la primavera llega y la hierba crece por sí misma. PROVERBIO ZEN

A veces, cuando relleno formularios, en la casilla profesión escribo «mago». No pretendo engañar a nadie. Lisa y llanamente, cuando pienso en la labor de equilibrar egos que tenemos que realizar los entrenadores de la NBA, creo que la mejor manera de definirla consiste en decir que hacemos magia. Sin duda fue así en el otoño de 2000, cuando nos reencontramos en Los Ángeles para iniciar la nueva temporada. El año posterior a la conquista del campeonato siempre es el más difícil. En esa fase todos los egos levantan la cabeza y la química misteriosa que el equipo tenía poco tiempo atrás repentinamente desaparece. Rick compara ganar un campeonato de la NBA con conseguir tu primer Oscar. «Define quién eres y durante el resto de tu vida significas algo», afirma. Claro que también modifica nuestras expectativas. «Te conviertes en campeón y a lo largo de varios meses te dan palmaditas en la espalda. Al fin regresas para la nueva temporada y te dices que eso es lo que quieres que te pase». La mayoría de los jugadores intentan ocultar sus expectativas personales, pero no es complicado detectarlas, sobre todo cuando empiezan a jugar. Una de las cosas buenas del triángulo ofensivo radica en que pone de manifiesto el estado de ánimo de cada jugador sin necesidad de que pronuncie palabra alguna. Lo primero que noté fue la pérdida de impulso. Los jugadores se habían dedicado en corazón y alma a ser campeones y muchos ahora funcionaban a velocidad de crucero. Opté por no presionarlos demasiado a comienzos de la temporada. Les dije que, dado que ya habían ganado un campeonato, había llegado el momento de investigar cómo solucionar los problemas por sí mismos. De todos modos, faltaba algo. En vacaciones habíamos perdido a algunos de los jugadores más competentes: Glen Rice se marchó a Nueva York como agente libre, A. C. Green fue fichado por Miami y John Salley se retiró. Para cubrir esos puestos fichamos a baloncestistas sólidos, incluidos el ala-pívot Horace Grant y el pívot Greg Foster, que habían formado parte de la plantilla de los Bulls,

Once anillos phil jackson  

MOTIVACION

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