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realizaba un tiro en suspensión de tal precisión que solía volver loco a Scottie Pippen. Glen también había sido un defensor veloz y agresivo, pero había perdido la práctica desde su incorporación a los Lakers. La alineación también incluía a Horry, un fibroso ala-pívot de 2,08 metros que posteriormente fue apodado Rob Grandes Tiros por su capacidad para realizar en el último minuto lanzamientos que permitían ganar partidos. Rob había conseguido dos anillos con Houston antes de ser traspasado a Phoenix y, más tarde, a Los Ángeles. Su promedio de anotaciones había disminuido y me preocupaba que no poseyera la fortaleza ni la corpulencia necesarias para plantar cara a los ala-pívots más fornidos de la liga. El equipo también contaba con varios reservas prometedores, incluidos Rick Fox y Derek Fisher, que más adelante se convertirían en importantes líderes. Rick había sido la estrella de la Universidad de Carolina del Norte y era lo bastante corpulento y ágil como para ocupar la posición de ala-pívot tanto como la de alero. Boston lo había escogido en el draft, donde languideció varias temporadas en la época posterior a Larry Bird. Se lo conocía por cometer errores incomprensibles, que los jugadores denominaban «el balón de Ricky», pero también era un buen lanzador en los últimos segundos, un sólido defensor y un generoso jugador de equipo. Derek Fisher, base de 1,85 metros y 95 kilos, procedente de la Universidad de Arkansas en Little Rock, era espabilado, agresivo, polifacético y poseía un buen lanzamiento exterior y aptitudes naturales para el liderazgo. Nuestras mayores debilidades estaban en las posiciones de base y ala-pívot. Nos esforzamos por cerrar un trato con Houston para fichar a Scottie Pippen, pero se lo llevaron los Portland Trail Blazers, que aquel año fueron nuestro adversario en la Conferencia Oeste. Afortunadamente, logramos fichar a Ron Harper, cuyo contrato con los Bulls había finalizado, y a A. C. Green, veterano alapívot que no solo era un buen defensor, sino que conocía a fondo el triángulo, ya que había jugado con los Dallas Mavericks a las órdenes de Jim Cleamons, exentrenador de los Bulls. También incorporamos como refuerzo al pívot John Salley, que había ganado anillos con los Bulls y con los Pistons. El motivo por el que fichamos a tantos jugadores experimentados respondió a que queríamos poner fin a la penosa historia del hundimiento de los Lakers a causa de la presión, la inmadurez y la falta de disciplina. En 1998, los Lakers perdieron quince de sus primeros dieciocho lanzamientos en la derrota más bochornosa en la historia del equipo, la paliza por 112-77 a manos de los Jazz en el primer partido de las finales de la Conferencia Oeste. Horry declaró que el partido le recordó a El mago de Oz porque el equipo jugó «sin corazón, sin cerebro y sin valentía». El entrenador Del Harris puso la guinda a ese comentario diciendo: «Y sin magia». También formé un equipo de entrenadores experimentados, compuesto principalmente por veteranos con los que había trabajado en Chicago, que incluía a Cleamons, a Frank Hamblen y a Tex Winter (para gran consternación de Jerry Krause). Asimismo, conservé a Bill Bertka, entrenador asistente de los Lakers. Nuestro plan consistía en comenzar por el principio, enseñar a los jugadores los rudimentos del sistema y llevar a cabo ejercicios de pases y lanzamientos básicos. El primer día del campamento pedí a los jugadores que formaran un círculo en el centro de la pista, por lo que Chip Schaefer, coordinador de rendimiento atlético que me había traído de los Bulls, recordó un viejo anuncio televisivo de E. F. Hutton. «Todos estaban pendientes de cada palabra, incluidos los veteranos —evoca Chip. Todos pidieron silencio porque querían oír cada una de las palabras de ese tío». Un rato después, durante el

Once anillos phil jackson  

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