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que contaban con aleros corpulentos. Esa modificación le permitió desempeñar la función de tercer base, que era lo que hacía Pippen, y aprovechar sus aptitudes creativas para el manejo del balón. Toni era inconformista y estaba siempre atento a la jugada que nadie más podía imaginar. En ocasiones funcionó maravillosamente bien. Sin embargo, carecía de la resistencia mental y de la capacidad física para navegar por las agitadas aguas del calendario de 82 partidos de la NBA como anotador principal o como encargado de mover la pelota. Sin Toni como amarre, nuestro banquillo se volvió mucho más débil. La gran sorpresa la dio Rodman. En la temporada 1996-97 había tenido altibajos y me preocupaba que volviese a perder el interés por el baloncesto. Durante la recuperación de Scottie le pedimos que interviniera y aplicase al equipo una inyección de energía. De repente se puso a jugar al baloncesto en ambos extremos de la cancha y al nivel de los jugadores más valiosos. A Michael le gusta contar de qué manera se unieron Dennis y él en ese período. La clave estuvo en su afición mutua por los cigarros. «Cuando Scottie se lesionó, Dennis y yo quedamos como líderes del equipo —recuerda Michael. Por eso fui a ver a Dennis y le dije: “Escucha, conozco todas tus tonterías. Sé que te gusta que te señalen faltas técnicas, y sé qué imagen intentas proyectar. Tío, necesito que permanezcas en el partido. No hace falta que te expulsen. Scottie no está, lo que significa que tendrás que dar la cara como un líder, en vez de situarte detrás de Scottie y de mí”». Dennis asumió el reto prácticamente todo el tiempo, hasta que, durante un partido, se cabreó y lo expulsaron. «Ahora sí que estoy furioso —afirmó Jordan. Estoy jodido porque tuvimos esa conversación y me ha dejado colgado. Esa noche llamó a la puerta de mi habitación del hotel y me pidió un cigarro. Nunca lo había hecho en todo el tiempo que llevábamos juntos. De todas maneras, sabía que me había defraudado y esa fue su manera de disculparse».

El 10 de enero Scottie regresó a la alineación para el partido contra los Golden State Warriors y de la noche a la mañana el equipo se transformó. Fue como asistir a la reaparición de un gran director de orquesta después de un permiso. De repente, todos supieron qué notas tocar y cómo armonizar. A partir de esa fecha, tuvimos una racha de 38-9 y empatamos con los Utah Jazz con el mejor balance de la liga: 62-20. A medida que la temporada regular llegaba a su fin, consideré importante que rematásemos nuestra trayectoria como equipo. Se trataba del fin de una época y quería que dedicásemos tiempo a reconocer nuestros logros y la fuerza de nuestra conexión. Mi esposa June propuso que llevásemos a cabo el mismo ritual del programa para enfermos terminales en el que trabajaba y que estaba dirigido a los niños cuyos padres habían fallecido. Por lo tanto, organicé una reunión extraordinaria del equipo antes de inicio de los play-offs y pedí a cada uno que escribiese cuatro líneas sobre el significado que para ellos tenían la temporada y nuestro equipo. Nos reunimos en la sala tribal. Asistió el núcleo del núcleo del equipo: los jugadores, los entrenadores y los preparadores físicos. Solo la mitad de los presentes habían escrito algo, si bien todos participaron. Steve Kerr habló de la emoción de convertirse en padre mientras estaba con el equipo y de haber llevado a su hijo de cuatro años, forofo del baloncesto, al vestuario de los Bulls para que conociese a Michael, Scottie y a Dennis. El entrenador principal Chip Schaefer citó el famoso versículo 13 de la Primera Epístola a los Corintios:

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MOTIVACION

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