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Jordan en su pugna por el premio al jugador más valioso, y el base John Stockton, uno de los más hábiles en el manejo del balón. Los Jazz también tenían a un hábil tirador exterior, Jeff Hornacek, que aquel año había promediado 14,5 puntos por partido. Nuestra preocupación principal tenía que ver con el bloqueo y continuación característico de Stockton y Malone, jugada que en el pasado ya había descalabrado con frecuencia a nuestro equipo. Yo también pretendía contener el juego interior de Malone. El apodo de Karl era el Cartero, ya que se decía que siempre repartía. Bajo los tableros resultaba imponente, agresivo y difícil de contener, incluso por parte de alguien como Rodman. En consecuencia, al principio de la serie asigné su marcaje a Luc Longley con la esperanza de que, gracias a su corpulencia, fuera capaz de frenarlo. En el primer partido no fue el empuje de Malone, sino su mente inquieta, lo que decidió el resultado. Con el marcador empatado a 82 y 9,2 segundos para el final, Malone recibió una falta mientras luchaba por recoger un balón suelto bajo la canasta. Mientras caminaba hacia la línea de tiros libres, Scottie le susurró al oído: «El Cartero no reparte los domingos». Karl falló su primer intento. Crispado, su segundo lanzamiento rodó por el aro y cayó en manos de Jordan. Me figuré que los Jazz pondrían dos defensores sobre Michael en la última jugada, pero decidieron que el alero Bryon Russell se ocupara individualmente de él, lo cual no fue una buena idea. Jordan engañó a Russell y marcó un tiro en suspensión que nos permitió ganar el partido por 84-82. En el segundo encuentro vencimos de un soplo a los Jazz, que estallaron cuando regresaron a su pabellón para el tercer partido, liderados por los 37 puntos y los diez rebotes de Malone. ¿Cuál fue su secreto? Karl reveló que había cogido su Harley y tomado la carretera a través de las montañas que conducían a la sede del club. En el enfrentamiento siguiente proporcioné a Rodman la primera oportunidad de parar la máquina de Malone. Genio y figura, antes del encuentro Dennis se burló de Malone y dijo que pensaba «alquilar una bici, pedalear por las colinas y tratar de encontrar a Dios o a alguien parecido». No sirvió de mucho. Karl Malone marcó 23 puntos, cogió diez rebotes y encestó dos tiros libres decisivos cuando solo quedaban dieciocho segundos para el final del partido. En ese momento Pippen comentó: «Me parece que aquí el Cartero también reparte los domingos». Más tarde nos enteramos de que el responsable de nuestra equipación se había equivocado y, durante el encuentro, había proporcionado Gaterlode, bebida muy rica en hidratos de carbono, en vez de Gatorade a nuestros jugadores, lo que explica el motivo por el cual el equipo estuvo tan lento en los últimos minutos. Calculamos que cada uno de los deportistas había ingerido el equivalente a veinte patatas hervidas. El siguiente encuentro incluyó uno de los actos de perseverancia más inspiradores de los que he sido testigo. La mañana del quinto partido, con la serie empatada 2-2, Michael despertó afectado por lo que parecía un virus estomacal y más tarde resultó ser una intoxicación alimentaria. Se encontraba tan mal que aquella mañana se saltó la práctica informal y pasó casi todo el día en la cama. Muchas veces habíamos visto enfermo a Michael, pero aquella fue la más preocupante. «He compartido muchas temporadas con Michael y nunca lo había visto tan mal —comentó Scottie. Estaba tan enfermo que pensé que ni siquiera podría hacerse el equipaje». Michael sufría una deshidratación grave y en todo momento pareció a punto de desmayarse, pero persistió y anotó 38 puntos, incluido el triple ganador del partido cuando solo faltaban veinticinco segundos para el final. La suya fue una hazaña digna de mención, pero lo que la mayoría de las

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