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zapatillas atados y sin joyas. Dennis solía aparecer con una zapatilla sin atar o con una pieza de joyería escondida en alguna parte. A veces le imponía una multa ridícula o bromeaba con su aspecto y, en otras ocasiones, nos limitábamos a no hacerle el menor caso. Le aclaré que no era por mí, sino por sus compañeros, por quien tenía que preocuparse si llegaba tarde a los entrenamientos. El problema se solucionó en cuanto se dio cuenta de que sus amagos de rebelión no nos interesaban. Algo que me encantaba de ese equipo era que cada integrante tenía una idea clara de su función y la llevaba a cabo de manera competente. Nadie se quejó de que no jugaba suficientes minutos, no lanzaba suficientes tiros o no tenía suficiente notoriedad. Jordan se centró en ser coherente y en intervenir, siempre que fue necesario, para asestar el golpe decisivo. A principios de diciembre y tras marcar treinta y siete puntos en el partido contra los Clippers, comunicó a los cronistas deportivos que, «como jugador, vuelvo a sentirme prácticamente igual que antes». Incluso bromeó porque no dejaban de compararlo con el que había sido: «Según algunos, ni siquiera soy capaz de estar a la altura de Michael Jordan. Claro que tengo las máximas posibilidades de ser él porque lo soy». Scottie se sintió liberado al no tener que vivir de acuerdo con el legado de Jordan y se comportó como el jugador más destacado en su nuevo papel de director de orquesta del ataque, función que le resultó mucho más natural. Harper también se adaptó extraordinariamente bien a su posición de base multiusos y bulldog defensivo. Simultáneamente, Dennis superó todas las expectativas. No solo dominó el sistema triangular en poquísimo tiempo, sino que se amoldó perfectamente a Michael, a Scottie y a Harper en la defensa. «Básicamente, contamos con cuatro perros de presa en la alineación inicial —explica Kerr—, y todos podían defender cuatro o cinco posiciones en pista. Era increíble». Dennis jugaba al baloncesto con un entusiasmo tan desbordante que no tardó en convertirse en favorito de los seguidores. Les encantaba ver cómo recuperaba balones sueltos y cogía rebotes para iniciar contraataques a toda velocidad. A comienzos de la temporada, Dennis comenzó a teñirse el pelo de distintos colores y a quitarse la camiseta después del partido para lanzarla a las gradas. A los seguidores les encantó. «De repente, me convertí en el más grande desde Michael Jordan», comentó. El quinto titular era Luc Longley, pívot australiano de 2,18 metros y 120 kilos que, pese a no ser tan móvil y explosivo como Shaq, tenía la corpulencia necesaria para taponar el centro y obligar a otros pívots a forzar sus jugadas. Su suplente era Bill Wennington, que poseía un buen tiro en suspensión a corta distancia, el cual solía aplicar para alejar a su defensor de la canasta. Entrada ya la temporada, incorporamos dos pívots más a la alineación, James Edwards y John Salley, quienes, al igual que Dennis, habían formado parte de los Bad Boys de Detroit. Al principio, Toni Kukoc puso pegas cuando lo convertí en el sexto hombre del equipo, pero lo convencí de que era la posición más eficaz para él. Como titular, a veces había tenido dificultades para jugar cuarenta minutos sin agotarse. Como sexto hombre podía entrar en la pista y proporcionar un refuerzo anotador al equipo, labor que realizó en varios encuentros decisivos. También podía aprovechar sus extraordinarios pases para recargar al equipo si Scottie no estaba en la cancha. Steve Kerr también jugó un papel fundamental como amenaza anotadora de larga distancia; el base Randy Brown fue un especialista en defensa de gran energía y Jud Buechler funcionó como talentoso alero. También contamos con Dickey Simpkins y con el rookie Jason Caffey como ala-pívots de refuerzo. Teníamos absolutamente todo lo que necesitábamos para cumplir con nuestro destino: talento,

Once anillos phil jackson  

MOTIVACION

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