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El volcán Fátima de la Jara Ilustración Gerardo Domínguez

Ediciones de los Siete Colores


El volcรกn A Eugenio y Julio Herrero, por darme su amistad y por compartir conmigo sus conocimientos.


© del texto: Fátima de la Jara © de las ilustraciones: Gerardo Domínguez ISBN: 84-205-3474-9 Depósito Legal: M Impreso en España – Printed in Spain Este libro ha sido impreso con papel y tintas ecológicos Todos los derechos reservados. No está permitida la reproducción total o parcial de esta obra ni su tratamiento o transmisión por cualquier medio o método sin autorización escrita de la Editorial.


El volcán Fátima de la Jara Ilustración Gerardo Domínguez

Ediciones de los Siete Colores


G

uatapé es un volcán solitario que vive en Agualonga, una pequeña isla situada en medio de un mar muy grande, llamado océano Pacífico. Hoy, como casi todos los días, Guatapé mira con tristeza hacia las otras islas que rodean la suya, mientras lanza a los vientos un profundo suspiro: —¡Uf, qué solo estoy!


Y sí que es cierto que está solo, porque en Agualonga ya no vive nadie. Todos temen que algún día Guatapé se enfade y suelte por su boca un montón de fuego y piedras. Un día las personas que vivían en la isla decidieron abandonarla después de escuchar a un señor que llegó de muy lejos y, con una voz muy fuerte, gritó: —Es una locura vivir en un sitio así. Algún día, ese volcán explotará. —¡Explotará! —exclamaron los habitantes de la isla. Y tan sólo hizo falta que pasaran unos días para que el miedo se apoderara de ellos.


Si alguna persona se hubiera atrevido a mirar qué es lo que guardaba Guatapé en su barriga, quizá nadie hubiera abandonado sus hogares, pero a veces las cosas no suceden como esperamos. Ha llegado la noche y el cielo se ha cubierto de estrellas. Es el momento de volver a casa. Guatapé espera que alguno de los pescadores que faena por la zona se acerque hasta sus playas para descansar. Pero esto no sucede y vuelve a suspirar al ver cómo, una tras otra, las barcas llenas de pescado ponen rumbo a las islas vecinas.


Después, sintiéndose muy triste, cierra sus ojos y se deja arrullar por el sonido del mar. Entonces le viene a la cabeza un montón de recuerdos y comienza a soñar hasta que una luz muy fuerte lo despierta. ¡Se acabó lo bueno, hoy toca noche de tormenta! Como Guatapé no tenía otra cosa que hacer durante el día, más que contemplar lo que le rodeaba y lo que sucedía, sabía que un rayo era el principio de una tormenta. Siempre ocurría lo mismo: Primero el relámpago, después el trueno e inmediatamente la lluvia. ¡Vaya tormenta! No recordaba otra igual desde hacía mucho tiempo —pensaba Guatapé contemplando el cielo, sin saber que algo importante estaba a punto de suceder.


Chuego, el pescador, fue el último que abandonó Agualonga y lo hizo porque a su mujer, la persona más testaruda que él había conocido, se le puso entre ceja y ceja. Y eso que él intentó convencerla. —Mis padres, mis abuelos y los padres de mis abuelos jamás salieron de esta isla y no recuerdo que mencionaran ninguna explosión. Pero al fin no hubo más remedio que recoger todas las cosas y trasladarse a una isla vecina. Los pescadores temían tanto a Guatapé que ni siquiera se atrevían a mirarlo cuando pescaban cerca de la isla.


Pero Chuego era distinto, a él también le gustaba soñar como a Guatapé y sin importarle la opinión de la gente, cada día se acercaba un poquito más hasta Agualonga. A veces soltaba los remos y se tumbaba al Sol, dejando que su barca fuera mecida por las olas del mar. En ese momento, el tiempo se paraba para él contemplando a su viejo amigo el volcán, mientras que en su cabeza sólo había una idea: volver algún día a su querida isla.


Hoy, las cosas se le están poniendo muy difíciles. La lluvia es tan fuerte que no puede ver nada de lo que tiene delante. Asustado, decide dejarse llevar por las olas pero derrepente su barca choca con una enorme piedra. Chuego se tira al agua y arrastra su barca hasta la orilla; después se encuentra tan cansado que decide protegerse bajo unas piedras y pasar allí la noche. Desde arriba, Guatapé mira asombrado la escena.


¡Ha vuelto un pescador! —piensa. Ahora sólo quiere que se despierte y poder enseñarle todo lo que lleva escondido dentro de su barriga. Pero tras meditar, decide esperar. ¡Seguro que al despertar estará de muy buen humor!, —piensa Guatapé, al tiempo que contempla el cielo. La lluvia ha dejado de caer y en el horizonte el Sol comienza a salir.


¡Buen día para recibir en casa a un amigo!, pero en el fondo siente un poco de miedo, ya no puede esperar más, este pescador es un dormilón, así que decide toser para despertarle. —¡Ajá, ajá! —tose Guatapé hasta observar cómo los ojos de Chuego empiezan a abrirse. Pero algo inesperado sucede. Los tosidos de Guatapé suenan tan fuerte que Chuego, asustado, chilla: —¡La explosión! Todos tenían razón. Estaba equivocado.


¡No, no quería asustarte! —grita Guatapé al ver cómo su nuevo amigo se echa a la mar con su barca. Pues ahora verás. Y concentrando todas sus fuerzas, empieza a arrojar por los aires flores de todos los colores. Las hay amarillas, rojas, malvas, azules, blancas y todas despiden un delicioso aroma que trae el recuerdo de las más floridas primaveras. Chuego, sentado en su barca, contempla el espectáculo. Pero no es el único, pues Guatapé ha puesto tanta fuerza en su explosión que las flores llegan hasta las playas de las islas cercanas. Por un momento, todos miran hacia Guatapé y se preguntan: —¿Qué hago aquí? ¿Hay algo más bonito que vivir rodeado de flores?


Aviso para navegantes Nos ha parecido útil resaltar algunos de los mensajes que hemos pretendido transmitir en este cuento, al tiempo que solicitamos vuestra colaboración para que ayudéis a los niños y a las niñas a descubrirlos y reflexionar sobre ellos. De este modo, les damos la oportunidad de averiguar que los libros son divertidos, pero que, además, contienen valores que nos acompañarán durante toda la vida y que nos servirán para potenciar nuestro crecimiento como seres humanos. El miedo a lo desconocido Los habitantes de Agualonga, alentados por un extraño, abandonan sus hogares por temor a la explosión de Guatapé, sin molestarse en comprobar y reflexionar si existe alguna razón que pueda aconsejar esta decisión.


Una sencilla experiencia La vida está repleta de momentos en los que creemos que nos sucederán los peores desastres, incluso lo pasamos muy mal a la espera de que se produzca el acontecimiento temido. Comprobando con el paso del tiempo que lo que habíamos supuesto jamás llega a ocurrir. Elige alguno de estos momentos (sencillos) y coméntalo con el niño o la niña, comparando tu actitud con la de los habitantes de Agualonga. La ausencia de diálogo Chuego (el pescador) no desea abandonar Agualonga, e incluso es la única persona que no cree que el volcán sea peligroso. Para convencer a su esposa hace referencia a su familia y a la tranquilidad de la que siempre han gozado en Agualonga. Pero su esposa no está dispuesta a aceptar nada que no sea lo que ella piensa. Una sencilla experiencia Decir a la niña o al niño, diez nombres de personas o personajes de ficción y pedirle que, al mismo tiempo que le hablamos, esté contando hasta veinte (o la cifra que estiméis oportuna). Después, repetiremos la experiencia, pero en esta ocasión solicitaremos que nos preste atención y que se concentre en lo que le estamos diciendo.


Otros títulos de la colección Cuentos del Agua el Aire y la Tierra

El rayo y sus amigos La vaca Simoneta La colina Barrugota La ola La tierra cumple años El nacimiento de los colores

Volcan  

Literatura infantl. A partir de 6 años.

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