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BOLETÍN DEL CENTRO DE ESTUDIOS PERSPECTIVA SUR 28 de Diciembre de 2011 / Año 1 / Nro. 8

Diez años después: la gran familia del peronismo Los huérfanos adoptados por Martín Reydó Entre presidencialismo y parlamentarismo por Natalia del Cogliano El gabinete en tiempos de reelección por María Eugenia Coutinho


Editorial A partir de su relegitimación este 23 de Octubre por casi 15 millones de votantes (si suman a los casi 12 de millones de votos de Cristina los 3 que reunieron las ofertas de Duhalde y Sáa) podemos afirmar sin temor a equivocarnos de que el peronismo goza de muy buena salud. Dato de perogrullo, se nos dirá con razón. Pero toma otro color, quizás más interesante, si se lo compara con la performance del sistema de partidos dividido en dos familias, los peronistas y los no peronistas, de 1983 a la fecha, tal como se realiza en el dossier central. El texto de Coutinho, por su parte, escrito antes de la confirmación del nuevo gabinete de ministros, da en la tecla en torno a la lógica que organizó los nombres de los principales colaboradores del Presidente durante los gobiernos kirchneristas y sería el mismo, en lo esencial, escrito ahora con el diario del lunes. En tanto, el artículo de Del Cogliano, aborda con agudeza las características y los desafíos del sistema presidencialista y del parlamentario, extrayendo tanto sus diferencias como sus similitudes. El objetivo común de los artículos de este número de Perspectiva ha sido el de aportar herramientas propias de la ciencia política para dar cuenta de la centralidad del fenómeno peronista -y su uso de las capacidades de gobierno- en la primera década del siglo XXI.

por Martín Reydó *

Los huerfanos adoptados “La pérdida progresiva de votos de la UCR contrasta con la mayor fidelidad del electorado del PJ.” El argumento de Torre (2003) es potente, además de cierto: la crisis de representación que estalló en las elecciones de 1999, 2001 y 2003, y que se expresó en su momento en el voto bronca y la apatía política, pero que es remontable hacia mediados de los noventas, no afectó por igual a todos los partidos. Esta crisis se ensañó particularmente con los candidatos de la Unión Cívica Radical, que fueron perdiendo un creciente caudal de votos ya desde 1989 (ver cuadro) mientras los votantes del peronismo permanecían comparativamente mucho más fieles a su partido. Las dos familias políticas que componen el sistema político argentino, peronistas y radicales, exceden a las estructuras partidarias que supuestamente las contienen. Ser peronista o no serlo (que aquí homologaremos a ser radi-

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cal, siguiendo los lineamientos sugeridos por Torre) es otra cosa a votar por la etiqueta partidaria o no hacerlo. Se trata en rigor de dos sub-culturas políticas distintas con códigos y valores divergentes. Para los radicales, una identidad forjada en torno a las luchas cívicas por la libertad del sufragio contra el régimen conservador, y para los peronistas una marca de nacimiento construida en la coyuntura crítica que permitió “el acceso de los trabajadores a los derechos sociales por obra de un liderazgo plebiscitario” (p. 663). La peronista tradicionalmente con preponderancia de sectores populares en sus filas, y la radical con fuerte arraigo en las clases medias. Los huérfanos de la política de partidos eran, siempre de acuerdo a Torre, fundamentalmente reclutados en las clases medias y medias-altas de los grandes centros urbanos. “Tienen comparativamente un alto nivel de educación e información política, cuentan con un fluido acceso a los medios de comunicación y, finalmente, responden al perfil del votante independiente...” (p. 658) Sostendremos aquí que los huérfanos de partidos, es decir, los hijos de la familia no peronista que presentaban alta volatilidad en el voto y descreimiento de la política son cada vez menos. Lo que intentaremos demostrar es que esos votantes se acercaron crecientemente de 2003 para acá, a las distintas variantes de peronismo existentes, engrosando considerablemente su caudal de votos, y ensanchando las huestes de la familia política más populosa que tiene el país. Los huérfanos, en definitiva, fueron adoptados. Adoptados por la tumultuosa familia peronista.

VARIACIÓN DEL CAUDAL ELECTORAL DEL RADICALISMO Y EL PERONISMO (VOTOS LEGISLATIVOS)

AÑO

FAMILIA

FAMILIA

UCR y

PJ en sus

RADICAL

PERONISTA

aliados

variantes

en %

en %

1983

100

100

48

38,5

1985

90

89

43

34

1987

77

108

37

41

1989

60

116

29

45

1991

61

104

29

40

1993

63

110

30

42

1995

45

112

22

43

1997

90

94

43

36

1999

92

83

44

32

2001

60

88

29

34

2003

69

158

33

61

2005

33

114

16

44

2007

85

138

41

53

2009

65

151

31

58

2011

63

177

30

68

Valor índice = 1983

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nativas partidarias distintas, pero siempre dentro de la misma familia política. Las primeras dos décadas de vida democrática tuvieron en el polo no peronista el factor variable de la ecuación. En palabras de Torre: “la dinámica de la competencia en la política electoral nacional entre 1983 y 1999 se explica, fundamentalmente, por el comportamiento del polo no peronista y dentro de él por las opciones electorales del centro-derecha y del centro-izquierda. Es allí donde está la fuente principal de la volatilidad del voto y también de los cambios en las coaliciones electorales.” (p. 652) Un tercio del electorado que pivoteaba de izquierda a derecha explicaba las derrotas o la victoria de la UCR (Alfonsín y De la Rúa) y el PJ (Menem I y II) en las elecciones presidenciales. A partir de la crisis de 2001-2002, sin embargo, la dinámica de la competencia política nacional pasó a orbitar pura y exclusivamente en el polo peronista, que fue agrandándose en el tiempo. Si todo es peronismo, las internas de familias tienden a resolverse sólo en la general, de manera abrupta en 2003, y como se intentó evitar con el diseño de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias, pero sin lograr el efecto deseado.

Lo Mismo: esa gran familia Partamos de una evidencia. El sistema de partidos resultante de las elecciones del 2011 es peronista: hay peronismos de izquierda, de derechas, y peronismos peronistas, que pivotean con uno y otro, lo cual es una novedad desde la irrupción de este fenómeno en el 2001 que se mantuvo a lo largo de estos diez años. Por supuesto, el grueso está coalicionado con el FPV que gobierna exitosamente desde 2003 y que se apresta a inaugurar un tercer mandato consecutivo. En su origen, tal como recuerda Torre, el peronismo le sustrajo el séquito de votantes de los sectores populares al radicalismo, al socialismo y a los partidos conservadores del interior. Más tarde, en los noventa, el menemismo hizo lo propio con los votantes de clases altas que lo abrazaron tardíamente, domesticado ahora por la ola neoliberal. Ahora, a partir de 2003, el kirchnerismo terminó de completar el trabajo y le arrebató a fuerza de políticas, convencimiento militante y discurso el séquito de las clases medias, último bastión de la resistencia no peronista. Esta expansión por sobre las constituencies tradicionalmente no peronistas la logró sin perder ni un voto de sus constituencies populares.

Repasemos. En el 2003 hubo tres candidatos peronistas. En 2007, dos. Y en 2011 tres, otra vez. La diferencia es que esta última vez el grueso del aparato fue disciplinado por la figura de CFK que reunió casi 12 millones de votos tras ella. La familia peronista ahora aparece más ordenada que en su peor momento (2001-2003) pero lejos todavía de un encolumnamiento total como en los noventas. Lo que sí resulta definitorio es que la suerte del sistema político argentino in toto depende de lo que pase dentro de esas internas familiares. Y a los otros les tocará acomodarse, en el mejor de los casos, a lo que allí pase.

Quizá el ejemplo más claro para dar cuenta de este fenómeno es que la peronización de la centroizquierda (aquella que se expresara partidariamente en el PI en los tempranos ochentas, en el FREPASO en la segunda mitad de los noventa, y luego en el ARI del 2003) no implicó el fenómeno de “frazada corta” en tanto que el peronismo no perdió su constituency de derecha, conquistada al calor de las políticas menemistas de los noventas. En concreto: lo que el peronismo ganó recientemente por izquierda no lo perdió por derecha. O permaneció dentro de la coalición kirchnerista o (sus sectores más recalcitrantes) presentaron alter4

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Familias políticas argentinas

Los Otros: los no peronistas ¿Quién representa hoy día a la oposición no peronista? Aunque lejos de los niveles de institucionalización de la década de los ochentas, donde hegemonizaba el espacio, todavía es el radicalismo, y por dos razones: a) es el único partido no peronista con presencia nacional; b) y es la primera minoría no peronista con presencia institucional (bloque opositor más importante en Diputados y Senado, cientos de intendentes, aunque tan solo una gobernación). ¿Qué debería hacer el radicalismo opositor? Afianzarse en los territorios que domina (su garantía de supervivencia) y coaligarse, como lo hizo en 1997/1999, con un actor de la familia no peronista que le aporte lo que hoy le falta: un presidencial atractivo. La UCR en algún aspecto se parece al PMDB y quizás debería actuar como el partido brasilero viene haciendo desde hace un tiempo. Dejar de presentarse en soledad a las elecciones nacionales, hacerse fuerte en sus bastiones y desde allí, y a través de su presencia clave en el Congreso nacional, presionar/negociar/coalicionarse para conseguir eventualmente llegar a la primera magistratura (situación que en última instancia no dependerá por entero de él sino de cómo administre la familia peronista sus diferencias internas y la sucesión en 2015).

la UCR tiene efectivamente presencia electoral y traducción institucional, que en las ciudades principales. Amén que le permitiría a Macri sortear su mini-juego-imposible distrital: hacerse de un partido con proyección nacional para sostener su candidatura presidencial y evitar a la vez alienarse en esa proyección a su propia constituency porteña tradicionalmente resistente al peronismo y sus formas. A diez años del momento cúlmine de la descomposición de la mitad no peronista del sistema de partidos, el sistema político argentino encuentra una base mucho más sólida sobre la cual organizarse. El peronismo, como lo hiciera en 1989, pero esta vez bajo otro ropaje ideológico, vino, una vez más, a sacar las papas del fuego y a demostrar de una vez por todas que ocupa el centro del sistema político, y que él es, en definitiva, el sistema político argentino. La diferencia con el momento menemista es que esta vez la familia peronista es cada vez más grande, cada vez más fuerte, suma hijos por izquierda, sin abandonarlos por derecha, y va, en su versión kirchnerista, por un récord en la democracia argentina: gobernar bajo un mismo proyecto político por doce años.

Bibliografía La estrategia, como muestra el Gráfico en el antecedente de la Alianza, pasa por mejorar algún formato similar al del Acuerdo Cívico y Social, no la UCR como etiqueta partidaria sola. Será más cívico (una variante con el jefe de Gobierno Mauricio Macri) o más social (con el ex gobernador de Santa Fe, Binner) según cómo midan estos líderes y cuál sea el posicionamiento político ideológico más redituable. La opción Macri es una que recientemente ha sido puesta a consideración del partido: mucho más “vendible” en el interior, donde

Torre, JC (2003): Los huérfanos de la política de partidos. Sobre los alcances y la naturaleza de la crisis de representación partidaria, Desarrollo Económico

* MR es Profesor de Historia en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Actualmente cursa la Maestría en Ciencia Política de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT). Es coordinador del Área Democracia y Territorio del Centro de Estudios Perspectiva Sur (CEPS).


por Natalia del Cogliano *

Entre presidencialismo y parlamentarismo* La relación entre el poder ejecutivo y poder legislativo constituye uno de los principales aspectos de los sistemas políticos presidenciales. Con origen en la famosa crítica de Linz, un argumento generalizado ha hallado en el sistema presidencial la razón principal que explicaría la inestabilidad democrática, dado que en un régimen definido por la división de poderes, cuando ejecutivo y legislativo están controlados por partidos distintos, puede generarse una situación de bloqueo de la gestión de gobierno. Asimismo, siendo que el Presidente y el Congreso son electos de forma independiente pero ambos con legitimidad popular, el presidencialismo habilita la posibilidad de gobiernos divididos. El parlamentarismo, en cambio, supone que el mismo partido o coalición controla ambos poderes, ya que esta mayoría legislativa designa y mantiene en el cargo al Primer Ministro. Tal vez paradójicamente, el nuevo mandato de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se estructura en torno a una serie de aspectos que lo hacen acercarse a los diseños parlamentarios de gobierno. Entre ellas podemos destacar: 1. Gobierno unificado: un poder legislativo con mayoría propia que permite que las decisiones del ejecutivo sean compartidas por el legislativo (intuitivamente esto supondría que habrá mayor producción legislativa y que las medidas gubernamentales canalizadas por el Congreso podrían superar los DNU). 2. Gobierno unificado verticalmente: prácticamente la totalidad de los gobiernos provinciales están en manos del oficialismo nacional o de fuerzas aliados. 6

3. Estabilidad de gabinete: el gabinete fue alterado en su composición tan sólo en tres carteras. Es, además, un gabinete designado por el ejecutivo pero cuya estabilidad da cuenta de la expertise de los ministros y su carrera política. Lejos estamos de haber encontrado una salida definitiva a los problemas de gobierno dividido y la parálisis institucional supuestamente asociada al presidencialismo. Sin embargo, este nuevo contexto permite observar un escenario no tan alejado de una lógica parlamentaria: es de esperar que tengamos decisiones más consensuadas y una cuasi fusión del ejecutivo y el legislativo. No obstante, frente a esta situación se alzan nuevas críticas, ligadas a la concentración de poder y los excesos en el ejercicio de la autoridad. Se abre el interrogante acerca de si, en última instancia, lo que se ha instalado desde la clase política y lo que pretende la sociedad en general es la construcción de gobiernos eficientes y estables pero sin mayorías sólidas. Asimismo, si es aceptable la legitimidad popular pero no la aclamación del pueblo; o si se busca certidumbre política pero incertidumbre electoral. No obstante, como la Ciencia Política ha logrado demostrar, eficiencia y estabilidad de gobierno requieren, bajo cualquier tipo de régimen de gobierno, de mayorías consolidadas. Y es allí donde ambas especies, parlamentarismo y presidencialismo, encuentran más puntos en común.

* El artículo es un extracto de una discusión más amplia con Mariana Gutiérrez y Mariana Prats, a quienes agradezco sus comentarios y sugerencias.

* NC es licenciada en Ciencia Política (UBA), doctoranda en Ciencia Política (UNSAM).


por María Eugenia Coutinho *

El gabinete en los tiempos de reelección Atravesamos esta transición presidencial con la habitual multiplicación de especulaciones en torno a la conformación del gabinete. Las expectativas no son infundadas. La selección de los ministros al comenzar un mandato tiene un enorme poder simbólico; es una de las primeras pistas sobre la administración que comienza. En las democracias presidenciales, la designación de los ministros es uno de los principales poderes unilaterales del presidente, reflejo tanto de las preferencias sobre las políticas y las estrategias para llevarlas a cabo, como del grado de necesidad de negociar con otros actores para obtener esos resultados. La conformación del gabinete presenta una dimensión idiosincrática inevitable, aunque ésta no agota su explicación. Inciden, por un lado, las propias preferencias presidenciales sobre el perfil de los ministros - afinidad personal o política, lealtad o capacidad técnica-, y por otro, la necesidad de cementar alianzas políticas - pre o postelectorales -, sectoriales o territoriales. El gabinete puede ser una estrategia para construir mayorías legislativas en contextos de gobierno dividido y multipartidismo extremo, como ocurre en algunas democracias de la región. A pesar de que Cristina Fernández se sucede a sí misma, el primer gabinete de su segundo mandato también emitirá señales. No precisa ser un espacio para garantizar gobernabilidad o asegurarle una mayoría legislativa al oficialismo, a la luz de los resultados del 23 de octubre. Su liderazgo es indiscutido dentro de la coalición oficialista y su candidatura no fue disputada por rivales internos a los cuales se los deba compensar para asegurar su lealtad. Los gabinetes de los Kirchner, desde el 2005, no han sido un espacio propicio para las coaliciones, ni siquiera cuando la alianza del FPV con un sector de la UCR condujo a Cristina a la Presidencia en el 2007. Fue un espacio cohesionado, sin disputas internas visibles (p.e técnicos vs. políticos). Los ministros extrapartidarios y con perfil exclusivamente técnico han sido excepcionales. Es razonable pensar que los gabinetes de los presidentes reelectos, tengan, al menos al principio, rasgos inerciales. Carlos Menem, el único antecedente de un presidente reelecto desde 1983, ratificó la totalidad de los ministros en su segundo mandato en 1995, a pesar de enfrentar un contexto económico desafiante.

* MEC es Licenciada en Ciencia Política (UCA), Magíster Administración y Políticas Públicas (UDESA) y Candidata a Doctora en Ciencia Política (UTDT). Directora General Programas y Acción de Gobierno en la Secretaría General de la Presidencia de la Nación. 7


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Perspectiva Nº8. Diez años después: la gran familia del peronismo