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Gender, Academia Network Consulting S. C FEBRERO

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Día de las Masculinidades

La certificación con perspectiva de género en el mundo laboral

Nuevas masculinidades, ¿una falacia?


Este mes en nuestra Gaceta de día M presentamos la continuación de nuestros artículos sobre las normatividades y recursos de certificación en género con que cuentan las organizaciones para su mejor desempeño en responsabilidad social y competitividad. También presentamos dos contribuciones que reflexionan en torno a las inquietudes masculinas que tienen lugar frente a los cambios de roles en nuestro tiempo. Y dado el interés que nuestros lectores y lectoras han mostrado por el artículo sobre la violencia hacia los varones por parte de las mujeres presentamos una continuación de esta reflexión y abordamos diversos desafíos que enfrentan los varones de hoy.

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Mtra. Mónica Ríos Saloma Directora Diseño de soluciones estratégicas Gender, Academia Network Consulting, S.C.


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El MEG: 2003, el día de la Constitución mexicana y el principio de igualdad entre personas

El 5 de febrero pasado se conmemoró el 96º aniversario de la Promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que Reforma la de 5 de febrero de 1857. Precisamente en la edición anterior de Día de Masculinidades habíamos esbozado cómo el MEG: 2003 se vincula con la consecución y materialización de los principios establecidos en la Ley General para la Igualdad entre Mujeres y Hombres, mismos que tienen su fundamento en la Constitución Política. Por lo que en esta ocasión, tomaremos como pretexto la conmemoración del 96º aniversario de la Constitución mexicana para exponer cuáles son los fundamentos constitucionales de los principios que la Ley General para la Igualdad entre Mujeres y Hombres y el MEG:2003 pretenden materializar en los distintos ámbitos de la vida nacional. En primer lugar cabe decir que si bien, el principio de igualdad se configura en distintas disposiciones de la Constitución Política, por ejemplo, en los artículos 1°, 4°, 12 y 13, también es cierto que para efectos de la igualdad de género van a ser los dos primeros artículos constitucionales, donde se encuentran dispuestas las normas que regulan dicho principio. El artículo 1° de la Constitución Política en su primer párrafo (después de la reforma constitucional de 10 de junio de 2011) dispone lo siguiente:

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“En los Estados Unidos Mexicanos todas las personas gozarán de los derechos humanos reconocidos en esta Constitución y en los tratados internacionales de los que el Estado mexicano sea parte, así como de las garantías para su protección cuyo ejercicio no podrá restringirse ni suspenderse, salvo en los casos y bajo las condiciones que esta Constitución establece”

Además de este principio de igualdad de derechos de todas las personas, el párrafo 5° del mismo artículo 1° constitucional dispone el principio de no discriminación: “Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas.”

En cuanto al artículo 4° de la misma Constitución Política, el primer enunciado dice: “El varón y la mujer son iguales ante la ley. Esta protegerá la organización y el desarrollo de la familia.” Si bien, el texto constitucional en las dos normas referidas, configura el fundamento del principio de igualdad entre personas (dentro del cual se incluye el de igualdad de género), también es cierto que ha sido tanto a nivel de la legislación secundaria como a través de la jurisprudencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación donde se ha definido lo que es la “igualdad”.

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El artículo 6 de la Ley General para la Igualdad entre Mujeres y Hombres dispone que el principio de igualdad entre mujeres y hombres implica “la eliminación de toda forma de discriminación en cualquiera de los ámbitos de la vida, que se genere por pertenecer a cualquier sexo”. Mientras que el artículo 2° de la misma Ley General reconoce que son principios rectores de dicha ley: 1) el de igualdad; 2) el de no discriminación; 3) el de equidad; y 4) todos los contenidos en la Constitución Política. Por su parte, la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha definido el principio de igualdad en la tesis de jurisprudencia 1a./J.55/2006, intitulada “IGUALDAD. CRITERIOS PARA DETERMINAR SI EL LEGISLADOR RESPETA ESE PRINCIPIO CONSTITUCIONAL” de la siguiente forma: “La igualdad en nuestro texto constitucional constituye un principio complejo que no sólo otorga a las personas la garantía de que serán iguales ante la ley en su condición de destinatarios de las normas y de usuarios del sistema de administración de justicia, sino también en la ley (en relación con su contenido). El principio de igualdad debe entenderse como la exigencia constitucional de tratar igual a los iguales y desigual a los desiguales, de ahí que en algunas ocasiones hacer distinciones estará vedado, mientras que en otras estará permitido o, incluso, constitucionalmente exigido.” Por ahora, no nos queda más que recordar, que el MEG: 2003 es un Modelo de Sistema de Gestión de Equidad de Género que tiene por objeto combatir cualquier reminiscencia de desigualdad que afecta a las mujeres en el trabajo. Luego, el fundamento constitucional y legal del MEG: 2003 ya ha quedado especificado, por lo que en la próxima entrega continuaremos analizando el Modelo, sólo que ahora teniendo en cuenta el porqué el principio de igualdad entre mujeres y hombres, no sólo es una cuestión que tenga implicaciones benéficas para las mujeres, sino en general, para toda la sociedad.

Abogado, Jorge Antonio Olvera Mateos Consultor para Normatividad en Temas de Género Gender, Academia Network Consulting, S.C.


La certificación con perspectiva de género en el mundo laboral

Dra. Ana Ma. Saloma. Directora General Gender, Academia Network Consulting, S.C.

La Norma Mexicana NMX-R-025-SCFI-2008, en la que se establecen los criterios para obtener la certificación en las prácticas para la igualdad laboral entre mujeres y hombres fue aprobada en junio de 2009. Según los datos disponibles en agosto de 2011, únicamente 9 empresas contaban con la certificación de esta norma en alguno de sus centros de trabajo y solo una tenía 624 unidades laborales con el sello de igualdad laboral entre mujeres y hombres. En contraste, para ese mismo año, las dependencias y entidades de la Administración Pública Federal contaba con 58 unidades responsables certificadas: 20 del sector central y 38 del sector paraestatal. Las cifras anteriores y las diferencias notoriamente desiguales entre las empresas privadas y las instituciones que cuentan con dicha certificación se deben a una clara política en materia de equidad de género que adoptó el gobierno anterior; es por ello que el Ejecutivo instruyó que sus Secretarías de Estado y Paraestatales contasen con la referida NMX-R-025. Se esperaba que el sector privado siguiese el ejemplo dado por el gobierno federal, esto no ocurrió así. Posiblemente esto se deba a que los empresarios y sus ejecutivos aún no están del todo convencidos de las bondades de contar con la certificación en la NMX-R-025, la cual puede ser vista como un gasto y no como una inversión; o por que prefieren contar con las certificaciones referidas a los procesos de calidad. Continúa


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Indudablemente los primeros beneficiados de una organización laboral que esta certificada en la NMX-R-025 son los trabajadores; pero también los empresarios y sus ejecutivos obtienen beneficios internos y externos al contar con la certificación en Igualdad Laboral Entre Mujeres y Hombres; entre los beneficios que obtienen se encuentran en lo interno: el incremento de la calidad y competitividad, descubrimiento de nuevas áreas de oportunidad o mejora; ambiente laboral sano: En lo externo, las empresas que logran certificarse obtienen prestigio social, confianza para empresas nacionales e internacionales, lo que les permite ampliar su campo de acción. La NMX-R-025, esta pensada para apoyar a instituciones tanto del sector privado, como del sector público para que mejoren sus procesos internos. Incrementen su productividad y presten servicios de calidad; pero también se diseño para que las empresas mexicanas se inscriban en las tendencias internacionales de empresas socialmente responsables, respetuosas y promotoras de los derechos humanos de mujeres y hombres, por tanto, eficientes y eficaces a nivel nacional e internacional. De esta forma certificarse en la NMX-R-25, representa una inversión y no un gasto.


Nuevas masculinidades, ¿una falacia?

Lic. José Miguel Herrera Romero Sociólogo

Cuando en 2010 se celebró el centenario de la revolución mexicana, múltiples foros analizaron desde diferentes perspectivas este hecho histórico. En uno de ellos, se planteó que además de realizar investigaciones históricas, también hacía falta saber comunicar sus resultados. Algo semejante sucede en torno a las nuevas masculinidades. Con relativa frecuencia, al compartir reflexiones sobre nuevas masculinidades o proponer su discusión, es común la falta de interés por parte de algunos varones o de mujeres, en otras ocasiones el silencio, la ausencia de interlocutores, el desconocimiento sobre el tema y dimensiones de reflexión, miedo a profundizar en el tema, etc., ponen en entredicho la pertinencia de tratar de conocer siquiera las propuestas y derroteros para la vida social. ¿Esa es en verdad la situación?

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Si la aproximación hacia una nueva masculinidad va acompañada de una toma de decisiones que tienen implicaciones para la vida familiar, laboral, para la acción política, para la definición de política públicas, etc., no sería extraño suponer que los principales interesados necesitan espacios para la reflexión. Las clases medias son quienes tienen la posibilidad y la responsabilidad de abrir esos espacios para la reflexión y proyectarlas a la vida social en el trabajo, en las escuelas, universidades y centros de investigación, en los contextos de la vida comunitaria dentro de una asociación religiosa, centros de formación, en organizaciones de la sociedad civil, en foros para la definición y discusión de políticas públicas, además, por supuesto, de la vida de pareja, en el contexto familiar, y procesos muy específicos de desarrollo personal de los varones, como podrían ser el cuidado de la salud, terapias de pareja, sicoterapia, la recreación, por mencionar algunos. En las clases medias se encuentran profesionistas o emprendedores independientes que trabajan por su cuenta, trabajadores, padres de familia, profesores, ejecutivos, tomadores de decisiones, políticos y servidores públicos... En muchos casos, el contexto de los varones tienen grandes exigencias: hay que incrementar ventas, reducir costos, tomar decisiones para elevar la productividad, lograr resultados, alcanzar metas, lograr mejores calificaciones, ganar competencias, avanzar más en la optimización de recursos, mantener una convivencia satisfactoria, un ambiente laboral donde las personas se sientan cómodas para producir más, para dar lo mejor de sí, generar ingresos para mantener dignamente a una familia, en suma, para obtener más resultados. Dicho de otro modo, las masculinidad no tienen la reflexión teórica, pasar, necesariamente, práctica y, en muchos En la medida que los la apertura la discusión otra.

reflexiones sobre nueva cabida solamente en sino que necesitan por una aplicación casos pragmática. logren estos análisis, y análisis podría ser

Tal vez este es, en el fondo, la fuente del rechazo o desinterés en torno a las nuevas masculinidades. Ante el estrés y la presión de conseguir más logros por las exigencias del contexto que viven muchos varones, aparece la necesidad de un sentido práctico que contribuya a facilitar, en un primer momento, las exigencias de los diferentes contextos a los que se ha hecho referencia: ¿Reflexionar sobre nuevas masculinidades ayudará a incrementar ventas o aumentar la productividad?, ¿hará más fácil lograr metas?, Continúa


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¿por qué tendría que invertirse en el desarrollo de nuevas masculinidades?, ¿tienen alguna aplicabilidad? Frente a estas inquietudes, en la medida que las soluciones no son visibles, el tema comienza por no ser atractivo y conflictuar mucho más la ya de por si compleja vida de los varones en los contextos de las clases medias. La respuesta más natural es alejarse, desinteresarse por un tema que parecería una falacia para algunos, pues no ofrece soluciones, o al menos no en un momento inmediato. La disposición para atender y atraer la atención a temas de prioridad para los varones, así como la comunicabilidad y el uso de categorías de lenguaje poco atractivas, deja en el horizonte un desafío en el cuidado de formas que parecen ser, como premisa, más importantes que la discusión y análisis sobre las nuevas masculinidades.


Comentario al artículo “¡Mi mujer me pega! Violencia de género: hombres maltratados.” ¿Qué es ser un hombre en el siglo XXI?

Misael Montes de Oca Terapeuta Familiar Centro de Investigación y Estudios Lacanianos A.C.

Los dichos populares tienen una función muy particular en la cultura, exponen de una manera sintética, un rasgo sobre nuestro comportamiento, sobre “lo que se ve”, digamos que ese es su alcance. En el caso de los hombres y como se mencionó en el artículo anterior “¡Mi mujer me pega! Violencia de género: hombres maltratados”, el dicho “aguántese como los machos” como otros similares, tienen actualmente un impacto distinto en la vida de los hombres al que tenían anteriormente. Los hombres que acuden a recibir atención especializada, se preguntan sobre su condición de ser hombre ante las nuevas formas en que se manifiesta la sexualidad y en particular el paso que han venido marcando las mujeres en estas últimas décadas. Por ejemplo, ante la violencia de una mujer, un hombre adulto me mencionaba que se sentía indefenso, se preguntaba cómo él podría denunciar a una mujer y demostrar que era siendo víctima de violencia psicológica y económica. Si lo que su madre le decía cuando era pequeño es una frase que no olvidaba “¡Aguántese! ¿Qué no es hombre?”, frase que traía a cuentas ahora que él estaba viviendo violencia por parte de su pareja. Entonces él se decía “ahora ya no sé que es ser un hombre”. En otro caso un joven me explicaba que se iba “de puntitas” en las formas de expresar su afecto hacia su pareja, decía sentir que ella estaba muy al pendiente al igual que él, de que “el hombre es violento”, poniendo el foco de atención más en la violencia que puede generar el hombre que en la violencia que también pude generar la mujer, había un exceso de vigilancia hacia la figura de él como hombre.

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Me parece que lo que nos muestran los dos casos, es en primer lugar una dificultad de reconocer que tanto el hombre como la mujer, tienen la posibilidad de generar algún tipo de violencia, es decir, de ser violentos en algún momento, claro que no será igual al menos en forma, la violencia que puede generar una mujer en comparación a un hombre, pero si puede ser vivida –sea cualquiera la forma en que se presente- como intensa o muy fuerte en cualquiera de los dos. Claro que hay que puntualizar el hecho de que el foco de atención recae sobre la figura masculina y el empuje a mantenerse alerta es más por parte de las mujeres que por parte de los hombres. Y por otro lado nos muestran desde la mirada del hombre y ante este empuje de la mujer, una preocupación, un cuestionamiento en su forma de “saberse hombre”, es decir, hay una gran variedad de casos que pueden ser presentados (pero no categorizados) bajo la pregunta: ¿cómo ser un hombre y sostenerse frente a una mujer actual?. Ya no es suficiente seguir siendo un hombre bajo los viejos estereotipos (siendo el hombre el proveedor y la mujer esperando en casa), ahora el hombre tiene que crear nuevas formas para sostener una relación con una mujer que puede ser su jefa en el trabajo, aportar más que él en el hogar o inclusive puede ser él quien se quede en el hogar, hacer la limpieza y preparar la comida para la llegada de su pareja. Esto está sucediendo ya. Hay hombres que están en ese cuestionamiento, se preguntan si por realizar actividades que “no son de hombres” podrían ser criticados por sus pares y en casos más extremos dicen “no querer perder su hombría”, hay también casos en donde la reflexión los conduce a crear nuevas formas de relacionarse con el sexo opuesto, formas que antes eran inimaginables, como lo puede ser el quedarse en casa. Habría que reflexionar sobre cómo las mujeres al ganarse espacios que comúnmente ocupaban los hombres, les han ido desplazando y éste desplazamiento ha movido al hombre de su lugar digamos “conocido” a uno más “femenino”. Por parte de los hombres, ha ido generándose una sensación de estar ocupando un lugar más femenino. Me parece que hay que estar más atentos ante esta situación, son necesarios los espacios de reflexión sobre el hombre y su masculinidad en su relación con la mujer y llevar estos espacios a las escuelas, los lugares de trabajo, etc. Esto permitirá ir rompiendo con estereotipos y creencias que pertenecen al siglo pasado y podrán generarse nuevas formas de nombrar lo que el hombre sabe sobre su masculinidad.


La reflexión continúa : “¡Mi mujer me pega! Violencia de género: hombres maltratados.” ¿Qué es ser un hombre en el siglo XXI?

Cuando pienso en “nuevas masculinidades” alguna vez me ha venido a la mente la idea de la novedad como algo ya hecho, tal y como se nos presentan las novedades en nuestra cultura mediatizada, de mercadotecnia; ésa que busca seducirnos con productos con características que nos ofrecen como de punta. Y sin embargo las nuevas masculinidades no son un producto hecho que se pueda obtener. Han transcurrido, años para que algunas sociedades influenciadas por diversos movientos feministas vayan integrando nuevas prácticas. También han contribuido las modificaciones en las formas en que hemos ido comprendiendo el trabajo: sus horarios, sus dinámicas y las condiciones económicas han exigido la salida de las mujeres del ámbito doméstico cargándoles con la doble jornada consistente en cuidados de la casa y crianza de hijos además del turno cumplido en oficina, fábrica, centro de enseñanza o salud, por ejemplo.. Así, aunque en un principio el sueldo de una mujer casada pueda haberse comprendido como una ayuda o complemento al sueldo del varón, día con día incrementa el número de mujeres que trabajamos por un interés de desarrollo profesional y personal. Y en ello,la gratificación por la autonomía lograda, genera una modificacón en la subjetividad digna de atención. Entonces no sólo se abren las preguntas por un nuevo ejercicio de poder femenino que no requiere suceder ya en la sombra para no confrontar al poder masculino, sino que se plantea una franca apertura en una toma de postura frente a la propia existencia.

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En ello las relaciones interpersonales se ven trastocadas. En una era de consumo de bienes, productos servicios y relaciones, las preguntas por la necesidad de dichas relaciones interpelan al plano afectivo, pues ¿para qué necesita una mujer a un hombre?. En una sociedad como la madrileña conocí mujeres que se plantean francamente esta pregunta y quizás sus respuestas pueden tomar senderos por las rutas de la afectividad y las relaciones interpersonales llevadas a un nivel de compañerísmo y vida compartida. No así otras sociedades donde es estigmatizada la realidad de la mujer soltera más allá de los 30 años. Por su parte los varones, -cuando tienen la oportunidad de comprender las facturas que las antiguas formas derelación les cobra, y en ello las ventajas de relaciones paritarias- suelen optar por estos cambios, aunque les resulta costoso renunciar a los privilegios que gozan en las culturas patriarcales. La profundidad de estos cambios sin embargo varía en cada caso. Pues el cambio de mentalidad siempre es uno de profundidad que cuestiona elementos importantes tanto de la personalidad como del proyecto de vida y el uso del tiempo personal. ¿Qué sucede cuando a la vista de estas transformaciones no se cuenta con un modelo que indique el norte? La tónica general es que los varones y las mujeres tendemos a regresar a lo conocido. El camino del cambio es lento y exige una continua reflexión y prueba, vale decir, ensayo y error. Pero lo nuevo incomoda. Nos hace tener que observar nuestras faltas, nuestros errores, además de que nos exige transitar po una constinua incertidumbre. Nos hace vernos a nosotras, a nosotros mismos en una situación de vulnerabilidad, de no saber. Y considero que esto afecta de manera diferenciada a varones y mujeres según los estereotipos que nos rigen. Para nosotras las mujeres, implica el desafío del saber. Del tomar la riendas de nuestro querer y ejercerlo, lo cual no siempre es sencillo dado que no solemos contar con las habilidades emocionales para encarar la tarea de la autonomía. Para los varones el desafío pasa por reconocer la vulnerabilidad y la ignorancia propias, pues ¿cómo plantearse estas preguntas cuando se supone que el varón nunca es vulnerable y lo sabe todo como para conservar su autoridad y su lugar dentro de las jerarquías sociales? ¿cómo renunciar a las masculinidad tradicional que exige ser “macho”? Sin duda las preguntas lanzadas en la privacidad de la consulta terapéutica nos muestran esa variedad de fragilidades, de inquietudes, las cuales tendrán oportunidad de ir desplegando sus posibilidades en un esfuerzo sí de descifrado de lo que se sabe pero implica novedad, a la vez que la apertura para aprender, dejarse estar y dar lugar a otras novedades, a otras formas de relación ya no con las mujeres como subordinadas, sin como interlocutoras. Continúa


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Para las mujeres, hace falta que estas tomas de poder vayan dando lugar a los diversos procesos, que como Freud indica en El Malestar en la Cultura son paralelos a los procesos culturales, es decir pasan por una serie de etapas donde habrá lugar para el rencor y el enojo y donde habrá espacio para la creatividad, para la propuesta de nuevas relaciones. En ello hay que tener especial cuidado para no justificar las violencias femeninas; ésas las que quieren aprovechar los recursos normativos, de política pública y de interés social para dar lugar al rencor, que si bien pueda ser biográfica e históricamente comprendido, no justifica el despliegue de la violencia como posición de vida. Diversos movimientos que han dado lugar a una inversión de poderes con el interés de someter a quienes antes eran dominantes, han sido quizás un momento dentro del proceso de reivindicación. Y las reacciones han sido sin duda agresivas y quizás a la altura de los daños recibidos. Aunque se pueda justificar ciertas acciones para la protección inmediata frente a situaciones de gran peligro para las mujeres, hoy por hoy tenemos la responsbilidad ética de aprender de la historia. Ahora contamos con la experiencia previa para proponer acciones de encuentro con el otro desde una postura de no violencia.

He escuchado quejas masculinas que manifiestan la vulnerabilidad de muchos hombres de hoy frente a un pseudo empoderamiento femenino; que es realmente un ejercicio de violencia de género: situaciones donde ellos son grabados durante horas de comida en el trabajo para luego ser chantajeados. Situaciones donde ellos son acusados falsamente para lograr deferencias en juicios por custodia y por manutención.

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Situaciones donde ellas han querido aprovechar programas de tipo social para el chantaje por falsas acusaciones de acoso. Estas situaciones sumadas a posturas que promueven el odio hacia los varones han dado lugar a que se confundan las propuestas de equidad de género con los llamados feminazismos. Y la confusión es peligrosa porque reduce el trabajo ético a favor de la equidad de género a la quema de brasieres sin contexto y la androginia. El análisis de género debe reconocer las diferencias, las necesidades que varones y mujeres cruzan frente a las modificaciones socioculturales, frente a las nuevas masculinidades, que están en construcción y frente a las nuevas femineidades que están también en construcción. Ello permitirá descubrir y construir nuevas formas de relaciones humanas. El camino pasa por acompañar a las mujeres para el empoderamiento; para un ejerciciode poder creativo y manifiesto del tipo ganar-ganar, y cero tolerancia al abuso de poder. Para los varones pasa por el entender que el espacio, en todas sus dimensiones no sólo les pertenece a ellos. Que deben no sólo contribuir respetando las decisiones y acciones femeninas, sino reconocer que están ocupando espacios que no les pertenecen sólo a ellos. Que el abuso cotidiano del poder al que están habituados destruye sus posibilidades para las relaciones humanas que merecen. Reconocer entonces que las nuevas masculinidades, las nuevas subjetividades están en proceso de construcción nos ayuda a comprender los desafíos que enfrentamos en la búsquedad de la equidad y la no violencia.

Mtra. Mónica Ríos Saloma Directora Diseño de soluciones estratégicas Gender, Academia Network Consulting, S.C.


Web: www.genderanc.com E-mail: contacto@genderanc.com Facebook: /genderanc Twitter: /genderanc

Créditos Directora General Dra. Ana Saloma Gutiérrez Directora de Diseño de Soluciones Estrategicas Mtra. Mónica Ríos Saloma Directora de Diseño de Estrategias Educativas Lic. Maricarmen Schleske Director Creativo Multimedia César Augusto Pino Flores Editora: Mónica Ríos Saloma Díseño: Tacuche Estudio

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Publicado por Gender, Academia Network Consulting S.C. Copyright © - Derechos Reservados 13 de Febrero del 2013, México D.F.


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