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FUENTES AUDIOVISUALES. FUENTES ORALES. BIOGRAFÍA MÉDICA

GRADO EN MEDICINA - CURSO 2017/2018 GEMMA GASSÓ PERALES MARÍA CISCAR FABUEL 2ºB (L3)


ÍNDICE 1. Introducción: objetivo, material y métodos

2. Cuestionario

3. Biografía elaborada del entrevistado

4. Conclusiones

5. Bibliografía

6. APÉNDICE: transcripción completa de la entrevista


1. Introducción: objetivo, material y métodos En este trabajo se nos ha propuesto elaborar la biografía de un profesional del ámbito sanitario. Para ello, hemos llevado a cabo una entrevista semiestructurada a Carmen Ciscar Juan, de 63 años, actualmente enfermera en el centro de rehabilitación biopsicosocial Museo. Este formato de entrevista nos ha permitido añadir información más allá del cuestionario que llevábamos preparado.

2. Cuestionario 1. Datos de cabecera: Identificación •

Nombre y apellidos

Fecha y lugar de nacimiento

Antecedentes familiares

2. Formación •

Motivaciones de su elección profesional

Enseñanza secundaria

Acerca de los estudios superiores: o Universidad, Facultad, Escuela en la que estudió. o Años de inicio y final de los estudios. o Residencia durante los estudios. o Becas y ayudas; trabajo. o Actitudes entre los compañeros, entre los profesores, entre profesores y estudiantes... Compañeros y profesores que han marcado su trayectoria vocacional, profesional, etc. o Ampliación de estudios. o Opiniones razonadas sobre la calidad de la formación recibida tanto la científica como la clínica o práctica; otros centros/consultas profesionales etc. de formación paralela.


3. Ejercicio profesional •

Le preguntaremos acerca del tipo de centro de trabajo en el/los que ha trabajado. Incluyendo si ha trabajado en la consulta privada, si ha llevado a cabo visitas domiciliarias, ha dedicado parte de su tiempo a pacientes en el medio rural, en consultorios o ambulatorios de la Seguridad social o si más bien ha trabajado en hospitales, tanto públicos como privados. También nos interesa saber si ha trabajado en alguna mutua o si ha ejercido labores de administración, gestión sanitaria o docencia.

Sobre la vía de entrada en el ejercicio profesional. Es decir, saber si accedió por medio de oposiciones, suplencias e “internidades”, etc.

Pertenencia a sociedades e instituciones de su interés como los colegios profesionales, sociedades de especialistas, sindicatos, contactos nacionales e internacionales, ONG, sociedades científicas, ciudadanas, etc.

4. Obra escrita (si la hubiera) •

Nos encantaría preguntarle sobre las publicaciones científicas que haya hecho a lo largo de su carrera profesional, si es que las ha llevado a cabo, como pueden ser: artículos en revistas locales, nacionales o internacionales; manuales y libros; publicaciones de divulgación científica y sanitaria; manuscritos, etc.

Sería interesante preguntarle sobre su Biblioteca Personal, así como cuáles son los libros que más le han ayudado tanto en su formación como en su carrera.

5. Aportaciones técnicas (si las hubiera) 6. Situación actual •

Le preguntaremos sobre su actividad en este momento, a pocos años de la jubilación y también nos gustaría que nos contará cómo espera que sea su futuro.

Sería interesante que hiciera un balance sobre su carrera.


3. Biografía elaborada del entrevistado Carmen Ciscar Juan nació en Paiporta el año 1955, tuvo una infancia feliz junto a sus padres y sus cuatro hermanos. Estudió en un colegio público de su pueblo y posteriormente en el Instituto de Benetússer. Todo buenos recuerdos. Sin embargo, 5º y 6º de Bachillerato los cursó en el Instittuo Sant Vicent Ferrer, que era público y se encontraba en Valencia. Tras finalizar su último curso, todos los almunos de su promoción tuvieron que enfrentarse a la Reválida. Carmen acabó sus estudios en el instituto a los 16 años, pero hasta que no tuvo 17 no se pudo matricular a los estudios superiores que deseaba cursar. Cuando Carmen era adolescente, le entraron ganas de ganar algo de dinero, así que como sus padres eran amigos del dentista del pueblo, este les ofreció tanto a ella como a su hermana, un trabajo en la clínica que tenía. En esos momentos, la joven no tenía nada claro lo que quería estudiar tras haber finalizado el Bachillerato, pero lo único que quería era independizarse pronto y poder vivir sola. Su interés radicaba en que quería ponerse pronto a trabajar para poder ser autosuficiente y no tener que depender del dinero que le daban sus padres. Tras mucho pensar, Carmen tenía un gran dilema entre dos opciones que determinarían cuál sería su futuro. Por una parte, le gustaba Magisterio porque pensaba que podría ser una buena maestra, y por otra, estaba la opción de hacer Enfermería. Al final se decantó por esta última, además también influyó en la decisión la opinión de sus padres, así como la del dentista con el que había trabajado anteriormente. Empezó sus estudios universitarios cuando tenía 17 años, para poder terminarlos cuando tuviera 20 y lanzarse al mundo laboral, ya que los estudios en Enfermería duraban 3 años. Carmen estudió en la escuela de Enfermería de Valencia, de lo que ahora es la Universidad Católica San Vicente Mártir, que entonces era propiedad del Arzobispado. En el momento había varias Escuelas de Enfermería en Valencia, como La Esperanza, el Hospital General (que se puso en marcha cuando Carmen terminó), Cruz Roja, etc. Aunque la única que era pública era la del Hospital Clínico. Para poder ingresar en los estudios superiores en la Escuela de Enfermería del Arzobispado, Carmen tuvo que realizar un examen de ingreso en el Hospital General, que aprobó con buena nota. Para poder acceder a los estudios superiores, el requisito era haber


cursado el Bachillerato Esencial, sin embargo, por edad, a ella le había dado tiempo a cursar el Bachillerato Superior también. Durante los 3 años que duraban los estudios en Enfermería, Carmen estuvo acudiendo a las clases y haciendo vida de estudiante. Sin embargo, lo que más resalta de su formación fueron las prácticas hospitalarias que hizo durante ella, ya que según nos cuenta, fue durante las prácticas cuando forjó las mejores relaciones que le dejó su época de estudiante en Valencia. Las prácticas hospitalarias durante los 3 años de formación las realizó en lo que actualmente es el Hospital Peset, que recibía el nombre de Residencia General Sanjurjo, de la época de franjo. Estas prácticas estaban tuteladas por monjas normalmente y la supervisora era siempre una monja. Las estudiantes estaban al calor de ellas, y les ayudaban mucho con la gestión. Además, Carmen piensa que eran muy disciplinadas y ordenadas, les gustaba tenerlo todo controlado. No tiene mal recuerdo de sus tutoras, ya que por lo general, aunque no habían estudiado mucho, eran buena gente, pero, sin embargo, sí que se acuerda de alguna que era más problemática. Además de las supervisoras, también contaban con el apoyo de celadores, personal de lavandería, personal de cocina y de mantenimiento, jardineros, servicio de limpieza, etc. Todos ellos formaban parte de la plantilla del hospital. Carmen recuerda su época de estudiante como muy divertida, y considera que aprendió muchísimo haciendo las prácticas. Sin embargo, fue tras haber finalizado los estudios, cuando Carmen tomó verdadera conciencia de su responsabilidad como enfermera, ya que afirma que hasta que no acabó sus estudios nadie en el hospital o durante las clases les había transmitido ese sentido de la responsabilidad que debían haber desarrollado durante la formación. Ya que, para ella, no era lo mismo ir a hacer las prácticas bajo el paraguas y la justificación de ser estudiantes, que el hecho de ser una enfermera en plenas facultades, y empezar a trabajar sin amparo de ningún tipo. Una vez finalizados los estudios, para acceder al mundo laboral tenía la posibilidad de presentarse al CAP, que no era exactamente una oposición y recibía el nombre de “Concurso Abierto y Permanente”. Lo complicado era que las estudiantes acababan sus estudios con unos méritos prácticamente nulos, simplemente con el expediente que habían obtenido en la Escuela de Enfermería, puesto que no había ejercido previamente. A partir de obtener el título de Enfermera, ir obteniendo contratos, aunque fueran cortos


y precarios, les hacía ir sumando puntos de experiencia y por tanto, los méritos iban creciendo. Su primera experiencia laboral fue durante los meses de verano en el mismo hospital en el que realizó las prácticas, que como hemos dicho era el Hospital General Sanjurjo, donde se lanzó por primera vez al mundo laboral. Como era el hospital donde había hecho las prácticas durante 3 años, aunque pasaba a no estar tutelada por las supervisoras, fue un poco más fácil acoplarse, dentro de la dificultad de la situación. A continuación, los siguientes meses decidió cambiar de aires y se trasladó a Murcia con tres amigas, que también eran enfermeras y habían estudiado con ella. Se decidieron por la ciudad de Murcia porque se habían enterado de que acaban de inaugurar un hospital, llamado Hospital Clínico Universitario Virgen de la Arrixaca. Fue en Murcia donde desarrolló su actividad profesional durante varios años y, aunque sus amigas se volvieron pronto a Valencia, Carmen se quedó en Murcia durante 4 años. Causa de ello fue que a Carmen le encantaba conocer gente nueva e hizo un buen grupo de amigos. Además, notaba como el ambiente murciano no era muy diferente al que tenía ella en su pueblo natal, lo cual le gustaba más que el que había en Valencia capital. Fue en Murcia donde se presentó por primera vez a las elecciones sindicales. De hecho, las primeras elecciones democráticas después de la dictadura fue cuando Carmen se presentó en las listas del sindicato propio del hospital, cuando también se presentaron sindicatos como CCOO o UGT. En Murcia había un ambiente de levantamientos y reivindicaciones y de hecho a Carmen le afectó de cerca, puesto que en los últimos fusilamientos que se dieron en septiembre de 1975, mataron al hermano de una compañera enfermera suya. La gente pedía cambios, pero por lo general, según nos cuenta Carmen, el sector sanitario era bastante conservador. Estaban muy estipulados los roles de cada profesional dentro del hospital y nadie pisaba el terreno del resto. Con relación al trato que recibían por parte de los médicos, Carmen nos cuenta que había muchos que trabajaban por lo privado y además muchos de ellos tenían un gran legado familiar. Para ella, las enfermeras no tenían la importancia que necesitaban y tenían una labor muy limitada, con unos márgenes de autonomía muy estrechos. Por suerte, esto ha ido cambiando y el hecho de faltar personal hace pensar que hay muchos profesionales


sanitarios a cargo de la organización y la coordinación, que entiendan de gestión. Para Carmen, uno de los fallos principales son la falta de observar qué es lo que tiene que ver la salud pública con la salud en general, cómo influye el entorno social en las enfermedades, cómo influye el entorno laboral en cuanto a los contaminantes y tal. A su parecer, debería haber una visión más integradora y holística, más relacionada con el entorno en el que se desarrollan las actividades sanitarias. Para Carmen, el problema reside a la hora de diseñar el hospital. Por ejemplo, para ella, las grandes superficies hospitalarias no son eficientes. Cuando una persona está enferma, es fácil darse cuenta de que los hospitales no están bien diseñados a la hora de atender a los pacientes, las instalaciones no están humanizadas. Es muy complicado descansar en las salas que destinan para ello, ya que hay mucha gente y los hospitales están abarrotados. Así, a la hora de contemplar cómo cuidar a una persona, se tiene que tener muy en cuenta la necesidad de una persona de descansar cuando está ingresada. Antes se tenía en cuenta porque solía haber horarios de visitas, pero ahora por lo general no existen estos horarios a no ser que hablemos de enfermedades infecciosas o psiquiatría. De modo que el hecho de no tener en cuenta estas necesidades de descanso perjudican mucho al paciente. Todo esto en cuanto a los hospitales, cuando nos centramos en Atención Primaria, también falta mucho personal y los retrasos en la espera son brutales. De este modo, normalmente las instalaciones son muy viejas, están mal ventiladas y demás. Por eso, Carmen piensa que tres cuartos de la red sanitaria pública están obsoletos. Además, Carmen afirma que con el paso del tiempo te das cuenta de que una persona no lo sabe todo, de manera que una tarea multidisciplinar es lo que realmente se necesita. Por ejemplo, ella considera que ha aprendido mucho de la trabajadora social a la hora de trabajar con pacientes que de entrada puedan parecer más complicados. Hacen falta psicólogos y formar grupos de trabajo en los que se conozca a los pacientes, que la gente se lea las historias clínicas para saber las mínimas características de cada persona. A su parecer, en la unidad de enfermería hace más falta inculcar esta visión holística que entre los médicos, porque ellos sí que muestran una mayor integración. Considera que entre los médicos sí que existe el hábito de continuar estudiando, mientras que entre las enfermeras este se ha venido desarrollando desde hace unos cuantos años hasta ahora,


con lo que se está logrando una mayor autonomía. Para ella, está muy bien ver cómo la frescura de la gente joven se contrasta con la experiencia de los médicos de toda la vida, se ve la energía que se desprende y la verdad es que es muy bonito. El problema es que hay mucho “hospitalocentrismo”, cuando en realidad se debe hacer más promoción y prevención de la salud. Desde que se implantó la Ley General de Sanidad (1986), no ha habido los cambios que esperaríamos. En 1979, volvió a Valencia y empezó a trabajar en la Unidad Pediátrica del Hospital La Fe. Destacó que en esa época empezaron a verse los primeros enfermeros, remarcando que eran del género masculino. Posteriormente, se pasó al área de Urgencias porque en Pediatría era difícil lidiar con los familiares de los niños enfermos. Carmen deseaba trabajar tranquila, sin familiares de niños hospitalizados que estuvieran en el hospital diciendo a los profesionales cómo tratar a sus hijos. Además, el hecho de que hubiera gente ajena al hospital en las zonas de enfermedades infecciosas infantiles era el vehículo perfecto para diseminar gastroenteritis y otras patologías, debidas a la mala actuación de padres y familiares, ya que tocaban instrumentos que no debían, “cuidaban” ellos mismos de los niños, de modo que las infecciones se transmitían muy fácilmente. Tras esta etapa, estuvo 10 años en el sindicato del hospital La FE. Durante este tiempo, realizaban tres charlas al día en todas las unidades en las que se informaba a los empleados (tanto personal sanitario como extrasanitario) de sus derechos ante la legislación laboral, así como de la importancia de reivindicar unas condiciones de trabajo dignas. De este modo, las asambleas estaban dedicadas sobre todo a tratar asuntos relacionados con las condiciones laborales y con la salud laboral. Carmen estuvo muy en contacto con la Asamblea que se hizo en relación con los Estatutos de los Trabajadores, lo que implicó cambios en la contratación. Nos cuenta que, en cuanto a las condiciones de trabajo, sí que consiguieron algunos cambios, por ejemplo, ante una semana de noche que en teoría no generaba descanso, un grupo de enfermeras muy activas, incluida Carmen, se pusieron a investigar y se dieron cuenta de que tenían derecho a librar la semana de noche también. De este modo, consiguieron reducir la jornada del turno rodado, es decir, que les dieran dos días libres por las dos semanas que trabajaban por la noche, lo cual equivalía a 14 horas laborales menos. Sin embargo, estos cambios fueron abolidos tiempo después.


Carmen también hizo un viaje a Cuba para hacer un curso de Salud Pública en el Hospital Policlínico Pasteur de La Habana. Fue una experiencia inolvidable y reconoce que la sanidad en el país está muy bien. Por una parte, escribían las historias clínicas a lápiz, porque no tenían ni siquiera bolígrafos, sin embargo, tenían un sistema de prevención genial, por ejemplo, a la hora de evacuar a la gente cuando tenían noticia de que un ciclón se acercaba. En Cuba hay tan poca riqueza que hacen lo imposible para prevenir la salud de la población, ya que se han dado cuenta de que, económicamente, es mucho más rentable prevenir que curar a los pacientes tras un desastre. Además, también había casas para mujeres embarazadas que no tenían en sus casas las condiciones idóneas para llevar a cabo un embarazo, con el fin de ofrecerles prevención frente a las enfermedades infecciosas. Después, pasó al Centro de Salud Nápoles y Sicilia, donde trabajó en salud laboral e hizo el grado medio de Prevención de Riesgos en la Universidad Politécnica de Valencia. Después pidió un traslado a Consultas Externas y pasó al “pool”, trabajaba por la tarde y era una buena forma de conocer todas las consultas del hospital. En un principio, antes de pasar por el “pool”, la habían destinado a Cardiología, pero por hacerle un favor a una compañera, renunció a su puesto y pasó a formar parte de este grupo de enfermeras que iban cambiando de especialidad. Para Carmen, estar en el “pool” fue una experiencia muy buena debido a que era una buena manera de conocer cómo funcionaban las distintas especialidades del hospital. Como había estado en el sindicato, había aprendido bastante de informática, entonces ayudaba a sus compañeras y conoció varias formas de trabajo. Donde más tiempo estuvo fue en Neumología, también en Otorrinolaringología, en Enfermedades Infecciosas y después en Psiquiatría, donde más tiempo estuvo. De este modo, pudo trabajar en la gestión y pudo aprender toda la labor burocrática que englobaba la enfermería. Sin embargo, la especialidad de Oftalmología fue en la que menos tiempo estuvo. Carmen resalta que, durante toda su trayectoria, algunos aspectos que más le gustaron fueron la presencia de las “hojas amarillas” cuando estuvo en pediatría. Servían para que cada enfermera leyera la situación de cada paciente en las 24 horas de antes, lo cual permitía al personal saber a qué se debían enfrentar en cada situación. Además, para ella fue muy importante la bioestadística, es decir, el hecho de saber con cuánta gente contaba para trabajar, cuántos pacientes acuden de verdad a las citas, en


definitiva, para poder tener una metodología y saber las características de la labor que debían desempeñar. Continuó su carrera profesional en el centro en el que trabaja en la actualidad, el Centro de Rehabilitación bio-psicosocial Museo, una antigua casa de socorro del Ayuntamiento, de alrededor de 1928. Acogió a algunos pacientes tras el cierre del hospital de Bétera. Actualmente, está dedicado casi exclusivamente a esquizofrenia, pero también hay trastornos de la personalidad y algún trastorno bipolar. Actualmente, Carmen aparte de ejercer como enfermera, da también informática básica a los pacientes, y aunque afirma que no es experta, sí que nos cuenta que sus alumnos y pacientes aprenden con ella. A dos años de su jubilación, Carmen ha decidido llevar a cabo los trámites de la prejubilación para, así, poder tener más tiempo para ella misma y disfrutar de la vida. Considera que 43 años de trabajo y dedicación son más que suficientes. Además, cree que, en el ámbito sanitario, trabajar con más de 65 años no es lo más adecuado, ya que a nivel de reflejos y percepción, las personas no están igual. En cuanto al balance de su carrera, Carmen nos cuenta que le ha gustado mucho su trayectoria y sobre todo los últimos años en los que ha ejercido como enfermera de salud mental. A partir de ahora, quiere aprender inglés e incluso baraja la posibilidad de hacer un curso de restauración de muebles o alguna cosa relacionada con el ejercicio de las manos, como informática. También le gustaría alquilar una furgoneta para recorrer toda España, pasar a Francia y ver qué le depara el destino. A sus 63 años, Carmen dice tener muy claras sus prioridades, y entiende muy bien la importancia de gozar de una buena salud para poder ser feliz en la vida.


4. Conclusiones Tras haber realizado este trabajo, nos hemos dado cuenta de que el profesional sanitario debe estar implicado en su carrera laboral en todo momento. Ahora entendemos un poco mejor la importancia de la proximidad entre los trabajadores de la salud y los pacientes, para una mejor y más rápida recuperación de estos últimos. Además, hemos podido apreciar, a través de su testimonio como enfermera, la evolución en la relación entre el personal médico y de enfermería hasta la situación actual.

5. Bibliografía Como bibliografía hemos usado el testimonio oral de Carmen, aunque también nos hemos basado en varias obras que nombramos a continuación: -

Laín Entralgo, P. (1971) Gregorio Marañón. Vida, obra y persona, Madrid, Espasa Calpe.

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Laín Entralgo, P. (1948) Harvey, Madrid, CSIC.

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RTVE (2009) Las mariposas del alma. Santiago Ramón y Cajal. En: Creadores del siglo XX. (rtve a la carta)

6. APÉNDICE: transcripción completa de la entrevista Entrevistadora: Bueno en primer lugar, nos gustaría que nos facilitara los datos de cabecera como nombre y apellidos, fecha y lugar de nacimiento y antecedentes familiares. Carmen: Perfecto, Carmen Ciscar Juan, de Paiporta, del 1955. Antecedentes familiares, ¿en qué sentido? ¿En cuanto a enfermedades? E: No, más bien en cuanto a familiares que estuvieran relacionados con el ámbito de la salud y tal. C: Ah, vale, comprendo. La verdad es que no, nadie en mi familia formaba parte de la rama sanitaria. E: Vale, entonces ¿qué es lo que le motivó a llevar a cabo los estudios en Enfermería? C: Yo acabé en el 1975, el año que Franco murió de modo que estudié hasta 6º de Bachillerato, la Reválida. Primero en el Instituto de Benetússer y después en 5º y 6º me pasé al Instituto Sant Vicent Ferrer. Ahí me quedé un año porque acabé cuando tenía 16 años y hasta que no tuviera los 17 no me podía matricular en estudios superiores. En mi caso, las dos opciones que contemplaba eran la de ser enfermera o maestra. ¿Por qué?


Bien en mi caso no fue vocacional, simplemente quería independizarme pronto, de modo que las carreras cortas que más me gustaban eran la de Enfermería y Magisterio. Me decidí porque eran 3 años de grado medio y rápidamente me plantaba con 20 años,


pudiendo acceder al mundo laboral. Había varias Escuelas de Enfermería y yo estudié en la que actualmente es la Universidad Católica San Vicente Mártir, que era del Arzobispado. También estaba la del Hospital Clínico, la de La Esperanza, el Hospital General abrió una Escuela de Enfermería el año que terminé yo y por último contábamos con la Cruz Roja que también formaba enfermeras. Bueno id guiándome porque seguramente me disperse… E: Está perfecto, tranquila. En cuanto al acceso, ¿cómo pudo entrar? C: Bien, pues hice un examen de ingreso que lo hicimos en el Hospital General. Lo que exigían era el Bachiller Elemental, pero a mí por la edad me dio tiempo a cursar también el Bachillerato Superior. En un principio estuve dudando entre estudiar Magisterio o Enfermería, pero al final entre el médico del pueblo y mis padres me convencieron para estudiar Enfermería. Lo que tenía claro era que no quería que fuera muy largo. E: Muy bien, ¿y qué tal fueron los años durante los estudios? ¿Forjaste buenas relaciones? C: Los 3 años hice las prácticas en lo que actualmente es el Hospital Pesset, en el EVES que era un hospital que se llamaba Residencia General Sanjurjo, de la época de Franco. Estaba al lado del colegio de sordomudos. La gente de Enfermería que no estaban en el Clínico íbamos a hacer las prácticas ahí. Los del Clínico las hacían en el propio hospital. Las supervisoras eran monjas y en cuanto al personal, estábamos normalmente al cargo de una coordinadora monja y también había celadores, personal de lavandería, personal de cocina y de mantenimiento, jardineros, servicio de limpieza. Todos estos formaban parte de la plantilla del Hospital. E: Entonces, ¿la escuela en la que usted estudió era pública? C: No, era privada. En la época, la única Escuela de Enfermería pública que existía era la del Clínico. Normalmente estábamos al calor de monjas que se encargaban de toda la gestión y la verdad es que se les daba muy bien. A pesar de no haber estudiado mucho eran muy profesionales y, aunque alguna era más problemática, por lo general era buena gente. La verdad es que fue una época muy divertida y hasta que no empecé a trabajar no tomé conciencia de dónde me había metido, porque entonces no nos enseñaban exactamente la responsabilidad a la que estábamos sometidos. Claro, no era lo mismo ir a hacer prácticas bajo el paraguas de que éramos estudiantes y otra cosa muy distinta es


el hecho de acabar los estudios y ponernos a trabajar enseguida sin ningún amparo. La verdad es que el comienzo fue un horror, un auténtico horror. E: Sí, entonces para acceder al mundo laboral ¿valía simplemente con un contrato por parte del hospital? C: Por una parte, teníamos la opción de pedir la plaza, no era exactamente una oposición y recibía el nombre de “concurso abierto y permanente”. En este CAP se presentaban los méritos que tenías, que en este caso eran prácticamente nulos porque no había ejercido, de modo que lo único que contaba eran las notas que había sacado en la “carrera”. A partir de tener el título de Enfermera, todo lo que ibas trabajando como tal iba sumando puntos. Yo trabajé en el Sanjurjo los meses de verano a continuación de acabar. En Murcia habían abierto recientemente un hospital que se llamaba Hospital Clínico Universitario Virgen de la Arrixaca y allá que fuimos un montón de enfermeras recién tituladas. En mi caso, nos fuimos a Murcia tres amigas. E: ¿Cuánto tiempo estuvo en Murcia? C: Yo estuve 4 años, pero mis amigas se cansaron antes y solo estuvieron uno. A mí me gustaba mucho conocer a gente nueva así que hice un grupo de buenos amigos y la verdad es que me gustaba mucho el ambiente de allí porque era más pueblo que Valencia. Los valencianos tirábamos hacia las tascas y el ambiente dominguero. En Murcia fue donde me presenté a las elecciones sindicales. De hecho, las primeras elecciones democráticas después de la dictadura, fue cuando se presentaron ya CCOO, UGT, entre otras. Pues bien, en esas elecciones yo ya iba en las listas del Hospital de Murcia. Claro está que iba de relleno, pero ahí fue cuando me invadió la vena guerrillera que me duró varios años. E: Entonces, ¿cómo fue el trascurso desde los sindicatos de Murcia hasta los de aquí en Valencia? C: Bien, en Murcia hubo movida porque uno de los chicos a los que fusilaron en septiembre del 75 en los últimos fusilamientos era hermano de una compañera mía enfermera infantil. La gente pedía muchos cambios, pero por lo general el sector sanitario era bastante conservador y eran bastante clasistas, no había trabajo en equipo y estábamos a las órdenes del jefe, en concreto, del médico, pero bueno, esto pasaba en todos los sitios. En el momento había muy pocas mujeres médicas.


Después vine a Valencia y acababa de haber una movida muy grande en La Fe que ocasionó muchos despidos. E: Entonces, ¿cómo reivindicaba la gente? ¿A través de manifestaciones? C: Sí, había muchas manifestaciones en los hospitales, también había asambleas, etc. E: Vale, y en cuanto a la relación con los médicos, ¿cree que ha habido cambios? C: A ver, en la época la supervisora era la monja y ella misma nos decía: “Nenicas, que viene el doctor”. Muchos médicos trabajaban por lo privado y había muchos médicos que tenían un gran legado familiar. La verdad es que las enfermeras mujeres no pintábamos demasiado. De modo que se trataba de una labor muy limitada y con unos márgenes de autonomía muy estrechos. Esto ha ido cambiando y, el hecho de faltar personal, lo cual es un problema eterno, te hace pensar que faltan muchos profesionales sanitarios al cargo de la organización y la coordinación, que entiendan de gestión. Para mí uno de los fallos principales son la falta de observar qué es lo que tiene que ver la salud pública con la salud en general, cómo influye el entorno social en las enfermedades, cómo influye el entorno laboral en cuanto a los contaminantes y tal. A mi parecer debería haber una visión más integradora y holística, más relacionada con el entorno. Hacen falta equipos que trabajen la parte social y la parte profesional. E: ¿Con esto se refiere a la manera de tratar con el paciente? C: Más bien a la forma de diseñar un hospital. Por ejemplo, creo que las grandes superficies hospitalarias pierden eficacia. Cuando una persona está enferma te das cuenta de lo mal que están diseñados los hospitales a la hora de atender a los pacientes, lo poco humanizadas que están las instalaciones. Parece mentira, pero por ejemplo cuando te acaban de operar y despiertas, tienes un dolor de cabeza para morirte y empiezas a escuchar todo tipo de pitidos porque estás en una sala común con mucha más gente en tus mismas condiciones. Cuando por fin te meten en una sala para descansar, en mi caso me llevaron a una sala en la que el ruido que hacía el aire acondicionado era horrible. Vamos, que descansar es prácticamente imposible. Yo pude porque aún me duraba el efecto de la anestesia, pero la mujer que estaba a mi lado a media noche se puso a gritar porque estaba muy nerviosa y no podía dormir.


Lo que quiero decir es que a la hora de contemplar cómo cuidar a una persona, se tiene que tener muy en cuenta la necesidad de una persona de descansar cuando está ingresada. Antes se tenía en cuenta porque solía haber horarios de visitas, pero ahora por lo general no existen estos horarios a no ser que hablemos de enfermedades infecciosas o psiquiatría. De modo que el hecho de no tener en cuenta estas necesidades de descanso perjudican mucho al paciente, porque si hubiera estado bien organizado no me habría pasado eso. Todo esto en cuanto a los hospitales, cuando nos centramos en Atención Primaria, también falta mucho personal y los retrasos en la espera son brutales. De este modo, normalmente las instalaciones son muy viejas, están mal ventiladas y demás. Por eso, pienso que tres cuartos de la red sanitaria pública está obsoleta. Habiendo leyes y estadísticas que muestran, en teoría lo que realmente importa, se haya evolucionado tan poco en los aspectos que realmente necesitan ser mejorados. Además, te das cuenta de que una persona no lo sabe todo, de manera que una tarea multidisciplinar es lo que realmente necesitamos. Por ejemplo, yo que he estado en salud mental me doy cuenta de que he aprendido muchísimo de la trabajadora social, y de la psiquiatra también. Hacen falta psicólogos y formar grupos de trabajo en los que se conozca a los pacientes, que la gente se lea las historias clínicas para saber las mínimas características de cada persona. A mi parecer, en la unidad de enfermería hace más falta inculcar esta visión holística que entre los médicos, porque ellos sí que muestran una mayor integración. Por ejemplo, en la unidad de Psiquiatría hay muchas revisiones tanto bibliográficas como teóricas a lo largo de la semana. De manera que entre los médicos sí que existe el hábito de continuar estudiando, mientras que entre las enfermeras este se ha venido desarrollando desde hace unos cuantos años hasta ahora, con lo que se está logrando una mayor autonomía. Está muy bien ver cómo la frescura de la gente joven se contrasta con la experiencia de los médicos de toda la vida, se ve la energía que se desprende y la verdad es que es muy bonito. El problema es que hay mucho “hospitalocentrismo”, cuando en realidad se debe hacer más promoción y prevención de la salud. Desde que se implantó la Ley General de Sanidad (1986), no ha habido los cambios que esperaríamos.


E: Perfecto, y en cuanto a la especialidad. Nos cuenta que ahora está en salud mental, pero previamente, ¿ha pertenecido a otra unidad? C: Sí, después de volver de Murcia en el 1979 estuve en La Fe. A las enfermeras nos hacían ir con un uniforme muy mono en color azul, con un delantal y el cuello y los manguitos blancos. Además, no nos dejaban trabajar con las uñas pintadas y me parece muy bien porque por ejemplo cuando estuve en Pediatría, nos decían que por debajo de la laca de uñas aparecían bacterias y no era higiénico. Además, se fumaba dentro del servicio, lo cual ahora me parece muy fuerte. Otro de los cambios grandes fue el aumento en el número de enfermeros hombres que hubo. En un principio, los enfermeros no podían ir a las Escuelas privadas y solo podían entrar en las públicas. En La Fe trabajé en Infantil, pero después trabajé en toda el área porque me gustaban mucho las Urgencias. El trabajo a turnos es muy duro y, por otra parte, el hecho de lidiar con los familiares de los niños también era bastante complicado. En un principio los familiares solo tenían acceso el día de visitas, pero poco a poco empezaron a dejar entrar a las familias y el problema es que la gente lo tocaba todo, de manera que las infecciones iban de niño a niño por las manos de las madres que tocaban a todos los niños. Entonces yo esto no lo acababa de llevar bien, también teníamos crisis asmáticas y cuando los niños respondían mal a las visitas de los padres, estos llegaban a respondernos mal y a faltarnos al respeto, de modo que me pasé a urgencias. Tras esto, estuve 10 años en el sindicato del hospital. En La Fe me dedicaba a hacer asambleas, por ejemplo, estuve en la Asamblea que se hizo en relación con los Estatutos de los Trabajadores, que implicó todos los cambios en la contratación. Nos dedicábamos a hacer 3 asambleas, una por cada turno, para que todos estuvieran bien informados. Después me pasé al Centro de Salud Nápoles y Sicilia, donde trabajé en salud laboral e hice el grado medio de Prevención de Riesgos en la Politécnica. Después pedí un traslado a Consultas Externas y pasé al “pool”, trabajaba por la tarde. En un principio me habían dado una plaza en Cardiología, pero me pidieron que se lo cambiara a una chica que era mujer de un médico, esto es otro tema, porque también había muchos favoritismos… La idea de estar en el pool estaba muy bien porque así me destinaban donde hacía falta mi labor y era una buena forma de conocer todas las consultas del hospital.


Como yo había estado en el sindicato, había aprendido bastante de informática entonces ayudaba a mis compañeras y conocí varias formas de trabajo. En la que menos estuve fue en Oftalmología porque había mucha demanda. De modo que estuve mucho tiempo en Neumología, también en Otorrino, en Infecciosas y después en Psiquiatría, donde más tiempo estuve. De este modo, pude trabajar en la gestión y pude aprender toda la labor burocrática que englobaba la enfermería. Una cosa que me gustaba mucho era que en Infantil teníamos las “hojas amarillas” del día, de manera que a la que le tocaba el turno se encargaba de leerse las historias de todos los pacientes niños de las 24 horas, lo que permitía saber a qué te enfrentabas en cada caso. También me parece muy importante el tema de la estadística, saber quién viene y quién no. Es muy orientativa para saber con cuánta gente cuentas para trabajar, cuántos pacientes acuden a las citas, en definitiva, para tener una metodología y saber las características de nuestra labor. E: Sí, entonces los 10 años en los que estuviste dedicándote al sindicato, ¿ocupaba toda tu jornada laboral? C: Sí, había gente que pensaba que no trabajábamos mucho, pero éramos muy currantes. Hacíamos 3 asambleas al día para los tres turnos y en varias especialidades. E: ¿Y las asambleas estaban enfocadas a las condiciones laborales? C: Sí, sobre todo a las condiciones laborales y la salud laboral. E: ¿Podría nombrar algún cambio significativo por el que lucharan que sí que se cumpliera? C: Sí, por ejemplo, en cuanto a condiciones del trabajo, conseguimos más días libres. Cuando empiezas a trabajar te dicen “las semanas de noche no generan descanso” y por otra parte estaba el Estatuto que dictaminaba que se debían trabajar unas determinadas horas semanales. Nos pusimos a investigar un grupo de enfermeras muy activas y nos dimos cuenta de que teníamos derecho a librar la semana de noche también. De este modo, lo que hicimos fue reducir la jornada del turno rodado: conseguimos que nos dieran dos días libres más por las dos semanas que trabajábamos por la noche, lo cual equivalía a 14 horas laborales menos que teníamos.


Por otra parte, cuando estaba en Murcia, los turnos de noche eran de 7 noches seguidas, de modo que me aferré a una ley que todavía era franquista en la que se dictaba que las mujeres no podían trabajar por la noche más de 30 horas. Considero que trabajar con mujeres es complicado por el hecho de la maternidad, los hijos que se ponen enfermos… Así que otra batalla era la de que las mujeres le echaban mucho morro ante situaciones en las que a la mínima podían librar, cargando a las compañeras con más trabajo en lugar de a su marido para que estuviera con él con los hijos. Además, también se veían estos comportamientos a la hora de fiestas como Semana Santa o Navidad en la que a priori sabíamos quién iba a ponerse “enferma” … Cuando se pasó de hablar del turno rodado a jornadas en cómputo anual fueron reduciendo los derechos de los trabajadores. Esto suponía un incremento de la jornada laboral. Fue entonces cuando la gente empezó a doblar los turnos. Con 12 horas de trabajo, médicos y enfermeros acaban quemados de todo el día. No es recomendable, se hacen muy pesados, pero si das a elegir la gente prefiere librar un día más a costa de doblar el turno un día. Puede que beneficie al profesional, pero no al usuario Se ha de humanizar la sanidad, es algo de lo que se teoriza mucho, pero si no tienes tiempo para empatizar no lo consigues: “Te puedes poner en el lugar del otro pero de forma muy rápida”. He hecho cursos de empatía, para ver cómo funciona, y sí, todo muy estupendo pero has de tener tiempo. Aquí lo noto mucho, porque tengo más tiempo, y he hecho auténticos amigos entre los pacientes. Esta proximidad está muy bien: conoces a la gente, tienen confianza, puedes hacer chistes…Un día fui a tirar la basura y me encontré con Paco, que estaba en el bar, lo vi bastante alicaído y le dije si le apetecía venirse a dar un paseo, lo típico que dices por formalidad esperando que te digan que no, pero no fue así, y Paco se vino conmigo. Estuvo contándome cosas de su novia y la verdad es que fue un rato agradable. E: El centro qué es exactamente? C: Centro de rehabilitación bio-psicosocial Museo, pero le llaman centro de día. E: Es público? C: Sí, era una antigua casa de socorro del Ayuntamiento, de alrededor de 1928 y después se lo quedó la Diputación. Acogió a algunos pacientes tras el cierre del hospital de Bétera.


Actualmente, está dedicado casi exclusivamente a esquizofrenia, pero también hay trastornos de la personalidad y algún trastorno bipolar. Yo doy también informática básica a los pacientes, no tengo mucha idea, pero ellos aprenden y van haciendo preguntas, también les selecciono textos sobre la autoestima, autocuidados, metáforas sobre la salud mental, viajes…es interesante. No hay más centros de rehabilitación biopsicosocial como tal en valencia, sí que están los CRIS (Centros de Rehabilitación e Inserción Social) de la Conselleria de Benestar Social. E: Qué cursos, además del curso de prevención de riesgos laborales, has hecho? C: Algunos de salud mental, otro de salud pública en Cuba…Sobre este último, fui por los 90 con unas compañeras de trabajo, ¡los cubanos son una caña!, la sanidad está muy bien montada. Estuve en el Policlínico Pasteur de La Habana, recuerdo que escribían las HCs a lápiz, no tenían ni bolígrafos…y sin embargo, tienen un sistema de prevención genial, por ejemplo a la hora de evacuar a la gente cuando va a venir un ciclón. Tienen tan poco, que hacen virguerías para prevenir la salud de la población. Recuerdo que había también casas para embarazadas, para minimizar el riesgo de padecer enfermedades. Otra cosa que hacían era controlar a los hipertensos, diabéticos…cuando aquí ni lo soñábamos. Las enfermeras estaban más bien formadas que nosotras. Otra cosa que quería comentar es que el tema de la formación ahora mismo es mucho mejor. Cuando yo acabé y me soltaron en la sala de neurología sin saber qué hacer…ahora encuentro que la gente, a nivel teórico, está mejor formada; en la práctica, no tanto, pero la formación de base hace que cueste menos mejorar en la práctica. E: Entonces, a la hora de meterse en un hospital, ha mejorado? C: El problema es que la gente joven que acaba, muchas veces es inconsciente, no acaba de asumir la responsabilidad que le cae encima. Las prácticas que hacéis vosotros ahora son muy “por encima”, entonces cuando te dicen: “Ale, este paciente para tí”; has de estar muy bien formado. Pero sí pienso que desde la escuela vosotros ya estáis formados a otro nivel. E: ¿Estudiaste en un colegio e instituto públicos? C: Sí, a la “Escuela Nacional” de Paiporta y luego al “Sant Vicent Ferrer” de aquí. E: ¿Obra escrita, aportaciones técnicas?


C: En el Colegio de Enfermería conocí a gente del Hospital General y otros centros y creamos una comisión que se dedicaba a hablar sobre la enfermería, yo me centraba en la asistencial, también estaba la administración y la investigación…y me publicaron un artículo. Pero no me he dedicado a ello, la verdad. Nada destacable. E: Otra de las cosas que quería destacar es que la gente, en general, no se preocupa por aumentar su formación porque tampoco nos lo exigen. Recuerdo, en mi vida laboral, sólo una vez que me pidieron los cursos que había hecho. Respecto a esto, los cursos, congresos, jornadas…deberían ser en horas de trabajo, y pasa que sólo puedes “descontar” las horas del curso si coinciden con las de tu horario laboral, de no coincidir has de acudir a todo. De estos cursos he hecho dos o tres, también acudo a jornadas en la Fe de vez en cuando, y a algún congreso con gastos pagados. C: Los sitios de responsabilidad no son fáciles de conseguir, antes se repartían y nadie se enteraba; ahora, sí que es cierto que se evalúa de otra manera: las plazas que quedan libres se hacen públicas y se hace una especie de “concursillo” y las consiguen los que tienen mejor currículum. En este tema las publicaciones son muy importantes, revisiones bibliográficas…publicar, publicar y publicar puntúa mucho. Tener el doctorado también. Ir haciendo cursos también suma, y coger las oportunidades que se presenten. E: Actividad actual y qué piensas hacer en la jubilación, ¿ibas a pedirla ya para este año, verdad? C: Sí, me voy a jubilar voluntariamente porque pienso que 43 años de trabajo son más que suficientes. Una persona que ya ha sobrepasado lo que se exige de máxima cotización, que creo que se exigen 38 años y medio, debería poderse jubilar. Habrá gente que se jubilará con 20 años trabajados que cobrará lo mismo que otra con 50, por poner un ejemplo. El tema de la jubilación pienso que está muy mal. Para vosotros, que tenéis una carrera muy larga por delante, veo que es un tema importante. La opción de jubilarse cuando se tienen más años trabajados que el máximo que exigen para recibir el 100% debería estar disponible sin penalización económica. Además, es sano; nosotros trabajamos en salud y hay que verlo como algo sano y necesario: el cuerpo y la mente necesita descansar. Trabajar con más de 65 años en un centro hospitalario me parece una barbaridad, a nivel de reflejos, percepción…no se está igual. Sí pienso que está muy bien que se aproveche su experiencia para la formación de los más jovenes.


E: ¿Cómo esperas que sea tu futuro? C: ¡Ay!, mi futuro que sea divertido. Una de las cosas que más me ha agobiado siempre es el tema del horario. Conforme me he ido haciendo mayor el tema de quedar con la gente con antelación me cuesta mucho, porque no sé si voy a tener ganas en el momento, me agobio y me estreso. Mi día cada vez dura menos, eso es por la edad, ya os llegará. Nunca sé lo que voy a hacer cuando acabo de trabajar, así que tampoco sé qué voy a hacer cuando me jubile. Pero tengo la idea de apuntarme a inglés, buscarme un profesor particular para practicar sobre todo conversaciones, 2 o 3 días a la semana y poder irme al extranjero con más tranquilidad. También quería hacer un curso de restauración de muebles, o cualquier cosa que me haga trabajar con las manos, que seguro que me va muy bien para el coco; algo de informática…Y viajar, también he pensado en alquilar una furgoneta para recorrer toda España, luego pasar a Francia… E: Para terminar, ¿qué balance harías de tu carrera? C: Tendría que haberme dedicado a otra cosa (risas). Me ha gustado, la verdad que he trabajado a gusto y sobre todo estos últimos años, desde que estoy en salud mental. Ahora se trabaja en equipo y falta una mejor educación y una mejor base, un establecimiento de objetivos comunes… E: ¿Qué es lo mejor con lo que te quedarías? C: Me lo he pasado muy bien, me he divertido mucho, he conocido a gente muy maja, a muy buenas personas, y ha hecho que me de cuenta de que es más importante de lo que parece ser una persona agradable y atenta, el 50% de la enfermedad lo curas, resulta mucho más fácil y la persona se pone bien antes. En ese sentido, pienso que hace falta humanizar más la atención. Para trabajar en la salud, has de ser una persona que de alegría y sea agradable, con buen aspecto y buen humor, paciencia, saber escuchar… E: Pues hasta aquí llega nuestra entrevista, Carmen, ha sido un placer. C: El placer ha sido mío.

Biografía médica maría y gemma  

Trabajo Historia de la Medicina y Documentación UV. Curso 2017/2018 María Ciscar y Gemma Gassó

Biografía médica maría y gemma  

Trabajo Historia de la Medicina y Documentación UV. Curso 2017/2018 María Ciscar y Gemma Gassó

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