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C贸rdoba 2016

Ciudad europea de la cultura


¡Oh excelso muro, oh torres coronadas De honor, de majestad, de gallardía! ¡Oh gran río, gran rey de Andalucía, De arenas nobles, ya que no doradas! ¡Oh fértil llano, oh sierras levantadas, Que privilegia el cielo y dora el día!

¡Oh siempre gloriosa patria mía, Tanto por plumas cuanto por espadas! Si entre aquellas ruinas y despojos Que enriquece Genil y Dauro baña Tu memoria no fue alimento mío,

Luis de gongora, a Córdoba

Nunca merezcan mis ausentes ojos Ver tu muro, tus torres y tu río, Tu llano y sierra, ¡oh patria, oh flor de España!


Estas aguas no son aquellas aguas, ni es esta la ribera. Y mis manos ¿son las mismas que antaño acariciaron la estela de su cuerpo? Otro fulgor de acero incendió las pupilas. Que al fin todo es efímero. En el agua la muerte me reclama. En sus reflejos adivino un arrullo de sirenas. Pasan blancas muchachas, con su aroma de adelfa, con su piel que hace temblar el mediodía. Como palomas pasan, y un instante, arrasan la memoria. Y este dolor de saberme perdido pasará. A la tarde, mis palabras sólo serán cenizas. Afligirme no debo. Aunque en verdad, imaginé —más allá de este río— otro destino.

Miguel florian, lejos de Córdoba


Arbolé, arbolé seco y verdé. La niña del bello rostro está cogiendo aceituna. El viento, galán de torres, la prende por la cintura. Pasaron cuatro jinetes sobre jacas andaluzas con trajes de azul y verde, con largas capas oscuras. "Vente a Córdoba, muchacha." La niña no los escucha. Pasaron tres torerillos delgaditos de cintura. "Vente a Sevilla, muchacha." La niña no los escucha. Cuando la tarde se puso morada, con luz difusa, pasó un joven que llevaba rosas y mirtos de luna. "Vente a Granada, muchacha." Y la niña no lo escucha. La niña del bello rostro sigue cogiendo aceituna con el brazo gris del viento ceñido por la cintura. Arbolé, arbolé seco y verdé.

Federico García Lorca


Córdoba 2016  

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