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GECOR

ésta lanza brotes cada dos por tres, acabando en generosos ramilletes de media docena o más flores. Mi mujer da saltitos de alegría cada vez que las ve, como si a su vez intuyera que la planta fabrica cucharas por hacerle feliz, y no necesariamente porque tenga que cumplir con su periodo anual de floración. No, no las cuida, pero como si las cuidase. Quizá sería más feliz cuidándolas. Y si no lo sería, pues como si lo “seriese”, vaya. Lo cierto y verdad es que las orquídeas en esta casa se han convertido en un patrimonio conyugal. Si pasan frío le ponemos el radiador (y

nosotros una manta para dormir –no sé si distinguen la diferencia-). Y en verano, mi mujer les enchufa el ventilador, suavecito, porque nosotros no necesitamos de tales lujos y nos basta ir en cueros por la casa para mitigar este calor sahariano. Curioso, oigan, porque mientras la Paqui (¿recuerdan?, es la mujer de mi mal amigo Dani), lleva a su maromo -o sea, a Dani- bien corto de correa para evitar que se vicie coleccionando los muñecos del “kinder sorpresa”, la mía no es que me lleve ni corto ni largo, sino que participa de mi mismo collar.

Neottia nidus-avis, fotografía Manuel Lucas

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N º 1 12/2008

Ya ven: hay cursillos que te garantizan hablar inglés en seis meses, como si de algo tan extraordinario se tratara – tanto, que merece la publicidad-. Aquí, en mi infectado hogar, garantizamos que en un añito, no importa si su memoria es de pez o de “peza”, chapurreará el latín y será capaz de identificar más especies de orquídeas en un tris que famosillos del tres al cuarto en un programa de prensa rosa, tan patéticos y de moda ahora. Y lo que es más: usted sabrá lo que le pasa, se sabrá infectado pero le gustará, y le garantizamos que hasta se sentirá bien.

Fernando Gerundio

revista_laelia_1_1  

http://www.gecor.org/GECOR/Revista_Laelia_files/revista_laelia_1_1.pdf

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