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SUPLEMENTO ESPECIAL

La tranquilidad en hacer las cosas, una virtud para el éxito

“El enólogo puede saber hacer vinos, pero hay que tener una mente muy abierta, viajar y probar todo lo que hay”

Premio Entre Amigos 2014 en la categoría de Agricultura y Ganadería

Teniendo en cuenta que nació y dio sus primeros pasos en la bodega de Vega Sicilia, parece que era lógico que Mariano García se dedicase a algo relacionado con el vino. Pero de ahí a llegar a los niveles de éxito obtenidos, eso ya requiere de otros muchos conocimientos, riesgos y capacidad que es la que nuestro premiado ha demostrado con el paso de los años.

Tu padre trabajaba de encargado en Vega Sicilia y allí naciste. Luego, tras estudiar en Valladolid, marchaste a Madrid…

Nací y me crie en Vega Sicilia y entre viñas, y allí fue parte de mi vida cotidiana. Luego, cuando alcance la mayoría de edad, tenía el impulso y la necesidad de encaminar la formación hacia un mundo que conocía y que me apasionaba. En el año 68 fui para Madrid y allí, en la escuela de enología, acabé lo que había empezado. Me adapté perfectamente a esa escuela del vino y de la vid de Madrid, era algo que ya conocía, sobre todo el viñedo. Eran unos años donde se practicaba una enología distinta a ahora; antes era más paliar defectos y ahora ya, afortunadamente, tiene un tema más hedonista.

En aquellos años, en esa infancia, sería casi la única bodega de la zona

Estaban bodegas con prestigio como Murrieta, Riscal o López Heredia, había alguna bodega catalana que empezaba… como grandes vinos Rioja, Protos aquí en la Ribera de Duero, y estaba con sus claretes Pablo Barrigón, que es un hombre que merece sus recuerdos y cariños porque creo que en aquellos años era el que daba a conocer aquel clarete de Cigales por media España, sobre todo el norte, en el País Vasco.

Con sólo 24 años, en el 68, Jesús Anadón te dio la oportunidad de intervenir en tu primer Vega Sicilia, con Juan José de Castro

Efectivamente, Juan José de Castro era un químico y farmacéutico y entonces hacia lo que era los postgrados, y coincidimos como un año en Madrid. Al acabar el enológico y vitivinícola los dos hicimos la cosecha del 68, hasta enero o así que él se fue, le fichó Codorníu y se fue allí como director técnico.

Que privilegio saber que uno va a salir de la escuela a elaborar vinos en una bodega como Vega Siclia

El estar en una bodega, y sobre todo hacer unos vinos con una personalidad, con un estilo y un respeto hacia la viña, te da una conciencia distinta, ya vas a elaborar grandes vinos y eso, por supuesto, ayuda mucho.

“No quería ser un productor de bata blanca, quería estar en contacto con la tierra y con el suelo” Casi 30 años dedicado a Vega Sicilia… es toda una vida

Fueron aquellos años donde la importancia que ahora tiene la viña se daba más valor. Me acuerdo que nos llamaban los químicos al tema enológico, que era que no se estropease el vino. Entonces eran unas condiciones distintas a ahora, empezar a tomar conciencia de la importancia de la viña era lo primero que había que hacer y yo tenía claro una cosa, que yo no quería ser un productor de bata blanca, sino quería estar más en contacto con la tierra y con el suelo y, sobre todo, no perder de vista esa perspectiva cultural y del consumo del vino que es algo que tenía que ser importante.

Mariano García

Valbuena de Duero (Valladolid), 28 de marzo de 1944

Enólogo

Premiados en años anteriores:

2011 – Isabel Aguilar (ganadera) 2012 – Luis Sanz (Dehesa de los Canónigos) 2013 – Pablo Álvarez (Vega Sicilia) De esos años los últimos 20 lo compatibilizas con tu propio vino

En aquellos años Vega Sicilia empezó, no es el momento a que ha llegado hoy. Había que empezar primero por la viña y luego ir poco a poco, y con los medios que había intentar sacar lo mejor, y lo nuestro era otra cosa direfernte.

En 1978 creas Bodegas Mauro. ¿Pones ese nombre en homenaje a tu padre que había fallecido?

Sí. Tengo la suerte de encontrar un viñedo en Tudela de Duero con unas condiciones perfectas, y empiezo alquilando una bodega y, en el año 78, fueron unas 5.000 botellas. El vino que no tenía el perfil para embotellar lo vendía a granel.

Empezaste con unas viñas que iban a ser arrancadas

En aquellos años, desgraciadamente, el viñedo no se valoraba, no había bodegas que vendiesen el vino a un nivel de calidad y con unos precios buenos, con lo cual el viticultor lo que hacía era arrancar la viña porque no le era rentable, y sobre todo en Tudela de Duero. Lo podían llevar a las cooperativas, sobre todo a Protos, y él ya en aquel momento veía que le era difícil vender la uva, y yo tenía muy buena relación con él porque hacia un vino en el pueblo que era muy peculiar, y luego lo vendía como podía, sobre todo en verano, en las fiestas. Llegó un momento que el hombre me dijo que ya no se complicaba la vida, que me quedase con ella y que no me preocupase, que ya se la pagaría cuando pudiera. Me quedé con la viña para hacer un vino, con unas perspectivas muy distintas a Vega Sicilia que tiene una personalidad, y de esta forma yo podía hacer algo distinto y no estar encorsetado en hacer un gran vino como era ese de Vega Sicilia.

La historia de los vinos de la zona se remonta a 1562, cuando Felipe II eximió de pagar tributos por la calidad de sus vinos, pero en cambio quedó luego fuera de la Denominación de Origen (D.O.) ¿Eso te afectó en algún sentido?

La D.O. siempre viene bien, lo primero por las ayudas económicas, que en aquellos años sólo recibían las D.O. En el 82, cuando se fundó dicha D.O., ésta sólo llegaba hasta Peñafiel porque esto lo hacen los de Burgos pensando más en los claretes que había entonces y en ponerles una normativa ya que había que embotellar y vender. Copiaron toda la D.O. de la primera que hubo en España, que fue Rioja. Pesquera y todo lo demás quedó fuera, tanto es así que Vega Sicilia entra unos dos años después cuando se dan cuenta que lo que pita es el tinto, y que tienen que llevar una locomotora como era Vega Sicilia.

“Estar fuera del paraguas de la D.O. hace que te tengas que esforzar mucho más en todo” Entra hasta donde están los viñedos de Vega Sicilia, que es Quintanilla de Onésimo, y de ahí hasta Tudela, que hay mucho Duero, como la Abadía de Retuerta donde el Duero abarca todos sus viñedos, queda fuera. Lógicamente el estar fuera del para-

“A Mariano García le conozco desde el año 1968, que hice lo que ahora se llamaría un máster sobre viticultura y enología y me tocó ir a hacer las prácticas de vendimia en Vega Sicilia, y en aquel entonces el señor Mauro, su padre, era el encargado de la bodega. Después, a final del 68 o principios del 69, estuve de profesor ayudante en la escuela de la Vid en Madrid y Mariano estaba haciendo una formación profesional sobre viticultura y enología, y le tuve de alumno de prácticas. Mariano García ha sido uno de los responsables de ese despertar de la enología nueva y moderna. Mis recuerdos con él han sido relativamente cortos, pero positivos. Se ha convertido en una figura señera del mundo del vino en toda Castilla y León y de aquellos inicios se ha dedicado a esto con gran acierto.”

Juan José de Castro

Enólogo

guas de la D.O. hace que cueste mucho más, te tienes que esforzar mucho más en todo, en hacer las cosas mejor y luego, sobre todo, ya digo, en esas ayudas económicas y en las promociones que hace una D.O. Lo primero que hace la gente cuando va a un restaurante es mirar en la carta las D.O. y si son Rioja y Ribera de Duero, y luego quedan los otros atrás que se tienen que esforzar mucho más y buscar una personalidad y un estilo.

Mauro es de indudable prestigio y es cierto que choca que esté como Vino de la Tierra, que parecen como vinos de segunda

Si suena de segunda fila, pero esto es más aquí, en el exterior no, la D.O. también tiene su peso pero están más abiertos. Los vinos de la tierra de Castilla y León también suena muy bien, las D.O. están bien y tienen que tener ahí su reducto, pero primero creo que habría que promocionar la marca España.

¿Quizás aquí nos empeñamos en dividirnos y eso provoca que fuera seamos menos importantes, y que a veces destaquen vinos malos solo por estar en una D.O.? Creo que teníamos que ir más juntos. Hoy en día todo el que sale al ruedo tiene valor, vinos deficientes, no voy a decir malos, no hay, porque el consumidor es muy exigente y ya nadie puede sacar a la venta un vino que no esté bien. Ahora, dentro de lo que sale, son esos vinos que destacan, que tiene un sello, una personalidad y donde reflejan el terruño de donde vienen y también esa impronta del que lo hace. Pero somos afortunados y en España vinos malos no hay.

Desde finales de los 90 tienes tu sello de la Ribera con Aalto, ¿te quitaste esa espinita? En el momento que yo estoy fuera lógicamente tengo ofertas, y yo tenía bastante con lo que tenía, y sobre todo lo que tenía que hacer era potenciar. Además ya estaba en Toro desde el año 94, que había visto allí unos viñedos y ya estaba haciendo el proyecto de San Román, y no me quería complicar la vida. Sí había echado una mano a algunos amigos, pero no tenía intención de meterme en ningún tinglado más. Pero surgió lo del proyecto de Aalto con Javier Zaccagnini, director del consejo regulador y que fue quien le impulsó y le dio ese aire más cosmopolita e internacional, que me lo propuso con unos inversores y donde él se encargaba del tema gerencial y de ventas, y yo del tema técnico. Empezamos poco a poco, porque yo los proyectos creo que

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