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CapĂ­tulo iii l 1

La familia Pereira Pacheco en Canarias por Carlos GaviĂąo de Franchy


200 l Julio Sánchez Rodríguez l Luis de la Encina, obispo de Arequipa, y su paje Antonio Pereira

Miguel Pereyra y Pacheco: Lección a mis hijos. 1826. Biblioteca Nacional del Perú


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Apéndice iv

La familia Pereira Pacheco en Canarias por

Carlos Gaviño de Franchy

Miguel y Antonio Pereira Pacheco y la genealogía

M

iguel Pereira Pacheco y Ruiz en su Lección a mis hijos, texto que lleva fecha del 12 de septiembre de 1826, escribe a propósito del honor y de la nobleza, clase social ésta que según su propio concepto lo detentaba casi en exclusividad:

Después de nuestra Santa Religión, el honor, don el más precioso, delicado e inestimable, es la única prenda que prevalece en medio de los mayores trastornos de la sociedad. Se salva de entre las llamas en que ha perecido la riqueza más opulenta, sale ileso de un naufragio en que las agitadas olas insumieron toda la fortuna del rico comerciante; naciones enteras destruidas y arrasadas por los estragos feroces de Marte, le miran con espanto conservarse inmarcesible entre sus ruinas; y no solo camina hasta el sepulcro con pasos serenos, sino que triunfando de la muerte misma, llega hasta la más remota posteridad, recordándose a cada paso las acciones heroicas en que queda como vinculado para estimular a los descendientes a que sigan el ejemplo de sus antepasados […]. Nacido pues mi idolatrado padre de una familia de notoria y esclarecida nobleza, a quien las vicisitudes y su mucha antigüedad, redujeron a la carencia de los pingües bienes, y grandezas de sus ilustres ascendientes, solo cuidó con el mayor esmero conservar el patrimonio del honor, que nadie pudo mancharle nunca. Si don Juan Pereyra y Pacheco vivió y murió con el honor más acendrado, tanto más difícil de conservar; cuanto que rodeado de una numerosa prole, fruto legítimo de su matrimonio con doña Rosalía Ruiz Ximénez, estaba reducido a sostenerla con un pequeño sueldo1.

Tanto Miguel Pereyra como su hermano Antonio dieron muestras constantes, a lo largo de su vida, de responder a un ideario conservador firmemente enraizado en el Antiguo Régimen, en el que habían sido adoctrinados por un padre severo preocupado por lograr que sus hijos hicieran carrera en las armas, la iglesia o la administración. Para ello resultaba imprescindible la limpieza de sangre y, por ende, los conocimientos genealógicos necesarios a la hora de incoar este tipo de expedientes. La exigencia de pruebas de contenido discriminatorio para acceder a diversos estudios, empleos y puestos de responsabilidad se mantuvo hasta la llegada de la revolución liberal que logró abolirlas. Reinstaurada la limpieza de sangre por Fernando vii en 1824, fue suprimida definitivamente por una Real Orden de 31 de enero de 1835. Las Constituciones de 1837 y 1845 especificaron como única condición para acceder a cargos y empleos públicos el mérito y la capacidad personal. No obstante, para los oficiales de ejército, la limpieza de sangre se mantuvo hasta 1859, para ser abolida totalmente en 18652. No es de extrañar pues, que en el equipaje de los hermanos Pereira viajara con especial cuidado un grueso legajo cuyo título aun reza: Documentos que justifican la calidad y constante legitimidad de los ascendientes por línea materna de don Miguel y don Antonio Pereyra Pacheco y Ruiz, naturales de la ciudad de San Cristóbal de La Laguna, capital de la Isla de Tenerife en las de Canarias, toda vez que los paternos habían sido ya documentados, probados y certificados por la Real Chancillería de Granada3. Tampoco lo es que ambos tuvieran interés por la genealogía y la heráldica, más específico en esta segunda ciencia auxiliar en el caso de Antonio, que llegó a elaborar un tomito que tituló Colección de los Escudos de Armas de Pereira Pacheco, Miguel: Lección a mis hijos. Manuscrito. Biblioteca Nacional del Perú, D8147. Sicroff, Albert A.: Los estatutos de limpieza de sangre: Controversias entre los siglos xv y xvii. Madrid, 1979. 3 Documentos que justifican la calidad y constante legitimidad de los ascendientes, por línea materna, de don Miguel y don Antonio Pereyra Pacheco y Ruiz, naturales de la ciudad de San Cristóbal de La Laguna, capital de la Isla de Tenerife en las Canarias. Arequipa, marzo 7 de 1816. Manuscrito. Biblioteca Nacional del Perú, D8165. 1

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202 l Julio SĂĄnchez RodrĂ­guez l Luis de la Encina, obispo de Arequipa, y su paje Antonio Pereira

Informaciones de limpieza de sangre


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Informaciones de limpieza de sangre


204 l Julio Sánchez Rodríguez l Luis de la Encina, obispo de Arequipa, y su paje Antonio Pereira

los apellidos de algunas familias que poblaron estas Islas Canarias; formada en orden alfabético por don Antonio Pereira Pacheco y Ruiz, en el que figuran cincuenta de ellos dibujados e iluminados en su mayoría, y otros pocos a medio concluir4. El legajo aludido fue formado a petición de don Juan Pereira Pacheco quien, el 19 de agosto de 1807, ante el corregidor y capitán a guerra don José María Valdivia y Legobién, dijo que estando destinados a hacer viaje para el Reino del Perú, de familiares del ilustrísimo señor don Luis de la Encina y Perla, dignísimo obispo de la catedral de Arequipa, del Consejo de Su Majestad, dos de mis hijos legítimos llamados don Miguel y don Antonio y conviniendo para los efectos que puedan conducirles llevar algunos documentos que justifiquen su calidad […] para que de ello se me dé testimonio íntegro en forma que haga fe y se conserva actualmente en la Biblioteca Nacional del Perú. Con similar prevención hizo viaje al Perú otro de los familiares del obispo Encina y amigo íntimo de los Pereira, don Pedro María Galdós, quien intentó sentar plaza de cadete en Montevideo en septiembre de 1811, durante su difícil traslado a Arequipa, que se narra en otra parte de este libro: Don Pedro de Galdós, natural de la Isla de Gran Canaria, con el debido respeto a vuestra señoría expone: que habiendo llegado a esta plaza con el objeto de pasar a Arequipa, y siéndole forzoso detenerse en ella a causa de las desagradables ocurrencias de este virreinato, y proporcionándole con este motivo la situación en que se halla la plaza la ocasión de dar una prueba de su amor al soberano y a la patria, abrazando la carrera militar, como más propia para satisfacer sus justos deseos, está resuelto a pedir a vuestra excelencia le coloque en ella; pero deseaba que fuese de un modo conveniente a sus principios, y tal vez más útil a la patria, y para esto envío inmediatamente la patente de oficial de su hermano don Benito de Galdós, que ha servido desde cadete en el regimiento de la Reina, y otros documentos; pero viendo que cuando lleguen estos, o la patria no estará ya invadida, o cuando sea menester seguir la guerra se privará del placer de ayudar a sus defensores en sus fatigas, y reflexionando por otra parte, que hay aquí varios sujetos de Canarias fidedignos, que unos han conocido a su hermano de cadete, antes de pasar a la Península, y todos la distinción, estima y reputación de sus padres, y que en caso necesario lo jurarán, y así mismo, que tiene en su poder una información autorizada de limpieza de sangre, que acompaña a vuestra señoría, no aguarda los indicados documentos, que presentará cuando lleguen, sino que determinado a pedir la gracia de cadete, le ha parecido oportuno imponer antes a vuestra señoría de sus ardientes deseos de sacrificarse en bien de la patria, y de las consideraciones y motivos que le han asistido para no realizarlo más antes, y así mismo suplicar a vuestra señoría que por un efecto de su bondad disimule algunas formalidades, que son de uso, y que no son necesarias parea aclarar la verdad de lo expuesto5.

Pero más allá de los aspectos estrictamente funcionales y probatorios de la genealogía, Miguel y Antonio disfrutaron de ella como mero esparcimiento familiar, en el intento de que no se olvidara quiénes fueron sus pasados, algo que queda reflejado en dos cartas que transcribimos a continuación, la primera de Miguel a Antonio, fechada y firmada en Arequipa el 31 de marzo de 1830 en la que le dice: Mi amadísimo hermano: El 4 del presente tuve el placer singular de recibir tus siempre queridas letras de 12 de agosto de 829, y saber por ellas el escape milagroso de nuestra idolatrada mamá. ¡Dios nos la conserve para nuestro consuelo! Edifica la relación que me haces de aquel suceso, y así debemos afirmarnos más y más, de que sus padecimientos son preciosos delante de Su Divina Majestad, y que le tiene deparada su eterna dicha. Manifiéstale mis más tiernos y cordiales amores y respetos, y pídele siempre su bendición sobre mí, y estos sus nietecitos. ¡Cómo te envidio los días que me dices pasaste en Tegueste, con nuestras sobrinas Cayetanita y Juanica! Disfrútalos por muchos años, para que algún día, y aunque sea para morir nos unamos otra vez, lo que si le complace a nuestro eterno Padre, nada tiene de imposible. Me alegro llegase a tus manos la de 16 de diciembre de 828, y espero habrás recibido otras varias de fechas anteriores y posteriores. Las que me citas acompañaban al preparatorio y a la oración fúnebre, llegaron sin demora a mis manos, y las tengo contestadas, ahora te doy las gracias por la remisión de la Bula impresa que ya la tengo empastada, unida a los demás papeles relativos a la erección de tu catedral que por tantos títulos amo entrañablemente. Cuanto me dices de la prosperidad de nuestro amado patrio suelo me llena de un júbilo inexplicable, y ya que la suerte me tiene privado de tocarlo más de cerca, celebro en mi alma, el que tu vivas tan contento y sosegado. Nuestro cura de Tiabaya, según me indicaste, le he dado a sospechar su desgracia, la que recela haya sucedido, pero aun está dudoso porque yo no he querido aclararle más la primera noticia: en la primera que él tenga, o en otra que yo reciba, tocará tal vez el fatal desengaño. Siendo la muerte del señor Tuero, cuando le escribas a su viuda, le manifestarás mi fino y constante afecto, y la gratitud a sus recuerdos. Lo mismo harás con las señoras de Remón, cuya carta caminó a Tacna, donde vive Inclán: es mi amigo, y espero avisarte luego el resultado de su encargo. Me encargas que te encomiende a Dios; todos los días lo hago dos veces o tres; y espero que tú harás lo mismo con nosotros, estando como sacerdote, en mejor disposición de ser oído. He conseguido y tengo en mi poder desde el 24 del actual, un verdadero retrato de Nuestra Patrona de Candelaria, que estaba aquí en Santa Marta; es hecho en nuestras Islas, y tiene al pie las armas de Mesa, Lugo, Ayala, y Cabrejas; por lo cual creo lo tragiese [sic] aquí el don Juan de Mesa y Lugo que gobernó esta ciudad por los años de 1666. También me he hecho de un cucharón de plata con las armas de Mesa y Ponte, el que debió ser de don Francisco de Mesa, primer marqués de Casa Hermosa, corregidor de Puno. Tal es mi entusiasmo canario, que cuanto tiene relación con Islas, tanto procuro tener y guardar con estimación. Para que no hayga [sic] cosa que no me recuerde tu memoria, en cuantas funciones fúnebres hay en la catedral, o fuera de ella, en que se diga la misa algún capitular, se luce tu casulla, por ser la mejor que tienen, y más de una vez se la ha

Pereira Pacheco y Ruiz, Antonio: Colección de los Escudos de Armas de los apellidos de algunas familias que poblaron estas Islas Canarias; formada en orden alfabético por don Antonio Pereira Pacheco y Ruiz. Ms. 110. Biblioteca de la Universidad de La Laguna. 5 Correspondencia familiar. Propiedad de doña Concepción y doña Josefa Leal. La Laguna. 4


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puesto también este señor obispo. Es regular que el señor marqués de Villanueva del Prado [a quien harás mis finas expresiones] como tan curioso y literato tenga las Memorias del general Miller que militó en el Perú, y se han impreso en Londres en 1829, y te encargo las leas, pues contienen puntos y noticias muy interesantes, y en lo que a él le pasó, verdaderas. Te incluyo esa medallita de Potosí a su presidente Santa Cruz, el sello de lacre de la República Peruana, el modelo de la marca de mis piezas de plata; y estos papeles sacados de los apuntes que me dio nuestro buen padre, del Compendio de la Historia de España, y del padre Flores, y que nosotros no debemos ignorar, aunque abatidos, y a nuestros descendientes deben estimularlos a obrar bien. Memorias las de siempre pues falta papel, a tu amantísimo hermano Miguel Anacleto6. En la carta se inserta un confuso árbol genealógico con las ascendencias de los Pereira hasta don Pelayo, entroncándolos con la casi totalidad de las primitivas monarquías hispanas.

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Ms. 56-8. Biblioteca Municipal de Santa Cruz de Tenerife. Correspondencia familiar. Archivo particular. Santa Cruz de Tenerife.

Y la segunda de Antonio Pereira, escrita en Tegueste el 10 de noviembre de 1852 y dirigida a su sobrino político don Pedro Hernández Bueno, marido de Cayetana González Pereira Pacheco, hija de su hermana Luisa: Por lo que respecta al árbol de que usted me trata, diré a usted: por parte de mi madre lo tengo levantado hasta Miguel, y por consiguiente entra a su lado la madre de Cayetanita [González Pereira Pacheco], ésta, usted [Pedro Hernández Bueno] y sus hijos. Por parte de mi padre, tiene Ambrosio en Lanzarote uno formado en Granada y autorizado por aquella Chancillería que acaso se acordará de él don Francisco Pérez, pues lo tenía colgado en su gabinete. Otro tengo hecho por Miguel, pero sería bueno tener a la vista los dos, y habiendo sujeto seguro, Ambrosio me mandaría el de Granada. Y ya con todos a la vista, podrá don Francisco formar el suyo de dos varas, que si vivo pondré en limpio con sus escudos7.


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Escudos de armas de las familias Sousa, Pereira, Vasconcelos y Melo


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De don Juan Francisco Pereira Pacheco, su mujer e hijos

E

n una comunicación enviada en 1962 a la Revista de Historia por Leopoldo de la Rosa Olivera, se desvelan datos primigenios de la biografía de don Juan Pereyra Pacheco, contenidos en el preceptivo expediente de soltería que, con motivo de su matrimonio con doña Rosalía Ruiz de Acosta, fue incoado en 1776. Según de la Rosa:

Juan Francisco Pereira Pacheco nació en Santiago de Compostela y recibió el bautismo en la parroquia de Santa Susana y San Fructuoso, el 28 de febrero de 1750; sus padres, don Antonio Pereira y doña Benita Pacheco, vecinos de Granada y de peregrinación a la tumba del Apóstol, vivían en la ciudad compostelana, en la calle Nueva. Al poco tiempo regresa la familia a Granada, y cuando Juan Francisco contaba sólo nueve años, sus padres lo envían a Málaga, donde debía embarcar para Cádiz, pero el navío en que viajaba no pudo hacer esta escala, a consecuencia de un temporal, y ha de seguir hasta San Sebastián de Guipúzcoa, ciudad donde permaneció mes y medio. El bergantín era de la Compañía de Caracas y hubo de hacerse a la vela para La Guaira, puerto en que permaneció cuarenta y nueve días, de los que sólo en uno saltó a tierra Pereira. Regresó de América en el mismo navío, que andaba en corso, y al pasar por el estrecho de Gibraltar fue apresado por dos corsarios ingleses, que lo desembarcaron en Lisboa. En esta capital estuvo cerca de un mes, hasta que, por mediación de un comerciante, fue devuelto a Granada con sus padres. Enviado de nuevo a Cádiz, hacia el 1765, cuando contaba quince de edad, tres años después, a fines del 1768, embarca para Canarias, donde entra al servicio, como escribiente, del coronel don Juan Bautista de Franchi, administrador general de Rentas Reales y juez superintendente de Contrabandos, y con igual cometido pasó luego al del capitán don Pedro Nicolás de Sotomayor, con quien estuvo viviendo en las islas de La Palma, Gran Canaria y Tenerife. En 1774 residía en La Orotava, y allí dio promesa de matrimonio a Isabel María del Pino, con la que no llegó a casar, por haber fallecido el 16 de octubre de aquel año, cuando sólo contaba con catorce de edad. Dos años más tarde casaría con doña Rosalía Ruiz de Acosta, con la que había de tener al futuro prebendado don Antonio Pereira Pacheco y Ruiz1.

Juan Pereyra y Pacheco, contador general

Tres años más tarde tuvo lugar el casamiento de don Juan Pereira Pacheco y doña Rosalía Ruiz de Acosta en la ciudad de Santa Cristóbal de La Laguna, y por encontrarse ausente de la isla el contrayente, con poder notarial suyo fue representado en la ceremonia por don José de Abreu, tal y como se desprende de su partida de matrimonio, que copiada literalmente dice así:

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Rosa Olivera, L. de la: «Sobre el padre del prebendado Pereira», Revista de Historia Canaria, números 137-140. La Laguna de Tenerife, 1962, pp. 188-189.


208 l Julio SĂĄnchez RodrĂ­guez l Luis de la Encina, obispo de Arequipa, y su paje Antonio Pereira

Ascendientes de don Juan Pereira Pacheco


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En la ciudad de La Laguna de Tenerife, en seis de junio de mil setecientos setenta y nueve, yo don Pedro José de Acosta y Abad, presbítero, juez subdelegado del tribunal de la Santa Cruzada y teniente de cura, con licencia del cura de la semana que lo es el licenciado don Santiago Francisco Eduardo, venerable beneficiado servidor de esta iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Concepción de esta dicha ciudad, habiendo precedido las tres amonestaciones que el Santo Concilio de Trento dispone y certificación del muy reverendo padre fray José Antonio de Estrada, teniente de cura de la parroquial del Señor San Francisco de la villa de Santiago, y así mismo despacho de libertad del señor provisor y vicario general de este obispado, sede vacante, en Canaria, a nueve de julio del año pasado de setenta y seis, en el que declara al contrayente por hombre libre y no sujeto a estado, el cual queda en el archivo de esta referida parroquia, y no resultando ningún impedimento que a mi noticia haya llegado, casé por palabras de presente, in facie eclesiae, a don José de Abreu a nombre de don Juan Pacheco, en virtud del poder que le confirió para este efecto y se presentó en Canaria a dicho señor provisor, quien lo mandó insertar según su auto dado en la misma ciudad de Canaria a veinte y siete de mayo de este presente año, que así mismo queda en dicho archivo y todo con arreglo a lo prevenido en la Real Pragmática, con doña Rosalía Ruiz Ximénez de Acosta, hija legítima de don Ambrosio Ruiz Ximénez y de doña Tomasa Villavicencio y Acosta, vecinos y naturales de esta dicha ciudad y el referido don Juan Pacheco lo es de la ciudad de Granada, natural de Santiago, reino de Galicia y vecino en esta Isla de la expresada villa de Santiago e hijo legítimo de don Antonio Pereira y de doña Benita Pacheco, vecinos y naturales de la ciudad de Granada; fueron sus padrinos don Juan

del Hoyo, señor de la Villa de Santiago, y doña María Ruiz Ximénez, fueron testigos don Fernando Ruiz Ximénez, don Diego Lazo de la Vega y Soria, presbítero, y José Martín, y lo firmé. Pedro José de Acosta y Abad2. Fueron hijos del matrimonio, nacidos todos en la expresada ciudad de La Laguna: 1. Doña Luisa Pereira Pacheco y Ruiz, nacida el 16 de octubre de 1781, que falleció, viuda de don Nicolás Ambrosio González Durán y Padilla, el 16 de junio de 18353. 2. Don Miguel Pereira Pacheco y Ruiz, que nació el 13 de julio de 1784 y se estableció en el Perú, donde casó con doña María Petronila de Zumarán y Salazar, y falleció en Arequipa en 18534. 3. Don Antonio Juan Fernando Ambrosio de la Concepción de los Remedios Pereira Pacheco y Ruiz, que vino al mundo el día 12 y fue bautizado en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Remedios el 20 de junio de 17905 y murió en Tegueste, el día 28 de abril de 1858. 4. Don Ambrosio José Nicolás del Santísimo Sacramento Pereira Pacheco y Ruiz, nacido el 6 y bautizado el 12 de diciembre de 1792 en la misma parroquia que su hermano, casó en tres ocasiones. La primera, en Las Palmas, Gran Canaria, en 1814, con doña Tomasa María Galdós de Medina; por segunda vez en la villa de Betancuria, Fuerteven-

Ahdll: Fondo parroquial de Nuestra Señora de la Concepción de La Laguna, libro 10 de Matrimonios, f. 71v. Ahdll: Fondo parroquial de Nuestra Señora de la Concepción de La Laguna, libro 22 [Bautismos], ff. 355r-355v. En la ciudad de La Laguna en veinte de octubre de mil setecientos ochenta y un años. Yo don Pedro José de Acosta y Abad, presbítero y teniente de cura de la semana que lo es el licenciado don Lorenzo González Cabrera venerable beneficiado curado propio de esta iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Concepción de esta dicha ciudad. Bauticé a Luisa Florentina Rosalía María de la Concepción hija legítima de don Juan Pacheco y Pereira natural de la ciudad de Santiago en el Reino de Galicia y de doña Rosalía Ruiz de Acosta que lo es de esta dicha ciudad, son abuelos paternos don Antonio Pereira y doña Benita Pacheco y los maternos don Ambrosio Ruiz Jiménez y doña Tomasa de Acosta. Habiendo nacido el día diez y seis del corriente fue su padrino don Francisco Aguilar vecino del Puerto de Santa Cruz a quien advertí la cognación espiritual y lo demás que previene el ritual romano, tiene óleo y crisma y lo firmé. Pedro José de Acosta y Abad [rúbrica]. 4 Ahdll: Fondo parroquial de Nuestra Señora de la Concepción de La Laguna, libro 22 [Bautismos], f. 460v. En la ciudad de La Laguna de Tenerife en veinte de julio de mil setecientos ochenta y cuatro años, yo el licenciado doctor Santiago Francisco Eduardo presbítero y vicario eclesiástico de esta ciudad y su partido con licencia del cura de la semana que lo es el licenciado don José Geraldín Pestana, venerable beneficiado curado propio de esta iglesia parroquial de la Purísima Concepción de Nuestra Señora de esta dicha ciudad bautice a Miguel Anacleto José Santiago Antonio Juan Nepomuceno Tomás de Aquino, hijo legítimo de don Juan Pereira y Pacheco y de doña Rosalía Ruiz Jiménez de Acosta vecinos de esta dicha ciudad, son abuelos paternos don Antonio Pereira y doña Benita Pacheco, naturales del reino de Galicia en la ciudad de Santiago y feligreses de las parroquiales de Santa Susana y San Fructuoso, son maternos don Ambrosio Miguel Ruiz Jiménez y doña Tomasa Josefa de Acosta y Villavicencio vecinos de esta referida ciudad, habiendo nacido el día trece del corriente fue su padrino el capitán don Miguel de Monteverde Molina y Hoyo, señor de Liloot y Sicillant [sic por Lilloot y Zuitland] en los estados de Flandes, vecino de la ciudad e isla de La Palma, y lo tiene por su poder el teniente capitán don José Monteverde y Molina su hermano segundo, ayudante mayor del regimiento de milicias de esta ciudad y castellano del castillo grande de San Juan del puerto y plaza de Santa Cruz a quién advertí la cognación espiritual y lo demás que previene el ritual romano tiene óleo y crisma y lo firmé. Geraldin [rúbrica]. Santiago Francisco Eduardo [rúbrica]. 5 Partida de bautismo de Antonio Pereira Pacheco y Ruiz. Yo don Domingo de Herrera Leyba, beneficiado medio propio curado de esta iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Remedios, vicario juez eclesiástico de esta ciudad y su partido, comisario del santo oficio y examinador sinodal de este obispado. Certifico y hago fe cómo en el libro treinta de bautismos administrados en esta dicha parroquia el cual tuvo su principio en primero de enero del año de mil setecientos ochenta y ocho, a su folio noventa y cuatro se halla la partida del tenor siguiente: [Al margen] Antonio Juan Fernando. En la ciudad de La Laguna de Tenerife a veinte de junio de mil setecientos noventa. Yo don Pedro José Bencomo beneficiado propio curado rector de esta iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Remedios y examinador sinodal de este obispado. Bauticé a Antonio Juan Fernando Ambrosio de la Concepción de los Remedios, que nació el día doce de dicho, hijo legítimo de don Juan Pereyra Pacheco notario del santo oficio de la inquisición, y contador general de esta isla por su majestad, y de doña Rosalía Ruiz de Acosta, vecino el dicho don Juan Pereyra Pacheco de la ciudad de Granada en la Andalucía, y la dicha vecina de esta ciudad. Fue su padrino don Juan del Hoyo Solórzano señor de la villa de Santiago y vecino del lugar de Garachico. Son abuelos paternos don Antonio Pereyra y doña Benita Pacheco vecinos de la dicha ciudad de Granada en la Andalucía, y los maternos el ayudante don Ambrosio Ruiz Jiménez difunto, y doña Tomasa de Acosta Villavicencio, vecinos de esta dicha ciudad, y se les advirtió la cognación espiritual, tiene óleo y crisma y lo firmé. Pedro José Bencomo. Así consta y parece de su original partida que queda en el citado libro y folio a que me remito y doy la presente a pedido de parte legiíima. Ciudad de La Laguna y noviembre veinte y seis de mil ochocientos y un años. Domingo de Herrera Leyba [rúbrica]. 2 3


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Título de contador a favor de Juan Pereira Pacheco. Biblioteca Nacional del Perú


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Título de contador a favor de Juan Pereira Pacheco. Biblioteca Nacional del Perú


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tura, con doña Josefa de la Nuez Herrera y, finalmente, en Arrecife de Lanzarote, en 1859, con doña Juana Camacho Luis6. 5. Doña María de la O Lorenza Florentina Tomasa Benita Pereira Pacheco y Ruiz, que recibió el bautismo en la repetida parroquia el día 24 de diciembre de 1797, a los ocho días de nacida, que permaneció soltera7. En 2 de junio de 1787 obtuvo don Juan Pereira real título de contador general y perpetuo de la isla de Tenerife, dado en el Real Sitio de Aranjuez, en lugar del capitán don Francisco de Molina Quesada, regidor perpetuo de esta isla, de cuya real gracia está satisfecho el derecho de las medias annatas, ajustadas en cuarenta y seis mil quinientos y sesenta maravedíes vellón de que se tomó razón en la Real Contaduría de valores de la Real Hacienda en diez y seis del mismo junio como consta de la nota puesta por don Leandro Borbón, y estando prevenido se me examine en cuentas para entrar al uso y ejercicio de dicho oficio, presentándome para ello. A vuestra merced pido y suplico

Gregorio Guazo Gutiérrez

se sirva, habiendo por presentado el real título, obedecerle y en su cumplimiento admitirme al examen de cuentas señalando hora para ello, y que evacuado todo y puesto por diligencia se me entregue original […].

El 4 de agosto siguiente, el corregidor y capitán a guerra de las islas de Tenerife y La Palma, don Gregorio Guazo Gutiérrez, aceptó y obedeció el real título y mandó se ejecutara el examen en presencia suya y de la del escribano mayor del cabildo, don Domingo Tomás de la Peña, contador de sus propios y de los del Real Consulado de estas islas, a quien se había nombrado por perito, y señaló la hora de las cuatro de la tarde de ese mismo día para la prueba y practicada que fue declaró hallar hábil y suficiente a don Juan Pereyra Pacheco, a cuyo favor está expedido, y capaz para desempeñarlo en todas sus partes, según las reglas en que ha sido reconvenido, lo que ha ejecutado bien y fielmente […], por lo que el corregidor aprobó que usara y ejerciera el oficio de contador público y jurara el cargo, lo que hizo el día 6 inmediato8. Al año siguiente hallamos por primera vez a don Juan Pereyra Pacheco, vecino de La Laguna, inmerso en el proceso de la quiebra y desfalco de la Real Tesorería de Canarias, por parte de su titular, don José Candelaria Carta. En calidad de testigo fue presentado el 27 de octubre por don Matías Fortunato Carta, establecido y casado en Caracas, quien había hecho viaje a la Isla con el fin de realizar las partición de bienes de sus progenitores con sus hermanos don José Candelaria y doña Ignacia, y en nombre de ésta, con su marido don José Víctor Domínguez. Declaró don Juan Pereyra que: habrá tiempo de dos meses, poco más o menos, que por medio de don Santiago Eduardo, venerable vicario de dicha ciudad, se le habló al testigo por don José Carta para que bajase a este Puerto a arreglar y liquidar cuentas pendientes de la casa, y al mismo tiempo, para poner en orden los papeles, y demás concerniente a la partición que quería hacer con el que le presenta, y demás hermanos, del caudal y bienes del padre común, y de don Bartolomé Montañez, a quien heredaron, y efectivamente con este motivo bajó el testigo hay cinco semanas y ha estado trabajando en dicho asunto hasta el día de hoy; impuesto por el mismo don José Carta de que el que le presenta venía desde Caracas tan solamente a concluir este negocio, para lo que hizo su viaje por Cádiz, de donde llegó a este Puerto el día catorce del corriente. Que igualmente sabe que el que le presenta venía con ánimo de vender su legítima y, convertida en dinero, restituirse a dicho Caracas, donde está avecindado y casado.

Ahdll: Fondo parroquial de Santo Domingo [parroquia de Nuestra Señora de los Remedios de La Laguna], libro 30 [bautismos], ff. 189r y v. En la ciudad de La Laguna de Tenerife a doce de diciembre de mil setecientos noventa y dos años: yo don Lorenzo de León Rodríguez, presbítero con licencia del párroco de la semana que lo es don Pedro José Bencomo venerable beneficiado propio curado rector de esta iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Remedios y examinador sinodal de este obispado. Bauticé a Ambrosio José Nicolás del Santísimo Sacramento que nació el día seis del corriente, hijo legítimo de don Juan Pereyra Pacheco notario del santo oficio de la Inquisición y contador general de esta isla por su majestad; y de doña Rosalía Ruiz Jiménez de Acosta, naturales y vecinos de esta dicha ciudad. Fue su padrino el capitán don Bartolomé Benítez de Lugo y Casabuena, regidor perpetuo de esta isla, señor de la Alegranza y ayudante mayor del regimiento de milicias de la referida ciudad, y se advirtió la cognación espiritual. Son abuelos paternos don Antonio Pereyra y doña Benita Pacheco difuntos vecinos que fueron de la ciudad de Granada en Andalucía; y los maternos el ayudante don Ambrosio Ruiz Jiménez y doña Tomasa de Acosta Villavicencio también difuntos y vecinos que fueron de esta supradicha ciudad. Tiene óleo y crisma y lo firmé. Pedro José Bencomo [rúbrica]. Lorenzo José de León Rodríguez [rúbrica]. 7 Ahdll: Fondo parroquial de Santo Domingo [parroquia de Nuestra Señora de los Remedios de La Laguna], libro 32 [Bautismos], ff. 19r y v. En la ciudad de La Laguna de Tenerife a veinte y cuatro de diciembre de mil setecientos noventa y siete años. Yo don Lorenzo Gómez Sánchez y Bautista presbítero con licencia de párroco de la semana que lo es el señor doctor don Santiago José Bencomo venerable beneficiado propio curado de esta iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Remedios, vicario juez eclesiástico de esta dicha ciudad y su partido y examinador sinodal de este obispado. Bauticé a María de la O Lorenza Florentina Tomasa Benita de la Concepción Dolores y Remedios, que nació el día diez y siete del corriente hija legítima de don Juan Pereyra y Pacheco contador general de esta isla y notario del santo oficio, natural de la ciudad de Santiago Reino de Galicia y de doña Rosalía Ruiz Jiménez de Acosta, natural y vecinos de esta dicha ciudad; fue su madrina doña María Ruiz Jiménez de Acosta y Villavicencio su tía; son abuelos paternos don Antonio Pereira y doña Benita Pacheco vecinos de la ciudad de Granada; y maternos el ayudante don Ambrosio Ruiz Jiménez y doña Tomasa Acosta Núñez Villavicencio, difuntos vecinos que fueron de esta supradicha ciudad; tiene óleo y crisma y lo firmé. Santiago Bencomo [Rúbrica]. 8 Título de contador de don Juan Francisco Pereira. Amll: R-xxxiii. Reales Cédulas, 32, 11; Biblioteca Nacional del Perú: D8165. [Documentos que justifican…] 6


Capítulo i l 213

El largo y complejo pleito, seguido ante la Real Audiencia de Canarias, obligó a don Juan Pereira a trasladarse a la ciudad de Las Palmas en torno a 1800 y allí permaneció hasta poco antes de su fallecimiento, ocurrido en Santa Cruz de Tenerife, diecisiete años más tarde, como luego veremos9.

Matías Fortunato Carta

Miguel Pereira, en un precioso documento hasta ahora inédito, que lleva por título Lección a mis hijos, fechado en 1826, daba noticia a sus vástagos del íntegro carácter del abuelo paterno, en estos términos: Nacido pues mi idolatrado padre de una familia de notoria y esclarecida nobleza, a quien las vicisitudes y su mucha antigüedad, redujeron a la carencia de los pingües bienes y grandezas de sus ilustres ascendientes, sólo cuidó con el mayor esmero conservar el patrimonio del honor, que nadie pudo mancharle nunca. Sí, don Juan Pereyra y Pacheco vivió y murió con el honor más acendrado; tanto más difícil de conservar, cuanto que rodeado de una numerosa prole, fruto legítimo de su matrimonio con doña Rosalía Ruiz Ximénez, estaba reducido a sostenerla con un pequeño sueldo. En vano fue tentado muchísimas veces con sumas de consideración para que hiciese gracias al parecer justas. Su enojo contestó siempre, prefiriendo su honor a las riquezas, aun teniendo que contrarrestar con poderosos desairados, pero logrando se hiciese la justicia debida a su integridad, en los diferentes recursos, y tribunales en que tuvo que sostenerla; lo que también le granjeó el respeto y estimación de otros […]. Una comisión tan interesante como delicada, sacó poco después a mi padre del seno de su familia, para entender en la causa del tesorero general de la Real Hacienda de Canarias, que había hecho una quiebra muy considerable y ruidosa. Quedé yo en la compañía de mi tierna madre y hermanos menores, a los diez y seis años no cabales de mi edad, hecho cargo de la casa, asuntos, y papeles de padre y otros10.

En 1804 la familia habitaba la casa número 4 de la calle de la Carrera, en la feligresía de Nuestra Señora de los Remedios, y se hallaba compuesta por el cabeza de familia, don Juan Pacheco, de 55 años, que a pesar de encontrarse ausente en Las Palmas no había perdido su condición de vecino en La Laguna; su mujer doña Rosalía, de 48, y sus hijos don Miguel, don Antonio, don Ambrosio y doña María, de 19, 14, 10 y 5 años respectivamente; la criada Juana Rodríguez, de 35 años y don Jerónimo Ganges, también de 35 años, que figura en el padrón relativo a dicho año como asistente11. Como suele suceder en los padrones eclesiásticos y municipales del siglo xix, las edades atribuidas a los miembros de la familia no coinciden con las que realmente contaban. Por estas fechas Luisa Pereira Pacheco y Ruiz, de 22 años, había casado ya con don Nicolás Ambrosio González Durán y vivían ambos en el número 13 de la plaza de los Remedios. Miguel se trasladó a Las Palmas en 1805, llamado por su padre, y al año siguiente lo hizo Antonio, quien viajó el 6 de abril de 1806 acompañado del antes citado don Jerónimo Ganges Prieto, a quien éste denomina mi maestro de primeras letras, que iba a recibirse de escribano en la Real Audiencia12. De las curiosas peripecias de su vida, y de otras que afectan a sus familiares y amigos, da cuenta don Antonio Pereira Pacheco en sus diarios, que abarcan un periodo de tiempo que comprende su estancia en Gran Canaria a partir de 1806, el viaje al Perú y su residencia en Arequipa, así como el regreso a la isla natal, a la que aportó el 28 de enero de 1818, pisando de nuevo su suelo a las diez de la mañana: Me presenté inmediatamente al comandante general el señor la Buria, y dejándole el pasaporte a su secretario, me dirigí en busca de la casa de mi señora madre que se hallaba en este puerto por mudar de temperamento13, ya le habían dado el aviso a su merced, y Mariquita corría al muelle en busca mía, nos encontramos en la calle, donde estrechamos nuestro brazos y a poco llegué a los de mi madre, porque tanto he suspirado ¡Feliz día! ¡Venturoso instante! ¡Dichosos los que nunca se han visto precisados a abandonar el suelo paterno! Con este solo día me ha recompensado el todopoderoso mis trabajos y aflicciones pasadas, y puso término a las tormentas de mi espíritu. ¡Sean ellas las últimas que lo agiten, si es que puede […] el hombre en la tierra de tranquilidad perfecta. Era preciso no desconsolar a mi madre con ausentarme prontamente encaminándome para La Laguna ya que su merced no podía subir conmigo; y mostrar también en Santa Cruz mi eterna gratitud a los que favorecieron en su última enfermedad a mi difunto padre, que de Dios goce. Visité pues en este día a estos, e igualmente al vicario doctor don José Martinón y al cura rector don José del Campo, quienes me correspondieron la visita.

Ahpt: Ramo criminal sobre falta de caudales de la Real Tesorería. HL-764. Lección a mis hijos, Biblioteca Nacional del Perú: D8147. 11 Padrón 1º de la feligresía de Nuestra Señora de los Remedios. Padrón de La Laguna, 1804. Biblioteca de la Universidad de La Laguna. Fondo Antiguo. Ms. 11-13, ff. 65-81. 12 Marrero Rodríguez, Manuela y González Yanes, Emma: El prebendado don Antonio Pereira Pacheco. Instituto de Estudios Canarios. La Laguna de Tenerife, 1963, pp. 14-15. 13 Todo su corto equipaje se hallaba liado para embarcarse en aquella tarde para Canaria a la sombra de su hijo Ambrosio. 9

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214 l Julio Sánchez Rodríguez l Luis de la Encina, obispo de Arequipa, y su paje Antonio Pereira

Antonio regresó a su casa cuando apenas había transcurrido un año y cuatro meses escasos del fallecimiento de su padre, que tuvo lugar en el Hospital de Desamparados de Santa Cruz. La partida de defunción fue redactada en estos términos: Don Juan Francisco Pereyra En siete de octubre de mil ochocientos diez y seis se sepultó en el Campo Santo de San Rafael y San Roque, extramuros de esta plaza y villa de Santa Cruz de Santiago en Tenerife don Juan Francisco Pereyra, natural de la ciudad de La Laguna [sic], hijo legítimo de don Antonio Pereyra y de doña Vicenta Pacheco [sic], casado con doña Rosalía Ruiz, natural de la misma ciudad de La Laguna. Falleció ayer intestado en el Hospital de Nuestra Señora de los Desamparados, siendo de edad de sesenta y un años y habiendo recibido los Santos Sacramentos de Penitencia y Extremaunción. Y para que conste lo firmo. Simón García Calañas14. Lo cierto es que en ese mismo año, 1818, figuran inscritas en el padrón municipal de Santa Cruz doña Rosalía Ruiz, de 55 años, viuda, y doña María de la O Pereyra, su hija, soltera, de 20, habitando con Emilia Flores Villavicencio, transeúnte, soltera, de 20 años, en la casa número 2 de la calle de San Juan Bautista, que era propiedad del marqués de Casa Hermosa, y por la que pagaban 60 pesos corrientes anuales de renta. Por su segundo apellido, es probable que esta Emilia fuera pariente de doña Rosalía15. La situación económica de las tres mujeres debía ser tan penosa como desesperada, pero con la llegada del hijo y hermano ausente se vaticinaban cambios sustanciales que afectarían sin duda a su manutención y sosiego. Estos primeros momentos fueron relatados por el clérigo retornado en sus diarios: Día 30 [de enero de 1818] Recibí varias visitas de los paisanos que se dignaron favorecerme. Determiné de una vez subir a La Laguna para poner fin a mis desasosiegos viendo a los demás de mi familia que aquí habitan. Salí a las 10 de Santa Cruz y a las 11 ya poseía mi deseada satisfacción, con el mismo arriero que me trajo escribí mi llegada a mi madre, suplicándole subiese al día siguiente para que unida toda la familia fuesen a mi misa. Me puse por la tarde de hábitos y me presenté al vicario mostrándole al propio tiempo mis licencias, y luego visité al señor obispo auxiliar, quien recibiéndome con el más cariñoso afecto, no quiso me separese hasta cerca de las oraciones, convidándome a su mesa para el día siguiente Domingo de Carnaval, de cuyo obsequio supliqué a su ilustrísima me dispensase, manifestándole tener dispuesto comer con toda mi familia dicho día pero que recibiría su convite al siguiente.

Día 1 de febrero [de 1818] Llegó mi señora madre y hermana, y uniéndose a mi tía, su esposo, mi cuñado y sobrinos nos dirigimos a la parroquia de Nuestra Señora de los Remedios y celebré el augusto sacrificio en el altar del Carmen. En compañía de mi familia volvía a casa donde recibí las visitas de los que tuvieron la bondad de favorecerme y consta del número 258. Explicar el gozo de mi corazón en este día no me es dable, disfrutar ya la vista de mi madre que con la mayores ansias anhelaba, verme sentado a la mesa en medio de todos los míos, cuya reunión, según algunas circunstancias no parecía ya fácil, y que Dios me tenía preparado para mi este consuelo; la alegría pintaba en todos los semblantes, todo, todo llenaba mi alma de júbilo, y si es dable haya en el mundo una satisfacción que no deje vacío en el corazón del hombre, es hoy el día feliz que yo la poseo. Gloria al inmenso padre omnipotente, Al hijo soberano Y al Espíritu Santo cuya mano Gobierna con los dos eternamente16. En fechas posteriores encontramos a doña Rosalía Ruiz de Acosta, de 59 años de edad, avecindada de nuevo en La Laguna, ya en 1823, en la calle Juan de Vera, acompañada de su hijo don Antonio, presbítero y prebendado, de 30 años, y de la criada María Constancia, de 40; y seis años más tarde, en 1829, vive doña Rosalía en la casa familiar que había levantado don Antonio en el número 8 de la calle de la Caza [Deán Palahí], junto con sus sobrinas doña Cayetana y doña Juana González, hijas de don Nicolás González Durán, de 19 y 10 años, solteras y naturales de La Laguna, y de la sirvienta Isidora Farias17. En esta casa falleció, de forma repentina, en 1833, como se desprende de su partida de defunción: En veinte y tres de enero de mil ochocientos treinta y tres se enterró en el camposanto extramuros de esta ciudad el cadáver de doña Rosalía Ruiz y Acosta, de edad de setenta y dos años viuda de don Juan Pereyra y Pacheco, vecina de esta ciudad, no recibió los santos sacramentos por que murió de repente; acompañó a su entierro el venerable beneficiado y capellán in sacris y minoristas del sagrario de esta santa iglesia catedral, se cantó vigilia y misa y fue conducida a dicho campo santo con el mismo aparato. No testó. Y para que conste lo firmo. Rafael Valdés [Rúbrica].18 Tras su muerte, su hermana doña María Ruiz de Acosta, viuda de Guillén, pasó a residir en la calle de la Caza con su sobrino el prebendado, al que dejó heredero de sus cortos bienes. Sin embargo, su hermana doña María de la O, continuó viviendo emancipada en Santa Cruz, donde regentaba una tienda de mercería pro-

14 Defunción de don Juan Pereira Pacheco en 1816 en Santa Cruz de Tenerife. Archivo parroquial de Nuestra Señora de la Concepción de Santa Cruz de Tenerife: libro 16 de entierros, f. 126v. 15 Santa Cruz de Tenerife. Padrón Municipal de 1818. Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife. Madrid, 2009, pp. 332-333. 16 Pereira Pacheco, Antonio. Diarios. Biblioteca Municipal de Santa Cruz de Tenerife. Ms. 186-188. 17 Amll: Padrón Municipal de La Laguna. Año 1823. 18 Ahdll: Fondo parroquial de Santo Domingo [parroquia de Nuestra Señora de los Remedios de La Laguna], libro 97 [libro 12 de entierros], f. 20r.


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piedad del regidor, diputado del común y síndico personero don Felipe Fernández Prieto y Martínez, abuelo materno del cónsul de Prusia don Juan Pedro Schwartz Fernández-Prieto, y tío abuelo del académico don Francisco Fernández de Béthencourt. En su testamento otorgado en Santa Cruz de Tenerife, ante el escribano Manuel del Castillo, el 12 de julio de 1828, don Felipe daba cuenta de la estrecha relación existente entre ambos:

son pruebas fidedignas las liquidaciones y balances practicados de los que aparecen las utilidades que han resultado a mi favor. Es mi voluntad, con consideración a cualquier perjuicio que sin intención pueda causar a la doña María de la O Pereyra en tomar algunos reales del fondo con cualquier motivo, sin formar de ellos el correspondiente asiento, y para remunerarla de lo que en esto la pertenezca, legarle como desde luego le lego el tercio de lo que importe el quinto del total de la mitad de las utilidades que haya tenido hasta mi muerte, traídas estas desde el año de mil ochocientos veinte y siete hasta el día que se verifique mi fallecimiento, y además se le entregará también la armazón de la tienda, con mostrador, vidrieras, escaleras, etc., por vía de legado19. En su testamento que lleva fecha del 12 de diciembre de 1849, don Antonio Pereira alude a esta hermana, doña María de la O, cuando refiere:

Felipe Fernández

Declaro haber hecho división de todos los efectos comerciales y de los muebles de casa con mis legítimos hijos llevando cada uno a su poder la porción que le correspondió por herencia de su madre, y actualmente estoy tratando de la liquidación para que con arreglo a ella queden perfectamente igualados de su respectivo ha de haber por tal motivo. Declaro que desde el año próximo pasado se halla en mi tienda de mercería doña María de la O Pereyra Ruiz, bajo el contrato de partir las utilidades que produjese de por mitad, después de extraer de ellas la manutención de la casa, como que vive en mi compañía, y de cuya tienda hicimos liquidación en fin de diciembre del propio año, tomando la doña María en cuenta del haber que la resultó a su favor algunas cantidades para sus atenciones como se acredita del cuaderno que obra entre mis papeles. También declaro que mis cuentas corrientes con diferentes personas resultan de mis libros o cuadernos de los que aparecen mis créditos activos y pasivos, por los cuales se liquidarán, y cobrarán o pagarán respectivamente los que de ellos resultaren. Quiero y mando que a mi muerte se liquiden las cuentas que quedaren pendientes con la doña María de la O amigablemente y con la mejor buena fe y armonía evitando estrépitos y disgustos, y entregándola lo que legítimamente la pertenezca, con consideración a su buen comportamiento y adelantos que a mi casa han resultado por su arreglada conducta en el manejo de los intereses que ha tenido a su cargo, de que

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María de la O Pereira y Ruiz

[…] no haber heredado de mis padres ningunos bienes raíces, alhajas, muebles ni utensilios de casa, pues cuanto existe en ella lo he comprado con dinero propio, por haber encontrado mi casa a mi regreso del Perú en año de 1817 [a cuyo reino fui desde Canarias en 1809 de familiar del Ilmo. Sr. Encina] en suma decadencia por la muerte de mi padre en la villa de Santa Cruz, y depender mi madre del brazo y labor de mi hermana doña María de la O, de estado soltera, hoy ausente en La Habana. Desconocemos las razones que impulsaron a la joven a vivir alejada del núcleo familiar formado por su madre y hermano, de manera independiente, y qué motivos le obligaron a buscar el sustento en la isla de Cuba, donde residía su sobrino el licenciado don Felipe Pereira Galdós y algunos otros familiares de su hermana política, doña Tomasa Galdós y Medina.

Ahpt: Pn. 1324. Testamento de don Felipe Fernández, ante Manuel del Castillo, a 12 de julio de 1828.


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Título de ayudante del Regimiento de Milicias a favor de Ambrosio Miguel Ruiz Ximénez. Biblioteca Nacional del Perú


Capítulo i l 217

Don Ambrosio Miguel Ruiz Ximénez

D

on Ambrosio Miguel Ruiz Ximénez, hijo legítimo del ayudante don Fernando Domínguez Ruiz, ministro alguacil del Santo Oficio de la Inquisición, y de doña Margarita Antonia Ximénez de Salazar, nació el día 8 y fue bautizado en la parroquia de Santa Ana de Garachico, el 19 de marzo de 1731, llevándolo a la pila don Miguel de Monteverde1. Su carrera profesional comenzó cuando, con apenas veintidós años de edad, fue examinado de flebotomía en La Laguna, lo que indica que inicialmente pensó en dedicarse al modesto oficio de sangrador2. Siendo cadete, se le nombró ayudante del regimiento de Milicias de Forasteros en la isla de Canaria, vacante tras el fallecimiento de don Pedro Hernández de Acosta, por Real Despacho dado en Aranjuez a 29 de junio de 17563.

Ambrosio Miguel Ruiz Ximénez

Ejerció como procurador de causas en San Cristóbal de La Laguna desde 1759, con aprobación de los señores jueces; luego actuó como notario público apostólico del obispado de Canarias y receptor de penas de cámara y gastos de justicia en esta isla. En 17 de febrero de 1772, obtuvo renuncia a su favor de la escribanía pública y de censos que don Luis Antonio López Villavicencio poseía en La Laguna, por lo que se dirigió al Cabildo y presentó su fe de bautismo e información de habilidad y suficiencia para que, teniéndose lo uno y otro a la vista, se sirva usted, en virtud de real privilegio admitirme a el examen que debe preceder para ejercer la citada escribanía, y ocurrir con los respectivos documentos a Su Majestad [Dios le guarde].

Parroquia de Santa Ana. Garachico. Libro viii de Bautismos, f. 363r. Amll: M-1. Médicos, cirujanos y boticarios. 1. 1753. Actas de examen de flebotomía de Antonio Luis, Simón González de Castro, José Antonio Martín y Ambrosio Miguel Ruiz.. 3 Biblioteca Nacional del Perú: D8165. [Documentos que justifican la calidad y constante legitimidad de los ascendientes, por línea materna, de don Miguel y don Antonio Pereyra Pacheco y Ruiz, naturales de la ciudad de San Cristóbal de La Laguna, capital de la Isla de Tenerife en las Canarias. Arequipa, marzo, 7 de 1816] Real Título de ayudante de don Ambrosio Ruiz Ximénez, natural y vecino de la Isla de Tenerife en las Canarias. 1818. 1

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Ascendientes de Rosalía Ruiz de Acosta


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Al mes siguiente, el 24 de marzo, solicitó al cabildo que por su escribano se le diera testimonio de la información y fe de bautismo que había presentado y se habían acumulado a los autos que sobre contradicción se formaron a la escribanía pública que ejerciera el capitán don Roque Penedo. En la citada información se preguntó a los testigos por los siguientes particulares: Como es cierto es hijo legítimo y de legítimo matrimonio del ayudante Fernando Ruiz y de Margarita Antonia Ximénez, difunta, los cuales eran y son cristianos viejos limpios de toda mala raza de moros, judíos y demás no [sic] castigados por el Santo Tribunal de la Inquisición ni por otro alguno con pena que irrogue a infamia. Como así mismo ninguno de los demás mis ascendientes de quienes se derivan los dichos mis padres, que en fuerza de lo contenido en la antecedente pregunta, y concurrir en mí las demás circunstancias prevenidas por derecho fui recibido de procurador del número de esta Isla por su ayuntamiento en el año pasado de mil setecientos cincuenta y nueve, desde cuyo tiempo me hallo ejerciendo dicho oficio, siguiendo y defendiendo diversas dependencias en todos tribunales, atendiendo a el desempeño de mi obligación con el mayor celo, legalidad y correspondiente cuidado, exactitud y eficacia, portándome siempre con la debida decencia, sin causar la menor nota en mis procedimientos y operaciones, por lo que conocen los testigos estaré apto para ejercer el oficio de escribano público del número de esta Isla […]. Los testigos, que lo fueron don Andrés González Cabrera, clérigo presbítero, vecino de La Laguna y capellán del Real Hospital de Nuestra Señora de los Dolores; los licenciados don Miguel Álvarez y Lezur, don Nicolás Calzadilla y Grimaldi y don Ignacio Antonio de Benavides y Méndez, estos tres últimos abogados de los Reales Consejos, contestaron afirmativamente a las preguntas formuladas. El día primero de abril inmediato se celebró cabildo por los señores Justicia y Regimiento de esta isla y entre otros particulares se tomó el siguiente acuerdo: Otrosí hallándose pendiente el expediente sobre los papeles presentados en Cabildo de treinta del antecedente en que solicita Ambrosio Ruiz Ximénez se le reciba por escribano público en virtud de la renuncia que en él ha hecho Luis Antonio López Villavicencio, que lo fue del número de esta Isla, haciendo presentación del real título que obtuvo, fe de bautismo e información de genere y suficiencia que se han reconocido en esta sala y no habiendo [según ellos] reparo: La Justicia y Regimiento dijeron entrara en esta sala el susodicho para su examen

y habiéndolo así ejecutado, y hallándole hábil y suficiente, hizo el juramento acostumbrado y mandó que desde luego entre en el uso y ejercicio de dicho oficio entregándosele, por inventario, los protocolos, autos y demás papeles concernientes a él […]. El 20 de enero de 1773 hizo presentación en cabildo del Real Título que le había sido expedido, dado por Su Majestad en Madrid, a 5 de julio 17724. El primer documento que fue otorgado en su presencia, como cartulario del oficio décimo quinto, lleva fecha del día primero de abril de 1772 y, el último, la del 30 de abril de 1781, pocos meses antes de su fallecimiento. Le precedió en el oficio 15 de La Laguna don Luis López Villavicencio, como ya dijimos, y le sucedió, don Francisco Quintero y Párraga5. Contrajo matrimonio don Ambrosio Miguel en la iglesia de Nuestra Señora de la Concepción de La Laguna, el día 8 de noviembre de 1752, con doña Tomasa de Acosta y Villavicencio, nacida en Santa Cruz y bautizada el 9 de junio de 1734 en la parroquia de Nuestra Señora de la Concepción, hija legítima de Jerónimo de Acosta y Viera y de Florencia Francisca Rodríguez Villavicencio6. El matrimonio produjo los siguientes hijos: 1. Doña Josefa Tomasa de la Concepción, que murió niña. 2. Don Fernando Domingo Ruiz, clérigo presbítero, nacido el día 2 y bautizado en la parroquia de Nuestra Señora de la Concepción de La Laguna el 7 de junio de 1753, que falleció en dicha ciudad el 26 de abril de 1804 y fue sepultado en el convento de Santo Domingo. 3. Doña María de Candelaria Ruiz de Acosta, que casó con don Domingo Guillén. 4. Doña Rosalía Ruiz de Acosta, bautizada en la parroquial de los Remedios en septiembre de 1760, contrajo matrimonio con don Juan Pereira Pacheco, notario del Santo Oficio de la Inquisición7.

Tomasa Josefa de Acosta

4 Amll: E-xii. Expedientes sobres varios asuntos, 4. 3-1764. Testimonio de autos seguidos por don Ambrosio Miguel Ruiz Ximénez contra don José López Ginory de Condé, guarda de la Real Aduana del Puerto de la Cruz, sobre propiedad de una escribanía pública. Amll: T-xxviii. Títulos de escribanos. 11. 1772. Don Ambrosio Miguel Ruiz Ximénez, con sus informaciones. 5 Hernández González, Carmen Luz: Extractos de protocolos notariales. Escribanía de Ambrosio Miguel Ruiz Jiménez. La Laguna [1772-1781]. Programa para la catalogación de protocolos notariales [1983-1985]. Departamento de Historia Moderna y Contemporánea de la Universidad de La Laguna. Aula de Cultura del Excelentísimo Cabildo de Tenerife. Archivo Histórico Provincial de Santa Cruz de Tenerife. 6 Ahdll: Fondo parroquial de Nuestra Señora de la Concepción de La Laguna. Libro viii de matrimonios, f. 193v. 7 Véanse las partidas de bautismo y matrimonio de doña Rosalía Ruiz de Acosta.


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Árbol con la genealogía justificativa del derecho de Fernando Ruiz a las capellanías fundadas por Gaspar y Baltasar Fernández Camellón


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En 1776 vivía don Ambrosio Miguel Ruiz en la calle que baja de la vera de la laguna a la calle del Agua, que dicen del Laurel. Contaba en aquel momento cuarenta y seis años de edad, los mismos que su mujer, doña Tomasa de Acosta. El resto de la familia lo componían sus hijos don Fernando, de hábitos, de veintitrés años, doña Rosalía, de dieciséis, y doña María de doce; su padre, don Fernando Ruiz, de setenta y ocho años y Agustina Núñez, tía, de setenta. Tenían tres criados llamados Roque, Salvador y Escolástica, de dieciséis, quince y veinte años respectivamente. La casa contaba para su servicio con un mulo y un burro y en ella se criaban seis carneros8.

Fernando DomínguezRuiz de Acosta

Falleció en La Laguna, intestado, a causa del accidente mortal de que adoleció, el 19 de noviembre de 1781. Su padre, don Fernando Domínguez Ruiz nació en La Orotava, y fue bautizado en octubre de 1701 en la parroquia de Nuestra Señora de la Concepción como hijo legítimo de Ambrosio Domínguez Ruiz de Ávila, oriundo de La Guancha, en cuya parroquia recibió el bautismo en 1670, y de Luisa González, que vino al mundo en Vilaflor y fue bautizada en octubre de 1660, casados en la citada parroquia en 1699. Fueron sus abuelos paternos Amaro Domínguez y Ana Marquesa Pérez Ruiz, vecinos de La Guancha, originaria esta última de Vilaflor, y los maternos, Gaspar González y María Báez, avecindados en dicho punto de Chasna9. Contrajo matrimonio en Garachico, parroquia de Santa Ana, el 30 de mayo de 1730, con Margarita Antonia Ximénez10, bautizada en esa misma iglesia el 15 de julio de 1700, hija del ayudante Andrés Ximénez Camellón y de Clemencia Felicitas de Salazar, oriundos de la isla de La Palma, casados en El Salvador de Santa Cruz de La Palma el 28 de abril de 1680; nieta paterna de Mi-

guel Fernández Camellón y Francisca Luis Ximénez, naturales y vecinos de Breña Alta en dicha isla, y materna de Pedro Martín o Martínez Salazar, sastre de profesión —hijo de Mateo Martín y María Rodríguez, residentes en Garachico— y de Ana Guillén, casados en la citada parroquia de El Salvador en 1653. Margarita Antonia murió el 8 de septiembre de 1742, tras dictar su declaración testamentaria ante Lucas Pérez Machado en agosto de dicho año y fue sepultada en la parroquia de la Concepción de La Laguna. Fueron hijos del matrimonio del ayudante don Fernando Domingo Ruiz y doña Margarita Antonia Ximénez: 1. Don Ambrosio Ruiz Ximénez, de quien ya hemos hecho mención. 2. Andrés Domínguez Ruiz, que nació en Garachico y recibió el bautismo en la parroquia de Santa Ana el 20 de febrero de 173411, establecido en Caracas, Venezuela en 1761. 3. Roque Ruiz, fallecido soltero el 30 de agosto de 1759, fue sepultado con su madre en la parroquia de Nuestra Señora de la Concepción de La Laguna. Única hermana del ayudante don Fernando Domínguez Ruiz fue Josefa Antonia, quien murió soltera el 3 de agosto de 1771 y recibió sepultura en la parroquia de Nuestra Señora de los Remedios. Casó por segunda vez, don Fernando Domínguez Ruiz, en la iglesia de Nuestra Señora de la Concepción de La Laguna, el 23 de abril de 1743, con Josefa Agustina de Cabrera y Bethencourt, viuda de Cristóbal Méndez12, la que hizo su disposición testamentaria ante el escribano José Antonio de López y Ginory, en dicha ciudad, a 30 de agosto de 1770, y pidió que su cuerpo fuera sepultado en la parroquia de Nuestra Señora de la Concepción, donde es feligresa, en la misma sepultura donde se enterró la primera mujer del dicho su marido y amortajada en el hábito de Nuestra Señora del Carmen, como su tercera profesa que es [...]. Ítem declara haber sido casada y velada según orden de Nuestra Santa Madre Iglesia con dicho ayudante, de cuyo matrimonio han tenido por hijos legítimos, dícese no han tenido hijos, porque aun que tuvo un vientre, este no salió a luz, declárolo así para que conste. Ítem declara que cuando contrajo matrimonio con el dicho su marido trajo a su poder ocho fanegas de trigo y treinta reales de a ocho, sin otros algunos bienes raíces ni muebles, a excepción de la ropa de su uso, pues todos los demás muebles que se hallan de puertas adentro los halló la que declara cuando vino a poder del dicho su marido, a excepción de los que han comprado durante el matrimonio, y muchos reales que éste le entregó y que habiendo padecido muchas enfermedades en las que éste

8 Archivo Parroquial de Nuestra Señora de la Concepción. Santa Cruz de Tenerife. Caja 3-8. Padrón formado en este año de 1776 de orden del excelentísimo señor marqués de Tabalosos, comandante general de estas Islas, de las personas y animales que existen en la ciudad de La Laguna, capital de Tenerife y su territorio en que no hay alcaldías, f. 12v. 9 Testamento otorgado por el ayudante don Fernando Domínguez Ruiz en la ciudad de La Laguna de Tenerife, en diez y seis de mayo del año de mil setecientos ochenta y seis por ante don Francisco Quintero y Párraga, escribano público y del número de dicha Isla, etc. Biblioteca Nacional del Perú: D8165. [Documentos que justifican…], ff. 60r-66r. 10 Archivo parroquial de Santa Ana de Garachico [en adelante Apsag]: libro v de Matrimonios, f. 336r. 11 Apsag: libro ix de bautismos, f. 14r. 12 Ahdll: Fondo parroquial de Nuestra Señora de la Concepción de La Laguna, libro viii de Matrimonios, f. 46v.


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le ha asistido con la mayor puntualidad, halla en su conciencia no le recompensa con esto lo mucho que ha gastado con médicos, boticas y lo demás que se puede considerar en enfermedades dilatadas, declárolo así para que conste. Ítem quiere que a su hermana Paula que está en la isla de Lanzarote se le de un manto y una enaguas de anascote, de dos que tiene usados, un jubón de segrete pardo, una camisa y un delantal, y a su hermana Catalina, una mantilla de bayeta blanca, una camisa, justillo y delantal. Ítem quiere y manda que a Flora Cristina, que se halla de edad de quince años, a quien ha criado desde que tenía año y medio, quiere se le de una barra de cama, un colchón de lana, cuatro sábanas, dos de lienzo casero y dos de lienzo fino, dos fundas con sus almohadas finas, dos colchas de la tierra, una blanca y otra azul, un manto y unas enaguas de género de su uso, una caja grande de pino y cuatro taburetes de palo, todo lo cual le entregará el dicho su marido con las más ropas del uso de la que declara siempre que tenga edad para ello y según su buen proceder y obrar, y de no hacerlo así, el dicho su marido sea dueño de hacer en orden al contenido de esta cláusula lo que más bien visto le fuere. Ítem quiere que a Rosalía Ruiz, hija del dicho su antenacto [entenado], se le de un escritorio campechano de sobremesa que compró durante el matrimonio, lo que hace por vía de memoria, y a María, también hija del susodicho, una cama de carmesí, todo con la voluntad y consentimiento del dicho su marido […]. Ítem que por cuanto de lo adquirido durante dicho matrimonio embarcó a Andrés Ruiz, su entenado, y enterró a Roque Ruiz, hermano de este, quiere que en la partición que se hiciere de los bienes de su madre, lo que pueda corresponder por este derecho a los susodichos, como también diez pesos que pagó al maestro que le enseñó el oficio de carpintero al nominado Andrés, sesenta pesos que pagó de su fletamento, veinte y cuatro que le mandó a Indias en un cajoncito con diferentes cosas de la tierra para que le vendiese y remitiese su producto, que no ha hecho, como también veinte [pesos] fuertes que percibió del maestro Juan Padilla en Caracas, pertenecientes a la que declara, según carta que tiene de su recibo, quiere por lo respectivo a dichas herencias sean y se apliquen a don Fernando Ruiz Acosta, hijo del dicho don Ambrosio y de lo demás que advierte para la mayor claridad, el dicho su marido sea dueño de disponer según que tenga en conveniente. Y cumplido y pagada esta su declaración testamentaria y cuanto en ella se contiene nombra por su único y universal heredero en el remanente de todos sus bienes, derechos y acciones que por cualquiera respecto puedan corresponderle al dicho ayudante don Fernando Ruiz, su marido, atento a no tenerlo forzoso y para en este modo recompensarle los muchos gastos y costes que ha tenido en sus enfermedades, según deja expuesto, a excepción de una mesa de barbuzano y cuatro cuadritos de a vara, con más media docena de laminitas de papel, que le aplica también a la dicha Flora Cristina, que todo le entregará el dicho su marido, según y en la forma que deja dicho en la cláusula antecedente13. Dieciséis años más tarde dictó sus últimas voluntades el ayudante don Fernando Domínguez Ruiz, ante el escribano público Francisco Quintero y Párraga, en 16 de mayo de 1786, poco antes 13

de su fallecimiento ocurrido el 3 de mayo de 1787. En este curioso documento, que revela el carácter meticuloso y detallista del testador, no se hace mención alguna a su segundo matrimonio. Transcribimos algunos de los párrafos más significativos del mismo: En el nombre de Dios todo poderoso amén. Sépase por esta memoria de testamento cómo yo el ayudante don Fernando Domínguez Ruiz, vecino de esta ciudad, hallándome enfermo en cama pero en mi entero juicio, memoria y capacidad natural, la que Dios ha sido servido darme, creyendo como firmemente creo […]. Primeramente quiero que cuando Dios sea servido de quitarme de esta vida temporal concedida por limitado término, mi cuerpo sea sepultado con toda humildad cristiana en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Concepción de esta ciudad, donde soy parroquiano, y que me acompañe la hermandad de Nuestra Señora de la Concepción y del Santísimo Sacramento, de que soy hermano, amortajado mi cuerpo cadáver en mi hábito del Carmen que visto como hermano público y profeso; y que a las mandas de estilo se de a cada una un real de plata por una vez. Ítem declaro que tengo pagados los renovos de dichas dos hermandades, a cuyo cargo dejo mi funeral y entierro, como hermano que soy del cajón de difuntos de dicha hermandad del Santísimo Sacramento. Ítem declaro que yo fui hermano de cajón de la hermandad de Nuestra Señora de la Concepción con mi hijo don Ambrosio y mi nieto don Fernando, de cuya administración dimos nuestra cuentas, según consta de los libros, y sin embargo de haber alcanzado en algunos reales a dicho cajón, los condonamos en su beneficio, lo que declaro para que conste. Ítem declaro que soy hijo legítimo de legítimo matrimonio de los señores Ambrosio Domínguez Ruiz de Ávila y Luisa González, vecinos que fueron de la villa de La Orotava, en donde se casaron el año de seiscientos noventa y nueve; y yo fui bautizado en octubre de mil setecientos uno en la iglesia de la Purísima Concepción de dicha villa; y dicho mi padre fue hijo legítimo de Amaro Domínguez y de Ana Pérez Ruiz, vecinos del lugar de La Guancha, y fue bautizado en dicho lugar en el año de mil seiscientos y setenta; y dicha mi madre Luisa González lo fue de Gaspar González y María Báez, su bautismo en la parroquial de Vilaflor, en octubre de mil seiscientos sesenta, declárolo para que conste, e inteligencia de mis hijos y nietos. Ítem declaro que fui casad y velado según el orden de Nuestra Santa Madre Iglesia con Margarita Antonia Ximénez, hija legítima del ayudante Andrés Ximénez Camellón y de su legítima mujer Clemencia Felicitas de Salazar, vecinos y naturales de la Isla de La Palma, quienes se casaron en ella en 28 de abril de mil seiscientos y ochenta, en la parroquial del Salvador de la ciudad; y la citada mi mujer se bautizó en el lugar de Garachico y parroquia de Santa Ana, en quince de julio de mil y setecientos; en cuya parroquia nos casamos en treinta de mayo de mil setecientos y treinta, declárolo así para que conste. Ítem declaro que dicha mi mujer Margarita Antonia Ximénez falleció en ocho de septiembre de mil setecientos cuarenta y dos, y hizo su declaración testamentaria por ante don Lucas Pérez en agosto de dicho año, y está sepultada en la parroquial de Nuestra Señora de la Concepción de esta ciudad, donde igualmente se enterró nuestro hijo Roque, que murió soltero en treinta de agosto de mil setecientos cincuenta y nueve; y

Archivo Histórico Provincial de Santa Cruz de Tenerife [en adelante Ahpt], Pn 1.489, ff. 392v-395v.


Capítulo i l 223

Árbol que justifica el derecho de Fernando Ruiz a la capellanía fundada por el capitán Juan Álvarez Macedo


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de cuyo matrimonio hemos tenido varios hijos de los que solo nos quedaron el ayudante don Ambrosio Ruiz, ya difunto, y don Andrés que se avecindó en la provincia de Caracas, y el dicho Roque que falleció después de su madre, declárolos por tales mis hijos y de la dicha mi mujer. Ítem declaro que dicho mi hijo don Ambrosio nació en el lugar de Garachico, y se bautizó en su iglesia en marzo de mil setecientos treinta y uno, y se casó en esta ciudad con doña Tomasa Josefa de Acosta y Villavicencio en ocho de noviembre de setecientos cincuenta y dos, lo que constará en la parroquial de Nuestra Señora de la Concepción de esta ciudad, y dicha mi nuera es hija legiíima del Jerónimo de Acosta y Viera y de Florencia Rodríguez Núñez y Villavicencio, ya difuntos, declárolo para que conste. Ítem declaro que por el mes de noviembre del año pasado de setecientos ochenta y uno fue Dios servido llevar de esta presente vida al citado mi hijo don Ambrosio Ruiz, quien no hizo declaración testamentaria y está enterrado en dicha iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Concepción de esta ciudad, por cuyo motivo no consta por declaración suya los hijos legítimos que dejó vivos de su legítimo matrimonio a su fallecimiento; como lo son don Fernando Domingo Ruiz, clérigo presbítero, doña Rosalía Ruiz [que casó con don Juan Pereyra Pacheco, natural de la Península de España, en seis de junio de setecientos setenta y nueve, como constará de la partida en dicha iglesia de la Concepción; de cuyo matrimonio tienen de presente por hijos a Luisa, y a Miguel, que viven] y se bautizó en la parroquial de los Remedios en septiembre del año de setecientos y sesenta; y así mismo a doña María de Candelaria, de estado honesto, que vive con su madre y hermano, declárolos por tales mis nietos y bisnietos, hijos y nietos del dicho mi hijo y mi nuera, para que en todo tiempo conste. Ítem declaro que de los dichos ayudante Andrés Ximénez Camellón, y Clemencia Felicitas de Salazar, mis suegros, quedaron diferentes bienes en el lugar de Garachico, Tanque y demás; y habiendo sido sus hijos legítimos y herederos don Francisco Xavier, presbítero, ya difunto, don Pedro Ximénez, que casó en la ciudad de Granada, reino de Andalucía, doña María Candelaria, que casó con Agustín Miguel Acosta [la que tuvo por hija a Clemencia, que casó con don Andrés Orange], doña Francisca Ana, que casó con don Juan Ginory, doña Josefa, que murió moza, y la dicha Margarita, mi mujer, difunta, y a Felicia de la Encarnación, que casó con don Mauricio García Oramas, de que hay sucesión; todavía no se ha verificado la partición y división entre dichas representaciones, sobre que hay demanda puesta en el juzgado ordinario de esta dicha ciudad, declárolo para que conste a mis herederos. Ítem declaro que desde el año de setecientos y setenta he estado viviendo en compañía y a expensas de dicho mi hijo don Ambrosio hasta su fallecimiento, y desde entonces hasta el presente en la misma conformidad a las de dicha mi nuera y nieto don Fernando, por las ningunas conveniencias que pose, en cuya atención, y por remuneración en aquella vía y forma que más haya lugar por derecho, lego a dicho mi nieto don Fernando toda la legítima materna que le correspondió a mi hijo Roque, por haber sobrevivido a su madre, y me toca a mí por supervivencia como padre y heredero forzoso […].

Ítem declaro que en el año pasado de setecientos sesenta y uno se embarcó para la provincia de Caracas, donde se ha avecindado, mi hijo don Andrés Domínguez Ruiz, de quien hay mucho tiempo que no tengo cartas y noticias ciertas de si es vivo o muerto, y porque puede suceder que a mi fallecimiento esté ya difunto y sin sucesión legítima, para en tal caso, debiendo recaer en mí el caudal que ha ganado y adquirido bajo mi patria potestad, pues le pagué cincuenta y cinco pesos de flete para su embarco, y le libré en Juan Padilla veinte, que llevó, con otras cosas, como así mismo el que posteriormente haya adquirido; declaro que deben entrar en esta herencia mis tres nietos, hijos del citado don Ambrosio mi hijo, y su hermano, para que así lo tengan entendido. Ítem nombro por mis albaceas testamentarios a dicha mi nuera doña Tomasa de Acosta Villavicencio, a mi nieto don Fernando Ruiz, y a don Juan Pereyra Pacheco, marido de mi nieta doña Rosalía Ruiz […]. Y cumplido y pagado este mi testamento instituyo y nombro por mis únicos y universales herederos a dichos mis nietos don Fernando, doña Rosalía y doña María Ruiz […]. Que es fecha en esta ciudad de La Laguna de Tenerife, a diez y seis de mayo de mil setecientos ochenta y seis años14. Doña Tomasa Josefa de Acosta y Villavicencio, nació, como ya se dijo, en el puerto de Santa Cruz, y recibió el bautismo en la parroquial de Nuestra Señora de la Concepción el 9 de abril de 1734. Era hija de Jerónimo de Acosta Viera y de Florencia Francisca Rodríguez de Villavicencio, casados en la misma iglesia el día 15 de agosto de 1729. Fueron sus abuelos paternos Jerónimo de Acosta y Ángela Viera, cuyo matrimonio tuvo lugar en la parroquia de Nuestra Señora de la Concepción del Realejo Bajo, el 16 de agosto de 1677, y los maternos, Domingo Rodríguez y Tomasa Pérez Núñez de Villavicencio, que contrajeron matrimonio en la de Nuestra Señora de la Concepción de La Laguna, el 3 de noviembre de 169815. Jerónimo de Acosta y Viera hizo informaciones de legitimidad y limpieza de sangre el 20 de abril de 1740, por ante el escribano público de La Laguna Baltasar Vandama, y en Los Realejos, por presencia de Lorenzo Agustín Jácome y Oramas. En su pedimento manifestó ser vecino del puerto de Santa Cruz, hijo legítimo y de legítimo matrimonio de Jerónimo de Acosta y Ángela Viera, ya difuntos, naturales que fueron del Realejo de Abajo y solicitó se le preguntara a los testigos que presentare si tuvieron algún conocimiento de mis abuelos paternos y si estos eran cristianos viejos y no de los nuevamente convertidos a nuestra San Fe, así por conocimiento que de ellos tuvieron, como de haberlo oído a personas ancianas, vecinos de dicho Realejo. Y si así mismo saben y les consta que así el dicho mi padre, como mi abuelo y bisabuelo fueron personas reputadas por de buen vivir y arreglados procedimientos y como tal se les daba en su domicilio estimación y crédito. Y si también si les consta a los testigos que presentare si eran blancos, sin mácula

Véase nota 9. Disposición testamentaria de doña Tomasa Josefa de Acosta y Núñez de Villavicencio, que otorgó en la ciudad de San Cristóbal de La Laguna, Isla de Tenerife, a diez y siete de abril de mil setecientos y noventa años, ante don Francisco Quintero y Párraga, dícese don Domingo Anselmo González, escribano público de número. Biblioteca Nacional del Perú: D8165. [Documentos que justifican…] ff. 49r-58r.

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Capítulo i l 225

la aceptaba y obedecía y para darle cumplimiento mandó que la parte presentara los testigos. Estos fueron, don Jerónimo de la Cruz Machado y Pardo, presbítero y comisario del Tribunal de la Santa Cruzada, natural y vecino de dicho pueblo; don Dámaso de Abreu y Miranda, presbítero, de igual naturaleza y vecindad; don Ignacio Antonio de la Peña Gordejuela y Mesa, regidor perpetuo y decano de esta isla, también nacido y avecindado en el Realejo Bajo; el capitán don Domingo Oramas y Aldana; el presbítero don Pedro Martín de Chávez, ministro del Santo Oficio y el ayudante Gregorio Manuel de Orduña y Castillo, vecinos todos del expresado lugar y contestaron unánimes al siguiente interrogatorio:

Armas de las familias Núñez de Villavicencio, Horta, Lasso de la Vega y García de las Casas

de mulatos, moriscos, ni judíos, preguntándoseles también si saben o han oído haber habido algunos parientes de dicho mi padre y abuelos constituido en dignidad eclesiástica. Como también si les consta que la dicha Ángela Viera, mi madre, fuer hermana legítima de Ambrosio Rodríguez de la Cruz, vecino que fue en la Isla de La Palma, y éstos hijos legítimos de Domingo de la Cruz y de Águeda Viera, sus padres, quienes también fueron naturales del dicho lugar del Realejo, y fecha la información en la parte que baste se me dé testimonio de ella autorizado en pública forma y manera que haga fe […]. Otrosí digo que por parte de Ambrosio Rodríguez de la Cruz, mi primo hermano e hijo legítimo del dicho Ambrosio Rodríguez de la Cruz, mi tío, se hizo información por su legitimación, la que pasó por ante Lorenzo Agustín Jácome, escribano público del dicho lugar del Realejo de Abajo, su fecha en el mes de septiembre del año próximo pasado de treinta y ocho, y por convenirme así mismo dicha información, se ha de servir vuestra merced mandar que por el expresado escribano se me dé testimonio autorizado de ella, que es justicia […]. El corregidor y capitán a guerra de las islas de Tenerife y La Palma, don Francisco de Valenzuela Albarracín y Terrones, caballero de la orden de Calatrava, ordenó que se atendiera el pedimento y en el lugar del Realejo de Abajo, su alcalde, el teniente capitán de caballería don José Brito Gordejuela y Mesa, en vista de la comisión que por el auto antecedente se le confería, dijo que

Al primero que sabe que Jerónimo de Acosta, que le presenta, es hijo de Jerónimo de Acosta y Ángela Viera, naturales y vecinos que fueron de este dicho lugar, ya difuntos, y tiene noticias ciertas de que el dicho Jerónimo de Acosta fue hijo legítimo de Juan de Fuentes, natural que fue de la Isla de La Palma, en Los Llanos, y de Francisca Rodríguez de Acosta, que lo fue del lugar de Buenavista de esta dicha Isla, en donde también tiene noticia cierta se hizo legitimación de genere por parte de don Bernardo Romero de Acosta, canónigo que es en la catedral de la ciudad de Caracas, por ser éste hijo legítimo de Juan Bautista de Acosta y de Isabel Romero, su mujer, y éste hijo legítimo de dicho Jerónimo de Acosta y Ángela Viera, a quienes trató y conoció el testigo en la forma dicha y responde. Al segundo que sabe así de conocimiento propio, como por ciertas noticias, que así el que le presenta, como dichos sus padres y abuelos paternos y maternos, son y han sido cristianos viejos y descendientes de tales, limpios de toda mala raza de mulatos, judíos, moros y de los nuevamente convertidos a nuestra Santa Fe, y responde. Al tercero, que también sabe que los arriba expresados fueron personas reputadas por de buena vida, fama y costumbres, y de arreglados procedimientos, y como a tales se ha dado y da a sus descendientes en este su domicilio toda estimación, sin cosa en contra, y responde. A la cuarta, que sobre su contenido tiene declarado en el segundo particular, y que por la línea del dicho Jerónimo de Acosta, padre del que le presenta, no ha entendido el testigo haya más personas constituidas en dignidad que la de dicho canónigo, pero por la de dicha Ángela Viera se ha habido algunos religiosos, y responde. Al quinto, que sabe que la dicha Ángela Viera, madre del que le presenta, fue hermana legítima de Ambrosio Rodríguez de la Cruz, vecino que fue de la Isla de La Palma, y estos hijos legítimos de legítimo matrimonio de Domingo de la Cruz [Correa] y de Águeda Viera, quienes también fueron naturales de este dicho lugar, y que lo declarado es público y notorio, pública voz y fama, sin haber sabido ni entendido cosa en contrario […]. Por su parte el citado Ambrosio Rodríguez de la Cruz, vecino de la isla de La Palma, solicitó el día 3 de septiembre de 1738 hacer información pública de legitimación y probar su limpieza de sangre ad perpetuam rei memoriam, ajustándose el interrogatorio a las siguientes preguntas: Primeramente, por el conocimiento del dicho Ambrosio Rodríguez de la Cruz, mi padre, difunto, y que fue hijo legítimo de legítimo matrimonio de Domingo de la Cruz y Águeda Viera, su mujer legítima,


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vecinos que fueron de dicha Isla de Tenerife en el Realejo de Abajo, declaren cómo es el conocimiento y de qué tiempo. Ítem si saben que el dicho Domingo de la Cruz, mi abuelo paterno, fue hijo legítimo de legítimo matrimonio de Domingo Correa y de Francisca Rodríguez, su legítima mujer, vecinos de dicha Isla de Tenerife en dicho lugar. Ítem si saben que la dicha Águeda Viera, mi abuela paterna, fue hija legítima de legítimo matrimonio de Manuel Viera y Lucía Rodríguez, vecinos de dicha Isla en dicho lugar. Ítem por el conocimiento o noticia de los demás mis ascendientes por línea paterna, declarando sus nombres, naturaleza y vecindario y de qué tiempo a esta parte. Ítem si saben o tienen noticia de que así el dicho mi padre, como los demás mis ascendientes, fueron hijos legítimos de legítimo matrimonio, habidos y tenidos por tales sin cosa en contrario. Ítem si saben que todos mis ascendientes por línea paterna han sido cristianos viejos, limpios de toda mala raza de judíos, moros, ni luteranos, ni de los nuevamente convertidos, ni que hayan sido reconciliados ni penitenciados por el Santo Oficio de la Inquisición, ni que hayan incurrido en infamia o caso de menos valer por donde se les impidiese tener oficio público, porque de lo contrario tuvieran noticia los testigos, según el conocimiento de cada uno […]. Depusieron don Jerónimo de la Cruz Machado y Pardo, don Ignacio Antonio de la Peña Gordejuela y Mesa, don Pedro Martín de Chávez y don Domingo Oramas Aldana, que también lo hicieron en la información precedente, y además, el capitán don José Alvarado Bracamonte, natural de Madrid y vecino del Realejo y don Laureano de Romay y Sepúlveda, presbítero, natural y vecino en dicho pueblo. La probanza fue inserta en el registro de instrumentos del escribano público Lorenzo Agustín Jácome y Oramas, relativo al año 173816. Domingo Rodríguez y Tomasa Pérez Núñez de Villavicencio, padres de Florencia Francisca Rodríguez de Villavicencio, contrajeron matrimonio en la iglesia de Nuestra Señora de la Concepción de La Laguna, el día 3 de noviembre de 169817. A causa de un descuido del doctor don Juan Antonio de la Torre, abogado de los Reales Consejos y cura beneficiado de dicha parroquial, desconocemos los nombres de los padres del contrayente, pero el hecho de que figuren como madrina Teresa Rodríguez del Manzano y, en calidad de testigo, Domingo Rodríguez Partorrecio [o Parterrecio], nos hace pensar que fuera miembro de esta familia que usaba ambos apellidos, Rodríguez y Partorrecio, establecida desde antiguo en la ciudad de La Laguna. Por su parte, Tomasa Pérez

era hija de Miguel Pérez Carballo y Ángela Núñez de Villavicencio, casados en la parroquia de Nuestra Señora de los Remedios, el 3 de marzo de 1658, previa dote que recibieron ante el escribano Martín de Naveda Romero el 25 de febrero anterior: En el nombre de Dios Amén, sepan cuantos esta carta de dote y promesa de dote vieren como nos Francisco Álvarez, labrador, y Francisca Núñez, mi legítima mujer, vecinos de esta ciudad, yo la susodicha con licencia que pido al dicho mi marido para hacer y otorgar esta escritura, e yo el dicho Francisco Álvarez otorgo que do la dicha licencia a la dicha mi mujer para el efecto que me la pide y me obligo de no la revocar ahora ni en tiempo alguno, con expresa obligación que hago de mi persona y bienes y usando de la dicha licencia, ambos juntos de mancomún insolidum renunciando como renunciamos las leyes de la mancomunidad, división y ejecución como en ella se contiene otorgamos y decimos que por cuanto al servicio de Dios Nuestro Señor y de su bendita madre está tratado y concertado de que Ángela Núñez, nuestra hija legítima, haya de casar y case legítimamente, según orden de la Santa Madre Iglesia con Miguel Pérez, hijo legítimo de Tomás Carballo y Florencia Pérez, difuntos, vecinos que fueron de esta ciudad y porque dicho casamiento se hace con nuestro acuerdo y voluntad, porque la dicha nuestra hija tenga su dote y caudal conocido para ayuda a sustentar las cargas del matrimonio, le damos en el dicho dote los bienes y cosas siguientes: Primeramente una casa terrera dentro del sitio de nuestra casa, lindando con casas que fueron del doctor Fagundo y por el otro lado con casas en que vive Jacinto Yanes nuestro yerno, con salida a la laguna por la portada y con diez pies de corral hacia la parte del pozo de la dicha nuestra casa, con cargo de treinta y dos reales de tributo que se pagan al hospital de Nuestra Señora de los Dolores de esta ciudad, por el mes de junio de cada un año, el cual dicho corral lo pueda cercar el dicho Miguel Pérez cuando quisiere. Ítem una fanegada de viña en el pago de Geneto en la que nosotros tenemos, que ha de lindar por un lado con viña de los herederos de Juan Díaz el Rico, y por el otro lado y por arriba con viña nuestra, y que la otra parte con el Camino Real que va a Guadamojete, con cargo de seis reales y medio de tributo perpetuo que se pagan al convento y monjas de Santa Catalina de Sena de esta ciudad por el mes de junio de cada un año. Ítem diez y siete fanegas de trigo en grano, las dos luego y las quince en la cosecha primera venidera. Ítem cien ducados en ajuar y preseas de casa, apreciadas por dos personas que lo entiendan, puestas por cada parte la suya. Ítem quinientos reales en dinero de contado. Todos los cuales dichos bienes daremos y entregaremos al dicho Miguel Pérez luego que se haya efectuado el dicho matrimonio y desde ahora para entonces nos desistimos y apartamos del derecho y acción de posesión y señorío que a ellos tenemos […]18.

16 Informaciones de legitimidad y limpieza hechas por Jerónimo de Acosta y Viera y Ambrosio Rodríguez de la Cruz, la del primero, en veinte de abril de mil setecientos cuarenta años, ante don Baltasar Vandama, escribano público de La Laguna, y don Lorenzo Jácome y Oramas, escribano de Los Realejos; y la del segundo, en tres de septiembre de mil setecientos treinta y ocho, ante don Álvaro José Muñoz, escribano de La Laguna, y el dicho don Lorenzo Agustín Jácome, escribano de Los Realejos. Biblioteca Nacional del Perú: D8165. [Documentos que justifican…] ff. 22r-48v. 17 Ahdll: Fondo parroquial de Nuestra Señora de la Concepción de La Laguna, libro v de Matrimonios, f. 135r. 18 Ahpt: Pn 1.383, ff. 40r-41v.


Capítulo i l 227

Tomasa Núñez de Villavicencio dispuso su testamento y última voluntad ante el escribano de La Laguna Domingo José de Melo, el 11 de mayo de 1761, cuando se encontraba viuda de Domingo Rodríguez, y pidió ser amortajada en el hábito de Nuestro Seráfico Padre San Francisco y sepultada en el convento de Nuestro Padre San Agustín de esta ciudad, en la capilla del Santísimo Cristo de Burgos, en la que como hermana pido se me entierre. Ítem declaro fui casada y velada según orden de Nuestra Santa Madre Iglesia con el dicho Domingo Rodríguez, de cuyo matrimonio tuvimos por nuestros hijos legítimos a diferentes de los que hoy viven Ángela, María, Juan y Bartolomé, de los que la primera está en mi compañía, de estado libre, María y Juan, residentes en la isla de La Madera, de que la dicha María fue casada de esta Isla, y Juan lo hizo en aquella, y Bartolomé que se halla así mismo en la América, sin saber su paradero ni haber noticias de si es vivo, o muerto, el cual habrá como cuarenta años, poco más o menos que salió de mi compañía, declárolo todo para que conste […]. Ítem declaro que cuando casó a mi hija Flora [que hoy es fallecida], y a María, que se halla en dicha isla de La Madera, les di en dote diferentes bienes, que de una y otras consta de memorias que paran en mi poder, las cuales tienen tomado más de lo que les pueda tocar de los bienes que hoy me quedan, y porque la dicha Flora dejó sucesión, que son Agustín, José y Tomasa, mis nietos, para que en ningún tiempo estos ni los que la dicha María tiene puedan pedir cosa alguna por razón de legítima, y que la dicha María llevó más que la referida Flora, siempre que estas lo intentaren de los bienes que quedaren por dicho mi fallecimiento, deberán traer al cuerpo de bienes lo que han llevado, para que sean por iguales partes repartido lo que a cada una le corresponda, mediante a que se halla ausente el dicho Bartolomé y queda en mi compañía otra hija que es la dicha Ángela, como también se deberá tener presente lo que le di a mi hijo Juan, para que se descuente de lo que le pueda tocar de su legítima, todo lo que declaro para que conste. Ítem declaro por bienes míos propios adquiridos después de viuda la casa de mi habitación, en que solo tengo las bienhechurías, por haberla tomado a tributo al convento del Señor San Agustín de esta ciudad, en la que así mismo tiene de bienhechurías mi nieto Agustín Villavicencio como doscientos pesos que ha suplido, cuyo interés quiero tenga en dicha casa y se le tenga presente en caso que se venda o parta por mis herederos, y de las bienhechurías que me corresponden, sacando lo perteneciente a mi funeral y entierro y demás que se gastare en ello, lo que sobrare lo dejo a la dicha mi hija Ángela Núñez Villavicencio por vía de mejora, respecto a que me lo ha ayudado a ganar y ha sido quien me ha acompañado y asistido en mis enfermedades. Ítem declaro que me toca y pertenece por herencia de mis padres Miguel Pérez Carballo y Ángela Núñez Villavicencio la parte que me corresponde de unas tierras en el valle de Hinojosa y lo mismo en una casa en esta ciudad en la calle de la de mi habitación, en la que actualmente vive y ha vivido siempre mi sobrino Diego Hernández Villavicencio, de cuyas partes no he tomado más que el valor de nueve fanegas de trigo en especie y ochenta reales en contado, y de lo demás

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Ahpt: Pn 1.416, ff. 130r-132v..

que me pertenece y me pueda tocar, rebajado lo que va expresado, quiero se tenga por mis bienes y se pida por mis herederos lo que corresponda a dicha mi legítima. Ítem dejo por mis bienes propios los muebles que se hallan de puertas adentro de la casa de mi habitación [exceptuando los del cuarto de mi nieto Agustín Villavicencio, que son suyos propios], los cuales así mismo me ha ayudado a ganar la dicha mi hija Ángela, y quiero que estos los haya y goza la susodicha igualmente por vía de mejora. Ítem nombro por mis albaceas testamentarios a Ángela Núñez Villavicencio, mi hija, a don Agustín Villavicencio, mi nieto y al ayudante Ambrosio Miguel Ruiz, vecinos de esta ciudad, a todos juntos y a cada uno, in solidum, para que de lo más bien parado de mis bienes cumplan y paguen este mi testamento y lo demás en él contenido, a quienes doy el poder que es necesario, les prorrogo el año del albaceazgo, a quienes suplico lo acepten, y cumplido y pagado este mi testamento y las mandas en él contenidas dejo y nombro por mis únicos y universales herederos de todos mis bienes, derechos y acciones a los dichos mis hijos Ángela, María, Bartolomé y Juan, y a mis nietos, por la representación de sus madres […]19. Tomás Carballo, padre de Miguel Pérez Carballo, hizo información de su filiación y legitimidad en San Cristóbal de La Laguna, por ante el teniente general de la Isla, licenciado don Juan González Cid, y el escribano público Jerónimo Boza, en 16 de septiembre de 1620: Tomás Carballo [Caravallo], hijo legítimo de Sebastián Caravallo, difunto, y de Juana Rodríguez, mis padres, vecinos de esta ciudad, digo que a mi justicia conviene probar y averiguar ad perpetuam rei memoriam y como más en derecho lugar haya como soy hijo legítimo de los dichos mis padres y el mayor de mis hermanos y primogénito de dicho Sebastián Caravallo, mi padre, el cual era natural de la Isla de San Miguel en Terceras, hijo legítimo de Blas Díaz Carballo y de Fulana de Benavides, su legítima mujer, que por no saber su propio nombre de la dicha mi abuela no lo declaro, el cual dicho Sebastián Caraballo, mi padre, era el hijo mayor y primogénito de los dichos sus padres, mis abuelos, a vuestra merced pido y suplico mande se me reciba la dicha información […]. Fueron presentados por testigos Jerónimo Rodríguez, portugués, natural y vecino de la isla de San Miguel y residente en la de Tenerife, quien confirmó las preguntas del interrogatorio y añadió que a Tomás le pertenecía un vínculo o patronazgo de unas tierras y otros bienes en la dicha Isla que son y están en Nuestra Señora de la Piedad, lindando con El Pico, que fue de Pedro Díaz, abuelo del dicho Sebastián Caraballo, que tiene dos fuentes y esto lo sabe el testigo por ser natural de dicha Isla, criado y vecino de los susodichos […]. Juan Rodríguez Ferrera, también portugués de San Miguel, dijo que Sebastián Caraballo nació


228 l Julio Sánchez Rodríguez l Luis de la Encina, obispo de Arequipa, y su paje Antonio Pereira

Rama del ilustre árbol de la familia Carballo. Biblioteca Nacional del Perú


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Rama del ilustre árbol de la familia Carballo. Biblioteca Nacional del Perú


230 l Julio Sánchez Rodríguez l Luis de la Encina, obispo de Arequipa, y su paje Antonio Pereira

cómo soy hijo legítimo de Tomás de Caraballo que fue casado legítimamente en haz de la Santa Iglesia Romana con Florencia Pérez mi madre, y asimismo que el dicho Tomás de Caraballo, mi padre, fue hijo legítimo de Sebastián Caraballo y Joana Rodríguez, los cuales lo hubieron en legítimo matrimonio y que todos los susodichos fueron vecinos de esta ciudad de La Laguna. Y que el dicho Sebastián Caraballo, mi abuelo, vino a esta Isla de la de San Miguel de las Terceras, en donde dejó tres hermanas, que fueron María Caraballo, Juana de Benavides y Leonor de Abreu […].

Armas de las familias González y Carballo

en la dicha Isla de San Miguel donde dicen Los Arrifes, en la collación de Nuestra Señora de la Piedad, cuya iglesia es de los padres y parientes del susodicho y los unos y los otros era y es de la gente honrada y principal que gobernaban la Isla. Domingo Martín, trabajador portugués, testificó corroborando lo dicho por quienes le habían precedido, como hizo también el doctor Viera, vicario y beneficiado, vecino de La Laguna. Quinto y sexto testigos fueron Francisco Martín, labrador, y Antonio Núñez, portugués, natural y vecino de San Miguel, quien añadió que Blas Díaz Caraballo y Fulana de Benavides tuvieron por sus hijos y el mayor de todos a Roque Díaz Caraballo, difunto, y después al dicho Sebastián Caraballo, el cual es ya muerto y pasado de esta presente vida. Miguel Pérez Carballo incoó así mismo información de legitimación aduciendo

Su merced el licenciado don Francisco de Espinosa León, abogado de los Reales Consejos y teniente general de esta isla, en la ciudad de San Cristóbal de La Laguna, en once días del mes de enero de mil setecientos y setenta y cinco años admitió como testigos a Lorenzo Yanes de Fonseca; Sebastián de Ascanio; Pedro Álvarez, labrador; Juan Damián y a Pedro Álvarez Díaz, quienes ratificaron el contenido del pedimento e interrogatorio20. Contrajo matrimonio Miguel Pérez Carballo con Ángela Núñez de Villavicencio en la parroquia de Nuestra Señora de los Remedios de La Laguna, el 3 de marzo de 1658, hija de Francisco Álvarez Camejo y Francisca Núñez de Villavicencio, casados en la parroquia de Nuestra Señora de los Remedios el día primero de febrero de 1629, con dispensa, por ser parientes dentro del cuarto grado de consanguinidad21. Francisca Núñez de Villavicencio era hermana del licenciado Mateo Blanco, presbítero, y Francisco Álvarez, del licenciado Juan Manuel Álvarez, también presbítero, establecido en Sevilla. Francisco Álvarez Camejo fue hijo de Antonio Álvarez Blanco Benavides y Ana Hernández-Crespo Camejo, matrimonio para cuya celebración otorgaron carta de dote los padres de esta, Melchor Camejo y Magdalena Hernández-Crespo, ante Bernardino de Madrigal en 1593. Ambos otorgaron su testamento ante Juan de Ascanio el 16 de noviembre de 1646, documento en el que manifestaron: En el nombre de Dios, amén. Sepan cuantos esta carta de testamento, última y postrimera voluntad vieren cómo nos, Antonio Álvarez, labrador, y Ana Hernández, su legítima mujer, vecinos que somos en esta ciudad de La Laguna, isla de Tenerife, estando yo el dicho Antonio Álvarez enfermo en cama de la enfermedad que Dios Nuestro Señor ha sido servido de me dar, en mi juicio, memoria y entendimiento natural, creyendo como firme y verdaderamente creo en el misterio de la Santísima Trinidad, tres personas y una esencia divina y en todo aquello que cree, tiene y confiesa la Santa Madre Iglesia Católica de Roma, temiéndome de la muerte que es cosa natural y el vivir incierto y deseando poner mi ánima en la más sana carrera de salvación que convenga, yo el susodicho, e yo la dicha Ana Hernández, por lo que a cada uno de nos toca o tocar pueda previniéndome yo la susodicha de lo mismo que el dicho Antonio Álvarez, mi marido, como arriba se

Información de legitimidad de Tomás y Miguel Carballo, padre e hijo, hechas en la ciudad de San Cristóbal de La Laguna, en diez y seis días del mes de septiembre de 1620 la primera, y en once de enero de 1675, la segunda: protocoladas ambas en seis de marzo de 1724 ante don Álvaro José Muñoz Machado, escribano público del número de esta Isla. Biblioteca Nacional del Perú: D8165. [Documentos que justifican…] ff. 1r-21r. 21 Ahdll: Fondo parroquial de Santo Domingo [parroquia de Nuestra Señora de los Remedios de La Laguna] libro iv de matrimonios, f. 91r. 20


Capítulo i l 231

refiere, otorgamos unánimes y conformes y de un acuerdo y voluntad que hacemos y ordenamos nuestros testamentos y última voluntad en un cuerpo, en la forma siguiente. Primeramente mandamos que acaeciendo de nos o cualquiera de nos finamiento, queremos que nuestros cuerpos sean sepultados en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Concepción, de esta dicha ciudad, en las sepulturas que allí tenemos de nuestros padres y suegros, junto a la capilla de San Andrés, que son conocidas, a las cuales reducimos nuestros cuerpos, mandando nuestras almas a Dios que las crió y redimió por su preciosa sangre y queremos ser amortajados en el hábito de Señor San Francisco, el cual, caso que la enfermedad de mí el dicho Antonio Álvarez llegue a estado de morir, se me traiga para ganar las gracias, y lo mismo ordeno y mando yo la dicha Ana Hernández, y se paguen los hábitos de nuestros bienes. Ítem mandamos que el día de nuestro enterramiento acompañen nuestros cuerpos todos los beneficiados y capellanes de la dicha iglesia de Nuestra Señora de la Concepción, con las posas ordinarias, cruz y sacristán y lo demás que es costumbre. Ítem queremos y mandamos que se nos digan por nuestras almas, de cuerpo presente, un oficio cantado a cada uno, con diácono y subdiácono, vigilia y responso sobre nuestras sepulturas, todo lo cual y la cera que se gastare se pague de nuestros bienes. Ítem mandamos que todos los sacerdotes y capellanes de la dicha iglesia, el día de nuestro enterramiento, siendo horas, y de no serlo al siguiente, digan por nuestras almas misas rezadas y se pague a dos reales cada una de nuestros bienes. Ítem el día de nuestras honras se diga por nuestras almas un oficio a cada uno de nos con cuatro misas rezadas en la forma y como han de ser los primeros y todo se pague así mismo de nuestros bienes. Ítem es nuestra voluntad que la ofrenda de cada uno de nos sea media fanega de trigo y un barril de vino y se pague de nuestros bienes […]. Ítem declaramos que nosotros hemos sido casados y velados según orden de la Santa Madre Iglesia y durante nuestro matrimonio hubimos y procreamos por nuestros hijos legítimos a Blas Hernández, Francisco Álvarez, María Álvarez, Magdalena Hernández, Melchor Álvarez, Ángela María, Andrés Álvarez, Catalina Hernández y Juan Álvarez, que hoy viven y son vecinos en esta ciudad de La Laguna, excepto el dicho Juan Álvarez, que hoy se firma el licenciado Juan Manuel Álvarez y está en Sevilla ordenado de sacerdote […]. Ítem declaramos que los dichos nuestros nueve hijos ya nombrados, entre hombres y mujeres, que hoy viven, se han casado y los hemos casado a todos, a los cuales hemos dado y prometido los bienes siguientes: A Blas Hernández, dos vestidos de paño fino uno negro y otro de color veinticuatreno. Y así mismo siete fanegas de trigo y no llevó otros bienes. Y Francisco Álvarez llevó un vestido de rajeta de color pardo y dos fanegas de trigo para sembrar y no llevó otra cosa. Y Melchor Álvarez llevó un vestido de paño verde de casa de Juan Núñez, que aunque le vendimos unos bueyes y carreta nos los pagó. 22

Armas de las familias Guirola, Romero, López, Hernández y González

Y Andrés Álvarez, el más pequeño, sólo llevó un vestido que valdría como cuarenta reales. Con declaración que nuestro hijo sacerdote, que está en España, no ha llevado cosa alguna. Ítem declaramos que cuando casamos a María Álvarez, nuestra hija, con Alonso Núñez, labrador, le dimos y prometimos los bienes que parecerán por la escritura dotal que pasó ante Diego Gómez, habrán veinte y dos o veinte y tres años, y se le entregó su dote sin falta alguna, declarámoslo así por descargo de nuestras conciencias. Ítem declaramos que casamos a Magdalena Hernández con Juan Ximénez, vecino de esta ciudad y la dotamos en los bienes que constan por la escritura dotal a que nos referimos, que por ahora no nos acordamos ante que escribano y se le pagó su dote enteramente. Ítem así mismo casamos a Ángela María, así mismo nuestra hija legítima, con Juan Estévez, labrador, cuya escritura de dote pasó ante Francisco de la Parra, escribano público, puede hacer cerca de catorce años y está enterado de los bienes de la dicha dote. Ítem así mismo casamos a Catalina Hernández, así mismo nuestra hija, con Manuel Rodríguez y se le cumplió su dote, cuya escritura pasó ante Francisco de la Parra22.

Ahpt: Pn 1.549, ff. 307v-312r. Codicilo de Antonio Álvarez y Ana Hernández, su mujer, ante el mismo escribano, a 17 de noviembre de 1646, ff. 312r-313r.


232 l Julio Sánchez Rodríguez l Luis de la Encina, obispo de Arequipa, y su paje Antonio Pereira

Antonio Álvarez Blanco Benavides fue hijo de Juan Álvarez, quien dispuso sus últimas voluntades ante el escribano Juan del Castillo, el día primero de diciembre de 1576, —a su vez hijo de los portugueses Álvaro Afonso y Brígida Domínguez—, y de Bárbara Hernández, que lo era de Antón Hernández, alcalde de El Sauzal, y de Elena Hernández. Melchor Camejo, hijo de Francisco Camejo y Ana González Méndez, casó con Magdalena Hernández-Crespo con dote que le asignaron sus padres, Juan Fernández Crespo e Inés Hernández Perera ante Rodrigo Ruiz, el 11 de noviembre de 1571, y el recibo de la misma dos años más tarde. Francisco y Ana obtuvieron carta de dote de los padres de esta, Diego Pérez e Isabel González, ante Gaspar Justiniano en 1558. Juan Fernández Crespo fue hijo del poblador Alonso Hernández Guirola y de su mujer, María Crespo, e Inés Hernández Perera lo fue de Gaspar Hernández Perera y Catalina González, y nieta paterna del también poblador portugués Hernando Yanes y de Beatriz Perera, su esposa. Francisca Núñez de Villavicencio, hija de Alonso Núñez de Villavicencio y de su segunda mujer, Isabel González Blanco, ordenó su testamento ante Diego Remírez Machado el 14 de febrero de 1676, en el que declaró: Primeramente encomiendo mi ánima a Dios Nuestro Señor que la crió y redimió con su preciosa sangre. El cuerpo mando a la tierra, pues de ella fue formado, a ella sea vuelto […] y quiero que cuando Dios Nuestro Señor sea servido de llevarme de esta presente vida, mi cuerpo sea sepultado en el convento de mi padre San Francisco de esta ciudad, en la sepultura que tengo delante de la pila del agua bendita que es adonde está enterrado el licenciado Mateo Blanco, mi hermano, presbítero, de la cual pagué su limosna y la he ofrendado hasta hoy, y quiero ser amortajada en el hábito de San Francisco, que pido para ganar las gracias y se pague lo acostumbrado […]. Ítem declaro que yo fui casada de primer matrimonio con Francisco Afonso, con el cual, durante nuestro matrimonio, tuve por mis hijas legítimas a Lucía de Torres, que casé en segundo matrimonio, con Marcos Hernández Vázquez, y a María Núñez, que casó con Juan Pérez, a las cuales les ofrecí en dote y casamiento los bienes que constarán de las escrituras dotales y les entregué y di todo lo que les ofrecí en compañía y junto con el dicho Francisco Álvarez, mi marido, de que me dieron recibo ante Francisco de Mirabal, escribano público que fue de esta Isla. Ítem declaro que durante el matrimonio con el dicho Francisco Álvarez Camejo, mi marido, hemos tenido por nuestros hijos legítimos a Ana Núñez, mujer de Jacinto Yanes Lutzardo, y a Ángela Núñez, mujer de Miguel Pérez Caraballo, y a Francisca Núñez, mujer de Gaspar de los Reyes, y a Juan Álvarez, que está en Indias de Su Majestad, y a Blas Álvarez, difunto, y a fray Domingo Blanco, de la orden de mi padre San Francisco, que está en Indias de Su Majestad, declárolos por tales mis hijos legítimos y el dicho mi marido23.

Alonso Núñez de Villavicencio tuvo por padres a Pedro Núñez de Villavicencio, que dictó sus últimas voluntades ante los escribanos Bernardino de Madrigal, el 21 de mayo de 1601, y Baltasar Hernández, el 12 de mayo de 1607, y a Catalina Hernández de Sosa. Otorgaron su testamento Alonso Núñez y su mujer Isabel González, en las casas de nuestra morada, en seis días del mes de marzo de mil y seiscientos y veinte y seis años, ante el escribano Sebastián Díaz, y ordenaron primeramente, mandamos y ofrecemos nuestras almas a Dios Nuestro Señor que las crió y redimió con su preciosa sangre y los cuerpos a la tierra donde fueron formados, que a ella sean reducidos. Ítem mandamos que cuando acaeciere nuestro fallecimiento, nuestros cuerpos sean sepultados en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Remedios de esta ciudad, en la sepultura donde están enterrados los abuelos de mí el dicho Alonso Núñez, que está en la capilla mayor de la dicha iglesia, a la parte donde se dice el Evangelio […]24. Pedro fue hijo de Alonso Núñez de Villavicencio y Ana Sánchez, casados en 1518. Alonso Núñez ejerció como teniente de alguacil mayor de Tenerife en 1510 y fue hermano del bachiller Nuño Núñez, abogado, padre de menores y alcalde mayor de Tenerife en 1532, vecinos de Sevilla y oriundos de Jerez de la Frontera, de familia conversa. Según Fernández de Béthencourt se establecieron ambos hermanos en La Laguna, en los primeros años del sigo xvi. El adelantado dio en repartimiento, a cada uno de ellos, en 22 de noviembre de 1515, cincuenta fanegadas de tierra en el camino de Las Lagunetas, pero lo cierto es que ya el 2 de julio de 1507, Nuño obtuvo una data de cincuenta fanegadas de tierra de secano en Tacoronte, que lindaban con la montaña gorda, con la montaña pequeña, y entremedias un camino hondo que va a las tierras de Lope Fernández, por otro lado otra montañeta pequeña, por otro lado camino que lleva a tierras de Juan Fernández25. El 22 de junio de 1511, le fueron asignados a Alonso dos caíces en las demasías de Juan Yanes, clérigo, y el siete de agosto del mismo año, recibieron en data ambos hermanos diez fanegadas de secano donde se reparte, entre San Lázaro y el atajo de Tegueste. El 18 de enero de 1513 recibió Alonso otras sesenta fanegadas de secano desde la Cruz de Centejo hasta el mar, lindando con el camino al Sauzal y con el barranco. El 26 de noviembre de 1514 se repartieron tres solares, para Nuño, Alonso y Juan Bautista Guiraldín y, el 22 de noviembre de 1515, percibieron setenta fanegas Nuño y cincuenta Alonso, encima de la Fuente de Lugo, en el camino de Las Lagunetas, data que le había sido dada a Funes, quien no la ocupó. Alonso Núñez dictó su testamento ante Juan de Azoca, el 23 de mayo de 1560. Otro Alonso Núñez de Villavicencio, hijo de los ya citados Alonso Núñez de Villavicencio e Isabel González Banco, su segunda mujer, y hermano de Francisca Núñez de Villavicencio, casó en la iglesia de Nuestra Señora de la Concepción de La Lagu-

Ahpt: Pn 1.391, ff. 74r-77v. Ahpt: Pn 1.371, ff. 111v-117v.. 25 Fernández de Béthencourt, Francisco [et alt]: Nobiliario de Canarias. Tomo iii, La Laguna de Tenerife, 1959, pp. 690-691.

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na, el 28 de agosto de 1623, con María Álvarez Camejo, hermana del antes nombrado Francisco Álvarez Camejo. Su descendencia se estableció en la isla de Cuba y ha sido estudiada por el conde de San Juan de Jaruco26. Hizo sus últimas voluntades doña Tomasa Josefa de Acosta y Núñez de Villavicencio en la ciudad de San Cristóbal de La Laguna, a 17 de abril de 1790, ante el escribano del número don Domingo Anselmo González, del que transcribimos la mayor parte de sus párrafos dado el interés que despierta, no sólo por la exhaustiva exposición de datos y fechas de la crónica familiar que ofrece, sino también como retrato del carácter exacto y minucioso de la abuela materna del prebendado quien, junto con el de similares características del bisabuelo materno-paterno, podrían tomarse como los ejemplos que influyeron en la actitud de voluntario, incansable y entregado memorialista de don Antonio Pereira Pacheco: En el nombre de Dios todo poderoso, amén. Sépase por esta carta de testamento, última y postrimera voluntad, cómo yo doña Tomasa Acosta Núñez de Villavicencio, vecina de esta ciudad de La Laguna, hallándome enferma en cama y en mi entero y cabal juicio, cual Dios Nuestro Señor ha sido servido darme […]. Primeramente encomiendo mi alma a Dios Nuestro Señor que la redimió con el infinito precio de su Santísima Sangre, y mi cuerpo a la tierra de que formado para que a ella sea reducido y amortajado en el hábito de Nuestra Señora de la Concepción de quien soy cofrade, y que mi cuerpo cadáver sea sepultado en la iglesia parroquial de dicha Santa Imagen, en la sepultura en que fue enterrado el ayudante don Ambrosio Miguel Ruiz Ximénez, mi difunto marido, y si hubiere impedimento para ello, se ejecute en una de las que pertenecen a la familia del canónigo don Juan Manuel Suárez, que por parienta me toca, y en cuanto a lo demás de disposición de entierro y funeral, después de lo que debe ejecutarse por la Venerable Hermandad del Santísimo, según el nuevo establecimiento de dicha iglesia parroquial del que soy hermana, lo dejo a la voluntad de los albaceas que abajo nombraré, que así es la mía. Ítem declaro que soy hija legítima y de legítimo matrimonio de Jerónimo e Acosta y Viera y de Florencia Francisca Rodríguez Villavicencio, vecinos que fueron del puerto de Santa Cruz, donde nací y fui bautizada en nueve de julio de mil setecientos treinta y cuatro, en su iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Concepción y fui casada y velada según orden de Nuestra Santa Madre Iglesia con dicho ayudante don Ambrosio Miguel Ruiz en ocho de noviembre de mil setecientos cincuenta y dos en la iglesia donde me mando enterrar, de cuyo matrimonio tuvimos por nuestros hijos legítimos a Josefa Tomasa de la Concepción, que murió niña, a don Fernando Domingo Ruiz, presbítero, a doña María Candelaria Ruiz, de estado honesto, que vive en mi compañía, y a doña Rosalía Ruiz, mujer legítima de don Juan Pereira Pacheco, notario del Santo Oficio, que viven esta ciudad, declárolos por tales mis hijos legítimos y del dicho mi marido. Ítem declaro que dicho mi marido don Ambrosio Miguel Ruiz Ximénez, falleció en esta ciudad en diez y nueve de noviembre de mil setecientos ochenta y uno, el cual por el accidente mortal de que adoleció, no hizo declaración testamentaria, pero la hizo su padre, el ayudan26

Armas de las familias Hernández, Guirola, González y Camejo

te don Fernando Domínguez Ruiz, declarándolo por tal hijo legítimo con lo demás que consta, por ante don Francisco Párraga, escribano público, en diez y seis de mayo de mil setecientos ochenta y seis, el que también falleció estando en mi compañía, en tres de mayo de ochenta y siete; y cuando nos casamos llevé al matrimonio lo que dicha mi madre, en su viudedad, me dio de homenaje de casa y demás que consta de una memoria que se encontrará entre mis papeles. Ítem declaro que cuando casamos a dicha nuestra hija doña Rosalía Ruiz le dimos yo y mi marido lo que también constará de otra memoria que también se hallará entre mis papeles. Ítem declaro que durante mi matrimonio adquirimos por gananciales un sitio de huerta en esta ciudad, frente las casas de mi habitación, en el precio que constará de su correspondiente escritura de venta que nos otorgó el capitán don Fernando Rodríguez de Molina, por ante Cristóbal José Padrón, escribano que fue de esta Isla, en diez y ocho de marzo de mil setecientos setenta y cinco, y es declaración que en dicho

Santa Cruz y Mallén, Francisco Javier, conde de San Juan de Jaruco: Historia de Familias Cubanas, tomo iii, La Habana, Cuba, 1942, p. 324.


234 l Julio Sánchez Rodríguez l Luis de la Encina, obispo de Arequipa, y su paje Antonio Pereira

sitio se pagaba un tributo o memoria a uno de los Cuadrantes de los medios beneficiados de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Remedios de esta dicha ciudad, el cual, porque puede suceder que en algún tiempo se pida, como ya ha sucedido, prevengo a mis herederos hallarse redimido ante don Gabriel del Álamo y Viera, escribano que también fue de esta Isla, en el mes de agosto del año de mil setecientos cincuenta y nueve, lo que declaro para que conste. Ítem un pedazo de tierra de sembrar, huerta y árboles, en el lugar de Tegueste, en El Palomar, que compramos a sor Elena de la Caridad y sor María de San Ignacio Mártir, religiosas del convento de Santa Catalina de esta dicha ciudad, como constará de las respectivas escrituras que sobre ello otorgaron, la una en veinte y dos de diciembre de mil setecientos y setenta, y la otra en siete de abril de mil setecientos y setenta y dos, ambas ante don José López y Ginory, escribano de esta dicha ciudad. Ítem cien pesos que deben ser fuertes y llevó a riesgo Nicolás Miranda, vecino del lugar de Icod, de que otorgó escritura ante don Luis López en veinte y seis de noviembre de mil setecientos setenta y siete, cuya cantidad todavía no ha satisfecho, y sobre que hay diligencias en el Real Consulado, mando se continúen hasta su cobranza, con los correspondientes intereses, de que dicho mi marido y yo estamos privados. Ítem doscientos pesos que también se dieron a riesgo y llevó mi compadre don José Perdomo, según constará de la escritura que de ello otorgó ante dicho don Luis López, en veinte y cuatro de mayo del año de setenta y ocho, cuya cantidad con sus correspondientes intereses está en deuda por no haberse podido cobrar al retorno de dicho Perdomo, por haber venido enfermo, y haber su viuda entrado monja de Santa Clara, esperando a que lo hubiera hecho con su comodidad, por cuyo motivo, y la buena armonía y amistad que profesamos no se le precisó formalmente a ello, y habiendo fallecido y hecho varias disposiciones sobres sus bienes, sin pagarnos dicha deuda, ni parte de ella, ahora últimamente dicho mi yerno don Juan Pereyra Pacheco, de consentimiento mío y demás mis hijos, ha reconvenido para su cobro en el Real Consulado; declárolo para que conste y que se continúe hasta verificar la satisfacción. Ítem veinte pesos que resta debiendo de un empréstamo de veinte y cinco que hizo dicho mi marido al citado don José Ginory, mando se cobren por mis herederos. Ítem declaro que Tomasa Núñez Villavicencio, mi abuela materna, en su testamento que otorgó en once de mayo de mil setecientos sesenta y uno, ante Domingo José de Melo, escribano público, bajo cuya disposición falleció, entre otras cosas declaró pertenecerle la legítima herencia de sus padres, Miguel Pérez Carballo y Ángela Núñez Villavicencio, de la que sólo había tomado de su sobrino Diego Hernández Villavicencio, como poseedor de la toda la herencia, el valor de nueve fanegas de trigo en especie y ocho pesos en contado. Y es declaración que no yo he recibido cosa alguna, ni tengo entendido que mi madre, ni tías, de quien abajo hablaré, lo recibieron tampoco, y así mis hijos y herederos podrán repetir dichas legítimas y recobrarlas como tengan por conveniente. Ítem declaro que la dicha mi abuela Tomasa Núñez Villavicencio, como lo declara en su citado testamento, tomó a tributo las casas que al presente vivo, y ella vivió hasta su fallecimiento, cuya dación a tributo fue en once de agosto de mil setecientos treinta y nueve, y quedó pagando por ella trece pesos anuales a la capilla de Nuestra Señora de Gracia del convento agustino de esta ciudad, y en dicha, casa excepción de las

bienhechurías que hizo en ella don Agustín de Acosta, mi hermano, que falleció siendo religioso corista de la orden de Predicadores, y fueron el cuarto del gabinete y pieza que sirve de granero en dicha casa, todo lo demás lo legó dicha mi abuela, por vía de mejora y remuneración, a su hija y mi tía Ángela Rodríguez Núñez Villavicencio, quien la disfrutó hasta su fallecimiento por lo dispuesto en el citado testamento. Y de dicha casa, y muebles que contenía, se hizo inventario en agosto del año pasado de sesenta y seis, por ante Luis Antonio López Villavicencio. Y la dicha Ángela Núñez hizo su testamento bajo de cuya disposición también falleció en cuatro de mayo de mil setecientos sesenta y siete, por ante don Vicente Espou de Paz, escribano público, y lo mismo ejecutó cuando entró de religioso dicho mi hermano don Agustín, en virtud de licencia del señor provisor y vicario general de fecha seis de mayo de mil setecientos sesenta y tres, la cual original se encontrará entre mis papeles, lo que declaro para que conste. Ítem declaro que de convenio y a solicitud de dichas mi abuela y tía, vine a vivir a esta casa en su compañía con el dicho mi marido desde primero de noviembre del año pasado de mil setecientos sesenta y dos, en cuya compañía continuamos, y ha viendo acaecido en el citado mes de agosto del año pasado de sesenta y seis la muerte de la citada Tomasa, mi abuela, costeamos su entierro y funeral dicho mi marido y yo, el cual ascendió a cincuenta y tres pesos y un real de plata, fuera de algunas gracias que se hicieron y para esto contribuyó con alguna cosa su hija Ángela, y a ello no contribuyó ninguno de sus demás herederos, a cuya partida son acreedores en particular dichos mis hijos y herederos, y aunque del todo de ella no haya recibos, los hay de algunas de sus partidas y otras que constan de apuntes del dicho mi marido, lo que declaro para que conste. Y así mismo que en dos de mayo de mil setecientos sesenta y siete, enfermó y se puso paralítica la expresada Ángela Núñez mi tía, y continuó con su enfermedad, siempre en cama, hasta el día veinte y cuatro de junio de mil setecientos y ochenta en que falleció y fue enterrada a expensas de dicho mi marido en el convento de San Agustín de esta ciudad, en lo que se gastó algo más que con la dicha mi abuela, sin que para ello hubiese habido contribución de otros, y no se percibieron todos los recibos por juzgarlos inconducentes y que aunque tuviera la susodicha muchísima más herencia de la que tenía, siempre sería muy poco para satisfacernos a mí y a mi marido los grandes costos que tuvimos con ella en los catorce años, con poca diferencia, que estuvo enferma, y su entierro, costeándola de un todo a ella y a una criada que la servía y hasta pagándole el tributo de la casa, de lo que empezó a formar cuenta de gastos dicho mi marido y salía dicho suplemente a más de seis reales de plata diarios, fuera de médicos, botica y el tributo de la casa, por cuya regulación, si fuere necesario en algún tiempo, se podrá formar la cuenta de todo lo que hemos gastado con ella; y en dicho tiempo el expresado mi marido fabricó el cuarto de dormir, cocina y común, que son tres piezas que siguen desde el cuarto de la calle, lindando con Manuel Cañisales; y así mismo las tres ventanas grandes de la sala y cuartos inmediatos, la de la sala baja, vidriera de la antesala, corredor y enlozado del zaguán y patio, con el muro de división que mira a la casa de la huerta de la capellanía de Sebastián Álvarez, en lo que gastó de su propio caudal tres mil doscientos sesenta y dos reales de vellón antiguo, y dos cuartos, y además los seiscientos reales que para el principio de dichas fábricas contribuyó dicha mi tía Ángela y recibió el expresado mi marido, y desde el año de sesenta y cuatro inclusive, hasta el de ochenta y uno, también inclusive, pagó dicho mi marido los trece pesos anuales del tributo de la casa a la capilla de Gracia del convento


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de San Agustín, y es declaración que en dicho pagamento se incluye año y medio de los tres primeros que contribuyó la citada Ángela, como constará del recibo que con los demás de dicho tributo tengo en mi poder. Y también pagó dicho mi marido la memoria que de esta misma casa se paga a una capellanía que fundaron los venerables beneficiados de la Concepción, de que es hoy actual capellán don José Afonso de Armas, clérigo de menores, hasta dicho año de ochenta y uno. Ítem declaro que tanto el tributo y memoria de dicha casa, como el que se paga de la tierra de Tegueste al Hospital Real de Nuestra Señora de los Dolores de esta dicha ciudad, y al venerable cura de Tegueste, y así mismo las memorias que también se pagan de la huerta que tengo declarado hemos comprado yo y el dicho mi marido, los ha satisfecho desde dicho año de ochenta y uno hasta el presente, mi hijo el citado don Fernando Ruiz, aun del que se paga al dicho hospital satisfizo mucha parte que estaba debiendo del tiempo de su padre, lo que constará de los recibos. Ítem declaro que además de los bienes especificados, quedó al tiempo del fallecimiento de dicho mi marido, una yunta de vacas en la hacienda de Tegueste, de lo que ha quedado una vaca y una becerra, la que aun está por partir. Ítem declaro que aunque cuando me casé me pertenecía el legado piadoso que dejó para sus parientas el doctor don Juan Manuel Suárez, canónigo que fue de la Santa Iglesia de Sevilla, este no se ha cobrado hasta el día, lo que tendrán presente mis herederos por su se pudiera verificar. Ítem declaro que dicho mi marido tenía una cuenta pendiente con nuestro compadre don Diego de Armas Palomo, y aunque después de fallecido éste y aun antes he tenido contestación sobre ello con doña Sebastiana Padrón, su viuda, no hemos podido ajustar y concluir dicha cuenta a causa de los atrasos del tiempo y no haber quedado dinero alguno de dicho mi marido, y también porque la citada doña Sebastiana no ha querido aceptar la oferta que le he hecho desde el año de ochenta y cinco para satisfacer lo que resultase, ajustada la cuenta como debe, lo que encargo a mis hijos y herederos lo ejecuten y lo mismo si pareciere alguna otra cuenta pendiente de que yo no tengo noticia. Ítem declaro que, para inteligencia de dichos mis hijos, dejo una memoria firmada de mi puño con algunas advertencias relativas a los muebles y algunas alhajas y otras cosas familiares, la que quiero no se les pueda obligar a presentarla judicialmente, sino tan solamente que sirva para gobierno interior de ellos en la partición que habrán de hacer, teniendo presente lo que allí explico. Y para cumplir y pagar este mi testamento, y o en él contenido, nombro por mis albaceas testamentarios a los dichos mi hijo y yerno, don Fernando Domingo Ruiz y don Juan Pereyra Pacheco, a ambos juntos y a cada uno de por sí, in solidum, de quienes espero harán por mí cuanto les sea posible esté de su parte, y les ruego y encargo lo acepten, y prorrogo el año del albaceazgo. Y cumplido y pagado este mi testamento, y pagadas las mandas de la Casa de Jerusalén y redención de cautivos, etc., a quienes señalo dos reales de plata por una vez, nombro por mis únicos y universales herederos a los expresados mis tres hijos don Fernando, doña María y 27

Véase nota 15.

Armas de las familias Perera Acuña Torres y Guirola

doña Rosalía Ruiz, para que entren en mis bienes como sus herederos, a quienes ruego y encargo se lleven con la buena armonía que hasta aquí, dividiéndolos entre sí por iguales partes con la bendición de Dios y la mía […]. En testimonio de lo cual lo otorgo en esta ciudad de La Laguna de Tenerife, a diez y siete de abril de mil setecientos y noventa años. Y la otorgante, a quien yo el presente escribano doy fe que conozco, como de estar al parecer en su entero juicio y capacidad, así lo dijo, otorgó y firmó, siendo testigos don José Antonio Delgado y Sosa, venerable beneficiado servidor de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Concepción de esta dicha ciudad, don Juan del Hoyo Solórzano, señor de la Villa de Santiago, residente en esta ciudad, el doctor don Antonio Miguel de los Santos, médico revalidado y titular de ella, don José Afonso de Armas, clérigo de menores y don José Rodrigo Ruiz, vecinos de esta ciudad. Tomasa Josefa de Acosta. Por testigo, José Antonio Delgado y Sosa. Por testigo, Juan del Hoyo Solórzano. Fui testigo, Antonio Miguel de los Santos. Por testigo, José Afonso de Armas. Testigo, José Rodrigo Ruiz. Ante mí, Domingo Anselmo González, escribano público27.


236 l Julio Sánchez Rodríguez l Luis de la Encina, obispo de Arequipa, y su paje Antonio Pereira

Certificado a favor de Eugenio Domínguez Guillén. Fondo Montesdeoca. Biblioteca de la Universidad de La Laguna


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Doña María Ruiz de Acosta

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oña María de la Candelaria Ruiz de Acosta, casó en la parroquia de Nuestra Señora de los Remedios de La Laguna, el día 28 de diciembre de 18011, con don Domingo Guillén y Herrera, viudo en esa fecha, desde hacía catorce meses, de doña Francisca Feliciana de León, hija de don Francisco de León, difunto, y de doña Rosa María de Armas, naturales y vecinos todos de dicha ciudad, con la que se había desposado en la citada iglesia, el 10 de octubre de 17882. Don Domingo Guillén [o Rodríguez Guillén] vino al mundo en la ciudad de Las Palmas donde su padre, Pedro Rodríguez Guillén, originario del lugar de La Vega, que más tarde se llamó de Santa Brígida, fue cantor solista de la Capilla en la Catedral de Canarias, hasta su fallecimiento en 1761, cuando apenas contaba cuarenta años de edad. Lola de la Torre, autora de un estudio biográfico del compositor Eugenio Domínguez Guillén, nieto materno de don Domingo, dice a propósito de éste que se había casado muy joven con Petronila Herrera Talavera y dejó una larga descendencia. A su muerte fueron siendo admitidos como niños cantores en la Capilla de la Catedral sus hijos: Carlos, José y Domingo. El mayor, Carlos, tenía excepcionales condiciones para el canto. Leyendo las actas de las reuniones Capitulares que corresponden a la época de su estancia en el Coro de Cantorcitos de la capilla catedralicia, hemos podido constatar el extraordinario aprecio en que se le tenía; era el solista obligado en los villancicos que se cantaban en la fiestas de la Navidad, en las octavas del Corpus y en todas las grandes solemnidades de la Catedral, y siempre era elegido para asistir con la Capilla a las fiestas a que se invitaba al Cabildo Catedral con su Capilla de Música fuera de su iglesia. Siendo todavía mozo de Coro, esta valiosa promesa del gran canto, a quien todos admiraban y protegían, murió prematuramente, en 1769. Al faltar Carlos, los maestros se dieron cuenta de que su hermano menor Domíngo Rodríguez Guillén, reunía también excelentes condiciones musicales. Ocupó el vacío que su hermano había dejado, siendo el cantorcito más valioso de la Capilla en los años siguientes. Los señores canónigos pidieron al maestro de Capilla, Joaquín García, que le ejercitara especialmente, cada día, en su voz. Y le proporcionaron instrumentos, para que también se adiestrara en ellos. Pero el maestro de Capilla no se mostró generoso con él, no queriendo reconocer las cualidades que los demás veían en el joven cantor, al mudar su voz de niño para la voz de adulto, cuando tenia quince años. Incluso escribió un informe sobre sus condiciones, un tanto desfavorable. En ese momento acababa de reedificarse la iglesia de Nuestra Señora del Pino, en Teror, y le ofrecieron a Domingo Rodríguez Guillén el cargo de sochantre en ella. Allí permaneció poco tiempo, porque los señores canónigos le llamaron de nuevo para el coro de la Catedral, donde el maestro de Capilla le sometió de nuevo a una prueba de voz en canto llano y canto de órgano. De nuevo el Cabildo puso en sus manos varios instrumentos para que se ejercitara en ellos y no se marchara de la Capilla. Sin embargo, debieron existir problemas insolubles, cuando Domingo Rodríguez Guillén de Herrera decidió despedirse definitivamente de su Capilla, de su Catedral y de su Isla, a los dieciséis años, marchándose a vivir a La Laguna el año 1774. Al parecer Domingo Guillén contaba con parientes en la ciudad de San Cristóbal de La Laguna, entre los que se encontraba Agustín Gómez Millares, primo de su progenitor, casado con Ana Josefa Padrón Naranjo, hermana de padre del cura don Cristóbal José Padrón de Herrera, beneficiado de la parroquia de Nuestra Señora de la Concepción, y al poco tiempo de establecerse en ella, según Lola de la Torre, obtuvo la plaza de sochantre en la parroquia de los Remedios, la iglesia que, más tarde, catedral del nuevo obispado de Tenerife, aun en vida de aquel músico.

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Ahdll: Fondo parroquial Santo Domingo [parroquia de Nuestra Señora de los Remedios de La Laguna], libro xiii de Matrimonios, f. 159r. Ahdll: Fondo parroquial Santo Domingo [parroquia de Nuestra Señora de los Remedios de La Laguna], libro xii de Matrimonios, f. 434r.


238 l Julio Sánchez Rodríguez l Luis de la Encina, obispo de Arequipa, y su paje Antonio Pereira

Desde que llegó a La Laguna, Domingo Rodríguez Guillén suprimió la primera parte de este apellido y solo conservó la segunda, siendo conocido por Domingo Guillén hasta su muerte en 1830. También su pariente Agustín Gómez Rodríguez Guillén, suprimió los dos apellidos que le correspondían y optó por el segundo de su madre [Antonia Rodríguez Guillén Millares], siendo el primer «Agustín Millares» de una larga familia que, en descendencia directa, ha seguido conservando el nombre. El segundo fue su bisnieto, Agustín Millares Torres, historiador y biógrafo de Eugenio Domínguez Guillén. Al fundarse la Real Sociedad Económica de Amigos del País en La Laguna en 1777-78, Domingo Guillén era un joven de veinte años y era ya un elemento muy considerado en el ambiente musical de la ciudad. Su colaboración como organizador de los conciertos que celebraba la Real Sociedad para solemnizar sus Juntas y reparto de premios en los fines de curso, se hizo indispensable. En 1782 se fundó, como parte de las iniciativas de la entidad, una Academia de Música, «para fomento de este arte» que puede considerarse como la primera institución de estudios musicales de nuestras islas, con carácter público y social. Domingo Guillén fue nombrado académico-profesor, entre otros músicos de La Laguna, y como especialidades suyas se contaban: Canto, violín, violoncelo, flauta, bajón y corneta. Y en los programas de los conciertos que la Academia celebraba públicamente, se encontraban composiciones suyas para ser interpretadas por voces y orquesta3. De su primer matrimonio, con la citada doña Francisca de León, tuvo el músico tres hijas llamadas Rosa, Rufina y Escolástica. En un padrón de la feligresía de los Remedios, formado en 1804, figura don Domingo Guillén, de sesenta años de edad, viviendo con su esposa doña María, quince años menor que su marido, en la casa número uno de la calle de la Carrera. Escolástica debió haber fallecido en la infancia, antes de esta fecha, pues su nombre no consta junto al de sus hermanas, Rosa, de dieciocho años y Rufina, de catorce, las tres habidas durante el primer matrimonio de don Domingo4. Esta última, las más pequeña, casó con don Eduardo Domínguez Afonso y Cubas, hijo de don Eduardo

Domínguez Afonso y de doña Gertrudis Cubas González y el día 14 de septiembre de 1822 bautizaron en la parroquia de la Concepción de La Laguna a su hijo Eugenio Lorenzo Justiniano Juan Nepomuceno Ramón Antonio del Sacramento Domínguez Guillén, el célebre organista y compositor, nacido el 6 de dicho mes5. Don Domingo Guillén y doña María Ruiz de Acosta no tuvieron posteridad del suyo, tal y como manifiesta esta última en su testamento otorgado ante el escribano don Jerónimo Ganges y Prieto, en La Laguna, el día 30 de diciembre de 18066: Declaro haber sido casada según orden de Nuestra Santa Madre Iglesia con el dicho mi marido [Don Domingo Guillén], y durante el matrimonio no procreamos hijos algunos. Declaro que no tengo más bienes que una casa sitiada en esta ciudad, en la calle del Laurel, frente de la capilla de Cruz que llaman de Diego Hernández, pero hace porción de tiempo que los frailes agustinos de esta ciudad la tomaron en pretoria para hacerse pago de los corridos de un tributo con que está afecta, para lo que siguieron ejecución no me acuerdo ante qué escribano. Declaro que no tengo otros bienes que los referidos, y que por ser pobre he merecido a mi sobrino el prebendado don Antonio Pacheco el que me haya recogido en su casa y que me haya vestido y alimentado en ella el espacio de muchos años, cuya caridad Dios sea quien la premie. Para cumplir y pagar este mi testamento nombro por mis albaceas testamentarios al citado mi sobrino prebendado don Antonio Pacheco y don Eduardo Domínguez [Guillén], quienes después de mi muerte cumplan con lo que dejo ordenado […]. Y cumplido y pagado mi dicho testamento en el remanente que quedare de todos mis bienes, derechos, acciones y futuras sucesiones que por cualquier título, razón o causa me puedan tocar y pertenecer ahora o en cualquier tiempo, instituyo, elijo y nombro por mi único y universal heredero al dicho mi sobrino prebendado don Antonio Pacheco, quien después de mi muerte y reintegrada en el día la Real Hacienda de su crédito, lleve la casa a su poder y entre en uso de los demás derechos y acciones y le ruego me encomiende a Dios en sus oraciones.

Torre, Lola de la: Noticias sobre el compositor Eugenio Domínguez Guillén [1822-1846]. Enciclopedia Canaria. Aula de Cultura de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife, 1980, pp. 7-8. BULL: Ms. 11-13, ff. 65-81. Padrón de la feligresía de los Remedios. 1804. 5 Ahdll: Fondo parroquial de Nuestra Señora de la Concepción de La Laguna, libro xxii de Bautismos, f. 207v. 6 Testamento de doña María Ruiz de Acosta. Jerónimo Ganges Prieto. 30 de diciembre de 1836. Una copia autorizada de este documento se encuentra en el archivo de don Carlos Benítez Izquierdo, quien nos la ha facilitado gentilmente. 3

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Capítulo i l 239

Don Miguel Pereira Pacheco y Ruiz

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on Miguel Pereira Pacheco y Ruiz se estableció en Perú, circunstancia que con mayor amplitud se relata en otra parte de este libro, y contrajo matrimonio en Arequipa, el 7 de marzo de 1816, con doña Petronila de Zumarán y Salazar, nacida en dicha ciudad, hija de don Juan Andrés de Zumarán Ascargorta, natural de Éibar, Guipúzcoa, y de doña María Josefa Salazar y Salazar, que lo era de la citada Arequipa, donde casaron el 20 de noviembre de 1793. Falleció doña Petronila en la ciudad de su nacimiento el 28 de octubre de 1882 y su marido casi treinta años antes, en 1853, también en Arequipa. Había otorgado su testamento ante el escribano público don Manuel Primo de Luque en 1818. Posteriormente dictó dos codicilos ante el fedatario, Casimiro Salazar, el 10 de noviembre de 1836 y el 3 de julio de 1852.

Miguel Pereyra y Pacheco

El matrimonio tuvo los siguientes hijos: 1. Doña Josefa Pereira y Zumarán, que nació en Arequipa el 27 de abril de 1817 y casó, el día primero de enero de 1839, con don Luis Gómez de la Torre y Paz, nacido en Quito, Pichincha, Ecuador, y bautizado el 11 de octubre de 1802, hijo de don Francisco Javier Gómez de la Torre y Aníbarro y de doña María Josefa de Paz. 2. Doña Micaela Pereira y Zumarán. 3. Don Victoriano Pereira y Zumarán, que debieron permanecer solteros. 4. Doña María de la Concepción Pereira y Zumarán, que recibió el bautismo en el Sagrario de la Catedral de Arequipa el 6 de diciembre de 1824. 5. Doña Ignacia Pereira y Zumarán. Una vez viudo, contrajo matrimonio con su cuñado don Luis Gómez de la Torre y Paz, en Arequipa, el 14 de febrero de 1848, y falleció en 1896. Fueron sus hijos: A. Don Javier Gómez de la Torre Pereira, n. en 1849. B. Doña Guillermina Gómez de la Torre Pereira, n. en 1850. C. Doña Maximiana Gómez de la Torre Pereira, n. en 1851 y fallecida en 1908. D. Don Gabriel Gómez de la Torre Pereira, n. en 1853.


240 l Julio Sánchez Rodríguez l Luis de la Encina, obispo de Arequipa, y su paje Antonio Pereira

Francis Martin Drexel: Blas Cerdeña de Ayala

E. Don Tomás Gómez de la Torre Pereira, n. en 1855. F. Don Daniel Gómez de la Torre Pereira, n. en 1857, casó el 22 de mayo de 1886 con doña Jesús Gamero, con sucesión. G. Don Manuel Gómez de la Torre Pereira, n. 1860, celebró su matrimonio, el 18 de septiembre de 1872, con doña María Estensoro, de la que alcanzó descendencia. H. Don Rafael Gómez de la Torre Pereira, n. 1862, casado el 25 de enero de 1885 con doña Enriqueta de la Torre y fallecido en 1904. I. Don Emilio Gómez de la Torre Pereira, n. en 1863, contrajo esponsales el 14 de febrero de 1885 con doña Herminia Tamayo y murió en 1930. Con sucesión. J. Don Francisco Gómez de la Torre Pereira, n. en 1865, casó el 31 de diciembre de 1895 con doña Margarita Gómez de la Torre. Con sucesión. K. Don José Gómez de la Torre Pereira, n. en 1867, casó el 31 de diciembre de 1895, con doña Julia Gómez de la Torre. 6. Don Bartolomé Pereira y Zumarán.

7. Doña Catalina Pereira y Zumarán, contrajo matrimonio en Arequipa, el 16 de enero de 1856, con don David Fromont. 8. Doña Juana Pereira y Zumarán, casó donde su hermana, el 3 de enero de 1867, con don José Domingo Cáceres. Una hermana de don Luis Gómez de la Torre, citado como esposo de dos de las hijas de don Miguel Pereira Pacheco, llamada doña Josefa Gómez de la Torre y Paz, nacida en Quito, Pichincha, Ecuador, el 18 de octubre de 1797, casó en dicha ciudad, el 23 de marzo de 1819, con otro canario que tuvo un distinguido papel en la milicia y que alcanzó el empleo de gran mariscal, don Blas Francisco Cerdeña de Ayala [o Suárez, como también figura en algunas biografías], nacido en Las Palmas de Gran Canaria y bautizado en el Sagrario de la Catedral, el 2 de febrero de 1792, hijo de don José Cerdeña Ruiz, oriundo de la isla de Fuerteventura y contador de la catedral de Canaria, y de su esposa, doña Teresa de Ayala y Díaz. Una síntesis de su carrera militar y política puede extraerse de los Apuntes para la biografía del gran mariscal don Blas Cerdeña, dedicados a su hijo el señor mayor de artillería don José Cerdeña, publicados en la tipografía de El Heraldo, Lima, 1854, obra de don Juan Vicente Camacho1. La versión más frecuente de estos hechos que circula en las enciclopedias digitales los resume de la siguiente manera: Con sus padres se trasladó don Blas Cerdeña a América en 1809, instalándose en Caracas. Allí su familia ejerció el comercio. Tras estallar la rebelión independentista venezolana que encabezó inicialmente Francisco de Miranda, se incorporó al ejército realista como cadete en 1812. Ascendido a teniente, fue incorporado al Batallón Numancia, en cuyas filas luchó a las órdenes del general Pablo Morillo en 1815. Pasó a Quito con su batallón donde contrajo matrimonio el 23 de marzo de 1819 con doña Josefa Gómez de la Torre y Paz. Luego se trasladó al Perú, siendo uno de los instigadores del paso de su batallón al bando independentista, presentándose con otros oficiales al cuartel establecido por José de San Martín en Huaura, el 3 de diciembre de 1820. Ya incorporado al Ejército Libertador del Perú, fue ascendido a sargento mayor. Participó en la segunda campaña del general Juan Antonio Álvarez de Arenales a la sierra y en el primer sitio del Callao. Con el empleo de teniente coronel, en 1822, pasó a integrar la Legión Peruana, y participó en la Segunda Campaña de Intermedios, conducida por el general Andrés de Santa Cruz hacia el sur del Perú, donde todavía resistían los realistas. Durante la batalla de Zepita —25 de agosto de 1823— tuvo una actuación sobresaliente, pero resultó herido gravemente, fue tomado prisionero y canjeado a los seis meses. Con el grado de coronel, se presentó en el cuartel general de Bolívar en Pativilca. Debido a su precaria salud, no pudo servir en el ejército y debió aceptar el cargo de intendente de Lambayeque, con la misión de agilizar los reclutamientos y acopiar suministros.

Para la biografía del mariscal Cerdeña, véase: Cioranescu, Alejandro: Diccionario biográfico de canarios americanos. Tomo I. Caja General de Ahorros de Canarias. Santa Cruz de Tenerife, 1992, p. 459; Fernández, David W.: Diccionario biográfico canario-americano. La Biblioteca Canaria. Canarias-América. Cabildo Insular de Tenerife. Ayuntamiento de Teguise. Centro de la Cultura Popular Canaria. Santa Cruz de Tenerife, 1989, pp. 60-61. 1


Capítulo i l 241

Regreso del gran mariscal Cerdeña. Arequipa. 1835

Finalizada la guerra independentista tras la batalla de Ayacucho, obtuvo su retiro por invalidez en 1825. Desempeñó la subprefectura de Ica y la administración de la aduana de Lima. El 30 de junio de 1826 fue ascendido a general, retornando al servicio como comandante de la división de la Guardia. Dos años más tarde marchó al norte al iniciarse la guerra con la Gran Colombia; tomó el mando de la segunda división y actuó en la batalla del Portete de Tarqui el 27 de febrero de 1829. Luego contribuyó a mantener la posesión de la plaza de Guayaquil. Al ser derrocado el presidente José de La Mar en pleno conflicto, quedó como general en jefe del Ejército del Norte, al tiempo en que el general Agustín Gamarra se trasladaba a Lima para asumir el gobierno. Como general de división, se le encargó la comandancia militar de Junín y Ayacucho. En tal calidad apoyó la marcha efectuada por el presidente Gamarra para sofocar la rebelión federalista del coronel Gregorio Escobedo. Luego ejerció como prefecto del Cuzco —1830-1831—, y de Arequipa —del 15 de enero a 13 de diciembre de 1831.

Retornó a Lima, donde solicitó su reforma, pero implicado en una conspiración, fue apresado y confinado en las cercanías de Trujillo, en el norte del Perú en 1832. Al ser elegido presidente provisorio el general Luis José de Orbegoso en 1833, respaldó su autoridad frente a la rebelión del general Pedro Bermúdez. Participó en la batalla de Huaylacucho el 17 de abril de 1834, y estuvo presente en el abrazo de Maquinhuayo el 24 de abril inmediato, que puso fin a esa guerra civil. El 18 de octubre de 1834 reasumió la prefectura de Arequipa y cuando este departamento quedó bajo la autoridad de Orbegoso, fue nombrado jefe de Estado Mayor del Ejército, así como gran mariscal, el 7 de mayo de 1835. Enseguida luchó por el bando confederado en la guerra por el establecimiento de la Confederación Perú-Boliviana, a las órdenes del presidente boliviano Andrés de Santa Cruz y enfrentando al jefe peruano Felipe Santiago Salaverry. Tuvo una destacada actuación en la batalla de Yanacocha el 13 de agosto de 1835, donde al mando de su división convirtió en un triunfo lo que ya era una derrota del ejército de Santa Cruz. Luego


242 l Julio Sánchez Rodríguez l Luis de la Encina, obispo de Arequipa, y su paje Antonio Pereira

Relación de los méritos de Miguel Pereira Pacheco


Capítulo i l 243

intervino en la defensa del puente de Uchumayo, en Arequipa, el 4 de febrero de 1836, y recibió un balazo que le atravesó el maxilar superior, debajo de la nariz, saliéndole por el oído. Gracias a la pronta intervención del cirujano francés Forall se restableció tiempo después, componiéndosele su mandíbula mediante un vaciado de plata. Algunos días después del encuentro de Uchumayo, Santa Cruz obtuvo su victoria definitiva en la batalla de Socabaya, tras la cual Salaverry fue apresado y fusilado. Nació entonces la Confederación Perú-Boliviana que encabezó Santa Cruz como Supremo Protector. Cerdeña asumió una vez más la prefectura de Arequipa, el 13 de septiembre de 1836. Al producirse la invasión de las fuerzas restauradoras peruano-chilenas, organizó las milicias de dicha ciudad. La guerra finalizó con la derrota de Santa Cruz y la Confederación en la batalla de Yungay el 20 de enero de 1839. El Protector huyó hacia Lima, para pasar luego a Arequipa donde lo acogió Cerdeña; ambos decidieron partir al destierro. Junto con otros oficiales abordaron la fragata inglesa Sammarang y pusieron rumbo a Guayaquil. Cerdeña fue borrado del escalafón, al igual que muchos otros oficiales que habían servido a la Confederación, pero en 1845 fue beneficiado con una amnistía. Desde entonces vivió en el retiro. Falleció en Lima el 11 de noviembre de 1854, y durante dos días tuvieron lugar sus funerales en la Iglesia de La Merced. De su matrimonio con doña Josefa Gómez de la Torre tuvo al menos tres hijos: don José Cerdeña, nacido en Lima el 20 de abril de 1823, casado y con sucesión de doña Micaela Manuela Montero y Rosas; doña Faustina, que contrajo matrimonio con don José Antonio López-Villavicencio Irausquin, y don Juan Francisco Cerdeña Gómez de la Torre, que lo hizo con doña Jacoba Meneses2.

El 21 de octubre de 1850 escribía don Antonio Pereira Pacheco, desde su residencia en Tegueste, al sacerdote don Gregorio Chil y Morales, tío carnal del doctor Chil y Naranjo, la siguiente misiva, que revela el interés del prebendado por hacer acopio de datos biográficos relativos a los paisanos que se habían distinguido por algún motivo, y que pretendía recoger en su obra Los canarios ilustres y sus retratos: Muy estimado señor mío y compañero: Acabo de recibir la favorecida del usted del 14 con la adjunta para mi compañero don Agustín Romero, a quien la remitiré por mano de mi hermano y su compadre. Extraño no me conteste usted sobre el paradero de don Antonio Padrón, cuñado de don Agustín. Los canarios de quien hice a usted una ligera indicación son don Blas Cerdeña, brigadier, gobernador militar que ha sido en varias provincias del Alto Perú, y ahora de Arequipa, casado con una señorita de Lima. Sujeto de gran valor, pericia militar, desinteresado, y de quien hacen los americanos grandes elogios. Es hijo de un contador que había en la Catedral. Los peruanos lo titulan, «el gran mariscal Cerdeña». El otro canario es don Higinio Falcón, sobrino de Cerdeña, vicerrector del seminario conciliar de Arequipa. Fue ahí discípulo del señor Morales, nuestro gobernador actual. El general fue padrino de casamiento de una sobrina mía, que casó con un sobrino de dicho general, y la casó Falcón. Es carta de mi hermano de 22 de febrero de 1848. Acompaño a usted letra de Romero a mi hermano. He tenido una satisfacción en saber existe en poder de usted la obra de MacGregor, y espero no olvide usted favorecerme con lo que haya traducido de ella, que devolveré. Pronto pasaré a la ciudad y solicitaré casa de Ossuna saber si tienen la obra de Humboldt, que citaba dicho Ossuna en sus primeras memorias, y avisará a usted. Queda a disposición de usted, su más afectuoso servidor, compañero y capellán, que besa su mano. Antonio Pereira Pacheco y Ruiz3

Hermanos del gran mariscal Cerdeña fueron don José Cerdeña de Ayala, que falleció a los veinte años de edad y fue sepultado en el cementerio del Seminario Conciliar de la Purísima Concepción de Las Palmas, donde sin duda cursaba estudios, el 20 de febrero de 1809; doña Teresa Cerdeña de Ayala, mujer de don Manuel Farrugia; doña María Antonia Cerdeña, casada con don Andrés de Castro y Vega; doña Faustina Cerdeña de Ayala, soltera, y doña Rita Cerdeña de Ayala, que contrajo matrimonio con don Bonifacio Falcón y fueron padres de don Higinio Falcón Cerdeña, vicerrector del Seminario Conciliar de Arequipa en Perú. Debemos estos datos a la amabilidad del doctor don José Concepción Rodríguez. 3 El Museo Canario. Correspondencia. Cartas remitidas a Gregorio Chil y Morales. ES 35001 AMC/GCh-1334. 2

La familia Pereira Pacheco en Canarias  

por Carlos Gaviño de Franchy

La familia Pereira Pacheco en Canarias  

por Carlos Gaviño de Franchy

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