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Introducción María Luisa Esparza Esparza nació en San Adrián, el 30 de junio de 1920. Segunda hija de Gonzalo y Gregoria, aunque en realidad, fue siempre la mayor, porque su hermano Victorino, que nació en 1918, murió poco antes de nacer ella. Fue –según cuentan– “la esperada de todos”1. Los años de infancia, adolescencia y parte de su juventud, los pasó feliz en su pueblo natal, junto a los suyos. Cumplidos los 21 años se entregó a Dios, en la vida consagrada. Entró en el Noviciado, en el Colegio de las Esclavas de Cristo Rey de Pamplona, el 16 de mayo de 1942. El 25 de noviembre de ese mismo año tomó el hábito. Y profesó el 15 de agosto de 1953. Estuvo destinada en Gandía, Hijar, Pamplona, etc.. Ahora, de nuevo en Pamplona, está a punto de cumplir 83 años, aunque su aspecto es fuertemente juvenil. Tiene una ilusión enorme de que se conozca la vida de Joaquín, su querido hermano y, sobre todo, de que se conozcan los duros y largos años que tuvo que luchar con la enfermedad y con el sufrimiento. Santa Teresa de Jesús se calificaba de ser “la más querida” de sus padres entre sus doce hermanos. Santa Teresa. Obras completas, séptima edición, preparada por Tomás Alvarez, Editorial Monte Carmelo, Burgos 1994, p. Vss. Recogido en el libro “Al trasluz” de José María Calvo de las Fuentes, Ediciones Eunate, Pamplona 2001, pág. 244247. 1


En tres ocasiones conversé con María Luisa antes de empezar a redactar este breve boceto sobre Joaquín. Y en las tres ocasiones saqué la misma conclusión: María Luisa mantuvo siempre un gran afecto por su hermano Joaquín. Afecto que en estos momentos sigue siendo extraordinario. A pesar de los años transcurridos desde su muerte, –son ya 27– María Luisa sigue llevando en el alma y en el recuerdo los sufrimientos vividos por Joaquín, acompañado siempre por su fiel esposa, Sarita. Nada tiene de extraño que las alabanzas sobre su hermano le afloren con facilidad en la conversación. Que no se canse de contar sus virtudes y de manifestar lo mucho que sufrió y lo bien que aprovechó su enfermedad. Aunque cuando cuenta su enfermedad se pregunta ¿por qué no habla de quien consiente ese dolor? aceptar (23-5-60) (4-1-60, final); acepta la muerte pero siente que sus manos estén vacías (29-1-60) En la primera ocasión que hablé con María Luisa lo hice en una pequeña salita del Colegio Esclavas de Cristo Rey (Pamplona). Recuerdo que en la sala había unos sencillos sillones, una mesa de recibidor, y sobre la mesa un jarrón de flores y unas revistas misionales. Colgados en la pared, dos pequeños cuadros. No recuerdo si eran paisajes o retratos. Me acompañaba Lucas Navarro, admirador entusiasta del valor y personalidad de Joaquín. Estábamos los dos sentados en sendos sillones, cuando apareció María Luisa, alegre y risueña, musitando entre dientes alguna oración. Se le notaba contenta, satisfecha. Aunque aquellos días –nos dijo después– estaba sufriendo intensos dolores de huesos. Nos pusimos de pie y cambiamos breves saludos. Luego, María Luisa tomó asiento a mi derecha y comenzó a hablarnos –a mi en espacial, Lucas ya conocía el caso– sobre su querido hermano Joaquín. Las escuchamos con atención. Yo, de vez en cuando, introducía alguna pregunta, para entender mejor el mensaje que ella pretendía trasmitirnos. En resumen -nos vino a decir- que le gustaría dar a conocer por escrito el coraje y el espíritu con que Joaquín, su hermano, aceptó primero y sobrellevó después la enfermedad. “Estoy segura –subrayó– que haría mucho bien a la gente conocer el modo con que vivió mi hermano, acompañado siempre de su esposa, Sarita, su enfermedad”. Lucas era de esa misma opinión. Lo manifestaba con rítmicos movimientos de cabeza. Yo no tardé en entrar en el círculo de entusiastas de Joaquín. Por eso, al final de aquella primera conversación –puesto de pie–, le dije a María Luisa que estaba dispuesto a ayudarle en ese cometido pero que era necesario desempolvar algunos recuerdos y recabar información sobre su hermano Joaquín, Sarita y circunstancias. Y en eso quedamos. Al despedirnos noté que los ojos de María Luisa le brillaban de contenta y que una luz especial se había encendido en su vida, aquella tarde. La segunda vez que hablé con María Luisa fue en la misma sala, con el mismo decorado. Estábamos también las mismas personas. Sólo una diferencia: Ahora teníamos más información, conocíamos más detalles, disponíamos de más datos, de más material sobre la vida y enfermedad de Joaquín. En efecto, antes de aquella reunión habían llegado a mis manos, algunas cartas de Joaquín enviadas a sus padres, a sus hermanos, etc. y algunos otros escritos. Más aún, aquel día María Luisa me entregó un nuevo material escrito y fotográfico y me prometió algunas notas más que escribiría haciendo memoria de los hechos. Con toda esta información podríamos construir un pequeño boceto sobre Joaquín, boceto que tanto deseaba María Luisa y que tanto se lo merecía su


hermano. Habíamos, pues, dado un paso adelante. Habíamos puesto –podemos decirlo así– la primera piedra. Se trataba en realidad de una piedra escondida y oculta, pero imprescindible. Una piedra que nadie iba a ver, que nadie iba a alabar, ni quizás tampoco a criticar, pero que era tan necesaria. Estábamos dando el primer paso. La tercera vez que hablé con María Luisa fue en la calle, junto a su Colegio, un domingo por la tarde. Iba acompañada de otra religiosa. No recuerdo el nombre. Creo era gallega. El tema de la conversación, no podía ser por menos, fue Joaquín: su vida, su enfermedad, sus sacrificios, sus sufrimientos. Para esta fecha yo ya había recibido algún material más sobre Joaquín. Era Joaquín para mi, por tanto, una persona conocida, estimada, admirada. Por eso, aquella conversación no tuvo trabas, ni contracciones, ni discordancias. Fue una conversación rápida, en la calle, de pie, pero provechosa, necesaria. Así las cosas, había que comenzar. Pero el comienzo no fue de inmediato. Desde la última conversación mantenida con María Luisa, hasta que me decidí a empezar a escribir algo sobre Joaquín, pasó un tiempo. Otros quehaceres prioritarios llamaban a mi puerta. Había que colocar últimas piedras, antes de comenzar nuevos tajos. Al fin, pasado el tiempo, tomé la decisión de comenzar a escribir algo sobre Joaquín. Y ese día, en el que decidí escribir algo sobre la figura de Joaquín, se me presentaron las naturales dificultades en estos casos: ¿cómo comenzar? ¿cómo enfocar el trabajo? ¿qué alcance podría tener? ¿hasta dónde podría adentrarme en posibles ramificaciones? Mi decisión, en un primer momento, fue la de volar alto, apuntar por elevación: trataría –con tiempo por delante– de realizar una amplia biografía de Joaquín Esparza. Para ello, pensé, tendría en un primer momento que encuadrar al personaje en su entorno: necesitaría rastrear datos de nacimiento, niñez, juventud, vida de trabajo en San Adrián; después, y después, como parte central del trabajo, debería desarrollar los años de su estancia en el Hospital de Pamplona, en la Clínica de Madrid, otra vez en el Hospital de Pamplona; finalmente en su pueblo, San Adrián. Debería, además de recoger la repercusión que tuvo entre sus parientes su enfermedad, su vida y, sobre todo, la repercusión que tuvo su muerte y estilo de vida marcado posteriormente entre sus conocidos. Esto exigiría, además, no sólo conocer la tierra donde nació Joaquín, sino los usos y costumbres; las aficiones, los estudios por él realizados; debería conocer a sus familias, a sus amigos, conocidos. Exigiría investigar de modo exhaustivo sobre su enfermedad, conocer diagnóstico de los médicos, saber el tratamiento aplicado, respuestas concretas, visitas, etc. etc. Exigiría también preguntar a cuantas personas le conocieron, trataron, cuidaron –a cuantas más personas, mejor-. Enseguida me di cuenta, que para llevar a término este proyecto, debería que dedicar mucho tiempo, mucho dinero y debería realizar viajes a cuantos lugares acudió Joaquín, preguntar a médicos, estudiar expedientes, etc. La cuestión, pues, se presentaba difícil, ardua, y costosa, pero no imposible. Después de unos días de reflexión y de reposo, me decidí por escoger una línea más sencilla, más asequible, más modesta quizás, más real y, sobre todo, posible, a saber:


utilizar únicamente el material que María Luisa me ha proporcionado y que a continuación paso a enumerar: Veinte cartas enviadas por Joaquín y Sara (siempre firmaban juntos) a María Luisa, su hermana, cartas escritas desde distintos lugares; una, la primera, desde San Adrián; diecisiete, desde Madrid; y dos más, de nuevo desde San Adrián. La primera de estas veinte cartas tiene fecha de 30/3/1959 y la última 14/5/1960. Las fechas de estas veinte cartas pueden verse en el Apéndice I: Cartas de Joaquín y Sara a María Luisa. Diez cartas escritas por Joaquín y Sara (siempre firman los dos) a su hermano Gonzalo. Están escritas entre los años 1959-1961, la primera está escrita en Madrid con fecha: 16-XII-1959; es la única carta que escribe Joaquín a Gonzalo el año 1959; y la última es de mayo o junio de 1961; en una de estas diez cartas no costa la fecha). El resto de las fechas de estas cartas pueden verse en el Apéndice II: Cartas de Joaquín y Sara a Gonzalo. Tres cartas más del año 1959, una escrita por José y Felisa a Joaquín desde San Adrián el día 18 de agosto de 1959. Es esta una hermosa carta tanto por su contenido como por su forma. Otra escrita por Joaquín a sus padres, desde Madrid, el día 9 de diciembre de 1959. Llevaba allí ya varios meses. Y una tercera escrita por María Luisa, una a Gonzalo; y cuatro más escritas por María Luisa a hermanas de su Congregación, cercana ya la muerte de Joaquín. Once cartas escritas por distintas personas, desde distintos lugares, a raíz de la muerte de Joaquín y enviadas, a los padres de Joaquín, a Sarita (su esposa), a María Luisa (hermana) y familia. Y dos más, una de Gonzalo a su madre (recortada, apareció en una papel pequeño, parece escrito por María Luisa) y otra muy reciente de D. Rafael a María Luisa. Todas estas cartas, menos la última que es del 26 de junio de 2002, tienen fechas que van desde el 13 de febrero de 1976, el mismo día de sus muerte, a 2 de mayo de 1977. Para conocer más detalles acudir al Apéndice IV. Breves escritos de Joaquín -no cartas– recibidos por su hermana María Luisa, como pensamientos, notas, sentencias, versos, etc. también algunas frases que María Luisa le enviaba o ella recogía en algunas conversaciones tenidas con su hermano. este material puede verse en el Apéndice V: Otros materiales escritos. Y finalmente, unas cuantas fotografías que hacen referencia a Joaquín y familia, así como y el recordatorio de su muerte. Pues bien, con estas mimbres, con este mínimo aunque interesante material, trataré de tejer una breve primera biografía, o si queréis un sencillo esbozo de una parte de la vida de Joaquín Esparza, concretamente de algunos años, pocos, los primeros, de su enfermedad. Para ello, he leído, estudiado despacio, todo este material y tracé, para su ejecución, los siguientes puntos: 1.- Inicio de la enfermedad y desenlace de su muerte. 2.- Aceptación de su enfermedad y relación con ella. 3.- Consecuencias de su enfermedad.


4.- Facetas de Joaquín: escritor de cartas y lector. 5.- Apuntes después de su muerte. Al final ofreceré –como ya he dicho- en varios anexos todo el epistolario, catalogando por destinatarios y fechas de envío. Respetaré el estilo gramatical de cada una de las cartas, tan sólo, si alguna vez lo requiriera corregiré la ortografía incorrecta. Creo que esta es la parte más sustanciosa. Lo importante son las cartas, aunque sean sólo un sencillo muestrario. No disponemos de otras. Finalmente haré una reflexión general sobre Joaquín enfermo. De entrada quiero señalar que su nombre era Cruz Joaquín –una abuela llevaba el nombre de Cruz– aunque casi nunca le llamaban con el nombre de Cruz. Si que le tocó llevar una dura y pesada cruz, durante 17 años, de forma continua. PRENOTANDOS El lugar: San Adrián Antes de desarrollar cada uno de estos puntos, parece conveniente decir algo sobre el pueblo donde nació Joaquín, sobre su familia de sangre: padres, hermanos, su enlace matrimonial, primos y otras amistades. Después presentaremos el material del que disponemos, a saber: tres grupos de cartas y otros escritos más breves. San Adrián es un pueblo agrícola e industrial de la Ribera de Navarra. Desde lo altos de sus torres se contempla una amplia llanura regada por los ríos Ebro y Ega. Produce abundantes cosechas de hortalizas y frutas. La parte de secano está destinada a la producción de cereales, espárragos, almendro y, ante todo, vid. La industria es muy importante: conservas vegetales que dan trabajo a cientos de empleados. “La población total de la villa no cesó de crecer en los últimos tiempos”2 . En los años que nació Joaquín la población de San Adrián no pasaba de 3.000 habitantes. “Los edificios de esta población ribera no tienen demasiada historia que contar”3 . La parroquia antigua es un edificio gótico renacentista de una nave, con la fachada y una gran torre barrocas. En su interior destaca un hermoso retablo romanista, con esculturas y relieves de bella factura debidos a algún discípulo de Anchieta, además de varios retablos laterales barrocos y un doliente Crucificado del siglo XVI4. “Al extenderse la población hacia las partes llanas, se edificó en fechas recientes una nueva parroquia que sustituyó a la anterior en todas sus funciones. En ella se venera la hermosa talla gótica (s. XIV) de la Virgen de la Palma” 5 . Basten estos pocos datos para situarnos geográfica, laboral, social y religiosamente. La familia: Esparza Esparza

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(Recorridos por Navarra. Diario de Navarra, página 14). (Recorridos por Navarra. Diario de Navarra, página 14). (Recorridos por Navarra. Diario de Navarra, página 14). (Recorridos por Navarra. Diario de Navarra, página 14).


Los padres de Joaquín se llamaban Gonzalo y Gregoria. Los dos eran Esparza de apellido. Eran primos carnales. Gonzalo era hijo de Joaquín Esparza (de aquí el nombre de nuestro biografiado) y de Pilar Cárcar. Nació el 25 de noviembre de 1891. Murió el 10 de marzo de 1986. Vivió, por tanto, 95 años, una larga vida. Gregoria era hija de Cruz Esparza (de aquí el segundo nombre de Joaquín) y de Luisa García. Nació el 12 de marzo de 1894 y murió el 7 de diciembre de 1989, también a los 95 años de edad. Gonzalo y Gregoria contrajeron matrimonio, en la Parroquia de Cárcar, el día 17 de septiembre de 1917. Eran primos carnales. Al ser primos hermanos, para casarse tuvieron que pedir dispensa a Roma. Ese mismo día, en Cárcar, se casaron otras tres parejas. Eran, pues, ocho los contrayentes. De los ocho contrayentes, tres eran hermanos (Gregoria y dos hermanos) y dos más, también hermanos (Gonzalo y otra hermana); de los ocho contrayentes seis eran nietos de los mismos abuelos, porque un hermano de Gregoria, también se casó con otra prima suya. Fueron realmente unos emparejamientos llamativos y curiosos, unas bodas muy sonadas, en este pueblo navarro. Gonzalo y Gregoria tuvieron diez hijos: Victorino que nació el 1918 y murió a los dos años; María Luisa que nació el 30 de junio de 1920; Teresa que nació el 24 de noviembre de 1921; María Nieves que nació en 1923 y murió a los 10 meses; Cruz Joaquín que nació el 18 de abril de 1924 y murió el 13 de febrero de 1976, a los 51 años; Josefina que nació el 5 de marzo de 1927, José que nació el 14 de marzo de 1929; un hijo prematuro que nació en 1932 y murió ese mismo año; y Gonzalo que nació el 19 de agosto de 1935. (falta un hermano). Fue en verdad, esta familia, una familia felicísima. Dios además de muchos hijos les concedió muchos años de vida: vivieron 69 años de casados. Algo poco corriente en aquellos años. Era la familia Esparza Esparza, una familia verdaderamente cristiana, alegre y felicísima. Como “bondadosos y buenos”6 los describe José primo de Joaquín, en una carta que aquel a este escribe. Todos los días, por la noche, en el hogar de los Esparza se rezaba el Rosario a cuyo rezo no faltaba nadie. A continuación el padre leía la vida del santo de cada día (6 tomos de Luis Vives). Todos, niños y mayores, escuchaban con atención y con provecho. “El día de San José de Cupertino, al escuchar la lectura sobre este santo –cuenta María Luisa–, nos reímos mucho con los extraordinarios éxtasis que de él se contaban, tales como subirse a los árboles aunque llevara una fuente o un plato. Nuestro padre se disgustó aquel día con nosotros. No volvimos a reírnos”7. Con especial alegría se celebraban en el hogar de los Esparza los días de Navidad, fiestas Patronales, cumpleaños, etc. Además de la comida extraordinaria de esos días, Gonzalo y Gregoria que cantaban admirablemente, amenizaban la sobremesa con canciones de la tierra, creando así en el hogar un ambiente festivo, cristiano, humano. Con emoción lo recuerda Joaquín en carta enviada a Gonzalo desde Madrid el 6 de diciembre de 1959: “Se acercan los días íntimos de Navidad, tan llenos de recuerdos hogareños en los que durante tantos años hemos venido disfrutando de esa alegría espiritual y material que proporciona la unidad familiar”8. 6 7 8

(Carta de José y Felisa a Joaquín, San Adrián, 18-8-59). Apuntes manuscritos de María Luisa Esparza. (Carta 9ª de Joaquín a María Luisa, Madrid, 16-12-59).


Al ser la familia Esparza una familia numerosa, las celebraciones familiares se repetían con frecuencia. Allí cabían todos: padres e hijos, abuelos y amistades. Los abuelos paternos murieron antes de nacer Joaquín. El abuelo materno poco después del nacimiento del nieto Joaquín. En cambio, la abuela materna, Luisa, vivió en el hogar de los Esparza, siempre bien atendida, hasta el día 7 de diciembre de 1952. Por aquellos años Joaquín todavía permanecía en el hogar y tuvo oportunidad de escuchar y aprender muchas cosas de su abuela. Era una santa, todos los nietos sin excepción la querían muchísimo. María Luisa, ahora, después de muchos años, recuerda a su abuela materna con especial entusiasmo. Parece le está viendo, inmóvil en su silla, pero entusiasta y alegre. María Luisa había sido para su abuela el fiel lazarillo: le atendía en casa, le acompañaba a la iglesia a oír Misa. El 16 de enero de 1942 la abuela quedó ciega, justo el día en que María Luisa entraba en el Noviciado. ¡Cuanto lo sintió María Luisa al despedirse de su abuela! Meses después, el día en que tomó el habito, el 25 de noviembre de 1942, entre sus familiares acudió también la abuela. Aquel día fue la última vez que la vio. Murió como hemos apuntado más arriba el 7 de diciembre de 1952. Los hijos del matrimonio Esparza Esparza, todavía pequeños, como los niños de su época, en los pueblos navarros, acudían desde temprana edad a la escuela. Estaban entonces la escuela divididas en secciones, niños y niñas. Al cargo de estas secciones estaban maestros y maestras, respectivamente. Por la noche, en casa, hacían los deberes de la escuela ayudados e impulsados por sus padres. “En San Adrián –recuerda María Luisa– tuvimos excelentes y buenos maestros, entre los que recuerdo a Doña Luz Alejadldre”9. Pronto comenzaron a estudiar en Colegios religiosos, los niños en el Colegio de los Agustinos de Calahorra y las niñas, una detrás de otra, en las Dominicas de Pamplona. Fruto de la educación cristiana de los padres, de los maestros y de los sacerdotes, en aquellos años, salían de aquellas familias numerosas de los pueblos abundantes vocaciones hacia los religiosos y religiosas. En concreto de la familia Esparza salieron varias vocaciones a los religiosos: María Luisa que entró en las Esclavas del Corazón de Jesús el 16 de mayo del año 1942, a los 22 años de edad; Josefina, con 16 años, que entró también en las Esclavas del Corazón de Jesús. Al segundo año de noviciado, por enfermedad, tuvo que abandonar el Colegio. Trece años más tarde, en 1955, Gonzalo, sin terminar la carrera de Farmacia y Exactas, a los 21 años de edad, entró en la Compañía de Jesús (Jesuitas). Hizo el noviciado en Venezuela, sus votos el 31 de agosto entre 1955 a 1959; y el segundo año de Teología, a los 33 años de edad, decidió abandonar este camino. Era el año 1968. María Luisa hace referencia a este hecho en un comentario que hace a una homilía que escuchó un día en una iglesia. Estas son sus palabras: “Nosotros a veces pedimos cosas no solo materiales sino espirituales, como señal de que nos ama, pero El no hace caso de nuestras peticiones y sigue adelante, adelante así porque los relojes de nuestro tiempo van atrasados con los de Dios y cuando llega su hora nos da aquella que nosotros, a veces, no queremos porque estamos un poco ciegos y aferrados a nuestro parecer, pero El nos toca el corazón y abre 9

Apuntes manuscritos de María Luisa Esparza.


los ojos de nuestra fe y entonces vemos por que no quiere concedernos lo que pedimos y con los ojos bien abiertos y el corazón ancho nos entregamos con paz al dulce gobierno de su providencia10. ¿Que os parece? Pues yo he sacado esta consecuencia: estamos todos deseando que llegue el día en que nuestro querido Gonzalo cante Misa, como una señal exterior de que está en el camino de la santidad, pero para llegar a la meta hay muchos caminos y parece que nuestro Señor ha elegido otro para el. Será para nosotros un disgusto grande, pero un día llegará, cuando suene la hora de Dios, en que veamos claro sus designios que ahora no conocemos, y nos alegraremos mucho, pero mucho, de haber correspondido a ellos, ¿por qué hemos de insistir que vida en tortura estando fuera de su centro?”11 (Es este el resumen de una homilía oída por María Luisa. Le ha gustado y según ella le ha ayudado a entender la muerte de Joaquín y la salida de Gonzalo). Los primeros años de la familia Esparza fueron años de crianza de hijos, de duros trabajos en los campos ribereños, de amistad con los paisanos, y de cierta tranquilidad política. Aunque en su momento también sufrió los odios de la república y después los resquemores de la guerra. A Gonzalo Esparza, padre de Joaquín, cargado de hijos, le tocó vivir la guerra española del 36. Durante varios meses sirvió en Guipúzcoa, circunstancia esta que obligó a que Joaquín, el mayor de los chicos, todavía con muy pocos años, apenas 12 años, tuviera que trabajar en el campo, recogiendo con los peones que contrataron en su casa, las cosechas de cereales y frutas y, en especial, la recogida de la uva de aquel año. El material: las cartas Este es el material que disponemos en nuestro poder: tres grupos de cartas y algunos escritos más: Primer grupo, 20 cartas de Joaquín a María Luisa; segundo grupo, 11 cartas de Joaquín a Gonzalo, y el tercer grupo, cartas de familiares a Sarita, a padres y a hermanos de Joaquín: Las cartas de Joaquín a María Luisa son en total de 20. Nueve son del año 1959 y once del año 1960. Las de 1959 están fechadas en los días siguientes: 30 de marzo, 29 de julio; 7, 12 y 25 de agosto; 2, 5, 11 de septiembre y 16 de diciembre; las de 1960 están fechadas en los días: 2, 4, 29 de enero; 8, 18, 23, 26, 29 de abril y 2, 6, 14 de mayo. Las cartas que escribe Joaquín a Gonzalo son once; tres corresponden al año 1959; 18 de Agosto, y 9 y 16 de diciembre; cuatro más correspondientes al año 1960, 28 de abril, 6 y 14 de mayo, y 28 de diciembre; cuatro más del año 1961, del 27 de enero, y 4 de marzo, otras dos abril y mayo, sin día. Después de estas fechas no dispongo de otras cartas. Son, pues, más de 15 años sin noticia alguna sobre Joaquín y su enfermedad. ¿Es que Joaquín no podía escribir? De ser así ¿por qué no escribía Sara? ¿Tampoco le ayudaron sus padres? ¿ Y si escribió, ¿dónde están esas cartas? ¿se perdieron o rompieron?, ¿no fueron recogidas? ¿no fueron entregadas? Desde esa fecha ¿Joaquín no escribió más cartas? Nos parece que no. Lo 10 11

Apuntes manuscritos de María Luisa Esparza. Apuntes manuscritos de María Luisa Esparza.


más probable es que se hayan perdido, o no me han sido entregadas. En cualquier caso limita grandemente el período de enfermedad de Joaquín y nos es difícil por no decir imposible concluir alguna cosa El tercer grupo de cartas está compuesto por otras 10 cartas: todas de pésame y corresponden: 7 al año 1976; otra 1975, pero debe ser 1976, y dos de 1977. En todas de ellas, se habla de Joaquín, ya muerto. Son cartas, como digo, de pésame, están dirigidas a Sarita, a padres de Joaquín y hermanos. Por lo que se recoge en estas cartas se desprenden que la muerte de Joaquín fue piadosa, dulce, confiada. Se alaba a Dios por la enfermedad; se admite su providencia; se acata su voluntad; se reza por el Papa, se admite la conformidad y se está alegre. El protagonista: Joaquín Esparza Cruz Joaquín (este era su nombre completo) fue el quinto de los hermanos. Nació el 18 de abril de 1924. Al nacer después de tres hijas seguidas, fue recibido por sus padres y por la familia entera con gran alegría. Su nacimiento fue celebrado por todo lo alto. Cruz y Luisa, abuelos maternos, ya hemos dicho más arriba, todavía vivían. Los abuelos paternos, Joaquín y Pilar, habían fallecido. Circunstancia que obligó a Gonzalo, padre de Joaquín, a ponerse al frente también de la casa de sus padres, en la que vivían sus seis hermanos. Poco tiempo después, Victoriano, hermano de Gonzalo al seguía a en edad, fue reclamado por un tío suyo, hermano del abuelo, que vivía desde hacía unos años en América. De la niñez y adolescencia de Joaquín poco sabemos. Sabemos que hizo su primera comunión el 5 de mayo de 1932, a la edad de 8 años, como era costumbre en aquel tiempo. Con que emoción lo recuerda el propio Joaquín, 28 años después, a propósito de la primera comunión de unos sobrinos. Esto le dice a su hermano Gonzalo en una carta desde San Adrián: “¡qué recuerdos trajo a mí, de cuando el 5 de mayo de 1932 me acerqué al sagrado banquete!”12; que con apenas 12 años, tuvo que trabajar en el campo, recoger las cosechas de cereales y frutas y la uva de aquel año. Más tarde, sabemos trabajó también en la fabrica de Teresa, su hermana, tres años mayor que él, donde llenaba su tiempo y se entretenía. De su juventud –siguiendo los apuntes de María Luisa–, sabemos que estuvo metido en la Acción Católica donde trabajó con ilusión y entusiasmo. Sabemos también que el año (sin concretar) viajó a Roma con un primo suyo y un amigo. Y que llegó de Roma – a decir de María Luisa– entusiasmado. Tanto que no cesaba de contar las grandezas de la Ciudad Eterna a su padres, hermanos, amigos. Llegó hasta el convento donde estaba entonces María Luisa y contó entusiasmado lo que había visto y vivido en la Roma de los Papas. El 18 de mayo de 1957, a las 33 años contrae matrimonio con Sarita Aracués Arranz. Sarita es natural de Lesaca. Se conocieron en San Adrián. No tuvieron hijos. En carta a Gonzalo treinta y tres años después (14 de junio de 1960), le escribe lo que el sacerdote les dijo: “nos trajo a consideración aquellas palabras que el día de nuestra boda nos dijo en Lesaca, dos brazos que se cruzan para llevar cuantas contrariedades se 12

(Carta 4ª de Joaquín a Gonzalo, San Adrián, 14-6-60)


nos presenten en nuestro peregrinar, y cuán pronto iba a comenzar a ser una realidad el peso que teníamos que soportar”13. Efectivamente, a los dos años comienza para Joaquín y también para Sarita el camino áspero del dolor. Por eso, en carta con fecha (14-6-60) llama a Sarita “esposa del dolor”14, y al Sanatorio donde tantos días pasaron lo define el propio Joaquín como el lugar “fiel testigo de nuestras penas y sufrimientos”15. Además de querer cumplir las obligaciones privadas de un verdadero cristiano, de amor a Dios y de servicio a los demás, se notaba en Joaquín un verdadero espíritu apostólico y misionero. Así terminaba una carta dirigida a Gonzalo: “que el año que comienza sea el año de la verdad -como nos dice Cristo- para que la Luz de su evangelio llegue a todos los hombres”16. Y en otra carta le escribe: todas las cosas desagradables, “nos sirven para pedir al Señor con más insistencia se apiade de la pobre humanidad y la luz de su evangelio llegue a todos los rincones, también nos sirven, para levantar nuestros corazones, y darle gracias por tanto beneficio como sobre nosotros ha derramado, que no se pueden enumerar, ya que todos nuestros días están salpicados de gracia de Dios”17. Religiosidad: hace los primeros viernes18, reza el Rosario diariamente19 . Vive con alegría la Misa, en especial lo nota el día del Corpus Crhisti, así se lo comunica a su hermano Gonzalo, le dice: “Ayer fuimos a oír Misa a la Parroquia de Chamartín, la distancia era bastante larga y tuve que subir unas 16 escaleras; mi entusiasmo era grande y capaz de mucho más, cuando me acordaba que era el día del Corpus Christi cuando yo pensaba que era miembro de ese Cuerpo de Cristo me animaba más y más a estar junto a El, veía que sin El mi vida languidecía y los frutos que tanto trabajo y sufrimiento me han costado caían y se aplastaban contra el suelo. “Corpus Crhisti” fiesta del Amor; el Dios Hombre no sólo sufrió y murió por nosotros sino que se Nos da cada día. ¡querido hermano! Cada vez que pienso en ti “que son muchas veces...” veo la grandeza de Ese que te eligió para la continuación de este milagro, el de traer a Cristo para nosotros todos los días en el augusto y grande sacrificio de la Santa Misa. Cristo vino a nosotros y para nosotros y hoy sin embargo la ingratitud nuestra es tan grande que rechazamos a ese Cristo por la bagatela de un momento, porque en la vida todo que no sea vivir la vida de Cristo todo es vacío todo es nada”20. Y como consecuencia de esa unión con Cristo, desea esa unión con Cristo de todos y que todos vivan una vida en paz: “Yo quisiera que todos vivieran la vida en Cristo “por sus obras conoceréis cuáles son de los Míos” y me gustaría “que todos nosotros” seamos de los verdaderos seguidores de El de los de sus practicantes, ni un día se me pasa sin pedir, primero, por la paz y la unidad de la familia para que nos amemos y amemos a los demás que todos seamos el Cristo vivo, viendo en cada prójimo un Cristo, Carta de Joaquín (Carta de José y Felisa a Joaquín, San Adrián 18-8-59) 15 (Carta de Joaquín a sus padres, Madrid, 9-12-59) 16 (Carta 5ª de Joaquín a Gonzalo, San Adrián, 28-12-60) 17 (Carta 6ª de Joaquín a Gonzalo, San Adrián, 27-1-61) 18 (Carta 3ª de Joaquín a Gonzalo, San Adrián, 6-5-60), 19 (Carta 4ª de Joaquín a Gonzalo, San Adrián, 14-6-60). 20 (Carta 9ª de Joaquín a Gonzalo, Madrid, Mayo-junio 1961) 13 14


quitándole todo lo que pueda tener en su ignorancia de “hombre viejo” ya que si el hombre obra mal es sin duda a la vestidura que lleva de nuestro primer padre “Adán” y por el contrario veamos en él “al hombre que lleva el nombre de Cristo”21. Hoy como primer viernes de mes me han traído la comunión con la campana que anuncia el paso del Señor por la calle, en forma de “Viático” y mientras yo no pueda ir a su casa vendrá él a la mía, en privado los jueves y domingos, como la vez anterior, estos dos días que he estado sin comulgar lo he echado muy de menos, pues me he acostumbrado a la charla que con él tengo todas las mañanas y estos días parecía que no eran completos. Además comulga jueves y domingos22. Está agradecido al Señor porque dice: “me está dando mucho más de lo que merezco”23. (y sigue....) Entronizan al Sagrado Corazón de Jesús, bendice la casa24 El día 3 de Junio entronizamos el Sagrado Corazón de Jesús y bendijimos la casa. Nos reunimos todos los hermanos para confirmar de nuevo la consagración de la familia a su amante Corazón, nos acompañaron Dn Laureano y Dn Rafael quien nos exhortó a seguir el mandato que nos dio ese Rey a quien aclamamos, que vivamos con esa caridad y ese amor con que nos distingue ese nombre que El nos dio Cristianos; Amante del campo y la tierra, “siguiendo el camino de los mayores”25. Joaquín escribe que la fe que tiene es “herencia de sus mayores...”26. Y se fundamenta en el evangelio27 . Como no hemos de poder ir al campo hemos decidido poner un comercio, así que ya ves cómo tuerce nuestros planes ya sabes que yo lo tenía siempre puesto en la tierruca, siguiendo el camino de nuestros mayores ante la enfermedad tiene que poner un comercio28. Padre continúa con su tarea diaria de ir a coger los espárragos a las cinco ya está en pie y no descansa en toda el día, como ya te decía trae la verdura y cuida del corral. Desea contar todo: habla de nacimiento y muertes; de trabajos del campo y labores del hogar; de visitas de parientes y visitas de amigos: “para contarte todo cuanto querría necesitaría llenar muchas páginas (abril 1961). Sufre por los demás29. Se interesa por sobrinos, primos, etc.30. Se interesa por los problemas que tiene la Compañía de Jesús en Venezuela31 . Tiene ganas de que le pongan la pierna ortopédica32 cuanta al detalle las intervenciones en su enfermedad. (Carta 9ª de Joaquín a Gonzalo, Madrid, mayo-junio 1961) (Carta 19ª de Joaquín a María Luisa, San Adrián 6-5-60) (Idem. 28-12-60) 23 (Carta 8ª de Joaquín a María Luisa, Madrid, 11-9-59) 24 (Carta 4ª de Joaquín a Gonalo, San Adrián, 14-6-60) ((Carta 5ª de Joaquín a Gonzalo, San Adrián, 28-12-60) 25 (Carta 3ª de Joaquín a Gonzalo, San Adrián, 6-5-60) 26 (Carta 10ª de Joaquín a María Luisa, Madrid, 2-1-60). 27 (Carta 10ª de Joaquín a María Luisa, Madrid 2-1-60). 28 (Carta 3ª de Joaquín a Gonzalo, San Adrián 6-5-60) 29 (Carta 6ª de Joaquín a Gonzalo, San Adrián, 27-1-61) 30 (Carta 7ª de Joaquín a Gonzalo, San Adrián, 4-3-61) 31 (Carta 2ª de Joaquín a Gonzalo, Madrid, 28-4-60) (Carta 5ª de Joaquín a Gonzalo, San Adrián, 28-12-60). 32 (Carta 6ª de Joaquín a Gonzalo, San Adrián 27-1-61) 21 22


Es también hombre de su ambiente: juega a cartas y al chinchón33 a veces, dice: “pasábamos la tarde jugando a cartas al “chinchón”34.

1.- Inicio de la enfermedad y desenlace de su muerte. Joaquín y Sarita han pasado casi dos años de casados. Dos años llenos de paz y de sosiego. El trabajo del campo absorbe buena parte del tiempo del que dispone Joaquín y las atenciones de la casa es el trabajo de Sarita. Acaban de pasar, junto a padres y hermanos, las segundas Navidades de casados. Han repartido los días entre Lesaca y San Adrián. Son felices y los días transcurren velozmente. Cuando menos lo esperaban llegó la cruz. Fue el 17 de enero de 1959. Joaquín, de forma involuntaria, se dio un golpe en el dedo gordo del pie izquierdo. Desde ese día –como luego veremos– el bueno de Joaquín no tuvo un día sereno Diecisiete años de duro sacrificio y larga enfermedad. El 13 de febrero de 1976 moría santamente en el Hospital de Navarra. Todo lo que sabemos sobre la enfermedad de Joaquín en sus tres primeros años, lo sabemos por las cartas que este escribió a sus padres, a su hermana María Luisa, a su hermanos Gonzalo y a algunas otras personas. De los años posteriores -es una lástima– desconocemos cualquier detalle. A lo largo de estos años -sabemos- recorrió varias Clínicas. Estuvo ingresado en la Clínica de la Concepción de Madrid, en la Clínica de San Francisco Javier de Pamplona, en la clínica Ruber de Madrid. En ninguno de estos lugares pudieron los médicos atajar el mal: una trombosis progresiva, gangrenosa. Al fin, le tuvieron que amputar la pierna izquierda hasta la rodilla, después la derecha. Fue Joaquín, a lo largo de estos tres años, heroico en su enfermedad, admirable en su resignación, ejemplo para quienes lo trataron y conocieron. En una de las cartas enviada a María Luisa, concretamente la fechada en Madrid (4/1/1960) le cuenta a su hermana, con mucho detalle y no poca emoción, los inicios de la enfermedad. Dos partes tiene esta carta: en una, la más larga, describe su enfermedad física; y en la segunda, mucho más corta, hace referencia a su dolor moral. Después de una breve introducción en la que notifica a su hermana lo encantada que volvió Sarita de la visita que ésta hizo a la Madre Monserrat y la alegría que le había proporcionado el saber que todas las religiosas de Gandía pedían por él, se decide finalmente, no sin gran esfuerzo, animado por Sarita, a contar a su hermana María Luisa el proceso de su enfermedad. He aquí el texto de esta carta “El 20 de Enero (en otro lugar dice el 21 de enero, carta mayo 1961), me levanté de la cama con un dolor fuerte en el dedo gordo y en el empeine del pié. Estuve tres días curándome en casa. Y, en vista de que nada adelantaba, fui al médico, que no sabía cuál podía ser la causa, y se decidió a arrancarme la uña. Según carta enviada a Gonzalo, por Joaquín, mayo 1961, este hecho le ocurrió el 9 de febrero). Pasé dos días horribles, pensando que era por arrancar la susodicha uña. Desde entonces hasta el 7 de marzo 33 34

(Carta 3ª de Joaquín a Gonzalo, San Adrián, 6-5-60) (Carta 6ª de Joaquín a Gonzalo, San Adrián, 27-1-61).


buscaba sin darme cuenta una muerte fulminante. Pasaba las noches en vela, con el pie frío como el mármol, a pesar de tener siempre un hornillo eléctrico. El día siete (lo mismo dice carta mayo 1961), en Pamplona, me miraron y dijo el Dr. Don. Avelino Álvarez que era falta de circulación, que con una pequeña operación se podía solucionar. Y el día 9 me sometieron a la acción del bisturí y me hicieron la simpatotomía, extirpación del simpático. A los tres días estaba completamente restablecido de la operación, aunque en ella tuvieron que seccionar un poco las costillas, ya que el simpático está alojado en una cavidad que tenemos en la columna vertebral. Pero mi dolencia aunque no tan intensa no se quitaba. A los quince días, volvimos a casa y los dolores aparecieron en la misma forma y aspecto que antes. Así que el día 27 volvimos a ir y me acompañó padre. Total que me dijeron que ya se corregiría. Siete viajes hicimos a Pamplona con idéntico resultado, recetándome inyecciones y amenazándome con cortarme la pierna. Ya te puedes figurar qué gusto de boca me dejaba cuando me decía esto. El último viaje lo hicimos el doce de mayo y con pena, porque el dolor continuaba. Oí decir que tenía pierna para toda la vida. Pero, mi pena tenía su fundamento, era como un presagio de los acontecimientos que iban a tener lugar a partir del 20 de mayo. "Veinte de mayo". Pasé una noche y un día de dolor tan intenso que casi no me daba cuenta de lo que hacía. Estuve casi todo el día entre jaculatorias al Corazón de Jesús y a Nuestra Santísima Madre, la Virgen, dándome fricciones en la parte dolorida con agua de Lourdes. A las cuatro avisó Teresa que tía Silvia había muerto y con gran pena nos pusimos en camino a las seis de la tarde, madre, Sari y yo. Llegamos a la plaza y tuve que ir con madre a casa de los padres. No podía más. Allí nada podían hacer para quitarme el dolor y dar calor a la pierna. Fui a mi casa y los dolores aumentaron de tal forma que no tengo idea de lo que decía (claro está) animando a todos para que no sufrieran por mí. A las doce de la noche, salimos con un taxi para Madrid y me acompañaban Ángel y Juan Martín. A las seis de la mañana del 21 de mayo, llegamos a la Clínica (también lo llama Sanatorio) de la Concepción y comenzó el primer tratamiento con unos bloqueos en el costado y medicación, que había de cambiar tres veces en los tres días que permanecí. El día 23 de mayo, domingo de la Santísima. Trinidad, lo pasé con dolores indecibles, aumentando con la pena que a Sarita le causaba. Gracias a Dios que había una religiosa de su pueblo que no la abandonaba. Gracias a ella y a la Superiora, que trabajaron para que yo saliera de allí. Mi gravedad era tal, que a Sari le decían que debíamos arreglar las cosas. A las ocho de la tarde se me había puesto negra la pierna hasta la rodilla. Yo seguía confiando con más fuerza que nunca en el Corazón de Jesús. Dos religiosas estuvieron sin cesar quitándome el sudor, que como una fuente manaba de todo mi cuerpo. A las 11, salimos con la Madre Superiora y Sor Concepción hacia este Sanatorio San Francisco de Asís, donde esperaba el Doctor Castro Fariñas, con su equipo para intervenir enseguida. Era un caso de urgencia. Puedes ir viendo con todos estos


accidentes cuál era el dolor que mi pobrecita mujer iba pasando, sometida como el hierro al fuego a la voluntad del artífice. Esa noche con unas infiltraciones que me hicieron en la pierna me pude dormir por vez primera en cuatro meses. Al otro día, llamamos a casa y se presentaron por la noche los padres. Ese mismo día, comenzó el tratamiento con eparina. Cada cuatro horas me analizaban la sangre. Me inyectaban por la noche, y al medio día me ponían 750 ml. de suero con benocaina. Con este tratamiento me tuvieron hasta el día 23 de junio (en carta a Gonzalo del año 1961, dice 12 de junio), en que me habían de cortar medio pie. Mientras llegaba este día las horas de dolor eran interminables, sin dejarme descansar un momento. No sabían ya cómo pincharme. En las venas se me hicieron postillas de tanto pinchar en el mismo sitio. Esos días me dieron unos ochocientos pinchazos. Gracias a Dios, que la sangre se normalizó. La tenía espesa como el chocolate y de un momento a otro me podía dar una embolia. En la arteriografía dio que tenía una trombosis, que me cogía desde la ingle a la rodilla. El dedo gordo se quedó negro y como un corcho, y los dedos y el empeine se llenaron de ampollas que me escocían de locura. Por fin, me cortaron la pierna. ¿Fue el 11 de junio o de julio?. Yo pensaba que con ello se me hubiera quitado el dolor. Desgraciadamente no fue así sino que continuaba extendiéndose a los tendones y a la pantorrilla. Así, iban pasando los días hasta que el diez de julio nos dicen que de nuevo habría que cortar por medio de la pierna, si en el término de tres día no mejoraba. El disgusto que me llevé no es para decir. No tanto por mí como por esos buenísimos padres y por mi querida Sarita que tanto venían sufriendo, día tras día, con esta enfermedad. Gracias a Dios, a los tres días descubrieron la herida y vieron alguna posibilidad de salvar la pierna y continuaron el tratamiento con más ahínco. En mí los dolores persistían casi siempre en la misma forma. Hasta el quince de agosto, en que empezaron a espaciar y podía descansar algún rato. No puedes pensar la carne necrosada que en todo ese tiempo estuve arrojando por la herida. ¿Sabes lo que es que te corten el pie y que te dejen la herida sin coser para que se cierre por sus propios medios?. Pues, esta se cerró. hasta el 15 de septiembre no había dormido ni un minuto. El 9 de octubre me llevaron por quinta vez al quirófano y me pusieron los injertos que ya te conté. Me quitaron 25 trocitos de piel y los colocaron en la herida. Total, que ya se ha cerrado muy bien. El huequecito que me queda es de un hueso que se descubrió hacia el 20 de septiembre. Así, que ya ves, una tontería de nada es la causa de tener que estar aquí. No te he dicho que para quitarme la trombosis me abrieron dos brechas de la rodilla a la ingle y otras muchas cosas que se complican con las enfermedades y que cuestan mucho corregir. Cuando me amputaron el pie me quedé unos días ciego y sin control de ideas, haciendo sufrir muchísimo a los seres tan queridos que junto a mí estaban. Después, tuve una infección en la boca que me producía bastante fiebre y como no podían extraer la muela, que era la causa, me quitaron la infección con antibióticos. Además, la ausencia de todos y la parte económica, que ves cómo se esfuma lo que te ha costado tantos trabajos y sacrificios. El 22 de marzo de 1991 vuelven a Madrid. Sale el 3 de mayo. El 15 de noviembre de 1991 le amputaron otra vez.


Hasta ahora te he contado todo un mal físico, como si fuera la historia de un héroe. ¿Por qué no hablar de quien consiente estos dolores?. ¿Por qué no decir que es El quien hace de Cirineo, dejándonos a nosotros la parte más chica?. ¿Por qué no contar el sin fin de gracias que derrama sobre nosotros?. Yo te digo, mi querida hermana, que con el Señor, aunque nos quite la vida, siempre salimos ganando. ¿No será acaso que de seguir viviendo sería mucho mayor la pena de daño? ¿Qué diré yo, que no sólo me ha vuelto a la vida sino que por un poco de pie que me cortaron me da a cambio todo lo demás? ¿Qué valor tiene el dinero si lo comparamos con ese tesoro inmenso que esconde la fe? Si mi enfermedad ha sido causa de que hayas llorado, deja ya de derramar lágrimas y si lo haces que sean de acción de gracias a este Señor de las Misericordias que con tanta prodigalidad nos trata. En el dolor he aprendido a querer más a todos y con un amor más sincero. No creas que me espantaba que pudiera llegarme la justicia de Dios de un momento a otro, no, sino que me apenaba que esos seres queridos sufrieran por mí. Dios quiera que mañana, víspera de Reyes, cuando me descubran, sea para mandarnos a casa, que si antes no lo han hecho ha sido porque estas cosas de circulación son muy delicadas. Y triste sería que, después de pasar tanto, la menor imprudencia echara por tierra tanto trabajo y desvelos que nos van costando. Si es posible escribe a los padres y animales. Quiera el Señor sea ésta la última carta que te escribo desde el Sanatorio. ¡Cuántas cosas más hay en la enfermedad!. Recibe querida hermana un abrazo fuerte de tus hermanos que te quieren mucho. Joaquín y Sari Casi cuatro meses después, Joaquín escribiría a su hermano Gonzalo, entonces en Venezuela, y le cuenta también -añadiendo a éste algún otro detalle de los ofrecidos a su hermana- (28.4.60).los comienzos de su enfermedad, “para que estés -le dice- al tanto de todo”. Aunque es en mayo de 1961, cuando, en una larga carta, le envía a Gonzalo un esquema de la enfermedad: “ya creo que un día te decía toda mi enfermedad pero hoy quiero hacerte un esquema de toda ella para que tú hagas después tu composición de lugar. Año 1959-21 de enero me dio un dolor fuerte en el dedo gordo del pie izquierdo, el 14 de febrero. Me arrancan la uña, el 9 de marzo me operan en Pamplona quitándome el simpático; todavía sin dormir desde el 21 de uno- la operación no mengua en nada mi dolor y tenemos que hacer unos cuantos viajes que en uno de ellos vuelven a arrancar la uña; el 21 de mayo me llevan a Madrid al Sanatorio de la Concepción, allá la enfermedad acelera y la gravedad se hace más patente, domingo de la Santísima Trinidad me veo yo cómo la gangrena me va cogiendo la pierna, a las 11 de la noche las religiosas me sacan de allá y me trasladan a S. Francisco de Asís, el médico Dr Castro que está preparado para intervenir urgente me hace unos bloqueos en la rodilla y corta el peligro, me invita si estoy dispuesto a sufrir que hay una probabilidad de salvar la pierna que entonces tenían que cortar por el muslo, el Señor me ayuda “ya que el milagro se hizo el día de la Santísima Trinidad; y el día 12 de Junio me cortan medio pie y dejan al aire la herida; hasta el 15 de septiembre no había dormido un minuto; la herida no se cierra y el 9 de octubre me hacen unos injertos que tampoco terminan de cerrar; el día 4 de febrero del 1961 nos mandan a casa”. El veintidós de marzo como no mejora volvemos a Madrid y el 2 de abril me hacen la amputación encima del tobillo, salgo el 3 de mayo y poco a poco parece va mejorando la herida y se cierra del todo con gran- (aquí parece que falta alguna línea) en


septiembre, me salen unas manchitas en el muñón y esto comienza s impacientarnos supuesto que la pierna me la iban a poner en octubre fuimos a que me la pusieran y el médico dijo que era mejor otra amputación que me la hicieron el día 15 de noviembre en el sanatorio del Ruber uno de los más caros de Madrid, hasta hoy me encuentro estupendamente ya te he dicho que me ponen la pierna esta semana que vamos a entrar”. Sarita y Joaquín35. 4.- Facetas de Joaquín: escritor de cartas y lector. Joaquín es de la opinión que cuando todo va bien, se comunica menos; la desgracia te hace comunicativo (antes de 6 ó 7 de mayo 1961). Hablaba desde la experiencia propia y ajena. Fueron muchas las cartas que escribió Joaquín a lo largo de la primera etapa de su enfermedad. “Escribió -según dice él- más que los notarios. En los seis días que llevo (se entiende internado en Madrid) he escrito veintisiete cartas. A los padres, todos los días, y así seguiré haciéndolo. Y un día a la semana a cada hermano”36. Y a la inversa, también recibió muchas cartas -qué pena no disponer de ellas-, cartas que influían poderosamente en él, de modo especial la cartas enviadas por María Luisa y por Gonzalo37. A Gonzalo le dice lo siguiente: “Leo y releo una y otra vez tu carta para calar y meter dentro de mí esas maravillosas ideas que en ella expones como norma, para ser la auténtica representación de El. Que nos dio ese nombre común y propio a cada uno: cristianos”38. Las cartas escritas por Joaquín que han llegado a nosotros, en líneas generales, están bien escritas. Generalmente usa frases cortas, su estilo es sencillo y elegante, lleno de vida. Todas ellas, sin excepción, rebosan un gran cariño y una honda gratitud. En algunas de estas cartas se observan retazos de hombre cultivado, y siempre están cargadas de un profundo espíritu cristiano, buen humor y aceptación de la voluntad de Dios en su enfermedad. Como ejemplo de la aceptación de la voluntad de Dios, baste esta cita: “Gonzalo, tengo ganas de que llegue ese día, ya puedes figurarte lo que es, estar dos años sin moverme, menos mal que Dios sabe por qué ha sido”39. En cuanto al hecho de recibir y de escribir cartas, así le dice a su hermana. Querida María Luisa: “No sabes la alegría tan grande que siento cuando recibo tus cartas. Son para mí un sedante que no se puede comparar con ningún calmante a base de morfina, como los que, por desgracia, he tenido que sentir sus efectos”40. Le dice también: “Escribo más que los notarios. En los seis días que llevo he escrito veintiséis cartas. A los padres, todos los días, y así seguiré haciéndolo. Y un día a la semana a cada hermano”41 . Día después le dice: “De casa - te advierto que - recibo casi todos los días carta. Es que yo les escribo también todos los días. Así que ellos corresponden”42. (Carta 9ª de Joaquín a Gonzalo, Madrid, mayo/junio 1961). (Carta 4ª, de Joaquín a María Luisa, Madrid 12-8-59) 37 (Carta 4ª de Joaquín a Gonzalo, San Adrián, 14-6-60). 38 (Carta 4ª de Joaquín a Gonzalo, San Adrián 14-6-60) 39 (Carta 6ª de Joaquín a Gonzalo, San Adrián 27-1-61). 40 (Carta 3ª de Joaquín a María Luisa, Madrid, 7-VIII-59). 41 (Carta 4ª, de Joaquín a María Luisa, Madrid 12-VIII-59). 42 (Carta 5ª de Joaquín a Gonzalo, Madrid, 25-VIII-59). 35 36


A la semana siguiente le dice: “Ayer recibí carta de padre con la tuya y la de Gonzalo, que por cierto es extensísima, tanto que se necesita media hora para poder leerla. Así da gusto recibir cartas”43. Y a los pocos días le notifica: “Todos los días recibimos carta de padre y de los hermanos. Así que entre leer y contestar las cartas, siempre además hay alguno nuevo, me paso el día tan contento y entretenido”44. Lo mismo dice en la carta siguiente: “Lo primero que hago después de la comunión es ponerme a escribirte, y de esta manera no me ocurrirá como otros días, de dejarlo para después, y por fin se hace tarde y se queda tu carta sin salir del buzón de mi cabeza. No creas, por eso, que permanezco ocioso. Pues, todos los días escribo alguna carta. Estos días los he dedicado al clero de San Adrián y de Lesaca, y ayer me entretuve escribiendo a los padres y a Gonzalo”45. Y meses después, dice: “Todos los días les escribo a los padres para que estén tranquilos. Los primeros días tardé en escribirles porque no sabíamos nada”.46 Tiene preferencia por una pluma47. La primera carta que disponemos de las escritas por Joaquín, tiene fecha de 30 de marzo de 1959. Está escrita a su hermana María Luisa. Según esta carta, para el día 30 de marzo, han pasado 69 noches desde el primer dolor. Durante todos estos 69 días no ha dormido casi nada. Y como no logra dormir, para distraerse, dedica largos ratos a la lectura. Escribir cartas y leer libros van a ayudar a Joaquín a llevar con más sosiego y tranquilidad su enfermedad. Cinco meses después de esta fecha, el mismo le cuenta a su hermana María Luisa lo aficionado que estaba a la lectura: “Aquí hay de todo en la biblioteca. La colección de Adro Xavier la he leído ya casi toda. Es una colección muy bonita, casi toda ella misionera y como es de jesuitas, me creía ver a nuestro hermano en las misiones, metido de lleno en el ejercicio de su ministerio apostólico”48. Es muy probable que entre los libros leídos podrían estar “El miliciano que murió como un santo” y “La niña que se entregó”, puesto que cuando contesta a su hermana le dice “Ya te escribí diciendo que había recibido los libros y, si mal no recuerdo, falta uno. Un día de estos, te mandaré a Barcelona dos de ellos: “El miliciano que murió como un santo” y “La niña que se entregó”49. En otra carta le dice que estos libros “son estupendos”. Y le explica: “El del miliciano edifica sobre todo por el amor al sufrimiento con que Ismael se distingue en los campos de concentración y en su enfermedad. El sufrir en silencio de Ismael me llena d emoción. Cuando tan fácil hubiera sido para él estar atendido como merecía, con sólo decir una palabra”50. En una carta posterior, vuelve a hablar de estos libros. Sobre Ismael de Tomelloso, dice: “En la vida de Ismael de Tomelloso he cogido muchos apuntes, que no se pueden borrar del cuaderno de mi memoria, donde los he metido para (Carta 6ª de Joaquín a María Luisa, Madrid, 2-9-59) (Carta 8ª, de Joaquín a María Luisa, Madrid 11-9-59). 45 (Carta 9ª de Joaquín a María Luisa, Madrid, 16-12-59). 46 (Carta 16ª de Joaquín a María Luisa, Madrid, 26-4-60). 47 (Carta 8ª de Joaquín a Gonzalo, s/lugar abril 1961) 48 (Carta 5ª, de Joaquín a María Luisa, Madrid, 25-VIII-59) 49 (Carta 6ª, de Joaquín a María Luisa, Madrid 2-9-59). 50 (Carta 6ª, de Joaquín a María Luisa, Madrid 2-9-59) 43 44


que salgan con facilidad a mi pensamiento, cuándo y cómo yo necesite de algunas de sus virtudes”51. 2.- Aceptación de su enfermedad y relación con ella. Desde el primer momento, Joaquín se da cuenta y así lo percibe, que Dios le visitado con la prueba, que el Señor se ha hecho presente en su vida a través de la enfermedad. Y aunque acepta la voluntad divina, siente cerca el dolor y el sufrimiento. Pero hay que señalar, leyendo sus cartas, que lo primero y lo que más le hace sufrir es el sufrimiento de sus padres y de su esposa, Sarita. No piensa tanto su dolor físico y moral, como en el sufrimiento de sus padres y en el sufrimiento de Sarita. En una carta a María Luisa le dice: “cuando ella (Sarita) se quejaba por mi, entonces se me quitaba el dolor y me reía, claro, que con risa forzada para calmar a ella” 52. En carta a María Luisa escribe: “Yo por mi parte no hago otra cosa que alabar al Señor por esta enfermedad que me ha dado”53. Sarita por su parte, llevó con una gran fortaleza la enfermedad de Joaquín. Los dos vivían y sufrían al unísono. “Nunca nos han oído -escribe Joaquín– una palabra de desconsuelo. Sarita la lleva (la enfermedad) con una fe admirable y nunca jamás la veo triste”54. “Sarita ha sido un ángel para mi”55 . “Tenemos buen humor y alegría -les escribe a sus padres– pero la pena va por dentro, esa queda oculta para sacar el exterior cuando estamos solos”56. Y a su hermano Gonzalo le escribe: “Ella ha ido pagando día tras día las largas cuentas que nos han ido presentando y nunca jamás le oí una queja, y si era yo el que se lamentaba, su respuesta era siempre igual: “Me interesas tú, Dios nos ayudará, el dinero se pierde y se gana... pero si tú te pierdes........ “Este si tú te pierdes” me ha hecho muchas veces meditar en la trascendencia tan grande que tiene mi enfermedad si sé aprovecharme de ella, yo diría que es la antesala de la feliz eternidad asegurada”57. Y como queriendo mostrar su entereza de ánimos y su aceptación de la voluntad de Dios, en el punto siguiente subraya: “¡Gonzalo! Los días más felices de mi vida los estoy pasando en la enfermedad. Todo me parece mejor después que estoy enfermo”58. A continuación matiza la frase anterior: “Esto no quiere decir que no me cueste mucho darle al Señor todo lo que me pide, pero me quedo tan tranquilo después que le digo que sí que ya no me pena después y no te creas que siempre le digo ¡sí! viendo, que como los niños alguna vez se lo digo llorando, el corazón está hecho de materia y le cuesta desprenderse de la materia”59.

(cf. Carta 8ª, de Joaquín a María Luisa, Madrid 11-9-59). (Carta 1ª de Joaquín a María Luisa, San Adrián, 30-3-59) 53 (Carta 1ª de Joaquín a María Luisa, San Adrián, 30-3- 59). 54 (Carta 2ª de Joaquín a Gonzalo, Madrid, 28-4-60) 55 (Carta 8ª de Joaquín a Gonzalo, s/lugar, abril 1961). 56 (Carta a padres de Joaquín (9-12-59). 57 (Carta 9ª de Joaquín a Gonzalo, Madrid mayo-junio 1961) 58 Carta 59 (Carta 2ª de Joaquín a Gonzalo, Madrid, 28–4- 60). 51 52


Y en otra carta a Gonzalo le escribe: “si es grande el sufrimiento que trae la enfermedad, es mucho mayor el consuelo que se recibe, el Señor está más cerca de nosotros y su gracia es tan superabundante que el dolor se dulcifica ¿de qué si no (si) estos dos años de incertidumbre y sometimiento a la ación del serrote y el bisturí? solamente se explica con la gracia de El que supo de dolor y por eso está más cerca de los que sufren”60. Lo económico no le preocupa demasiado61. ni el campo, ni otras cosas62. Joaquín se da cuenta que a Cristo no llega el bullicio y la juerga si en el silencio y en el dolor63. Por testimonio de María Luisa sabemos que el día 14 de julio 1959, Joaquín, su hermano le dijo por teléfono: “María Luisa, no te preocupes ni te disgustes, estoy contento, muy contento. Es providencia de Dios la enfermedad que me dado y un exceso de su amor a mí. Como me ama tanto, por eso, me da que sufrir”64. En esta carta de 29 de julio de 1959 insiste en la misma idea de agradecer la enfermedad “Demos gracias al Señor en todo momento, así en la abundancia como en la adversidad, en la salud como en la enfermedad. Siete meses hace que un día vino el Señor a visitarme y vino tal como yo merecía, disfrazado de dolor. Yo lo acepté con gusto, por eso le dije: ¿qué quieres de mí, Señor? y me pareció que me contestaba : "ya que tú, que eres mi amigo, no quieres violentarte, ni hacer ningún sacrificio por mí, quiero ser yo quien te hiera para que de esa manera puedas ofrecer esa postración por tantas necesidades como el mundo tiene y a la vez calmar un poco mi dolorido corazón" - tan lleno de ultrajes - muchas veces de los míos”65. Joaquín es consciente que Dios le ha hecho un gran favor con la enfermedad. Ante la pasividad de ofrecer sacrificios, el Señor “disfrazado de dolor” le da una oportunidad de ofrecerse por el Señor. Joaquín lo acepta aunque a veces pide pase el cáliz; cuando el dolor es muy fuerte. “Ese dolor que lleva como distintivo colocado en su cuerpo mutilado”. El me ha dado dolor, claro, conforme a mis fuerzas, y lo he sabido llevar con gusto, pero, hoy no puedo más, y le digo que pase de mí este Getsemaní, que ya es bastante. Parece no escucharme, que quiere todavía más de mí y no me quiere hacer caso. ¡Mira, pídeselo tú a ver si te escucha!”66. Y como buen cristiano, Joaquín le escribe a su hermana María Luisa. Desde un principio ofrece sus dolores y sacrificios “por las intenciones del Papa y por las misiones”67 . Lo pone todo en manos de Dios, y está convencido que lo que El disponga será lo mejor. A veces, incluso, se extraña de “tanta conformidad”68. y se alegra de la conformidad de su mujer69. 60 61 62 63 64 65 66 67 68 69

(Carta 8ª de Joaquín a Gonzalo, s/lugar abril, 1961). (Carta 9ª de Joaquín a María Luisa, Madrid, 16-12- 59) (Carta 2ª de Joaquín a Gonzalo, Madrid 18-4-60) (Carta 9ª de Joaquín a María Luisa, Madrid, 16-12-59). (Carta a María Luisa 9-12-59). (Carta 2ª de Joaquín a María Luisa, Madrid 29-7-59). (Carta 2ª de Joaquín a María Luisa, Madrid, 29-7-59). (Carta 3ª de Joaquín a María Luisa, Madrid 7-VIII- 59). (Carta 3ª de Joaquín a María Luisa, Madrid 7-8-59) (Carta 3ª de Joaquín a María Luisa, Madrid 7-8-59).


Vive en intimidad con Dios. En la Misa se ve realizado. Aprovecha la Comunión para pedir por las cosas que más quiere: Gonzalo, etc. Se encomienda a la Beata Rafaela70. Siempre vuelve a lo mismo: la voluntad de Dios: “Ya ves si es bueno el Señor”. “Han pasado nueve meses desde que me di el golpe en el ,pie y me he puesto en sus manos. El sabía lo que me convenía. Es El quién hace la llaga y quien la cura”71. Comunión72 . El sabe que la oración es omnipotente cuando se apoya en los santos, Beta Rafaela, brazos de María y de Jesús, por eso escribía a su hermana: Pedid y se os dará... pero pedir fuerte y sin desmayo....73. Y cuando no puede asistir a la Iglesia, se emociona ante la presencia de Jesús Niño: “El día 26 a las 11 de la mañana entraban en nuestra casa del “Niño” en manos de Dn Laureano, Dn Rafael y Dn José que lo traían para que yo lo adorase, los sobrinos Javier, Victoria, María Luisa, José Miguel, María José y Mari Sol, le acompañaron con velas encendidas cantando villancicos”74. En otra carta le dice a su hermana: “Yo estoy siempre contento, pues nadie puede decir lo que sufro, porque siempre me ven riendo y con ganas de hacer chistes. No es que haga estas cosas forzado, no, es que me salen de dentro del alma y de la hermosura del alma. Y de esa alegría que se regocija en el Señor nace esta satisfacción y esta paz interior que se deja ver al exterior”75. Y aunque a veces le costaría derramar más de un lágrima y pasar más de un trago amargo, Joaquín asegura que no hace esas cosas forzado, “es que me salen de dentro del alma y de la hermosura del alma”. “Y de esa alegría que se regocija en el Señor, nace esta satisfacción y esta paz interior que se deja ver al exterior”76 Poco a poco Joaquín se va adentrando en el sentido del dolor. Dice en esta carta “Con todo, la enfermedad es una de las mayores misericordias de Dios ha usado conmigo y nunca me he encontrado más feliz que en medio de tanto dolor”77. Y aunque siente que llevar la enfermedad cuesta, sabe que el espíritu está pronto pero que la carne es débil y se revela. No obstante admite que la enfermedad es una caricia de Dios, y así lo dice, “si Dios en su divina misericordia me ha colocado en este estado de postración en que me encuentro y acato en todo su santa voluntad ¿por qué no he de estar contento queriendo lo que El quiere78. 3.- Consecuencias de su enfermedad. Por lo que se desprende de los datos que conocemos, Joaquín fue siempre un hombre trabajador, buen amigo, excelente cristiano. Pero fue a raíz de su enfermedad, cuando la vida de Joaquín maduró en poco tiempo: su persona se llenó de fuerza, de 70 71 72 73 74 75 76 77 78

(2-5-59) (Carta 6ª de Joaquín a María Luisa, Madrid 2-9-58) (Carta 14ª de Joaquín a María Luisa, Madrid 18-4-60). (Carta 9ª de Joaquín a María Luisa, Madrid, 5-9-59). (Carta 5ª de Joaquín a Gonzalo, San Adrián, 28-12-60) (Carta 4ª de Joaquín a María Luisa, Madrid 12-8-59) (Carta 4ª de Joaquín a María Luisa, Madrid 12-8-59). (Carta 9ª de Joaquín a María Luisa, Madrid 5-9-59). (Carta 5ª de Joaquín a María Luisa, Madrid 25.VIII-69)


coraje, de virtud. Así lo percibe su primo José, en la carta que desde San Adrián le escribe a Joaquín, ingresado Madrid, el 18 de agosto de 1959, precisamente contestando a la carta que Joaquín le había escrito anteriormente. José visitado también por la enfermedad, hombre de gran temple y virtud –moriría poco tiempo después de esta carta–, reconoce que Joaquín es para él como el espejo donde mirarse, el modelo a quien seguir, la ayuda en la dificultad. Estas son sus palabras: “Mi querido primo: Inmenso ha sido el consuelo que tu carta me ha traído, admirable tu valor y temple cristiano, envidiable esa fortaleza que en vez de minarse ante el sufrimiento y el dolor, veo recostruirse un templo vivo de Espíritu Santo”79. Temple y valor que al mismo le ha ayudado a entender su enfermedad. “No puedes hacerte idea -le dice-, querido primo, el bien que me han hecho tus palabras y lo que me han reconfortado; han sido para mí como una arenga que me da un superior en el dolor a sufrir con gallardía y fe en Cristo en esta enfermedad que si bien destruye el cuerpo, me acerca más a Dios que es el principal fin de esta jornada”80. El propio Joaquín –así lo recoge María Luisa- había escrito: “a Cristo lo hemos de buscar donde haya dolor, puesto que Cristo es amor”81. Y en otro lugar: “El amor, el verdadero amor es el que se funda en la fragua del sufrimiento”82. Y en otra carta escribe: “el amor se funde en la fragua del dolor”83. Termina José esta carta –a la que nos estamos refiriendo– con una frase llena de fe, de espíritu de resignación y de gran esperanza, frase digna de recordar. Es esta: “Bueno, queridos primos –se refiere a Joaquín y a Sarita–, llegó la hora de la despedida, que solo Dios sabe si será la última o seguiremos ofreciéndole alguna más. Eso sí, que hemos de pedir mucho para, donde quiera nos volvamos a ver, cantemos sus alabanzas y demos todo honor y toda gloria a ese Dios Misericordioso que con su Infinita Bondad nos ha puesto en el camino de la Resurrección y la Vida”84. Tras la lectura de este final de carta, no es de extrañar que Joaquín tomase a su vez, a su primo José, como modelo a seguir. Poco después, en carta, así se lo manifiesta a su hermana María Luisa (carta 11-9-59). “La cara es el reflejo del alma, y cuando el alma se regocija en el Señor, ni el dolor ni la misma muerte pueden borrar la sonrisa que la gracia del Esposo perfecciona. Creo que me entiendes por qué te digo esto. Así ha sido la muerte de nuestro querido primo, que hasta el último instante ha estado dando consejos y repartiendo consuelo a todos los que le han acompañado, sobre todo a Felisa. Yo, que esperaba de un momento a otro la noticia de tan fatal desenlace, me llenó de tanta admiración, pensando cómo había sido su vida tan llena de caridad y cómo supo poner su voluntad en la de Dios, cuando veía que la vida se le escapaba, que no he podido menos que pasar verdadera rencilla de no ser yo quien se encontraba en aquellos

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(Carta de José a Joaquín, San Adrián, 18-VIII-1959) (Carta de José Joaquín, San Adrián, 18-VIII-1959). (Carta 9ª de Joaquín a María Luisa, Madrid, 16-12-59) (Carta 9ª de Joaquín a María Luisa, Madrid, 16- 12-59). (Carta 9ª de Joaquín a Gonzalo, Madrid mayo/junio 1961) (Carta de José a Joaquín, San Adrián, 18-8-59).


momentos, que para mí son dichosos, estando él tan lleno de Dios y rodeado de todos los seres queridos”85. La muerte de José, su primo, le ha afectado mucho a Joaquín, hasta el punto que desde ese momento ha tomado la determinación de intentar vivir su enfermedad con las disposiciones de un buen cristiano. Así se lo manifiesta a su hermano Gonzalo: “como corresponde a un verdadero cristiano, católico, Apostólico, pues sé (querido hermano) que de mi reacción depende cómo me he de conducir durante toda mi vida”86. Y como hombre que es, aveces, siente el hombre viejo, la duda, de ahí que tenga deseos de desahogarse con alguien, y quien mejor que con su hermano Gonzalo: “mi mayor alegría es poderte ir dando nuestras noticias y llevarte la satisfacción que cada uno de los hermanos sentimos; me gustaría que cuando esta carta haya terminado descansar un poco en ti al desahogar algunas cosillas que la enfermedad deja; alguna vez... por la incomprensión del enfermo; otras... por el enfermo incomprendido”87. Y si esto no es posible -le dice a su hermano- se explaya en la carta con estas palabras: “como quiero morir como mueren los santos, sé que he de vivir como santo, además sé que tengo obligación pues es exclusivamente el fin para el cual fui creado”88. 5.- Apuntes después de su muerte. La muerte de Joaquín ocurrió, como hemos dicho más arriba, el 13 de febrero de 1976. A los pocos días sus padres, su esposa, su hermana, familia, comenzaron a recibir cartas de pésame y de condolencia de parte de familiares y conocidos. De esas cartas sólo disponemos de 10 cartas. Dirigidas sólo a los padres tenemos tres; sólo a Sarita, cuatro; sólo a María Luisa, una; y dirigidas a la familia en general, dos. Por fechas son estas fueron escritas el 13, 14, 19, 22, 25, 31, 31, del mes de febrero, año 1976; el 20 de marzo de 1976 y el 2 de mayo de 1977. Como puede verse, son pocos los testimonios que disponemos para hacer un juicio sobre como llevó Joaquín su enfermedad. Debemos señalar que todos coinciden prácticamente en las mismas ideas, a saber: que Joaquín fue un hombre bueno (un santo), que ahora intercederá por todos desde el cielo, que Dios así lo tenía dispuesto. Se valora también el carácter servicial de Sarita a lo largo de toda la enfermedad, así como la unidad entre padres, hermanos, primos, etc. alrededor de Joaquín. Como muestra de estas afirmaciones, recogeré algunas frases que las cartas arriba indicadas que lo corroboren. En cuanto al modo de ser de Joaquín, un primo de éste (no sé quien es) que residía en Cabimas (Venezuela) dice: “El Señor lo probó y fue hallado justo (...) se fue “pero ahora su presencia también es real, aunque aparentemente se haya convertido en (Carta 8ª de Joaquín a María Luisa, Madrid 11-9-59). Rencilla: “Rencilla. En el sentido de capricho, antojo, deseo vehemente: Tengo encilla de comer cuajada. Me quedé con rencilla de comer gorrín. José María Iribarren, Vocabulario navarro, tercera Edición. Diario de Navarra, Pamplona 1997, pág. 440. 86 (Carta 8ª de Joaquín a María Luisa, Madrid 16-12-59). 87 (Carta 9ª de Joaquín a Gonzalo, Madrid, mayo-junio 1961). 88 (Carta 9ª de Joaquín a María Luisa, Madrid 16-12-59). 85


ausencia”89; Otra prima escribe: “llego a la conclusión que mi querido Joaquín con su santidad no era para este mundo, era para que estuviera al lado de Dios. (...) Ya le estoy pidiendo (...), lo marearé pero tengo tanta fe en él que sí nos ayudará”90. Una religiosa escribe a María Luisa y dice: “Todas nos hemos quedado muy apenadas con la noticia de la muerte de tu santo hermano Joaquín (...), creo que habéis ganado un intercesor en el cielo, pues seguro que se ha ido derecho a gozar de Dios”91. Otra compañera de María Luisa, escribe: “queremos unirnos (...) de nuestro buen Joaquín, alma grande que el Señor había recibido en sus brazos de Padre con tanto cariño (...), que consuelo en medio de su dolor tener un intercesor en el cielo (...), nos hablaron de él como un santo”92. En otra carta, esta sin fecha, leemos: “sólo Dios puede llenar el vacío que deja un ser querido”, ha muerto como un santo”. Y en otra, del Rvd. Cura Párroco de San Adrián a la sazón, D. Rafael Erro, leemos: “Joaquín verá venir la muerte con paz y resignación de hombre de fe, la veía como una liberación total y completa de su dolorosa peregrinación por este mundo. (...) No tenía miedo al encuentro con el Señor (...). Joaquín había hecho la opción de “hacer de su cama un altar, de su cuerpo una hostia, y de su deber un caliz”93 . Y termina la carta D. Rafael diciendo: “La muerte no es un problema que tenemos que explicar, sino un misterio que debemos aceptar. No importa su nombre: Gregori... Joaquín... Jesús.... (...)- Me llamó la atención de su serenidad total ante el momento de su despedida de este mundo”94. F. Angel Más, religioso franciscano, dirigiéndose a Sarita le dice: es de esperar que su alma: “esté ya gozando de Dios en premio a su conducta ejemplar y a la resignación y alegría con que llevó sus dolores”95. Y María Teresa Munilla escribe: “Desde que supe su enfermedad no he dejado de encomendarle, aunque sé ha estado de lo más edificante, de él no se podía esperar menos (...). Ahora creo que lo que nos queda es encomendaros a él pues no dudo que purificado en la tierra está gozando del premio en la gloria96. D. Javier Samberro dice: “Bien sé de la honradez y hombría de bien de Joaquín durante su vida, que es lo que realmente cuenta para Dios y para la tranquilidad de los que quedan (...). Me consuela pensar que van a ser muchos los que salgan al encuentro: allá estará Joaquín ¡pero sin muletas! Que Dios lo haga!97. María Isabel a propósito de la muerte de un tío suyo al que prepara y quien recibe “con toda paz los Sacramentos”, tal era el ambiente cristiano de esta familia, le dice a su amiga Sarita: “En el cielo estarán juntos Joaquín y él. Joaquín que fue un amigo tan bueno, un ángel de la Guarda para él”98. 89 90 91 92 93 94 95 96 97 98

(Carta de de primos de Joaquín a sus padres, Cabimas 25-2-76) (Carta de Angeles a los padres de Joaquín, Itoy, 13-2-76). (Carta de Angeles a los padres de Joaquín, Itoy, 13-2-76) (Carta de Angeles a los padres de Joaquín, Itoy, 13-2-76). (Carta de D. Rafael a Sarita, Peralta, 14-2-76). (Carta de D. Rafael a Sarita , Peralta, 14-2-76). (Carta de F. Angel Más a Sarita, Madrid, 19- 2- 76) (Carta de Teresa Munilla a los padres de Joaquín, Irún, 22-2-76). (Carta de Sanzberro a SArita, Valcarlos, 20-3-76) (Carta de María Isabel a Sarita, Echalar, 2-5-77).


Las cartas que estamos utilizando nos describen la actitud y forma de actuar del carácter servicial de Sarita: sus cuidados, acompañamiento y servicio a su esposo Joaquín en su enfermedad. Así en carta de firma ilegible, un primo de Joaquín y sobrino de sus padres, al final de su carta de pésame dice: “Animo Sarita, ánimo tíos, Joaquín se fue pero ahora su presencia también es real, aunque aparentemente se haya convertido en ausencia. Que el Señor os de las fuerzas necesarias para seguir caminando en la fe que recibimos en Cristo”99 . Ángeles en carta enviada a los padres de Joaquín les dice: “me acuerdo mucho de Sarita, ¡qué carácter tan excepcional! fue ella la “fiel compañera”100 , “sufrían juntos con alegría”101. “Cuando salía de la habitación me sentía empequeñecida al lado de aquellas dos almas tan grandes”. Y termina esta carta: “A Sarita fiel compañera de Joaquín, mi admiración y cariño”102. Una religiosa compañera de María Luisa le dice cuando le escribe para darle el pésame que esta unida a todos y “especialmente a Sarita, que, en medio de la pena”103. Don Rafael Erro dedica en su larga carta de pésame varios párrafos a Sarita. Recogemos aquí algunos, la carta completa se encuentra en el Anexo cuarto. En primer lugar, recoge la forma breve y concisa, lo que D. Rafael llama testamento espiritual de Joaquín. Estas son sus palabras: “Sarita era la que iba a pagar la “moneda” triste de la soledad matrimonial, le disgustaba que ella no supiera aceptar -como creyente- la prueba. (...) El propio D. Rafael le aconseja para que viva la última voluntad de Joaquín: “Y ahora, Sarita, a vivir el dogma de la Comunión de los Santos: unida a él, que vive eternamente en Dios, en tu oración personal de cada día 104. Aunque sabe que “Nada mejor que el dolor nos acerca a Dios ...moneda105 ” De interés es también las consideraciones que recoge en su carta el P. F. Ángel Más OFM en carta Sarita. Aunque la carta va dirigida a ella, no tiene reparo de decir lo siguiente: “Me doy cuenta de los momentos que has tenido que vivir viendo cómo se agotaba la vida de Joaquín luchando contra la muerte, con su cuerpo mutilado lleno de dolores” durante largos 17 años. Y “la ausencia que hora ha tendido que dejar en ti, que con tanto cariño y dedicación le has atendido desde que la enfermedad hizo presa en su cuerpo”106 . Teresa Munilla, cuando escribe a los padres de Joaquín, además de desear el pésame a los padres, como es lógico le pide haga participe a Sarita y anuncia hacerle un visita pronto. Asimismo D. Javier Sanzberro en carta a Sarita dice. “Animo Sarita, y como dice el recordatorio, participo en tu dolor y en tu esperanza”. También María Isabel incide es esta misma idea: “Adiós Sarita, muy agradecidos, abrazos para los tres de tu amiga”107. (Carta de de primos de Joaquín a sus padres, Cabimas, 25-2-76). (Carta de Angeles a los padres de Joaquín, Itoy 13-2-76), 101 (Carta de Angeles a los padres de Joaquín, Itoy 13-2-76). 102 (Carta de Angeles a los padres de Joaquín, Itoy 13-2-76) 103 (Carta de Angeles a los padres de Joaquín, Itoy 13-2-76). 104 (Carta de D. Rafael a Sarita , Peralta, 14-2-76) 105 (Carta de Joaquín a María Luisa, Madrid, 2-1-60) 106 (Carta de F. Angel Más a Sarita, Madrid, 19-2-76). 107 (Carta de María Isabel a Sarita, Echalar, 2-5-77) 99

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YJosé, en sintonía con la mujer fuerte de que habla la Biblia, describe a Sarita como la mujer fuerte de Navarra: “tu sola con tu fe recia de navarra sufres en silencio, lloras en silencio, rezas en silencio, y así día tras día llamando a las puertas del Señor esperando ser escuchada. Dios te oye, no lo dudes, y muy corta es esta vida para tardar en recibir la recompensa a tan grandes virtudes como son el sufrimiento y el dolor en imitación a la Santísima Virgen”108

La unidad de los padres de Joaquín, hermanos y Sarita se percibe también estas cartas que estamos comentando. Recogemos algunas frases al respecto: “Animo Sarita, ánimo tíos”109; “yo los he visto sufrir juntos”110; quisiera mitigar su pensa “como la de cada uno de la familia”111; “saludos a todos los tuyos, comenzando por los más próximos”112; “con un fuerte abrazo para todos”113; “os encontrabais felices y contentos”114; “adiós Sarita; muy agradecidos, abrazos para los tres de tu amiga”115.

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(Carta de José a Joaquín, San Adrián,18-8-59).


Salto

Dios le da más tiempo y pide ayuda (29-4-60) detalles de enfermedad (8-4-60) Joaquín vive los tiempos litúrgicos: Semana Santa 18-4-60; Navidad y Reyes 16-1259; (27-1-61); 28-12-60; 28-12-60). “Nunca he sabido de amores... (29-4-60) necesita fe y pide fe. Vuelve a San Adrián (recibimiento) 6-5-60. Y está feliz (14-5-60).

Quién es quién

Alberti Alberto Angel Angel María Ángeles Araceli Lara Araceli Serna Asun Avelino Alvarez Benito Carmen Carmen Sellés Carmen Urbina Conchita Munilla D. Laureano D. Rafael Dr. Castro Fariñas Dr. Hernández Ros, Emiliano Esperanza


F. Angel Más Felisa Félix Fermina Flora Lorente, Fr. Federico Gonzalo Gregori Hortensia, Ignacio Javier Jesús Joaquín Joaquín Alcaraz, José José Guillermo José Miguel Juan Juan Martín Juanito Julio Luis Muro Mari Sol María Jesús María José María Lopez María Luisa Mario Ruiza Azcona Miguel Montserrat P. Amador P. Ángel P. Olaechea, P. Polanco P. Zurbano Pedro Urbina Pelayo Pepe Pío Muerza Rafael Rafaela Sarita Silveria Silverio Sor Aldegunda Sor Juana Sor Paula Sor Pilar


Sor Teresa Lorente Teresa Teresita Vicente Castillo Victoria Vidal Villafranca Virginia

“En la cama es donde mejor se medita, ya que nadie te molesta� (16-12-59).


Biografía