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Cuando hablamos del gato en la literatura, los primeros que nos vienen a la mente son El gato con botas y el sonriente Gato de Sheshire de Alicia en el país de las maravillas (“había visto muchos gatos sin sonrisa, pero nunca una sonrisa sin gato”); ellos son los que podríamos denominar las vedettes en el imaginario popular, pero hay muchísimos más, tantos que nos quedamos boquiabiert@s si empezamos a contabilizarlos. El gato en la literatura extiende sus dominios desde la narración oral hasta la novela, pasando primero por las fábulas, la poesía, el cuento infantil, el relato e incluso las citas. Grandes escritores le han dedicado sus obras al convertirlo bien en protagonista principal o segundón de categoría (Dina, la gatita de Alicia, el gato de la Cenicienta) y estas obras han sido serias, cómicas, de suspense, enternecedoras, alegres e incluso filosóficas. Por consiguiente, el nombre de los autores que le han dedicado sus páginas, es sumamente extenso y en el nos encontramos escritores tan dispares como, por ejemplo, a Carlo Collodi, autor de Pinocho, y, consecuentemente del mísero, cojo, medio cegato y torpe de entendederas, gato que junto con el zorro, engaña reiteradamente al muñeco, y a Honoré de Balzac cuyo amor por los gatos le hizo escribir la narración Penas del corazón de una gata inglesa, lo cual curiosamente y de manera indirecta, fue causa del nacimiento en Francia de la Sociedad protectora de animales. Otro nombre célebre en literatura es el de Hoffmann, que llevó la adoración por su gato al escribir en plan autobiográfico Opiniones sobre la vida del gato Murr (es decir era el felino quien lo hacía) y que interrumpió bruscamente a la muerte del animalito. Rudyard Kipling escribió un delicioso libro para su hijo, Precisamente así, uno de cuyos cuentos está dedicado a El Gato que iba solo y que relata la historia ficticia de cómo el hombre en la prehistoria, se encontró con el gato, aunque sería mejor puntualizar la mujer, y lo aceptó como animal doméstico. Se trata de un cuento tan bonito que no vacilo en recomendarlo calurosamente. Otro apartado sensible a tener en cuenta es el del gato en la literatura de terror y también policíaca, como pequeña muestra citaremos el espeluznante El gato negro de Edgar Allan Poe, y también el relato Lo que trajo el gato de Patricia Highsmith, y, de la misma autora, La mayor presa de Ming, excelentes cuentos llenos de ironía y humor negro. Y hay un novelista italiano del mismo género Enzo Ferrea, que no vacila en convertir a un ayudante de detective en gato, lo que no deja de ser una ocurrencia divertida. La escritora Colette cuya pasión por los pequeños felinos es bien conocida, escribió una novela inspirada en una de sus gatas, titulada justamente así: La gata, en la que narra una singular historia que coloca al protagonista entre dos elecciones muy difíciles, y también escribió un cuento muy corto Amores lleno de gracia y picardía. Obviamente la protagonista era otra gata. Hay tantos autores amantes de loa gatos que citarlos a todos es imposible pero mencionaré a unos cuantos excelentes novelistas que les dedicaron estos relatos, pequeñas joyas de la literatura. El paraíso de los gatos de Emilio Zola, Mi jefe, el gato, de Paul Gallico, De cómo una gata hizo de Robinson Crusoe de Charles G, D, Roberts, Offenbach de Guillermo Cabrera Infante, que podéis encontrar, con muchos más, en Las mejores historias sobre gatos, editado por Siruela.

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Revista Gatos N 8  

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