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• En la Biblia, en Levíticos capítulo 11, existe una gran lista de alimentos clasificados como “inmundos”, “impuros” o “abominables”. Ejemplos: liebre, cerdo, avestruz, peces sin escamas y otros animales. • Los adventistas no comen carnes inmundas porque siguen las leyes de Dios. Para ser santos debemos obedecer las leyes del Señor.


“El es quien perdona todas tus iniquidades; quien sana todas tu enfermedades.”

(Salmos 103:3) Jesús tiene el poder de curar a los enfermos y perdonar a los pecadores.


Si es Dios quién cuida de nuestra salud ¿por qué necesitamos seguir las leyes y evitar ciertos alimentos? Porque “aquél que aprecia la luz que el Señor le ha dado sobre la reforma pro salud tiene una ayuda importante en la obra en que está empeñado de santificarse por medio de la verdad y hacerse idóneo para la inmortalidad”. (Consejos sobre el Régimen Alimenticio, pág. 70).


Conozca algunas situaciones sobre la relación entre comida y consagración “Debemos aprender que la satisfacción de nuestros apetitos es el mayor obstáculo que pueda oponerse a nuestro progreso intelectual y a la santificación del alma”. (Ibíd., pág. 52) “El uso de estimulantes antinaturales es destructivo para la salud, y tiene una influencia anubladora sobre el cerebro, porque le hace imposible apreciar las cosas eternas. Los que aprecian tales ídolos no pueden valorar debidamente la salvación que Cristo ha preparado para ellos”. (Ibíd., pág. 518)


“Cualquier cosa que disminuya la fuerza física, debilita la mente y la hace menos capaz de discernir entre lo bueno y lo malo”. (Ibíd., pág. 56) “El régimen alimenticio tiene mucho que ver con la disposición a entrar en la tentación y cometer pecado”. (Ibíd., pág. 61)


Cuidar la salud ayuda, pero no garantiza santidad y salvación. Dios nos dio las leyes de la salud para facilitarnos el camino a la santificación. “Porque el Reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz, y alegría en el Espíritu Santo” (Rom 14:17).


Sin embargo, andar en el camino de la santificación garantiza la promesa que Dios cuidará de nuestra salud. “Si oyeres atento la voz del Señor, tu Dios, y haces lo que es recto delante de sus ojos y das oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad vendrá sobre ti, de las que envié sobre los egipcios; pues Yo soy el Señor, que te sana”. (Exo. 15:26).

Seminario 08  

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