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Cuando lo que Dios hace no tiene sentido

Más allá de la barrera de la traición

cielo que sonarían para él. Es de eso de lo que ha estado hablando todo el día. Más tarde, ese mismo día por la noche, aquel precioso niño murió en el regazo de su madre, y todavía estaba hablando de las campanas del cielo cuando los ángeles vinieron por él. Qué pequeño soldado tan valiente era él. Su valor no fue reportado en los periódicos del día siguiente. Tampoco ningún periodista famoso relató su historia en las noticias nocturnas de la televisión. Sin embargo, para siempre él y su madre ocuparán un lugar en nuestra "galería de héroes ilustres". Mi próximo candidato para ocupar un lugar entre aquellos que deben ser recordados para siempre por causa de su fidelidad es un hombre al que nunca conocí, aunque influyó en mi vida mientras estaba perdiendo la suya. Supe de él por medio de un documental dramático que vi en la televisión hace algunos años. El productor había obtenido el permiso de un especialista en cáncer para colocar cámaras en su clínica. Luego, con la aprobación de tres pacientes: dos hombres y una mujer, filmó el momento en que cada uno de ellos se enteró de que tenían un tumor maligno en sus últimas etapas. Su primera reacción de sobresalto, incredulidad, temor y enojo, fueron grabadas detalladamente. Más tarde, el equipo encargado de producir el documental siguió a estas tres familias a través del proceso de tratamiento con sus altibajos, esperanzas y desilusiones, dolor y terror. Permanecí sentado sin moverme, mientras el drama de vida y muerte se desarrollaba en la pantalla. Finalmente, los tres pacientes murieron, y el programa terminó sin ningún comentario o editorial. Hubo tanto que se debió decir. Lo que más me impresionó fueron las diferentes maneras en que esas personas

se enfrentaron con sus aterradoras circunstancias. Los dos que al parecer no tenían fe, reaccionaron con enojo y amargura. No sólo lucharon contra la enfermedad, sino que parecía que estaban en guerra contra todo el mundo. Sus relaciones personales, y hasta sus matrimonios, fueron sacudidos, especialmente a medida que se acercaba el fin. Le advierto que no estoy criticándoles. La mayoría de nosotros reaccionaríamos de una manera bastante parecida si nos encontráramos frente a una muerte inminente. Pero esa fue la causa de que el tercer individuo fuera tan inspirador para mí. El era un humilde pastor negro de una iglesia bautista en un barrio pobre de la ciudad. Tenía casi ochenta años, y había sido ministro durante toda su vida de adulto: Su amor por el Señor era tan profundo que se reflejaba en todo lo que decía. Cuando le dijeron a él y a su esposa que sólo le quedaban unos pocos meses de vida, no mostraron ningún pánico. Con tranquilidad le preguntaron al médico el significado de toda la situación. Cuando éste les había explicado el tratamiento y lo que podían esperar, cortésmente le dieron las gracias y se fueron. Las cámaras siguieron a esta pareja hasta su viejo automóvil y sin que ellos se dieran cuenta les filmaron mientras inclinaron sus cabezas y se entregaron nuevamente al Señor. Durante los siguientes meses, ese pastor jamás perdió la serenidad, ni habló quitándole importancia a su enfermedad. No estaba negando la realidad. Sencillamente, había aceptado el cáncer y sus probables resultados. El sabía que el Señor estaba en control, y se negó a permitir que su fe se debilitara. Las cámaras estaban presentes en su iglesia el último domingo que él habría de estar allí. Realmente, esa

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Cuando lo que dios hace no tiene sentido  

Libro Cristiano

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