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TranscurrĂ­a...


EL ÚLTIMO DÍA. 0 ¿EL PRIMERO? Por fin he abandonado. Supongo que muchos estaréis contentos. Tras el desengaño que supuso la salida del último club en el que entrené, y que por supuesto no voy a nombrar, quedan muy pocas ganas de seguir dedicando tiempo al baloncesto.

Para esos que os llena de alegría, espero que, casi con toda seguridad, esta vez sea definitivo. Ya actué una vez como muchos toreros y regresé a las pistas después de cerca de seis años de ausencia. Visto a posteriori, está claro que me equivoqué. Aunque lo peor de todo tal vez no sea abandonar nuestro deporte, sino tener que dejar de confiar en personas que, sinceramente, creo que me han traicionado o no han estado a la altura. Supongo que yo también he fallado, pero el poder lo tenían ellos. No obstante, un grupo de amigos me ha insistido en que publique todos los escritos que he ido realizando en estas cuatro décadas de baloncesto. Algunos han aparecido en la revista 6’25 de la Federación Navarra de Baloncesto. La mayoría están inéditos, excepto para unos pocos que los han leído.


BALONCESTO


NO SOMOS PROFESIONALES (I) Que el entrenador del equipo de 1ª nacional se va de vacaciones en plena temporada y no dirige algunos entrenamientos y encuentros: ¡No somos profesionales! Que un jugador de 16 ó 17 años decide ir a esquiar en un fin de semana que tiene partido: ¡No somos profesionales! Que en el puente foral los equipos de nacional se quedan sin jugadores: ¡No somos profesionales! Que un jugador de 1ª al que el entrenador no alinea el fin de semana se toma fiesta el lunes: ¡No somos profesionales! Que la noche anterior los jugadores, y/o el entrenador, se van de juerga y llegan al partido muy perjudicados: ¡No somos profesionales! Que alguien falta a un stage de pretemporada porque son fiestas en el pueblo: ¡No somos profesionales! Que los entrenamientos nunca empiezan a la hora: ¡No somos profesionales!... Precisamente ¡no somos profesionales! Y por ello los equipos sólo entrenan tres días a la semana y disputan un único partido. Además, los desplazamientos más lejanos son a Bilbao o Zaragoza. De otra forma habría sesiones de trabajo de mañana y tarde, dos rivales cada semana, viajes por toda Europa, etc. Cada vez más, en este baloncesto navarro, se tiende a olvidar el COMPROMISO que va unido a la decisión de jugar en un equipo de baloncesto. Compromiso no es otra cosa que asumir la obligación contraída, responsabilizarse y aceptarla. Así, es muy fácil de entender que nuestras selecciones algunas veces se clasifiquen en los campeonatos de España del dieciocho al “infinito”, que los equipos de nacional no tengan jugadores, que la calidad técnica sea mínima. Por eso, porque no somos profesionales. Publicado en: Revista 6’25 - Nº 1 (Noviembre 2004) FEDERACIÓN NAVARRA DE BALONCESTO


NO SOMOS PROFESIONALES (II) Transcurría el año 32 d.C. cuando nacía Marco Salvio Otón. Hijo de Lucio, un hombre de rango consular en una ilustre familia de origen etrusco, rápidamente llegó a la vida política de la mano de Claudio César Druso Germánico, más conocido como Nerón, aquel emperador que en uno de sus arrebatos quemó la ciudad de Roma en el año 64. Aunque especialmente avispado, el ascenso de Marco Salvio Otón no se debió a su competencia, inteligencia o gran capacidad de trabajo, sino a su tremenda disposición hacia la juerga, que a menudo compartía con el propio Nerón. Casi siempre las realizaba de noche y no dudaba en recurrir al asalto y a la agresión si así alcanzaba mayor diversión. Entregado a toda clase de excesos y como mal profesional que era, su carrera fue poco a poco cayendo debido a que muchas mañanas llegaba a su puesto de trabajo tremendamente “perjudicado”. Pese a todo, alcanzó el trono de emperador el 15 de enero del año 69 tras asesinar a Galba, el sucesor de Nerón. Como era de esperar sólo duró en el puesto 3 meses y 1 día.

Viene esto a cuento por la poca profesionalidad que muchas veces muestran algunos deportistas, entrenadores y jugadores, en el baloncesto navarro. Que al igual que Marco Salvio Otón la noche anterior a un partido jugadores y/o entrenador se van de parranda y lo afrontan bastante perjudicados, ¡no somos profesionales! Que jugadores y/o entrenador de un equipo de categoría nacional se van de vacaciones o a esquiar en plena temporada faltando a entrenamientos y encuentros, ¡no somos profesionales! Que en el puente de diciembre los equipos se quedan sin jugadores y/o entrenador, ¡no somos profesionales! Es cierto que en el baloncesto navarro no existen profesionales. Por ello los equipos sólo entrenan tres días a la semana y disputan un único partido. Por ello, también, los desplazamientos más lejanos son a las autonomías limítrofes. De otra forma habría sesiones de trabajo de mañana y tarde, dos rivales cada semana y viajes por toda Europa. Cada vez más se tiende a olvidar el COMPROMISO que va unido a la decisión de jugar en un equipo de baloncesto y que no es otra cosa que asumir la obligación contraída, responsabilizarse y aceptarla. Así, es muy fácil entender que nuestras selecciones algunas veces se clasifiquen en los campeonatos de España en puestos muy cercanos al “infinito”, que los equipos de nacional tengan plantillas muy cortas, que la calidad técnica sea mínima, etc. Y es por eso, porque de la misma forma que Marco Salvio Otón no somos profesionales.


¡ME LO TRAEN SUS PADRES! Transcurría el año 1870 cuando una expedición arqueológica alemana encontraba en la ciudad griega de Olimpia un grupo escultórico llamado Zeus raptando a Ganímedes. Trabajada en terracota, la obra data de los años 480-470 a.C. y probablemente sería una acrotera de un templo. Hoy en día se puede ver en el Museo Arqueológico de la localidad.

Ganímedes era un joven de la casa real de Troya, descendiente de Tros y Calírroe, que se ocupaba de cuidar los rebaños de su padre en los alrededores de su residencia habitual. Al parecer, era el mortal más bello de todos los hombres que cubrían la faz de la tierra. Un día, al mirar desde su trono en lo alto del Olimpo, Zeus espió a Ganímedes que se encontraba con sus amigos refrescándose bajo la atenta mirada de sus tutores en los prados del Monte Ida. Con una rápida sacudida, Zeus se convirtió en un águila y se dejó caer sobre el mundo de los humanos. Proyectando relámpagos en todas direcciones, la majestuosa rapaz se abalanzó y agarró al joven por sus talones. Una vez llegados a sus dominios, dobló sus alas para volver a recuperar su forma divina, nombrando a Ganímedes su copero. Abajo, en la Tierra, el corazón de Tros estaba lleno de amargo dolor, pues no sabía a dónde había llevado su hijo aquella tempestad divina. Lloró sin parar, tanto que el propio Zeus se conmovió por su dolor y como pago por su hijo le regaló una pareja de yeguas blancas inmortales. El corazón del padre se llenó de alegría y cabalgó con sus nuevos animales tan rápido como el viento. Viene esto a cuento por el curioso trasiego de jugadores que cada año se produce en el baloncesto navarro entre el final de una temporada y el principio de la siguiente. La situación siempre es la misma: un club pierde de malas maneras a un jugador importante, se enoja mucho, pero no se atreve a cobrar los derechos de formación reglamentarios.


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Igualmente se repiten una y otra vez las motivaciones para hacerse con el jugador del vecino. Por ejemplo, “en el club de origen del jugador se trabaja mal, los entrenadores no dan la talla y prefiero tenerlo para poder enseñarle”, o también “me lo traen los padres”. En el primer caso se trata de despreciar a los demás para crear un clima áspero en el que destaquen las miserias de el de al lado. Así, el jugador sentirá una necesidad de cambiar de aires. Sin embargo, los jugadores no crecen por generación espontánea. Es el club al que pertenecía el que lo ha formado como un talento que se convierte apetecible para los demás equipos. Al parecer no lo está haciendo tal mal, sino todo lo contrario. Creer que los jugadores de los otros clubes se hacen sin trabajar y los propios con mucha dedicación es, cuando menos, una chulería. Respecto al “me lo ha ofrecido el padre”, más de lo mismo. Casi ninguna familia piensa que es bueno para su hijo apartarlo de su entorno, de su ambiente escolar. Es allí donde convive con sus compañeros que, en muchos casos, son sus amigos. Conducirlo hacia un contexto distinto, en un centro educativo con diferente estilo, con otro carácter propio, incluso con otra forma de ver el deporte, no parece lo más apropiado. Además, todos los clubes conocen los reglamentos y saben que existen los derechos de formación. Por ello, si realmente un padre quiere que su hijo cambie de aires, es obligatorio avisarle de lo que puede pasar. Cuando no se hace de esta forma es el momento en el que surge el enfrentamiento y los malos modos: “es que no está contento, es que los compañeros lo tratan mal, es que no se trabaja, etc”. Al igual que sucedió con Zeus y Ganímedes, hay clubes que expían a los demás y se apropian de lo que les gusta. El resto, como Tros, pierden lo que tienen y la mayoría de las veces no reciben ni tan siquiera una pareja de yeguas blancas, o una parte aunque sea ínfima, de los derechos de formación. Además, los primeros quieren hacer ver que los otros son los malos por cobrarles o pretender hacerlo. La entidad que tiene necesidad de llevarse jugadores es porque no es capaz de formarlos, porque hace mal su trabajo. Además, en la mayoría de las ocasiones los trofeos que reciben tienen muy poco valor. Las copas son como las que levantó Gamínedes en las alturas, de pura sumisión a Zeus, pero no de triunfo. ¿Cuántos jugadores jóvenes que cambian de club alcanzan un nivel que les permita jugar en categorías nacionales?


EL NARCISO Transcurría el año 43 a.C. cuando la ciudad italiana de Sulmona vio nacer a Publio Ovidio Nasón. Ovidio estudió leyes, aprendió el arte de la retórica y se instruyó en la cultura helénica de Atenas. Ejerció la política, pero pronto la abandonó para dedicarse por entero a la poesía. Su obra culmen fue “La Metamorfosis”, un perspicaz y extenso tratado mitológico. En ella, los padres de Narciso, un niño de extraordinaria hermosura desde su nacimiento, consultan al adivino Tiresias acerca del porvenir de su hijo. La respuesta fue que “viviría hasta una edad avanzada si no llegaba a conocer su propia belleza”. Una tarde muy calurosa el joven Narciso salió a cazar. Agotada su reserva de agua, se acercó a un arroyo para beber. Al inclinarse vio en el reflejo su rostro por primera vez. Se sintió tan cautivado por su propia figura que, con los ojos fijos en la imagen que el agua le devolvía, que se dejó morir. En el lugar brotó una nueva flor a la que se le dio su nombre: Narciso. Desde entonces se llama Narcisista a aquel que contempla con excesiva complacencia sus propias facultades u obras. Es la NO reflexión: “El niño tendrá larga vida si nunca se observa a sí mismo”.

Viene esto a cuento por la realidad que vive el Baloncesto en Navarra. Al igual que Don Narciso y los Narcisistas, tenemos un patrón que nos hacer ver nuestro deporte de manera sobrevalorada, con una inagotable sed de admiración y adulación que nos incapacita para reflexionar. Vivimos más preocupados por las actuaciones, en cuanto a teatralidad, que por la eficacia y utilidad de las mismas. Narciso manifiesta una forma de ser que, aún poseyendo una aguda inteligencia, está cegada por la visión grandiosa y, por supuesto, desmedida de la realidad. El Baloncesto navarro muestra una gran fachada y, en muchos casos, mínimo rigor, poca dedicación y nulo trabajo. Sin embargo, la realidad siempre puede ser otra. El escritor Michael Ende, autor de La historia interminable, decía “yo siempre percibí que aquellos que los otros llaman realidad no es sino una regla del juego y, como tal, puede cambiar”. Reflexionemos y modifiquemos. Meditemos para no caer tan jóvenes como Narciso y hacer que el baloncesto navarro tenga un longevo futuro.


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Sí, ahora que ya estamos en el siglo XXI , debemos hacer realidad aquellas promesas de cambio que siempre pensamos en Nochevieja y hacer una reflexión para que en los próximos cursos de entrenador se supere la docena inscritos, para que nos reunamos más a hablar de baloncesto, para que utilicemos más a menudo la biblioteca de la Federación, para que veamos partidos de otros equipos del entorno, para que de vez en cuando nos escapemos a un clinic, para que no sacrifiquemos la progresión de un jugador por un resultado, etc. Todo ello nos permitirá, al contrario que a Don Narciso, recapacitar y así, tal vez los jugadores navarros aprenderán técnica individual y serán más competitivos gracias a nuestro trabajo. Igual que el personaje de Ovidio, es posible que alguno, o muchos, nos veamos aquí reflejados. Pero no nos pasará como a él. Meditemos para no caer tan jóvenes como Narciso y hacer que el baloncesto navarro tenga un longevo futuro.


EXPLOTACIÓN INFANTIL Transcurría el año 181 a.C. cuando una antigua ciudad de la región de Caria en Asia Menor llamada Cnido, situada en la costa del mar Egeo en lo que actualmente es el suroeste de Turquía, veía nacer al historiador Agatharquides. Seguidor de Aristóteles, Agatharquides desarrolló todo su trabajo en Egipto, durante los gobiernos de Ptolomeo IV Filométor y Ptolomeo VIII Evergetes. Entre sus obras destaca una monografía sobre los sucesores de Alejandro y cinco libros dedicados a la descripción del mar rojo. En otro de sus trabajos, Historia de Asia, relata como en la decadencia del Egipto faraónico el trabajo de los menores asumió rasgos crueles y violentos: “Niños todavía impúberes penetran por las galerías subterráneas hasta las cavidades de las rocas, recogiendo penosamente los fragmentos de mineral arrancados, y los llevan afuera, a la entrada de la galería”. Pero los niños trabajadores no sólo era un fenómeno que se diera en Egipto. En Babilonia, un documento llamado “las leyes de Eshnunna” fijaba que un trabajador libre recibiría una ración de 2 litros de cebada por día, y un poco menos recibirán las mujeres y niños. También en España, una estela de Baños de la Encina (Jaen), en plena zona productora de Sierra Morena, representa un niño minero con martillo y cesta.

Viene esto a cuento porque hoy en día es una práctica comúnmente aceptada que los jóvenes dediquen una buena parte de su tiempo al entrenamiento y a la actividad deportiva de cierto nivel. Así, no es extraordinario encontrar jugadores en edad escolar, no universitaria, con 4, 5 y 6 sesiones de entrenamiento más 1 ó 2 partidos. Resulta curioso que sus padres lo permitan, e incluso aplaudan. No parece congruente que la sociedad manifieste su rechazo al trabajo infantil, pero se permitan duros procesos físicos con largas, numerosas y tediosas sesiones de preparación.


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Peor aún, estas prácticas sólo se justifican por el rendimiento, por el supuesto éxito deportivo que, en la mayoría de las ocasiones, nunca llega. Muchos clubes, y también la Federación Navarra de Baloncesto, organizan sesiones de entrenamiento extra a las que acostumbran a llamar “tecnificación” o algo similar. En ellas se trabajan los fundamentos que los jugadores deberían tener asimilados desde mucho antes, pero en las que no han sido adiestrados a su debido tiempo. La técnica individual está completamente olvidada en lo cotidiano del baloncesto navarro. No nos comportemos como en los tiempos de Agatharquides, no enviemos a los jóvenes a las galerías subterráneas y los trabajos más pesados. Proporcionémosles unos entrenamientos adecuados en tiempo y calidad. Seamos unos entrenadores más creativos. Ellos lo agradecerán, ¡seguro!


LA MER, EL MAR Transcurría el año 1905 cuando el compositor francés Claude Debussy terminaba en la localidad de Dieppe su tríptico sinfónico llamado La Mer (El Mar). En su estreno el 15 de octubre, el público estaba absolutamente dividido. Unos pocos aplaudían estruendosamente, aunque las crónicas de la época cuentan que eran los propios amigos del compositor. Mientras, otros, una gran mayoría, silbaban con no menos entusiasmo. En un instante de calma, una voz desde la galería, exclamó: "J'ai le mal du mer" (tengo el mal del mar, o sea: estoy mareado), que provocó un huracán de carcajadas. Pese a que en la obra Debussy supo como nunca captar la poesía de los instantes fugaces con el tema del agua y sus constantes fluctuaciones, algo salió mal y varios músicos de la orquesta debieron desafinar.

Viene esto a cuento por la metodología que estamos empleando para entrenar a los equipos de base. Cuando un entrenador joven recibe un grupo de jugadores lo que generalmente hace es dedicarse a ordenarlos en el campo. Sin embargo olvida que todavía no conocen los fundamentos del baloncesto: no saben driblar, pasar, tirar, etc. Crea una orquesta que desafina porque los músicos no dominan sus instrumentos. En Navarra, tenemos jugadores, y especialmente jugadoras, con talento y físicos apropiados: altas, coordinadas, rápidas, en definitiva, con cualidades muy adecuadas para jugar a baloncesto. Pero es sólo eso. Ninguno o ninguna aspiran a solistas y hacer grandes cosas individualmente. Desde muy jóvenes los y las convertimos en miembros de una orquesta que suena mejor que la del estreno de El Mar. Pero sus habilidades individuales son mínimas, poco cultivadas, algo que no les permite llegar a las categorías nacionales con los conocimientos necesarios para ser decisivos. Todo ello nos hace pensar que la metodología de enseñanza en la base del baloncesto navarro es definitivamente mala con los más jóvenes, de lo contrario los resultados serían mejores. No se trabaja la técnica individual.


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Michael Jordan, en su libro titulado “Mi Filosofía del Triunfo”, manifiesta que “en el instante mismo que uno se aleja de lo básico, los cimientos se debilitan hasta derrumbar toda la estructura”. Para él, todo se resume en una sentencia muy sencilla: “existen buenas y malas maneras de hacer las cosas. Un jugador puede practicar el tiro ocho horas diarias, pero si la técnica es errónea, sólo se convertirá en un individuo que es bueno para tirar mal. Debe volver a lo básico para elevar el nivel de todo lo que haga”. Esperemos que en un futuro no muy lejano, los espectadores de los partidos de baloncesto de nuestra comunidad no sufran el mal del mar. Será porque esas orquestas que son los equipos de baloncesto dispondrán de unos grandes intérpretes, unos jugadores muy buenos técnicamente.


BIBLIOTECA Transcurría el año 295 a.C. cuando Ptolomeo I Sóter fundó la Biblioteca de Alejandría apoyado en los consejos de los sabios griegos Eudoxio y Demetrio de Falero, su primer director. Se inspiraron en las enseñanzas de Aristóteles, que pese a morir 27 años antes, les había indicado cómo debían formarla. La Biblioteca fue lugar para todo tipo de saberes: literatura, matemáticas, astronomía, historia, física, medicina, filosofía, geografía, biología e ingeniería. En sus salas nacieron muchas teorías que todavía hoy en día tienen valor. Así, el geógrafo Eratóstenes realizó un trabajo sobre la medición de la Tierra, el astrónomo Hiparco trazó un mapa de las constelaciones, Euclides sistematizó la geometría, el matemático Apolonio de Perga investigó sobre las propiedades de la parábola y elipse, y Arquímedes residió y estudió en la ella antes de llegar a su famoso principio. La Biblioteca de Alejandría iluminó el mundo hasta que una horda de fanáticos la incendió en el año 415 d.C. Aunque algunos historiadores culpan al califa Omar de su destrucción final, lo cierto es que cuando las tropas de su comandante Amir Ibn al-Ass tomaron la mítica ciudad de Alejandría en el año 642 d.C. no quedaba nada de la Biblioteca.

Viene esto a cuento por la prácticamente inexistente utilización que se da a la biblioteca de la Federación Navarra de Baloncesto. Pese a que algunos malintencionados comentan que los volúmenes almacenados podrían llegar a tener la misma antigüedad que los de la homónima de Alejandría, y pese a ser innegable que en los últimos tiempos poco o nada ha sido renovada, su contenido es muy completo y de gran utilidad para los entrenadores navarros. Que la biblioteca de la Federación Navarra de Baloncesto no tenga vida es preocupante ya que puede reflejar el poco afán de mejorar, la base del progreso, de los entrenadores de la comunidad. Parece que no se está dispuesto a aprender y aprovechar los conocimientos o técnicas de otros que, generalmente, son mucho mejores. También es cierto que para desear crecer es preciso adoptar una perspectiva humilde respecto a los propios conocimientos. ¿Es esta la realidad? ¿Los técnicos navarros ya saben todo lo que se puede conocer del baloncesto?


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Utilicemos las bibliotecas, ya sea la de Alejandría, la de la Federación o la de la “Diputación” en la plaza de San Francisco. En ellas está el saber. Leamos. Leamos para obtener información, para aprender, para desarrollar los propios conocimientos, para investigar, para entender y apreciar la opiniones de los otros. Leamos para poder actuar, para participar, para expresar una opinión de forma documentada, para dar cuenta de lo que se ha aprendido, para transmitir a los jugadores. Y, por supuesto, leamos para entretenernos, por el puro placer de leer, para soñar, imaginar, divertirse, evadirse y disfrutar intelectualmente. Nota: En 2011 ya no existe la Biblioteca de la Federación Navarra de Baloncesto, ¡lamentable!


CALÍGULA, LAS RATAS Y LA AUTOESTIMA Transcurría el año 12 cuando la ciudad italiana de Anzio veía nacer a Cayo Julio César Augusto Germánico. Más conocido como Calígula, llegó al gobierno en el 37, a la edad de 25 años, cuando ya era muy apreciado por la clase militar. Tanto es así, que su apodo, Calígula, era el diminutivo de caliga, el calzado que usaban habitualmente los soldados romanos y con el que Cayo había sido presentado ante las tropas en su niñez. Tres años más tarde, en el 40, se lanza a la invasión de Britania. Con sus tropas bien pertrechadas llegó a las costas de la Galia para comenzar el ataque. Sin embargo, en lugar de dar la orden para que embarcaran en las naves que les estaban esperando y dar inicio a la campaña, si limitó a insultar a las olas del océano y a ordenar a sus soldados que recogieran las conchas que había en la arena como si de un botín de guerra se tratase. A su vuelta a Roma, proclamó su éxito y obligó al Senado a decretar una ovatio a su entrada en la ciudad. La realidad era bien distinta, a la hora de la verdad se acobardó y no tuvo arrestos para lanzarse al asalto. Por cierto, duró en el poder poco más de un año.

Viene esto a cuento por los jugadores, no pocos, que se acobardan a la hora de tomar una decisión en el campo. Normalmente están muy integrados en el grupo, tienen una actitud excelente, son grandes defensores, son capaces de dar buenas asistencias y de crear juego para sus compañeros. Su problema llega a la hora de ir a canasta: se cortan, nunca miran al aro, siempre la pasan y se esconden procurando que el balón no vuelva a sus más que temblorosas manos. Y lo peor es que se dan cuenta que todo ello no les beneficia, que juegan menos minutos de los que podrían.


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En los años 70, científicos ingleses realizaron un experimento ahora retomado. Se trataba de encerrar 5 ratas a las que se sometía a pequeñas descargas eléctricas. Una de ellas disponía de una palanca que podía interrumpir todas las andanadas, no sólo las suyas. Al final del ensayo todas habían sido castigadas con la misma intensidad. A las 4 primeras se les cayó el sistema inmunológico en 3 semanas y murieron. La otra, la del interruptor, que creía que controlaba algo de la vida, duró 6 meses. Hoy se ha descubierto que las personas, y los jugadores, que están en la parte más baja de la jerarquía, que tienen la impresión de que la propia existencia o el juego les supera, tienen una esperanza de permanencia en el deporte, o en sus actividades diarias, mucho más corta que las que son decididas y emprendedoras. Como Calígula al no atacar las islas británicas, aquellos que tienen una autoestima baja, aquellos que se presionan tanto a sí mismos que no intentan hacer puntos para su equipo, duran muy poco en el baloncesto porque el resto de cualidades son poco apreciadas. Los otros, los que atacan con desparpajo pero que hacen como que defienden, los que se la juegan siempre y nunca dan un pase en condiciones, los que nunca encuentran un compañero bien colocado, son los que a la larga triunfan.


DIRECTIVOS, TRABAJO EN EQUIPO Transcurría el siglo III a.C. cuando el emperador Kao Tsu, llamado Liu Pang (202-195 a.C.), consolidó por primera vez a China como un imperio unificado. Celebró su victoria contra Hsiang Yü y la instauración de la dinastía Han con un gran banquete al que invitó a importantes oficiales de su gobierno, líderes militares, poetas y profesores, incluyendo a un tal Chen Cen, el maestro que le había guiado durante la batalla. Los discípulos de Chen Cen estaban impresionados por la grandeza de los actos pero desconcertados por una cuestión que no entendían. En su opinión Liu Pang, que no tenía una cuna noble o los conocimientos de sus adjuntos, por lo que no encajaba entre los ilustres mandos y asesores que le acompañaban en la mesa. Al general Xiao He nadie superaba en logística militar, el táctico Han Xin contaba sus combates por victorias, y el astuto diplomático Chang Yang estaba especialmente dotado para formar alianzas antes de luchar. Ante la extrañeza de sus alumnos Chen Cen les preguntó qué determinaba la fuerza de una rueda, a lo que el más adelantado rápidamente respondió: ¿No es la robustez de los radios? Entonces, dijo el maestro, ¿cómo es que dos ruedas construidas con idénticos radios difieren en su fortaleza? Ved más allá de lo evidente y tener presente que una rueda está hecha por los radios, pero también por el espacio entre los radios y de la armonía entre ellos. Unos radios fuertes mal colocados producen una mala rueda. La esencia de la construcción de las ruedas reside en la habilidad para concebir el espacio que equilibra los radios. Otro discípulo preguntó entonces ¿cómo se puede asegurar la armonía entre los radios? Chen Cen les pidió que pensasen en que la luz del Sol alimenta y vitaliza los árboles y las flores. Y al final estos crecen en dirección al propio Sol. Esto ocurrió con el emperador Kao Tsu, Liu Pang. Después de colocar a individuos en posiciones en las que desarrollaban plenamente su potencial, aseguró la armonía entre ellos dándoles a todos crédito por sus logros. De esta manera, así como los árboles crecen hacia lo que les da la vida, el Sol, los individuos seguían a Liu Pang con devoción.

Viene esto a cuento por la enorme dificultad que existe en nuestro baloncesto de encontrar directivos que trabajen en equipo. Normalmente el problema viene desde el Presidente, que habitualmente no está preparado para ejercer de líder de un grupo. (…)


DIRECTIVOS, TRABAJO EN EQUIPO continuación

(…) Es muy usual que tome las decisiones sin consultar con sus colaboradores para, después, hacerles partícipes de geniales ocurrencias (algunos se atreven a denominarlas ideas) procurando que todos estén de acuerdo. Cuando llega este momento, la mayoría de los miembros de la junta bajan la cabeza y callan. Pero los que tienen un poco de interés se revelan contra su jefe y tienen la maldita costumbre de llevarle la contraria. Mas, ¿cómo acaba el tema? El Presidente mantiene su luminosa disposición sin llegar tan siquiera a una votación y los asesores que deseaban ser tenidos en cuenta dimiten por sentirse absolutamente ninguneados. Todo presidente, como líder de un equipo, debe rodearse de los mejores consejeros y colaboradores. La opinión de unos y el trabajo de otros siempre deben ser valorados. Nadie puede crear un equipo exitoso solo, no importa el talento que posea. La dirección de arriba a abajo y el poco respeto hacia las aportaciones del resto no es una vía efectiva para estimular la creatividad. Todo lo contrario, es necesario cultivar las habilidades de todos con el fin de conseguir que sientan que tienen un puesto en la mesa. Así ocurrió con Xiao He, con Han Xin y con Chang Yang, artífices del triunfo del emperador Liu Pang, a los que conquistó como lo hace un buen presidente, con el corazón y a través de la inclusión y la participación. Por cierto, hasta Michael Jordan sabe de lo que es el trabajo en equipo, ya que en su libro ‘Mi filosofía del triunfo’ (página 29) comenta que “¿De qué sirve un gran ejecutivo con ideas brillantes

si no cuenta con las personas que han de convertirlas en realidad? Si usted no pone a cada pieza en su lugar, particularmente en las bases, de nada sirve la idea. Puede tener los mejores vendedores del mundo, pero si los obreros que manufacturan el producto no son buenos, nadie lo comprará”. Así sea.


DESEAR EL EQUIPO DEL COMPAñERO Transcurría el año 507 cuando Alarico II fue vencido y muerto a manos de los francos en la batalla de Vouillé. Con su derrota terminó el llamado reino visigodo de Tolosa y se inició el asentamiento masivo y definitivo de los godos en España. Alarico, Ataúlfo, Sigerico, Valia… y así hasta completar la interminable lista de 33 reyes godos que todo escolar que se preciase estudioso y aplicado debía aprender hasta hace muy poco tiempo en el colegio. Recitarlos de corrido ante las visitas llenaba de orgullo a los papás del niño que era capaz de hacerlo, memorizando nombres que no tenían nada de sencillos.

Pocos reyes godos murieron de muerte natural y muchos de sus reinados son tan apasionantes como terribles. En la dinastía goda la sucesión no era hereditaria, sino que el monarca era elegido entre la nobleza, algo que desarrolló en ellos una pasión desmedida por el asesinato para deshacerse del mandatario o del sucesor designado. Cometían verdaderos desmanes para acceder a un poder para el que no habían sido legitimados. Hasta el año 711, en el que Rodrigo, último rey godo es derrotado y finiquitado por los musulmanes que consiguen entrar en la península, están documentadas una enormidad de atrocidades. Así, Sigerico liquidó a Ataúlfo y a sus seis hijos, Turismondo murió a manos de su hermano Teodorico II que a su vez fue vengado por Eurico, a Teudiselo lo mandaron al otro mundo sus favoritos, el feroz Atanagildo finiquitó a Agila, Liuva II fue eliminado por Viterico y este por los seguidores de Gundemaro, Sisenando retiró de la circulación a Suintila… Viene esto a cuento por el interés desmedido en ocupar el puesto de un compañero de algunos entrenadores. Se dirigen a su Junta Directiva, o al coordinador del Club, o a la persona a la que piensan que pueden presionar con más facilidad con obligaciones del tipo de ‘o me das el equipo de Juan o dejo el club’. Resulta que el tal Juan lleva unos cuantos años trabajando con el grupo del deseo con excelentes resultados, por lo que algunos, probablemente descendientes de los reyes godos, quieren retirar a Juan y aprovecharse de su buen hacer. Cuando el mandatario es inteligente y honrado, Juan sigue en el puesto, pero si es el amigote del reclamante, Juan reanudará su carrera en otro sitio o dejará el baloncesto, como acostumbra a suceder.


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En el deporte, la competitividad insana está a la orden del día, aunque a diario destilemos una sonrisa simulada hacia el entrenador compañero. Entrenamiento a entrenamiento, partido a partido, temporada a temporada deberíamos correr infatigablemente pretendiendo el progreso de nuestros jugadores. Sin embargo, la carrera real se produce para atesorar prestigio, para acumular privilegios, para destacar por encima de la media. Todo ello, además, haciendo lo menos posible y usurpando el trabajo de otros. Para ser un entrenador que supere el listón de la normalidad llegando a los equipos de campañillas, hay luchar ¡y mucho!, no por uno mismo, sino por los deportistas. Esta disputa es compleja pues no basta con actuar como los reyes godos, llegando al pabellón con un garrote y aplacar al oponente. Son necesarias otras formas. No es lo mismo ganar de ida que ganar de vuelta, no es lo mismo ganar de cara que de espaldas.


LA OPORTUNIDAD DEL PLATANITO Transcurría la tarde del viernes 28 de febrero de 2003 cuando en la madrileña plaza de Vista Alegre se celebró un homenaje al lidiador Blas Romero. ‘El Platanito’, como era conocido, sólo tenía una obsesión: ser torero. Por ello dejó su trabajo para recorrer el campo en busca de alguna res a la que dar capotazos. Su estilo era tremendista y arriesgado y sólo necesitaba un medio para darse a conocer. Por fin la ocasión llegó con una corrida organizada para descubrir nuevos talentos, el llamado festival de ‘La Oportunidad’, celebrado en junio de 1964. Blas Romero triunfó en toda regla como novillero, pero no por sus capacidades técnicas o artísticas; muy al contrario, la gente llenaba las plazas para reírse a mandíbula batiente con los porrazos que le daban los novillos. Cuentan las crónicas que toreando a un bicho difícil fue vapuleado y lanzado varias veces al aire. Sangraba por la cara y por la pierna y tenía la taleguilla hecha jirones, pero en un alarde de valentía dijo a su cuadrilla: ‘Quietos, todo está según lo previsto’.

Blas Romero llegó a tomar la alternativa como matador el 10 de octubre de 1970, pero nunca alcanzó el sueño de triunfar en los ruedos. Cansado de intentarlo una y otra vez, se convirtió en diestro de charlotada, al estilo del ‘Bombero Torero’. Recorriendo los cosos con un vehículo en forma de plátano, intentó una y otra vez acceder al mundo del toreo serio a través de sus apariciones humorísticas. Nunca lo consiguió, y hoy en día se le conoce por la cínica frase que el mundillo taurino le dedicó: La ‘oportuniá pal’ Platanito.

Viene esto a cuento por las escasísimas oportunidades que en Navarra tienen los entrenadores jóvenes de llegar a un equipo de categoría Nacional. Ya sea un conjunto femenino o masculino, y con muy pocas excepciones, todos están copados por técnicos veteranos, algunos los llaman dinosaurios, que nunca dan paso a otros más noveles. Es más, en las raras ocasiones en que un club tiene que ocupar una vacante siempre busca al preparador más curtido y considerado más experto.


LA OPORTUNIDAD DEL PLATANITO continuación

De esta forma los técnicos teóricamente menos iniciados se aburren de esperar su oportunidad y como El Platanito se convierten en entrenadores de verbena. Marchan a clubes donde nunca van a aspirar a equipos nobles, pero en los que al menos tienen el aliciente de llenar sus bolsillos con sumas que les compensan el desprecio que sienten. Después, conforme van finalizando su carrera universitaria y encuentran trabajo, van abandonando la práctica activa del deporte, con lo que el baloncesto pierde elementos verdaderamente valiosos. En los cursos de entrenadores muchas veces se dice que los mejores entrenadores deben estar en los equipos de categorías inferiores. Se supone que así se consiguen jugadores mejor formados, tanto técnicamente como en disciplina deportiva. Pues, menos palabrería y hagámoslo de una vez.


Antonio Díaz Miguel fue seleccionador nacional de baloncesto durante 27 años. Falleció el 21 de febrero de 2000. Además de ser un genio como entrenador y un avanzado a su época, era una persona muy alegre y de gran humor como demuestra este artículo que publicó en la revista Nuevo basket un día de los Inocentes.

Artículo publicado en la revista NUEVO BASKET, el 28 de Diciembre de 1.980

Esta semana nuestras páginas se visten con sus mejores galas para servir de marco a un genial artículo del seleccionador nacional Antonio Díaz Miguel. Sirvan estas líneas para expresar nuestro más cordial agradecimiento hacia su persona. "PASAR Y SENTARSE" Uno de los aspectos más descuidados dentro de la técnica individual es el nulo trabajo que realizan la mayoría de entrenadores con el banquillo. Como es natural, los "huéspedes de la madera" -como bien dice mi amigo Lou Carnasseca- no progresan y dan una imagen muy pobre del equipo. Es objetivo de mi disertación el conseguir que los entrenadores españoles tengan una modesta orientación de cómo tratar a sus banquilleros. Fundamentos básicos. La posición fundamental del jugador en el banquillo no debe variar sustancialmente tenga nuestro equipo posesión de balón o no: brazos doblados 45 grados, puños semicerrados, la espalda recta -muy importante- y sin que se apoye en ningún respaldo. Los pies jamás deberán cruzarse y buscaremos con afán que mantengan una separación aproximadamente igual a la anchura de los hombros del jugador. Solamente variaremos la voz; en ataque -es una opinión personal- no me gusta que mis jugadores griten demasiado mientras que en defensa, todo el banquillo debe ser un clamor. Hay que motivar al defensor del balón, avisar los bloqueados y puertas atrás. Contra zona, atención a los cortes y siempre, rugir ¡tiro! a cada lanzamiento del rival. Tampoco olvidaremos ayudar con nuestra voz al rebote defensivo. En los equipos universitarios americanos cada integrante del banco está encargado de "ayudar" a un jugador determinado de los que están en pista. Cuando hemos conseguido que nuestros jugadores cuenten con los fundamentos mínimos anteriormente explicados, podremos introducir un sistema de juego que en la Selección me ha dado muy buenos resultados: el "pasar y sentarse". Entre sus principales virtudes puedo señalar el constante movimiento de los hombres del banco y que hay buenas oportunidades de calentar el banquillo para todos. Pasar y sentarse. El pasar y sentarse da muy buenos resultados con jugadores de mal carácter. Por ejemplo, estoy muy orgulloso del rendimiento que le saqué a Santillana en la última Olimpiada.


PASAR Y SENTARSE continuación 1

Movimiento: los jugadores deben estar constantemente moviéndose intercambiando sus posiciones entre la zona de "banco alto" (la más cercana al entrenador) y "banco bajo" (la más lejana). También serán muy recomendables los cortes sin chándal sobre el ayudante o, en su defecto, el delegado. Voz: Los jugadores, ya lo hemos señalado antes, tienen libertad para gritar lo que crean más conveniente en defensa. Bloqueos: Los jugadores del banquillo deben estar bloqueando a cualquier compañero que esté en condiciones de saltar a la pista. El bloqueo debe de ser bueno. Jugador sin chándal: debe intentar colocarse lo más cerca posible de su entrenador, en caso de saltar a la pista y lo más alejado posible en caso de regresar al banco, pues con su sudor molesta al resto de la plantilla. Reserva vitalicio: si tenemos en el banco un jugador de estas características, podemos hacer buen uso de él si le hacemos transportar el agua y secar con toallas, que previamente habremos dispuesto, el sudor de sus compañeros en los tiempos muertos.

El buen banquillero se hace en los entrenamientos

Iniciación al banquillazo libre controlado. No hay reglas para determinar en qué momento sentamos al jugador y cada uno puede hacerlo como quiera. Podemos, sin embargo, dar las siguientes normas de tipo general. 1. No estar sin chándal más de tres minutos; al cuarto me lo pongo, mirando siempre hacia el entrenador. 2. Acercarse como mínimo un metro para insinuar un posible cambio, y conservando el triángulo glúteos-banquillo-entrenador. 3. Señalar siempre con la mejor intención los defectos del compañero que está en pista, con ánimo constructivo y sonriendo al entrenador. Es aconsejable buscar los defectos de quienes ocupan nuestro puesto específico (base critica a base, etcétera). 4. Si hay un hombre más lejos del entrenador que tú, ve y bloquéalo. Si no hay nadie, vete y vuelve. 5. Nunca sentarse más atrás del hombre al que acaban de sustituir.

Galcerán cortándose sobre el ayudante


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Ejercicios 1. Dos contra dos, medio banco. 2. Uno contra uno todo banco. 3. Tres contra tres, con banquillo (mi tradición). 4. Cuatro contra cuatro. Cada cinco pases, se debe conseguir una sustitución. Los atacantes deben conservar la posesión del banquillo un mínimo de treinta segundos. Situaciones Especiales El "pasar y sentarse" contempla también una serie de situaciones especiales que vamos a especificar. Jugada de tres puntos (canasta y falta) 1. Si atacamos: salto hacia arriba con buen "timing" entre la acción y el pitido arbitral. Un brazo hacia arriba con el puño cerrado y rugido salvaje. Ligero acercamiento a la línea de banda. En caso de que el árbitro señale falta de ataque, cuidaremos de reclamar la validez de la canasta, haciendo oscilar de arriba a abajo los dedos pulgar e índice y no protestemos la falta. 2. Si defendemos: Patada al banco y mirada al entrenador. En caso de que el árbitro dude, reclamaremos falta de ataque golpeando el puño contra la palma de la otra mano, e incluso, reclamaremos la invalidez de los dos puntos oscilando de izquierda a derecha la palma de la mano, que debe apuntar hacia el suelo. Tiempo muerto. Acudir siempre al tiempo muerto. Palmear los glúteos de los compañeros y ganar una buena posición dentro del corro bloqueando y situándose lo más cerca posible del entrenador. Buena extensión de brazo a la hora de juntar las manos tras agotar el minuto.

Héctor se queda en el bloqueo. Estrada ganó la posición

Sustitución. Es el momento más importante del juego. Debemos adivinar la intención del entrenador. El jugador debe realizar una torsión de tronco hacia el lado del "coach", inclinarse unos 45 grados, sonreír y desabrocharse los primeros botones del chándal con gesto enérgico. Si lleva cremallera, fuerte tirón. Es muy importante ganar la posición. Esto es, a grandes rasgos, el "pasar y sentarse". El equipo que llega a dominarlo, no tendrá rival y ganara imagen de campeón. Llegar a ser un buen banquillero es cuestión de orgullo y dedicación. Inculquémosla a nuestros jugadores.


“COORDICTADORES” Transcurrían los primeros días del verano del 324 a.C., una estación bochornosa y húmeda, cuando el gran Alejandro Magno regresó a Babilonia tras finalizar sus conquistas. Había concluido su empresa en una metrópolis hacinada y asfixiante, ya que más allá de toda expectativa e imaginación, el joven rey había sometido todos los reinos del mundo conocido y solo se había detenido cuando se ejército se había negado a proseguir a orillas del río Hífasis en la India. Su llegada no fue fácil, muchos de sus gobernadores macedonios se habían entregado a todo tipo de excesos, arbitrariedades, malversaciones, corruptelas o prevaricaciones. Evidentemente, pensaban que Alejandro nunca regresaría de sus campañas asiáticas.

Alejandro castigó a los culpables de forma ejemplar. En un discurso que pronunció para despedir a los tramposos manifestó que «no he tomado nada para mí, y nadie puede echarme en cara que esconda tesoros (…), como la misma comida que coméis vosotros (…), me despierto antes que vosotros cuando todavía dormís tranquilos en vuestros catres. Alguno de vosotros podría pensar que mientras habéis llevado a cabo estas conquistas con mil fatigas y padecimientos, yo me apropiaba de ellas sin ningún esfuerzo. Pero ¿quién de vosotros está convencido de haber soportado más fatigas por mí que yo por él? » Hoy en día algún coordinador de club de baloncesto en Navarra funciona de la misma forma que los supuestos colaboradores de Alejandro el Grande. Alejandro les decía que no había tomado nada para él, el coordinador se apropia en primer lugar cual será el equipo que va a entrenar, por supuesto el mejor, y reparte el resto entre los demás técnicos. Alejandro no podía soportar corruptelas o prevaricaciones, el coordinador opta siempre por su amigote para entregarle el segundo equipo en calidad del club. Alejandro estaba absolutamente en contra de las arbitrariedades, el coordinador se permite hacer y deshacer sin tan siquiera obtener el título de entrenador más básico. Alejandro conquistó con mil fatigas y padecimientos, el coordinador se escapa cuando un padre de un jugador “ataca” verbalmente a su técnico porque su hijo no juega. Alejandro se despertaba el primero, el coordinador ni tan siquiera se digna a acudir a entrenamientos y partidos de sus equipos para controlar su evolución. Alejandro soportó más fatigas que todos sus colaboradores, el coordinador coloca con total desparpajo los asuntos que le cansan al resto de directivos... Desde luego, pocos coordinadores trabajan en Navarra como el ejemplo descrito. La mayoría ha obtenido el título de entrenador superior, no se queda con el equipo de campanillas del club, no coloca al amigo antes que al competente, se encarga de los padres problemáticos, se presenta en los entrenamientos o encuentros de sus equipos, etc. No obstante, como consejo, hay que procurar trabajar en los clubes en los que el puesto lo ocupa uno de estos, no de aquellos que están encantados de haberse conocido.


GENESIS En el principio…

“La Tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas.” (Libro del Génesis, 2).

Oscuridad, confusión y caos reinan en el baloncesto navarro. Huérfano de equipos de alto nivel, el deporte de la canasta en Navarra se aferra a los últimos puestos del ranking nacional. Ninguna otra comunidad, salvo la ciudad autónoma de Ceuta, se encuentra en peor posición que la nuestra. Tras el intento fallido en chicas hace un par de temporadas, y desaparecido Alvecón Maristas ¿qué nos queda? Más el viento fresco que aletea por encima de las aguas, nos ha traído a unos cuantos audaces, y ellos aportan la luz. Nuevos directivos, nuevos patrocinadores, o los mismos ¿qué mas da? Que arriesgan promocionando dos nuevas iniciativas muy prometedoras. Así, un equipo de LEB Bronce masculina y otro en Liga Femenina 2 están a punto de comenzar su andadura llevando el nombre y el buen hacer del baloncesto navarro allí donde disputen sus encuentros. Y vio Dios que era bueno…

“Dijo Dios: <Haya luz, y hubo luz>. Vio Dios que la luz estaba bien y apartó la luz de la oscuridad.” (Libro del Génesis, 3 - 4).

La noche dio paso al día, Navarra dejó atrás la oscuridad y la luz inundó a todo su deporte de la canasta. Luz para ilusionarnos con dos proyectos significativos. Luz para los jugadores y jugadoras que pueden luchar por algo grande sin abandonar nuestra Comunidad. Luz para la cantera que podrá crecer representada en conjunto de categoría importante. Luz para los espectadores que verán desfilar por nuestras canchas a figuras llegadas de otras culturas (Estados Unidos, Europa del Este, etc). Luz, en definitiva, para todos aquellos que queremos que el baloncesto en Navarra llegue a las cotas más altas, y que nos unimos en dos sueños comunes. Publicado en: Revista 6’25 - Nº 12 (Junio 2007) FEDERACIÓN NAVARRA DE BALONCESTO


HUELLAS EN LA CANCHA PARABOLA DEL ENTRENADOR DE BALONCESTO

Era un día soleado de finales de Mayo. El viejo entrenador disfrutaba, nostálgico, sus pasadas glorias caminando por uno de los parques de su ciudad. Los últimos entrenamientos de la temporada caían, uno tras otro, como una pesada losa en los cansados deportistas. Poco le importaba, hacía ya muchos años que había abandonado las pistas. Del Baloncesto sólo le quedaban un montón de buenos recuerdos. Había pasado bastante tiempo desde que se topó con uno de sus “pupilos”, y sin embargo le parecía que fuera ayer, pues el aprecio que sentía por ellos era enorme. Sin embargo, aquel día era uno de esos que parecen predestinados a que algo importante ocurra. Y así fue. Minutos más tarde, como si de un regalo para su cercano cumpleaños se tratara, apareció uno de sus jugadores más apreciados.

En su juventud compartieron aficiones, gustos, inquietudes y, sobretodo, muchísimas horas entrenando. Sus vidas deportivas fueron bien parecidas. El entrenador nunca dejó su localidad para dirigir a equipos de gran categoría. Siempre decía que lo suyo era enseñar baloncesto a los jóvenes, que resultaba más agradecido. Al menos eso comentaba, aunque lo más probable es que nunca hubiera tenido la oportunidad de dar el paso hacia la élite. El jugador, pese a intentarlo con ahínco, tampoco había destacado como gran figura. Ahora que se volvían a encontrar, hablaron y hablaron… - Entrenador, un día tuve un sueño en el que repasaba toda mi trayectoria. Veía como el primer día que llegué a la pista sólo la recorrían dos huellas. Se manifestaban firmes, bien marcadas, como de alguien que sabía lo que hacía. Eran tus huellas, coach. Poco a poco, otras pisadas hollaban el terreno de juego. Las dejaban mis zapatillas deportivas. Al principio eran casi imperceptibles, lo mismo que mis titubeantes pasos en el Baloncesto. Después, conforme iba progresando, las impresiones que dejaba eran cada vez más perceptibles.


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Al mismo tiempo me daba cuenta que tu camino y el mío iban siempre juntos, cercanos y en la misma dirección. Parecía como si fuésemos cogidos de la mano y, por ello, me sentía arropado y seguro, tanto en el terreno de juego como fuera. Sin embargo, en los momentos más difíciles de mi carrera el sueño se mostraba borroso y sólo se apreciaba una huella. Si te he de ser sincero, el tema llegó a molestarme mucho. ¿Qué pasó? Daba la impresión de que me dejaste ‘tirado’ cuando más te necesitaba. - Recuerdo perfectamente tus ardientes deseos de mejorar y lo mal que lo pasabas cuando las cosas no te salían. Recuerdo lo mal que te sentaba que tomara alguna decisión que no te convencía… Sin embargo, pareces que no entiendes nada. La única pisada que veías en tu sueño cuando las circunstancias se volvían más complicadas era la mía. Resulta que cuando el itinerario que seguíamos se volvía más tortuoso, te recogía en mis brazos y te conducía llevándote sobre los hombros. Adaptado de "PARÁBOLAS COMO DARDOS" (Manuel Sánchez Monge).


ANAGRAMA Transcurría el final del siglo IV a.C. cuando en Calcis, la principal ciudad de la isla griega de Eubea, nacía un personaje llamado Licofrón. Poeta y dramaturgo, vivió en la corte del faraón egipcio Ptolomeo II Filadelfo, que le invitó a trabajar en el año 285 a.C. en la Biblioteca de Alejandría. Se conocen los títulos de 20 de sus tragedias, y se conserva completo su monólogo épico-lírico denominado Alejandra, un poema oscuro y enigmático basado en las profecías de Casandra, hija de Príamo, el rey de Troya. Poseía, además, profundos conocimientos sobre el teatro y la comedia.

El agudo ingenio de Licofrón le permitió inventar los primeros anagramas lingüísticos de la historia, en los que, desordenando las letras de una palabra o frase resulta otra distinta. Para explicarlo, tomando como ejemplo dos de los jugadores españoles en la NBA, un anagrama de Gasol sería ‘Glosa’ (o ‘lagos’ o ‘galos’), y de Calderón podría ser ‘con la red’ (o ‘de Roncal’). De esta forma, Licofrón dedujo el anagrama de la reina Arsinoe, consorte del propio Ptolomeo II y combinando las letras de su nombre salió ‘ion eras’, que significa ‘violenta de Juno’, la diosa romana de la maternidad la protectora de las mujeres. Viene esto a cuento porque algunos dicen que en los anagramas se encuentran señales ocultas que ayudan a comprender la personalidad de un personaje o institución. Un anagrama es como descifrar un mensaje secreto al desordenar algunas letras. Así, tomando como clave BALONCESTO FORAL nacen unas cuantas transposiciones que no lo definen demasiado bien: ‘Losa confortable’ parece indicar que nuestro basket se encuentra en placentero sueño. ‘Baloncesto farol’ manifiesta fachada, mucho hablar y poco trabajar. ‘Folclore banasto’, siendo un banasto una cesta, diría que el deporte de la canasta es bastante folclórico, poco serio. Y, ‘fracaso botellón’, ¿estará indicando alguna tendencia? Por cierto, en los anagramas que se obtienen de FEDERACION NAVARRA DE BALONCESTO aparecen dos personajes misteriosos. De muy difícil identificación, ¿quién será el ‘conferenciante alabador versado’? Aún más, ¿qué esotérica personalidad se camuflará detrás de ‘faraón convaleciente desbarrado’? Tómense un tiempo, por favor. Realicen un esfuerzo, y si los descubren comuníquenlo.


MILES GLORIOSUS, EL SOLDADO FANFARRON Transcurría el año 254 a.C. cuando la ciudad de Sársina, en la Umbría italiana, veía nacer a Tito Maccio Plauto. Se cuenta que en su juventud se trasladó a Roma para convertirse en soldado, primero, y comerciante después. Tras arruinarse, se convirtió en molinero al tiempo que empezaba a escribir. Como comediógrafo, Plauto se apoderó de la escena, ya que sus personajes eran burlones e ingeniosos. Con ellos, patricios y plebeyos tenían la oportunidad de desternillarse de risa. Entre los individuos brotados de la inventiva de Plauto destacó uno al que dio el nombre de Pirgopolinices.

Pirgopolinices era el protagonista de una comedia cuyo título era Miles Gloriosus, que se puede traducir como “el Soldado Fanfarrón”. En ella, el personaje aparecía como un cobarde que temía a la lucha, como un embustero que magnificaba sus hazañas sin haber realizado ninguna y como un vanidoso que gustaba de llevar cerca de sí a un esclavo encargado de ir cantando al pueblo sus ocurrencias. Para los romanos, que sabían lo que era combatir ferozmente y que conocían el valor de las palabras, el Pirgopolinices de Plauto era un ser ridículo que en la escena provocaba enormes carcajadas. Viene esto a cuento porque en nuestro baloncesto empiezan a proliferar una serie de figuras que se autodenominan técnicos que, de la misma manera que Pirgopolinices, viven de contar sus batallitas en lugar de su buen hacer en las pistas. Comienzan por referirse a su inmaculado currículum. Siguen comentando los clinics que han impartido y a los campus que han acudido Dios sabe donde. También nos informan de los grandísimos jugadores que han entrenado para, después, restregarnos sus contactos con un conocido entrenador de ACB al que nombran por su nombre en lugar de su apellido y con el que, al parecer, hablan cada semana. El momento culminante de la comedia titulada El entrenador fanfarrón, que perfectamente pudo ser escrita por Plauto, se produce cuando nos revelan que tienen el trasero ‘pelao’ de tanto estar en los banquillos. Curiosamente, todos estos hitos de su carrera que producen las erupciones tan molestas de las que hacen gala (tiene que ser realmente incómodo sentarse en el banco con las posaderas desprotegidas), tienen lugar a muchos kilómetros de distancia de nuestra comunidad. De esta forma no hay posibilidad de comprobar la veracidad de las mismas. Y es que más interesante sería para el baloncesto que todo el tiempo que dedican a inventar cuentos, toda la enorme creatividad que demuestran, los dedicaran a trabajar para la mejora de nuestros jugadores, que falta hace.


LA BATALLA DE KADESH Transcurría el año 1275 a.C. cuando un escriba egipcio llamado Pentaur escribió el poema épico que lleva su nombre. En el mismo se describe como el faraón Ramsés II, apodado “El Grande” por sus magníficas hazañas, decidió atacar al imperio hitita. Confundido por dos espías enemigos, a los que había apresado y maltratado hasta su engañosa confesión, acampó sin tomar demasiadas precauciones en las afueras de Kadesh, una plaza fuerte a orillas del río Orontes en la actual Siria. El toro fuerte o el de gran alcance por sus años de victoria, sobrenombres del faraón egipcio, estaba convencido de que el enemigo todavía se encontraba muy lejos. Como era de esperar, de madrugada fue sorprendido por los carros de Muwattali, que tal era el nombre del rey hitita. Decidido, arengó a sus tropas para que le siguieran en feroz ofensiva contra el enemigo. Ramsés II fue el primero en lanzarse al ataque, pero también el único, ya que su ejército retrocedió cobardemente dejando solo al faraón. Así, pronto se encontró rodeado de fieros enemigos que pretendían su eliminación. No comprendiendo qué le sucedía, se dirigió al dios Amón con un grito de desamparo “¿olvida el Padre a su Hijo? ¡Yo te invoco, Padre mío!” Amón atendió la voz del gran faraón egipcio y le ayudó para que consiguiera huir del lance con vida.

Viene esto a cuento como defensa de José Mari Muruzábal en la reciente desaparición de Alvecón. José Mari se ha encontrado en momento crucial igual que Ramsés II, solo y desbordado. Abandonado no sólo por sus tropas en una labor imposible de acometer por una única persona, sino también por el general en jefe de su ejército, ya que el entrenador del equipo de EBA fue el primero en desertar cuando la batalla todavía podía ser ganada. Muruzábal tomó la decisión más sensata, la misma que Ramsés El Grande, y por ello para el Club Baloncesto Maristas debe ser un grande, un buen directivo. Y es que más vale una retirada a tiempo… Aunque el Baloncesto navarro masculino se haya quedado sin su máximo exponente, hoy en día en que algunos rectores deciden entrampar a sus clubes acumulando más y más deudas, la decisión de José Mari Muruzábal es más que respetable. Ahora lo único que resta es que el Club Baloncesto Maristas, u otro que tome su relevo, regrese pronto victorioso a la liga EBA. Por cierto, Ramsés II consiguió vencer en todas las contiendas posteriores a la Batalla de Kadesh, falleciendo pasados los noventa años, tras sesenta y siete de mandato. Por su bien, es de esperar que José Mari no sea tan longevo.


HORACIO Y LOS COMITES DISCIPLINARIOS Transcurría el mes de diciembre del año 65 a.C. cuando la ciudad de Venusia, actual Venosa Apulia, en la Umbría italiana, veía nacer a Quinto Horacio Flaco. Mas conocido por Horacio, era un hijo de un liberto, un esclavo al que se había concedido la libertad. Tras estudiar en Roma y en Atenas filosofía griega y poesía, fue nombrado tribuno militar por uno de los asesinos de Julio César en los idus de marzo del 44 a.C. llamado Marco Junio Bruto. Junto a este luchó en la batalla de Filipos en lado del ejército republicano, cayendo derrotado por Marco Antonio y Octavio. Gracias a una amnistía general volvió a Roma, donde se dedicó a escribir sátiras, poesías, odas y epístolas. Cuando el gran poeta Virgilio conoció sus obras, le presentó al estadista Cayo Mecenas, un patrocinador de las artes y amigo de Octavio, que le introdujo en los círculos literarios y políticos de la capital del imperio.

Hacia el año 20 a.C. Horacio publicó su Libro I de Epístolas, veinte cartas cortas escritas en verso en las que expone su visión sobre la sociedad romana en la que vivía, abogando siempre por la moderación, incluso al referirse a la virtud. En una de ellas recogía su dolor ante el deterioro de la sociedad que le rodeaba señalando que “los delitos pequeños son castigados, pero los grandes son llevados hasta el triunfo”. La afirmación resultaba escalofriante en su enorme sencillez. Una de las pruebas del enorme desplome moral y político que estaba sufriendo Roma se detectaba con toda claridad en el hecho de que las infracciones de escasa relevancia podían llegar a penarse, pero las mas dañinas no sólo no recibían condena, sino que incluso se veían transformadas en victorias. El abandono que la Federación Navarra de Baloncesto manifiesta hacia alguna de las competiciones que organiza, hace que se hayan transformado en verdaderas guaridas de cuatreros, donde el que más trampea más gana, y el más honrado se convierte en el tonto de capirote, aquel que según decía Miguel de Unamuno en 1923 era un “tonto de alquiler y casi oficial”. Y es que el capirote era un distintivo que llevaban los necios e incapaces para que el resto pudiera hacer burla o escarnio de ellos. Porque necio parece que hay que ser, y mucho, para no hacer de un arbitraje una jugada propia de Lázaro González Pérez, aquel pícaro de Tormes que bien conocía que sus maldades, por grandes que fueran, nunca serían severamente castigadas.


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He aquí un par de ejemplos. El primero, la nimiedad de llamar “protagonista” a un árbitro supone que el Comité de Competición de la Federación Navarra de Baloncesto imponga una sanción de dos encuentros. Algo que para el colegiado debería ser un halago, incluso un piropo, es duramente castigado. Sin embargo, que un jugador patee a un contrario en un tiempo muerto, cual futbolero de pro, o que el mismo personaje se acuerde a voz en grito de la catadura moral madre del entrenador adversario queda impune. ¿Estamos en la Roma de Horacio o en la Navarra de Agustín Alonso? Lo peor de todo es que a todo este grupo de tramposos se les llena la boca al hablar de los valores que transmiten a través del deporte, de que no hay que ganar a cualquier precio, de lo bien que educan a sus jugadores, de lo mucho que hacen por el baloncesto… ¡Bla, bla, bla! En fin, que ya lo dice el sabio refranero popular, que “obras y palabras, lo uno es mucho y lo otro nada”.


ME QUEDO CON LAS CHICAS (VERANO DE 2010) Terceras y sextos. Doble de buen resultado para la selección española femenina o doble de malo para la masculina. ¿Casualidad? Por supuesto que no. Las chicas han dado toda una lección, demostrando que cuando hay compromiso sobra todo lo demás. Así, compromiso puede ser que ninguna de las jugadoras, varias pasan los treinta años, deje de jugar con la selección, cuando un tal Pau Gasol ya lo ha hecho dos veces. Compromiso es jugar la final de WNBA e incorporarse al grupo para entrenar cuatro días y brillar en todo el campeonato. Compromiso es oír con la cabeza bien alta el himno nacional antes de los partidos, al contrario de los “señores” Ricky Rubio y Marc Gasol que miran al suelo cuando suena manifestando que les molesta escucharlo y que, tal vez por su poca implicación o compromiso, han rendido en el mundial muy por debajo de lo que de ellos se esperaba. Compromiso es estar recuperándose de una lesión que ha impedido correr a Amaya Valdemoros, con sus treinta y cuatro años, de mayo a julio completos para mes y medio después echarse el equipo a la espalda ganando la medalla de bronce.

La selección femenina ha demostrado que el baloncesto sigue siendo un deporte emocionante, pasional, bello, ardoroso, guerrero… y también inteligente. Inteligente, y mucho, es lo que ha sido su entrenador, José Ignacio Hernández. Ha conseguido dar toda la importancia a las jugadoras, no ha vuelto loco al equipo con cientos de cambios que sirven para poco, ha utilizado las deportistas precisas en cada momento, no ha creído en las famosas rotaciones que llevan a tener en pista a lo que ahora se llama de forma muy pedante la segunda unidad o a llevar al banquillo a la que consigue tres o cuatro canastas seguidas, ha premiado la creatividad de las chicas, no las ha sentado al primer fallo… Muchos deberíamos aprender de la dirección de José Ignacio Hernández; en Navarra también.


SENECA Y EL APRENDIZAJE EN EDAD TEMPRANA Transcurría el año 4 a.C. cuando en la ciudad de Córdoba nacía el filósofo romano Lucio Anneo Séneca. Aunque los historiadores no pueden asegurar que viniera a este mundo en la fecha señalada, ni tan siquiera si lo hizo en la ciudad andaluza, es seguro que Séneca (el joven) era hijo de un acomodado orador llamado Marco Anneo Séneca. Este, retórico de prestigio cuya habilidad dialéctica fue muy apreciada en su tiempo, cuidó de que la educación de su hijo en Roma incluyera una sólida formación en las artes retóricas. Sin embargo, Séneca se sintió más atraído por la filosofía, llegando a recibir enseñanzas de varios maestros que lo iniciaron en las diversas modalidades de la doctrina estoica, por entonces muy popular en Roma.

Con todos sus conocimientos, se distinguió como abogado de prestigio, al tiempo de emprender una carrera política que le llevó a ser nombrado cuestor. La enorme fama que fue adquiriendo molestó tanto a Calígula, aquel desquiciado que nombró embajador a su caballo, que estuvo a punto de condenarlo en el 39. Al subir Claudio al trono, en el año 41, fue desterrado a Córcega, acusado de adulterio con una sobrina del césar. Casi una decada después fue llamado de nuevo a Roma como tutor de Nerón y, cuando éste sucedió a Claudio en el 54, se convirtió en uno de sus principales consejeros, cargo que conservó hasta que en el 62, viendo que su poder disminuía, se retiró de la vida pública. En el año 65 fue acusado de participar en una conspiración que intentaba deponer de su trono al propio Nerón. Enterado el emperador ordenó a Séneca suicidarse, decisión que adoptó de acuerdo con su propia filosofía como liberación final de los sufrimientos de este mundo. En el año 42, durante su exilio en Córcega, escribió un carta a su madre Elvia en la que expresaba sus puntos de vista sobre la mejor manera de vivir nuestra existencia. Así, en un momento determinado Séneca afirmaba que “arraigan con más profundidad las enseñanzas que se han recibido a edades tempranas”.


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Pese a que la aseveración del filósofo dificilmente hubiera podido ser más acertada, parece que la mayoría de los técnicos del baloncesto navarro no la conocen. Además, aunque el propio Séneca siempre fue partidario de continuar aprendiendo a lo largo de toda la vida, no podía pasar por alto el hecho indiscutible de que los mejores años para el aprendizaje son los primeros de la vida ya que durante los mismos, la fuerza de la edad temprana, la frescura de la mente y el vigor de la memoria resultan casi incomparables. Sin embargo en Navarra poco se asimila en las categorías menores, minibasket e infantil. Muchos de nuestros jugadores tienen una mala mecánica de tiro, pocos botan o pasan bien, y menos aún utilizan las dos manos para ejecutar cualquier fundamento. Michael Jordan, en su magnífico libro titulado “Mi filosofía del triunfo” señala con rotundidad que “en realidad, los cimientos, las piedras o principios básicos, permiten que todo funcione. (…) Cuando usted logra comprender el uso de los ladrillos, comienza a comprender cómo funciona todo el proceso de construcción”. ¿Porqué no lo aplicamos al baloncesto? Pongamos los cimientos antes de pensar en grandes edificios, enseñemos a los jugadores a botar y pasar antes que grandes sistemas de ataque, obliguemosles a dominar la posición básica defensiva antes de preparar una presión en todo el campo… Es posible que de esta manera conseguiríamos tener algo más que un puñado de jugadores en Liga Femenina o en ACB. O incluso mejor, tal vez podríamos conseguir llegar a estas categorías con un equipo de la comunidad.


A CONFUCIO NO LE GUSTARIA ALGUN DIRECTIVO La tradición dice que un 28 de septiembre del 551 a.C., el pueblo chino de Qufu veía nacer, en el seno de una familia de terratenientes, a K’ung-fu-tzu. Más conocido como Confucio, que traducido viene a ser algo como “Maestro Kong”, fue un filósofo chino creador de la religión que lleva su nombre, el Confucianismo. Pese a que su padre murió cuando contaba solo con tres años recibió una cuidada educación que le permitió trabajar como Ministro de Justicia. Tras abandonar el cargo, a los 50 años comenzó sus enseñanzas viajando sin compañía de un lado para otro e instruyendo a los contados discípulos que se le acercaban. La fama que alcanzó como hombre ilustrado y de carácter, con gran veneración hacia lo tradicional, pronto se extendió a toda China. Murió en Lu y fue enterrado en su natal Qufu en el año 479 a. C., a la edad de 70 años. El templo y cementerio de Confucio, así como la residencia de su familia fueron declarados Patrimonio Cultural de la Humanidad en 1994.

Confucio enseñaba influenciado por el escepticismo religioso de la época en que vivía, pues la población china había perdido la fe en sus dioses tras sufrir muchas guerras. El desorden de aquellos tiempos y la ausencia de modelos morales le llevaron a difundir entre la población los principios y sentencias de los sabios de la antigüedad. De sus preceptos, valoraba por encima de otros el poder de la honradez: “los gobernantes solo pueden ser grandes si llevan vidas ejemplares y se guían por principios morales”. También entre sus enseñanzas se encuentran manifestaciones con tanta fuerza como las que dicen que “el hombre de bien exige todo de sí mismo mientras que el mediocre espera todo de los otros”; “saber lo que es correcto y no hacerlo, es la peor cobardía”; o “cometer un error y no corregirlo es otro error mayor”. Las enseñanzas de Confucio nos han llegado gracias a las Analectas (o “Discusiones sobre las Palabras”), que contienen resúmenes de algunos encuentros que mantuvo con sus discípulos. Su pensamiento fue introducido en Europa por el jesuíta Matteo Ricci que, además, fue la primera persona en latinizar el nombre como Confucio.


A CONFUCIO NO LE GUSTARIA ALGUN DIRECTIVO continuación

Si Confucio levantara la cabeza y viviera unos días en nuestra época, desaprobaría por completo las formas de actuar de algunos directivos de nuestro baloncesto. Aunque un entrenador trabaje en un club durante años, no hay que esperar nada de ellos, ni bueno ni malo. Seguramente cuando el coordinador u otra persona del colectivo cometan una tropelía meterán la cabeza en un hoyo, como lo hace el avestruz, para no ver la realidad que aunque sepan que lo que está pasando es completamente injusto. En esos momentos difíciles, tampoco se acordarán del instructor que empleó horas y horas educando a su hijo dentro y fuera de la cancha. Tal vez, si esos directivos hubieran “perdido” una décima parte del tiempo que el técnico dedicó a su retoño en interesarse por el problema, tal vez con una llamada telefónica, hubieran evitado la injusticia. Pero fueron cobardes y, al mismo tiempo, desagradecidos. La vida humana no se puede concebir sin la ayuda de los demás y por ello, las personas deberían saber corresponder y demostrar gratitud. Mediocres, poco honrados, desagradecidos, cobardes, injustos, pequeños, etc, son epítetos con los que los calificaría Confucio. Mas todo no es negativo. En su defensa hay que señalar que generalmente son buenas personas que se ponen al servicio de una causa, el baloncesto, que ni entienden ni dominan. Muchas veces se encargan desinteresadamente de tareas de las que, decididamente, deberían ocuparse otros individuos, generalmente con sueldo, del club. Todo ello, al final les dirige a aburrirse, abandonando el club y su “proyecto”, y a acordarse del que les advirtió lo que pasaría y al que no hicieron caso. Avisados estaban.


UN BALON, UN BACADILLO J.J. Davalillo (ex jugador ACB y ex alumno del colegio Maristas de Bilbao)

Buscando entre mis recuerdos, las primeras imágenes que regresan a mi memoria on un balón y un bocadillo. Era mediopensionista en el Colegio Maristas de Bilbao y de la comida sacaba un bocadillo con todo el embutido sobrante del comedor. El “bocata” era de tamaño descomunal. Llevaba el doble de embutido que de pan. Lo devoraba al salir de clase. Eso í, siempre botando el balón con la mano libre. Botar y comer en una canasta, ¡qué digo canasta!, en un aro perdido del patio cuyo tablero era una red protectora del vecindario.

Con el tiempo y durante mi carrera profesional, muchos compañeros del “cole”, mayores que yo, me repetían: “Al final tenías que llegar. Siempre estabas jugando a baloncesto”, recordando perfectamente el detalle, en una mano el descomunal bocadillo y el balón en la otra, manteniendo ambas ocupadas al mismo tiempo. Conclusión, quien más se empeña en este juego puede tener su oportunidad un día.


AL ESTILO DE POL POT Transcurría el año 1928, y en concreto el día 19 de Mayo, cuando para desgracia de la humanidad venía al mundo un tal Saloth Sar. Más conocido como Pol Pot, en 1975 llegó a ser primer ministro de “Kampuchea Democrática”, forma en la que bajo la dictadura de Pol Pot, se constituyó políticamente el actual Reino de Camboya entre 1975 y 1979. Conquistado el poder, Saloth Sar dirigió una infame administración que de manera inmediata reubicó a su población llevándola de los principales centros urbanos al campo. El escenario incluyó el exterminio de los intelectuales y otros enemigos, a los que llamaba “burgueses”, consiguiendo la desaparición de cerca de dos millones de personas. Si bien algunas causas del drástico descenso de población pudieron ser la malnutrición, los trabajos forzados y las enfermedades mal atendidas, en mayor parte se debieron a la ejecución sistemática, sin juicio, de aquellos que eran clasificados como “enemigos”, y entre los que se encontraban ancianos, niños y afiliados al propio partido de Pol Pot. En investigaciones posteriores se le imputaron crímenes tales como torturas sistemáticas, extensa práctica de ejecuciones extra judiciales y programas específicos de genocidios contra minorías y no tan minorías. Derrocado, Pol Pot se ocultó en la selva tailandesa hasta su muerte el 15 de abril de 1998. Su ceremonia funeraria fue digna de un canalla, incinerado sobre un colchón colocado sobre unos neumáticos y con la leña de unos muebles viejos. Entre el humo espeso de su pira se desvanecía el recuerdo turbio de una memoria colectiva, mientras que sus cenizas sirvieron de abono para la tierra que regó con sangre.

¿Se han fijado que en un par de clubes del baloncesto navarro se producen purgas, casi al estilo Pol Pot, contra los entrenadores más implicados? Los motivos parecen surgir del pavor que los coordinadores de estas sociedades tienen a perder el puesto.


AL ESTILO DE POL POT continuación

Esto les hace convertirse en “tiranos” que emplean todo su poder para conservar un lugar de privilegio, deshaciéndose de todo el que, según su creencia, puede apartarle “apartarle del trono”. Caudillos persas y bárbaros de la antigüedad utilizaban medios que fácilmente se pueden asimilar a las actuaciones de estos “coordictadores”, como ya fueron calificados en otra entrada de este blog. Así, por ejemplo, tienen tres motivos para poco a poco ir eliminando las reuniones de entrenadores. En primer lugar, porque ahogando la instrucción se niega todo lo que hace que se tenga valor y fe en uno mismo. En segundo, porque si los “súbditos” permanecen sin conocerse evitan que nazca entre ellos una mutua confianza, ya que una de las máximas de estos coordinadores es que cuanto menos hablen entre los entrenadores, menos criticarán su labor. Y en tercer lugar, los entrenadores honrados tendrán que buscarse la vida para subsistir, para poder desarrollar su labor, lo que les tendrá tan ocupados que no podrán conspirar. Otra característica de los déspotas es sembrar la discordia entre sus ciudadanos y ponerlos en pugna: divide y vencerás. Por ello, en estos clubes se dan habitualmente casos en los que un entrenador no presta sus jugadores al de categoría superior, en los que mutuamente se acusan de cansar voluntariamente a los jugadores dándoles minutos que les perjudican al duplicar encuentro con un grupo diferente del que tiene la licencia, etc. En estas ocasiones, el coordinador invariablemente actúa a favor de su amigote, aunque la injusticia sea flagrante, y siempre ante la queja del ofendido le remitirá a la directiva. Esta, como hizo otro adalid llamado Pilatos, se lavará las manos, con lo que el coordinador habrá conseguido otro objetivo, irritar a algunos entrenadores que se manifestarán descontentos con la única autoridad que tiene por encima. Muchas veces los coordinadores conocen todos los secretos de la vida privada de los que están por debajo, los entrenadores, y los que están por encima, los directivos. De esta forma siempre los pueden tener cogidos, con lo que nunca se les sublevarán o, incluso, tampoco sus superiores podrán actuar ante sus desmanes. Coordinadores o coordictadores, todo se resume en reprimir cada síntoma de superioridad que en torno suyo se levante, paranoica o real.


EQUIPO VITRUVIO Transcurría el año 1452, en concreto el 15 de abril, cuando la localidad italiana de Anciano, a tres kilómetros de Vinci, veía nacer a Leonardo di Ser Piero. Conocido como Leonardo da Vinci, destacó como escultor, arquitecto, ingeniero, científico y, sobretodo como pintor. Aproximadamente en 1490 realizó su famoso estudio de anatomía llamado “El Hombre de Vitruvio”, en el que muestra al hombre como centro del universo al inscribirlo en un círculo y un cuadrado. Sobre el papel Leonardo revela la perfección humana utilizando el número phi (ф), también denominado sección áurea o divina proporción. La razón, cuyo valor es 1’6180339… provee geometrías a muchos objetos naturales o artificiales: al ADN, a la caracola nautilus, la diagonal del pentágono regular, etc.

Aunque el famosísimo dibujo de Leonardo sirvió para ilustrar un libro llamado “La Divina Proporción” del matemático Luca Pacioli, casi con toda seguridad originalmente fue una ilustración para el tratado de arquitectura más antiguo que se conserva, “De architectura libri decem”, escrito por el arquitecto Marco Lucio Vitruvio Polión, nacido en Verona en el siglo I a.C. Pese a que no se conserva ninguno de sus edificios, se sabe que viajó con las legiones de Julio César por la Galia y España construyendo máquinas de guerra. Las tesis de Vitruvio se hicieron muy comunes en los compendios elaborados a partir del siglo XV. Entre ellas, destaca su ya celebre triada de categorías: firmitas (solidez), utilitas (utilidad) y venustas (belleza). Así, todo edificio debía mantener un equilibrio entre los tres elementos sin sobrepasar ninguno al resto. En otro capítulo de su tratado Vitruvio se atreve a intentar un análisis en el que propone entender la arquitectura como combinación de cuatro elementos: orden, definido como la relación de cada parte con su uso; disposición, de las partes de la obra; proporción, o la concordancia entre la obra y sus diferentes estancias; y distribución (oikonomía en griego), que desarrollaba como el mejor uso posible de los materiales y de los terrenos procurando el menor coste de un modo racional y ponderado.


EQUIPO VITRUVIO continuación

Siempre he pensado que en mi carrera como entrenador me hubiera gustado dirigir al EQUIPO VITRUVIO. Un conjunto que habría colocado en el campo a sus jugadores según la disposición de un pentagrama (estrella de cinco puntas formada con las diagonales de un pentágono), un símbolo de los pitagóricos en el que la belleza (venustas) de la proporción áurea aparece en multitud de relaciones entre sus segmentos.

Sería un equipo sólido (firmitas) en defensa, de esos a los que es muy difícil meterles puntos. Jugaría con orden y movimientos sencillos, pero adecuados (utilitas) para que cada jugador desarrollara su creatividad en el campo. Todos tendrían su oportunidad en ataque, de forma que existiría una total proporción entre el juego interior y exterior. Como cada miembro conocería lo que debe hacer en cada momento, la distribución de los minutos de juego no se podría efectuar de otra manera que racional y ponderada. Jugadores y entrenadores estarían perfectamente compenetrados y absolutamente conectados (concordancia), por considerarse importantes y reconocidos. En fin, no hay más que reconocer los entrenadores tan grandes que hubieran sido Marco Vitruvio y Leonardo.


EL ÚLTIMO DÍA. 0 ¿EL PRIMERO? NO SOMOS PROFESIONALES (I) NO SOMOS PROFESIONALES (II) ¡ME LO TRAEN SUS PADRES! EL NARCISO EXPLOTACIÓN INFANTIL LA MER, EL MAR BIBLIOTECA CALÍGULA, LAS RATAS Y LA AUTOESTIMA DIRECTIVOS, TRABAJO EN EQUIPO DESEAR EL EQUIPO DEL COMPAñERO LA OPORTUNIDAD DEL PLATANITO "PASAR Y SENTARSE" “COORDICTADORES” GENESIS HUELLAS EN LA CANCHA ANAGRAMA MILES GLORIOSUS, EL SOLDADO FANFARRON LA BATALLA DE KADESH HORACIO Y LOS COMITES DISCIPLINARIOS ME QUEDO CON LAS CHICAS (VERANO DE 2010) SENECA Y EL APRENDIZAJE EN EDAD TEMPRANA A CONFUCIO NO LE GUSTARIA ALGUN DIRECTIVO UN BALÓN, UN BOCADILLO AL ESTILO DE POL POT EQUIPO VITRUVIO

Transcurría...  

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