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LA FIRMA INVITADA

sociedad bidimensional

Rompenieves por José María Villalobos

ilustración: miquel rodríguez

E

l niño de Columbia (‘BioShock Infinite’, Irrational Games, 2011) observa desde la barandilla el campo de nubes rosadas bajo sus pies. Siempre se ha preguntado qué habrá debajo de ellas. No puede concebir un mundo tapado por enormes cúmulos, donde no brille siempre el sol. Sabe que hay vida allá abajo. En las noches despejadas las estrellas parecen brillar tanto por encima como por debajo de la ciudad flotante... y las que están por debajo parecen diferentes. El niño de Rapture (‘BioShock’, Irrational Games, 2007) mira el cielo de agua. Una ballena azul se mueve perezosa entre las más altas torres de la ciudad. La estampa casi arranca un bostezo al infante por resultar demasiado familiar. La madre advierte el despiste y le insta a estudiar. Mañana hay examen. Vamos, repite conmigo las consignas de Andrew Ryan, nuestro líder y guía: «No era imposible construir Rapture en el fondo del mar. Era imposible construirla en ningún otro lugar». El niño del refugio 101 (‘Fallout 3’, Bethesda, 2008) nunca ha visto el sol. Fuera está la muerte, así lo enseñan en la escuela. El ser humano mató el planeta y ahora éste ruge con fuerza en el exterior, moldeando los cuerpos de los vivos a su antojo, ofreciendo un aire abrasador que quema los pulmones, exigiendo venganza. ¿Quién querría salir fuera? ¿Por qué? Se pregunta el niño del refugio 101 mientras sopla las velas de su tarta de cumpleaños. En el tren Rompenieves (‘Snowpiercer’, BongJoon-ho, 2013) hay dos clases de niños. Están los

que igualmente nunca han visto el sol, pero que no tienen velas que soplar: de hecho, ni siquiera saben lo que es una tarta de cumpleaños. Viven en la cola del tren, allí el único color que existe es el negro, y el hambre te come las entrañas, y desconocen lo que es una sonrisa porque nadie allí sonríe nunca. La risa sí adorna la cara de los que viven cerca de la locomotora; esos son niños con luz en los ojos, que siempre han visto el mundo pasar a toda velocidad a través de herméticas ventanas. La maestra de estos niños también sonríe, y es como la mamá del niño de Rapture, quiere que se aprendan los designios del gran padre que los cobija: «El señor Wilford sabía que el gas CW7 congelaría el mundo. ¿Y qué inventó el profético señor Wilford para proteger a los elegidos de aquella catástrofe?» Los alumnos responden gritando eufóricos «¡La máquina!». La clase es luminosa, de brillantes colores, y la maestra, que parece dibujada a imagen y semejanza de los falsamente inocentes carteles que adornan el refugio 101, advierte también que fuera espera la muerte: lo hace con una bonita canción infantil que todos corean divertidos. El tren avanza violento y decidido en perenne movimiento. Es lo único que mantiene a salvo a sus pasajeros, la eterna huida hacia delante, la escapada sin fin de ese frío glacial que los persigue. Fuera sólo hay un manto blanco que lo cubre todo, sólo nieve y ruinas. La naturaleza observa sin inmutarse ese gusano sobre raíles que la cruza una y otra vez, año tras año. Ya no ruge, ya ha vencido. 112

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Game Report #5  

Quinto número de la revista Game Report. Volvemos un mes más con una revista tan grande que parece estar a punto de explotar, como una super...

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