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El perro andaluz y los brief games por Horacio Maseda

S

i hablamos de cine de ciencia ficción, tendríamos que considerar a Viaje a la Luna (Le Voyage dans la Lune, Georges Méliès, 1902) como el primer film de la historia. Sin embargo, de llevarse a cabo en la actualidad, muy pocos consideraríamos la obra del cineasta francés como una película, más bien, y debido a esos escasos 14 minutos que tiene de duración, diríamos que se trata de un cortometraje. Estrictamente hablando, los cortometrajes son producciones audiovisuales de menos de 30 minutos, películas al fin y al cabo, como los mediometrajes (entre 30 y 60 minutos) y los largometrajes (a partir de una hora), pero ¿quién pagaría diez euros en el cine por ver un corto de cinco minutos? Me refiero a que, independientemente de que sepamos que la diferencia formal más evidente entre La edad de oro (L’âge d’or, Luis Buñuel, 1930) y El perro andaluz (Le chien andalou, Luis Buñuel, 1929) es la duración, las dos obras tienen una consideración y una tipología diferente. Se podría decir también que le otorgamos un valor distinto, no desde el punto de vista artístico (más duración = más calidad = estupidez), sino desde la óptica práctica o de nuestro bolsillo (más duración = mayor experiencia y espectáculo = más billetes verdes). El cortometraje abarca los mismos géneros que se pueden tratar en una película, pero su menor coste suele tener dos consecuencias: por un lado, es un nicho perfecto para los primeros pasos de un director (mayor producción autodidacta); por otro, y como resultado de la anterior, suele tratar temas más personales o menos comerciales y en él se da una mayor libertad creativa. No obstante, la comercialización de los cortos siempre ha sido un gran problema, aunque ahora su difusión esté en

alza gracias a que posee uno de los formatos audiovisuales que mejor se están adaptando a Internet. Fíjese bien en estas tres características que acabo de comentar: producto autodidacta, creatividad y adaptabilidad a la red; ¿no es de eso de lo que hablamos cuando nos referimos a la escena indie o independiente de los videojuegos? El parecido es cuanto menos razonable, aunque no trato de enlazar la afinidad que existe entre los cortometrajes y los juegos indie del sector. En realidad, la comparación la quiero estrechar todavía más y fijarme en esa nueva producción audiovisual que está surgiendo en estos momentos en la industria: los brief games o videojuegos breves. No se preocupen si no les suena el término, tan solo es la etiqueta que un servidor le pone a determinados juegos que pululan por la red, pero que, por su temporalidad particular, es necesario distinguirlos de la misma forma que diferenciamos un corto de una película. Los brief games no son juegos cortos, bueno, sí lo son, pero este calificativo se suele emplear para otros títulos que no entran dentro de esta categoría. Así, decimos que ICO (Team ICO, 2001), Portal (Valve, 2001) o Metal Gear Solid (Konami, 1998) son juegos de corta duración (entre dos y siete horas más o menos), pero, que lo sean, depende también de la habilidad de cada jugador. De la misma forma, en esta categoría podemos enmarcar otros clásicos como Another World (Éric Chahi, 1991), que algunos youtubers son capaces de finiquitar en menos de media hora; en estos casos no hablamos de juegos breves, porque la experiencia de juego va más allá de una partida y presentan un reto que puede ser disfrutado más adelante. Por otro lado, tampoco nos sirven puzles como Tetris (Alekséi Pázhitnov, 1984) o endless runner como Canabalt 66

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Game Report #2  

En el segundo número os invitamos a recorrer juntos un camino a través de las llanuras del tiempo y ver el pasado, para comprender el futuro...

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