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Número 1 13 de enero de 2012 www.cambioycorto.com

Edición gratuita

El Cuerno Cuerno dede África, Hambre y Esperanza El África necesita ayuda Más de diez millones de personas luchan por sobrevivir, sobre todo las comunidades de pastores


SOCIEDAD

INTERNACIONAL

Hambre y esperanza en el Cuerno de África Por Jeffrey d. Sachs Una vez más, el hambre acecha en el Cuerno de África. Más de diez millones de personas luchan por sobrevivir, sobre todo las comunidades de pastores de las regiones extremadamente áridas de Somalia, Etiopía y el norte de Kenia. Cada día trae noticias de más muertes y enormes flujos de personas hambrientas hacia los campamentos de refugiados en Kenia, en la frontera con Somalia. La causa inmediata de este desastre es clara: no ha llovido lo suficiente en dos años consecutivos en las regiones secas de África oriental. Son lugares donde el agua es tan escasa año tras año, la producción agrícola es marginal en el mejor de los casos. Millones de hogares, con decenas de millones de personas nómadas o seminómadas, crían camellos, ovejas, cabras y otros animales, que desplazan a lo largo de grandes distancias para llegar a los pastizales de secano. Cuando no llueve, los pastos se marchitan, el ganado muere y las comunidades se enfrentan a la hambruna.

Invisibles entre los golpes Por Isabel Galán

fronteras políticas. Sin embargo, vivimos en una época en que las fronteras políticas, no la vida de los pastores nómadas, son sagradas. Estos límites, junto con el crecimiento de la población de agricultores sedentarios, han terminado por acorralar a las comunidades de pastores.

Las fronteras políticas son un legado colonial, no realidades culturales y económicas

Las fronteras políticas existen como un legado de la época colonial, no como el resultado de las realidades culturales y las necesidades económicas. Por ejemplo, en Somalia vive solo una parte de la población de pastores de habla somalí, muchos de los cuales viven en la frontera con Kenia y Etiopía. Como resultado, la frontera entre El pastoreo ha sido durante mu- Etiopía y Somalia se ha visto devascho tiempo un difícil modo de tada por la guerra durante décadas. vida en el Cuerno de África. La ubicación de los pastizales que le No se pudo predecir con exactitud dan sustento está determinada por una gran sequía este año, pero el lluvias inestables y en gran medi- riesgo de una hambruna era fácilda impredecibles, más que por la mente previsible.

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No se pudo predecir con exactitud una gran sequía este año, pero el riesgo de una hambruna era fácilmente previsible. De hecho, hace dos años, en una reunión con el presidente de EE UU, Barack Obama, describí la vulnerabilidad de las zonas áridas de África. Cuando no llueve allí, comienzan las guerras. Mostré a Obama un mapa de mi libro Commonwealth, que representa la superposición de los climas de tierras secas y las zonas de conflicto. Le hice notar que la región necesita con urgencia una estrategia de desarrollo, no un enfoque militar.

La entrada del juzgado de primera instancia número 4 se mostraba agitada entre los malos humos del cigarrillo de los nervios. Allí, apartados del paso de la gente, una mujer sexagenaria y sus dos hijas esperan a Miguel, que aún no ha llegado. Desde lejos, ven aproximarse a un bien vestido joven que portaba con el mínimo esfuerzo un maletín que parecía estar vacío. Jorge Muñoz, recién licenciado en derecho, se acercó aceleradamente a la señora para preguntar por el paradero de su hijo, pero ella se encontraba tanto o más sorprendida. Ya debería estar aquí.

Obama respondió que el Congreso de EE UU no apoyaría una iniciativa de desarrollo importante para las tierras secas. “Consígame otros 100 votos en el Congreso”, dijo.

La puerta principal de los juzgados escupió de manera repentina a Maribel López, que colgada a su teléfono móvil esgrimía preocupación e impotencia. Algo estaba pasando y ella lo sabía, no era lógico que su representada no hubiera acudido, ni llamado, ni nada. “Hay que localizarla como sea”, exhortaba a una de las socias de ‘Grito en Silencio’, organización de la que tanto ella como Marta, su representada, eran integrantes. Detrás de las arrugas preocupadas de su frente surgió una última opción: ir a buscar a Marta a su propia casa. Volvió sobre sus pasos apresuradamente para encontrar al juez que lleva el caso. Con pocas palabras, informó al juez de la importan-

No sé si el liderazgo de Obama debería haber podido encontrar esos votos, pero sí sé que EE UU no ha respondido de manera eficaz a las necesidades del Cuerno de África. Está demasiado centrado en enfoques militares caros y fallidos en las tierras secas -ya sea en Afganistán, Pakistán, Yemen o Somalia- como para prestar atención a estrategias de desarrollo económico de largo plazo destinadas a abordar las causas profundas de las actuales crisis de estos países.

cia de aplazar la vista por la custodia del hijo de Miguel y Marta, y acudir inmediatamente con una patrulla policial al domicilio de ambos. Dados los antecedentes de maltrato y a las amenazas recibidas por la mujer los días previos al juicios, el juez asintió y se dispuso a informar al abogado de Miguel.

Existen 800.000 niños víctimas de la violencia de género que, hasta hace poco, no eran considerados como tal El infierno de las víctimas: vivir con su agresor

malos tratos y abusos por parte de su marido, quien conseguía mantenerla a su lado tratando de que creyera que era lo mejor para su hijo. Por este motivo, no fue hasta hace un año que se decidió a denunciar a Miguel ante el temor a que un día consiguiera acabar con su vida. Según Antonia, la madre de Marta, ella y su nieto han sufrido un infierno durante mucho tiempo y aún así “ese infeliz” –incapaz de pronunciar su nombreconsigue luchar por la custodia de su nieto. No consigue entenderlo. En España, según datos de la ONG ‘Save the Children’, existen 800.000 niños víctimas de la violencia de género que, hasta hace poco, no eran considerados como tal. No obstante, desde siempre han constituido las otras víctimas del maltrato machista, invisibles para casi todos. Aunque desde la aprobación de la Ley Contra la Violencia de Género ha puesto especial énfasis en la asistencia para mujeres maltratadas y sus hijos, a pocos días de cerrar el año, las cifras sobrepasan preocupantemente las de los tres últimos años: 24 mujeres y cuatro menores fallecidos y unos 200 casos de padres maltratadores que consiguen la custodia total de sus hijos.

-Anoche me llamó muy inquieta. El niño ya estaba en la cama, pero ella no podía dormir porque estaba nerviosa-, cuenta Antonia a la abogada de su hija mientras se frota una y otra vez las manos. El motivo de su inquietud eran las continuas llamadas de Miguel. En esas llamadas, la amenazaba reiteradas veces con quitarle a Pablo, hijo de ambos y después de perseguirla hasta dar con ella. Marta Para evitar este tipo de casos nahabía sufrido durante quince años ció “Grito en Silencio”, una aso-

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ciación formada por mujeres maltratadas que han perdido o están a punto de perder la custodia de sus hijos en manos del padre -y agresor- por culpa del Síndrome de Alienación Parental (SAP). Este síndrome sostiene que las madres lavan el cerebro a sus hijos para que acusen a su padre de abusos, creando el rechazo del menor por su progenitor. El trayecto desde los juzgados hasta la casa de Marta y su familia, se alargaría durante 45 minutos. Por la autopista, circulaban a la velocidad máxima permitida dos patrullas de la Policía Nacional y otros tres turismos. En el primero, Antonia y Maribel rezaban en silencio; el segundo, llevaba a Carmen y a sus hijas la familia de Miguel- incrédulas e incapaz de imaginar nada; y en el último, el juez encargado del caso, el señor Rodríguez Cueto, quien una hora antes se había puesto en contacto con el cuartel de la Guardia Civil de la localidad de la Costa de la Luz. Las instrucciones fueron claras: localizar y retener a Miguel Garrido Botello como medida preventiva y localizar a Marta Costa Cruz y a su hijo, Pablo. Desde ese momento, los tres Jeeps de la benemérita isleña comenzaron la búsqueda de las tres personas. Por un lado, una de las patrullas se presentó en el domicilio donde vivía Miguel desde la separación. Allí no encontraron nada ni a nadie. La casa aparecía DIRECCIÓN Isabel Galán Hernández REDACCIÓN Isabel Galán Hernández Colaboraciones* DISEÑO Y MAQUETACIÓN Isabel Galán Hernández

en calma y cerrada a cal y can- ría Carrera, donde se apretuja una to. Las otras dos, fueron direc- abundante flota de barcos pesquetamente al domicilio de Marta. ros. La localidad está adornada con la luz de color rojo escarlata que se En el coche, la madre de Marta filtra desde el sol. Son las diez de divisa el cartel que señaliza la sa- la mañana y la vida sigue su curso lida de la autopista hacia su pue- habitual. blo. Los nervios se asientan en su estómago, temerosa de todo En la mayoría de los casos las y de nada a la vez, pues es mejor amenazas se cumplen no dejar volar la imaginación. El Media hora antes, cuatro agentes móvil de la abogada sonó en ese de la Guardia Civil se encontraron momento, despertándolas del le- frente a la puerta de Marta y llatargo inducido voluntariamente. maron dos veces al timbre. La casa Descuelga el teléfono mientras se encuentra cerca del cementerio mira por los retrovisores, pru- local, a las afueras, rodeada de pinadente al tomar la salida. Ninguna res, marismas, dunas y una inmensa palabra sale de su boca y no gesti- playa. No se oía nada en los alredecula más que un tic nervioso en el dores más que algunos coches que párpado derecho. Antonia la mira pasaban por la carretera y el sonido con el ceño fruncido y tratando de las olas trasportado por el viento. de tragar una saliva que no tiene. Tras intentar -en vano- ver algo por Delante de ellas, las dos patrullas de la Policía Nacional encienden sus luces y aceleran la marcha. Cuando se encuentran con tráfico, no tienen más que hacer sonar las sirenas y todos los coches precedentes se apartan ligeramente a la derecha, cediendo el paso a la comitiva. Maribel cuelga el teléfono y le dice a Antonia que han encontrado a Miguel y que deben llegar rápido para obtener más información. La mujer, que tiene ese instinto casi adivinatorio que posee toda madre, evitó la histeria y se conformó con dos kilómetros para prepararse.

las ventanas, se decidieron a entrar en la casa.

“Guardia Civil, ¿hay alguien?” Nadie contestaba. Siguieron su camino precavidamente, paso a paso como si el suelo estuviera minado. Al fondo, a la derecha, una luz parpadeaba iluminando por momentos la entrada a la habitación. Se encendía y se apagaba y al cabo de los diez segundos, volvía a hacer lo mismo. Los cuatro agentes cubrieron el poco terreno protegiéndose las espaldas mientras encaraban el marco de la puerta. En el suelo, un móvil parpadeaba con un nombre en la pantalla: Mamá. A un metro, Miguel se encaraba con el suelo, inLas patrullas entran en el pue- móvil y sin fuerza. Sobre una cama blo cruzando el puente sobre la pequeña yacía Marta.

*Colaboradores: gran parte de los contenidos de nuestra página web (www.cambioycorto.com) y de esta revista son recursos recogidos de diferentes medios digitales (El país, república, 20 Minutos, Públigo, así como blogs y cualquier otra fuente de documentación). La intención de este equipo no es la de vulnerar los derechos de nautor de nadie. Dejarse de rollos,

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