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Jesús Rodríguez de la Torre «Plaza Mayor»


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Jesús Rodríguez de la Torre «Plaza Mayor»

04 Febrero - 04 Marzo 2009 Sede expositiva: Antaño Plaza Jaén por la Paz, nº 5. Jaén

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«Plaza Mayor» Jesús Rodríguez de la Torre Edita: Galeria de Arte Contemporáneo Uno de Uno Comisariado: David Martínez Coordinación: Esther Miranda Garrido Traducciones: Pablo Martínez Maldonado Giovanni Tocci Jon Lindsay Miles Supervisión: Eva Alcázar Hernández Prensa: Miguel Campoy Dirección técnica: Amalio Jurado Diseño y maquetación: Unodeuno Copyrights de la edición: Jesús Rodríguez de la Torre y Galería de Arte Contemporáneo Uno de Uno Copyrights de los textos: Sus autores Impresión: Gráficas Morales, Jaén Depósito Legal: J 730-2008 Esta publicación se editó el 4 de Febrero de 2009, día de Andrés Corsino y Fileas, Remberto, Filo, Gilberto, Aventino, santos; Dióscoro y Teodoro, Eutiquio, Aquilino, Gémino, Gelasio, Magno, Donato, Isidoro, José de Leonisa, Verónica, obispos; Juan Brito, confesor; Juana de Valois, reina y mártir.

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INDICE: 13 Presentación 17 Perfiles del Aire 21 Tener un Don 25 El nuevo estilo 29 Niebla gris 33 Jesús Rodríguez de la Torre: Printing Aloud 36 Contemplar un cuadro 39 «Plaza Mayor» 41 Presentazione 45 Profili dell’aria 49 Avere un Dono 53 Il nuovo stile 57 Nebbia grigia 60 Jesús Rodríguez de la Torre: Pintar en voz alta 63 Contemplare un quadro 66 Biografía 5


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Retomando lo realizado en Jaén a finales de la década de los noventa (la extinta galería Martínez Montañés), volvemos a la carga con un nuevo proyecto de galería, unodeuno, que intenta, de alguna manera, dar continuidad a lo ya realizado en aquella ocasión, con la finalidad de impulsar de forma eficaz la difusión y creación del arte contemporáneo, en todos sus ámbitos y fases, sin distinción de estilos, con la pretensión de hacer de nuestra ciudad un territorio propicio para la creación… y con la ilusión de lograr que la ciudadanía sienta como propio el arte de su momento.

Partimos del trabajo realizado entonces, de la experiencia acumulada en las exposiciones realizadas y en la participación en ferias de arte, tanto nacionales como internacionales… aunque, en esta ocasión, unodeuno no quiere ser una galería de arte al uso, porque no es solo el espacio donde mostrar iniciativas artísticas – ¿que lo es? -…. En esta ocasión pretendemos realizar además programaciones y montajes de exposiciones en distintas salas y espacios de arte – o nó- …

Deseamos proyectar la galería más allá del espacio interior y llevar el arte a otros escenarios más cercanos a la ciudadanía, facilitándole el acceso al conocimiento y disfrute de nuestros proyectos y propuestas artísticas. Apostamos por el fomento de nuevas tendencias artísticas, por la ayuda y promoción a jóvenes artistas, y por la colaboración con otras entidades tanto públicas como privadas.

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Desgraciadamente no existe en nuestra ciudad ninguna iniciativa privada de este tipo… pero entendemos que la oferta cultural privada ha de complementar las iniciativas públicas…. con la esperanza de poder contribuir tanto al aumento cualitativo y cuantitativo de nuestro patrimonio cultural, como a la creación y difusión de nuevos lengüajes contemporáneos.

Así continúa nuestro discurso de entonces con la muestra de la nueva obra del pintor ubetense Jesús Rodríguez de la Torre. Confiamos en que esta nueva exposición sea para el espectador tan sugerente y satisfactoria como lo ha sido –como lo está siendo- para nosotros.

Galería unodeuno Jaén, Diciembre 2008

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A Purificaci贸n de la Torre Villarrasa, mi madre. Por su amor y la sabiduria de su ejemplo.

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Presentación El concepto de «más allá» fue inventado con el fin de desvalorizar el único mundo que existe, para no dejar a nuestra realidad terrenal ninguna meta, ninguna razón, ningún quehacer. Friedrich Nietzsche, Ecce homo, «Por qué soy un destino», $ 8.

En esta ocasión es Jesús Rodríguez de la Torre quien me requiere -inquiere- a presentar la obra que, aquí y ahora, estamos usted y yo contemplando. Y una vez mas mi contestación es la misma: no existen recetas milagrosas para desvelar los entresijos de su pintura. La única vía posible es la experiencia directa. Podemos acercarnos a la experiencia artística contemporánea de dos maneras: Una es aculturada y contrastada con la información manejada, el propio artista, las exposiciones y sus respectivos folletos o catálogos, las charlas, presentaciones, debates y coloquios artísticos, información en medios.... Y otra intuitiva, primaria e individualizada. Esta última es la que hoy proponemos. La obra de Jesús nos explica, a su manera, que la esencia de la creación artística no es una forma ni un uso, sino tan sólo un gesto, el gesto que produce la dejadez, un borrador, casi una mancha, un descuido. Y logra convertir la ausencia en imagen, y da cuerpo a las palabras que nos faltan, las más necesarias. Jesús Rodríguez ha aprendido a escribir en el hueco de lo escrito, deconstruyendo [1], conservando sin fetichismos ni nostalgias los emblemas de lo real y lo imaginario.

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[1] Michel Onfray, «Traité d’athéologie», Traducido por Luz Freire, Editorial Grasset & Fasquelle, 2005

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Es una escritura nómada, una gramática de lo imprevisto, un arte de los límites que no traiciona los acontecimientos. Nos proporciona una mirada que surge cuando se baja la voz. Y así, frente a la frialdad de la capacidad creativa, Jesús extiende, cada vez con mayor precisión, su perversa conspiración, creando una narración plástica fascinante, tan leve como intensa. Y nos hace ver su secreto a voces. Joaquín Ivars [2] propone un ejercicio de insensatez, un juego indecente: Trazaremos caminos entre las obras que ya trazan caminos y quedarán huecos entre ellas. Trataremos de abrir sendas, negociaremos con el contexto, nos argumentaremos -impotentes- en nuestros textos. Pero siempre quedarán huecos entre los que aún es posible respirar un poco. La obra, un poco de vida al margen de la obra, no estará en las obras sino en los huecos que quedan entre ellas. Vivir, pensar, crear, es proporcionarse huecos entre los territorios que siempre delimitamos. Ahí fuera. Y respirar un poco. Una exposición es siempre errónea porque su valor no reside en el acierto, sino en la incertidumbre que consiga provocar. No insistamos verbalmente en el error, lo mejor es comprobarlo in situ. Y luego, mudarse. David Martínez..- Diciembre 2008

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[2] Joaquín Ivars, «ivars 08. INTERTOPÍAS», Edita: Diputación de Málaga. Área de Cultura y Educación. pg. 17.

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El texto que figura a continuación, «Perfiles del aire», fué parte del publicado en el catálogo de la exposición Fundación Caja de Granada de 2004, aunque bien pudiera parecer haber sido escrito para la obra que aquí hoy presentamos. Hemos querido volver a publicarlo porque, de alguna manera, supone un instrumento útil para argumentar el recorrido que Jesús Rodríguez de la Torre viene realizando desde hace ya algunos años.

Perfiles del aire La última etapa de Jesús Rodríguez de la Torre, ha sido una búsqueda incesante en pos de un modo pictórico de decir, que ya se intuía en obras muy anteriores, de casi una década atrás, y que ha venido haciéndose más palpable con la suma de sus muchas experiencias, hasta llegar a los logros indiscutibles de los últimos años. Esa inquietud permanente que le caracteriza le ha llevado por distintos caminos en estos tiempos, hasta dar con las admirables soluciones de sus creaciones mas recientes, cuyo poder de persuasión se evidencia, tanto por la manera de resolver los lienzos, cuanto por la consolidación de ese mundo propio, tan lleno de claves personales y de presentimientos inquietantes. Un mundo y un lenguaje, que interpretan la hora presente y anticipan visiones y revelaciones, en las que también se filtra un pasado poco definido, apuntado por signos como el recurso a determinadas atmósferas o la vestimenta de algunos de los personajes. Es decir: asistimos a la muestra de un autor que se ha caracterizado por un cierto inconformismo ante sus propias conquistas y por una reiterada voluntad de cambio, de renovación, de transformación continua, dado su alto nivel de exigencia. Ya he ponderado estos extremos en otros trabajos sobre Jesús Rodríguez de la Torre, pero el caso es que su curiosidad no se aplaca, ni su búsqueda cesa, de ahí que sea imparable el proceso de depuración que vive su pintura. 17


El camino recorrido hasta aquí ha sido diverso pero fiel a unos planteamientos que ya preocupaban al artista años atrás. Esto es: un camino nada errático y mucho más coherente de lo que su diversidad de temas y motivos pudiera hacernos creer. Cuando trataba de definir las características de su obra hace dos lustros, experimentaba un sentimiento similar al que observo ahora, y como entonces hoy también soy consciente del nuevo lenguaje y de las nuevas conquistas, pero si me permito traer a colación las palabras de antaño es, no tanto para ubicarnos y saber desde dónde partimos, en relación a las anteriores fases de esta pintura, cuanto por lo que, a mi modo de ver, tienen de anticipatorio, de prólogo a estas otras realidades que ahora nos ocupan y que entonces eran sólo premoniciones.

JOSÉ LUPIÁÑEZ En «Perfiles del aire». Granada, septiembre 2004

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Tener un Don Hay muchas formas de dividir a las personas. Buenas y malas, honestas y viles, víctimas y verdugos, egoístas y generosas, activas y pasivas, alegres y tristes, brillantes y oscuras; las posibilidades son infinitas. Pero a mí personalmente hay una división que siempre me ha atraído, y es la de dividir al género humano entre aquellos que tienen un don y los que no lo tienen. Yo pertenezco a la segunda categoría. No tengo ningún don especial. No he sido bendecida por los dioses con ninguna virtud genial, por una cualidad que sin mayor esfuerzo te haga singular entre los tuyos. Es por ello que admiro, valoro y en gran medida envidio (no sé si sanamente... averiguarlo es una asignatura vital pendiente) a aquellos elegidos entre los mortales con la capacidad de generar placer, admiración y deleite entre sus semejantes. Una gran voz, o el don de la palabra hablada o escrita, o tal vez el prodigio de que de tu mano surja la luz en un lienzo. Jesús pertenece a la categoría de los elegidos. Soy su amiga, no entiendo de arte y no estoy capacitada para decir si es un genio o no. Pero para lo que sí valgo es para expresar la profunda satisfacción que me regala contemplar uno de sus lienzos, la sensación de riqueza e indecente opulencia que me depara sentirme dueña de una parte de su obra (aunque realmente no somos mas que depositarios), el inmenso privilegio que para mí ha supuesto que una parte de su creación me la haya dedicado en aras de un espíritu común, quiero creer.

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Una vez escuché una frase con la que me identifiqué plenamente, y que a lo largo de los años he utilizado para definir a aquellos entre los que me reconozco y es la siguiente: «mi patria la forman aquellos que han leído los mismos libros que yo». Un espíritu común de aspiraciones nobles y desinteresadas sin mayor, ni menor, afán que la belleza y la bondad en sí. Creo que Jesús y su obra viven en esa patria, patria formada por libros, pintura, belleza y valores morales, hoy tan inútiles y tan necesarios. Afirmo que Jesús tiene «el don», un don que nos regala en cada cuadro. «El don» de derrochar momentos únicos de luz y color. Un don que a mis ojos le muestra como bueno, honesto, generoso, creativo y brillante. Una división del género humano como cualquier otra. Teresa García Montiel Diciembre, 2008

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El nuevo estilo La trayectoria creadora del pintor Jesús Rodríguez de la Torre nos ofrece en el año 2008 una nueva fase, dentro de la sucesión de estilos a que le ha empujado, desde hace más de tres décadas, su poderoso afán de renovación. Cuando yo lo conocí, al poco tiempo de su primera exposición en el Centro Artístico de Granada (1977), por medio de amigos escritores, irradiaba ya esa tensión serena, esa concentrada explotación de las honduras de su mundo interior. Aquel estudio aislado, cercano a Plaza Nueva, vibraba con el transfondo de la música clásica, de las conversaciones estimulantes y de la búsqueda de nuevas clases expresivas. En sucesivas etapas, partiendo de una maestría en el dibujo y una gama cromática amplia, pasó la fase «azul» (ejemplificada en la exposición «Perfiles del Aire», del año 2004), donde desplegaba, en prolongadas variaciones, su original concepción de la atmósfera, que envolvía a los objetos y personajes en su ambiente onírico, muy fecundo en sugerencias. Pero aquel fondo ensoñador, cerrado, con un poco de angustia, donde rara vez los trazos violetas y rojizos dinamizaban la absorta tela de araña de sus laberínticas pinceladas sueltas, ha dado paso, en época reciente, a lo obra que ahora nos presenta. En ella se puede constrastar otro mundo de expresión, donde la soltura de las enérgicas pinceladas amarillas y grises, ascendiendo hacia el rostro con la energía de un juego, desarrolla aún más la anterior transición de lo figurativo hacia lo abstracto. Por ejemplo, donde sólo la frente, nariz y pómulos, bañados en una luz de incierto origen, emergen, flotantes, de la composición de libérrimas manchas de color, aunque también su mano izquierda, sujetando un escrito, asoma entre la hoguera de amarillos y grises. 25


Este experimento se amplía en otros, donde lo enigmático y polivalente del anterior se intensifica ahora en rostros esbozados, con su paralela «sombra» que alude quizá a la multiplicidad íntima del yó, y donde unas enérgicas pinceladas apuestan por el juego puro de las formas. En una tercera muestra, la esbozada calavera de un toro nos impacta con su poderoso relieve, construido a base de una gama de ocres de rica graduación, cuyos bordes negruzcos resaltan en recio contraste con su un transfondo blanquecino, provocando en el espectador un impacto de contenida energía y atormentada tensión. En suma, hitos significativos de la permanente inquietud creadora de Jesús R. de la Torre, que no cesa de explorar las sorprendentes posibilidades de sus manantiales interiores. Federico Bermúdez-Cañete. Noviembre 2008

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Niebla gris «La verdad del arte descansa en su poder para quebrar el monopolio de la realidad establecida (pj. de quienes la establecieron) para definir lo que es real» H. Marcuse. La dimensión estética

Conozco la obra de Jesús Rodríguez de la Torre desde hace unos años, desde el tiempo de las atmósferas densas y azules. Aquel trabajo era un paseo por la sorpresa. «Yo soñé que habitaba en estancias de mármol», me viene a la memoria esta pieza que escuché en aquel tiempo alguna vez mirando estos cuadros. No son de mármol estas estancias pero sí tienen el sabor especial de lo soñado. Están construidas con materia más huidiza, misteriosa. Con aire construyó el pintor estos espacios, con aire creó, de aire son los personajes como sombras, fantasmas casi, que habitan este palacio de silencio. Hablábamos como en susurro aquellos días. Días terribles, algunos, terribles los cuadros también a veces, hermosos siempre unos y otros. De allí venimos, un tiempo inquietante en que lo terrible se resuelve en una especie de aspereza elegante, azul, malva y blanca. Parece como si todo ocurriera de noche y un astro raro iluminara los desvelos, los roces del pincel sobre la tela. El azar ¿objetivo? ha vuelto a jugar sus cartas y nos trae a una casa diferente. Ha cambiado el color, la luz no es la misma. Los seres que pueblan este tiempo son distintos; es como si hubieran despertado... y nos observan. La atmósfera se adensa y dramatiza sumergiéndonos en una realidad esencializada de la que se ha eliminado todo lo superfluo. 29


Para Marcuse la verdad del arte se encontraba en esa posibilidad de abrir nuevas realidades, de mirar de manera diferente nuestra cotidianidad. Jesús lo hace aquí, una vez más, nos ha vuelto a abrir la puerta de sus estancias. Aunque lo que ahora encontramos es menos amable, menos onírico y más puro. Su pintura se hace más escueta eliminando cualquier anécdota, es más pintura porque además es más directa. Ya no huye de la realidad, nos la encontramos de frente y nos interroga. Cuando miro estos cuadros no puedo evitar el estremecimiento, sigue siendo una pintura poética pero ha cambiado la rima. La pincelada se ha soltado aún más, casi parece que hay descuido. Se confunde a veces la atmósfera con el personaje porque realmente son lo mismo, es una figuración casi abstracta. De repente de entre la niebla gris, el misterio y ese mas allá, aparece una cabeza que nos habla a los ojos desde no se sabe bien qué lugar en el tiempo, o una mano, o una piedra tallada. La conversación se resuelve ahora en una rica gama de grises en los que de pronto un color destaca, transparentándose en algunos momentos el lienzo, indicando de esta manera cómo están construidas estas piezas, sin insistir ni cansar la tela, con claridad y determinación. Estas figuras no son desesperadas, ni huérfanas, tienen entidad propia, son reales. Han trascendido en los lienzos su cotidianidad y se han salvado, por eso nos observan incitándonos a una introspección, a una reflexión personal. Nos invitan a salvarnos en ellos y con ellos. 30


En la obra de Jesús Rodríguez de la Torre, no hay ocurrencia ni en la de ahora ni en la de hace veinte años. En su juego no admite esta opción, no pretende ser moderno, ni actual ni nada, en su caso le sale solo. Su último trabajo es de rabiosa actualidad pero no lo ha buscado, el camino por el que se llega a estas soluciones es otro. Aquí la búsqueda es personal, es para sí mismo, es casi por necesidad. Hay una aprehensión de la esencia, lo demás es prescindible. Jesús rompe una lanza por la sencillez aparente, por la sobriedad. Esta es la propuesta de este pintor, de este artista. Ahora que nos encontramos en un momento de crisis global, de cambios y reflexiones, nos propone una vuelta a nosotros mismos, una introspección, una búsqueda de las realidades últimas. Como siempre, como ahora, Jesús no delega su responsabilidad de dar respuestas y plantear preguntas, de estar en su momento histórico. Por esto de nuevo nos sorprende y nos conmueve hasta la última fibra. Esther Miranda Garrido Diciembre 2008

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Jesús Rodríguez de la Torre: Painting Aloud These paintings by Jesús Rodríguez de la Torre are not finished; nor, in this sense, are they paintings that were ‘started’: they are the result of no act of premeditation. The first marks he makes are psychical marks, the unmediated expression of what drives his existence, and that as movement and tone and rhythm on the empty canvas. They correspond to the drives that most of us learn to keep quiet. I am using Julia Kristeva’s notion of the genotext to describe the unconstrained form of these symbols expressed in paint (1). I have watched Jesús return day after day to sit in front of these manchas (2), in the same way that I myself have returned to sit in front of the finally exhibited canvases. We are both, Jesús and I, responding to the deeper impulses and rhythms that are the essence of matura art; we are both, artist and viewer, resisting the constraints of the social world with its codes and rules that demand that a work of art is its content, and that we must interpret «what it says». Jesús does not make his work intelligible. I cannot select a few elements from his canvas and conclude that these arre its true meaning. Such a project of interpretation is denied from the moment Jesús recognises a subject-matter in the mancha, and begins to paint: what he encounters is not the vision of a finished work of art -not the spectacle of a shark in a tank- but a dialogue with the genotext: with his existence. __________________________________ 1 See Julia Cristeva 1986, «Revolution in Poetic Language», Translated by Margaret Waller, The Kristeva Reader, Edited by toril Moi, Oxford: Blackwell, pp. 120-121 2 mancha. The mark left by a substance that falls onto a surface.

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What does this stroke mean? Why does the paint dribble away across that line? No, I cannot find an equivalent for the work, I cannot interpret it, I cannot make it comfortable. The surface insists on itself as it is. I must -in the words of Susan Sontag«learn to see more, to hear more, to feel morre... to recover [my] senses» (3). For this is where Jesús’ paintings take place: in the senses: in the sense of a perception of how things are, in the sense of a memory of another day; in the sense of a feeling that perhaps I’m not alone. When a local decorator came to paint my father’s living room on an island off the south coast of England, he began at once to tell the stories of the figures in a small painting by Jesús that was balanced on the sideboard: a man in the Plaza Mayor beside a girl with her legas crossed at the knee. These paintings have no before or after, their time is mythic, which is why the viewer is accomplice to the painter: to translate Roland Barthes’ notion of the writerly text, what we hear in the paintings of Jesús Rodríguez de la Torre is not a message from the painter to the viewer, but the sound of painting itself: the sound of the viewer painting (4).

Jon Lindsay Miles January 2009

__________________________________ 3 Susan Sontag 1996, Against Interpretation and Other Essays, New York: Picador, p. 14. 4 See Roland Barthes 1975, S/Z, translated by Richard Miller, London: Jonathan Cape, pp. 4 & 5.

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Contemplar un cuadro

Bajar del cielo a la tierra se puede. Adornar la misma naturaleza se permite. Hace un tiempo, un espacio... que en nuestra casa vive una obra de Jesús, un regalo en sí y para sí. Miradas de frente, de hurtadillas, de soslayo, en silencio, con música, en la charla, dentro o fuera del ruido que proporciona la estancia compartida. Y entre todas ellas, la mirada de un amigo, David, que mira el cuadro, y que de noche nos despide para con una secreta avaricia, mirarlo él, en el rescoldo de la llama... y no saber si duerme o no, o solo sueña... Silencio... Y al amanecer, la puerta abierta, y sobre las traviesas del camino a casa, un sillón de anea, y sobre el sillón un cuadro; el marco, nuestro árbol -la safora- y en el escalón del porche una mirada absorta... y en la luz del alba, los azules, blancos y violetas van fundiéndose en la atmósfera... Antes de romper el sol tras la montaña, sé qué es el arte; uno de los estados del alma. Margarita García Carriazo. Diciembre 2008 36


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«Plaza Mayor» Temple s/lienzo 69 x 69 cm 2008

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Presentazione Il concetto di «aldilà» fu inventato con il fine di svalutare l’unico mondo esistente, per non lasciare nessun obiettivo alla nostra realtá terrena, nessuna ragione, nessuna ocupazione. Friedrich Nietzsche, Ecce homo, «Perchè sono un destino», $ 8.

In questa occasione è Jesús Rodríguez de la Torre che mi richiede -e mi esige- per introdurre l’opera che, qui e ora, lei e io stiamo contemplando. Ancora una volta la mia risposta è la stessa: non ci sono ricette miracolose per scoprire i segreti della sua pittura. L’unica via possibile è l’esperienza diretta. Possiamo avvicinarci alla esperienza artistica contemporanea in due modi: una è acculturata e comprobata con l’informazione disponibile, l’artista stesso, le esposizioni e i rispettivi opuscoli o cataloghi, le interviste, le presentazioni, gli incontri e i colloquii artistici, le conferenze stampa... e un’altra intuitiva, primaria e individualizzata. Quest’ultima è quella che oggi proponiamo. L’opera di Jesús ci mostra, a suo modo, che l’essenza della creazione artistica non é una forma nè un uso, ma soltanto un gesto, il gesto che produce la noncuranza, un bozzetto, anzi una macchia, un disguido. Riesce così a trasformare l’assenza in imagine, e a dar corpo alle parole che ci mancano, le più necessarie. Jesus Rodríguez ha imparato a scrivere nel vuoto dello scritto, destrutturando, conservando senza feticismi nè nostalgie gli emblemi del reale e dell’imaginario. 41


È una scrittura nomade, una grammatica dello imprevisto, un’arte dei limiti che tradisce gli eventi. Ci concede un sguardo che nasce quando si abbassa la voce. E così, in contrapposizione alla freddezza della capacitá creativa, Jesús stende con precisione sempre maggiore la sua perversa cospirazione, creando una storia plastica affascinante, lieve e al contempo intensa. Ci fa partecipi del suo segreto gridandolo. Il mio amico Joaquín Ivars propone un esercizio di follia, un gioco indecente: Tracciare percorsi fra opere che già tracciano cammini... rimarranno dei vuoti tra di loro. Proveremo ad aprire sentieri, negozieremo con il contesto, argomenteremo -impotenti- nei nostri testi. Sempre però rimarranno dei vuoti in cui e ancora possibile respirare un po’. L’opera, un po’di vita ai suoi margini, non risiederà nell’opere stese, ma nei vuoti che restano tra di esse. Vivere, pensare, creare, è aprire spazi liberi fra i territori che sempre delimitiamo. Lì fuori... E respirare un po’. Una mostra è sempre erronea giacchè il suo valore non risiede nella sua riuscita, ma nell’incertezza che riesce a provocare. Non serve a niente insistere verbalmente nell’errore, bisogna verificarlo in situ... E poi, migrare.

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David Martínez. Diciembre 2008


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Il testo presentato a continuazione, «Profili dell’aria», fù parte di quello già pubblicato nel 2004 nel catalogo della mostra Fundación Caja de Granada. Sebbene potrebbe sembrare essere stato scritto per l’opera che qui presentiamo, abbiamo voluto pubblicarlo di nuovo perchè, in qualche modo, è uno strumento utile per argomentare il percorso che Jesús Rodríguez de la Torre sta realizando da alcuni anni.

Profili dell’aria L’ultima fase di Jesús Rodríguez de la Torre, é stata una ricerca incessante del modo pittorico di dire che già si intuiva in opere precedenti, di quasi un decennio fa, e che è diventato più palpabile con l’insieme delle sue molte sperienze, fino ad arrivare ai resultati indiscutibili degli ultimi anni. Questa permanente inquietudine che lo caratteriza, lo ha portato in questi anni a percorrere vari cammini, fino a trovare le ammirevole soluzioni delle sue creazioni più recenti, il cui potere di persuasione si evidenzia, tanto per il modo di risolvere le tele, quanto per il consolidamento di quel suo mondo, così pieno di chiavi personali e di presentimenti inquietanti. Un mondo e un linguaggio che interpretano il momento presente e anticipano visioni e rivelazioni in cui si filtra anche un passato poco definito, accennato da segnali come il ricorso a determinate atmosfere o i vestiti di alcuni dei personaggi. Cioé: assistiamo alla mostra di un autore che si è caratterizzato da una sorta di anticonformismo nei riguardi delle sue propie conquiste e per una reiterata volontá di cambio, di rinnovamento, di trasformazione continua, dato il suo alto livello di esigenza. Già ho considerato questi estremi in altri lavori di Jesús de la Torre, ma il caso è che la sua curiositá non si placa, nè la sua ricerca cessa, percio non smette il processo di purificazione che abita nella sua pittura. 45


Il cammino percorso fin qui è stato vario ma fedele alle premesse che già preoccupavano l’artista anni fa. Cioè: una strada per niente erratica e molto più coerente a quello che la sua diversita di temi e motivi potrebbe farci credere. Quando tentavo di definiere le caratteristiche della sua opera due lustri fa, sperimentavo un sentimento simile a quello che osservo ora, e come allora anche oggi sono consapevole del nuevo linguaggio e delle nuove conquiste, ma se mi permetto di riportare le parole di un tempo, é non tanto per ubicarci e sapere da dove partiamo, in relazione ai precedenti periodi di questa pittura, quanto, a mio avviso, per quello che hanno di anticipatorio, di prologo a queste altre realtá che ora ci occupano e che prima erano soltanto premonizioni.

JOSÉ LUPIÁÑEZ «Profili dell’aria». Granada, settembre 2004

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Avere un Dono Ci sono molte forme di dividere le persone. Buone e cattive, oneste e vili, vittime e carnefici, egoiste e generose, attive e passive, allegre e tristi, brillanti e opache; ci sono infinite possibilitá. Ma per me personalemente c´è una divisione che sempre mi ha attratto, ed è quella di dividere il genere umano fra quelli che hanno un dono e quelli che non ce l’hanno. Io appartengo alla seconda categoria. Non ho nessun dono speciale. Non sono stata benedetta dagli dei con messuna virtù geniale, con una qualità che senza sforzo ti fa singolare fra i tuoi, perciò ammiro, apprezzo e quasi invidio (non sò se in modo sane, scoprirlo è un esame ancora pendente) gli eletti fra i mortali, con la capacità di produrre piacere, ammirazione e soddisfazione tra i suoi simli. Una grance voce, oppure il dono della parola declamata o scritta, o forse il prodiggio di illuminare una tela con la mano. Jesús appartiene alla categoria degli eletti. Sono sua amica, non capisco di arte e non sono in grado di dire se è o no un genio. Però si che sono capace di esprimere la profonda soddisfazione che mi regala contemplare una delle sue tele, la sensazione di ricchezza e di indecente opulenza che mi da sentirmi padrona di un pezzo della sua opera (anche se realemente siamo soltanto depositari), l’immenso privilegio che per me ha significato che un pezzo della sua creazione lo abbia dedicato a me come parte di uno spirito che, voglio credere, comune. Una volta ascoltai una frase con la quale mi dentificai pienamente, e che nel corso degli anni ho utilizzato per definire quelli fra i quali mi riconosco, e che dice così: «la mia patria la compongono quelli che hanno letto i miei stessi libri». 49


Uno spirito comune di aspirazioni nobili e disinteressate, senza maggiore nè minore voglie se non la bellezza e la bontà in sè. Credo che Jesús e la sua opera abitino in quella patria, patria composta di libri, pinttura, bellezza e valori morali, oggi così inutili e così necessari. Affermo che Jesús ha «il Dono», un dono che offre in ogni quadro. «Il Dono» di spargere momenti unici di luce e colore. Un dono che a miei occhi lo mostra come buono, onesto, generoso, creativo e brillante. Una divisione del genere umano come qualsiasi altra.

Teresa García Montiel. Diciembre, 2008

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Il nuovo stile La traiettoria creativa del pittore Jesús Rodríguez de la Torre ci offre nel anno 2008 una nuova fase, dentro della sucesione di stili a cui lo ha spinto, da più di tre decenni, il suo potente impegno di rinnovo. Quando l’ho conosciuto, poco tempo dopo della sua prima mostra nel Centro Artístico de Granada (1977), trmite amici scrittori, irradiava già quella calma tensione, quella concentrata esplorazione delle profonditá del suo mondo interiore. Quello studio isolato, vicino a Plaza Nueva, vibrava con il fondo della musica classica, delle conversazioni stimolanti e della ricerca di nuovi generi espressivi. In tappe successive, a partire da una maestria nel disegno e da una ampia gamma cromatica, passò la fase «azzurra» (evidenciata nella mostra «Profili dell’aria», del anno 2004), in cui spiegava, in prolungate variazioni, il suo originale concetto della atmosfera, che avvolgeva gli oggetti e i personaggi nel suo ambiente onirico, molto fecondo di suggerimenti. Ma quel fondo sognante, chiuso, con un po’ di angoscia, dove di rado i tratti viola e rossicci dinamizzavano la assorta ragnatela dei suoi labirintici e scorrevoli tratti, ha dato passo, in epoca recente, ai quadri che ora presenta. In essi possiamo verificare un’altra forma espressiva, dove la agevolezza degli energici tratti gialli e grigi, salendo verso il viso con l’energia di un fuoco, sviluppa ancora di più la anteriore transizione dal figurato all’astratto. 53


Per esempio, in uno de questi dipinti, soltanto la fronte, il naso e gli zigomi, bagnati in una luce d’incerta origine, emergono, galleggianti, dalla composizione di libere macchie di colore, sebbene nello stesso cuadro, anche una mano sinistra, se sostiene un scritto, spunta fra i faló di giallo e grigio. Questo esperimento si amplia in altri dipinti, dove ciò che era enigmatico e polivalente si intensifica nei visi abbozzati, con la sua parallela «ombra» che accenna forse alla molteplicità intima dell’ Io, e dove alcuni energici tratti scommettono sul gioco puro delle forme. In una terza mostra, l’abbozzato teschio di un toro ci colpisce con il suo poderoso rilievo, elaborato con una gamma di colori ocra di ricca graduazione, i cui bordi nerastri risaltano in grande contrasto con un trasfondo biancastro, provocando nello spettatore un colpo di energia contenuta e di tormentata tensione. Insomma, pietre millari della permanente inquietudine creativa di Jesús R. de la Torre, che non cessa di esplorare le sorprendenti possibilitá delle sue sorgenti interiori. Federico Bermúdez-Cañete. Novembre 2008

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Nebbia grigia «La veritá dell’arte risiede nel suo potere di rompere il monopolio della realtà stabilita (p.es. di quelli che la stabilirono) per definire ciò che è reale.» H. Marcuse. La dimensione estetica

Conosco l’opera di Jesús Rodríguez de la Torre de la alcuni anni, dal tempo delle atmosfere dense e azzurre. Quel lavoro era una passeggiata per la sorpresa. «Sognai che abitavo in stanze di marmo», mi viene in mente questo pezzo che allora ascolti qualche volta guardando questi quadri. Non sono di marmo queste stanze, pero sì che hanno il sapore speciale di quello che si sogna. Sono costruite di una materia più fugace, misteriosa. Con aria il pittore costruì questi spazi, con aria creò, di aria sono i personaggii come ombre, fantasmi quasi, che abitano questo palazzo di silenzo. Parlavamo come in un sussurro in quei giorni. Giorni terribili, alcuni, terribili anche i quadri a volte, belli sempre li uni e gli altri. Da lì veniamo, un tempo inquietante in cui ciò che è terribile si risolve in una sorta di asperità elegante, azzurra, malva e bianca. Sembra come se tutto accadesse di notte e un astro strano illuminasse le veglie, lo sfiorare del pennello su la tela. La sorte ¿obiettiva? è tornata a giocare le sue carte e ci ha portato a una casa differente. È cambiato il colore, la luce non è la stessa. Gli esseri che abitano questo tempo sono diversi; è come si fosseno svegliati... e ci guardassero. 57


La atmosfera si è addensata e drammatizzata sommergendoci in una realtá essenzializzata dalla quale è stato eliminato tutto il superfluo. Per Marcuse la veritá dell’arte si trovava nella possibilità di aprire nuove realtá, di guardare in modo diverso la quotidianità. Jesús qui lo fa; di nuovo ci apre la porta delle sue stanze. Anche se quello che ora incontriamo è meno amabile, meno onirico e più puro. La sua pittura si fa più breve eliminando qualunque aneddoto, è più pittura perché insomma è più diretta. Adesso non fugge dalla realtà, ci la troviamo di fronte e ci interroga. Quando guardo questi dipinti non posso evitare un brivido, è ancora una pittura poetica ma la rima è cambiata. La pennellata é più sciolta, sembra quasi che ci sia trascuranza. Si confonde a volte l’atmosfera con il personaggio perchè realmente fanno un tutt’uno, è una configurazione quasi astratta. All’improvviso dalla nebbia grigia, dal misterio e da quell’al di là, appare una testa che ci parla guardandoci negli occhi non si sa bene da che luogo nel tempo, oppure una mano, o una pietra scolpita. La conversazione si risolve adesso in una ricca gamma di grigi tra i quali, repentinamente, un colore risalta, trasparentandosi in alcuni momenti la tela, indicando in questo modo come sono costruiti questi pezzi, senza insistere ne consumare la tela, con chiarezza e determinazione.

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Queste figure non sono disperate, nè orfane, hanno entità propia, sono reali. Hanno trasceso nelle tele la sua quotidianità e si sono salvate, perciò ci osservano incitandoci a una introspezione, a una riflessione personale. Ci invitano a salvarci in loro e con loro. Nella opere di Jesús Rodríguez de la Torre, non c’è occorrenza, nè in quelle di ora nè in quelle di venti anni fa. Il suo gioco non ammette questa opzione; non pretende essere moderno, nè attuale nè niente altro, nel suo caso sorge spontaneamente. Il suo ultimo lavoro è di furiosa attualità ma non lo ha cercato, il cammino attraverso il quale si raggiungono queste soluzioni è un altro. Qui la ricerca è personale, è per se stesso, è quasi per necessità. C’è una apprensione della essenza, tutto il resto è prescindibile. Jesús spezza una lancia per la apparente semplicità, per la sobrietà. Questa è la proposta di questo pittore, di questo artista. Adesso che ci incontriamo in un momento di crisi globale, di cambiamenti e riflessioni, ci propone un ritorno a noi stessi, una introspezione, una ricerca delle ultime realtà. Come sempre, come ora, Jesús non delega la sua responsabilità di dare risposte e sollevare domande, di essere nel suo momento storico. Perciò di nuovo ci sorprende e ci commuove fino all’ultima fibra. Esther Miranda Garrido Diciembre 2008 59


Jesús Rodríguez de la Torre: Pintar en voz alta Estos cuadros de Jesús Rodríguez de la Torre no están terminados; en el mismo sentido, no son cuadros que estén empezados: no son el resultado de ningún acto de premeditación. Sus primeras marcas son psiquicas, la expresión sin mediar de lo que impulsa su existencia, y que caen en el lienzo vacío en forma de movimiento y tono y ritmo. Corresponden a los impulsos de los cuales la mayoría de nosotros aprendemos a callar. Me aprovecho del concepto de genotexto de Julia Kristeva para describir la forma espontanea de estos símbolos plasmados en pintura [1]. He presenciado a Jesús volver día tras día a sentarse ante esas manchas [2], de la misma manera que yo me he sentado delante de los cuadros finalmente expuestos. Estamos los dos, Jesús y yo, respondiendo a los impulsos y ritmos más profundos que son la esencia del arte maduro; estamos los dos, pintor y espectador, resistiendo las limitaciones del mundo social con sus códigos y normas que nos obligan a ver una obra de arte en su contenido y debiendo interpretar «lo que dice». Jesús no trabaja pra que su obra sea inteligible. No puedo seleccionar algunos elementos de un cuadro suyo y concluir que estos son su significado verdadero. Semejante propósito de interpretar está negado desde el instante en que Jesús renunció al contenido en la mancha, y comenzó a pintar: lo que encontró no es la visión determinada de esos espectáculos de «tiburones y tanques» sino un diálogo con el genotexto: o sea, con su propia existencia. __________________________________ [1] Vea a Julia Kristeva 1986, “revolución en la lengua poética”, traducida por Margaret Waller, El lector de Kristeva, Corregido por Toril Moi, Oxford: Blackwell, pp. 120-121. [2] mancha. La marca se fue por una sustancia que cae sobre una superficie.

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¿Qué significa este brochazo?. ¿Por qué chorrrea la pintura a través de esa linea?. No, no puedo encontrar equivalentes para el cuadro, no lo puedo interpretar, no lo puedo hacer cómodo. El lienzo se afirma en lo que es. Debo, en las palabras de Susan Sontag, «aprender a ver más, oir más, sentir más... recuperar mis sentidos» [3]. Porque es aquí donde las obras de Jesús suceden: en los sentidos, en el sentido de percepción de cómo son las cosas, en el sentido de un recuerdo de otro día; en el sentido de la sensación de que quizás no estoy solo. Cuando un vecino llegó para pintar la sala de mi padre en una isla al sur de Inglaterra, empezó directamente a contar las historias de las figuras en un cuadro pequeño de Jesús que estaba apoyado en el aparador: un hombre en la Plaza Mayor al lado de una mujer con las piernas cruzadas. Estos cuadros no tienen antes ni después, el tiempo en que existen es mítico por lo cual el espectador es cómplice del pintor: al traducir el concepto de «writely text» de Roland Barther, lo que oímos en los cuadros de Jesús Rodríguez de la Torre no es el mensaje del pintor al espectador, sino el mismísimo sonido del espectador al pintar [4].

Jon Lindsay Miles Enero 2009

__________________________________ [3] Susan Sontag 1996, Against Interpretation and Other Essays, New York: Picador, p. 14. [4] Vea Roland Barthes 1975, S/Z, traducido por Richard Miller, London: Jonathan Cape, pp. 4 & 5.

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Contemplare un quadro

Scendere dal cielo alla terra si può. Adornare la natura stessa è permesso. Da qualche tempo, in uno spazio... vive nella nostra casa un’ opera di Jesús, un regalo in se stesso e per se stesso. Sguardi di fronte, di nascosto, sbirciate, in silenzio, con musica, durante una chiaccherata, dentro e fuori del rumore che dà la stanza condivisa. E fra tutti, lo sguardo di un amico, David, che guarda il quadro, e che di notte ci saluta con una segreta avarizia, guardarlo lui, al fulgore della fiamma... e non sapere se dorme o no, o se soltanto sogna. Silenzio... E all’ albeggiare, la porta aperta, sopra le traverse del cammino verso casa, una poltrona di vimini, e sopra la poltrona un quadro; la cornice, il nostro albero -la safora- e sullo scalone del portico uno sguardo assorto... e alla luce dell’ alba, gli azzurri, i bianchi e i violetti si vanno fondendo nell’ atmosfera... Prima che da dietro la montagna esploda il sole, so cos’ è l’ arte: uno degli stati dell’ anima.

Margarita García Carriazo. Diciembre 2008 63


JESUS RODRIGUEZ DE LA TORRE Nace en Jaén en 1955, pero realiza sus estudios de Bellas Artes en Sevilla y Granada, viviendo la mayor parte de su vida en esta última ciudad. En los 90 fija su residencia en una casa de campo a 30 km de Úbeda donde se encuentra su estudio. Ha realizado numerosas exposiciones individuales y colectivas tanto dentro como fuera de España. - 1997 Centro Artístico Granada - 1978 Sala de Arte «Del Castillo», Jaén.- Por encargo de la Diputación de Granada realiza el retrato de su Majestad el Rey - 1980 Casa de la Cultura, Cuenca - Homenaje a Manuel Angeles Ortiz, Ayto. de Jaén - 1º certamen de Arte «Ciudad de Jaén», con obra adquirida por la Diputación para el Museo Provincial de Arte Contemporáneo - 1981 Segundo certamen de arte «Ciudad de Jaén», con obra adquirida por el Colegio de Arquitectos de Jaén - 1983 Galería «Languada» Granada. 1ª Bienal de pintura y escultura Universidad Politécnica de Madrid - 1985 Caja de Ahorros de Granada, Jaén. Galería Eduma, Linares - 1986 Escuela de Artes y Oficios de Baeza, Jaén - 1987 Casa de la Cultura de Cazorla, Jaén - «Año Internacional de la Mujer», Ayuntamiento de Barcelona - 1988 Galería Cartel. Kuleku 88, Heidelberg, Alemania 64


- 1989 Feria de Arte de Valencia. «Artistas Jienenses de hoy» Caja de Ahorros de Granada - Sala de Exposiciones del volksbank, Heidelberg, Alemania - 1990 «25 Artistas con la Cruz Roja» Palacio de la Madraza, Granada - 1992 Galería de W. weis. Frankfurt, Alemania - 1994 Galería «Studio 52» Córdoba - Invitado por la cadena de televisión RNF-LIFE, exposición en sus instalaciones de Manheim (Galería Im Studio) Alemania - 1995 Castillo de Hungen, Alemania - 1996 Residencia «Schnider», Heilderberg, Alemania - 2002 Palacio Abacial, Alcalá la Real - Sala de la Caja de Ahorros de Granada, Úbeda, Jaén - 2004-2005 Exposición itinerante Caja de Ahorros de Granada - 2006 Galería Blitz. Palma de Mallorca - Sala Carmen de Burgos, Rodalquilar, Almería - 2007 FIA del Mediterráneo, Palacio Congresos Torremolinos - Colegio de Abogados de Jaén. FIAC Castillo de Santa Ana, Roquetas - FIAC Marbella. «Marbart». FIAC de Vigo - 2008 Galería Cartel. Granada. Galería Cartel. Málaga - Exposición individual Galería Delagua. Úbeda 65


Agradecimientos Esta exposición no habría sido posible sin la ilusión y el empeño de, fundamentalmente, un puñado de buenos amigos. A todos ellos nuestro más sincero agradecimiento. De una manera especial al cariño de Teresa; a la lucidez de Federico; a la visión de Esther; a la poesía de Marga; a los silencios de Jon; a la paciencia de Leticia -que siempre nos dejó hacer-; a la dedicación de Eva; al esfuerzo de Giovanni; al trabajo de Pablo; a la informalidad de Amalio; a la formalidad (?) de Miguel Campoy; al espacio de Antonio; a la compañía de Martina; al taco, alcayata y cáncamo facilitados por Catalina... ... a la mirada limpia de Joaquín Ivars... Y, sobre todo, a la generosidad de Jesús, que nunca preguntó.

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1/1 Unodeuno Galeria de Arte Contemporáneo C/Puerta de Martos, 46 23004 Jaén (Spain) Ring: (+34) 600 813 455 www.galeriaunodeuno.es info@galeriaunodeuno.es Depósito Legal: J 730-2008


JESUS RODRIGUEZ DE LA TORRE