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JUEVES 19 DE ABRIL DE 2012 EL TRIBUNO JUJUY

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JUEVES 19 DE ABRIL DE 2012 EL TRIBUNO JUJUY

» “Periodismo militante”

» El cambio significa un esfuerzo compartido

Perdón, no termino de entenderlo

Jujuy entre la espada y la pared, la realidad y el sueño

A La militancia, como la conocía, era la expresión apasionada de levantar las banderas de un ideal. La militancia es partidaria.

CARLOS A. FERRARO

ElTribuno Jujuy cferraro@tribujuy.com.ar

Ante la inminencia de otro aniversario de nuestro diario, un querido amigo me cruzó en la ancha vereda de la plaza Belgrano y me estrechó en un abrazo cordial.“Che mandale este abrazo a todos los muchachos de El Tribuno”, me dijo, y agregó:“a ustedes sí que no se les escapa nada de la actualidad, informan, piensan, escriben, razonan, opinan. Pero lo que

más admiro es que hacen un periodismo militante”. Agradecí el efusivo saludo, comprendí todo lo que me quiso decir en la primera parte, pero no me animé a preguntarle qué me quería decir con eso del “periodismo militante”. No me animé, porque quizá le tenía miedo a la respuesta que estaba imaginando. No siento -honradamente- que estemos incluidos en eso que algunos llaman hoy “periodismo militante”. Creo que -simplemente- hacemos periodismo. Este periodismo de cronicar la vida diaria de nuestro aquí y ahora, tratando de darle a cada expresión un lugar en las páginas del diario, de ser plurales y abarcativos, aún dentro de los corsets que nos impone la realidad económica, política y social, a todos los que armamos un diario líder en su medio

TRABAJADORES DE DISEÑO, WEB, FOTOGRAFIA Y CORRECCION CON LA ADMINISTRADORA GENERAL JACQUELINE MENDEZ MEALLA.

como es el nuestro. Si a pesar de las líneas directrices, de las irremediables autolimitaciones

que algunos -con torpeza o con soberbia- quieren negar, de las vallas que interponen el sentido común y el buen gusto, y de los márgenes que no puede disolver la tecnología, si a pesar de todo, digo, logramos lo que mi amigo decía, un diario creíble y querido, es, definitivamente, porque hacemos periodismo. Pero agregar el calificativo de “militante” al periodismo siento que es como minimizarlo. Es como calificar el amor. No se puede amar mucho, o poco, bien o mal. Se ama o no se ama. El amor no es anaranjado, ni flaco, ni nocturno, ni surrealista o verdadero, ni militante o celestial: es simplemente amor y cualquier calificativo lo condiciona, lo reduce y le quita el enorme valor que tiene en sí mismo

sin necesidad de complementos. Igual que el periodismo, no necesita explicaciones. Es uno de esos conceptos que el único que podría haberlo definido en toda su extensión, hubiese sido quizás el ilustre negro Fontanarrosa, maravilloso exégeta de la lengua castellana, desde su humorística precisión. La militancia, como la conocía, era la expresión apasionada de levantar las banderas de un ideal. La militancia es partidaria. Como bien decía en uno de sus artículos rebeldes el periodista Hernán López Echagüe, (hombre de viva militancia en la UES, alineada a Montoneros): “la militancia no cobra sueldo”. Comparto. La militancia es la del discurso a viva voz en la calle, la de los gritos

desde un megáfono, la de quienes sin tener para comer usan las pocas monedas que reúnen para fotocopiar mensajes ideológicos y regalarlos en la calle, o comprar aerosoles y pintar paredes con el corazón. o harina para hacer el engrudo que fije los afiches hechos a mano. Ergo, si un periodista -como tal-se considera militante de algo, es porque cambia los ejes de su profesión para dedicarse a la comunicación panfletaria y a las divagaciones ideológicas, disfrazadas de prensa libre. No es mala la militancia. Al contrario, es sublime. Pero no es pariente del periodismo. Y no es -reitero- que la militancia ofenda al periodismo. Simplemente exige actitudes que transitan por caminos paralelos. Tampoco ocurre que el periodismo se sostenga en la militancia. Podrá describirla, criticarla o exaltarla, pero no ejercerla ni convertirla herramienta de sus objetivos. Al cumplir 32 años de vida, siento que El Tribuno de Jujuy ha logrado su liderazgo en el medio, la preferencia de los lectores, y la confianza y credibilidad de todos, porque todos sus integrantes, los que estamos hoy, los que estuvieron, y aquellos que nos siguen guiando desde otra dimensión, siempre buscaron hacer puro periodismo, y que si militaron en algo, fue en las filas de los románticos ejércitos que persiguieron siempre la utopía de alcanzar la objetividad y la verdad en su estado más transparente.“¿Periodismo militante...?” Perdón, pero no termino de entenderlo.

A Cuando el estado de bienestar es para pocos nadie puede dormir tranquilo.

RICARDO MARTINEZ

ElTribuno Jujuy rmartinez@tribujuy.com.ar

Parece que en la vida de los argentinos y jujeños en particular, nada es previsible. Nos imaginamos siempre sujetos al azar y carentes de una actitud de construcción, que cuando aparece, tiene lindes declamativos y reaparece la duda sobre las posibilidades de lograr lo que nos proponemos. Para muchos, estamos bien cuando vienen los vientos de cola, que ahora se llama soja, pero cuando pasan, otra vez el campo yermo, desértico, y en el fondo el “sin sentido” individual y social. El mito de que todo retorna se corporiza en toda la vida, social, política y económica y si bien reconocemos el fenómeno, no controlamos el sistema mayor donde se producen los acontecimientos que modifican nuestra realidad. Hasta no llegar a comprender la exégesis de nuestras desdichas como sociedad, será imposible superarlas, porque hace falta modificar las condiciones para poder desarrollarnos interna y en forma externa. En mi trabajo siempre me encuentro con la pregunta que viene a veces envenenada: ¿qué hacer? Poco.

SECCION DEPORTES EN PLENA TAREA

Y parece, digo que parece, que nadie quiere acompañar el cambio que necesita la sociedad para romper con las ruedas de las desgracias. Por lo general quieren conducir el cambio aunque sea con una larga fila de pobres e indigentes por atrás,

que a corto o mediano plazo, van a ser sindicados como los culpables de todos los males. El cambio significa un esfuerzo compartido, el tirarle de los pelos a los de más abajo para que alcance los niveles deseados, la oportunidad de acercarse a los más débiles con compasión, sin las especulaciones para seguir creciendo con la sangre y el sudor de los abandonados. Los que hace años estamos en esta profesión , hemos visto pasar a muchos por la función pública o privada, que es harina de otro costal en el sistema que vivimos, y de algún modo, conocemos el libreto, los gestos de buenos o malos actores, con más o menos imaginación. Los clásicos leían en la sociedad las conductas, no las declamaciones, y los estudios de oratoria estaban orientados a lograr eficiencia y darle claridad a lo que querí-

an comunicar, antes que ocultar la verdad. Hoy hay una gran confusión entre lo que nos imaginamos y lo real, entre “el hecho y la imagen”, por eso seguimos a tienta, explorando un mundo que está ahí, pero insondable por la neblina que turba el recto pensar potenciado por las fantasía. Cuando tenemos poco o nada en el interior solemos aferrarnos a algunas ideas y lo peor, si otorga bienestar, las llevamos hasta el fanatismo por temor a perder lo que se ha logrado. No hay peor cosa que el fanatismo. Convierte a la gente en intolerante, agresiva, y para colmo, se lo suele fomentar como si las pocas ideas que lo sustentan fueran las últimas, las definitivas. El discurso no es el método, ni el querer la voluntad, y de esto saben mucho algunos que intentan salir de la mediocridad.


32 aniversario de El Tribuno de Jujuy