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ASIA

EL DESIERTO DEL GOBI ALBERGA UNA BUENA POBLACION DE ÍBEX DE LA ESPECIE ‘CAPRA SIBIRICA SIBIRICA’ Y LA MONTAÑAS DEL ALTAI UNA MENOR DENSIDAD PERO DE MAYOR PORTE Y ENVERGADURA DE SUS TROFEOS. SON DOS ZONAS DIFERENTES POR SU OROGRAFÍA, POR SU DIFICULTAD Y POR SUS TEMPERATURAS, DONDE EL CAZADOR SE ENCUENTRA CONSIGO MISMO, ANTE LA BELLEZA Y LA INMENSIDAD DE SUS MONTAÑAS.

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POR JUAN IGLESIAS (GADORCAZA). FOTOS DEL AUTOR

CAZA DE LOS IBEX EN EL GOBI Y ALTAI, LAS TIERRAS DE GENGHIS DHAN

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e aproximaba el final de agosto y el comienzo de una nueva aventura, aunque ya venía disfrutando de ella dos años atrás, desde el momento que contraté esta cacería. Ya se sabe, los preparativos, los vuelos a tan remoto lugar, etc. En esta ocasión me acompañó mi amigo Luis Sánchez, a quien al igual que a mí le apasiona la alta montaña y en concreto la caza de los íbex. Ante la imposibilidad de conseguir en España los billetes de los vuelos con la compañía mongola MIAT que hace Berlín–Ulán Bator, tuvimos que volar con

Aeroflot vía Moscú, un poco más largo y sobre todo el trayecto desde Moscú a Ulán Bator en un avión bueno pero un poco antiguo de la serie Tupolev. Con las diferencias horarias llegamos a la capital de Mongolia sobre las diez de la mañana, después de un vuelo tranquilo y observando la hierba verde en las proximidades de esta gran urbe. Nos alojamos en el magnífico hotel de cinco estrellas Ulaanbaatar Hotel, descansamos unas horas y sobre las seis de la tarde hicimos nuestro vuelo interno de dos horas a Bayanhongor, al suroeste, en el corazón del desierto del Gobi.


MONGOLIA

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TRES GRANDES ÁREAS GEOGRÁFICAS El 80% del territorio de Mongolia es una extensa estepa cuya altura media se sitúa en 1.580 m. Puede dividirse en tres grandes zonas geográficas: la primera, en el norte y el oeste, es una región montañosa que se prolonga hasta Siberia; la segunda está formada por lagos intermontañosos, y la tercera, en el sur y en el este, es conocida como la región desértica de las mesetas. En el norte existen tres sistemas montañosos. El más elevado y extenso, el Altai, se divide en las cadenas de Altai de Mongolia y Altai de Gobi, y se extiende en dirección noroeste-sureste a lo largo de 1.600 km, con cumbres de 3.500 a 4.350 m, separadas por glaciares. El segundo conjunto (un macizo en el centro del país) es el de las montañas Hangayn, también orientadas en dirección noroeste-sureste, con alturas superiores a los 3.650 m. El Hentiyn es el tercer grupo de montañas, más bajas y reducidas (de 1.800 a 2.400 m), con desarrollo suroeste-noroeste. En el área del noroeste se encuentra la llamada región de los Grandes Lagos. En el extremo norte de las montañas Hangayn (región de Jorgo) hay numerosos lagos de formación volcánica y en la frontera centro-norte la región de los lagos Hšvsgšl, con amplias cuevas subterráneas. El semiárido y frío desierto de Gobi (un inmenso pedregal dotado apenas de una ínfima porción arenosa) ocupa un tercio del país. Algunos datos Nombre oficial: Mongolia (Mongol Uls) Superficie: 1.566.500 km2 Población: 2.711.496 habitantes (2007) Capital: Ulán Bator (928.500 habitantes en 2006) Otras ciudades: Darkhan (87.800 hab.); Erdenet (65.700); Choubalsan (40.900). Religión: No hay religión oficial. Budista tibetana es la religión principal. Moneda: Tugrik (MNT) = 100 mongo Forma de Estado: República soberana independiente 50 / HUNTERS

Allí nos recibió nuestro equipo de caza encabezado por el gran profesional Zorigt y su bella esposa, que dirigiría la cocina. Gracias a ella pudimos comer casi como en casa. En esta ocasión mi amigo Luis, cuyo estómago no tolera el cordero, había exigido a la compañía carne de vaca en el menú, cosa que recomiendo a otros colegas que viajen a estos países tan remotos donde predomina el corderaco, como también diría mi buen amigo Jesús Caballero. Así, con la ayuda de un poco de nuestro jamón y queso envasados al vacío y algunas latas de fabada Litoral nos sentimos más cerca de nuestros sabores tradicionales. Ese primer día, ya con los pies en el suelo, y nunca mejor dicho pues allí en el desierto no existen carreteras, nuestro viejo jeep ruso UAZ surcaba las pistas como una seda. Nos quedaban seis horas hasta nuestro primer cazadero. Inmensas llanuras donde se perdía la vista y algunas manadas de ovejas cuyos pastores nómadas nos saludaban al pie de sus yurtas, iban completando el recorrido con la ilusión y el deseo que tenemos todos los cazadores… nuestro equipo, nuestro rifle y nuestro primer rececho. Repostamos en una rústica gasolinera y en el tiempo previsto llegamos a nuestras yurtas en medio de ninguna parte. Sólo algunos nómadas con sus rebaños y los camellos nos dieron la bienvenida a aquél bello lugar, las enormes llanuras surcadas


por pequeñas cordilleras donde habitan el íbex y el argali del Gobi. Nuestro acomodo fue rápido y esa misma tarde salimos a probar mi rifle, el viejo Sauer 90 en calibre 300 Wheatherby Magnun, el cual estaba perfecto. Yo recomiendo no llevar el rifle con el visor montado, siempre que sea posible, pues los traqueteos y los operarios que manipulan nuestros estuches de armas no siempre los tratan con la delicadeza que a nosotros nos gustaría. Una vez cumplido ese obligado ejercicio nos desplazamos a una cordillera cercana donde vimos algunas cabras y algún íbex pequeño. Después de un rato observando las cabradas localizamos dos machos buenos, uno de ellos por encima de los 90 cm, muy bueno para el Gobi. Brindé a mi amigo Luis esta primera entra-

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da (el también cazaría con mi rifle, pues la organización a quien le había alquilado uno lo tenía en el otro campamento). La entrada fue rápida pero los últimos pasos antes del disparo rodaron una piedra y pusieron en fuga a esos magníficos trofeos. Vuelta al campamento para cenar y disfrutar de un cielo limpio plagado de estrellas, mientras saboreaba mi habano. A la mañana siguiente empezaba mi cacería. Nos desplazamos por aquellas pistas mientras amanecía y llegamos a un cauce entre dos cordilleras donde teníamos buena visibilidad. Al poco tiempo descubrimos una torada de siete machos, Zorigt y yo le hicimos la entrada por una vertiente contraria y nos situamos a 280 metros, buena distancia para mi viejo Sauer. Seleccione el mejor y conseguí abatir mi íbex del Gobi, un ejemplar viejo de 92 cm… más de lo que esperaba. Las fotos de rigor y al campamento para sacar la piel y preparar la carne. En el desierto las mañanas son frías pero al mediodía aprieta el calor y las pieles necesitan limpieza y abundante sal para su posterior secado a la sombra. Esa misma tarde salimos de nuevo sin éxito, vimos algunas cabradas pero nada tirable. El sol se ponía nuevamente en esa inmensa llanura regalándonos imágenes de auténticas postales. A la mañana siguiente cambiamos de área y a lomos de nuestro viejo jeep subimos a todo lo

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JULIÁN, QUE HABÍA SEGUIDO LOS MOVIMIENTOS DEL ANIMAL CON LOS PRISMÁTICOS, SE APRESTA A FELICITAR A JAVIER POR EL MAGNÍFICO TIRO, A UNOS DOSCIENTOS OCHENTA METROS, DE ARRIBA ABAJO, CUANDO LE DICE QUE NO, QUE ES ‘LA SEÑORA’ LA QUE DEBE HACER LA MUESCA EN LA CULATA alto de una cordillera. La pericia de nuestro conductor entre aquellas piedras era de vértigo, sin duda este driver ganaría en el Dakar. Luis y Zorigt recorren la cuerda mientras nosotros volvemos al desierto desde donde les veríamos. Al cabo de las tres horas de caminata oímos tres tiros seguidos, Luis también había cobrado su primer íbex del Gobi. Ese mismo día después del almuerzo organizamos nuestro jeep y partimos hacia el otro campamento, situado en las altas montañas del Altai. Cuatro horas de coche nos llevan a la pequeña ciudad de Altai, un rústico hotel nos da cobijo y la ducha caliente, que era de ocho a nueve de la tarde, nos deja relajados para una cena que nunca olvidaré. Parece que la verdura que acompañaba la carne me produjo una colitis que me duró 11 días, y eso gracias a las pastillas que Luis lleva en su bien surtido botiquín. Al día siguiente coincidimos en ese hotel con los pocos participantes que quedaban del rally Londres–Ulán Bator, a los cuales sólo les restaban los últimos mil kilómetros hasta su llegada a la capital mongola. Era increíble como estos jóvenes estudiantes europeos hubieran llegado hasta allí con coches que no pasaban de 1.200 cc. Nuestro viaje hasta el cazadero situado en las altas montañas del Altai duraría seis horas con parada en mitad de un desfiladero de más de 20 kilómetros y bautizado por mi como, el Cañón del Diablo por sus afiladas crestas. Nuevamente en el desierto cruzamos el último tramo de esa planicie llamada desierto del Gobi que en su día fue un extenso mar. Empezamos la subida por senderos imposibles, sólo los íbex y argalis podrían transitar por allí, las fuertes gomas de nuestro UAZ 4x4 resistían las afiladas piedras graníticas del camino y después de dos horas más de subida, rozábamos los 4.000 metros de altitud cuando llegamos a nuestro campamento. Lo formaban tres yurtas. El viento arreciaba, lloviznaba aguanieve y estábamos a 0º C… el panorama había cambiado. Esa madrugada llegamos a medir –7º C en el interior de HUNTERS / 53


JULIÁN, QUE HABÍA SEGUIDO LOS MOVIMIENTOS DEL ANIMAL CON LOS PRISMÁTICOS, SE APRESTA A FELICITAR A JAVIER POR EL MAGNÍFICO TIRO, A UNOS DOSCIENTOS OCHENTA METROS, DE ARRIBA ABAJO, CUANDO LE DICE QUE NO, QUE ES ‘LA SEÑORA’ LA QUE DEBE HACER LA MUESCA EN LA CULATA la yurta y –15º en el exterior. La lumbre a base de boñigas de yak nos ayudaba a calentar por unas horas nuestra circular habitación. Este mamífero rumiante similar al buey proviene del Tíbet. A la mañana siguiente estábamos deshechos. Yo con mi diarrea y Luis con los mareos propios del mal de altura que le obligaron a tomar Edemox, decidimos descansar ese día para aclimatarnos a tan inhóspito pero bello lugar. Segundo día en el Altai y amanece nevando. Después de calentar el motor del jeep con un soplete de fontaneros salimos a crestear buscando cabras. El sol calentaba algo y tras varias asomadas por fin descubrimos un grupo de machos que se movían el los riscos de enfrente. Uno parecía bueno y la apreciación del guía fue de más de 40 pulgadas, 102 cm. Yo lo vi enorme con cuernos enroscados y decidí la entrada. Después de una hora llegamos a las crestas cercanas y tocaba buscarlos. Los descubrimos sesteando al pie de un cortado. Había dos impresionantes y me decidí por el que mejor blanco presentaba. No estaban lejos pero la dificultad de tirar una pieza tumbada era nuestro handicap. Le centré el visor, monté el pelo y tronó el 300… El shock nos avisó que iba tocado, viéndolos desaparecer barranco abajo. Después de 10 minutos bajamos escalando por los tajos y siguiendo el rastro de sangre pero no lo encontrábamos. Tras media hora de búsqueda lo localizamos en una cueva en la ladera de enfrente. Estaba a más de 500 metros y decidí ganar terreno acercándome entre los tajos del cortado. Cuando estaba a 300 metros busqué apoyo y lo rematé con un certero disparo. A la llegar al animal me emocionó el momento, pues estaba acariciando al rey de las cumbres del Altai, un viejo macho de 14 años y 42 pulgadas (108 cm). La belleza de su trofeo y la delicada lana cachemira de su cuello significaron para mi un momento inolvidable en mi vida de cazador. Tras el amplio reportaje de fotos venía lo más duro, cargar cuesta arriba con todo el equipo más el trofeo entre mi guía y yo. 54 / HUNTERS


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A mí me costó dos horas de escalada por aquellos pedregales hasta subir a la cima donde nos esperaba el coche y resto del equipo. La emoción del lance y la sensación del deber cumplido me ayudaron sin duda por esas empinadas pendientes. La mañana siguiente amaneció fría y cuando nos acercábamos a una cuerda vimos en el pecho de enfrente una manada de lobos: eran cuatro, el macho, la hembra y dos jóvenes, venían de cazar y se tumbaron al sol, momento que aprovechamos para hacerles la entrada. Después de 20 minutos a todo trapo, trotando de piedra en piedra llegamos a las rocas que nos permitirían localizarlos. Eran preciosos, de pelo claro amarillento. Nos dispusimos para el disparo y al susurro de un, dos, tres… sonaron los dos rifles

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a lo unísono. No se movieron. Yo alcancé al enorme macho y mi guía a la loba. Los jóvenes salieron como alma que se lleva el diablo. Recordemos que Mongolia dispone de permisos CITES para estas cacerías, pues los ataques al ganado ovino y caprino generan las quejas de los pastores que se ven indefensos ante la abundancia del Canis lupus. Con este lance fortuito había completado mi cacería. Nos costó salir con el coche de aquellas empinadas y empedradas laderas, pero una vez más nuestro conductor nos demostró que no hay pendientes para su viejo todoterreno. Sólo quedaba el íbex de Luis y al día siguiente despertamos con niebla densa en las alturas. Cambiamos de área hacia cotas más bajas y tras dos horas en la batidora, que es como llamábamos a nuestro 4x4, llegamos a un paraje de singular belleza. Divisábamos el desierto en la lejanía y las montañas cercanas nos brindaban un precioso cazadero. Nuestro guía Zorigt vio un grupo de cuatro machos a los que le hicieron la entrada, esta vez cordillera abajo hasta llegar a un puntal desde donde poder tirar. Tras unos minutos sonó el disparo quedando el íbex inmóvil en la laja de piedra donde sesteaba. La felicidad nos desbordaba pues el combo ya estaba finiquitado. Tres días más para secar las pieles en convivencia con esas buenas gentes pusieron el broche de oro a nuestra experiencia de caza en las montañas del Altai. Nuestro matutino vuelo de regreso de Altai a Ulán Bator nos enseñó las bellas imágenes que nos ofrecía el Gobi desde la altura. A nuestra llegada a la capital nos esperaba nuestro organizador Galaa con toda la documentación de los trofeos y con una magnífica comida y vino francés celebramos nuestra exitosa cacería en las tierras de Genhis Khan. H Mongolia, septiembre de 2008 56 / HUNTERS


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