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gradocero Mayo

S U P L E M E N T O

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L I T E R A T U R A

2018

Literatura de derecha

Reportaje especial Luis Rivano, Bruno Vidal, Diego Maquieira y Paulo de Jolly. ¶ Perdidos leyendo traducciones Miguel Serrano: Solo contra todos. ¶ Libres creadores Yatagán, Gloria Dünkler, Ciudad bárbara de Rolando Martínez. ¶ Provincia Entrevista a Mario Verdugo.

Financia:

Fondo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura Convocatoria 2018 Región de Valparaíso


editorial

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EL HOR I Z ON T E DE LA DE R EC H A E S TÁ A LA I Z QU I E R DA DE L UNIVERSO

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ay algo que nuestras filtradas redes (sociales) no nos permiten entender. En nuestro nicho lector no hay nadie que vote por Sebastián Piñera, pero aun así es el Presidente de nuestro país por una amplia diferencia eleccionaria. La calle convoca otras opiniones, espacios públicos donde habita la xenofobia y el clasismo; existe otro Chile, uno que nuestras buenas intenciones no alcanzan.

grado cero

Desde el comienzo de la transición han sido elegidos dos presidentes de derecha, un amplio número considerando nuestra historia republicana anterior a 1973. Por más que queramos pensar que el nicho de las artes es un espacio consciente, no está abstraído del devenir social, por lo que este número está dedicado a escritores asociados a la derecha en nuestra historia literaria reciente, que impactan de manera profunda el status quo cultural, clásicamente ligado a la izquierda. En el reportaje ensayamos sobre cuatro autores chilenos signados por la dictadura: Luis Rivano, Diego Maquieira, Paulo de Jolly y Bruno Vidal, indagando qué los acerca a la derecha en su obra, vida o visión de mundo, y qué los aleja. Hay un extremo épico donde los caminos del fascismo del siglo xx se encuentran con la izquierda revolucionaria, dos ideologías que a su modo radicalmente distinto trataron de evitar el capitalismo global. Abrimos esa olvidada hendidura en Libres creadores con un fragmento de “Yatagán” de Gloria Dünkler, que construye poesía desde la memoria de la Matanza del Seguro Obrero, evento donde nacistas trataron de hacer un golpe político. Este acontecimiento también marcó la vida de Miguel Serrano, a quien le dedicamos “Perdidos leyendo traducciones”, la contraportada que presenta autores de nuestro idioma que sugerimos a toda costa leer. Fuera del especial, nuestra visión periférica continúa vigilando la provincia chilena y la literatura latinoamericana. La primera entrevista a un autor nacional es al particular poeta Mario Verdugo, talquino en su corazón, que

derrama varios títulos de poesía exasperantes, además de un nuevo libro en prosa que traza la producción y vida de escritores no metropolitanos, absolutamente alejada de las ideas santiaguinas. En Libres creadores mostramos fragmentos de “Ciudad bárbara” del ariqueño Rolando Martínez, la voz poética más importante de los nuevos escritores nortinos, así como parte del ensayo “La deriva líquida del ojo” de Ana María Risco, editada desde Viña del Mar por Catálogo y Mundana. La literatura latinoamericana se presenta en este número con dos libros, “Arostomba” de José Quintero Weir y “Fábulas” de Christian Kent, de Venezuela y Paraguay respectivamente, que nos permiten acercarnos a la incipiente relación de la independencia editorial chilena con estas tradiciones. Vínculos solo posibles gracias a Nihil Obstat y Perro Negro, que efectivamente parecen bordear el mercado. En vez de arrojar estigmas de vuelta, como facho pobre o provinciano, conceptos alejados del intercambio de ideas, enfrentamos el reduccionismo cultural fomentando el entendimiento en el frente que nos corresponde, la del periodismo sobre la literatura independiente.

R ES EÑ A Aviario

Julieta Moreno Anagénesis 43 páginas Por Juan Francisco Urzúa

Las aves han sido un tópico abundante en la poesía chilena, siendo ejemplos relevantes: el “Arte de pájaros” de Pablo Neruda, “Observaciones sobre el lenguaje de los pájaros” de Juan Luis Martínez, “Para ángeles y gorriones” de Jorge Teillier o algunos poemas de Gabriela Mistral, de la cual recientemente se ha digitalizado una colección de poemas manuscritos sobre aves por parte del Archivo del Escritor de la Biblioteca Nacional digital. Y esto por nombrar unos cuantos de una larga lista. Se ha vuelto a dar relevancia a estas formas de animalidades, repletando la poesía actual chilena de descripciones asociativas a la flora y la fauna, que parece no cansar a los escritores que las usan como único recurso técnico que disponen para alcanzar una imaginería. Se busca en la descripción taxonómica de la bio-

logía el amparo necesario para articular una poética más referenciada, pero en la saturación y repetición del tema, se empiezan a ver los pliegues de la falta de originalidad. El caso de “Aviario” es diferente, dado que aunque su nombre lo proponga como una estructura más cercana a un álbum, lo componen 18 poemas que buscan mostrar el espacio social como un nido que contiene, pero a la vez como una jaula que quiebra la autonomía y achata

el ímpetu. En este sentido Julieta Moreno intenta en su primer libro ir más allá de la descripción pajarística, planteándose relatar una urbanidad que es violenta con la fragilidad, llena de alas rotas, sentimiento de vacío, huesos quebrados y simulaciones de afectos que condenan al hablante a la resignación. La única forma es partirse la espalda a gritos quebrarse los huesos de llanto llenar los espacios con espasmos. Regenerar las conexiones corporales a través de los circuitos de sangre cubrirse los ojos de la luz del sol abrir la carne para sacar lo exógeno. El desapego es la ruptura precisa de las emociones embrionarias. Si se rompe el vínculo se destruye el apego. (“Desapego”) El Libro está dividido en tres capítulos – Nido, Cautiverio y Migraciones- que se enuncian como conductores de la propuesta, destacándose el tercero de estos, donde el hablante abre los caminos de la migración de su padre (significado en un mirlo) y otros miembros de su familia. En este recorrido va entregando claves sobre el exilio y la violencia con que la sociedad se impone por sobre el plan vital, y donde la comparación de los hombres con las

aves se funda en su fragilidad. El quiebre familiar y la derrota empieza a acompañar los días, junto con la resignación y la desgracia de estar lejos. A diferencia de otros poemarios que tratan el tema avícola, las imágenes en “Aviario” no provienen del campo o de páramos rurales, sino que se mueven en la ciudad que ampara a los pájaros de clase media, que anidan en su periferia, y que sufren las heridas de estar incompletos o dañados. Esto hace que la obra se aleje de la tradición costumbrista, y se arriesgue por líneas más creativas, donde la autora hace gala de un histrionismo quejumbroso, que maneja la fuerza de las acciones llevándolas hacia el dolor. En este libro se puede encontrar un amplio trabajo de escritura autobiográfica que le entrega volumen al conjunto, y lo incrusta en un universo referencial sentido y sangrante, alejándolo de configurar una mera caricatura o caer en la descripción zoológica de la condición de las aves. En cambio, Moreno se decide a mostrar qué es lo que pasa bajo las frondosas plumas, qué mueve su propio vuelo o el canto de su bandada; quizás ella reconoce aún la voz de los pájaros, que, según la tradición, solo algunos poetas pueden rozar después de haber sido olvidada por los hombres.

s u ple m e n to G r a d o c e ro Director: Juan Francisco Urzúa | Editor general: Cristóbal Gaete | Diseño e ilustraciones: Harol Bustos | Fotografía: John Uberuaga Colaboraron en este número: Priscilla Cajales y Matías Ávalos | Correcciones: Priscilla Cajales | La tipografía del logotipo gc es Santiago, diseñada por Contrafonts.cl CONTACTO: GRADOCEROLIBROS@GMAIL.COM


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trinchera literaria

TRINCHERA AROSTOMBA José Quintero Weir / Nihil Obstat / 131 páginas

LITERARIA H

Por Juan Francisco Urzúa

oy la literatura está plagada de gestos futuristas, meticulosas descripciones sobre espacios hipertecnologizados, cyborgs, el sometimiento del hombre a las máquinas y la descripción de una rápida vida citadina llena de excesos que parecen configurar una postal opaca de nuestro futuro cercano. Entonces, ¿cómo volver a recordar lo que nunca vivimos? ¿cómo conectarnos con la tierra si nunca la tocamos descalzos? Retornar a lenguajes y formas de relacionarse más orgánicas/primitivas es el reto que imponen estas dos preguntas, y es definitivamente el prisma donde José Quintero Weir (Maracaibo, 1955) propone “Arostomba”, novela naturista donde el devenir del hombre está fijado por los dioses y la naturaleza, mientras se cruza una amplia descripción de espacios selváticos primitivos, donde los consejos son solicitados a guacamayos, monos y tigres que pululan en el largo recorrido metafísico de su protagonista. “Está seguro Arostomba, que la huida no detendrá la venganza de los espíritus del agua, y se siente culpable. Sabe que ello no depende del lugar de la sierra donde fundar casa borrando la historia. No depende del laberinto donde ocultarse, pues, para los demonios no hay sitios ocultos. Sin embargo, tal es la libertad de sus hombres. Arostomba sólo es Sol, no dueño de sus vidas. Ellos así lo han decidido, y cada quien es dueño de su propia aventura”. Son amplias las conversaciones del alma de “Arostomba” para controlar los designios divinos mientras conduce a su tribu. Luego su tránsito debe ser solitario, hasta llegar al lugar donde el Jefe de los Divinos Guerreros se esconde de los hombres. Esta situación de reentendimiento girará en torno de la forma principal del poemario: buscar modelos de una orgánica que nos prometa vivir en paz. Quintero escoge una voz narrativa primigenia que es fuertemente indígena, influenciado por el conocimiento de su propia etnia, los Añú o gente de agua,

proveniente del estado de Zulia en Venezuela. La peregrinación por los montes está rodeada de sombras que salen al encuentro del protagonista, dinamizando su largo éxodo y también entregando un alto componente de misticismo, que recuerda los libros de viajes ancestrales o de peregrinajes kármicos que abundaron en la literatura New Age. “Arostomba” carga las sombras de sus ancestros que lo hacen una legión. “El dignatario seguía su discurso. Habla y dice de la “necesidad de incorporar a esas poblaciones olvidadas al conjunto general de la población de los bárbaros”. Hacer que entiendan que “es imposible la vida sin el progreso, para lo que se hace imprescindible e impostergable la ocupación de esas montañas ociosas”. “Todo lo cual, es un bien para ellos, porque no estarían solos en el mundo, y para el país, porque sacaría provecho a una tierra llena de riquezas por descubrir”. El libro -que por lo demás organiza su índice como un código binario que corola en el infinito- plantea como conflicto la resistencia que han tenido las comunidades indígenas en Latinoamérica contra el capital fuerino, que ve en sus tierras la posibilidad de un aprovechamiento recursivo. En la novela se puede ver cómo la invasión petrolera y las compañías mineras en la selva venezolana dinamitan el terreno sagrado donde aún deambulan las sombras de los dioses y las almas de los antepasados de la tribu. Algo no lejano al caso chileno, donde las empresas forestales y la red energética propuesta por el gobierno han inundado terrenos indígenas fundamentales para su cosmovisión. “Arostomba” se construye como el cruce entre la tradición indigenista y la novela con ribetes sociales, configurando un libro particularmente complejo en su composición relacional. Complejidad que en algunos momentos hace que se pierda el ritmo en el retruécano de las conversaciones espirituales que rebotan entre la descripción de la selva, pero hay que destacar que el tono calmo y pausado le da la

solemnidad necesaria para entender que los personajes no solo habitan una dimensión material, sino ascienden a un plano donde viven la conjunción de los espíritus que cargan. La preocupación por el espacio vital y el retorno a la orgánica de la tierra giran en una elipse concéntrica, que propone la reconsideración de que el relieve que habitamos fue otrora robado- aún es recorrido por las almas vagantes- y que es importante tomar una voz activa en la lucha por la reivindicación de los derechos de nuestros indígenas, que, con su conexión con la tierra, componen el alma contaminada por la hipermodernidad. En este sentido, el libro se achata en la elección estilística de la repetición del leitmotiv, haciéndose poco interesante la forma que adopta el relato, más allá del tema, que es brillante. La utilización de la oralidad no es casual, proviene de una herencia ancestral que lo ata al estilo, y que Quintero traduce con versatilidad y oficio. El discurso se siente como parte de una tradición que desemboca en “Arostomba”, cúmulo que acompaña más allá de las subdivisiones

arbitrales de la historia, y que nos muestra los caminos erráticos de la conciencia universal: todos somos parásitos del mismo ser vivo, la Tierra, más allá de que pensemos u obremos de otro modo. La propuesta tiene como gran virtud la sinceridad orgánica con la que está construida, y llega a corolar una amplia voluntad por releer la historia de nuestro continente amerindio, situadas en nuestra acallada historia ancestral, lejos de las voluntades que la encadenan a la propiedad, a la acumulación de riquezas y otras frivolidades que le impuso la devastadora modernidad. El autor es coordinador de la Unidad de Estudios y Culturas Indígenas y profesor en la Universidad de Zulia. Ha sido un importante activista de izquierda y un luchador por la reivindicación de los derechos de las comunidades indígenas en Venezuela. Este dato se hace relevante, ya que la propuesta del libro apunta justamente al activismo, a mostrar las problemáticas selváticas que han apremiado a las comunidades, pero también hace un llamado a tomar las armas y defender la tierra. El conjunto cuenta con un apéndice geográfico que nos referencia a través de mapas la topografía recorrida por “Arostomba”. Cabe destacar el esfuerzo que hace la editorial Nihil Obstat, que siempre ha tenido un amplio criterio para editar libros de corte ecologista, y que en esta edición decidió hacer un tiraje numerado de 100 copias, gesto valioso dada la factura del libro, cuidada por el diseñador Cristóbal Correa. Las letras que se atreven a alzarse contra el abuso siempre tendrán un espacio importante en la literatura, dada la fiereza que requiere tomar las armas y la ser parte de la revuelta en su afán reivindicatorio. “Arostomba” juega a eso, a mostrar cómo hemos desperdiciado los dones dados por los dioses, olvidando nuestro pasado en la vorágine de consumirlo todo, langostas parásitas destructoras, que con su hiperviolencia han llevado a la sagrada tierra a un punto de no retorno.


reseñas

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Agitación y propaganda Francisco Miranda Los Perros Románticos 84 páginas Por Juan Francisco Urzúa

La dictadura militar chilena fue como una banda de chacales que no tuvo piedad con sus adversarios. Ya anulados incluso, se les siguió persiguiendo, sometiendo a vejámenes, tortura y muerte. Este tipo de relatos fueron ampliamente publicados en los 90, llegando incluso a generar críticas sobre cómo se exponían los horrores de los dolientes, según los medios de derecha, se trataba de una victimización orquestada por la resentida izquierda. Hoy, lejos de este panorama polarizado y lleno de tabúes, existe un interés creciente en la lectura de los textos que se produjeron durante la dictadura, en especial de los relatos situados, poéticos o referenciales. Desde este prisma, se propone “Agitación y propaganda”, poemario reconstruido desde ocho carpetas con papeles olvidados, notas, poemas, canciones y panfletos, que recopilan pasajes de la historia social combativa chilena, conteniendo también la esperanza del pueblo oprimido por cambiar su devenir. El libro lo inicia un recorte de prensa del diario EL País, donde se constata la muerte de un niño de 14 años, Luis Alberto Silva, quien falleció producto de una

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bala en la cabeza cuando se encontraba celebrando el triunfo del no, y donde se puede ver al autor enarbolando una proclama en su honor. Este inicio simbólico, nos sitúa inmediatamente en el temple del libro, la lucha social de clases, las críticas a la idiosincrasia nacional y el repaso por los compañeros caídos, propuestos como mártires. Muchos volantines desaparecidos de un solo color vital yacen sin poder flamear libres en algún árbol triste olvidado en cables eléctricos de tortura ¡Qué política necia! La del oído sordo la del crimen legalizado la del puro Chile avergonzado ¿Por qué tanta celebración? los parques ya no son para niños las calles son de los que matan la muerte de los asesinados (Mes de la patria) Los versos son simples, sin grandes florituras ni recursos, clásicos por pasajes, pero duros en la misión de referir los crímenes cometidos contra el pueblo,

convirtiéndose muchas veces en panfletos que no siguen ninguna cronología más que de la atrocidad. Esta forma propagandística insta a la subversión, a levantarse, así como expone sardónicas alabanzas a Pinochet y sus secuaces, siempre con la convicción de que la revolución conquiste el castigo justo a los criminales. La clandestinidad es otro de los temas centrales del libro, es claro en los textos la ansiedad por el regreso a la patria golpeada y el clamor por la resistencia a los asesinos en el afán melancólico de querer componer la alegría nacional rota. Ahora, esto no quiere decir que el hablante se victimice o sea lastimero, muy por el contrario, Miranda encuentra una voz poética decidida a vencer la adversidad, que ocupa el panfleto como soporte estético para hacer relevante la consigna. Este, creo, es el punto más fuerte del libro, ya que a diferencia de la crítica de hace algunas décadas que condenaba el panfleto, hoy se hace necesario el contar con voces comprometidas, incluso militantes, que denoten los paroxismos ideológicos con claridad y vehemencia.

El circo en llamas

donde se muestre el panorama actual, metatexto muy necesario para empezar la discusión sobre qué tipo de escritos entregará más valor a la obra reseñada, y cómo lo asimilarán los lectores. Destaca que gran parte de los críticos son coincidentes en pensar su trabajo como una propuesta de lectura, bajando al escrutador del púlpito del poder canónico. Además, no pretenden separarse de la literatura, sino mostrar la crítica como género en sí mismo. El texto que propone Álvaro Bisama es una de las construcciones más explicativas del libro y a la vez la menos académica, donde podemos distinguir algunos de los personajes más relevantes (positiva o negativamente) que han desarrollado el oficio crítico en Chile.

Varios autores Libros del Pez Espiral 161 páginas Por Juan Francisco Urzúa

El año 2015 se realizó en Valparaíso el seminario “El circo en llamas”, donde se convocó a destacados exponentes de la crítica literaria nacional, tanto de medios de comunicación masiva, de la academia, como de espacios alternativos de gestión, con el objetivo de dialogar entorno a sus imaginarios y experiencias. Los convocados a charlar en dicha oportunidad fueron Soledad Bianchi, Lorena Amaro, Álvaro Bisama, Felipe Cussen, Yanko González, Carlos Henrickson, Jorge Polanco, Luis Riffo, Daniel Rojas Pachas, Leonardo Sanhueza, Macarena Silva, Bernardo Subercaseaux, Vicente Undurraga, Rubí Carreño e Ismael Gavilán, quienes analizaron el rol del crítico en la sociedad, y su capacidad de cuestionar de una manera enérgica y consecuente los influjos de la cultura de masa que están permeando al arte. La posición por lo general es bastante negativa: el libro se encuentra en una encrucijada, en una crisis donde es cada vez más difícil establecer un diálogo honesto con el lector, y a su vez más fácil diluirse entre los vertederos de la infoxicación. Aun así, reconforta que exista la posibilidad de disponer de un libro completo

grado cero

“Agitación y propaganda” más que un poemario funciona como un archivo, donde la memoria puede fluir de una manera desordenada y fragmentaria, pero que contiene la esencia de toda una generación reprimida. En este sentido, entrega pistas claves sobre la lucha contra la teoría del empate político hoy propuesta por la derecha, o el olvido del cual fue cómplice la Concertación.

Bisama releva en base a una anécdota a Ignacio Valente, el cura y crítico literario quizás más importante en nuestra historia de la segunda parte del siglo xx, a razón de la publicación de “Mala onda”. Valente pensaba que haciendo una mala crítica afectaría negativamente a Fuguet; muy por el contrario, fue tomado como un gesto que diferenciaba a la novela y databa la confianza en los gustos del crítico: si no le gusta a Valente, debe ser buena. “Valente cree haber inventado a Nicanor Parra y a Raúl Zurita(…) Su lectura proviene de la indignación moral, provienen de la rabia, provienen de la certeza de que hay algo ahí, deslizándose en ese libro, algo que es terrible y ominoso. Eso le da miedo. Valente escribe, entonces poseído por el miedo. Dice no poder terminar el libro. Dice estrellarse con la prosa. Aquel texto lo revela de cuerpo entero: en el fondo, sugiere que prefiere la novela social del exilio (a la que describe como “los antros de la delincuencia común, del terrorismo político, del lumpen de las ideologías más arrastradas”) a “Mala onda””. “El circo en llamas” es el puntapié inicial para replantearnos qué tipo de crítica cultural queremos, tenemos o merecemos. Ejercicio necesario en tiempos en que la crítica ha ampliado su gama, incluyendo a autores, editores, académicos y periodistas entre sus filas; cada vez se hacen más necesarios los faros asertivos que nos motiven la lectura, propuestas que nos acerquen a la gloria o que delaten la podredumbre emanada entre las tapas de toda nuestra producción literaria nacional.


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Huérfanos

fragmento de “El corazón de las tinieblas”, de Conrad: “... para él, el significado de un episodio no estaba en su interior, sino afuera, como rodeándolo: del mismo modo que un resplandor produce un halo, uno de esos halos neblinosos que a veces hace visible la iluminación espectral de la luz de la luna”. No es azarosa la presencia

Edgardo Cozarinsky Lecturas 104 páginas Por Priscilla Cajales

Existen temas que son transversales, que tienen larga data en la historia de la literatura universal y en diferentes manifestaciones del arte y el conocimiento humano. El tema del padre: Telémaco, el muchacho en búsqueda de un hombre que poco recuerda, pero que requiere para completar su historia y para entenderse en el espacio social y personal; o el llamado freudiano de matar al padre. En cualquier caso, el pater familia es sin duda un hilo en el pensamiento con el que aún se puede tejer. “Huérfanos”, del argentino Edgardo Cozarinsky, es un libro compuesto por tres notables relatos breves: “El reencuentro”, “La huida” y “La despedida”; la ausencia del padre es el gran tema que los une. El primer texto comienza con la llegada del protagonista a El Soberbio, en la frontera argentina con Brasil y Uruguay. Viene a dar curso al entierro de una madre que creyó toda su vida muerta, pero que en su muerte, le invita a participar de una experiencia salvaje, onírica y aterradora. En este viaje se encuentra además con la reconstrucción de la figura paterna que al igual que él ahora, en su juventud, fue atrapada por un mundo fuera de la lógica, colindando con la magia negra y los secretos rituales del pueblo guaraní.

Ñ Fábulas

Christian Kent Libros del Perro Negro 77 páginas

Por Juan Francisco Urzúa

La fábula es un género de la narrativa que puede ser rastreado hasta Mesopotamia (2.000 a.c), pasando por clásicos griegos como Hesíodo o Esopo, llegando en tiempos modernos a ser desarrollada por autores de la talla de Rodolfo Wilcock, Borges o Kafka. Pero inmutablemente ha sostenido en toda su historia el fin pedagogizante que la mueve en esencia, y el sermoneo moral que justifica su entramado. El caso de “Fábulas”, cuarto libro del autor paraguayo Christian Kent, no

“La Huida” es el relato de un hombre que llega a la Patagonia buscando refugio. Sus padres biológicos fueron asesinados por la dictadura argentina, con ellos no guarda ningún vínculo, ninguna bandera de lucha. El hombre que se apropió de él, en cambio, es la única figura paterna en la que cree poder encontrar amparo de su historia y del “yo” que ha ido delineando con el tiempo. “La despedida” ocurre en un viaje entre un padre y su hijo a Valparaíso, en medio de conversaciones sin terminar, del asco a la vejez y sus oscuras consecuencias. Un padre y un hijo que nunca se encuentran, un padre que termina abortando misión. Estos relatos llevan por epígrafe un cumple precisamente con el género homónimo, es más bien una excusa, un montaje estético para justificar ciertas tramas que de una manera verosímil se apegan a riberas de lo fantástico. Kent no busca en la fábula una moraleja rápida ni efectista a rajatabla, sino que se concentra en las argucias/justificantes que lo ayudarán a entrometer quiebres de tipo moral en las temáticas, replanteando al lector la duda razonable. Son utilitarios para este fin el estilo escogido y los recodos más ficcionales de la historia tradicional, que van mostrando el modo en que la historia de la civilización tuvo que adoptar elementos de la ficción para poder justificar sus vaivenes. “Carl Jung asegura que el hombre y la mujer, cada uno, se conduce en la vejez hacia el género contrario: a la vieja le crecen bigotes y el viejo se torna suave y mujeril. Veamos nosotros cómo también el loro Rigoberto se aleja de su condición avícola para acercarse sin remedio al polo de doctor jubilado, veamos cómo rechaza las bananas maduras y prefiere las pirecas de empanadas y cómo picotea pensativo las colillas de cigarrillo, veámoslo frente a la radio hacer uso del escaso y reiterativo léxico castellano que aprendió para despotricar contra concejales e intendentes, y cómo, contra toda lógica, su pico va ganando la extraña apariencia de una nariz.” (Fragmento de “El doctor y el perico”). En el texto “Señor de las moscas” podemos ver como Kent incluye temas sacados de la tradición religiosa cristiana, la fábula transcurre en el desierto donde Noé está varado después del diluvio, en su arca repleta de su familia y

reseñas

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animales. Jafet, su hijo, es convertido en mosca en su búsqueda por preservar la especie, fundando el primer enjambre de las que hoy vemos volar en círculo. Se hace destacable cómo el autor tiene la capacidad de plantearnos planos extensos de geografía, pero con mesura va alumbrando solo los lugares que le son útiles, dejando que el contexto complete los infraleves desde la cultura general. Otros escritos se mimetizan con la filosofía oriental, donde se hace gala del acabado conocimiento sobre la estructura de los proverbios, destacando el texto “Kisho bajó de los techos” donde el maestro Huang Wei, quien era conocido como el “Buda poeta”, reflexiona con su discípulo sobre la confianza en la naturaleza del hombre, contrastándola con la traición y la codicia. Es

de Conrad, su influencia en la construcción del espacio, la densidad de la selva, la intemperie, lo desconocido. Y por otro lado, tenemos este halo que envuelve a los tres textos en cuanto densidad temática y rigurosa decadencia. Las mujeres que aparecen en el libro son dos, la madre guaraní que quiere que la entierren en la selva sin ataúd, capaz de ejercer su voluntad después de la muerte haciéndole llegar un amuleto a su hijo adulto. Y una rusa perdida en la Patagonia que no se comunica en español, sin pasado, infectada de sida y muriendo. Así, la mujer aparece siempre en relación a lo salvaje, o lo desconocido. El hombre, en cambio, se presenta en completa oposición a la naturaleza, al conocimiento de sus emociones, sujetos truncados en una emocionalidad traumatizada y profundamente precaria. Los hombres de este libro no son padres, solo son hijos abandonados: “Mas le hubiese valido quedarse lejos de este desierto helado, del encuentro con un viejo que ya no podía ser el padre recordado”. Y el trabajo al delinear esta precariedad es notable, prolija. Cozarinsky es diestro, logra perfilar personajes y atmósferas sin recargar la medida. Su lenguaje es impecable, sus imágenes contundentes. Dueño de una mirada que raya en la crueldad y una moral no facilista, este libro nos invita al lado oscuro de las emociones. importante relevar que el discípulo no es ni más ni menos que Li Po, también conocido como Li Bai, quien es considerado el mayor poeta romántico de la dinastía Tang, y fue admirado por muchos por su aguda capacidad visual, quienes lo llamaban el “poeta inmortal”. “Fábulas” es un libro bien pensado en su estructura multiforme, da la impresión de estar presenciando un bestiario donde cada personaje es un universo, y en su lectura propone una profundidad ética que no agota. Su publicación propone conectarnos con confianzas escriturales tradicionales, rozando el mito, y que parecen esconder entre sus fauces secretos de la conciencia que otros géneros de la narrativa, por velocidad o desinterés, no son capaces de tocar.

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M A RI O

John Uberuaga.

e n t r e v i sta

un ramal de

la poesía chilena

VERD U GO

Nacido en Talca en 1975, es autor de los libros de poesía “La novela terrígena” (Pequeño dios, 2011), “Apología de la droga” (Fuga, 2012; reeditado por Pez Espiral 2014), “Canciones gringas” (Inubicalistas, 2013), “Miss poesías” (Alquimia, 2014), “robert smithson y robert smith” (Overol, 2017), “Las parejas hétero del siglo xx” (La Liga de la Justicia, 2017). Recientemente compiló sus textos de la sección Biblioteca Regional escritas en The Clinic, notas biográficas de escritores de provincia, en “Arresten al santiaguino!” (Overol, 2017). Editor oculto de editoriales independientes y transnacionales, es parte del colectivo Pueblos Abandonados. Conversamos en el corazón del centralismo metropolitano/literario: Lastarria. Por Cristóbal Gaete

El brillo de un pack retintineante Por Matías Ávalos

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no de los puntos destacables del procedimiento utilizado en “Trilce” por Vallejo es el germen sembrado en el lenguaje que detona la gramática para que sea únicamente el sentido y no las correctas formas de transmitirlo lo que

llegue al lector. G. Stein y L. Zukofsky casi en simultáneo y a su forma, plantaron el mismo germen en la tradición de lengua inglesa. Posterior al modernismo se gesta en Chile el mundonovismo, que en palabras de Francisco Contreras es un movimiento que no trata de “instaurar un arte local o siquiera nacional, sino de interpretar esas grandes sugestiones de la tierra o del ambiente que animan todas las literaturas superiores, sugestiones que lejos de anular la universalidad primordial en toda la creación artística verdadera, la refuerzan diferenciándola”. El germen mencionado será cosechado y extremado más tarde por los llamados poetas del lenguaje, completando así el árbol genealógico de Mario Verdugo. En el libro debut “La novela terrígena” (2011) aparecen elementos que van a reiterarse en sus posteriores libros: una voluntad por contar que se oscurece con el oficio de decir, el verso corto y obsesivo, el

territorio, pero fundamentalmente el predicado sin sujeto. Si en ese primer libro delimita el tema y el materialismo de la voz –lo local / el país, las máscaras / las voces de otrxsen la línea del mundonovismo y en contra del provincianismo desesperado por copiar tradiciones ajenas, durante su columna en el The Clinic, donde habla de poetas olvidados de provincias, encuentra al sujeto que será protagonista de sus próximos libros: “el primer personaje que resulta aplastado en una película de dinosaurios... el único personaje que no ve al fantasma”. Esto queda claro en “Apología de la droga” (2012), donde aparecen al mismo tiempo los poetas olvidados y la voluntad que se sostendrá libro a libro por pasar del singular al plural de la primera persona, en adelante su poética se vuelve un nosotros. Esto supone un acontecimiento en la poesía chilena, da pistas sobre qué tipo de voz explora a lxs poetas que siguen, sobre

cómo salirse del objetivismo que fue regla en los poetas de la llamada generación del ´90, cuya disolución en las cosas, casi siempre tiende a la despolitización, sin caer inevitablemente en el yo hiperpresente de telúricos, antipoetas o millenials. Ese lugar de enunciación que tensiona nada menos que la categoría fundamental del pensamiento occidental -el sujeto- y la del neoliberalismo -la propiedad- es a la vez contenido en un anacronismo deliberado de tiempo y escalas de notoriedad. Verdugo pone en el mismo plano poetas del siglo xvii a dialogar con unders del xxi con el fin de hacer que los que fueron víctimas del olvido lo logren. Mi favorito: “Cuando dos cuencas vacías lo acechaban, / y una garra lo cogía por el cuello; / cuando el aire abandonaba sus pulmones, / en el clímax de una vida de miseria, / oscar castro lo hizo”. Lo que logran tiene que ver con problemas “que no pueden resolverse por escrito” y por eso no tiene sentido escribirlos.


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ú siempre has criticado al provinciano que vive en Santiago. ¿Qué haces acá? Me emparejé con una mujer que vive en Santiago, pero esa mujer es oriunda de Talca. La casa de su familia queda a escasas cuadras de la casa de mi familia, por lo tanto mantengo la endogamia que, a juicio de la mirada metropolitana, es una de las responsables de las minusvalías provincianas. Me vine a Santiago sin ningún ánimo “martinrivista”, como diría mi amigo Óscar Barrientos. ¿Qué piensas tú de las escuelas de poesía que se han desarrollado en Santiago en las últimas décadas? No sé hasta qué punto son categorías nacionales. Son polémicas y disputas surgidas en Santiago. No sé si tienen mucha validez fuera de Paine. Se empiezan a difuminar por la carretera del Maipo, llegando al Maule han desaparecido por completo. Eso es parte de la conformación vertical de la cultura chilena, que es configurada como única. Mucha gente cree que esto se trata de la Panamericana, pero también hay ramales. Yo tal vez participe de uno de esos ramales. Por ahí resulta más interesante mi escritura porque es una opción. No son escuelas que me conciernan mucho a mí, no participo en oposición o adhesión a ellas. Eres una opción y no una escuela, porque no andas haciendo talleres. No me surge el ímpetu, no tengo voluntad de padre literario. Algunas ediciones las pagaste, ¿tú crees que había otra salida para tu poesía o al momento de fundarla era la única posibilidad? Dos libros los pagué. Yo ya había publicado “La novela terrígena” sin pagar, intenté publicar “Apología de la droga” con otras editoriales y no tuve mayor recepción. Hay un ejercicio de ventriloquía en tus textos, que apacigua el yo que siempre está tan presente en la poesía. Es ambigua esa idea de que una escritura estructurada carece de emoción o está desprovista del yo. Vivo esos magmas sometiéndolos a la violencia verbal. El trabajo es el proceso de composición para que sea tan potente y tan intensa como esa experiencia original, en vez de dejarla fluir en un lenguaje manido. Los

tics nerviosos pueden presentarse con una simetría asombrosa, las ganas de suicidarse pueden aparecer todos los días a las cinco de la tarde, el deseo de consumir alcohol o estupefacientes también puede ser extremadamente regular. ¿Por qué solo la irregularidad va a estar asociada con la pasión? ¿Cuál es tu elección entre musicalidad y sentido? Las creo inseparables. Es posible que la poesía que me interese discuta la musicalidad y el sentido común al mismo tiempo, al mismo poema. O que discuta el sentido y la musicalidad que ha sido fijado y convencionalizado. Soy refractario al lenguaje conservador de contenido revolucionario, por eso me resulta imposible separar el sentido del sonido. ¿Cómo fundas el primer poema de cada serie? ¿Cuándo consideras su final? Es ensayo y error. En “Apología de la droga” tuve muchas estructuras anteriores a la que finalmente prosperó, que no me dejaron totalmente satisfecho. La que publiqué la escribí en un par de semanas. De hecho, todos los libros los escribí simultáneamente, salvo los dos que salieron el año pasado. El límite hasta dónde escribirlos es el equilibrio entre todos esos libros. ¿Hay diferencia para ti entre la alta y baja cultura? La poesía de los noventa está jodida por la tele, pero también por cierta culpa, la baja cultura tenía un papel importante en las estrategias de domesticación. Yo soy mucho menos apocalíptico por hábitos u origen, es mi medio natural. Siempre he estado moviéndome entre alta y baja cultura. Están las dos cosas, porque

El misterio va a ser un rasgo desde “Canciones gringas” (2013) en adelante. No sabemos qué pasó antes, lo que importa es la consecuencia, porque la vida postdictatorial es sobre todo eso, consecuencias. En el epílogo a “El Affaire de Skeffington”, María Moreno confiesa: “Las teorías de Dolly Skeffington son las mías. Atribuírselas me permitió dejarlas en estado de ocurrencia de bar, borradores de hipótesis, sentencias sin pruebas ni indicios...”. Hay que leer de la misma forma por tratarse de la misma familia de libros, sino los poemas, al menos el prólogo que Verdugo firma en “Canciones”... sobre todo la parte que dice: “El chirrido metapoético de las Canciones gringas, situable tal vez en el puesto más encumbrado de la Tipología del Apocamiento, no deja de exponer los catastros dolientes de su autoconciencia [...] al tiempo que alienta la sospecha sobre los flirteos interdisciplinarios de la escritura en verso...”. El chirrido metapoético es anterior,

pero lo que aparece a partir de este raro y valioso libro donde el autor acentúa el gesto de disolución del sujeto haciéndole caso al viejo verso “Obra de tal modo que la máxima de tu voluntad siempre pueda valer al mismo tiempo como principio de una legislación universal” es el flirteo interdisciplinario: con la estética y el cine en “Miss Poesías” (2014); con las artes visuales y la música en “robert smithson & robert smith” (2017). Ya en “Miss Poesías” se puede afirmar que la obra de Verdugo leída en su totalidad es un sistema cerrado de retroalimentación que crece, las repeticiones de “Canciones...” sobreviven vueltas gesto y castellanizadas, las distintas voces-registros son independientes a la vez que homogéneas, como si el autor nos hubiese acostumbrado a esa disolución que viene ensayando desde sus primeros libros. La analogía con una Miss y el poeta, la biografía, los regalos - el diálogo directo con el lector- y un arte poética: “... El ojo crítico,

Mira mis títulos, no sé por qué se escandalizan tanto, en una zona donde el libro más relevante es “Trilce”, que nadie sabe bien qué significa.

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tampoco soy un paladín del pop. Mi apropiación de la alta cultura es banal, como si los compositores dodecafónicos aparecieran en Los Simpson. ¿Por qué crees que no hay tanta crítica a tus libros? No genero mamaderas de imágenes poéticas, mis textos carecen de marcadores convencionales de poesía. Porque en general, en un país de la ocde poética mundial como es Chile, creo que en vastas regiones de la lectura hay ignorancia o comodidad. La gente acepta como poesía lo que se le ofrece en estos marcadores. No hablo los contenidos ni los léxicos oficiales, no hablo del vacío, del cuerpo, del silencio. Sin querer volverme singular, mi escritura entra en conflicto. No coindice con la agenda académica, culturalista sobre todo, de las escrituras tecnificadas, neoclásicas, de rock progresivo, de vuelta a la buena hechura por la buena hechura, que tiene una circulación asegurada. Mira mis títulos, no sé por qué se escandalizan tanto, en una zona donde el libro más relevante es “Trilce”, que nadie sabe bien qué significa. Todavía esperamos qué significa, incluso en la escritura experimental, esa pulsión referencialista de la nube que es una oveja. Hay ansiedad en ese sentido. Me da lata que digan que las cosas mías son parreanas, es lo mismo que ir al Cine Arte y no entender nada y decir que es surrealista, que es cuático, que es denso. La mayor parte de la gente espera una poesía tranquilizadora de lo que siempre ha sabido que es poesía, y esa concepción de poesía es lo suficiente amplia para incluir disidencias que no dejan de ser convencionales. De verdad no encuentro que mi hueá sea más compleja. Yo me conformaría que dijeran donde radica la oscuridad o la complejidad, dónde está el esoterismo de esa literatura. Si lo lees línea a línea qué es lo opaco. Dígame qué es lo que no entiende, señor. La escritura crítica de mi obra no es voluminosa, pero tampoco es inexistente. ¿Existe una tragedia detrás de tu parodia? Es un tic crítico, la parodia es un texto que se superpone a un pretexto, pero nunca dicen cuál es el pretexto. Hay otras zonas más abstractas, como el trabajo compositivo. Mis libros hablan de trabajo, y son trabajo, eso es lo que está en juego. Es una cuestión muy material desde

un nivel muy básico: la primera parte de “robert smithson y robert smith” habla de reembolsos adeudados, de prácticas antisindicales. La segunda parte es de las dificultades de conseguir un lugar para vivir. En la última parte parece la voz de un robot, que etimológicamente tiene que ver con trabajo. Quiero creer que en todo momento están llamando la atención sobre lo compositivo, y, a partir de la composición, de lo político. No sé si se ha dicho, aunque no tienen por qué decirlo.

el inconformismo, / la minuciosidad de quien vive de la belleza y para la belleza, / no se detiene ante un párrafo en apariencia irreprochable, / ni mucho menos ante un cuerpo / que parece haber alcanzado la perfección... / Sea una cicatriz de sapo / o una insignificante estría. / Sea una sola coma prescindible / o cien páginas obesas”. En “r. s. & r. s”. el procedimiento ya logrado se podría definir de la siguiente manera: síntesis de soneto con canciones de rap / síntesis de las geometrías desmesuradas de Smithson con el uso excepcional del staccato de Smith. El staccato (destacado) recurso musical que consiste en agregarle un silencio al final de cada nota, parece ser el secreto del sonido en el libro. El flirteo interdisciplinario se convirtió en una relación formal, con la música en este caso, para darnos unos poemas que pueden perfectamente ser cantados en la comodidad de la casa o sobre la pista de cualquier beat. Esta relación lo potencia y le permite armar mundos desde la ne-

gación o los silencios, que son música en negativo, como en “Las parejas hétero del siglo veinte” (2017) donde genera mundos con esa estructura medio borgeana de negar magistralmente. Pienso en “Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche...”, de su cuento “Las ruinas circulares”. La comedia empieza cuando termina la tragedia. Mientras que la primera se centra en el héroe y su destino de muerte, la segunda trabaja un personaje casi siempre civil que padece las consecuencias de los grandes procesos, la vida en comunidad. Por eso estas últimas deben ser leídas como estructuras que contienen las partes públicas y privadas de una generación. Mario Verdugo es ese tipo de poeta, aunque se lo relacione con la palabra humor, para mí su fuerza radica en la síntesis que contiene aciertos y errores de un país, como si se tratase del más brillante de los caricaturistas; un poeta del después, categoría que tiene más que ver con el futuro que con cualquier otra cosa.

El amor de tu vida en pueblos de mierda Has publicado en varias editoriales, ¿qué opinas de la edición independiente? Las editoriales independientes desarrollan una función muy elogiable, seguro si no existieran habría muchas publicaciones en los sueños de los poetas. Pero igual creo que con el tiempo se ha convertido en una suerte de discurso inatacable y ya a esta altura conviene separar la paja del trigo, porque al lado de editores muy serios, que a uno lo tratan con todo el respeto del mundo, sin faramallas, hay otros tipos que están al filo de lo delincuencial. ¿Cómo ha sido el trabajo de reescritura y corrección de tu obra? Está la necesidad de anunciar de los editores cuánto han trabajado con el autor, pero tú poesía es un sistema cerrado. Lo han intentado casi todos. Soy reacio por las peculiaridades que tiene lo que escribo, una serie de construcciones modulares que tienen referencias prospectivas y retrospectivas, no es fácil sacar una pieza sin alterar el conjunto. Sin abandonar el trabajo del poema en solitario, privilegio un trabajo en serie que no se vincula solo al interior del mismo libro, sino que los alcanza todos, en ese sentido se vuelve menos poroso a los cambios. No he aceptado demasiadas modificaciones. Como también trabajo como editor para editoriales independientes y grandes, no soy inflexible. Converso todas las propuestas. ¿Cuál es tu relación con el mercado? Overol es de las editoriales independientes con más circulación, tu penúltimo libro lo sacas con La Liga de la Justica, que está en traslado de Arica a Santiago.


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John Uberuaga.

Hay lectores propios de cada editorial, La Liga de la Justicia está asociada a Jámpster, tiene circulación en Perú y Bolivia, me llama la atención el origen territorial. Prefiero que la gente me conozca por azar, medio cartogramáticamente, como el tipo que encuentra el amor de su vida en un pueblo de mierda. Cómo no va a ser feo ser el guía demasiado notorio de la propia notoriedad. No es una estrategia del todo descartable que estos libros aparezcan en distintos lugares. Estoy llano a ofertas de Combarbalá, de Futrono. ¿Cómo decidiste integrarte a Overol? Es una idea de Andrés Florit, en principio me iba a integrar con las mismas condiciones que él y Daniela Escobar, pero la verdad no tenía mucho ánimo. Básicamente presto servicios para la editorial, de la misma forma que presto a otras. No intervengo en la gestión, en la política

de “las parejas hétero del siglo xx” Sus frenos respetaban casi siempre los cruces en que un roadie aparecía sin su ropa. Su claxon saludaba a casi todos los buses donde un fan se desvestía dado de alta. Nos gustaban las gramíneas, nos gustaba el arte puro, nos gustaba que sonara como scat en nuestro depto. Nos gustaban las magnolias, nos gustaban los cuadrados, nos gustaba que se oyera como música del delta. Estaciones en ayunas: cambiarlo. Maquinarias herrumbrosas: venderlo. Malheridos en la berma: cambiarlo. Demasiadas copas de agua: venderlo. Ambulancias en la aurora: cambiarlo. De regreso a cientotreinta: venderlo. Setenta, nos dijo, setenta eran las luces empotradas en el suelo de aquel galpón delicuescente. Setenta los kilómetros ansiosos. Setenta eran las manchas memorables de aquel sillón cuero de vaca. Un scat de fin de siglo los pareaba en videos que acentuaban lo pareado. Abrazados a una escuela subgenérica abrazaban la parodia de otros géneros.

de publicaciones y no tengo relación con los autores. En tu trabajo de editor de transnacionales e independientes, ¿cuáles son los vicios de los escritores chilenos? Creo que la palabra borrador está muy bien puesta. Es una cuestión jerárquica, la mayoría piensa que la dificultad está en la propensión de materiales, nivel de la reflexión del trabajo de campo, de fuentes y que la escritura es algo que se hace al final. Creo que se traspasa a una cuestión, que lo importante del libro es la idea. Lo que define al narrador es que se le ocurren relatos, la escritura la puede hacer cualquiera, la pueden hacer los editores, los correctores. No puedo decir si es un fenómeno emergente o de larga data. El campo de acción nuclear no es el trabajo con las palabras sino con la estructura, la fábula, la disposición del relato, la retórica, pero no la disposición de las palabras, no escribir bien. Como si escribir bien fuera secundario, el trámite rutinario como decía Barthes, al punto que lo pueden hacer otros.

Una biblioteca regional

¿Por qué empezaste a escribir de autores regionales? Yo trabajaba en el diario de Talca, el La insistencia de sus bajos revestía protocolo para escribir en el diario de prolo que un grupo de estudiantes desvestidos. Los enigmas de ese obtuso recorrido vincia es que todo debe ser de interés lola expareja encaprichada recorría. cal. De modo que empecé a escribir de autores de la región del Maule. Ahí empecé a Venía acelerando desde el monolito, cuestionarme esa escala local que entraba donde estilaba completar sus colecciones, en conflicto o estaba secundarizada con la donde ayudaban a empujar si era preciso. escritura nacional. En la contratapa de “Las parejas héteSu mueca remedaba a casi todos ro del siglo xx” Cristian Geisse apuessus feos monos navideños. ta la idea de que hay micronovelas en este poemario. Tu capacidad narrativa Su cara reflejaba casi todas también se hace evidente en “Arresten al las muecas de un equipo eliminado. santiaguino!”, ¿has pensado en escribir Dos reseñas favorables narrativa? en fanzines mancunianos. No soy muy dado a contar historias, Dos heridas en los dedos. me resulta demasiado arduo, fuera de mi órbita. Ahora en “Arresten al santiaDos expresiones de espanto guino!” trabajo con materiales que están. al saber por qué sus discos La invención de relatos me parece ajena. se agotaban en japón. En lo que estoy escribiendo, ensayos de literatura y territorio, lo que hago es un Dos maneras de explicarles acto de contrición de la mala conciencia, el porqué todos sus roadies por utilizar las vidas de otra gente para aparecían ahogados.

convertirlos en producto. Por eso hago la comparación de región y paratexto, porque solo tiene valor si rinde tributo a la nación en su centro. ¿Cuál sería el escritor paradigmático de “Arresten al santiaguino!”? Rigo Roble. Es un outsider absoluto, nunca he visto de un libro de él en Santiago. Es un escritor de tiempo completo, que hace el proceso completo: escribe, imprime y distribuye en una Vans novelas eróticas. Lo que conocemos como literatura chilena es mucho más vasto de lo que aprendemos en la universidad, de lo que uno puede conversar en “El rincón del sabor” o en el “Prosit”, o que las conversaciones en las ferias o furias del libro. Hay literatura que el centro literario no se imagina para nada. ¿Cómo elegiste a los autores? Hay dateo. “Catechi”, el nombre del perro y próxima novela de Cristian Geisse, trajo en su hocico hojas de un libro de Jorge Alcayaga. Si bien hay una cuota de frikismo, hay comentarios que establecen oportunidades de lecturas. Tengo claro que hay más cosas, todos estos autores comparten estar enlazados con un territorio que no es metropolitano. Son vidas que conforman rareza y extravagancia. De forma muy seria intervienen el status quo territorial, en las jerarquías de ciudad y pueblo. Hay muchos

Arresten al santiaguino! Overol 170 páginas

casos en que sus libros tienen un valor en sí mismos. Si tuvieras la posibilidad de reeditar una biblioteca regional, ¿con quién partirías? Me siento exculpado por el mínimo remordimiento que sentía con este libro, porque es una cartera interminable para los saqueadores de fondos concursables. Cuando se pensaba que estaba todo reeditado aparece “Arresten al santiaguino!”. A mí me gusta mucho Pepita Turina, autora magallánica, por esa suerte de multidiálogo que creó, que se ubica como moderadora de celebridades, como con Kierkegaard y Umberto Eco, colocando un tema común. Es toda una operación de recorte y ensamble incluso físicamente, porque ella recortaba los libros y colocaba fragmentos en los techos de la habitación. Esos libros no han sido reeditados, por ellos partiría seguro. Hay otros que serían de difícil lectura y circulación contemporánea, son demasiado incorrectos. ¿Nunca te ubicó un autor vivo o familiar de los que escribiste, o de los que ocupabas su nombre en poemas? Hay gente que sí me ha escrito para ubicar detalles de la vida de los autores de “Apología de la droga”, creyendo que yo sé mucho de ellos. Nunca he tenido algún conflicto por el hecho de que los predicados sean engañosos. ¿Y tampoco en la prensa? Con los autores vivos tuve contacto, incluso me ayudaron con algunos materiales a los que no tenía acceso. Algunos familiares también me ayudaron. Es curioso, pero la mayoría de la Biblioteca Regional se hizo en la Biblioteca Nacional, porque es el lugar de acopio metropolitano. ¿Por qué se acabó la Biblioteca Regional? Por cuestiones materiales, era un trabajo arduo y mantenerlo por mucho tiempo me impedía hacer otras cosas. Lo otro es que mi pareja trabaja en focus group y estudios de opinión pública, etnográfica. Siempre hablamos de ese punto donde la información se satura, por muy diversa o peculiar que pueda ser la vida de estos escritores, hay un momento en que todas se parecen. Cuando me di cuenta que todos se parecían era el momento de terminarlas. ¿Qué pasó con los escritores agrupados en los Pueblos Abandonados? Barrientos dice que en Futrono nos reuniremos. Geisse dio por muerto al grupo. Me gustaría que continuara, pero no he tenido noticias.

Las parejas hétero del siglo XX La Liga de la Justicia 84 páginas


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YAGATÁN –GLORIA DÜNKLER– EDICIONES TÁCITAS– 104 PÁGS. de “capítulo iii” Gran Roma Enrojecido Co-fundo el ps Gris el mns en 1932 Tambien Floreció el Landesgruppe-Chile. Un Joven Augusto ha ingresado a la Escuela Militar y Violeta recala en Santiago. * El poeta del “Balance patriótico” soñaba la idea continental de resistir en bloque y recitó a los cuatro vientos: “¿Hasta cuándo señores? ¿Hasta cuándo? Entre la vieja y la nueva generación, la lucha va a empeñarse sin cuartel. Entre los hombres de ayer sin más ideales que el vientre y el bolsillo, y la juventud que se levanta pidiendo a gritos un Chile nuevo y grande, no hay tregua posible”. * Los días martes a las 7 p.m en el salón de honor se toma juramento. Las máquinas de escribir humean y los periodistas de Trabajo darán el golpe en titulares de mañana. Departamento de Provincia coordina las regionales y Propaganda difunde las actividades de los núcleos. La cuota mensual asciende a un día de salario y las clases de boxeo son cotizadas un duro costal por el enemigo. La asistencia social sufre de impotencia no dan abasto las voluntarias y en la oficina del jefe Gris se navega en un mar de leyes. * El señor Godoy. El resto del tiempo lo voy a destinar por encargo de mi partido a referirme a un hecho bárbaro y criminal. En la noche del miércoles y sin que mediara provocación, una horda de nacistas asaltó -desde un local que ellos tienen frente al nuestrola sede en la calle Recoleta. Se olvidan que en Chile el socialismo no es un cordero pascual

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Nació en Pucón en 1977. Hija de artesanos, músicos y pescadores. Premio Fundación Pablo Neruda de poesía Joven 2016. Premio a la Edición 2016 por “Yatagán”, Cámara Chilena del Libro. Premio de la Academia Chilena de la Lengua 2010, por “Fuchse von LLafenko”. Premio de la Crítica 2013 y Premio Municipal de Literatura de Santiago 2013 por “Spandau”. Becas de Creación Literaria 2011, 2013 y 2015 (cnca).

y que contra toda clase de provocaciones está dispuesto a hacer justicia y aplicar la ley del Talión. El señor presidente. Ha terminado el tiempo del Comité Socialista. Pude usar la palabra por cinco minutos el honorable señor González von Marées. El señor diputado Jorge González Séptima Agrupación Departamental “Santiago” Primer distrito. es tiempo de que se sepa que en cada ocasión han sido militantes del partido socialista quienes han provocado a nuestros hombres. Repito: no somos de izquierda ni de derecha pero declaro enfáticamente que en la disyuntiva de tener que apoyar a una de esas dos corrientes no podemos dejar de ver que la izquierda persigue un ideal que también es nuestro que en este pueblo obtenga la justicia que el régimen le niega. Un señor diputado. Yo pregunto ¿dónde están donde quedaron las olímpicas declaraciones contra el comunismo? Honorable Cámara, dónde quedó el famoso dilema: “nacismo o comunismo”. Nada más, señor Presidente. Aplausos en la sala El señor diputado González. Extrañan, si, estos exabruptos del Honorable Diputado y del grupo que él representa si se considera que no hace una semana se apersonó la representación nacista el presidente del comité socialista a rogar a los diputados nacistas apoyar un proyecto de ley sobre el aumento de la dieta parlamentaria. El señor Diaz ¡Llamen al doctor para que se lleve a este loco! El señor Vargas Molinare. Vigésima primera Agrupación Departamental “Imperial, Temuco, Villarica y Pitrufquén” A sus Señorías no les acepto que nos calumnien. Somos, ante todo, chilenos a la inversa de sus Señorías, que son soviéticos y que no protestaron cuando Alemania aliada con Rusia invadió Polonia, atacando Rusia a Polonia por la espalda y repartiéndose ese país ¡y sus señorías nos vienen a tratar de locos y traidores…! Hablan varios diputados a la vez Suenan los timbres Un señor diputado. ¡Aquí no se vota por la Unión Soviética! El señor presidente Se suspende la sesión por 10 minutos. * Estudiantes realizan operativos médicos y las muchachas acopian alimentos, medicación. El sacerdote recién llegado de Europa aún no cimenta su hospedería. Futuros abogados limpian las calles laboran en puentes y campos disputan terrenos a las milicias contrarias. Otro se afanan de manera parecida Los verdes, los azules, todo el arcoíris de cabeza contra la miseria.

* Discurso 21 mayo. Su Excelencia es recibido con aplausos y rechiflas. Puesto días antes no fueron oídas las peticiones de la oposición que exigía garantías electorales acordaron que el presidente de bancada haría pública la protesta y que -en caso de no ser escuchadosse retirarían del lugar. Misión fallida. Honorable Puma Gris ejecuta un disparo al aire provocando gran refriega entre bandos y fuerza policial. Con patadas y puñetes en el suelo lo reducen a una oficina donde aguarda su suerte. González Videla intenta “mediar” y grita: “a la fuerza pública le está vedado proceder sin el previo desafuero parlamentario u orden judicial”. Entonces se coloca delante de la puerta: “tendrán que pasar sobre mí para sacar a un parlamentario de este recinto sin la orden correspondiente…”. * Están todos ligados. He visto conservadores en amigable charla con comunistas. Son todos compadres en la organización de la desorganización. Sus enemigos quieren hacerles aparecer como apaleadores de rotos les provocan para eso. Cuando empiecen a caer los verdaderos enemigos de la patria los sanguijuelas y parásitos yo dispararé codo a codo con ustedes. El mundo es Trabajo. Con ustedes Joaquín Edwards Bello. ✴✴✴


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LA DERIVA LÍQUIDA DEL OJO– ANA MARÍA RISCO– MUNDANA EDICIONES, CATÁLOGO LIBROS –113 PÁGINAS. ¿es usted feliz? Realizada en Santiago de Chile entre los años 1978 y 1981, “Estudios sobre la felicidad” puede pensarse como un hito que inaugura distintas dimensiones de la obra visual de Alfredo Jaar. Durante el desarrollo de este proyecto el artista exploró recursos fundamentales para el despliegue de su producción madura y obtuvo el primer reconocimiento público, junto con la beca que les permitió emigrar a Nueva York, ciudad en la que ha vivido en los últimos 30 años y desde la que se ha desplazado a las distintas regiones del mundo donde ha arraigado su trabajo. La realización de esta obra marca también el inicio del vínculo entre sus formulaciones artísticas y el pensamiento crítico de Adriana Valdés, una relación productiva que fue creciendo en el tiempo y que es también, a estas alturas, un rasgo distintivo de la producción de ambos autores. “Estudios sobre la felicidad” se compone de siete etapas sucesivas que planifican, imaginan, disponen y registran diversas formas de inscripción en el espacio público de la pregunta “¿Es usted feliz?”. El proyecto, concebido por un Jaar de 23 años que acaba de terminar sus estudios de arquitectura y cine en Chile, postulaba situar una expresión interrogadora en diversos espacios públicos y de tránsito, como también intervenir con ellas algunos paisajes cargados de referencias identitarias. La pregunta, claramente trivial en cierto sentido, era provocativa si se piensa en el grado de desinformación, censura, pauperización cultural y violaciones a los derechos humanos que imperaban en el contexto dictatorial en el que se la estaba formulando. En algunas de las etapas del proyecto, Jaar entrevistó individualmente a personas, cuyas respuesta registró en fotografía y video, generando un complejo testimonio de las incertidumbres, las expectativas y los miedos que suscitaba, mucha veces de manera inconsciente, la situación política en distintos ámbitos de la vida privada. Como observó en su momento Adriana Valdés, la pregunta sobre la felicidad venía a formularse en circunstancias en que esa misma

condición –la felicidad- junto con hacerse esquiva para la sociedad fracturada y afectada por la violencia institucional, era retóricamente construida por los medios de comunicación masivos y la publicidad, que la propagaba como una promesa asociada a la adquisición de bienes de consumo dentro del modelo neoliberal. Según el artista ha declarado en años recientes, la idea de esta intervención pública, cuyas estrategias se desmarcaban de las que iban a caracterizar más rotundamente a la vanguardia audiovisual chilena de las décadas del 70 y 80, nació inspirada en algunos trabajos del artista estadounidense Hans Haacke, conocido por su declarada interlocución crítica con los poderes fácticos. En 1970, Haacke había alojado en el moma una instalación que invitaba a los espectadores a pronunciarse en favor o en contra de la ideología intervencionista del Gobernador de Nueva York (cuyo hermano era miembro del comité directivo del museo y quien apoyaba la presencia de eeuu en Vietnam). Con ello el artista estadounidense había trasladado al museo no sólo discusión política sino el acto cívico de la votación. Suprimido este ritual democrático en Chile, en el momento de la intervención de Jaar la encuesta de opinión adquiría connotaciones complejas y se instauraba como un acto fuera de contexto, que bien podría ser una válvula de escape o una situación amenazante. Para Jaar la obra cumplió también con objetivos vinculados a la necesidad de romper, al menos en forma temporal, los rigores militares impuestos sobre el espacio público: “Estudios sobre la Felicidad nació (…) en medio de una situación desesperada”, ha dicho, refiriéndose a la realidad de Santiago de Chile, en 1979: “fue fruto de mi idealismo utópico que trataba de combinar con poesía, actividad ingenua pero muy necesaria en aquella época (…) Fue mi válvula de escape, y la de miles de participantes en varias de sus etapas sucesivas”.

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Doctora en Filosofía con mención en Estética y Teoría del arte por la Universidad de Chile y académica de la Universidad Alberto Hurtado. Es autora del libro “Crítica situada - La escritura de Enrique Lihn sobre artes visuales” (Facultad de Artes, Universidad de Chile, 2004) y ha contribuido con textos críticos y entrevistas en diversos catálogos de artista, como jaar scl 2006 (Actar, Barcelona, 2006), De Langlois a Vicuña (afa Editions. Santiago, 2009), Desierta (Eugenio Dittborn, 2010) y Nocturna (Eugenio Dittborn, 2014).

intervención consumada por el tiempo En el año 2010, el artista donó a la colección del MAC una edición especial de ocho fotografías en blanco y negro, de tamaño regular, que proyectaban –y al mismo tiempo concretaban, ya que la intervención misma nunca tendría lugar- la sexta etapa del proyecto “Estudios sobre la felicidad”, que consistía en el emplazamiento de la pregunta “¿Es usted feliz?” en diversos soportes presentes en la ciudad y en sus extramuros. Por medio de la intervención manual de un conjunto de fotografías tomadas por el artista en las calles de Santiago y en ciertas vías interurbanas, se hacía figurar la interrogación en el espacio comúnmente asignado a mensajes publicitarios y callejeros. En las dos fotografías más conocidas de esta serie, la inscripción interrogadora se encuentra inscrita sobre la imagen de un cartel caminero, ubicado al borde del asfalto. Probablemente debido a la superposición del medio gráfico sobre el fotográfico, el efecto a la vista es el de un extraño suceso mental, algo lapsario, producido en medio de un paisaje al que la presencia cordillerana hacia el fondo signa como “chileno”. La sociedad de la escena y la impertinencia del lugar donde la pregunta se encuentra emplazada, evocando una extraña forma de publicidad, permite palpar por un segundo su doble fondo. El efecto se profundiza en las otras seis fotografías de la serie, donde el letrero queda inscrito como un elemento ligeramente aberrante en medio de la ciudad, al pie del reloj, al lado de un basurero o enmarcando un kiosco de diarios o un paradero de buses. Junto con proyectar la omnipresencia incómoda de la pregunta en un contexto donde la libertad de expresión se hallaba suprimida, las fotografías cumplen también la función de documentar indirectamente la vida urbana de un país precario y periférico, sumergido en una crisis encubierta. Originalmente maquetas o piezas para el diseño de intervención, las imágenes “realizan” a su manera un acceso documental a los miedos, las utopías destempladas y las transformaciones culturales que tramaban el espacio público de la época. Sumadas a la colección del mac, estas fotografías que fueron originalmente expuestas en 1981, en el Museo Nacional de Bellas Artes de Santiago de Chile (junto con el conjunto de las piezas que componen “Estudios sobre la felicidad”), han perdido su condición de proyectos y constituyen parte relevante de una obra emblemática del período, que definitivamente tuvo lugar. ✴✴✴


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CIUDAD BÁRBARA– ROLANDO MARTÍNEZ –DAS KAPITAL–90 PÁGINAS. de “arquitectura del enjambre” 6 PM sobre La Sanjo

Anochece sobre la fonola de la San José: los barrios liberan su lenguaje. ¿Qué es el frío en la pobreza si el pasado finge un dedo malicioso que hace cruces en la espalda? Saben de esto inquilinos como el yugoslavo Tancho Brizic dos huasos que se dedican a la pesca un boliviano con los pies irresolutamente putrefactos. Anochece sobre grandes porquerizos: las ampolletas poseen un corazón semejante al de las ballenas. Se despiden turbulentos vapores vahos de caldo, causeos fritangas y sustancias peligrosas hasta la palabra fuego. El cuerpo es un proyecto melindroso aún así los sueños pesan como bolsas de pan. Anochece sobre grandes fogones nadie habla de humedad los espejos son desnudos alfiles del silencio. Anochece sobre el barrio mientras la noche se acopla entre los huesos. Se muere la brasa de un cigarro desaparecen ambulantes viajeros, madres jóvenes. Lo que acaso bajo el cielo es un rastrojo lo que acaso se adormece y multiplica. Matiné

Nace en Arica en 1979. Profesor de Educación Básica. Publica los libros “Yeguas del Kilimanjaro” (La Liga de la Justicia Ediciones, 2015; Maki_Naria Editores, 2015), “Cuaderno de Croquis”(Libros del Pez Espiral, 2018) y “Ciudad Bárbara” (Das Kapital Ediciones, 2018). Ha obtenido diversos reconocimientos literarios, entre los que destacan el Premio Juegos Poéticos y Florales Gabriela Mistral, el segundo lugar en el Premio Lagar y la Beca de Creación Literaria del Fondo del Libro (2012, 2014, 2015 y 2016).

La noche en la pensión saluda a sus pasantes:

Crónica del ambulante “Uno cree que se las sabe todas” eso decía mientras cambiaba los canales de la tele. Uno cree que el dolor no existe si se tiene un catre donde echarse a dormitar un viernes por la noche. Uno se llena la boca con fideos y mastica acompañado de la imagen del espejo. Uno se mira y piensa: hay otros más pobres que la luz de las estrellas viejas. Uno cree que jugando loto se le pinta los pezones a la muerte. Uno liquida la mala fe juntando deudas y la bomba cuatro. Uno cree que la luz es un gorgojo que perfora las paredes pero apenas es un piélago rebelde como el duelo de los gatos en los meses de la sed y la intemperie. Uno no sabe nada, es cierto pero al menos cimbra en el cuerpo la marca de un fuego irredimible:

La ciudad: todo lo que sobra a este cuarto redondo.

Una señora corta el pelo a su hijo perdido.

Niños que hablan de fútbol como si evocaran brasas o carbones en la oscuridad

el fuego hace danzar sobre el espejo fáculas de alguna mala yerba que atesora la inmortalidad.

autor

Por lo pronto gatos y gallinas escudriñan un cardumen de esqueletos y abandonados pulgones bajo la higuera piensan: fin de la matiné.

Duerme el vendedor de cigarros importados.

Al corazón del patio trasero regresan pescadores y ambulantes:

el

—un tiuque un carancho un gorrión guisado en el vacío—

calzones resecos meneando su apocado brillo en los cordeles.

Se expande la miseria entre gallinas y mamíferos muñecas decapitadas, conchas de almeja yuyos malheridos y una bicicleta.

sobre

El día se prolonga al fondo del cubículo en los zapatos vacíos y en una colombiana que estira sus brazos de norte a sur: oda a una cereza negra que madura sobre el andamiaje.

Corre el conscripto al regimiento.

La higuera zumba ardiente bajo un cielo turbio y de basalto.

libres creadores

de “pedro montt s/n” 15

Algo malo debe tener el trabajo o los ricos ya lo habrían acaparado alega compungido Mario Moreno Cantinflas en la TV del tinterillo. La virtud de la frase es como un pájaro que espera el fin de la llovizna

para hacer del caracol una presea.

égloga en dos actos que ejecutan polillas y gorgojos en la oscuridad. En camas separadas los jubilados intentan descifrar la frase que escribieron tantas torrejas moscas en el aire: quinientas papas se constelan como papas quinientas ellas. (el lenguaje del insecto chusca la prosodia) y los ancianos que preparan la joroba para agregar un día más a su destierro. Olor a perro muerto son los dedos repartidos con sus huellas olorosas en la pieza de los artesanos: ojalá la metan diría el bailarín cuando temprano desagüe el universo su espiral asimetría. Y a la hora del guarén el tinterillo reza nada más un padrenuestro junto al santo anónimo una fécula de dios un duermevela escrito en sánscrito y en coa un sol —canícula del día muerto— rondas que el demonio escruta con su lámpara de frío en las vitrinas.

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Literatura de derecha: un camino sin retorno

Ezra Pound, Louis-Ferdinand Céline, Knut Hamsun y T.S. Eliot son nombres indiscutibles de la literatura universal que llevan consigo el estigma de ser escritores de derecha, lo que no les impide ser leídos y admirados en nuestro medio. A los escritores chilenos, en cambio, no se les perdona; tuvieron que abrirse un espacio en las editoriales independientes o en la autoedición. Mostramos cuatro casos peligrosos que mezclan política y literatura.

Luis“paco” Rivano (1932-2016): lumazos de realidad Por Cristóbal Gaete

“Mientras abra un diario y lea que una mujer mató a sus hijos a hachazos o que un obrero se colgó de una viga por hambre, no creeré en nada”. -Entrevista a Luis Rivano en Revista del domingo de El Mercurio, 1971-

Cuando comenzó a aparecer la urbe en la literatura chilena, quienes habitaban sus rincones era gente generosa y comprensiva o víctima de la alienación, nunca responsables de su destino. Como personajes de Manuel Rojas, capaces de enseñar sobre la vida y compartir el tesoro de la miseria con otros. La piedad es absorbida pronto por los editores de la época y no tiene problemas de circulación porque muestra relatos que se asumen desde la experiencia para los lectores de buena conciencia burguesa. El modelo alcanza su cenit con “Hijo de Ladrón” (1951); una fisura se le abre tres años más tarde con la autoedición de “Mundo herido” de Armando Méndez Carrasco, retratando a Valparaíso como un lugar rudo y cruel. Será el punto de partida de un conjunto de prosistas llamados “clásicos de la miseria”.

De aquel grupo el único que atravesó las décadas fue Luis Rivano, muerto hace un par de años, el último en entrar al exilio eterno. Su trayectoria literaria comienza al ser expulsado de Carabineros por autoeditar “Este no es el paraíso” (1965), tras no aceptar los cambios editoriales de Zig-Zag, la máquina transnacional de entonces. La novela había ganado un concurso que consideraba su publicación, pero Rivano prefirió la integridad del texto que denuncia la vida de los policías de bajo rango en los cuarteles. Alone, el más importante crítico de nuestra literatura, la

recibe apuntando a su singularidad vital - biográfica: “Curioso caso, desalentador para los hombres y también para las mujeres de estudio, que pasan la vida aprendiendo y ensayando: éste, de golpe, sin saber nada, descubre el más difícil secreto de la técnica, no aburrir, el de tocar instantáneamente, por instinto, el punto esencial, el que hace saltar la chispa e ilumina el contorno”. Su obra cae en picada en plena explosión de la generación de los cincuenta, a los que llamaba -en la misma entrevista citada como epígrafe-“niños beatos” como Antonio Skármeta, José Donoso o Jorge Edwards. Niños beatos, universitarios que lograron el éxito; qué más derechista que el desprecio a la formación intelectual. El debut alcanza varias reediciones, como sucede también con “Barrio bravo” (1964) de Luis Cornejo o “Chicago Chico” (1962) de Méndez Carrasco o “El Río” (1962) de Alfredo Gómez Morel. Es el sino de los “clásicos de la miseria”, crean su propio público pero la academia los desprecia por su lenguaje vulgar (de real uso en las calles, que disuelve la diferencia entre esa lengua con la impresa) y pornográfico. Hay de eso, sin duda; no existe floritura en varios de ellos, pero sí una cuota de amoralidad que no enjuicia violaciones y que incluso avala la práctica homoerótica en la ribera del Mapocho. Como si fuera una vida carcelaria, la relación entre hombres a veces resulta la única forma de afecto, que debe ser disfrazada con violencia por la debilidad que implica. Mientras Chile se polariza, Rivano construye el corpus de su obra narrativa con otras autoediciones, que alcanzan buena circulación pero no tanto éxito como su primera novela. En alguna de las portadas se ven fotogramas icónicos de películas, evidentemente robados a la industria sin pagar derechos. Aparte imprime cuentos en tamaño oficio con ilustraciones que deja personalmente en oficinas. Con el tiempo esos cuentos conforman “El rucio de los cuchillos” (1973). Son sus mejores años como escritor y los

más precarios; tiene hijos, vive al ras, pero sigue actuando como un galán de ojos verdes. Su escritura retoma la experiencia de las calles como carabinero mostrando un mundo de prostitutas, cafiches, mostaceros y sicarios en novelas cortas, complejizados con la fantasía de las mujeres de la noche o la abstinencia (más de derecha en época hippie) del guardia privado de un narcotraficante o el orgullo de los barrios por tener un delincuente famoso. Su obra se puede leer desde el morbo de la ciudad peligrosa-un efectivo producto- o como una denuncia de la vida en los márgenes; una interpretación no contradictoria dejaría incompleta la hondura social del autor. Tras el Golpe de Estado, Rivano se convierte en ferviente admirador de la dictadura, vende de su librería libros políticos a Pinochet-al que nunca atendió directamente- y otros. Comienza a escribir teatro, lo que refuerza la paradoja con su posición política, pues en medio de la época más cruda monta “Por sospecha” (1979), obra que exhibe el abuso policial en los calabozos. Tres detenidos conversan prefigurando un Chile muy actual: un obrero con esperanza en el pueblo, un joven que delinque por primera vez, y un lumpen entregado al crimen. Su diálogo es una forma de esperar las torturas que inevitablemente llegarán. Rivano facilitaba sus obras a compañías amateur y semiprofesionales de provincia sin cobrar derechos, incluso algunas veces viajando a ver esas adaptaciones sin pedir siquiera el dinero del traslado. ril editores ha publicado algunas de sus obras más importantes y su dramaturgia completa. En ella se reconoce el poder de su cinética; sus personajes se mueven como lo harían en la calle. En los últimos años de vida fue compilada su prosa callejera y veloz por la máquina transnacional, convirtiéndose en una obra que ha circulado en todas las formas y modos posibles. A ese corpus se agregaron dos novelas, una de ellas póstuma. Hoy, por lo mismo, es más fácil encontrar-y más barato-esas autoediciones que forjaron a este amigo en su camino, listo desde el más allá para dar lumazos de realidad.


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Diego Maquieira (1951): sin los pies en la tierra Por Juan Francisco Urzúa

Diego Maquieira va de visita donde uno de sus amigos, y lo hace a su manera favorita: acompañado de una flota de 4 taxis a los que meses antes regaló balizas policiales para hacerse notar. Va descalzo, por lo que tiene que pedir los zapatos del conductor para bajarse a girar dinero en una farmacia. Consultado por Claudia Donoso – en una entrevista para la revista Paula el año 2003, que alimenta la anécdota anterior- sobre por qué le gustaba la guerra, Maquieira responde “(…) limpia el paisaje. La ultraviolencia en Chile es altísima. Lo que me molesta es que no la reconozcan; en eso los encuentro unos cobardes. Entonces me quedo solo. Ya no se puede escribir. Hay que atacar desde otro punto”. La violencia es uno de los tópicos por donde podemos encontrar la ambivalente relación de Maquieira con los imaginarios del fascismo chileno, ya que podemos distinguir tanto en los “Sea Harrier”(1986, 1993) como en “La Tirana” (1983), constantes alusiones a la intimidación, al fanatismo, el control de los poderes fácticos y al sometimiento. En su poemario “La Tirana” ya se urde una relación entre el poeta y las imágenes provenientes del fascismo, no es casual que esta autoedición sea publicada bajo el sello “Tempus Tacendi”, que significa tiempo de callar. Esto se vuelve relevante al pensar en el contexto de la dictadura. Pero esa sangre no salpicaba a la clase alta, Maquieira lo sabía. Los personajes del poemario son devotos religiosos, temerosos de la ira de Dios, salidos de la investigación de tres siglos y medio de abusos de la inquisición española en América. Monjas y curas que admiran profundamente a los reyes católicos, profi-

Por Cristóbal Gaete

tan moralmente del discurso de la familia bien constituida, y gozan que el pueblo sea incapaz de alcanzar la revolución. Todos sopesados con el personaje de La Tirana, indígena pagana convertida al cristianismo, quien para vengar la muerte de su padre, a manos de Diego de Almagro, lidera una sanguinaria rebelión contra los españoles. Termina muerta por una flecha junto al enamorado Vasco de Almeyda, el día de su bautizo. Maquieira la propone chabacana, exuberante, putona, alcahuete y, en sus propias palabras, ordinaria. Afirma el hablante en el poema “El antiguo testamento chileno”: “no tienen estos indios de Chile/ noticias de escritura alguna/ sagradas ni profanas/ ni memoria alguna de la creación/ y de el principio de el mundo/ ni de los hombres”. Este tipo de alusiones van desenmarañando cuales son los imaginarios predilectos de Maquieira, empapados de la ferocidad genocida de Pedro de Valdivia, arquetipo dual del héroe nacional: autoritario asesino despiadado y ejemplo moral a seguir. Por otra parte se encuentra el hablante que identifica a Diego Velázquez, pintor de la corte de Luis iv, Rey de España, quien posteriormente lo nombraría aposentador real, aumentando los privilegios y posición del artista. En el poemario Velázquez tiene un enredo amoroso con Ana Mussolini, locutora y última hija del fascista líder italiano. Estos gestos no son casuales, y permiten vislumbrar el leitmotiv que articula la propuesta: el abuso y la imposibilidad de rehuirle. Es con la publicación de “La Tirana” donde Maquieira pasa de ser un autor emergente a tener una tribuna que le permite el acceso al mundo editorial. El libro siguiente, “Los Sea-Harrier en el firmamento de eclipses: poemas de anticipo, 1984-1985”, es publicado parcialmente en 1986 con Francisco Zegers Editor, 20 páginas sin numerar, que lo releva críticamente. Solo en 1993 los Harrier verán su versión definitiva publicada por un sello editorial tradicional como Ediciones Universitarias, empresa asociada a la Universidad de Chile y de renombre en el ruedo local, lo que permite por fin acceder a la obra. 15 años después la misma editorial publicará un libro de conversaciones con el autor: “Give me a break”. Los pilotos de los Harrier - modelo actualizado de sus predecesores Hawker Hunter, utilizados en el bombardeo a La Moneda- viven la guerra en un plano futurista, como arquetipos de valentía, modelo de heroicos combatientes con el claro objetivo de borrar de la faz de la tierra a los milenaristas: “no paramos nuestra alegría bacanal,/nuestro delirante cortejo de matanzas/ y desórdenes continuos/ allá abajo en el hoyo del mundo”. Estos militares están plagados de demostraciones

Paulo de Jolly (1952): la coyuntura pre revolucionaria

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hedonistas de superficialidad, ocupan ropa de diseñador, piensan el fin de la lengua y sienten orgullo de la fascinación de sus esposas por sus falos, confirmación del parentesco de los pilotos con la amplia gama de “ganadores” de clase alta chilena, de la cual Maquieira es parte desde la cuna. En palabras de Carlos Cordero, los aviadores “gozan en el sexo, en la borrachera, en los ataques y guerras; y por sobre todo, buscan la libertad que se les ha negado”. El 2003 Tajamar Ediciones aprovecha la coyuntura y republica “La Tirana” y “Los Sea Harrier” en una edición doble, lo cual llega a coronar la cúspide de la popularidad del autor, y de paso inscribirlo en las páginas indiscutibles del canon nacional. Ahora cabe preguntarse: ¿Es Maquieira un escritor de derecha? Algunas pistas que encaminan la respuesta están en la entrevista que da el año 1993 para la revista Mundo Diners. Consultado sobre qué piensa sobre política responde: “La considero un pantano lleno de colesterol y gangrena. Yo no me identifico con ella y me mantengo al margen. Sí considero que un país tiene que ser gobernado por las mayorías y no por minorías. Soy partidario de apoyar a un presidente mayoritario, independiente de la ideología que sostenga”. En esta oportunidad el poeta

se desmarca del compromiso político, mostrando el halo de ambigüedad que ha cruzado su obra y su vida pública: habla desde los fascistas, pero no se compromete con ellos. La ambivalencia ideológica en la que pulula Maquieira, muestra que al igual que gran parte de la clase alta chilena, tiene un interés selectivo y acomodaticio con la derecha, en la que ve resumidas sus aspiraciones materiales y el disfrute del individualismo. Hoy Maquieira se encuentra abocado a la poesía visual - particular contradicción cuando está al borde de perder la vista- cambiando con “El Annapurna” el rubro hacia las artes visuales y sus nepóticas redes de contactos. Expuso en la 30ª Bienal de São Paulo el año 2012, y posteriormente editó 500 ejemplares de lujo (88 numerados y firmados), en un tiraje pequeño que emula la edición independiente, pero que se propone como un objeto de lujo limitado, y que termina por encriptar su acceso solo a lectores de altos recursos. Parece una vuelta a su primer libro, “Upsilon”(1975), del que nunca tendremos noticias. Se podría decir que Maquieira sufre de la misma suerte que los malos ladrones, no cae sino resbala hacia la derecha ideológica y económica, el lugar seguro donde pudo chorrearse del champagne que le servía el sudor de la clase dominada.

¿Qué lleva a un poeta a escribir en medio de la dictadura poemas ambientados en el tiempo del reinado de Luis XIV (1638-1715)? Es imposible saberlo, pero la nostalgia que transmite este libro resulta una vía de escape al período dictatorial, a las calles grises, a los desaparecidos que rodean su confección. Los problemas que aquejan a los protagonistas -referidos con sus títulos de nobleza- de estos versos son los clásicos del ocio, el amor; mientras fuera de los castillos la hambruna se extiende por Francia. Si el “peso de

las joyas” fatiga, la publicación de estos poemas parece una provocación para la lectura revolucionaria. Rememora el cronista Roberto Merino-fundamental para entender la poesía de los ochenta-, en su columna de la Revista de Libros de El Mercurio, la excéntrica aparición de Paulo de Jolly: “No llegábamos a entender la necesidad de existir de esos textos de los que hoy apreciamos (…) trabajó con palabras desdoradas, misteriosamente irradiadas por las traducciones, las trasposiciones, los


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Bruno Vidal (1957): el monstruo chileno Por Cristóbal Gaete

“Con mi obra autoritaria con mi espíritu de sicopedagogo Con mi afán redentor con mi estilo en la escenografía teatral Con mi voluntad de hierro con mi arte conceptual con mi fuerza en bruto” -Libro de guardiaMucho se ha especulado por la composición del votante que sufragó por el presidente Sebastián Piñera en la última elección. Es el verdadero misterio de la izquierda ilustrada que no entiende el amor por la cadena, el síndrome de Estocolmo de los habitantes de este país. Quizá en Bruno Vidal exista alguna pista, al arrojarnos a la cara a los proletarios que tuvieron que ejecutar el puño de hierro de la dictadura. Ninguna guerra ha sido peleada por la aristocracia nacional, y, aún con el enemigo desarmado, no se ensuciarían las manos en aplastarlos. El enemigo: militantes de izquierda en las torturas. Porque Vidal es gráfico, todas

las pesadillas de un período están en sus poemas. Las descripciones nos muestran lo insondable de la crueldad que significa el poder, también los momentos excepcionales donde se ejecuta la piedad. El alambre de púa, el soplete, la luma y el corvo son herramientas que marcan rutina en todo el arco de víctimas de un país, sean pobres militantes comunistas, agentes de contrainteligencia, pijes que rotean a los militares, clero e incluso algunos lacerados por error. También aparecen las pesadillas de la derecha: la homosexualidad/homofobia latente en cualquier grupo exclusivo de hombres, que afecta hasta al tocar el perro que a veces debe penetrar a prisioneros. Algunos de los poemas servirían para mostrar casos de “mariposas” que se enderezan gracias a la ternura por parte de los cargos altos, la autoridad de las madres, la patria e incluso la fe en Dios. La obra de Vidal se comenzó a cimentar en los ochenta, para ser publicada “Arte Marcial” de manera subterránea a principios de los noventa en Ediciones de Carlos Porter, nombre inspirado por una pequeña calle que intercepta la Avenida Vicuña Mackenna, donde vivía Roberto Merino y Carlos Altamirano. El poeta no coloca a disposición del comercio los libros, sino que elige sus lectores. Esto lo podemos entender por el material explosivo impreso, no obstante, el grueso del conjunto ya había sido premiado por grandes poetas en un concurso de la editorial Sin Fronteras. El debut marca la impronta visual de una bomba de tinta que a veces se derrama entera o se concentra en parte de la página, alternando el tamaño de su fuente y el uso de modos imperativos. Si la repetición del discurso de las víctimas en poemas, libros de memoria o de investigación periodística adormece nuestra sensibilidad, el tomar la voz de los victimarios nos sacude y obliga a en-

“El sargento Chuleta Mardones con años de circo en la pega Un día le pregunté si conocía al famoso paco Rivano No me hables de ese jetón fachoso me pone nervioso Lo echaron de Carabineros por atrevido y por aniñado En el fondo no era un paco de corazón no cumplía con el deber A lo sumo lacho entrador con las pitucas del barrio alto -eso lo matóIgual lo paso a saludar a sus boliches de la calle San Diego Alguna vez en la juventud simpática nos cubrimos la espalda Y se hace el tonto con unas sobaqueras con grabados mexicanos muy bonitos Se las presté para tirar pinta con los mandamases en una salida a terreno”. -Bruno Vidal, en “Rompan filas”-

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reflejos de mundos muy distintos”. Bajo la venia de Enrique Lihn, Jolly se puede convertir en poeta. Reparte fotocopias de 10 o 15 poemas encuadernados en sobres sin costo a algunos colegas. La elegancia de regalar poesía cerca la lectura y genera expectativas. Un completo estudio de Megumi Andraen en la Revista Chilena de Literatura destaca el poema “Louis XIV y los pobres”, que muestra el perfil autoritario y desentendido del “Rey Sol” frente a la gente que vivía en la miseria. Cita declaraciones de Jolly; su libro es un modelo de gobierno dirigido a Pinochet para impulsar el renacimiento de las artes. ¿Debemos atender las declaraciones de los escritores o solo su obra? Especialmente en este caso la separación discurso/estética debería ser más tajante. Azotado por problemas siquiátricos, la serie de poemas acerca de Louis XIV es

su obra, porque si bien ha escrito más, algunos señalan su falta de valor. Enrique Lafourcade, en una crónica literaria publicada en El Mercurio en 1987, señala su extrañeza acerca de sus proyectos posteriores. Otras noticias recientes lo describen como el más joven en un geriátrico. No nos corresponde elegir entre la belleza de la poesía de Jolly y la locura de su discurso, sin la obsesión por aquel lejano reinado jamás habría existido. “Louis XIV” es publicado por Tajamar el 2006, demostrando la resistencia al tiempo. El mismo poeta cuenta que tuvo que pesquisar las fotocopias entregadas en los ochenta para construir el cuerpo de la publicación, con la elegancia de un regalo que se exige de vuelta para construir lectores, mercado y posteridad.

frentar el horror. Un horror expandido y no unívoco, porque los muchachos que a veces no pueden matar tienen apenas 18 años en 1973. Vidal yuxtapone elementos confusos, trampas al lector para su interpretación del hablante lírico, que se presenta en los cuarteles para la fatídica fecha que marcaría el destino de Chile. El “yo” se desliza y disuelve para convocar voces paradigmáticas de un Chile extinto. El camino trazado se profundiza mientras también lo hace la transición chilena con “Libro de guardia” (2004, Alone), que lleva, pese a ser una autoedición, el nombre del crítico. La circulación nuevamente es restringida. La estrategia de ocultar libros del comercio resulta útil para continuar su misterio. Llega a ser extraño que los medios de emol entrevisten a Vidal sabiendo que nadie podrá comprar sus libros. Se articula un discurso que genera empatía por los jóvenes militares, profundizando la contradicción que provoca la obra. Si hay un souvenir de la memoria, este nunca podrá ser Vidal, pues no resulta desde la derecha (en la que reconoce la imposibilidad de lectura) ni en la izquierda (que sospecha del origen de su

voz). Dos años atrás fue publicado “Rompan filas” (udp), que samplea poemas de “Arte Marcial” y “Libro de guardia”, además de agregar nuevos textos. Por primera vez llega la posibilidad de adquirir el título normalmente. Es una suma del horror revelado, una lectura que no puede sino atravesarse con la voluntad de mirar a la cara el pasado que solo parece estirarse con los años que corren, no permitiéndole descanso. Vidal nombra la ciudad de Santiago, funda una geografía del dolor y la humillación en un gesto paralelo a las dedicatorias, lo único que podría, desde una perspectiva clásica, ser personal y no discursivo. Su debut está dedicado a Enrique Lihn; el segundo, se entrega a los conscriptos del año 1973; y “Rompan filas”, se dirige a los íconos de la tortura. Si alguna vez olvidamos sus nombres y actos, esta dedicatoria se encargará de recordarlo. El poeta es capaz del sacrificio de portar una máscara asfixiante de dientes apretados que se le adhirió para siempre, como lo demuestra su exasperante uso de Facebook, una forma tecnocrática de catarsis que exhibe groseramente el peso del rol que porta.


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Nicolás Cancino, Patricio Díaz y Esteban Sazo, Lectura Dramatizada a modo de lanzamiento de la publicación de “Golpe, segunda parte y final?”.

PUNTO & COMA EDITORIAL:

PREMIO A LA DRAMATURGIA INCONC LUSA El II Concurso de Dramaturgia Inconclusa premia la escritura de una obra en proceso con un sueldo mínimo que es entregado en un chancho de greda, símbolo de la necesidad de salir de la precarización laboral en la que se encuentran los dramaturgos nacionales. Hablamos con Cristóbal Valenzuela, coordinador editorial. ¿Cómo nace la editorial? De la profunda necesidad que tenemos de construirnos constantemente. Es una acción común con vocación pública. Partimos con Sebastián Carez-Lorca sentados en la Plaza Simón Bolívar de Valparaíso. Hoy somos seis dramaturgos y dos dramaturgas, con tres títulos en papel y el Concurso de Dramaturgia Inconclusa. Por supuesto que esto viene concatenado con una serie de gestos e intentos hechos en el puerto por sostener un curso histórico en lo que a artes escénicas se refiere, enlazando procesos creativos a lo que sería nuestra memoria histórica local respecto de las obras y sus creadores. Nuestra iniciativa es parte de eso y esperamos contribuir a la mirada que puedan dar en retrospectiva también quienes se dediquen a sostener la actividad del sector en el futuro. Para que ese futuro exista, tenemos que hacer cosas hoy. ¿Cómo es la recepción del público con los libros de teatro? Hermosa. Curiosidad primero. Un palpar temeroso que se transforma pronto en un abrazo a nuestro trabajo. Entregamos los libros a cambio de contribuciones voluntarias en dinero que nos permiten publicar más libros, financiar el premio de nuestro concurso (que es un sueldo mínimo) y retribuir a los y las autoras. Cuando enfrentan esto se extrañan, distancian y luego se suman. Tenemos que explicar que no vendemos. Y hay montón de conversación en torno a cómo sostener algo sin que haya venta de por medio. Sabemos que es algo que nos meten en la cabeza, así es que nos tomamos el tiempo para cortar ese velo y presentar nuestra dinámica de economía solidaria. Háblanos sobre los títulos en tu catálogo.

“La Rebelión de Nadie, el solo de un chinchinero”, de Cristina Alcaide, constituye un testimonio de crisis que reflexiona sobre la biografía, origen y contexto social de quien está amenazado con desaparecer. “Sucedáneo”, de Sebastián CarezLorca es un zapping de pasiones y decepciones que ocurre en torno a una carnicería. Un tránsito por distintas capas sociales sucedáneas de la cotidianidad. “Golpe, segunda parte y ¿final? “, de mi autoría, es una ficción política que juega con la muerte del tirano y el destino de la gobernanza política del país. Ustedes realizaron el I Concurso de Dramaturgia Inconclusa: ¿Cómo fue la recepción de esta iniciativa, y por qué el premio es un sueldo mínimo? Para nosotros la dramaturgia es un proceso constante que tiene ciertos momentos en los que confluyen diferentes fuerzas creativas; eso sería un estreno y una temporada. Cuando eso sucede la obra tiene una versión. Eso es lo que publicamos, una versión. Cuando otro equipo creativo, técnico, de producción y gestión, comienzan el fabuloso viaje de hacer una obra de teatro, esa dramaturgia se confronta nuevamente a esas tormentas creativas que le circundan. Eso es lo que creemos que debería suceder con la escritura dramática; que opere como una provocación para los equipos y para los públicos. En ese entendido la dramaturgia siempre es inconclusa. El nombre cayó solo. Los dramaturgos y dramaturgas lo entendieron perfecto, porque es como, al parecer, trabajamos naturalmente. Recibimos trabajos de todo el país. No de las islas, creo. Sobre el sueldo mínimo es porque necesitamos pensar y reflexionar respecto de la realidad laboral de quiénes nos encontramos (de estar en

y de coincidir con otros) en las artes escénicas. Por supuesto también es nuestra responsabilidad como artistas reflexionar e impulsar las transformaciones de nuestro país, una de esas realidades a transformar es, sin duda, la desigualdad, inequidad, abuso y opresión, tanto económicas, como sociales, culturales y también políticas. El sueldo mínimo nos ayuda a poner esto en la escritura, como parte del contexto y entorno a los creadores y públicos. No es un requisito que esté en los procesos de obra, para nada. Lo hacemos nosotros, es nuestro gesto, junto con el premio que es un chancho de greda de Pomaire. Adentro de ese chancho va el sueldo mínimo. ¿Cuáles son las novedades de su segunda versión y cómo se puede concursar? La novedad más radical es que si quién resulte ganador/a no está presente el día de la entrega del premio, utilizaremos el sueldo mínimo para publicar otro de nuestros textos. Porque en la primera versión la entrega se volvió un trámite y para trámites nosotros no estamos. Esto es una celebración. Queremos que sea importante y relevante desde la sociedad civil, así es que pusimos este acápite en nuestras bases. Lo demás sigue siendo exactamente lo mismo, las bases estarán en fb @librosyteatro el 01 de Mayo: residentes en chile que envían un borrador de obra a librosyteatro@gmail.com. Buscamos un proceso en el que podamos contribuir con este sueldo mínimo para que sea, al menos, un mes de trabajo remunerado para uno de los tantos artistas que trabajan subvencionando las artes y el desarrollo cultural de nuestro país sin ningún tipo de soporte laboral ni social. ¿Cuál es el estado actual de las publicaciones de teatro en Chile?

Conocemos algunas iniciativas de la capital, editoriales que atienden ciertos autores, obras o proyectos particulares. En Magallanes también sabemos de un esfuerzo por publicar, pero la verdad es que esa pregunta es para iniciar una investigación que nosotros de momento no hemos incorporado a nuestras tareas. Sí queremos empezar tener presencia en otras regiones con nuestros libros de teatro, hacer lanzamientos y entregas de obras en encuentros de artes escénicas, estrenos, festivales y ferias del libro. Sabemos también del auge y caída de iniciativas debido a la dependencia de los fondos concursables del Estado. Esa es una de las razones por las que nosotros no queremos entrar en la dinámica de la deliberación del mercado en tanto a regulación por transacción económica con utilidad, porque sabemos que eso es una derrota anticipada, nuestro teatro publicado es un gesto de los ciudadanos, de los habitantes y visitantes de Valparaíso que contribuyen a sostenerlo, no desde la perspectiva de una vitrina de la industria del libro ni del teatro, sino como una tribuna para las artes escénicas en una comuna que tiene una particularidad asombrosa: dos escuelas de actuación en Universidades Públicas, el Parque Cultural de Valparaíso-que es la infraestructura pública más grande en territorio no Metropolitano del país, además la sede del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio y, para cerrar esta particularidad, la sede del Congreso Nacional. Valparaíso es una comuna única en la zona, de seguro en el mundo también, cuyas circunstancias actuales hacen que sea una ciudad posible que depende de nuestros esfuerzos e iniciativas para construir esa posibilidad y hacerla real. La Editorial Punto&Coma y nuestro II Concurso de Dramaturgia Inconclusa son parte de los cientos de esfuerzos que se hacen en Valparaíso desde la sociedad civil, para contrarrestar décadas de mala gestión pública y privada en una ciudad puerto que hoy, como resultado de estos desempeños, se encuentra, entre otras cosas, privada de su mar.


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PERDIDOS LEYENDO TRADUCCIONES

Miguel Serrano (1917-2009): Solo contra todos Por Cristóbal Gaete

“Vivir la vida recta y virilmente, como es en sí, es grandemente difícil hoy. En todos los sectores coexiste el capitalismo, con sus crecidos santos de trapo o de viento, fantasmas grises que viven en lapidaria simbiosis, que arriban y se arrastran. Para “triunfar” se necesita luchar; pero no luchar como hombres, sino como ratas o culebras (…)”. -Prólogo “Antología del verdadero cuento en Chile”, 1938-

E

n el mismo año que los nacistas chilenos entregaron sus jóvenes cuerpos para retrasar la posibilidad de entronización de Gustavo Ross, candidato a la presidencia de la derecha ultraconservadora y capitalizada, en la Matanza del Seguro Obrero, aparece la “Antología del verdadero cuento en Chile” de Miguel Serrano. Si cada antología noblemente concebida debe considerar una apuesta, esta lo es por una nueva generación de autores que, releídos, presentan un camino radicalmente distinto al canon de narrativa chilena. En la antología figuran cuentos de poetas surrealistas como Braulio Arenas, Teófilo Cid y Eduardo Anguita, de narradores raros como Juan Emar o densos como Carlos Droguett, entre otros. Más allá de que solo el día de hoy podemos saber su valor, ellos nos muestran modelos disidentes de la eficacia narrativa occidental. El sacrificio de esos cuerpos nacistas y el intelectual de rastrear escritores que permanecerían –¡a los 21 años!- permiten la analogía: ambos retrasaron un proceso que tarde o temprano llegaría, la inserción del capitalismo en todas las esferas de la vida chilena. Dos años antes aconteció la muerte de uno de los antologados, Héctor Barreto, por manos de jóvenes nacistas, un riesgo posible para quien tomara una posición política de izquierda en las calles. No hay tiempo más apasionado para un escritor que el comienzo. En ese devenir que atraviesa la eternidad, Serrano y Barreto estarán siempre juntos. Los cuentos de ambos en la antología se funden como si hubiesen salido de una sola cabeza: “Hacia la hora del crepúsculo va caminando lento a causa del color enfermizo de la luz que a ese tiempo crece. De pronto empiezan a aparecer volando,

pesadamente, inmensos pájaros blancos que al pasar casi rozan las cabezas de los soldados. Siente cierto cansancio. Una de las aves viene directamente hacia él, con vuelo lento. Ya cerca, ve en sus ojos una mirada conocida y que le parece haber visto en sueños... El pájaro le toca el rostro con una de las alas y siente un desvanecimiento”. (de “El pasajero del sueño”, Héctor Barreto) “Ni por mar ni por tierra” (Nascimento, 1950) debe ser la más intensa declaración del tiempo que le tocó vivir a Serrano. Un documento que entrega una geomancia santiaguina de juventud, literatura y política. No hay lugar a medias tintas en este canto. Consciente como los grandes escritores que el fondo puede alterar la forma, entrega páginas inmortales domando su estilo. Es también parte de una transacción; si libros anteriores eran una forma de autoedición, este título y su permanencia tiene que ver con Nascimento, el que podríamos analogar a la edición independiente. Sin duda, el libro que más anuencia compila por parte del autor. “(…) Porque, como ellos, yo tampoco sé vivir. No puedo despegar sentimiento de los recuerdos. Por eso camino volviéndome. Quiero llegar donde ellos aspiraron. Me levanto cada día de mis caídas y debo conservar la fe en mí mismo. Seguir, llegar, para que en mí puedan salvarse los mártires y los suicidas. Porque uno que llegue basta para el destino de una generación”. Parte del libro juega también a una honda reflexión acerca del paisaje chile-

no, que se comprende como una preocupación transversal en la obra de Serrano, en la que el viaje también es fundamental. Junto a “Quien llama en los hielos” (1957) y “La serpiente del paraíso” (1973) conforman la “Trilogía de la búsqueda del mundo exterior” (Nascimento, 1974). El capital de Zig-Zag lo edita cuando publica libros acerca de sus relaciones intelectuales con Hesse y Jung. Tampoco extraña, las colaboraciones con El Mercurio son amplias en la bibliografía de Serrano, que también fue diplomático. Tras el Golpe militar la posición intelectual se extrema hasta volverse irreversible. Se convierte en el intelectual del nazismo místico, el que lo aleja de cualquier situación cómoda, un excéntrico ideal para YouTube. La escritura de libelos antisemitas alimenta la reducción de su obra, lo que termina por conformarlo como un personaje de una película de serie b, como Hitler robot en la Antártida. Se enfrasca con el cura Valente en una polémica por denunciar la influencia de sectas religiosas en el Premio Nacional a comienzos de los ochenta, lo que libera de la amabilidad propia del aspirante. Tras hitos de cercanía con la Junta militar, su crítica queda fijada en el prólogo del libro económico nazi “Contra la usura” (1987) de Gottfried Feder: “Si en 1973 los militares que derrocaron el régimen marxista y judaico de Salvador Allende Gossens, en lugar de reemplazarlo por un supercapitalismo monetarista y endeudar al país de un modo irreparable con la banca internacional y el imperialismo judaico del dinero, hubieran implantado el régimen del padrón trabajo, de un socialismo nacional, este pueblo chileno, siempre defraudado

y que ha creído como nadie en el Ejército de su patria, se habría entregado totalmente con una fe inquebrantable, dispuesto voluntariamente a todos los sacrificios y a seguir a sus líderes hasta la muerte”. La primera vez que pude conseguir un libro de Miguel Serrano fue en una carnicería de Valparaíso. Había visto solo “Ni por mar ni por tierra” en las calles, muy caro pese a estar tirado en un paño en la vereda. Como leía en la fila, el dueño de la carnicería me mostró un refrigerador de carne lleno de libros místicos. En medio estaba Miguel Serrano, el empresario me dejó llevarlo, para siempre. Supo al entregármelo que me lo daba, como un secreto; porque escribir y rememorar a Serrano sigue escondiendo un ostracismo intelectual. En las últimas décadas, la desaparecida e independiente Beuvedráis Editores, se encargó de hacer posible su lectura fuera de los círculos directos de su figura política. La entrega de textos como “Los misterios” (2006), hecho en forma de sobre, nos revelan la belleza de la prosa de Miguel Serrano, honda como resulta el amor. Su integración de pensamientos del mundo provoca efectivamente un cambio de perspectiva hasta en la vida sexual. Hoy, en tiempos en que la intimidad está en crisis, cierta sección de la escritura de Serrano puede modificar la experiencia de la pareja. “Me la trajo su madre, en los brazos, muerta. Y me casó con ella. Sí, porque me la trajo muerta entre sus brazos y cubierta con un velo de novia. Poco antes, le había dado mi sangre para que viviera; pero en verdad fue para que muriera. Porque cuando la sangre pasa de esta forma, empapada de amor, estremecida de piedad, más salva matando que reviviendo. ¿Y qué es mejor? ¿Vivir para destruir el amor, o morir para hacerlo eterno?”. Dicen quienes asistieron al funeral de Miguel Serrano que los elementos de la naturaleza se manifestaron en su despedida. Socialités como Julita Austaburuaga-mamá de Diego Maquieira-, actores, escritores y nacionalsocialistas dieron pie a reportajes gráficos por su diversidad. Intelectuales públicos como Rafael Gumucio que llegaron a decir que preferían que un pedófilo tuviera el Premio Nacional antes de Serrano. El prosista no metió a nadie a la cámara de gas y no reptaría por tal reconocimiento. La edición independiente ha continuado vinculada a la producción del autor en los últimos años. El cronista Gonzalo León publicó la transbiografía “Serrano” en Mansalva, catálogo clave para entender las letras de Buenos Aires. eb libros sigue editándolo como lo hizo desde el principio de los tiempos, en libros que compilan diez años de producción desde sus inicios. Hoy, los narradores de la “Antología del verdadero cuento chileno” son llamados excéntricos en una escena frívola y tibia. Sus posibilidades enterradas, solo aguardan despertar. Las montañas siguen allí, esperándonos.

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Suplemento Grado Cero Mayo 2018  

Especial de literatura de derecha // Reportaje : Luis Rivano, Bruno Vidal, Diego Maquieira y Paulo de Jolly. ¶ Perdidos leyendo traducciones...

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