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La Guerra


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Coordinadora General del

Proyecto:

Ingrid Fugellie

Comité de Diseño: Arturo Cruz Ingrid Menocal Cynthia Mileva

Comité Editorial: Alejandra Aguilar Ingrid Fugellie Cynthia Grandini Gabriel Sánchez

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En portada: La guerra y la paz Gabriel Sánchez Román Acrílico, acuarela y tinta sobre cartulina 50 x 76 cm. 2013

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Índice 6

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Editorial: la Guerra Ingrid Fugellie

La guerra y la paz (fragmento)

León Tolstoi

12

Caña Negra

16

(Sin título)

18

22

Eda Sofía Correa

Capítulo X: El General

Panorámica de una avenida de Homs, Siria el día de Nochebuena / REUTERS

Isaac Gómez

Ximena Santaolalla

La guerra y la paz (fragmento)

León Tolstoi

(fragmento)

Obtenida de: El País, sección Internacional, domingo 29 de diciembre de 2013, págs. 4-5

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24 Capítulo IV: Panzós

Ximena Santaolalla


34

El porque de la guerra

56

Precariedad y ser o no dignos de duelo

Sigmund Freud

La imaginación...

82

Ingrid Fugellie

José Mujica en la ONU

José Alberto Mujica

84

Judith Butler

60

El concepto de lo político (fragmento) Carl Schmitt

62

Adhesión a la marcha por la paz

88

La agresión en los insectos sociales D.I. Wallis

Entrevista a Úrsula K. Le Guin Jacinto Antón (fragmento)

94

Eduardo Galeano

66

A propósito de la guerra

68

El arte de la guerra (fragmentos)

Bibliografía

96

Semblanzas de autores

98

Laura Collin

Sun Tzu

72

Tao Te Ching (Verso XXI)

74

Los versos del guerrero

78

Aforismos

Colaboradores

104

Puntos de distribución

109

Convocatoria

110

Lao Tsé

José Ángel Leyva

Franz Marc

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La Guerra

Editorial

Los repetidos intentos que se han hecho para mejorar a la humanidad –en especial para hacerla más pacífica– fracasaron porque nadie entendió toda la profundidad y el vigor de los instintos de agresión innatos en cada individuo. Tales esfuerzos no buscan otra cosa que estimular los impulsos positivos, los deseos bondadosos de cada persona, negando o suprimiendo los impulsos agresivos. Y, de tal modo, estuvieron condenados al fracaso desde el comienzo.

Melanie Klein

La guerra, la disponibilidad a morir de los combatientes, la eliminación física de otros hombres que están de parte del enemigo, todo esto no tiene ningún sentido normativo, sino uno existencial referido a la realidad de una situación consistente en la lucha real contra un enemigo real y no a algún ideal, programa o normatividad.

S

Carl Schmitt

in lugar a dudas, la guerra constituye uno de los temas que con mayor intensidad comprometen nuestra postura en torno al ejercicio y salvaguarda del poder, la preservación de la vida como derecho fundamental, 1 y su cancelación punitiva bajo presupuestos defensivos. Para algunos la guerra no sólo es necesaria, sino que constituye la forma más depurada de lo político, entendido como enfrentamiento real y con carácter de lucha entre posturas ideológicas antagónicas. En este sentido, la guerra sería “el caso serio de lo político; […] la lucha en donde se define la identidad de lo propio frente a lo ajeno.”2

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Lám. Pág. 7

Diagrama de un Panzer IV Autor desconocido

La justificación del enfrentamiento armado entre individuos, grupos sociales y naciones, que exhibe a lo largo de la historia argumentos no siempre coincidentes, se enmarca en una serie compleja de dispositivos cuya violencia ha ido siempre en aumento. La tecnología de la distancia imperante hoy en día y el deslizamiento moral que ésta provoca, plantea aspectos que sitúan al mecanismo fundamental de la guerra: la utilización de armas cada vez más poderosas, en punto de intersección clave al confrontar intereses instrumentales a favor, y resultados catastróficos en términos de destrucción humana y material. En este sentido hay quienes aducen posturas de una pretendida racionalidad, apostando por la urgencia en limitar los medios tecnológicos para la guerra. Max Scheller (1874-1928) es ejemplo en el sostenimiento de esta postura: “cuanto más se ha alejado la guerra de la lucha cuerpo a cuerpo, adoptando la forma de guerra mecanizada, a distancia, teledirigida […], la guerra ha perdido la fuerza moral de cohesión, de formación de identidad de las naciones”.3 Carl Schmitt (1888-1985), en franca oposición a posturas que como la recién señalada tienden a glorificar la guerra aduciendo valores superiores en juego, descarta la existencia de toda lógica o normatividad implícita que justifique el acto de morir en combate, o matar a quien se ha identificado como enemigo. Para el pensador alemán, la acción bélica sólo puede ser entendida como acción defensiva de la propia existencia, en el marco de una categoría clave de su desarrollo teórico sobre el tema, la de la confrontación “amigo-enemigo”. El psicoanálisis, por su parte, propone una mirada al interior de la mente humana señalando su constitución contradictoria, originada a partir de fuerzas pulsionales inconscientes y en permanente conflicto: el par antitético representado por Eros y Tánatos. Para la episteme inaugurada por Sigmund Freud (19561939), lo complicado en el desenvolvimiento humano, que lo diferencia claramente respecto a otras formas de existencia, radica en el eventual entrecruzamiento de ambas tendencias: vida y muerte, amor y odio, creación y destrucción, las que en la posibilidad real de verse fusionadas estructurarían tendencias operantes de carácter paradójico, como las representadas por

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Diagrama de un Misil PJ-10 Autor desconocido

la disposición a “amar la muerte, el odio y/o la destrucción” y “odiar la vida, el amor y/o la creación”. Desde esta perspectiva, matar y aceptar morir en la lid encajarían en el marco del comportamiento humano como opciones reales de su naturaleza híbrida y contradictoria. No podemos eximir de nuestro análisis a las fuerzas económicas en debate sistémico, aquellas que subyacen a la producción de guerras en diferentes territorios, formas e intensidades; no resulta ético ignorar los elementos poderosamente mercantiles, de control global y concentración de la riqueza que vehiculizan; y la enorme dosis de sufrimiento y precariedad que acarrean estos trágicos sucesos en sectores cada vez más extensos de nuestro vulnerable presente.

Ingrid Fugellie Gezan. México DF., 26 de diciembre de 2013.

1 Judith Butler problematiza el concepto de la vida como derecho fundamental y escribe: “con referencia a cualquier ser vivo, no [...] es posible afirmar por adelantado que existe un derecho a la vida, puesto que ningún derecho puede mantener alejados todos los procesos de degeneración y de muerte; esa pretensión es la función de una fantasía omnipotente del antropocentrismo (que busca negar la finitud del anthropos igualmente).”Judith Butler, Marcos de guerra. Las vidas lloradas, Paidós, México, 2010, pág. 37. 2 Adrián López, “La guerra y lo político”, en Intersticios, Año 7/No. 16/2002, pág. 38. 3 Jorge E. Linares, “La guerra y la violencia en la era tecnológica”, en Intersticios, Año 7/No. 16/2002, pág. 69.

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En la guerra no pasa nunca nada del modo que nos lo imaginamos y del modo en que se cuenta.

Le贸n Tolstoi

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Caña negra

Isaac Gómez

T

ú y yo haciendo el amor mientras la abuela moría. La vieja agonizó de rabia, con la mandíbula frenada a romper los dientes, no dejó que nadie se acercara a la casa, ni los que se decían buenos. La muy cabrona no se desplomó hasta que se paró la balacera. No la tumbó el narco, fue su hora y nada más.

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Estaba muy excitado aquella tarde. Tú ahí quieta mirándome mientras clareaba el día. Tu sabor a tabaco inundaba el cañaveral, y tu piel de café se fundía con la tierra. Madre de Dios me encanta penetrarte, oler despacio tu crespa cabellera, libar tus pezones. No me arrepiento de mi maldita ausencia. ¡Carajo abuela! ¿Qué pensaba usted? Por qué no gritó a mi tío o al hermano Felipe, yo estaba muy sordo, pero esos dos ni novia tienen. Carajo vieja, si no fuera pecado pensaría más en usted que en Dios. Un rezo cada madrugada por tan dichosa vida que nos regaló. Que la cobija, la comida y los estudios, sobre todo los estudios. El campo no es el mismo después de la universidad. Nunca nada es lo mismo. Recuerdo la primera vez que nos templamos, tuve tremenda erección con solo ver tu perfecta cintura, me reventaba el pantalón al saborearme tus labios gruesos. Tu culo terso. Pero todo se quema cuando las sombras aparecen, asquerosos alientos alcohólicos que pudren todo a su paso, braman y matan sin alma en su corazón, sin pudor en su sangre. De noche cuando despierto, me siento en la cama y lloro, me quedo quieto, rabioso de amargura maldigo el veneno que se adueño de nuestro hogar. Qué me pasa. Me hierve la sangre. Te quiero hacer feliz, pero el miedo es fuerte y ya no quiero vivir en este lugar. No paro de pensar en ese día. La abuela estaba paranoica, decía que escuchaba llegar los balazos. Yo no oí nada. Me mirabas como con ganas y decidí escapar contigo. La abandoné como si fuera mi perro. Escuché leves gritos pero los quise ignorar, me sentía como canario alborotado volando entre tus faldas, acariciándote las nalgas. Estabas tan húmeda. Giganta coqueta, borrabas mis pensamientos, vaciabas mi soledad. No sé cuanto tardamos, fue demasiado eso es seguro, a nuestra llegada ya todos lloraban. El hermano Felipe toma la escopeta y le destrozaba el cráneo a un borrego que se desangraba. Felipe me miró con desprecio, yo era el más cercano y me fui, debí defender a la familia y no lo hice. Fue la vieja sola quien los espantó. A ella ni un tiro la rozó, se quedó recargada en el corral de los marranos, le ganó el cansancio y luego la muerte. Nos venían a robar, tenemos poco, pero siempre poco es mejor que nada. También están las niñas. Pendejos si tocan a una de las muchachas, no salen vivos del pueblo. Tardé una semana en tirar lágrima por la vieja, ahora no puedo parar, tengo las manos sucias de culpa y tristeza. Te extraño tanto vieja. La Guerra | 13


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Y ahora estás tú, me carcome el miedo al dejarte sola. Miedo al corazón parpadear y que las sombras te borren la sonrisa. Son varias las imaginaciones que esta guerra me vendió, no quiero despertar de mañana y ver nuestra caña arder, toda negra y ceniza como la existencia de los malqueridos que nuestra tierra cosechó.

¡Tata perdone! Quiero ser de nuevo como aquel amante del grosero amor, sin recelo ni yerro, borracho de mi hembra, y adolorido por el sol.

Negra y ceniza Isaac Gómez Fotografía digital 20 x 20 cm. 2013

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L

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Lamentándose tardíamente Gabriela Hernández Olivares Grafito sobre opalina 2013

a Guerra como comprobación de que el absurdo existe. La Guerra que emprendemos entre tú y yo sin estar desnudos. ¿Cuál es la verdadera guerra? Dímelo; la que veo en la televisión o la que libro conmigo misma todos los días. En la que mueren niños o en la que cada vez con más alevosía aniquilas partes distintas de mí. Parece egoísta responder. Yo habito ambas y mientras más inútil siento la batalla, más blando la espada indiscriminadamente. No quiero ser parte de esto pero me rodea por todos los flancos; bajo el puente, abro las compuertas. Estoy en casa buscando el silencio y pienso en la gente que hace meses no saca los pies del lodo, en todos aquellos que lloran ya sin pudor en los periódicos, en los niños que no conocerán más que el miedo, en las madres que acunarán un manojo de ramas secas. Me siento inútil; tan débil, tan imposibilitada que invento mañas y humos para aliviarme del dolor que no debiera ser mío y sin embargo me recorre la piel. No quiero darle cabida en mi hogar, no hay motivo alguno para permitirle que se implante, por debilidad, en mi vida: ya es suficiente la guerra en todos los tiempos y espacios que me circundan. En busca de instantes inútiles de completa alegría, emprenderé todas mis batallas; en la comisura de unos labios, en los instantes de tiempo que me adueño para poseer el infinito. El dolor de los cuerpos desmembrados es tanto, que la única batalla que estoy dispuesta a emprender será recorrer kilómetros a bordo de mis piernas desnudas; conquistar cimas de dudas coronadas con interrogantes. Las únicas batallas que un cuerpo debe emprender voluntariamente son bajo las sábanas, enredado a la compañía de otro cuerpo ardiente. La única carrera: sobre la tierra húmeda y bajo las estrellas de media noche.

Eda Sofía Correa 16 | Gaceta Tijera Versión Digital | Enero - Junio 2014


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X Sin título Guillermo Deisler Serigrafía Medidas desconocidas ca. 1975

El General X S imena

antaolalla

Río Hondo, Zacapa, Guatemala, 1982. Por esas fechas, se instaló un comando del Ejército de Guatemala en Río Hondo bajo el mando del general Doroteo López Chinchilla, famoso por sus habilidades para interrogar y detectar el encubrimiento de guerrillas e insurgencias. López Chinchilla medía aproximadamente metro sesenta y cinco de estatura, de piel oscura, nariz larga y recta. Se le podían ver los vellos nasales cuidadosamente recortados, y un bigote oscuro que iba de un extremo de los labios al otro, con forma de franja rectangular y delgada, también perfectamente recortado. Sus orejas puntiagudas parecían oírlo todo. Un color amarillo turbio rodeaba sus pupilas negro azabache. La extraña delicadeza de los labios llamaba la atención; resultaban casi femeninos. El general inspiraba desconfianza. Por momentos, casi terror. Su mirada hueca y distante era lo que más desasosiego causaba. Una noche pidió reunirse con el cabecilla local, Macario. Quería tocar temas relacionados con el bien de la comunidad maya chort’i. Asustado, Macario dudó de su capacidad para hablar y rogó a su amigo Gustavo que lo acompañara.

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Encajonado I Nemesio AntÚnez Tinta sobre papel Medidas desconocidas ca. 1975

―Buenas noches señor Doroteo―apenas logró articular Macario. ―Dirígete a mi de usté, exactamente dí “General López Chinchilla”―ordenó el militar, inexpresivo. ―Chis, una disculpa. Este es don Gustavo, me acompaña a veces― balbuceó señalando a su amigo. ―No pedí hablar con ningún Gustavo, sáquelo de aquí ―dispuso Chinchilla conteniendo su ira. ―Buenas noches general López Chinchilla ―intervino Gustavo tembloroso―. En realidad soy... ―¡No recuerdo haberle platicado a éste! ―dijo el general bruscamente. Nadie se atrevió a contestarle. Transcurrieron unos segundos de silencio, mientras Chinchilla observaba a Gustavo. Sin voltear a ver a los soldados que los rodeaban, les ordenó: ―Córtenle la lengua.

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Gustavo se quedó inmóvil, con los ojos desorbitados de pavor, mientras dos militares lo asían de los brazos. Macario se echó de rodillas hacia las botas de Chinchilla, rogándole que perdonara la imprudencia de su amigo y le dejara conservar la lengua. De pronto, el general estalló en carcajadas. ―No le corten nada a este chute, chismoso. Mejor deténganme al indio pa’ cortarle un dedo por desobediente ―habló entre risas. Mientras cuatro hombres inmovilizaban a Macario, el general le serruchó uno de sus dedos meñiques. Macario aullaba del tormento, y Chinchilla no ocultaba el delicioso deleite que experimentaba al cortar la carne. Sonreía mostrando los dientes y la lengua, al tiempo que babeaba de placer. ―Llévense a lavar la mano de esta puta chiquilla para que deje de berrear como marrana en celo―dispuso― y después tráiganmelo de vuelta. Tomó el dedo meñique y lo lanzó asqueado a las llamas de una pequeña fogata que mantenían encendida. Después se dirigió hacia Gustavo. ―¿Ya vistes qué fácil es hacer chillar a un indio? ―dijo, aún con satisfacción en los ojos. ― Tú no tenés cara de indio, no eres de la comunidad ―señaló Chinchilla despectivo, viendo directo a los ojos claros de Gustavo. ― Soy solamente un miembro más de los que habitan Río Hondo, y buen amigo de Macario. Vine aquí para trabajar, sé cultivar la tierra y la gente aquí me respeta ―explicó Gustavo tembloroso, tratando de salvar su pellejo y pensando en su mujer ya embarazada de ocho meses.

De pronto, un soldado aventó a Macario dentro del establo donde tenía lugar la reunión. Macario cayó al piso, y Chinchilla le ordenó que se levantara y le explicara quién era Gustavo. ―Don López Chinchilla.... General, digo. Perdóneme... ―¡Ay ya basta de chillar! Basta de pedir perdón, o te corto los nueve dedos que te dejé ―amenazó el general―. Explícame quién es este imbécil. ―Mi general, Gustavo no es pizado, es listo. La gente aquí lo sigue ―masculló Macario entre lágrimas. ―Si te siguen a tí, pues tenés un trabajito que hacer para mí a partir de ahora, serote – anunció Chinchilla circunspecto, dirigiéndose a Gustavo―. Tú vas a ser el jefe de la nueva Patrulla de Autodefensa Civil o PAC, como a tí te venga en gana llamarla. ―Aquí no tenemos PAC, solamente he visto que las tienen en Alta Verapaz ―repuso Gustavo en voz baja. ―Pues ya fue hora de que haiga. ¿O qué? ¿Tenés guerrilleros que esconder? ―dijo el general burlonamente, haciendo una mueca macabra. ―No mi general ―respondieron al unísono Macario y Gustavo, temblando. ―¡Ni habrá! De eso yo me encargo ―gritó Chinchilla pegando en la cacha de su arma― ¡Oime bien chute! Quiero un reporte cada quince días y espero noticias y nombres de sospechosos ¿me entiendes? Siempre hay sospechosos que reportar―advirtió echando chispas de su mirada vacía.

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Si todos hicieran la guerra por convicci贸n no habr铆a guerra.

Le贸n Tolstoi

Soldado Ingrid Menocal Ilustraci贸n digital 2013

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IV

Panzós X S imena

antaolalla

Panzós, Alta Verapaz, Guatemala, 1978. El 1 de julio de 1969 nació María Elena en Río Hondo, Zacapa. Su madre hubiera querido que naciera en su ciudad natal, México. Pero sabía que al haberse casado con un patriota guatemalteco, jamás podría irse de Guatemala. Este país nos necesitan Celia, le decía su marido, Gustavo Farfán. Desde el despido injustificado de Gustavo del Ministerio de Agricultura después de quince años de servicio, “por proteger demasiado a los pinches indios sin ser uno de ellos”, la pareja había dejado la capital en búsqueda de una vida de trabajo en el campo. En el Ministerio, Gustavo era desmedidamente bonachón y ético como para ser aceptado por sus colegas. En el campo, su piel resultaba exageradamente blanca y sus ojos demasiado claros como para encajar fácilmente en la comunidad campesina.

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No era fácil vivir de la tierra, y menos laborar bajo el intenso sol y la potente lluvia. Dos pequeñas parcelas habían sido la herencia para Gustavo, una en Río Hondo, Zacapa, y una en Panzós, Alta Verapaz. Por eso María Elena creció entre esos dos hermosos pueblos, entre plantas y animales, sobre todo vacas y cerdos. Los cerdos le gustaban más que otros animales, por ser más inteligentes y juguetones. A los cerdos les gustan los retos, decía. A los cerdos les gusta aprender. Bruno era el cerdo de María Elena. Se conocieron cuando ella tenía seis años y Bruno acababa de nacer. La acompañaba a todas partes como un perro, pero aún más fiel. Él sabía su nombre y cuando su dueña le gritaba, corría hasta llegar a ella. María Elena, o Malena como le decía su papá, se sentía segura con Bruno; su madre decía que tenían una conexión espiritual. Se podían mirar a los ojos durante quince o veinte minutos seguidos y muchas veces se relajaban abrazados sobre el pasto o sobre la cama confeccionada por el propio Bruno, bastante cómoda a decir verdad, con hojas, varas, paja y algunos trapos y calcetines robados. Además sabía nadar, como todos los cerdos. Cuando Malena aprendió, tomaron por costumbre meterse a los ríos cercanos. En todo Zacapa y Alta Verapaz, nadie había visto nada igual: que un hombre tratara tan bien a los animales como don Gustavo y su familia. Para muchos, un cerdo representa simplemente la comida que prepararán en unas semanas o meses, pero no imaginan cuán leales y cariñosos pueden llegar a ser, decía Gustavo. La mayor parte del tiempo lo pasaban en Río Hondo. Sin embargo, al no querer vender

su tierra en Panzós, Gustavo la visitaba por temporadas. A veces llevaba a María Elena a la selva, donde encontraban orquídeas y gerberas de diferentes colores. Gustavo no se acostumbraba al calor y a la humedad, pero a María Elena no parecía afectarle el bochorno. Platicaba con las ceibas, caobas y chicozapote, que era su árbol favorito. Los había de hasta treinta metros de alto, y los mayas de la zona explicaban que la resina del chicle se obtiene hasta que cumplen veinticinco años de edad, para luego descansar tres años y curar sus cicatrices. A María Elena le entristecía ver chicozapotes mutilados a machetazos para sacar su resina. Algunos nunca se recuperaban y morían, y los que sanaban volvían a ser heridos cuando el plazo de cura se vencía. No tenían descanso; ni siquiera dejaban de dar fruta. Ojalá nosotros tuviéramos tres años para sanar cicatrices, le dijo un día Gustavo a Celia, y que al cumplirse los tres años ya no sintiéramos nada. María Elena escuchó pero no entendió a que se refería su padre; se preguntó si un muerto podría sanar en tres años. Se acordó de la serpiente asesinada a palos por los indios mientras trabajaban sacándole jugo blanco al chicozapote. Había muchas víboras por ahí, y daban miedo. Pero le horrorizó que la mataran de esa manera, machacando su hermosa piel color amarillo brillante, con destellos azulados. Le dijeron que se llamaba Ranera de bronce. Se repetía ese nombre en silencio, pues no la quería olvidar. Había tenido una muerte cruel, y merecía que alguien la recordara. ―Los hombres somos crueles chiquita ― le dijo Gustavo. ―¿Por qué papá? La Guerra | 25


―Porque no sabemos apreciar lo hermoso. Mira cómo avientan a la víbora, como si no valiera nada. En la mañana de un soleado día de mayo de 1978, en una ocasión en la que Gustavo se encontraba en Panzós sin su familia, alrededor de treinta soldados se instalaron en la plaza. Alegaban que los finqueros habían solicitado con urgencia la presencia del ejército, con el fin de evitar el amotinamiento de recientes concentraciones campesinas. Gustavo sabía que la mayoría de las tierras habían sido adjudicadas a latifundistas adinerados, despojando a los lugareños, en su generalidad, una población maya llamada q’eqchi’. Después de décadas de la Reforma Agraria, continuaban exigiendo que se les regresara aquello que había sido suyo. Ahora el descontento de los q’eqchi’ alcanzaba su cúspide, intentarían recuperar la tierra mediante una protesta de casi trescientas personas provenientes de Cahaboncito, Rubetzul y Sepacay. Gustavo vio salir a uno de sus vecinos de su choza. Era Lucho. Pómulos vistosos, cara delgadísima. Su piel café oscura rayada de lado a lado, casi como una cuadrícula, reflejaba largos años de trabajo bajo el sol. ―Oye Lucho, ¿qué pasa en la plaza? ¿por qué tanto soldado? ―le preguntó Gustavo. ―Pos ahí los llamaron o eso dijieron. ―¿Quiénes los llamaron? ―Yo creo los finqueros. ―¿Por qué, tú? ―Creo les dio miedo y se armaran revueltas. A Lucho le costaba trabajo hablar fluido el español, que había aprendido de oídas y practicando. Su idioma era el quekchí. A Gustavo le daba vergüenza no saber hablar quekchí. No

le gustaba presionar a Lucho para que hablara claro en español. ―¿Una revuelta? ―Pos eso dijieron. Mucho campesino hemos bajando de las aldeas pa’ hablar con la gente del municipio. Con sólo ver a Lucho a los ojos, se lograba advertir gran parte de la esencia de su vida. Cansancio, incertidumbre, desesperanza. Nunca nadie lo había tratado con afecto o calidez. Toda su vida había transcurrido entre carencias, frustraciones y malos tratos. ¿Cómo es que la mirada podía decir tantas cosas, si todos los ojos parecían ser iguales? ―Mañana quieremos hablar, pa’ que nos devuelvan tierras ―continuó Lucho. ―Ah, eso es bueno. Exijan lo que les pertenece. ―Sí, y dijieron que el gobierno sí va dialogar. ―Eso espero. Pero entonces ¿por qué tantos militares, si sólo van a dialogar? ―Pos los finqueros no quierían compartir tierra, y llamaron a militares. ―¿Crees que sea peligroso? ―No creo, Don Gustavo. ―¿Por qué no lo crees? Gustavo se empezaba a desesperar, queriendo saberlo todo en ese momento y sin saber cómo hacer hablar más rápido a Lucho. ―Nosotros amos en paz. Solo pa’ blar. Pero pos quién sabe, los militares son muy malos, Don Gustavo. ―¿Por qué lo dices? ―Pos porque hacen cosas malas. ―¿Cómo cuáles? ―preguntó Gustavo con impaciencia. ―Antes que usté se viniera esta semana pa’cá, amarraron a una familia dentro de su casa. ―¿Y qué pasó con ellos?

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Mirada egipcia Ingrid Fugellie Gezan Fotocopia intervenida 28 x 21.5 cm. 2013

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―Jué en un pueblo cercas. ―¿Y? ―Pos no sé qué habrán hecho, pos luego les echaron fuego a la casa y se quemaron vivos. Gustavo recordó una nota en el Diario de Centro América, que mencionaba un incendio en Trece Aguas. Lo extraño era que alababa la ayuda ofrecida por el ejército, salvando a varias familias en peligro de quemarse vivas. ¿Sería una historia inventada para ocultar lo que realmente había sucedido? ¿O Lucho estaría contando chismes infundados? ―¿Estás seguro de que los quemaron vivos a propósito? Gustavo creyó no haber entendido. Pidió a Lucho que lo repitiera. Soltó una risotada de puros nervios. No podía asimilarlo. Tal vez eran ciertos los rumores. El del hombre al que le arrancaron las uñas, el de la mujer a la que violaron seis soldados, o el de la muchacha a la que le cortaron las orejas y que las traía dentro de las bolsas de su falda. ―¿Por qué crees que los quemaron? ―preguntó. ―No, pos eso sí quién sabe. ―¿Pero qué has escuchado? ―Según que dos de los chamacos fueran de la guerrilla. ―¿Cómo sabían que eran guerrilleros? ―Alguien lo dijo. Un vecino. No sé por qué quemaron a los siete. ―¿A los siete? ―Cinco hermanos y los apás. ―¿Y sólo dos de ellos eran insurgentes? ―Pos eso dicen. Durante unos minutos, los dos hombres se quedaron callados viendo al par de gallinas que tenía Lucho. No hacían más que picar granos. Vida envidiable, sin preocupaciones.

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―Lucho, no vaya a ser que pase algo. Mejor quédate en tu choza. ―No puedo. ―¿Por qué no puedes? ―Ya quedamos todos. Estar ahí mañana y dialogar, no más. ―¿Cuántos militares hay? ―Son como treintas. ―Ustedes son muchos más, pero no tienen armas. Aunque si se trata de hablar con el presidente municipal, no tiene por qué pasar nada. Gustavo tenía pensado regresar con su familia a Río Hondo hasta dentro de dos días. Sentía miedo. ¿Qué pasaría si esos militares estaban ahí para matar a la gente? No, no era plausible. La protesta del día siguiente sería pacífica, y él se quedaría en su parcela a las afueras del pueblo, lejos de la plaza. Permaneció sentado en su cabaña pensando en lo que Lucho había contado. ¿Por qué incendiaron la casa con la familia entera adentro? ¿Serían todos guerrilleros? Probablemente. Es por eso que era importante obedecer las órdenes del gobierno. No creerse más listo y desobedecer. Finalmente se levantó a trabajar un rato antes que anocheciera. Al amanecer se asomó por la ventana y vio cómo Lucho salía de su choza cargando un machete. Jamás hubiera podido imaginar que aquél sería el último amanecer que vería desde su ventana, en su querido pedazo de tierra de Panzós.

Lám. Págs. 24, 28-29

La guerra y la paz Ingrid Fugellie Gezan Acuarela y tinta sobre papel 28 x 21.5 cm. 2013

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Siguió a Lucho con la mirada. Iba camino a la plaza del pueblo. Pensó hablarle para que no llevara armas y evitar cualquier malentendido, pero no dijo nada. La mañana transcurrió como de costumbre. Hacía calor, su camisa ya estaba empapada de sudor a las diez de la mañana, y la ropa que había lavado el día anterior seguía húmeda. Se oían las moscas sobrevolando el plato con restos de comida. Ningún otro sonido. Todo parecía en orden, demasiado tranquilo. De pronto, alrededor de las once de la mañana, vio sobrevolar un helicóptero en Panzós. Era extraño. Seguramente un enfermo requería de atención urgente. Alguien del municipio. Siguió trabajando, quería terminar temprano. Extrañaba a su mujer y a su hija. Escuchó un sonido cortado pero a la vez constante e invariable; detuvo lo que estaba haciendo. Parecían balas. Las metralle-

tas de los militares, pensó. Aunque podría ser otra cosa. Cohetes. Caminó lentamente en dirección a la plaza, agudizando el oído. Pasaron largos minutos y el sonido continuaba. Un ritmo chocante. Inaguantable. ¿Qué estaba pasando en la plaza? ¿Qué habían hecho los indios? De pronto, volvió a hacerse un completo silencio. A pesar del sudor que corría por su espalda, sintió frío. Por unos segundos creyó que no podría moverse, las piernas le pesaban, como encajadas en la tierra. El estómago ardía, pero no se dio cuenta. Tampoco notó que el cuerpo le temblaba. Abrió más grandes los ojos, como esperando ver algo. De pronto, vio correr a unas veinte personas hacia el monte. Su respiración se aceleró y sintió cómo sus piernas se aligeraban. Unos segundos después, vio pasar corriendo a otras personas.

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Cuerpo en juego Ingrid Fugellie Gezan Tinta sobre papel impreso 21.5 x 28 cm. 2013

Esta vez eran más. Sin pensarlo, soltó la pala que traía en las manos y se echó a correr tras ellos. Corrieron monte adentro, como huyendo de algo funesto. Siguieron corriendo hasta sentirse agotados. “¿Qué pasa?, ¿qué pasa?”, preguntaba Gustavo desesperado, aunque en su interior sabía qué había sucedido. Parecía que habían llegado lejos, nadie los seguía. Nadie hablaba, unos lloraban, otros solo se abrazaban el cuerpo o se tapaban la cara. Gustavo se horrorizó al ver que muchos sangraban o estaban manchados, cubiertos de sangre. Otros salpicados. Se hizo un largo silencio y así continuó muchas horas. Llegó la noche, y con ella millones de estrellas. Era difícil ver la belleza de ese cielo iluminado después de la masacre. ¿Cómo podía coexistir hermosura tan perfecta con lo que estaba sucediendo en Panzós? Resultaba irreal. Comenzaron a oírse grillos y otros animales. Gustavo cerró los ojos e intentó distinguir algún sonido humano, algo que pudiera ser peligroso. Sólo se escuchaba el ruido de la selva. Por ahí existían todo tipo de aves, incluso quetzales. También venados de cola blanca y micos. ¿Estarían disfrutando la noche, ajenos a todo? Hacía fresco, incluso comenzaba a enfriar bastante. Las mujeres intentaban calentarse entre ellas, acercándose o acurrucándose. Se alcanzaba a ver el verde de las hojas por la brillante luz de luna que las alumbraba.

Seguían teniendo miedo de ser perseguidos, a pesar de que ya había anochecido y no se escuchaba nada extraño. Nadie quería hablar, por miedo a ser descubierto y asesinado. Algunos ni siquiera se atrevían a moverse. Nadie miraba la luna o las estrellas. Ya nadie lloraba. Algunos sollozaban en voz baja. Otros se agarraban de las manos, otros más se apartaban para estar solos. De pronto, unos pocos comenzaron a murmurar. ―¿Qué sucedió en la plaza? ¿Alguien vio a mi vecino Don Lucho? ―preguntó Gustavo. ―Calladito llegando taba yo, cuando pasa el helicóptero encima de la plaza. Luego se jué y después regresó ―comenzó un hombre de unos sesenta años. ―Vi al helicóptero desde mi cabaña. Vi que rodeaba el pueblo, pero ¿qué era ese ruido que se escuchaba? ―Ya después regresó, y todos veíamos pa’ rriba. Taba cerca, muy cerca de nosotros y se oía juerte. El dejó de hablar, y un joven que estaba sentado cerca continuó. ―Yo me escondía de un lado, y luego me escondía del otro. Pero ya después sentí que no había pa’ onde esconderse. ―¿Esconderse de qué? ―insistió Gustavo abiertamente desesperado. ―De los militares, nos querían matar a todos. A mí me quisieron disparar en el mero pecho pero no le atinaron, ire usté ―dijo llorando a la vez que mostraba un rasguño de bala en el brazo izquierdo―, aquí me lastimaron y me fui cayendo cuando se acercaron otros y todavía me patearon en el piso. Ya no me remataron. ―Nos dispararon a todos los que ándabamos en la plaza, desde las esquinas y los techos. La Guerra | 31


Visión objetiva Ingrid Fugellie Gezan Mixta sobre papel impreso 15 x 21 cm. aprox. 2002

Yo vi que había soldados en los techos, con metrallas también. No sé por qué nos dispararon, nosotros tábamos viendo al helicóptero ―dijo el primer hombre, con los ojos saltones y la respiración entrecortada. Gustavo no sabía qué creer. No era posible que les dispararan de esa manera. Tenía que haber una razón, debían de haber hecho algo. Probablemente algunos amenazaban con sus machetes, y no quedó otra más que dispararles. ―¿Nadie usó sus machetes? ―Los usamos cuando nos empezaron a disparar, pero no pudimos defendernos. Ellos traían armas. ―Creen que son guerrilleros, ¿por qué? ―

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continuó Gustavo con el mismo todo de voz exasperado. ―Nosotros no sabemos por qué ―dijo el hombre, desconcertado. ―¿Y alguien vio a Lucho? Nadie contestó. Gustavo percibía un fuerte olor a metal. Se había vuelto insoportable durante el calor de la tarde, pero ahora se disipaba bastante. Era un olor penetrante, a sangre. ―Me salió sangre de a poco, pero no ha dejado de salir, de a muy poco. No aguanto más el olor ―dijo berreando el muchacho de antes. ―¿A qué huele? ―preguntó alguien. ―Pus me la huelo y huele a metal, y cuando la probé mi propia sangre sabe a metal, es algo muy raro, ayúdenme con esto. ―¿Cómo? ―Pus decirme si la sangre de usté huele a metal, pa’ saber si en cualquier parte de mi cuerpo que salga sangre huele y sabe a metal, no es sólo mi brazo. ―Es la de todos. La mayoría de la gente había perdido a alguna persona durante la huída. Muchos no sabían qué había sido de sus padres, hermanos, hijos, vecinos, amigos. Querían regresar a buscarlos, pero no podían arriesgarse. ―Tenemos que volver por los demás, no sé ónde quedó mi marido ―dijo una joven mujer, histérica. ―Yo no sé ónde quedó mi hermana ―dijo otra, sollozando. ―No podemos regresar ahora. Los militares siguen ahí. Deben seguir ahí rematando a los que quedaron, y si volvemos nos van a disparar a nosotros ―argumentó Gustavo, firme. ―¿Pero hasta cuándo podremos regresar? ―

preguntó la primera mujer entre lágrimas. ―No lo sé, pero no hoy, ni mañana. ―Tenemos que volver pa’ ayudar a los demás. Si no, nos los van a matar. Quedaron muchos allá. Algunos dentro de las casas y otros en las calles, porque cerraron las avenidas principales. Si no volvemos, los asesinarán a todos ― habló alterado el joven. ―Ya los mataron a todos ― sentenció una vieja que chillaba por sus hijos. ―Sí, a todos los mataron. A todos ―dijo otra voz, pero no se alcanzó a ver quién era. Nadie pudo dormir más de una hora seguida. Por la mañana, la mayoría decidió quedarse en el monte. Gustavo necesitaba ver a su esposa y a su hija, no fuera a ser que hubiera militares en Río Hondo. Decidió esperar, y al tercer día bajó del monte y se acercó a su casita cuando estaba ya oscureciendo. Quedaba lejos de la plaza de Panzós, y suponía que los militares no estarían ahí. Pasó primero por la cabaña de su vecino con la esperanza de verlo. No había nadie, pero lo más aterrador fue ver que los soldados habían matado a todos los animales. No quedaba uno solo vivo de entre las dos gallinas, el cerdo y los tres perros. Todos balaceados. Ya atascados de moscas comiendo entrañas, comenzaban a despedir un fuerte olor a descompuesto. Gustavo salió corriendo de ahí, y al comprobar que habían quemado su coche, no se atrevió a entrar a su casucha. Siguió corriendo entre los árboles sin saber a dónde ir. Sintió cómo le salían lágrimas descontroladamente, y sólo un pensamiento pasaba por su mente: a todos los mataron, a todos.

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El

porque de la

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g


Sellos Alejandra Aguilar Estilógrafo sobre papel 10 x 12 cm. 2013

Viena, septiembre de 1932.

guerra

Estimado señor Einstein:

Sigmund Freud

C

uando me enteré de que usted se proponía invitarme a cambiar ideas sobre un tema que ocupaba su interés y que también le parecía ser digno del ajeno, manifesté complacido mi aprobación. Sin embargo, esperaba que usted elegiría un problema próximo a los límites de nuestro actual conocimiento, un problema ante el que cada uno de nosotros, el físico como el psicólogo, pudiera labrarse un acceso especial, de modo que, acudiendo de distintas procedencias, se encontrasen en un mismo terreno. En tal expectativa, me sorprendió su pregunta: ¿Qué podría hacerse para evitar a los hombres el destino de la guerra? Al principio quedé asustado bajo la impresión de mi –casi hubiera dicho: “de nuestra”– incompetencia, pues aquélla parecíame una tarea práctica que corresponde a los hombres de Estado. Pero luego comprendí que usted no planteaba la pregunta en tanto que La Guerra | 35


“Derecho y fuerza son hoy para nosotros antagónicos, pero no es difícil demostrar que el primero surgió de la segunda...”

Silueta Alejandra Aguilar Estilógrafo sobre papel 10 x 10 cm. 2013

investigador de la Naturaleza y físico, sino como amigo de la Humanidad, respondiendo a la invitación de la Liga de las Naciones, a la manera de Fridtjof Nansen, el explorador del Ártico que tomó a su cargo la asistencia de las masas hambrientas y de las víctimas refugiadas de la Guerra Mundial. Además, reflexioné que no se me pedía la formulación de propuestas prácticas, sino que sólo había de bosquejar cómo se presenta a la

consideración psicológica el problema de prevenir las guerras. Pero usted en su misiva ha expresado ya casi todo lo que podría decir al respecto. En cierta manera, usted me ha sacado el viento de las velas, pero de buen grado navegaré en su estela y me limitaré a confirmar cuanto usted enuncia, tratando de explayarlo según mi mejor ciencia o presunción. Comienza usted con la relación entre el derecho y el poder: he aquí, por cierto, el punto de partida más adecuado para nuestra investigación. ¿Puedo sustituir la palabra “poder” por el término, más rotundo y más duro, “fuerza”? Derecho y fuerza son hoy para nosotros antagónicos, pero no es difícil demostrar que el primero surgió de la segunda, y retrocediendo hasta los orígenes arcaicos de la Humanidad para observar cómo se produjo este fenómeno, la

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solución del enigma se nos presenta sin esfuerzo. No obstante, perdóneme usted si en lo que sigue paso revista, como si fuesen novedades, a cosas conocidas y admitidas por todo el mundo: el hilo de mi exposición me obliga a ello. De modo que, en principio, los conflictos de intereses entre los hombres son solucionados mediante el recurso de la fuerza. Así sucede en todo el reino animal, del cual el hombre no habría de excluirse, pero en el caso de éste se agregan también conflictos de opiniones que alcanzan hasta las mayores alturas de la abstracción y que parecerían requerir otros recursos para su solución. En todo caso, esto sólo es una complicación relativamente reciente. Al principio, en la pequeña horda humana, la mayor fuerza muscular era la que decidía a quién debía pertenecer alguna cosa o la voluntad de quién debía llevarse a cabo. Al poco tiempo la fuerza muscular fue reforzada y sustituida por el empleo de herramientas: triunfó aquel que poseía las mejores armas o que sabía emplearlas con mayor habilidad. Con la adopción de las armas, la superioridad intelectual ya comienza a ocupar la plaza de la fuerza muscular bruta, pero el objetivo final de la lucha sigue siendo el mismo: por el daño que se le inflige o por la aniquilación de sus fuerzas, una de las partes contendientes ha de ser obligada a abandonar sus pretensiones o su oposición. Este objetivo se alcanza en forma más completa cuando la fuerza del enemigo queda definitivamente eliminada, es decir, cuando se lo mata. Tal resultado ofrece la doble ventaja de que el enemigo no puede iniciar de nuevo su oposición y de que el destino sufrido sirve como escarmiento, desanimando a otros que pretendan seguir su ejemplo. Finalmente, la

muerte del enemigo satisface una tendencia instintiva que habré de mencionar más adelante. En un momento dado, al propósito homicida se opone la consideración de que respetando la vida del enemigo, pero manteniéndolo atemorizado, podría empleárselo para realizar servicios útiles. Así, la fuerza, en lugar de matarlo, se limita a subyugarlo. Este es el origen del respeto por la vida del enemigo, pero desde ese momento el vencedor hubo de contar con los deseos latentes de venganza que abrigaban los vencidos, de modo que perdió una parte de su propia seguridad. Por consiguiente, ésta es la situación original: domina el mayor poderío, la fuerza bruta o intelectualmente fundamentada. Sabemos que este régimen se modificó gradualmente en el curso de la evolución que algún camino condujo de la fuerza al derecho; pero, ¿cuál fue este camino? Yo creo que sólo pudo ser uno: el que pasa por el reconocimiento de que la fuerza mayor de un individuo puede ser compensada por la asociación de varios más débiles. L’union fait la force. La violencia es vencida por la unión; el poderío de los unidos representa ahora el derecho, en oposición a la fuerza del individuo aislado. Vemos, pues, que el derecho no es sino el poderío de una comunidad. Sigue siendo una fuerza dispuesta a dirigirse contra cualquier individuo que se le oponga; recurre a los mismos medios, persigue los mismos fines; en el fondo, la diferencia sólo reside en que ya no es el poderío del individuo el que se impone, sino el de un grupo de individuos. Pero es preciso que se cumpla una condición psicológica para que pueda efectuarse este pasaje de la violencia al nuevo derecho: la unidad del grupo ha de ser permanente, duradera. Nada La Guerra | 37


se habría alcanzado si la asociación sólo se formara para luchar contra un individuo demasiado poderoso, desmembrándose una vez vencido éste. El primero que se sintiera más fuerte trataría nuevamente de dominar mediante su fuerza, y el juego se repetiría sin cesar. La comunidad debe ser conservada permanentemente; debe organizarse, crear preceptos que prevengan las temidas insubordinaciones; debe designar organismos que vigilen el cumplimiento de los preceptos –leyes– y ha de tomar a su cargo la ejecución de los actos

asociación determinan entonces en qué medida cada uno de sus miembros ha de renunciar a la libertad personal de ejercer violentamente su fuerza para que sea posible una segura vida en común. Pero esta situación pacífica sólo es concebible teóricamente, pues en la realidad es complicada por el hecho de que desde un principio la comunidad está formada por elementos de poderío dispar, por hombres y mujeres, hijos y padres, y al poco tiempo, a causa de guerras y conquistas, también por vencedores y vencidos que se convierten en amos y

“...el derecho no es sino el poderío de una comunidad. Sigue siendo una fuerza dispuesta a dirigirse contra cualquier individuo que se le oponga...” de fuerza legales. Cuando los miembros de un grupo humano reconocen esta comunidad de intereses aparecen entre ellos vínculos afectivos, sentimientos gregarios que constituyen el verdadero fundamento de su poderío. Con esto, según creo, ya está dado lo esencial: la superación de la violencia por la cesión del poderío a una unidad más amplia, mantenida por los vínculos afectivos entre sus miembros. Cuanto sucede después no son sino aplicaciones y repeticiones de esta fórmula. El estado de cosas no se complica mientras la comunidad sólo conste de cierto número de individuos igualmente fuertes. Las leyes de esta

esclavos. El derecho de la comunidad se torna entonces en expresión de la desigual distribución del poder entre sus miembros; las leyes serán hechas por y para los dominantes y concederán escasos derechos a los subyugados. Desde ese momento existen en la comunidad dos fuentes de conmoción del derecho, pero que al mismo tiempo lo son también de nuevas legislaciones. Por un lado, algunos de los amos tratarán de eludir las restricciones de vigencia general, es decir, abandonarán el dominio del derecho para volver al dominio de la violencia; por el otro, los oprimidos tenderán constantemente a procurarse mayor poderío y

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querrán que este fortalecimiento halle eco en el derecho, es decir, que se progrese del derecho desigual al derecho igual para todos. Esta última tendencia será tanto más poderosa si en el ente colectivo se producen realmente desplazamientos de las relaciones de poderío, como acaecen a causa de múltiples factores históricos. En tal caso el derecho puede adaptarse paulatinamente a la nueva distribución del poderío o, lo que es más frecuente, la clase dominante se negará a reconocer esta transformación y se llega a la rebelión, a la guerra

civil, es decir, a la supresión transitoria del derecho y a renovadas tentativas violentas que, una vez transcurridas, pueden ceder el lugar a un nuevo orden legal. Aún existe otra fuente de la evolución legal que sólo se manifiesta en forma pacífica: se trata del desarrollo cultural de los miembros de la colectividad; pero ésta pertenece a un conexo que no habremos de considerar sino más adelante. Vemos, por consiguiente, que hasta dentro de una misma colectividad no se puede evitar la solución violenta de los conflictos de intere-

Sellos (Fragmento) Alejandra Aguilar Estilógrafo sobre papel 10 x 12 cm. 2013

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Sellos (Fragmento) Alejandra Aguilar Estilógrafo sobre papel 10 x 12 cm. 2013

ses. Sin embargo, las necesidades y los fines comunes que resultan de la convivencia en el mismo terreno favorecen la terminación rápida de esas luchas, de modo que en estas condiciones aumenta sin cesar la probabilidad de que se recurra a medios pacíficos para resolver los conflictos. Pero una ojeada a la Historia de la Humanidad nos muestra una serie ininterrumpida de conflictos entre una comunidad y otra u otras, entre conglomerados mayores o menores, entre ciudades, comarcas, tribus, pueblos, Estados; conflictos que casi invariablemente fueron decididos por el cotejo bélico de las respectivas fuerzas. Semejantes guerras terminan, ya en el saqueo, ya en el completo sometimiento y en la conquista de una de las partes contendientes. No es lícito juzgar con el mismo criterio todas las guerras de conquista. Algunas, como las de los mogoles y de los turcos, sólo

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llevaron a calamidades; otras, en cambio, a la conversión de la violencia en el derecho, al establecimiento de entes mayores, en cuyo seno quedó eliminada la posibilidad del despliegue de fuerzas, solucionándose los conflictos mediante un nuevo orden legal. Así, las conquistas de los romanos legaron la preciosa pax romana a los pueblos mediterráneos. Las tendencias expansivas de los reyes franceses crearon una Francia pacíficamente unida y próspera. Aunque parezca paradójico, es preciso

cara numerosas y aun continuadas guerras pequeñas por conflagraciones menos frecuentes, pero tanto más devastadoras. Aplicando mis reflexiones a las circunstancias actuales, llego al mismo resultado que usted alcanzó por una vía más corta. Sólo es posible impedir con seguridad las guerras si los hombres se ponen de acuerdo en establecer un poder central, al cual se le conferiría la solución de todos los conflictos de intereses. Esta formulación involucra, sin duda, dos condicio-

"El derecho de la comunidad se torna entonces en expresión de la desigual distribución del poder entre sus miembros; las leyes serán hechas por y para los dominantes..." reconocer que la guerra bien podría ser un recurso apropiado para establecer la anhelada paz “eterna”, ya que es capaz de crear unidades tan grandes que una fuerte potencia alojada en su seno haría imposibles nuevas guerras. Pero en realidad la guerra no sirve para este fin, pues los éxitos de la conquista no suelen ser duraderos; las nuevas unidades generalmente vuelven a desmembrarse a causa de la escasa coherencia entre las partes unidas por la fuerza. Además, hasta ahora la conquista sólo pudo

nes: la de que sea creada semejante instancia superior, y la de que se le confiera un poderío suficiente. Cualquiera de las dos, por sí sola, no bastaría. Ahora bien: la Liga de las Naciones fue proyectada como una instancia de esta especie, pero no se realizó la segunda condición: no posee poderío autónomo, y únicamente lo obtendría si los miembros de la nueva unidad, los distintos Estados, se la confiriesen. No hay duda que actualmente son muy escasas las probabilidades de que tal cosa suce-

crear uniones incompletas, aunque amplias, cuyos conflictos interiores favorecieron aún más las decisiones violentas. Así, todos los esfuerzos bélicos sólo llevaron a que la Humanidad tro-

da. Con todo, se juzgaría mal a la institución de la Liga de las Naciones si no se reconociera que nos encontramos ante un ensayo pocas veces emprendido en la Historia de la HuLa Guerra | 41


Sellos (Fragmento) Alejandra Aguilar Estilógrafo sobre papel 10 x 12 cm. 2013

manidad y quizá jamás intentado en semejante escala. Se trata de una tentativa para ganar, mediante la invocación de ciertas posiciones ideales, la autoridad –es decir, el poder de influir perentoriamente– que en general se desprende del poderío. Hemos visto que una comunidad humana se mantiene unida merced a dos factores: el imperio de la violencia y los lazos afectivos –técnicamente los llamados “identificaciones”– que ligan a sus miembros. Desapareciendo uno de aquéllos, el otro podrá posiblemente mantener unida a la comunidad. Desde luego, las mencionadas ideas sólo poseen trascendencia si expresan importantes intereses comunes a todos los individuos. Cabe preguntarse entonces cuál será su fuerza. La Historia nos enseña que pudieron ejercer, en efecto, considerable influencia. Así, por ejemplo, la idea panhelénica, la consciencia de ser superiores a los bárbaros vecinos, idea tan poderosamente expresada en las anfictionías, en los oráculos y en los juegos festivos, fue suficientemente fuerte como para suavizar las costumbres guerreras de los griegos, pero no alcanzó a impedir los conflictos bélicos entre las unidades del pueblo heleno y, lo que es más, tampoco pudo evitar que una ciudad o confederación de ciudades se alia-

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"Por consiguiente, parece que la tentativa de de sustituir el poderío real por el poderío de las ideas está condenada por el momento al fracaso." ra con el poderoso enemigo persa en perjuicio de un rival. Análogamente, el sentimiento de la comunidad cristiana, sin duda alguna poderoso, no tuvo fuerza suficiente para impedir que durante el Renacimiento pequeños y grandes Estados cristianos solicitaran en sus guerras mutuas el auxilio del sultán. Tampoco en nuestra época existe una idea a la cual pudiera atribuirse semejante autoridad unificadora. El hecho de que actualmente los ideales nacionales que dominan a los pueblos conducen a un efecto contrario, es demasiado evidente. Ciertas personas predicen que sólo la aplicación general de la ideología bolchevique podría poner fin a la guerra, pero seguramente aún nos encontramos hoy muy alejados de este objetivo, y quizá sólo podríamos alcanzarlo a través de una terrible guerra civil. Por consiguiente, parece que la tentativa de sustituir el poderío real por el poderío de las ideas está condenada por el momento al fracaso. Se hace un cálculo errado si no se tiene en cuenta que el derecho fue originalmente fuerza bruta y que aún no puede renunciar al apoyo de la fuerza. Puedo pasar ahora a glosar otra de sus proposiciones. Usted expresa su asombro por

el hecho de que sea tan fácil entusiasmar a los hombres para la guerra, y sospecha que algo, un instinto del odio y de la destrucción, obra en ellos facilitando ese enardecimiento. Una vez más, no puedo sino compartir sin restricciones su opinión. Nosotros creemos en la existencia de semejante instinto, y precisamente durante los últimos años hemos tratado de estudiar sus manifestaciones. Permítame usted que exponga por ello una parte de la teoría de los instintos a la que hemos llegado en el psicoanálisis después de muchos tanteos y vacilaciones. Nosotros aceptamos que los instintos de los hombres no pertenecen más que a dos categorías: o bien son aquellos que tienden a conservar y a unir –los denominamos “eróticos”, completamente en el sentido del Eros del Symposion platónico, o “sexuales”, ampliando deliberadamente el concepto popular de la sexualidad–, o bien son los instintos que tienden a destruir y a matar: los comprendemos en los términos “instintos de agresión” o “de destrucción”. Como usted advierte, no se trata más que de una transfiguración teórica de la antítesis entre el amor y el odio, universalmente conocida y quizá relaLa Guerra | 43


Sellos (Fragmento) Alejandra Aguilar Estilógrafo sobre papel 10 x 12 cm. 2013

cionada primordialmente con aquella otra, entre atracción y repulsión, que desempeña un papel tan importante en el terreno de su ciencia. Llegados aquí, no nos apresuremos a introducir los conceptos estimativos de “bueno” y “malo”. Uno cualquiera de estos instintos es tan imprescindible como el otro, y de su acción conjunta y antagónica surgen las manifestaciones de la vida. Ahora bien: parece que casi nunca puede actuar aisladamente un instinto perteneciente a una de estas especies, pues siempre aparece ligado –como decimos nosotros “fusionado”– con cierto componente originario del otro, que modifica su fin y que en ciertas circunstancias es el requisito ineludible para que este fin pueda ser alcanzado. Así, el instinto de conservación, por ejemplo, sin duda es de índole erótica, pero justamente él precisa disponer de la agresión para efectuar su propósito. Análogamente, el instinto del amor objetal necesita un complemento del instinto de posesión para lograr apoderarse de su objeto. La dificultad para aislar en sus manifestaciones ambas clases de instintos es la

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que durante tanto tiempo nos impidió reconocer su existencia. Si usted está dispuesto a acompañarme otro trecho en mi camino, se enterará de que los actos humanos aún presentan otra complicación de índole distinta a la anterior. Es sumamente raro que un acto sea obra de una única tenden-

ellos el placer de la agresión y de la destrucción: innumerables crueldades de la Historia y de la vida diaria destacan su existencia y su poderío. La fusión de estas tendencias destructivas con otras eróticas e ideales facilita, naturalmente, su satisfacción. A veces, cuando oímos hablar de los horrores de la Historia, nos parece que las

"...los instintos de los hombres no pertenecen más que a dos categorías: o bien son aquellos que tienden a conservar y a unir... o bien son los instintos que tienden a destruir y a matar..." cia instintiva, que por otra parte ya debe estar constituida en sí misma por Eros y destrucción. Por el contrario, generalmente es preciso que coincidan varios motivos de estructura análoga para que la acción sea posible. Uno de sus colegas de usted, un cierto profesor G. Ch. Lichtenberg, que en los tiempos de nuestros clásicos enseñaba física en Göttingen, ya lo sabía, quizá porque era aún más eximio psicólogo que físico. Inventó la “rosa de los móviles”, al escribir: “Los móviles de los actos humanos pueden disponerse como los 32 rumbos de la rosa náutica, y sus nombres se forman de manera análoga; por ejemplo: “pan-pan-gloria, o gloria-gloria-pan”. Por consiguiente, cuando los hombres son incitados a la guerra habrá en ellos gran número de motivos –nobles o bajos, de aquellos que se suele ocultar y de aquellos que no hay reparo en expresar– que responderán afirmativamente; pero no nos proponemos revelarlos todos aquí. Seguramente se encuentra entre

motivaciones ideales sólo sirvieron de pretexto para los afanes destructivos; en otras ocasiones, por ejemplo frente a las crueldades de la Santa Inquisición, opinamos que los motivos ideales han predominado en la consciencia, suministrándoles los destructivos un refuerzo inconsciente. Ambos mecanismos son posibles. Temo abusar de su interés, embargado por la prevención de la guerra y no por nuestras teorías. Con todo, quisiera detenerme un instante más en nuestro instinto de destrucción, cuya popularidad de ningún modo corre pareja con su importancia. Sucede que mediante cierto despliegue de especulación hemos llegado a concebir que este instinto obra en todo ser viviente, ocasionando la tendencia de llevarlo a su desintegración, de reducir la vida al estado de la materia inanimada. Merece, pues, en todo sentido la designación de instinto de muerte, mientras que los instintos eróticos representan las tendencias hacia la La Guerra | 45


vida. El instinto de muerte se torna instinto de destrucción cuando, con la ayuda de órganos especiales, es dirigido hacia afuera, hacia los objetos. El ser viviente protege en cierta manera su propia vida destruyendo la vida ajena. Pero una parte del instinto de muerte se mantiene activa en el interior del ser; hemos tratado de explicar gran número de fenómenos normales y patológicos mediante esta interiorización del instinto de destrucción. Hasta hemos cometido la herejía de atribuir el origen de nuestra conciencia moral a tal orientación interior de la agresión. Como usted advierte, el hecho de que este proceso adquiera excesiva magnitud es motivo para preocuparnos; sería directamente nocivo para la salud, mientras que la orientación de dichas energías instintivas hacia la destrucción en el mundo exterior alivia al ser viviente, debe producirle un beneficio. Sirva esto como excusa biológica de todas las tendencias malignas y peligrosas contra las cuales luchamos. No dejemos de reconocer que son más afines a la Naturaleza que nuestra resistencia contra ellas, la cual por otra parte también es preciso explicar. Quizá haya adquirido usted la impresión de que nuestras teorías forman una suerte

de mitología, y si así fuese, ni siquiera sería una mitología grata. Pero, ¿acaso no se orientan todas las ciencias de la Naturaleza hacia una mitología de esta clase? ¿Acaso se encuentra usted hoy en la física en distinta situación? De lo que antecede derivamos para nuestros fines inmediatos la conclusión de que serán inútiles los propósitos para eliminar las tendencias agresivas del hombre. Dicen que en regiones muy felices de la Tierra, donde la Naturaleza ofrece pródigamente cuanto el hombre necesita para su subsistencia, existen pueblos cuya vida transcurre pacíficamente, entre los cuales se desconoce la fuerza y la

"El ser viviente protege en cierta manera su

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propia vida destruyendo la vida ajena.”

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agresión. Apenas puedo creerlo, y me gustaría averiguar algo más sobre esos seres dichosos. También los bolcheviques esperan que podrán eliminar la agresión humana asegurando la satisfacción de las necesidades materiales y estableciendo la igualdad entre los miembros de la comunidad. Yo creo que eso es una ilusión. Por ahora están concienzudamente armados y mantienen unidos a sus partidarios, en medida no escasa, por el odio contra todos los ajenos. Por otra parte, como usted mismo advierte, no se trata de eliminar del todo las tendencias agresivas humanas; se puede intentar desviarlas, al punto que no necesiten buscar su expresión en la guerra. Partiendo de nuestra mitológica teoría de los instintos, hallamos fácilmente una fórmula que contenga los medios indirectos para combatir la guerra. Si la disposición a la guerra es un producto del instinto de destrucción, lo más fácil será apelar al antagonista de ese instinto: al Eros. Todo lo que establezca vínculos afectivos entre los hombres debe actuar con-

tra la guerra. Estos vínculos pueden ser de dos clases. Primero, los lazos análogos a los que nos ligan a los objetos del amor, aunque desprovistos de fines sexuales. El psicoanálisis no precisa avergonzarse de hablar aquí de amor, pues la religión dice también, “ama al prójimo como a ti mismo”. Esto es fácil exigirlo, pero difícil cumplirlo. La otra forma de vinculación afectiva es la que se realiza por identificación. Cuando establece importantes elementos comunes entre los hombres, despierta tales sentimientos de comunidad, identificaciones. Sobre ellas se funda en gran parte la estructura de la sociedad humana. Usted se lamenta de los abusos de la autoridad, y eso me suministra una segunda indicación para la lucha indirecta contra la tendencia a la guerra. El hecho de que los hombres se dividan en dirigentes y dirigidos es una expresión de su desigualdad innata e irremediable. Los subordinados forman la inmensa mayoría, necesitan una autoridad que adopte para ellos las decisiones, a las cuales en general se someten incondicionalmente. Debería añadirse aquí que es preciso poner mayor empeño en educar una capa superior de hombres dotados de pensamiento independiente, inaccesibles a la intimidación, que breguen por la verdad y a los cuales corresponda la dirección de las masas dependientes. No es preciso demostrar que los abusos de los poderes del Estado y la censura del pensamiento por la Iglesia, de ningún modo pueden favorecer esta educación. La situación ideal sería, naturalmente, la de una comunidad de hombres que hubieran sometido su vida instintiva a la dictadura de la razón. Ninguna otra cosa podría llevar a una unidad tan completa y resistente de los hombres, aunLa Guerra | 47


que se renunciara a los lazos afectivos entre ellos. Pero con toda probabilidad esto es una esperanza utópica. Los restantes caminos para evitar indirectamente la guerra son por cierto más accesibles, pero en cambio no prometen un resultado inmediato. Es difícil pensar en molinos que muelen tan despacio que uno se moriría de hambre antes de tener harina. Como usted ve, no es mucho lo que se logra cuando, tratándose de una tarea práctica y urgente, se acude al teórico alejado del mundo. Será mejor que en cada caso particular se trate de enfrentar el peligro con los recursos de que se disponga en el momento; pero aún quisiera

destruye vidas humanas llenas de esperanzas; coloca al individuo en situaciones denigrantes; lo obliga a matar a otros, cosa que no quiere hacer; destruye costosos valores materiales, productos del trabajo humano, y mucho más. Además, la guerra en su forma actual ya no ofrece oportunidad para cumplir el antiguo ideal heroico, y una guerra futura implicaría la eliminación de uno o quizá de ambos enemigos, debido al perfeccionamiento de los medios de destrucción. Todo eso es verdad, y parece tan innegable que uno se asombra al observar que las guerras aún no han sido condenadas por el consejo general de todos

“...mientras existan Estados y naciones que estén dispuestos a la destrucción inescrupulosa de otros, estos otros deberán estar preparados para la guerra.” referirme a una cuestión que usted no plantea en su escrito y que me interesa particularmente. ¿Por qué nos indignamos tanto contra la guerra, usted, y yo, y tantos otros? ¿Por qué no la aceptamos como una más entre las muchas dolorosas miserias de la vida? Parece natural; biológicamente bien fundada; prácticamente casi inevitable. No se indigne usted por mi pregunta, pues tratándose de una investiga-

los hombres. Sin embargo, es posible discutir algunos de estos puntos. Se podría preguntar si la comunidad no tiene también un derecho a la vida del individuo; además, no se pueden condenar todas las clases de guerras en igual medida; finalmente, mientras existan Estados y naciones que estén dispuestos a la destrucción inescrupulosa de otros, estos otros deberán estar preparados para la guerra. Pero

ción seguramente se puede adoptar la máscara de una superioridad que en realidad no se posee. La respuesta será que todo hombre tiene derecho a su propia vida; que la guerra

dejaré rápidamente estos temas, pues no es ésta la discusión a la cual usted me ha invitado. Quiero dirigirme a otra meta: creo que la causa principal por la que nos alzamos contra

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la guerra es la de que no podemos hacer otra cosa. Somos pacifistas porque por razones orgánicas debemos serlo. Entonces nos resulta fácil fundar nuestra posición sobre argumentos intelectuales. Esto seguramente no es comprensible sin una explicación. Yo creo lo siguiente: desde tiempos inmemoriales se desarrolla en la Humanidad el proceso de la evolución cultural. (Yo sé que otros prefieren denominarlo: “civilización”). A este proceso debemos lo mejor que hemos alcanzado, y también buena parte de lo que ocasiona nuestros sufrimientos. Sus causas y sus orígenes son inciertos; su solución, dudosa; algunos de sus rasgos, fácilmente apreciables. Quizá lleve a la desaparición de la especie humana, pues inhibe la función sexual en más de un sentido, y ya hoy las razas incultas y las capas atrasadas de la población se reproducen más rápidamente que las de cultura elevada. Quizá este proceso sea comparable a la domesticación de ciertas especies animales. Sin duda trae consigo modificaciones orgánicas, pero aún no podemos familiarizarnos con la idea de que esta evolución cultural sea un proceso orgánico. Las modificaciones psíquicas que acompañan la evolución cultural son notables e inequívocas. Consisten en un progresivo desplazamiento de los fines instintivos y en una creciente limitación de las tendencias instintivas. Sensaciones que eran placenteras para nuestros antepasados son indiferentes o aun desagradables para nosotros; el hecho de que nuestras exigencias ideales éticas y estéticas se hayan modificado tiene un fundamento orgánico. Entre los caracteres psicológicos de la cultura, dos parecen ser los más importantes: el fortalecimiento del intelecto,

que comienza a dominar la vida instintiva, y la interiorización de las tendencias agresivas, con todas sus consecuencias ventajosas y peligrosas. Ahora bien: las actitudes psíquicas que nos han sido impuestas por el proceso de la cultura son negadas por la guerra en la más violenta forma y por eso nos alzamos contra la guerra: simplemente, no la soportamos más, y no se trata aquí de una aversión intelectual y afectiva, sino que en nosotros, los pacifistas, se agita una intolerancia constitucional, por así decirlo, una idiosincrasia magnificada al máximo. Y parecería que el rebajamiento estético implícito en la guerra contribuye a nuestra rebelión en grado no menor que sus crueldades. ¿Cuánto deberemos esperar hasta que también los demás se tornen pacifistas? Es difícil decirlo, pero quizá no sea una esperanza utópica la de que la influencia de estos dos factores –la actitud cultural y el fundado temor a las consecuencias de la guerra futura– pongan fin a los conflictos bélicos en el curso de un plazo limitado. Nos es imposible adivinar a través de qué caminos o rodeos se logrará este fin. Por ahora sólo podemos decirnos: todo lo que impulse la evolución cultural obra contra la guerra. Lo saludo cordialmente y le ruego me perdone si mi exposición lo ha defraudado. Suyo,

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La repetici贸n del error (o el error de la repetici贸n) Cynthia Mileva Fotograf铆a digital 2013

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Juguetes Cynthia Mileva FotografĂ­a digital 2013

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La orden Cynthia Mileva FotografĂ­a digital 2013

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Precariedad y ser o no dignos de duelo

C

Judith Butler

uando leemos noticias sobre vidas perdidas, a menudo se nos dan cifras; pero éstas se repiten cada día, y la repetición parece interminable, irremediable. Así, tenemos que preguntarnos ¿qué se necesitaría no sólo para aprehender el carácter precario de las vidas perdidas en el transcurso de la guerra, sino, también, para hacer que dicha aprehensión coincida con una oposición ética y política a las pérdidas que la guerra acarrea? Entre las preguntas que surgen de este planteamiento, podemos citar dos: ¿cómo consigue producir afecto esta estructura del marco? y ¿cuál es la relación entre el afecto y un juicio y una práctica de índole ética y política?

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Secuestro De la serie Imborrable Franc Mun Tinta sobre papel 2011

Capturados De la serie Imborrable Franc Mun Tinta sobre papel 2011

Afirmar que una vida es precaria exige no sólo que una vida sea aprehendida como vida, sino también que la precariedad sea un aspecto de lo que es aprehendido en lo que tiene vida. Desde el punto de vista normativo, lo que yo estoy afirmando es que debería haber una manera más incluyente e igualitaria de reconocer la precariedad, y que ello debería adoptar la forma de una política social concreta respecto a cuestiones tales como el cobijo, el trabajo, la comida, la atención médica y el estatus jurídico. Y, sin embargo, también estoy insistiendo, de una manera que podría parecer en principio paradójica, que la precariedad como tal no puede ser propiamente reconocida. Puede ser aprehendida, captada, encontrada y ser presupuesta por ciertas normas de reconocimiento, al igual que puede ser rechazada por tales normas. Sin duda, debería haber un reconocimiento de la precariedad como condición compartida de la vida humana (por no decir, incluso, como una condición que vincula a los animales humanos con los no humanos); pero no deberíamos pensar que el reconocimiento de la precariedad domina, capta o, incluso, conoce plenamente lo que reconoce. Así, aunque debería sostener (y sostengo) que las normas del reconocimiento deberían basarse en una aprehensión de la precariedad, no creo que ésta sea una función o un efecto del reconocimiento, ni que el reconocimiento sea la única o la mejor manera de registrar la precariedad.

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Afirmar, por ejemplo, que una vida es dañable o que puede perderse, destruirse o desdeñarse sistemáticamente hasta el punto de la muerte es remarcar no sólo la finitud de una vida (que la muerte es cierta) sino, también, su precariedad (que la vida exige que se cumplan varias condiciones sociales y económicas para que se mantenga como tal). La precariedad implica vivir siempre, en cierto sentido, en manos de otro; e implica también estar expuestos tanto a quienes conocemos como a quienes no conocemos, es decir, la dependencia de unas personas que conocemos, o apenas conocemos, o no conocemos de nada. Recíprocamen-

te, implica vernos afectados por esta exposición a y dependencia de otros, la mayor parte de los cuales permanecen anónimos. Éstas no son necesariamente unas relaciones de amor, ni siquiera de atención, pero constituyen unas obligaciones hacia los demás, a la mayor parte de los cuales no podemos nombrar – ni conocemos – y que pueden tener o no rasgos de familiaridad con un sentido establecido de quiénes somos “nosotros”. Hablando de manera llana, podríamos decir que “nosotros” tenemos tales obligaciones con los “otros” y que sabemos presuntamente quiénes somos “nosotros” en tal caso. Pero la implicación

Imborrables

De la serie Imborrable Franc Mun Tinta sobre papel 2011

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social de este planteamiento es, precisamente, que el “nosotros” no se reconoce ni puede reconocerse; que está escindido desde el principio, interrumpido por la alteridad, como ha dicho Levinas, y que las obligaciones que “nosotros” tenemos son, precisamente, las que desbaratan cualquier noción establecida del “nosotros”. Más allá y en contra de un concepto existencial de finitud, que singulariza nuestra relación con la muerte y con la vida, la precariedad subraya nuestra radical sustituibilidad y nuestro anonimato con relación tanto a ciertos modos socialmente facilitados de morir y de muerte como a otros modos socialmente condicionados de persistir y prosperar. No es que primero nazcamos y luego nos volvamos precarios, sino, más bien, que la precariedad es coincidente con el nacimiento como tal (el nacimiento es, por definición, precario), lo que significa que importa el hecho de que un niño pequeño vaya a sobrevivir o no, y que su supervivencia depende de lo que podríamos llamar una “red social de manos”. Precisamente porque un ser vivo puede morir es necesario cuidar de ese ser a fin de que pueda vivir. Sólo en unas condiciones en las que pueda tener importancia la pérdida aparece el valor de la vida. Así pues, la capacidad de ser llorado es un presupuesto para toda vida que importe. Por regla general, imaginamos que un niño viene al mundo, es mantenido en y por ese mundo para que alcance la vida adulta y la vejez, y finalmente muera. También imaginamos que, cuando el niño es querido, existe una celebración al comienzo de su vida. Pero no puede haber celebración sin una implícita comprensión de que la vida es merecedora de ser llorada,

de que sería llorada si se perdiera, y de que este futuro anterior está instalado como la condición de su vida. En lenguaje corriente, el duelo acompaña a la vida que ya ha sido vivida y presupone esa vida en cuanto que ya ha terminado. Pero, según el futuro anterior (que también forma parte del lenguaje corriente), la capacidad de ser llorada es una condición del surgimiento y mantenimiento de toda vida. 1 El futuro perfecto de “una vida ha sido vivida” se presupone al principio de una vida que sólo ha empezado a ser vivida. En otras palabras, que la frase “esta será una vida que habrá sido vivida” es la presuposición de una vida cuya pérdida es digna de ser llorada, lo que significa que será una vida que puede considerarse una vida y mantenerse en virtud de tal consideración. Sin capacidad de suscitar condolencia, no existe vida alguna, o, mejor dicho, hay algo que está vivo pero que es distinto a la vida. En su lugar, “hay una vida que nunca habrá sido vivida”, que no es mantenida por ninguna consideración, por ningún testimonio, que no será llorada cuando se pierda. La aprehensión de la capacidad de ser llorada precede y hace posible la aprehensión de la vida precaria. Dicha capacidad precede y hace posible la aprehensión del ser vivo en cuanto vivo, expuesto a la no-vida desde el principio.

1 Véanse Roland Barthes, La cámara lúcida: nota sobre la fotografía, Barcelona, Paidós, 2007; y Jacques Derrida, Espectros de Marx: el estado de la deuda, el trabajo del duelo y la nueva Internacional, Madrid, Trotta, 1998.

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Tzompantli Tomás Gómez-Robledo Gráfica digital intervenida 32 x 42 cm. 2008

«[

E

n la guerra] no existe un fin racional, ni una norma tan justa, ni un programa tan ejemplar, ni un ideal social tan bello, ni una legitimidad o legalidad que pueda hacer aparecer como algo justo que los hombres se maten recíprocamente. Si semejante destrucción física de la vida humana no deriva de la afirmación existencial de la propia forma de existencia frente a una negación igualmente existencial de dicha forma, no puede tampoco encontrar legitimación. Una guerra no puede fundarse tampoco en normas éticas o jurídicas (…) la sociedad que funciona según cánones económicos tiene medios suficientes para excluir de sí a quien sucumbe o no logra éxito en la competencia económica, o incluso al mero ‘perturbador’ y puede volverlo no peligroso de modo ‘pacífico, no violento’. Dicho en términos concretos, puede hacerlo morir de hambre si no se resigna espontáneamente.»

Carl Schmitt

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L

as guerras mienten. Ninguna guerra tiene la honestidad de confesar: Yo mato para robar. Las guerras siempre invocan nobles motivos, matan en nombre de la paz, en nombre de Dios, en nombre de la civilización, en nombre del progreso, en nombre de la Democracia. Y si por las dudas, si tanta mentira no alcanzara, ahí están los grandes medios de comunicación dispuestos a inventar enemigos imaginarios para justificar la conversión del mundo en un gran manicomio y en un inmenso matadero. En Rey Lear, Shakespeare había escrito que “en este mundo los locos conducen a los ciegos” y cuatro siglos después, los amos del mundo son locos enamorados de la muerte, que han convertido al mundo en un lugar donde cada minuto mueren de hambre o de enfermedad curable diez niños, y cada minuto se gastan tres millones de dólares, tres millones de dólares por minuto en la industria militar que es una fábrica de muerte. Las armas exigen guerras y las guerras exigen armas… y los cinco países que manejan las Naciones Unidas, los que tienen derecho de veto en las Naciones Unidas, resultan ser también los cinco principales productores de armas. Uno se pregunta ¿hasta cuándo?, ¿hasta cuándo, la paz del mundo estará en manos de los que hacen el negocio de la guerra?, ¿hasta cuándo seguiremos creyendo que hemos nacido para el exterminio mutuo y que el exterminio mutuo es nuestro destino? ¿Hasta cuándo? Si el mundo, este mundo, merece ser otro mundo, la Marcha por la paz, la marcha del 2 de octubre, merece millones y millones de pies.

Eduardo Galeano *Mensaje en adhesión a la Marcha mundial por la paz y la no violencia 2009.

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Las guerras mienten Cynthia Grandini Collage digital 2013

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Justificaciones Varinia Esparza Pluma sobre papel 15.5 x 21.5 cm. 2013

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A propósito de la guerra Laura Collin

Una buena noticia: Tras treinta años de hegemonía y sucesivas crisis nacionales e internacionales; escandalosos aumentos de la pobreza a escala mundial (46 millones de pobres en EUA); los llamados efectos “Dragón”, “Tequila” y “Tango”; la recesión mundial de la que no hemos salido desde 2007; y la impúdica concentración de la riqueza en pocas manos (Chile, México y Turquía en los primeros lugares), pareciera que el ciclo del neoliberalismo está llegando a su ocaso.

La mala noticia: Es posible que para salir de esta segunda versión del liberalismo tengamos que pasar por dos guerras mundiales, como ocurrió con las primeras crisis del sistema (1880-1930-45).

Historia de las guerras modernas Cynthia Grandini Collage digital 2013

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El arte Aproximaciones

Sun Tzu

“La guerra es un asunto serio; da miedo pensar que los hombres pueden emprenderla sin dedicar la reflexión que requiere.”

Guerra de trincheras (Fragmento) Otto Dix Óleo sobre tela 1917

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de la guerra Sun Tzu ha dicho: 1. La guerra es un asunto de importancia vital para el Estado, es la provincia de la vida y de la muerte, el camino que lleva a la supervivencia o a la aniquilación. Es indispensable estudiarla a fondo. Li Ch’uan: “Las armas son herramientas de mal agüero”. La guerra es un asunto serio; da miedo pensar que los hombres pueden emprenderla sin dedicar la reflexión que requiere. 2. Considérala en función de los cinco factores fundamentales y compárala a los siete elementos que se enumeran más adelante. Así podrás apreciar los datos esenciales. 3. El primero de estos factores es la influencia moral; el segundo, las condiciones atmosféricas; el tercero, el terreno; el cuarto, el mando, y el quinto, la doctrina. Chang Yu: “El orden de enumeración mencionado es perfectamente claro. Cuando se movilizan las tropas para castigar a los culpables, el consejo del templo aprecia en primer lugar la benevolencia de los príncipes y la confianza de los pueblos, a continuación, la

oportunidad de la estación y finalmente, las dificultades topográficas. Tras haber deliberado profundamente acerca de estos tres puntos, se designa un general para que dirija el ataque. Una vez que las tropas han cruzado las fronteras, la responsabilidad de la ley y del mando incumbe al general.” 4. Por influencia moral entiendo aquello que hace que el pueblo esté en armonía con sus dirigentes, de forma que los seguirá a la vida y a la muerte, sin temor de poner en peligro su vida. Chang Yu: “Por poco que se trate a las gentes con bondad, justicia y equidad y depositando en ellos la confianza, el ejército tendrá espíritu de equipo y todos se sentirán felices de seguir a sus jefes. El Libro de las Metamorfosis dice: `Con la alegría de superar las dificultades el pueblo olvida el riesgo de la muerte´.” 5. Por condiciones meteorológicas entiendo el juego recíproco de las fuerzas naturales, los efectos del frío en invierno y del calor en verano, así como la dirección de las operaciones militares de acuerdo con las estaciones. La Guerra | 69


6. Por terreno entiendo las distancias y la facilidad o la dificultad que hay en recorrerlas, la naturaleza despejada o angosta del terreno. Mei Yao Ch’en: … “Cuando se dirigen las tropas es primordial conocer con antelación las características del terreno. En función de las distancias se pondrá en práctica un plan de acción indirecta o de acción directa. Conociendo el mayor o menor grado de facilidad o de dificultad con que puede recorrerse el terreno se podrá evaluar la ventaja que se seguirá de utilizar la caballería o la infantería. Sabiendo dónde el terreno se ensancha y dónde se estrecha se podrá calcular la cantidad de efectivos a emplear. Si se sabe dónde se ha de librar la batalla, se conoce el momento en que se deben concentrar o dividir las fuerzas”. 7. Por autoridad entiendo las cualidades de sabiduría, equidad, humanidad, coraje y severidad del general. Li Ch’uan: “Estas cinco cualidades son las del general. De ahí que el ejército le llame `El Respetado´.” Tu Mu: … “Si el jefe está dotado de sabiduría, será capaz de reconocer los cambios de las circunstancias actuar con presteza. Si es equitativo, sus hombres estarán seguros de la recompensa y del castigo. Si es humano, amará al prójimo, compartirá sus sentimientos y apreciará su trabajo y sus dificultades. Si es valiente, alcanzará la victoria captando, sin dudarlo, el momento oportuno. Si es severo, sus tropas serán disciplinadas, porque temerán y recelarán el castigo”. Shen Pao Hsu dijo: “Si un general no es valeroso, será incapaz de sobreponerse a sus dudas y de concebir grandes proyectos.” 8. Por doctrina entiendo la organización,

la autoridad, la promoción de los oficiales al rango conveniente, la vigilancia de las vías de aprovisionamiento y el cuidado de atender las necesidades esenciales del ejército. 9. No existe general que no haya oído hablar de estos cinco puntos. Quienes los dominan, ganan; los que no, son vencidos.

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Flandes (Fragmento) Otto Dix Óleo sobre tela 200 x 250 cm. 1936


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Esclavo o tanque Melecio Galv谩n Tinta sobre papel Medidas desconocidas 1980

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XXXI Las armas son las herramientas de la violencia; todo hombre decente las detesta.

Tao Te Ching Lao Tsé

Las armas son las herramientas del miedo; el hombre decente las evita. Sólo con el mayor refreno y en la más extrema necesidad las usará si a ello es compelido. La paz ha sido alterada, ¿cómo podría estar contento? Sus enemigos no son demonios sino seres humanos como él. No les desea mal. No se regocija en la victoria. ¿Cómo podría regocijarse en la victoria y deleitarse en la matanza? Él entra en batalla gravemente, con gran pena y compasión, como si a un funeral asistiera. La Guerra | 73


Los versos

del guerre José Ángel Leyva

Lancha de Kafka – Saldo del Golfo Wolf Vostell 1991

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ero Presagios Flores campestres ocultan los caminos Vienen presagios a chupar el néctar Serpenteantes dejan sentir sus cascabeles las sonajas de los astros y del agua El rumor de un blanco penacho en las tinieblas siembra sequías al pie de los tzompantlis abre las puertas al frío de la noche y a su manto estelar al mediodía La lengua del copal anuncia sobresaltos del mar el valle y las lagunas Tiembla el volcán ante el augurio porvenir de truenos y de lava En su boca los signos se retuercen Cambian de rumbo las aves migratorias Un silencio telúrico nos nombra En su embriaguez de sangre nos condena a pagar con presentes el futuro el ayer transfundido en esqueletos donde sangra un dios cual seminal serpiente La marcha del motor se apaga Un tiro en la sien nos descompone el signo se desploma

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En los escombros del alba Es la guerra lo que oigo respirar junto a mi oreja Acerco la frente al túnel donde el corazón parpadea Las espinas del televisor hacen sangrar milagrosamente la imagen de los hombres No entiendo por qué estallan las ideas por qué son pulverizadas las horas en un abrir y cerrar de ojos y me respondo no ha nacido nadie todavía no hemos podido salir del asombro de la vida Sólo mueren los sueños las sensaciones del miedo y el vacío que nos tocan los labios con humedad sanguínea Estamos solos en el vientre cuidando la flama del recuerdo No existe nada aún no es tiempo de nacer cuando la madre de todas las batallas amamanta a los espectros de todos los desfiles No es tiempo de dormir la luz del láser observa inteligente el blanco de los ojos Hay tormenta en el desierto y en los escombros del alba la flor huele de noche

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Acerca del Pérsico El guerrero descansa la voz sobre la fruta del silencio Escupe un alma seca pletórica de sed Cae rota la oración la frase coja Espesa la tierra su saliva que no sirve para hacer palabras Después de la batalla se vive la nostalgia del deseo Este campo de honor es un desierto donde plantan los fósiles su cuna ¿Cuál corona puede haber entre cactos y serpientes? El guerrero acaba de salvar su dignidad ya viste el uniforme de los siglos Ha vuelto a combatir para saber más de la muerte llevado por el miedo El enemigo feroz aterroriza aún después ya sin aliento El guerrero se mira entre fierros retorcidos Guarda el grito y la mueca del combate Ha vencido a oscuras ignora contra quién lucharon sus fuerzas fantasmales El guerrero descansa en paz y no lo sabe

TV Sarajevo Wolf Vostell 1993

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Aforismos Franz Marc

9 Desde el instante en el que estalló la guerra todo mi afán estuvo empeñado en aislar el espíritu del momento de su ruido ensordecedor. Me tapé los oídos y traté de ver al fantasma de la guerra por la espalda. Todos los signos de la guerra pugnaron contra mí. Su rostro me cegaba, mirara yo donde mirara. El pensador evita el rostro de las cosas, puesto que nunca son lo que parecen. Nunca he dudado de que los europeos no conseguirán con esta guerra lo que quieren ni lo que dicen. ¡Ni siquiera querían guerra, como aseguran! Pero, una secreta voluntad, ajena a su saber y entender, corría por sus venas, y, para su propia repugnancia, acabaron por vomitarla. Nunca estuvo más claro que lo que llamamos voluntad no es más que obra para el proscenio, y que los subterfugios de nuestras acciones no son más que eso, sub-efugios, escondrijos entre bastidores. Por detrás, por debajo murmura como una admonición el desasosegado espíritu patrio de Hamlet, la voluntad de destino que sólo ven los que tienen segunda visión.

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Momento de embrujo Franz Marc Grafito sobre papel Medidas desconocidas 1915

Sin dejarse perturbar por la puesta en escena ni por la dirección política de este demente teatro de la guerra, nuestros pensamientos deben alcanzar hasta su último y más profundo sentido. ¿Duda alguien de que exista una cosa así? La profundidad última que vemos es, claro está, tan sólo “la última que vemos”, pero siempre es más profunda que la primera, la inmediata, la política. La Guerra | 79


Alguien podría creer que en mi desconfianza de la lógica política, “nutriente del Estado”, de esta guerra no hay más que un desplazamiento sofista de la gran realidad de los hechos. Espero, con todo, convencer a algún alemán de la seriedad de mis pensamientos. Ciertamente, nada teme más el ser humano que verse en la luz radiante del pensamiento. Él ama la comedia y la apariencia y el aire espeso y caliente que respiramos a diario. Pero siempre hubo también hombres que pensaron de otro modo y tocaron la base de las cosas.

26 Nietzsche colocó su potente mina, el pensamiento de la voluntad de poder, que prendió en la gran guerra. La detonación fue terrible. Cuando acabe, también terminará la tensión de ese pensamiento. Cada pensamiento tiene una amplitud y una tensión determinadas; pero, como toda fuerza, se transforma en otra nueva, según la ley de la energía. De la voluntad de poder surgirá la voluntad de forma.

43 La guerra, ese burlador cruel, ha llevado tan absolutamente ad absurdum la cultura europea de las apariencias, que se necesita en verdad un ánimo estúpido y optimismo, para tener esperanza en que después de la guerra todo pueda volver a ser como antes. La desgracia europea se transforma para el noble de la honda emoción de una nueva esperanza. El europeo hace examen de lo que aún le ha quedado indemne y no encuentra nada más que su saber, que no ha sido reventado en la molienda de la terrible guerra. A partir de él quiere formar y formará su nuevo mundo.

62 En la terrible experiencia de la guerra nos hemos hecho conscientes de muchas cosas que antes parecían quedar fuera de discusión, como la urgencia de una nueva cultura europea —la vieja ha sufrido en esta guerra un fracaso irreparable—. Muchas cosas en las que ya no se quería creer se han vuelto a demostrar, como el inagotado heroísmo del europeo, garantía de nuestro futuro.

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La fuerza heroica que ha demostrado el europeo no se transmutará, como profetizan los ingenuos, en debilidad y extenuación, sino en equivalente fuerza espiritual. Europa no se pierde. Que se pudiese trasplantar la energía europea a pueblos extraeuropeos sería el más inverosímil e imposible de los casos. Sería el tercer y último peligro, en el cual no creemos.

63 Es el secreto, justamente el contrasentido, de los creadores (como de la naturaleza, símbolo de los creadores) servirse de lo más esquivo y maligno para sus obras. La enseñanza de Nietzsche de que todo lo grande sucede “a pesar de todo” es el evangelio de los creadores. Nuestros corazones tiemblan en esta hora de la guerra, no por lo peligroso de la crisis, sino por la alegría de haber vivido la hora maligna, oscura de Europa. La puerta trasera de la acción.

79 El ser humano tiene horror de los cadáveres y la putrefacción. ¿A qué viene entonces ese enamoramiento tan confiado y tan manso que le embarga ante el espíritu muerto y putrefacto? Desconocemos hasta las más simples precauciones y normas de higiene con que evitar contagios y epidemias en la vida espiritual. ¡Las ciencias médicas hacen como si sólo existieran “sus” bacilos!

88 Dios creó el mundo y lo sometió a discusión.

100 Vivimos en una época dura. Duros son nuestros pensamientos. Todo tendrá que hacerse más duro aún.

Fragmento Franz Marc Grafito sobre papel Medidas desconocidas 1915

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La imaginación, por sí sola, es incapaz de garantizar la bondad de sus productos. Hay mucha imaginación puesta en la guerra.

Ingrid Fugellie

México, DF., sábado 23 de enero de 2010.

Tanque de combate Leonardo Da Vinci c. 1485

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José Mujica en la ONU Fragmento del discurso del Presidente de Uruguay

Máscara Táctica Gabriela Hernández Olivares Tinta china sobre papel 2013

Lám. Págs. 86-87

Tropas de choque avanzan bajo el gas Otto Dix Aguafuerte 34.8 x 47.3 cm. 1924

A

migos todos, soy del sur, vengo del sur […] Me angustia, y de qué manera, el porvenir que no veré, y por el que me comprometo. Sí, es posible un mundo con una humanidad mejor, pero tal vez hoy la primera tarea sea cuidar la vida […] Cargo con el deber de luchar por tolerancia, la tolerancia se precisa para con aquellos que son distintos, y con los que tenemos diferencias y discrepamos. No se precisa la tolerancia para los que estamos de acuerdo. La tolerancia es el fundamento de poder convivir en paz, y entendiendo que en el mundo somos diferentes. El combate a la economía sucia, al narcotráfico, a la estafa, el fraude y la corrupción, plagas contemporáneas, prohijadas por ese antivalor, ese que sostiene que somos felices si nos enriquecemos sea como sea. Hemos sacrificado los viejos dioses inmateriales. Les ocupamos el templo con el dios mercado, que nos organiza la economía, la política, los hábitos, la vida y hasta nos financia en cuotas y tarjetas, la apariencia de felicidad. Parecería que hemos nacido sólo para consumir y consumir, y cuando no podemos cargamos con la frustración, la pobreza, y hasta la autoexclusión […]. La Guerra | 85


La política, la eterna madre del acontecer humano quedó limitada a la economía y al mercado, de salto en salto la política no puede más que perpetuarse, y como tal delegó el poder y se entretiene, aturdida, luchando por el gobierno. Desbocada marcha de historieta humana, comprando y vendiendo todo, e innovando para poder negociar de algún modo, lo que es innegociable […] Ni los Estados nacionales grandes, ni las transnacionales y muchos menos el sistema financiero debería gobernar el mundo humano […]. Continuarán las guerras y por tanto los fanatismos hasta que tal vez la misma naturaleza lo llame al orden y haga inviable nuestras civilizaciones […] la crisis ecológica del planeta, es consecuencia del triunfo avasallante de la ambición humana. Ese es nuestro triunfo, también nuestra derrota, porque tenemos impotencia política de encuadrarnos en una nueva época […]. El hecho es que cultivamos arcaísmos feudales, cortesanismos consentidos, hacemos diferenciaciones jerárquicas que en el fondo socavan lo mejor que tienen las repúblicas: que nadie es más que nadie. El juego de éstos y otros factores nos retienen en la prehistoria. Y hoy es imposible renunciar a la guerra cuando la política fracasa. Así se estrangula la economía, derrochamos recursos. Oigan bien, queridos amigos: en cada minuto del mundo se gastan dos millones de dólares en presupuestos militares en esta tierra. ¡¡Dos millones de dólares por minuto en presupuesto militar!! La investigación médica […] apenas cubre la quinta parte de la investigación militar. Este proceso del cual no podemos salir, es ciego. Asegura odio y fanatismo, desconfianza,

fuente de nuevas guerras y esto también, derroche de fortunas. Yo sé que es muy fácil, poéticamente, autocriticarnos […] Y creo que sería una inocencia en este mundo plantear que allí existen recursos para ahorrar y gastarlos en otras cosas útiles. Eso sería posible, otra vez, si fuéramos capaces de ejercitar acuerdos mundiales y prevenciones mundiales de políticas planetarias que nos garanticen la paz y que nos den a los más débiles, garantía que no tenemos. Ahí habría enormes recursos para recortar y atender las mayores vergüenzas arriba de la Tierra […]. Las instituciones mundiales, particularmente hoy vegetan a la sombra consentida de las disidencias de las grandes naciones que, obviamente, quieren retener su cuota de poder.

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Bloquean en los hechos a esta ONU que fue creada con una esperanza y como un sueño de paz para la humanidad. Pero peor aún la desarraigan de la democracia en el sentido planetario porque no somos iguales. No podemos ser iguales en este mundo donde hay más fuertes y más débiles. Por lo tanto es una democracia planetaria herida y está cercenando la historia de un posible acuerdo mundial de paz, militante, combativo y que verdaderamente exista. Y entonces, remendamos enfermedades allí donde hace eclosión y se presenta según le parezca a algunas de las grandes potencias. Lo demás miramos desde lejos. No existimos […]. Yo defino que el hombre mientras viva con clima de guerra estará en la prehistoria, a pesar de los muchos artefactos que pueda

construir. Hasta que el hombre no salga de esa prehistoria y archive la guerra como recurso cuando la política fracasa. Esa es la larga marcha y el desafío que tenemos por delante. Y lo decimos con conocimiento de causa. Conocemos las soledades de la guerra. Sin embargo, estos sueños, estos desafíos que están en el horizonte implican luchar por una agenda de acuerdos mundiales que empiecen a gobernar nuestra historia y superar paso a paso, las amenazas a la vida […]. Paralelamente hay que entender que los indigentes del mundo no son de África o de América Latina, son de la humanidad toda y esta debe como tal, globalizada, propender a empeñarse en su desarrollo, en que puedan vivir con decencia por sí mismos. Los recursos necesarios existen, están en ese depredador despilfarro de nuestra civilización […] Pero para que todos esos sueños sean posibles, necesitamos gobernarnos a nosotros mismos o sucumbiremos porque no somos capaces de estar a la altura de la civilización que en los hechos fuimos desarrollando. Este es nuestro dilema. No nos entretengamos solos remendando consecuencias. Pensemos en las causas de fondo, en la civilización del despilfarro, en la civilización del use-tire que lo que está tirando es tiempo de vida humana malgastado, derrochando cuestiones inútiles. Piensen que la vida humana es un milagro. Que estamos vivos por milagro y nada vale más que la vida. Y que nuestro deber biológico es por encima de todas las cosas respetar la vida e impulsarla, cuidarla, procrearla y entender que la especie es nuestro nosotros. Gracias. 25 de septiembre de 2013 La Guerra | 87


La agresión en los insectos sociales D.I. Wallis

INTRODUCCIÓN Por definición, los insectos sociales son aquellos que viven juntos en colonias. El comportamiento agresivo es parte del mecanismo fundamental que mantiene una colonia como entidad separada. La colonia se mantiene distinta de otras, de la misma especie y de especies diferentes. Así, la agresión se dirige ante todo hacia afuera, es decir, es extracolonial. Sin embargo, el grado de inhibición de la agresión entre los miembros de una colonia es variable, y el examen de este aspecto puede ayudar a elucidar los factores que normalmente evocan comportamiento agresivo. Las funciones del comportamiento agresivo pueden resumir-

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Hormiga negra Ingrid Menocal Técnica digital 2013

se así: a) es un agente que mantiene la cohesión de la colonia; b) es un agente de competencia intraespecífica. A menudo un territorio es marcado por una colonia particular, asegurando así la cohesión de la colonia, abastecimiento de alimentos y lugar para anidar; c) en la competencia interespecífica, que puede referirse asimismo a fuentes de alimento o lugares para anidar; d) en el comportamiento de caza. Algunos de los componentes del comportamiento agresivo se manifiestan al matar otros insectos, incluyendo hormigas, como presas.

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[…]. Al considerar hormigas, abejas y avispas, revisaré, si bien brevemente, tres aspectos del tema: los componentes del comportamiento agresivo, las opiniones actuales acerca del fundamento de la distinción de las colonias, y los factores que influyen sobre la agresión.

COMPONENTES DEL COMPORTAMIENTO AGRESIVO Pueden ofrecerse ejemplos de varias especies. Mi propio estudio de Formica fusca (Wallis, 1962a) ilustra los componentes del comportamiento agresivo. Parece que los muestran la mayoría de los insectos sociales.

[…], la agresión puede consistir en la adopción de una postura de “amenaza”, o en ataque, “agarrando” o “arrastrando”. El agarrar y el arrastrar actúan destruyendo o expulsando un extraño del nido. El agarro consiste en coger parte de la hormiga atacada con las mandíbulas. Se observan breves embestidas, rotundas, seguidas de agarro, lo cual puede conducir a perforación de la cabeza o el epinoto, o a pérdida de un miembro o antena. El arrastre consiste en agarro, más un elemento de locomoción. La hormiga atacada suele ser arrastrada fuera del nido. En la postura de amenaza, levanta la cabeza y se dirige hacia la otra hormiga. Las mandíbulas se mantienen muy abiertas, y las partes labiales muy retiradas […]. Así, cuando se estudia la reacción de una colonia hacia un extraño (Wallis, 1962b), resulta que el número de agarros aumenta al mismo tiempo

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que el de amenazas […]. Muchas hormigas muestran una respuesta de picar. En la evolución de los Himenópteros resultan aparentes dos tendencias. Algunas especies poseen un aguijón doloroso –por ejemplo la abeja, la avispa y algunas hormigas−; la segunda tendencia ha sido hacia la reducción funcional y el reemplazamiento del aguijón por otros mecanismos defensivos: tal es el caso de muchas hormigas, incluyendo el género Formica. […] Butler y Free (1952) han descrito el comportamiento agresivo de la abeja. Las abejas responden examinando, lamiendo, agarrando, arrastrando y probablemente amenazando. Hay respuesta de picar. A menudo hay abejas –llamadas

Hormiga roja Ingrid Menocal Técnica digital 2013

“guardianes” – en la entrada del nido. Adoptan una postura típica, frecuentemente de pie, con las patas delanteras separadas del suelo y las antenas tendidas hacia adelante.

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Cuando se excitan más, abren las mandíbulas –es de presumirse que esto equivale a una amenaza– y abren las alas. Las abejas que vuelan cerca de la colmena son observadas con atención, y se miran cuando tocan tierra. Si son de otra colonia, de ordinario se las ataca. Cuando hay lucha, a menudo las abejas yacen de costado, agarrando con las mandíbulas las patas de la otra y procurando picarla. Muchas veces giran muy deprisa, zumbando, como una rueda.

De este modo, diferencias metabólicas inducidas por diferentes dietas pudieran desempeñar sólo un papel reducido en la producción de distintos olores de las colonias en las hormigas, si bien hay que efectuar más experimentos sobre esta cuestión. Es claro que diferencias en la dieta pueden afectar el olor de la colonia, pero estos resultados sugieren la importancia de influencias genéticas. Posiblemente el mecanismo en las hormigas difiere algo del que opera en las abejas.

[…] FUNDAMENTO DE LA COHESIÓN DE LA COLONIA Se mantiene una colonia como unidad distinta porque los individuos consiguen reconocer a los miembros de la colonia y distinguirlos de quienes no los son. Estos últimos evocan comportamiento agresivo. Poca duda cabe de que el fundamento de esta distinción de la colonia es un olor particular de ella, conclusión apoyada por la obra de McCook, Bethe y Fielde en las hormigas, y de Kalmus y Ribbands (1952) en las abejas. Hay pocas pruebas de que el olor provenga de secreciones definidas […]. El origen del olor ha sido objeto de controversia. Fielde (1904) concluyó que el olor de la colonia está controlado genéticamente y es, así, función de la reina fundadora. Postuló también cambios de olor como consecuencia de la adquisición de olores nuevos, probablemente por absorción superficial […]. No tardan en presentarse diferencias de olor si mitades de una colonia reciben diferentes dietas. Normalmente, la distinción de la colonia resultaría de diferencias en la dieta causadas por la ingestión de proporciones distintas de alimentos. […].

FACTORES QUE AFECTAN LA AGRESIÓN: APARENTE PERJUICIO DE LA COHESIÓN DE LA COLONIA Si bien el olor de una colonia extraña es el principal estímulo que evoca la agresión en los insectos sociales, no es ciertamente el único […]. Otros factores que influyen sobre el grado o tipo de agresión son el territorio, la temperatura, el hambre y probablemente la presencia de crías. Además, mis resultados muestran que distintas colonias, aunque cultivadas en las mismas condiciones, pueden variar considerablemente en el grado de agresión mostrado contra los intrusos (Wallis, 1962b). En toda colonia los individuos varían en agresividad, y las hormigas más activas pueden ser las más beligerantes […]. Varios resultados pusieron en claro que una hormiga que aparecía en la entrada del nido constituía una situación que ponía alertas a las hormigas guardianas y podía evocar en ellas agresión […]. No obstante, algunas respuestas agresivas son evocadas con bastante regularidad por hormigas de regreso a sus propios nidos. Adviértase que La Guerra | 91


casi no hay agresión hacia las compañeras de nido dentro de él […]. El factor que desencadena la agresión en estas circunstancias parece ser la situación “hormiga-que-entra-en-el-nido”. Las hormigas que traen provisiones también evocan agresión al volver a entrar a los nidos. La agresión se manifiesta al entrar, pero no después […]. La agresión mostrada hacia una hormiga que vuelve, por otra parte, tiende a desintegrar la colonia. El hecho de que

las compañeras de nido que regresan sean muy lamidas y poco agredidas, pero que ocurra lo contrario con la extrañas, indica que la pauta total de respuesta tiende a reincorporar a las compañeras pero a excluir de la colonia a las extrañas. El olor de la colonia parece ser aprendido por los miembros del nido. El individuo parece aprender el olor colectivo de la colonia merced a un rápido proceso similar al productor de “improntas”, poco después de salir del capullo. Así, pueden trasladarse ninfas a otro nido, y los adultos que se produzcan serán fieles al nido en que se encuentren […]. Probablemente las hormigas se están continuamente acostumbrando a las leves variaciones en el olor de sus compañeras de nido. Si se separa a una hormiga de sus compañeras, la habituación desciende y puede ella misma exhibir unas cuantas respuestas agresivas al retornar al nido […].

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CONCLUSIÓN En resumen, es claro que la agresión está orientada ante todo hacia encuentros extracoloniales, merced a la existencia de olores coloniales distintos, pero que la complejidad de los factores que gobiernan la agresividad conduce a aparentes excepciones a esta regla. Tal complejidad es resultado de la naturaleza del olor de la colonia mismo, con su probable tendencia a variar con el tiempo y la probabilidad de que haya pequeñas diferencias entre individuos.

Pelea de hormigas Ingrid Menocal Técnica digital 2013

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Batalla de San Romano (Fragmento) Paolo Uccello Pintura al temple 182 x 320 cm. c. 1438-1440

P

ero el género es tan importante para nosotros… Muchas sociedades siguen articuladas con la idea de que la mujer existe para servir al hombre. También quise mostrar un mundo sin guerras. Antropológicamente, en buena parte las guerras parecen una forma en que los hombres buscan más poder, honor y control. Compiten con los otros hombres por ello, lo que me parece muy primitivo, muy básico. Hay una dureza y un salvajismo irreductibles en los hombres. Algunas mujeres también los poseen. Pero es un rasgo propio de los hombres y que ha caracterizado a las sociedades que han dominado. La idea de la competitividad, de la necesidad de un jefe, de la jerarquía piramidal. Las mujeres no jugamos en general ese juego. No es que no seamos competitivas, pero no necesitamos batir al otro. Parece una base más sabia para una sociedad.”

úrsula k. le guin

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Bibliografía

Antón, Jacinto, “La ciencia ficción es una gran metáfora de la vida”, entrevista a Ursula K. Le Guin, en El País Semanal No. 1883, domingo 28 de octubre de 2012. Butler, Judith, Marcos de guerra. Las vidas lloradas, Paidós, Madrid, 2000, págs. 29- 33. Freud, Sigmund, “El porqué de la guerra”, en Obras completas, t. III, Biblioteca Nueva, Madrid, 1973, págs. 3207-3015. Marc, Franz, Los 100 aforismos. La segunda visión, Árdora, Madrid, 2001, págs. 9-10, 17, 23, 30-31, 37, 40, 43, 60. Schmitt, Carl. El concepto de lo “político”, Folios, México, 1985, pág. 45. Tolstoi, León, La guerra ya la paz, Ediciones Buendía, Málaga, 2003, págs. 15 y 235. Tsé, Lao, Tao Te Ching. Versión de Stephen Mitchell, Gaia, Madrid, 2001. Tzu, Sun, El arte de la guerra, Gernika, México, 1994, págs. 7- 9. Wallis, D.I., “La agresión en los insectos sociales”, en J.D. Carthy y F.J. Ebling (comps.), Historia Natural de la Agresión, Siglo XXI, México, 1966, págs. 22 – 33. Diario República.com.uy, “Discurso completo de Mujica en la ONU” [en línea]: http://www.republica.com. uy/discurso-completo-de-mujica/ (Publicado el 27 de septiembre de 2013). Generación no violenta, “Eduardo Galeano y la Marcha Mundial” [en línea]: http://www.youtube.com/ watch?v=B7e_lJNM0nI#t=33 (Publicado el 5 de marzo de 2009).

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La paz en tiempos de guerra Alejandro L贸pez Beltr谩n Esmalte a baja temperatura sobre metal 18 x 25 cm. 2011

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Semblanzas de autores Nemesio Antúnez (Santiago de Chile, 1918 - 1993) Arquitecto, pintor y grabador por la Universidad Católica de Chile. Funda el Taller 99 que revolucionó la percepción del grabado propiciando el interés de las nuevas generaciones de artistas. Vivió en Nueva York donde formó parte del taller de Stanley William Hayter. En 1950 se trasladó a Francia y posteriormente regresó a su país, en donde fue director del Museo Universitario de Arte Contemporáneo en 1961, y del Museo Nacional de Bellas Artes en 1969. Después del golpe de Estado renunció a su cargo, y abandonó el país para instalarse en Cataluña. En 1984 regresó a Chile en dónde permaneció hasta el día de su muerte. Pintó más de quince murales de los cuales sólo cinco están en su país de origen.

Judith Butler (Cleveland, 1956) Filósofa post-estructuralista y académica en las Universidades de Berkeley y Columbia. En 1984 obtiene el grado de Doctora por la Universidad de Yale, su tesis es publicada posteriormente bajo el título Sujetos del Deseo: Reflexiones Hegelianas en la Francia del siglo XX. Sus investigaciones van de la Teoría Literaria a la Filosofía moderna, el Feminismo y los Estudios sobre sexualidad. Ha explorado la ficción y temas como la pérdida, el luto y la guerra. Su contribución a los estudios feministas, la filosofía política y ética, así como a la Teoría Queer extienden su quehacer académico al ámbito de la acción política y social. Es autora de El género en disputa: feminismo y subversión de la identidad (1990), Cuerpos que importan (1993), entre muchos otros.

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Leonardo Da Vinci (Toscana, 1452 - Amboise, 1519) Artista, arquitecto, científico, escritor, ingeniero e inventor, símbolo del hombre renacentista como depositario y productor de conocimiento, ciencia y arte. Es considerado uno de los más grandes pintores de todos los tiempos, genio y visionario a la vez. Sus inventos y diseños han representado grandes aportes al desarrollo de tecnologías actuales como el helicóptero, el automóvil y el submarino. Contribuyó al conocimiento anatómico del cuerpo humano. Entre sus obras más conocidas se encuentran: La Gioconda, La Última Cena, y su dibujo del Hombre de Vitruvio.

Guillermo Deisler (Santiago, 1940 - Halle, 1995) Artista visual chileno graduado por la Universidad de Chile. Su trayectoria como productor cultural abarca poesía visual, escenografía, grabado, cerámica, cine, mail art y libro-objeto. Promovió colecciones importantes como UNI/vers, proyecto internacional de arte correo, y Wort Bild. Visuelle Poesie in der DDR. En 1963 creó Ediciones Mimbre donde se publicaron más de 50 títulos de poetas y escritores jóvenes. Tras el golpe de estado en Chile se estableció en la República Democrática Alemana en donde vivió un largo y duro exilio. Durante su vida obtuvo una serie de premios y distinciones por su labor como creador y promotor del arte y la cultura.

Otto Dix (Unternhaus, 1891- Singen, 1969) Pintor alemán. Estudió en la Academia de Dresde hasta 1914, año en que se alistó en el ejército, experimentando la profunda crisis emocional que marcaría el carácter antimilitarista de su obra. Transitó del Impresionismo a los Movimientos de Vanguardia, desarrollándose dentro del Expresionismo de La Nueva Objetividad. La conocida serie titulada La Guerra (1920-1924) recoge el trauma de la experiencia bélica. Durante el régimen nazi fue encarcelado y su trabajo clasificado como “arte degenerado”. A partir de 1945 surge un misticismo religioso en sus obras, entre las que destacan: Calle de Praga (1920), Tropas avanzando con máscaras de gas (1924) y Prisioneros de guerra (1947).

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Sigmund Freud (Freiberg, 1856 - Londres, 1939) Neurólogo austríaco graduado en 1881 de la Universidad de Viena. Se interesó por la fisiología del sistema nervioso y la anatomía cerebral. Se le considera padre del Psicoanálisis y uno de los intelectuales más importantes del siglo XX. En 1930 fue galardonado con el Premio Goethe en reconocimiento a su actividad literaria. Sus teorías e hipótesis siguen siendo discutidas y criticadas en la actualidad, debido al enorme aporte de éstas a campos de pensamiento como la filosofía, el arte y la ciencia. Algunos de sus libros son: La interpretación de los sueños (1900), El malestar en la cultura (1903), Psicopatología de la vida cotidiana (1904), Tres ensayos para una teoría sexual (1905), Tótem y Tabú (1913-14) y Moisés y el monoteísmo (1939).

Eduardo Galeano (Montevideo, Uruguay 1940) Comenzó su carrera de periodista en 1960 como editor de los periódicos Marcha y Época. Durante el golpe de estado de 1973 fue encarcelado y debió abandonar Uruguay exiliándose en Argentina, donde fundó la revista Crisis. Tras persecuciones en la dictadura de Videla huyó a España, retornando a Montevideo en 1985 para fundar el semanario Brecha junto a Mario Benedetti y otros periodistas y escritores. Ganó en tres ocasiones el premio Casa de las Américas y en 2010 el Stig Dagerman. Su obra cuenta con una treintena de títulos entre los que destacan: Los días siguientes (1962), Las venas abiertas de América Latina (1971), Memorias del fuego I, II y III (1982-1986), Nosotros decimos no: Crónicas escritas entre 1963 y 1988 (1989), y Los hijos de los días (2011).

Melecio Galván (San Rafael,1945- Ciudad de México,1982) Artista mexicano. Estudió en la ENAP/UNAM. Luego de una breve incursión en galerías de arte optó por desempeñarse como ilustrador y caricaturista. Formó parte del grupo MIRA desde 1977 hasta su muerte. Su más famosa serie de dibujos “Militarismo y Represión”, es evidencia de su maestría del dibujo de línea, así como de su diálogo crítico y sus fuertes inclinaciones políticas. Éste desafiante activismo pudo ser catalizador de su inesperado asesinato en 1982.

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Ursula K. Le Guin (Berkeley, 1929) Novelista, cuentista y ensayista estadounidense. Graduada por Radcliffe College y la Universidad de Columbia. Su obra es clasificada dentro del género ciencia ficción y literatura fantástica. También ha escrito poesía, ensayo y literatura infantil. Se considera a sí misma como feminista y taoísta. Fue la primera mujer en lograr el título de Gran Maestra por la Asociación de escritores de ciencia ficción y fantasía de Estados Unidos (SFWA) en 2003 y ha sido también ganadora de los premios Hugo y Nébula. Dentro de sus novelas más conocidas se encuentran: La rueda celeste (1971), Las tumbas de Atuan (1971) y Tehanu (1990).

Franz Marc (Múnich, 1880 - Braquis, 1916) Pintor alemán representante del movimiento expresionista. Graduado de la Academia de Bellas Artes de Múnich. Viajó por Italia, Grecia y Francia; en París descubrió la pintura fauvista, que tuvo una gran influencia en su estilo. En 1903 descubre el Impresionismo y en 1910 establece amistad con August Macke y Wassily Kandinsky con quienes fundó el movimiento artístico Der Blaue Reiter (El Jinete Azul), primer expresionismo alemán de sello místico cercano a la abstracción. Murió en el campo de batalla durante la Primera Guerra Mundial. La parte más conocida de su obra son los retratos de animales entre los que se encuentran: Tigre (1912) y Caballo soñando (1913).

José Alberto Mujica Cordano (Montevideo, 1935) Presidente actual de la República Oriental del Uruguay, militante del Partido Nacional durante su juventud y fundador, junto con Raúl Sendic y otros compañeros, del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros. A mediados de la década de los 60, su actividad política clandestina lo llevó a prisión durante catorce años hasta el retorno del orden democrático en 1985. Creador del Movimiento de Participación Popular (MPP) dentro de la coalición del Frente Amplio, fue elegido para integrar el Poder Legislativo uruguayo por tres períodos consecutivos (1995-2010). En 2008 dicha coalición lo proclamó candidato oficial a la presidencia de la República, resultando electo en 2009. La Guerra | 101


Carl Schmitt (Plettenberg, Prusia 1888 - 1985) Filósofo alemán miembro de la Escuela del Realismo Político y la Teoría del Orden Jurídico. Sus escritos, en al marco de las Ciencias Políticas, abordan el tema del conflicto social y la guerra. Formó parte del Partido Nacionalsocialista y tuvo algunos cargos bajo el régimen nazi. Se le considera uno de los principales ideólogos del Movimiento Revolucionario Conservador en Alemania. Entre sus obras más importantes destacan: La dictadura (1921), Teología política I y II (1922 y 1970 respectivamente) y Estado, movimiento y pueblo (1933).

León Tolstoi (Yasnaia Poliana, 1828 - Astapovo, 1910) Escritor ruso que se definió a sí mismo como “anarquista cristiano”. Estudió Letras y Derecho en la Universidad de Kazán, después de lo cual volvió a su ciudad natal donde el dolor y la miseria de los pobres determinó sus acciones. Ingresó al ejército y participó en enfrentamientos contra las guerrillas tártaras y en la guerra de Crimea. Viajó a Francia, Alemania y Suiza, donde se imbuyó de ideas pedagógicas que le moverían a fundar un periódico y abrir una escuela para pobres. Su obra completa puede llenar casi un centenar de títulos entre los cuales están: La Guerra y la Paz (1864-1869), Ana Karenina (1875-1876), La sonata a Kreutzer (1890), y La muerte de Iván Ilich (1885).

Lao-Tsé Filósofo chino que nace en el siglo IV a. C. aproximadamente, durante el periodo de las Cien Escuelas de Pensamiento. Fundamental en sus contribuciones al pensamiento místico de la época, se le considera fundador del Taoísmo y autor del texto Tao Te Ching, obra esencial que inaugura un modo de vida y prácticas espirituales que transmite preceptos vinculados al cambio permanente como verdad y motor universal de las cosas. Las tesis de Lao-Tsé se inclinan por una línea política liberal y pacifista, orientando a la autoridad a intervenir lo menos posible en la vida de los pueblos. Después de la muerte de su creador esta escuela filosófica se transformó en religión, llenándose de influencias ajenas a la obra original.

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Sun Tzu (Qi, China, ca. 544 a. C. – Wu, China, 496 a. C.) General, estratega, militar y filósofo. Se le considera autor de la conocida obra El arte de la guerra, tratado sobre estrategia militar frecuentemente citado y referido por generales y teóricos desde que fue publicado, traducido y distribuido por primera vez. Se convirtió en una figura legendaria de gran influencia dentro de la cultura, la política y la guerra en Occidente.

Paolo Uccello (Pratovecchio, 1397- Florencia, 1475) Pintor italiano de la primera etapa del Renacimiento, el Quattrocento, periodo caracterizado por la persistencia de rasgos medievales y la emergencia de innovaciones propias de la modernidad en el arte, como la perspectiva central. A partir del año 1436, Uccello se interesa por el desarrollo de este nuevo recurso ilusionista, lo cual se ve reflejado en su primera obra maestra: el enorme fresco para la catedral de Florencia en el que representó al Condotiero Giovanni Acuto. La obra que plasma con mayor elocuencia esta atracción por la perspectiva son las tres tablas de La batalla de San Romano, donde las armas rotas, los cadáveres y las patas de los caballos aparecen situados en un escenario enmarañado y complejo.

Wolf Vostell (Leverkusen, 1932-Berlín, 1998) Artista y fotógrafo alemán. Fue precursor de la instalación, el happening, el videoarte y creador del término de-collage. El cuerpo de su obra aborda ideas relacionadas con la destrucción, el carácter negativo y agresivo del mundo contemporáneo, la política y las desastrosas consecuencias de la guerra. En los años sesenta participó en las actividades del movimiento Fluxus. Creó en 1976 el Museo al Aire Libre en Malpartida (Cáceres, España). Entre sus obras más importantes destacan: P.C. Petite ceinture (1963, París), En Ulm, dentro de Ulm y alrededor de Ulm (1964), Hören und Spielen (1969, Colonia).

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Colaboradores

Alejandra Aguilar Estudiante de octavo semestre en la licenciatura de Artes Visuales. Escuela Nacional de Artes Plásticas, UNAM. Ha participado en diversas exposiciones de dibujo, pintura e instalación, en Casa de la Cultura " Jesús Reyes Heroles", Museo de la Acuarela y Alianza Francesa de San Ángel. Actual miembro del Colectivo Tijera.

Nacional de Investigadores. Sus temas giran en torno a la antropología política con orientación simbólica. Entre sus libros destacan: “El poder sacralizado. Un análisis simbólico del sistema político mexicano” y “Economía solidaria: ¿capitalismo moralizado o movimiento contracultural?”.

Eda Sofía Correa Diseñadora gráfica, fotógra-

Rogelio Barreiro

fa, comunicadora, carnívora

Estudiante de noveno semes-

e impostergablemente, escri-

tre en la carrera de Diseño y Comunicación Visual en la Escuela Nacional del Artes Plásticas, UNAM. Orientación en fotografía. Ha participado

de closet y escritora; especial tora. Mexicana de nacimiento y también italiana, holandesa, lituana e indonesia de vida: todas mis casas. Comprometida hasta el extremo

en algunos proyectos fotográ-

con la aventura, la búsqueda

ficos, incluyendo una expo-

y la conquista de aquello que

sición colectiva en la Escuela

por fascinante y hermoso po-

Nacional Preparatoria Plantel

dría parecer imposible. Cons-

# 8, y un proyecto publicitario

tante enamorada, cazadora

para la escuela Fernando R.

de instantes, coleccionista

Rodríguez. Actual miembro

de palabras.

del Colectivo Tijera.

Artúur Laura Collin

Nacido Arturo Cruz, Artúur es

Nació en Argentina. Mexica-

un diseñador gráfico, ilustra-

na desde hace 20 años, estu-

dor y animador que sueña

dió la licenciatura, maestría

con desarrollar videojuegos

y doctorado en Antropología.

y viajar al futuro. Amante de

Es miembro del Sistema

la música, la literatura y los

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cómics, con ayuda de sus

adicciones (UNAM/Fontamara,

Crédito Público, El Colegio

amigos y su espada mágica,

2011), Origen y fundación del

Nacional, Flacso y Facultad

Excalibur, detiene ahora y

diseño moderno. Siglos XIX y

de Arquitectura/UNAM, entre

siempre los terribles planes

XX (Fontamara, en proceso) y

otras. Desde 2003 dirige el

de su malvada media herma-

Estado del tiempo. Relatos mí-

taller Sinaloa, donde se han

na Morgan le Fay y su archi-

nimos (en proceso de edición).

generado exposiciones de

rival, Mordred. Actual miem-

Fundadora y miembro del

pintura y proyectos grupales

bro del Colectivo Tijera.

Colectivo Tijera.

como TS ArTe de arte digital.

Varinia Esparza

Isaac Gómez

Cynthia Grandini

Egresada de la Facultad de

Pasante de la licenciatura

Estudió la Licenciatura y

Arquitectura de la UNAM, am-

en Diseño y Comunicación

Maestría en Artes Visuales, en

plía su formación académica

Visual, Escuela Nacional de

la Escuela Nacional de Artes

al integrarse a la licenciatura

Artes Plásticas (ENAP-UNAM).

Plásticas de la UNAM, espe-

en Artes Visuales de la Escue-

Sus principales actividades

cializándose en fotografía. Su

la Nacional de Artes Plásticas

de producción son la fotogra-

de la UNAM. Sus principales

fía y la narración literaria.

obra se centra en reflexiones

intereses giran en torno a la

http://bitacoraisa.blogspot.mx/

fotografía, el ámbito social, la relación óptima entre los espacios urbano-arquitectónicos, los espacios naturales y el arte. Ha incursionado en proyectos de análisis de impacto ambiental y social, arquitectónico y de diseño industrial. Actual miembro del Colectivo Tijera.

Ingrid Fugellie

sobre el mecanismo fotográfico tales como el proceso de producción, su cualidad

Tomás Gómez Robledo Entre sus exposiciones más destacadas se encuentran: Natures, en Centro Cultural de México (París, 1991); Polyforum, en Polyforum Cultural Siqueiros (México DF., 1994); Pintura reciente, en UCSJ (México DF., 1996); De Moore a Zúñiga, en Museo de Historia de Tlalpan (Méxi-

Psicóloga y artista visual. Aca-

co DF., 2007). Ha ejercido la

démica de la ENAP/UNAM en

docencia en la Facultad de

las asignaturas de Teoría del

Artes Plásticas, Universidad

Arte, Historia del Arte y Dibujo.

Veracruzana y en la ENAP/

Es autora de Las complejida-

UNAM. Su obra se encuentra

des de la imagen (Fontamara,

en colecciones del Museo de

2009), Imagen visual de las

la Secretaría de Hacienda y

de signo, su estatuto de huella y su rol en el vínculo con la realidad. En su obra aborda también la unión de la fotografía con otros materiales buscando expandir los límites del documento e investigar la frontera entre realidad y apariencia, deseo y representación, ausencia y presencia del referente en la fotografía. Actual miembro del Colectivo Tijera.

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Gabriela Hernández

Alejandro López Beltrán

Estudió la Licenciatura en Artes Visuales (2009-2013) centrándose en talleres del área de Escultura y Gráfica. Entre sus principales intereses se encuentra el dibujo por lo que cursó el taller “Máquina de Dibujar” con la artista Pauline Fondevila. Actualmente cuenta con diez exposiciones colectivas en la Ciudad de México y en Xalapa, Veracruz.

Es Maestro en Artes Visuales por la UNAM. Se ha desempeñado profesionalmente en diversas coordinaciones en instituciones del sector público y privado. Ha impartido cátedra en asignaturas de disciplinas como: Diseño Gráfico, Publicidad y Arquitectura. Actualmente es profesor en la ENAP, donde colabora como investigador y ostenta la publicación del libro “La comunicación. Los medios en el diseño gráfico y la publicidad”.

José Ángel Leyva Poeta, narrador, editor, promotor cultural, periodista. Ha dirigido las publicaciones Alforja y La Otra. Estuvo a cargo de la Coordinación de Publicaciones de la UIC hasta enero de 2013. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía “Olga Arias” con el libro Entresueños (1990); Nacional de Poesía de la Universidad Veracruzana (1994); Nacional al Mérito Literario del Estado de Durango (2009). Nacional de Periodismo del Club de Periodistas de México (1999 y 2008). Ha publicado más de 15 libros algunos de los cuales fueron traducidos al francés, inglés, portugués e italiano.

Ingrid Menocal Estudiante de la licenciatura en Diseño y Comunicación Visual, con orientación en audiovisual, multimedia e ilustración, en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM. Ha incursionado en diversas áreas del diseño. Es co-fundadora y directora creativa de Ombligo, empresa productora de diversos artículos de diseño. Actual miembro del Colectivo Tijera.

Cynthia Mileva Licenciada en Diseño y Comunicación Visual por la

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Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM. Perita en Fotografía Forense por la AUD. Profesora de Fotografía en el CESIJUC y comunicadora visual en el área de Turismo en la Delegación Xochimilco. Su trabajo ha sido expuesto colectiva e individualmente. Obtuvo dos menciones honoríficas en el concurso fotográfico “La Ciudad en tu Mirada”.

Francisco Muñóz a.k.a. Franc Mun Egresado de la carrera de Artes Plásticas y Visuales por la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”. Ha expuesto de forma individual en el Museo Casa de León Trotsky (DF.) y en la Galería Espacio Alternativo de “La Esmeralda”, CENART (DF.) , y de manera colectiva en la Casa de Cultura “Jaime Sabines”, Escuela de Iniciación Artística No. 1, Centro de Expresión Artística y Contemporánea Dada X, Clínica Regina, Fundación SEBASTIÁN, Centro Cultural Aliac, La Trampa Gráfica, Galería Central del Centro Nacional de las Artes, Antiguo Colegio de San Ildefonso


(DF.) y Museo MARCO (Monterrey). Ha sido seleccionado en la X Bienal Monterrey FEMSA 2011 y por el Museo Leopoldo Flores de Toluca en su convocatoria de exposiciones “Arte abierto. Arte para todos”.

Gabriel Sánchez Artista plástico interesado en el dibujo, el grabado, la pintura y la fotografía. Desde 1977 cuenta con exposiciones colectivas e individuales. En 1988 y 1990 obtuvo los premios de adquisición del Concurso Nacional de Estampa sobre una Interpretación Moderna de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Actual miembro del Colectivo Tijera.

grupales, es protectora de los derechos de los animales y pertenece a una ONG dedicada principalmente a gatos callejeros. Ha escrito artículos acerca de los derechos de los niños y acerca del acceso a la información, y actualmente escribe una novela relacionada con la violencia y los sobrevivientes de la guerra civil en Guatemala.

Ximena Santaolalla Abogada y psicoterapeuta especializada en trastornos de la alimentación, ha trabajado en el CIDE en proyectos relacionados con la transparencia y el derecho a la información, así como con la mediación y la resolución alterna de conflictos. Además de tener un consultorio privado donde recibe pacientes y realiza talleres y terapias La Guerra | 107


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