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GACETA DE LITERATURA Y GRÁFICA ◊ NUEVA ÉPOCA ◊ NÚMERO 40 ◊ DISTRIBUCIÓN GRATUITA

La historia insospechada de... Lourdes Meraz

Q

ue no cerrara las fauces, era la consigna. Pudo resistir un tiempo, pero siempre con ese dejo de ansiedad. Apenas sentía las finísimas hebras entre los dientes, le ganaba el ansia. Primero se comió a una niña. Como no dejó rastro, nadie pudo sospechar. El problema vino cuando se comió a una princesa que tenía la mata de pelo más dorada que nadie. Sentía que le iluminaba la boca y la cerró. Se quería quedar con la luz de los cabellos, pero las criaturas peines no están hechas para eso. Está de sobra decir que fue castigado. Antes de él, ningún otro lo había intentado. Todos se quedaban quietos, cumpliendo con su deber a fuerza de domar los impulsos más primarios. Él no lo pudo evitar y sin indulto, le plastificaron. Le quitaron el filo de la dentadura y la mandíbula que amenazaba a las cabezas más desmelenadas. Le empequeñecieron el tamaño y le aplanaron el espíritu. Desde entonces, se queda con lo que puede de los cráneos que tiene a la mano. Él espera. Espera con paciencia. Tal vez algún día todo vuelva a la normalidad. ◊

Mr. Fly / Orejas / Objeto / 2010

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Hombre herido Racial Quirino

E

l hombre busca ramas secas para calentar la noche. Relámpagos descubren su rostro marcado con el filo de las puestas de sol, la piel endurecida que recibió a la muerte. Herido en lo simple y tibio de la sangre, parece no acordarse del disparo que lleva en el torso, ni de su sombra que se extiende hasta ciertas lejanías del alma. No obstante la sed que blanquea sus labios, sus ojos tienen esa calma que dan las derrotas; ya no se pregunta cómo vino a dar a ese desierto. Cruza renqueando la loma que lo separa del frío, deja un rastro que formaría un cuerpo si las piedras tuvieran el peso de lo que no existe. A su espalda se extiende un rumor de sangre, que siguen los coyotes, los perros, las miradas. Exhausto se echa y se pone a acariciar la botella de bourbon como si contemplara el mar: la fogata que busca puede aparecer en cualquier momento a la orilla de la carretera que hay de un trago a otro. Hay ojos en todas partes, se dice aguzando el oído; pero los bandidos ya no regresarán sino hasta que acumule suficiente vida que puedan arrebatarle. Está tranquilo. Sabe que todavía le queda en su revólver un nombre de mujer para cuando las cosas se pongan feas. ◊

Mr. Fly / La Guerrera Loca (charlotte Bradley) / De la serie “los locos” / Digital / 2008

Mr. Fly / Sin título / De la serie “intolerancia” / Plumón y pintura en aerosol / 2009

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Una línea de conducta Matías Pailos Buenos Aires, 1976

U

no intenta ser bueno y paciente, uno trata de ponerse en el lugar del otro, pero con estos negros de mierda no hay caso: hay que matarlos a todos… Noooo, si es como yo te digo: no aprenden más. Es que son negros, ¿entendés? Ojo: yo no discrimino. Me estoy refiriendo a que, ¿cómo te explico…? Son negros ‘de alma’. Sabés lo que te digo, no. Negros-de alma. Si sos negro -‘de alma’-, no cambiás más. No te podés descuidar, con ellos. El otro día se subió uno, así, zapatillas, jogging, así, morochito, capucha, gorrita. Y me dice: a tal y tal. Bué. Arranco. A las cinco cuadras me dice: ¿tenés cambio de 100…? ¿Tendés? Ahí nomás lo bajo. El negro me empieza a gritar, viste. “Eh, qué te pasa, la conchae tumadre, gil de mierda”. Bué. Se pone violento, viste. Pero a mí no me vas a correr. Menos si sos negro. Abrí la puerta, lo agarré de la capucha y lo revoleé a la calle. Ahí el negro se pone como loco. Saca un arma, me apunta, que dame todo, guacho, que sos boleta, gil. Pero yo ya estaba adentro y había puesto primera. Me le quedé mirando fijo, sin decir nada. A estos negros hay que demostrarles autoridad, que uno no les tiene miedo. A los dos segundos, los tenés comiendo de la mano.

Mr. Fly / Stickers / Técnicas diversas / 2002-2006

¿Vos te creés que hizo algo? ¡Psst…! Que hiii-jo de puta… ¡Cómo vas a doblar así…! Mina, tenía que ser. Mirá: yo no discrimino, pero ahora con esta boludez del feminismo, parecería que pueden hacer cualquier cosa. Y no es así. No es así, viste… es como yo digo: la mujer, en la cocina y en… no, pará… cómo era… ¿cómo era…? La mujer con la cocina y la cama, y si se puede fifar en la cocina… ¿cómo era…? Bué. Se entiende. Las minas solo sirven para fifar y para cocinar… sí, bué: y para lavar. Y para cuidar a los pendejos… claro, claro. Pero no para manejar, hermano. Bué. Que el otro día estoy ahí, lo más bien, fumándome un pucho, por Cramer… no sé si Cramer o Monroe, mirá, si te digo te miento… bué. Estoy ahí, lo más bien, relojeando a las pendejas (ahora que vino la primavera están todas en pelotas, meneándose todo el tiempo, dale que te dale, pidiendo pija a lo loco), y de repente: ¡paf! Golpe de atrás. Imaginate: yo, a las reputeadas. Freno, agarro el bate y bajo. Recaliente. Decime mu, hijo de puta, y te parto el vidrio en ocho.

Llego hasta el auto –un BM blanco de esos nuevos, importados de Alemania, o Japón, o no sé dónde- y levanto la cabeza. De adentro sale un hembrón… no te puedo explicar, mirá. Rubia, hermosa, tetas así, ves, así, loco. Infernal. Una cosa nunca vista. La cazé de refilón, pero me hice el boludo. ‘Ay, disculpame, no sé qué estaba mirando, disculpame’, dice la mina. Mirá cómo me dejaste la máquina, le digo (haciéndome el recio, viste. Eso las pone como locas). ‘Ay, no sé, pará que te paso los datos, no te preocupes, yo me hago cargo de todo, de todo, de todo’, dice. ‘Esto va a salir una fortuna’, le digo. Una fortuna, pregunta. Sí. Y ahí nomás le tiro una cifra demente. Y la mina pica. Junta las patas, se muerde los labios, se aprieta las tetas. ‘¿No lo podemos arreglar de alguna otra forma?’. ‘Yyyy… no sé’, le digo. ‘A vos qué se te ocurre’. La mina no dice nada. ‘Vení, vamo al auto así estamos más tranquilos’… ¿Vos te creés que le tuve que decir algo más? La hice pasar al asiento de atrás. Apenas me siento, me pone una mano en la pierna y me clava la vista. ‘No tengo tanta plata, ¿sabés? ¿No hay otra cosa que pueda hacer para compensarte’. Ahí directamente pone la mano en el bulto y empieza a refregar. ‘Cualquier cosa’, dice. ‘Hago todo lo que me pidas’. Cuestión que al rato me estaba chupando la pija con esos labios de puta con botox que Dios y el cirujano le dieron. Tragatela toda, puta, le digo. Y sabés qué: tragó. Todo, ¿eh? Hasta la última gota. Al final pasaba la lengüita buscando más. ‘¿Está bien?’, pregunta. ‘¿Qué más puedo hacer por vos, papito?’. Yo estaba al palo de nuevo. Como la tengo enorme e insaciable, las minas se vuelven locas. ‘No sé si vos sola vas a poder con esto. ¿No tenés una amiguita para que te ayude?’. La muy puta abre la boquita como para que entren veinte pijas juntas. Se agacha para chupármela de nuevo. Le da unos lengüetazos y al toque mira para arriba y dice ‘pará que hago un llamado’. Al toque pasamos a buscar a una negra –pero negra negra, ¿tendés? Una colombiana con un ojete del tamaño de la Bombonera- que le encaja un chupón a la rubia y otro a mí. Quince minutos más tarde me las estoy enfiestando en el telo de la vuelta. No sabés. Noooo… no te imaginás. Cosas que te pasa por ser tachero, viste. Ah: en una de esas le estoy dando bomba en cuatro a la rubia mientras ella se la chupa a la otra, y podés creer que suena un celular. Atiende. “Hola, mi cielo… sí, mi vida… por supuesto, papito…” –todo mientras le mete el dedo a la negra y yo me la rrremmm-pómo por detrás. No sabés.

Mr. Fly / Cap Fly / Digital / 2003

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Se me puso veinte veces más dura. Le entré con ganas. A lo loco. Tanto que se escuchaba el plaf-plaf de los güevos contra las cachas. Apenas colgó pegó un grito que se escuchó en todo el telo. No te miento si te digo que ninguna mina antes acabó así. Posta… al día siguiente me llamó de nuevo. Me la recogí a ella y todas sus amigas. En una terminamos quince personas en un loft de la costanera: catorce minas y yo. Un espectáculo… no, al final la corté. Me quemaba la cabeza. Todo el tiempo llamándome, pidiendome pija a lo loco. Yo lo entiendo: una vez que prueban de esta, no quieren otra. Pero yo no tengo tiempo, viste… yo no soy como esos yipis del microcentro que… sí, yupis. ¿Yo qué dije…? Eso. Mirá, te cuento una… … se sube un punto, un gil. Un yipi de esos. Traje, maletín, todo. El ñato me pregunta si me gustan las minas… Sí, claro, le digo. ¿Y cómo te gustan?, me dice… ¿Te gustan tetonas, por ejemplo…? Yo ahí, agarro y digo: este es puto. Este se la come doblada. Digo: este me quiere bajar la caña. Sí, digo. Me gustan tetonas. Pero minas, ¿eh…? El tipo se me queda mirando. No travas, le digo. Los travas están bien para que te chupen la pija, pero nada más. Escuchame: lo que yo digo es que si todos los días te bajás uno, entonces te sentás en el muñeco… pero esto al margen. El tipo dice que sí al toque. Dice: tengo la mina para vos. Para vos, para mí y para ese gil que pasa por la calle. Tengo todas las minas. Tengo el whisky. Tengo el telo de la vuelta. Hasta tengo la frula, si te va. Solo me falta la habilitación, me dice. Y el vuelto para el comisario. En resumen: me ofrecía el 20% del negocio. Solo tenía que darle cinco lucas ahí nomás, como para arrancar, como para que pudiera ir marchando la cosa, y la iba a levantar en pala… yo no me cuezo al primer hervor. ¿Entendés lo que te digo? A mí no me vas a hacer el cuento del tío así como así. A piola, piola y medio… yyyyyy, no sé, le digo. Justo estaba guardando para… para… ¿para qué?, me pregunta… nada, nada, le digo… doblo por acá, ¿te parece? Así es más rápido. Si no hay que seguir derecho hasta la autopista, pagar peaje… no, vos tranqui. 15 años. 15 años de tachero, llevo. Sé lo que te digo, ¿tendés? Bué. La cosa es que tengo un cuñado que labura en el Museo, en la parte administrativa, y… bué: te resumo. Le digo que este cuñado labura con mi hermana, que es pintora, viste. La mina –mi hermana- hace reproducciones de cuadros… cuadros que están en el Museo… ¿me seguís…? la cosa es sacar los originales, poner

Mr. Fly / Vence / Propaganda callejera / 2004

los cuadros de mi hermana… no, es todo un proceso. Mi hermana labura con dos amigas, una química y una experta en no sé qué pindonga, que le hacen no sé qué al cuadro de mi hermana y entonces parece como si fuera el otro, el posta, ¿tendés? No: que un experto medio pelo no puede distinguir entre uno y otro. A menos que se metan a hacer estudios que duran años, viste… no, boludo: puro verso. Yo hermana no tengo. Por eso con la tuya me… ah, vos tampoco. Claro, je: sos un piola. Ta bien. Bué: que ya está casi todo listo. Está hecho el contacto –un gallego que está parando en el Hyatt- y ya hay fecha para la transa. El problema es el siguiente: el gaita viene con tres de los mejores especialistas del mundo. Pero ese tampoco es un gran mambo: ya están apalabrados dos. El quilombo es el tercero. Ese pidió, le digo al ñato, equis cantidad de guita… más o menos tres veces más de lo que tengo. Yo pongo una parte, le digo, pero necesito a alguien que ponga el resto… ¿cómo “de una película”? Ninguna película. ¡Ninguna película, loco! ¡Te lo digo yo! ¿Qué? ¿Me estás diciendo mentiroso…? Yo te cuento la posta, hermano. Te digo las cosas tal cuál son. ¿Podés creer que el gil entra? Yo tampoco lo podía creer. Pero viste como son las cosas, no? Uno creería que esto solo pasa en las películas. Y en las malas, ojo. Pero no. Un pendejo como ese está expuesto. Es un nene, no sabe nada. Solo ve tetas de las que chupar guita. Pero la cosa no es así… sí, claro. ¿Te creés que nací ayer? Yo tenía una estructura montada –tenía un amigo que laburaba en el Hyatt, que hacía toda la parte operativa de la transa, y se ponía en contacto con las minas – unas pendejas de Bellas Artes con las que nos enfiestábamos cada tanto- para armar el circo… diez pavos, le sacamos al boludo. Porque es así. Es así como te digo: son todos boludos. Y los más boludos son los que les gusta mal la guita. A los que le gusta mal, pero mal, eh. Mirá, escuchá esta… Alem y Viamonte. Sube uno de estos giles. Pendejo. Veintialgo, ponele. Traje, maletín, todo… peinado con gomina, también. Al toque me pregunta que si no me quería ganar unos mangos. Lo miro. A estos los tengo junados, yo. Me dice: media luca por llevar esto a tal lado. Ahí te dan el resto. Le dije que sí. Se baja en la esquina. No habíamos hecho ni dos cuadras. Pero yo ya lo tenía. Esta me la intentaron hacer mil veces. Se creen que yo nací ayer. Apenas lo dejo al yipi, abro el paquete. Un ladrillo. Tendés, ¿no? Merca, pibe. Así que arranco y me voy al

Mr. Fly / Vago / Esténcil / 2010

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carajo. Le vendo la mitad a unos pibes del barrio, y con la otra llamo a la rubia y a la hermana... te acordás, ¿no? Te conté. La rubia que me chocó de atrás y la hermana con la que me enfiesté esa-misma-noche, je… ¿cómo que negra…? Bueno, sí… digo… sí, era negra, la hermana… sí, bueno: media hermana. No sé qué quilombo del padre por Brasil, viste… sí, Brasil, Colombia, qué se yo… uno de esos países llenos de negros… sí, era la hermana pero también era la mejor amiga, viste. Cosas de minas. Imaginate, no voy a andar cuestionándome, a esa altura. Bué. La cosa es que llamo a la rubia y a la negra –la hermana. Joya. De yapa, traen a una amiguita colorada. La gran vida, pibe. Una rubia, una línea. Una negra, una línea. Una colorada (me vuelven loco, las coloradas. Son mi perdición), una línea. Bué. Que estuve así, no sé… cuatro días, habrán sido. O una semana, qué se yo. La cosa es que cuando salgo del telo me están esperando. Lo que ellos no saben es que yo estaba esperándolos… no, que estaba esperando que me estuvieran… ¿tendés? Así que apenas los veo arranco. Tenía a las tres minas atrás. Al toque empezaron a romper las pelotas. Que parara, que se querían bajar, que no sé qué carajo. Así que tuve que pelar el fierro, viste. Se quedaron piolas. Calladitas y hacen lo que les digo. Para que entendieran le di con el canto en la jeta de la colorada. (¡Cómo me calentaba la colorada! Se me puso tiesa de solo pegarle, y eso que tenía a esos giles siguiéndome…) Doblé en una esquina y me bajé. Las minas salieron corriendo. Seguían siendo un espectáculo, corriendo medio en pelotas, con tacos, por una calle empedrada. Apenas los escucho llegar me planto rodilla en tierra y apunto. No los dejo frenar que los estoy recagando a tiros. El auto viborea y va a parar contra un semáforo. Me acerco para ver qué onda. El único que no estaba frito era el yipi. Lo saco –recagado en la patas, el pendejo- le meto dos piñas y lo acuesto en el tacho. Cuando vuelve en sí, está atado a una silla, en medio de un ambiente enorme, en una casa desierta, en medio del campo. Hola, mi cielo, le digo. Ahí pelo la navaja. Cantá, pibe, le digo. De fondo suena ABBA. ¿Conocés? Alta música, pibe. Me vuelve loco, ABBA. Me pongo a bailar, a agitarle la navaja por la cara. Lo empiezo a cortar. Le rebano una oreja. Ahí suelta todo. La merca, la guita, todo. Le rebano la otra oreja y salgo… ¿cómo que otra película? Son cosas que me pasaron, pibe. ¿Te creés que tengo tiempo para estar viendo películas? Eso no es nada, además…

Mr. Fly / Sin título / De la serie “intolerancia” / Plumón y acrílicos / 2009

Mr. Fly / Permanentemente Loco (Víctor Sulser) / De la serie “los locos” / Digital. 2009

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La cosa es que estoy en casa con la merca y la guita que saqué del departamento del pendejo. Una vez al mes, armo la misma movida que antes: vendo parte de la merluza, y con otra me encierro en el telo con la rubia y sus hermanas… sí, la colorada también era hermana. Eran mellizas. Sí, mellizas. Trillizas. Trillizas, digo. Pero de distinto padre. La vieja era flor de puta, viste. Se dejaba empomar por su marido –un empresario que vendía inodoros – importados, ojo-, su chofer negro y el mejor amigo del marido, que era el hijo del embajador de Suecia… o uno de esos países con colorados… sí, tremenda perra… sí, no sabés… apenas dio a luz, el dorima, con la vena que le estallaba, le armó una causa y la metió adentro… tenía contactos con el ejército, el tipo. Al negro se lo chuparon. El colorado la zafó, pero… bué. Otro día te cuento. La cosa es que me encierro con las tres hermanitas en el telo. No sabés. Había ido antes y tirado la merca por toda la cama. Apenas entraron, se volvieron locas, las minas. Locas, eh. No sabía qué hacer. Un saque, una mamada, una tijereta. Otro saque, una empomada por el culo, otra tijereta. Y otro saque. Y así, dale que te dale. Habremos estado… no sé, boludo… treinta horas, ponele… no sé… encima, la negra había llevado esa cosa de perfume… ¡Lanza! Sí, eso. Y en un momento dado agarró y roció todo con eso. Imaginate. Todos reduros, y encima con eso encima. Bueno: que las minas se quedan congeladas. ¡Duras, loco! ¡Pero no de merca, tendés! Yo me pongo loco. Voy hasta la colorada y la zopapeo con la pija. Nada. Voy con la rubia: nada. Voy con la negra: lo mismo. Chau. Chau, dije. Esta cosa de negros y la reputa que la parió, viste. Entonces me dicen: “no es la droga; somos nosotros”. No-sabés-el cagazo-que me agarró. Me doy vuelta y tengo treinta enanitos verdes con caras de viejo mirándome. Sentí que se me iban a escapar los ojos, loco. Uno de los enanos chasquea la lengua… ¡y las minas desaparecen! ¡Desaparecen, tendés! Y entonces siento que me hablan, pero como que nadie mueve un músculo… como si me hablaran directamente a la cabeza, tendés. “Vamos”, dicen. Y entonces me despierto. Uff. Una pesadilla, dije. Un poquito de paranoia y ya. “No estás soñando”, me dicen… ¡me hablan directamente a la cabeza…! ¡Estoy atado, capo! ¡Estoy en una nave de mierda, volando por el espacio…! ¡Te juro, loco! ¡Ninguna película, te lo cuento tal cuál…! ¿En la próxima…? No, pará… pará que ya termino de… sí, dos minutos más y ya te… ¿cómo? ¿cambio de 100…? ◊

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Yara Liceaga-Rojas San Juan, 1977

Fuck in pills Cuando suena el timbre del teléfono todos en la habitación enmudecen. El momento le exige que hable como una mujer, pero otro poema es precisamente ello con sabor a vino en el labio. La bebida es otra excusa para pasarse unas horas más sobre el suelo. No quisiera levantarse en lo que le resta de estadía. ◊

Banda Sonora en cuclillas el cuerpo escarpado como un insecto nuevecitito, demasiado drogado y feliz (for that matter). decíamos que el suelo era cierta rodilla. no puedo evitar querer amar como un insecto idiota. idiotizada forma de excavar el instante donde, decíamos, contemplo tu brazo, la mano que le sigue. el diafragma en mi pupila permite cierta luz. cierto color sin químico. lo cierto sigue siendo que aparecerá la mañana sin pistas, otra más quiere dejarse quieta. además, ciertas interrogantes se acercan cada vez que podo mis uñas. el esmalte que se usa esta temporada se hace un ocho cuando le hablo directamente a la cara. aquí te quedas, le digo, determinante. sigo teniendo pesadillas. la ventana cae de algún lugar a darse cuenta. ◊ Mr. Fly / Boxeador / Tinta china y Digital / 2010

Mr. Fly / El Predicador Loco (Tom Waits) / Esténcil y digital / 2007

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Traducción de Mara Pastor

Jack Spicer

Un poema sin un solo pájaro ¿Qué te puedo decir, cariño, cuando me pides ayuda? Yo no sé del futuro y mucho menos qué poesía vamos a escribir. Suicídate. Enloquece. Gente mejor que nosotros lo ha tratado. Yo te amé una vez pero desconozco el futuro. Sólo sé que amo la fuerza de mis amigos su grandeza y que odio el modo en que sus cuerpos se quiebran cuando mueren

Mr. Fly / Había una vez / Carteles impresos pegados en la vía pública / 2008

y son comidos por imágenes. La fiesta ha terminado. El picnic ha terminado. Vuélvete loco. Suicídate. No quedará nada

FÉ ERRATAS En el número anterior en la página 10 en el tex-

después de que mueras o enloquezcas,

to "Media Tarde de Luis Téllez" se omitió el nombre de su autor Moisés Vaca, mediante esta errata pedi-

sino la calma de la poesía. ◊

mos una disculpa al autor y a nuestros lectores.

Mr. Fly / Sin Título / Plumón y acrílicos / 2007

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www.libroalacarta.com

gaceta de literatura y gráfica número 40. Es una publicación independiente producida por LITERATURA Y ALTERNATIVAS EN SERVICIOS EDITORIALES S.C. Tiraje 1000 ejemplares. Dirección editorial: Jocelyn Pantoja. Edición: Andrés Márquez Mardones. Diseño gráfico: Hernán García Crespo. Consejo editorial: Javier Norambuena, Mara Pastor y Javier Raya. Coordinación de difusión y promoción: Alina Hernández. Consejo editorial latinoamericano: Nicole Cecilia Delgado, María Eugenia López, Elma Murrugarra y Gema Santamaría. Equipo editorial: María Benítez, María José Farías y Jorge Hernández Rubio. Las opiniones expresadas en los textos no reflejan la opinión de Consejo Editorial y son responsabilidad de sus autores. Colaboraciones a: gacetaliteral@yahoo.com, www.vientos.info/literal y www.limonpartido.blogspot.com. IMPRESO EN MÉXICO. MARZO 2011.


Literal 40