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cuaderno

AC T UA L I DA D

L AT I N O A M E R I C A N A

Nora Garita Bonilla Ana M. Pérez Rubio


Actualidad Latinoamericana Alberto Acosta... [et al.]

Compilado por:

Nora Garita Bonilla. Ana M. Pérez Rubio.

Primera edición compendiada:

Asociación latinoamericana de Sociología.

Ciudad Autónoma de Buenos Aires:

CEFIS-AAS,2017.

Editora 2017:

Libro digital, EPUB

Archivo digital:

Descarga y online. ISBN 978-987-46176-1-3

Diseño y diagramación:

Gabriela Ugalde Valverde.

Progamación:

Carlos Andrés Mendez.

Sitio Web:

www.sociologia-alas.org

Primera edición:

Diciembre 2017.

1. Notas de Opinión. 2. Procesos Sociales. 3. Cambio político. I. Acosta, Alberto. II. Garita Bonilla Nora, comp. III. A.M, Pérez Rubio, comp. CDD 070.44


AC T UA L I DA D

L AT I N O A M E R I C A N A

Nora Garita Bonilla – Ana M. Pérez Rubio Compiladoras Alberto Acosta María Cristina Andreu Alexander Araya Luis Fernando Ayerbe John Cajas Guijarro Néstor Cohen Marco A. Gandásegui Eduardo Gudynas Jorge Hernández Martínez Paulo Enrique Martins Julio Mejia Navarrete Ofelia Pérez Cruz Jaime Antonio Preciado Coronado Jorge Rojas Hernández Emir Sader Pierre Salama Luis Suárez Salazar Valenzuela Feijóo


www.sociologia-alas.org

COMITÉ DIRECTIVO 2015-17 Presidencia ALAS Nora Garita Bonilla (Costa Rica) Secretaría de la Presidencia Carol González Villareal (Costa Rica) Vicepresidencia ALAS Ana Laura Rivoir (Uruguay) Integrantes Carol González Villareal (Costa Rica) Herminia C. Foo Kong Dejo (México) Ana M. Pérez Rubio (Argentina) Joanildo Alburquerque Burity (Brasil) Milton Vidal (Chile) Jaime Ríos (Perú) Pedro José Ortega (República Dominicana) Francisco Arturo Alarcón (El Salvador) Alberto Riella (Uruguay)


índice Nora Garita Bonilla Introducción .............................................................................................................................. Ana Pérez Rubio Los retos del pensamiento crítico.................................................................................... Emir Sader El dinero y la conducta de los humanos........................................................................ José C. Valenzuela Feijóo

fin de ciclo?

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ARGENTINA Las luchas de género en la democracia de participación: Ni una Menos......................................................................................... María Cristina Andreu Más allá de la “grieta”............................................................................................................ Néstor Cohen

BRASIL Os intelectuais e as lutas pela democratização das políticas públicas em contexto de crise: horizontes do movimento sanitarista no Brasil................................................................................ Paulo Enrique Martins O Brasil virando a página da historia............................................................................ Paulo Enrique Martins No Brasil, crise profunda e direita disposta a tudo................................................. Pierre Salama Raíces económicas de la crisis estructural.................................................................. Pierre Salama

CHILE Participación ciudadana, calidad de vida y justicia trans-regional territorial; una línea base social de bien común.................................................................................................. Jorge Rojas Hernández

ECUADOR Ecuador: Entre la continuidad trasformadora o la restauración neoliberal......................................................................................................... Emir Sader Juego de Tronos: Lucha de derechas ecuatorianas Alberto Acosta del siglo XX y XXI........................................................................................................................ John Cajas Guijarro


MÉXICO México: problemas mayores............................................................................................... José Valenzuela Feijóo

PERÚ Corrupción, violencia y cinismo. Notas sobre la insensibilidad moral en el Perú......................................................................................... Julio Mejia Navarrete

2 CUESTIONES GEOPOLÍTICAS EN AMERICA LATINA Elecciones EEUU 2016.......................................................................................................... Marco A. Gandásegui Entre el desacuerdo y el fascismo societal invertido. Elecciones e imaginario democrático en Estados Unidos.................................... Jaime A. Preciado Coronado Estados Unidos y América Latina: Balance de la administración Obama y perspectivas con la elección de Donald Trump............................................................................................. Luis Fernando Ayerbe In Trump we trust. Fundamentalismos religiosos y política en EEUU.................................................................................................................... Ofelia Pérez Cruz La crisis norteamericana y las elecciones de 2016. ¿Crónica de una muerte anunciada?............................................................................ Jorge Hernández Martínez

3 LEGADOS DEL PENSAMIENTO Uno de los legados de Fidel Castro: la unidad de América Latina y el Caribe................................................................................................. Luis Suárez Salazar Fidel Castro: artífice de la proyección externa de la revolución cubana en nuestra América................................................................... Luis Suárez Salazar Nuestra modernidad viscosa: Bauman aquí en el sur........................................... Eduardo Gudynas Bauman In Memorian............................................................................................................ Alexander Araya


DATOS DE AUTORES

Marco A. Gandásegui:

Panameño. Sociólogo, investigador, escritor. Doctor en Sociología por la Universidad de Nueva York. Maestría en Sociología (FLACSO). Licenciado en Periodismo por la Universidad de Chile. Fundador del Centro de Estudios Latinoamericanos (CELA).

Jorge Hernández Martínez:

Cubano. Profesor universitario e investigador. Sociólogo y politólogo. Director del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos (CEHSEU) de la Universidad de la Habana. Miembro del Grupo de Trabajo sobre Estados Unidos del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).

Paulo Enrique Martins:

Brasileño. Doctor en Sociología por la Universidad de Paris I. Profesor Titular del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Federal de Pernambuco (UFPE) y Coordinador del Núcleo de Ciudadanía, Exclusión y Procesos de Cambio (Nucem – UFPE). Presidente de Alas entre 2011 – 2013.

Julio Mejia Navarrete.

Peruano. Decano de la Facultad de Ciencias Sociales. Doctor en Ciencia Política y Sociología por la Universidad Pontificia de Salamanca. Licenciado en Sociología. Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 1979. Coordinador de la Cátedra América Latina y la Colonialidad del Poder. Miembro del Grupo de Trabajo Violencia y Ciudadanía del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).

Ofelia Pérez Cruz:

Ecuatoriano. Economista. Catedrático de la FLACSO. Consultor del Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales ILDIS (Fundación Friedrich Ebert). Su experiencia lo llevó a ejercer cátedra en universidades de pregrado y posgrado en Quito, Guayaquil y Cuenca, en Ecuador, y en la Universidad Complutense de Madrid, en España.


DATOS DE AUTORES

Marco A. Gandásegui:

Panameño. Sociólogo, investigador, escritor. Doctor en Sociología por la Universidad de Nueva York. Maestría en Sociología (FLACSO). Licenciado en Periodismo por la Universidad de Chile. Fundador del Centro de Estudios Latinoamericanos (CELA).

Jorge Hernández Martínez:

Cubano. Profesor universitario e investigador. Sociólogo y politólogo. Director del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos (CEHSEU) de la Universidad de la Habana. Miembro del Grupo de Trabajo sobre Estados Unidos del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).

Paulo Enrique Martins:

Brasileño. Doctor en Sociología por la Universidad de Paris I. Profesor Titular del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Federal de Pernambuco (UFPE) y Coordinador del Núcleo de Ciudadanía, Exclusión y Procesos de Cambio (Nucem – UFPE). Presidente de Alas entre 2011 – 2013.

Julio Mejia Navarrete.

Peruano. Decano de la Facultad de Ciencias Sociales. Doctor en Ciencia Política y Sociología por la Universidad Pontificia de Salamanca. Licenciado en Sociología. Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 1979. Coordinador de la Cátedra América Latina y la Colonialidad del Poder. Miembro del Grupo de Trabajo Violencia y Ciudadanía del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).

Ofelia Pérez Cruz:

Ecuatoriano. Economista. Catedrático de la FLACSO. Consultor del Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales ILDIS (Fundación Friedrich Ebert). Su experiencia lo llevó a ejercer cátedra en universidades de pregrado y posgrado en Quito, Guayaquil y Cuenca, en Ecuador, y en la Universidad Complutense de Madrid, en España.


DATOS DE AUTORES

Jaime Preciado Coronado:

Mexicano. Doctorado en Estudios Latinoamericanos, especialidad en Geografía y Ordenación Territorial, por la Universidad de Paris III, con Mención Honorífica en las tesis de maestría y de doctorado. Profesor-Investigador de la Universidad de Guadalajara. Profesor Invitado en el ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, SNI nivel III. Actualmente es Miembro de la Academia Mexicana de Ciencias. Presidente de Alas entre 2007 y 2009.

Jorge Rojas Hernández:

Chileno. Sociólogo, Magíster Artium en Sociología y Ciencias Políticas de la Universidad de Hannover, Alemania Federal. Doctorado en Sociología. Universidad de Hannover, Alemania Federal. Actualmente Profesor Titular del Departamento de Sociología y Antropología Decano de la Facultad de Ciencias Sociales. Miembro del Directorio del Centro de Formación Técnica, CFT-Lota, Universidad de Concepción Miembro titular de la CCPU.

Emir Sader:

Libanés. Máster en Fisolofía y Política y Doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de São Paulo (USP). Investigador en el Centro de Estudios Socio Económicos de la Universidad de Chile. Profesor de política en la Universidad Estatal de Campinas. Dirige el Laboratorio de Políticas Públicas (LPP) de la Universidad del Estado de Río de Janeiro, donde es profesor emérito. Secretario Ejecutivo de Clacso. Presidente de Alas entre 1997-1999.

Pierre Salama:

Francés. Economista y Latinoamericanista. Es profesor emérito de la Universidad París XIII. Director Científico de la Revista Tiers Monde y del grupo de Investigación sobre el Estado, la Internacionalización de las Técnicas y el desarrollo (GREITD) Doctor Honoris Causa por la Universidad de Guadalajara (UDG) y las Universidades Autónomas Metropolitanas de México (UAM). Experto del Conseil de l’Europe.

José Valenzuela Feijóo:

Mexicano. Profesor-investigador del Departamento de Economía, Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa. Doctor en Economía por la Universidad Estatal de Moscú, M. Lomonosov. Licenciado en Ingeniería Comercial por la Universidad de Chile. Profesor– Investigador Titular “C”, UAM Iztapalapa. Miembro de número de la Academia Mexicana de Economía Política.


INTRODUCción Hemos organizado esta compilación del siguiente modo: ella se inicia con un artículo de Emir Sader que remite a los” retos” que se le plantean al pensamiento crítico al intentar comprender las transformaciones producidas en las últimas décadas, en particular atendiendo al nuevo auge del liberalismo y el desprestigio del socialismo. Esta suerte de giro, de carácter regresivo, se presenta sin embargo como innovador, mientras considera como conservador y agotado al Estado, el socialismo, las políticas, las soluciones colectivas, los movimientos sociales, a los partidos y a la misma izquierda. Sin embargo, no es posible pensar en la superación del neoliberalismo sin la participación activa y creativa tanto del pensamiento crítico como de las fuerzas del campo popular. Seguidamente, un conjunto de reflexiones en torno a “El dinero y la conducta de los humanos, de José C. Valenzuela Feijóo, que discute sobre las funciones no económicas del dinero, básicamente su incidencia en la orientación de la conducta y en cuanto instrumento de poder. Reconoce en el primer sentido la existencia de exigencias objetivas y de factores subjetivos que operan como reguladores de la conducta. En tanto que, en el otro, destaca la presencia de un segundo poder mercantil que se ejerce por medio del dinero. Se trata de un valor abstracto que condiciona y regulariza la actividad práctica en una relación oculta - “hipócrita” dice el autorque se esconde y se ejerce por medio de las mercancías. Esta subordinación que se registra, mediada por las cosas, hace que la dominación pase de la esfera real a la monetaria. Los siguientes artículos – agrupados en una sección que se interroga acerca del ¿Fin de ciclo? - consideran la coyuntura de los diversos países latinoamericanos. No hay acuerdo en torno a esta cuestión y las voces no son uniformes. Los aportes de los autores hacen referencia específica a la situación de sus propios países y otros se aventuran en reflexiones en torno a ciertos momentos particulares de un país diferente pero que capta la atención de modo específico. 14

Los dos primeros artículos refieren a Argentina, el de María Cristina Andreu que, en “Las luchas de género en la democracia de participación: Ni una Menos”, asevera que la resistencia a las formas de colonialismo y la formación republicana han sido el resultado de los enfrentamientos planteados por las construcciones colectivas bajo la forma de los distintos Movimientos Nacionales, Populares y de Liberación. En general, dichos movimientos han organizado luchas por el reconocimiento de la diversidad étnica, cultural, de género, pero también por la justicia social y la construcción de ciudadanía. A continuación, en “Más allá de la ´grieta´”, Néstor Cohen analiza un escenario que se patentiza actualmente en la realidad argentina y que deriva del reforzamiento de la polarización entre espacios políticos de orientación diferente. Esta situación, al naturalizarse termina permeando el discurso tanto de los medios de comunicación como del lenguaje cotidiano, favoreciendo visiones maniqueas del entorno. En el capítulo sobre Brasil, Paulo Enrique Martins nos presenta dos contribuciones: en “Os intelectuais e as lutas pela democratização das políticas públicas em contexto de crise: horizontes do movimento sanitarista no Brasil” destaca el contexto de crisis y reforzamiento del poder conservador. Considera que las fuerzas de la derecha hacen foco en el cuestionamiento de las políticas públicas de orientación social al tiempo que promueven su desinstitucionalización. Frente a esto sostiene la importancia de las movilizaciones sindicales y en el espacio público para evitar su desorganización por parte del poder conservador. En el otro artículo, “O Brasil virando a página da historia”, se problematizan algunas de las tesis tradicionales sobre el desarrollo del capitalismo periférico, proponiendo centrar el análisis en el poder oligárquico, cuya crisis es centralmente política y cultural y no económica. Martins piensa que la crisis se relaciona con las dificultades que encuentran las elites para mantener su status


y el control de los recursos producidos por la economía redistributivista estatal. Asimismo, que los enfoques de análisis tradicionales entre izquierda y derecha pierden fuerza, abandonando el campo de la lucha económica por la lucha moral. Esto tiene un lado positivo, ya que habilitaría posibilidades de reforma del sistema de poder pos-colonial con la emergencia de nuevos partidos y nuevos liderazgos. Pero igualmente existiría el riesgo del surgimiento de nuevos populismos que reemplacen a los sistemas representativos y políticos tradicionales reformando regímenes de poder autoritario. Por su parte, Pierre Salama, en sendos artículos, analiza lo que él considera una crisis de doble naturaleza, tanto política como económica. En el primero, “No Brasil, crise profunda e direita disposta a tudo” detalla los aspectos políticos de dicha crisis, mientras que en “Raíces económicas de la crisis estructural” asevera que, si bien los países emergentes de América Latina tienen menos crecimiento que los asiáticos, durante el gobierno de Lula éste se aceleró, posibilitando la implementación de políticas redistributivas que incidieron en la disminución de la pobreza. Sin embargo, a partir del año 2011 dichas tasas comenzaron nuevamente a decrecer. En consecuencia, la crisis económica es, al mismo tiempo, una crisis política con graves consecuencias sociales debido a la ausencia de reformas estructurales y de una política industrial adecuada. Se trataría, en verdad de una crisis de legitimidad y de racionalidad frente al ajuste fiscal que aparece como la solución más ortodoxa; en consecuencia, recomienda pensar con creatividad imaginando nuevas soluciones y evaluando en toda su magnitud tanto la crisis económica como sus causas profundas, que insiste, son políticas. Desde Chile, Jorge Rojas Hernández, en “Participación ciudadana, calidad de vida y justicia trans-regional: una línea base social de bien común” examina la realización de mega

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proyectos y sus consecuencias en términos de territorios y comunidades. Estos proyectos por haberse llevado a cabo sin los estudios previos de impacto ambiental y social y sin la participación de la ciudadanía han afectado no sólo la calidad de vida sino los niveles de pobreza, vulnerabilidad y exposición a los riesgos socionaturales. Se enfatiza el concepto de pasivos sociales que propone para hacer referencia a las externalidades sociales y ambientales. Dos artículos conforman el capítulo sobre Ecuador, uno de Emir Sader “Ecuador: Entre la continuidad trasformadora o la restauración neoliberal” en el que se analiza el contexto de este país frente al proceso eleccionario que se aproximaba. Resalta, al igual que en otros de la región, la gran polarización entre las fuerzas progresistas representadas por el gobierno y las alternativas de derecha bajo sus dos formas, una propuesta de corte neo-liberal y otra posneoliberal. Con todo considera que el candidato de Alianza País se encontraría en condiciones de hacer frente a la segunda vuelta dada la estructura política en la que se sustenta. Luego, Alberto Acosta, John Cajas Guijarro en “Juego de Tronos: Lucha de derechas ecuatorianas del siglo XX y XXI”, analizando igualmente la situación de Ecuador, asumen posturas diferentes a las propuestas en el artículo anterior. Por un lado, afirman la existencia de un “aroma” a fraude que contribuye a debilitar y deslegitimar al ganador, cualquiera sea éste; advirtiendo, asimismo, sobre una posible crisis política institucional en la que confrontarían visiones opuestas, aunque ambas formando parte de la derecha, una representada por Lasso, que se correspondería con el XX, y la del Siglo XXI, con lo que designan como el correísmo sin Correa. En cualquier caso, desde esta visión, ninguno de los candidatos representaría genuinamente los estratos populares.

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Cerramos esta parte por con aporte de A esto se suma el artículo de Julio Mejía Naverrete referido a Corrupción, violencia y cinismo. Notas sobre la insensibilidad moral en el Perú. En el alude al aumento de estos elementos como formando parte de la vida cotidiana, como resultado de la tensión derivada de la hegemonía de la modernización neo-liberal, en particular de la década de los 90 en la que tales ideas adquieren un impulso particular no sólo en Perú sino en otros países de latinoamericanos. Se trataría de un fenómeno típico de la modernidad tardía debido, entre otros factores, al incremento del individualismo extremo y la cultura de la privatización incidiendo de modo pernicioso en el capital social y la construcción de lazos y vínculos sociales. Define, además, la preeminencia de una razón cínica, que se traduce en una suerte de estado de guerra y enfrentamientos permanentes entre individuos egoístas. En la segunda parte, bajo el título de “Cuestiones geopolíticas en América Latina”, se reúnen un conjunto de artículos que han centrado su análisis en las elecciones de USA y las vicisitudes que afronta actualmente el imaginario democrático. Entre ellos, el trabajo de Marco A. Gandásegui, quien en “Elecciones EEUU 2016” considera la composición del electorado de Trump y los grandes lineamientos de su propuesta política. Sin dudas, el nuevo presidente configura una experiencia inédita en tanto cuenta al mismo tiempo con el apoyo de los capitalistas y los trabajadores proteccionistas según comenta el autor. Jaime Antonio Preciado Coronado en “Entre el desacuerdo y el fascismo societal invertido. Elecciones e imaginario democrático en Estados Unidos” considera que las elecciones de noviembre del 2016, se dirimieron entre dos posiciones extremas: un bloque globalizador liberal y corporativo y una opción conservadora, proteccionista y nacionalista claramente

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emparentada, dice el autor, con el fascismo societal, pretendiendo legitimar el espacio sociopolítico a partir de una idea de autoritarismo moral o superioridad. Luis Fernando Ayerbe, en su artículo “Estados Unidos y América Latina: Balance de la administración Obama y perspectivas con la elección de Donald Trump” considera que el liderazgo de Estados Unidos, que propiciara Obama, deviene de una decisión pragmática y realista a la luz de las posibilidades objetivas y recursos de ese país; ayudado por la instauración de gobiernos más aperturistas y favorables a la ascendencia estadounidense. Por el contrario, en la propuesta de Trump, manifiestamente aislacionista, se evidencian propósitos de revertir los procesos anteriores aún a costos de indisposición con el entorno regional más proclive a alianzas y consensos. Ofelia Pérez Cruz en “In Trump we trust. Fundamentalismos religiosos y política en EEUU” postula la alineación entre la Nueva Derecha Cristiana y el partido republicano, que ya se hubo verificado en tiempos de Reagan y Bush, ambos representantes de los valores cristianos y de la familia americana. Esta alianza ultraconservadora tiene incidencia en los asuntos sociales, políticos y económicos de Estados Unidos. Y se apresta ahora a brindar su apoyo a Trump vista su propuesta de enaltecimiento y recuperación de América, aun cuando la misma se sustenta en discriminaciones, enfrentamientos y valores ultra-conservadores. Jorge Hernández Martínez en “La crisis norteamericana y las elecciones de 2016. ¿Crónica de una muerte anunciada?” plantea que a pesar de las encuestas que apuntaban al triunfo de Clinton, era igualmente esperable el retorno de los republicanos, atendiendo a la situación de crisis de la sociedad norteamericana tanto en el plano económico, como cultural, político e ideológico. Crónica de una muerte


anunciada, como señala el autor, la búsqueda de un nuevo proyecto de nación se patentizó durante la campaña con una marcada impronta conservadora tanto en el imaginario como en la cultura y las corrientes político- ideológicas. Valenzuela Feijóo presenta un interesante artículo acerca del neoliberalismo en México en el marco de la asunción de Trump a la presidencia de USA “México: problemas mayores”; en él asegura que el modelo neoliberal mexicano vigente desde 1982 ha tenido efectos desastrosos sobre la población. Pero que el triunfo de Trump y sus lineamientos políticos podrían generar serias dificultades para su funcionamiento en el país produciendo la preocupación de las clases dominantes. Valenzuela considera que la razón de este triunfo debe buscarse en el fracaso y crisis estructural del modelo neoliberal en Estados Unidos. Frente a esto considera las posibles alternativas que pueden presentarse ante la actual situación para “salir del pozo”.

Nora Garita Bonilla Ana Pérez Rubio

contexto latinoamericano, sino releerlos desde una mirada crítica. El diálogo que establece con tales conceptos lo lleva a reconocer procesos contrapuestos dentro de A. Latina y junto a algunos componentes de una realidad fluida, otros que permitirían hablar de una “modernidad viscosa”. Con referencia al mismo autor Alexander Araya en “Bauman In Memorian” destaca la capacidad de este gran sociólogo para analizar lo contemporáneo retomando debates clásicos y traduciéndolos a un idioma acorde con un mundo globalizado y en permanente cambio. De este modo, este conjunto de artículos referidos a cuestiones de máxima actualidad e interés para nuestro continente nos proponen avanzar en la comprensión de procesos que nos involucran y que devienen cruciales para transitarlos de modo crítico y comprometido con el momento actual.

Finalmente, hemos organizado una tercera parte, que hemos dado en llamar “Legados del pensamiento”, en él incluimos algunos aportes que se constituyen en una suerte de homenajes a grandes pensadores desaparecidos. Hemos comenzado con la propuesta de Luis Suárez Salazar, quien en dos artículos “Uno de los legados de Fidel Castro: la unidad de América Latina y el Caribe” y “Fidel Castro: artífice de la proyección externa de la revolución cubana en nuestra América” realiza una interesante revisión de los principales aportes hechos por Fidel Castro a la “multifacética” obra humanista de la Revolución Cubana. A continuación, Eduardo Gudynas presenta en “Nuestra modernidad viscosa: Bauman aquí en el sur” un conjunto de reflexiones a modo de homenaje a este autor, en ocasión de su fallecimiento. El valor del artículo está precisamente en la voluntad expresa de no repetir, copiar o aplicar linealmente sus reflexiones al

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Âżfin de ciclo?


LOS RETOS DEL PENSAMIENTO CRítico Las grandes trasformaciones – en general de carácter regresivo – de las últimas décadas se han constituido en grandes desafíos para el pensamiento crítico. Verdades consideradas establecidas fueron desmentidas rotundamente, una de ellas la idea de que la historia tenía una tendencia evolutiva de tipos de sociedad, por lo cual después del capitalismo nos aguardarían el socialismo y el comunismo. Aunque no se orientara estrictamente por esa visión, había un sentimiento evolutivo de los procesos históricos. Un gran tema de los años 1970 era sobre el fin del capitalismo, considerado ineluctable, la discusión se centraba en cómo y cuándo ello se daría. Otros temas, como el rol positivo del Estado, los rasgos retrógrados y conservadores de la derecha, la centralidad de la clase obrera, constituían un conjunto de referencias para el pensamiento social, que se han disuelto en el aire. La comprensión del nuevo período histórico se ha vuelto el más grande reto para el pensamiento de la izquierda. Incluso porque ese reto se planteaba bajo la influencia de un nuevo auge del liberalismo y de desprestigio del socialismo y de corrientes teóricas que siempre habían girado alrededor de ese tipo de sociedad. La vida académica se ha vuelto más burocratizada, las modas de ruptura con la izquierda y adhesión a nuevos modelos ideológicos, el aislamiento de la fuerzas de izquierda y de sus corrientes de pensamiento, fueron rasgos del nuevo período, globalmente caracterizado por tendencias conservadoras. El mismo pensamiento crítico no ha dejado de sufrir consecuencias de las grandes trasformaciones de las relaciones de poder en escala mundial. En su seno corrientes han adherido a la idea de rechazo del Estado, en nombre de la “sociedad civil” o hasta a plantear que sería posible trasformar el mundo sin acceder al Estado, todos bajo influencia del liberalismo. Del otro lado del espectro ideológico, en el marco de

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pensamiento sectario, se consideraba que, como el neoliberalismo es la supra suma del capitalismo, solo se saldría de ese modelo hacia el socialismo. Demostraba las dificultades del pensamiento social para comprender un cambio de período hacia uno de carácter regresivo, pero que se presentaba como innovador, rechazando al Estado, al socialismo, a la política, a las soluciones colectivas, a los movimientos sociales, a los partidos, a las mismas ideologías y a la izquierda, como conservadores, superados, agotados. Un nuevo período histórico profundamente contradictorio, solo puede ser comprendido valiéndonos de la máxima de Lukacs: lo único que hay de ortodoxo en el marxismo es el método, esto es, la dialéctica. Porque ese nuevo período ha representado, a la vez, un inmenso retroceso, con el fin del socialismo y el desgaste de un conjunto de referencias progresistas, con el advenimiento de un mundo unipolar bajo hegemonía norteamericana. Pero, a la vez, esa hegemonía no trajo aparejada ni la reactivación de un ciclo de expansión económica del capitalismo, ni un período de paz mundial, bajo la acción del imperialismo norteamericano. La globalización del modelo neoliberal ha significado el paso a un ciclo largo recesivo del capitalismo, que ya dura varias décadas y no tiene plazo para terminar. La multiplicación de focos de guerra es otro rasgo del nuevo período. Lo cual, a su vez, ha permitido el surgimiento de gobiernos antineoliberales en América Latina y de los Brics, en escala mundial, como contrapuntos a la hegemonía norteamericana y del modelo neoliberal. La comprensión contradictoria de esos factores es indispensable para que el pensamiento crítico se ponga a la altura de los desafíos presentes, especialmente en América Latina, donde ese pensamiento necesita recuperar la capacidad


Emir Sader

de análisis creativa que tuvo en el pasado, para poder contribuir a la superación de los problemas que la lucha anti neoliberal plantea. No habrá superación del neoliberalismo sin una participación activa y creativa del pensamiento crítico, en estrecha relación con la práctica política de las fuerzas del campo popular, porque se trata de desafíos nuevos, en un período histórico nuevo, que requiere no repetir las formular esquemáticas del pasado, ni tampoco adherir a las formas superadas del liberalismo. No por casualidad el pensamiento crítico latinoamericano tiene en Mariátegui uno de fundadores, porque fue uno de los que más ha renovado el pensamiento social del continente, echando raíces en nuestra propia historia. Es hora de que pensamiento crítico latinoamericano agarre un nuevo vuelo, a partir de la comprensión de nuestra realidad específica y aprendiendo de los avances y los errores cometidos en este siglo.

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EL DINERO Y LA CONDUCTA DE LOS HUMANOS (Sobre las funciones no económicas del dinero) Para efectos de la exposición, distinguiremos dos funciones primordiales: a) el dinero como forjador o moldeador de la conducta humana; b) el dinero como instrumento de poder. I.- El dinero como orientador de la conducta humana. En esta primera dimensión, señalaremos dos aspectos: i) el dinero como finalidad; ii) el dinero y su impacto en la racionalidad. Por supuesto, el impacto del dinero es muy variado pero aquí nos limitaremos a señalar sólo dos aspectos, en tanto nos parecen de especial relevancia. a) El dinero como finalidad de la vida. En la medida que la economía de mercado se va extendiendo y profundizando, tiene lugar algo que es necesario e inevitable: su lógica estructural pasa a moldear el comportamiento de personas y grupos. Lo cual, a su vez, impacta en los valores y motivaciones que, en el plano subjetivo (i.e., psicológico), orientan esas conductas. Es decir, opera un proceso de internalización de las pautas de conducta exigidas por el sistema. Lo que también se traduce en la emergencia y asimilación de los valores y motivos que funcionan como impulsores y justificadores de esa actividad². El punto es claro: entre las exigencias objetivas – la conducta que exige desplegar la estructura socioeconómica- y los factores subjetivos que motivan y regulan la conducta, tiene que darse cierta adecuación. Esta pudiera no ser completa (de seguro casi nunca lo es), pero tampoco puede darse una disociación muy elevada. En este caso, se produciría una situación de desequilibrio emocional mayor que ningún sistema puede resistir. A la larga, una persona o grupo que no cumpla con las conductas que exige la estructura, termina por desaparecer: entra en acción una especie

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de “suicidio social”³. Por ejemplo, un productor mercantil que regale la mitad de su producción, muy pronto entraría en quiebra. Algo similar valdría para el capitalista que, rebelándose contra su rol social, empezara a conceder más y más aumentos salariales. En breve, una persona (o grupo) reproduce su posición social si satisface las exigencias de conducta que plantea esa posición. En los regímenes mercantiles, los medios de vida y producción deben ser comprados. Y para esto se necesita dinero. Este es el recurso que permite acceder a esos bienes. En este sentido, resulta natural que la vida del grueso de los humanos se oriente en función de un propósito: ganar dinero, disponer de él. Al final de cuentas, éste se transforma en condición de vida para los distintos miembros del agregado social. No hay aquí una propensión innata sino el simple resultado de una estructura objetiva que exige ese comportamiento. En un primer momento, el dinero todavía se considera como una mediación imprescindible. La lógica subyacente, aún es la de la circulación simple: M → D → M. El valor se busca para obtener valores de uso. Pero por el mismo carácter del dinero, en especial por su función de reserva de valor, muy pronto emerge el “auri sacra fames”, la insaciable sed por poseer y acumular más y más cantidades del equivalente general. En principio, lo que aquí opera es un ciclo circulatorio que se interrumpe a mitad del camino. Sí funciona el primer movimiento, el M → D o venta que permite acceder al dinero. No así el segundo, pues la no realización del D → M es lo que impide gasta del dinero y, por ende, permite atesorarlo. Luego, con la emergencia y consolidación del capitalismo, el ciclo dominante pasa a ser el del capital: D → M → D’ en que D´ > D. En este caso, el valor de uso es el que pasa funcionar como un simple intermedio y es el valor (el valor acrecentado) el que le pasa a otorgar sentido a todo el proceso⁴.


José C. Valenzuela Feijóo

Se podría pensar que esta lógica sólo opera en el espacio de los negocios. Pero es muy claro que va más allá y termina por permear al conjunto de las actividades humanas5. Al final de cuentas, todo se subordina al dinero y si antes éste operaba como un “medio para”, ahora todo los demás se transforma en un “medio para lograr dinero”. El artista, por ejemplo, ya no despliega su actividad creadora a partir de sus necesidades expresivas y de comunicación sino en función del dinero. Este, termina por dictarle qué y cómo desplegar su arte. Según escribiera Simmel, “el dinero, que se ha convertido en fin último, no permite que subsistan como valores definitivos, coordinados con él ni siquiera aquellos bienes que en sí no tienen ningún carácter económico. No basta al dinero establecerse como otro fin último de la vida, al lado de la sabiduría y el arte, de la importancia personal y la fuerza, de la belleza y el amor, sino que al hacerlo obtiene el poder de rebajar a éstos hasta la categoría de medios.”6 b) Dinero, cálculo y racionalidad. La racionalidad la entendemos, en este contexto, como adecuación de medios a fines. Es decir, no discutimos la racionalidad de los fines y, por lo mismo, nos situamos en el espacio de la razón instrumental. Nos situamos en el contexto del capitalismo, que es donde mayor desarrollo alcanza la forma mercancía. El punto inicial a recabar es la necesidad que impone el sistema a sus empresas: maximizar las ganancias. Más precisamente, se trata de lograr el más alto (D´- D) / D posible. Lo cual, como mínimo exige contabilizar rigurosamente los gastos o inversión inicial (=D) y los resultados o ingresos finales (=D´). La contabilidad es un registro objetivo (i.e., no emocional) y se hace con cargo a unidades monetarias. Este es un primer paso. El segundo es materia de cálculos “ideales”. Es decir, se trata de examinar las diversas trayectorias económicas posibles, las cuales se evalúan en términos de la rentabilidad que pudieran

determinar. En este caso, surgen prognosis y planes que se pueden cuantificar. Para decirlo de otra manera: la contabilidad ex-post pasa a ser complementada por la contabilidad ex-ante. En todo lo cual, usualmente se pasa a medir en términos monetarios. En este plano nos podemos preguntar: ¿qué haría un ingeniero o arquitecto si no pudiera contar con sistemas que miden pesos, distancias, volúmenes, etc.? Para el empresario, el dinero pasa a jugar un rol análogo: la aplastante mayoría de los fenómenos económicos se mide en términos de dinero. La cuantificación, por su lado, estimula y exige un pensamiento más riguroso y preciso. Muchas veces (y cada vez más), esto conduce a la aplicación y desarrollo de modelos matemáticos, inclusive de nuevas técnicas matemáticas. Para nuestros propósitos, el punto a subrayar sería: para satisfacer el móvil fundamental – ganar más y más dinero- resulta estrictamente funcional lograr la mayor racionalización posible de las actividades productivas. Lo cual implica: i) tornar racional el comportamiento en el proceso productivo y, por extensión, de toda la conducta social; ii) que esa conducta estructurada y consciente de los fines, se internalice y, por lo mismo, genere las capacidades intelectuales del caso. En este sentido, lo que finalmente observamos es un auténtico salto en la inteligencia de los humanos. Según Simmel, “la determinación del tiempo abstracto mediante los relojes, igual que la del valor abstracto mediante el dinero, proporcionan un esquema de las mediciones y divisiones más finas y más seguras que, al incorporar en sí los contenidos de la vida, prestan a éstos una transparencia y una previsibilidad para la actuación práctica exterior que, de otro modo, sería inalcanzable. La inteligencia calculadora que se manifiesta en estas formas puede derivar de ellas, a su vez, parte de las fuerzas con las que domina la vida moderna.”7

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Para evitar malentendidos conviene indicar: i) tales consecuencias no responden, en exclusiva, a la pura presencia del dinero. Es todo el sistema, especialmente en su modalidad capitalista, el que empuja en la dirección de marras; ii) no se debe pensar en una estricta racionalidad de las conductas. Sí en un componente racional mucho mayor al que pudo estar presente en los tiempos antiguos; iii) la racionalidad que hemos indicado, muy poco tiene que ver con la que se postula en los modelos económicos de corte walrasiano. A éste, sobremanera en las versiones más actuales del modelo, se le asignan capacidades de cálculo y de optimización que exceden ampliamente la efectivamente poseída por los agentes mercantiles reales. II.- El dinero como instrumento de poder. a) El poder mercantil: un poder hipócrita. Recordemos que por poder, en su sentido más general, se entiende la capacidad de un grupo o persona para determinar la conducta de los otros, inclusive contrariando la voluntad de esos otros. Luego, por poder de mercado o poder mercantil, entendemos el poder que opera por la vía de mecanismos mercantiles. Señaladamente, por la vía del control y uso del dinero. Es decir, por la forma económica que en las economías de mercado funciona como encarnación del trabajo social general. En este sentido, podemos sostener que el poder mercantil se ejerce por medio del dinero. Al decir de Marx, “en el mercado no hay más que poseedores de mercancías, y el poder que estas personas pueden ejercer unas sobre otras es, pura y simplemente, el poder de sus respectivas mercancías.”8 Más precisamente, ese poder es el que determina el dinero que dispone el agente mercantil respectivo. Para mejor entender el punto, recordemos algo del abecé de las economías de mercado.

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El poseedor de mercancías es libre para optar por tal cual intercambio mercantil particular o concreto. Pero no es libre para rechazar todo intercambio. Como con cargo a lo que produce no puede reproducir su consumo personal ni sus medios de producción, necesita de la producción de los otros, a la cual sólo puede acceder por la vía del intercambio. Esta es una primera restricción o coacción que ejerce el sistema. En segundo lugar tenemos que si bien es él quien decide qué producir, no es menos cierto que está obligado a elegir bienes que sean demandados por otros. De lo contrario no vende y si no vende su reproducción se paraliza. Con lo cual, puede llegar a desaparecer como entidad social y hasta física. En corto, son los otros (y los otros solo en tanto posean poder de compra; i.e. dinero) los que le ordenan qué bienes debe producir. Claro está, esta “orden” asume una forma bastante peculiar: i) es una orden abstracta: no dice produzca el bien “X” o el bien “Y”, sino produzca bienes por los cuales exista una demanda solvente; ii) la voz de mando no es emitida por una persona de carne y hueso, ni tampoco es dirigida a tal o cual productor concreto. No existe, en este caso, una relación social directa o personal en que tal o cual persona ordena a tal o cual que produzca tal o cual valor de uso. El comandante, por ejemplo, le ordena directamente a su tropa que despliegue tal o cual movimiento. El esclavista, hacía algo similar con su mano de obra esclava. En el caso que nos preocupa, por el contrario, lo que funciona es lo que Smith denominara “mano invisible”. Las órdenes, más allá de sus peculiaridades y envolturas, existen. En consecuencia, hay voluntades que se subordinan y opera el poder capaz de provocar esos efectos. ¿Cómo y dónde se ejerce tal poder? ¿Quiénes lo ejercen? ¿Contra quiénes? El poder del dinero se ejerce en el mercado9 y por medio de las cosas-mercancías. Son éstas, o más precisamente el dinero, las que hablan y


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ordenan. En lo inmediato, por ende, no hay o no se ve ninguna sujeción personal. La sujeción se da respecto al mercado y a las cosas (el dinero). Pero detrás del dinero y las mercancías, están las personas o grupos. O, para mejor decirlo, están los poseedores del dinero. No en balde Marx escribía que “cada individuo posee el poder social en su bolsillo bajo la forma de una cosa” –quien pone el dinero pone la melodía dice un muy famoso dicho- y agregaba: “quitad a la cosa este poder social y deberéis ceder este poder inmediatamente a la persona sobre la persona.” O bien: “las vinculaciones deben estar organizadas sobre bases políticas, religiosas, etc., mientras el poder del dinero no sea el nexus rerum et hominem.”10 En síntesis, estamos en presencia de un poder muy peculiar: i) se ejerce por medio de las cosasmercancías. Más precisamente, por medio del dinero; ii) la mediación entre personas y/o grupos resulta indirecta. Es decir, la relación social de poder no conecta directamente a personas y/o grupos; iii) se trata, por ende, de una relación que permanece relativamente oculta, que es poco visible. Por lo mismo, también podemos hablar de una relación de poder hipócrita, que se esconde. ¿Quiénes y contra quienes ejercen este poder? En principio, pareciera que son los compradores (demandantes) los que ordenan. Pero este es muy relativo, amén de que se pueden dar situaciones disímiles. El poder de marras, por ejemplo, puede estar distribuido equitativamente entre los diversos miembros del agregado social. Y si así son las cosas, tenemos que un poder se ve compensado por el otro. O sea, se daría un poder de mercado equivalente o similar. Con lo cual, al final de cuentas, tendríamos una situación de igualdad social sustantiva. Este es claramente el modelo de economía de mercado que privilegiaban Rousseau y otros autores como Proudhon.

La norma, en el caso del capitalismo, es la existencia de un poder de mercado diferencial. Es decir, muy desigual. No existe la compensación propia de un régimen de pequeña producción mercantil y, por lo mismo, nos enfrentamos a una situación en que un determinado grupo social, ejerce una amplia coacción mercantil sobre los otros grupos sociales. Por lo mismo, la muy publicitada “libertad” que se le asigna a las sociedades mercantiles no es más que una apariencia, detrás de la cual, enmascarada o disimulada, lo que efectivamente opera es la subordinación o coacción social. No directa sino mediada por las cosas. No hay una persona que garrote o pistola en mano obligue a desplegar tal o cual conducta. Por lo mismo, en la apariencia no se observa ninguna coacción. Pero por medio del dinero, su poseedor sí puede obligar a otras persona a hacer esto o lo otro. Este, el dinero, como decía Quevedo, termina por ser un muy “poderoso caballero”. b) Algunas consideraciones adicionales. Podemos ver que el dinero es necesario al sistema (sin él no podría funcionar) y, además, muy útil para sus detentores. Basta repasar las funciones que hemos mencionado para comprobar este aserto. Consecutivamente, tenemos que la forma dinero es una entidad que deberá ser objeto de una amplia demanda. Esta situación, en un primer momento, deberá llevar a atesorar dinero. O sea, al dinero no solamente se le demanda para tenerlo listo para ser usado como medio de cambio, sino que también como un depósito seguro de valor. Siendo la representación consolidada del valor – por lo tanto del trabajo social- se comprende el sentido de esta fuerza de atracción. Cuando la economía de mercado asciende a su fase superior, la capitalista, surge otra posibilidad: multiplicar el dinero utilizándolo como capital. Aquí, “el valor se convierte (…) en

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valor progresivo, en dinero progresivo, o lo que es lo mismo, en capital.”11 Ulteriormente, con el desarrollo del capital ficticio, estas posibilidades se diversifican aún más.12 Esta situación da lugar a que junto al dinero, existan otras formas de tenencia de valores: los activos reales (o industriales) y los activos financieros. En este contexto, propio del capitalismo contemporáneo, se plantea el muy conocido problema: ¿entre qué tipo de activos debe repartir sus tenencias de valor el agente capitalista del caso? O bien, para asumir la terminología en uso, se trata de determinar la composición del portafolio de valores. La aparición de activos reales y financieros da lugar a que el dinero usado como depósito de valor, pierda parte de su atractivo.13 El dinero, vis a vis los otros tipos de activos en que se puede detentar el valor, posee algunas ventajas muy típicas: i) es un activo perfectamente líquido, el más líquido de todos; ii) suele ser seguro (salvo el caso de procesos inflacionarios que deterioran su poder de compra). También posee una desventaja: como regla no rinde intereses. Por su lado, los activos industriales (reales) y los financieros: i) rinden beneficios; ii) tienen una liquidez muy inferior (aunque últimamente, se observa un impresionante despliegue de nuevos activos financieros cuya liquidez es relativamente alta); iii) son riesgosos: las empresas pueden quebrar, el precio de la vivienda desplomarse, las deudas pueden quedar impagas, las acciones hundirse, etc. En suma, hay dimensiones en que los diversos representantes o formas de tenencia del valor alcanzan un nivel diferente, lo que obliga a una selección de portafolio que combinando estos factores, logre la mejor combinación posible. Fenómenos como los indicados afectan el comportamiento de la economía en diferentes sentidos. Tienen que ver con el nivel de la tasa de interés, con las condiciones del crédito y de la acumulación, etc.14 En un sentido general, nos pone ante el fenómeno de la interacción entre las

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variables monetarias y las reales. En la escuela neoclásica, se suele afirmar que el dinero es neutral y que no afecta (salvo a corto plazo) a las variables reales. En Marx, se acepta que la dimensión monetaria afecta a las variables reales, aunque no se considera al dinero como aspecto determinante. La dominación, claramente, va desde la esfera real (de la producción, en especial) a la monetaria. Como el punto excede los límites de esta nota, nos debemos limitar a su pura mención. 1 División de Ciencias Sociales, Universidad Autónoma Metropolitana-I. 2 “Las instituciones imprimen su sello en el individuo, modificando su conducta externa lo mismo que su vida interna, puesto que un aspecto del aprendizaje de un rol consiste en adquirir los motivos que garanticen su cumplimiento.” Hans Gerth y Wrigth Mills, “Carácter y estructura social”, pág. 174. Edic. Paidos, Barcelona, 1984. 3 Ciertamente, si el rechazo es masivo y se localiza en grupos sociales relevantes, lo que tiene lugar no es el aniquilamiento de la persona sino del sistema social vigente. Pero ahora este punto no nos interesa. 4 Cf. Bertold Brecht, “Más de cien poemas”, Hiperión, Madrid, 1998. 5 Un diálogo característico podría ser: “– Papá, ¿por qué no somos ricos nosotros? – Hay miles de personas más pobres, Ellie… Tú no querrías más a papá si fuera rico, ¿verdad? – ¡Oh, sí, papá, te querría más!” Cf. John Dos Passos, en “Manhattan Transfer”, pág. 61. Edic. Planeta, Barcelona, 1980. 6 G. Simmel, “Filosofía del dinero”, págs. 279-80. Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1977. 7 Simmel, ob. cit. pág. 559.


José C. Valenzuela Feijóo

8 C. Marx, “El Capital”, Tomo I, pág. 115. Edic. FCE. 9 Pero no sólo en el mercado. Este poder se difunde y extiende a los demás espacios de la vida social. Al final, invade al conjunto de la vida social. 10 C. Marx, “Das Vollendete geldsystem” (manuscrito de 1851). Citado en Grundrisse, Tomo I, pág. 483. Edic. citada. 11 C. Marx, “El Capital”, Tomo I, pág. 110. Edic. citada. 12 Por cierto, con una diferencia nada menor. Las ganancias financieras sólo implican apropiación, más no producción de plusvalía. 13 Una exposición actualizada, sintética y muy clara de los nuevos desarrollos financieros, en Dominique Plihon, “La monnaie et ses mecanismes”; La Decouverte, Paris, 2003. 14 Marx, por ejemplo, pareciera manejar una teoría de los fondos prestables. Aunque de naturaleza muy diferente a la neoclásica.

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Las luchas de género en la democracia de participación: Ni una Menos ARGENTINA La formación republicana en América Latina se sostiene desde la peculiaridad de nuestra experiencia de resistencia a las formas de colonialismo europeo y de enfrentamiento al capitalismo norteamericano en los dos siglos de organización independiente, a través de las construcciones colectivas y diversas que denominamos Movimientos Nacionales y Populares, Latinoamericanos de Liberación Nacional o de Luchas contra la Dependencia. Este proceso incluyó el reconocimiento de la diversidad étnica y cultural con mandato popular en territorio americano, las luchas por la justicia social de los pueblos y en forma creciente y significativa la mirada o perspectiva de género en los procesos de construcción de ciudadanía. Gladys Tzul, joven y meritoria socióloga guatemalteca, en el reciente Congreso ALAS de San José de Costa Rica en diciembre de 2015, realizó una descripción significativa de la contribución de prácticas democráticas de los pueblos originales en el actual contexto latinoamericano. Expuso acerca de las prácticas del asambleísmo y consulta regular como modos operantes institucionalizados en la reciente Constitución de la República Boliviana. Tal vez en esta nueva ola neoliberal inaugurada en América Latina, donde las tendencias de concentración capitalista cuentan con el apoyo de círculos políticos y mayorías de audiencias, se requiera una mirada que soporte fenómenos radicalmente críticos de esta institucionalidad. En Argentina, desde los albores de la crisis de 2001 y durante la llamada década del estado presente, se destacaron múltiples formas de atención de las diferencias institucionalizadas, a través de la concertación social y el tratamiento de los nuevos conflictos emergentes que se manifiestan a través de marchas multitudinarias, acampes y asambleas populares. La vida social

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las incluyó con afección positiva aunque se expresen críticas, y el componente partidocrático debió atenderlo con resultados diversos. Las llamadas redes sociales expresan también estos colectivos dado que sirven instrumentalmente a su visibilización y operación en el escenario del contexto. El periodismo mercantilizado acuñó el término oposición social para referirse a los movimientos callejeros y asambleísticos que expresaran consignas de contenido político con muy amplio espectro de significaciones: contra los despidos en el estado y en la actividad económica privada, reclamos por anulación de programas públicos en el ámbito de la ayuda social, la salud, la educación, la tecnología; detenciones arbitrarias a líderes como la efectuada a Milagro Sala; violencia de género y acoso policial. Este transcurso de resistencia popular frente a la anulación de derechos adquiridos reconoce formas crecientes de organización movimientista con objetivos de reivindicación y empoderamiento de género, tales como: – las marchas del 24 de Marzo por la condena a las formas dictatoriales y el apoyo a las políticas de derechos humanos muy fuertemente defendidas por las Madres y Abuelas de Plaza Mayo y diversos colectivos. – la lucha de las organizaciones de consumidores y vecinos que desde inicio del siglo activan la participación en las audiencias públicas, en las que las empresas generalmente monopólicas deben dar cuenta de sus actividades cuando estas conciernen directamente la libertad ciudadana, tales como los servicios públicos y los medios concentrados de comunicación. Hoy frente a los aumentos de los servicios públicos promovidos por la administración central, han logrado la revisión de los tarifazos aunque estos resultados no alcanzan la consideración de las micro y pequeñas empresas profundamente


María Cristina Andreu

dañadas por la política de expansión de costos y apertura del mercado interno a la oferta globalizada. – la concurrencia femenina en todas las marchas sociales y gremiales del movimiento obrero organizado y de la economía social (paro del 29 de Abril y Marcha Federal, entre otras), en especial aquellas que se realizaron en defensa del empleo y del sostenimiento de los programas sociales En marzo, en el Congreso de la Nación, legisladoras del espacio del FPV anunciaron el envío a debate en comisión de un Proyecto de Extensión al 50 % del cupo femenino en las listas legislativas y en las organizaciones gremiales y sociales. En la provincia de Buenos Aires, que expresa aproximadamente el 40 % de la población argentina, se acaba de aprobar la norma que institucionaliza la paridad de género en la representación provincial y municipal. Las comisiones de género de las organizaciones gremiales exigen incluir en sus organismos de conducción esta demanda. Comenzado el otoño se asistió a la más multitudinaria marcha por los derechos civiles sociales y económicos de género que se tuviera memoria en la ciudad de Buenos Aires y tal vez en América. La convocatoria denominada con la consigna: “Ni una Menos”, fue realizada por más de un centenar de colectivos, movimientos sociales y gremiales, y superó las 300.000 ciudadanas/os organizadas que se manifestaron en contra de la violencia de género y por los derechos sociales y económicos. Entre ellos se destacó la presencia de la Tupac Amaru que reclamaba la libertad de Milagro Sala. Se suma en forma creciente la defensa de los liderazgos femeninos no convencionales, como el de la diputada electa al ParlaSur, Milagro Sala,

a la que se le desconocen sus fueros legislativos y cuya fuerza proviene de la conducción de la organización movimientista, ejemplo de construcción socio económica popular amurada en la tradición emancipadora. Su detención y privación de libertad arbitraria constituirá sin duda el primer caso de denuncia ante la CDH de la ONU sostenida contra el actual gobierno considerado misógino y racista. Comenzada la primavera, en Rosario se celebró el 31 Encuentro Nacional de las Mujeres, que permitió la deliberación de alrededor de 69 puntos temáticos a militantes de género de todos los rincones de la matria federal. Como corolario congregó a una marcha que las organizaciones convocantes estiman en aproximadamente 100.000 mujeres y varones que acompañaron la procesión por el centro de la entrañable ciudad hasta el Monumento a la Bandera. La mayoría de las integrantes eran jóvenes, aunque la característica del E. N. M. es la construcción del hilo germinador entre las generaciones que comenzaron las luchas cívicas en los tiempos de Evita, y muestra de ello es también la presencia de niños que acompañaban a sus madres, inaugurando un estilo que preserva el cuidado y la seguridad ciudadana. En noviembre el colectivo Ni Una Menos, convocó a la realización de la protesta desde los lugares de trabajo, con paro de tareas a todas las mujeres y varones que acompañaran en la jornada que se nombró Miércoles Negro, convocando desde las consignas de denuncia del feminicidio y la feminización de la pobreza en términos generales. El acatamiento fue general en los lugares de trabajo incluyendo el hogar como lugar del trabajo no remunerado femenino y a pesar de la inclemencia del tiempo que desgranó una lluvia demencial, se logró el objetivo de manifestar en la plaza del obelisco porteño.

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María Cristina Andreu

El núcleo fundante de esta irreversible ruptura crítica explicita debates y fija posicionamientos a los que no es ajeno el ámbito académico, como parte del escenario en movimiento. La lucha se da en las organizaciones y se visibiliza en la participación multitudinaria en los espacios públicos. Celebramos que la organización compita con la imposición.

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Más allá de la grieta ARGENTINA La de 2001 ha sido la más profunda crisis política, económica y social que produjera un gobierno democrático en Argentina. Produjo una fractura social que puso en crisis la credibilidad en el sistema democrático, en el sistema de partidos, en los liderazgos políticos. Diferentes sectores sociales ganaron las calles por medio de movilizaciones, piquetes, asambleas populares, etcétera. Resultó muy difícil recuperar las expectativas y credibilidad en las instituciones públicas y privadas. Las nociones de autoridad, de respeto al sistema normativo, de aceptar ser representado quedaron vacías, ausentes de reconocimiento social y legitimidad. En ese contexto político asume, en 2003, el gobierno Néstor Kirchner. Sus cuatro años como presidente y los ocho posteriores de Cristina Fernández de Kirchner, tuvieron una fuerte impronta anti mercado, fortalecimiento del consumo interno, un compromiso con los sectores más vulnerables y ciertas minorías y un realineamiento internacional centrado en alianzas estratégicas políticas y económicas con países de la región, que los diferenció de la experiencia neo liberal del gobierno peronista de Carlos Menem durante la década de los 90. A fines de 2015 Mauricio Macri gana las elecciones liderando un proyecto en el que supuestas leyes del mercado vuelven al centro de las decisiones políticas, gestionadas por CEOS de diferentes empresas como integrantes del gabinete nacional y en estratégicos lugares de la administración pública, generando una importante retracción del consumo interno, aumento de la pobreza, de la indigencia, de la concentración de la riqueza y con un posicionamiento internacional que deja en un lugar secundario a Latinoamérica y acercándose con un rol complaciente a los centros de poder del hemisferio norte.

Néstor Cohen

Sin embargo, lejos de estas diferencias políticas, el kirchnerismo y el macrismo coinciden en el montaje de un escenario que se fortalece en los momentos pre electorales, pero no por ello se desarma luego de las elecciones. Ese escenario es reconocido, es identificado, forma parte de los discursos políticos, pero también integra el lenguaje cotidiano de la sociedad civil y de los medios de comunicación. Ese escenario está naturalizado y tiene nombre, se lo reconoce como “la grieta”. Una de las acepciones de “grieta” considerada en el Diccionario de la Real Academia Española alude a “dificultad o desacuerdo que amenaza la solidez o unidad de algo”. Creo que la grieta argentina es, exactamente, una amenaza. Pero no tanto a la unidad ni a una probable ( id e a l ) solidez nacional, sino a la posibilidad de elegir no formar parte de la grieta. Oponerse a la grieta y a las partes que la integran, implica asumir ciertos riesgos en la Argentina de hoy. El primero de los riesgos es que toda vez que se manifiesta la más mínima crítica o disenso con alguna de las partes, se ubica a quien lo ha hecho como integrante de la otra parte de la grieta. No es posible asumir, siquiera como hipótesis, que la crítica viene de un tercero. El tercero queda excluido. Negar la adhesión al kirchnerismo se traduce como adhesión al macrismo y negar la adhesión al macrismo se traduce como adhesión al kirchnerismo. Penoso modo de concebir la realidad que remite a una concepción binaria de los fenómenos políticos, sociales y económicos. Penoso modo de concebir la realidad que niega el razonamiento dialéctico. Penoso y tedioso camino debe recorrer quien decida no caer en la trampa de la grieta, porque deberá fundamentar su oposición a una de las partes para evitar ser adherido a la contraparte.

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El segundo de los riesgos es quedar atrapados en este escenario circular que pretende impedir la construcción de otras alternativas, que imposibilita diseñar y discutir otras agendas políticas, otras prioridades. Priorizar la lógica binaria como modo de intervenir en la realidad, simplifica, ordena, estructura, pero a la vez, disciplina, limita y termina excluyendo. Esta tensión entre la simplificación de la realidad y el ordenamiento de los conflictos, por un lado, y el disciplinamiento de propios y exclusión de extraños, por el otro, expresa una concepción autoritaria de la política. Se impone como modelo referencial el “estar conmigo o contra mi”, y este modelo al interior de cada una de las partes expresa el pensamiento único, el quiebre del pensamiento crítico, la uniformidad política, la negación del “otro “, la ausencia de la autocrítica, entre otras manifestaciones. Además de los riesgos que genera disentir con “la grieta”, ésta oculta un fenómeno inherente a su composición. Parte de quienes adhieren al kirchnerismo y al macrismo lo hacen por oposición al otro. No es una adhesión por la afirmación sino por la negación. No se defienden principios propios, sino que se combaten principios ajenos. Es el apoyo como expresión de la obstaculización al otro. Como resultado de dos expresiones ya naturalizadas –“que no vuelva el kirchnerismo” y “que se vaya Macri”-, se observa un importante alineamiento en torno a “la grieta”. Son expresiones vacías de propuestas, carentes de proyecto, alejadas de un mínimo nivel de racionalidad. Pero no son expresiones aisladas. La combinación de no asumir que lo opuesto a las propias convicciones se puede componer de diferentes modos de concebir y realizar la política, con la necesidad de adherir a un proyecto bajo la condición necesaria y suficiente que garantice la nulidad del otro, en otras palabras, la combinación de la simplificación de la política a partir de aplicación de la lógica binaria, con la

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estrategia del fin justifica los medios, ha creado en Argentina un escenario preocupante que nos acerca cada vez más a una trama de relaciones sociales, basadas en la exclusión y la negación del otro. El siguiente cuadro muestra cómo se votó en 2015 para presidente. Lo presento como un ejemplo que se aproxima a nuestros argumentos anteriores. Si bien en las segundas vueltas electorales –elecciones por ballotage-, se polarizan las preferencias, no siempre el voto en blanco alcanza valores tan bajos ni resulta inferior a la primera vuelta, como ha ocurrido en esta oportunidad.

En la primera vuelta el 71,23% de los votantes optaron por Scioli o Macri, en la segunda vuelta ascendió al 97,54%. Podemos asumir que la diferencia entre ambas vueltas (26,31%) se compuso entre quienes consideraron tener cierto nivel de coincidencia con el candidato que no habían votado en la primera vuelta y entre quienes votaron en contra del otro candidato. Este mismo argumento puede aplicarse al voto de la primera vuelta. Además, el voto en blanco y anulados, no sólo fueron muy bajos, sino que disminuyeron respecto a la primera vuelta (3,32% a 2,46%). Si bien lo señalado en este párrafo se basa en


Néstor Cohen

conjeturas, teniendo en cuenta el escenario político mencionado más arriba, no podemos menos que prestar atención a estos datos. La historia argentina contiene un extenso recorrido a lo largo de grietas, desde el siglo XIX hasta la actualidad: unitarios y federales, civiles y militares, peronistas y antiperonistas, blancos y “cabecitas negras”, porteños y provincianos, etcétera. En esta oportunidad, el kirchnerismo y el macrismo han sido los creadores de esta grieta y celosos custodios de su existencia. La estrategia del amigo-enemigo les ha resultado beneficiosa para construir poder. Lograr transitar más allá de ella es uno de los principales desafíos de estos tiempos, para las diferentes expresiones de la izquierda en Argentina.

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Os intelectuais e as lutas pela democratização das políticas públicas em contexto de crise: horizontes do movimento sanitarista no Brasil BRASIL Introdução Pensar a ação social num contexto de estabilidade institucional ou mesmo de otimismo científico como foi sugerido pelas teorias da modernização inspiradas pela ideologia do progresso ao longo do século XX é uma coisa. Pensar a ação social num contexto de crise histórica é outra. No contexto de estabilidade institucional as conquistas coletivas parecem naturais, como fatos dados, sejam eles a democracia, a cidadania ou os direitos humanos. Esquece-se, muitas vezes, que tais conquistas foram objeto de lutas, negociações e alianças que implicaram em riscos e sacrifícios para os envolvidos. Em outro contexto, de crise e de reforço do poder conservador como observamos no momento presente, ações e políticas públicas de interesse social passam a ser objeto de contestação pelas forças de direita e o clima otimista de institucionalização é substituído pelo pessimista de desinstitucionalização. H. Arendt no primeiro prefácio a seu livro sobre Origens do totalitarismo faz uma observação sobre o fenômeno totalitário que merece ser lembrada, dada a sua pertinência para explicar este momento de refluxo das energias democráticas e de perdas de referências dos indivíduos sobre o valor das decisões coletivas que deveriam reger a organização do bem comum. Diz ela que o progresso e a ruina são as duas faces da mesma medalha e que ambos resultam de superstição e não de fé. No contexto de desorganização do político, lembra ela, a passividade de ceder ao processo de desintegração converte-se em tentação irresistível e os valores em vias de destruição começam a parecer “inertes, exangues, inexpressivos e irreais (Arendt, 2013: 12).

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A reflexão é ampla, mas é interessante focarmos sua pertinência para o caso brasileiro. O campo da política está novamente aberto para lutas por valores destrutivos e construtivos. O desmanche da democracia a partir do golpe parlamentar imposto pelas forças conservadoras avança agora nos ganhos sociais. No momento presente, estão sendo aprovadas pelo congresso nacional cortes orçamentários importantes que vão atingir o funcionalismo público e as políticas públicas como as de educação e saúde. A aprovação da proposta de emenda constitucional chamada de PEC 241 objetiva criar um teto para os gastos públicos com congelamento das despesas nos próximos vinte anos. O problema desta proposta é que em nome da austeridade fiscal ela vai apenas prejudicar os mais pobres. Assim, medidas mais relevantes como a da reforma tributária para taxar as rendas dos mais ricos ou, então, aquela de revisão dos juros pagos pelo Estado aos banqueiros e aos rentistas não é objeto de discussão e a mídia se encarrega de evitar quaisquer discussões nesta direção. Neste contexto, observa-se que o desmanche da democracia passa da fase envolvendo os partidos políticos para aquela outra que deve implicar grandes mobilizações sindicais e de rua com vistas a evitar que o poder conservador desorganize as políticas públicas e sociais o que é algo trágico num pais onde a maioria da população depende das ações estatais na área social. A nova questão social começa a provocar, por conseguinte, reações importantes dos movimentos intelectuais, sindicais e associativos pois o que está em jogo são as condições fundamentais da cidadania sem as quais as garantias republicanas desaparecem. A agenda das esquerdas vão er necessariamente que incorporar o debate sobre as condições fundamentais da invenção institucional da cidadania democrática que são aquelas das lutas pela preservação dos direitos sociais ameaçados.


Paulo Henrique Martins

E o sucesso desta agenda depende diretamente da articulação do movimento intelectual crítico com as mobilizações da rua. Este movimento, porém, não surge da mera ação erudita exigindo articulação política entre a práxis teórica e a prática da vida social, entre o saber cientifico e técnico e o saber comum. Aqui, se coloca novamente o desafio de formação de movimentos intelectuais capazes de criar novas plataformas conceituais e políticas necessárias para ampliar a luta pela democratização do poder social e de ampliação dos direitos fundamentais à vida e à cidadania. Podemos dizer que este é o desafio que se coloca novamente para a esquerda no Brasil e para todos os que lutam pela democratização da vida social: repensar os fundamentos do movimento intelectual na construção da cidadania e de bem estar coletivo. Por razões históricas, estas lutas devem se mostrar intensas no campo da saúde pública que é o lugar de um importante movimento sanitarista que foi responsável pela implantação do Sistema Único de Saúde (SUS) legislado na Constituição de 1988. A criação do SUS, no Brasil, foi uma iniciativa exemplar para se pensar novos paradigmas em saúde pública a nível latino-americano e mundial (Campos, 2006) e, sobretudo, a integralidade das ações e os cuidados (Pinheiro e Araujo de Mattos, 2008). O SUS constitui a experiência mais bem sucedida de implantação de uma política pública inspirada numa lógica socialdemocrata e voltada para valorizar e implicar o usuário do sistema na organização da proteção social e pública universal, integral e intersetorial, no Brasil (Siqueira e Bussinger, 2010). O SUS foi uma grande inovação quando se entende que ele constitui outro paradigma em saúde pública voltado para ampla proteção social num contexto de um sistema político tradicionalmente antidemocrático e controlado pelas oligarquias e pelo capitalismo financeiro e rentista (Martins, 2013: 106).

As perspectivas de desmonte do saúde pública e do SUS estão já gerando reações que tendem a se acentuar, envolvendo pesquisadores, gestores e profissionais da saúde com vistas a organizar estratégias de resistência. Mas os desafios, agora, são outros bem diferentes daquelas mobilizações dos anos oitenta do século XX que levaram à criação do SUS. Na atual conjuntura, as lutas pela cidadania democrática que em sociedades como a brasileira passa pela ampliação dos direitos coletivos passa por um entendimento mais amplo dos fundamentos da crise do capitalismo nas suas expressões nacional e também global. Estas considerações iniciais colocam o desafio de saber quais os passos que devem ser dados quando estamos vivendo uma experiência não de institucionalização ou de estabilidade institucional, mas, ao contrário, de instabilidade e de desinstitucionalização social, política, jurídica e também científica e que tem origens na governabilidade nacional, mas, sobretudo na desregulamentação do sistema capitalista. Assim, no meu entender, as perspectivas de desorganização das instituições e das práticas convidam a se pensar urgentemente dois temas: um deles, o de pensar a natureza da crise mais ampla que produz os mecanismos desestabilizadores: políticos, econômicos, morais, culturais; o outro, o de se aprofundar o entendimento das implicações éticas e políticas do trabalho intelectual neste contexto de desorganização dos padrões de poder. Há que se dimensionar corretamente como as lutas de resistência devem incorporar o entendimento da crise estrutural mais ampla e as perspectivas de equacionamento do problema democrático no interior das fronteiras territoriais e políticas do Brasil. Tal reflexão implica necessariamente numa nova práxis teórica capaz de redirecionar as energias psíquicas coletivas para novos objetos do desejo humano coletivo por bem estar e segurança e que possam ser atendidos dentro

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das perspectivas de democratização da vida social ao mesmo tempo no plano global e nacional. Estes dois temas inspiram o desenvolvimento das reflexões a seguir. Elementos para a radiografia da crise atual A crise como desregulação econômica, política e moral Comecemos pela apreciação de alguns pontos mais ou menos consensuais, a saber, um, que a crise, no Brasil, não tem caráter somente econômico, mas, também, político e moral; outro, que não se trata de um fenômeno apenas nacional e localizado produzido por erros de gestão governamental no país. A crise é nacional mas também internacional e transnacional, refletindo a desorganização do capitalismo moderno como modo de produção dominante e a perda de validade das ideologias desenvolvimentistas que tinham sido pensadas desde a era Truman no final da segunda guerra para justificar a nova política do imperialismo norte-americano a nível global (Latouche, 2007). A desorganização do capitalismo moderno é substituída por políticas pragmáticas de “reajuste estruturais dos países “periféricos” dando lugar a emergência de um capitalismo oligárquico predatório que financeiriza a economia na tentativa de evitar seu próprio esgotamento. Assim, dada a sua abrangência a crise é também sistêmica (Martins, 2015), se espalhando nos circuitos sociais, econômicos e políticos em diversos níveis – global, regional, nacional e local – exigindo diferentes níveis de compreensão e de ação. O caráter econômico da crise é revelado pelo fato que a financeirização do sistema econômico e a ampliação da desigualdade social estão desequilibrando os dispositivos políticos e administrativos tradicionais usados pelo padrão de poder capitalista par justificar ideologicamente a economia de mercado como algo natural e produto do progresso econômico.

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Os mecanismos ideológicos deste padrão de poder perdem efetividade no controle dos corpos e das práticas num contexto de guerra aberta pelo controle dos recursos produtivos planetários por parte das grandes empresas. A submissão da lógica burocrática e política aos interesses utilitaristas e mercantilistas contribui para desorganizar os sistemas políticos e burocráticos, que deveriam, teoricamente, regular as ações redistributivistas voltadas para a promoção da cidadania. Na prática, novos modelos fictícios de gestão do dinheiro foram criados em torno de ativos especulativos que não se referem mais à vida real que conhecemos no nosso cotidiano, constituindo bolhas especulativas animadas pela financeirização da vida econômica como nos revela com clareza o recente filme A Grande Aposta dirigido por Adam McKay. A baixa persistente das taxas de lucro das grandes empresas é proporcional ao aumento vertiginoso da financeirização do sistema capitalista, criando uma bolha especulativa que se distancia do patrimônio ativo disponível e que desorganiza os valores e expectativas coletivas que regulavam tradicionalmente a oferta e a procura. Esta financeirização acompanha, igualmente, de uma parte, uma crescente concentração da renda no círculo estreito de alguns grupos e pessoas o que se reflete, de outra parte, no aumento da desigualdade, da pobreza, da exclusão social, na ameaça aos mecanismos democráticos e na perda de sentido sobre o futuro humano comum. A desorganização do sistema produtivo é acompanhada da desorganização do sistema de consumo que os economistas liberais do século XX colocavam como a pauta de sobrevivência do cidadão, como necessidade vital mais importante mesmo que a política. Mas os mecanismos ideológicos e políticos voltados para o controle populacional nos territórios nacionais que tinham sido reforçados pelas ideologias desenvolvimentistas estão se fragmentando.


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Este processo de desinstitucionalização amplia o mal-estar e revela pulsões coletivas que tinham recalcadas pelos processos colonizadores. Neste contexto, liberam-se energias coletivas reprimidas e que precisam ser canalizadas para novos objetos de desejo, ou seja, de novas institucionalidades que signifiquem amparo existencial contra o contexto de incertezas. Uma parte dos setores sociais atingidos pela crise volta-se para repensar a vida humana e a política questionando o sistema de poder e buscando novas saídas para a democracia. A outra parte exaspera-se pela perspectiva de empobrecimento econômico e existencial e se sente atraída pelos apelos populistas que no caso brasileiro passa pelo crescimento políticos das igrejas evangélicas. Estes grupos sociais passam a ser manipulados por interesses particulares de grupos de interesses econômicos e mesmo religiosos, ficando incapaz de canalizar suas ações para a reconstrução solidária do mundo. Com a desilusão crescente com relação ao progresso técnico e econômico, as justificativas ideológicas da nova dominação oligárquica não mais são suficientes para administrar a imaginação coletiva e reprimir as frustrações sociais. O desenvolvimentismo ajudava a legitimar a teleologia do progresso. Seu desaparecimento amplia o realismo trágico do mundo presente ficando mais claro a natureza do poder oligárquico revitalizado. O caráter político da crise se expressa pela autonomização do poder econômico e financeiro das grandes empresas com relação aos poderes dos estados nacionais que tinham papel central na reprodução do capitalismo colonial até o final do século XX. Os padrões de poder conhecidos, inclusive os democráticos, estão sendo resignificados pela crescente centralização de decisões nas mãos das novas oligarquias implicando desorganização das instituições sociais e aumento da barganha intra-elite. Verifica-se o esgarçamento do poder

dos estados nacionais que, nos últimos dois séculos, serviram como dispositivos importantes de controle social e cultural nacionais mediante a formação de corpos burocráticos, de forças armadas e de disciplinarização das populações vivendo no interior dos seus territórios administrativos. O enfraquecimento do poder estatal é observado pela sua incapacidade de enfrentar o poder das grandes empresas globais como pela crescente dificuldade de manter a governabilidade nas esferas nacionais e internacionais. Tal enfraquecimento coloca importantes questões sobre novos modos de organização da política de maneira a responder a complexidade do sistema-mundo atual e a importância de regulação autorresponsável das práticas do cotidiano. A dificuldade destes estados modernos e coloniais de organizar mecanismos de controle político e social que funcionem eficazmente no disciplinamento das populações vivendo nos territórios administrativos tumultua as condições culturais de reprodução e circulação de capitais nos níveis nacionais. A perda de efetividade destes mecanismos que asseguravam a hegemonia política das elites, revela-se pela degradação dos regimes democráticos. Há uma ruptura de fato entre, de um lado, o que se chama de democracia representativa que tem sido crescentemente usurpada pelas elites oligárquicas econômicas, políticas e burocráticas, e, de outro, a democracia participativa que deveria remeter ao exercício da cidadania republicana consciente e responsável por parte das maiorias sociais (Martins, 2008). Enfim, há uma centralização da representação e uma dispersão da participação que comprometem os processos democráticos conhecidos, revelando os esforços das elites dirigentes de neutralizar a pressão social. A crise leva as elites a tentarem manipular mais ativamente o aparelho estatal com vistas a assegurar o controle dos recursos institucionais

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necessários ao processo de acumulação global num contexto de crescente insegurança e perda de referências morais. Mas o esforço de manter os mecanismos de controle social a partir dos poderes centrais tendem a ser neutralizados tanto pelo aumento do descontentamento popular tornando a repressão social e o controle cultural menos eficazes. A concentração do poder central do aparelho estatal tem sido a chave de sucesso para a expansão do capitalismo colonial e do imperialismo. Este modelo piramidal e concentrador pode até dar certa sensação de segurança para as elites oligárquicas. Mas ela não impede a deterioração das perspectivas de acumulação do capital a nível nacional e internacional e não evita que as mobilizações de rua ponham na agenda os temas da reorganização do cotidiano e da vida local a partir de novos modos de organização coletiva. O caráter moral da crise se expressa pela descrença dos segmentos pobres e assalariados com relação aos discursos de verdades contidos nas utopias modernas do bem-estar material e do consumo irrestrito. No periodo em que dominavam as ideias liberais havia uma certa moral utilitarista que organizava a sociedade pelo trabalho e pelo investimento produtivo. Mas esta base moral que gerava um certo clima de justiça cognitiva em que os mais ricos ganhavam mais porque seriam mais capazes e espertos também perde sua eficácia. As tentativas das oligarquias nacionais e internacionais de manter as taxas de ganhos estimulam estratégias de apropriação crescente dos recursos estatais. Assim, as pressões das empresas de saúde para organizar o mercado de medicamentos e doenças não se refere mais ao argumento da eficiência técnica, mas simplesmente ao poder do dinheiro e da acumulação dos oligopólios. Tais pressões deixam mais evidente o fato de haver uma contradição entre as exigências para que o consumidor entre no mercado de bens de consumo e de serviços e

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as condições práticas de sobrevivência de grande parte da população que vive em condições precárias e dependentes de políticas públicas. Logo, as deficiências dos serviços públicos em áreas estratégicas como saúde, educação, previdência, transporte e segurança que exigem políticas gratuitas, subsidiadas e solidarias agravam os momentos de incertezas psicológicas e de degradação dos direitos de cidadania. Então se cria uma onda de frustração dos indivíduos que é gerada pelos desníveis entre desejos de consumo e as condições materiais necessárias para permitir que os indivíduos possam consumir de modo ilimitado. A frustração entre o desejo e a prática do consumo e a constatação da perda de efetividades das políticas públicas se reflete no enfraquecimento dos mecanismos de coesão social que eram assegurados, nos regimes republicanos, pelas políticas estatais voltadas para a geração de emprego e renda e pela proteção jurídica ao trabalhador. As frustrações sociais se manifestam pelo desaparecimento do sentimento da comunidade de pertencimento nacional, pelo aumento do conflito e da violência intra-nacional, por um lado, e pelas lutas por novos direitos coletivos que extrapolam o imaginário republicanista tradicional para trazer à tona novos temas como aqueles referentes aos direitos ambientais e à vida, por outro, o que veremos mais adiante. A crise como deslocamento epistêmico Os temas econômicos, políticos e morais assinalados são apenas os sintomas externos de uma crise epistêmica mais profunda que tem a ver com a falência do conjunto de práticas discursivas e regimes de verdades que definiram um modo particular de pensar e fazer a sociedade moderna ocidental nascida na Europa. A crise epistêmica tem a ver com a desorganização do lugar a partir do qual se produz um conjunto de entendimentos sobre a realidade comum.


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Michel Foucault (1966) usa o termo episteme para designar as formas de enunciação da verdade que se produzem na modernidade ocidental como aquelas da loucura, da prisão, da sexualidade entre outras. No contexto que estamos vivenciando a crise epistêmica tem um sentido mais amplo na medida em que não se trata de compreender apenas as condições de verdade dos discursos sobre o conhecimento próprio da realidade europeia. Implica também um entendimento mais amplo da desorganização dos vários regimes de verdade sobre a realidade humana no contexto global da relação entre capitalismo e colonialidade. De fato, o desenvolvimento do capitalismo colonial gerou experiências de múltiplas modernidades (Eisenstadt, 2002; Arjomand e Reis, 2013), cada uma delas constituindo formas próprias de enunciação do que se entendeu como moderno. Assim, temos uma crise epistêmica dos pressupostos de produção da modernidade a nível global, mas que é sentida de forma particular a partir de diferentes lugares, o que implica se adotar entendimentos ao mesmo tempo globais e específicos sobre suas mutações e superações. O que está em jogo é o desaparecimento das perspectivas de sobrevivência histórica de um projeto civilizatório, o moderno ocidental, fundado em dois pilares: um, a crença no progresso técnico e econômico visto como cumulativo e irreversível; outro, a crença que a mercantilização da vida a partir da difusão da ideologia utilitarista sistematizada pela filosofia mercantilista inglesa de J. Smith e J. Bentham a qual reduzia a crença no bem-estar ao que era útil e materialmente agradável (Caillé, 1989). A construção histórica desta episteme moderna ocidental, deste conjunto de valores, saberes e práticas utilitaristas que inspirou o liberalismo e o neoliberaismo somente foi possível pelo rompimento da matriz espacial e temporal tradicional. Esta vinculava rigidamente a transformação da vida social a alianças

comunitárias inspiradas pelos sistemas patriarcais e religiosos que convidavam os indivíduos a aceitarem seus “destinos” e se submeterem a uma ordem mágica original do mundo, a única que poderia impedir as ameaças de um porvir catastrófico. Tais tradições limitavam as perspectivas do utilitarismo na vida prática na medida em que submetia o interesse pragmático a preceitos religiosos comuns. Contudo, com a inauguração da nova episteme, da nova matriz espacial-temporal moderna, emerge uma nova escatologia voltada para a louvação do futuro pelo controle técnico. A. Giddens tem o mérito de ter compreendido o processo de emergência da matriz espacialtemporal moderna a partir de um movimento de encaixe e desencaixe da matriz espacialtemporal tradicional. Para ele, o advento do relógio mecânico contribuiu para separar os modos de enunciação tradicionais do tempo e do espaço um calendário que se desenrola numa sequência continua. A separação entre tempo e espaço e suas perdas de referência com relação a ideia de local que era central para promover a experiência coletiva, contribuiu para deslocar as “relações sociais dos contextos locais de interação e para sua reestruturação através de extensões indefinidas de tempo-espaço” (Giddens, 1991: 29). Isto teve consequências decisivas para o imaginário da modernidade. Os movimentos de desencaixe e reencaixe do espaço implicaram na redefinição simbólica do lugar, promovendo a desterrritorialização das práticas econômicas, sociais e culturais e alargando a imaginação humana. Os espaços de circulação do poder imperial europeu e das forças mercadológicas ajudaram a liberar o comercio e a circulação de mercadorias para fronteiras desconhecidas, desvalorizando as diferenças culturais e religiosas locais na organização das narrativas sobre a vida. O território da mercadoria criou novas escalas de poder, a dos estados nacionais, que

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impulsionaram a expansão do imperialismo europeu e asseguraram o êxito da colonização. O movimento de desencaixe e reencaixe da matriz temporal desfez progressivamente o calendário mítico tradicional que resgatava o valor das memórias e das origens para criar um novo calendário mecânico promovendo a utopia do progresso. O tempo deixou de ser marcado pelos movimentos do sol, da lua e das estrelas passando a ser cadenciado pelo ritmo mecânico dos relógios registrando anos, dias, horas e segundos. Com a nova matriz espacial e temporal se presenciou a alienação do trabalho criativo artesanal como o assinalou pioneiramente Karl Marx, o qual se fundava na percepção direta do ecossistema social. O novo calendário mecânico adquiriu uma forma seriada detalhada com a eletrônica e com a informática contribuindo para formatar os corpos, os pensamentos e as práticas coletivas. A nova matriz espacial e temporal do capitalismo gerou desterritorialização dos processos produtivos com vistas a viabilizar a mercantilização do mundo. O novo calendário do tempo útil se fixou na equação da produção e do consumo contribuindo para acelerar o movimento de recolonialidade das práticas do cotidiano, alienando os indivíduos com relação ao fazer simples e coletivo. A introdução de novas ordens disciplinares nas fábricas e economias de serviços no século XX reforçaram a tendência da separação entre o trabalho e a experiência do fazer como vemos com a introdução da engenharia do fordismo, alienando o trabalhador com relação a sua atividade criativa. A intensificação do tempo seriado avançou, nos últimos anos, com a internet e com os novos dispositivos de comunicação como email, facebook e whatsap aumentando substancialmente o fluxo de informações em paralelo a crescente e preocupante perda de contato perceptivo e experiencial dos indivíduos com relação à realidade ambiental e histórica, aquela do lugar onde se vive.

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As teorias da modernização hegemônicas contribuíram de modo positivo para organizar a ideologia do progresso que sustentou a episteme da modernidade nesses dois séculos e as ideologias desenvolvimentistas que justificaram as novas estratégias imperialistas desde a metade do século XX. O louvor à mercantilização do mundo assegurado pela expansão capitalista e colonial contribuiu para divulgar a nível global a crença na necessidade de se adotar iniciativas políticas, administrativas e jurídicas com vistas a garantir a modernização econômica que era tida como inevitável. A crise epistêmica é revelada pelo fato que este regime de verdade ocidental fundado na ideia de progresso econômico e de mercantilização do mundo, das pessoas e das coisas, não mais está funcionando a contento. A desaceleração da economia mundial, o aprofundamento da crise social e ambiental e os transtornos emocionais e afetivos que atingem muitos indivíduos revela o modo anárquico de reprodução do capitalismo global, sobretudo na sua fase de financeirização acentuada, comprovando o declínio da episteme moderna com consequências diretas nos planos econômico, político e moral, como vemos no momento. No plano internacional, os processos de exclusão social, de epidemias, de fome, de seca e de movimentos acentuados dos refugiados contribuem para revelar o caos crescente do sistema capitalista. Nos planos dos estados nacionais observa-se que os dispositivos de colonização e de autoritarismo oligárquico, apoiados na centralidade do aparelho estatal e na subordinação das populações a sistemas de dominação fundados no clientelismo, antes, e no consumismo, agora, estão perdendo efetividade. Neste plano nacional a crise epistêmica aparece pela fragmentação dos regimes de poder oligárquico colonial que fundou a dominação ao longo dos séculos, até o presente momento.


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Os processos de modernização conservadora implicaram em custos sociais e ambientais muito importantes que, agora, se fazem presentes nas mudanças climáticas, nas epidemias de violência, na perda de efetividade das políticas públicas e na desorganização social. O discurso progressista estruturado pelas teorias da modernização ocidental já não serve para dar esperança futura para as sociedades nacionais periféricas passando a dominar ideias oportunistas e conjunturais que apenas aumentam os ganhos especulativos do mercado e agravam a crise social. Deste modo, podemos dizer que a crise atual aponta para um estresse crescente do sistema psíquico coletivo que se torna incapaz de administrar a grande quantidade de informações que circulam no espaço virtual, perdendo conexão com a realidade sócio-ecológica imediata. A desorganização das subjetividades modernas está provocando um aumento considerável de enfermidades psicossomáticas ligadas a ansiedade, pânico e depressão. A fragmentação das subjetividades provoca compreensivelmente um clima de catastrofismo. Mas, na realidade, o que está acontecendo é um novo deslocamento epistêmico que põe em cheque a matriz espacial e temporal moderna que esgotou suas perspectivas históricas. Este acontecimento libera, logo, outros horizontes heterotópicos que necessariamente devem estar conectado com o resgate da relação homem e natureza em dois planos complementares: um deles tem relação com a reconexão do homem com o meio ambiente, com o seu entorno físico e social. O outro aponta para a reconexão do homem com seu próprio corpo físico e emocional, liberando novas subjetividades coletivas e a ressignificação dos cuidados corporais e físicos. As ciências sociais no Brasil muito enfatizaram, nos últimos tempos, as lutas para democratizar as políticas públicas e sociais num contexto de

crescimento econômico e demanda diretamente direcionada ao Estado visto como recurso para a democratização social. Mas, no momento em que a concentração do poder colonial passa a ser vista como obstáculo insuperável para a democratização econômica e social novas estratégias de resistência e luta devem ser pensadas a partir do que é essencial, o sistema humano vivo e criativo. O esgotamento do modelo desenvolvimentista libera, logo, um sentimento coletivo de desilusão com relação a um modo de se fazer a política e de se construir o saber largamente inspirado pelo patriarcalismo e pela colonialidade. Há que se averiguar, assim, os novos desafios que as ciências sociais e a sociologia devem enfrentar num contexto de ameaça aos direitos democráticos, de desconstrução econômica e social dos mitos da modernização periférica e de descuido com políticas de humanização e de liberação do estar no mundo de forma solidária. Estamos saindo da era do desenvolvimento a qualquer preço centrado na força do poder central organizando o aparelho político, jurídico e administrativo nacional, para uma época de incertezas, mas de amplas possibilidades que é aquela do pós-desenvolvimento e que se exige repensar o poder a partir de outros parâmetros (Radomsky, 2011; Escobar, 2010; Martins, Araújo Silva, Souza Leão, Freire Lira, 2015). Nestes novos tempos, as ciências sociais e a sociologia precisam aprofundar a análise dos desafios postos pelas subjetividades que foram destroçadas pela episteme moderna para liberar as novas subjetividades emergentes vinculadas com as experiências cognitivas e emocionais, reflexivas e solidarias, dos corpos presentes na vida cotidiana. Desenham-se, por consequência, rupturas epistemológicas importantes que apontam para novas percepções do tempo e do espaço, obrigando as ciências, em geral, e as ciências sociais, em particular a refazer seus paradigmas,

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esquemas de interpretação da realidade e métodos de investigação. Assim, autores descoloniais como W. Mignolo sugerem uma desobediência epistêmica pela qual se recusa a tese de um sujeito conhecedor que delinearia o mundo e seus problemas e que classificaria os povos e as culturas. A descolonização do saber e da política deve passar, diz ele, por uma nova geopolítica do conhecimento que desenganche epistemologicamente e politicamente a rede de conhecimento imperial deslocando a hegemonia do capitalismo e recentrando a vida humana como espaço de conhecimento (Mignolo, 2010: 37). As ciências sociais em saúde conhecem, logo, importantes desafios em termos de repensar seus paradigmas interpretativos e os sentidos das práticas na medida em que tem a vitalidade do corpo humano o centro de sua ação. O entendimento da crise atual, por consequência, tem desdobramentos diretos com relação a organização de um mundo convivialista e solidário que é imprescindível para reverter a desordem instalada pela episteme moderna e pelos seus desdobramentos a nível planetário (Caillé: 2015). Edgar Morin sugere que o termo revolução não tem sentido para explicar este momento de deslocamento epistêmico na medida em que não se trata de abolir o passado, as memórias e tradições construídas para instituir uma ordem radicalmente nova. Por isso, ele prefere o termo metamorfose que revela esta mudança de sentidos e orientações (Morin, 2016). O movimento sanitarista e as lutas pela democratização da saúde pública No Brasil, e em outras sociedades nacionais da região, as ideias em favor de uma saúde pública justa e igualitária nasceram das reações contra as forces conservadoras que detinham o controle do aparelho estatal influindo sobre os usos de recursos voltados para a promoção de politicas sociais. Tradicionalmente, as políticas em saúde no Brasil eram pensadas a partir de duas lógicas:

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uma que chamamos de positivista autoritária que está relacionada com o modo hierárquico de funcionamento do Estado brasileiro; a outra, chamamos de liberal mercantil e que se expandiu com a economia mercantil sobretudo com o neoliberalismo (Martins, 2013: 104). Devido ao caráter piramidal e centralizado do estado nacional, as iniciativas de cuidados com a vida tendem a reproduzir lógicas autoritárias e a dominação de interesses corporativistas, burocráticos e econômicos e a colonialidade do consumo, independentemente da vontade democrática do corpo técnico. Pois a generalização do utilitarismo na vida cotidiana guiado pelo mito do consumismo torna as pessoas incapazes de refletirem sobre seu bemestar, sobre a saúde corporal e emocional. A cultura do consumismo funciona como um doping sentimental que rompe com a unidade sistêmica da biovida, contribuindo para novas dinâmicas de colonialidade. A implantação do Sistema Único de Saúde teve vários avanços a partir do momento em que se entendeu que a cidadania na saúde não poderia se limitar ao velho paradigma da saúde-doença, devendo se prestar atenção ao meio ambiente, as condições de trabalho e de moradia e aos cuidados corporais preventivos. O SUS implicou em pressões importantes para se alargar a filosofia da saúde pública para outras politicas setoriais. Neste sentido, o SUS surgiu como uma experiência institucional inovadora num contexto político conservador e submetido a crescente influência dos interesses mercadológicos. As tentativas atuais de desmonte do SUS não devem assim ser vistas como estranhas, mas como uma consequência do enfraquecimento das forças democráticas e crescimento daquelas forças conservadoras. E as reações contra as tentativas de desmonte dos ganhos na saúde pública não devem se limitar ao jogo político conservador,


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exigindo novas práticas de ação que valorizem os contextos locais onde se produzem os saberes básicos do viver em comunidade. Apesar de todos os méritos dos que buscam redemocratizar as praticas sociais e de saúde a partir do Estado, temos que reconhecer que políticas públicas como o SUS encontram resistências importantes tanto em nível dos interesses dominantes – sistemas burocráticos e empresários da saúde – como igualmente das populações “assistidas” que têm dificuldades de identificar a atenção heideggeriana do “para si mesmo” num mundo dominado pelo consumismo material. Os setores populares encantados com os prazeres do consumismo terminam negligenciando a compreensão do “estar no mundo” o que influi sobre as demandas em saúde. Tal negligência com a experiência direta do cuidar inibe o deslocamento dos sentidos da saúde e do viver, gerando ambiguidades nas ações em saúde nas interfaces da ação estatal e do cuidado de si, por parte das populações “assistidas” (Martins e Bezerra, 2014). Num primeiro momento a luta pelo SUS (Sistema Único de Saúde) foi política e impulsionada pelo movimento sanitarista até a sua inscrição legal na constituição de 1988. Depois, nas décadas que se seguem, a dimensão política da construção da saúde pública foi ficando em segundo plano para a afirmação do momento propriamente técnico marcado pela expansão institucional do SUS. No terceiro momento, o presente, os ganhos técnicos são ameaçados por mudanças na política e no político que comprometem o processo de institucionalização e abre um futuro de incertezas para a saúde pública e para o SUS. No segundo momento, o técnico, as ações e políticas em saúde pareciam trunfos garantidos que apenas necessitavam ser aperfeiçoados e ampliados. Nas duas últimas décadas, houve várias iniciativas de sua institucionalização seja mediante novos programas de cuidado e de prevenção, seja pelo crescimento do número de

instituições e cursos acadêmicos voltados para formas novos profissionais e pesquisadores. Neste terceiro momento, político o SUS passa a ser objeto de ataques conservadores que defendem a apropriação privada dos recursos públicos em saúde. Neste novo momento, de desinstitucionalização, a aparência de estabilidade institucional desaparece e se espalha o medo do caos social que tanto pode favorecer um clima propício para iniciativas fascistas e intolerantes, como, no lado contrário, pode contribuir para liberar as energias políticas criativas que apontam para novo ciclo de institucionalidade que tem novas características dadas as condições históricas atuais das sociedades complexas. Um grande desafio é o de entender os limites políticos e institucionais do SUS na construção da saúde pública neste momento de crise, e tal reflexão teórica implica em considerar os próprios limites do dos direitos sociais dentro de um regime republicano que está sendo ameaçado por pressões internas e externas ao país. Há que se compreender que os direitos republicanos como estão formulados na lei não contradizem os direitos privados, contribuindo para legitimar a modernização capitalista através do disciplinamento dos corpos dos trabalhadores. No fundo, os horizontes da cidadania republicana apontam para o controle privado dos recursos “públicos” territoriais, ecológicos e sociais com vista a assegurar a modernização do sistema capitalista colonial. Sobre este alicerce jurídico ambíguo se constrói um modelo de proteção da cidadania civil, política, econômica e social no qual os direitos à saúde aparecem como um dispositivo de reprodução da família do trabalhador e não de liberação do ser humano (Martins, op. cit., 115). O fato é que num contexto, pós-colonial no qual ampla parte da população não consegue entrar no mercado de trabalho ou que vive

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precariamente no setor informal, uma experiência como a do SUS cria uma contradição para o republicanismo na medida em que a obrigação de atendimento universal confronta um sistema de direito que tradicionalmente visa atender o universo particular do trabalhador assalariado e contratado. Em face deste dilema uma tarefa fundamental dos pesquisadores, gestores e profissionais em saúde é repensar as perspectivas de aprofundamento da experiência do SUS num contexto pós-republicano na medida em que a esfera dos direitos republicanos nacionais não é compatível com as novas exigências da saúde coletiva no contexto global em que o enfrentamento da crise exige um novo ativismo cosmopolita. Neste sentido, considero um exercício salutar pensar a relação entre saúde pública e coletiva e o sentido da saúde contida no ideal do bem viver, nascido no seio dos movimentos indígenas da América do Sul, mas que vem ganhando aceitação crescente no interior da teoria social. O que revela este ideal do Bem Viver? Ele revela a importância da valorização da experiência comunitária cosmopolita contra outra ideia, aquela do viver bem, que é uma representação utilitarista e privatista do viver (Farah e Gil, 2012). O Bem Viver implica a comunhão e a gestão coletiva da vida promovendo a discussão reflexiva e a prática solidária para deslocar os direitos republicanos para incorporar os direitos à vida como prioridade número um. Isto implica na reorganização do sistema jurídico republicano de modo a reorganizar as hierarquias dos direitos, atualmente sob hegemonia dos direitos privados, de modo a considerar como prioridades fundamentais o acesso coletivo aos recursos naturais (água, terra, ar), aos recursos à reprodução da família humana (comida, casa, educação, saúde etc.) e aos recursos políticos (gestão participativa das decisões locais). No caso boliviano, percebe-se que o direito à vida aparece como exigência fundamental pois

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se trata de assegurar os acessos aos recursos vitais, materiais e simbólicos antes mesmo de se pensar nos direitos particulares de cada um. A vida é a primeira exigência que se realiza pelo dom da vida que a natureza faz ao ser humano. “O dom da vida, na relação natureza e sociedade, explica porque o direito à vida aparece como a primeira regra necessária à organização da vida social” (Martins, 2014: 112). Há um segundo direito consagrado pela tradição andina que também deve ser integrada pelos defensores do SUS: a do direito à identidade comunitária, a um grupo, a uma família, a um bairro, a um movimento. Pois a força coletiva e solidária somente emerge quando os indivíduos tomam consciência da relação entre o fazer e o saber no âmbito local, do bairro, da comunidade, da cidade, aquela esfera dos grupos primários que, segundo C. Taylor (1998), era a base para as práticas democráticas. Estas questões aqui levantadas são importantes para se balizar o ponto de inflexão do SUS no momento presente. Por um lado, há que se reconheceros seus avanços como proposta política e normativa, por outros, os seus limites como projeto de liberação de novos direitos coletivos e públicos num contexto de desorganização da plataforma republicana que baseou a emergência do SUS. Assim, o SUS vive um dilema entre a luta pelos direitos republicanos tradicionais ancorados na ambivalência entre o público e o privado com prevalência deste último, e a lutas por direitos cosmopolitas pósrepublicanos que ampliem o entendimento dos direitos de modo a permitir a reconexão dos indivíduos com a experiência direta do viver em coletividade e em lugares ecologicamente adequados para a vida comunitária. É preciso avançar nas lutas sobre os direitos à vida para romper o impasse institucional, liberando novas formas de construção da experiência real o que passa pela emancipação da consciência coletiva a respeito da relação entre seres vivos e entre os homens e a natureza. “ Valorizar politicamente o


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direito à vida e não reduzir esta a uma questão biológica é o primeiro passo que os profissionais da saúde, os gestores e usuários deveriam adotar para avançar com as lutas democráticas (Martins, 2013: 122). Mas tais deslocamentos epistemológicos e políticos exigem também mudanças de padrões de entendimento da realidade por parte de pesquisadores, gestores e profissionais da saúde. De fato, um dos limites concretos do SUS é que ele envolve, sobretudo, iniciativas de organização da saúde dos usuários a partir da ação estatal o que gera, compreensivelmente, importantes ambiguidades no que diz respeito ao envolvimento e responsabilização do usuário na construção de sua prática de saúde (Martins e Bezerra, 2014). “Vislumbrar a saúde nas interfaces do objetivo e do subjetivo nos oferece duas possibilidades de debate: uma, a discussão institucional da saúde que se volta para temas mais práticos como programas de saúde, trabalho profissional, inovações técnicas, financiamentos entre outros. A outra perspectiva do debate tem relação com o entendimento fenomenológico e epistemológico dos sentidos da saúde e da doença, dos sentimentos que regem os cuidados, das emoções humanas a respeito do corpo e do viver. Tal aprofundamento tem um caráter duplamente hermenêutico – entre as razões do interobjetivo e do intersubjetivo” (Martins, 2014). Estas considerações têm importância para se distinguir a perspectiva institucionalista, ainda dominante no SUS, e a perspectiva fenomenológica, que tende a ser privilegiada pelos que lutam pelos direitos mais amplos à vida. “Se a perspectiva institucionalista revela a presença do planejador e do gestor nos trabalhos de descentralização estatal e de inovação da política em saúde, a perspectiva fenomenológica e sensitiva está diretamente relacionada com as tramas da vida cotidiana, com as motivações dos indivíduos, famílias e comunidades de decidirem regras de convívio saudáveis, cultivando vínculos

afetivos e solidários mais permanentes” (Martins, op. cit.). “Na perspectiva de política pública o SUS espelha a perspectiva intervencionista presente na concepção da esquerda democrática do século XX a respeito do que deveria constituir a iniciativa estatal justa. Tal abordagem esconde, porém, condicionamentos teóricos e práticos produzidos pelas hegemonias de saberes estratégicos – necessários à viabilização do planejamento das ações estatais e públicas – e pelos saberes técnico-científicos – resultantes da articulação institucional inevitável entre ciência, tecnologia e política na produção dos discursos oficiais sobre saúde e cuidado. Naturalmente, estas inflexões teóricas geram tensões entre a ação racional dirigida estatal e as múltiplas racionalidades (Luz, 2005) que guiam os atores sociais na vida cotidiana e que liberam, por sua, vez outros entendimentos sobre saúde e vida” (Martins, op. cit.). Assim, é importante registrar que a organização da saúde humana integral não começa por financiamentos para consumo de atendimentos e medicamentos. Ela se inicia necessariamente pela consciência de indivíduos, famílias, vizinhos e associados sobre as ideias comuns do bem viver. Como lembrava J. Dewey, a democracia deve começar num lugar tangível, sensível, onde homens e mulheres partilhem concretamente certas experiências comuns (Dewey, 1991). Mas esta democracia direta, ou de vizinhança, tem num certo momento que avançar em cima do desafio de se pensar o bem comum em planos organizacionais e políticos mais tangíveis. Como nos ensinam os bolivianos, a solução deste desafio passa pela revisão do bem público a partir da revalorização da prática comunitária e local. No caso da saúde passa pelo modo como os usuários vivem e partilham solidariamente e coletivamente o modo de organização da casa, da rua, e como definem a política do corpo, das emoções e da vida. A focalização do lugar como estratégia de liberação dos corpos comunitários deve ser ampliada por parte dos que pensam as políticas públicas em saúde. 45


Entre todas as associações científicas, no Brasil, a ABRASCO (Associação Brasileira de Saúde Coletiva) é a mais ativista na medida em que para seus associados a relação entre teoria e pratica é fundamental para o sucesso de uma saúde pública integral e descentralizada. A ABRASCO tem papel fundamental para o desenvolvimento do SUS e, neste momento de crise, está se mobilizando intensamente para vislumbrar as lutas e estratégias que deve adotar para preservar as conquistas obtidas ao longo dos anos. O movimento sanitarista está buscando se revitalizar para direcionar o novo agir político que aparece como urgência neste momento de reinstitucionalização da política em saúde, em particular, e da política pública e participativa, de modo mais amplo. Os movimentos intelectuais precisam, agora, não somente avaliar os avanços do SUS no interior das políticas públicas, mas, também, enfrentar os desafios de repensar os limites da organização da cidadania democrática na saúde para além do imaginário republicanista, o que é decisivo neste contexto da crise. Há que se aprofundar o tema do empoderamento das populações humildes na construção das ações em saúde para fortalecer os ganhos obtidos até o momento. Mas tal empoderamento não pode se limitar a mobilizações políticas devendo considerar a consciência e o sentimento do cuidado, cuidado de si e cuidado do outro. Há, principalmente, de se entender os limites de se pensar políticas públicas democratizantes a partir de uma colonialidade do poder e do saber que se reproduz a partir de um poder estatal centralizado. Os desafios de uma saúde de base pública e comunitária começam, necessariamente, pela libertação dos indivíduos e grupos sociais com relação a discursos alienantes inspirados pelo consumismo de modo a se restaurar o sentido do viver junto. Desintoxicar a vida cotidiana e promover os cuidados em saúde são tarefas fundamentais para reanimar o saber e o fazer coletivo.

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O Brasil virando a página da história BRASIL Será que o Brasil está virando a página da história? Os fatos demonstram que sim embora não tenhamos clareza sobre os resultados políticos, econômicos, jurídicos e culturais desta virada de página. Muitos cientistas sociais buscam decifrar a crise da conjuntura para encontrar luzes no final do túnel. Mas estas reflexões de conjuntura podem se tornar um esforço inútil caso não possamos fazer uma análise estrutural e histórica mais ampla dos eventos e que seja capaz de dar conta da natureza do poder e da dominação pós-colonial. O fato é que os rumos dos acontecimentos escapam, em geral, ao que previam os manuais sociológicos o que explica a atração pelas análises conjunturais e dificuldades de avançar com aquelas mais estruturais. As teses teóricas tradicionais sobre o desenvolvimento do capitalismo na periferia partiam da existência de duas crenças que se mostram problemáticas: uma delas é a da racionalidade mercadológica que guiaria as decisões estratégicas da burguesia nacional; a outra, a da racionalidade administrativa e legal que inspiraria a burocracia estatal. A crença no papel redentor da burguesia nacional que animou muitos partidos de esquerda no século XX continuou a prevalecer entre muitos intelectuais e economistas das esquerdas até a pouco tempo. Tal crença ajuda a explicar os esforços do PT (Partido dos Trabalhadores) de financiar através de bancos públicos como o BNDES (Banco Nacional de Desenvolvimento Econômico e Social) o crescimento econômico e a expansão dos negócios, inclusive no plano internacional, de grupos econômicos nativos como a Odebrecht e a JBS entre outras, que estão envolvidas organicamente nos escândalos da corrupção investigados pela “Lava Jato”. Se saímos do calor da análise conjuntural e voltamos para a análise estrutural que nos permite observar ciclos de média e longa duração

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como nos sugeria Norbert Elias, observamos que a crítica teórica, inclusive aquela pós-colonial mais consequente, não conseguiu desenvolver um entendimento mais profundo da natureza do poder oligárquico na América Latina e no Brasil. Há outras racionalidades na organização dos sistemas de dominação pós-colonial fundadas nas ideias de privilégios, saques e enriquecimentos com fins de ostentação que submetem a antiga lógica burguesa voltada para a equação entre lucro e investimento produtivo. Esta crítica vale também para este autor que escreveu ainda nos anos 80 uma tese de doutorado na França sobre o poder oligárquico. Confesso que a amplitude dos processos de modernização do poder oligárquico nas últimas décadas me surpreendeu, mesmo eu estando atento a natureza da lógica oligárquica. Um aspecto interessante é o de observar que a imbricação dos interesses envolvendo as oligarquias conservadoras e a burguesia financeira internacionalizada demonstram que o dilema entre modernização e conservação era falso e que o capitalismo colonial foi e sempre será conservador no sentido de assimilar com dificuldades os movimentos sociais reformadores. Este é um tema que as análises marxistas de classes e as liberais utilitaristas têm dificuldades de detectar. Tanto a excessiva ênfase do marxismo sobre a exploração econômica como a do liberalismo a respeito da magia do livre movimento do mercado deixou de lado o essencial, a saber, que no contexto do imaginário oligárquico os interesses econômicos são subordinados a interesses mais amplos pelo poder, pelo prestigio e pelo enriquecimento ostentativo. Nesta direção, a abordagem weberiana demonstra ser muito mais fértil por propor diferentes motivações de organização do sistema de poder que podem contemplar a dominação econômica mas igualmente os motivos afetivos, tradicionais e carismáticos.


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As teorias prevalecentes sobre a natureza do estado, a liberal e a marxista, não dão conta da complexidade dos sistemas de poder presentes nas realidades das sociedades pós-coloniais. A visão liberal faz uma distinção entre as esferas do mercado e a do estado considerando que esta última deveria ter predominantemente a função de sistema regulador das práticas mercantis. A visão marxista parte do princípio que a natureza do estado é burguesa. Mas considera igualmente que este estado é uma cena de lutas de classes antagônicas cujos resultados hipotéticos poderia ser a transformação da democracia burguesa em uma democracia de massa. Ambas as leituras são parcialmente corretas, mas são insuficientes para explicar a natureza complexa do poder oligárquico. Este apenas em parte se rege por uma posição classista. Sua natureza é mais complexa na medida em que está vinculada ao comportamento cultural das grandes famílias de proprietários. O poder oligárquico se faz presente nas corporações burocráticas, mas igualmente nos sistemas familiares, políticos, econômicos, étnicos, religiosos e culturais e também nas memórias da colonização organizando uma subjetividade difusa que atravessa todo o corpo social. A organização do poder econômico é dispersa e se ancora em vários sistemas derivados da colonização. Cada um deles possui sua relativa autonomia embora todos se protejam sob o manto da filiação étnica e familiar. Há a economia extrativista e agroexportadora, há a economia bancária, há a economia dos importadores de manufaturas, há a economia do mercado interno de produtos de bens industriais, há a economia dos pequenos produtores de bens agrícolas e de consumo doméstico e há a economia redistributivista estatal. Nesta perspectiva a ideia defendida pelos economistas de que sociedades como a brasileira constituem modelos econômicos unificados pelas forças do mercado no território nacional é uma ilusão. Há várias economias cada qual se reproduzindo

na sua lógica específica. Assim, a palavra crise econômica deve ser colocada entre aspas na medida em que ela não atinge nem as atividades do agronegócio, nem a dos bancos nem a dos importadores de manufaturas. A crise atinge sobretudo as economias do mercado interno e, por conseguinte, a economia redistributivista estatal cujas principais fontes de captação de recursos depende dos impostos pagos pelos assalariados e consumidores. A crise da economia redistributivista estatal impacta, por sua vez, nas estruturas de emprego e renda dos trabalhadores. A mídia, por seu lado, busca demonstrar ter a crise um caráter eminentemente econômico colocando os elementos políticos como derivações da desregulação econômica. O debate deixa assim de focalizar as questões essenciais ligados a cultura oligárquica pós-colonial na tentativa de manipular a opinião pública e esconder a trama central relacionada com os modos simbólicos de exercício do poder e da dominação. A verdade da crise é o contrário. Ela é em primeiro lugar política, burocrática e cultural para apenas em seguida ser econômica. O sistema administrativo central e a economia redistributivista estatal são atravessados por diferentes interesses corporativistas e a questão social é vista não como uma condição da vida republicana e cidadã, mas como um problema de segurança nacional. O que une os vários poderes oligárquicos é o fato que todos os setores se voltam para o sistema administrativo central, que chamamos de estado, que aparece como o agente estratégico para o financiamento do “desenvolvimento nacional”. Considerando a importância deste agente na captação de relevantes recursos financeiros com vistas a alimentar a reprodução do patrimonialismo ele constitui o epicentro da crise geral e também da sua solução. Nos períodos de fartos recursos financeiros no plano internacional e nacional, o sistema estatal amplia sua capacidade de financiamento como

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um organismo fisiológico que estende suas ramificações de forma desordenada para suprir as demandas dos seres parasitas. Nos momentos de diminuição dos financiamentos externos e de esgotamento da capacidade do estado de distribuir recursos para as elites oligárquicas, como no contexto atual, as pressões intraelites aumentam. Isto gera desorganização dos mecanismos de regulação do sistema social e político, o que vale para as negociações realizadas em diversos níveis: federal, estadual e municipal. O enfraquecimento da capacidade do sistema estatal continuar financiando a reprodução parasitária do poder oligárquico como um todo gera contradições importantes acirrando a disputa inter-elites pela apropriação dos recursos financeiros necessários para a sobrevivência da ordem patrimonialista. As reações das elites oligárquicas ocorrem no sentido de redirecionar os recursos financeiros disponíveis sob responsabilidade do agente estatal para a manutenção do pactos das elites, o que implica na adoção de medidas fiscais que penalizam as despesas com investimentos e programas sociais. Mas as pressões das oligarquias para manter o controle sobre os recursos estatais constituem uma ameaça efetiva para a manutenção da ordem social e política o que leva parte das elites administrativas, sobretudo as ligadas ao judiciário, a reagirem por se sentirem ameaçadas pelas perspectivas sombrias de desorganização dos fundamentos do regime republicano e da ideia de segurança do território nacional e de controle populacional. Então a crise do poder oligárquico é centralmente política e cultural e secundariamente econômica. A crise revela as perspectivas de desorganização de um sistema cultural oligárquico que foi forjado no bojo da colonialidade e no qual a diferença liberal clássica entre público e privado é pouco relevante. A desorganização de parte das atividades econômicas que a mídia chama de “crise econômica” resulta das tentativas das

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oligarquias de reajustarem os fundamentos culturais do sistema de poder por mero instinto de sobrevivência. Assim, o sistema de poder central encontra dificuldades de se reproduzir pois são reais os perigos de desmonte da capacidade do agente administrativo central, o estado, diminuindo sua atuação como financiador do conjunto das elites oligárquicas. Assim, a crise do poder oligárquico é primeiramente cultural e política e relacionada com as dificuldades de manutenção do status étnico das elites e das disputas pelo controle dos recursos produzidos pela economia redistributivista estatal. A crise política se torna crise institucional pelo acirramento dos conflitos envolvendo as diversas corporações burocráticas. E a crise se torna constitucional quando o aparato legal perde sua força coercitiva devido às contestações diversas oriundas das reações oligárquicas, por um lado, e dos movimentos sociais, por outro. Neste contexto, os partidos políticos que funcionam tradicionalmente como mecanismos de legitimação do poder oligárquico também perdem suas funções ideológicas e de canalização dos processos de redistribuição via favores e negociações particulares. A ameaça de desmonte do estado significa a ameaça concreta de desorganização do sistema de poder que tem bases fora deste estado impactando, por conseguinte sobre os mecanismos de controle e de dominação das elites sobre o território nacional e sobre as populações ai existentes. As perspectivas de dissolução do regime republicano que constitui o véu ideológico central na reprodução do poder oligárquico contribuem, por outro lado, para gerar reações das corporações burocráticas mais sensíveis com a missão de manutenção da ordem no território nacional. Assim, a grande contradição que vive a sociedade brasileira hoje – o que pode ser ampliado para incluir muitas sociedades latino-americanas – é entre o ideal de um regime republicano liberal que busca equalizar


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a participação de todos os cidadãos em torno da busca do bem público, por um lado, e a realidade de um regime republicano oligárquico que sustenta o discurso do republicanismo para poder preservar os mecanismos de apropriação dos recursos coletivos por uma elite que é na sua essência antirrepublicana, por outro. As consequências são importantes em termos de apropriação e distribuição das riquezas materiais e simbólicas da sociedade nacional trazendo tensões políticas e aumento do mal-estar social. A contradição entre forma e conteúdo do republicanismo gera reações corporativas importantes dentro do sistema estatal levando a certa judicialização do poder, isto é, o sistema judiciário passa a intervir mais diretamente nos sistemas legislativo e executivo no esforço de conter a desorganização sistêmica em curso. Isto já aconteceu na crise de 1930 com a presença do “tenentismo” que era um movimento conduzido por jovens militares que reagiram contra as oligarquias econômicas e políticas, tomando o poder em nome da moralização do sistema. Vemos isto se repetir hoje com outros elementos através das ações dos “juízes” contra a corrupção. Inspirados pelas memórias do caso italiano das “mãos limpas” estes juízes buscam se aproximar da mídia e da opinião pública para se legitimar politicamente no embate com as oligarquias políticas e econômicas. As perspectivas são incertas. Mas a retrospectiva histórica demonstra que o objetivo final é restabelecer o papel do agente estatal com principal fiador da segurança nacional.

sistemas representativos e políticos tradicionais reforçando regimes de poder autoritários. O lado bom é a possibilidade de reformatação do sistema de poder pós-colonial com a emergência de partidos e lideranças mais antenadas com os sistemas sociais complexos e abertos da atualidade global. Enfim, o caso brasileiro não é isolado. Ele reflete algo que acontece em muitos outros países da América Latina e do mundo. O caso brasileiro somente emergiu com este destaque midiático e político devido a aprovação pelo Congresso Nacional do dispositivo da delação premiada que obriga os grandes criminosos a delatarem os fenômenos de corrupção para se livrarem das grades, o que constitui uma grande humilhação para as elites oligárquicas que se sentiam acima da lei sancionada e dos valores coletivos. Muitos parlamentares lamentam o fato de não terem rejeitado na época esta mudança legal que deu importantes poderes às oligarquias jurídicas. Este foi o erro central das elites oligárquicas em geral e que está ameaçando a reprodução deste sistema de inspiração colonial. Agora, a página do Brasil está virando. Os rumos são incertos, mas um fato é incontestável: a realidade do poder colonial tem que ser passada a limpo pois ela não comporta mais as tensões complexas destas sociedades individualizadas do século XXI.

O fato novo é que a dicotomia tradicional entre direita e esquerda baseada nas ideologias liberais e marxistas perde força frente o avanço de uma luta pela moralização do poder em geral que reflete as reações das corporações burocráticas e jurídicas. A polarização ideológica sai do campo da luta econômica para a luta moral. Isto tem um lado bom e outro ruim. O ruim é que este contexto pode dar margens para o surgimento de novos tipos de populismos que se sobrepõem aos

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No Brasil, crise profunda e direita disposta a tudo BRASIL Uma visão francesa sobre o golpe: desde 2013, país divide-se entre os que querem “menos Estado” e os que exigem mais serviços públicos. Disputa está longe do fim A crise que o Brasil conhece se inscreve em um contexto político latino americano que há alguns anos mudou bastante com a volta de uma direita declarada em diversos países. O golpe de Estado legal (eufemismo do mesmo tipo da expressão “socialismo de mercado” para o caso da China…) repõe no Brasil a direita no poder, enfraquecendo ainda mais os regimes progressistas, já encurralados em dificuldades consideráveis. A crise econômica brasileira é a mais importante desde a dos anos 1930. A crise política é igualmente muito séria. A mais grave desde o fim da ditadura (1964-1979): início da “abertura”. Ela não é conseqüência direta da crise econômica e não pode se reduzir a esta. As duas crises mantêm relações estreitas, uma agravando a outra e vice-versa, para desembocar em numa crise institucional. Neste artigo, insistiremos mais especificamente sobre os aspectos políticos da crise. A profunda heterogeneidade nas mobilizações 1) Una radicalização do tipo « tea party » oriunda da fração mais beneficiada das classes médias [1] e da população mais rica. O governo é acusado de beneficiar inutilmente os pobres graças a políticas sociais permissivas, cujo custo seria imputado às classes médias e ricas. Os pobres, estigmatizados, são acusados de se apropriarem dos recursos e se aproveitarem dos diferentes sistemas de auxílio para viver no ócio. A radicalização conservadora identifica-se com o que podemos observar nos Estados Unidos. Ela se alimenta de um saudosismo do passado da era dourada, baseado na desigualdade de

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renda e de patrimônio bem mais significativa do que se observa atualmente, e também do receio de um futuro que coloque em questão diversos privilégios das classes média e alta e dos ricos. Ela se opõe às políticas redistributivas dos governos progressistas (Lula e Roussef), mas também às políticas de Fernando Henrique Cardoso, consideradas demasiadamente permissivas vis-à-vis os pobres, embora em relação ao PIB sejam até modestas, sobretudo se comparadas àquelas implementadas na França e em outros países avançados [2]. Já é distante o tempo em que as classes médias superiores e os ricos podiam ter um, dois e até mesmo três empregadas domésticas. Algumas morando na própria casa: uma para se ocupar das crianças, outra para cozinhar e a outra para a faxina, mal pagas e ignorantes de seus direitos, submetidas a regras discricionárias, benficiando-se do paternalismo ancestral com a respectiva proteção correspondente. Hoje o analfabetismo quase desapareceu, elas conhecem bem mais seus direitos e exigem que sejam aplicados e, sobretudo, custam bem mais caro graças ao aumento significativo do salário mínimo. Ao invés de uma, duas ou três empregadas domésticas, a classe média alta só pode empregar uma, por vezes duas e a classe média intermediária pode somente empregar uma, e muitas vezes em tempo parcial. Esta radicalização conservadora considera os pobres como fonte de insegurança social, política e econômica, até mesmo como uma afronta. Ela adquiriu força sob a presidência de Roussef, em parte por conta das malversações políticas da Presidente, de sua incapacidade de estabelecer compromissos, exatamente onde seu predecessor, Lula, destacava-se; em parte também em razão dos resultados dos primeiros efeitos da diminuição do crescimento econômico e, em seguida, da crise econômica aberta. Isto atingiu seu fim com o afastamento provisório da Presidente do poder, talvez definitivo em futuro próximo, graças às campanhas denunciando a


Pierre Salama

corrupção amplamente divulgada pela imprensa, o desencanto, até mesmo a passividade de uma ampla fração da população decepcionada pela política econômica da Presidente, não se dando conta que ela optou de uma hora para outra pela política econômica de seu adversário. 2) O segundo movimento surgiu por ocasião das grandes mobilizações de junho de 2103, contra o aumento do preço das passagens dos transportes públicos e reenvidando a gratuidade (movimento denominado “Passe livre”). Isso expressa uma angústia cada vez mais forte por parte das camadas da população que acabavam de ascender à situação de classes média baixa, até mesmo classe média intermediária, movidas pela grande dificuldade em encontrar empregos qualificados que pensavam ter direito por conta de seus estudos. Fragilizadas pela ascensão do neoliberalismo e pela precarização decorrente disto, dilacerada pelo aumento do poder das camadas mais ricas [3], este movimento foi num primeiro momento anti- partidário. A falta de identidade de classe, a desfiliação e o desencanto face à política o caracteriza. Predomina a radicalização da juventude. Esta mobiliza-se através das redes sociais, graças às novas tecnologias de informação. Ela está à procura de uma identidade coletiva, cujos contornos não se delineiam, e exige um acesso real aos direitos universais. Novas formas de radicalização da juventude, centradas nas denúncias de corrupção também ocorreram no México (“YoSoy 132”), na Guatemala (“RenunciaYa”), no Chile, e já uma vez no Brasil (“Passe Livre”) às vésperas da copa do mundo de futebol: protestando contra o aumento das tarifas dos transportes público face a uma deterioração do serviço público, o movimento se expandiu até a denúncia da qualidade de ensino, da saúde, e, enfim, da corrupção, percebida cada vez como mais insuportável. É um movimento

fluido, que dá a impressão de momentâneo, porém que deixa traços profundos como vimos com o movimento “podemos” na Espanha e, em certa medida, também no Brasil. O primeiro movimento, conservador, espera do Estado menos política social, mais submissão às leis de mercado. O segundo movimento espera do Estado mais políticas sociais, principalmente na educação e na saúde, mas coerência na melhoria de infraestruturas tal como o transporte e menos corrupção. O primeiro movimento instrumentaliza a corrupção para desestabilizar o governo, praticando-a em grande escala. O segundo movimento rejeita a corrupção cada vez mais insuportável com o desenvolvimento da crise. Esses dois movimentos são distintos tanto em suas reinvindicações quanto em seus projetos. Aqueles que manifestaram contra o governo não representam, ou pouco representam, esta dupla radicalização. Eles representam mais a franja da população atraída pelos temas conservadores do tipo tea party. Segundo as pesquisas efetuadas com os manifestantes, as grandes manifestações pelo impeachment (destituição) da Presidente eram compostas em sua grande maioria por manifestantes que votaram pelo candidato da oposição na última eleição presidencial. As manifestações contavam com poucos negros e poucas pessoas cuja renda era modesta, ou mesmo insuficiente. Ao contrário, os manifestantes que se opunham ao impeachment, o percebiam como uma rejeição à democracia, um verdadeiro golpe de Estado legal, midiático-jurídico; menos numerosos tinham em suas fileiras uma maioria de votantes de Dilma Roussef. Este duplo movimento está presente em inúmeros países, inclusive avançados. No entanto, na América Latina adquire certas particularidades por conta da fragilidade das democracias e da importância das desigualdades sociais. Frente

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a estes dois polos de contestação, em vias de radicalização, as outras camadas sociais ainda não se mobilizaram. No entanto, sua aparente passividade traduz uma grande angústia frente à degradação das condições de suas vidas e uma cólera frente à corrupção revelada à luz do dia. Uma passividade de cólera surda A campanha conservadora desenvolveu-se no Brasil imediatamente após o fracasso da oposição nas eleições com a ajuda da grande mídia. A oposição radicaliza, não aceitando a vitória da presidente que sai, rejeitando cada vez mais as conquistas sociais como sendo demasiadamente custosas, fonte de desperdício, e cuja despesa lhe compete. Os argumentos evocados na sessão excepcional da Câmara com vistas à destituição da Presidente eleita traduzem ao mesmo tempo um nível de ódio, que glorificavam Deus e seus santos, a família etc., para justificar o impeachment, e compromissos importantes vis-à-vis os interesses dos grandes grupos financeiros e industriais, acompanhados de uma corrupção em grande escala. Pouco reconhecendo que Dilma nomeou como ministro da economia um representante de suas fileiras, que colocou em prática uma política econômica diferente daquela que prometera por ocasião da campanha eleitoral. A oposição exige mais, isto é, o poder. Ironia da história, ao querer agradar aqueles que devíamos combater, perde-se nos dois campos: aquele da oposição e aquele da maioria, mesmo quando a política econômica decidida, produto de compromissos, e de tentativas de resistência aos excessos do liberalismo, procura retificar o alvo para reconquistar o apoio perdido. O segundo movimento, ao contrário, exige que o Estado seja mais presente nos serviços públicos do que tem sido, e isto tanto mais quanto mais a crise agrave as condições de vida e alimente um pessimismo cada vez mais generalizado, uma rejeição cada vez mais acentuada da corrupção.

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A rejeição à corrupção é um fenômeno novo. Antes a corrupção, por fatalismo, « era aceita desde que acompanhada por uma redistribuição », hoje ela se torna insuportável principalmente porque decorre de um partido que se declarava contra a corrupção antes de assumir o poder. Por enquanto este segundo movimento não se manifestou massivamente por aqueles que rejeitam a política do Partido dos Trabalhadores com critérios assumidos da direita. Apenas uma parte o faz, com a outra parte unindose aos manifestantes contra o impeachment, apesar do ressentimento em relação à política de Dilma Rousseff e em defesa da democracia ameaçada, sobre bases éticas. Uma pesquisa recente sobre a composição dos manifestantes pró impeachment, segundo seu nível de renda, mostra que 70% dentre eles tinham votado na oposição e consideravam que era necessário mudar a política social, desindexar o salário da inflação, repensar o sistema de aposentadorias, chegando até a rejeição da bolsa família para alguns deles, mesmo que o custo destas seja muito baixo, menos que 1% do PIB. E os 30% restantes? Jovens e menos jovens decepcionados, que haviam votado na candidata do PT, mobilizados contra a corrupção e não se reconhecendo na política da Presidente eleita novamente. Para os primeiros, menos Estado; para os outros, mais Estado e sobretudo mais eficácia, como já visto acima. Paralelamente às mobilizações e as contra mobilizações, domina uma certa passividade da maior parte da população, de fúria contida face à degradação das condições de vida, a corrupção ambiente percebida como insuportável. Esta passividade tem diversas causas : “distantes” devido à gestão de Dilma Roussef por ocasião de seu primeiro mandato, feito de avanços e recuos, a designação de um liberal à frente do ministério de economia, desde o seu início de se segundo mandato, a impressão de ter sido enganado, o escândalo conhecido como lava-jato, que revelam uma corrupção em grande escala que


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afeta quase todo a classe política, a campanha da mídia insistindo apenas nos dirigentes do Partido dos Trabalhadores, enfim, o desencanto. Desse modo, os trabalhadores de grandes indústrias, como aquelas de São Paulo, não manifestaram através de seus votos nas eleições presidenciais, no final de 2014, o mesmo apoio entusiasta que exprimiram nas eleições presidenciais anteriores. A maioria da população, os mais desprovidos, os das pequenas empresas industriais, de comércio, de serviços e os camponeses pobres não se mobilizaram nas eleições de 2014. « São todos corruptos », « a oposição é apenas uma maioria », « só querem seu lugar », etc. O crescimento da pobreza, a diminuição das rendas das categorias ditas vulneráveis, das classes baixas e médias (exceto, ou em uma medida menor de uma parte das classes médias altas e ricas) devido ao efeito conjugado de alta da inflação e do desemprego, retroalimentando-se e gerando perspectivas sombrias, explicam em parte a passividade momentânea de uma grande e importante parcela do mundo do trabalho e seu desencanto face à democracia [4]. No entanto, seja nas grandes empresas ou nas pequenas, onde a domina a informalidade, surgem perturbações com o aumento significativo do desemprego, perda do poder de compra e crescimento da pobreza. A política de austeridade decidida pelo governo, cuja legitimidade decorre meramente de seu caráter formal, aumentará ainda mais as consequências negativas dela decorrentes. Acarretará instabilidade, tornandose uma ocasião sonhada pelo Partido dos Trabalhadores, excluído do poder, de recuperar a virgindade e enfim defender as vítimas dessas políticas de austeridade. Já se nota uma certa porosidade, aqueles que não se manifestaram, que eram contra a política do governo de Dilma Roussef começam timidamente a se manifestar.

A mobilização, os ressentimentos, a cólera misturada à passividade desenvolvem-se, depois de anos de ditadura, enquanto uma jovem e frágil democracia. Esta fragilidade manifestou-se através da eliminação da Presidente eleita pelo povo, não acusada de corrupção, mas de falsificação na apresentação do orçamento. A forma como se procedeu o voto, com cada deputado votando um após o outro, publicamente, facilita comportamentos oportunistas (por que eu não votaria com a maioria que se forma paulatinamente, e desse modo amplificando-a?). As razões dadas como justificativa do voto somando-se ao surrealismo da causa evocada para justificar o impeachment também expressam a fragilidade da jovem democracia brasileira. A designação do governo do novo Presidente interino foi espantosa e deixou maus presságios: apenas homens, sem negros, índios e com certos ministros investigados por corrupção. Foi então necessária alguma reformulação, com a nomeação de uma mulher para presidir um grande banco público (BNDES). Produto de compromissos, esse governo, que deveria ser mais contido, não o é: os partidos políticos que apoiam o novo presidente interino exigem sua parte. O governo do vice-presidente transformado em Presidente interino prepara uma política de austeridade de grande amplitude, sendo muito provável que não possa colocá-la em prática de maneira coerente, em razão da grande divergência entre os interesses partidários [5]. É também muito provável que o Presidente interino enfrente as mesmas dificuldades da Presidente eleita e defenestrada do Poder, isto é, a instabilidade das alianças e o peso da corrupção que predomina nos partidos. No momento, dois eixos são considerados para « resolver» os problemas econômicos do Brasil e sair da crise por cima: a privatização e as aposentadorias. 55


A privatização da Petrobrás, joia da coroa, objeto de cobiças nacionais e internacionais, seria um escândalo. Embora enfraquecida pelo escândalo conhecido como lava jato e instrumentalizada para financiar os circuitos de poder via corrupção e proporcionar enriquecimento pessoal, a Petrobrás permanece como um símbolo de independência nacional. A privatização dela, que seja parcial através de aumento do capital. Corre o risco de revigorar os sentimientos nacionalistas brasileiros. As aposentadorias …. O custo delas é mais ou menos equivalente ao serviço das dívidas públicas, limitando-se apenas ao pagamento dos juros (fora as amortizações). Hoje, publicamente, a questão é apenas aumentar substancialmente o tempo de trabalho, a idade para o início das aposentadorias, suprimir certas vantagens, etc. Medidas que já haviam sido iniciadas no governo Dilma Rousseff. No entanto, como isto não é suficiente para reduzir de maneira significativa o importante déficit do orçamento (10% do PIB), outras medidas estão sendo preparadas, anunciadas à meia voz, tais como a desindexação das aposentadorias pelo salário mínimo6 ou, ainda pior, uma dupla desindexação ; a primeira limitando a indexação do salário mínimo em relação à inflação e ao crescimento do PIB (o que reduziria drasticamente o custo do trabalho sem que se tenha necessidade de aumentar as despesas para investimentos em aumento de produtividade …); e a segunda constituindo-se na desindexação das aposentadorias ao salário mínimo. Os primeiros sinais de uma retomada econômica apontam para 2017, retomada tímida, porém provável em razão da diminuição da inflação, do aumento das exportações de produtos manufaturados estimulado pela forte depreciação da moeda e, enfim, do início de leve recuperação dos preços de certas matérias primas. Com a nomeação deste novo governo,

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os investidores estão mais otimistas e acreditam em um provável crescimento levemente superior àquele estimado há pouco tempo pelo antigo governo. No entanto, diversas instituições, inclusive agências que calculam o risco país, estão temerosas por diversos motivos: 1) este governo não chegará, não mais que o governo de Dilma Roussef, a elaborar uma política coerente tendo em conta os diferentes interesses dos partidos políticos que compõem a coalisão que votaram pelo impeachement 2) a queda acentuada do poder de compra implicará que a retomada terá seu desempenho prejudicado; acirrada por conta da queda do poder de compra, pelo aumento da pobreza e a vontade 3) poderá ocorrer uma agitação social de grande amplitude, aguçada pela queda do poder de compra, o aumento da pobreza e a vontade de uma parte do Partido dos trabalhadores de reencontrar um novo apoio popular e de refazer uma certa virgindade, além disso procurando renegar as alianças duvidosas tendo em vista um retorno ao Poder. A história está longe de ter dito a última palavra. Em certa medida, pode-se dizer que ela apenas começou com a possibilidade que as confusões do progressismo sejam postos à parte, e que uma verdadeira política de esquerda possa se definir no futuro. — [1] As camadas ou classes médias no Brasil são definidas a partir de estratos de renda, da mesma forma em relação aos pobres, vulneráveis e ricos. Entre as classes médias, seguindo a mesma metodologia, distinguem-se as classes médias « altas » ou « superiores », as classes médias «médias» ou ainda intermediária, e as classes médias « baixas ». Trata-se de uma definição estritamente estatística, que pouco tem a ver com uma pesquisa sociológica de


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denominadores comuns em termos de valores partilhados, instrução e tipos de comportamento. [2]. Ao contrário do que comumente se pensa, não foram as políticas denominadas de cash transfers como a bolsa família que diminuíram a pobreza. A bolsa família representa entre 0,6% e 0,8% do PIB, as aposentadorias pagas aos camponeses e deficientes pobres que não tinham contribuído representam também uma porcentagem muito pequena. O efeito delas é sobretudo diminuir a gravidade da pobreza e se a pobreza diminuiu foi sobretudo por conta da política de aumento significativo do salário mínimo, que teve efeitos sobre as aposentadorias e as rendas do setor informal. Da mesma forma a renda dos 30% mais pobres cresceu e a dos 5% mais ricos, particularmente o 1% também cresceu, isto se produziu em detrimento relativo das classes médias, sobretudo aquelas classificadas como base e médias, embora seu poder de compra tenha aumentado.

[6]. No final das contas, o salário mínimo deverá baixar na medida em que se ele está indexado aos preços, ele também está indexado ao crescimento do PIB, que deverá ser significativamente negativo em 2015.

[3]. Embora isto tenha sido negado por muito tempo negada pelos governos, que afirmavam que estas tinham percebido um decréscimo em sua participação na renda nacional. [4] O desencanto vis-à-vis à democracia não significa que a população se oponha à democracia como forma de governo: segundo as pesquisas, a maioria da população (56%) acredita que um governo democraticamente eleito é preferível a qualquer outra forma de governo. No momento este desencanto exprime também a rejeição de formas institucionais tradicionais de fazer política e, portanto, dos partidos políticos que a representa. [5]. Um exemplo: medidas anunciadas com vista à reformulação do sistema de saúde foram rapidamente abandonadas, sem que o perigo de que sejam implementadas no futuro tenha sido descartado.

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Raíces económicas de la crisis estructural brasileña. Notas para un debeta necesario. BRASIL En la década de 1980, América Latina se vio alcanzada y luego superada por los dragones asiáticos (Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong y Singapur). Sin embargo, en los años 1990-2000, América Latina se restablece con un crecimiento moderado y el ingreso per cápita en los principales países (Argentina, Brasil, México y Colombia...) se establece en 2012 a un poco más de una cuarta parte del ingreso per cápita de los Estados Unidos, mientras que el de Taiwán y Corea del Sur queda a alrededor del 70% para el primero y 80% para el segundo respecto al de Estados Unidos. A pesar de este mayor crecimiento, América Latina se marginaliza. Si se compara América Latina con China, se llega a la misma conclusión. El ingreso per cápita de China (14135 dólares PPA en 2014) está muy cerca del de Brasil a partir de 2014 (15500 dólares PPA en 2014) y lo supera en 2015, mientras que aumentaba a 309, 2 dólares contra 4825,6 dólares en Brasil en 1980. A la luz de estos datos, podemos deducir que el crecimiento en América Latina y Brasil, el país más poderoso y más poblado de la región es, en última instancia, relativamente modesto. Y que actualmente, muchos países asiáticos tienen un ingreso per cápita más alto que el de los países emergentes de América Latina. Sin embargo, la llegada al poder del Presidente Lula da Silva acelera el crecimiento, la pobreza disminuye drásticamente pero, contrariamente a lo que se dice oficialmente, los ricos se hacen más ricos y el porcentaje del 1% en los ingresos de los más ricos crece como en todos los países avanzados, el Brasil no es ninguna excepción salvo en su capacidad para reducir la pobreza1 (P.Salama, 2014,2012). Varios economistas se preguntan entonces sobre la posibilidad de que Brasil se convierta en un nuevo El Dorado. Sin embargo, el

mito se derrumba a partir del 2011 y los sueños se disipan, el milagro se convierte en espejismo o en pesadilla a partir del 2014. Según el IBGE, la tasa de crecimiento del PIB brasileño disminuye a partir del 2011: 3.9% en 2011, 1,9% en 2012, 3% en 2013, 0.1% en 2014. El crecimiento flaquea, incluso antes de que se derrumbe el precio de las materias primas. En 2015, las estimaciones se revisan continuamente a la baja y el año termina con una caída del PIB de -3.8 % y el PIB per cápita se desploma: -4.6%. El consumo de los hogares cayó de 3,9%, la tasa de inversión baja en caída libre: -14.6% anunciando así la permanencia de la crisis para 2016 e incluso hasta 2017, la producción baja drásticamente: - 6.8% y sólo el sector agrícola crece ligeramente: 1,8% y las exportaciones crecen del 4,6%, entre febrero 2015 y febrero 2016. A pesar de la caída en el precio de las materias primas, la restricción externa disminuye². Lo que no ocurre con la restricción interna (saldo presupuestario), todo lo contrario, como lo veremos más adelante. La magnitud de la crisis es tal hoy en día, que casi todos los estratos sociales se ven afectados, los ingresos laborales bajan, los beneficios disminuyen incluyendo los dividendos pagados, los logros sociales de la década del 2000 están recortados y una gran parte con peligro de desaparición. En este contexto en donde la crisis se combina con la recuperación inflacionaria, crece el desempleo, los salarios bajan, la pobreza crece de nuevo y eso sobre todo porque el alza en el precio de las necesidades básicas es más alta que el del índice general de precios³. La crisis económica es también una crisis política, por tres razones. La primera viene de la mentira original en la campaña electoral. Dilma Rousseff, negando la crisis que se asomaba, ha

1Hay que recordar que, en los países del Sur, la pobreza se mide de una manera absoluta. Por lo tanto, se puede eliminar. En cambio, en los países llamados desarrollados, la pobreza se mide de manera relativa. No se puede eliminar. Se puede disminuir o aumentar. De hecho, ya aumentó con el crecimiento de las desigualdades y la tendencia hacia el estancamiento económico. ²La fuerte depreciación del Real frente al dólar, entre 40% y 50%, hace que las importaciones sean cada vez más costosas. Estas caen fuertemente (-13,9% en 2015) bajo el efecto combinado de la depreciación de la moneda y de la disminución en la producción y en el consumo de los brasileños. Inicialmente, la balanza comercial arroja un saldo cada vez más positivo.

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basado su campaña en una denuncia virulenta del neoliberalismo de su oponente, y una vez nombrada para un segundo mandato, aplicó la política de su adversario… sin siquiera un paréntesis en donde hubiera podido decidir tomar algunas medidas correspondientes a sus promesas. La segunda es la fuerza de la crisis y de sus consecuencias sociales. La tercera es la corrupción revelada con fuerza por el escándalo del Petrobras (llamado lava jato), el procesamiento emprendido contra varios altos funcionarios del Partido de los Trabajadores, las amenazas de una destitución (empeachment) entablada contra la Presidenta, de manera por lo menos política por parte de la oposición. La credibilidad política, y detrás la legitimidad de la Presidenta nuevamente reelecta, cae inmediatamente y se encuentra en un nivel extremadamente bajo. Esta crisis política provoca un desgarre en el interior del PT, las dificultades aumentan para mantener la coalición y poder gobernar, las mayorías en las cámaras están perdidas y hacen que las decisiones tomadas sean poco coherentes, independientemente a veces de su orientación. Al déficit de legitimidad se añade también un déficit de racionalidad. Al final, las medidas liberales adoptadas pierden su coherencia, agravando una crisis que las mismas crearon. En Brasil, la crisis es a la vez económica y política, una alimenta a la otra y vice versa. Se trata de una crisis estructural que puede degenerarse en una crisis institucional. 1. Diagnóstico, las oportunidades perdidas 1.1. El “viento de cola” que ha impulsado la economía brasileña en la década del 2000 ha promovido 1 / la desindustrialización, 2 / una inserción en la división internacional del trabajo sobre gracias a una mayor disminución en las importaciones que en las exportaciones, en un segundo tiempo, la disminución de las importaciones continúa, pero las exportaciones

de productos manufacturados de febrero 2015 a febrero 2016: 7,9% y semi manufacturados: 14% se ven dopados por la depreciación de la moneda - a pesar de una desaceleración global en el comercio mundial - y el saldo de la balanza comercial se vuelve más positivo a pesar del descenso en las exportaciones de materias primas: 0,5% (datos de Secex/Mdic). De forma paralela, disminuyen las salidas de capitales a título de pagos de dividendos, no sólo porque los dividendos pagados son más bajos, sino porque, con una tasa de cambio devaluada, si se envían al extranjero es menos ventajoso que dejarlos en Brasil a la espera de “mejores días”, en términos de tipo de cambio; Lo mismo pasa con el turismo al extranjero, porque el tipo de cambio hace que viajar al extranjero se vuelve más caro. Resulta entonces que el saldo de la balanza de cuentas corrientes es menos negativo que en el pasado y que las necesidades de financiamiento, hasta ahora cubiertos por flujos de capitales, a título, sobre todo, de inversiones extranjeras directas e inversiones en cartera, son menos fuertes. La limitación externa es menor. ³El índice de los precios al consumidor (IPCA) crece de 10,67% en 2015 y el índice de los precios correspondientes a las canastas básicas de los hogares con ingresos modestos (INPC) aumenta del 11,28%. Los productos con intensidad tecnológica cada vez más baja (con excepción de algunos sectores como el aeronáutico), 3 / un déficit en la balanza comercial de los productos industriales desde el año 2008 que se convirtió rápidamente en un abismo que cada vez cubría menos los excedentes que provienen de la venta de materias primas, 4/ finalmente un desfase en la industria entre la oferta y la demanda de trabajo, las demandas de trabajo calificado en las empresas baja relativamente mientras que las ofertas de trabajo calificado aumentaban gracias a los esfuerzos realizados en materia de educación (alargando el número de años escolares).

³El coste de la unidad laboral es un primer indicador de la competitividad. Lo definen tres variables: el salario real, la productividad y el tipo de cambio.

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Este efecto tijera, en un período de pleno empleo, dio lugar a un fortalecimiento de la desigualdad salarial según el número de años pasados en la escuela (Cuadro 1), Cuadro 1: Una restricción en los ingresos según el número de años pasados en la escuela.

Fuente: Sonia Rocha según los datos del IBGE y de la PNAD, *hombres urbanos trabajando por lo menos 20 h por semana

disminución de la pobreza, lo que hay que reconocer como logros, desde un punto de vista político, de los gobiernos Lula 1 y 2 y Dilma 1. Pero en la ausencia de una política estructural para frenar la desindustrialización, estos logros han dado lugar a un aumento en las importaciones. En lugar de estimular el mercado interno, el “wage led” ha conducido de esta manera, a partir de 2008, a más déficit en la balanza comercial de los productos de la industria de transformación, y a dificultades cada vez más crecientes para exportar productos industriales más o menos sofisticados, como lo señala el conjunto de las publicaciones del IEDI (Figura 1). Figura 1: Industria de transformación, producción según la intensidad tecnológica y saldo de la balanza comercial de esta industria. 1995-2013.

los jóvenes calificados que buscan empleo no encuentran un trabajo a la altura de sus calificaciones (degradación y desafiliación) lo que puede causar un profundo sentimiento de resentimiento, la restricción se acentúa por el aumento muy significativo del salario mínimo que ha favorecido más que todo a los salarios de los empleados no calificados o poco calificados (cuadro 2). Cuadro 2: Tasa de crecimiento del salario mínimo en términos reales 2000-2014.

Fuente IBGE, Ministerio do planejamento. NB: según la ley, el salario mínimo está indexado a la tasa de inflación del año transcurrido y a la tasa de crecimiento del PIB de los dos últimos años El aumento constante del salario mínimo y la reducción del desempleo en la primera década del siglo XXI, participaron fuertemente en la

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El coste de la unidad laboral aumenta considerablemente, reflejando una disminución de la competitividad pronunciada (Figura 2). Esto es una consecuencia de una pequeña alza en la productividad del trabajo durante el período, de una evaluación de la moneda nacional y del aumento pronunciado de los salarios reales. Habría sido posible compensar el aumento en los salarios reales y anular sus efectos negativos sobre la competitividad, 1 / si se hubiera desarrollado una política industrial


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y de investigación con suficiente audacia y con medios para estimular el crecimiento de la productividad del trabajo y 2 / si se hubiera llevado a cabo una política de tipo de cambio devaluado, esterilizando las entradas de divisas. Estas acciones no se llevaron a cabo, y hoy eso se está pagando a un precio muy alto, tal vez no por todos pero sí por la gran mayoría. Figura 2. Precio de los bienes importados y costo unitario del trabajo en reales, 2004=100. Fuente: CEMEC a partir de informaciones dadas por la Revista Exame para la industria de transformación (excepto ramas de petróleo y gas) y para el sector financiero a partir de Gazetta Mercantil y O Valor.

Entonces esta crisis no es de ahora. Esto se puede ver al analizar la rentabilidad de las empresas (Figura 3), que baja mucho antes que la del curso de materias primas. Por esta razón, sólo las medidas estructurales podrían superarla. No tomar estas medidas podría agravar la crisis en el mediano plazo y resultaría en un costo social muy importante, susceptible de eliminar las conquistas sociales. Es cierto que se podría llegar a una recuperación dentro de un tiempo, pero a un plazo muy lejano, pero sería en el marco de una sociedad mucho más exclusiva que la que existe actualmente. Como lo hemos señalado anteriormente, la no resolución de la crisis política, aumenta la confusión en las políticas económicas adoptadas según la evolución de las relaciones de poder, y dificulta aún más la definición de una política coherente, cualquiera que sea. Figura 3. Rentabilidad sobre el patrimonio neto:

1.2. En términos generales, por paradójico que pueda parecer, una crisis es a la vez, necesaria y peligrosa para la reproducción del capital. Es necesaria porque, dada la competencia, la cantidad de capitales ya no permiten una valoración satisfactoria. Por lo tanto, deberían ser destruidos (quiebras de negocios) o devaluados. Es peligrosa porque si se abre la posibilidad de aumentar la tasa de explotación (bajar salarios, imponer nuevas condiciones de trabajo) puede que se encuentre con la resistencia de los asalariados y con una dinámica de protesta difícilmente controlable, alimentando un cuestionamiento de la dominación ciega del Capital. La crisis es también peligrosa porque generalmente deslegitima los gobiernos cuando estos optan por una recuperación de los beneficios a costa de los asalariados. Es posible salir de una crisis cuando las condiciones de explotación “se sanean”, pero también es posible superar una situación de crisis temporalmente y de manera superficial, gracias a las políticas de estímulo del gobierno que no abordarían los problemas reales. En este caso, la crisis vuelve a surgir, a veces con más fuerza si las condiciones de recuperación no han sido

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suficientemente restauradas. Pero también es posible superar una crisis estructural cambiando el plan de crecimiento sin que por ello se cargue al empleo con el peso de los “sacrificios”. Concretamente, cambiar hoy el plan de crecimiento en Brasil implica abandonar el régimen de crecimiento rentista vinculado a la reprivatización y a la financiarización⁴ de la economía redistributiva hacia los pobres, por un plan de crecimiento vinculado a la dinámica del mercado interno a condición, sin embargo, que las condiciones de competitividad sean restauradas a través de las políticas industriales, de intercambio y de productividad audaz. La crisis actual es la consecuencia de la ausencia de las reformas estructurales - que no se implementaron cuando era posible durante la fase de bonanza de las materias primas - la ausencia de la reforma fiscal y de una política industrial bien pensada. 2. Déficit de legitimidad y racionalidad, buscando una alternativa 2.1. Las dificultades económicas actuales manifiestan el agotamiento de los modelos de crecimiento de los años del 2000 y la falta de preparación de los gobiernos para hacer frente a dificultades sin embargo previsibles. Estas dificultades estructurales exigen medidas estructurales. No existen soluciones técnicas a estas dificultades. Frente a una crisis estructural, las soluciones son a la vez de orden político y técnico. Si estas medidas no fueron tomadas antes es porque provocaban poderosos conflictos de interés. La política respecto al tipo de cambio tenía sus lobbies, los que negaban proceder a una verdadera reforma fiscal tenían sus lobbies, más o menos los mismos, etc. La desaparición (temporal) de la restricción externa (excedentes comerciales masivos, pero en disminución desde 2006, entradas importantes de capitales que

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compensan el creciente déficit de la balanza de cuentas corrientes) de los años 2000 hizo que sea menos urgente proceder con estas reformas estructurales, eludir las contradicciones y permitir a la vez la reducción de la pobreza y la multiplicación de los multimillonarios. Esto se está pagando hoy. Sin un diagnóstico correcto y sin las medidas de una política económica adecuada, las políticas económicas tradicionales tienen la legitimidad de sus falsas evidencias. ¿Qué se puede hacer si el déficit es insostenible - ya lo es - si no es buscar reducirlo cortando los gastos? Pero, al hacer eso, sólo se agrava la crisis. Esto es lo que está sucediendo actualmente. La política de ajuste fiscal, que se decidió desde el inicio del segundo mandato de Dilma Rousseff, no ayuda a superar la crisis en el corto y mediano plazo, más bien la está agravando. Y esto sobre todo porque las medidas tomadas son poco coherentes, incluso desde el punto de vista de la ortodoxia de la doxa neoliberal, porque son el resultado de intereses encontrados, de concesiones y de búsqueda de una legitimidad perdida a causa 1 / de los conflictos entre la Presidencia y el Ministerio de Economía, al menos en la época en que Levy, que venía de la Bradesco, fue Ministro, 2 / de la crisis de representación, los partidos no se pusieron de acuerdo sobre la política a seguir, 3 / de la muy baja credibilidad del gobierno. La crisis es a la vez una crisis de legitimación y una crisis de racionalidad. La crisis ha sido constantemente subestimada por los institutos de previsión, hasta el punto que cada dos semanas, los pronósticos revisados, se volvían cada vez más pesimistas. La caída del PIB es la más alta desde hace más de treinta años. Lo hemos notado. La caída del PIB per cápita es todavía más notable (ver cuadro 3). Las perspectivas de recuperación se están alejando. No hay seguridad de que pueda haber una recuperación económica en el 2017... El aparato

⁴La reprivatización de la economía es el resultado directo del alza en los precios de materias primas y el aumento en volúmenes vendidos principalmente a China, este país se ha convertido en el primer socio comercial del Brasil. La restricción externa desaparece entonces, a la vez que aumentan las entradas de capitales. Estas entradas consecutivas de divisas permiten el aumento de las reservas internacionales y sobre todo llevan a una fuerte apreciación de la moneda nacional.


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industrial se está reduciendo a vista de ojo. De hecho, la tasa de inversión cae muy fuertemente (cuadro 4). La baja acumulada sobre 12 meses de enero 2015 a enero 2016 es de -27% para el sector de bienes de capital, -6% para el sector de bienes intermedios y para los bienes de consumo -9.9%, la baja que afecta los bienes de consumo duradero es de -19, 9%, según el IBGE. La desindustrialización continua a un ritmo acelerado a pesar de una muy leve recuperación a principios del 2016 (Figura 4). Cuadro 3: PIB y PIB por habitante, 2000 a 2015.

Fuente: BACEN, IBGE Cuadro 4. Tasa de crecimiento de las inversiones.

Fuente: carta IEDI número 722 a partir del IBGE, encuesta mensual, corregida de variaciones estacionales El incremento del desempleo, la baja en los ingresos reales, son un reflejo de una profunda crisis social. La tasa de desempleo se ha duplicado en un año y las perspectivas de un deterioro son cada vez más creíbles. El desempleo debería pasar de 8.4% de la población económica activa a 12% en 2016 y al 13% en el 2017... según el PNADC. El ingreso real promedio, o sea el ingreso nominal deflactado de la tasa de inflación, sufre de una caída considerable: -7.4% en un año. Figura 5. Creación neta de empleos formales según los sectores.

Fuente: IBGE, NB: Acumulado sobre 4 trimestres, base 2002=100, 2002 a enero 2016 corregido de variaciones estacionales Figura 4. Evolución de la producción industrial, base 2002=100, 2002 a enero 2016. Fuente: BRADESCO a partir de la CAGED, medias móviles trimestrales. La creación neta de empleos formales cae (Figura 5), más que todo en la industria de transformación y en la construcción civil y los servicios, pero el porcentaje de empleo informal crece en todos los empleos, después de haber experimentado una reducción en los diez años anteriores a la llegada de la crisis. Según las encuestas de la PNAD, el empleo formal en el sector privado cae del 39,2% a finales de 2013 y a 38.4% en noviembre de ⁴Esta apreciación causa distorsión en los precios relativos, las importaciones se vuelven relativamente menos costosas y, dado el contexto de la liberalización de los intercambios, la tasa de rentabilidad de las empresas tiende a bajar, lo que provoca una desindustrialización llamada precoz, conocida como enfermedad holandesa. Cuando no es contrarrestada por una política activa en el tipo de cambio, para limitar, o incluso cancelar la apreciación de la moneda nacional, la enfermedad holandesa acelera el proceso de desindustrialización.

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2015. La precariedad en la creación de empleos aumenta y la flexibilidad salarial se acentúa, los aumentos nominales son inferiores a la tasa de inflación que se sitúa alrededor del 10% a finales del 2015 (Figura 6) y hasta más si se toma en cuenta el índice de precios de los productos alimenticios, productos que tienen una parte relativa en el ingreso que es tanto más elevado cuanto el índice es más bajo. Figura 6. Tasa de inflación, precios libres y precios administrados.

2.2. Con el aumento de la tasa nominal de interés Selic, la cuota de la deuda en el presupuesto de la Unión crece firmemente y se ubica ahora en torno al 45% de los gastos públicos, o sea a un nivel relativo mayor al que fue estimado en octubre de 2015 (Figura 7). Se espera que la deuda aumente, en primer lugar, porque el déficit público crece y ello implica una acumulación de deuda, por ende, de su servicio; en segundo lugar, porque es posible que las tasas de interés reales sigan aumentando a pesar de una eficacia cuestionable en el alza de precios, que se aceleró a pesar del incremento aprobado de la tasa Selic, ya que gran parte de esta tasa se atribuye al alza muy importante de los precios de los productos llamados administrados. Mejor, a la inversa, cabe

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considerar que el efecto de la deuda sobre la magnitud del gasto público, a título de su servicio, pueda empeorar el déficit presupuestario. Vamos un poco más allá y hagamos un pequeño ejercicio matemático. El déficit público se ubica alrededor del 10% del PIB, los ingresos del gobierno, que están en baja, teniendo cuenta de los efectos mecánicos de la crisis sobre los ingresos (impuestos directos) y el consumo (impuestos indirectos), se ubican alrededor del 30% del PIB, los gastos públicos alcanzan un poco más del 40% del PIB, de los cuales un poco más de los 2/5 ° están destinados al servicio de la deuda, o sea el 16% del PIB, el doble de lo que se dedica a los gastos de las pensiones. Ahora reportemos los gastos a título del servicio de la deuda en relación con los ingresos. Los gastos absorben más de la mitad de los ingresos (16/30). Por lo que queda 14/30 para pagar todos los gastos del estado: pensiones, educación, salud, justicia, ejército y policía, transferencias sociales, etc. Como el 85% del gasto público es de carácter obligatorio - como por ejemplo los mecanismos de indexación de las pensiones al salario mínimo son definidos por ley - la conclusión es simple: el déficit no puede dejar de crecer desproporcionalmente, el gasto público no puede disminuir significativamente, en cambio los ingresos se desploman con la intensificación de la crisis. El déficit no tiene ningún efecto positivo sobre el crecimiento ya que es el producto de un aumento en los gastos a título de servicio de la deuda, la misma que genera un aumento en las desigualdades, aumentando la parte de los ricos en los ingresos. La “solución” para salir de la crisis parece entonces simple: se llama “ajuste fiscal” lo que en términos claros significa sobre todo la reducción del gasto público que, como lo hemos visto, es muy difícil de realizar, a menos de que se cambie la ley. Tal y como parece, en el actual estado de la relación poder y crisis, no es muy posible considerar una reducción en la tasa de interés Selic, a pesar de su probada ineficacia o considerar una congelación o incluso una “eutanasia de los rentistas”


Pierre Salama

recomendada en su tiempo por Keynes, aunque sea provisional; queda la posibilidad de reducir el peso de la segunda posición del presupuesto, es decir, las pensiones (un poco menos del 20% del gasto público). Sin el pago de las pensiones públicas el déficit desaparecería... Pero para eso la ley tendría que cambiar dramáticamente y pasar de un sistema de distribución a un sistema de capitalización integral. En el estado actual del contexto político, esto no es posible, por tanto, las medidas consisten en reducir la carga presupuestaria de estos retiros utilizando principalmente la promoción de alargar la duración de la vida laboral, atrapar los evasores de impuestos, reducir la reversión de las pensiones y, al final, desindexar los pensionados del salario mínimo, éste último podría él también ser desindexado de la evolución de los precios (y del PIB). Esta última medida significa una disminución significativa en el gasto público y una reducción significativa de las pensiones recibidas por las personas de tercera edad, lo que tendría su efecto en el aumento de la pobreza5. Las desigualdades crecen, haría falta una recuperación económica a partir de un dinamismo del mercado interno y no alcanzaría compensar el poco dinamismo del comercio mundial que se observa desde hace dos años. El desempleo y la informalidad seguirán entonces aumentando. Figura 7. Descomposición del gasto público de la Unión (7).

Fuente: Senado federal - Sistema Siga Brasil, elaboração: auditório cidadã da dívida, 11/08/2015 . La “solución” para salir de la crisis parece simple: tiene el nombre de “ajuste fiscal”, lo que claramente significa una reducción del gasto público lo que, como hemos visto, es muy difícil de hacer a menos que se cambie la ley. En el estado actual de la relación de fuerzas y de la crisis, aparece poco posible considerar una reducción de la tasa de interés Selic pese a su probada ineficacia, ni tampoco considerar un congelamiento (una “eutanasia de los rentistas”) preconizada por Keynes en su época, aunque fuese provisional. Queda la posibilidad de disminuir el peso del segundo rubro del presupuesto, es decir, las pensiones (un poco menos de 20% del gasto público). Sin el pago de las pensiones, el déficit público desaparecería…pero para esto habría que cambiar profundamente la ley y pasar de un sistema de reparto a uno de capitalización. En el actual contexto político esto no es posible; las medidas que se vislumbran consisten en disminuir la carga presupuestaria de estos jubilados preconizando alargar la duración de la vida activa, perseguir a los fraudulentos y a mediano plazo, desindexar las pensiones del salario mínimo, el cual a su vez podría desindexarse de la evolución de los precios (y del PIB). Esta última medida significa una baja importante del gasto público y una reducción significativa de las pensiones percibidas por la tercera edad lo que tendría consecuencias en el aumento de la pobreza. Al aumentar la desigualdad, una reactivación económica a partir del dinamismo del mercado interno fallaría y no lograría compensar el escaso dinamismo del comercio mundial que se observa hace dos años. El desempleo y la informalidad continuarían su crecimiento. Existen otras soluciones que el ajuste fiscal. Los efectos deletéreos de esta política acentúan y agravan una crisis cuyo origen no está en la caída

5Hay que recordar que según el Ministério da Previdência, 66.7% de los beneficiarios tienen un salario mínimo, 15% entre 1 y 2 salarios mínimos, 7,9% entre 2 y 3 salarios mínimos, 5.1% entre 3 y 4 salarios mínimos, 2.3% entre 4 y 5 salarios mínimos y, finalmente, 0.6% más de 5 salarios mínimos.

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del precio de materias primas, aunque esta caída la aceleró. Por ello, se debe urgentemente pensar con creatividad (el famoso: “no hay ninguna alternativa” de Thatcher) e imaginar nuevas soluciones que sean al mismo tiempo soluciones a la crisis. Pero para imaginarlas se necesita salir de la negación y medir tanto la magnitud de la crisis económica como sus causas profundas. Las reformas estructurales solo pueden imponerse cuando un equilibrio de poder se compromete claramente. En este sentido, no son solamente reformas técnicas, sino también y sobre todo reformas políticas. Estas reformas incluyen 1/ la introducción de un sistema fiscal progresivo capaz de impulsar el mercado interno sin agregar costos a las empresas, 2/ un nuevo enfoque de la política industrial específica, privilegiando primero las industrias con fuerte potencial para la creación de empleos y las que tienen un futuro industrial, 3/ y, sobre todo, en el corto plazo, la votación de una ley que limite el creciente aferramiento del servicio de la deuda interna a los gastos presupuestarios. Esta ley evitaría los efectos devastadores en las otras partidas del gasto público, cuando el constante gasto público dedicado al servicio de la deuda interna aumenta de manera desproporcionada, debido a las alzas extremas de las tasas de interés. Conclusión: Esta crisis viene de lejos. Era predecible. Lo habíamos señalado. Muy pocos economistas la anunciaron, cegados por la prosperidad, la reducción de la pobreza y el “nuevo El Dorado”. Hoy en día se está pagando a un precio muy alto, tanto más que el aparato industrial se ha deteriorado con el desarrollo de los comportamientos rentistas (reprimarización de la economía, financierización). Hoy en día, con tasas de interés extremadamente altas, solo las clases sociales relacionadas con las finanzas no sufren de la crisis, más bien se benefician de ella. Asfixiada por las limitaciones presupuestarias, la elección es más simple: ya sea que el gobierno continúa

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su política de contención del gasto público y aumenta la crisis y la desesperación social, o bien se hacen recortes en los gastos relativos al servicio de la deuda interna y se decide limitar este servicio a 25 o 30% del gasto total, liberando así las posibilidades para mantener el gasto social (jubilación, salud, educación, sin perjuicio de promover algunas reformas), para impulsar el gasto en la investigación, para promover las verdaderas políticas industriales rompiendo con las que se realizaron en el pasado. Poner límites a los gastos dedicados al servicio de la deuda, a través de una disminución en las tasas de interés anormalmente altas, no es más “revolucionario” que poner límites al gasto público cuando los ingresos públicos caen. Esta fue la decisión que se tomó bajo la Presidencia de Reagan en los Estados Unidos con la ley de Gramm-RudmanHolings en 1985... La crisis es política. La corrupción que socava todas las partes ahora es, hoy en día, rechazada por la base de la población. Esta es una observación muy importante que se puede hacer para casi todos los países latinoamericanos. La corrupción ya no se considera como una fatalidad, o incluso un arreglo con las leyes demasiado pesadas, la multiplicidad de los partidos y la dificultad de crear coaliciones sostenibles para gobernar. Es un hecho positivo. La corrupción es más rechazada en tanto la crisis económica está presente, tiene un costo social cada vez más intolerable. Pero también es instrumentalizada por la oposición que, recibiendo el apoyo de los principales medios de comunicación, sólo sueña con una cosa: marginar el PT y volver al poder. Desde este punto de vista, es similar a un intento de “golpe de estado mediático-legal”. Defender hoy a los hombres y mujeres responsables políticos del PT es en alguna medida caer en la trampa de defender corruptos o supuestamente corruptos y esto en un momento en donde el PT paga un precio político alto de austeridad, desde el segundo mandato de Dilma. Así que es mejor concentrarse en la defensa de los intereses


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económicos (salario, pensión, indexación, limitación del servicio de la deuda...) denunciando a la vez las maniobras políticas de la oposición, así como la práctica corrupta. La lógica económica es muchas veces incompatible con la lógica política. La crisis política que vive la Presidencia de Dilma Rousseff hace que sea difícil imaginar políticas alternativas, a menos que se sobrepasen los límites con movilizaciones populares. La crisis política agrava la crisis económica y vice versa que, lo que puede provocar una crisis institucional. Ya lo hemos notado, el desafío no es sólo económico. También es político. Paris, 14 de marzo 2016. Bibliografía Ver las referencias a los datos estadísticos en el texto. Acá nos limitamos a un artículo reciente donde se podrá encontrar bibliografía abundante: Salama P (2015): Argentina, Brasil entran en la tormenta. ¿Quo vadis América Latina? Herramienta, web.

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Participación ciudadana, calidad de vida y justicia trans-regional territorial: una línea base social de bien común CHILE ¿Proceso de modernización participativa de la sociedad?

inclusiva

y

El presente artículo se ocupa del relevante tema de la participación ciudadana, especialmente la relacionada con la implementación de mega proyectos hidroeléctricos y de otra naturaleza, que impactan fuertemente los territorios y la vida de las comunidades adyacentes. Esta discusión es muy importante, interesante y compleja por naturaleza. Desde luego, la temática debería ser abordada en forma interdisciplinaria. Hasta ahora el problema de fondo de los impactos socionaturales ha estado ausente en la mayoría de las decisiones sobre localización de proyectos de infraestructura energética en Chile. Ha estado también ausente en otro tipo de proyectos de impacto socioambiental, como los hidroeléctricos, portuarios, mineros, construcción de autopistas, vertederos, urbanizaciones, etc. Y como ha estado ausente, se han producido inevitablemente numerosos conflictos con las comunidades que viven en las inmediaciones del proyecto que se piensa implementar. La ausencia de una participación ciudadana substantiva, explica el hecho de que muchas veces estos proyectos terminen siendo judicializados. La explicación sociológica consiste en que la modernización en Chile, realizada en las últimas décadas, se ha impulsado sin la participación ni consideración de la sociedad, afectando muchas veces la calidad de vida de la población. En el fondo, se ha modernizado la infraestructura, pero no la sociedad. Más aún, muchos megaproyectos de inversión se inician antes de ser sometidos a estudios de impacto ambiental y social. Ello explica la existencia de muchos conflictos socioambientales. Actualmente la sociedad ha despertado y exige ser considerada, reclama por los pasivos sociales y ambientales que se han acumulado

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históricamente, que afectan la calidad de vida de la población y aumentan los niveles de pobreza, vulnerabilidad y exposición a riegos de desastres socionaturales, los que por lo demás se producen con mayor frecuencia e intensidad en los últimos años en el país y en América Latina. Con el concepto de “pasivos sociales” me refiero a la no inclusión, a la no participación, a la debilidad o simplemente inexistencia de la participación ciudadana en los estudios de impacto ambiental, a la intervención del territorio sin la injerencia activa e informada de las comunidades que los habitan. Pasivos sociales son las externalidades sociales de los proyectos, las que se suman a las externalidades ambientales que, por lo demás, también afectan a la población. El principal pasivo o externalidad social es el deterioro de la calidad de vida de la población adyacente a un megaproyecto, causado por la contaminación por emisiones de partículas tóxicas suspendidas en el ambiente y que provocan enfermedades, por la contaminación acústica, el incremento del movimiento de vehículos de carga, el aumento de accidentes y exposición a desastres y eventos extremos climáticos, agudización de procesos de desintegración social y las consabidas tensiones sociales e incremento de conductas delictuales. En el fondo, se trata del aumento de la condición de vulnerabilidad social de la población afectada por la instalación de un megaproyecto. La desigualdad, problema central del país –de prácticamente todos los países latinoamericanos– y tema articulador de lo que fue la campaña electoral del actual Gobierno, no es otra cosa que un conjunto muy amplio, múltiple y de carácter estructural de pasivos sociales históricamente acumulados de generación en generación, que impiden la inclusión y la realización personal de la mayoría de los habitantes del territorio. La intervención del territorio, mediante megaproyectos energéticos o de otra naturaleza, constituye sólo uno de estos pasivos, por cierto, muy importante por el impacto que tienen en la vida social, en el paisaje y en los servicios ecosistémicos.


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La respuesta a la pregunta ¿Cómo mejorar las políticas de localización de infraestructura energética en Chile? resulta de alta complejidad. Considerando las experiencias pasadas, obviamente no se trata sólo de “mejorar” las decisiones, de darles una mayor “legitimidad” ciudadana, sino de cambiar las políticas públicas de localización, sobre todo cuando se trata de proyectos en los cuales los lugares de eventual localización ya están poblados por seres humanos que han construido allí sus hábitats, su producción, sus culturas, identidades y redes sociales. Más aún, puede también tratarse de territorios ya ambientalmente saturados por impactos negativos de otros megaproyectos. Chile enfrenta hoy al desafío de modernizar su sociedad en un sentido humanista y sustentable y, por lo tanto, de compatibilizar su crecimiento económico con el desarrollo personal de sus habitantes y la preservación sustentable de sus ecosistemas. Para ello resulta indispensable una reforma profunda del rol del Estado, para que logre una mayor consonancia con la ciudadanía. No se trata de retornar a un “estatismo” añejo, del pasado que, por lo demás, el actual desarrollo de la sociedad no lo permitiría. Hoy se requiere un Estado moderno con poder de regulación, de control de la calidad, de protección efectiva de los recursos naturales (respetando las leyes inherentes de funcionamiento de los ecosistemas y los derechos de la naturaleza a su autoreproducción) y de respeto a los derechos humanos y sociales. Un Estado que genere las condiciones institucionales (legales), sociales, productivas, culturales, ambientales y humanas que haga posible la calidad de vida y la participación activa de sus ciudadanos en un mundo globalizado, de alta complejidad e incertidumbres. Junto a la necesaria modernización del Estado y de sus instituciones, se requiere también del desarrollo de una sociedad civil sustantiva, fortalecida, en la que sus ciudadanos cuenten

con derechos y ejerciten capacidades de involucramiento e injerencia real en los asuntos públicos y privados que le conciernen. La inclusión social sigue constituyendo un problema aún no resuelto, de difícil solución en el marco del modelo neoliberal imperante. A pesar de que el modelo se encuentra en crisis y que crece el descontento ciudadano con el mismo, este descontento no se traduce aun en un cambio del modelo. Los procesos de transformación son lentos, van marcando etapas mediante rupturas, cambios legales, culturales e institucionales. ¿Cómo dar mayor relevancia a la participación ciudadana para legitimar socialmente proyectos? La Ley Base del Medio Ambiente lleva ya más 20 años de aplicación. A pesar de las mejoras a la ley, la participación ciudadana sigue siendo muy deficitaria –incluso en muchos casos simplemente nula– en los estudios de impacto ambiental. En verdad, la lógica del modelo económico neoliberal no permite una participación ciudadana real. El mercado, la sociedad del mercado, fomenta la individualización y desorganización de la sociedad, como sistema de dominación y subordinación de las personas. Por lo mismo que en general, la participación ciudadana que se aplica, se queda sólo en el nivel de la información, de las consultas y eventuales mitigaciones o compensaciones, lo que resulta claramente insuficiente. Sin embargo, la sociedad chilena ha experimentado importantes cambios en las últimas décadas. Estos cambios se expresan en la emergencia de un ciudadano y ciudadana más conscientes de sí mismos, de sus derechos y preocupados de su entorno natural: ahora exigen ser considerados en los procesos de toma de decisión de los asuntos que estiman que les conciernen como personas con derechos y deberes. Vivimos en la actualidad, a diferencia del pasado, momentos de construcción y desarrollo de la subjetividad ciudadana del

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individuo desde la sociedad misma. En el pasado, durante los siglos XIX y XX, las sociedades latinoamericanas fueron construidas –sus valores, normas e instituciones– desde el Estado, la economía (hacienda, empresas, mercado) y la política (partidos políticos). En el presente siglo XXI, el despertar ciudadano, coadyudado por la abundancia de la información, el conocimiento y la revolución de las comunicaciones, convulsiona el orden social y cuestiona la forma de gestión verticalista y asistencialista/ paternalista/ autoritaria de las instituciones pasadas. La sociedad y sus miembros se tornan más reflexivos y conscientes de sí mismos. En este nuevo contexto societal, en proceso complejo y tensado de transición hacia un nuevo orden social y cultural, resulta indispensable reflexionar sobre modalidades pertinentes de participación ciudadana en los procesos de planificación de proyectos de intervención territorial, en particular de proyectos megaenergéticos y de otra naturaleza. Para ello puede ser útil el examen de experiencias internacionales, aunque resulta muy pertinente también revisar nuestra propia experiencia, la que se considera también en el presente trabajo. La psicóloga ambiental Irina Rau (Grupo de Investigación Psicología Ambiental, Universität de Saarland y Universität de Magdeburg, Alemania), realizó una presentación en la Universidad de Concepción (14-17.10.2013) titulada “La importancia de la participación para la aceptación de megaproyectos en el área energética”, en la que dio a conocer una modalidad de participación ciudadana que actualmente se aplica en Alemania, previa a la instalación de proyectos megaenergéticos. Como nuestro país forma parte de la OCDE, resulta pertinente dar a conocer brevemente algunos aspectos de esta experiencia, en sus líneas generales. No para replicarlo, sino para motivar la reflexión crítica sobre una modalidad

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propia que supere los vacíos y debilidades del sistema actual de estudios de impacto ambiental en el sector energético y en otros proyectos de intervención territorial, de relevancia económica y social. Los factores que influyen en la aceptación de megaproyectos serían: • Tecnología • Localización • Proceso de planificación • Participación ciudadana Estos factores influyen decididamente en el proceso de aceptación social de un proyecto: el tipo de tecnología que se va a emplear (que se empleará realmente, no la que se anuncia antes de implementar el proyecto). Por lo general, los inversionistas prometen proyectos con tecnologías limpias, de punta, pero la realidad termina desmintiendo estas promesas. La localización se refiere a las características del territorio (su vocación productiva, servicios ecosistémicos y capacidad de carga) y los impactos que pueden sufrir tanto el ecosistema como la población con la localización física del proyecto. Pero en verdad, a los inversionistas les interesan más las bondades que presenta el territorio para la implementación del proyecto (por ejemplo, la existencia de suficiente agua, de energía e infraestructura) que los eventuales beneficios que podría significar para sus habitantes. El proceso de planificación incide directamente en la forma cómo se informa, socializa y se involucra a la población en todas las etapas del proyecto. Este proceso incluye también la participación ciudadana, factor esencial de la aceptación. Sin embargo, sabemos también que en Chile la participación ciudadana no ha estado presente en los estudios de impacto ambiental. Ahora bien, en la actualidad, la participación ciudadana representa, debido a los conflictos existentes, una gran preocupación para los empresarios y para el sector público.


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Proceso de planificación La planificación debe tender a producir una ponderación equilibrada de los criterios y ejes que dan sustento, sentido y racionalidad a la sustentabilidad del proyecto. Estos ejes, clásicos en la discusión ambiental internacional, son: el económico, ecológico y social. Hacer converger este triángulo virtuoso de la sustentabilidad resulta difícil. En las experiencias nacionales (EIA) por lo general predomina el factor económico, en desmedro del ecológico y del social. A pesar de ello, se debe intentar por todos los medios que los proyectos se orienten por esta filosofía holista y ponderen, en la evaluación e implementación, estas tres dimensiones básicas. Su implementación debe ser verificada con un efectivo plan de seguimiento. ¿Cómo hacer converger estos tres ejes? Para ello se requiere en primer lugar contar con estudios de línea base sobre el/los ecosistemas y la micromacro-sociedad que serán afectados por el megaproyecto. A menudo se confunde un análisis de línea base social con meros datos estadísticos sobre desocupación, características cuantitativas de la población, escolaridad, estructura etaria, etc. Un estudio de Línea Base de la sociedad se refiere a su sociomorfología interna: su cohesión interna, los valores que se practican en la comunidad, las interrelaciones humanas, el tipo de vecindario, la historia del poblamiento, los niveles de confianza/desconfianza existentes, la valoración y percepción que tienen de los ecosistemas que eventualmente serán intervenidos por el megaproyecto, las condiciones de vida y trabajo. El respeto a los valores que identifican y cohesionan a una comunidad humana debe ser conjugado con la autoreproducción de los ecosistemas y la necesidad de producir determinados bienes, materiales o inmateriales, en beneficio del conjunto de la sociedad, como lo constituye la necesidad de generar energía.

La energía se ha transformado en un elemento fundamental de la producción y la vida de la sociedad moderna. La vida moderna se compone de intercambios de energía. Por cierto, existen diferentes tipos de energía, con impactos mayores o menores a los ecosistemas y a la vida humana. Los impactos de la energía fósil, que ha dominado gran parte de la historia industrial del mundo de los últimos siglos, ya son suficientemente conocidos, especialmente las emisiones de CO2 de efecto invernadero y en el cambio climático actualmente en marcha. Sabemos, por datos del IPCC, que la concentración CO2 se ha incrementado de 280 ppm existentes a inicios de la era industrial a cerca de 400 ppm en la actualidad, con impactos negativos en las temperaturas y precipitaciones. Por lo mismo que en la actualidad no es indiferente el tipo de energía que se fomente. Afortunadamente, el desarrollo de la ciencia y la tecnología ha logrado impulsar las energías renovables no convencionales que dañan menos los ecosistemas y evitan el efecto invernadero. Chile puede avanzar rápidamente hacia una matriz energética alternativa – perfil solar en el norte, biomasa en el centro y eólica en el sur, esta última especialmente en la Región del Biobío (por mencionar sólo algunas) – que, además contribuirá a descentralizar y democratizar el sistema y revertir la dependencia de las fuentes fósiles. Línea Base Social: defensa de lo común Considerando el análisis anterior y las experiencias internacionales, se puede entender por Línea Base Social una caracterización profunda de la comunidad afectada por una intervención y que abarca al conjunto de factores y dimensiones que componen la historia y configuran la calidad de su vida social, cultural, laboral, territorial y vecinal. Un proyecto no debería empeorar las condiciones actuales de vida de la comunidad, como suele ocurrir. Por el contrario, debería

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mejorar las condiciones de vida de la comunidad, lo que raramente sucede. Es sabido que por lo general todo proyecto o intervención altera la vida social. Y lo puede hacer en un sentido positivo o negativo. Estas alteraciones deben ser estudiadas científicamente. Y las alteraciones pueden ser de naturaleza muy diversa. Dependen de la percepción de las personas, las que deben ser consideradas y respetadas. Las percepciones pueden ser estudiadas y medidas con exactitud científica.

es un valor fundamental que ha acompañado la difícil historia del poblamiento y la subsistencia (aislada) de la Región de Aysén. La confianza ha permitido construir redes, amistades y organizar comunidades basadas en la solidaridad y el apoyo mutuo, valores indispensables en regiones geográficas apartadas y aisladas del territorio nacional y, en cierto modo, abandonadas por los gobiernos, como ha sido el caso de la Patagonia chilena, según lo demuestran varias investigaciones.

Línea de Base Social significa conocer y comprender el sistema de vida productiva, social, cultural e interpersonal existente en la comunidad o comunidades involucradas en la eventual aplicación de un megaproyecto. No significa, como suele ocurrir en los Estudios de Impacto Ambiental (EIA), que se limitan a describir algunas características socioeconómicas de carácter general, para luego deducir eventuales impactos sociales, que tienden –las consultoras responsables de los estudios socioculturales– además a minimizar. Sólo el conocimiento en profundidad del hábitat humano en su complejidad sistémica y en interdependencia con la naturaleza que la rodea, permite analizar los impactos sociales que tendrá en la comunidad humana un megaproyecto energético o de otra naturaleza, proyectados hacia el futuro.

De la misma manera como en los EIA se habla de Línea Base del sistema natural, debería considerarse una Línea Base Social, que tome en cuenta los impactos que tendría la implementación de un proyecto en la constitución básica de las comunidades aledañas. En efecto, una comunidad tiene historia, organización, cultura, tradiciones, prácticas sociales, modalidades de acción e interacción, normas y valores que la regulan, anhelos y aspiraciones de mejorar las condiciones de vida individual y colectiva. La sociedad, además, no es un mero dato estadístico, sino una realidad dinámica, cambiante, en permanente proceso de transformación que debe ser tomada en cuenta si se quiere agregar a su hábitat un cuerpo extraño a su historia, paisaje y vida cotidiana.

En una investigación que realizamos en la Patagonia, relacionada con el impacto eventual del megaproyecto HidroAysen en los valores de la comunidad, pudimos constatar que, en la comunidad de Cochrane, por ejemplo, uno de los principales temores frente al proyecto era la llegada de trabajadores foráneos, sin familias, que irrumpirían en sus buenas costumbres, valores y tradiciones propias de la comunidad. Con la construcción de las represas, según ellos, llegaría el dinero, la prostitución, la corrupción y la delincuencia, lo que afectaría la vida comunitaria basada en la confianza, el respeto y la buena vecindad. Es efectivo que la confianza

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Una Línea Base Social de un estudio debería incluir los siguientes aspectos e indicadores: • Índice de Desarrollo Humano de la comuna. Elaborado por el PNUD, que contiene: i) nivel de ingresos, ii) nivel de escolaridad y iii) expectativa de vida. Este índice se puede complementar con el Índice o coeficiente Gini que mide los niveles de distribución del ingreso. • Sistema de calidad vida de la comunidad: redes sociales de apoyo; niveles de confianza/ desconfianza; cohesión interna; sentido de bienestar social; percepción subjetiva de calidad de vida; paisaje urbano. Se puede medir mediante


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encuesta/ entrevista u otros instrumentos. • Acceso a equipamiento e infraestructura (salud, alumbrado público, red de agua potable, escuelas, transporte público, comercio, lugares de distracción, plazas infantiles, etc.). Los municipios tienen estos datos. • Nivel de necesidades básicas satisfechas (alimentación/nutrición, vivienda, salud, servicios sanitarios, calefacción, vestuario, etc.). • Calidad del empleo, niveles de desocupación, niveles de pobreza y desigualdad. • Niveles de segregación/integración territorial, violencia y seguridad del barrio. • Niveles de carga antrópica del territorio/ localidad o región/justicia transregional. • Nivel de identidad y sentido de pertenencia de la comunidad con su localidad y su entorno. Estos criterios son relativamente amplios y no pretenden ser únicos ni excluyentes de otros que eventualmente pudieran agregarse o integrarse. Pero son básicos, necesarios de considerar en una Línea Base Social. Sin embargo, pueden jerarquizarse, estableciendo los que podrían ser más prioritarios para un determinado estudio. La jerarquización debería considerar como perspectiva estructurante, los Bienes Comunes (Commons). Todo aquello que desde el punto de vista ontológico constituye la base socionatural y cultural que sustenta la vida humana. Datos sobre algunos aspectos e indicadores ya existen en el sistema público, como el Índice de Desarrollo Humano o Índice Gini, así como los datos sobre infraestructura, acceso a servicios básicos, empleo y desocupación, estructura etaria de la población. Pero para obtener otros antecedentes se requiere de la realización de estudios cuantitativos y cualitativos. Por ejemplo,

para medir la calidad de vida, la segregación espacial, los niveles de inequidad territorial de la carga antrópica interregional, la identidad y sentido de pertenencia. Contexto histórico y significado de calidad de vida La calidad de vida es un concepto que emerge en la década de los sesenta del siglo XX. Surge como una crítica a la concepción del desarrollo y del bienestar como productos necesarios del crecimiento económico. Estas críticas incluso ya se manifestaron por diferentes autores a comienzos del siglo XX, pero es especialmente en la época de post segunda guerra mundial en la que se profundiza esta percepción y debate. Incluso, más tarde –en el marco de la discusión posdesarrollo– será cuestionada la idea iluminista del “progreso”. Los modernos, pensadores influyentes del siglo XVIII, XIX y parte del XX, pensaron y difundieron la idea de que el progreso, apoyado esta vez en la ciencia y la tecnología, sería un proceso históricamente ininterrumpido, permanente. Pero se equivocaron. El progreso avanza y retrocede en la historia de las sociedades modernas, según la etapa, los intereses de clase y grupos sociales y la forma como se resuelven los conflictos sociales, políticos y ambientales. Además, el progreso no beneficia por igual a todos los sectores de la sociedad. La desigualdad es un fenómeno permanente que acompaña el desarrollo de las sociedades capitalistas. Representa una característica inherente e intrínseca al sistema de dominación, incluso va variando y transformándose de acuerdo al avance de las sociedades. La industrialización no sólo produjo bienes de consumo y progreso. También produjo problemas de contaminación, enfermedades laborales, estrés de la vida moderna, depredación de los ecosistemas, problemas de comunicación humana, formas diversas de represión de la libertad en sus múltiples expresiones. La industrialización

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tendió a estandarizar y uniformar los estilos la vida, acorralando al individuo, limitando e impidiendo su libre realización como persona. Largas jornadas de trabajo alienado para lograr un sustento económico que le permitiera ingresar al consumo de bienes perecibles y durables. El valor de la vida distendida y feliz no formaba parte de la cultura ni del paradigma de la política del crecimiento económico ni de la ideología del llamado progreso. En este contexto surgen fuertes y profundas críticas al modelo de desarrollo, que abarcaron incluso a los llamados “socialismos reales”, considerados no como alternativas genuinas de desarrollo humano y social. El malestar se instala en la conciencia de los ciudadanos. Herbert Marcuse publica en 1965 El hombre unidimensional. Representante de la teoría social crítica, denuncia en dicha obra, de gran impacto en círculos intelectuales y jóvenes, las tendencias o rasgos totalitarios de las sociedades avanzadas. El sistema produciría falsas necesidades mediante los medios masivos de comunicación, la publicidad y la integración de los trabajadores a la sociedad del consumo industrializada. El sistema funcionaría con una fuerte dosis de individualismo. Serían sociedades del control, sin oposición y con contención del cambio social. La sociedad industrial avanzada funcionaría unidimensionalmente, sin espacios para el ejercicio de la crítica, la democracia real y la libertad humana. En este sentido, la calidad de vida surge como una tendencia de reforma de la sociedad industrial avanzada. Apuntaba a mejorar las condiciones de vida de la población en general. Se produce en el marco del establecimiento del llamado Estado de Bienestar Social que se desarrolla especialmente en los países europeos, con expresiones periféricas, de menor calidad, en los países latinoamericanos más industrializados y políticamente más avanzados. Se introdujo como forma de medir cuantitativamente el desarrollo

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frente a la creciente complejización de la estructura social y de medir también los impactos de la intervención del Estado en materias económicas, sociales, políticas y culturales. La calidad de vida busca establecerse como un sistema universal y científico de medición de la satisfacción de las necesidades humanas en los países desarrollados. Desde un comienzo se instaló el debate sobre parámetros cuantitativos y cualitativos de la calidad de vida. Este debate es especialmente relevante en el proceso de elaboración de los Indicadores Sociales de Calidad de Vida: Indicadores objetivos y subjetivos. Los objetivos serían medibles, mientras que los subjetivos son de carácter inmaterial y diferenciado, según la percepción individual. Con el tiempo, las necesidades humanas de carácter subjetivas han ido ganando en importancia. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) pone en marcha en 1970 un Programa para elaborar Indicadores Sociales de Calidad de Vida, con el propósito de medir el bienestar social. Obedece a la preocupación política por lo social. En 1973 la OCDE definió 8 áreas de preocupaciones sociales: 1) Salud; 2) Desarrollo de la personalidad mediante la adquisición de conocimientos (Educación); 3) Empleo y calidad de vida en el trabajo; 4) Tiempo y ocio; 5) Bienes y servicios disponibles; 6) Medio físico; 7) La seguridad de las personas y la administración de justicia; 8) Participación en la vida colectiva (Setién, 1993: 74). En Europa se han desarrollado también otros modelos de Calidad de Vida. Así, por ejemplo, Alemania creó el “Sistema de Indicadores SPES”, que mide tanto necesidades objetivas como subjetivas, así como la evolución del bienestar personal. Aplican con cierta periodicidad Encuestas de Bienestar que se socializan mediante Reportes públicos. Las universidades de Frankfurt y Mannheim investigaron y crearon


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a partir de 1972, con el financiamiento de la Forschungsgemeinschaft (sociedad alemana de investigación), el Sistema de Indicadores Sociales. Seleccionaron 10 Áreas, subdivididas en 196 Indicadores. Las Áreas son: 1) Población; 2) Status social y movilidad; 3) Empleo y condiciones de trabajo; 4) Renta y su distribución; 5) Consumo; 6) Transporte; 7) Vivienda; 8) Salud; 9) Educación; 10) Participación (Setién, 1993: 91). En 1982 la OCDE avanzó más en el tema y definió una Lista de Indicadores Sociales que partía de 15 preocupaciones sociales estructuradas en 33 indicadores. Cuadro 1. LISTA DE INDICADORES SOCIALES OCDE

Fuente: OCDE, La liste des OCDE des Indicateurs Sociaux, 1982. In: Setién, 1993, p. 78-79. Estos Indicadores de Calidad de Vida obviamente no pueden replicarse en forma automática en Chile ni América Latina. Sin embargo, en las últimas décadas también se habla con frecuencia sobre calidad de vida en Latinoamérica y en particular, en Chile. Lo hacen los gobiernos y los centros investigación. Chile, como miembro de la OCDE, puede considerar estos indicadores como un marco importante de referencia, de orientación de políticas públicas, como sucede en Europa y en otros países desarrollados. Se entiende que estos Indicadores Sociales no son meros constructos convencionales, sino que

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contienen especificaciones exhaustivas, formas de medición e influyen en la formulación y aplicación de políticas públicas de los respectivos países. Y, además, evolucionan en el tiempo, en la medida en que cambian las sociedades y las condiciones de vida. En nuestros países estas preocupaciones sociales se encuentran en el centro del interés ciudadano, pero todavía en etapas atrasadas –aunque con acentos diferenciados– en el ámbito público, como consecuencia de la implementación de políticas neoliberales en ámbitos básicos de la vida social, por ejemplo, en la educación, salud, seguridad social. Y en otros ámbitos, como el trabajo y la vivienda, faltan las regulaciones y control público, que garanticen la calidad, la del trabajo, por ejemplo. En el caso de la vivienda social, ésta no se ajusta a condiciones humanas de espacialidad interior ni al debido acceso al paisaje natural. Y el tiempo libre prácticamente no existe. El “tiempo libre”, indispensable para el ejercicio de la libertad y realización personal, se ocupa en largas jornadas laborales, en desplazamientos geográficos interminables en megaciudades caotizadas por el transporte, o el tiempo se gasta en el ejercicio de diferentes ocupaciones de sobrevivencia. La esperanza de vida se ha prolongado considerablemente, pero su calidad no ha mejorado demasiado. Y a la integración social le sigue penando los altos niveles de segregación socioterritorial y la desigualdad. En definitiva, la calidad de vida es un tema fundamental, pero aún pendiente de profundizar e implementar en nuestras sociedades. Se requiere avanzar mediante las políticas públicas y la toma de conciencia ciudadana. El malestar ciudadano respecto de abusos en diferentes ámbitos de la vida social, de los servicios y del consumo en general, constituyen signos del agotamiento y crisis del modelo neoliberal que genera grandes expectativas que sus sistemas –calidad de la educación, de la salud, previsión, salarios,

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vivienda, ambiente libre de contaminación, etc.– no pueden satisfacer debido a la distribución de los bienes, la falta de participación ciudadana y de inclusión. Confianza, transparencia y participación: ¿una nueva política pública? La confianza es un elemento fundamental de toda política, más aún en Chile, país en el que predomina ampliamente la desconfianza, lo que constituye un problema de partida de cualquier proyecto. La explicación a esta desconfianza reside en el hecho de que en las últimas décadas la sociedad –las comunidades y organizaciones sociales– no ha sido consultada en la implementación de megaproyectos y en que, además, en general en amplios sectores de la sociedad prevalece un sentimiento de ser engañados o defraudados por los políticos y los empresarios. La desconfianza es un problema estructural heredado de la colonia y que persistió modernizada en la época pos-independencia. Los altos niveles de desconfianza –superior al 80 por ciento– existentes en la sociedad chilena se han trasformado en un problema que bloquea el desarrollo del país. Por lo mismo que, tratándose de mega-intervenciones territoriales, este problema debe ser abordado con seriedad si se busca la aceptación de la comunidad o comunidades involucradas en la iniciativa que se busca emprender en su entorno inmediato. El engaño en la difusión de un proyecto respecto de sus reales objetivos sólo fortalece la desconfianza, la que se transforma en un aprendizaje social que se interioriza en la comunidad y dificulta la implementación futura de cualquier proyecto, aunque tenga impactos positivos para la comunidad, incluso en la reducción de emisiones, como sería el caso de proyectos de energía renovable. Generar confianza requiere que las comunidades o grupos sociales directa o indirectamente afectados por el proyecto en cuestión, cuenten con


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la información suficiente y participen activamente en las diferentes fases de la planificación del mismo. La credibilidad social del proyecto es el fundamento de la generación de la confianza. Y la credibilidad exige transparencia informativa, respeto a la vida de la comunidad y, sobre todo, mucho diálogo para explicar y superar las diferencias. Transparencia y participación implica que un proyecto puede también ser rechazado por la comunidad o puede ser modificado.

temprana de los proyectos a través de una gestión y una evaluación social estratégica que incorpore las ideas y la visión de las comunidades. Este es uno de los ejes principales que hay que abordar al igual que el tema del ordenamiento territorial, de cómo garantizamos que haya un buen uso y distribución de esos territorios para armonizar el desarrollo del país y eso sólo se hace con un rol activo del Estado”.

Al respecto, el ministro de Energía, Máximo Pacheco, inició un proceso de consulta a diferentes actores para definir la política pública de energía. Anuncia la implementación de una nueva política y rol del Estado –el que ha estado ausente en las últimas décadas obedeciendo a las políticas de mercado de carácter neoliberal– y una nueva relación con la sociedad civil en búsqueda de legitimidad social de la política en energía:

“Nosotros somos la autoridad y entendemos que nuestra obligación es hacer estas políticas públicas después de escuchar a la gente y de entender el valor de su contribución en este proceso. Hay empresas que lo están haciendo bien y hay otras que no y esas van a sufrir mucho, porque esto es una señal de los tiempos, es un nuevo paradigma y un signo de los cambios que se han producido en la sociedad chilena y, por lo tanto, es obligación de nosotros como autoridad de Estado, y de las empresas privadas leer bien estos cambios” (Pacheco, 2014).

“El Estado no puede sentarse en la tribuna a mirar como los privados juegan este partido. El modelo de dejar ese rol pasivo, con un poquito de regulación y un poquito de normativa, tocó fondo. Tenemos que jugar un papel más activo, porque el bien común existe”. “Efectivamente, el país necesita 450 MW adicionales por año y la despensa está en la mitad de lo que estaba en ejecución en 2010. Pero para llegar a lo que usted plantea hay que bajar las barreras de entrada a nuevos actores e incorporar nuevas tecnologías. Hay que garantizar un sistema que permita a las empresas desarrollar proyectos con participación y diálogo social. Destrabar los proyectos no es una cuestión técnica, sino de cómo somos capaces, sociedad y empresas, de concretar iniciativas con la legitimidad social que se necesita y eso se hace involucrando a las comunidades, a las localidades y a la sociedad en la fase

Estas palabras insinúan la necesidad de un cambio de paradigma: de pasar de un modelo neoliberal extractivista de intervención del territorio con baja o nula regulación pública y escasa o nula participación ciudadana. En la práctica la definición de la política energética 2050, impulsada por el Ministerio de Energía y que en la actualidad aparece como política de Gobierno, se hizo con procesos ciudadanos, aunque limitada por el modelo económico imperante que niega la participación ciudadana. Por lo mismo que está aún por verse si estas definiciones, una vez transformadas en proyectos específicos en los diferentes territorios del país, irán acompañadas de participación ciudadana real. Para que ello ocurra debería existir una política de Estado que la permita, que trascienda la voluntad de un Ministerio o de una política focalizada y que sea practicada por una sociedad

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civil suficientemente fortalecida, cuestión que aún falta en el país y en la mayoría de las sociedades latinoamericanas. Es conocido que la estrategia neoliberal, implementada en los países, atomizó las organizaciones sociales y, en general, debilitó considerablemente las sociedades en su cohesión interna y sentido común compartido. Justicia trans-regional territorial distributiva: comprensión y amor humano Los territorios están constituidos por ecosistemas de diversa naturaleza y niveles de vulnerabilidad, provistos de determinadas vocaciones y capacidades ecosistémicas y de asimilación de acciones antrópicas. Por lo mismo que no resulta justo que algunas regiones se vean recargadas por externalidades ambientales y sociales, al límite de la saturación o del colapso existencial. Con frecuencia las regiones o localidades resultan sobrecargadas debido a sus ventajas comparativas en recursos naturales (por ejemplo, ríos) y sus niveles de pobreza y depredación social, con escasa capacidad de acción o de negociación con empresas o instituciones públicas. Ejemplos hay muchos: proyecto HidroAysen, Freirina (producción masiva de cerdos), centrales termoeléctricas en la comuna de Coronel, etc. Por lo general se “encanta” a la comunidad local con la creación de puestos de trabajo y se promete instalar una tecnología de punta. Pero las promesas suelen desvanecerse en el tiempo. Y la comunidad local termina asumiendo nuevas externalidades a su ya deteriorada calidad de vida y del entorno en que habitan. La justicia trans-regional significa poner en la balanza la percepción costos-beneficios de la Región considerada como un todo. A menudo existe la precepción de que “sólo se benefician otras regiones o la empresa generadora o distribuidora”. O que se perjudica a una región con proyecto que contamina y que no es aceptado por otra Región. Así, por ejemplo, los grupos que critican HidroAysen argumentan con razón que

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se afectará los ecosistemas de la Patagonia y que la electricidad se producirá especialmente para satisfacer la demanda energética de la minería en el norte del país. Por lo tanto, un criterio fundamental para evaluar un proyecto energético (también otros de impacto territorial y social) debería ser la justicia trans-regional. En otras palabras, se debería propender a generar un equilibrio entre las regiones, evitando sobrecargar de pasivos ambientales y sociales a una misma región o localidad. Correspondería cuidar una distribución equitativa de los beneficios y los pasivos, favoreciendo con beneficios a las localidades económica y socialmente más deprimidas. Según Mario Marcel, Subdirector de Gobernabilidad y Desarrollo Territorial de la OCDE, Chile “Somos el país de la OCDE con más desigualdad territorial”. Para Marcel, el enfoque de la OCDE sobre el territorio es el siguiente: “Miremos el territorio, cómo desde el territorio se genera crecimiento, cómo desde el territorio se genera cohesión, y qué es lo que se requiere como instituciones y recursos para poder lograr eso” (Marcel, 2014). Para Sergio Boisier, experto en planificación territorial, el desarrollo requiere el despliegue de capacidades propias endógenas del territorio: “Primero, endogeneidad significa una capacidad creciente de autonomía del territorio para hacer sus propias opciones de desarrollo, eligiendo, por ejemplo, un estilo acorde con sus tradiciones, con su cultura o, simplemente con una modalidad de desarrollo “inventada” colectivamente. Esta creciente autonomía es del todo inseparable de un proceso también creciente de descentralización, lo que lleva de inmediato a sostener que un desarrollo


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bien entendido es necesariamente descentralizado” (Boisier, 2010: 102). Boisier define cuatro planos que deben ser articulados y potenciados entre sí, como condición del desarrollo endógeno. El segundo plano se refiere a la “capacidad también creciente del territorio para apropiarse de una parte del excedente económico allí generado, para ser reinvertido localmente” para asegurar sostenibilidad al desarrollo y diversificar la base material del territorio tornándolo menos vulnerable a las fluctuaciones económicas. El tercer plano “significa que el territorio debe tener una capacidad para generar innovaciones tales que provoquen cambios estructurales en él mismo, no sólo ampliación de escala. Esto supone la existencia de un sistema local de ciencia y tecnología…”. El cuarto plano “significa la existencia de una cultura territorial generadora de una identidad que asocia el ser colectivo con el territorio” (Boisier, 2010: 102-103). A la justicia trans-regional se debe agregar también la llamada justicia procedimental. A menudo existen incongruencias entre diferentes niveles de regulaciones. En Chile, por ejemplo, puede ocurrir –y ocurre– que una instancia regional repruebe un proyecto y la nacional, lo apruebe. Ello sucede debido al centralismo imperante. El centralismo en la toma de decisiones perjudica el desarrollo más independiente y sustentable de las regiones. Ahora bien, para que la justicia se aplique no basta con la declaración de principios ni su mera regulación por normas legales. Tampoco basta con la declaración del respeto a la dignidad humana o la existencia de una cierta empatía social con los afectados. En efecto, muchas intervenciones económicas se hacen desde el desprecio a grupos sociales, especialmente cuando son pobres o viven bajo sistemas de vida “tradicionales”, considerados “no modernos”, como realmente ocurrió por ejemplo con la

intervención de territorios mapuches en el Alto Biobío en la Región del Biobío, en el marco de la construcción de centrales hidroeléctricas. Ocurre con frecuencia con megaproyectos que intervienen territorios ancestralmente ocupados por comunidades indígenas en América Latina. Por lo mismo que la autora Nussbaum sostiene, con razón, que la justicia para que sea efectiva requiere ir acompañada de verdaderos entramados de sentimientos que signifiquen intrínsecamente la comprensión mutua de la calidad humana de los sujetos participantes en un proceso social tensionado por intereses y atravesado por aspiraciones justas: “El respeto por sí solo es frío e inerte, insuficiente para vencer las tendencias negativas que llevan a los seres humanos a tiranizarse los unos a los otros. El asco niega dignidad humana fundamental a grupos enteros de personas, que son así caracterizadas como meros animales. Por lo tanto, el respeto anclado únicamente en la idea de la dignidad humana resultará impotente para incluir a todos los ciudadanos en términos de igualdad a menos que se nutra de un engranaje imaginativo de los individuos en la vida de las otras personas, así como de una íntima comprensión del carácter pleno e igual de la humanidad de éstas”. “El amor es, pues, importante para la justicia, especialmente cuando esa justicia es todavía incompleta y aspiracional (como ocurre en todas las naciones reales), pero incluso lo sería también en una sociedad que hubiera cumplido sus aspiraciones, si es que llegara a existir alguna, pues esa no dejaría de ser una sociedad de seres humanos” (Nussbaum, 2014: 459). Participación ciudadana y democracia La participación ciudadana es el mecanismo democrático moderno que finalmente otorga

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legitimidad social a cualquier proyecto que intervenga un territorio y afecte la vida de una comunidad humana, como por lo general sucede. La participación ciudadana debe estar incluida en el proceso de planificación, en todas sus etapas. La participación cuenta en la actualidad con gran legitimidad en la sociedad, debido a que es una modalidad de construir ciudad y sociedad, de desarrollarse con una concepción y perspectiva de inclusión social. “El énfasis que pone el liberalismo en la reivindicación de los derechos ciudadanos en desmedro de las responsabilidades, las cuales, excepto por la obediencia a las leyes y el pago de los impuestos, casi no son mencionadas, resulta altamente cuestionable. Esto hace que la concepción liberal de la ciudadanía tenga un carácter marcadamente legal-formal, razón por la que se la considera una ciudadanía débil. La existencia de los derechos ciudadanos es una condición necesaria pero no suficiente de la ciudadanía. La concepción liberal representa una versión empobrecida de la ciudadanía, en la que los ciudadanos son reducidos a portadores pasivos de derechos, cuya libertad consiste en estar en condiciones de perseguir su interés individual (o de vida buena)” (Fierro, 2016: 123). “Desde una perspectiva comunitarista, la ciudadanía implica tanto derechos individuales como responsabilidades sociales, siendo importante alcanzar un mejor balance entre ambos. Solo así el individuo accedería a la condición de una ciudadanía plena, ya que esta implica un fuerte compromiso moral” (Fierro, 2016: 124). Para que exista una real participación ciudadana ésta debería ser considerada tempranamente y organizada durante todo el proceso de elaboración y toma de decisiones de un determinado proyecto. 80

La participación requiere en primer lugar de la voluntad política, en el sentido de quererla y facilitarla, lo que no siempre se da por sobreentendido en la base de un proyecto. Requiere también de un respaldo legal sustantivo, de disposiciones que la declaren obligatoria y definan con claridad su curso. La participación va de la mano de la construcción de confianza, lo que significa explicar a la población, y en general a la opinión pública, las verdaderas implicancias y proyecciones del proyecto, tanto en lo ambiental como en lo social. Con frecuencia se constatan asimetrías entre los actores en los procesos de participación ciudadana, lo que obviamente dificulta la toma de decisión, perjudicando por lo general al que sufrirá las externalidades. Las asimetrías se refieren a: diferentes niveles de organización y capacidad de negociación, diferentes capacidades económicas, diferentes niveles de acceso a las autoridades locales y nacionales que toman la decisión final (capacidad de influencia y lobby), diferentes niveles de capacidad profesional para entender la concepción técnica de los proyectos y los códigos procedimentales; en fin, diferente acceso a la información y escaso asesoramiento profesional. Este déficit debería considerarse al inicio del proceso y ser remediado de la mejor forma posible. Aprobar un proyecto sin aceptación ciudadana significa construir socialmente un futuro conflicto. “A raíz de las críticas a la democracia liberal (los ciudadanos ejercen la soberanía votando) han emergido distintos modelos alternativos, entre los cuales cabe mencionar la democracia social (que aspira a generar mayores niveles de igualdad socioeconómica), la democracia deliberativa (que enfatiza la importancia del proceso de deliberación en el debate político y el uso público de la razón), la democracia participativa (que resalta la


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creación de nuevas formas de participación directa en la toma de decisiones políticas, tales como las audiencias públicas, los referendos, los plebiscitos y las consultas electrónicas), y la democracia republicana (que rescata el concepto de libertad como autodeterminación colectiva y el de nodominación)” (Fierro, 2016: 302-303). La mayoría de los países latinoamericanos vive aún en sistemas democráticos de baja intensidad. Las dictaduras negaron y destruyeron en forma violenta las formas de representación popular alcanzadas por muchos países en el siglo XX. En la actualidad se avanza con lentitud y dificultades hacia mejores formas de democracia. La exigencia de inclusión social resulta el mejor síntoma de la realidad política y social. Lo cual quiere decir que la exclusión social sigue siendo un problema gravitante en la realidad de prácticamente todos los países. Lo mismo respecto de la participación, planteada como un reclamo político. Es también un síntoma de la existencia de estructuras tradicionales de dominación, de organización del poder. Falta aún mucho por avanzar hacia formas de democracia social, deliberativa, participativa o republicana. Falta la voluntad política de los grupos en el poder y falta, lo que es más importante, una mejor organización y fortaleza de la sociedad civil. Falta el desarrollo de ciudadanía real, pero se encuentra en emergencia. Los países desarrollados, especialmente los europeos, pasaron por largos y complejos procesos de luchas sociales, políticas y culturales para alcanzar mejores niveles de democracia social y participativa, la que por lo demás siempre se encuentra expuesta a peligros y amenazas de desestabilización, como ocurre actualmente con las tensiones provocadas por la discusión en torno a la inmigración y el surgimiento en varios países de movimientos y partidos de ultraderecha, conocidos como “populistas de derecha”.

Desarrollo sustentable: ontología de los bienes comunes Una buena y eficiente participación exige garantizar transparencia, mucha claridad e información sobre el proceso que seguirá el proyecto, sus objetivos, contenidos, costos, impactos, plazos y modalidades de participación ciudadana, así como que se establezcan con precisión las posibilidades reales de influir en el curso del mismo de parte de las comunidades adyacentes al proyecto. La experiencia social indica que las comunidades afectadas por intervenciones en sus territorios, por lo general reaccionan y basan sus argumentaciones en la defensa de sus intereses individuales y colectivos. Defienden el patrimonio de sus bienes comunes, sea el agua, un ecosistema, un paisaje, el aire limpio, un humedal, cultivos tradicionales, formas de convivencia o culturas locales. Por lo mismo que para que un sistema de consulta sea realmente democrático y genere condiciones de diálogo y de eventual consenso, resulta indispensable transparentar los intereses, patrimonios comunes y motivaciones de los actores que participan en un proyecto. El ocultamiento de los intereses y motivaciones de fondo perjudica la aceptación del mismo. Y los intereses no son puramente racionales, también implican experiencias y expresiones emocionales: “… en un sentido más profundo, la cultura pública necesita nutrirse y sustentarse de algo que esté profundamente arraigado en el corazón humano y extraiga de este sus sentimientos más poderosos, incluidos la pasión y el humor. Sin estos, la cultura pública no deja de ser tan superficial como desapasionada e incapaz de motivar a las personas para que realicen el más mínimo sacrificio de su interés particular personal en aras del bien común” (Nussbaum, 2014: 61-62). 81


Otro aspecto importante a considerar en un proyecto dice relación con la posibilidad de creación de valor agregado para las regiones. Muchos proyectos son meramente extractivos de materias primas, carentes de valor agregado. Estos proyectos mantienen a las regiones en la pobreza, transformadas en meras suministradoras de recursos naturales baratos. Por el contrario, proyectos que generen valor agregado contribuyen al desarrollo de las personas (mediante la demanda de personal cualificado) y de la región/localidad, mediante el impulso de la cadena de valores, la creación de conocimientos y tecnologías, y la mejora del intercambio comercial. Junto con agregar valor a lo que se produce, un proyecto debería también considerar la identidad de la localidad o región. Es sabido que algunos proyectos deterioran, incluso destruyen la identidad de una región. La identidad de una región está estrechamente vinculada a su historia ecológica, productiva, social y cultural. La identidad cohesiona la región al reforzar el sentido de pertenencia y respeto de los habitantes por su hábitats ecológico y humano. Y la identidad tiene un valor insustituible e inconmensurable debido a que sustenta la vida social e individual de la comunidad. Anterior a la aparición de la propiedad privada y del modo de producción capitalista, las comunidades ocuparon los territorios con una visión, práctica y cultura basada en la comunidad de los bienes o en el bien común. El mundo del “Commons im Pluriversum” (lo común en varios mundos), en términos de Escobar, adquiere un carácter ontológico (Escobar, 2015: 334-345). La ontología del Commons basa su filosofía en la existencia de un mundo o varios mundos con sentidos y pertenencias comunes que sirvieron de base e hicieron posible el surgimiento de la vida humana en el marco de un hábitat natural humanamente habitable e interdependiente.

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“la reivindicación de lo común ha nacido, en primer lugar, en las luchas sociales y culturales contra el orden capitalista y el Estado empresarial. Término central de la alternativa al neoliberalismo, lo “común” se ha convertido en el principio efectivo de los combates y los movimientos que, desde hace dos decenios, han resistido a la dinámica del capital y han dado lugar a formas de acción y a discursos originales. Lejos de ser una pura invención conceptual, es la fórmula de los movimientos y las corrientes de pensamiento que quieren oponerse a la tendencia principal de nuestra época: la extensión de la apropiación privada a todas las esferas de la sociedad, de la cultura y de la vida” (Laval, Dardot, 2015: 21). Esta visión ontológica del mundo, centrada en la base de compartir bienes comunes, impensablemente enajenables, prevaleció miles de años, hasta que la acumulación privada de la llegada del capitalismo como modo de producción y de construcción de la vida social y cultural dominó el escenario de los procesos de modernización de la Era Moderna y enterró en la cultura del intercambio comercial las antiguas tradiciones de vida ecológica, aún presentes en las comunidades indígenas y en prácticas convivenciales locales. Defender la identidad local no es fácil. En las tendencias globalizadoras actualmente en marcha, significa nadar en contra de la corriente, como lo sostienen estudios de destacados pensadores, como Zigmunt Bauman y Edgar Morin. “Con la globalización, la identidad se convierte en un asunto candente. Se borran todos los puntos de referencia, las biografías se convierten en rompecabezas cuyas soluciones son difíciles y mudables. No obstante, el problema no son las piezas


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concretas del mosaico, sino cómo encajan entre sí” (Bauman, 2005: 104). “La identidad, digámoslo claramente, es un ‘concepto calurosamente contestado´. Donde quiera que usted oiga dicha palabra, puede estar seguro de que hay una batalla en marcha. El hogar natural de la identidad es un campo de batalla. La identidad sólo vuelve a la vida en el tumulto de la batalla; se adormece y queda en silencio cuando el fragor de la batalla se desvanece… La ‘identidad’ entraña una lucha simultánea contra la disolución y a fragmentación; una intención de devorar y, al mismo tiempo, una resuelta negativa a ser comido…” (Bauman, 2005: 163-164). La globalización tiende a “devorar” lo local, a desintegrar y fragmentar lo que queda de vida comunitaria y cultura local para someterlo a las lógicas “tecno-económicas” uniformadoras, analizadas por Morin (2011). No obstante ello, lo local no desaparece. Lo local se mueve y perdura en la valoración del sentido común, en aquello que une, produce, da sentido y sentimientos de pertenencia a una comunidad humana viva en permanente transformación. La comunidad de científicos de una universidad, como la Universidad de Concepción, puede hacer una significativa contribución a la creación de valor agregado a la vida productiva, social y ecológica de la región del Biobío. La necesita con urgencia para superar su considerable atraso y avanzar hacia el desarrollo sustentable y mejorar la calidad de vida de su población. En verdad, la necesitan muchas regiones latinoamericanas. Las capacidades creativas existen en todos los países y localidades. “¿Podría la propia comunidad convertirse en vocación? La fe, la identidad y la sociabilidad informal sugieren vías por las cuales la comunidad de los pobres o los

marginados podría servir de apoyo, aunque no por completo... Nosotros preferimos en cambio imaginar la comunidad como un proceso de ingreso en el mundo, un proceso en el que se elabora tanto el valor de las relaciones cara a cara como los límites de esas relaciones. Para los pobres o los marginados, esos límites son políticos y económicos; el valor, en cambio, es social. Aunque la comunidad no puede llenar por completo una vida, promete placeres importantes” (Sennett, 2012: 383). Bibliografía BAUMAN, Z. Identidad. Buenos Aires. Argentina: Losada, 2005. BOISIER, S. Territorio, estado y sociedad en Chile. La dialéctica de la descentralización: entre la geografía y la gobernabilidad. Santiago, Chile: Mago Editores, 2010. ESCOBAR, A. 2015. Commons im Pluriversum. In: HELFRICH, S.; BOLLIER, D. und HEINRICH-BÖLLSTIFTUNG (eds.). Die Welt der Commons. Muster Gemeinsamen Handelns (El Mundo de lo común. Modelo de acción común). Bielefeld, Alemania: Editorial Transcript, 2015. p. 334-345. FIERRO, J. La ciudadanía y sus límites. Santiago, Chile: Editorial Universitaria, 2016. LAVAL, Ch.; DARDOT, P. Común. Ensayo sobre la revolución en el siglo XXI. Barcelona, España: Gedisa, 2015. MARCEL, M. Somos el país de la OCDE con más desigualdad territorial. Entrevista de GONZÁLEZ, M. Diario El Sur. Reportajes. Concepción, Chile. 4 de abril 2014. MARCUSE, H. El hombre unidimensional. Ensayo sobre la ideología de la sociedad industrial

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avanzada. México: Editorial Joaquín Mortiz, 1965. MORIN, E. La vía para el futuro de la humanidad. Barcelona, España: Paidós, 2011. NUSSBAUM, M. C. Emociones políticas. ¿Por qué el amor es importante para la justicia? Barcelona, España: Paidós, 2014. PACHECO, M. “El rol de un Estado pasivo tocó fondo” (Entrevista de Carmen Gloria Sandoval). Diario El Sur, Concepción, 12 de abril 2014. RAU, I. La importancia de la participación para la aceptación de megaproyectos en el área energética. Grupo de Investigación Psicología Ambiental. Universität de Saarland y Universität de Magdeburg, Alemania. Presentación en la Universidad de Concepción. Concepción, Chile, 14 al 17 de octubre de 2013. irina.rau@fg-upsy.com; fg-umwelt.de SENNETT, R. Juntos. Rituales, placeres y política de cooperación. Barcelona, España: Anagrama, 2012. SETIÉN, M. L. Indicadores sociales de calidad de vida. Un sistema de medición aplicado al País Vasco. Madrid, España: Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), Monografías Nº 33, 1993.

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Ecuador: Entre la continuidad trasformadora o la restauración neoliberal ECUADOR La derecha latinoamericana venía acumulando avances, desde las elecciones parlamentarias en Venezuela, la presidencial en Argentina, el referendo vicioso en Bolivia, el golpe en Brasil, y se apresuraba a conmemorar una victoria más. Sus porta voces, de derecha y remanentes de ultra izquierda, contaban con un gran resultado de la alianza de los candidatos opositores al gobierno de Alianza País. Guillermo Lasso, el banquero más rico del país, y Cinthia Viteri, otra variante del neoliberalismo, a penas se disputaban quién enfrentaría al candidato del gobierno en la segunda vuelta. A pesar de la recesión económica que se abatió sobre Ecuador, como reflejo de la prolongada depresión internacional – y su conocida dificultad de defenderse, dada la dolarización de la economía impuesta por la derecha – y de la campaña sucia – al igual que en los otros países de la región llevada a cabo por la oposición, los resultados no fueron lo que ellos esperaban. Aún sin llegar a los 40%, que le hubiera permitido ganar en primera vuelta – dado que superaba holgadamente la distancia de 10% hacia el segundo colocado -, Lenin Moreno se acercó mucho, pero le faltaron décimas para lograr ese índice. La oposición más bien se asustó frente al riesgo de que Lenin ganara en primera vuelta. Inmediatamente Lasso llamó a la formación de un frente por la “gobernabilidad democrática” e intentó repetir el discurso de Mauricio Macri en la segunda vuelta en Argentina, según el cual, sumando los votos de los candidatos de la oposición, la mayoría desearía el cambio. En esas elecciones Ecuador completó 10 años de Revolución Ciudadana, el proceso que trasformó más profundamente el país, en todas sus dimensiones. Antes del gobierno de Rafael Correa – que el caracterizó como un cambio de

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período y no solamente un período de cambio – Ecuador había tenido tres presidentes que no habían logrado concluir sus mandatos, tumbados por movimientos populares rebelados en contra de sus programas neoliberales. En una década Ecuador vivió un extraordinario proceso de retomada del crecimiento económico, esta vez con inmensos programas de distribución de renta, que han promovido la inclusión social de sectores antes siempre excluidos. El Estado fue refundado, la infra estructura del país fue modernizada como nunca, el país conquistó, finalmente, un lugar de prestigio en el mundo, con su desarrollo interno, su política externa soberana y el liderazgo de Rafael Correa, el personaje que proyectó al país en el mundo. Las elecciones de este año se hacen en el marco de los efectos de la recesión internacional sobre la economía del país, indefenso frente a la dolarización promovida por la derecha ecuatoriana. Correa renunció a candidatearse de nuevo y Alianza País lanzó una lista con sus dos vices – Lenin Moreno, en el primer mandato y Jorge Glass, en el segundo. Como ha ocurrido en las últimas campañas en la región, la derecha se presenta como un cambio que mantendría las políticas sociales del gobierno. Como ha ocurrido en Argentina y en Brasil, ficciones para conquistar votos, pero negadas una vez que asumen el gobierno y se impone el duro ajuste fiscal de la restauración neoliberal. Un candidato que se presentaba como social demócrata, extremamente moderado, salió en cuarto lugar, con pequeña votación, a pesar de recibir el apoyo de los sectores de ultra izquierda, que expresaron su feroz anti-Rafael Correa, tomando a este como su enemigo fundamental. El candidato afirmó que se quedará equidistante entre derecha e izquierda en la segunda vuelta, en contraste con la derecha, que ha apoyado en peso a Lasso. 85


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Después de la votación mínima que han tenido en las elecciones anteriores, la ultra izquierda esta vez no se arriesgó a lanzar candidatura propia. Para el Parlamento tampoco tuvieron ningún éxito, confirmando su rol de declinio en el apoyo popular y en la vida política del país, a pesar de su lenguaje violento y la canalización de su accionar solamente en contra del gobierno. La gran polarización, como en los otros países progresistas de la región, se dio entre el gobierno y las alternativas de derecha, confirmando que hay dos alternativas que se enfrentan: la neoliberal y la pos neoliberal. En la segunda vuelta Lenin puede contar con la gran ventaja que obtuvo en la primera vuelta; con la mayoría absoluta que Alianza País logró en el Parlamento; con la aprobación en referendo: alguien que tenga cargos públicos no puede tener cuentas en paraísos fiscales. Son expresiones de que no solamente Alianza País sigue siendo, de lejos, el partido más grande del país, como que posee estructura política nacional muy fuerte para encarar el mes y medio de la campana. Será una segunda vuelta de contraposición directa entre lo que han hecho para el país los partidos de derecha – unidos todos alrededor de Lasso – y los avances realizados por el gobierno de Rafael Correa, sin disfraces. La derecha y la izquierda de América Latina se sentirán perfectamente representados en las dos candidaturas, así como el pasado, el presente y el futuro del continente.

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Juego de Tronos: Lucha de derechas ecuatorianas del siglo XX y XXI ECUADOR Después de un prolongado dominio electoral, que giró alrededor de Rafael Correa -el caudillo del siglo XXI-, las elecciones de 2017 en Ecuador han creado incertidumbre entre dos posibilidades: que el país defina a su gobernante por los próximos cuatro años en una segunda vuelta electoral, o que continúe en manos del correísmo en primera vuelta. Tal incertidumbre nació por el manejo de todo el proceso de votaciones, especialmente por parte del Consejo Nacional Electoral: retrasos al presentar resultados oficiales (aun cuando éstos se esperaban “en cuestión de horas”); “fallas técnicas” en difundir resultados; actas con inconsistencias; un conteo rápido oficial cancelado; encuestas que solo generaron incertidumbre; elecciones con tintes autoritarios (p.ej. denuncias de alteración de las papeletas electorales); problemas para que Participación Ciudadana presente su conteo rápido; etc. En fin, se dieron múltiples denuncias de potencial fraude que incluso provocaron protestas frente al Consejo Nacional Electoral… En definitiva, el aroma de fraude es inocultable, independientemente del resultado final. Y afectará a cualquiera que sea el ganador: si gana el correísmo en primera vuelta, terminará débil y deslegitimado, y si gana en segunda vuelta, la manipulación electoral le hará sombra y pesará en su contra; si hay segunda vuelta y gana Lasso, su victoria no sería con un verdadero apoyo popular, sino el resultado de un voto útil contrario al correísmo. Semejante incertidumbre augura un futuro aún más conflictivo y el inicio de una grave crisis política e institucional. Situación que llega a su punto más alto en la confrontación entre la derecha del siglo XX -representada en este momento en Lasso- y la del siglo XXI -representada en estas elecciones en el correísmo sin Correa-. Una lucha entre quienes se disputan el poder sacando lo peor de sí, sin representar genuinamente los intereses de los estratos populares.

Alberto Acosta John Cajas Guijarro

Ahora, cabe anotar que previo a la pugna Moreno-Lasso, ni siquiera las viejas derechas del siglo XX -representadas en Lasso y Cynthia Viteri (apoyada por el alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot)- pudieron conciliar intereses y unificar listas. Tal fragmentación de la vieja derecha, y hasta los pactos que el correísmo logró con grupos de poder, hicieron que la vieja derecha no pueda asegurar la segunda vuelta. Todo esto denota la enorme complejidad, y quizá hasta la crisis de las clases dominantes en el país actual, en donde se vive una verdadera “lucha de tronos”. Pero, a pesar de semejante heterogeneidad, fragmentación y pugna entre derechas, en lo medular, todas terminarán haciendo lo mismo para mantenerse en el poder: exacerbar la explotación al ser humano y a la Naturaleza. En este complejo escenario, las fuerzas populares deben redoblar su resistencia, independientemente de quién sea el triunfador final en las urnas. Semejante lucha se complica aún más al recordar que el candidato más cercano a las izquierdas, Paco Moncayo, alcanzó una baja votación, a pesar de que el correísmo está debilitado (a diferencia de 2013, cuando la imagen de Correa estaba en su mejor momento). Solo esto ya genera varias interrogantes: ¿Dónde quedaron los votos de la izquierda? ¿Qué le falta a la izquierda para ser una auténtica alternativa electoral? ¿Cómo hacer para que los proyectos de izquierda no terminen volviéndose hacia la derecha? ¿Cómo las fuerzas populares pueden construir opciones reales de poder en la actualidad y bajo las actuales reglas del sistema democrático? A pesar de estas y muchas otras incertidumbres, el enfrentamiento entre el binomio Moreno-Glas impuesto por el caudillo, y el binomio LassoPáez establecido en conciliábulos empresariales, plantea varias certezas. Aun cuando su lucha aparente ser encarnizada, los candidatos de ambas derechas coinciden en varios ámbitos: económico, político, derechos y libertades

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individuales (incluyendo sexuales), etc. Si bien sus orígenes y discursos difieren, y sus simpatizantes hasta se confrontan, sus acciones anticipan cómo sería su gobierno desde múltiples puntos comunes. Básicamente, luego de la primera vuelta electoral, tenemos a dos grupos de poder que se disputan la batuta para llevar al país hacia un nuevo neoliberalismo, camino que ya empezó a ser trazado por Rafael Correa. Lenín Moreno y su binomio, Jorge Glas, con larga experiencia gubernamental, sostendrán la propuesta de Correa. Propuesta que, como ya hemos mencionado en varias ocasiones, es el retorno a un neoliberalismo híbrido, un “neoliberalismo transgénico” pero neoliberalismo al fin y al cabo. Ambos, Moreno y Glas, en su papel de vicepresidentes-sombra del caudillo, mantuvieron “perfiles bajos” pero, en especial Glas, ganaron influencia dentro del gobierno. Por eso, ambos sintetizan -de alguna manerauna serie de corrientes e intereses al interior del movimiento político gobernante, Alianza País (cuya unidad interna ya plantea serias dudas). Solo recordemos todo el misterio al momento que Alianza País definía a su candidato presidencial. A eso dejemos apuntado también que la carta de presentación del binomio Moreno-Glas fue su anuncio de ser el gran ganador en primera vuelta, anuncio hecho en medio de un ambiente electoral oscuro, matizado por el hedor a fraude, e incluso con un Jorge Glas que, cual “vidrio empañado”, se volvió una carga para la candidatura de Moreno (incluso Glas fue recibido con abucheos y gritos de “¡fuera Correa, fuera!” al momento de sufragar). Mientras que así se presenta el binomio correísta, el presidenciable del binomio de CREO, Guillermo Lasso, no es nuevo en política. Ya fue funcionario público: fue gobernador del Guayas -principal provincia del país- y superministro de economía del entonces presidente Jamil Mahuad, gobernante de ingrato recuerdo en

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amplios sectores de la sociedad, derrocado en el año 2000. Mahuad, actualmente prófugo, estuvo al frente del Estado durante la grave crisis del tornasiglo, en la cual se impuso la dolarización y se dio el salvataje bancario. Ese salvataje, y otras acciones propias del ajuste neoliberal, hundieron en la pobreza a millones de habitantes de este pequeño país andino. Pocos años después, Lasso entró de lleno a la política electoral, enfrentando a Correa en las elecciones del 2013. Junto con Lasso, se presenta el vice-presidenciable Andrés Páez, jurista que saltó de la socialdemocracia en crisis hacia la derecha pura y dura. Estos son algunos puntos de partida a tener presente para cualquier análisis de lo que podría ser un gobierno, ya sea de Moreno-Glas, o de Lasso-Páez. Ambos binomios representan intereses de grupos de derecha, que se disputan el poder precisamente luego de que Correa encaminara al Ecuador hacia un nuevo neoliberalismo. Sin usar largas reflexiones, hay unas cuantas conclusiones básicas que rodean al “choque” entre las dos derechas. Al cabo de un poco más de diez años de correísmo, el período 2007-2017 es la década desperdiciada. No solo se vivió el gobierno de mayor tiempo ininterrumpido en funciones, sino el régimen con más ingresos en toda la historia republicana. Correa contó durante años con el mayor respaldo popular de las últimas décadas (incluso su victoria de 2013 no fue tan problemática como está resultando la “victoria” de 2017). Su gobierno tuvo una Constitución que le habría facilitado el camino institucional para transformaciones estructurales. Y todo con un ambiente internacional, sobre todo sudamericano, propicio para cambios serios tanto económicos -por los elevados precios del petróleo- como políticos e integracionistas, pues -como pocas veces- hubo un escenario favorable al progresismo, desde Venezuela a Chile, exceptuando Colombia y Perú; momento en que EEUU tuvo una posición hasta tolerable.


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El saldo de la década es pobre. Se redujo la pobreza, pero aumentó la concentración de la riqueza como nunca antes, ganaron desde las grandes corporaciones hasta los bancos; una situación entendible por la redistribución de una parte de los elevados ingresos fiscales sin afectar la modalidad de acumulación capitalista. En palabras del propio Correa: “no es nuestro deseo perjudicar a los ricos, pero sí es nuestra intención tener una sociedad más justa y equitativa”. No se redistribuyó ni la tierra ni el agua, menos aún otros medios de producción. Igualmente, en palabras del propio Correa: “la pequeña propiedad rural va en contra de la eficiencia productiva y de la reducción de la pobreza… repartir una propiedad grande en muchas pequeñas es repartir pobreza”. No se afectaron las estructuras oligopólicas de los mercados. No se transformó la “matriz productiva”, sino que se profundizaron los extractivismos: extractivismo agrario, en favor de los agronegocios y en detrimento de los campesinos; extractivismo petrolero, ampliando la frontera petrolera al sur de la Amazonía y enterrando la revolucionaria Iniciativa Yasuni-ITT (por manifiesta incapacidad de Correa); extractivismo minero: Correa resultó el mayor promotor de la megaminería, llegando incluso más lejos que los anteriores gobiernos neoliberales. Se mantuvo la elevada dependencia importadora en insumos y “bienes de capital”. Y la economía queda altamente endeudada, con una producción paralizada ya por casi tres años según cifras oficiales (si no es más…) y una dolarización en condición incierta. Solo tengamos presente que el proceso de agresivo endeudamiento público, incluyendo el retorno del Ecuador al redil del FMI, se dio en 2014, cuando los precios del petróleo aún bordeaban los cien (100) dólares por barril. Y súmese a lo anterior, en este apretadísimo resumen, la corrupción que ahoga a todo el gobierno en casos como: Odebrecht; Refinería de Esmeraldas; Refinería del Pacífico; preventas petroleras; mal manejo de disputas con petroleras extranjeras

(p.ej. caso del campo Palo Azul con Petrobras); hidroeléctricas con retrasos y aumentos drásticos en precios; onerosos gastos en “nuevas” universidades, con sueldos despegados de la realidad ecuatoriana; abandono de empresas públicas en sectores vitales (p.ej. ENFARMA, TAME); privatización de activos públicos (p.ej. venta de gasolineras de Petroecuador); entrega de campos petroleros y potenciales desvíos de fondos de inversión petrolera al presupuesto general (p.ej. Auca y Sacha); apoyo al capital transnacional en telecomunicaciones (p.ej. renovación de contratos con Claro y Movistar en 2008); y un largo etcétera… En el campo de la política la década no es alentadora, ni siquiera para el correísmo. Es innegable que el país vivió una larga estabilidad explicable, en especial, por el consumo exacerbado o consumismo incentivado con la modernización capitalista. Inclusive la aceptación del presidente Correa tiene su fundamento en ese punto, por eso se anticipó oportunamente que cuando el correísmo ya no pueda sostener el consumismo, entrará en crisis política. También la “estabilidad” se logró con esquemas represivos exacerbados en 2015, incluyendo la detención de centenares de manifestantes. Pero esa “estabilidad” parece llegar a su fin. La imagen de Correa se ha deteriorado aceleradamente luego de las elecciones de 2013. Hay un debilitamiento sostenido de la hegemonía que ejercía el correísmo. Tal situación se observa, por ejemplo, en las votaciones que no fueron hacia el binomio oficialista en 2017: incluso con datos oficiales, más del 60% de votos válidos no fueron para ellos, porcentaje mayor si se toma en cuenta a nulos y blancos. Si a ese bajo apoyo popular sumamos el manejo -nada transparente- del proceso electoral, y la crisis económica, quizá ya podemos pensar en una crisis de la hegemonía correísta.

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Lo cierto es que, desde hace ya varios años, sabemos que Correa no estaba para alternativas, mucho menos para revoluciones. Peor aún, ya con la evidencia de la historia, podemos ver que Correa nunca ha estado para utopías como aquellas que inspiran al Buen Vivir o sumak kawsay. La recuperación del Estado, que impulsó Correa, devino en desmedro del fortalecimiento de la sociedad. Así el Estado fortalecido ha servido para imponer autoridad, disciplina, orden y hasta para modernizar la explotación capitalista al ser humano y a la Naturaleza. Y, lo más perverso, todo en nombre de la Patria, del “progreso” y del propio Buen Vivir. En síntesis, Correa enterró pronto las propuestas de cambio iniciales, y se transformó en el caudillo del siglo XXI. Así, al no haber generado una acción política radical, que cambie las estructuras sociales y económicas, Correa se ahogó en los discursos. De ese modo, luego de unos cuantos intentos postneoliberales, volvió al neoliberalismo. Lo logró usando un Estado modernizado y fortalecido, que le permitió alcanzar “logros” inalcanzables para los gobiernos neoliberales anteriores; como, p.ej., la mencionada megaminería, que aparte de la destrucción ambiental y humana que provoca, ni siquiera en términos económicos generaría al país grandes ingresos. Yendo incluso más lejos, ante una potencial victoria de Lasso en segunda vuelta, desde ya podemos decir que el principal promotor de semejante victoria será el propio correísmo. Fueron las prácticas y fallas correístas las que políticamente hundieron a cualquier opción real de izquierda. El correísmo creó una imagen falsa de la izquierda que, tarde o temprano, se va a pagar muy caro. El saldo, entonces, no permite confusiones. No están en juego dos formas de entender el

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Estado y, menos aún, la posibilidad de plantear alternativas profundas. Las dos son opciones de derecha, con diferencias confundidas en los matices. Recordemos que el correísmo se concentró en modernizar el capitalismo, dando al Estado toda una institucionalidad autoritaria. Lasso tendría el mismo objetivo modernizador, con mayor presencia empresarial, pero sin desmontar totalmente el Estado (especialmente para efectos de control y represión): la derecha parece que ya aprendió la lección, luego del anterior fracaso neoliberal. Esto es aún más complejo si la vieja derecha, que tiene una larga experiencia en esta materia, replica el “éxito” correísta al mantener la actual institucionalidad autoritaria y antidemocrática. Moreno, por su forma de ser, sería un presidente menos prepotente y autoritario, a diferencia de Correa. Viviríamos una suerte de correísmo sin Correa, aunque eso sí, con Glas en el gobierno y Correa en el poder. Y Lasso sintetizaría una suerte de correísmo 2.0, es decir, un correísmo sin Correa ni Glas, en donde el Estado pierda algo de presencia (no toda) pero que, en esencia, terminará haciendo lo mismo que el gobierno de Correa: modernizar nuestro capitalismo dependiente e impulsar una restauración conservadora. En ambos casos seguiremos con el correísmo al fin y al cabo. Y, desde múltiples trincheras y desde las calles, las fuerzas populares seguirán en la lucha.


México: problemas mayores MÉXICO I.-Unidad Nacional: ¿para qué y entre quiénes? El modelo neoliberal mexicano, vigente en el país desde 1982, ha provocado efectos desastrosos en el grueso de la población mexicana. Luego de tres décadas y media de vigencia, el producto por habitante está cuasi estancado, la distribución del ingreso se ha tornado brutalmente desigual y al finalizar el 2016, la población que opera en ocupaciones informales (la marginalidad) se acerca a un 60% del total. Y las perspectivas para los próximos dos años son aún peores. En el país, el modelo neoliberal ha perjudicado a la aplastante mayoría. Y de acuerdo a estudios muy serios, ha beneficiado a un delgado 3-5% de la población. En este marco, el triunfo de Trump en EEUU, de acuerdo a sus declaraciones, podría provocar un serio quebranto en el funcionamiento del neoliberalismo mexicano. Esto, a partir de la política proteccionista y de reestructuración del TLC que impulsa Trump. Con ello, los que en México se han beneficiado del modelo, han entrado en estado de shock. El mundo se les viene encima y el terror los sobrecoge. También, entran en una especie de crisis de credibilidad: ¿cómo es posible que el gran patrón, el gran orientador y gurú, los empiece a traicionar? ¿Es decir, cómo es posible que les cambie las reglas del juego y que, como en tiempos de los reyes merovingios, empiece a adorar lo que había quemado y a quemar lo que había adorado, digamos el mal llamado “libre comercio” (que de libre nada tiene)? La reacción de la cúpula neoliberal (banqueros, exportadores, políticos que les sirven) ha sido bastante patética: “Trump está loco” (antes sostuvieron que su triunfo era imposible), “Trump no sabe de teoría económica” (¿no es sabihondo como Videgaray?), “Trump se estrellará contra las duras realidades, al igual que todos los

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populistas”. Todas estas manifestaciones son simples expresiones de miedo, de quien ve que de súbito se le aparece la guadaña de la muerte. Y se puede constatar que no hay ningún afán por entender racionalmente el porqué del triunfo de Trump. Y no es necesario invocar al Dr. Freud o a Carl G. Jung, para advertirlo: el triunfo de Trump es una muy clara expresión política del fracaso y crisis estructural del modelo neoliberal en los Estados Unidos. El bloque de poder o cúpula neoliberal mexicana tiene razón en algo no menor: las orientaciones de política económica que pudiera impulsar Trump deben atascar y dañar seriamente el funcionamiento del modelo económico que tanto los ha beneficiado. Y como es lo usual en todas las clases dominantes, piensan o proclaman que lo que es bueno sólo para ellos, es bueno para todo el país. Por lo mismo pasan a señalar lo que creen es una igualdad matemática: lo malo para el neoliberalismo mexicano es también muy malo para el pueblo mexicano. En consecuencia, han pasado a propagandear la necesidad de una unidad nacional: “todos en defensa de la patria amenazada”. En lo cual, según señala la regla, por “patria amenazada” se entiende “el modelo neoliberal mexicano amenazado”. Como tal vez diría Salinas, emulando a Thiers, “la patria soy yo, queridos compatriotas”. En resumen, lo que es el interés particular de la clase o fracción dominante, se presenta como el interés general de la nación, de todas las clases, incluyendo a las más perjudicadas. Esta transfiguración, es lo propio de toda ideología dominante, la que no es sino la ideología particular y propia de la clase dominante. La contraparte de ese dominio ideológico de los de arriba, valga el recuerdo, es la vigencia de un pueblo “masoquista”. Y un pueblo es masoquista cuando apoya a la clase que lo explota. Es decir, cuando no tiene conciencia de cuáles son sus reales intereses. Los cuales, en el caso que nos interesa son absolutamente opuestos al esquema neoliberal. 91


En este llamado a la unidad nacional para defender al neoliberalismo mexicano, resalta también el papel de los politicastros (¿o sirvientes?) de siempre. Es el mismo Presidente del Senado (militante del PRD) el que solícito ha llamado a “la unidad nacional para defender a la patria amenazada.” En verdad uno no debería sorprenderse ante estas actitudes. Son lo propio de los políticos que algún tiempo atrás, con total justicia, se calificaban como “mädchen fur alle”. Para el pueblo, para la inmensa masa de los perjudicados por el modelo neoliberal, ¿cuál pudiera ser la alternativa? Obviamente, la única salida racional y justa es la completa liquidación del modelo neoliberal. Y es en torno a esta meta central que el pueblo debe llamar a la unidad nacional. Es decir, contraponer a la unidad neoliberal, la unidad del pueblo mexicano. Y no confundir lo que es el México neoliberal con el México que responde al pueblo mexicano. Entre uno y otro hay diferencias abismales y del todo antagónicas: lo que es bueno para unos es muy malo para los otros. Esta es la real disyuntiva que deberá afrontar el país en los meses que vienen. En todo caso, conviene advertir: una salida de corte popular no es la única opción ante la crisis neoliberal. Cuando las crisis son muy profundas, se suelen abrir no una sino varias opciones o rutas de salida. Tampoco son múltiples y mucho menos arbitrarias: en la historia, el “libre albedrío” no lo manejan ni los curas. Dejando los buenos deseos para las abuelitas (no las de Caperucita), se puede indagar en lo que el presente encierra como posibilidades históricas. En corto, ¿qué alternativas se pueden perfilar en el país? Una, puede ser la preservación del modelo neoliberal. Equivale a hundirse en un pantano pestilente que aniquila y descompone todo. En ausencia de fuerza política opositora puede ser la “alternativa”.

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Dos, pudiera emerger una solución autoritaria de ultra-derecha, encabezada por militares y apoyada por el gobierno de EEUU. La penetración del narco, la descomposición económica, social y moral, pueden ser su justificación. Y siguiendo el ejemplo de Trump y de movimientos más o menos análogos en Europa y otras latitudes, esta ruta podría asumir algunos ingredientes populistas. Tres, una alternativa de ruptura con orientación socialista. Por ahora, con fuerza escasa y muy poco probable. A la larga-larga, con un potencial muy elevado. Cuatro: una alternativa demo-burguesa. Esta ruta enarbolaría un programa de industrialización que rescatara el mercado interno y que recibiera un fuerte apoyo o impulso del Estado. Asimismo, que mejorara la distribución del ingreso y el peso de las ocupaciones productivas. En términos de su potencial político, es posible que las alternativas dos y cuatro sean las más probables en el plazo corto y medio. En términos de su contenido democrático, es claro que las alternativas tres y cuatro, son las únicas que pueden satisfacer esos principios. Con un agregado a subrayar: la alternativa democapitalista llega a ser satisfactoria y plena sólo en la medida que exista un fuerte movimiento socialista que la presione y empuje. II.- El capital financiero-especulativo como general en jefe En el México neoliberal, las fracciones de clase que se sitúan en el Bloque de Poder son básicamente: a) La gran burguesía financiero-especulativa; b) los grandes monopolios exportadores; c) los grandes capitales localizados en el sector de no transables. O sea, corporaciones que producen bienes (o servicios) que, por su naturaleza, no están sujetos a la competencia externa. En estos tres sectores, sobremanera en a) y b), el peso del capital extranjero es fuerte y creciente. En


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calidad de fracción dirigente, podemos suponer (suponer, pues también hay elementos en favor del gran capital exportador) que es la gran burguesía financiera la que ocupa tal posición en el seno del bloque de poder. Por lo tanto, es la fracción clasista que, en última instancia, decide el modelo o estrategia de desarrollo, las bases de la política económica y las del relacionamiento externo. Como quien dice, es el “capitán del buque”. Por capital financiero, en esta nota, entendemos el que funciona como capital dinero de préstamo. O sea, el que opera en la banca y organizaciones bursátiles. Este tipo de capital gana (i.e. se apropia de plusvalía) con cargo a: i) los intereses que cobra por los préstamos que realiza; ii) las ganancias de capital que puede lograr. Estas, son las ganancias que se logran ante cambios favorables en el valor de los activos financieros (acciones, papeles públicos, títulos de deuda, etc.) que se poseen. Estos activos, también son denominados “capital ficticio”. Pueden operar como contraparte del capital real (activos fijos, máquinas y equipos) pero también se pueden independizar de éste y desplegar una fuerte autonomía. Este capital, por su localización en el espacio circulatorio, no se encarga de la producción de plusvalía pero si se la apropia. En este sentido, es improductivo y también se cataloga como “parasitario”: vive a costa de lo que otros producen. Ello, en tanto se apodera del valor generado, sin intervenir en su producción. Por lo mismo, por su localización y afanes, es un capital que se desliga de la ciencia y la tecnología que exigen los procesos industriales. En otras palabras, no necesita ni de la física, ni de la química ni de la biología. Ni de los procesos tecnológicos que se asocian a tales ciencias básicas. En este sentido, para nada es casualidad que sus ideólogos (o más bien “teólogos”) piensen que el desarrollo industrial no tiene mayor importancia en el desarrollo de un país.

El capital financiero opera con intereses que son contrapuestos al capital industrial. Este, junto con apoderarse de la plusvalía, se encarga también de su producción. Si aumenta el ingreso del capital financiero, a igualdad de otras circunstancias, cae la parte del excedente (o plusvalía) que es apropiado por el capital industrial. Y vice-versa. La evidencia empírica también nos muestra que cuando el capital financiero ocupa posiciones dominantes, la economía: i) crece a bajos ritmos o se estanca; ii) se torna más inestable. Como estas consecuencias, sobretodo el estancamiento, se combinan con el consumismo más alienado y la idolatría enfermiza por el dinero, podemos ver que se cae en una trampa o conflicto mayor: se quiere gastar más produciendo menos. Cuando el aspecto especulativo del capital dinero de préstamo es el que prevalece, se producen consecuencias de vasto alcance. Primero, se pasa a ganar más (bastante más) con la misma especulación que con el cobro de intereses. Segundo, el mismo capital industrial productivo se empieza a descomponer: aplica una parte creciente de sus ganancias a la inversión especulativa y descuida su inversión productiva. Tercero: emergen las denominadas “burbujas especulativas” que pasan a atraer a casi todos los inversores. Con lo cual, se retroalimentan y, a la vez, preparan las condiciones de un estallido financiero mayor. Marx, apreciando el fenómeno en un sentido general, indicaba que el sistema de crédito “aparece como la palanca principal de la superproducción y del exceso de especulación”. A la vez, apuntaba que el sistema de crédito termina por convertirse en “el más puro y gigantesco sistema de juego y especulación.” (cf. “El Capital”, Tomo III, pág. 419. FCE, México, 1974). La especulación está basada en apreciaciones de orden subjetivo, en la capacidad para difundir rumores favorables al gran especulador, a las trampas y engaños. Para todo esto, la imbricación entre el gran capital especulativo, las altas

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esferas del Estado y los monopolios televisivos (de medios de comunicación en general) resultan claves para alimentar las creencias falsas y el aprovechamiento de ellas por los grandes especuladores. En breve, se trata del engaño y las mentiras utilizadas como armas “productoras” de ganancias. Mackie el cuchillero y asaltante de medio pelo, el famoso personaje de Brecht, decía en célebre discurso: “Señoras y señores, ante ustedes se encuentra, en vísperas de desaparecer, el representante de una clase que también va desapareciendo. Nosotros, pequeños artesanos burgueses, nosotros que abrimos con nuestras honradas ganzúas las niqueladas cajas registradoras de los pequeños negocios, somos devorados por los grandes empresarios, detrás de los cuales están las grandes instituciones bancarias. ¿Qué es una ganzúa comparada con un título accionario? ¿Qué es el asalto a un banco comparado con la fundación de un banco?” (Bertold Brecht, “La ópera de dos centavos”, en Teatro Completo, vol. 3, pág. 89. Alianza, Madrid, 1989). Keynes, el gran ideólogo de la burguesía industrial, en texto célebre señalaba que “los especuladores pueden no hacer daño cuando sólo son burbujas en una corriente firme de espíritu de empresa; pero la situación es seria cuando la empresa se convierte en burbuja dentro de una vorágine de especulación. Cuando el desarrollo del capital en un país se convierte en subproducto de las actividades propias de un casino, es probable que aquel se realice mal.” (J. M. Keynes, “Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero”, pág. 145. FCE, México, 1974). Marx, que califica a los especuladores de verdaderos “bandidos”, se refería también al impacto de desintegración social y moral que provoca el capital especulativo. Por ejemplo, escribía que en la Francia de 1848-50, “mientras la aristocracia financiera hacía las leyes, regentaba la administración del Estado, disponía de todos los poderes públicos organizados y dominaba la opinión pública mediante la situación de hecho y mediante la

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prensa, se repetía en todas las esferas, desde la corte hasta el cafetín de mala muerte, la misma prostitución, el mismo fraude descarado, el mismo afán por enriquecerse, no mediante la producción, sino mediante el escamoteo de la riqueza ajena ya creada.” Y agregaba: “la aristocracia financiera, lo mismo en sus métodos de adquisición, que, en sus placeres, no es más que el renacimiento del lumpen proletariado en las cumbres de la sociedad burguesa.” (C. Marx, “Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850”; en M-E., OE, T.I, pág. 212. Edit. Progreso, Moscú, 1979). El elemento de descomposición moral inherente al capital financiero-especulativo, se tiende a desparramar por todo el edificio social. Se trata de ganar sin trabajar, de consumir sin producir. De vivir por medio de trampas. Es el lema de los parásitos. También de los sinvergüenzas. Pero hay algo más. Como la supremacía del capital financiero va asociada a un régimen económico que no crece ni crea ocupaciones productivas, empieza a crecer como espiral el desempleo, la marginalidad y la miseria. De hecho, el país empieza a convertirse en una sociedad de pequeña burguesía lumpenizada y pauperizada. La cual, vive en condiciones infrahumanas y, como regla, al margen de la ley y de los códigos morales más elementales. En suma, los de abajo también entregan, forzadamente, su contribución a la debacle moral que azota al país. Estos segmentos son políticamente muy volátiles y suelen manejarse más con rabia que conciencia. Por ejemplo, en el reciente gasolinazo de enero, se han movilizado con gran fuerza. Asaltan a gasolineras y super mercados. Pero pareciera que buscan más que el impacto político necesario, hacerse de televisoras, colchones, licuadoras, etc. Algunos personeros se asustan y reclaman por dicho “vandalismo”. Son los mismos que con cargo a un decreto equis se auto-autorizan bonos de gasolina, aguinaldos y prebendas gigantescas. Son los “vándalos de cuello y corbata”. En breve, el lumpen que camina por las alturas del poder. Pareciera un movimiento de pinzas que ahorca más y más a la nación mexicana.


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Como para recordar el “lama, lama sabacthany” de Jesús en el Gólgota. III.- Descomposición social “Todo caído para no nacer nunca” (Neruda). ¿Qué es una sociedad? En principio, es un proceso de interacción entre grupos e individuos. Con un agregado que es esencial: se trata de una interacción sujeta a determinadas normas o pautas. O sea, se trata de nexos regulados. Las pautas o normas sociales, no se deben confundir con prescripciones de orden legal, con las leyes. Pueden coincidir y, no pocas veces, discrepar. Y no siempre son explícitas. Lo que importa es su rol como reguladoras de la actividad social. Son ellas, las que nos dicen: si usted se ubica en determinada posición social enfrentando a otra persona que está ocupando otra posición social, debe desplegar tal o cual conducta y, a la vez, esperar de la otra persona una muy determinada conducta. En principio, podemos entonces sostener: las normas sociales: i) nos evitan vivir en la improvisación perpetua; ii) nos evitan sorpresasque pueden hasta ser fatales- en la conducta del otro, del que conmigo se relaciona. En realidad, sin el artilugio de los sistemas sociales, el sistema nervioso del ser humano colapsaría en plazos muy cortos. Pero hay algo más radical. ¿Cómo resuelven los seres vivos el problema de su continuidad (i.e. vida) individual y generacional? Lo hacen, desplegando cierto tipo de conductas que son adaptativas respecto al medio externo y que le permiten justamente vivir. Estas conductas, en los seres vivos más sencillos, vienen determinadas completamente por la herencia biológica. Luego, en los seres vivos más complejos, encontramos conductas adaptativas que implican cierto aprendizaje. Por imitación, vg. en los mamíferos.

En los humanos, el dato biológico proporciona ciertas potencialidades, pero no alcanza a resolver, por sí solo, el problema de la vida. Lo que aquí pasa a jugar un rol básico es la herencia socio-histórica. O sea, se transmiten las conductas que se han acumulado a lo largo de la historia del homo sapiens y que, obviamente, han sido eficaces en el pasado. Como escribía Ralph Linton, “la herencia social de los seres humanos (…) ha adquirido una doble función: sirve para adaptar al individuo a su lugar en la sociedad, así como a su ambiente natural”. Si así son las cosas, el lenguaje abstracto (algo exclusivo del homo sapiens) pasa a jugar un papel clave. ¿Por qué? Porque permite hablar de tales o cuales sucesos en ausencia de esos sucesos y, por esta vía, educar a las nuevas generaciones respecto al qué hacer si tales circunstancias se vuelven a presentar. Con lo cual, el repertorio de respuestas adaptativas (o funcionales) que adquiere el ser humano resulta muy elevado Es de lejos, superior al de otras especies vivas. Las posiciones (“status”) y roles son casi infinitas. Y se suelen agrupar en torno a la satisfacción de algunas funciones sociales básicas. Estas “agrupaciones” se denominan “instituciones” y se pueden identificar las económicas, las políticas y las ideológico-culturales. Las instituciones económicas regulan las actividades de producción, las políticas regulan las prácticas que buscan preservar o transformar al sistema social y las instituciones culturales regulan las actividades de orden cultural-ideológico. En su conjunto, estas instituciones básicas configuran el sistema social. Del sistema social (de sus normas sociales), se ha dicho que funciona como el libreto de una obra de teatro, en que los individuos y grupos que conforman la sociedad funcionan como actores de la obra. ¿Cómo se aprenden los roles, cómo opera el llamado “proceso de socialización”? Este, empieza desde el mismo nacimiento (vg. por el color de la ropa), transcurre en el seno de la familia (¿clase

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alta, clase baja?, ¿urbana, rural?), de la escuela (¿privada, estatal?), de los grupos de amistad, en el trabajo, etc. Al cabo, si el proceso ha funcionado bien, los individuos saben qué hacer en las circunstancias del caso. Es decir, como buenos actores, han aprendido el papel que les toca representar. Para afiatar o “encementar” estas pautas de conducta, todas las sociedades manejan un determinado “corpus” moral. O sea, se premia a los que cumplen las prescripciones de la posición-rol del caso y se castiga a los que se desvían. Tal es la función de los valores y normas morales. Hay normas sociales que se consideran “sagradas” (los “mores”) y otras menos decisivas (los “folkways”). La infracción de éstas opera como una especie de pecado venial. No respetar a las primeras, ocasiona rechazo, ostracismo y hasta espanto moral. Hasta el mismo infractor pasa a sentir una culpa horrible y como el personaje de Dostoievski, termina por exigir el más duro castigo. Los sistemas sociales nunca son perfectamente coherentes. Siempre operan con algún desajuste. O sea, hay conflicto de normas: lo que una exige, otra lo prohíbe. Si el conflicto se localiza en zonas no significativas, la sociedad marcha sin problemas. Pero si se localiza en áreas vitales (vg. a nivel de las relaciones de propiedad) la sociedad se cimbra muy fuertemente: se sitúa en el entorno de un cambio social mayor y se configuran bandos en lucha: unos por preservar y otros por transformar radicalmente el orden social. Cuando un sistema social empieza a desfallecer, la moral que le es funcional también empieza a perder eficacia. En el orden feudal y tradicional, por ejemplo, la mujer debía permanecer en su casa dirigiendo y ejecutando las tareas domésticas. Es el mundo de lo que Fray Luis describiera como “La perfecta casada”. Hoy esas pautas y valores resultan despreciables. Por

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lo menos en los países más desarrollados, se premia a la mujer que tiene un trabajo formal y que es autónoma, dueña de sí misma. Digamos, que se sitúa en un plano similar al del varón. Para nuestros propósitos el punto a subrayar sería: cuando un sistema social y la moral que le acompaña empieza a desfallecer y desintegrarse, este movimiento de huida va acompañado por otro de llegada: empieza a emerger un nuevo orden social y la correspondiente nueva moral. Con lo cual, se cumplen dos cosas: a) se despliega un proceso histórico: opera el movimiento, el cambio; b) a la vez, se preserva el sistema u orden social genéricamente considerado: “se han cambiado los alimentos de la dieta básica, pero no se ha suprimido la necesidad de los alimentos.” En ocasiones, poco frecuentes, la descomposición de lo viejo no viene acompañada por el surgimiento de lo nuevo. Las normas sociales se resquebrajan y pierden su capacidad regulatoria. Los que las respetan, se van transformando en una minoría cada vez más pequeña. Los demás, que son la mayoría, pasan a conducirse como “inmorales”. ¿Por qué? Porque no surgen nuevas normas que reemplacen a las antiguas y periclitadas. Por lo mismo, tampoco hay moral de reemplazo. De hecho, emerge y crece una vida no regulada, ajena a normas pre-establecidas y conocidas. Una especie de anomia gigantesca. Por lo mismo, tenemos que surge un tipo de vida que es: i) improvisada por los ejecutantes; ii) imprevista por los recipientes o contrapartes. En este marco, desaparece lo que se puede entender como moral regulatoria y se avanza o cae en un mundo en que todo está permitido. Y se comprende que, en un mundo de ese tipo, la ansiedad y la angustia vitales se expanden en extensión y profundidad. Más grave aún, la reproducción de la misma sociedad y de sus integrantes, se ven seriamente afectados. Como cada cual se mueve a su antojo y el instinto más primitivo reemplaza a la razón, pareciera que se avanza a la nada. Una especie de inconsciente suicidio colectivo.


José Valenzuela Feijóo

Si tal sucede, podemos hablar de un proceso de descomposición social. Y por lo que se ve, con toda probabilidad México ha caído en ella. IV.- ¿Se puede salir del pozo? ¿El problema ideológico? México ha entrado en un proceso de descomposición social agudo. Esta es la hipótesis a manejar como punto de partido. ¿Hasta dónde puede llegar el proceso? Como ninguna sociedad opta por el suicidio colectivo (“el fuego no muere” decía Neruda), la pregunta es cuándo y cómo se detendrá este proceso. En términos ultra-abstractos, se necesita la emergencia de un nuevo ordenamiento social y la correspondiente moral que lo sancione. Esto es lo obvio, pero la pregunta relevante es el cómo puede emerger lo nuevo. Buscando la respuesta podemos ensayar la ruta de preguntar por las condiciones que pueden precipitar el cambio. Sin olvidar que entre las condiciones y el contenido sustantivo del cambio hay una fuerte conexión interna. A título previo, valga subrayar que el problema no se resuelve, ciertamente, con rezos ni con golpes de pecho. Tampoco con sahumerios o actos masoquistas que busquen la redención. No se debe olvidar que la causa básica es de orden estructural. Más concretamente, su origen radica en las estructuras y conductas que impone el modelo neoliberal. Éste, tiene la rara capacidad de impulsar la descomposición social, de romper con las normas sociales más elementales. En algún sentido, bien se podría decir que el modelo económico neoliberal es inmoral. Volvamos a las condiciones. Nos concentramos en: 1) las ideológicas; 2) las políticas. En esta nota, abordamos la primera dimensión. Las ideológicas giran en torno a la conciencia social, en especial la que opera en la cabeza de

los perjudicados por el modelo neoliberal. Para el caso, la situación resulta patética. En algunas encuestas el pueblo mexicano aparece como el más feliz del mundo. Un abono más a la cuenta del surrealismo. Pero las encuestas no son de fiar y podemos suponer que la gran mayoría no está contenta con su situación. En algunos hay hasta rabia. Pero junto a ello, el desconocimiento de las reales causas que provocan el malestar resulta pavorosamente elevado. En un estudio de Samuel Ortiz y J. Valenzuela, se indica que entre los dos tercios a las tres cuartas partes de los perjudicados por el modelo neoliberal, en las elecciones presidenciales votan por candidatos neoliberales. O sea, nos encontramos con una gigantesca falsa conciencia social. O, para usar otras palabras, de una alienación generalizada. O sea, se configura una brutal disociación entre la realidad objetiva y la percepción que de ella tienen las grandes masas. ¿Por qué emerge tamaña disonancia? No se debe a alguna insuficiencia cerebral o a una epidemia de masoquismo. La clave está en el éxito de la ideología neoliberal dominante. Tal vez el único rubro en que el neoliberalismo mexicano ha sido eficiente es en el plano ideológico: ha sido capaz de inocular, con las adecuaciones del caso, su ideología en la cabeza de los condenados. ¿Cómo? En lo básico, con cargo a la dictadura mediática que impera en el país. Si bien se examina, la TV y la radio se han especializado, con rara diligencia, en sembrar falsas ideas y falsas representaciones del mundo en que vivimos. Con cargo a este bombardeo, las telenovelas y programas idiotas de televisa, han llegado a ser “casi-realistas”, una especie de “cuadros de costumbres.” Como alguien pudo decir, si se trata de implantar alguna reforma educativa lo primero sería incautar al monopolio televiso en favor de contenidos decentes y menos idiotizantes. La ideología neoliberal ha penetrado incluso a personeros del calibre de López Obrador. Por ejemplo, cuando habla de preservar la autonomía del Banco Central, de manejar finanzas públicas contablemente equilibradas, etc. O bien, en un 97


plano más político, Amlo acaba de señalar que “vamos al cambio por la vía de la concordia, de la paz y de la fraternidad” (La Jornada, (6/01/17). Y uno se pregunta, ¿de “concordia y fraternidad” con los grandes banqueros, nacionales y extranjeros? ¿Con los grandes monopolios de la comunicación? En realidad, estos son mensajes propios de Santa Claus o de la abuelita de Caperucita. Suele suceder: los políticos convencionales siempre caen en la trampa de repetir los mitos de la clase dominante para no asustar a las furias del poder. Con lo cual, amén de no convencer a los de arriba, reproducen el engaño para los de abajo. Por ejemplo, ¿cómo romper con el neoliberalismo si no se nacionaliza a la banca? ¿Si no se rompe con el mal llamado “libre comercio”? ¿Está prohibido aplicar aranceles? Hay también conductas políticas que influyen en la conciencia social. Por ejemplo, en las elecciones presidenciales del 2016, todo indica que en votos ganó AMLO, pero fue, elegido Calderón. Luego, a los pocos meses de la elección, la directiva del PRD empezó a negociar alianzas electorales con el PAN. ¿Qué puede aprender el pueblo de conductas tan barrocas? ¿Se le enseña a identificar a sus grandes enemigos? Probablemente, amén de más confusión, la lección que sacan las grandes mayorías es que los políticos no son más que una bola de oportunistas. Y que la política es pura suciedad. Y ciertamente, el apoliticismo de las grandes masas, para nada favorece la opción por un cambio social mayor. Por lo menos, no una conducta racionalmente orientada. La falsa conciencia o alienación generalizada no es independiente del tremendo proceso de marginalización. El sector informal se acerca hoy a casi el 60% de la ocupación total. En su gran mayoría, tal segmento vive en condiciones de pobreza extrema y opera como una especie de lumpen pequeña burguesía. En estos grupos, el componente racional de la conducta es bastante bajo y, en consecuencia, son personas altamente

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emocionales y con una clara tendencia al resentimiento y a la rabia social. Asimismo, son muy reacios a conductas colectivas bien organizadas y con perspectivas de largo plazo. Por lo mismo, que tales sectores sean atraídos por partidos de izquierda sólidos en lo orgánico, ideológico y político, es muy difícil. En no pocas ocasiones estos segmentos han funcionado como bases de apoyo de movimientos fascistas (vg. en la Alemania de Hitler). También, pueden girar al otro lado del espectro político. Pero no a partir de un convencimiento racional sólido, algo que es casi imposible en estos grupos. Si giran es a partir de consideraciones emocionales. ¿Cómo? A partir del surgimiento de líderes con un fuerte poder carismático. La experiencia latinoamericana de los últimos años tiende a confirmar esta hipótesis. Los gobiernos más radicales han surgido impulsados por personalidades muy carismáticas (Chávez en Venezuela, Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia) Y en México, la única oposición relativamente seria es la encabezada por AMLO. Y esto, no a partir del PRD (antes) o de Morena (ahora) sino a partir de la persona del candidato. Morena, por ejemplo, en muy poco tiempo se ha transformado en la tercera fuerza políticoelectoral del país. Pero sin AMLO, pudiera incluso desaparecer. El dilema que se perfila no es sencillo. Sin una personalidad fuertemente carismática, resulta muy difícil ganar elecciones y/o ganar el gobierno. Pero sin organización de base sólida, racional y disciplinada, nunca el pueblo trabajador podrá alcanzar una libertad sustantiva. A lo más, cambiará de “papá”: desde uno que lo maltrata a otro que lo “apapacha”. Es decir, seguirán como menores de edad. En suma, romper con la alienación extendida y hacerlo con cargo al desarrollo de una organización


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sólida y racional, se torna complicado. Pero acudir a los personajes providenciales y carismáticos, pudiera no durar más que la vida útil del ser providencial. Tal vez por ello surge una tendencia muy fuerte a que éstos se deban reelegir una y otra vez, casi ad-infinitum. Una clara muestra de que todo depende de la personalidad milagrosa. Peor aún: la evidencia empírica parece comprobar la hipótesis: cuando desaparece el jefe milagroso, no hay quien lo reemplace. Y el que lo sucede es un bueno para nada. Es un problema típico: los jefes milagrosos no preparan sucesores, eso les resulta absolutamente ajeno. Amén de que el carisma no se enseña. Para la clase trabajadora y la izquierda el problema es ultra-complejo: se trata de aprovechar el carisma sin doblegarse a él. Y para lograrlo, no hay más camino que el desarrollar una organización política de la clase, que sea lúcida y que funcione, al decir de Gramsci, como un órgano e intelectual colectivo. Es decir, que en un grado que alcance cierto mínimo, llegue a reflejar los contornos –o embrión- de la sociedad futura por la cual se debe luchar. V.- El problema político Para salir del pozo hay que resolver problemas ideológicos: desarrollar una mínima conciencia de clase en los sectores populares. Pero no basta. Lo clave, al final de cuentas, radica en el espacio de la política. O sea, el espacio del poder. Y si hablamos de poder, tenemos que hablar de la naturaleza del Estado, que es la institución central del poder. El cambio debería permitir superar de raíz el modelo neoliberal. Y esto nos pone frente al primer conjunto de interrogantes: i) ¿qué tipo de instituciones se deben destruir, en lo económico, lo político y lo cultural? ¿Con qué se deben reemplazar? ii) en congruencia, ¿quiénes deben estar a favor del cambio e impulsarlo? O sea, ¿cuáles debieran ser las fuerzas impulsoras o

motrices? Distinguiendo aquí las efectivas y las potenciales. En que, hoy en el país, las potenciales son bastante más amplias que las efectivas en el presente. De donde la cuestión: ¿cómo cubrir el vacío, cómo transformar la fuerza potencial en fuerza efectiva? Si se trata de un cambio en favor del pueblo, lo básico –como bien apunta el profesor Jaime Ornelas- radica en construir y desarrollar poder popular, poder de los de abajo. Pero no todos coinciden en este punto. Volvamos, entonces, a preguntar: ¿Cómo acumular fuerzas? Citemos a Perogrullo: si los que desean el cambio no tienen fuerza, no hay cambio. Entonces, ¿cómo lograr la fuerza suficiente? En que suficiente exige comparar la fuerza propia con la que manejan los que preservar el modelo neoliberal. En términos gruesos, se pueden distinguir dos grandes estilos políticos de acumulación de fuerzas: a) la vía parlamentario-electoral; b) la vía que busca generar un poder popular alternativo, con cargo a la lucha de masas. La primera, organiza el trabajo político por regiones electorales y su finalidad es ganar las elecciones (presidenciales, parlamentarias, etc.). Este estilo político provoca consecuencias como: a) favorece a los liderazgos carismáticos; b) la estructura partidaria favorece el sistema de asambleas; c) privilegia el papel de dirigentes y jefes en desmedro de una base que pasa a jugar un papel pasivo: debe votar, asistir a algunas concentraciones y marchas, juntar algún dinero y nada más; d) los dirigentes, pasan a funcionar como gestores de los humildes ante los poderes establecidos; e) esta ruta tiende a focalizar el poder (que se dice buscar) donde no está. Por ejemplo, en el Parlamento; e) tiende a corromper a los dirigentes y parlamentarios populares. Como muestra la evidencia conocida, un alto porcentaje se pasa a las filas de la clase dominante; f) no fortalece el poder de lucha de los trabajadores. Más bien tiende a reproducir su rol subordinado. 99


La segunda ruta es más difícil pero también más efectiva. Como rasgos centrales tenemos: a) en la relación jefes-bases, privilegia el segundo aspecto. Para usar una frase célebre, se trata de “mandar obedeciendo”; b) concentra la actividad política en los centros de trabajo (células partidarias en centros de trabajo) y busca que los obreros empiecen a disputar el poder fabril con el capital, vía el impulso a la constitución de Consejos Obreros. O sea, opera en el mismo corazón de las relaciones de propiedad; c) en el caso de México, esta ruta es aún más compleja y peligrosa. Los grandes centros fabriles están dominados por sindicatos charros y el Gobierno no vacila en aplicar la represión más despiadada para evitar que lleguen intrusos, d) en todo caso, si la ruta prospera, acerca al poder real y, en caso de luchas más rudas, prepara mejor a la clase obrera; e) esta forma de lucha no rechaza las elecciones ni el asistir al Parlamento. Pero le da una valoración muy diferente: usa esas instancias como espacio de agitación y no como vía al poder. Para aprender, la actividad práctica es vital. Y es en la lucha como la clase obrera aprende a identificar amigos y enemigos, conductas eficaces y conductas erróneas. ¿Cómo diseñar los pliegos de reivindicaciones, por salarios, por seguridad laboral, etc.? ¿Cuándo empujar por una huelga, cuándo no empujar? ¿Cuándo tomarse la fábrica, cuándo no? ¿Cómo convencer a los vacilantes? ¿Cuándo enfrentarse a la policía, cuando no? ¿Cómo identificar a soplones y agentes provocadores? Debe también, aprender el papel vital de la autocrítica (“transformar las derrotas en victorias”) entendida no como auto-flagelación católica, sino como el análisis objetivo (y colectivo) del porqué de los errores y el cómo poder superarlos. De paso: la izquierda verdadera debe aprender a no ocultar sus errores, a no “ocultar la basura debajo de la alfombra”, lo que es una forma muy hipócrita de mostrarse y creerse infalible. Por

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ejemplo, no caer en esa postura milagrera: “en mi partido no hay corruptos.” También aquí, resalta el papel de la teoría entendida no como puñeta académica sino como iluminadora de la actividad práctica. En su lucha práctica, en el corto y en el largo plazo, la izquierda debe rescatar firmemente el papel de la utopía. Entendida ésta no en su sentido gramatical (“lo que no es posible”) sino en su sentido político-práctico. ¿Cuál es éste? Ni más ni menos: se trata de proclamar que un mundo pleno de justicia y de libertad, un mundo a la medida del ser humano, de su felicidad y desarrollo pleno en que “el libre desarrollo de cada cual es condición para el libre desarrollo de los demás” (Marx dixit) sí es posible. Por consiguiente, por él se puede y se debe luchar. A la izquierda histórica, este bello afán se le cayó y perdió en el camino. Se trata de recuperarlo y blandirlo con fuerza renovada. Hacerlo, será como recuperar la primavera y la alegría de vivir. Hacerse más fuerte y más terrícolamente humano. Como bien lo decía Heine, el gran poeta alemán: “el mundo de los cielos, en la tierra debemos construir”. VI.- La crisis neoliberal: ¿Salidas por el lado de la derecha? En los numerales previos nos hemos concentrado en opciones que no son de derecha. En este espacio, digamos de oposición, la alternativa demo-burguesa es bastante más factible que otra de corte socialista. Por lo menos en plazos cortos y medios. Conviene, en todo caso, subrayar: sin una izquierda fuerte, que ahora no existe, la ruta demo-burguesa (que en México debería ser la encabezada por AMLO), pudiera ser muy débil y enredarse en compromisos, o componendas, que lo terminen por desnaturalizar. En suma, una izquierda fuerte no solamente es necesaria para aproximar un eventual proyecto socialista. También es clave para que el proyecto demoburgués no empiece a claudicar.


José Valenzuela Feijóo

¿Qué sucede con las alternativas de derecha? ¿Son posibles? ¿Con qué características? Podemos empezar con algo que no es, en sentido estricto, una alternativa. Se trata de la continuidad del modelo neoliberal. Si se llegara a dar, algo improbable, la descomposición se agudizaría y el régimen sólo se podría mantener con cargo a una represión cada vez más generalizada. Si el continuismo neoliberal dependiera sólo de factores internos, pudiera quizá darse tal posibilidad. Pero ahora hay que considerar la variable externa, en especial la conducta que pudiera seguir Estados Unidos. Si Trump cumple lo prometido, la clase dominante mexicana enfrentaría problemas variados. Por ejemplo: a) el dogma neoliberal se vería duramente degradado, caso del llamado “libre comercio”. Si el patrón decide colocar impuestos y aranceles, ¿qué pudiera hacer el criado?; b) la migración a EEUU como válvula para suavizar el problema del bajo empleo en México, se vería prácticamente eliminada. Amén de que pudiera empezar algún flujo inverso; c) las exportaciones de México a EEUU empezarían a encontrar dificultades. Sobremanera en la parte clasificada como “industrial”, que es más bien simple maquila. En cuanto a las materias primas y alimentos, si EEUU eleva su crecimiento, pudieran mejorar. Como saldo, se pueden prever ritmos menores. Luego, en un modelo que se pretende dinamizar por la vía de las exportaciones, el crecimiento se pudiera ver afectado. Y como ya es bajísimo, se acercaría a cero o menos en términos per cápita (cayendo en 2017); d) si el país no es capaz de regular y reducir el narcotráfico, algo que parece imposible en un plazo corto, enfrentará reprimendas y presiones fuertes desde EEUU. Para este país, la violencia sin control en México es algo que provoca temor y que no está dispuesto a aceptar. En otras palabras, en su “patio trasero” necesita de seguridad y cierta calma. A lo indicado se debe agregar el papel que pudiera jugar la clase política. ¿Será capaz de encontrar una salida?

En verdad, la llamada “clase política” (o sea, los políticos, PRI y PAN, que gestionan los intereses del bloque en el poder), se ha venido esclerotizando más y más. No es capaz de mirar el largo plazo (¿será horror al vacío?) y se revuelca entre sus “acumulaciones originarias” (vulgo desfalcos) y rencillas de vecindad. Se les debería leer a Dante: “cuando vi que llegaba a aquella parte /de mi vida, en la que cualquiera debe / arriar las velas y lanzar amarras”, aunque es obvio que no están para poemas medievales. Y conviene apuntar: en el mismo sector empresarial, incluso a nivel de cúpulas, cunde el malestar. Cuando emerge tamaña impotencia, se suele recurrir a la violencia. Pero está claro que los militares ya no son los de ayer y uno se acuerda de Maquiavelo: “el hombre que se halla armado no obedece con gusto al que está desarmado”. Un ánimo que, en el México de hoy, empieza a perfilarse. Algo así como el rumor de algún temblor que pudiera aparecer en el horizonte. En el 2018 hay elecciones presidenciales. Pudiera ganar AMLO, pero una alternativa de derecha nos obliga a suponer que: i) sería defenestrado al poco andar; ii) no llega al gobierno. Lo que de seguro iría asociado a gran robo de votos y otros artilugios, con lo cual el descontento social se duplicaría. De seguro, en términos casi espontáneos, surgirían protestas violentas. A lo cual, se debe agregar el impacto de una situación económica degradada y el crecimiento del narco y la violencia anti-social. En este caso, ya no estaríamos sólo ante un Estado plenamente fallido sino algo más: estaríamos ante un sistema social en su fase de descomposición final. Ante una situación como la descrita, podríamos esperar: a) creciente descontento, también en capas medias e incluso en parte de la alta burguesía. La cual, especialmente luego del gasolinazo, empieza a demostrar un fuerte disgusto con el actual gobierno; b) preocupación e intranquilidad en el gobierno de EEUU (ya con Trump a la cabeza) y en las mismas cúpulas

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empresariales de EEUU, especialmente entre las que manejan inversiones en México. Asimismo, si llega a darse un atentado terrorista en EEUU con nexos o tránsito por el territorio mexicano, la preocupación puede devenir histeria. En este momento, la necesidad de una intervención explícita en México será muy alta. Y muy probablemente tendrá lugar. Que Estados Unidos intervenga con tropas es muy improbable: a lo más habría movimientos en la frontera y de alguna flota en el Atlántico y/o Pacífico. La intervención se haría con cargo a los militares mexicanos. En lo cual, la Marina, que hoy tiene nexos privilegiados con el Pentágono, pudiera jugar un papel relevante. El problema que surge es por el posible contenido de la eventual alternativa de derechas. Para orientarnos, recordemos el problema de la cada vez más aguda descomposición social y moral del régimen. Aquí, como ya se ha dicho, surgen límites que marca la simple necesidad de sobrevivir. También, por las exigencias de seguridad de EEUU. Resolver este problema pareciera que demanda o más bien exige: a) aplicar la fuerza explícita (o represión abierta) con el afán de disciplinar a la población. Como en los viejos tiempos, más o menos porfirianos, volver a eso de que “la letra con la sangre entra”; b) buscar resolver o más bien disminuir, el problema de la informalidad y alta desocupación. El cual, ya ha llegado a niveles inmanejables. El requisito a) es factible y también muy probable. En cuanto al punto b) resulta difícil imaginar como un régimen de derechas pudiera suavizarlo. Que la ocupación crezca lo necesario y se eleven los niveles de vida, demanda un estilo de desarrollo que es poco congruente con las posibilidades de la derecha. En abstracto se puede especular con un régimen de estilo nazi: alta inversión, alto crecimiento, alta ocupación, planificación dictatorial del nivel salarial, etc. Es decir, el recetario de Hitler. Y aunque ésta

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pudiera llegar a ser la moda en varios países, en un país dependiente como el nuestro es una pura fantasía. En principio, pareciera que sólo es probable un régimen de dictadura abierta. Digamos también: muchas personalidades, en el norte del país, han empezado a pensar: “nosotros estamos bien. Es el centro-sur el que funciona como un fardo. Mejor nos separamos y pasamos esa región a Centroamérica. Inclusive, hasta nos podríamos incorpora a la Unión Americana, al estilo de Texas o California. Con lo cual, se cumpliría nuestro sueño americano.” Si esto fuera factible, tendríamos que la ruta de una “nueva derecha”, no sólo pasaría por el carril de un régimen altamente represivo. También, por la desintegración del país.


CORRUPCIÓN, VIOLENCIA Y CINISMO. nOTRAS SOBRE LA INSENSIBILIDAD MORAL EN EL PERÚ. PERÚ La violencia, la corrupción y el cinismo se han extendido de modo considerable como resultado de la tensión aguda que produce la hegemonía de la modernización neoliberal global en el Perú. Entender la agresión y estafa supone el desarrollo creciente de una cultura cínica, del “todo vale”, a partir de los años noventa con el impulso del neoliberalismo. De alguna forma, la asociación entre violencia, corrupción y cinismo subrayan la particularidad que viene asumiendo la modernidad global. En este artículo pretendemos desarrollar algunas cuestiones iníciales que permitan organizar el debate sobre el cinismo, la corrupción y violencia en el Perú. De esta forma, el artículo se divide en cuatro partes. La primera sección, expone las condiciones sociales de la violencia y la corrupción, la relación entre modernidad tardía y el incremento de los delitos y la estafa en el país. La segunda, describe la cultura de privatización que conlleva a la hegemonía del individualismo extremo en la sociedad. La tercera, resalta la destrucción y violencia perniciosa del neoliberalismo global contra el capital social, de las interacciones entre las personas. Finalmente, se expone la “razón cínica” que condiciona el desarrollo de las conductas agresivas y delictivas en la sociedad peruana. Sociedad, corrupción y violencia La violencia y la corrupción se han transformado en parte central de la vida cotidiana. Todos los aspectos de la existencia social se encuentran teñidos y corroídos por la violencia y la corrupción. El mundo se vuelve un lugar inhabitable, el delito, la estafa y la violencia son amenazas a la vida, a la integridad física y patrimonial de las personas, que a su vez produce un sentimiento de temor y vulnerabilidad frente al peligro constante.

Julio Mejía Navarrete

En ese sentido, por un lado, tenemos el aumento incesante de la violencia en el país que se expresa en los delitos registrados, el año 2005 se estimaban en 152,516 casos pasando a 268,018 para el 2013, con un incremento del 60 por ciento[1]. Más allá de las informaciones oficiales, son conocidas las situaciones dramáticas de los hijos que matan a los padres, el crecimiento del feminicidio, las extorsiones a pequeños empresarios, las llamadas en la madrugada para chantajear por el supuesto accidente de un familiar muy cercano y la acentuación del sicariato juvenil[2] Correlativamente, se produce un discurso de inseguridad que describe el sentimiento de miedo que envuelve a las gentes, el temor al delito y a la falta de confianza en las instituciones del estado para combatirla, todos se sienten desprotegidos, el Perú muestra indicadores de los más altos de América Latina, la percepción de la inseguridad en el barrio se estima en el 50 por ciento y el deterioro de la seguridad ciudadana en el orden del 45.6 por ciento[3]. Por otro lado, la corrupción[4] muestra una permanencia sostenida a lo largo de la historia peruana estimada entre 2 y 6 por ciento de la producción nacional, siendo sus niveles mayores en el gobierno de Fujimori[5], precisamente con el inicio en el país del proceso de la modernidad neoliberal global. Su expresión más evidente son los 19 mil procesos abiertos en el país hasta el 2013 por la Procuraduría Anticorrupción[6]. Asimismo, el sentimiento subjetivo de la percepción de la corrupción en el Perú se ha ido incrementando alarmantemente, en el Índice de Transparencia Internacional hemos pasado del lugar 41 para el año 2000 al puesto 83 en el 2013, acercándonos a los países más corruptos del mundo como Somalia y Corea del Norte[7]. El delito y la estafa no pueden ser comprendidos como simples problemas individuales, de la

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misma forma, no puede ser entendido solo con argumentos de situaciones de pobreza y carencias de servicios sociales. La violencia, la estafa y el delito se tornan estructurales, se transforman en componentes del patrón moderno globalizado. La situación del incremento constante de la violencia, corrupción y el delito se vinculan estrechamente con la expansión del crecimiento económico y la disminución relativa de la desigualdad en América Latina[8]. El Perú ha venido creciendo entre 5-6 por ciento los últimos años y ha mostrando menores grados de desigualdad social que naciones como Colombia, Chile, Brasil, Ecuador y Costa Rica entre otras[9], paralelamente todos los índices del delito, violencia y percepción de inseguridad se han desbocados inconteniblemente. Quizás, ello tenga que ver con la naturaleza de la modernidad global, que como nunca en su historia está expandiéndose a un ritmo creciente. Momento abierto desde 1973 que viene produciendo cambios estructurales en la organización de la moderna tardía. De esa forma, la dinámica de las transformaciones de la globalización no sólo significan efectos coyunturales en la dinámica de la modernidad, sino más bien implica su misma reconstrucción, Aníbal Quijano[10] denomina a este nuevo periodo histórico de “crisis raigal de la colonialidad global del poder”, manifiesto directamente en la reconfiguración de las relaciones capital con el trabajo y en la crisis del calentamiento global que pone en riesgo la propia vida en el planeta[11]. El sistema mundo moderno global incorpora la violencia abierta como elemento intrínseco de su reproducción, la violencia cínica se vuelve sistémica en las relaciones con la naturaleza y en las relaciones de los individuos. En efecto, el desarrollo de la sociedad moderna global se correlaciona con la gestación de una nueva revolución tecnológica, que empieza modificarla. El desarrollo de la automatización implica un cambio decisivo en la sociedad,

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pareciera que la relación capital – trabajo llega a su límite en la condición asalariada, es decir el capitalismo ya no puede reproducir masivamente trabajo asalariado, aunque el sistema sigue expandiéndose bajo la dominación de la pequeña producción mercantil y de otras que lindan con formas para-esclavistas, serviles y hasta comunales. En el Perú este proceso se expresa crudamente en que el 70 por ciento de los trabajadores se encuentran en el sector informal. Realidad que ahora es fácilmente aceptada y contrastable para los países desarrollados[12]. En otros términos, las bases del capital ya no se encuentran únicamente en la compra y venta del trabajo asalariado y, consiguientemente, para seguir reproduciéndose necesita directamente de la violencia estructural, de un lado, por la precarización del trabajo y el desempleo estructural en gran parte de la población y, de otro lado, del aumento constante de formas de trabajo violentas “no capitalistas”. En condiciones de la modernidad global, el crecimiento económico es consustancial con la degradación general del trabajo que se entreteje con el acrecentamiento de la violencia, los delitos y la corrupción. De esa manera, la sociedad actual es cada vez menos propicia para el contacto entre las personas, se ha transformado en un lugar de inseguridad y violencia cotidiana, el narcotráfico, el caos vehicular, las edificaciones permanentes, la suciedad, la contaminación, el desempleo, la informalidad, el narcotráfico, las pandillas juveniles y la criminalidad empujan a los habitantes a buscar ámbitos confiables, seguros, ordenados y “libres” de la marginalidad social. Se privatiza el espacio de las ciudades, emergen urbanizaciones cerradas, condominios, balnearios, urbanizaciones residenciales exclusivas, clubs sociales privados, y el crecimiento de urbanizaciones semi-cerradas, que reproducen el cerco y enrejamiento parcial de calles, parques y plazas, lo que equivale a la


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parcelación, separación y exclusión social, con fronteras protegidas, con muros y vigilancia. De esta forma, la organización de la sociedad tiende a redefinirse en función del miedo frente a la degradación urbanística, la violencia y la corrupción. El resultado es la privatización de la ciudadanía, el miedo de quedar desempleado, accidentado, atropellado, asaltado, violentado, preso, estafado, discriminado étnicamente en la ciudad, el temor cotidiano al otro en la calle se apodera de la vida social, la capacidad de organización, participación vecinal y una comunidad integrada se desvanece, el resultado es el surgimiento de un sub-ciudadano carente de la dimensión pública, reducido únicamente al ámbito de las decisiones individuales y privadas[13]. Cambios en la existencia social que inducen al agotamiento de la idea del futuro como promesa de la modernidad, más bien la modernidad global se trastoca en un proyecto opuesto donde prima el miedo y la inseguridad, la sociedad de la violencia y la corrupción[14]. 1. Cultura de privatización En la modernidad global la propagación del individualismo disperso estimula la mercantilización de la subjetividad, el sujeto atomizado pasa a ser el núcleo sobre el cual gira toda la vida social en el país. Interesa destacar la gestación de la cultura de privatización, individualización y egocentrismo en la sociedad peruana. El proyecto de la sociedad del siglo XXI desarrolla una cultura de privatización fundada en el individuo, las familias y en los intereses privados, niega la posibilidad de pensar en referentes colectivos de la sociedad, como la comunidad, el barrio popular, el vecindario y el asentamiento humano. Lo que Margaret Thatcher definió para el actual momento neoliberal: “no existe lo que

se llama sociedad. Hay [sólo] hombres y mujeres individuales y hay familias”[15]. Contrario al proceso de originalidad social que se desarrollo en el Perú con las primeras corrientes migratorias a la ciudad entre 1940 y 1970, la población de origen andina asentada en barrios precarios apuntaba a un proceso de autonomía política, búsqueda de derechos sociales y el desarrollo de una identidad propia, que se definió como proceso de cholificación[16]. Era una cultura que se basaba en la realización de los individuos por medio del trabajo, se quería empleo y familia, pero a la vez se aspiraba al bienestar de la comunidad, el bien común asociado a la organización barrial, que se expresaba en querer hacer de los asentamientos humanos barrios urbanos integrados a la ciudad, el interés de las personas pasaba de lo individual a lo claramente colectivo. La cholificación era parte de un proceso de conquista de un espacio de formación de ciudadanía y desarrollo de una comunidad nacional[17]. El tránsito de una cultura que tenía como fuente principal de su vitalidad en el desarrollo barrial y el interés comunitario a una “cultura de privatización” del provecho egoísta, se explica por la reciente historia del Perú. Una de las razones, se puede encontrar en la inmensa perturbación social que generó el movimiento subversivo Sendero Luminoso, cubriendo toda la sierra y parte de barrios marginales del país ocasionó la muerte de 69,280 personas[18] en su mayoría de pueblos de origen indígena, alterando la vida comunal, liquidando dirigentes, destruyendo organizaciones de base, disgregando el tejido social y llevando a los individuos a interesarse solo en la sobrevivencia. Otra explicación, se encuentra en la profunda mercantilización globalizada de la sociedad peruana impulsada desde 1980 a la actualidad, especialmente durante el gobierno de Fujimori en los años noventa, que prácticamente privatizo todo y la vida social casi desapareció, se liberalizo los servicios públicos

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y buscó hacer del interés personal el único compromiso societal. Procesos que llevaron a las gentes a una comprensible desmoralización y a un vacío espiritual que fue impregnado por una cultura neoliberal global exclusivamente individualista de la existencia social. En la modernidad global el desarrollo del individualismo genera un vacío societal, lo que Touraine[19] denomina: “La sociedad ya no existe”, porque hay un deterioro constante de los vínculos sociales, de las solidaridades y, al mismo tiempo, hay un proceso de atomización, los comportamientos tienden a aislar a las personas. En general, la sociedad se define por el “egocentrismo, que reduce el horizonte al interés personal”[20], la vida social gira en torno del individuo. El proyecto de sociedad global genera el desarrollo del individualismo que lo convierte en el centro de la vida social. Ahora lo fundamental es destinar las preocupaciones y los recursos disponibles en el sujeto. El desarrollo de la vida de consumo está produciendo la hegemonía de una forma de existencia social específica, la cual se manifiesta como la forma de vivir que Immanuel Wallerstein[21] la define en la que “todos queremos obtener más”, no interesa el nivel socioeconómico de las personas, “todo el mundo quiere obtener 25 por ciento más de lo que tiene” para comprar y comprar más. Con razón Aníbal Quijano señala que es “la conducta egoísta travestida de libertad individual” el nuevo ideal de la modernidad global[22]. Se reemplaza la vieja libertad pública que aspiraba al bienestar, al acceso a los derechos sociales y a un horizonte de sentido de igualdad social que impulsaban las primeras olas migratorias, por la libertad del consumo de los hijos de tercera o cuarta generación de migrantes asentados en las principales ciudades del país, la libertad del capitalismo sesentero buscaba mejorar socialmente al individuo migrante y mejorar la

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sociedad urbana. Mientras que la libertad de la modernidad global se restringe al individualismo, a la mercantilización de la sociedad y a un mero horizonte egoísta. 2. Destrucción del capital social. Violencia y corrupción La cultura de privatización y el individualismo extremo ocurren en un mundo de incesante violencia y destrucción del “capital social”[23], donde el afecto y la confianza con los otros resultan disfuncionales para la sociedad y se pierde la energía colectiva que pueda generar las interacciones de respeto, disfrute de la compañía de los otros y la fortaleza de la comunidad. La sociedad globalizada privatiza y mercantiliza, separa a los individuos y hace que las emociones con los demás se transformen en mercancía. En ese sentido, se impulsa el individualismo y la mercantilización de las relaciones entre las personas. En la actualidad nuevamente el concepto de responsabilidad[24] vuelve a cobrar vigencia y lo hace con el predominio del hiperindividualismo en la modernidad global, el sujeto se ha librado de los últimos constreñimientos estructurales socializantes que impedían su total emancipación: la disminución del peso social del Estado, de las clases sociales, del poder de la vecindad, la familia, las grandes ideologías dejan de ser vehículos de proyectos históricos, las creencias utópicas se desacreditan, pareciera que se desarrolla una sensación de “era del vacío”[25], se han evaporado los constreñimientos sociales y éticos del individualismo en la sociedad global. En efecto, la modernidad sesentera que establecieron las primeras olas migratorias en Lima y las ciudades del país, propiciaba el individualismo comprometido con una “responsabilidad hacia” la búsqueda del bienestar de la población, la conquista de derechos sociales, el logro de servicios comunitarios, la


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autoconstrucción y la inserción del barrio a la ciudad. Se trataba de un individualismo social, participativo y de compromiso con los otros: vecinos, familiares, paisanos, amigos, la ciudad y la sociedad. En cambio, la sociedad global que se expande en los últimos años experimenta una evolución radical que reorienta la responsabilidad dirigida a los otros, por el impulso del individualismo neoliberal de una “responsabilidad ante uno mismo y… hacia uno mismo”[26]. El individualismo neoliberal reduce su compromiso con los otros o no le interesa, busca solo el interés personal. Se trata de un individualismo privatista, defensivo y la responsabilidad se restringe a uno mismo, se basa en el egoísmo y en la búsqueda desbocada del beneficio propio. El abandono del compromiso emocional con los demás, no desemboca en un individualismo absoluto, sin vínculos sociales, más bien genera que las personas conciban los vínculos entre ellos en términos puramente mercantiles, interesa solo la búsqueda del beneficio exacerbado de las relaciones con los otros. Las interacciones sociales pierden su contenido emocional y se convierten en puros compromisos. Edgard Morin lo explica en términos de las transformaciones del patrón moderno global: “La moral está en crisis. El individualismo generado por la persecución unilateral del propio éxito desemboca fácilmente en la pérdida del sentido de interés colectivo, en el puro egocentrismo y en la desaforada sed de lucro”[27]. La praxis de las poblaciones migrantes que transitan del primigenio esfuerzo individual/ colectivo a la dominación de lo puramente individualista y mercantilista se encuentra condicionada por la devastación del capital social, la destrucción de la confianza y su sustitución por el cinismo. Sin confianza la convivencia de familiares, paisanos, vecinos, amigos se debilita y aparece la desafección, la indiferencia, indolencia, pérdida del sentimiento de culpa y aparece directamente la hostilidad sin tapujos hacia los

demás. La modernidad neoliberal reestructura el imaginario social, la vida cotidiana, los valores y lleva que la vida de las gentes se oriente por “considerar superflua toda ley civil o moral”[28]. Cinismo, corrupción y violencia es una trilogía de la modernidad neoliberal que pretende “naturalizar” el orden social injusto, inseguro, inmoral, indiferente, perverso, engañoso y desutopizado imperante. Un orden que pretende acostumbrar y socializar a la población en los desastres, tragedias y engaños permanentes, una forma de modernidad pura sin frenos sociales ni morales, sin límites ni regulaciones. Una modernidad que eleva al máximo la desigual y asimétrica lucha por la sobrevivencia. En la historia peruana la corrupción y la estafa siempre han sido una constante en la historia peruana, aunque se trataba principalmente de hechos ligados al poder político, con la modernidad global se transforma en parte de todos los ámbitos de la vida social y rige las conductas cotidianas de las gentes. En la sociedad moderna global la macroagresión no es posible sin una base sociocultural de la microagresión. La existencia de dispositivos socioculturales, de una “razón cínica” que favorezca la corrupción y la violencia, las estafas y los delitos se convierten en las estrategias de las conductas aceptadas, que dejan de lado las normas de comportamientos que propugnan la ley y las instituciones públicas y privadas –familias, comunidades, iglesias y otras-, para buscar sin disimulo el beneficio privado, individual y mercantil. 3. Razón cínica[29] La sociedad global privatiza al individuo, la mercantilización separa a los individuos de los demás y hace que las emociones con los otros se transformen en mercancía. La cultura promueve una forma de pensamiento que propicia el ventajismo individualista, el afán de lucro desmedido y el pragmatismo que llegan a formas de comportamiento cínico. El individualismo, la

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mercantilización y la “razón cínica” se integran en una unidad[30]. El proceso de cholificación se reconfigura, la capacidad de trabajo, el ideal productivista, el interés colectivo y, sobretodo, el sueño de un horizonte de sentido de igualdad social de las primeras generaciones sesenteras se desplaza a su lado más oscuro en el mundo actual, la cultura cínica. La modernidad global desarrolla una cultura cínica que no tiene el tapujo de aceptar abiertamente lo que antes ocultaba, la injusticia, violencia, corrupción y falta de humanidad, y desecha todo sentimiento de culpa al borrar el sentimiento de dolor que provocaba la idea de haber perjudicado a los otros[31]. Se intensifica el crecimiento económico descomunalmente y, a la vez, descaradamente se admite destruir la naturaleza y las personas. En ese contexto, de la cultura de las antiguas élites oligárquicas se reproducen la “viveza” criolla sin la “gracia” y del gamonalismo solo queda la “prepotencia” y la “fuerza” sin la “delicadeza”[32], que se entrelazan con la subjetividad del individualismo del neoliberalismo global, el pragmatismo utilitario y el goce desmedido por el consumismo a cualquier costo. En la vida social pareciera que se extiende el influjo del “todo vale” que deriva en el comportamiento cínico, el individuo busca imponerse porque piensa que tiene todo el derecho de hacerlo, sin pensar en los otros e incluso apelando a la violencia desembocada[33]. La afirmación de que “nadie cree en nadie” parece haberse convertido en el principio central para salir adelante, el recurso de la violencia se impone en la lucha de la vida diaria. El cinismo y la violencia son la otra cara del hiperindividualismo globalizado. En la modernidad tardía las preocupaciones y sueños colectivos, la cultura de los intereses compartidos y los deberes sociales pierden sentido, su lugar lo ocupan la preeminencia de la mercantilización y del individualismo. El resultado es que la sociedad se gregariza profundamente, la vida individualizada no tiene límites morales y el cinismo va cobrando legitimidad.

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Quizás la explicación a este proceso se encuentre en la profunda transformación moderna global. En la modificación de la propia naturaleza de la racionalidad instrumental, en el cambio de medios afines, que rige la conducta de las personas en la vida social. Simmel lo explica claramente “mientras que en el cinismo y la saciedad se manifiesta en la desaparición de todos los fines”[34]. Es decir, en la modernidad presente la supremacía universal del individualismo y del “valor instrumental del dinero” se transforman en los fines supremos de la sociedad, haciendo que todo lo demás no importe y por consiguiente conlleva la degradación de los “antiguos valores” como la familia, la comunidad, el vecindario, el ideal de las utopías. La “razón cínica” se abre paso y define la actuación de las personas, para sobrevivir en la pobreza, en la movilidad social de las nuevas clases medias y en la dominación de las élites. La cultura cínica global propicia un mundo en la que no se cree en nada, el esfuerzo individual se desvaloriza, la lucha pierde sentido y la revolución es borrada de la memoria, donde más bien se impone la indiferencia, la desvergüenza insolente y la eliminación de la mala conciencia se apodera de los actos de las personas. El cinismo es el desprecio y negación de los “antiguos valores” por la hegemonía del valor del individualismo y del valor dinero, donde los otros existen sólo como obstáculos o son meros recursos, desaparece toda consideración moral a la comunidad, a toda causa común y la esperanza de igualdad social, el empleo sin reparo y pudor de la violencia y la corrupción son componentes de los nuevos tiempos globales. El cinismo es el uso del poder absoluto, arbitrario y sin límites, simplemente los demás, las gentes no interesan, es el dominio de la cultura de la desesperanza, del “sálvese quien pueda” y el “”después de nosotros el diluvio”[35]. La generalización en la modernidad global de la razón cínica es la preponderancia del


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“estado de guerra”[36] entre las personas, la excepcionalidad de la beligerancia se convierte en parte intrínseca de la vida moderna, es el reino del enfrentamiento de individuos egoístas, en la que el otro es aniquilado, vencido a cualquier precio. En el “estado de guerra” la sociedad se vuelve un conjunto de agresivos egos que compiten con la finalidad suprema de auto promoverse a costa de los demás, en la que predomina el ventajismo individual, el afán de lucro desbocado, la rudeza y el pragmatismo que llega a su forma de descarada e indolente, sin importar nada. Es la negación de todo derecho del otro sin reparo y miramiento alguno. El estado de guerra enajena la moral, despoja a las instituciones y a la vida social de las obligaciones que condicionaban la actuación de las personas según la familia, la comunidad y los ideales utópicos. Simplemente la vida social se transforma en la práctica de vencer por todos los medios e imponer los intereses privados y egoístas sin pensar que algo se interpone. El cinismo se revela como la forma moderna global de reproducción de la inferiorización de las gentes por medio de estafa o la fuerza, desde la conducta individual hasta las prácticas de dominación de las corporaciones y los países, que someten y controlan apelando a prácticas directas, desvergonzadas y descaradas, sin un mínimo de remordimiento moral : la trata de blancas, el trabajo infantil, el trabajo precario, las nuevas formas serviles, para-esclavistas de trabajo, hasta las guerras de sometimiento de las poblaciones. La “razón cínica” permite la estructuración societal de la desigualdad polarizante sin que nadie se inmute y conmueva, está permitido el “todo vale” sin pena y escrúpulo. La cultura cínica implica un dominio en la vida social de los medios, que ocultan su significación final, como si fuera la cosa más natural del mundo. El neoliberalismo naturaliza la falacia de que el principio de la humanidad es el individuo egoísta, formulada por toda las ciencias sociales liberales hasta el presente, al contrario la sociedad es

únicamente posible porque el individuo existe en familia, comunidad y colectividad[37], porque hay amor como diría Humberto Maturana[38]. El individualismo y el dinero es forma, es función, es medio, cuando se quita de su lugar adecuado y tiene hegemonía, todo lo humano se desquicia, empobrece, se vuelve indiferente y desvergonzado. El cinismo pareciera que es una de las formas de colonialidad que asume el control de la subjetividad y de la experiencia de la vida en la sociedad moderna global.[39] El cinismo es la ética del orden global, donde el poder del individuo egoísta se impone y no interesa los otros, la humanidad y la naturaleza, tampoco interesa los medios, es el poder absoluto y arbitrario, el todo vale y para ello se recurre a la violencia, la fuerza y la estafa, es el poder del “estado de guerra” de los más fuertes y agresivos, no interesa la ley y menos la “moralidad”. Es la cultura oscurantista de la época de la globalización. Conclusión El cinismo es el desenlace del individualismo y mercantilización de la vida moderna global, la red de relaciones sociales duraderas, el referente colectivo y el horizonte de sentido se desvanecen. A diferencia, en la modernidad productivista la violencia, la corrupción y el cinismo se hallaban ligados más a la esfera política, había la posibilidad del desarrollo de una conducta de colaboración, decoro y pudor porque el individuo era parte de un tejido social sólido formado por la familia, vecindad, colectividad y el sueño ideal de igualdad social. Hoy nos encontramos en un momento paradójico y sombrío de hegemonía de la razón cínica. La modernidad global como nunca en la historia contemporánea se expande a un ritmo sin precedentes y, al mismo tiempo, asume un nuevo carácter que lo redefine totalmente, expresándose en la crisis del calentamiento

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global, que pone en peligro la vida en la tierra, y la finacierización de la economía por medio de la intensificación del lucro rentista sobre el plusbeneficio productivista, condena a la exclusión de gran parte de la humanidad. El miedo y el individualismo condicionan la destrucción de la confianza y el afecto que derivan en la perdida de sensibilidad moral en la sociedad del siglo XXI. Procesos posibles por el desarrollo de una cultura fundada en el “todo vale” y en el comportamiento desvergonzado, sin remordimientos de la vida cínica. La transformación profunda de la modernización global introduce nuevas formas de dominación y sometimientos de los seres humanos, mediante la mercantilización de la subjetividad, el cinismo, corrupción y violencia. La promesa de la modernidad ha sido incumplida, al contrario, pareciera que marchamos a una expansión de la modernidad, pero sin los grandes logros que originalmente trazó el modernismo. En suma, como en el pasado la modernidad irrumpe contra la naturaleza y las gentes, pero en la era de la globalización no interesan los reparos morales y menos tiene importancia, ni siquiera se piensa, un futuro de sentido de igualdad social. Referencias Bibliográficas Amat y León, Carlos: Nuevos ensayos para discutir y decidir. El Perú nuestro de cada día. CIUP, Lima, 2012. Arbizu, Julio: “¡19,000 corruptos en el Estado! Procurador Julio Arbizu señala a El Poder que el 70 % de los casos han sido abiertos durante este gobierno”, Semanario El Poder, http://semanarioelpoder. com/19000-corruptos-en-el-estado.html Bauman, Zygmunt e Donskis, Leonidas: Cegueira moral. A perda da sensibilidades na modernidade líquida, Zahar, Rio de Janeiro, 2013 Bauman: Zygmunt La cultura en el mundo de la modernidad líquida, FCE, Madrid, 2013.

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en la formación de los Estados Unidos, el inglés norteamericano contiene más de doscientos sustantivos y verbos relativos a la palabra “estafa”, Morris Berman: las raíces del fracaso americano, sexto piso, Barcelona, 2012, p. 23. [5] Alfonso Quiroz: Historia de la corrupción en el Perú, IEP – IDL, Lima, 2013. [6] Julio Arbizu: “¡19,000 corruptos en el Estado! Procurador Julio Arbizu señala a El Poder que el 70 % de los casos han sido abiertos durante este gobierno”, Semanario El Poder, http://semanarioelpoder. com/19000-corruptos-en-el-estado.html [7] Transparency International: Índice de Percepción de la Corrupción, http://www.transparency.org/ cpi2013 [8] PNUD: Informe Regional de Desarrollo Humano 2013-2014. Seguridad Ciudadana con rostro humano: diagnóstico y propuestas para América Latina. New York, 2013, p. 19. [9] El Coeficiente Gini de desigualdad social indica una leve mejoría en el país, pasando del 0.55 para el año de 1972, al 0.53 para el 2004 y siendo el 0.48 para el 2011, Carlos Amat y León: Nuevos ensayos para discutir y decidir. El Perú nuestro de cada día. CIUP, Lima, 2012. [10] Aníbal Quijano: “Bien vivir: entre el “desarrollo” y la des/colonialidad del poder”. Ecuador Debate, N° 84, Quito, 2011, p. 81. [11] En los andes peruanos se ha perdido irremediablemente el 41 % de los glaciares de las cordilleras por la impacto del calentamiento global, El Comercio: “Casi la mitad del hielo en los glaciares ha desaparecido”, El Comercio, País, Lima, 25 de marzo 2012. La extrema explotación de la naturaleza está llevando a poner en peligro a la Tierra, véase James Lovelock: La venganza de la Tierra. La teoría de la gaia y el futuro de la humanidad, Planeta, Barcelona, Planeta, 2007. [12] Aníbal Quijano: “El Trabajo al final del Siglo XX”. Ecuador Debate. Revista especializada en Ciencias

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Sociales, N° 74, Quito, 2008. [13] Una discusión más amplia sobre estos temas puede consultarse Julio Mejía (2013): Sociedad, consumo y ética. El Perú en tiempos de globalización, UNMSM – Facultad de Ciencias Sociales, Lima, 2014. [14] Zygmunt Bauman: La cultura en el mundo de la modernidad líquida, FCE, Madrid, 2013, pp-82-83. [15] Cultura de privatización, idea tomada de Zygmunt Bauman: El arte de la vida. De la vida como obra de arte, Paidós, Buenos Aires, 2010, p.109. [16] Aníbal Quijano: “Lo cholo y el conflicto cultural en el Perú”, en Dominación y cultura. Lo cholo y el conflicto cultural en el Perú, Mosca Azul Editores, Lima, 1980. [17] Carlos Iván Degregori, Cecilia Blondet y Nicolás Lynch: Conquistadores de un nuevo mundo. De invasores a ciudadanos en San Martín de Porres, IEP, Lima, 1986. Carlos Franco: Imágenes de la sociedad peruana: la otra modernidad. CEPES, Lima, 1991. Recientemente José Matos: Estado desbordado y sociedad nacional emergente. Centro de Investigación de la Universidad Ricardo Palma, Lima, 2012. [18] Comisión de la Verdad y Reconciliación: Informe final. CVR, Lima 2003, Anexo 2, p.13. [19] Alain Touraine: Después de la crisis. Por un futuro sin marginación, Paidós, Barcelona, 2011, p.63. [20] Edgar Morin: La vía. Para el futuro de la humanidad, Paidós, Barcelona, 2011, p. 57. [21] Immanuel Wallerstein: “Latinoamérica y los movimientos antisistémicos”, en Toni Negri y otros: I Ciclo de seminarios internacionales. Pensando desde Bolivia. Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia, La Paz, 2010, p. 326. [22] Aníbal Quijano: “Bien vivir: entre el “desarrollo” y la des/colonialidad del poder”, Ecuador debate, N° 84, Quito, 2011, p. 82. [23] Pierre Bourdieu: “Le capital social. Notes provisoires” Actes de la Recherche en Sciences


Julio Mejía Navarrete

Sociales, Vol. 31, 1980, pp. 2, http://www.persee.fr/ web/revues/home/prescript/article/arss_03355322_1980_num_31_1_2069 [24] La idea de la responsabilidad social es un producto del desarrollo de la modernidad, posee un carácter ético porque se refiere a las consecuencias sociales de las decisiones que toma el individuo en la sociedad. Se puede rastrear sus orígenes, aunque el término no aparezca, en Adam Smith: Teoría de los sentimientos morales, Alianza Editorial, Madrid, 1977. El concepto se delimita con Friedrich Nietzsche: La genealogía de la moral. Un escrito polémico, Alianza Editorial, Madrid, 1997, pp.78 – 79. Sin embargo, corresponde a Weber introducir el término “ética de la responsabilidad” y lo define desde la perspectiva de la acción social, entendida en términos de la conducta individual. Max Weber: Economía y sociedad. Esbozo de sociología comprensiva, FCE, México, 1984, pp. 7-20. Una discusión sobre el tema en Julio Mejía: “Ética de la responsabilidad en los tiempos contemporáneos: consideraciones centrales”, Paradigmas, Vol. 3, N° 1, UNITEC, Bogotá, 2011. [25] Gilles Lipovetsky: La era del vacío: ensayos sobre el individualismo contemporáneo, Anagrama, Madrid, 2003. [26] Zygmunt Bauman: Mundo de consumo. Ética del individuo en la aldea global, Paidós, Buenos Aires, 2010, p. 80. También del mismo autor El arte de la vida. De la vida como obra de arte, Paidós, Buenos Aires, 2009, p. 131. [27] Edgar Morin y Mauro Ceruti: Nuestra Europa. ¿Qué podemos esperar? ¿Qué podemos hacer?, Paidós, Barcelona, 2013, p. 101. [28] Tzvetan Tododrov: El espíritu de la ilustración, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2014, p. 77.

normas, ni convenciones, aspiraba a una existencia sobria, sin ornamentos, ni artificios y se buscaba la autenticidad. Contario al cinismo difuso de la modernidad tardía. [31] Zygmunt Bauman e Leonidas Donskis: Cegueira moral. A perda da sensibilidades na modernidade líquida, Zahar, Rio de Janeiro, 2013. [32] Aníbal Quijano: “Colonialidad del poder y subjetividad en América Latina”, en Carmen Pimentel (Organizadora): Poder, ciudadanía, derechos humanos y salud mental en el Perú, Cecosam, Lima, 2009, pp. 14 – 25. [33] Juan Carlos Ubilluz: Los nuevos súbditos. Cinismo y perversión en la sociedad contemporánea, IEP, Lima, 2006, pp. 74-75. [34] Georg Simmel: Filosofía del dinero, Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1976, p. 298. [35] Franz Hinkelammert: El nihilismo al desnudo. Los tiempos de la globalización, LOM, Santiago, 2001, pp.105 -111. [36] Enrique Dussel: “Estado de guerra” permanente y razón cínica”, Revista Herramienta, Nº 21, Buenos Aires, 2002/2003. [37] Enrique Dussel: 16 Tesis de economía política: Interpretación filosófica, Siglo XXI, México, 2014, pp. 14-15. [38] Humberto Maturana: Del ser al hacer. Los orígenes de la biología del conocer, J.C.SÁEZ, Santiago, 2004, pp. 103-104. [39] Aníbal Quijano: “Bien vivir: entre el “desarrollo” y la des/colonialidad del poder”. Ecuador Debate, N° 84, Quito, 2011, p. 82.

[29]Peter Sloterdijk: Crítica de la razón cínica, Ediciones Siruela, Madrid, 2003. [30]Los orígenes del cinismo se remontan a la Grecia antigua, expresada en la escuela filosófica liderada por Antístenes, que reivindicaba la vida natural, sin

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cuestiones geopolíticas en américa latina


ELECCIONES EEUU 2016 Introducción El triunfo de Donald Trump en las elecciones en EEUU sorprendió a los más incautos. Una sorpresa a medias para el establishment, los especuladores de Wall Street y del City de Londres y, además, paradójicamente, para los movimientos de izquierda en el mundo y los ‘progresistas’ en EEUU. Trump promete cambios profundos en estilo, pero, a la vez, ‘más de lo mismo’ en la política global de despojo. Los resultados electorales fueron ambiguos. Trump ganó en el decisivo conteo del Colegio Electoral, pero perdió en el voto popular. El presidente electo también ha generado mucho miedo en sectores amplios de la población. Mujeres, afroamericanos, migrantes latinoamericanos (‘latinos’) y jóvenes se sienten vulnerables. El discurso de Trump los excluye y discrimina. El futuro mandatario modificó la correlación de fuerzas electorales en EEUU, arrebatándole a los demócratas segmentos claves de la población. Los analistas se preguntan si Trump ahora es el paladín de la clase obrera norteamericana. Los gobiernos neoliberales – especialmente en Europa y América latina – consideran que Trump representa lo peor para el futuro de sus políticas de apertura y globalización. Los gobiernos progresistas lo perciben como una amenaza a sus avances sociales. Al final de este artículo veremos con más detalle el futuro de las relaciones de EEUU con América latina. Resultados Un análisis de los resultados de las elecciones del 8 de noviembre arroja un cambio significativo en las preferencias partidistas de los distintos segmentos que componen la población de

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EEUU. Una parte significativa de la clase obrera (sin importar que estrato) y muchos pequeños y medianos empresarios, que, desde la gran depresión de la década de 1930, votaban para el Partido Demócrata, se pasaron al bando del nuevo Partido Republicano de Trump. La gran influencia política de la maquinaria sindical entre los trabajadores ha disminuido. Igualmente, las asociaciones se han disuelto en gran medida. Incluso, los pequeños y medianos agricultores relativamente conservadores se radicalizaron aún más inclinándose a favor de Trump. Las encuestas que se publican en EEUU privilegian categorías no clasistas como etnia, sexo y edad. El voto étnico de los afroamericanos y de origen latinoamericano (‘latino’) no favoreció a Trump, pero su apoyo al Partido Demócrata decepcionó. El voto femenino favoreció a Hillary Clinton, candidata demócrata, pero su contribución no fue contundente. Los jóvenes también se mostraron contrarios a Trump, pero no salieron a votar a favor de Clinton en las cantidades que se esperaba. Un total de 250 millones de norteamericanos estaban habilitados para votar. Sólo votaron 120 millones. Más de 55 por ciento del electorado se abstuvo. Importantes sectores de afroamericanos y ‘latinos’, mujeres y jóvenes no llegaron a las urnas y sellaron el triunfo de Trump. Estos movimientos – clasistas y demográficas – fueron cruciales en el triunfo de Trump en los estados decisivos. Mientras que Obama ganó en Florida y Carolina del Sur en 2012, en estas elecciones ganó Trump. En los estados tradicionalmente industriales – Pensilvania, Ohio, Michigan y Wisconsin – donde se esperaba que ganaran los demócratas – también triunfó Trump. En todos los estados mencionados, Trump ganó por márgenes muy estrechos, acumulando todos los delegados del Colegio Electoral. Clinton ganó en estados populosos como California y Nueva York que le dio una mayoría del voto popular nacional.


Marco A. Gandásegui

Impacto sobre la correlación de fuerzas al interior de EEUU Trump llegará a la Casa Blanca con un Congreso a su favor y con la llave para nombrar a un magistrado a la Corte Suprema que responda a sus intereses. El magnate de Manhattan, sin embargo, tiene fuertes diferencias con los conservadores, evangelistas y otros sectores del Partido Republicano, tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes. Si quiere imponer su estilo de gobierno – regulación industrial, armamentismo (aventuras militares), incrementos salariales, tratados comerciales, migraciones y otras políticas – tendrá que negociar muy duro tanto con republicanos como con demócratas. Durante la campaña hizo énfasis que la negociación era su fuerte. Donde no tendrá problemas en el Congreso es en los recortes de impuestos que les prometió a los millonarios. El nombramiento de un magistrado en la Corte será otra batalla que levantará mucha controversia. Actualmente, hay cuatro magistrados ‘conservadores’ y otro número igual de ‘liberales’. Hay una silla vacante. El candidato que proponga Trump quizás no sea ni de una tendencia u otra. Más bien, podría ser un candidato que responda a la política del nuevo presidente. ‘Su’ magistrado sería la balanza del poder. La gran masa de obreros ‘blancos’ golpeados por las políticas neoliberales y la ‘depresión secular’, se sienten seguros que las políticas de Trump los sacarán de su actual miseria. Lo mismo creen los pequeños empresarios y agricultores. ‘Su hombre’ está en la Casa Blanca y tiene que actuar en consecuencia a todas sus promesas. Por otro lado, los afro-americanos sienten que Trump es un aliado de los ultra racistas asociados al Ku-Klux-Klan. Los ‘latinos’ sienten que el nuevo presidente iniciará una cacería contra los llamados migrantes ‘ilegales’.

El elefante que se paseará por el ‘Oval Office’ es Wall Street y el establishment. Tienen el ‘sartén por el mango’. Sin embargo, Trump ya demostró que puede llevarse el sartén sin preocuparse del mango. Nuevamente, se desatarán negociaciones en que Trump manejará a los diferentes sectores en un nuevo tablero. Los otros segmentos tendrán que ver como construyen nuevas alianzas. El terrorismo interno y la cuestión musulmana se convirtieron para Trump en una carta política que dividió a EEUU. El primero se asoció con la libertad de portar armas por parte de los individuos (incluso de guerra) y la segunda con la discriminación abierta a la creciente población de origen árabe que el presidente electo identifica como ‘terroristas islámicos’. Esta posición le ganó el título de xenófoba. Cambios en la política exterior de EEUU A lo largo de la campaña electoral, Trump delineó su política exterior haciendo énfasis en lo que él consideraba que eran los errores del presidente Obama. En primer lugar, enfatizaba lo que llamaba las debilidades de Washington con relación a China. Sus críticas se centraban en lo económico, militar e, incluso, diplomático. Segundo, parecía tener un Plan B para enfrentar a Rusia, país que no se ajustó a las políticas de EEUU después de la implosión soviética. Tercero, en relación con los aliados tradicionales de Washington (Europa occidental y Japón), amenazó con exigirles mayor reciprocidad en cuanto a sus compromisos económicos. Trump exigió en sus discursos que cada uno de los países de la OTAN (y de paso Japón) tenía que desembolsar más recursos para cubrir los costos de su defensa y proyección global. Trump rechaza las tesis de ‘poder inteligente’ y ‘liderazgo desde la retaguardia’, nociones muy cercanas a Obama y Clinton. Durante sus giras por todo EEUU desde principios de 2015, su lema era que acabaría de una vez con el “Estado

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Islámico” mediante una movilización militar de gran envergadura. Aunque se declaró contrario a la invasión de Afganistán y de Iraq, no pretende retirar tropas de la región. Insinúa que podría negociar con Rusia el futuro de Siria y su actual gobierno. Al mismo tiempo, se declara menos entusiasta con el papel que juega Israel en el Medio Oriente. El área que más genera conflictos con el establishment y los aliados de EEUU a escala global es su política en torno al comercio exterior. Los trabajadores norteamericanos, en cambio, ven esta posición como la panacea y la solución a los problemas de desempleo. Trump es acusado de nacionalista y proteccionista. Reconoce que EEUU ha perdido su poder de antaño, especialmente en el campo de la producción. Sin embargo, está seguro que el poder militar de EEUU puede compensar la declinación económica. Ya anunció que pondrá fin a los tratados comerciales que ha negociado EEUU en los últimos 20 años: desde NAFTA hasta el TTP. Someterá las relaciones con China a un nuevo terreno más favorable a los intereses de EEUU. Politicamente, promete a quienes votaron por él que EEUU será grande nuevamente. Trump se ha alejado de las propuestas geopolíticas que dominan al establishment: Arrinconar a Rusia y mantener bajo control a China. Pareciera que quiere convertir a Rusia en un aliado menor (como Japón y Alemania), especialmente para rodear a Pekín y neutralizar sus planes de expansión euroasiáticos. El futuro a corto plazo (próximos 2 años) de las relaciones con América Latina La política exterior de EEUU hacia América latina tuvo su momento de mayor auge después de la Revolución cubana (1959), cuando Kennedy lanzó “La alianza para el progreso”. El fracaso de esta iniciativa introdujo una serie de golpes y regímenes militares de fines de la década de

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1960 hasta principios de la década de 1990. En aquella época el consejero Henry Kissinger se destacó por su labor represiva. Su sucesor, Zbigniew Brzezinski, en la década de 1980, declaró que EEUU no tenía política exterior hacia América latina porque era considerada como parte interior de la gran potencia. En sus ocho años de gobierno, Barack Obama, tuvo muy pocas iniciativas que involucraran a la región. Excepciones importantes fueron la tímida apertura diplomática con Cuba, la intervención en Venezuela, la deportación de ‘ilegales’ y el programa ‘Prosperidad’ con los países del triángulo norte de Centro América. Al mismo tiempo, EEUU extendió su presencia militar en casi todos los países y sembró oficinas de la DEA en las diferentes capitales. Los golpes de palacio y parlamentarios sentaron la pauta de lo que Hillary Clinton bautizó como ‘poder inteligente’. Según las propuestas hechas por Trump, la política exterior hacia América latina cambiará mucho en intensidad, pero poco en objetivos. Comenzará revisando el tratado de libre comercio con México (NAFTA), promete profundizar la persecución de migrantes mexicanos y centroamericanos (que constituyen la mano de obra barata de los miles de pequeños y medianos empresarios de EEUU) y acelerará las negociaciones con Cuba con la intención de lograr un ‘cambio de régimen’ en la isla. Con la región en su conjunto tratará de imponer condiciones políticas favorables a Washington, torciendo brazos si es necesario. En el caso de los países del ALCA – Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua – iniciará una política de estrangulamiento económico acompañado por fuerza militar, si es necesaria. Colombia y Centro América pasarán a formar parte de la lista de ‘estados fallidos’ que pasarán a ser objeto de una mayor desestabilización. Trump delegará en un equipo curtido por su experiencia en los gobiernos de Bush (hijo) para manejar su política hacia América latina.


Marco A. Gandásegui

Rusia y China podrían intervenir, especialmente en el caso de Cuba, para mitigar la ofensiva de Trump. Cierre

serán considerados como los ‘otros’. Trump declarará oficialmente, en enero de 2017, la guerra de clases envuelta en una sábana de colores, género y edades.

Trump ha definido con claridad su línea política. Sin embargo, en cada uno de los planteamientos (fronteras, comercio exterior, salud y otros) depende de la forma en que decide abordar el problema para conocer el desenlace y el grado de conflicto que generará. Su posición contraria al programa de salud de Obama puede llevarlo a disminuir la inversión pública o a multiplicarla. En materia de comercio exterior, ¿beneficiará a los trabajadores golpeados por la ‘externalización’ o sólo beneficiará a las grandes corporaciones que hacen negocios en un mercado global? ¿Cerrará la frontera con México, expulsando a 10 millones de migrantes ilegales y perjudicando a los pequeños y medianos empresarios? Muchos de sus seguidores dicen que ‘la muralla’ es más simbólica que real. Los nombramientos que haga Trump en las secretarías de Estado y Defensa, así como su Jefe de Gabinete, serán estratégicos. Si sus selecciones son representativas de los sectores más radicales del gobierno de Bush (hijo) se sabrá hacía donde se mueve su gestión. Puede, en cambio, optar por nombrar funcionarios claves provenientes de sus vínculos con políticos más ‘pragmáticos’ cercanos al establishment. En todo caso, Trump representa un estilo nuevo – inédito – en Washington. Ha empoderado a los capitalistas y a los trabajadores proteccionistas que le exigirán que cumpla con sus promesas nacionalistas. Ha declarado personas non gratas a quienes no reúnen las características estereotipadas que ha creado Hollywood en torno a la familia norteamericana: blanca, disciplinada y obediente. Ya existe en EEUU una concepción hegemónica en torno a los ‘diferentes’: son minorías que en la Casa Blanca

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Entre el desacuerdo y el fascismo societal invertido. Elecciones e imaginario democrático en Estados Unidos Entre el desacuerdo y el fascismo societal invertido. Elecciones e imaginario democrático en Estados Unidos. El desacuerdo no es el desconocimiento. El concepto de desconocimiento supone que uno u otro de los interlocutores -ambos por el efecto de una simple ignorancia-, de un disimulo concertado o de una ilusión constitutiva no saben lo que dicen o lo que dice el otro. Tampoco es el malentendido que descansa en la imprecisión de las palabras. Jacques Rancière, El desacuerdo El interés que despierta el proceso electoral estadounidense allende de sus fronteras, reside en valorar dificultades, alcances y potencialidades que enfrenta el imaginario democrático como aspiración legítima en el mundo. Además, esta coyuntura sirve para dimensionar el rol jugado por las elecciones, particularmente las presidenciales, en las tensiones vividas entre el régimen social –como estructura de valores de aceptación o rechazo de diversos formatos de convivencia que cuentan con una base materialy el régimen político –como forma de procesar el desacuerdo, y encontrar espacios de consenso, a través del ejercicio de un poder gubernamental, capaz de sustentar las instituciones del Estado y de simultáneamente, reconocer las acciones colectivas que cuestionan el orden establecido. El paradigma democrático, cuya versión más acabada se publicita y refiere al caso estadounidense, fue duramente sacudido por el estiramiento de esas tensiones antes, durante, y seguirán después del reciente proceso electoral en ese país. Sheldon S. Wolin, en su obra Democracia S. A. La democracia dirigida y el fantasma del totalitarismo invertido, plantea la tesis de que la democracia de Estados Unidos no ha llegado a consolidarse, pues a comienzos del siglo XXI parece estar controlada por un totalitarismo

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invertido que es ejercido por un superpoder. El concepto de totalitarismo invertido se refiere al poder político interno o doméstico, en el que se combina el poder estatal con diversas aunque concentradas formas de poder privado, que se configuran en regímenes sociales corporativos empresariales. Es un concepto cercano al de fascismo societal, que se propone Boaventura de Sousa Santos, en cuanto que no se trata de una calca actualizada del fascismo como régimen político, pues la ficción democrática actual simula las distancias con el nazismo u otras formas de fascismo en la historia mundial reciente, sino que se instaura un régimen social que impone su agenda pública desde el autoritarismo “moral”, la idea de superioridad racial, el totalitarismo del mercado, en y desde relaciones sociales que capturan e intentan legitimarlo en el espacio sociopolítico. Totalitarismo invertido, o fascismo societal, giran en torno de un superpoder, o poder fáctico del dinero, que representa la antítesis del poder constitucional en lo interno, pero que también enfrenta a la paradoja histórica de que Estados Unidos es, al mismo tiempo, una democracia y un imperio. De ahí su desprecio del derecho internacional, y su representación como centro del mundo, pues el superpoder que detenta la única y actual potencia mundial estratégica se proyecta como totalitarismo invertido a reproducirse como hegemónico. En esta campaña electoral de 2016 se acentúo, más que en las elecciones presidenciales precedentes, la liga entre la agenda doméstica y la agenda internacional. Pero, ninguno de los candidatos se preguntó sobre la legitimidad del superpoder. En los temas debatidos se dio por sentado que la acción de la súper potencia frente al mundo no es cuestionable, pues se trata de subordinar los imperativos de la política exterior al mantenimiento del totalitarismo invertido al servicio de los objetivos de la agenda doméstica; nulos planteamientos sobre el papel de las Naciones Unidas, ignorancia sobre la importancia de la paz en el mundo y sobre el reconocimiento del derecho internacional.


Jaime A. Preciado Coronado

En todo caso, hubo matices en las posiciones de los dos principales candidatos presidenciales: los puntos que destacaron en lo internacional, fueron el terrorismo 57% y los migrantes 64% para los electores de Trump, mientras que los electores de la Sra. Clinton, mostraron su preocupación por la economía 52% y la política exterior, 62%. En el caso de Trump, una conjugación de miedo y reclamo al otro impulsó una campaña de condena al inmigrante por amenazar la supremacía blanca en las áreas para enfrentar la crisis: empleo, destino del gasto público, esferas de representación electa. La prometida expulsión de más de 12 millones de inmigrantes de Estados Unidos, atrajo el voto de una población sujetada por el fascismo societal, temerosa del diferente al que se criminaliza por su origen étnico, nacional, racial. Su trágica expresión, la construcción del muro en su frontera con México, a expensas de la hacienda pública de ese país. Además, la lucha contra el terrorismo, igualmente se tradujo en la simplificación del enemigo en el Islam y su expresión amenazante el Estado Islámico (ISIS). Aquí se combinó el pragmatismo de la política internacional, al acercarse a Rusia para ese combate, dejando de lado las diferencias en el ideario democrático, y la expulsión-confinamiento de toda la población musulmana que por su religión es sospechosa de apoyar al terrorismo de ISIS. El voto demócrata por Clinton, se fundó sobre una política exterior que ofreció un análisis convencional desde la racionalidad del mainframe diplomático. Aunque sus argumentos distinguieron la diversidad del mundo musulmán, con la finalidad de legitimar sus alianzas con las corrientes islámicas más afines, sobre todo en el caso de Siria, la proyección del superpoder reforzado dominó el discurso electoral de confrontación con Rusia, en una suerte de reedición de la Guerra Fría. Otro matiz importante frente a Trump, fue la apertura doméstica liberal frente a los inmigrantes de todo el mundo, particularmente respecto de los latinos y de

la eventual oferta para los refugiados por la guerra en Siria. Temas que si bien satisficieron a su electorado, fueron usados como boomerang por Trump, para descalificar a su contrincante. Aunque este último capitalizó el miedo frente al otro, ambos candidatos fueron víctimas del uso político totalitario invertido de la doctrina anti terrorista; de acuerdo con Wolin, el anti terrorismo, es “la base de una teología política, una comunión en torno del cuerpo místico de una república belicosa, una advertencia contra la apostasía política, una santificación del líder de la nación”. El totalitarismo invertido que concibe Wolin, aleja a la sociedad del imaginario constitucional, desvaloriza e impide formatos de autogobierno y limita el debate público ponderado –entre ciudadanos iguales ante la ley–, lo cual conduce a una democracia dirigida donde hay restricciones para una participación ciudadana real y eficaz. El gobierno basado sobre el bipartidismo, que bien expresaría un régimen de partido único, tiene como interlocutores privilegiados a los poderes fácticos corporativizados. Pero, si bien el dinero fue el gran elector el 8 de noviembre de 2016, este proceso electoral decantó dos posiciones extremas en los actores del superpoder: el bloque globalizador liberal corporativo, encabezado por Clinton, y la apuesta por una opción proteccionista, nacionalista y conservadora, que comanda Donald Trump. Su contraparte en la política doméstica, correspondió a una posición liberal apoyada por la coalición política gobernante y el establishment político, frente a una dramática actualización del conservadurismo, sobre la base de rasgos definitivamente propios del fascismo societal: suprematismo blanco, racismo, discriminación, régimen patriarcal machista, factores aglutinados en una teología política puritana, mesiánica, aunque no exenta de cierta hipocresía solapada por la moral protestante y católica.

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El triunfo de esa coalición puritana conservadora, se expresó en los resultados electorales, comparados al total de cada indicador: el voto trumpista mayoritario fue entre los hombres (53%), casados (58%), blancos (58%), evangélicos (81%), así como entre protestantes (58%) y católicos (52%). La población de entre 45 y 64 años o mayor de 65, otorgó el 53% a Trump, quien ganó también entre la población con menores estudios y entre blancos no universitarios, estos últimos en un 67%. Hillary obtuvo el 88% del electorado negro. Paradójicamente, el magnate empresarial no ganó entre la población de menores ingresos, pero si obtuvo mayoría entre los sectores que ganaron 50 mil dólares y más. Asimismo, ganó al electorado que percibe peor su situación económica en comparación de 2015, ¡en un 78%! Porcentaje aún mayor cuando se refiere a la expectativa de que Trump podría traer el cambio en la situación individual: ¡81%! Este candidato atrajo el 62% del voto rural y el 50% en los suburbios. El nuevo mapa electoral de 2016, es producto de un cambio fundamental producido por el ascenso del puritanismo conservador. Cambió el sentido y contenido de las campañas electorales; la videopolítica, o la tecnopolítica, se enfocaron en las emociones, subyugando así la mercadotecnia electoral tradicionalmente orientada por el rational y el public choice. Trump marcó esta tendencia, gracias a que su campaña apeló a lo que Juan Eduardo Romero, llama la Opinión Pública Discursiva –consistente en campañas de contraste que atrajeron y polarizaron la agenda de su adversaria hacia el discurso de Trump, aún que él contó con relativamente menores recursos financieros publicitarios-, más que a la Opinión Pública Agregada, que depende del financiamiento directo en massmedia[2]. Los resultados electorales produjeron un complejo mapa cuyo trasfondo no dependió de las tradicionales variables socioeconómicas referentes a tendencias generales del salario, del empleo, de la educación, de la salud.

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Alberto Aziz, politólogo mexicano, reconoce que la sociología electoral es incapaz de registrar el impacto incierto y volátil de la crisis global y sistémica en torno del debate sobre la desigualdad social: ¿cómo medir el fanatismo, el enojo de las personas que perdieron su casa y su empleo, el empobrecimiento y deterioro de la clase media transformados en desconfianza o desapego del sistema político? Junto con la desafección política expresada en el tradicional abstencionismo y el desencanto frente a ambos candidatos presidenciales, de electores que no creyeron en el voto útil por “el menos peor”, habrá que buscar la explicación en la incapacidad del sistema político para procesar el desacuerdo, en la creación de una cultura política sobre el populismo de origen puritano, “nativista”, que hizo creer en Trump como portador de soluciones para un electorado focalizado estratégicamente desde una matriz interna de la colonialidad del poder. Racismo, machismo patriarcal, caudillismo de corte mesiánico. La salvación de unos frente a la discriminación y exclusión de otros. A diferencia de otras elecciones presidenciales, ahora se registran conflictos postelectorales de distinto tipo. Cientos de miles se manifiestan en diversas ciudades de la Unión Americana contra la elección de Trump. Su discurso debate la legitimidad gubernamental, al mismo tiempo que denuncian los riesgos del totalitarismo invertido o fascismo societal, que se instaura en la presidencia de la súper potencia del norte. Se criminaliza la protesta pública, se teme por la naturalización de la tortura, la violación de derechos humanos y la prolongación de la guerra como motor de la economía estadounidense. Una falsa esperanza cimbrada por el autoritarismo racista y machista, hace desconfiar de las aparentes soluciones ofrecidas por un Trump más parecido a un Reality Show, al estilo Silvio Berlusconi en Italia, que a un Jefe de Estado. El horizonte sociopolítico, estadounidense y mundial, se modela bajo nuevos parámetros: 1) la superación ética de lo público estatal por lo público social, pues de


Jaime A. Preciado Coronado

acuerdo con Wolin (2006), “no se puede practicar consistentemente la vocación pública de decir la verdad si no se respeta la integridad intelectual de manera pública y privada”. 2) La identificación desde lo común de las fuentes y estrategias para combatir la desigualdad mediante redes de confianza, solidaridad y apoyo mutuo, más allá del sistema bipartidista, desde el imaginario constitucional e instituyente. 3) Democratizar la democracia desde una ciudadanía intercultural, con enfoque de género y simultáneamente, robustecer la democracia local. Una lectura geopolítica interna y externa que enfrente la oposición y desigualdad rural y suburbana contra la metrópoli, abierta al potencial transformador de las y los jóvenes, quienes serán los mejores opositores al totalitarismo invertido que amenaza su libertad creativa y espontánea.

primer lugar respecto del costo por cada votante potencial (25 USD) y Estados Unidos, el segundo lugar (cerca de 12 USD).

Referencias Aziz Nassif, Alberto (2016) “Un día importante”, diario El Universal, México, 8 de noviembre. Romero, Juan Eduardo (2016) “Triunfo de Trump: ¿Cómo entender lo que pasó?”, ALAI-AMLATINA, 9 de noviembre. Rancière, Jacques (1996) El desacuerdo. Política y filosofía, Ediciones Nueva Visión, Colección Diagonal, Buenos Aires, Argentina. Wolin, Sheldon S. (2008), Democracia S. A. La democracia dirigida y el fantasma del totalitarismo invertido, traducción de Silvia Villegas, Katz Editores, Buenos Aires, Argentina. [1] Profesor-Investigador del Departamento de Estudios Ibéricos y Latinoamericanos, Universidad de Guadalajara. Presidente de ALAS de 2007 a 2009. [2] Con más de 2 mil 500 millones de dólares, las campañas electorales presidenciales estadounidenses son las más costosas del mundo, aunque en términos relativos, México ocupa el

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Estados Unidos y América Latina: Balance de la administración Obama y perspectivas con la elección de Donald Trump La Doctrina Obama Desde que llegó al gobierno, Barack Obama enfrentó constantes críticas a su actuación internacional, especialmente de círculos conservadores próximos al Partido Republicano, acusándolo de promover, por opción o inaptitud, la pérdida del liderazgo conquistado por EE.UU. después de la victoria en la Guerra Fría. Ejemplos más recientes serían la normalización diplomática con Cuba en diciembre de 2014, aprobada por todos los presidentes en la Cumbre de las Américas de Panamá, y los acuerdos con Irán en julio de 2015 patrocinados por el Consejo de Seguridad de la ONU junto con Alemania, que limitan y supervisan por 25 años el programa de enriquecimiento de uranio en contrapartida del levantamiento de sanciones contra el país. Ciertamente no es esa la visión de Obama sobre su política, que ve el activismo del período Bush como inadecuado a un escenario en que EE.UU. padecen las limitaciones impuestas por la crisis financiera deflagrada en 2008, el ascenso de potencias que en el campo económico proyectan un mundo multipolar, y la pérdida de legitimidad internacional de alocuciones abiertamente hegemonistas. El liderazgo estadounidense proyectado por Obama se presenta como resultado necesario de una adecuación realista entre objetivos y recursos nacionales disponibles, contemplando la búsqueda pragmática de alianzas con gobiernos en que se vislumbra una disposición al diálogo. Charles Kupchan sitúa esa postura como parte de una racionalidad en que transformar “enemigos en amigos” se torna una apuesta más segura que la confrontación y el aislamiento, “colocando la agenda de democratización en segundo plano y basando la diplomacia de EE.UU. con relación a otros Estados en su comportamiento externo, no en su tipo de régimen. Inclusive regímenes represivos pueden ser confiablemente cooperativos cuando se trata de su conducción de la política exterior”[2]. 124

Esa visión asume características más definidas en el segundo mandato, con los ejemplos ya mencionados de Irán y Cuba. En 2015, el propio presidente expone, en entrevista a Thomas Friedman, lo que sería la “Doctrina Obama” aplicada a esos dos países: “nos comprometemos, pero sin perder ninguna de nuestras capacidades[3]”. En el caso de Cuba: Podemos probar la posibilidad de un acuerdo que tenga resultados positivos para el pueblo cubano y sin demasiado riesgo para nosotros. Es un país diminuto. No es un país que amenace nuestros intereses centrales en materia de seguridad, y por lo tanto no hay razón para no intentarlo. Y si resulta que después no conduce a nada bueno, siempre podremos ajustar nuestra política (Friedman, óp. Cit.). La postura con relación a Cuba no se traslada a Venezuela, principal foco de conflicto bilateral en la región desde la administración Bush. En medio a una coyuntura de limitaciones económicas y fortalecimiento de la oposición que obtiene mayoría en el parlamento en las elecciones de diciembre de 2015, Obama amplía presiones para una salida negociada de la crisis, en que la abreviatura del mandato de Nicolás Maduro entra como punto destacado de la pauta. En el ámbito sudamericano, cuenta con escenario favorable impulsado por los cambios de gobierno en Argentina y Brasil, en que la elección de Mauricio Macri y el impeachment de Dilma Rousseff establecen nuevos rumbos en la política exterior: Macri cumple promesa de campaña de solicitar la aplicación de la cláusula democrática del MERCOSUR; en agosto, acción conjunta de las cancillerías argentina, brasileña y paraguaya se oponen al derecho venezolano, que cuenta con apoyo uruguayo, de acceder a la presidencia rotativa del bloque. En contexto en que la oposición impulsa el referéndum revocatorio del presidente, la acción de los dos ex aliados sudamericanos genera mayor aislamiento del proceso bolivariano, ensanchando el campo de ascendencia estadounidense.


Luis Fernando Ayerbe

Balance y perspectivas a partir de la elección de Donald Trump Relativizando evaluaciones reduccionistas por parte del espectro más conservador Republicano sobre claudicaciones del presidente saliente al liderazgo internacional del país, el escenario regional presenta variaciones más complejas. Una combinación de circunstancias económicas y polarizaciones políticas que debilitan gobiernos críticos de la influencia de EE.UU., paralelamente a la aplicación a Cuba de “doctrina de transformación de enemigos en amigos”, buscando distender tema que generaba aislamiento en el entorno hemisférico, revelan un contexto más propicio a la proyección de intereses estadounidenses del que Obama encontró en 2009. De hecho, EE.UU. cuenta con cuatro aliados fundamentales entre los países considerados estratégicos por el tamaño de su economía e influencia sub-regional: Argentina, Brasil, Colombia y México, con probables consecuencias en los posicionamientos políticos de organismos en que no está directamente representado, como UNASUR y CELAC. Frente a esa realidad, la victoria del Partido Republicano en las elecciones genera perplejidad. Claramente, el empresario Donald Trump expuso en su campaña diferencias importantes con relación a la candidata Demócrata, Hillary Clinton, en cuyo entorno se alinearon referentes de la administración Bush, componiendo un establishment suprapartidario preocupado con la permanencia del excepcionalismo estadounidense, que se consideró amenazado por tendencias aislacionistas explicitadas por Trump en alocuciones cuestionando acuerdos económicos y apoyos militares a aliados tradicionales[4]. En el ámbito de las relaciones hemisféricas, frente a la esperada continuidad de Clinton en los lineamientos fundamentales de su antecesor, se contraponen incertidumbres caso se cumplan promesas de expulsión masiva de extranjeros indocumentados, barreras

a la inmigración llevadas al paroxismo por construcción de muro separando EE.UU. de México, y revisión de tratados comerciales. Tanto las restricciones migratorias o el cuestionamiento de acuerdos, que impactaría principalmente en el Tratado de Libre-Comercio de América del Norte (TLCAN), son temas que afectan en primer término las relaciones con México, América Central y Caribe, territorios sensibles de la percepción de seguridad desde la administración de George W. Bush, en que las iniciativas Mérida, de Seguridad Regional Centro-americana, y de Seguridad para la Cuenca del Caribe, concentran parte significativa de los recursos destinados por el Departamento de Estado para el Hemisferio[5]. Las posiciones contradictorias con relación a la normalización diplomática con Cuba, primero declarando que no habría alteraciones substanciales, anunciando posteriormente que revertirá el proceso iniciado por Obama si no se producen cambios políticos en la Isla, acompañaron una lógica electoral que valorizó apoyos en sectores de la comunidad cubano-americana, principalmente del Estado de Florida. En sentido contrario, su proclamado aislacionismo figurado en el slogan America First, podrá implicar en ausencia de interés por unilateralismos que comprometan esas iniciativas, o de intervencionismo abierto en Venezuela, asumiendo costos de indisposición con el entorno regional favorable de alianzas antes destacado, en que prevalecen consensos sobre la importancia de la gobernabilidad asociada a la distención. Al momento en que concluimos este artículo, la diversidad de nombres citados para ocupar la Secretaría de Estado expresa oscilaciones entre los dos lineamientos destacados: 1) John Bolton, embajador en Naciones Unidas durante el segundo mandato de George W. Bush, representativo de sectores que piensan el mundo en lógicas antagonistas del anticomunismo de la Guerra Fría, de confianza imperturbable en la

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posibilidad de cambios de régimen político desde el exterior en países encuadrados en supuesto campo enemigo; 2) Mitt Romney, que compitió con Obama en las elecciones anteriores para presidente, y Rudolph Giuliani, ex intendente de Nueva York, aunque de clara afiliación al Partido Republicano, carecen de trayectoria o ideario consolidado sobre las relaciones internacionales. La primera posibilidad señalaría un rumbo de fortalecimiento del excepcionalismo en detrimento del aislacionismo, impactando negativamente en iniciativas emblemáticas de la Doctrina Obama, especialmente Cuba e Irán. La segunda abriría un campo de ambigüedad más próximo a lo presentado por Trump en su campaña, sin anticipar un itinerario que pueda ser encuadrado en abordajes pre-definidos de política exterior. Adoptar la primera opción representaría una actualización del unilateralismo Neoconservador de los años Bush[6], tendiendo a generar choque de realidad al enfrentarse a contrapesos provenientes de la multipolaridad. En algunos meses, el empresario pragmático, que ya estará incorporando escenarios de probabilidad de un segundo mandato, podrá ser llevado a alteraciones de rumbo para recomponer consensos comprometidos por improvisada elección de tratamiento y prescripción de remedios con fecha vencida. Ciertamente se trata de un campo especulativo, cabrá aguardar anuncio oficial del equipo ministerial y de directrices más elaboradas sobre la conducción de las relaciones exteriores. No obstante, independientemente de la opción, el sentido general no se altera: son tiempos de reacción conservadora. [1] Coordinador del Instituto de Estudos Econômicos e Internacionais da Universidade Estadual Paulista (IEEI-UNESP)

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[2] Kupchan, Charles 2010 Enemies Into Friends. How the United States Can Court Its Adversaries, Foreign Affairs, Marzo-Abril (https://www. foreignaffairs.com/articles/2010-03-01/ enemies-friends) [3] Friedman, Thomas 2015 Cuba e Irán: por qué pactó Obama, La Nación, 07/04 (http://www. lanacion.com.ar/1782264-cuba-e-iran-porque-pacto-obama) [4] Robinson, Andy 2016 ´Neocon´ vota Clinton, La Vanguardia (Barcelona), 29/08 ( h t t p : // w w w. l a va n g u a r d i a . c o m /e d i c i o n impresa/20160829/404247312455/neoconvota-clinton.html). [5] Ayerbe, Luis Fernando. Estados Unidos y América Latina al final del primer mandato de Obama. In: Jaime Antonio Preciado Coronado (Ed.). Anuario de la integración latinoamericana y caribeña 2012. Guadalajara: Universidad de Guadalajara/University Press of the South/ Ediciones de la Noche, 2015. [6] Ayerbe, Luis Fernando. Los Estados Unidos y la América Latina. La construcción de la Hegemonía (La Habana: Fondo Editorial Casa de las Américas), 2012, capítulo 9.


In Trump we trust. Fundamentalismos religiosos y política en EEUU “In God we trust”, frase explícita en los billetes norteamericanos, y enfatizada para algunos o casi inadvertida (por fuerza de la costumbre) para otros, no resulta casual en un contexto que desde inicios del siglo XX preconizó el fundamentalismo religioso, en la defensa dogmática, literal, inamovible de la palabra de Dios y la Biblia, como su texto sagrado, frente al modernismo y las corrientes liberales que le acompañaban. Argumentos teológicos, originalmente centrados en la defensa de las tradiciones que desde Europa eran cuestionadas por Marx, Darwin, otros, se circunscribieron en principio a discusiones en centros bíblicos y de estudios religiosos, pero abarcaron paulatinamente la esfera pública, para constituirse en eje de debate político vertebral de gran parte del conservadurismo político-religioso en los Estados Unidos. (Cañeque, 2003) A partir de la I Guerra Mundial, el “fundamentalismo” se orientó al enfrentamiento de las “fuerzas del mal”, representadas además por el avance del comunismo y se constituyó en antecedente ideológico de la Nueva Derecha político-religiosa norteamericana (Hill y Owen, 1980) o de la también denominada Nueva Derecha Cristiana (Lebman y Wuthnow, 1979). En la lucha del bien contra el mal, Dios vs Satán, Cristo/ Anticristo, espíritus/ demonios, las identificaciones de la Nueva Derecha Cristiana con el partido republicano han sido muy claras desde mediados de los años sesenta y, la convicción de apoyo al poder del país, en manos de personas con “verdades absolutas” para sanar la sociedad, ha matizado y definido el giro en múltiples procesos electorales. Reagan y Bush, como candidatos que mantendrían firmemente los principios cristianos y valores de las familias americanas, resultaron favorecidos por estos movimientos. “La invocación de la fe para fines de dominación y uso del poderío político-militar es uno de los

Ofelia Pérez Cruz

principios fundamentales de la corporación militar que gobierna al pueblo de los EEUU de Norteamérica” (Palacios, 2015) y el “pueblo elegido por Dios” o “los soldados de Cristo”, entre otras variantes, han resultado epítetos sugestivos para gobernar los destinos del mundo. “Los EEUU hemos sido bendecidos gracias a nuestra fe en Jesús, que es nuestra fuerza y nuestra principal herencia. El mundo entero tiene puestos los ojos en nuestro país y espera que nosotros lo guiemos por el camino moral” (George Bush en Cañeque, 2003) Los citados presidentes y el ala republicana, sin embargo, no han sido los únicos representantes de estas alianzas. A decir de Garaudy (2006), el discurso político-religioso en EEUU muestra rasgos comunes desde Washington hasta Obama y, Norteamérica, según los oligarcas que la dirigen, no ha dejado de ser el brazo armado de la providencia divina. Como señalan Brouwer y Rose el poder de los fundamentalistas evangélicos alineados con la Derecha Cristiana se ha hecho más evidente que nunca en los asuntos sociales, políticos y económicos en los Estados Unidos y en el mundo (Brouwer, Gifford y Rose, 2011). Particularidades asociadas a esta campaña Pese a que un 20% de estadounidenses se declaran sin afiliación religiosa, es un hecho que EEUU continúa siendo un país de alta y variada presencia religiosa, con tradicional primacía protestante que cada vez más incluye y visibiliza la práctica del catolicismo entre las filas y predominio cristiano. Sustentar la sociedad sobre pilares religioso-cristianos se ha mantenido como horizonte programático no solo de los conciudadanos de dicha nación, sino también de sus líderes, en una suerte de identificación y retroalimentación mutua. Poco probable continúa siendo, suponer candidatos presidenciales ateos y a excepción de tres de los presidentes de esa nación, declarados

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abiertamente no religiosos, y un católico, el resto han sido cristianos protestantes, -presbiterianos, bautistas, episcopales-, además de un cuáquero. Si quedó evidenciado que fundamentalistas evangélicos propiciaron la reelección de Bush y pastores protestantes apoyaron la toma de posesión de Obama, el soporte a la campaña de Trump, presbiteriano, aunque con pobre práctica religiosa, no resultó menos relevante. Noam Chomsky, refiriéndose al resultado de las primarias, esboza posibles razones del éxito obtenido por Donald Trump. Apunta el académico que “…haciendo a un lado elementos racistas, ultranacionalistas, y fundamentalistas religiosos (que no son menores), los partidarios de Trump son en su mayoría blancos de clase media-baja, de la clase trabajadora, y con menor educación, gente que ha sido dejada de lado durante los años neoliberales”… “Los salarios reales de la población masculina están a nivel de la década de 1960. El crecimiento económico ha ido a los bolsillos de una pequeña minoría, que vive en un mundo diferente de la gran masa de la población. La inseguridad laboral ha aumentado y esto ha sido el fruto de una decisión consciente…” (Schijman, 2016) El detalle, sin embargo, es que justamente la fórmula de Trump no ha dejado fuera ninguna variable. La presentación “anti-establishment” del empresario de éxito que, con pocos escrúpulos dice lo que piensa y arremete en contra de la fallida cotidianidad políticoeconómica estadounidense, promete la certeza de solución a las insatisfacciones espirituales y materiales precisamente de esa población vulnerable, carente e incluso marginada, que no encuentra opciones y, menos aún soluciones, en los liderazgos actuales. Su propuesta de enaltecimiento y recuperación de una América, económicamente sólida y próspera, resulta para muchos suficientemente atractiva incluso, al punto de minimizar o legitimar en los votantes lo

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efectos de las discriminaciones y enfrentamientos que deberá implicar. El líder republicano, escasamente religioso intenta, sin embargo, aplicar a la política la tradición que ve en el cristianismo un método de autoayuda y asemeja su mensaje al llamado evangelio de la prosperidad, según el cual las iglesias prometen dinero y salud a cambio de fe. No parece casual que uno de los apóstoles de esta corriente teológica, Norman Vincent Peale, a quien públicamente Trump agradece por los cambios que aportó a su vida, haya sido mentor de su campaña, a la vez que resulta interesante el sondeo realizado por Kate Bowler, cuyos resultados identifican con esta corriente a uno de cada cinco cristianos norteamericanos (Kamm, 2016) Ahora, con Trump vencedor, los líderes evangélicos dicen estar seguros de que cumplirá las promesas políticas que hizo, pero no solo a este sector se circunscribe su alcance. “Estaré con ustedes, junto a ustedes y pelearé con ustedes” (Aleteia, 2016),… mensaje dirigido a los católicos, extiende el abanico de influencias del elegido candidato. Su mensaje, poco centrado en lo religioso pero abiertamente patriarcal, homofóbico, antiaborto, machista, racista, xenofóbico, radical, exclusivista,…, ha acaparado el apoyo de líderes fundamentalistas religiosos cristianos de unos y otros matices, que desde el tele-evangelismo se han encargado no solo de difundir y sustentar, sino también de santificar su discurso, como parte de dogmas bíblicos incuestionables. En medio de múltiples manifestaciones populares anti Trump y críticas de republicanos que exigen al nuevo presidente el retorno a las políticas inspiradas por Dios, otros grupos profundamente radicales y archiconocidos por sus postulados y acciones, como los Leales Caballeros Blancos del Ku Klux Klan, de Carolina del Norte, levantan la voz a su favor.


Ofelia Pérez Cruz

Los Leales Caballeros Blancos, que aseguran no ser un grupo de odio, aceptan sin embargo odiar algunas cosas que ciertos grupos hacen “…a nuestra raza y nuestra nación” (La nación, 2016). Ellos, que declararon abiertamente que la raza de Trump unió a su gente y convocaron a desfilar el 3 de diciembre para celebrar la victoria del candidato republicano en la presidencia estadounidense, apuntaron: “Nuestro objetivo es devolver América a la nación cristiana blanca”… “Esto no significa que queremos nada malo suceda a las razas más oscuras. Simplemente queremos vivir separados de ellos”. (La nación, 2016). Desde otros espacios, como internet y, de manera similar, el grupo Alt Right o también conocido como derecha Troll, respalda al nuevo presidente.

“Voy a defender sus libertades religiosas y el derecho de ejercer plena y libremente su religión, como individuos, propietarios de negocios e instituciones académicas.” (Barranco, 2016)

Obviamente mucho queda por ver, escuchar y decir. Por lo pronto, numerosos temas quedan en el tintero. Junto a lo antes señalado vale advertir sobre polémicas que ya se suscitan y continuarán, en torno a asuntos tradicionalmente sensibles tales como la separación Iglesia Estado y la Libertad religiosa, entre otros.

Aleteia, 2016, https://laicismo.org/2016/ trump-corteja-el-voto-catolico-estare-porustedes-junto-a-ustedes-y-peleare-conustedes/153229

El primero de ellos, a decir de William McLoughlin, (Navarro-Valls, 2016) no fue el de hacer a los americanos libres de la religión, sino más bien el de hacerles oficialmente libres para la práctica de la misma. Y como parte de esto, uno de los llamados del recién electo presidente está dirigido precisamente a rescatar el papel de las iglesias en la vida política del país. Trump prometió: “Lo primero que tenemos que hacer es dar voz de nuevo a nuestras iglesias” (Barranco, 2016). También ofreció nombrar jueces conservadores en la Corte Suprema y se comprometió a derogar la enmienda Johnson, una regla de restricción y multas a pastores que se adhieran a los candidatos desde el púlpito. De otra parte, y escudándose en la Libertad religiosa, el magnate denunció lo que llamó hostilidad al ejercicio de tal derecho y anunció:

A fin de cuentas, parece mostrarse ante nosotros una sociedad donde, desde su nueva dirección, la plataforma religiosa pueda re-legitimarse como argumento y justificativa no solo para establecer el orden y moral de la misma, sino también para fomentar escisiones, rechazos, enfrentamientos, bloquear y retrotraer leyes en todos los ámbitos, incluso en la esfera internacional. Su seguimiento, sin lugar a dudas, resulta ineludible y enfatiza una polémica por resolver: In Trump, we trust? Bibliografía citada:

Barranco, B, 2016, El conservadurismo religioso, clave en el triunfo de Trump, www.jornada.unam. mx/2016/11/16/opinion/019a2pol Brouwer, S, Gifford, P. y Rose, 2011, Exportando el evangelio norteamericano: El fundamentalismo cristiano global, Ed. Caminos, La Habana. Cañeque, C, 2003, El fundamentalismo norteamericano, Fundación Rafael Campalans 7, Hivern. Garaudy, R, 2006, Breve historia de los Estados Unidos, Fundación para la investigación y la cultura, Bogotá. Hill y Owen, 1980, The New Religious Political Right in America, Nashville. Kamm, N, 2016, AFP.

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ELECCIONES%20ESTADOS%20UNIDOS%20 2 0 1 6 % 2 0 % 2 0 D o n a l d % 2 0 Tr u m p % 2 0 predica%20el%20evangelio%20de%20la%20 prosperidad%20_%20Estados%20Unidos%20 _%20EL%20PAÍS. htm La nación: El%20Ku%20Klux%20Klan%20hará%20 un%20desfile%20para%20celebrar%20la%20 victoria%20de%20Donald%20Trump%20-%20 11.11.2016%20-%20LA%20NACION.htm Lebman y Wuthnow, 1979, The New Christian Right, New York, Aldine. Navarro-Vals, R, 2016. El factor religioso en las elecciones de Estados Unidos, /El%20factor%20 religioso%20en%20las%20elecciones%20de%20 Estados%20Unidos%20–%20ZENIT%20–%20 Espanol.htm Palacios J, 2015, Fundamentalismo político/ religioso norteamericano y costarricense, 21 febrero, Opinión 4 Schijman, B, 2016. El miedo y la desesperanza impulsan a Trump: Chomskyfile /El%20miedo%20 y%20la%20desesperanza%20impulsan%20 a%20Trump%20%20Chomsky%20-%20La%20 Jornada.htm

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La crisis norteamericana y las elecciones de 2016. ¿Crónica de una muerta anunciada? En realidad, la sorpresa inicial que conllevó la victoria electoral de Donald Trump ha sido relativa, en la medida en que, si bien la inmensa mayoría de los análisis, pronósticos y sondeos de opinión apuntaban con elevados porcentajes de certeza hacia el triunfo de Hillary Clinton, existía un entramado objetivo de condiciones y factores que permitían augurar, al mismo tiempo, la derrota demócrata y el retorno republicano a la Casa Blanca. Ese trasfondo tenía y tiene que ver con la crisis que define a la sociedad norteamericana durante los últimos treinta años, la cual no sólo se ha mantenido, en medio de parciales recuperaciones –sobre todo en el ámbito económico, propagandístico y tecnológico-militar–, sino que se ha profundizado entre intermitencias y altibajos, en el terreno cultural, político e ideológico. Como lo ha expresado Carlos Malamud, “la sensación de incertidumbre se refuerza por las constantes generalidades, las escasas concreciones y las repetidas contradicciones en las que el ya presidente electo incurrió durante la campaña”[1]. Y como lo sintetiza Marco A. Gandásegui, “Trump representa un estilo nuevo –inédito– en Washington. Ha empoderado a los capitalistas y a los trabajadores proteccionistas que le exigirán que cumpla con sus promesas nacionalistas. Ha declarado personas non gratas a quienes no reúnen las características estereotipadas que ha creado Hollywood en torno a la familia norteamericana: blanca, disciplinada y obediente.”[2] El contexto que explica los acontecimientos tiene que ver con los cambios demográficos, político-culturales que conforman la prolongada e inconclusa crisis norteamericana, cuyas transiciones estructurales e ideológicas siguen desplegándose. Lo sucedido, más que sorprendente, fue como la crónica de una muerte anunciada.

Jorge Hernández Martínez

Trump constituye un fenómeno político que emerge a partir de una crisis que trasciende la de los partidos políticos y la que se manifiesta en la división de poderes entre las ramas legislativa y ejecutiva en los Estados Unidos. Según Jesús Velasco, al examinar el surgimiento de Trump como figura señalaba: “De dónde sale esta cosa que nosotros vemos como rara, bueno pues no es tan rara: existe toda una base que explica el surgimiento de Trump, que tiene que ver con cambios estructurales. Trump proviene de un fenómeno que tiene antecedentes desde las épocas de los años 60, cuando surge lo que se conocía como la nueva derecha y que después se va concretizando cada vez más en lo que se conoce como parte del Tea Party en los Estados Unidos; son personas que fueron altamente golpeadas por la crisis de 2008, que constituyen gentes a quienes se les llama trabajadores de cuello azul, personas con bajos niveles educativos, que perdieron sus casas, sus empleos… se ha atendido a sus problemas, y se han creado chivos expiatorios. Trump ha sido lo suficientemente inteligente para captar este sector”[3]. El desarrollo de las elecciones de 2016 puso de manifiesto con perfiles acentuados la crisis que vive el país desde la década de 1980 que se ha sostenido con ciertas pausas, más allá de las coyunturas electorales. La pugna entre demócratas y republicanos, así como sus divisiones internas, junto a la búsqueda de un nuevo rumbo o proyecto de nación, estuvo presente en la campaña, profundizando la transición inconclusa en los patrones tradicionales que hasta la denominada Revolución Conservadora –o lo que Sean Wilentz ha calificado como la “era de Reagan”–, caracterizaban el imaginario, la cultura y el mainstream político-ideológico de la sociedad norteamericana[4]. La crisis es integral, de naturaleza económica, política, moral, cultural. Y no se trata de algo totalmente novedoso ni inesperado.

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En 2016, la plataforma que acompañó a Trump tuvo un antecedente no sólo en las propuestas de la New Right que impulsaron, junto a otras corrientes, a la Revolución Conservadora, sino en el movimiento en ascenso, también de inspiración populista, nativista, racista, xenófoba, encarnadas más recientemente en el Tea Party[5]. Entretanto, descolló la tendencia encarnada por Bernie Sanders, identificada como radical y socialista, que tenía como antecedente al movimiento Ocuppy Wall Street, exponente de una orientación de inconformidad y rechazo ante la oligarquía financiera, que no logró constituirse como fuerza política que rompiese el equilibrio establecido por el sistema bipartidista ni el predominio ideológico del conservadurismo. Este fenómeno, efímero, pero significativo, respondía al mismo contexto en que nació el Tea Party y el fenómeno Trump.

fue orgullo de la nación en los años de la segunda postguerra, sobre todo en los de 1950, pero que ha sido, según sus percepciones, maltratado por la última revolución tecnológica, la proyección externa de libre comercio y la reciente crisis económica.

El movimiento conservador cuyo desarrollo se ha hizo notablemente visible al comenzar la campaña electoral a inicios de 2016, alimentado por el resentimiento de una rencorosa clase media empobrecida y por la beligerancia de sectores políticos que se apartan de las posturas tradicionales del partido republicano, rompe los moldes establecidos, evoca un nacionalismo chauvinista, acompañado de reacciones casi fanáticas de intolerancia xenófoba, racista, misógina[6].

En resumen, el desarrollo de la contienda presidencial dejó ver, desde su despliegue a comienzos de 2016, la tendencia referida, en un entorno de acusadas contradicciones ideológicas y rivalidades partidistas, que se inscriben en el expediente de la crisis cultural que como telón de fondo acoge, como ha sucedido en otras oportunidades, a una diversidad de figuras que van quedando en el camino, entre esfuerzos dirigidos a su propia promoción y a la descalificación de los demás contrincantes. En la sociedad norteamericana de hoy se han hecho más intensas y profundas las fisuras en el sistema bipartidista. Luego de la inimaginable elección de un presidente negro en 2008, ahora se asistió a la no menos inusitada nominación de una mujer presidenciable, con imagen de político tradicional, y de un hombre anti-establishment, cuya proyección totalmente escandalosa, irreverente, iconoclasta, herética, desvergonzada, le hacían ver como no presidenciable.

Estas recientes expresiones del conservadurismo reflejan la frustración del sector de hombres blancos adultos, acumulada desde los años de 1960, a partir de hechos como la emancipación de la mujer, la lucha por los derechos civiles, las leyes para la igualdad social, el dinamismo del movimiento de la población negra y latina, de homosexuales y defensores del medio ambiente y de la paz, por considerar que le han ido restando poder y derechos, así como robando sus espacios de expresión. Se trata de ese sector poblacional blanco, de clase media, que se ha ido incrementando durante las últimas décadas, que

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Esa clase media blanca, anglosajona y protestante, que se considera afectada y hasta herida, reacciona contra lo que simboliza sus males e identifica como amenazas o enemigos: los inmigrantes, las minorías étnicas y raciales, los políticos tradicionales. Intenta reducir la competencia, que considera injusta, propone medidas proteccionistas, se opone a los tratados de libre comercio y pretende que los Estados Unidos sean la tierra prometida, pero sólo para los verdaderos norteamericanos. A ella movilizó Trump.

El 8 de noviembre, como de cierto modo se anticipó, salvando las distancias, en la Convención Republicana, realizada en Cleveland, Ohio, a


Jorge Hernández Martínez

pesar de la tardía conciencia de los republicanos tradicionalistas por salvar la imagen y la coherencia de su partido y de la búsqueda de alternativas, se impuso la figura de Trump, con su retórica demagógica y expresiones fanáticas de xenofobia, espíritu anti inmigrante, intolerancia, excentricismo e incitación a la violencia. Los esfuerzos de los republicanos tradicionales y de los neoconservadores por presentar opciones a Trump dejaron claro tanto la polarización al interior del partido, como el hecho de que no se sentían reconocidos con su figura ni con el ideario que pregonaba. No debe perderse de vista que en el partido republicano coexisten grupos muy diversos, con posiciones hasta encontradas, como los conservadores ortodoxos, los variados e inconexos grupos del Tea Party, los cristianos evangélicos, los libertarios y los neoconservadores, siendo estos últimos los principales críticos de Trump, que inclinaron sus preferencias hacia el partido demócrata. Trump encontró un terreno fértil, según ya se ha explicado, en las condiciones que han afectado el lugar y papel de un sector específico de la sociedad norteamericana, lo que ha podido explotar en su beneficio en la medida en que fue capaz de hablar su mismo lenguaje, de dirigir su discurso populista y patriotero hacia los corazones y las mentes de los wasps. Los Estados Unidos han dejado de ser hace tiempo el país que los norteamericanos creen que es, o dicen que es. Las contradicciones en que ha vivido y vive hoy, en términos ideológicos y partidistas no pueden ya ser sostenidas ni expresadas por la simple retórica. Escapan a la manipulación discursiva tradicional –mediática, gubernamental, política–, y colocan al sistema ante dilemas que los partidos, con sus rivalidades, no están en capacidad de enfrentar, y que no llegan a cristalizar en un nuevo consenso nacional. Como lo expresaron Luis René Fernández Tabí y Hassan Pérez Casabona, al evaluar los resultados electorales del 8 de noviembre, “la división política contenida y expresada durante el ciclo electoral que se cierra en 2016 tuvo como dilema

central poner a prueba la capacidad del sistema de ajustarse y sobrepasar sus contradicciones, o seguir manifestando estancamiento y falta de funcionalidad, para regir los destinos de la nación en la etapa contemporánea”.[7] [1] Carlos Malamud, “Incógnitas de la futura relación entre EEUU y América Latina”, en: http:// www.infolatam.com/2016/11/13/incognitasde-la-futura-relacion-entre-ee-uu-y-americalatina/ [2] Marco A. Gandásegui, “EE UU, elecciones 2016”, en proceso de publicación por la página web de ALAS. [3] Jesús Velasco, “Análisis Posdebate: ¿Qué es Trump?”, en Aristegui CNN, http://www. writtenepisodes.com/watch-video/F49-Fxd8lk/Aristegui%20y%20Jesus%20Velasco [4] Véase Sean Wilentz, The Age of Reagan: A Histori (1974-2008), Harper Collins Publishers, New York, 2008. [5] Véase Theda Skocpol and Vanessa Williamson, The Tea Party and the Remaking of Republican Conservatism, Oxford University Press, New York, 2012. [6] Véase Robert Kagan, “Trump is the GOP’s Frankenstein monster”, The Washington Post, February 26th, 2016. [7] Luis René Fernández Tabío y Hassan Pérez Casabona, “La victoria de Trump (segunda parte”, en , http://www.trabajadores.cu/20161113/ la-victoria-de-trump-una-aproximacionpreliminar-ii-parte/. La Habana, 13 de noviembrde de 2016.

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legados del pensamiento


Uno de los legados de Fidel Castro: la unidad de América Latina y el Caribe Como se conoce, en las últimas horas de la noche del 25 de noviembre del 2016, el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba y Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, general de ejército Raúl Castro Ruz, con “profundo dolor” le anunció al pueblo de Cuba y a los demás pueblos del mundo que a las 10:29 de esa noche había dejado de latir el noble corazón de su hermano, el líder histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz. En medio de las diversas reacciones nacionales e internacionales causadas por esa inesperada y conmovedora noticia, busqué en mis archivos el escrito que en la última semana de mayo de 2016 había propuesto para un libro que desde los primeros meses de ese año estaba compilando la prestigiosa colega cubana Ana Cairo con vistas a celebrar el 90 Aniversario del natalicio de Fidel Castro. Comoquiera que ese volumen aún está inédito, con algunos pequeños arreglos, he decidido divulgar ese escrito dirigido a relievar uno de sus principales aportes a la multifacética obra humanista, solidaria e internacionalista de la Revolución Cubana. También como un testimonio personal de agradecimiento por todo lo que aprendí en el estudio de su profundo y para mi imperecedero legado ético y teórico-práctico. En mi concepto, ese legado hace y harán a Fidel merecedor de lo que dijo José Martí con relación a los que denominó “tres héroes” de las luchas de los pueblos latinoamericanos contra el colonialismo español (Simón Bolívar, José de San Martín y Miguel Hidalgo): “Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Esos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que le roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana. Esos hombres son sagrados”.

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Y agregó: Los hombres no pueden ser más perfectos que el sol. El sol quema con la misma luz con que calienta. El sol tiene manchas. Los desagradecidos no hablan más que de las manchas. Los agradecidos hablan de la luz.


Fidel Castro: artífice de la proyección externa de la revolución cubana en nuestra América

Introducción Como parte de las observaciones-participantes y de las investigaciones que desde hace cerca de cinco décadas he venido realizando y, en algunos casos, publicando sobre la que he denominado “proyección externa de la Revolución Cubana”,[1] a fines de 2006 emprendí una cuidadosa identificación, lectura o relectura de los cerca 400 discursos pronunciados desde los primeros días de enero de 1959 por el líder histórico de esa revolución, Fidel Castro Ruz, en los que refería sus multidimensionales y profundas reflexiones sobre la historia, la realidad, las disyuntivas y perspectivas de los Estados nacionales o plurinacionales, así como de algunas de las islas y los territorios continentales sometidos a diferentes formas de dominación colonial por parte de Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Holanda ubicados en el espacio geográfico, humano y cultural que en 1891 José Martí denominó Nuestra América.[2] Como fruto de esa investigación y tratando de evitar que se dogmatizara su pensamiento dialéctico y creador, preparé tres compilaciones contextualizadas y anotadas de los principales discursos o fragmentos de ellos en los que Fidel –como comúnmente lo denomina el pueblo cubano— había difundido sus siempre bien informadas consideraciones sobre las multiformes luchas populares, democráticas, anticoloniales, anti neocoloniales, antiimperialistas y, en algunos casos, anticapitalistas o socialistas que desde el triunfo de la Revolución Cubana se habían desplegado al sur del río Bravo y de la península de Florida. Asimismo, sobre los cambiantes contextos económicos, sociales y políticos internacionales y hemisféricos en que éstas se habían desplegado. [3] La preparación de esas tres compilaciones, mis propias experiencias personales,[4] al igual que la mayor parte de las entrevistas que, junto a mi estimado colega y amigo holandés Dirk Kruijt,

Luis Suárez Salazar

les realizamos entre el 2010 y el 2014 a cerca de 40 compañeras y compañeros cubanos y de otros países del mundo que, en uno u otro momento de sus vidas, habían participado en la implementación de las multiformes solidaridades de Cuba con los pueblos y con algunos gobiernos del continente americano,[5] me confirmaron que, sin negar los aportes de otros dirigentes de la Revolución Cubana, desde los primeros días de 1959 hasta, al menos, el 2006 Fidel Castro había sido el principal artífice, conductor, analista y a la vez cronista de las multifacéticas, consistentes y, en ciertos casos, cambiantes estrategias y tácticas desplegadas por el liderazgo políticoestatal cubano hacia la que, en 1953, el entonces recién graduado médico argentino Ernesto Guevara de la Serna había denominado “nuestra Mayúscula América”. Igualmente, el inspirador de las acciones emprendidas hacia ese continente por las direcciones de las diferentes organizaciones políticas, sociales, de masas, juvenilesestudiantiles y profesionales que han actuado o todavía actúan en la sociedad política y civil cubanas, al igual que de las conductas altruistas asumidas por los decenas de miles de cubanas y cubanos que han cumplido diversas misiones solidarias o internacionalistas en todo el mundo y, en particular, en buena parte de los 33 estados latinoamericanos y caribeños. La unidad antiimperialista: táctica y estrategia de la victoria En el breve espacio disponible para este escrito me resulta imposible sintetizar todos los aportes teórico-prácticos realizados por Fidel a la elaboración e implementación de las estrategias, las tácticas y las acciones desplegadas por todos los actores sociales y políticos, estatales y no estatales, antes mencionados, así como a la comprensión de la historia y de la cada vez más compleja realidad latinoamericana y caribeña. Pero, partiendo de la narrativa y de los elementos

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empíricos que he sistematizado en algunos de mis escritos antes referenciados, puedo afirmar que todas ellas fueron emprendidas partiendo de las convicciones de su máximo líder acerca de la estrecha imbricación existente entre la Revolución Cubana y los demás procesos de cambios favorables a los intereses nacionales y populares que, en cada momento históricoconcreto, se estaban o todavía se están desplegado en América Latina y el Caribe. Esas convicciones, tributarias del legado de los próceres y mártires de las luchas por las que José Martí denominó “primera” y “segunda independencia” de Nuestra América, así como de las tradiciones provenientes de la diversas interpretaciones revolucionarias e internacionalistas del marxismo, guiaron as multifacéticas solidaridades de la Revolución Cubana con los pueblos y algunos gobiernos del continente americano; incluido, el pueblo estadounidense. Estas fueron definidas por Fidel no solo como un ineludible deber histórico (“ser internacionalista es pagar nuestra propia deuda con la humanidad”), sino también como una necesidad estratégica para la preservación, la consolidación y el exitoso desenvolvimiento de la transición socialista cubana. Mucho más por su temprana y reiterada comprensión de que el imperialismo –y en particular, el estadounidense— había sido, era y aún sigue siendo el enemigo principal y, en algunos casos, el enemigo inmediato de la emancipación política, económica, social y cultural de todas las naciones y pueblos de la que, en 1959, el Canciller de la Dignidad, Raúl Roa García, denominó “nuestra preterida, maltratada y exprimida súper patria común”. [6] Aunque esa comprensión ya estaba implícita en La Historia me absolverá y en las intervenciones públicas que Fidel realizó tanto en los Estados Unidos como en México durante la preparación de la expedición revolucionaria que, a bordo

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del yate Granma, finalmente arribó a las costas cubanas el 2 de diciembre de 1956, comenzó a hacerse explícita en los diversos discursos que él pronunció, así como en las entrevistas y conferencias de prensa que ofreció durante las visitas que realizó a Venezuela, Estados Unidos, Argentina, Brasil y Uruguay entre fines de enero y los primeros días de mayo de 1959. También en los innumerables discursos que antes y después de esos meses pronunció en Cuba para concientizar, movilizar y organizar al pueblo cubano para enfrentar y derrotar las diversas agresiones imperialistas que comenzaron a fraguarse desde el propio triunfo de la Revolución, así como para que, simultáneamente, expresara su solidaridad con las inter vinculadas luchas por la democracia, el desarrollo económico y social y la independencia política que entonces se estaban librando en diferentes Estados y territorios latinoamericanos y caribeños aún sometidos a diferentes formas de dominación colonial o neocolonial. En mi concepto, el clímax de toda esa tenaz labor política y pedagógica fue el discurso que pronunció Fidel Castro el 2 de septiembre de 1960 en la ahora denominada Plaza de la Revolución José Martí. En ese discurso, le propuso a la entonces llamada Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba la aprobación a mano alzada de la ahora denominada Primera Declaración de La Habana. Sobre la base de las primeras realizaciones económicas, sociales y políticas de la Revolución, así como en respuesta a las primeras agresiones imperialistas contra el pueblo cubano y al apoyo que estas ya comenzaban a encontrar en buena parte de los gobiernos latinoamericanos entonces integrantes de la Organización de Estados Americanos (OEA), en esa declaración se proclamó a los cuatro vientos “el deber de las naciones oprimidas y explotadas a luchar por su liberación; el deber de cada pueblo a la solidaridad con todos los pueblos oprimidos, colonizados, explotados o agredidos,


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sea cual fuere el lugar del mundo en que éstos se encuentren y la distancia geográfica que los separe”.[7] También se reafirmó la fe de la Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba “en que la América Latina marchará pronto, unida y vencedora, libre de las ataduras que convierten sus economías en riqueza enajenada al imperialismo norteamericano y que le impiden hacer oír su verdadera voz en las reuniones donde cancilleres domesticados, hacen de coro infamante al amo despótico”. Asimismo, ratificó “su decisión de trabajar por ese común destino latinoamericano que permitirá a nuestros países edificar una solidaridad verdadera, asentada en la libre voluntad de cada uno de ellos y en las aspiraciones conjuntas de todos”. [8] Antecedida por la fulminante derrota de la invasión mercenaria de Playa Girón organizada por la administración del republicano Dwight Eisenhower y emprendida por la del demócrata John F. Kennedy (a partir de la cual, a decir de Fidel Castro, “todos los pueblos latinoamericanos serían más libres”), y por las demoledoras críticas que, en la reunión del Consejo Interamericano Económico y Social de la OEA, efectuada en Punta del Este, Uruguay, en agosto de 1961, le realizó el comandante Ernesto Che Guevara a la Alianza para el Progreso,[9] esos y otros enunciados de la Primera Declaración de La Habana fueron ratificados y ampliados en la que en otros escritos he denominado “Manifiesto Comunista de la Revolución Latinoamericana” aprobado a mano alzada por los cerca de dos millones de cubanas y cubanos que el 4 de febrero de 1962 se congregaron en la Plaza de la Revolución José Martí.[10] Nuevamente, a instancias de Fidel y luego de reiterar que “la historia de Cuba era parte de la historia de América Latina” y ésta de la historia de los demás países del mundo subdesarrollado y dependiente, al igual que rompiendo con el

reduccionismo sociológico y con el sectarismo entonces imperante en diversos destacamentos de la ahora llamada “izquierda social, política e intelectual” de América Latina, así como de algunos países del Caribe insular y continental, en la ahora llamada Segunda Declaración de La Habana se indicó que: En la lucha antiimperialista y anti feudal es posible vertebrar la inmensa mayoría del pueblo tras metas de liberación que unan el esfuerzo de la clase obrera, los campesinos, los trabajadores intelectuales, la pequeña burguesía y las capas más progresistas de la burguesía nacional. Estos sectores comprenden la inmensa mayoría de la población, y aglutinan grandes fuerzas sociales capaces de barrer el dominio imperialista y la reacción feudal. En ese amplio movimiento pueden y deben luchar juntos, por el bien de sus naciones, por el bien de sus pueblos y por el bien de América, desde el viejo militante marxista, hasta el católico sincero que no tenga nada que ver con los monopolios yanquis y los señores feudales de la tierra. Ese movimiento podría arrastrar consigo a los elementos progresistas de las fuerzas armadas, humillados también por las misiones militares yanquis, la traición a los intereses nacionales de las oligarquías feudales y la inmolación de la soberanía nacional a los dictados de Washington. [11] Tales afirmaciones –posteriormente sintetizadas por Fidel en su llamado a la “unidad estratégica entre cristianos y marxistas” y en su sintagma: “La unidad antiimperialista es la táctica y la estrategia de la victoria”— guiaron la política internacional desplegada por la Revolución Cubana; incluida su apoyo político-diplomático, mediático y, en algunos casos, militar a las luchas por la democracia, la liberación nacional y social desplegadas por diferentes destacamentos de la izquierda, así como como sus multiformes solidaridades hacia todos los gobiernos que, con independencia del horizonte programático de sus liderazgos civiles o militares o de las fuerzas

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sociales y políticas que lo hayan conducido, han emprendido diversos procesos de cambios revolucionarios, reformadores, nacionalpopulares e incluso reformistas en diferentes estados latinoamericanos y caribeños. También hacia aquellos que han mantenido una actitud respetuosa hacia la transición socialista cubana. Paralelamente, Fidel Castro fue desarrollando sus trascendentales conceptos con relación a la importancia estratégica que ha tenido, tiene y tendrá para el porvenir de América Latina y el Caribe la unidad de sus pueblos, así como la integración política y económica de todos los Estados de ese continente. En mi consideración, él formuló por primera vez esas utopías en los antes referidos discursos que pronunció en Venezuela a fines de enero de 1959, así como en Argentina y Uruguay a comienzos de mayo del propio año. Sin embargo, acorde con los cambios que se fueron produciendo en la economía capitalista mundo, en el sistema internacional de los Estados, al igual que en el escenario hemisférico las fue perfilando a lo largo de su fecunda vida política. Al tal grado que, en el Cuarto Encuentro del Foro Sâo Paulo efectuado en La Habana en 1994, entre otras muchas ideas vinculadas a ese trascendental tema, señaló: ¿Qué menos podemos hacer nosotros y qué menos puede hacer la izquierda de América Latina que crear una conciencia en favor de la unidad? Eso debiera estar inscrito en las banderas de la izquierda. Con socialismo y sin socialismo. Aquellos que piensen que el socialismo es una posibilidad y quieren luchar por el socialismo, pero aun aquellos que no conciban el socialismo, aun como países capitalistas, ningún porvenir tendríamos sin la unidad y sin la integración. [12] Todo lo antes dicho contribuye a explicar el enorme esfuerzo personalmente realizado por Fidel Castro con vistas a crear las condiciones políticas continentales que posibilitaron resistir la “globalización neoliberal” y que posteriormente

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condujeron a la derrota, en el 2005, del Acuerdo de Libre Comercio para las Américas (ALCA) impulsando por las administraciones de William Clinton y George W. Bush, así como apoyada por sus principales aliados latinoamericanos y caribeños. También para lograr –en consuno con el ya físicamente desaparecido líder histórico de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez— la institucionalización y progresiva ampliación y profundización de la ahora llamada Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra AméricaTratado de Comercio entre los Pueblos (ALBATCP). Muchos más porque él previó, como pocos, que esa alianza estaba llamada a desempeñar un papel central en los diferentes proyectos de concertación política, cooperación e integración económica que, no obstante, las grandes dificultades que los afectan y los afectarán, se han desplegado y se siguen desplegando en Nuestra América, incluidas la Asociación de Estados del Caribe (AEC), la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). A modo conclusión En mi concepto, esas y otras facetas de la obra teórico-práctica de Fidel Castro no incluidas en este escrito requieren ser estudiadas profundamente por las actuales y futuras generaciones latinoamericanas y caribeñas; en particular por las nuevas generaciones de cubanas y cubanos. Sobre todo, porque aún en el hipotético caso de que algún día se logre la que he denominado “anormalización de las relaciones oficiales entre los gobiernos de Estados Unidos y de Cuba”, [13] su pueblo, sus organizaciones políticas sociales, de masas, juveniles y estudiantiles, así como su vanguardia política tendrán que seguir luchando para defender la soberanía y la independencia política y económica de la Mayor de las Antillas. Y, tales luchas, como pensó y reiteradamente planteó Fidel Castro forman y formarán parte de


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las multiformes contiendas de los demás pueblos latinoamericanos y caribeños para lograr juntamente su desarrollo económico, político y social, así como para obtener y preservar su verdadera y definitiva independencia. En ese contexto, mantiene y mantendrá toda su vigencia, la alegoría planteada por José Martí en su célebre ensayo Nuestra América: Con los oprimidos había que hacer causa común, para afianzar el sistema opuesto a los intereses y hábitos de mando de los opresores. El tigre, espantado del fogonazo, vuelve de noche al lugar de la presa […] No se le oye venir, sino que viene con zarpas de terciopelo. Cuando la presa despierta, tiene el tigre encima. La Habana, 23 de mayo de 2016 – Luis Suárez Salazar es Licenciado en Ciencias Políticas, Doctor en Ciencias Sociológicas y Doctor en Ciencias. Escritor y ensayista integrante de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), así como Profesor Titular del Instituto Superior de Relaciones Internacionales “Raúl Roa García” de La Habana, Cuba, al igual que de diversas cátedras de la Universidad de La Habana. [1] Luis Suárez Salazar: “La política de la Revolución cubana hacia América Latina y el Caribe: Notas para una periodización”, en Cuadernos de Nuestra América, La Habana, Julio-Diciembre de 1986, no. 6, pp. 137-180; Cuba: ¿Aislamiento o reinserción en mundo cambiado?, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1997; “La proyección externa de la Revolución cubana: Oportunidades y desafíos”, en Temas, La Habana, Octubre de 1997-Mayo de 1998, no. 12-13, pp. 178-190; El Siglo XXI: posibilidades y desafíos para la Revolución Cubana, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2000; “El ALBA: Un hito en la proyección de la Revolución Cubana hacia América Latina y el Caribe”, en Relaciones Internacionales, no. 6, La Habana, junio-diciembre del 2005, pp. 42-

53; “La revolución cubana y los nuevos liderazgos latinoamericanos”, en Temas, No. 58, La Habana, abril-junio 2009, pp. 111-119; y “La cincuentenaria proyección externa de la Revolución Cubana: Nuestroamericanismo vs. Panamericanismo”, en Enfoques, Interpress Service, La Habana, primera quincena, julio 2009. [2] José Martí: “Nuestra América” en José Martí: Nuestra América, Casa de las Américas, La Habana, 1974, pp. 19-30. [3] La primera de esas compilaciones se publicó en el 2009 por parte de la Editorial Ocean Press-Ocean Sur con el título Fidel Castro: Latinoamericanismo vs. Imperialismo. La segunda, titulada Fidel Castro: Las crisis de América Latina: diagnósticos y soluciones está en proceso de publicación por la Editora Política como parte de sus contribuciones a la celebración del 90 Aniversario del natalicio de Fidel. Y la tercera, que aún espera su terminación y eventual publicación, la titulé Fidel Castro: La unidad antiimperialista: Táctica y estrategia de la victoria. [4] Cuando apenas había cumplido 20 años y en medio de la multiforme solidaridad expresada por el gobierno y el pueblo cubano con el pueblo y el gobierno peruano antes y durante el violento terremoto que sacudió a ese país en mayo de 1970, tuve el privilegio de conocer personalmente a Fidel Castro. En razón de las diversas tareas políticas que entonces estaba cumpliendo y que en los años posteriores cumplí en las interrelaciones de la Revolución Cubana con América Latina y el Caribe, en diversas ocasiones tuve la oportunidad de participar en las reuniones que él sostuvo con varios dirigentes políticos y con destacados intelectuales latinoamericanos. En ellas pude aquilatar la sistemática dedicación de Fidel a la comprensión y transformación de la realidad latinoamericana y caribeña. También la acendrada ética con la que siempre desarrolló sus interrelaciones con sus diversos interlocutores.

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[5] Luis Suárez Salazar y Dirk Kruijt: La Revolución Cubana en Nuestra América: el internacionalismo anónimo, RUTH Casa Editorial, La Habana, 2015. [6] Raúl Roa: Discurso pronunciado en la V Reunión de Consultas de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA, efectuada en Santiago de Chile entre el 12 y el 18 de agosto de 1959. [7] Luis Suárez Salazar (compilación y prólogo) Fidel Castro: Latinoamericanismo vs. Imperialismo. Editorial Ocean Press-Ocean Sur, La Habana, México y Caracas, 2009. [9] Ernesto Che Guevara: “Discurso en la Conferencia del CEIS de la OEA”, en Guevara, Ernesto Che: Obras (1957-1967), Casa de las Américas, La Habana, 1967, tomo II, pp. 466468. [10] Luis Suárez Salazar: “La Segunda Declaración a La Habana: Manifiesto Comunista de la Revolución Latinoamericana”, en CUBADEBATE, 7 de febrero de 2012. También fue publicado en América Latina en Movimiento, Quito, Ecuador. [11] Al igual que otros escritores y oradores, Fidel Castro emplea la frase “los dictados de Washington” como sinónimo de “los dictados del Gobierno de Estados Unidos”. [12] Luis Suárez Salazar (compilación y prólogo) Fidel Castro: Latinoamericanismo vs. Imperialismo. Editorial Ocean Press-Ocean Sur, La Habana, México y Caracas, 2009. [13] Luis Suárez Salazar: “La anormalización de las relaciones oficiales de los Estados Unidos con Cuba: una mirada después de la VII Cumbre de las Américas”, en Revista Voces en el Fénix, Buenos Aires, 2015

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Nuestra modernidad viscosa: Bauman aquí en el sur Este ir y regresar, leyendo a Bauman para retornar a nuestras circunstancias, es posiblemente el mejor homenaje para la obra del sociólogo. La novedad no está en repetir ni copiar, afirmando con ligereza que América Latina está dentro de algunas de las imágenes líquidas de Bauman, sino en aprovecharla para promover nuestros propios análisis. Se pueden usar algunas de sus ideas, copiándolas, cambiándolas, o desechando otras, y es allí donde reside el interés en Bauman. Las referencias a una “modernidad líquida” se repitieron en toda América Latina tras el fallecimiento de Zygmunt Bauman, el pasado 9 de enero. Por un momento parecía que nuestro continente era uno de los mejores ejemplos de la fluidez moderna que postulaba el sociólogo polaco. Sin duda es bienvenido que se difunda y celebre su obra, pero también es importante no caer en el simplismo de trasplantar esas ideas. Es necesario insistir en un pensamiento propio que no copie pero sí dialogue con Bauman. Y si así se hace, sospecho que coincidiríamos en que la modernidad sudamericana actual es viscosa. La metáfora de la “modernidad liquida” (título de su libro del año 2000; 1) se volvió muy popular, y se expandió a otros temas (como “amor líquido”, “vida líquida” o “miedo líquido”, que son los títulos de sus siguientes libros; 2). En esa obra, sea en sus conceptos como en sus metáforas, hay una infinidad de ideas provocativas. Pero siempre hay que tener presente que la obra de Bauman sobre todo responde a la coyuntura de los países industrializados, en particular los europeos (3). Son circunstancias muy distintas a las que ocurren en Latinoamérica. Reconociendo esa particularidad, en la obra de Bauman como la de otros intelectuales, se pueden tomar imágenes o ideas para hurgar en nuestras propias circunstancias. Quisiera compartir algunos ejemplos.

Eduardo Gudynas

Modernidades sólidas y líquidas Bauman describe la modernidad que observa como “líquida”, en contraposición a una fase anterior que sería “sólida”. Esta última descansaba en certezas, se mantenía un orden y la certidumbre, se contaba con códigos morales y la sociedad se aferraba a metas civilizatorias. En cambio, desde el contexto de fines del siglo XX, y desde el norte, Bauman anuncia que la modernidad se ha vuelto fluida, con una prevalencia de la incertidumbre y el relativismo moral, el descreimiento en grandes sueños civilizatorios a favor de cierto hedonismo. Son los tiempos de la privatización, la desregulación y del despliegue de la globalización. Si uno se atiene a muchos de los artículos sobre Bauman que circularon tras su fallecimiento, parecería que América Latina también está dentro de esa modernidad “líquida”. Es necesario pensar eso con más detenimiento. Sin duda observamos varios elementos de esa condición líquida, tales como el individualismo y el relativismo. Pero en nuestro continente siguen muy presentes unos cuantos atributos de la modernidad sólida. Consideremos un solo aspecto como ejemplo. En su libro sobre este tema, en el capítulo sobre espacio / tiempo, Bauman afirma que la modernidad pasada (sólida) “fue la época de la conquista territorial”, y agrega que la “riqueza y el poder se arraigaban firmemente en la tierra –eran macizos enormes e inamovibles como los yacimientos de hierro y las minas de carbón-” (4). ¿No es esta una imagen muy familiar? Nuestros políticos ¿no continúan insistiendo en que la riqueza nacional está en los minerales o el petróleo del subsuelo o la fertilidad del suelo? La conquista de los territorios y la obsesión por demostrar el poder estatal en imponerlos sigue muy presente. La nueva frontera de la conquista está en la imposición de los extractivismos minero, petrolero y agrícola, en especial en los bosques

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tropicales o los Andes. También está en marcha una nueva conquista sobre los territorios que se mantenían por fuera del capitalismo extractivista, como las tierras indígenas o campesinas. Eso desencadena enormes conflictos locales, como ocurre en varios sitios de México y América Central.

Modernidades viscosas

Con ese fin, sea el Estado o las empresas, siguen imponiéndose sobre las comunidades locales, especialmente grupos campesinos o indígenas. Tan sólo en los últimos meses, en Ecuador, desde el progresismo, el gobierno de Rafael Correa impone la minería en las tierras indígenas amazónicas de los shuar (5), y en Argentina, desde el conservadurismo, la administración de Mauricio Macri reprime a los mapuches que se resisten a la expansión ganadera en lo que entienden son sus tierras en la Patagonia (6). Situaciones similares se repiten en otros países. Es que, en América Latina, aun en el siglo XXI, seguimos bajo una dinámica de conquista territorial que responde a concebir que las riquezas se encuentran en yacimientos mineros o petroleros o en el suelo para la agropecuaria.

El continente sigue descansando en estrategias de desarrollo ancladas en la tierra, tanto desde gobiernos conservadores como progresistas. Existe una cultura, con sus creencias, imágenes, mitos y narrativas que asume estar inmersa en una enorme riqueza ecológica que puede, y debe, ser aprovechada intensamente, y que cualquier obstáculo a ese propósito expresa pensamientos retrógrados y peligrosos que justificadamente pueden ser combatidos o anulados. Salvo excepciones, no tuvo lugar una masiva industrialización, que se expresara en un fordismo vigoroso, lo que es otro de los atributos de la modernidad sólida. Pero el papel del Estado en muchos sitios sigue cargando con vicios heredaros desde el siglo XIX, y una dinámica política acartonada, repleta de caudillos y que tolera el autoritarismo.

Bauman da otro paso más al decir que aquello que se extendía en los sitios más distantes “era considerado tierra de nadie, espacio vacío, y el espacio vacío era un estímulo para la acción y un reproche para los ociosos” (7). Aunque el sociólogo describe un cuadro propio del siglo XIX, una vez más hay que preguntarse si esa situación no persiste en este inicio del siglo XXI latinoamericano. No podemos olvidar a un presidente peruano que afirmaba que la selva amazónica está casi vacía y los pocos que la habitarían serían haraganes (como “perros del hortelano” según Alan García; 8), o al gobierno boliviano que ignora o minimiza los efectos de la ampliación petrolera sobe áreas naturales, tierras indígenas y pueblos no contactados (9). Por lo tanto, nuestra modernidad es más sólida de lo que se cree.

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En efecto, lo que nos rodea en América Latina parece ser más bien una mezcla de componentes que, según la terminología de Bauman, serían sólidos y líquidos. Estamos dentro de una modernidad viscosa.

Pero también se expresan los componentes de una modernidad fluida, aceptando el individualismo y el relativismo, el hedonismo amarrado al consumismo junto a las aperturas a una pluralidad moral. Hay grupos sociales que disfrutan de la hiperconectividad y de las estéticas globalizadas. Todo esos componentes están mezclados, entreverados, incluso generando expresiones propias que no se repiten en ningún otro sitio. Eso explica la viscosidad de nuestras modernidades criollas. Es importante advertir que esta condición heterogénea no se debe a que estemos en el tránsito de una modernidad sólida, como etapa pasada, que evoluciona hacia una


Eduardo Gudynas

modernidad más líquida. No nos encontramos ante una evolución lineal, sino que la modernidad latinoamericana se organiza y reproduce de otra manera. Es nuestro propio entrevero entre fenómenos sólidos como los relatos de un maravilloso progreso, la necesaria conquista de la naturaleza y una rigidez en la moralidad pública, mientras que hay dinámicas líquidas como pueden ser el individualismo, el relativismo moral privado, el reemplazo de la ciudadanía por el consumidor, la desprotección y la inseguridad, y por supuesto, la globalización. Sin duda los elementos centrales de la modernidad permanecen, tales como la búsqueda del progreso o el dualismo sociedad/naturaleza, pero aquí, en Latinoamérica, se organizan de manera distinta a la que describe Bauman, donde la viscosidad resulta de esa mezcla de componentes. La viscosidad de nuestra modernidad no es homogénea en el continente y ni siquiera es homogénea dentro de cada país. No es la misma modernidad que, pongamos por caso, se celebra en los barrios de clase alta de la ciudad de São Paulo que la que se vive en las comunidades del sur mexicano. Modernidades violentas Una particularidad de las modernidades viscosas latinoamericanas es que están inmersas en una violencia de muy variadas formas. En cambio, los abordajes de Bauman sobre este asunto son diferentes, y aunque ha incursionado en cuestiones como la maldad y el holocausto, tal vez sean más conocidas sus proposiciones sobre el Unsicherheit, un término alemán que integra las ideas de incertidumbre, inseguridad y desprotección. Esta cuestión se explora en su libro “En busca de la política”, una obra conceptualmente más densa y con menos metáforas, y por ello muchas veces más provocativa (10).

La violencia latinoamericana alcanza los niveles de una tragedia por ejemplo en México, pero se repite en todas las naciones. La criminalidad urbana resulta escandalosa en ciudades centroamericanas, pero también en Venezuela y Brasil. La situación va mucho más allá de los robos en una ciudad, la policía de gatillo fácil o las guerras entre traficantes, ya que penetra en todos los ámbitos de la cotidianidad y en todos los rincones del territorio. Las propias estrategias de desarrollo, y en especial los extractivismos, se imponen apelando a la violencia. Unas veces es sutil, como forzar la aprobación de ciertos proyectos económicos, aunque también puede ser muy directa, como la ola de asesinatos de líderes sociales locales. El reciente reporte de Global Witness indica que Honduras es el país más peligroso del mundo para los activistas ambientales; más de 120 personas han sido asesinadas allí por su resistencia a mineras, represas o a la deforestación (11). Esta proliferación de la violencia, su persistencia por tan largo tiempo, y su diversificación, podría decirse que son aspectos de una pesada solidez, que sin duda contienen a la incertidumbre, inseguridad y desprotección de Bauman, pero también los trascienden por todos lados. Aprovechando a Bauman Es por este tipo de razones que la obra de Bauman no puede ser trasplantada a América Latina, como si todo el continente siguiera, o debiera copiar el mismo sendero histórico que los países del norte. Pero sus escritos ofrecen provocaciones conceptuales y desafiantes imágenes que son muy útiles para reflexionar sobre nuestra realidad. Este ir y regresar, leyendo a Bauman para retornar a nuestras circunstancias, es posiblemente el mejor homenaje para la obra del sociólogo. La novedad no está en repetir ni copiar, afirmando con ligereza que América Latina está dentro de

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algunas de las imágenes líquidas de Bauman, sino en aprovecharla para promover nuestros propios análisis. Se pueden usar algunas de sus ideas cambiándolas, o desechando otras, y es allí donde reside el interés en Bauman. Todo esto permite argumentar que nuestro continente está inmerso en unas modernidades viscosas, donde se mezcla lo viejo y lo nuevo. Pero más allá de cuál sea la imagen que se utilice, queda en claro que la modernidad sigue delimitando la vida social latinoamericana. Notas 1. Bauman, Z. Modernidad líquida. Fondo Cultura Económica (FCE), México, 2002 (edición original Polity Press, 2000). 2. Amor líquido, FCE, México, 2005; Vida líquida, Piadós, Barcelona, 2006; Miedo líquido, Paidós, Barcelona, 2007. 3. Zygmunt Bauman nació en Polonia el 19 de noviembre de 1925. En su juventud trabajó en la agencia militar de seguridad interna, para después ingresar y ser docente en la Universidad de Varsovia. Sufrió persecución por su ascendencia judía por lo que abandonó Polonia, para residir en Israel, y luego en Inglaterra. Desde entonces se desempeñó como profesor en la Universidad de Leeds. Falleció el 9 de enero de 2017. 4. “Modernidad líquida”, pág. 122. 5. La explotación del cobre provoca violencia y represión en Morona Santiago, Plan V, Quito, 28 noviembre 2016. http://www.planv.com. ec/historias/sociedad/la-explotacion-delcobre-provoca-violencia-y-represion-moronasantiago

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6. Recrudece el conflicto de los mapuches de Chubut con violentos desalojos, Infobae, Buenos Aires, 12 enero 2017. http://www.infobae.com/ politica/2017/01/12/recrudece-el-conflictode-los-mapuches-de-chubut-con-violentosdesalojos/ 7. “Modernidad líquida”, pág. 122; cursivas de Bauman. 8. O. Espinosa de Rivero, ¿Salvajes opuestos al progreso?: Aproximaciones históricas y antropológicas a las movilizaciones indígenas en la Amazonía peruana, Antropológica (Pontificia Universidad Católica de Perú), 27: 123-168, 2009. 9. Extractivismo petrolero en amazonía boliviana invade territorio que ocupa y habita pueblo en aislamiento voluntario y amenaza su existencia, Georgina Jiménez, CEDIB (Cochabamba), 2016, http://www.cedib.org/wp-content/ uploads/2016/11/I1informe-No-contactados-. pdf 10. En busca de la política, FCE, México, 2001. 11. Honduras: el lugar más peligroso del mundo para defender el planeta, Witness, 2017, https://www.globalwitness.org/en/campaigns/ environmental-activists/honduras-elpa%C3%ADs-m%C3%A1s-peligroso-del-mundopara-el-activismo-ambiental/ Recuperado de http://palabrasalmargen.com/ index.php/articulos/internacional/item/nuestramodernidad-viscosa-bauman-aqui-en-elsur?category_id=139


Zygmunt Bauman In memoriam

Alexander Araya

La Asociación Latinoamericana de Sociología lamenta el fallecimiento de una de las voces más importantes de la filosofía y la sociología global, y rinde tributo al pensador polaco Zygmunt Bauman. Nacido en la pequeña ciudad de Poznań en 1925, su pensamiento sin duda fue producto de los propios cambios geopolíticos que marcaron su ciudad natal, frecuentemente disputada y conquistada a lo largo de la historia. Creciendo en una Europa en crisis económica y en guerra, y alcanzando la madurez en un contexto de posguerra, Bauman fue capaz de condesar sus visiones del mundo y sus reflexiones en un legado que hoy parece consistir más en preguntas, que en respuestas.

La influencia del pensamiento de Bauman en la sociología latinoamericana, y en la sociología global, es inmedible. Pasaran muchos años antes de que seamos capaces de comprender, en forma reflexiva, el legado de Zygmunt Bauman. En sus últimas declaraciones en la prensa, consideradas por algunos como alarmismo y calamidad acerca de un mundo totalitarista al acecho, o como críticas inapropiadas a nuevas formas de comunicación como las redes sociales, Bauman permaneció fiel a sí mismo. Era la mente curiosa que levantaba la piedra para ver los universos que se esconden debajo, los ojos entrecerrados que contemplaban con fascinación nuestra oscuridad.

Su trabajo sobre la liquidez no se redujo a los debates académicos sobre la modernidad y la posmodernidad, ni a sus eternas incertidumbres acerca del escurridizo concepto de la identidad. Bauman, como un pensador riguroso, aplicó su teoría de la liquidez al miedo, a la vigilancia, al poder, e incluso al amor. En ese mundo líquido que el autor asegura nos fue heredado, y en el cual los seres humanos somos incapaces de asirnos, Bauman nos dio un punto de referencia para un mundo en cambio, en donde las transformaciones ocurren de forma tan rápida que nuestro conocimiento de la realidad debe ser siempre cuestionado.

En este 2017, la Asociación Latinoamericana de Sociología invita a todos y todas a reconciliar nuestros miedos y nuestras ansiedades a través del pensamiento de Bauman. Hay pocos conceptos sobre los que Bauman no escribió: Trabajo, entretenimiento, consumo, vida, muerte. Su obra es un pesimismo lleno de esperanza, pero también de escalofriantes advertencias. Su obra debe ser transformada, adaptada, criticada, revisada, y sin duda mejorada. Es lo que los vivos le debemos a él.

A diferencia de muchos otros pensadores que han sido capaces de analizar un tiempo y un espacio pasados, Bauman observó un mundo en movimiento. Su capacidad de analizar lo contemporáneo le permitió retomar debates clásicos de la ciencia social y traducirlos a un idioma más apropiado para un mundo global en eterno cambio. Por ejemplo, en su reflexión sobre la libertad y la seguridad, Bauman fue un crítico ejemplar, apuntando que nuestro bienestar solamente puede existir en un equilibrio entre estas dos necesidades humanas básicas: ¿Somos libres en un mundo de drones? ¿Estamos seguras en un mundo de consumidores? ¿Cómo entender la idea de comunidad? 147


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Se trata de una compilación de artículos -enviados previamente a la página de Alas por sus autores- con la intención de compartir opiniones...

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